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Jardines

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SEVILLA MMII


SEVILLA MMII


Depósito Legal: SE-1.772-2002

Impreso y hecho en Sevilla en los talleres de El Adalid Seráfico, S.A. Andalucía. España. MMII Edición de 400 ejemplares del nº 43 de CUADERNOS DE ROLDÁN

EJEMPLAR Nº


Joaquín Sáenz


Luis Cernuda regresa a los jardines del Alcázar de Sevilla “Y entonces en ti mismo mis sueños y deseos tendrán razón al fin, y habré vivido.” Luis Cernuda (de Cómo quien espera el Alba, 1941-1944)

Hoy tarde vengo, amor, a tus ruinas, al mismo jardín, casi. Algunos troncos me vieron pasear, serio, espigado... Los muros que entreví, con algo más de cal, aún siguen firmes. Sólo las hojas, obligatoriamente nacidas cada año, sin saberlo, curiosas me saludan. Otros dedos me escriben, otros ojos atraviesan el aire entre las ramas. Y las flores, seguras descendientes de aquellas que me vieron, hoy se abren, iguales y distintas. En esos ojos que ahora ven, yo miro. En esa mano que hoy escribe, escribo, y respiro en el pecho que respira. Tan en vano, quizás, no fue mi vida: Que ahora alguien me recuerde, me despierta. La voz que está leyendo, me acaricia. Y que yo aliente un verso, me revive.

Francisco Núñez Roldán Sevilla, abril, 2002 —6—


Juan Lamillar


Estío And tastes all the summer´s pride Blake

En el jardín, que el vuelo de la tarde llena de oros y sombras, abandonado el libro en la fragancia de la tierra mojada y los jazmines, en deleitosa pulpa saborea los gozos del verano. Lo demás son fantasmas, conjeturas de la misma sustancia del olvido.

Alberto García Ulecia

—8—


Concha Ibarra


Primavera La primavera en Sevilla confunde a tanta gente...; lo que es egregio o plebeyo va por el mismo camino –de balcones y jardines– cual metáforas floridas. Y la mujer el poema que trastorna los sentidos.

Manuel Carrasco

—10—


Manuel Salinas


Vísperas de Armenta El azahar, la noche y los jazmines al filo de la mano, en la ventana, donde el cielo no es sueño, ni la luna la imagen de la muerte entre las nubes. Nimbada y blanca brilla en el tejado y su luz es más luz sobre la torre. Allí está, bajo el agua, en el estanque, como un sepulcro en que morir es dulce. Y hacia el cielo se yergue la palmera mansamente movida por el viento, como en el mar un mástil y una vela, con un mismo rumor de olas y hojas. El jardín y la noche: los naranjos, rosales por el muro, enredaderas, y el frondoso laurel que ha de dar sombra ya para siempre en todos los veranos.

Jacobo Cortines

—12—


Dorotea von Elbe


Tú desnuda entre las frutas, en el centro del jardín, cuando el sol es círculo de vida, y pequeñas gotas son arco iris en las hojas, cuando la vida es un canto y emergen como un milagro de la tierra las ramas donde la fruta es flor y la flor futuro, esperanza blanca. Y la toda tú destilando salitre, tiñendo de azul el reino del devenir y las flores.

Abelardo Rodríguez

—14—


Paco Almazo


Elogio de la naturaleza Me gustan los jardines espesos como bosques y adoro las sombrías, las densas alamedas que Julián del Casal adoraba en un verso. La humedad de los setos o una fuente con musgo me traen a la memoria los días más dichosos –no debiera decirlo– de mi corta existencia. Me da melancolía pensar en el que fui, no porque el tiempo avaro vaya apagando luces que aliviaron las noches de sueños enemigos sino porque el recuerdo me ciega y atormenta poniendo ante mis ojos la culpa de haber sido feliz sin merecerlo. Me gustan los jardines porque son como símbolos de una vida más lenta. Me gustan los jardines porque en ellos la vida, desangelada y cálida, muriente se demora como las aguas, blancas, espesas, en las fuentes.

Felipe Benítez

—16—


Juan Maestre


Jardín seco Atrás, en un pasado que casi no recuerdo, y al que duele volver , pues es tiempo perdido, yo soñaba en jardines desnudos por el frío, con estanques oscuros, surcados por las hojas como barcos dorados sobre el mar de la noche. Entonces aún podía soñar la decadencia, saborear el invierno, pensar en haber sido e imaginarlo triste como estatua sin rostro. Mas si el futuro es hoy, si el presente define su indudable certeza de jardín descuidado, sólo queda ausentarse hacia un ayer efímero, al momento en que fuimos felices sin saberlo.

Raquel Rico

—18—


Sara Huete


Jardín japonés La arena del jardín sugiere el mar. La eternidad acecha en cada símbolo: las huellas paralelas del rastrillo, las piedras corroídas, su simetría distante. Fragmentos que las horas iluminan y apagan. Un jardín en la noche donde el sol y la luna, lo eterno y el instante, son el mismo dibujo: un trazo de pincel en el vacío. Hay ya un día destinado al incendio y todo morirá con el jardín: seguiremos el curso de la niebla. De un reloj detenido cae la arena que ahora es mar o silencio: es tiempo que pisamos. Aquí la muerte huye y está quieta: entre los árboles, como las estatuas. Sólo vemos su máscara en la sombra.

Juan Lamillar —20—


Ignacio Tovar


El jardín sin horizonte En la mañana la brisa rompe el manto de bruma de la noche y las nubes, a jirones, se elevan como gasas entre cumbres y deshacen dejándolas desnudas húmedas de rocío, sensuales y sonrosadas. El día da sombra a los árboles y la plácida languidez del murmullo continuo del agua deja paladear la existencia con la tranquilidad ensoñadora del placer de no hacer nada. Se estremece el sol, duerme en la tarde el viento, una luz fugitiva y vencida difumina el paisaje y el plenilunio de la luna pinta los ríos de plata.

José María Bedoya —22—


Juan Morante


Cielo verde Surcamos la avenida a explorar el jardín y juegas en la tierra mientras pienso en la mía. Te abrazas a otros niños si extraño a mis amigos, si sueño con las playas te escondes en sus plantas. Y desde el primer día, oculto entre las hojas, conversas insistente sobre el color del cielo. “Desde aquí no es azul”, gritas con alegría, sabiendo, duende sabio, que debo abrir los ojos en nuestra nueva tierra, en este nuevo cielo que hoy tiene color verde.

Joaquín Doldán

—24—


Juan Romero


Ahora que te vas no quieras cambiar mis días por tus días, porque ya los guardé en un jardín de amapolas con estanques de cielos llenos de palmeras. Ahora que te vas no quieras cambiar tus besos por mis besos, porque ya los guardé en el jardín de tus dudas.

Carolina Abadía

—26—


Manuel CampaĂąa


Jardín Cuando iba a levantarse, giró la cara. Vio la sombra del rosal, su fino encaje, los chorros de la fuente, repicando en sí misma su discurso. Y se dijo, tranquilo, no importa: seguirán aquí por más de mil años. Podré volver.

Juandepunto En el Campo del Príncipe, a 26-10-01

—28—


Cloweiller


Al igual que la primavera estallar, romper con penumbras y con fríos. Ser en el color cálido de las flores. Zumbar con los primeros mosquitos en el aire recién perfumado de tu vida.

Antonio de Vicente

—30—


Mª José Barco


Naturaleza ordenada Flores, setos, árboles inmensos, fuentes, estatuas, sombras, soles, hojas, aromas, envolviéndome.

Carmen Herrera

—32—


Amalia Cansino


Paseo en otoño Nunca mis ojos contemplaron tanta belleza, ni a mis oídos llegaron trinos tan armoniosos, ni mi olfato se embriagó con tantos aromas. Era el paraíso de los sentidos y yo su dios. Grité tu nombre y me respondió el silencio. Alargué mi mano y encontré el vacío. Un ruiseñor me cantó al oído: espera. El agua me susurró: no tengas prisa. El bosque abrió sus brazos y me arrulló.

Meria Albari En Baza a 28 de febrero de 2000

—34—


Salvador Compรกn


Jardín para tus ojos Ese jardín que ves está delante. No te oprime la voz ni la mirada ni cesa ante la luz ni es necesario. Sí te llena los ojos, sin embargo. Es absoluto y verde y es de aire y su verdor te roza si te mueves, si lo bebes despacio, si lo coges, si te atreves a serlo y a tocarlo. Es un verdor total y pequeñito. Está lleno de infancias y recuerdos, de un mirar hacia fuera y hacia adentro; de esas cosas pequeñas, que de blancas, ni siquiera te atreves a mirarlas por miedo a que se rompa la mirada y el corazón se quede como el hielo. Existencia total de verdemagia, de todo lo que es tacto y nos devora y nos deja perplejos y sin verlo, dejándonos pasar, verdes los ojos, hasta lo inexplorado más exacto del tacto del albor de la mirada.

Ramón G. Medina —36—


Manuel Alvarado


Jardines Mi jardín del Edén fue una manzana con sabor a manzana, dulce pero amarga según lo establecido. Duró lo que el rocío. Y expulsado al burdel de Babilonia, olvidé nombrar unas rosas y otras hasta que descubrí del retiro al Luxemburgo, mi jardín de Academo. Al gusto del clavel con la persiana echada sumé la sabiduría del ramo de camelias en las tardes de lluvia, y abierto el arrayán al verdor preciso de los prados, pude asomarme al fin a las Delicias sin perder la figura.

Carlos Abadía

—38—


José Ramón Vaca


Los jardines Los jardines me despiertan y oigo el fuego de las flores que me canta y me quema con el brillo de sus pétalos al sol. En la ligereza del viento, el azahar y la dama de noche depositan toda la luna que pinta un cielo de transparencia. Virginales rosas que callan el dolor de la espina. Soplo de violeta que adormece el verdor de la hierba. Rojos claveles con claridades de candelas, y en el horizonte, una línea de nardos que inunda la frontera. Un suave color de tarde pone la luz en los jardines con desmayos de olores y un pavo real se crece ante tanto incendio en la floresta. El misterio del perfume roza mi boca y el jazmín de azúcar tiene relente en sus hojas. Me decoro de finos estambres y me duermo en los abanicos que cuelgan las palmeras.

Jesús Solano

—40—


Eduardo del Campo


Jardín del Valle Jardín del Valle o de la edad, del reloj de sol, del recreo de tierra al que he vuelto antes de que el loco o el profeta cierre la reja y quede entre la niebla el jardín callado, como otro corazón escondido en mi pecho. Voy de la fuente a la infancia, a las piedras, a la arena, jugando a romper con los dedos la espesa telaraña del deseo; voy caminando hacia atrás hasta tropezar con la hiedra o con el eco mientras corre aún por el jardín secreto –como un niño solo– este recuerdo perseguido por un cristal abierto.

Paco Martos

—42—


Inma Gรณmez


Impás La herida cotidiana me trae. (Es mucho el poder germinativo de la Arcadia. Mucho el afán de jardín y sus encarnaciones). La luz es templo. Sur primario. Transparencia. La acción del espectro es casi táctil en la memoria Y en el ojo. En ascensión vivifica el verde, la tierra manifiesta en las lindes de barro. Transpiran los ciclos en la quietud las señales del tiempo. Es este un espacio hecho para ser respirado. La vara de medir la dimensión exacta del artificio. Un fondo de trino y zureo matiza el impás del aire, su ensimismamiento. Más allá se desquician las calles. Y en el plano inclinado se imprimen los versos con textura de brea. Pero ahora es posible oír lo verdadero liberado del tiempo. A esta matriz acudo con mi herida. A nacer he venido.

Rosario F. Cartes —44—


Carmen Mogollo


Bulería por soleá A Miguel Hernández y a Luis Cernuda

Ramita de verde olivo en el pico, mi paloma. Espinas de azúcar cande en el rosal de mi rosa.

Rafael Arjona

—46—


Conde de Casa-Padilla


CP-II

Conmoción Inocente mi cuerpo fue atrapado, de Sevilla un jardín muy penetrante. El gesto, de manera tan galante, me devolvía aquel abrazo dado. Víctima fui sin armas entregado al roce de su vientre palpitante; bajo el amable acoso colindante, que ejercía su cuerpo entrelazado. De su olor, me impregné como una rosa, que guardo como prenda. Del aliento, salido de su boca, va en mi boca. Conmoción: efecto que se enlosa y que se adhiere a ti como un ungüento. No es pequeño el tributo que me toca.

Antonio Blanco

—48—


C. Gรณmez Carretero


Paraíso Vivíamos felices y soñábamos el cielo, y el amor estaba: era la edad de los lirios venturosos, del alba con la luna en las manos. Y más sutil que la brisa era el deseo: la flor del Tigris, del Eufrates amante, de los viejos placeres que dan vida a la vida y al tálamo de las diosas. Teníamos el Edén; la gloria de Isthar lúbrica de nenúfares, prohibida en el jardín prohibido, desnuda como la palma: labio a labio, en la piel, la humedad de una rosa.

Agustín Torres Vázquez —50—


Francisco Serra Estrada


Jardín I Las mareas del aire descargan su oleaje. Aguacero es la ola entre la tierra y el cielo. El viento sopla cascadas y fuentes, el repique del agua y las cosas. Agotada la nube se calma en el aire que ya es luz. Gotas besando las verdes hojas, tiernos besos caídos a tierra. Como un manto flota en el aire el esencial perfume. Agua, tierra, hoja y flor: el jardín.

Javier Navarro En Sevilla, a 2 de abril de 2002

—52—


Carlos Becerra


Ecos de Bécquer hallados en un parque En el temblor de aquella lluvia, herido en la música del agua, en la que se refracta su luz y las rosas vierten su llanto ocultado en el albor de los tránsitos en los espejos del deseo... Allí, hallas un centro que anega su misteriosa cifra de aire en la melancolía de tres fechas, tres motivos de esa sinfonía que sustenta una sonata, sintiéndola en los despertares de un sueño hacia el tiempo del alba, de la luz y ¡ay! hacia el nocturno en su noche... anidados en la plegaria de tres pérdidas del amor ¡ay Amor!.. Queda en sombra. No amanezcas...

Joaquín Verdú de Gregorio

—54—


Paco Cosano


El beso Si vas a besarme amor, llévame a los jardines entre naranjos en flor. Deseo mirar la luna, adivinar su color, que la noche está moruna y hay embrujo en derredor. Déjame oír las aguas de las fuentes cantarinas, adórname de jazmines, siembra en mis pechos una flor. Si vas a besarme amor, posa tus labios en los míos que están respirando ardor.

Marian Pantoja

—56—


Pepa Santos


ESCRIBEN

Francisco Núñez Roldán . . . . .

6

Carmen Herrera . . . . . . . . . . . 32

Alberto García Ulecia . . . . . . .

8

Meria Albari . . . . . . . . . . . . . . 34

Manuel Carrasco . . . . . . . . . . 10

Ramón G. Medina . . . . . . . . . 36

Jacobo Cortines . . . . . . . . . . . 12

Carlos Abadía . . . . . . . . . . . . . 38

Abelardo Rodríguez . . . . . . . . 14

Jesús Solano . . . . . . . . . . . . . . 40

Felipe Benítez . . . . . . . . . . . . . 16

Paco Martos . . . . . . . . . . . . . . 42

Raquel Rico . . . . . . . . . . . . . . 18

Rosario F. Cartes . . . . . . . . . . 44

Juan Lamillar . . . . . . . . . . . . . 20

Rafael Arjona . . . . . . . . . . . . . 46

José María Bedoya . . . . . . . . . 22

Antonio Blanco . . . . . . . . . . . 48

Joaquín Doldán . . . . . . . . . . . 24

Agustín Torres Vázquez . . . . . 50

Carolina Abadía . . . . . . . . . . . 26

Javier Navarro . . . . . . . . . . . . . 52

Juandepunto . . . . . . . . . . . . . . 28

Joaquín Verdú de Gregorio . . 54

Antonio de Vicente . . . . . . . . . 30

Marian Pantoja . . . . . . . . . . . . 56


PINTAN

Joaquín Sáenz . . . . . . . . . . . . .

5

Amalia Cansino . . . . . . . . . . . 33

Juan Lamillar . . . . . . . . . . . . .

7

Salvador Compán . . . . . . . . . . 35

Concha Ibarra . . . . . . . . . . . . .

9

Manuel Alvarado . . . . . . . . . . 37

Manuel Salinas . . . . . . . . . . . . 11

José Ramón Vaca . . . . . . . . . . 39

Dorotea von Elbe . . . . . . . . . . 13

Eduardo del Campo . . . . . . . . 41

Paco Almazo . . . . . . . . . . . . . . 15

Inma Gómez . . . . . . . . . . . . . . 43

Juan Maestre . . . . . . . . . . . . . . 17

Carmen Mogollo . . . . . . . . . . 45

Sara Huete . . . . . . . . . . . . . . . 19

Conde de Casa-Padilla . . . . . . 47

Ignacio Tovar . . . . . . . . . . . . . 21

C. Gómez Carretero . . . . . . . . 49

Juan Morante . . . . . . . . . . . . . 23

Francisco Serra Estrada . . . . . . 51

Juan Romero . . . . . . . . . . . . . 25

Carlos Becerra . . . . . . . . . . . . . 53

Manuel Campaña . . . . . . . . . . 27

Paco Cosano . . . . . . . . . . . . . . 55

Cloweiller . . . . . . . . . . . . . . . . 29

Pepa Santos . . . . . . . . . . . . . . 57

Mª José Barco . . . . . . . . . . . . . 31


Un jardín de palabras y colores, regado y cuidado por

Inma Gómez, May Herrera, Raquel Rico y Laly Yagüe, con portada de Pablo Vallejo, floreció en Sevilla, con la ayuda de El Adalid Seráfico que lo acabó de imprimir el 17 de mayo de 2002.


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