contratiempo
número 63
marzo 2009
Directiva Beatriz Badikian, Gregory X. Gorman, Jochy Herrera, Félix Masud-Piloto, Moira Pujols, Helen Valdez
Directora ejecutiva Moira Pujols
Director editorial Gerardo Cárdenas
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Consejo editorial Gerardo Cárdenas, Raúl Dorantes, Jorge García, Rafael Franco, Catalina María Johnson, Esmeralda Morales, Julio Rangel, Febronio Zatarain
Jefe de redacción Febronio Zatarain
Directora de arte Esmeralda Morales
contrafoto Santiago Weksler
Correctores de estilo Jorge García y Laura Pujols
contenido 3. Editorial
4. La fe posmoderna: Fernando Savater conversa. Jochy Herrera
Portada
6. Navegando por los meandros de la fe. Luis Tomás Oviedo
Esmeralda Morales Las opiniones expresadas por los escritores que colaboran en contratiempo no son necesariamente las de la revista, o de la entidad que la publica, contratiempo nfp, una entidad 501 (c)3 sin fines de lucro.
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Para envío de colaboraciones: Gerardo Cárdenas directoreditorial@revistacontratiempo.com Raúl Dorantes tiempoextra@revistacontratiempo.com
7. La movilidad de la fe en Estados Unidos. Gerardo Cárdenas 8. Nada te turbe: La fe desde el liderazgo femenino. Magdalena I. García
dossier
deshoras
10. Vivienda y Crédito Hipotecario. Martha A. Martínez 11. Poemas de Jorge Frisancho
mirada 14. La obra monumental de Nicola López. Víctor Espinosa 19. No hay jaque mate con dos caballos. El club de ajedrez de Pilsen. Raúl Dorantes 20. Doscientos años de soledad. Elbio Rodríguez Barilari 22.La comunión del jazz y el landó:. La música de Gabriel Alegría. Catalina María Johnson 23. Un guardaespaldas para Juan Rulfo. Sandra María Benedett 24. La condición humana de Hannah Arendt. Manuel Zataráin 25. Cada día es lunes en el Teatro Aguijón. Fernando Olszanski
tiempo 25. God Bless America. Bernardo Navia extra 26. El otro desierto. Marco Escalante 26. Contrafoto. Santiago Weksler
tiempo desobra 27. Intrusiones para dar cuerda al reloj. René Rodríguez Soriano
Editorial Nietzsche, maestro de la sospecha, sacudió la filosofía del siglo XIX
En lo que respecta al ejercicio de la fe religiosa entre los latinoame-
cuando decretó que Dios había muerto; anunciaba así el principio de la
ricanos residentes en este país, vale la pena citar un reciente estudio del
muerte del pasado y la entrada al mundo de los nuevos individuos quien
Pew Forum on Religion and Public Life; en él notamos cómo la fe entre los
a su parecer, definiría el camino a seguir por la civilización. La fe, virtud
hispanohablantes posee una “movilidad” entre generación y generación:
fundamental para la existencia de Dios, a pesar de tal decreto, hoy incur-
mientras los latinos que dominan el español continúan afiliándose a la reli-
siona junto a él y lo divino en todas las esferas del ejercicio humano de la
gión católica, aquellos cuya lengua predominante es el inglés no lo hacen
sociedad occidental. La fe, creencia sin necesidad de confirmación, es el
así ya que su aculturación no ha sido únicamente lingüística.
tema del presente número de contratiempo donde se intenta abordarla en
En Estados Unidos, país autodefinido como netamente creyente y de
su sentido más puro; como conjunto de convicciones y no necesariamente
carácter laico, notamos además que los últimos gobiernos han participado o
en relación a una religión particular.
generado debates de orden religioso tanto en lo científico (el uso de células
¿Necesitan de la fe hoy en día las personas? ¿Saben éstas en qué creer
madre); en lo educativo (la enseñanza de la ciencia evolucionista en las
y por qué creer? Estas dudas nos inquietan a tal grado que día a día surgen
escuelas públicas); y hasta en lo referente a las preferencias sexuales (como
cientos de sectas, grupos y asociaciones religiosas persiguiendo adeptos
es el caso de la iglesia episcopal (anglicana) enfrascada en una crisis interna
sedientos de fe. Entendemos que desde los inicios de la civilización ella fue
tras la nominación de un obispo homosexual).
combustible para que la raza escalara los riscos de su desarrollo físico y
Si juzgamos la satisfacción de la persona contemporánea respecto de
espiritual; pero no olvidemos también que en nombre de la fe se vivieron los
sus creencias y su sentido de éxito en el logro de metas, cualesquiera que
más negros períodos de muchas civilizaciones.
éstas sean,
La razón, la moral y lo emocional, componentes fundamentales de
–es decir, si nos cuestionamos de cuánta fe dispone el individuo–,
dicha virtud, son justamente los instrumentos con que cuenta la humanidad
notamos un exorbitante incremento en las ofertas de esperanza y fe:
de hoy para enfrentar la crisis de la posmodernidad: la necesidad del ser
prestidigitadores en la web; loterías por doquier; financial advisors de todo
humano de aferrarse a algo. El filósofo español Fernando Savater, quien ha
precio; asociaciones religiosas de todo tipo, incluyendo las llamadas “sin
proclamado con preocupación el resurgimiento de las religiones, afirma que
denominación”; en fin, parecería que hoy podemos escoger creer en lo que
ellas “lo invaden todo, lo político, lo social y el terrorismo”. En entrevista
se nos antoje, tal como hacemos en nuestro supermercado favorito.
exclusiva, Savater nos da a conocer su preferencia por “una sociedad de
Mas es nuestro firme deseo que entendamos que …no es solamente
ciudadanos y no de feligreses”, advirtiendo de esta forma la necesidad
una buena fe, sino una buena razón lo que de veras nos hace hoy falta.
de respeto al credo particular y su exclusión del ejercicio social de la colectividad. Científicos en el campo de la medicina, preocupados por sanar a pesar de poseer las más sofisticadas técnicas y medicamentos, recurren a la fe como instrumento curativo; los presidentes, de aquél y de este lado, abrazan discursos mesiánicos para invadir, acusar, y ¿por qué no?, engañar a pueblos enteros que parecerían no saber en quién creer. El Estado –nuevo tótem de la fe moderna– reaparece como la última esperanza ante la bancarrota financiera de una sociedad que hasta hace poco se jactaba de no necesitarle en nombre de lo privado. Estas últimas son precisamente las principales características de la fe del siglo XXI.
La fe posmoderna:
Fernando Savater conversa Texto y entrevista de Jochy Herrera
En 1688 Christophorus Cellarius dividió la historia en la Antigüedad, la Edad Media y la Edad Moderna, hoy hablamos además de la Edad contemporánea; tales divisiones arbitrarias estuvieron conformadas por hechos de índole económico-político, geográficos, sociales e ideológicos. Es precisamente esta última categoría del quehacer humano la que facilitó a Jean Francois Lyotard definir el actual período que vive el mundo occidental en su famoso ensayo La Condition postmoderne: la posmodernidad, la incredulidad del hombre frente a los metarelatos, el fin de las utopías. En esta poca postutópica los medios, los discursos, los neurocientíficos y hasta los gurús de la bolsa de valores están imbuidos por la idea de la fe, Dios y lo
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divino. La fe, que al parecer de algunos sociólogos tiene una semblanza de mercado (si le definimos como la existencia de un consumidor con intención de consumo y con opción de consumo ‒oferta y demanda‒), y por supuesto Dios, están de moda. A juicio de Nieves Fuenzalida este hecho es el producto de una cultura que “ha elevado una creencia en ausencia de toda evidencia, al lugar más alto en la jerarquía de las virtudes humanas”. Se hace necesario entonces intentar adjudicar a lo religioso, a lo místico y lo esperanzador del hombre de hoy un lugar apropiado en una sociedad que parece preguntarse a viva voz si hay que creer, en qué creer y en quién creer. El cerebro y Dios Los neurocientíficos analizan el comportamiento del sistema nervioso humano en lo que respecta a las funciones cerebrales complejas. A través de los poderosos escanes de resonancia magnética han logrado observar dicho órgano durante la actividad religiosa y ver cómo durante la oración los lóbulos parietales y frontales son activados; han descubierto que individuos que han sido fieles rezadores poseen lóbulos frontales de mayor grosor lo cual les provee una mejor memoria; y basados en estas imágenes ya saben que el hogar de la fe es el lóbulo parietal. Esta relación entre fe y medicina es el tema central del último número de la revista TIME que analiza el debate fe y salud y en donde entre otras cosas, nos enteramos de que hay más de seis mil estudios médicos publicados hasta la fecha en lo referente al papel “saneador” de la fe. Dean Hamerd, especialista en trasmisores cerebrales (sustancias a cargo de la coordinación de las acciones de éste órgano), ha anunciado el descubrimiento de la variante de un gen llamado VMAT ‒bautizado como el gen de Dios‒ encargado de regular las monoaminas transmisoras. En otras palabras, las vivencias místicas, los atributos del alma, parecerían ser el resultado de procesos cerebrales tan simples como la bioquímica, un concepto ya enunciado en el siglo XVIII por el filósofo francés Julien Offray de la Mettrie en el tratado L’homme machine. En un artículo aparecido en la revista The New England Journal of Medicine, el profesor Solomon Snyder describe un sinnúmero de reportajes que dan cuenta del estado actual de la neurociencia y “los esfuerzos en pos de la localización de Dios en el cerebro”. El autor enumera una bibliografía ilustrativa del tema y comenta sobre Francis Collins, quien en The language of God ha propuesto la existencia de un “dios personal” a partir de la idea de que a través de la historia y en todas las civilizaciones el hombre ha buscado a Dios; que la estructura cerebral “necesita de Dios” y que Dios mismo nos implantó tal necesidad ya que los hombres, por naturaleza, “gozamos de un sentido intuitivo de lo correcto y lo incorrecto”. Collins cita al pensador David Linden al indicar que la religión es un artefacto de la evolución, que al igual que los sentimientos de amor, los sueños y la memoria, es la resultante del predominio de áreas cerebrales más complejas que “vencen” a otras regiones más primitivas usualmente encargadas de regular los instintos. No sorprende entonces cómo muchos de estos planteamientos han servido de apoyo a la filosofía postdarwinista neoevolucionista que cada vez gana más adeptos en Estados Unidos.
El mercado de la fe El diario USA Today, en su edición del 7 de octubre del 2008 reportó que en el 2007 los habitantes de este país donaron más de 35 mil millones de dólares a organizaciones religiosas, una ofrenda de proporciones inimaginables si se tiene en cuenta que esta cifra equivale al presupuesto anual de muchos países latinoamericanos. Aceptamos como válido el derecho de cada ciudadano de disponer de sus dineros como le plazca, mas hay que preguntarse ¿hacia dónde va ese dinero? ¿Tiene un precio la fe? México es la nación latinoamericana de mayor población creyente; a pesar de un creciente ateísmo en años recientes, de acuerdo al periodista Francisco Michavila “nunca como ahora se identifican tantas iglesias, sectas o comunidades religiosas en busca de fieles en México”. En un artículo aparecido en el diario Poder Michavila argumenta que la competencia en el mercado de la fe es cada vez mayor y la gente, consciente de la diversificación de credos busca otras opciones para satisfacer sus necesidades espirituales. Así, en América Latina y sobre todo en Estados Unidos encontramos iglesias u organizaciones de múltiples denominaciones, con mandatos y reglas de todos los tipos, algunas inclusive “sin denominación”: sitios donde se asiste para cultivar la fe en algo. El Vaticano es uno de los estados más ricos y además de poseer inversiones en todos los rubros del mercado mundial, es propietario de tesoros históricos de incalculable valor; de hecho la Santa Sede posee tiendas en su perímetro donde el turista no sólo compra rosarios e imágenes divinas, sino también perfumes Chanel y joyas Cartier. El Vaticano también ha incursionado recientemente en el negocio del turismo religioso en alianza con la aerolínea Alitalia; pero según expertos, es la iglesia de la cienciología con sede en California, la que ha demostrado la mayor sofisticación en el proceso de oferta y demanda espiritual. Esta organización dispone de una universidad de los negocios, The World Institute of Scientology Enterprises, donde el creyente aprende los trucos de mercadotecnia y economía necesarios para el trabajo religioso. The Politics of God “Nosotros, en occidente, encontramos incomprensible que las ideas teológicas aún inflamen la mente humana y que despierten pasiones mesiánicas capaces de arruinar una sociedad; habíamos asumido que tal cosa no era ya posible, que los humanos habíamos aprendido a separar las preguntas religiosas de las políticas,
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...Un especialista en trasmisores cerebrales (sustancias a cargo de la coordinación de las acciones de éste órgano), ha anunciado el descubrimiento de la variante de un gen llamado VMAT ‒bautizado como el gen de Dios‒ encargado de regular las monoaminas transmisoras.
que la teología política había muerto en la Europa del siglo XVI. Estamos equivocados. Somos nosotros la frágil excepción.” La cita es de Mark Lilla, quien describe en el New York Times el paradigma de la política occidental contemporánea: su reconciliación con la ideología y fe islámicas. Con educada habilidad ensayística, Lilla describe cómo a partir del siglo XVI y las revoluciones francesa y estadounidense, la política en Occidente estuvo basada en asuntos de índole estrictamente político; a partir de la Primera Guerra Mundial el ejercicio de ésta sufrió un vuelco hacia una teología apocalíptica, ejemplarizada según el autor por el nazismo, el socialismo y el fascismo, y pasando en décadas posteriores de una teología política centrada en la figura de Dios, a una centrada en el hombre. Coincido con Lilla en que hasta las más exitosas democracias han sido vulnerables al mesianismo político y su justificación teológica; y que hoy, tal vez más que nunca, el mundo enfrenta el desafío del deber divino y el dogmatismo religioso abrazado por líderes y presidentes. Bastaría fijarse en la lista de los actuales conflictos bélicos de basamento religioso responsables de millares de muertes: Sudán, Cachemira, Palestina, Las Balcanes, Irlanda del Norte, Nigeria, Etiopía, Sri Lanka, Pakistán e India. Sin embargo, a mi parecer, Lilla se equivoca al afirmar que nosotros, Occidente, somos la excepción a tales pasiones inflamatorias. El autor sostiene su argumento a partir de las declaraciones del presidente iraní, líder de la más poderosa teocracia en lo que va de siglo; mas ignora que los discursos de Bush de alguna manera fueron también mesiánicos: citando a Dios en sus acciones, creando círculos demoníacos y de países demoníacos de acuerdo con su propia fe y utilizando el lenguaje divino en acciones concretas, como fue el caso de la guerra de Irak.
La vida eterna Es el título del excelente libro del filósofo español Fernando Savater publicado hace un año; en él, con un tono crítico y en un lenguaje fresco y práctico el autor repasa los asuntos de la fe, la globalización de Dios, la relación entre sociedad y religión, la inmortalidad y la política de los profetas; todo ello apoyado en el legado de Kant, Unamuno y Nietzsche, caldo de cultivo
para enfocar temas tan diversos. Savater, recién para evitar convertirnos en una sociedad de ganador de la 57a. edición del Premio Planeta de feligreses? novela, aboga por una sociedad de ciudadanos El único instrumento, indispensable para y no de feligreses, donde las iglesias tengan el la democracia es el establecimiento de un derecho de definir el pecado pero no hacerlo un orden cívico laico, que no es contrario necedelito. A su parecer, Dios está de moda porque sariamente a la fe –o al menos a algunas- pero el hombre moderno está lleno de miedos: miedo funciona al margen de ella, según su propia a la muerte, al futuro y a los demás; y como han muerto las utopías hay lógica racionalista. Las religiones, aunque que afianzarse a algo. tengan derecho a manifestarse públicamente, A través de la electrónica el prestigioso ensayista ha conversado siempre deben hacerlo a título privado: son conmigo sobre la fe posmoderna, he aquí sus respuestas. un derecho de cualquiera, no el deber de ¿Cuál es el rasgo más distintivo de la fe (pos) moderna? todos ni mucho menos de las instituciones En la era posmoderna hay dos tipos de fe: la de quienes la adoptan sociales. por razones más estéticas que otra cosa (la fe como cubito que da sabor ¿Qué puede decirnos del mercado de la al caldo de la existencia, en palabras de Paolo Flores d’Arcais) y la de fe? México, el país más creyente de América los integrismos que la utilizan como escudo contra las incertidumbres Latina ya cuenta con más de 7 mil asociade la modernidad…y a veces como fundamento para ideologías políticas ciones religiosas con miles de locales; estas antidemocráticas. religiones compiten en busca de creyentes, ¿A qué atribuye usted que hoy día la fe sea un hecho tan público, y los creyentes, a su vez, buscan diferentes tan de todos, tan poco íntimo? ofertas religiosas. Alguien ha dicho que Si no me equivoco, la fe siempre ha sido un hecho público. Las reliesto es lo más parecido al mercado, a un giones siempre han pretendido ser elementos de vertebración social o de mercado cuyo tope es nada más ni nada establecimiento de lazos comunitarios. Ninguna fe ama el secreto o la menos que el cielo. absoluta privacidad… Como se ve en los telepredicadores Un profesor alemán, Ulrich Beck, comentaba hace unos meses que americanos y en tantos otros cultos, las iglecomo resultado de la crisis financiera, Occidente luce estar en una sias optan muchas veces por estrategias de encrucijada: ...de la fe en el mercado a la fe en el Estado...; ¿es el Estado competencia comercial (como los partidos entonces el nuevo tótem de la fe moderna? políticos, por otra parte). La sociedad de Como otros dioses, el Estado es una divinidad de culto intermitente: consumo generalizado abre también espacio cuando las cosas van viento en popa, se procura minimizar o negar su para un supermercado de remedios trasceninfluencia, incluso se exige su desaparición; cuando acucian problemas dentes. Yo confío en una educación pública sociales o económicos de apariencia insoluble, se recurre a él con golpes y verdaderamente laica para evitar males de pecho y aspavientos de arrepentimiento. mayores… Siempre he dudado o sentido confusión ante la relación fe-falsedadmentira; es decir, si la fe depende de la creencia en algo que no necesita Colofón corroboración o confirmación, y en ese proceso está implícita o explíPodríamos estar en desacuerdo con los cita la duda, y si la duda, querámoslo o no, trae consigo la posibilidad planteamientos de los no religiosos, sean de la falsedad o de la mentira...y si la relación de lo que se cree se torna ellos anónimos o famosos como Fernando “jerárquica” o sea, ordenada o dictada por alguien... ¿no lleva entonces Savater; en lo que sí deberíamos coincidir la fe la mentira en sí misma? como sujetos de buena fe, es en la necesidad Sólo podemos tener fe en lo improbable, en lo que no cuenta con urgente del humanismo; en el rescate de la argumentos decisivos: nadie tiene fe en las matemáticas ni siquiera en la verdad, perdida hoy frente a sus múltiples ciencia, porque asumimos que la ciencia es siempre demostrativa o no es y deformadas vertientes. A juicio de Savater ciencia. La fe es lo que salta por encima de lo que sabemos y nos concede ‒la verdad parecería ya no ser importante, sin más lo que queremos, por inverosímil que sea. está en decadencia y en crisis; y la “autenComo usted claramente establece en La vida eterna, lo divino, ticidad”, es decir el reflejo de lo que se nos Dios, está por doquier y sobre todo en la esfera política. La controantoje creer o expresar, sea ello cierto o falso, versia desatada tras las declaraciones del obispo Richard Williamson parecería ir ganando. Pero como el reconoy el perdón papal a él y tres de sus cido autor ha indicado, no es seguidores negadores del Holocausto, solamente buena fe, sino una “Como otros dioses, el Estado es una fehaciente muestra de aquello buena razón lo que de veras es una divinidad de culto al punto de que en Argentina es tema nos hace hoy falta. intermitente: cuando las principal de los medios y una preocucosas van viento en popa, se pación gubernamental de tal grado, Jochy Herrera, escritor procura minimizar o negar que han expulsado a Williamson del dominicano, es miembro su influencia, incluso se exige país. ¿Están la sociedad y los ciudade la Mesa Directiva de su desaparición; cuando danos a la merced de esta invasión contratiempo. acucian problemas sociales divina en nuestras vidas? ¿A qué o económicos de apariencia mecanismos tendremos que apelar insoluble, se recurre a él con
golpes de pecho y aspavientos de arrepentimiento.”
número 63
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Navegando por los meandros de la fe Luis Tomás Oviedo
Desde los tiempos primigenios de la especie, la fe ha sido el combustible indispensable para que lo que fuera un proyecto de ser humano escalara los riscos de su desarrollo, tanto físico como espiritual, hasta llegar a lo que hoy somos, más para bien que para mal. Con un portafolio de referencias aún escasas, el hombre no encontraba respuestas a muchas de las interrogantes que le planteaba el medio hostil en el que discurría su vida. Fenómenos como los relámpagos, truenos y rayos eran espectros aterradores y maravillosos para su entendimiento, al igual que el inefable fenómeno de la muerte. En el fondo de su encantadora inocencia, e incapaz de reproducir esos fenómenos que no entendía, creó un ser superior a él, lo hizo todopoderoso, intangible, y lo ubicó en cada una de las cosas que generaban los fenómenos incomprensibles. Así nace el animismo. Pero entonces, el hallazgo de la solución a esos problemas lo enfrentó a otro: ¿Cómo explicarse racionalmente el ser creado, ese ser multianímico que se escondía detrás de la realidad fenomenológica, que él intuía miles de miles de años antes de que Hegel o Husserl vinieran al mundo? Así nació la fe, ese efluvio existencial irrebatible e irrefutable, donde terminan todas las discusiones racionales, porque de sus entrañas nace el dogma. El hombre evolucionó. Se irguió aún más sobre sus pies y en la práctica de usar sus manos despertó su cerebro, creó utensilios y descubrió que de sí mismo podía emanar arte, que no es más que la imitación imperfecta de la naturaleza. Surgen civilizaciones como la grecoromana, la egipcia, la asirio-babilónica, en fin, las más avanzadas agrupaciones humanas de la antigüedad. Pero, paradójicamente, a pesar de ese violento despegue de la evolución humana, la fe no evolucionó, en esencia se conservó igual. Solo se diversificó. Entonces el hombre encontró otras formas de fe, que no eran ya solo la fe en lo míticoreligioso, empleó esa fuerza increíble que había desarrollado aplicándola a sus dioses en otras esferas de su vida, proyectándola hacia sí y fuera de sí. Empezó a confiar en sí mismo, a desarrollar esa especie de “Yes, I can” que lo independizó de los designios de los oráculos, a creer en otras cosas, en fin creó el libre albedrío. Porque la creencia es un elemento de la fe, y la convicción es un elemento de la fe, y el compromiso es un elemento de la fe. Los grandes pensadores -descubridores e inventores- del renacimiento fueron hombres de profunda fe. Muchas veces, siguiendo el sendero de su fe terminaron muriendo en escenarios a veces opuestos; unos en la hoguera, por afirmar conceptos astronómicos, físicos o anatómicos que hoy son verdades que pocos cuestionan y otros en la selva, por predicar
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evangelios, es decir “buenas nuevas”, también sustentadas en la fe.
matrimonio ventajoso, desarrolló una fe inquebrantable en que “no hay más dios que Alá”, por lo que sufrió el repudio de su propia Cristianismo e Islam tribu (la Qurayshí), que ante el empuje con A lo largo de la existencia humana, hemos que se desarrollaba la nueva religión se sintió visto cómo las profesiones de fe, si bien no han temerosa de perder su primacía, basada en su movido montañas, sí han movido la historia. condición de guardiana de la Kaaba, recinto Así, la fe hizo que el hijo de un humilde sagrado del politeísmo árabe en La Meca. La carpintero de Nazaret se expusiera a los peliKaaba era un lugar de peregrinaje, y fuente gros que suponía predicar su doctrina en una indirecta de la riqueza de La Meca, por eso tierra ocupada por el imperio más poderoso su propia tribu lo persiguió a él y a sus cada que existía. Considerándose ungido y movido vez más numerosos seguidores, quienes predipor la fe en un dios de bondad, de perdón, que cando un monoteísmo a ultranza, atentaban no era en modo alguno el dios de los hebreos, contra el próspero estado de la ciudad. atrajo contra sí la ira del Sanedrín, que lo acusó La fe de Mahoma le hizo romper lazos de blasfemo, por tribales y famiAsí nació la fe, ese efluvio su convenciliares, y lo llevó a miento de que era existencial irrebatible e irrefutable, buscar un lugar –al igual que todos donde terminan todas las en donde poder sus prójimos- el discusiones racionales, porque de profesarla con hijo de Dios. La sus entrañas nace el dogma. menos riesgos. Es persistencia de su así como en el AH cruzada –y de su fe- hizo que terminara en la “cero” musulmán, salió huyendo de La Meca cruz del Monte de la Calavera, colocado entre hacia Medina (la Hégira), en donde ya contaba dos ladrones, como si la crucifixión de por sí con algunos seguidores del Islam y en donde no fuera escarnio suficiente. Pero la semilla murió, a la edad de 63 años. que sembró con su fe germinó y sus frutos se ¿Con qué vara humana puede medirse la desparramaron por toda la faz de la tierra. fe de los seguidores de una doctrina que dura Pocos años después, Saulo (judío-romano, dos milenios y de otra que lleva casi milenio y nacido en Tarso, la actual Turquía), persemedio, tiempo en que ha permeado a mucho guidor implacable de los primeros cristianos, más de la mitad de la humanidad? corresponsable de la ejecución del primer mártir del cristianismo, San Esteban (llamado Los caminos de la fe por ello protomártir), mientras andaba en lo Pero la fe, como se ha dicho, no solo ha suyo por las proximidades de Damasco, sufrió movido al hombre por el sendero religioso, una caída (la leyenda dice que de un caballo, pues hombres imbuidos de una fe casi ciega en lo cual no se confirma en la Biblia) a cuya su destino, en su proyecto, han escrito páginas resultas escuchó la voz divina preguntarle por estelares en la historia. El mejor ejemplo es el qué le perseguía. Tras ese episodio, que en de aquél italiano quien, entrando en la madurez nuestros días hubiera sido indicación de un (41 años), realizó la hazaña de vencer la idea de escan de resonancia magnética cerebral, Pablo la Finisterra, y guiado por su fe de encontrar la (que era su nombre romano) se hizo bautizar. ruta occidental de las especias, tropezó con “la Pablo propagó el naciente cristianismo con el tierra más bella que ojos humanos vieren”. mismo activismo con que una vez lo persiguió, Solo la fe de ese navegante, su fe inqueal punto que muchos teólogos lo consideran brantable, pudo hacerle soportar el desdén y su figura más importante del cristianismo, hasta la burla de las cortes de Londres, Lisboa después de Jesucristo y -sin duda alguna- el y Sevilla, pudo darle fuerzas y habilidad para fundador de la Iglesia Católica, junto a San convencer a los monjes de La Rábida, confePedro, dando cabida a los gentiles en esa relisores de la reina, de la viabilidad y rentabilidad gión, al afirmar que los seguidores de Jesús no de su proyecto y pudo darle valor para cruzar estaban sometidos a las leyes judías. Estaba con aquél océano proceloso, respetable. ello universalizando su fe. Hombres de fe fueron los primeros poblaAlgo más de quinientos años después de la dores de ese inmenso subcontinente que muerte de Saulo de Tarso, nació otro hombre luego se llamaría Estados Unidos de América. de fe, se llamó Abu l-Qasim Muhammad Es la fe lo que explica la dosis de coraje que ibn ‘Abd Allāh al-Hashimi al-Qurash, cuyo necesitaron los puritanos para zarpar en el nombre castellanizado es Mahoma, el último Mayflower hacia tierras desconocidas, en de los profetas, llamado a completar las profebusca de libertad política y religiosa. Hombres cías de Abraham (Ibrahim), Moisés (Musa) y de fe también fueron sus descendientes inmeJesús (Isa ibn Maryam). diatos, los “settlers”, que avanzaron como una Este insigne analfabeto, criado entre los lengua de fuego hacia el oeste, arrasando a su beduinos y más tarde rico mercader tras un paso con otra cultura, de hombres simples, de
simple fe, que antes de su llegada vivían felices e indocumentados. Y enarbolando esa fe, se expolió a aquellos moradores de tierras tan feraces. Porque también en nombre de la fe se han colocado crespones en distintos períodos de la historia. Por la fe se mataron miles de fieles e infieles (que muchas veces intercambiaban roles) en las cruzadas. Por la fe murieron miles en las piras y ergástulas de la inquisición. Y por la fe –por otro tipo de fe- fueron muertos más de un cuarto de millón de seres humanos en Hiroshima y Nagasaki. Hay corrientes de pensamiento que partiendo del axioma de que solo existe lo que es, afirman que el presente es lo único que existe, ya que el pasado fue y el futuro aún no es. Solo la fe me hace creer en el futuro, un futuro de paz y armonía: de convivencia pacífica entre los hombres y de armonía con la naturaleza. Yo soy un hombre de fe. Soy ateo por sospecha legítima y humanista por convicción, y es esta última condición la que alimenta mi fe, mi fe en la humanidad, mi fe en el futuro de este maltratado planeta, que pacientemente espera que sus pobladores tomen conciencia del legado que han recibido y que habrán de dejar como herencia. Solo la fe aleja de mí el fantasma del holocausto nuclear, o ecológico. Solo esa fe me permite despertar, cada mañana, y sonreír. Luis Tomás Oviedo es médico, residente en la Republica Dominicana y autor de Yo, Judas Iscariote.
marzo 2009
La movilidad de la fe en Estados Unidos Gerardo Cárdenas
Elemento central en el nacimiento de Estados Unidos como nación, la fe –entendida como un sentido neto de trascendencia– orientó a los líderes del joven país, y le dio un carácter especial a la nueva nación. Ya habían sido las Trece Colonias un punto de refugio para quienes escapaban de la persecución religiosa en Europa– ahora el surgimiento de Estados Unidos habilitaba a sus pobladores a ejercer una libertad de credos, aunque siempre bajo un común denominador cristiano. Esa libertad llevó a Estados Unidos a ser el punto focal de denominaciones cristianas como las iglesias bautista, la metodista y la mormona. No todas surgieron en estas tierras, pero sí se consolidaron en ella durante los movimientos de renovación religiosa del siglo XIX. Y, en el siglo XX, la ya evidente diversidad religiosa estadounidense fue la cuna y punto de partida para los movimientos evangélicos, “renacidos”, carismáticos, y no denominativos que se han desplazado también con fuerza inusual hacia América Latina, África y Asia. A un nivel “micro” el fenómeno es evidente. Si alguien nace en América Latina, es altamente probable que sea católico, crezca católico, y muera católico, aunque a lo largo de la vida pierda entusiasmo y termine no asistiendo a la iglesia más que en ocasiones muy especiales. Aún si alguien se llega a proclamar ateo, musulmán o budista, lo más probable es que la gente ignore ese hecho y considere a esa persona como católica “descarriada”. Quinientos años de historia son muchos. En cambio, si alguien nace en Estados Unidos, o migra a este país, con lo que se encuentra es con una amplísima variedad de opciones, y una absoluta libertad para escoger la que más le convenga. Alguien puede nacer católico, abandonar la iglesia en la adolescencia, regresar en plenitud de la vida convertido en presbiteriano, luterano o episcopal, hacerse judío durante la crisis de la edad madura, y morir Testigo de Jehová, sin que se consideren estas mutaciones como extrañas. Desde fuera, se puede interpretar esa movilidad religiosa como un síntoma de debilidad de las creencias (¿cómo explicar de otra manera esa volubilidad de la fe?). Pero desde dentro se ven las cosas a través de otro prisma: está claro que la fe, y su expresión en credos religiosos determinados, juega un papel predominante en la vida de este país, y ayuda a entender su composición social, económica, y política. Panorama multicolor Pruebas de la movilidad y mutabilidad las ofrece el interesante estudio “Muestreo del Panorama Religioso de Estados Unidos. número 63
La Afiliación Religiosa: Diversa y Dinámica”, completado en el 2008 por el Pew Forum on Religion and Public Life, quizás la monografía más completa que se haya hecho del tema. Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que, mientras una mayoría de latinos hispanohablantes que respondieron a su encuesta resultaron ser católicos, los números fueron muy distintos cuando la encuesta era respondida por latinos que no dominaban el español. Dicho de otra manera, la aculturación no sólo es lingüística – también la fe es fácilmente mutable en la comunidad hispana cuando se da la brecha entre las generaciones. Que los padres o abuelos del latino que habla inglés hayan sido católicos, poco o nada tiene que ver con su elección de denominación religiosa. De ahí la fuerte penetración de nuevas denominaciones en las comunidades mexicana, puertorriqueña, cubana o centroamericana de segunda generación o más. Estados Unidos, recalcó el estudio, es una nación cristiana puesto que esa es la fe del 78 por ciento de sus habitantes. Sin embargo, “cristiano” es un concepto muy amplio, con una gran variedad de sabores. De hecho, se está dando un curioso distanciamiento entre católicos y “cristianos”, entendiendo por estos últimos a los seguidores de denominaciones protestantes de relativo nuevo cuño, y pese a la obviedad de que los católicos son también cristianos (si no, no podrían ser católicos). Hay dos tendencias a destacar en esta confusa ensalada espiritual. Una, que según el estudio de Pew casi un tercio de adultos – el 28 por ciento – han dejado la fe en que fueron educados en favor de otra religión, o han caído en la indiferencia religiosa. Pero, cuando se examinó la mudanza entre denominaciones protestantes, entonces casi la mitad de adultos – 44 por ciento – ostenta hoy en día una fe distinta a la que les vio nacer. Dos, y aún más fascinante, es el hecho de que Estados Unidos está dejando de ser un país protestante, para convertirse en uno “cristiano”. Y aquí volvemos a entender por cristiano al seguidor de denominaciones relativamente nuevas, en vez de las denominaciones protestantes históricas, es decir, aquellas surgidas de
la Reforma del siglo XVI: anglicanos (o episcopales), luteranos, calvinistas (o presbiterianos), bautistas; o de los movimientos de renovación del siglo XIX: metodistas, mormones, unitarios, etc. Según el estudio de Pew, los protestantes tradicionales ya sólo ocupan el 51 por ciento de la población cristiana, bajo una creciente presión de los “nuevos cristianos” y de los católicos (49 por ciento entre los dos). Es importante hacer una anotación final a los hallazgos de este estudio: no existen razones claras que determinen la pérdida de terreno de credos tradicionales, frente al repunte de nuevas formas de cristianismo. Lo que existe es una continua movilidad entre iglesias, en un ambiente de “libre mercado”. Es decir, aún las iglesias que basan más su teología en el concepto de autoridad – católica, episcopal, luterana y judía, por poner algunas – deben depender más bien del mercadeo para ganarse adeptos. Entre fe y ciencia La gran movilidad religiosa estadounidense obviamente refleja las tensiones centenarias – en el ámbito del cristianismo – entre católicos y protestantes. En pocos ámbitos es más clara esa tensión que en el continuo debate que este país vive entre fe y ciencia, y que sigue teniendo su punto de partida en la interpretación literal de algunos textos bíblicos, un elemento que define también a muchas denominaciones neo-cristianas. No deja de ser irónico que el país que está a la vanguardia mundial en ciencia, sea el mismo país en el que una mayoría de su población cuestiona la teoría de la evolución. Otro estudio de Pew, dado a conocer en el 2006, apuntaba a que casi dos tercios de la población cree firmemente que las especies animales, incluyendo a los humanos, siempre han tenido el aspecto que tienen ahora; y que existe un apoyo mayoritario para que, en las escuelas, se enseñe el creacionismo junto a la teoría de la evolución, a la que se considera como “una teoría más”. No parece que Estados Unidos esté más cerca de resolver ese conflicto interno que en cualquier otro punto de su historia. Lo cual significa que hay un debate continuo que no
para de producir conocimientos e hipótesis que alimentan a ambos lados de la polémica. Un ejemplo muy claro es un reciente ejemplar de la revista Time (febrero 12, 2009) que en un ejercicio probablemente simplista busca puntos de conexión entre fe y ciencia. Esos puntos no dejan de ser interesantes: basándose en estudios científicos ya publicados, el semanario afirma, entre otras cosas, que cuando las personas rezan, entra en actividad el lóbulo parietal del cerebro; que la fe es responsable de un mejor estado de salud general del individuo; que en el ayuno – practicado aún por muchas denominaciones- entran en acción una serie de químicos en el cuerpo que determinan resultados espirituales específicos; y que la asistencia frecuente a un templo religioso puede prolongar la vida de una persona por dos o tres años adicionales. Este tipo de afirmaciones pueden aceptarse como fácticas, o tomarse con el debido escepticismo. El tema de fondo no cambia. Fe y ciencia viven existencias paralelas, aunque a veces marchen dándose la espalda. En un país concienzudamente religioso como los Estados Unidos, esa relación atraviesa por momentos de tensión, agravados por fuertes oscilaciones políticas: durante el ya concluido régimen del presidente George W. Bush la ciencia cedió espacios a la fe. El régimen de Barack Obama aún no define su postura en este debate, aunque parece inclinarse más por el lado científico. Una señal– la aprobación a fines de enero de las primeras pruebas en seres humanos de terapias derivadas del uso de células madre– parece confirmar esa sospecha. Pero su continuidad dependerá de qué tanto capital político decida invertir la nueva administración en enfrentarse a las críticas de los defensores más acérrimos de la fe en estado puro. Gerardo Cárdenas es director editorial de contratiempo.
contratiempo
Nada te turbe:
La fe desde el liderazgo femenino Magdalena I. García
“Nada te turbe; nada te espante; todo se pasa; Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta”. Son palabras que llevaba anotadas en su breviario—libro de la liturgia religiosa católica que recoge el conjunto abreviado de las obligaciones públicas religiosas del clero a lo largo del año—Teresa de Cepeda y Ahumada (15151582), religiosa, doctora de la Iglesia Católica, mística y escritora española, y fundadora de las Carmelitas Descalzas, que también es conocida por el nombre de Santa Teresa de Jesús o simplemente Santa Teresa de Ávila. Son palabras que ha hecho suyas la comunidad de Taizé en Francia, una fraternidad que reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes protestantes, procedentes de más de treinta naciones, y que es un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados. Gracias a la musicalización del compositor litúrgico francés Jacques Berthier, simpatizantes del rito Taizé en todo el mundo entonan hoy en día esta oración, que es una especie de mantra, al ritmo de una melodía sencilla, repetitiva, que tiene un efecto relajante. Son palabras que necesitamos hacer nuestras las mujeres contemporáneas, independientemente de la fe que se profese, para sobrellevar las cargas de la vida diaria y la vida religiosa. Pareciera que hay una contradicción en esto ¿Acaso no nos refugiamos en la vida religiosa precisamente para vencer—o al menos contrarrestar—las presiones de la vida diaria? ¿Qué estamos diciendo al hablar de cargas de la vida religiosa? Nos referimos, por supuesto, al llamado sexismo—un mal que consiste en la discriminación de las personas según su sexo, en lugar de valorarlas por sus méritos individuales—, y que aflige a laicas y clérigas por igual dentro de todas las iglesias cristianas, y en la mayoría de las religiones mundiales. Como mujer y ministra cristiana, me limitaré a compartir mi experiencia hablando de lo primero. El sexismo eclesial en nuestros días puede ser abierto y legislado—como en el caso de las iglesias que gustosamente acogen a las mujeres y se benefician de su fidelidad y sus dones, pero las excluyen de ciertos cargos—o sutil y disimulado—como en el caso de las iglesias
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que supuestamente brindan aceptación plena a la mujer, pero que la siguen relegando a las peores plazas y le pagan menos que a su contraparte masculina. Pero no importa cómo se manifieste el sexismo, en el fondo siempre está sustentado por la creencia de que un sexo es superior al otro. ¿De dónde sacamos esta idea y cómo podemos deshacernos de ella? Pues hay que volver a las Sagradas Escrituras, la Biblia, y releer algunos de los llamados textos de terror (referidos a cuatro historias bíblicas de mujeres que fueron ultrajadas) con nuevos ojos, pues es a partir de ellos que seguimos alimentando el fantasma del sexismo. Génesis 2: ¿De la costilla del hombre o de la mano de Dios? De acuerdo con el segundo relato de la creación (Génesis 2:18-25), como no se halló ayuda idónea para el hombre entre todos los animales creados, Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, le extrajo una costilla y con ella formó una mujer. A pesar de que hay quienes continúan viendo en este texto la subordinación de la mujer al hombre, la mayoría de los exegetas bíblicos contemporáneos coinciden en que este pasaje no tiene nada que ver con la supuesta superioridad masculina. Al contrario, es prueba de la unidad entre ambos sexos; los eruditos consideran que “la costilla extraída del varón es símbolo de la igualdad absoluta de los sexos”. Además, la historia misma afirma que la mujer es “ayuda idónea” o “ayuda adecuada”. Sin embargo, como ha señalado la erudita bíblica Phyllis Tribble, estos términos son “una traducción completamente equivocada, pues la palabra ayuda sugiere una asistente, una subordinada, de hecho, una inferior, mientras que el vocablo hebreo ezer no tiene esa connotación. Al contrario, en las escrituras hebreas esta palabra a menudo describe a Dios como el superior que crea y salva a Israel”. Una mejor traducción de este concepto en español es “un ser semejante”. Génesis 3: ¿Un solo o un paso doble? Según el conocido relato de la desobediencia de la primera pareja, la serpiente reta a la mujer a que coma del árbol prohibido; ésta lo examinó y vio que “el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió al
igual que ella”. Como consecuencia de la desobediencia mutua, ambos—el hombre y la mujer—comparten el castigo de ser expulsados del jardín del Edén. Al leer Génesis 3, es importante notar que el texto en sí no dice absolutamente nada en cuanto a que haya sido la mujer únicamente quien introduce el llamado “pecado original” en el mundo. Pero ésta es una interpretación tan ligada al texto que algunas personas hasta aseguran que está allí. Es también importante tener en cuenta que muchos estudiosos contemporáneos creen que el interrogatorio y las distintas sanciones para la mujer y la serpiente son añadiduras de una época más tardía en la que había mayor preocupación por el orden social. Comentaristas bíblicos como el reconocido autor Walter Brueggemann reconocen que al leer Génesis 2:4 al 3:24 es imprescindible separar el texto en sí de las múltiples capas interpretativas que se le han montado encima, y advierte que este pasaje es en realidad bastante marginal; no hay ninguna referencia a él en todo el antiguo Testamento. Pablo: ¿Con un punto en la boca o compañeras de misión? Las cartas del Nuevo Testamento nos proveen un retrato de la iglesia primitiva, donde en ocasiones se promovieron posturas anti-femeninas. Por ejemplo, se ordena a las mujeres que “estén sujetas a sus esposos”, y que “aprendan en silencio”. No obstante, al hacer una lectura más a fondo de las epístolas y su trasfondo queda claro que, por encima de esta pizca de limitaciones específicas y aisladas impuestas a las mujeres en respuesta a problemáticas particulares de una comunidad de fe, hay montones de advertencias generales y reiteradas sobre la necesidad de que tanto el hombre como la mujer se sometan a Jesucristo como su único Señor, y de que todos los creyentes se sometan unos a otros en amor y servicio. Además, el mismo apóstol Pablo—el líder y pensador más influyente de la iglesia primitiva—en general trata a la mujer como su igual. Es él quien declara que “ya no hay hombre ni mujer” porque todos somos uno en Cristo Jesús. Y hay amplia evidencia de que Pablo reconoce y afirma a las mujeres que trabajan con él como sus iguales; que amonesta a las iglesias para que se sometan a todos los que colaboran y trabajan
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por el Evangelio; y que exige el respeto debido a todos los líderes sin excluir a las mujeres. Jesús: Buenas noticias para las mujeres Teniendo como trasfondo un mundo patriarcal—un telón lleno de prejuicios en contra de la mujer y apenas salpicado de esfuerzos por devolverle a ésta su dignidad— entra en escena Jesús, el predicador que habla con las mujeres, deja que le sigan, les enseña y las hace sus discípulas. Jesús, la Palabra de Dios Encarnada, fue un amigo y colega de las mujeres sin igual. Y es que Jesús, al anunciar el Reino de Dios, establece en el mundo un orden de cosas completamente nuevo, donde las relaciones humanas se transforman, dejando de ser oportunidades de sometimiento y explotación para convertirse en posibilidades de servicio y amor mutuos. Es así como Jesús sorprende y escandaliza a las autoridades religiosas de su tiempo—e incluso a algunas contemporáneas—al poner en el centro de su ministerio a quienes hasta entonces vivían al margen de la sociedad y los círculos de poder (las mujeres, los pobres, los leprosos y los niños, entre otros), y al darle precisamente a las mujeres comunes numerosos privilegios. Por ejemplo, Jesús nace del vientre de una mujer humilde; presenta como declaración de misión la visión del Reino de Dios tomada tanto del profeta Isaías como de los cánticos de Ana y María; quiebra la ley por sanar a una mujer en la sinagoga en día sábado; permite que una mujer supuestamente impura lo toque; habla con las mujeres, incluso las extranjeras y las de mala reputación, y discute con ellas teología; entabla amistad íntima con algunas mujeres y afirma el derecho de éstas a estudiar las Sagradas Escrituras; permite que una mujer lo unja como un rey y en preparación para la muerte; revela su identidad a al menos dos discípulas; y se aparece primero a una mujer tras su resurrección y la convierte en su testigo. Y más allá de estas mujeres célebres y de los 12 apóstoles hombres que la tradición cristiana se encargó de oficializar, ¡Jesús tuvo muchas discípulas! El Evangelio de Lucas habla explícitamente de “algunas mujeres” que acompañaban a Jesús en su ministerio de predicación itinerante, y de “muchas otras” que le servían con sus bienes. Del exclusivismo al abrazo inclusivo de Dios Y, sin embargo, a pesar de toda esta evidencia, hay iglesias que continúan relegando a la mujer a un plano secundario en base a una lectura literal (en lugar de crítica) y selectiva (en lugar de colectiva) de la Biblia. Aíslan versículos y pasajes bíblicos—sin tomar en consideración su contexto escritural, su trasfondo histórico o su estilo literario—y los aplican directamente a
vivencias actuales totalmente ajenas al mundo de los textos bíblicos. No obstante, traicionan su propia metodología pues no acatan con igual pasión todas las enseñanzas bíblicas (por ejemplo, comen carne y no se les ocurriría tener esclavos). Y se contradicen al permitirles a las mujeres ciertas libertadas que van más allá de las supuestas prohibiciones bíblicas que ellos mismos invocan (por ejemplo, descubrirse la cabeza y ser maestras de escuela dominical). Esta óptica literalista—o más bien oportunista—desafortunadamente se ha adueñado de muchas congregaciones, de los grupos que solemos llamar conservadores, e incluso de denominaciones completas. Es una visión que alega—contra toda razón—que no puede haber ninguna diferencia entre la Palabra de Dios escrita y la Palabra de Dios proclamada por la iglesia a través de las edades. Y lo que es peor aun, es una postura que minimiza el poder del Espíritu Santo y la función de la comunidad de fe en la interpretación de las Sagradas Escrituras en una nueva era. Irónicamente, ese modo de pensar y actuar—jerárquico, autoritario, elitista y exclusivista—fue precisamente lo que alimentó la Reforma Protestante del siglo XVI. De allí surgió, a medida de corrección, la Teología Reformada, afirmando, entre otras cosas, que es esencial que cada nueva generación de creyentes re-lea la Biblia y renueve la tradición cristiana. Y eso es precisamente lo que han comenzado a hacer las mujeres y otras comunidades ávidas de liberación. De modo que, si nos valemos de todas las herramientas disponibles para leer y analizar el texto bíblico en nuestros días—por ejemplo, análisis histórico, crítica textual, formas literarias, estilo de redacción, historia de la tradición—no es tan difícil llegar a la conclusión de que la Biblia no es en sí un libro sexista. Los sexistas son los lectores—y las lectoras—que insisten en sacar hilitos de aquí y de allá para
sustentar y perpetuar sus prejuicios culturales, en vez de echar mano del colorido e inclusivo manto con el que Dios abraza a todos sus hijos e hijas a través de testimonio total de las Sagradas Escrituras. Aunque algunos creyentes e iglesias insistan en espantarnos con falsas limitaciones que son como jarros de agua fría, al calor del manto divino ciertamente podemos rezar y cantar con Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante…” Magdalena I. García, cubana, es ministra ordenada en la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos, y pastora de la Iglesia Presbiteriana Ravenswood, en Chicago
Vivienda y Crédito Hipotecario Martha A. Martínez
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pesar de la actual crisis en la industria hipotecaria, la compra de una casa propia continúa siendo una de las estrategias más exitosas para ayudar a la creación de un patrimonio familiar. En la economía moderna las familias requieren en la mayoría de los casos de créditos hipotecarios para poder obtener su propia vivienda. Si bien es cierto que la crisis en el área de bienes raíces ha detenido el aumento, y en algunos casos ha disminuido el precio de distintos tipos de vivienda, la falta de capital para el crédito hipotecario y la aplicación de estándares más estrictos para proveer crédito a las familias pone en riesgo el futuro de la población latina en los Estados Unidos. Las solicitudes y disponibilidad de créditos hipotecarios en el área metropolitana de Chicago se han visto dramáticamente afectadas por la presente crisis. De acuerdo a información recolectada por el gobierno en la Home Mortgage Disclosure Act (HMDA), el número de solicitudes de crédito en el área metropolitana de Chicago disminuyó alrededor de un 20 por ciento en el periodo 2005-2007. Del total de solicitudes en el 2007, el 15 por ciento correspondieron a familias con un jefe de familia latino. Este porcentaje es similar al de años anteriores y significa que los latinos continúan estando sub-representados en materia de solicitudes de crédito. De acuerdo con las estimaciones del Censo en el 2006, los latinos formaban un poco más del 20 por ciento de los habitantes de la zona metropolitana de Chicago. Es precisamente durante el período 2005-2007 que los estándares para otorgar créditos se volvieron más estrictos. Por esta razón, a pesar de que en Chicago el número de solicitudes de crédito disminuyó en forma considerable, el número de las que fueron rechazadas permaneció estable durante el mismo período. El porcentaje global de solicitudes rechazadas se incrementó del 17 al 21 por ciento en esos años. Los latinos y afroamericanos fueron los grupos afectados por los nuevos estándares. Mientras que en el 2004, el porcentaje de solicitudes de crédito a latinos que fueron rechazadas fue de sólo 19 por ciento, para el 2007 los bancos rechazaron el 31 por ciento de las solicitudes del mismo grupo. La población afroamericana de Chicago presentó niveles de rechazo aún más altos que los latinos, con un 28 y un 37 por ciento en el 2004 y 2007, respectivamente. El grupo menos afectado fue el de los autodenominados “blancos” con un 17 por ciento de solicitudes rechazadas en el 2004, y un 21 por ciento en el 2007. Las políticas de crédito afectan la situación de vivienda de la comunidad latina a través de tres mecanismos: créditos para la compra de la primera vivienda, refinanciamiento de créditos ya existentes, y la extensión de créditos para mejorar o ampliar la propiedad. La razón por la cual el número de embargos de viviendas ha aumentado
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radicalmente en los últimos dos años fue la proliferación de créditos “subprime” y créditos “globo” que resultaron excesivamente caros y que, debido a políticas de otorgamiento de créditos demasiado blandas, las familias realmente no podían pagar. En particular, la presente crisis de embargos se debe al uso desmedido de créditos “globos” que promueven intereses iniciales por debajo de los niveles de mercado, pero que en un plazo entre seis meses y dos años se incrementan radicalmente. Muchos de estos créditos fueron otorgados sólo tomando en cuenta que la familia pudiera pagar las mensualidades con el porcentaje de interés inicial, sin tomar en cuenta el incremento en los pagos una vez que el interés aumentara. El Center for Responsible Lending estima que alrededor del 20 por ciento de préstamos hipotecarios (subprime y/o globo) otorgados en el año 2005 terminarán con el embargo de la propiedad en un período menor a cinco años. Esto significa que al menos 110 mil familias latinas en el país han tenido, o tendrán, embargada su casa. Opciones disponibles Por esta razón, el refinanciamiento de créditos existentes es el factor más importante en Chicago o cualquier otra comunidad de los Estados Unidos. Si una familia tiene problemas para cumplir con los pagos mensuales de la hipoteca, una de sus opciones es tratar de modificar su préstamo para incrementar el número de años necesarios para liquidar el préstamo y/o reducir el porcentaje de interés a pagar. Cualquiera de estas dos opciones reduce el pago mensual de la hipoteca. En el 2007, el 61 por ciento de las 120 mil solicitudes de crédito de familias latinas tenía como propósito el reestructurar una hipoteca ya existente. Este porcentaje es similar al de otros grupos étnicos. No es posible determinar con precisión si estas solicitudes tenían como objetivo evitar el incumplimiento en pagos o el embargo de una propiedad. En los Estados Unidos el refinanciamiento de créditos es una situación común, sucede cada vez que una familia vende su vivienda para comprar otra. Sin embargo, dadas las condiciones económicas actuales, y considerando que el número de solicitudes de crédito para comprar casa disminuyó un 44 por ciento en el 2007, mientras que las solicitudes de refinanciamiento sólo disminuyeron un 4 por ciento, es razonable suponer que muchos de estos refinanciamientos tienen como objetivo mejorar las condiciones de crédito. Las razones documentadas por los bancos e instituciones crediticias para negar el crédito hipotecario a las familias latinas son las mismas y en proporciones similares que para otros grupos étnicos. En primer lugar, a las familias se les niega el crédito porque la proporción del pago de deudas dados los niveles de ingreso mensual sería
demasiado alta. La segunda razón más común es la presencia de lo que el banco considera un deficiente historial crediticio, que usualmente se mide en forma de puntaje. Sin embargo, la base de datos HMDA no requiere que los bancos e instituciones crediticias reporten sus estándares para un apropiado nivel de deuda o el puntaje de crédito requerido para obtener un crédito, por lo que es imposible saber si instituciones que sirven a diferentes grupos étnicos tienen distintos estándares para otorgar créditos, lo que se podría traducir en discriminación en forma indirecta. En general, estas cifras parecen indicar que si bien los latinos no son diferentes a otros grupos étnicos en el tipo de solicitudes de crédito, su posición de desventaja económica causa que los cambios en los estándares para el otorgamiento de créditos los afecten de manera más profunda que a la mayoría anglosajona del país. Finalmente, es importante notar que los latinos entraron a esta crisis con el menor porcentaje de vivienda propia de los principales grupos étnicos, y muy por debajo de los niveles nacionales. Mientras que el porcentaje nacional de familias con casa propia alcanzó su máximo nivel en el 2005 con un 67 por ciento, solamente el 48 por ciento de familias latinas eran dueñas de su propia casa en ese mismo año. Esta desventaja inicial sólo puede incrementarse dadas las diferencias entre latinos y no-latinos en solicitudes de crédito entregadas y aprobadas. Martha A. Martínez es catedrática en la Universidad DePaul, e investigadora afiliada al Instituto de Estudios Latinos de la Universidad de Notre-Dame.
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Instalación de Nicola López, titulada: Ahogado/a y Descuartizado/a, (Drawn and Quartered) 2008, plancha xilográ�ica en Mylar, sogas y armazones de aluminio.
Nicola López, Alcance Imposible #3, 2008, grabado y plancha xilográ�ica en papel.
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n septiembre del 2008, la curadora Mónica Ramírez y Kate Bonansinga, directora del Centro para las Artes Visuales de la Universidad de El Paso, Texas organizaron una exposición titulada "Reclamando Espacio," que incluyo el trabajo cinco artistas jóvenes de origen mexicano. Más allá de la necesidad de rea�irmar una “identidad mexicana” a través del arte, el trabajo de los artistas invitados respondía a las luchas cotidianas y las ventajas que implica el vivir en metrópolis que permiten estar expuestos a intensos �lujos culturales y ser testigos y participes de prácticas artísticas que rebasan identidades locales, nacionales o simplemente identidades heredadas.
Una de las artistas incluidas en esa exposición, fue Nicola López, nacida en 1975 en Nuevo México y hoy residente en Brooklyn, Nueva York, cuyo arte responde en gran parte a los estímulos que genera el vivir en estas grandes ciudades hoy llamadas globales. Su pasión por viajar, inculcada por sus padres, más su fascinación por el dinamismo, la vitalidad y el constante crecimiento de las
ciud plan de R tem cara aho dibu
Nico mon met con rupt expr porq sin n raíc
A pe y el es e
mirada
Nicola López y su arte monumental Víctor Manuel Espinosa
dades, sobre todo cuando este crecimiento no es ni�icado, la llevó a sumergirse en las contradicciones Río de Janeiro, ciudad en la que vivió por una mporada. El carácter multidimensional y expansivo que acteriza a Río y a muchas otras grandes ciudades, son ora dos elementos centrales en sus instalaciones y ujos.
ola tiene sobre todo una especial fascinación por los numentales puentes y autopistas que abundan en las trópolis modernas. En su obra estos monstruos de ncreto parecen redes elásticas que conectan y generan turas espaciales al mismo tiempo. Nicola misma ha resado que sus autopistas no van a ningún lado que en su obra estas crecen como organismos vivos ningún control, de una manera muy semejante a las ces o los tentáculos de un pulpo.
esar de la fascinación que ella siente por las ciudades atractivo formal y visual de su obra, el arte de Nicola en realidad una propuestas bastante crítica de la vida
urbana. El titulo de la instalación creada por Nicola para la exposición de El Paso, "Drown and Quartered," el cual se podría traducir como "Ahogado/a y Descuartizado/a," obliga sin duda a pensar en los migrantes que han muerto al intentar cruzar hacia Estados Unidos en busca de trabajo, así como en las mujeres violadas y asesinadas en Ciudad Juárez. La instalación misma sugiere una referencia visual con el puente que une/separa a los más de dos millones de habitantes de El Paso/Ciudad Juárez, una de las manchas urbanas transnacionales más grandes del mundo; hoy convertida en una zona de guerra por los carteles de la droga, la industrialización salvaje impuesta por las maquilas, la impunidad y corrupción de las autoridades mexicanas y la creciente forti�icación del lado "americano." Las piezas de su instalación parecen casi fragmentos retorcidos de un puente que ha sido bombardeado o dinamitado, lo que nos obliga a imaginar un futuro mucho peor si no se logra revertir la situación fronteriza antes descrita. Su obra artística nos obliga además a considerar elementos as�ixiantes de la vida urbana. El grabado
cómplice
incluido en la misma exposición, titulado Alcance Imposible #3, nos recuerda que en muchas ciudades, como ha sido el caso de Chicago, la construcción de autopistas ha destruido barrios de migrantes y desplazado a los habitantes más pobres. Por otra parte, discursos optimistas sobre la globalización insisten en que vivir en una ciudad global es como vivir en muchas partes del mundo al mismo tiempo. Sin embargo, la desintegración de la vida social y el sentimiento de vacío y soledad producida por una metrópolis pueden también crear la sensación de sentirse perdido o habitando en la nada. Este tipo de sentimientos tan contradictorios es posible experimentarlos cuando somos atrapados en alguno de los mapas urbanos de Nicola, en los cuales las ciudades se ven fascinantes y al mismo tiempo aterradoras. Víctor Espinosa es fotógrafo y estudiante en sociología del arte y la migración en Northwestern University.
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tiempoextra No hay jaque mate con dos caballos
El club de ajedrez de Pilsen Raúl Dorantes
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fuera el frío parece dejar la Dieciocho con pocos autos y una docena de personas caminado. La biblioteca es el espacio más a la mano para calentarse. Con prisa cruzo la primera puerta, la segunda. Ahí luego miro varias mesas con tableros. Doy tres pasos. A la izquierda un homeless hojea revistas quizás deseando que no llegue la hora de volver a la calle. A la derecha un grupo de niños hace la tarea. Mi visita tiene como fin hablar sobre el club de ajedrez. Y apenas me quito los guantes, Juan Pablo Avalos empieza a decirme que en los torneos se puede caer el mundo sin que él llegue a darse cuenta. Lo único que existe es el ajedrez. Y de inmediato sus palabras me remiten al poema de Borges: En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en que se odian los colores. Juan Pablo cuenta que en 2004, durante un torneo realizado en la Biblioteca Rudy Lozano, los que iban de líderes empezaron a discutir y estaban a punto de llegar a los puños. “Ese día sí que me distraje”, me dice en oraciones tan bien articuladas que hacen pensar que se crio en San Luis Potosí, la tierra de sus padres. “Hubo arrastres de sillas, y me acuerdo que alguien quiso llamar a la policía”. El incidente no pasó a mayores y Juan Pablo volvió a dirigir sus ojos al tablero. Por fortuna su partida ya estaba casi ganada. Hasta el día de hoy el destino de Juan Pablo ha estado unido al de esa biblioteca. Nació el 2 de marzo de 1988 y la Rudy Lozano se vino a inaugurar dieciocho meses después. Ya durante su niñez, en un tiempo en que en el barrio aún prevalecía la violencia, Juan Pablo hacía su tarea, entre los estantes, con la ayuda de algún bibliotecario. Sus padres siempre trabajaban. Por eso, de los siete a los diez años primero doña Licha y luego Paty lo recogían de la escuela y lo llevaban a su casa o directamente a la biblioteca. Y si no hubiera sido por esas babysitters, seguramente habría seguido el destino de otros niños que en ese entonces crecían en el barrio: las pandillas. “En la calle siempre tenía la sensación de que alguien se iba a pelear”. Héctor Hernández ha sido director de esa biblioteca desde la primavera de 1989. A unos días de la inauguración de la biblioteca, él mismo fundó el club de ajedrez. Me dice que ya son más de 100 niños y jóvenes que se han formado como ajedrecistas en el club. Casi todos se han graduado de la high school y han seguido sus estudios universitarios. “En el primer grupo había seis o siete chamacos: los hermanos Montoya, Miguel Camargo, Jorge Luis Reyes, Iván Ochoa, Isidro Simental… Ahora ya andarán por los treinta años. A varios de ellos les dio por las matemáticas”. Le preguntó si hay una conexión entre la práctica del ajedrez y las llamadas ciencias exactas. El me responde con una frase: “el jugar bien ajedrez no garantiza que alguien sea buen matemático. Sólo garantiza que va a saber cómo mover con efectividad las piezas, que, por ejemplo, no puede hacer jaque mate con dos caballos”. De sus discípulos, acaso por ninguno guarde más admiración que por José Antonio Rodríguez. “A los seis años fue campeón nacional en su categoría. Repitió tres años consecutivos. Y a los 11 número 63
llegó a ganar en la de menores de 15 años”. José Antonio actualmente estudia Biogenética y Economía en Cornell University. Juan Pablo Avalos es de una generación muy posterior. Aprendió a mover las piezas a mediados de los noventa, pero el hacer la tarea y los libros de historietas pudieron más. El ajedrez realmente lo vino a atrapar hasta que en el 2002 terminó la primaria. “Ya había pasado los exámenes de octavo grado. No tenía qué estudiar y me sentía aburrido. Esa tarde estaba viendo Los Simpson… Eran puros fragmentos repetidos. Apagué la tele y fui a hablar con Héctor”. A pesar de que ya sabía mover las piezas, entró como principiante; ya en los días siguientes se puso a repasar libros de partidas famosas: Chess Fundamentals, del cubano José Raúl Capablanca y Bobby Fischer: Complete games of the American World Chess Champion, de Lou Hays. Respecto a los ajedrecistas de talla mundial, me dice Juan Pablo que Bobby Fischer ha sido el más grande. “Toda su vida se preparó para ser campeón, y una vez que lo logró no supo qué hacer”. Califica de tragedia la vida del estadounidense, pues “pudo haber dado mucho más al ajedrez”. Y si Fischer fue el más grande, según Juan Pablo, el de mayor talento ha sido Capablanca. “Le venía natural. No tuvo que estudiar tanto para sentarse con los grandes y llegar a ser campeón mundial”. De paso me aclara que él es más como Fischer: “tengo que trabajar y trabajar”. Ya en un plano más cercano, Juan Pablo guarda admiración por Alfonso Almeida, considerado como uno de los mejores ajedrecistas de México. Almeida radica en Brownsville; su grado de maestro le ha permitido vivir de la impartición de cursos o de su participación en los torneos. “Yo me la paso con él cada vez que viene a Chicago”. Un lugar aparte ocupa obviamente Héctor Hernández, quien por partida doble ha llegado a ganarse el grado de maestro: enseñando el ajedrez a los niños durante casi veinte años y llegando él mismo a la categoría de Chess Master en 1993 al conseguir los 2167 puntos, esto de acuerdo a los records de la United States Chess Federation (USCF). Me toca preguntarle a Juan Pablo qué lugar ocupa en el escalafón de la USCF. Y es en parte por el talento, que ya le viene de nación −y en parte por su persistencia fischeriana−, que en 2005 pasó a la categoría C. Ya en 2006 ascendió a la categoría B. El día de hoy sólo se mantiene en la categoría A, que es una de las más altas, cuando se trata de torneos ping-pong (o blitz, en inglés), en los que el reloj va acotando los tiempos de las tiradas. Cada partida de tipo ping-pong dura entre tres y cinco minutos. Le pregunto si tiene un método. “Como dice Capablanca, yo sólo estudio las partidas que pierdo”. Actualmente Juan Pablo tiene un trabajo part-time en la misma biblioteca y estudia la carrera de Administración de Empresas en la Northwestern Business College. Faltan quince para las seis. Afuera sigue bajando la temperatura hasta colocar al invierno entre los diez más fríos de todos los tiempos. A través de la ventana, observo la Dieciocho: hay menos carros y menos gente. Acá, Héctor me recuerda que cada martes en punto de seis se reúnen los del club. Y sí, pronto comienzan a llegar algunos niños cuyas edades van de los seis a los diez años. Vienen solos o con sus padres. De inmediato se quitan los gorros, las bufandas, el par de guantes. Prestos ocupan un lado de la hilera de tableros. El que ya tiene contrincante, rápido muestra los dos puños para ver a quién le tocan las piezas blancas. Sale
Lupe Martínez, Juan Pablo Avalos y Francisco Torres, en un torneo de ajedrez en Navy Pier.
Juan Pablo Avalos enseñando en un curso de verano de la Biblioteca Rudy Lozano
el Peón Cuatro Rey dos casillas y las negras contestan de igual manera. Las piezas blancas continúan con Caballo Tres Alfil Rey y las negras contestan sacando su Caballo Dama… Entre los jugadores el mundo parece detenerse. Recuerdo entonces a Ricardo Reis, quien refiriéndose a una de las tantas guerras de Persia escribió un poema: Ardían casas, saqueadas eran las arcas y las paredes, violadas, las mujeres eran puestas contra los muros caídos, traspasados de lanzas, los niños eran sangre en las calles... Pero en donde estaban, cerca de la ciudad, y lejos de su ruido, los jugadores de ajedrez jugaban el juego del ajedrez. Raúl Dorantes: Miembro del Consejo editorial de contratiempo.
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Doscientos años de soledad
Las luces y sombras de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina en encuentro con el Embajador Charles Shapiro. Elbio Rodríguez Barilari
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n los ocho año que fui editor del semanario La Raza, y en los diez que llevo en Chicago, nunca un alto funcionario del Departamento de Estado se había transportado hasta las gélidas orillas del lago Michigan para ahondar públicamente en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.
momento, a manera de énfasis y cambiando de idioma dentro de la misma frase, dijo “ni modo”, en mexicano. Con un estilo muy ameno, sonriente, como de buen profesor universitario, el embajador Shapiro centró su charla en los desafíos y prioridades de una nueva política de EE.UU. hacia América Latina.
Este inusual acontecimiento podría obedecer a dos razones fundamentales: 1) comenzar a mostrar una cara diferente hacia la comunidad “hispana” y hacia Latinoamérica por parte de la nueva administración (elegida con nuestros votos). 2)constituir parte de la campaña del embajador Charles Shapiro por convertirse en cabeza de la diplomacia de EE.UU. hacia América Latina, cargo para el que su nombre suena con fuerza junto al del chileno-americano Arturo Valenzuela. Hay que decir que Valenzuela ya fue Deputy Assistant Secretary for Inter-American Affairs durante el gobierno de Clinton. Ambas posibilidades, juntas o por separado, exhiben una nueva y bienvenida transparencia. Sea como fuere, y de manera acorde a esta inusual oportunidad, una nutrida concurrencia se hizo presente en el Centro Cultural Latino de la UIC (University of Illinois at Chicago). La única ausencia notoria fue la de la prensa, tanto “hispana” como “anglo”, que, con su habitual interés en la cosas de América Latina y su proverbial “olfato”, decidió esquivar el evento unánimemente. La sede del Centro Cultural Latino de la UIC, con sus murales banderísticos donde aparecen desde Zapata hasta el Che Guevara y desde Pancho Villa a Jorge Albizu Campos es –francamenteun entorno que debe haber llamado la atención al distinguido visitante. Con una dilatada carrera en el Departamento de Estado, el embajador Shapiro ocupa un cargo que sobrelleva una no menos prolongada denominación: Senior Coordinator, Western Hemisphere FTA Task Force Bureau of Western Hemisphere Affairs. Allí su función se relaciona con los acuerdos de libre comercio con Perú, Colombia y Panamá. El embajador Shapiro se enroló en el Departamento de Estado en 1977. Fue embajador en Venezuela. También ha ocupado destinos diplomáticos en Chile, Trinidad y Tobago, El Salvador y Dinamarca. Habla perfecto español con un acento difícil de ubicar y con modismos de diversas procedencias. En un
Pobreza y “populismo radical” En su preámbulo mencionó que las esperanzas que no solamente en Estados Unidos sino en el resto del mundo ha despertado el presidente Obama ofrecen una excelente oportunidad. También, y con una sinceridad nada frecuente en un diplomático (de ningún país) dijo que desde América Latina “normalmente oímos dos tipos de quejas: los que dicen que la ignoramos y los que dicen que intervenimos en sus asuntos internos”. “Quizás sea bueno para América Latina no estar en el centro de atención, como Irak, o como Gaza. América Latina tiene democracia y en los últimos años ha tenido un sostenido crecimiento económico. Las amenazas en Latinoamérica no son de tipo político, la principal amenaza en América Latina es la pobreza”. En la evaluación del embajador Shapiro, la política de EE.UU. hacia América Latina tiene que tener como prioridad la lucha contra la pobreza. Y considera que lo que llama “el populismo radical” de Chávez, Morales y Correa es una consecuencia de la pobreza y de la exclusión sufrida por millones de latinoamericanos. En otra categoría coloca a los gobiernos de “izquierda moderada”, como Chile, Brasil y Uruguay. Prioridades Entre las prioridades, Shapiro incluye: -Emigración. En toda América Latina el tema migratorio ha dejado de ser un tema de la política interna de los EE.UU. para pasar ser un tema de política exterior. “Nos dicen: los inmigrantes no son delincuentes, son gente que quiere un futuro mejor, ustedes no los pueden tratar como delincuentes. Este es un tema de la mayor importancia”. -Droga. La cocaína se consume en todo el mundo, pero sólo tres países la producen, Bolivia, Perú y Colombia. EE.UU., como primer consumidor del mundo, tiene también una gran responsabilidad. Y agrega, para sorpresa de muchos, que el segundo consumidor mundial de coca es Brasil.
-Pandillas. En Brasil también hay pandillas, pero no tienen una conexión internacional con las pandillas en Estados Unidos. Pero sí esta ocurriendo con las “maras”, las pandillas de América Central, otorgándole a este tema una dimensión diferente. -Crisis financiera global. La crisis financiera estadounidense está arrastrando al resto del mundo. El crecimiento económico sostenido que venia experimentando América Latina en los diez últimos años se verá afectado. Para el 2009 se proyecta para todo el continente un crecimiento combinado de tan solo 0.5%. La crisis determinará que haya menos ayuda internacional, que es absolutamente clave en casos como el de Haití, la economía más frágil de todo el hemisferio occidental. -México y Canadá. Inevitablemente EE.UU. tendrá que prestar más atención a sus dos vecinos continentales. Y por eso las dos primeras reuniones de Obama serán con los respectivos presidentes. No sólo los temas migratorios y de frontera, sino temas ecológicos y de recursos naturales como petróleo y agua figuran de manera prominente en esta agenda. -Brasil. Esta potencia sudamericana es la octava economía del mundo, tiene 190 millones de habitantes, es uno de los principales socios comerciales de EE.UU. y está buscando un sillón en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. -Colombia. Según Shapiro “en ese país se han producido extraordinarios cambios en los últimos años”. Y es un fuerte socio comercial (y político) de EE.UU. La revisión de los tratados comerciales con Colombia es, según el visitante, uno de los temas cruciales. -Cuba. “Un día Fidel Castro se va a morir. Según las últimas noticias que tengo, es un ser humano mortal, como todos nosotros”, dice Shapiro. Y agrega que hay que estar preparados para ese momento, deseando que sean los propios cubanos los que resuelvan su destino. Sobre el bloqueo dice que “todo el mundo en América Latina odia el bloqueo de EE.UU. a Cuba, eso está claro”. Y dice que hay que prepararse para generar nuevas políticas. -Populismo radical. Este tema es recurrente en la exposición de Shapiro que establece algunas fechas críticas: a) febrero 15, referéndum en Venezuela, donde Chávez aspira a perpetuarse en el poder. “Habrá que ver cómo reaccionamos”, dice Shapiro. b) marzo 15, elecciones en El Salvador, donde el izquierdista Frente Farabundo Martí lidera en las encuestas. “Habrá que ver cómo reaccionamos” dice, otra vez, Shapiro.
Shapiro en Venezuela: Dimes y diretes La estadía de Charles Shapiro como embajador en Venezuela coincidió con el golpe de estado intentado contra Hugo Chávez. Lo cual motivó un escabroso momento en las relaciones bilaterales, acusaciones mutuas por parte de Caracas y de Washington y toda una campaña en contra del embajador Shapiro por parte del chavismo, cuyos polémicos ecos todavía resuenan, acusándolo de intervenir en los asuntos internos del país “bolivariano”.
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Durante su charla en UIC el diplomático visitante tuvo la ocasión de negar terminantemente que el Departamento de Estado haya apoyado a los golpistas de manera alguna. Y dijo, que, por el contrario, siempre que se pudo se desalentó la interrupción del orden democrático. Recordó que la investigación del Comité de Relaciones Exteriores del Senado no encontró ninguna prueba de que
Washington hubiera estado envuelto en esa instancia. También dijo que mirando retrospectivamente algunas de las declaraciones del presidente de entonces (sin nombrar a Bush), no habían sido sabias del todo y podían haber alentado una mala interpretación del papel de EE.UU. en esa coyuntura. Que, sinceramente, es más de lo que este cronista esperaba en este contexto.
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Shapiro en Chile: Leyenda negra desacreditada Quien se moleste en googlear el nombre de Charles Shapiro, entre otras cosas, podría llegar a creer que el mismo fue Secretario de la Embajada de EE.UU. en Chile cuando el golpe de Pinochet contra el presidente Allende. El dato se repite en mútliples sitios web, y no solamente en Wikipedia, como dijo el Sr. Shapiro, advirtiendo a los presentes que nunca creyéramos en esa particular enciclopedia de la red. Pues bien, Wikipedia o no Wikipedia, el dato es falso, como se ocupó de aclarar -ante mi pregunta- el diplomático visitante. En ese entonces él era todavía un estudiante graduado en la universidad, dijo. Contactos en el Departamento de Estado sugirieron, extra-oficialmente, que el infundio se habría originado en círculos chavistas en la época que Shapiro era embajador en Venezuela. Últimamente, el gobierno chileno que preside la socialista Michelle Bachelet entregó al embajador Shapiro una de sus más altas condecoraciones. Que por supuesto no le hubieran dado a alguien involucrado en el golpe del 73. El embajador Charles Shapiro
c) abril 17, cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago -Proteccionismo económico. Le preocupa la natural pero a su juicio peligrosa tendencia a que, como respuesta a la crisis, EE.UU. se cierre en políticas de proteccionismo económico que podrían ser contraproducentes.
Talleres de creación literaria
Algunas preguntas y algunas respuestas Como en todo foro abierto, hubo preguntas y preguntas… algunas de las cuales no podían ser respondidas por el visitante. Unas por ser muy generales, como todas las referidas a las políticas migratorias (donde el Departamento de Estado no tiene vela), o por ser demasiado concretas, como qué va pasar con la próxima ronda del Grupo de Doha, que acuerda en materia de comercio internacional… Por extraña coincidencia, había un crecido número de colombianos. A través de sus preguntas se denotó una fuerte polarización pro y contra Alvaro Uribe. El Embajador Shapiro se vio pronto superado por una anda-
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nada de preguntas sobre efectos de las políticas de EE.UU. en la economía regional de Bucaramanga, los alcances del tratado de libre comercio en la industria de las rosas y las intenciones reeleccionistas de Uribe. Sintomáticamente, y así se lo hice notar, frente a la posibilidad de la reelección de Uribe (no prevista en la constitución) dijo terminantemente: “Ese es un tema interno de los colombianos sobre el cual el Departamento de Estado no tiene posición”. Antes, referente a la reelección infinita buscada por Chávez o al posible triunfo del Frente Farabundo Martí había dicho, en ambos casos “Habrá que ver cómo reaccionamos”. No logré que el embajador Shapiro elaborara sobre estas diferencias en su lenguaje. Hubo múltiples preguntas –no sólo las mías- sintomáticas de la histórica desconfianza que impera en América Latina en relación a la política exterior de EE.UU. Si estuviéramos hablando de boxeo diríamos que el embajador Shapiro absorbió
bien el castigo. Y hasta contraatacó con algunas verdades, como que en América Latina hay gente que piensa que todos los problemas empiezan o terminan en Washington. Se defendió eficazmente en el tema Venezuela, donde, al fin y al cabo, lo único que tenemos es la palabra del histriónico Chávez contra la palabra del Departamento de Estado, siempre desconfiable. También aguantó a pie firme la enumeración, por mi parte, de lo que pasó con Puerto Rico y Cuba luego de ser “liberados” de España por EE.UU; el caso del Canal de Panamá; la intervención en Nicaragua contra Sandino; en Guatemala contra Jacobo Arbenz; en la Dominicana contra Juan Bosch; Bahía de Cochinos; Chile 1973, el respaldo a las dictaduras militares en América Latina y el “crazy” bloqueo a Cuba… Todo ello para fundamentar mi pregunta: ¿cómo se supera la básica e histórica desconfianza, estos doscientos años de soledad?
Su respuesta final, irreprochablemente pragmática fue: “Se supera trabajando día a día con cada gobierno en temas comunes. ¿Responde eso a su pregunta?”. “Parcialmente”, le respondo. “¡Parcialmente…!”, dice con un dejo de ironía. “Sí, parcialmente. Porque para saber si su respuesta es correcta necesitaríamos dejar pasar otros doscientos años de historia”. Una vez terminado este coloquio, el embajador Shapiro, sonriente como siempre, procedió a sacarse algunas fotos con integrantes del público. elbio@elbiobarilari.com http://www.elbiobarilari.com Elbio Rodríguez Barilari: Músico y escritor uruguayo, reside en Chicago desde 1998. Durante ocho años fue Editor del semanario La Raza. Actualmente es Director Artístico del Latino Music Festival
Dónde: 1702 S Halsted Street, Chicago, IL 60608
Cuándo: dos domingos por mes a la 1 pm
Cuánto: gratuito
Información: dossier@revistacontratiempo.com o 312 666 7466
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La comunión del jazz y el landó:
La música de Gabriel Alegría Catalina María Johnson
Ritmos de la esclavitud contra amarguras y penas. Al compás de las cadenas Ritmos negros del Perú. Nicomedes Santa Cruz
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n días recientes viajé a Rockford acompañada de Nicomedes Santa Cruz, poeta, folklorista y periodista afroperuano. Aclaro: con el Ipod tocaba grabaciones de programas de radio que realizó con la radio pública española, ya que Nicomedes falleció en 1992. Las millas de la carretera desaparecían ante el tejido de su voz que recitaba décimas y comentaba los orígenes de los cantares de las Américas. Todo esto sucedió a raíz de una búsqueda en la que yo intentaba descifrar los orígenes de la cajita rítmica peruana. No había logrado encontrar demasiada información, a pesar de que el año pasado el Instituto Nacional de Cultura en Lima declaró que era patrimonio nacional y que constituía un aporte de las poblaciones afrodescendientes a la música y a la cultura del Perú. El pequeño instrumento es una caja de madera encolada que se cuelga en el cuello, tiene una tapa unida por un lado y se abre y se cierra con una mano a la vez que se golpea con un palito de madera con la otra; con el sonido del abrir y cerrar de la cajita y el del golpe del palito, se crea una percusión sincopada de sonido nítido y cautivante. Mi curiosidad sobre sus orígenes despertó cuando una noche de febrero ante el escenario de Old Town School of Folk Music —en el concierto de Gabriel Alegría y su sexteto de jazz afroperuano— el maestro Freddie “Huevito” Lobatón (quien con el trompetista Alegría y los otros cuatro músicos formaron el grupo hace cinco años) embelesó al público al intercalar los sonidos de la cajita y el cajón dentro de la improvisación jazzística del grupo. Tocaron ritmos afroperuanos tales como el festejo y el landó. El sexteto tejió un ambiente sonoro que era cien por ciento peruano y a la vez cien por ciento jazz. Por ejemplo, en la versión de “Summertime”, composición de Gershwin, se mezclaron los acordes familiares de la melodía con el ritmo afroperuano del landó. Hubo matices de anhelo y triste dulzura. A su vez, el landó alcanzó una expresión sublime cuando se liberan sus notas en la yuxtaposición con el jazz. La fusión sorprende por su frescura, y
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porque en muchos sentidos dista de lo que se denomina normalmente “latin jazz”. El jazz latino evoluciona entre Nueva Orleans, Nueva York, La Habana y San Juan. Del lado del jazz, su fuente principal la proporciona el ritmo de libertad que surge cuando de Cuba parten los antiguos esclavos a Nueva Orleans y, con ellos, la contradanza habanera, que le aporta raíces al ragtime y al dixieland (El famoso “Spanish Tinge” de Jelly Roll Morton y Dizzy Gillespie). Décadas más tarde, en los años 1940-1950, el jazz ya arraigado en Nueva York, se retroalimenta con otras emigraciones, como la puertorriqueña, dando inicios a lo que se llamaría “latin jazz”. En su apego a la clave (el ritmito “tac tac/tac tac tac” que fundamenta también, por ejemplo, la salsa) el jazz latino da evidencia de sus múltiples fuentes caribeñas. En contraste, la música del sexteto de Alegría, se nutre de ritmos afroperuanos tales como el festejo y el landó, cuyos orígenes se dan simultáneamente en el movimiento y en la música, remontándose al siglo XVI. Se han perdido los detalles exactos de sus inicios, pero el landó parece haber surgido primero. “Landó” viene del “lundu”, palabra kikongo que denomina un ritmo que proviene de Angola y llega al Perú con los esclavos Bantú, fundamentando muchas de las danzas afroperuanas. El festejo se documenta en Lima ya en el siglo XVII, y su carácter festivo se expresa en los bailes de las cofradías y en procesiones, siendo ejemplar el festejo del “Son de los Diablos”, que se baila en las procesiones de Corpus Cristi. De 1780, el grabado número 145 del obispo, compositor y cronista, Baltásar Martínez y Compañon muestra uno de los participantes en la procesión tocando precisamente, la cajita. Se considera que la cajita —que a diferencia del cajón, está diseñada para poder ser llevada en un desfile mientras se toca— al principio se utilizaba para juntar los aportes voluntarios o las limosnas que solicitaban los músicos y danzantes después de entretener al público. Se desconoce el momento en qué el encargado de llevar la cajita, quizás contagiado por el ritmo, o a la mejor motivado por querer aumentar las contribuciones del público, empezó a golpearla, por encima, por el lado,
cerrada, abierta, subiendo y bajando la tapa con fuerza… Gabriel Alegría comenta que a nivel técnico se explica el intercambio fluido y orgánico entre los ritmos afroperuanos y el jazz por el hecho de que al prescindir de la clave, la música afroperuana no se encuentra obligada a mantener patrones rítmicos permanentes; y al igual que el jazz, da mucho lugar para improvisar, variar e interpretar esos patrones. Como ejemplo, Alegría habla del platillo, instrumento de primordial importancia en el jazz, que crea un ritmo que no es absolutamente constante; se reinterpreta, se va variando y va dejando espacios. Lo mismo, afirma, ocurre con la música afroperuana, cuyos patrones rítmicos guían la música pero no la reglamentan. Los instrumentos de percusión: cajón, quijada de burro y cajita, tocan, callan, dejan espacios, y por lo tanto “…hay mucho espacio para conversar, musicalmente hablando… Con esto se crea la posibilidad de un diálogo de contrastes de volúmenes, atmósferas, colores.” Sin embargo, es la intangible afinidad entre el jazz y lo afroperuano, que, según Alegría, sostiene y enriquece la conversación; afinidad que se da en parte por los temas y la intención de algunos cantos afropueruanos y una química que funciona, o por tonalidad o letra o momento histórico —conexiones que él denomina “espirituales”. Es un diálogo nuevo, sin duda alguna: es el reencuentro afortunado de los ritmos negros del Perú que surgieron hace siglos entre cadenas y que llevan el recuerdo y la esperanza de la libertad. Para mayor información sobre la música mencionada: http://www.gabrielalegria.com/ http://www.nicomedessantacruz.com http://www.facebook.com/video/video. php?v=62562887027&oid=2382923855 Catalina María Johnson, Ph.D. es conductora y productora de programas de música latina para estaciones de radio pública. Para mayor información: www.beat-latino.com
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tiempoextra tiempoextra El autor de Pedro Páramo
Un guardaespaldas para Juan Rulfo Sandra María Benedett
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uardaespaldas? ¿Quién necesita guardaespaldas? Jefes de estado, disidentes políticos, empresarios, celebridades… En los Estados Unidos, el guardaespaldas se asocia con frecuencia con la cultura popular urbana. El guardaespaldas de P. Diddy estaba a su lado cuando el rapero fue acusado de haber hecho disparos en el interior de un centro nocturno de Manhattan; Tupac viajaba rodeado de sus guardaespaldas; el guardaespaldas de Britney evitó la caída de su bebé cuando éste se le resbalaba de entre los brazos; se dice que en marzo del año pasado J-Lo contrató a seis hombres para proteger a sus gemelos recién nacidos. En México, donde el crimen ha alcanzado el ámbito artístico, los guardaespaldas de los famosos se han convertido en una necesidad; por lo menos quince artistas han sido asesinados en los últimos dos años, uno de los más conocidos fue Sergio Gómez, vocalista del grupo K-Paz de la Sierra. Aunque es necesario mantener la seguridad en el mundo de las artes, como lo comprueba la existencia de PEN, una organización que protege la libertad de expresión, por lo general la relación entre el guardaespaldas y la celebridad siempre me ha parecido producto de la comercialización de la cultura, una maniobra para generar publicidad. Pero reconozco que hay ocasiones en que pongo en duda mis opiniones. ¿Qué papel juega el dinero? ¿Hasta qué grado los guardaespaldas realmente estiman a sus clientes o respetan su arte? Medité sobre esto una noche mientras releía la obra de uno de mis escritores más queridos, el mexicano Juan Rulfo. Es cierto que estimo a Rulfo, al igual que muchos de mi generación, ¿pero podría yo protegerlo como lo hace un guardaespaldas? Mientras cavilaba, recordé que casi tres décadas atrás tuve la oportunidad de conocer a Juan Rulfo, o por lo menos de estar cerca de él (a tres cuerpos de distancia, para ser exacta). Fue a principios de los años ochenta. En esa época, yo era estudiante de postgrado en la universidad Stanford. Fernando Alegría, escritor, empresario y profesor de español en la universidad, había invitado a Rulfo a participar en una clase del cuento latinoamericano. Leíamos El
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llano en llamas (1953), una de las dos grandes obras que escribió Juan Rulfo; la otra es Pedro Páramo (1955), una novela. El texto en discusión era Talpa, una historia que habla de cómo afecta el sentimiento de culpa a una pareja involucrada en una relación extramarital. El relato describe el trayecto de la pareja desde su pueblo de Zenzontla hasta Talpa, un santuario religioso. El marido moribundo de la mujer, y también hermano del amante, les pide que realicen este peregrinaje porque cree que la Virgen de Talpa lo va a curar. Durante el trayecto, que los lleva por frío y polvoroso terreno, el marido de la mujer se arrepiente y pide que lo trasladen de regreso a su pueblo, pero ellos se niegan, pues saben que no sobrevivirá el viaje de regreso. Durante nuestra discusión en la clase, se le pidió a Rulfo que explicara la omnipresencia del polvo en el relato: …a todas horas estaba aquel polvo por encima y debajo de nosotros. Y arriba de esta tierra estaba el cielo vacío, sin nubes, solo el polvo; pero el polvo no da ninguna sombra. Rulfo titubeó para responder. El profesor Alegría se colocó muy cerca, como para sostener el cuerpo de nuestro invitado. No pude evitar notar el aspecto físico de Rulfo. Su cara era lánguida y triste, los carrillos flácidos. Vestía un traje arrugado de color arena que le quedaba flojo. Mientras lo observaba, me acordé de que en una ocasión había sido empleado de la fábrica de llantas Goodrich, definitivamente una profesión nada romántica, y corría el rumor de que bebía demasiado. Me había enterado de que él leía idiosincráticamente y de que prefería escuchar música. Tenía una sonrisa leve y un poco retorcida. ¿Por qué se sonríe? Pensé. ¿Se estará burlando de nosotros? Continuamos haciendo el análisis. Interpretamos el polvo como sufrimiento y culpa. Y también hablamos del abismo en el que se encontraba México. (En esa época América Latina se definía en términos de un subdesarrollo monolítico, a diferencia de la más compleja e híbrida forma de desarrollo disparejo adoptada en años más recientes). Mientras vinculábamos el polvo y el sufrimiento, no aparté la vista de esa sonrisa suya casi imperceptible y decidí tomarla como un desafío. Recuerdo que en esos años no era yo muy buena estudiante pero sí muy atrevida; así que dije lo que pensaba: –Este cuento es chistoso –dije. –¿Chistoso? –dijo Rulfo irguiendo su cuerpo. –Sí, chistoso –repetí. –¿Por qué? –preguntó Rulfo.
Entonces procedí a leer del pasaje exagerando un acento popular mexicano: “Lo llevamos a Talpa para que se muriera. Y se murió.” (Añadí, entre dientes el hijo de la chingada.) Rulfo se lanzó hacia mí, su brazo extendido, lleno de energía. Inmediatamente el profesor Alegría lo retuvo. Todos lo notamos, pero nadie dijo nada. Sin embargo, ese simple gesto me bastó para establecer un lazo con el autor y empecé a imaginarme que (me apena admitirlo) mi impulsiva lectura del texto conduciría a una productiva discusión, fomentada por el alcohol, entre el profesor Alegría y Rulfo. Algunos días después de su visita a la clase, Rulfo se presentó ante una audiencia mucho más numerosa. Llevaba el mismo traje arrugado y lucía el mismo aspecto incómodo. Una vez más, el profesor Alegría estaba a su lado. Rulfo mencionó vagamente uno de sus proyectos actuales. Una profesora comentó a mis espaldas “ya está otra vez haciendo promesas, ¿cuándo iremos a ver ese trabajo?” ¡Me horroricé! ¿Cómo es posible que alguien pudiera decir eso de mi adorado Rulfo? Me pareció intolerable y no pude contenerme, le respondí algo que yo le había escuchado decir al profesor Alegría: “Rulfo dijo lo que tenía que decir, y con eso basta”. Era verdad, Rulfo escribió poco. Pero a diferencia de otros, su trabajo tuvo un efecto profundo en el curso de la literatura mexicana y posiblemente latinoamericana. En la década de los años cincuenta se vivió la transición para los escritores latinoamericanos. La obra de Rulfo hizo poesía de la narración; imbuyó de política la poesía; combinó lo nacional con lo universal; se sumergió en las profundidades del bien y del mal; hizo una parodia y al mismo tiempo una reverencia al sufrimiento humano; engendró el Realismo Mágico. Gabriel García Márquez recuerda la impresión que le causó la obra de Rulfo cuando la leyó por primera vez: “Aquella noche sólo pude dormir cuando terminé la segunda lectura de Pedro Páramo. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá — casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.” (http://consejosdeescritores.blogspot.com) Sí; Juan Rulfo hizo lo que tenía que hacer, cuando tuvo que hacerlo, todo con esa sonrisa torcida de él. Mi querido Rulfo, estoy segura de que yo hubiera sido tu mejor guardaespaldas. Sandra María Benedett: Profesora de la Universidad Roosevelt. Traducción: Teresa Rosainz
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La condición humana de Hannah Arendt Manuel Zataráin
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n un texto ya clásico y muy controversial, cuyo título es La condición humana, Hannah Arendt teje un discurso teórico en el que despliega su imaginación creadora. Ahí desarrolla y problematiza conceptos como los siguientes: esfera privada y esfera pública, labor, trabajo, acción, vida común, mundanidad, natalidad, política, modernidad, etc. Marx es un interlocutor de primer orden en el entramado conceptual que ella construye. Arendt aborda el asunto de la familia bajo la óptica de lo que considera “esfera pública y esfera privada”, y el mundo antiguo de los griegos constituye para ella un paradigma privilegiado de cómo habría que procesar la vida humana en términos privados y públicos. Para ella, y de acuerdo con el pensamiento clásico de los griegos, la actitud e inteligencia de los hombres que son capaces para la organización política o para vivir en la polis, o sea, ese mundo que estaba constituído espacialmente por la ciudad-Estado griega, no sólo es diferente “sino que se halla en directa oposición a la asociación natural cuyo centro es el hogar y la familia”. La línea que separa a la familia o lo privado de lo político o de la esfera de lo público, ha quedado borrada, tristemente para ella, en la modernidad; pues dice que sobreviene una especie de “administración doméstica colectiva”. La nación o la sociedad en la modernidad son un conjunto de familias. Arendt se desconsuela por este hecho que diagnostica y dibuja con vehemencia y claridad expositiva. El mundo de lo privado y la familia es el mundo de la naturaleza o de lo biológico, porque ahí se produce y reproduce la vida bajo el “reino de la necesidad”. Y el tipo de actividad que exige, en la perspectiva de Arendt, el funcionamiento del hogar y la familia —en el tiempo de la antigua Grecia y nuestro tiempo— es una que se identifica con “la labor” o “lo prepolítico” y que es distante del trabajo propiamente humano. En este sentido, hablar de familia antigua o familia actual es irrelevante para ella, porque toda familia en todo tiempo y lugar desplegará funciones muy vinculadas a la animalidad o a la barbarie. ¿Es posible, en términos estrictamente humanos, justificar la esclavitud de unos hombres por otros para que unos pocos se realicen como tales? Al parecer, ésta es la idea que Arendt desarrolla para todo tiempo y lugar y que se apoya en la aparición histórica del mundo político y libertario de los griegos, que embonaba adecuadamente —en su opinión— con el sistema de la esclavitud. Según la autora, es la relación con los otros y las cosas las que nos hacen humanos; sin esas dos condiciones, no seríamos lo que somos. Sin esta naturaleza, que se hace presente en la familia y el trabajo esclavo, tampoco seríamos lo que somos, pero ni la familia ni cualquier tipo de trabajo son suficientes para humanizar la vida. Ni la labor ni el trabajo ni lo social, producen “mundanidad” o humanidad. Ser mundano, para Arendt, es estar en el mundo de la acción. Lo social no es un elemento que distinga a los hombres de los animales, “por el contrario, era algo que la vida humana tenía en común con el animal”.
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Arendt es contestaria de los discursos modernos que reivindican los mundos del trabajo y de lo social, como los de Marx y Durkheim.Pero es especialmente contra Marx que dirige su crítica. Según Marx y Durkheim, con sus diferencias, las esferas de la familia y el trabajo, por más elemental que lo fuera, sí están ligadas a la dignidad y el desarrollo humanos. Incluso, en Hegel, el antecedente teórico de estos autores, se encontrará explícitamente que la modernidad no será sino la eclosión universal del trabajo y de la conciencia de los esclavos frente a sus amos, cuya manifestación más concreta la observará en la Revolución Francesa y su secuela napoleónica. En Marx, si el trabajo no fuera “enajenado” o “heterónomo”, sí habría plena realización humana. Para Durkheim el trabajo asalariado en la industria moderna permite que se desarrolle la especialización y que los hombres se obliguen más a la cooperación, a la solidaridad y al intercambio de ideas. Esto dignifica la vida humana. Para Arendt, cuando los hombres y mujeres laboran son “animal laborans”; cuando trabajan son “animal faber”; cuando se socializan son una especie de “animal social”; pero en ningún caso son “homo faber”, más que cuando actúan totalmente libres y sin interferencias con los otros. De alguna manera los discursos de Marx y Durkheim sugieren que “lo social” es un elemento que dignifica a la vida humana. En Durkheim lo social es importante, porque por ello simplemente hemos supervivido y porque en la modernidad ha adquirido una connotación casi sagrada: a la sociedad se le da reverencia directamente sin la mediación de la religión o la magia. Y si los animales en alguna forma son seres sociales, son infinitamente menos sociales que nosotros; por más religiosa o mágica que sea la vida de un hombre primitivo o por más que su vida estuviera vaciada en “la labor”, o sea, en el trabajo necesario que le permitiera su existencia biológica, su vida es una vida humana; se pensará a sí mismo y como grupo social de cierta manera. No es banal la frase famosa de Marx: el hombre es un ser fundamentalmente gregario. Y este fundamento humano no es naturaleza humana, es una construcción social, imaginaria, que los animales que no son el hombre no han podido ser otra cosa que naturaleza. Aunque los hombres y mujeres hubieran estado esclavizados y sumidos en la labor del trabajo esclavo y en la esfera privada de lo familiar, siempre habrá esa diferencia radical entre “mundanidad” y necesidad. La poesía y la filosofía en el mundo griego, no sólo eran atributos de Sófocles, Homero, Platón, Aristóteles o Sócrates; también lo eran de los hombres esclavos y de las mujeres en las familias. Sin embargo, Arendt disiente de esta formulación. Arendt se erige en una fuerte y decidida crítica de la modernidad y atribuye a Marx el hecho equívoco de que la sociedad moderna hubiera podido soñar de que a partir de la labor y el trabajo los hombres y mujeres se podrían emancipar como especie y vivir una vida más digna y más igualitaria. La idea de Marx de que “todo el laborar sea productivo y humanizante”, se adueña del espíritu de toda la época moderna en la perspectiva de Arendt. Más allá de las diferencias ideológicas y políticas que uno pudiera tener con ella, su diagnóstico es contundente y conmovedor; entraña una revelación muy fina e inteligente porque está sutentada en un soporte teórico y empírico muy sólido, amplio y erudito; y es una revelación porque hoy se sigue pensando, en la perspectiva del gran público y de
muchos lectores ilustrados, que Marx es una persona ajena a los valores de la humanidad occidental. Es sumamente curioso, paradójico y tal vez dramático, que Hannah Arendt siendo mujer se identifique con el mundo de la patriarcalidad y la masculinidad, atributos sobresalientes de la polis griega y del régimen esclavista de la antigüedad. En su inteligente léxico no caben las palabras propias de la matriarcalidad: solidaridad, piedad, generosidad, amor por los demás, todos educados, todos emancipados. Pero sí están los valores de la patriarcalidad: excelencia, señorío, aristocrático, lo grandioso, la valentía, dueño de sí mismo, lo epopéyico, lo racional. Sin embargo, todo el trayecto de la modernidad —incluida nuestra actualidad— se verá penetrada por estos dos órdenes de principios y la vida humana se volverá una incesante dialéctica en donde la última palabra tal vez nunca sea dicha. Pero por más controversial y polémico que resulte este texto de Arendt, su contribución al desarrollo de una mejor inteligencia es inobjetable y su perfil de ser una gran pensadora es decididamente incuestionable. Manuel Zataráin: Maestro de tiempo completo del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara, México.
marzo 2009
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Cada día es lunes
Alba Guerra, Carlos Rogelio Diaz y Oliver Aldape
en el Teatro Aguijón Fernando Olszanski
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l teatro Aguijón se prepara a ofrecer una nueva producción: El lunes de León Rodríguez. La pieza escrita por Raúl Dorantes y dirigida por Marcela Muñoz, está basada en la obra de Arthur Miller La muerte de un viajante. Sin ser una adaptación, la obra mantiene la crudeza y la frescura de la original, llevada a la actualidad de Chicago y a los momentos históricos que nos tocan vivir. Una familia con presiones económicas y grandes problemas de comunicación, interactúa en una relación de espacio y tiempo: “Es que me acabo de dar cuenta que el tiempo pasa y que hemos vivido extraviados, reclamándonos por tonterías del pasado y angustiándonos con un futuro que no sabremos si será. Esa ha sido nuestra vida… Se nos olvidó que el tiempo pasaba por la calle, que llenaba nuestra casa y que salía por las ventanas. Nos olvidamos de vivir”. Eso dice Linda, la esposa de León Rodríguez casi como un ruego, lo que nos acerca a los desafíos que los personajes deberán confrontar durante el transcurso de los ochenta minutos que dura la obra. El texto recorre varias instancias de la vida de León Rodríguez, lo que obliga a los personajes a revivir secuelas de su pasado y sus consecuencias en el presente. El verdadero desafío para la dirección de la obra, es llevar al espectador a distintos momentos de la vida
Elio Leturia y Nydia Castillo en la nueva obra de Aguijón Theater
de los protagonistas sin desarmar el sentido del presente; y con el aprovechamiento integral de los espacios del escenario, los silencios y los contrastes, la directora Marcela Muñoz lo logra de manera efectiva y contundente. La puesta en escena es sobria, no hay referencias materiales más que los desniveles del escenario que se perciben como estados de ánimo y de tiempo. Lo que me gusta de esta obra, nos dice Marcela Muñoz, es que se puede ver nuestra actualidad, y cómo esa actualidad afecta al individuo, en este caso a León Rodríguez, un hombre aislado de su propia familia por la incomunicación, que lo llevan a divagar en medio de recuerdos de su vida y la interacción con los otros personajes. Y
eso es lo que pasa con el hombre de hoy: cada vez se vuelve más solitario, más dependiente de la tecnología y menos dispuesto a relacionarse con otros seres humanos. Es la segunda vez que se repite la fórmula de trabajo entre Dorantes y Muñoz; la anterior había sido durante la producción de la obra que se presentó en el teatro Goodman durante el marco del Festival Latino de Teatro del 2008, cuando se presentó la pieza titulada Hasta los gorriones dejan su nido. El lunes de León Rodríguez es una pieza que se permite reflexionar sobre el presente que nos toca vivir, y cómo ese presente nos condiciona y afecta de manera drástica y a veces irreversible.
El elenco está compuesto por Elio Leturia, Alba Guerra, Carlos Díaz, Nydia Castillo y Oliver Aldape. El lunes de León Rodríguez se estrena el viernes 6 de marzo y cierra el 19 de abril. Se presentará los viernes a las 8 de la noche, los sábados a las 4 y 8 pm, y los domingos a las 5. Fernando Olszanski, es autor de la novela Rezos de marihuana.
God Bless America Bernardo Navia
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iempre será tema de inmensa controversia el argumentar razones religiosas cuando se trata de definir nuestras creencias y convicciones políticas, morales, sociales y/o filosóficas. Los seres humanos somos criaturas con una tendencia natural a considerar muy seriamente estas razones; de modo que la religión es parte integral de nuestro existir. Tendencia ésta que ha dado pie al surgimiento de toda una estratificación, explicación y custodia sistematizada de estas apreciaciones del espíritu humano. Al margen de la pregunta baladí acerca de cuál religión posee la verdad o cuál religión es la más popular y/o la ‘más beneficiosa’, no se puede (no se debe) ignorar el hecho histórico de que ha sido la religión una de las causas (si no, en el fondo, la única causa) de las interminables situaciones bélicas en las que se ha visto envuelto el género humano. Desde que existe conciencia histórica, social e individual la religión ha desempeñado un papel fundamental en el devenir de la existencia humana. Islam, cristianismo, budismo, animismo, judaísmo o hinduismo; las grandes religiones del mundo moderno (con todos sus credos, creencias y ramificaciones particulares) no pueden (ni podrán) contestar la pregunta formulada más arriba. “Mira Tita, la mera verdad”, dijo uno de los personajes en la versión para el cine de la novela de Esquivel Como agua para chocolate, “es que la verdad no existe”. Comparto plenamente esa aseveración. ¿Qué es real, verdadero? ¿Son las creencias número 63
del mundo occidental más válidas que las del mundo oriental? ¿Somos capaces de invertir tiempo y energía para conocer, al menos, los principios básicos de religiones que no son las que nos identifican? ¿Qué nos hace creer en lo que creemos? ¿Por qué nuestra vida (tanto a nivel colectivo como particular) se rige, fundamentalmente, por alguna creencia religiosa? Ante la incertidumbre de lo que ocurre con nosotros al momento de morir (y no me refiero, claro está, únicamente a la descomposición física), una creencia religiosa específica ¿nos garantiza la materialización de alguna esperanza que podamos tener? Si “Dios es amor” o, para el caso, cualquier concepto que de Él se tenga, ¿por qué se actúa con tanto rencor, prejuicio, rechazo, e incluso odio muchas veces hacia quienes no comparten nuestras creencias? Y no me refiero a las atrocidades en Gaza únicamente. ¿Qué hay de, por ejemplo, los cementerios para católicos únicamente? Los fallecidos no católicos, ¿van irremisiblemente al infierno o, con suerte, al purgatorio? ¿Existen realmente éstos? ¿Por qué el Dios de los protestantes es tan diferente al de los católicos? ¿Por qué o para qué anhelamos encontrar en la religión, de forma conciente o no, alguna respuesta de Dios? ¿Existe Él? Es inútil pretender respuestas concretas. No las hay. Lo que sí existe con seguridad (lo vemos cada día) son las diferencias abismales entre las religiones y toda su compaña de dogmas y entredichos. Diferencias que han mantenido al planeta entero en un permanente round boxístico desde casi los albores de la civili-
zación. Pero por otra parte, lo que también existe con seguridad es la conciencia colectiva por la vida y por el derecho a vivir en paz como seres humanos, no importa nuestras creencias. Éstas debieran ser reguladoras de orden, paz, respeto y progreso; no motivo de prejuicio, odio y muerte. Otra vez, no importando cuál sea la religión que practiquemos, ni dónde vivamos si creemos que Dios (o cualquiera sea su nombre) es el dador de la vida, ¿quién nos ha otorgado a los humanos el derecho a matar, rechazar, odiar o discriminar en su nombre? ¿Es la religiosidad de este país un modelo a seguir? ¿Nos garantiza ésta la tranquilidad y la prosperidad? ¿Somos mejores? God Bless America, ¿a nadie más? Como sociedad, ¿qué tenemos nosotros que nos haría más merecedores de las bendiciones de Dios que el resto del planeta? Sé que cuando mis hijos me hagan estas preguntas me veré en serios aprietos para responderlas. Creo que mejor les hablaré de lo que tiendo a imaginar: “si Dios existe”, les diré, “seguro que no practica ninguna religión; además seguro que nos mira, se toma la cabeza a dos manos y se pregunta: ‘¿En qué estaba yo pensando cuando creé a éstos?” Bernardo Navia, poeta chileno profesor en DePaul University.
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El otro desierto Marco Escalante
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islado en un monasterio de Calabria, San Bruno escribe a su modo una epístola moral dirigida a su amigo Raúl Le Verd. “Aquí en este convento, lejos del mundo y sus conflictos, sin ambiciones de gloria o de fortuna, llevo una vida tranquila, dedicada a la contemplación reflexiva. Yo diría que el mío es un descanso ocupado, una inmovilidad activa que marcha firme hacia Dios. Es verdad que los contemplativos siempre son mucho menos que los hombres de acción; pero aún así son los hijos favoritos del señor”. Con estas simples palabras comienza una historia silenciosa y oscura, que marcha paralela a las grandes tragedias que asolaron a Europa en el siglo XIV: la guerra de los cien años, la hambruna en los estados florentinos, la masacre de judíos en Mainz y Estrasburgo, la plaga de la peste, la escisión de la iglesia, las revueltas campesinas en el sur de Francia. Tomando en cuenta la dimensión cataclísmica de los mencionados acontecimientos, ¿qué cronista se hubiera interesado por la gesta humilde de los discípulos de San Bruno, que crearon la secta de los cartujos soñando con un desierto infinito donde encontrarse con Dios? Esa gesta humilde, sin embargo, revela a plenitud esa parte velada del corazón del hombre, donde se asilan la esperanza y la piedad. Algo inaudito en un tiempo en que reinaban la codicia, la explotación, el crimen y la intolerancia, no solamente entre la aristocracia y el clero opulento de Aviñón, sino también entre las masas campesinas, que adheridas al delirio de los flagelantes exterminaron judíos por doquier. La bondad y la mesura, en esos tiempos, eran un verdadero milagro. Los cartujos diseñaron para sí una vida tranquila y sencilla. A los abrigos de armiño de Clemente VI, a las mitras de oro de los obispos regentes de la nueva Babilonia, opusieron una rigurosa austeridad, acorde con el espíritu de Cristo. Y al trajín de la corte, a los avatares de la política, al caos de la ciudad en permanente estado de sitio, opusieron su desierto de reflexión y entrega a lo divino. Establecieron así, a lo largo de dos siglos, una gran cantidad de monasterios, siendo uno de los más notables el convento de Montrieux.
Allí fue a parar Gherardo di Parenzo, luego de batallar por un tiempo con un dilema moral que también torturaba a su hermano, el divino Petrarca: ¿Cómo conciliar los bienes mundanos, las prerrogativas concedidas por los nobles, con la austeridad que reclama el espíritu verdaderamente cristiano? ¿Cómo llevar una vida casta, cuando el pecado es la norma e incluso en el seno de la iglesia hace estragos la concupiscencia? Gherardo halla respuesta en el desierto infinito de San Bruno, se hace cartujo y se entrega a la soledad reflexiva enclaustrándose en Montrieux. En 1347, la peste arriba al puerto de Messina y en apenas tres meses extiende el horror desde Sicilia hasta el norte de Africa, dejando a su paso una estela de horror que comienza a cubrir toda Francia. Ante la presencia cotidiana de la muerte, madres abandonan a sus hijos moribundos, doctores se esconden para evadir el contagio, sacerdotes se niegan a brindar el sacramento de la extremaunción a los agonizantes. Los entierros son masivos y no hay lágrimas sobre las fosas comunes. Es una época en que, según Bocaccio, se enfría el corazón humano. Hubieron, claro está, unos cuantos heroicos doctores que imitaron con siglos de anticipación a un personaje ficticio: el Xenon de Opus Nigrum; y sin temer al contagio, socorrieron a las víctimas de la peste buscando inútilmente un remedio. Ni los sangrados ni las purgas ni las cauterizaciones de bubas lograron detener el paso seguro de la muerte negra. Y aquellos doctores, tarde o temprano, sucumbieron a la enfermedad y acabaron, como sus pacientes, en la tumba. Pero un alma que no buscaba cura alguna, un alma resignada y entregada a los designios de Dios, encontró la paz en medio de la apocalíptica tragedia. Una melancólica paz que sigue al dolor infinito, una paz que surge del convencimiento de que el alma sobrevive al cuerpo y accede por su virtud a lo eterno. Tal fue el alma de Gherardo di Parenzo, que en el convento de Montrieux enterró uno a uno a los 34 monjes con quienes compartía su vida y al final se quedó solo, con su perro, mirando al vacío. Sintió entonces, por primera vez, que el cielo era distante; y que a unos
pasos apenas, en el cementerio improvisado en que antes cultivaba flores, la vida enseñaba una verdad que hasta entonces le era ajena. ¿Cómo algo que era considerado como un misterio indescifrable y sagrado, algo que la religión concebía incluso como algo benévolo y agradecible por cuanto transportaba a sus elegidos al reino de los cielos, podía asumir una forma tan pedestre, tan cotidianamente monstruosa? Durante el asedio de la plaga, la muerte perdió todo su prestigio, se transformó en cosa de todos los días, y la gente se acostumbró a los cadáveres apilados en las calles, a las cenas y fiestas comunales entre festines de ratas, a la pestilencia que emanaban los cementerios improvisados donde yacían cientos de cuerpos descubiertos. Gherardo di Parenzo sintió el acoso del tedio. El tedio de sobrevivir a los otros. Y entonces contempló en frente suyo ese otro desierto, totalmente opuesto al desierto de la reflexión con que soñaba San Bruno. El desierto del aburrimiento, de la melancolía incurable, de la súbita conciencia de que el hombre, tanto como alma es carne, y que su condición perecedera es también un infinito insondable. En este desierto las lágrimas sustituyen a las oraciones, y al tiempo que se implora a Dios se le maldice. Es el desierto del hombre, en el que tienen su lugar todos nuestros miedos, nuestras limitadas virtudes y nuestros cuantiosos defectos; un desierto que nos aleja de Dios, pero que nos acerca, por el calvario que significa vivir, a su hijo, el crucificado. Marco Escalante, escritor peruano.
contrafoto por Santiago Weksler
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Intrusiones para dar cuerda al reloj Han transcurrido 25 años desde la muerte de Julio Cortázar, para algunos “un trasgresor del hecho literario total”; sus famas aún andan por ahí, como mariposas sin cartón donde clavarse. Estos párrafos son un tierno reencuentro con El lobo, a deshoras ‒como su partida (Jochy Herrera).
Por René Rodríguez Soriano
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o se arriesguen a mirar sus relojes a esta hora, vaya a ser que, sin quererlo, convoquen al maestro de los duendes, y se desate entonces una tormenta bufa y retozona, de pronósticos reservados. Mejor es que juguemos sin freno, que nos dejemos ir por ahí, inocuos y vacíos, a inventariar territorios desusados y mudos. Así es que, propongo que sigamos a esa chica, le inventemos un nombre: Marión, ojos de miel, aceitunada tez, desgarbada y locuaz. Crucemos un zaguán de mediodía con sus floreros sordos; deshojemos geranios y jacintos, no nos está dado el milagro de las voces ni del tacto; sigamos solamente a la muchacha. Conjuguemos un parque con niños, buhoneros, muchachas de servicio, guardianes y un bestiario infinito de libélulas tenues que alborotan el tiempo, las frituras… y aquel señor, medio miope, absorto en su periódico de torcidas columnas o el patisuelto tajalán que duerme a la bartola, inmerso en sus asuntos, austeros y afanosos. Ojo, el sujeto en cuestión, encargado del parque y perversiones varias, se despabila de un tirón y nos advierte en vilo; nos mira sin reparos a nuestra chica
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sabatina de esta fecha; se relame de gusto y, sin transición alguna, paciencia en ristre, entramos a otra zona del presagio: la hora del almuerzo, la oficina, Manuel que se aposenta en una esquina, desenrosca cantinas, pañoletas, desplegables y—héroe de mil batallas—, el viejo cortaplumas de su abuelo se retuerce y sonríe con su insigne y desdentado tenedor al aire; mientras, la cuchara, cansada, soñolienta y pecosa, en la otra punta, se desgonza y se niega a asumirse a sí misma. Es un poema Daniela, tratando de dorar sus espaguetis; Tricia, que se deshace en maldiciones por el ajo, la cebolla y el orégano que han invadido sus minutas y sus senos filosos, petulantes. Ni se diga David, maldiciendo, rondando la estufita, con unos puerros mustios, en su bolsita a rayas del colmado, rallando uno y tres fósforos de madera que se encienden y se apagan de pronto, antes de llegar al mechero, preciso instante en que, como manga de viento, entra lo esperado: Lorensito y… “lo de siempre”, piensa Mónica. “Lo paró un policía”, se lleva Manuel, junto a un bocado, su angustiado pensamiento a sus adentros; y un “no hay gas” o “me caí del motor”, traspone con nosotros indigestos las paredes magenta
del olvido, trasegando canciones, sotanas y manías, porque Marión se ha ido, ya no está o regresó. Dejó de ser ella, la chica desgarbada tan sensible y manuable que deja sin aliento al sábado y sus alrededores. Sucede que hace un rato, austera y atorrante, ha trasuntado en genio, analista al dedillo de temas y renglones, conocedora indómito, fatua y contradictorio de sí misma. Total, obviemos a esa tipo —dicen todas—, tan lerda y tan tortuoso. Salgámonos del sábado, no sigamos a nadie, no escuchemos a nadie croar con sus graznidos eruditos y vacuas. Abandonemos de una vez por todas la muchacho. Echemos un pie, salgamos ya. Nada de incienso, nada. Necrologías, ¡zafa! Sonémonos con garbo, con pañuelo o con kleenex, circunspectos, distantes, pongámonos la cara más cara de estos fines. Que se empine cabizbaja y dolida nuestra más sufrida y abnegada condición de oficiantes del dolor y de la pena en suplementos, novenarios y plenas. Desgarremos algo. Pongámonos a tiro del llanto, prestos a desempeñar con elegancia el papel de afligidos deudores. Pero… ¿Qué diablos hacemos aquí, tan pánfilos y lelos? ¿Qué razón nos convoca en esta casa? Bien, no me lo digan. No osen mencionar su nombre,
no lo nombremos. Lo queremos tanto, amamos sus diabluras, sus devaneos. Lo conocemos tanto, sabemos que anda cerca y no se ha ido; ha de estar cabriolando, descalzo y en mangas de camisa, con la más sonora de sus carcajadas en los peldaños y pasillos más diáfanos e intemporales del absurdo y de la lluvia. Mofándose de nosotros, inventariándonos las poses, maquinando jugarnos cualquier trastada. No lo duden. No miren calendarios ni relojes, se lo ruego; no miren esa puerta, han tomado la casa y no hay nada que hacer afuera. Hemos convocado la tormenta y no es juego. Tan fresco como la primera o la última golondrina del primer día, aquí está él: Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina. Para Julio Cortázar, in cronopian René Rodríguez Soriano es poeta y escritor dominicano.
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