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¿POR QUÉ LA TOMA NO CAYÓ DEL CIELO?

Una vez más resulta necesario que historicemos nuestro conflicto para responder a la falacia que la gestión y sus aliados vienen reproduciendo en sus comunicaciones: “el movimiento estudiantil procede de forma oportunista, irracional y sin voluntad negociadora”. Es importante que como habitantes de esta facultad y de este conflicto conozcamos qué es lo que se reclama y el trabajo que llenó de contenido una reivindicación histórica de estudiantes y docentes de la Facultad de Filosofía y Letras. Comenzando la tercera semana de toma y promediando el segundo año de conflicto, debemos discutir el sentido político de los caminos elegidos por la Asamblea estudiantil para salir de esta crisis edilicia y de las respuestas que provienen del decano y sus consejeros directivos. HISTORIA DEL CONFLICTO, DEL 2008 A LA FECHA. No podemos dejar de desmentir los comunicados oficiales que la gestión viene difundiendo por distintas vías y que constituyen una visión distorsionada y parcial acerca de la nueva etapa, abierta semanas atrás, en el largo proceso de lucha por una solución edilicia. A su vez, sabemos que la construcción discursiva que la gestión opera no es ingenua, sino que es parte de una estrategia política de deslegitimación y ninguneo de los reclamos tanto de los docentes, como de los no docentes y los estudiantes. Para ello, comenzaremos por una breve crónica de las actividades que la Comisión de lucha por el presupuesto viene organizando desde el 2008, para dar cuenta y hacer visible la problemática edilicia en Filo. La Comisión de lucha por el presupuesto es un espacio abierto de estudiantes agrupados y no agrupados (en su mayoría independientes) creado durante el conflicto del 2008 que desde entonces viene haciendo un trabajo minucioso y concreto sobre la problemática edilicia en nuestra facultad. La comisión buscó en repetidas ocasiones abrir canales de diálogo con la gestión a través de diversas instancias institucionales para obtener información acerca del asunto, y la respuesta sistemática de las autoridades fue la dilación, la falta de pronunciamiento público y las evasivas. A partir de un trabajo sostenido por encuentros semanales en coordinación con una cátedra de la FADU de la UBA, la comisión empezó a trazar las líneas generales de un proyecto edilicio alternativo que al día de hoy cuenta con planos, análisis de factibilidad y presupuesto. Dicho proyecto fue elaborado a partir de los reclamos y necesidades de todos los claustros -no sólo el estudiantil-, teniendo en cuenta una serie de criterios fundamentales que son hoy en día el punto de partida de los 6 puntos reivindicativos que se vienen reafirmando asamblea tras asamblea (ver más abajo). A partir de ese momento se produjeron diversas reuniones con la gestión, a la par que se seguía trabajando con el proyecto y los estudiantes. Este proyecto desarrollado fue presentado ante las autoridades, y posteriormente se lo expuso públicamente a todos los estudiantes en numerosas actividades. En 2009 la comisión llevó adelante una medida de fuerza (que se repitió este año un mes antes de la toma) en la que se bloqueó la entrada y salida por Púan, y se habilitó la de Bonifacio y el estacionamiento con el objetivo de hacer notoria la existencia de espacios que permitían mejorar la calidad del edificio y de aquellos que lo habitan. En este mismo sentido, también se acudió a una comisión cuatri-partita (gestión, docentes, no docentes y


estudiantes) convocada por el claustro docente donde además de la precarización laboral se discutió la problemática edilicia, pero una vez más la gestión sistemáticamente obstaculizó el progreso del trabajo de la comisión, -la misma que ahora propone como solución para el conflicto-, negando información y subordinando los reclamos al limbo de la temporalidad burocrática. Finalmente, luego de que la comisión ejerciera cierta presión al hacer público el proyecto, la gestión debió reconocer que tenía intenciones de hacer un edificio en el estacionamiento. La semana anterior a la toma se realizó una nueva Asamblea/Encuentro Interclaustros (donde estuvieron presentes autoridades de la gestión) en la que envío a una arquitecta que se dedicó a subrayar la falta de presupuesto, y a vanagloriarse de haber avanzado en la construcción de 3 aulas (parches que en realidad niegan el concepto de un edificio único integrado). A su vez, quedó completamente indeterminada la función asignada a esos nuevos espacios que se pretenden construir, abriendo de este modo la puerta al avance privatista de auto-financiamiento y generación de recursos propios mediante actividades aranceladas, respaldando así una política de ahogo presupuestario como aceptación y administración de la miseria. En esta ocasión quedó claro que el edificio que piensan hacer está separado del actual. La estrategia de la gestión fue, una vez más, mantener en la vaguedad sus iniciativas y deslegitimar y desacreditar sin éxito las de la cátedra de la FADU, desoyéndolas insistentemente. FINALMENTE, LA TOMA Luego de transitar todas las vías de diálogo y los canales institucionales para hacer escuchar nuestros reclamos, finalmente llegamos a la coyuntura en la que una asamblea masiva de cientos de estudiantes decidimos por unanimidad dar un paso adelante en la lucha y adoptar una medida de fuerza adecuada a la situación: decidimos tomar la facultad, bloqueando las actividades administrativas y promoviendo una modalidad de clases públicas en el patio, la calle y los pasillos. Por supuesto que el contexto generalizado de tomas en las escuelas secundarias de la ciudad constituyó un factor relevante en esa circunstancia, pero no fue un mero gesto de solidaridad ni un gesto arbitrario de una minoría recalcitrante que buscaba nacionalizar el conflicto. Las reivindicaciones propias siempre estuvieron allí y los responsables políticos de no dar respuesta satisfactoria también: la gestión de Trinchero, y su obsecuencia ante las directivas del Ministerio de Educación de la Nación. Reparar en este punto no es menor, ya que a la par del consenso que ha logrado el reclamo, es necesario lograr aumentar la legitimidad de la medida mostrando que es la gestión quien se niega a dialogar, no solo en estos 15 días, sino desde el 2008. En este sentido, la toma como medida de fuerza no es un capricho irracional sino un medio de lucha sostenido asamblea tras asamblea por un número creciente de estudiantes comprometidos para la realización final del edificio que todos necesitamos. El método lo impone la gestión: la modalidad de la toma no es un chiste, y nadie lo vive así. Es mucho más fácil patalear en el sillón de la casa, quejarse en un café, o adoptar una posición de relativa indiferencia ante los problemas de todxs, antes que dormir en el piso frio de la universidad, cocinar para 100 personas, estar analizando la Ley de Educación Superior, barrer el aula 108, dar clases públicas o limpiar baños de tamaño industrial. La toma es una medida que se tomó ante la actitud indiferente y el autismo de una gestión y un Consejo Directivo que, por su composición misma, constituyen órganos antidemocráticos de gobierno. PLIEGO DE REIVINDICACIONES La exigencia de un edificio que contemple las necesidades de estudiantes, docentes y no docentes abarca cuestiones tan básicas como condiciones y horarios de cursada dignos, no expulsivos, a través de la multiplicación de la cantidad de aulas para cursar, el cumplimiento de la legislación edilicia en materia de seguridad. Buscamos un edificio integrado al actual capaz de dar solución a nuestras necesidades. Quienes dicen que pedimos una pileta en la terraza o un jacuzzi en los baños falsean completamente los reclamos. Copiamos a continuación una versión resumida de los 6 puntos reivindicativos: 1. Plan integral de construcción y remodelación edilicia (edificio integrado garantizando un alto porcentaje de


aulas para la cursada de grado, guardería, comedor, vestuario para no docentes, ampliación de la biblioteca, etc.). 2. Reprogramación de las mesas de finales del turno de septiembre y emisión de los certificados de examen correspondientes. 3. Asignación de beca de apuntes para aquellos a quienes les fuera negada. 4. Financiación completa de los viajes de estudio de todas las carreras y del Encuentro Nacional de Mujeres. 5. Designación de un docente cada treinta estudiantes como máximo por práctico. Salario para todos los docentes ad-honorem, sub-rentados y precarizados. 6. Financiamiento de las actividades deportivas de la Facultad. EL POR QUÉ Y EL CÓMO DE LA DINÁMICA ASAMBLEARIA Desde la primera asamblea en que decidimos la toma, hemos venido desarrollando una dinámica abierta, plural, participativa y respetuosa ante los discursos y mociones minoritarias. A todos aquellos que aún no han participado de las asambleas los exhortamos a comprobar por sí mismos todo esto que decimos; hemos tenido asambleas de una concurrencia inédita de alrededor de mil personas, todo un acontecimiento histórico en una coyuntura en la que se destaca una enorme participación de estudiantes independientes que hacen suyos los reclamos y sostienen también materialmente la toma. También se han conformado varias comisiones que buscan emular el antecedente de la Comisión de lucha por el presupuesto, y que se piensan como instancias permanentes y abiertas de trabajo específico sobre determinadas problemáticas: la Comisión por la Democratización, la Comisión por la Autogestión del conocimiento, la Comisión contra la Mercantilización. En este sentido, consideramos que la asamblea –aún con sus limitaciones y sus problemas- constituye un sujeto político legítimo, una instancia prefigurativa de democratización en la toma de decisiones. MESA NEGOCIADORA Y RESOLUCION DEL CONFLICTO. O CÓMO CREEMOS QUE PODEMOS GANAR En el Consejo Directivo (8 profesores, 4 graduados, 4 estudiantes y un decano profesor) no se debate, no se discute, no se entienden razones, sino que se ejerce la fuerza ilegitima de la composición desigual de fuerzas, donde prima el aparateo de una mayoría automática conformada antidemocráticamente. Resulta central destacar el carácter ilegítimo y antidemocrático de los órganos de co-gobierno, porque es esa condición estructural lo que le permite desoír las necesidades y reivindicaciones más elementales de la comunidad académica, obligando al estudiantado a tomar una medida de fuerza que fuerce a la gestión a sentarse a dialogar y debatir una solución para las necesidades de todos. En ese sentido, algo central que se debe señalar es que los estudiantes siempre tuvimos voluntad de diálogo, antes y durante la toma. Ya con la facultad tomada, la asamblea votó una comisión mandatada por la asamblea, compuesta en igual proporción por estudiantes “independientes” y “agrupados”, para sentarse a negociar una resolución al conflicto con la gestión que diese una respuesta positiva al pliego de reivindicaciones. Imponer este modo de negociación, lograr que sea la asamblea (el espacio donde una persona es un voto) la que decida, en tanto es ella misma la que viene controlando el territorio, impone inmediatamente una política de democratización. Sentar un precedente que quiebre la forma antidemocrática imperante en la facultad es parte de la victoria, y no simplemente la medida más efectiva para ganar. La gestión intentó negar la voluntad de diálogo de la asamblea con mentiras continuas hasta que, evidenciada su propia falta de voluntad de diálogo y de resolución del conflicto, finalmente, aceptó sentarse a conversar. Pese a que en la reunión de negociación no se hicieron cargo de nuestros reclamos y manifestaron que no podían garantizar los votos de sus consejeros (porque según ellos, cada uno de ellos es libre en su foro interno), creemos que hay que entender que esta actitud es sin embargo un primer paso en un proceso de negociación.


Ante esa situación y para desarmar la excusa de la gestión, en la siguiente asamblea decidimos convocar a una nueva mesa de negociación invitando también a los consejeros por mayoría y minoría de todos los claustros (aparte de los ya previamente invitados docentes de la AGD y la comisión interna de no docentes). Por otro lado, y esto es central, el haberse sentado en la mesa negociadora implica de parte de la gestión el reconocimiento de la asamblea y su comisión mandatada como sujeto político e interlocutor legitimo, y la comprensión de que la solución del conflicto está en sentarse de igual a igual en una mesa de negociación para dar verdadera solución a los reclamos de la comunidad académica. No desconocemos que la legalidad sigue sus propios canales de cristalización, y es por eso que planteamos que cuando haya un acuerdo previo entre la gestión, los consejeros y los estudiantes, y ese acuerdo previo sea aceptado por la asamblea estudiantil, la resolución del conflicto deberá ser ratificada en los órganos de gobierno de la facultad (el Consejo Directivo). Nuestra propuesta es primero llegar a un acuerdo y que después el Consejo Directivo vote lo ya acordado.

¡Acercate a la asamblea para que el edificio sea una realidad!

cxa.filo@gmail.com


¿Por qué la toma no cayó del cielo?