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Cuento Abue

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Para Sara Galvis, la mejor abuela de todas. De parte de sus nietos • Te amamos •


En medio de majestuosas montañas, vivía María Mercedes y Víctor Daniel dos humildes campesinos, a quienes el amor unió y así le dieron vida a un maravillo hogar y de paso a este cuento. Con gran esfuerzo fueron consiguiendo un territorio para levantar a sus doce hijos, no fue fácil, debieron trabajar arduamente para l l e g a r a o b t e n e r t o d a u n a v e r e d a c o m o s u p r o p i e d a d . Construyeron una linda casa de corredores en redondo y un jardín en donde las flores alegraban el lugar, sus patios eran bastante limpios, porque si algo le gustaba a María era el orden, lo cual les enseño a cada uno de sus hijos. A pesar de que ellos no tenían que hacer mayor oficio, debido a que tenían dos empleadas que les colaboraran, Doña Mercedes de igual forma les ponía pequeñas tareas para que ellos aprendieran valores.


De sus doce hijos, habĂ­a una chiquilla bastante linda, blanca y de cabello crespo rubio, su madre le pedĂ­a que cuando fueran visitas no interrumpiera porque al parecer era bastante avispada y no se le pasaba nada por alto. Su nombre es Sara, como su significado lo dice ella serĂĄ la princesa de ahora en adelante.


la pequeña niña fue creciendo poco a poco, pero no fue fácil. Tuvo que atravesar momentos difíciles y no me refiero a una situación económica complicada, sino que las enfermedades fueron causa de bastantes lidias, en intentos de vivir su vida al máximo sus suspiros se entrecortaban llevándola a tomar remedios que a pocos niños de su edad le gustaban, Gracias a Dios la astusia de sus padres logragaban el objetivo, por una cucharada que la princesita se tomaba, ellos le daban una monedita. ¡Cuántos animales fueron sacrificados para que ella pudiera beber su sangre y asi seguir respirando el limpio aire de su terruñito!


Al pasar los días todo fue mejorando, el amor de su familia y de sus hermanos lograron mantener a la pequeña. Libia una de sus hermanas, formo su hogar al lado de don Manuel, y como ellas se querían mucho, su hermana mayor la llevaba para su casa y su esposo en un acto de cariño le fabricaba pequeños fogones en una barranca para que la niña se divertiera.


Pasaron los años y fueron quedando atrás los juegos, los vestidos de niña los mimos de su hermana para llegar asi a ser una hermosa señorita, lo que no paso por alto ante los ojos de aquellos chiquillos de su territorio. Pero ayy donde Papá Victor se enterara de que pretendían a una de sus lindas hijas sin al menos tener una edad apropiada. De ahí fue de donde salio aquel dicho “¡digale que me mande las saludes de donde chucho para abajo! Con tal de no ser regañada.


El destino ya todo lo tenía preparado, sus ojos se iban a fijar en un joven trabajador, buen mozo, quizás de una familia humilde a diferencia de la suya, pero como en estos casos el corazón es el que manda…Cupido hizo de las suyas y unió aquellos jóvenes, Álvaro Franco y Sara Galvis. Entonces, la iglesia abrió sus puertas para que Dios les diera su bendición.


De aquí en adelante su vida dio un giro sorprendente. Para poder progresar, repartieron responsabilidades, por un lado Sarita o vieja la chucha como le decía su esposo de cariño, tuvo que aprender a cocinar gracias a las enseñanzas de su esposo. Pasó de ser aquella chicas consentida, a ser la dueña y señora de la casa, debía barrer, trapear, lavar como cualquier otra mujer en su época, y obviamente tener los alimentos listos para su compañero y demás trabajadores. Por otro lado, Álvaro se hacía cargo de la finca porque sus patrones confiaban mucho en sus capacidades, así que él vigilaba que todo marchara como correspondía en ese lugar, para esto debía tener conocimientos de contabilidad, curiosamente el solo sabía sumar y restar, de modo que su esposa le enseño a dividir y multiplicar para que pudiera agilizar un poco más. Pasaron muchos años en el mismo oficio en diferentes fincas, atravesando situaciones difíciles pero afrontándolas juntos. Si algo quedo en la formación de Sara fue la disciplina y el orden de su madre, por lo tanto ella hacía de un alojamiento algo descuidado, un palacio en donde ella y su esposo podían habitar con felicidad.


La descendencia no se dio a esperar, poco a poco fueron llegando los frutos del amor que se tenían, la cigüeña hizo de las suyas y consigo trajo a once lindos niños en un promedio de cada dos años. Primero llego Teresita, quien al crecer fue una gran ayuda para su madre al cuidar de sus otros hermanitos, sin dudarlo una hermosa chica. Después apareció Álvaro, quien heredo el nombre de su padre, algo rebelde como todo joven a su edad pero trabajador, bastante luchador y responsable. Nació la más sociable y sincera de la familia Olga, la monita querida. A continuación vino Rubiela, la pequeña con el afán de salir al mundo, nació de siete meses cargada de unos dones maravillosos, a parte ingenua y traviesa. Al ritmo de la de la celebración de la fecha de la independencia Colombiana, apareció Leticia tan patriótica como su nombre, quien alberga en su ser una espiritualidad especial y una conexión con las plantas.


Familia


Y si de ternura y amor hablamos, tenemos a Nora, una de las más bellas flores de todo este Jardín, con unos ojos expresivos que dotaban de cariño a todos, con tan solo una mirada. Luego se presentó la pequeña Ligia, una niña amable que a todos enamoraba con su sonrisa y bastante obediente. Después de tantas mujeres apareció un compañero de aventuras para Álvaro, Guillermo; un chico valiente, trabajador y arriesgado. Hasta aquí todos eran en general calmados, fue entonces cuando arribo la picardía de la casa, porque si de travesuras se trataba ahí brincaba Leonardo. Dios les dió una nueva hermanita Patricia, que sin lugar a dudas ella contagió a sus demás familiares con su fe vehemente. Solo falta la colita de toda esta gran familia, Luz Nidia una joven carismática bendecida por el don del servicio a la sociedad.


Obviamente aquí no termina la familia, o sino no hubieran logrado obtener el título de abuelos, varios de sus ratones tuvieron más ratoncitos, formando nuevos hogares pero unidos al mismo vinculo, es decir se extendieron los brazos de este árbol genealógico. Y para proteger todo este gentío nuestros abuelos siempre acercaban sus voces a las oraciones de Dios, entonces como era


costumbre cada noche, a la punta de la cama y en frente de la imagen de Jesús plasmaban bendiciones en el aire en dirección de donde estaban ubicados sus hijos en diferentes partes del país, para así protegerlos de todo mal y peligro, a pesar de que la distancia los separaba de sus retoñitos de sus corazones nunca se aparataban.


Normalmente, detrás de toda historia feliz hay una serie de sucesos difíciles y duros. Sin embargo esos los dejaremos inmersos en la fortaleza que hoy por hoy caracteriza a nuestra abuela, ya que cada uno de esos suceso que aquí no se mencionan, hicieron de aquella niña inocente (la princesita), una guerrera imparable que aun sigue luchando por el bienestar de su familia. Quedaran historias para contar, como aquellas travesuras de todos estos niños juntos, pero esas las dejaremos para que las cuenten ellos mismos.


A diferencia de todos los cuentos, este tendrá algo particular, pues no tendrá un fin, esta historia trascenderá, faltaran más anécdotas para contar, faltaran renglones para escribir, este será un libro que quedara abierto para seguir atravesando generaciones, pero que su fecha de inicio fue ese 18 de Septiembre de 1942 con el nacimiento de nuestra abuelita.


Todo esto fue posible gracias a todos los nietos de la señora Sara Dibujos hechos por: Gabriela Rojas Muñoz, Fernanda Rojas Muñoz, María Ospina Muñoz, Juan Santiago Ospina Muñoz, Luciana Sánchez Muñoz, Juan José Velásquez Pinilla, Jhon Ángel Loaiza Rendón, Juan Esteban Rendón López, Ariadna Medina Delgado, Izel Trujillo Delgado Recoleccion de informacion: Aleja López Franco Redacción: Ana María Delgado Franco


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Cuento Abue by Daniel Ocampo - Issuu