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ARZANI DISEÑO EDITORIAL

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SALUD

Nacer en casa Parto respetado, parto humanizado, parto en casa. Una “nueva” y a la vez milenaria concepción para los nacimientos, que buscan volver a lo que la madre naturaleza imprimió en los genes del género femenino. Si nuestras abuelas pudieron ¿por qué las mujeres de hoy no? Por Adolfo Ruiz Fotos Sebastián Salguero

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ehuén por ahora sonríe y se las arregla para aprovecharse de lo primerizo de sus padres. Por eso se hace el loco y no duerme si no es en los brazos de mamá Mariana. Todavía no sabe que en esa misma casa calentita y acogedora, que en ese lugar incrustado en la Sierras de Córdoba, en ese rincón rodeado de naturaleza que mamá y papá eligieron para vivir, también fue el lugar que escogieron para que él viera por primera vez la luz, respirara sus primeras bocanadas de aire, escuchara los iniciales sonidos del viento y de los pájaros, y quizás también de algún que otro auto solitario atravesando las calles

de ripio. Porque como muchos otros niños en los últimos años, y como la totalidad de los bebés en la época de nuestros abuelos, Nehuén nació en su casa.

NACIDOS A DOMICILIO ¿Puede considerarse moda esto de tener el bebé en la casa? ¿Puede ser tomado como novedad, como una tendencia de naturistas, como algo que se aparta de lo normal? ¿Puede explicarse sólo en una liviandad de los padres o en una falta de los mínimos recaudos para un “alumbramiento seguro”? “Obviamente esto no es nada nuevo”, refuta Diana Rosenmeyer, como si aún

hiciera falta explicar que el método de nacimiento que ella y un grupo de parteras ayudan a que sea exitoso, es el mismo que el que la humanidad ha venido practicando desde hace decenas de miles de años. Rosenmeyer es licenciada en obstetricia recibida en la Universidad de Buenos Aires, aunque prefiere presentarse como “partera”. Desde hace 17 años viene atendiendo alumbramientos, y en la actualidad lo hace afincada en una sencilla pero deliciosa vivienda que balconea sobre un valle cordobés, en la localidad de Cabana, a una hora de la capital provincial. “Como mujeres, cada célula de nuestro cuerpo está preparada para generar y

parir un hijo”, dice Diana, cultora de la confianza en la especie y especialista en trasladarles a las embarazadas y luego parturientas esa certeza absoluta de que ellas pueden, de que lo van a lograr, y de que las respuestas que buscan no están en otro lado que en su propia naturaleza de mujeres.

LIBERTAD PARA ELEGIR Algo está fallando en la medicina dedicada a los nacimientos. En el mundo y también en Argentina, donde uno de cada tres alumbramientos termina en cesárea. Dilataciones incompletas, bebés que no bajan, picos de tensión, sufrimiento

fetal, dolor, ansiedades. Son éstos algunos de los obstáculos que suelen ponerse en el camino de las parturientas para derivarlas al quirófano. La partera consultada por Aquí Vivimos no cree que en todo esto haya otra motivación que una situación emocional de la parturienta: “Los bloqueos en los partos son emocionales, porque las instituciones son intimidantes”, dice convencida de que muchas veces se habla de “sufrimiento fetal”, pero “nadie se pregunta qué es lo que lo provoca”. Y allí entra el concepto del “parto humanizado” o “parto respetado”. El obstetra bonaerense Carlos Burgo, miembro

de la Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y del Nacimiento y autor del libro Parir con Pasión afirma: “Lo que define al parto humanizado es la libertad que tiene la mujer de elegir cómo, con quién y dónde parir. Raquel Schallman, partera y autora del libro Parir en Libertad, se reconforta al ver que “algunas mujeres descubren que la posibilidad de elección es infinitamente más amplia de lo que se habían imaginado”. Y agrega: “ahora resulta que se puede tener al bebé en casa, después de haber hecho todos los controles médicos, con un alto grado de seguridad, con todo un pequeño equipo obstétrico dispuesto Noviembre 2011 | AQUI VIVIMOS 51

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Escuelas de parteras

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a tomarse el tiempo necesario para que el bebé llegue cuando él y su mamá lo decidan. Sin que se los apure con ninguna droga. Sin que se rompa artificialmente la preciosa bolsa de las aguas que también cumple una función vital al proteger la cabecita del bebé”.

LA “NORMALIDAD” Lo llamativo de esta tendencia es que da la impresión de que una y otra vez hay necesidad de volver a explicar que no hay nada de anormal o de excéntrico. “¿Qué es ‘lo normal’ cuando una pareja queda embarazada? Agarran la cartilla de la obra social, ven qué obstetra los cubre”, apunta Diana. Lo cierto es que no es ésa la “normalidad” para todos. Las 4 ó 5 parejas que cada mes alumbran con la ayuda de esta partera llegan a ella “porque algo no les cierra”. “Todos los que tuvieron el bebé en su casa te quieren convencer”, cuenta Enrique, el papá de Nehuén, ese bebé que por ahora sólo duerme en los brazos. “Y uno empieza a preguntar, escucha más historias, te comienza a interesar”, agrega Mariana, flamante mamá. Pero aparecen los fantasmas. Ese coro de previsores que repiten “estás loco”, “¿pensaron qué hacer si les pasa algo? ¿y si no llegan a la clínica?”. Son

preguntas que están hasta el último día y que las parteras intentarán responder una a una durante los talleres en los que las futuras mamás les van ganando poco a poco a esos miedos. “El objetivo que trabajamos es que la mujer recupere la confianza. Que sí va a poder. Que todo su cuerpo está preparado para hacerlo”, dice Diana. Precisamente a eso se lo define como un abordaje corporal emocional. Son entre dos y tres horas en las que se trabaja “de todo”. “La mujer sola va descubriendo qué es lo que tiene y qué le va a servir para el parto”, explica. Quizás lo expresa mejor Mariana, cuando cuenta que en los talleres “se aprende a sentir lo que el cuerpo te está diciendo. Te explican que vos sola te vas a dar cuenta cuándo llega el momento. Ahí contrarrestás a todos los que te asustan cuando les contás tus planes. Yo iba ahí con 20 mil preguntas y me volvía súper confiada en que iba a poder”, recuerda. Mariana lo enlaza con lo que sucedió en la noche del 9 de agosto, cuando se convirtió en mamá. “Tal cual. Te sale. Yo no lo pensé. Me dieron ganas de hacer exactamente las cosas que tenía que hacer para parir a mi bebé”, asegura, agregando que su partera en varias ocasiones la alen-

taba a que siga con lo que estaba haciendo, porque era justamente lo correcto.

PREVENIR ES EL PLAN Por el momento, el parto domiciliario es la única modalidad de “respeto” o de “humanización” que le vienen encontrando sus defensores. “Lo ideal sería que hubiera casas de parto, un lugar para tener el bebé y que esté cerca de una clínica”. ¿Si hay riesgos? La idea es que no los haya. O que sean mínimos. “Esto no es un método absoluto. Por eso nunca atendemos un parto si no hay un plan B”, define Diana. Esto significa que mucho antes de que se llegue a la semana 38 de gestación, ya se sabe a qué institución y a qué profesional se va a concurrir si es necesario. Las estadísticas que manejan las parteras de nuestro país indican que 1 de cada 10 partos programados para ser en el domicilio, terminan con un traslado a la clínica. Y de esa proporción, sólo la mitad va a cesárea, según apunta la propia Diana Rosenmeyer. Esto quiere decir que un 5% de los embarazos que atienden las parteras domiciliarias termina en el quirófano, cifra que está muy por debajo del 33% que se estima para los nacimientos en hospi-

tales, y que en contrapartida se acerca a ese techo del 10% que fija la Organización Mundial de la Salud como proporción “tolerada” de cesáreas. En lo que hace a “complicaciones” del recién nacido, la misma especialista admite que no hay estadísticas serias en Argentina. Aunque cita cifras de Holanda, algo así como “la meca” de los partos en casa, ya que en ese país un tercio de los nacimientos se dan en el hogar: allí la morbi-mortalidad de los neonatos alcanza el 7 por ciento en el caso de los nacimientos en los centros de salud, y sólo un 2 por ciento en los nacidos fuera del sistema hospitalario. ¿Entonces no hay riesgos? “Siempre hay riesgos, como los hay en un hospital. No somos fundamentalistas, porque el hospital no es nuestro enemigo, sino nuestro complemento. Si se hace necesario hacer un traslado, ninguna partera lo va a dudar”, aseguran. Aun con todas estas previsiones, por ahora los partos en casa siguen siendo vistos como una extravagancia. No más de unos 3 mil al año en todo el país, frente a los 746 mil nacimientos promedio del último año. Es cierto. Todavía sigue siendo visto como “raro”. Aunque sea lo más natural del mundo.

La carrera de partera se estudia en la Universidad de Buenos Aires, en La Plata, Mendoza, Santa Fé, Santiago del Estero, San Luis, Entre Ríos y Tucumán. En Córdoba, las parteras nucleadas en la Asociación Civil Awaike, intenta montar la “Casa de la Luna” en Villa General Belgrano. La idea es que se convierta en la primera casa de partos de la provincia. Allí también se forman actualmente 21 futuras parteras que deberán pasar 5 años de estudios ción Civil Awaike, inla “Casa de la Luna” en Villa General Bel la “Casa de la Luna” en Villa General Bel General Belgrano. La idea es que se convierta en la primera casa de partoantes de estar listas para asistir un parto.

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