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L

os tres hermanos envidiosos

L

a leyenda cuenta

que el Señor y brujo de una tribu prerromana, poseedor de riquezas y de un extenso territorio entre las tierras de lo que hoy son las provincias de Zaragoza, Soria y Guadalajara, enviudó y tuvo que hacerse cargo de sus tres hijos, que se llevaban muy mal, guiados por la envidia y la codicia por conseguir la herencia de su padre. Las duras peleas entre los hijos iban siendo cada vez más frecuentes, hasta que el padre, harto de las riñas entre sus hijos, decidió cargarles una maldición eterna de tal manera que pudieran verse pero no hablarse, convirtiéndoles así en tres altas montañas que situaría a cada extremo del territorio para que sirviera de ejemplo para tribus cercanas: el mayor, Moncayo; el mediano, Ocejón, y el pequeño, Alto Rey. Mucho tiempo después, un niño subió al Alto Rey, el menor de los tres hermanos, y pudo contemplar la vergüenza con la que se mostraban los hermanos. En la ermita situada en la cima del Alto Rey se puede contemplar un grabado en la piedra en la que se muestran tres cabezas situadas las unas de las otras de la misma manera que se sitúan geográficamente el Moncayo, el Ocejón y el Alto Rey.


Los pueblos de arquitectura negra

Olvidados en el Finisterre alcarreño, allá hasta donde los coches hasta hace poco no llegaban y la televisión era algo imaginario, los habitantes no sabían, como decía el anuncio, que el Madrid ganara la séptima. Prácticamente incomunicados, con fríos inviernos serranos, los habitantes tenían vivir con lo que la naturaleza les proporcionaba. Y una clara muestra de ello es la construcción de sus viviendas, su arquitectura, que aprovechando los recursos que existen a su alcancen obtienen de


la pizarra el material para construir sus anchas paredes.


Actualmente las comunicaciones han mejorado y con ella el conocimiento de esta región y la llegada de visitantes ha mejora las condiciones de vida. Situada en una zona privilegiada, bajo la sierra de Ayllón, que sirve de divisoria entre las cuencas del Jarama y del Sorbe, rodeada de bosquecillos de robles de pequeño porte, se encuentran varios pueblecillos con especial encanto. Campillo de las ranas, Majaelrayo, Valverde de los arroyos, nombres con encanto que bien merece una visita por si mismos.

La Vereda, Robleluengo, Campillejo y Almiruete entre otros nos ofrece monumentos que entrañan un gran interés cultural e histórico que abarcan desde iglesias románicas a palacios


Comenzamos nuestra aventura: Situados en la puerta de la iglesia de Majaelrayo tomamos una callejuela que hay justo enfrente y que es paralela a la carretera por la que hemos llegado hasta el pueblo. Torcemos por la primera calle a la izquierda y la seguimos hasta alcanzar las últimas casas del pueblo.

En una vivienda vemos un letrero que dice “Al Ocejón”. Importante localizar esta piedra situada a la altura del suelo para continuar por el camino correcto.


Seguimos indagando pistas como si buscรกramos un tesoro pirata, y siguiendo sus indicaciones descendemos hasta el arroyo de las Cabezadas. Nada mรกs vadearlo sale un camino a la izquierda en el que podemos ver otro letrero

Un poco cutre, pero hace perfectamente su funciรณn.


El camino se abre paso entre las jaras por una zona de escalones de pizarra. En un alto miramos atrรกs y el paisaje es tan sugestivo que derrochamos unos momentos.


Bajamos a una vaguada por donde discurre el arroyo de los Molinos, que cruzamos sobre un puente de grandes losas planas de pizarra.

DespuĂŠs de una zona bastante llana empieza una fuerte subida rodeada de jaras. Otro camino se une al nuestro que viene desde Campillo de las ranas.


Entramos en una zona de arbolado. Bosque de pequeños robles, que nos dan sombra y alivian un poco el sudor de la última cuesta.

No hay más que seguir el camino hasta llegar a las conocidas Peñas Bernardas a 1625 mts de altitud. El lugar invita a descansar un rato y contemplar la preciosa campiña. El sendero continua hasta el collado de Perdices donde hay construido un refugio donde puedes guarecerte si el tiempo cambia inesperadamente, armado de paciencia antes las fuertes tormentas y clamorosos truenos que repentinamente florecen en las tardes de verano. Incluso tiene chimenea.


La mayorĂ­a de los caminantes se dirigen hacia el collado donde el calzada comunica con la que asciende de la otra vertiente: Valverde de los arroyos. Nosotros, sea por aventura, sea por complicarlo, lo hacemos por el filo de la cresta rocosa que se dirige al Ocejoncillo.

Sin grandes problemas, pero ayudĂĄndonos con las manos muchas veces, y rodeando bloques de piedra, alcanzamos el filo, para descender hacia la autentica senda cruzando una pradera de gayuba.


Ahora el camino es todo piedra, lajas grisáceas sueltas, rotas por el hielo, calentados por el sol, se desparraman ladera abajo bajo nuestras botas.

Alguna bonachona persona se ha entretenido en realizar una escalinata con las losas planas de pizarra que tan abundantemente pueblan la ladera. Esto se agradece y facilita enormemente la ascensión que se empina en estas últimas lazadas.

Ya vemos la cumbre del Ocejon allá al fondo, con el poste geodésico marcándola, solo falta seguir el sendero que zigzaguea por la cresta cimera hasta el citado mojón.


Increíble el vértice, que sorpresa, aparece pintado con llamas de fuego sobre cielo azul y a su vez apenas sujeto por el hormigón, ya que el suelo casi ha desaparecido por la parte inferior. Hemos llegado a la cumbre

Pico Ocejón 2.048 mts. “Pan preñao” Muy importante


Ahora nos queda disfrutar de estas maravillosas vistas. Si hacemos un giro de 360º alrededor del pico podemos observar entre otros, el pantano del Vado, la inconfundible figura de Peñalacabra; al oeste el Cerrón y justo detrás de ellos casi sobre el horizonte Peñalara, Cuerda Larga y la Pedriza Alta; hacia el noroeste la Cuerda de la Pinilla y el Pico del Lobo; al norte la Atalaya, al este Cabeza Lechosa y según desviamos nuestra mirada nuevamente hacia el sur el Alto del Rey con sus características antenas .


Y ahora a almorzar que nos lo hemos ganado, para después de tomar energía del pan preñao, comprado en la panadería de Tamajón, bajar a toda leche, casi a la carrera, para entrenarnos al raid Madrid xtrem.


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Pero hay un sitio que de verdad recomendamos: Mesón el Jabalí, en Majaelrayo. Conservando el sabor tradicional podemos deleitarnos con el sabor de sus menús, especialmente carnes y especial la paletilla de cabrito asado, para chuparse los dedos y decir basta, no puedo más. Sus precios ajustados y un trato familiar exquisito.

P e r o si e n alg o alc anz a la e x c e le nc i a e s e l c ab r i t o as ad o c on br e ve d e l a z on a , u n c ald o r e a li z ad o c o n h i e r b a s d e la ti e r r a c u y a fo r m u la e s ta n se c r e t a c o m o la d e l a Coc a- c ol a. La m i e l, l a s m e r m e l a d as y los fr u t os si lve s tr e s so n m a nj ar e s q u e n u n c a s e pu e d e n r e n u nc i a r .

Para saber más: http://www.pueblosarquitecturanegra.es/index.php/


FIN ASCENSIÓN AL PICO OCEJÓN FINISTERRE ALCARREÑO


ASCENSION AL PICO OCEJON