El sombrero mágico Cristina García
Miriam era una niña muy lista y también muy tímida. No le gustaba mucho hablar, y cuando en su clase sus profesores le preguntaban algo, ella tenía miedo de equivocarse y nunca contestaba.
Un día iba paseando por el bosque y se encontró un sombrero rojo muy bonito, de color rojo. -Qué sombrero más chulo, pensó Miriam. Lo cogió y se lo puso en la cabeza.
De repente, el sombrero empezó a hablar; -No soy un sombrero cualquiera, soy mágico. Cuando estoy en la cabeza de alguien le quito toda la vergüenza y miedo, y ayudo a responder a todas las preguntas. -¡Qué bien! Entonces podrías ayudarme porque a mí me cuesta mucho hablar en clase. -- Dijo Miriam.
Miriam se fue a casa con el sombrero y se lo enseñó a sus padres, contándoles que era mágico. Sin embargo, el sombrero solo hablaba cuando estaba a solas con Miriam.
Esa noche se fue a la cama muy contenta porque pensaba que ya no tendría vergüenza, y que superaría sus miedos gracias al sombrero.
A la mañana siguiente, llevó a clase el sombrero. La profesora y sus compañeros/as le dijeron que era muy bonito. Ese día Miriam estuvo muy habladora y cada que la profesora le preguntaba algo, respondría sin miedo. Desde ese momento, todos los demás, llevaba el sombrero.
Sus compañeros estaban muy contentos de poder hablar más con Miriam y escuchar sus maravillosas ideas. El lunes estuvieron escribiendo un dictado.
El martes estuvieron aprendiendo matemáticas.
El miércoles escucharon un cuento precioso, y después hicieron teatro.
El jueves aprendieron nuevas palabras y juegos en inglés.
El viernes hicieron manualidades, que a Miriam le encantaban.
Un día estaba súper agusto en clase, participando y hablando mucho y cuando terminó el día se fue a su casa paseando como siempre.
De pronto, se dio cuenta de algo. -Oh, pero si no he traído el sombrero, se me ha olvidado en casa. Y comprobó que no le había hecho falta, y que ella había hablado como siempre y sin tener miedo o vergüenza.
Ese día volvió a su casa y les contó a sus padres todo lo que había pasado desde el día que encontró su sombrero. Ellos estaban muy orgullosos y contentos por su hija. Y Miriam no volvió a sentir vergüenza al hablar.