Portada: Manuel Castaño
Depósito Legal: SE-7.983-2011
Impreso y hecho en Bormujos (Sevilla), en los talleres de Gráficas Moreno, S.L. Andalucía. España. MMXI Edición de 400 ejemplares del nº 72 de CUADERNOS DE ROLDÁN
EJEMPLAR Nº
A todos los artistas y aquellos que sin serlo conforman también el alma de Los Cuadernos –¡que ya hay que ser artista para ello!–
Fernando Rodríguez
EMIGRACIÓN
Qué solitaria está la sierra, madre. …¡No hay alborada! Ya en los picachos, solo el águila grazna llamando al macho. Qué pena tenga esta tierra bendita, suerte tan negra. Pasan los días y no regresan, madre, la noche es fría. De Constantina, aquellos que se fueron llevan heridas. Sueña la sierra con la luz del pasado… ¡La noche es lenta! A. Grados Fernández —8—
Carlos Álvarez
TU PUEBLO A Quintina
Nunca fui a tu pueblo pero mis versos irán allí contigo. Ignoro si tu pueblo está en una loma, o lo guardan otras lomas de olivares, pero si sé del trino escandaloso de sus pájaros las mañanas azules y frescas de verano. Sé del torrente crecido de tus calles bajo las nubes furiosas del otoño, y del sol neblinoso y distante del invierno antes de tus noches frías y estrelladas. Pero ahí está ya la primavera detrás de los almendros, y el aire de cristal de tus calles estalla con las flores de los balcones y los aromas de toda la sierra. ¿Cómo no voy a conocer tu pueblo después de tantos años de amistad? Carlos Abadía
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Manuel Márquez
SOLEÁ DE MERCED LA SERNETA A Inés Rodríguez, mi tremendida princesa.
C
uando yo iba tú venías: vereítas en la sierra, cántaro bajo la encina. Rafael Arjona
—12—
Inés R.
NACIMIENTO DEL HUÉZNAR
Buscaba un peregrino la fuente de la ilusión, esperando ver el don de lo humano y lo divino, y al final de su destino –su cansado corazón– solo halló su decepción, la ilusión es el camino. Antonio Parrón
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Manuel Carlos Pérez
LA COSTURERA
Que bien bailan las tijeras cuando las mueven tus dedos cortando telas de flores que adornarán lindos cuerpos. No te pinches con la aguja, no manches de sangre el velo que coses para la novia que sueña con un: “te quiero”. No te enredes con el hilo cuando se eleva en su vuelo y va de nuevo a la tela para unir tules y sueños. Y con el dedal de plata que te regaló el abuelo acaricia las agujas sacadas del costurero. Porque eres mi costurera la mujer que yo más quiero la que vela por las noches mientras cose, mientras duermo. Lolita Fernández —16—
Enrique Vaquerizo
POR QUÉ NO SER ALCORNOQUE A Irene “La Madrina”
C
on flores macho y hembra en primavera, construyendo y perdiendo tu envoltura, con tu fruto indehiscente y tu textura, alimento dispuesto en montanera. Generoso alcornoque al que le espera, ser cucharro, tapón y suelo fino, taburete, pared, corcho de vino, y rescoldo final, allá en la hoguera. Te meces con el viento en la ladera, fortaleces tu tronco al desnudarte, y a la vez, endureces tu madera. Bello es ser alcornoque y entregarte, prendido al suelo, el cielo tu frontera, por eso, quercus súber, hay que amarte. Francisco Vita
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Difort
T
arde otoñal donde el pájaro anida entre las ramas casi desnudas de los árboles dorados que evocan la melancolía. Y en tanto… el efímero transcurrir del tiempo pone notas de nostalgia y poesía que van con el viento suspendidas para perderse con el crepúsculo. Se viste el horizonte en una danza de colores grises y sepias. Y aquellos pedregales y senderos poco a poco se cubrirán con un manto de hojas marchitas que se extienden… hasta el cauce de un tímido arroyuelo que serpentea silencioso entre una alameda de frágiles chopos. José Luis Ortiz
—20—
Carmen Castillejo Falcón
POEMA DE LA BUSCA Homenaje a José María Osuna.
No en la furtiva paz de la hoja que enhebra su quietud vacilante con la tarde y las ramas, y tampoco en el poco de agua que la burbuja afirma sobre la piedra y rompe, y ni aun siquiera en el verde inmortal que recorremos recubiertos de insectos. Podredumbre el olvido, el amor, la búsqueda infinita que tan palpablemente nos disuelve. Manuel Sánchez Chamorro
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José Luis Vázquez
PARA CONTARTE ESTA TIERRA…
Para contarte esta tierra que me sostiene podría iluminarte los ojos con mis pasos por la dehesa, en el amanecer mojado, cuando renazco del rocío, de la arcilla y de la hierba, cuando me alimento de los senderos que bruñe el silbo dorado de la oropéndola. Podría salpicarte las pestañas con el efluvio calizo de las heladas y sombrías sonrisas del Huéznar, que dan aroma al roble y al cristal de estas palabras. O soplarte la frente como el anaranjado cierzo que atiza los atardeceres de fuego de Hamapega, cuando el Sol aloque del otoño viene hasta la jara desde las murallas que sepultan el tiempo. Sin embargo, no te contaría todo si no excavaran estos versos los inicuos cimientos de lágrimas que arañan los jornales para la vida de los hombres, puertas cerradas por boscosas leyes que desdeñan los astiles del oficio, que pudren la veta de las manos, los surcos que labra la escarcha del olivar en los rostros, la usura de la miseria, porque los de esta sierra no otean más horizonte que la incertidumbre de una cosecha. Para contarte esta sola tierra que me sorberá ese día, acabo hablándote de un edén lánguido y alejado al norte, –justo en el orillo de la bandera blanca y verde– al que los vientos de la avidez, tristemente deshilachan. Leopoldo F. Espínola —24—
M. Murillo
PENIBÉTICA
Se me enfrió el aliento demasiado por pedir lo imposible ante tanta hermosura, y la mañana se quedó en un silencio nevado ante un fundido de almendros, y te poseí, roca desnuda y mía por las crestas quemadas de costumbre, en el color del bronce con voz de silbo por los aires. Ya nada inunda tanto el alba como tú lo haces en la magia de horas. Ya nada se verdea con tanto fuego como tú pintas lo natural en las escarpadas piedras con adornos de líquenes. En la pausada sangre de tus savias, y en el enebro que huele fuerte, me quedo prolongando esta vida que apenas dura el canto de un gallo. Jesús Solano
—26—
Osorno
ACASO AHORA
V
ivo, me gusta sentirlo. Soy humana pues camino con dualidad. Una amalgama con mil impulsos, que a veces os dañan y otras os curan. Sé que cuando me vaya me enalteceréis. Era una bella persona, bondadosa y única. Querría escuchar eso antes del ocaso, ahora. En mi imperfecta manera de ser. ¿Alabar mis oídos cuando ya no escuchen? Podéis engañarme en vida sin esperar. Yo creeré que de veras soy bondadosa, lo era, y mato ya la culpa de equivocarme mil veces. Vivo, me gusta respirarlo. ¡No esperéis a que haya desaparecido! Dadme ya esa tregua mientras camino, y trataré de ser esa bella, bondadosa y única persona. Judith Arnaud Garrido
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Esther Garrido
GUADALCANAL A mi hermano Pepe.
El pueblo se hacía presente con la llegada del mozo del cosario portando una caja grande de cartón en la que se leía: “San Antonio. Fábrica de Jabón”. Su voz era típicamente serrana, con ese dejarse caer que en Guadalcanal llaman el rabo. Mi padre abría la caja enviada por mi tío-abuelo, maestro jabonero, y aparecían barras de jabón blanco, impoluto, irregulares, con la imperfección propia de lo manual. Su olor me transportaba al patio de la casa de mi tío en la calle del cine, a la plaza con la iglesia, la Virgen de Guaditoca, el busto de López de Ayala. Paseos veraniegos por el Palacio, desde el ayuntamiento a la poza, la calle Santa Clara, el coso, la iglesia de Santa Ana. Recuerdos del antiguo casino o la vieja pensión de la calle Mesones, del aguardiente de guindas que nos daba Mariquita Campos en su casa de la calle Camacho. En aquél olor a jabón quedaba resumido todo un pueblo: Guadalcanal. Ismael Yebra —30—
Mª Jesús Martínez
ALANÍS DE LA SIERRA
¿Habrá más bello nombre para un pueblo? Me sabe a romero, ajonjolí y a menta. Aire azul y agua fresca. Y a ensueños y a cuentos en las noches lluviosas. Alanís con su sierra, su castillo y su princesa.
Sí, la de la dulce sonrisa y mirada tierna, Quintina, la hija de Frasquito y Josefa. Loren Cabral
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Pepa Santos
AGUA DE MANANTIAL
Agua ciega, aire coagulado en la noche cerrada del subsuelo, agua ciega, inútil pupila de vidrio pegada a la entraña muerta de la tierra, agua ciega, aire mineral, brisa extraviada en el frío. Agua ciega hasta que la memoria del viento o de la luz la hace estremecerse, bullir como mercurio, resbalar por las vísceras de la tierra, acariciando raíces, trepando por los poros del mármol, del cuarzo o de la arcilla, subiendo hacia la superficie, hacia la claridad donde se mueve el aire para pujar hasta romper la corteza de la tierra y resucitar al esplendor del gozo y de la luz. Salvador Compán —34—
Paco Cosano
A Manolo Álvarez, de la Biblioteca Nacional a Constantina.
I
sierra norte para el sur, sur para el norte. centro del cielo. II las flores del almendro caen sobre la nieve, cierra los ojos para verlas. III la rana salta sobre otra rana, todavía no es primavera. era una piedra. Antonio Molina Flores
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Teresa Aguilar
EN ALANÍS A Quintina (y van dos)
Ven, encontraremos el sendero y volveremos a aquel molino blanco. Veremos a la vieja molinera con los ojos de ayer y será joven, y otra vez, a su manera, hermosa. Bajaremos a ver la maquinaria, que seguirá soñando el mismo sueño que velamos aquel día feliz. Después nos bañaremos en la alberca. De nuevo sentiremos el golpe de la vida en un instante, como entonces; cuando no sospechábamos siquiera que el futuro llegaría algún día. Al fin, nos sentaremos a la puerta bajo la sombra del nogal amigo. Me invadirá el silencio entre las voces: sabré que he regresado a mi lugar en el mundo. Ana Llorca —38—
Paco Cuadrado
Amaneciste desnuda y blanca. Como amante agotada. Respirabas escarcha y mirtos de la noche. El tomillo albo, y la flor de María. Te recorrí entre distantes, en la mañana fresca y el campanario alegre. Hechizado ante los campos que lloraban la lejana primavera. Tierra que siempre amaré, y será siempre hermosa.
Manuel Rámila
—40—
José Ramón Vaca
C
ada vez que muere un anciano desaparece una biblioteca.(*) Hoy ensaltamos la juventud, la vejez nos parece un estorbo. Despreciamos la experiencia que dan los años a los mayores. No utilizamos sus consejos ni atendemos su saber. Cada vez que muere un anciano desaparece una biblioteca. De “El vestido de la vida” Federico Granés
(*) Dicho africano.
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Mª Carmen Meléndez
CUASILÍRICA
¿Quizá es cuestión de música un poema? ¿Dar ritmo y rima basta a un pensamiento para que se atribuyan fundamento a unas palabras, sin importar el tema? Puede ser, que no siempre se rema en contra de la vida; y descontento. Que no siempre nos arde el sentimiento, y no siempre es poesía lo que nos quema. Si no, mire el lector atentamente el texto que le escribo yo este día y observe que mis letras, en concreto, aunque no digan nada trascendente, simulan todas juntas ser poesía. E incluso se diría que es un soneto. Francisco Núñez Roldán
—44—
Domingo Jiménez
POETA
M
e advirtieron cuando tomé el papel, con intención de poeta, “huye de los lugares comunes”, “olvida los campos verdes”, las hermosas orillas de las riveras, los cielos azules...” “no caigas en los lugares comunes”. Pero cuando por las orillas del pueblo asumo los campos no puedo suprimir los verdes; cuando las riveras, no quiero robarles la hermosura; cuando el cielo, me invade el azul. “Huye, huye...” me dijeron. Y no puedo, caigo en los lugares comunes. Qué hacer si vivo en un lugar común y de su simpleza no me avergüenzo. Tal vez renunciar a la intención de poeta. Mario Rodríguez García
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Teresa Osta
AL CORAZÓN DE LA SIERRA NORTE
Por encima de la piedra y el viento recogido; al sur de una rama evadida al infinito; al lado de la cuerna que amaga al gélido musgo. Donde la luz se escinde en hologramas sobre un azul que no llega y una sombra que traduce los inviernos. Tempraneo las visigóticas copas, la intemperie construida sobre el vacío tumefacto; tempraneo la virtud que puede abarcarse en forma de constelaciones de panes sin forma. Me pierdo encontrándome por las sendas sin agobios, por las gotas escapadas del rocío, por las cruces que el corcho con dalmáticas reviste, por los cuajados sudores de arrieros. Y me pierdo mirando campanarios en silencio, caprichos de la roca que recuerdan camposantos, plenilunios agobiados por los densos abrazos de las noches. Quiero llegar al pico que señala y a la sombra del valle guarnecido para ser diente, guijarro o lasca eternizada. M. Benitez —48—
Marcos Osorno
CAZALLA DE LA SIERRA
V
olver al deseo sin horizonte, donde la inconsciencia tuvo nido de efebo sin tiempo, sin maestro de vida y circunstancias. Otras las calles, bares y cerrados por donde caminabas casi ciego –enfermo casi sólo de deseo– sin escuchar los trinos de los pájaros. Un hombre, en su ostracismo, refulgía en una casa abierta y vigilada esperando los tiempos no lejanos que aportasen nuevos soles del sur. Al Huesna y al Pintado fui por agua, libé en Constantina ricos néctares, vibré mi piel junto a la piel amada y todo fue un despertar sin sueño. Alejandro García Acebes
—50—
Teresa Martínez
PINTANDO A GUADALCANAL
E
n la textura del lienzo un pincel se recreaba entre el espacio y el tiempo tonos dorados y malvas. Su musa es un paraíso un puñadito de tierra que a Dios pidió permiso para anidar en la sierra Guadalcanal es el color la inspiración del poeta el rincón donde el pintor le da vida a su paleta y sobre tela encolada se perfila una figura de un balcón, de una fachada o de un campo de aceituna y en la tez de la madera por el lienzo coronada por una mano señera Guadalcanal fue plasmada. C. Sánchez —52—
Carmen Mogollo
C
ampiña verde que extendiendo sus dedos se hace bosque, rumor y cielo. En tus veredas... amor de madre de las aldeas. En tus remansos... fortaleza de padre, de bosque y piedra. Y muy adentro, Sierra mía como niño pequeño está tu umbría. Mª Carmen Martínez Gordillo
—54—
Concha Camacho
SIERRA NORTE
C
omo contaros en pocos versos el sabor de tantos pueblos, desde Alanís hasta San Nicolás del Puerto pasando por Constantina y El Pedroso, con tantos viejos sabios como habrá entre los Norteños, si yo nunca fui a verlos. Si para paladear un anís seco cazallero hay que meterse en lo rancio y en lo añejo escuchando un fandango aznalcollero por la libertad del pueblo, contra el dinero en la voz de José y conquistar los bares con Antonio. Si hay que patear sus calles, sus villas celtas mezclarse entre ellos, vivir sus fiestas de Judas, Candelarias y advocaciones Marianas desde la Romería de Escardiel hasta Nuestra Señora de Fuente Clara pasando por todo el santoral. Mejor será que vayamos a verlos, recorramos sus senderos sentémonos en sus plazas, charlemos con sus viejos y sobre todo sigamos sus consejos. Gracias buen hombre, hasta luego vaya usted con Dios, caballero que en noviembre en Constantina nos veremos. Manuel Sánchez Herrera —56—
Carmen Márquez
PISADAS
C
hirrían las bisagras, de puertas abandonadas. Pisadas empolvadas, de vidas ya pasadas. Algunas sepultadas por ladrillos que se cansan, de soportar tanta espera vana. Allí, donde se confunden techo y suelo, tierra y cielo, hilos de astros se adueñan de sus silencios. Solo ese chirriar las acompaña. Hoy, naufragáis perdidas entre encinas milenarias, pero...ay! Si yo os recordara, cómo de blanco y fuerte era el cortijo de mi infancia. Anónimo
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Justo Girón
TARDE
Deja mayo olor a madreselvas, espejos suaves de olmedas y alamedas. Liban soles por jaras y retamas adormeciendo aromas de profundas siluetas. Ya va cayendo la tarde arrastrando tras su estela olvidados rincones de buganvillas tiernas. Diego Chiclana
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ESCRIBEN A. Grados Fernández . . . . . . . . . . . . Carlos Abadía . . . . . . . . . . . . . . . . . Rafael Arjona . . . . . . . . . . . . . . . . . . Antonio Parrón . . . . . . . . . . . . . . . Lolita Fernández . . . . . . . . . . . . . . . Francisco Vita . . . . . . . . . . . . . . . . José Luis Ortiz . . . . . . . . . . . . . . . . Manuel Sánchez Chamorro . . . . . . Leopoldo F. Espínola . . . . . . . . . . . Jesús Solano . . . . . . . . . . . . . . . . . . Judith Arnaud Garrido . . . . . . . . . . Ismael Yebra . . . . . . . . . . . . . . . . . . Loren Cabral . . . . . . . . . . . . . . . . . Salvador Compán . . . . . . . . . . . . . . Antonio Molina Flores . . . . . . . . . . Ana Llorca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Manuel Rámila . . . . . . . . . . . . . . . . Federico Granés . . . . . . . . . . . . . . . Francisco Núñez Roldán . . . . . . . . Mario Rodríguez García . . . . . . . . . M. Benítez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Alejandro García Acebes . . . . . . . . . C. Sánchez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mª Carmen Martínez Gordillo . . . Manuel Sánchez Herrera . . . . . . . . Anónimo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Diego Chiclana . . . . . . . . . . . . . . . —61—
8 10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 40 42 44 46 48 50 52 54 56 58 60
PINTAN Fernando Rodríguez . . . . . . . . . . . . Carlos Álvarez . . . . . . . . . . . . . . . . . Manuel Márquez . . . . . . . . . . . . . . . Inés R. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Manuel Carlos Pérez . . . . . . . . . . . . Enrique Vaquerizo . . . . . . . . . . . . . Difort . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Carmen Castillejo Falcón . . . . . . . . José Luis Vázquez . . . . . . . . . . . . . . M. Murillo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Osorno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Esther Garrido . . . . . . . . . . . . . . . . Mª Jesús Martínez . . . . . . . . . . . . . Pepa Santos . . . . . . . . . . . . . . . . . . Paco Cosano . . . . . . . . . . . . . . . . . Teresa Aguilar . . . . . . . . . . . . . . . . Paco Cuadrado . . . . . . . . . . . . . . . . José Ramón Vaca . . . . . . . . . . . . . . Mª Carmen Meléndez . . . . . . . . . . Domingo Jiménez . . . . . . . . . . . . . Teresa Osta . . . . . . . . . . . . . . . . . . Marcos Osorno . . . . . . . . . . . . . . . Teresa Martínez . . . . . . . . . . . . . . . Carmen Mogollo . . . . . . . . . . . . . . Concha Camacho . . . . . . . . . . . . . . Carmen Márquez . . . . . . . . . . . . . . Justo Girón . . . . . . . . . . . . . . . . . . —62—
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