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Sweet Temptation ~Mike~ . Bella observó el cielo, y le pareció más horrible que nunca. Aves cantando, finos rayos de sol surcando el camino. ¿Desde cuando el verano le parecía un infierno?, desde que su vida se transformó en uno. — ¿Qué haces aquí, tan sola? — le oyó decir, mas no giró a verle. No le apetecía hablar, por mucho que su acompañante tuviese las mejores intenciones. La noche anterior le había tocado presenciar una incomoda escena entre Tanya y Edward. Incómoda para ella, ya que el otro par se veía evidentemente a gusto. Todo es tu culpa, se había dicho durante la madrugada, al no poder conciliar el sueño. Mike tomó ambas manos de la chica y se las llevó hacia sus labios. Bella pensó que las besaría, pero él se limitó a soplar sobre ellas. ¿Un beso?, no aquello era demasiado casto, demasiado diferente a Edward… era único. — Bella, si no quieres hablar no tienes que hacerlo. Sólo quería ver como estabas, no te encontré en la cafetería, y supuse que habías pasado del almuerzo. Los dedos de la adolescente envolvieron las tibias manos masculinas, eran grandes, no como las de su padre adoptivo, pero si lo suficientemente amplias como para cubrir su rostro sin mayor esfuerzo. — Eres cálido— soltó ensimismada, mientras el chico de cabellos dorados sonreía avergonzado. Mike no sabía si tomar eso como un cumplido o un comentario fuera de lugar, optó por la segunda opción. Lo último que necesitaba era hacerse falsas ilusiones con Bella, la conocía hacía más de dos meses, y en todo ese tiempo la chica no había dado señales de cariño por su persona, al menos no aparte del fraternal. — Eres tú quien está fría, que extraño. Juraría que con un día soleado como este, todos estarían hartos de tanto calor. ¿Sufres bajas de presión? — A veces, pero no es nada grave. — Él asintió oyéndola, pero sin conformarse con su respuesta sacó de su bolso una delgada barra de chocolate que originalmente había comprado para su madre, a quien solía sorprender con pequeñas simplezas cuando ésta llegaba agotada del trabajo. Sin embargo, Bella necesitaba ingerir calorías, a Mike no le gustaba nada el tono azulado que iban adquiriendo poco a poco sus labios. —Ten— la instó quitando con torpeza el envoltorio del sencillo manjar. A Bella se le hizo agua la boca, pero también los ojos… No podía creer que el chico tuviese un gesto tan noble para con ella, sobre todo, porque Bella en el último tiempo había aprendido a conocerlo, sabía lo mucho que le costaba ganar su propio dinero.


Mike trabajaba a medio tiempo de Lunes a Viernes después de clases en una tienda cercana atendiendo la caja. Y los fines de semana se dedicaba a estudiar y aprovechar el escaso tiempo que tenía libre, con su madre. Tal vez fue eso lo que removió algo en su interior, quizás fue saber que el chico y ella tenían posiblemente más en común de lo que Edward jamás llegaría siquiera a acercarse. El hecho de que Mike fuera hijo de madre soltera, hacía que al menos en parte pudiese comprenderla o sencillamente se debía a que era él. Simplemente un chico, no estaba exento de defectos, y lejos de ser perfecto se encontraba repleto de fallas, pero incluso así lo prefería cien veces a el martirio que representaba seguir amando a Edward. Aquello no era más que un imposible. Un amor dañino, porque le amaba, no le quería. Bella en verdad estaba enamorada de su padrastro. —Gracias. — No hay de que. Sabes que me preocupo por ti, eso incluye no sólo tu estado anímico, sino tu salud. Y usted señorita, últimamente se alimenta muy poco. ¿No estarás a dieta? Porque si es así, déjame decirte que he oído de casos en los queLos dedos de Bella sepultaron sus palabras, sellando con sus yemas los labios de chico por medio de una exquisita presión. Aquella unión fue tan íntima como incómoda, para ambas partes. Cosa irónica, porque Bella se había visto a si misma en cientos de situaciones mucho menos castas que ésta, pero eso Mike no lo sabía… Y ella no sería quien le contase. Junto a él, ella era sólo una chica de diecisiete años, jugando a querer y a la vez dejándose cortejar. A Isabella le gustaba este juego, la ambigüedad de la situación, la simpleza de las cosas… lo fácil, lo correcto. Definitivamente podría acostumbrarse a esto. Lentamente fue quitando sus dedos de la boca de Mike, quien la miraba absorto. Esos hermosos ojos azules se encontraban abiertos en su grado sumo, y una franja rosa surcaba con sutileza sus mejillas y nariz. Cuando la fina mano femenina abandonó por completo sus labios, ambos fueron concientes de la agradable cercanía que se había instaurado entre ambos. —Quiero besarte— confesó nervioso, mientras un fino mechón rubio se escurría por su frente, cubriendo gran parte de su ceja. Bella deseó removerlo. — Hazlo. Mike tragó saliva, incapaz de creer el extraño giro que habían dado las cosas. Él y Bella, cerca, tan malditamente cerca… ¡Y la iba a besar! Si esto era un sueño, sólo esperaba


que no fuese de esos en los que despertabas sin alcanzar tu cometido. Él verdaderamente rezaba porque no fuera de esa clase de pesadillas. — No sé si sea bueno en ello— farfulló hechizado, antes de detenerse a pensar. Fuera o no un sueño, acababa de exponerse y dejarse a si mismo en evidencia. ¡Fantástico! Ahora pensará que eres ridículo y patético. Muy bien hecho Mike. La oyó jadear asombrada, y se odió por haber dejado pasar la oportunidad de su vida. ¿Qué clase de chico no ha dado un beso a los diecisiete años de edad? Obviamente él debía ser de los pocos idiotas que quedaban. Pero, no podían culparle ¿o sí?, la mayor parte del tiempo se lo había pasado entre cuadernos y lápices, necesitaba conseguir buenas calificaciones para ganar esa beca. Mike sabía que para su madre sería imposible pagarle una carrera universitaria, no podía exigirle más de lo que ya había dado. Por ello había comenzado a trabajar desde los trece años de edad. Demonios, ¿En que momento iba a tener tiempo para ir por la vida besando?, definitivamente el romance nunca había sido una prioridad en su vida. Afortunadamente, los labios de Bella se estamparon sobre los suyos, dejando en el olvido todo atisbo de duda o temor. Aún no podía creer que Mike nunca antes hubiese besado. Increíble, ella sería la primera. Fue un gesto efímero, tierno y consolador. — A veces menos es más—, ella musitó contra su boca citando sus palabras y Mike no pudo más que sonreír, con sus tiernos ojos claros radiantes de emoción contenida. — Lo recordaste…— musitó sereno, aparentando una calma que obviamente no tenía. ¡La chica que quería acababa de besarlo! — Jamás podría olvidarlo, es prácticamente mi oración diaria. Me ayudaste a ver la hermosura en la sencillez de las cosas. Él aclaró su garganta, y procedió a rascar la zona baja de su cabeza. No podía desviar la vista de esos ojos oscuros, pero tampoco era capaz de decir algo. Ella lo había dejado mudo. — ¿Aún quieres besarme? — Estaba siendo en exceso valiente, pero quería facilitarle las cosas al chico, además no podía negar que él era hermoso. La fuga perfecta a ese laberinto que aparentaba no tener salida. Mike relamió sus labios, y esta vez fue él quien no la dejó terminar. No actuó tan lento ni manso como en el beso anterior, su boca acarició con pleitesía a la suave piel de Bella, degustó de su dulzor y comprendió aliviado que para el arte de amar no se necesitaba experiencia, era puro instinto.


Delineó el contorno de sus labios, tan pequeños y dispuestos, tan suyos. Bella le correspondía ansiosa, extrañamente ávida. El corazón de Mike se infló de complacencia. Sin embargo, Bella todo en lo que podía pensar era en Edward, en su boca, en su piel. Extrañaba el áspero roce de su barba, lo fiero y posesivo que era el agarre de sus manos, Mike era sutil, a duras penas se había atrevido a tomar su mano, y el beso, aunque no le molestaba, era tan dulce, tan casto… Ni siquiera se había atrevido a rozarla con su lengua. Isabella se reprochó por hacer comparaciones entre Mike y Edward. Obviamente lo correcto sería preferir al rubio, era cálido, era tierno… Además, estaba el hecho de que él sí la quería. El problema es que no siempre nos gusta lo correcto. . . El timbre sonó, recordándole a la joven pareja el lugar en donde estaban, ambos se alejaron veloces y sonrojados. La hora del almuerzo ya había pasado, y para fortuna del par. La siguiente clase era una de las que compartían. Ninguno se atrevió a decir algo, en parte porque no querían arruinar el momento, y también porque honestamente no tenían nada claro. Cuando ingresaron al aula, no tardaron en ganarse miradas furtivas de casi la totalidad de la clase, a excepción de Rose, quien se encontraba demasiado ocupada observándose en un pequeño espejo de bolsillo. Quizás fue porque ambos traían una sonrisa esperanzada y las mejillas teñidas de rubor, o tal vez porque no habían soltado sus manos, aún cuando ya se habían sentado en su lugar, uno junto al otro. De todos modos, el resto de la clase no dejó de hablar de otra cosa que no fuera la nueva parejita. Mike era un chico atractivo, no le faltaban las conquistas, pero siempre había pasado de ellas, no eran la clase de chica que le presentaría a su madre. Además, no estaba en sus planes llevar una relación, al menos no hasta que conoció a Bella. El timbre sonó y el maestro pidió a Mike que se quedase, aquello no era una novedad para nadie. El chico era un obsesionado con los trabajos extras, todo valía con tal de acumular puntos y asegurarse una beca para la universidad. Era más que un desafío, Mike Newton se estaba jugando la vida. Isabella se apresuró en ordenar sus cuadernos y salir de ahí. La comprometedora situación la ponía nerviosa. Una vez fuera del salón y con exceso de oxígeno inundando sus pulmones, Bella Swan se permitió pensar, esta vez con claridad.


Observó el parqueadero, y por un instante creyó ver un volvo. Pestañeó sorprendida, y porque no decirlo, también esperanzada; sin embargo, no había tal cosa. — Déjalo ir— musitó para sí, mientras apuraba el paso, y reprimía los deseos de llorar, por pura ira contenida, contra el destinto, contra Edward, pero sobre todo contra si misma. — ¡Bella! — Mike apuró el paso, para alcanzarla, y por más que la llamaba, ella parecía no oírle. Finalmente se detuvo, y él no tardó en ocupar el costado izquierdo del camino. — Pensé que tendrías que quedarte… — De hecho sí, tenía que hacerlo, pero era más importante hablar contigo. — ambos se detuvieron en la calzada. Bella esperando que él hablase, y él intentando encontrar las palabras adecuadas. Con ambas manos enterradas hasta el fondo de los bolsillos del pantalón, la mandíbula tensa, y las mejillas escarlatas. Mike se veía increíblemente vulnerable… tan distinto a Edward, tan dolosamente opuestos. — Lamento si me comporté como un idiota hace un rato, pero para serte honesto, esto es nuevo para mí. No sé bien como hacer las cosas, que camino tomar o que palabras decir. Sólo sé que… Bella, quiero estar contigo. Lo siguiente que Mike supo, fue que un menudo cuerpo le rodeaba con finos brazos su cintura. Vaya, los milagros existen—, pensó Mike. . . . . Tanya observó a Bella, se encontraba recostada sobre el sofá y con su vista clavada en la televisión, pero expresión ausente, sin ver realmente la pantalla. Últimamente la adolescente se lo pasaba encerrada en su habitación, por lo que a la mayor de las mujeres le sorprendió gratamente verla salir de su cuarto, para unirse a ella en la sala de estar. Edward no tardaría en llegar, por lo que posiblemente este fuese el único momento que tendría para conversar con la chica a solas. Por mucho que le costase y doliese admitirlo, las cosas entre ambas habían cambiado, Tanya sabía que era la única causante de ello, superar la crisis de su "embarazo imaginario", como lo había apodado ella misma. La había mantenido al margen, refugiándose únicamente en Edward, no se trataba de que no confiara en la chica, simplemente no quería agobiarla con más problemas.


— Tanya, ¿puedo hacerte una pregunta? — Bella rompió el silencio, con tono fingidamente despreocupado, ahorrándole a Tanya tener que inventar un tema de conversación. — Por supuesto cariño, ¿Qué sucede? — Hace unos meses, cuando recién llegué… Bueno, tú me diste a entender que no tenías problemas en que yo saliese con alguien. Tanya se levantó de su silla, interrumpiendo a una muy avergonzada Isabella, y corrió al sofá hasta sentarse junto a ella. Envolvió su delgado cuerpo y empezó a hablar demasiado rápido para que alguien pudiese comprenderla en su totalidad. — ¡No puedo creerlo! Mi pequeña ya tiene novio, ¡Por supuesto que no tengo problema! Pero, debes traerlo a casa. ¿Lo sabes no?, es la única condición, ni siquiera es eso. Tómalo más bien como una petición, me harías muy, muy, pero muy feliz si lo trajeses a casa, y estoy segura de que a Edward igual. ¡Él estará tan emocionado! — ¿y por qué se supone que estaré tan alegre y emocionado? —bromeó Edward, quien acaba de llegar a casa y se encontraba cerrando la puerta principal. Él dejó su maletín sobre la mesa y esperó a que alguna de las dos mujeres le explicase. . Bella tragó toda la saliva acumulada en su boca de golpe.


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