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Opinión Profesional

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La coyuntura económica actual nos plantea un escenario en el cual es necesario mostrar una “hoja de ruta” sobre la cual transitaremos durante los próximos meses. Se visualiza de vital trascendencia brindar lineamientos en materia de medidas de política económica para conocer por donde se moverán las principales variables macroeconómicas de nuestro país, y de esta forma, los agentes puedan formar expectativas y actúen en consonancia de acuerdo a las mismas. En este sentido, se concibe como primordial la puesta en marcha de un plan económico acorde con las carencias y problemas que tiene nuestro país. Nos encontramos en un período en el cual el tema principal en la agenda política y económica es la solución al problema de la deuda. En este esquema, las palabras “reperfilamiento” y“default selectivo” se encuentran a la orden del día. Cada vencimiento del capital correspondiente a un nuevo bono

no puede convertirse en una “final del mundo”, sino que el objetivo debe enfocarse en lograr un acuerdo marco que logre juntar la mayor cantidad de acreedores en una renegociación que sea sustentable y cumplible para el país. La posibilidad de armar un flujo que pueda repagar la mencionada deuda es la herramienta que debe mostrarse ante los acreedores, y para ello, es necesario apuntalar la actividad económica con el objetivo de generar las divisas necesarias en pos de cumplir con este propósito, sumado a construir un superávit primario que se nos viene negando hace años, es decir, cerrando el agujero fiscal. Pues bien, en este punto surgen por lo menos dos interrogantes: ¿Qué políticas se impulsarán con vistas de aumentar las exportaciones y la inversión para generar las divisas que el país necesita?, y por otro lado, ¿De qué forma se transitará el camino para lograr un superávit primario? Se menciona como motor del


crecimiento al consumo interno, a través de una mejora en el poder adquisitivo justamente del mercado interno, tratando de bajar la inflación y dando aumentos nominales que traten de reconstruir el salario real, algunos de los cuales se realizan a través de sumas fijas y no porcentuales, tratando de desindexar la economía. En términos futbolísticos, sería como “parar la pelota”, tratar de frenar la inercia inflacionaria para reconstruir expectativas. Sin embargo, si no queremos que dicho proceso sea un “oasis” en el desierto, es decir, una cuestión de corto plazo, deberá sincronizarse con políticas que promuevan la inversión y un incentivo a las exportaciones. En este punto es donde aparece la “hoja de ruta necesaria”. El destino es salir de la recesión, sin embargo, si no sabemos cómo llegar, nos perderemos en el camino. Un programa monetario consistente llevado adelante por el Banco Central es necesario para poder bajar la inflación. Estableciendo un ancla del dólar, sumado a un congelamiento de tarifas y naftas pueden ser medidas eficaces de corto plazo, sin embargo, nada es para siempre. La inversión, tanto interna como directa extranjera, no llegará si el horizonte no se encuentra claro y las exportaciones no crecerán si no existe un incentivo definido que mueva las mismas, sumado a intentar que el tipo de cambio no se atrase con el impacto que esto tiene en la competitividad. Entonces, cabe preguntarnos ¿Cuál es el programa de fondo para combatir la inflación y cuál será la manera de poder acceder a los dólares para poder cumplir con el pago de la deuda? Todo este esquema se centra, entonces, en “crecer para cumplir”. Sin embargo, para crecer es necesario un plan. Este plan debe ser cumplible, realizable en los tiempos y acorde a las metas que se trazen, y por último y no menos importante, que los agentes lo crean y actúen en consonancia con el mismo. La confianza es un pilar fundamental sobre el cual se cimenta la

reputación de un país. Si llegamos a este punto nuevamente donde la principal preocupación es poder pagar la deuda, quiere decir que no supimos a lo largo de la historia construir la citada reputación, cayendo en varias ocasiones en default y solicitando financiamiento para aquello que no podemos cubrir con recursos propios. Existen países con mayores niveles de Deuda/PIB, sin embargo, no se duda ni de su capacidad ni voluntad de pago, por lo cual es la confianza la herramienta que los blinda de inconvenientes. En este punto, nuestro país parece mostrar voluntad, sin embargo ¿Tenemos la capacidad de hacer frente a nuestros compromisos?. Es por ello, que conceptos como confianza, diseño de un plan integral y cumplimiento del mismo, así como encontrar la forma de ordenar las cuentas públicas son vitales para salir adelante. En síntesis, política fiscal para ordenar las cuentas públicas y monetaria para recobrar la confianza en nuestra moneda. No podemos quedarnos en una o la otra, sino que es necesario, un programa coordinado que trabaje con ambas. Como profesionales en Ciencias Económicas, el rol que tenemos es muy importante. Sin lugar a dudas, desde el lugar que nos toque estar, debemos ser responsables de poner luz en estas cuestiones, participando del diagnóstico y trazado del plan, incentivando la construcción del debate sobre las reformas estructurales necesarias para crecer en el largo plazo y poniendo en tensión la coyuntura quenos rodea. En este punto de inflexión la historia nos vuelve a poner en un problema de financiamiento, por lo cual, es importante aprender de los errores para no volver a cometerlos, ya que para construir un país que sea sustentable en el largo plazo, es vital ir hacia un esquema de certidumbre y estabilidad. Y en este esquema, nuestra profesión es una pieza clave en dicho andamiaje.


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