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Por qué peregrinamos

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¿Por

qué

peregrinamos?

David Quiroa


¿Alma y cuerpo Se nos ha hecho creer que el alma y el cuerpo son dos entes separados, uno material y el otro inmaterial. Uno sujeto a las debilidades de la carne y el otro puro y etéreo. Esa idea no es cristiana, sino griega. Para los católicos, el alma y el cuerpo forman una unión indivisible de tal manera que lo que uno hace afecta al otro. Esto no es pura filosofía. En un sentido práctico, sabemos que cuando “no estamos de ánimo” nos cuesta levantarnos. Sabemos que hacer una risa fingida nos alegra, entendemos que no es lo mismo estar de pie que sentado, andando que de rodillas. Nuestra alma reacciona a los movimientos del cuerpo del mismo modo que el cuerpo reacciona a los estados del ánimo. Esa es la razón de una peregrinación.


¿El viaje del alma Cuando decidimos “ir” a cierto lugar con un sentido de peregrinación, estamos haciendo que nuestro cuerpo mueva nuestra alma con un sentido definido. No importa si el destino es Esquipulas, Lourdes, Santiago o Guadalupe, “vamos” hacia allá para lograr un objetivo: El autodescubrimiento, la penitencia, la indulgencia, la rogativa.

Si el alma volara libre por el universo, daría lo mismo quedarse en la cama o el escritorio y desde allí pedir la indulgencia plenaria. De hecho, para quienes no pueden levantarse, es posible lucrar indulgencias desde el lecho de enfermo. Pero para los que aún podemos caminar, el viaje nos lleva en un proceso hacia un final personal.


¿Santos y profetas En la vida de todos los santos y profetas, en la de la Santísima Virgen y en la de Nuestro Señor Jesucristo, siempre hay un camino físico y real que se recorre hacia un objetivo. San Francisco y su Porciúncula, Moisés y el éxodo, Jesús yendo de Samaria a Jerusalén, la Sagrada Familia de Belén a Egipto y de vuelta… todos estos recorridos han tenido un sentido y llevan un mensaje que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Los laicos no somos ajenos al viaje. Nuestra vida es un viaje, nos mudamos de la casa de nuestros padres al lugar donde formaremos nuestra familia; cambiamos de oficina, de escritorio, cambiamos de trabajo, vamos de la casa al trabajo todos los días y cada uno de esos viajes influye en la forma como vemos el mundo. La peregrinación no es más que uno de estos viajes, realizado con una conciencia plena de por qué lo estamos haciendo, para mayor provecho de nuestras vidas.


¿Jonás Entre todos los santos y profetas, elegimos a Jonás para ser nuestra guía en este folletito. Podíamos haber elegido a otros, pero el libro de Jonás tiene la gracia de ser pequeñito y de fácil comprensión. Jonás simbolizará la vida de cada uno de nosotros. Su viaje es este viaje, pero también es nuestra vida. Es nuestro día a día. Repetimos la historia de Jonás cada vez que nos enfrentamos a cada reto. Hoy vamos a conocer a Jonás de una manera distinta. Cada uno de nosotros es Jonás, cada uno tiene su ballena.


¿Hijo de Amitai Capítulo 1, versículo 1

¿Quién había oído hablar de Amitai? ¿Alguien conoce su historia, sus proezas o sus pecados?

Seguramente nadie, pero la Escritura recoge su nombre porque es importante: Es de donde viene Jonás. Todos venimos de algún lugar, de una familia, de un contexto histórico y eso hace diferente a Jonás de Habacuc, a Zaqueo de Pablo. Ni siquiera Cristo Jesús cayó del cielo a predicar en el desierto: Nació de María, esposa de José, Hijo de David. Si en esta peregrinación vamos con otras personas, debemos aceptar que cada uno será distinto. A algunos les dolerán los pies y a otros la espalda. Este cantará con guitarra y aquél se quedará callado en el rincón. Somos diferentes, porque así lo quiere Dios. Dios no desperdicia su talento haciendo gentes iguales, y así como hizo con Jonás, a cada uno le habla en diferentes términos.


¿Jonás huye Capítulo 1, versículos 1 y 2

Dios le da una orden directa a Jonás y Jonás sale huyendo en sentido contrario. Literalmente Tarsis era el extremo opuesto de Nínive a donde Dios había mandado a Jonás. Ojalá Dios nos hablara con la misma claridad del relato de Jonás, pero sin duda también nos habla y nosotros sin duda también salimos huyendo en sentido contrario. No vamos aquí a señalar con el dedo ni a presumir de nuestra fidelidad a la palabra de Dios. Pero lo cierto es que cada uno de nosotros tiene una misión y cada uno ha querido salir huyendo alguna vez. Y hablamos de cosas prácticas: Arreglar la cama, lavar los trastes, dirigir la empresa, despedir un empleado; todas son misiones que debemos cumplir que no siempre cumplimos con gusto. ¿Y ustedes creían que Dios no lo sabía? Lo sabe de siempre, lo sabe desde Jonás. Y Dios tiene sus modos de hacernos obedecer.


¿Un fuerte viento Capítulo 1, versículo 4

En lenguaje bíblico, “viento”, “aliento”, “espíritu” y “vida” suenan muy parecido. En Pentecostés Jesús “sopla” sobre los apóstoles, en el Génesis Dios le da su aliento a Adán, Abraham escucha a Dios en una suave brisa. En español hablamos de “inspiración” para referirnos a esa idea que nos llega de pronto sin saber de dónde. Cuando Dios habla, no es que nos ponga a oír voces. Dios susurra, inspira, nos lleva por cierto camino. ¿Son ideas mías o acaso Dios las puso allí en mi mente? Examinémoslas. ¿Son buenas? ¿Benefician a otros? ¿Nos alejan del pecado? ¿Nos dan paz? A veces la voz de Dios es una tormenta. Una crisis económica, una tragedia familiar, el desempleo, el hambre. Con frecuencia Dios nos remueve la tierra y nos echa estiércol encima para ver si damos fruto (Lucas 13, 6-9). A Jonás le tocó una tormenta.


¿Cada uno a su dios Capítulo 1, versículo 5

A la hora de las tormentas, cada uno sale como puede. Hay quien le reza al dios dinero, pensando que con dinero todo se arregla. Otro le reza al dios alcohol, el de aquí al dios gimnasio, al dios “me hago el enojado”, al dios “no es mi problema”. Y aunque todos sabemos que sólo hay un Dios verdadero que tiene sus reglas o mandamientos, en el día a día le vamos rezando cada uno a un dios distinto según nos parece, porque no vemos Su mano en cada cosa que nos pasa. ¿Quién diría que Dios está en la planilla, el volcán de ropa por planchar, en el congestionamiento de tráfico, y en los trastos sucios? Santa Teresa decía “Dios se mueve entre los cacharros”, y así es. Los marineros de Jonás no lo sabían, pero igual que nosotros, andaban en busca de una solución.


¿Levántate Capítulo 1, versículo 6-9

A la hora de las crisis, nunca falta un Jonás echado al fondo del barco, durmiendo. Tu hermano se está divorciando y a ti te importa un rábano. No llegó la señora del café y tu sentadote con la taza en la mano. El semáforo puso verde y el de enfrente pensando en los anteojos del gallo. ¿Qué hacer en esos casos? Levantate y ponete las pilas, a ver si se le ocurre algo para que no nos vayamos al fondo. Idealmente, lo que deberíamos hacer es levantarnos y hablar con el único Dios verdadero. Pero como no vinimos aquí a hablar de ideales, sino de realidades, vamos a hacer lo que realmente es útil en la vida real: volvamos a nuestros orígenes, ¿qué nos trajo aquí y a dónde queremos llegar? ¿Son realmente tan importantes las dos fracciones de segundo que el de enfrente se va a tardar en arrancar como para arruinarme mis dos horas de tráfico? ¿Qué importancia tiene el café en los objetivos de la empresa? ¿Pagamos impuestos o planilla? La respuesta depende de nuestros valores, no de la crisis que estamos viviendo.


¿Acepta tu culpa Capítulo 1, versículos 10 al 13

Después de la Eucaristía, el tesoro más grande que tenemos los católicos es la confesión. No existe nada más eficaz para resolver un problema que aceptar la propia culpa. Los marineros de Jonás andaban buscando a quién tirarle el muerto, Jonás confesó y dijo que la culpa era suya. Qué grandioso sería si en la vida diaria pudiéramos decirle a nuestros compañeros de barco todo aquello que hicimos mal. Mientras esa utopía se cumple, al menos aceptemos ante nosotros mismos nuestra culpa. Se me ampollaron los pies por que me vine presumiendo zapatos nuevos; voy tarde al trabajo porque salí tarde de casa; hice una mala inversión que parecía buena y por eso ahora no alcanza para pagar sueldos. Jonás podría haberse muerto en un naufragio y no sabríamos nada de él ni de su barco. Con su confesión la historia cambia.


¿Nadie dijo que fuera fácil Capítulo 1, versículos 13 al 16

Aunque los marineros no eran creyentes, no echaron por la borda a Jonás así nomás. Hicieron todo lo posible por salvarse con su barco, antes de echar por la borda al culpable de sus desgracias. Si lo hubieran logrado, hoy el libro de Jonás no existiría y el incidente habría pasado desapercibido por la historia. Pero Jonás aceptó su responsabilidad y voluntariamente se dejó arrojar al mar y allí la historia toma un giro. Exactamente lo mismo nos pasa en nuestra vida cuando finalmente aceptamos la misión de Dios nos ha encomendado. Nado o me hundo, pero Dios ha dicho que esto es lo que hay que hacer y yo lo voy a hacer.

Vale mencionar que cuando Jonás fue arrojado por la borda no tenía ningún plan en mente. No iba para Nínive, no sabía lo que se le venía encima. Sólo se dejó llevar, arriesgando todo porque confiaba en el Señor.


¿El pez Capítulo 2, versículo 1

La historia de Jonás es famosa y considerada un cuento de hadas por culpa de este versículo. Pero lo cierto es que a todos, alguna vez en la vida, nos va a tragar un pez. San Juan de la Cruz llamó a eso “la noche oscura del alma”, ese tiempo que todos vamos a vivir alguna vez, durante el cual creemos que Dios nos ha abandonado y todo nos parece inútil. Con un poco de suerte nos pasará durante esta peregrinación, cuando el cansancio y las preocupaciones del mundo nos hagan creer que todo esto es una payasada sin valor Si en algo es valioso hacer una peregrinación, es en el proceso de superar la noche oscura del alma. Aunque no creamos en esto, ya nos metimos y tenemos que poner los ojos en la meta y seguir adelante. El alma dice “no”, pero el cuerpo dice “sí”, y el cuerpo llevará al alma a donde debe estar. Si seguimos caminando, saldremos del abismo.


¿De profundis

Capítulo 2, versículos 2 al 10

Jonás repite una oración muy famosa que ya está registrada en los Salmos (129) y tiene allí la clave de la solución de cualquier crisis a la que nos enfrentemos en la vida. “Desde lo profundo clamé al Señor y Él me salvó”. Tan simple y tan eficaz, la oración del justo supera todos los miedos. No hay razón para creer, se cree porque se cree. Estoy muerto y enterrado y de aquí he de salir. No me alcanza el dinero, pero Dios proveerá. Mis hijos ya no me soportan pero Dios no abandona a Sus hijos. Cada vez que nos enfrentemos a un problema que parece insoluble, clamaremos al Señor con fe, cumpliremos lo que nos corresponde y Él hará el resto. Siempre.


¿Entonces el Señor dio una orden al pez, y este arrojó a Jonás sobre la tierra firme. Capítulo 2, versículos 2 al 10


¿Va de nuevo

Capítulo 3, versículos 1 al 3

Solemos creer que las oportunidades sólo llegan una vez en la vida, pero cuando se trata de la misión que Dios tiene para nosotros, eso no es cierto. Dios habla una y otra vez, ordena una y otra vez, perdona una y otra vez y seguirá marcándonos el camino hasta el día de nuestra muerte. No escucharán ustedes recriminación en la voz de Dios. Escucharán el mismo mensaje original. Nuestras circunstancias han cambiado, somos más viejos, tenemos otras responsabilidades, estamos lastimados, cansados, heridos, zangoloteados, pero la misión es la misma que Dios quiso para nosotros desde el día de nuestro bautismo.

Se suele decir que la gente no cambia. Y es cierto. Para Dios tu sigues siendo el mismo niñito de primera comunión, ilusionado con el futuro. El día que lo comprendes, estás listo para seguir adelante.


¿Nínive será destruida Capítulo 3, versículos 4 al 9

Imagínate al pobre Jonás, recién escupido en la playa, paseando por una ciudad inmensa, habitada por gente que no conoce a Dios, anunciando el fin del mundo. ¿Se parece un poco a ti cuando te enfrentas a tus amigos y les dices “esto quiere Dios para mí”? El historiador nos ahorra los detalles, pero es poco probable que toda aquélla gente haya dado el sí tan de repente. Burlas, escupitajos, carcajadas habrán rodeado a Jonás desde su llegada a Nínive hasta que sus habitantes creyeron en Dios (ojo, que no creyeron en Jonás: creyeron en Dios). Igual te pasará a ti cuando los que te rodean finalmente crean lo que les dices. No van a creer en ti. Creerán quizás que “no queda más remedio”. “Dejen al pobre loco”, “hagan lo que dice y que se calle de una vez”.


¿Siempre no

Capítulo 3, versículo 10

¿Qué cosa más terrible puede haber para un profeta, que decir que algo va a pasar y que no pase?

Dios le ha jugado una mala pasada a Jonás. Lo sacó de su tierra (lo trajo a esta peregrinación), casi lo mata en el barco (¿qué otra cosa terrible te ha pasado?), se lo traga un pez, lo escupe en la playa, lo hace pasar el ridículo y todo ¿para qué? Tu futuro no luce bien amigo mío. Vas a volver a tu casa burlado. Los que esperaban verte convertido en un ángel, radiante y con alas se van a decepcionar. Al final a Dios no le dio la gana hacer lo que dijo que iba a hacer, serás un “profeta menor”, olvidado en las páginas de tu Biblia, un don nadie, un personaje de cuento de hadas, un Gepeto de Pinocho. Con suerte, volverás a tu tierra y a tu vida diaria igual que como te fuiste. O peor.


¿Quítame la vida

Capítulo 4, versículos del 1 al 8

No creo que haya nadie en este valle de lágrimas que no haya dicho alguna vez “prefiero morir que seguir viviendo”.

Prefiero regresarme a casa que seguir caminando. Prefiero ser malo que seguir creyendo, prefiero ser como todos esos que gozan sus riquezas con vicios y placeres y no como Dios manda que yo sea. No te mientas a ti mismo y no digas que no te ha pasado, porque tu y Dios saben que te ha pasado. Estás furioso contra Él; porque lo conoces y sabes cómo es. Al final Dios cumple su capricho y te deja en la estocada, pero no sólo eso. Tu gran y maravilloso Dios se goza en darte y quitarte lo que necesitas para tu comodidad y confort.

¿Tienes razón para enojarte?


¿«Sí, tengo razón para estar enojado hasta la muerte». Capítulo 4, versículo 9


¿Gran cantidad de animales Capítulo 4, versículo 11

¿Estabas esperando un gran final? ¿Querías coristas, una orquesta con 76 trombones, elefantes bailarines y fuegos artificiales? Siento decepcionarte, pero no. Tu peregrinación no terminará con un ritual apoteósico, un final de fotografía ni el aplauso de la multitud. Tu vida tampoco.

Como la historia de Jonás, tu peregrinación, tu vida, todos tus días terminarán en nada espectacular, en un montón de animales salvados por la gracia de Dios de una destrucción que no pasó. Has caminado en balde. Perdiste tu tiempo, amigo mío. Peregrinaste por gusto.


¿o no?


¿Algo cambió en ti Tu cansancio, tu huida, tu enojo, tus problemas y tus alegrías te han traído hasta donde estás hoy.

Has aprendido que la ruta de Dios no es un lecho de rosas, has visto cómo al final Su voluntad se cumple te guste o no te guste. Mañana vuelves a tu vida diaria, al pago de planillas, a la montaña de trastos sucios, al tráfico y a todo lo de siempre. El mundo a tu alrededor no ha cambiado, pero si la peregrinación te ha servido, tu has cambiado. Ahora no le tienes miedo a las tormentas, ahora sabes escuchar la voz de Dios, ahora puedes enfrentar cada problema con fe, creyendo firmemente que vas a salir de ese abismo. Eres otra persona. Dale gracias a Dios.


Dedicado a Niels, quien me pidió favor de escribírselo, sin saber que el favor me lo estaba haciendo él a mí.


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Por qué peregrinamos by David Quiroa - Issuu