Próximo distante Ni el abierto y caudaloso río Ni el impenetrable muro de majestuosos árboles Ni el agobiante cañaveral inmenso Ni las más ardientes dunas del desierto Ni cualquier distancia fuego o bien tormenta (0)puestos férreamente dejan –paradójicamente– de hacia ti aproximarme…
Daniel Olivares V.
Nada me detiene ya Desde que me pongo a pensarte.
Daniel Olivares Viniegra (Hidalgo, México, 1961). Docente, investigador y difusor de la cultura. Poeta, narrador y crítico literario. Ha participado en varios encuentros de carácter nacional e internacional. Colabora en diversas revistas formales y virtuales. Tiene editados, entre otros, los libros Poeta en flor..., Sartal del tiempo, Arenas, Atar(de)sol y Antiparras: antipoemas para lectores sin prejuicios. Sus textos poéticos aparecen en alrededor de 20 antologías. Premio Interamericano de Poesía, Navachiste 1995. Es además coeditor del proyecto Humo Sólido.
Francisco Navarro Ruiz, Director de la Casa del Poeta “Dolores Castro” de Capulhuac E-mail: fanar46@yahoo.com.mx
Publicación gratuita de divulgación literaria Casa del Poeta “Dolores Castro” Año 2. Número 37 Capulhuac Estado de México, diciembre de 2019
Cataclismo
Espacio escultórico ... para Elsa
Y yo que no tengo más para desgranar sino agridulces granadas rojas; y nada más para ofrendar que racimos de yertos ayeres suspendidos apenas entre rasgados olvidos.
Tu luna, mi lago, mi mente; espacio apenas fuente, de ti reflejo ingente de claro resplandor Por mi amplio espejo, tu luna, delfín de luz sobre de mí (jardín demente), sonriente-ardiente tiende un puente: destello iridizado cual lágrima de flor A mi infinito lago (mi mente), tu luna (sin bruma) cual rueda de fortuna su espuma proyectó Para devolverse también (mi lago, tu luna, mi mente) venero de tu afluente: por su inmanencia fuego; por su inocencia juego..., que si se aquieta es luego una vez más bruñido y nuevo alegre reverbero de mi más sereno amor.
Perdón por no tener más amargura albergada que la de esta mi boca huraña y pálida toronja, en abundancia plena solamente y quizá de resquemores olvidados. Disculpe usted por no bramar ya cual bruto-o-desatado ciclón de esos que apenas y sin pensar se arrojan arrásandolo casi todo, en tanto (se) asemejan gigantes justicieros. Yo que ahora sólo tengo por dolor uno que uno que otro gris aguacero; triste, si acaso sí, por costumbre, o porque sí pero, al fin, de todas las posibles maneras muy conforme, y al final, y después de todo, allá él… y de paso nosotros. Señora mía: para usted no tengo más nuez vana que aqueste –no otro– y más aún el cansado y lánguido corazón que ahora (y siempre) coloco entre sus manos.
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