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Recuerdos de una ficción.

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RECUERDOS De una ficción


Recuerdos de una ficción Tengo una fotogra�ía y un recuerdo, ambos mentirosos pero no falsos. Las historias cambiaron tanto que es imposible discernir entre ellas. Los recuerdos están rotos, tal vez mientan, pero son verdaderos si los uso para darle un sentido a quién soy.


Mamá decía que acá empezó mi amor por las gallinas, yo le creo.

Existen días importantes en la vida de los otros, que a veces no sabemos por qué recordamos aún más que los nuestros. Este fue uno de esos. Mi hermana y yo, por �in, habíamos logrado atrapar una gallina, a la que llevábamos correteando por más de una hora. Recuerdo sentirlo casi como un triunfo idílico, lleno de felicidad, poder y algo de venganza. El hecho se resumió al momento en que Ana la cogió de un ala y yo de la pata. La pobre gallina, rendida ante nuestro ocio, se quedó inmóvil, quieta, sin ver otra salida más que la paralización, Ana la abrazo ágilmente, inclinándose sobre ella para tener más control de sus suaves y escurridizas plumas, sin importarle el dolor de sus rodillas raspadas, y yo a su lado, como el resto de nuestras vidas, alentándola, feliz por un pequeño logro alcanzado, sintiendome grande por ella y por mi... Porque no cualquiera atrapa una gallina. Es mi primer recuerdo de mi vida, Ana contaba aquella historia de manera diferente, ambas ciertas, ambas irreales.


Mi abuelo siempre me contaba historias sobre el mar mientras lo fotogra�iaba. Él era un fanático de salir a observar la marea, decía que tu mente podía �lotar mientras escuchabas la brisa pasar por tus oídos, era como un cántico que te arruyaba, te hacía sentir en paz, te llenaba el alma… Podíamos pasar horas y horas sentados en un bote conversando y observando el mar.. y ahora son solo recuerdos que quedan en fotogra�ías.


Era el año 2006 y todavia usabamos la cámara análoga. Fue en un pequeño ranchito cerca al mar y estaba con mi amiga Manuela. Luego de reposar el almuerzo fuimos a la playa a ver los cocoteros y darnos un chapuzon. Las playas de Cordoba aunque no son las más bonitas dejan buenas cosas por hacer. Ese día un cangrejo salió de un hoyo en la arena y nos alegró la tarde.


Pelucas desaliñadas, andrajos ridículos, sonrisas pintadas en la cara que se desdibujaban un poco por el sudor y el ajetreo. Era una mañana calurosa en la que mis compañeros y yo pasabamos aquellos días haciendo teatro. Por un momento la ciudad dejó de ser un lugar hostil, y pasó a llenarse de colores sonrisas, y bullicio. Por un momento me sentí parte de algo, aunque de eso ya no quede nada.


Esa foto me trae un vago recuerdo de los años que viví como estudiante universitaria y la vida en las residencias estudiantiles que fueron desapareciendo con los años. Ahí me encontraba en el cuarto de la residencia tomando Pilsen con Julito mientras Carlos se fumaba un President y escuchábamos al gran Sandro de América. Eran esas noches de tertulia en el cuarto mientras hablábamos mierda, de amor, de cine, de libros, de Caicedo, de revolución... Eso sí, todo era muy tranquilo, pero con los años la cosa se calentó y ya no se podía hablar mucho de esos temas. Años que no llevo sin ver a Julito, al pobre de Carlos si lo mataron por confundirlo con alguien o dejar un mensaje, no está muy claro. A pesar de lo malo y la pobreza de esos días, extraño mucho esas épocas, el tiempo vuela y con él se lleva las ilusiones

Pienso mucho en Carlos. Mamá soliá visitarle mucho.


12 de febrero de algún año olvidado, mi cumpleaños. Nos encontrábamos mis amigos de toda la vida en mi casa, pues allí hacíamos todas las �iestas, celebraciones y encuentros. A mis papás les gustaba mucho la música, las �iestas y los amigos. Ese día estaba camilo tocando el acordeón, su novia Margarita tocando con él las maracas, Ángela al lado de camilo molestándolo, yo que soy la de vestidito azul con rojo sonriendo, mi novio de esa época Juan, y mi papá detrás de él. Fue noche de vallenato y guaro. Días que no volverán, lo recuerdo con mucho amor.


El amor siempre me fue esquivo, tal vez porque escapaba mi mente hacia otras pasiones, la verdad nunca tuve mucho tiempo para eso. Ese 10 de Mayo estábamos en la casa de mis abuelos en el pueblo, respaldando la aspiración política de mi papá a la alcaldía del pueblo . Ese día, por azares de la vida conocí a la persona que acompañaría la parte más feliz de mi vida. Cayendo la tarde y tal vez en una suerte de coqueteo, Felipe me pidió posar para una fotogra�ía, fue el primero de muchos retratos, tantos otros quedaron sin ver la luz.


Casarse con un fotógrafo no es tarea fácil para quienes quisieramos estar siempre acompañadas. Su trabajo por todo el país le obligaba a viajar constantemente, sin embargo su o�icio hacía que nuestra familia pudiera siempre tenerlo presente, aún en sus ausencias. Así mismo como el tenía presente su amor por mi, con esta foto que tomó. Yo valoraba su presencia, sin amor desmedido, pero siempre con compromiso.


La soledad al �in pesa más, hay que encontrar siempre la tranquilidad.


Las fotogra�ías siempre son las mismas, pero los recuerdos cambian todos los días. Todas las personas que aquí �iguraron ya no están en mi vida de misma manera, ellos también cambian, se van, se mueren. Hacen que mis recuerdos no sean más que especulaciones y derivas de otras memorias, de otras vidas.


RECUERDOS

Agradecimientos

De una ficción

Daniel F. Gallego

Valentina Siva C. Juan Toro C. Manuela Macías P. Carlos Sanchez C. Andrea Medina R. Sonia Montoya P.


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