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contratiempo

número 62

febrero 2009

Directiva Beatriz Badikian, Gregory X. Gorman, Jochy Herrera, Félix Masud-Piloto, Moira Pujols, Helen Valdes

Directora ejecutiva Moira Pujols

Director editorial

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Gerardo Cárdenas

Consejo editorial Gerardo Cárdenas, Raúl Dorantes, Jorge García, Esmeralda Morales, Julio Rangel, Febronio Zatarain

Jefe de redacción Febronio Zatarain

Directora de arte Esmeralda Morales

Diseño gráfico Marisa Bueno, Esmeralda Morales

contrafoto

contenido 3. Editorial

Alex Magaña

4. México y EE.UU., ante el nuevo gobierno de Obama, José Carreño Figueras

Correctores de estilo

5. Obama y el Caribe insular latino, Hamlet Hermann

Laura Pujols y Julio Rangel

6. ¡Ya llegó el 20 de enero!, Víctor Reyes Morris 7. La gran patria suramericana, Leda Schiavo

Portada Marisa Bueno Las opiniones expresadas por los escritores que colaboran en contratiempo no son necesariamente las de la revista, o de la entidad que la publica, contratiempo nfp, una entidad 501 (c)3 sin fines de lucro.

©

contratiempo nfp

8. Noam Chomsky: Grandes obstáculos que sortear en Latinoamérica, Roberto Manríquez | © Rebelión

dossier

11. Cuentos de Ramón Betancourt 12. Salsipuedes

deshoras mirada

1702 South Halsted St., Chicago Il 60608 (312) 666 7466 Para obtener más información sobre las distintas secciones de la revista publicidad o suscripciones, escríbanos a: info@revistacontratiempo.com o visite nuestro sitio web: www.revistacontratiempo.com

Para envío de colaboraciones: Gerardo Cárdenas directoreditorial@revistacontratiempo.com Raúl Dorantes tiempoextra@revistacontratiempo.com

10. Obama 2.0, Luis Miguel González

16. Tortugas y Gaviotas 14. José Manuel Ciria en Chicago, Delia Negro 19. The Visitor: Un argumento convincente (y liberador), Gerardo Cárdenas 20. La creación cosmogónica, el espacio y las guerras floridas en el mundo azteca, Oscar Alatriste Guzmán 22. El corrido de Obama, Catalina María Johnson 23. Republic Windows en lucha: La victoria y el desafío, Kari Lydersen 24. La geografía, es decir, la poética de José Mármol y René Rodríguez Soriano, Jochy Herrera

tiempo extra

25. Torres Bodet en Chicago, Luis Leal

tiempo desobra

27. Aproximaciones, Aforismos intempestivos, Francisco Pamplona

26. Inquisiciones sobre el paradigma. Entrevista a Eduardo Galeano, Jorge Majfud


Editorial La sorpresiva revelación de un informe relativamente oscuro del Pentágono, que ubica a México y Pakistán –por distintas razones– como regímenes políticos inestables y vulnerables, en el marco de la reunión de trabajo que a mediados de enero tuvieron los mandatarios de México, Felipe Calderón, y de Estados Unidos, Barack Obama, generó una polémica en la que resaltan dos temas: el temor de Estados Unidos a que la vida política mexicana esté crecientemente controlada por el narcotráfico, y el pragmatismo que, al parecer, orientará a la política exterior de la Casa Blanca con respecto a México y al resto de América Latina. Ese último elemento, el pragmatismo, es sorpresa para muchos que esperaban una política exterior de Obama más orientada por elementos ideológicos y por la necesidad de restaurar la maltrecha imagen estadounidense tras ocho años del muy personal gobierno de George W. Bush. Pero, al parecer, la lógica fría del poder, el balance de fuerzas y los imperativos del Destino Manifiesto regirán una política que, si bien abanderada por Obama, será diseñada e implementada por la más pragmática de sus colaboradoras, la secretaria de Estado Hillary Clinton. Si en el caso de la aparición de Pakistán en el informe del Pentágono la lógica subyacente es el balance de fuerzas en un Medio Oriente que de nuevo se estira al máximo, jalado de un lado por Israel y del otro por Irán, el caso de México huele sospechosamente a las ideas del “patio trasero”, en el cual Estados Unidos esgrimía una retórica, pero a la hora de las negociaciones imponía sus condiciones con mano de hierro, y con la nada despreciable sombra de su poderío militar. ¿Por qué habla el Pentágono de México y no, digamos, de Cuba, Venezuela, o Bolivia? A fin de cuentas, México es el segundo socio comercial de Estados Unidos, y ya está muy lejana la sombra del régimen príista que por tantos años causó dolores de cabeza a los sectores conservadores en Estados Unidos. Cuba, con el agonizante régimen castrista; Venezuela, con el impredecible Chávez; y la inestable y frágil Bolivia parecerían objetivos más claros de análisis para el estamento militar estadounidense – y para sus valedores, la industria armamentista.

Más allá del elemento evidente de la creciente desestabilización causada en México por la acción del narcotráfico, y de la incapacidad de las autoridades federales o estatales para hacerle frente, puede haber varias razones, y por supuesto hay mucho campo para la especulación y el análisis. En todo caso, el inicio de la “Administración Obama” genera una gran interrogante– y trae muy pocas pistas– en relación con lo que serán sus relaciones con América Latina, cuna y origen de un 15 por ciento de la población estadounidense (legal e indocumentada). Si para la población estadounidense –aquejada por la peor crisis económica en 70 años– el signo del nuevo régimen es la esperanza –el mismo signo que usó Obama en su campaña presidencial–, para los países latinoamericanos el signo bien puede ser un gran signo de interrogación. El presente ejemplar de contratiempo está caracterizado por un dossier cuyos autores han tratado de cumplir con una difícil misión: buscar pistas que orienten al lector sobre los pasos que puede dar la Casa Blanca en su relación con la región. El veterano periodista José Carreño Figueras, quien por muchos años fue el decano de los corresponsales mexicanos en Washington, D.C., jala de experiencia y colmillo para poner los temas de inmigración, narcotráfico y seguridad nacional en el contexto de la cambiante relación entre México y EE.UU. La poeta argentina Leda Schiavo contrapone la agenda estadounidense con la creciente integración entre las naciones del Cono Sur, en tanto que, desde la República Dominicana, Hamlet Hermann duda si Obama aprovechará la oportunidad de generar una nueva relación con Cuba, Dominicana y Haití. Por su lado, el catedrático colombiano Víctor Reyes Morris retoma los temas del narcotráfico y el comercio continental, así como la explosividad de la situación en Venezuela, para tratar de responder a la pregunta de que harán los presidentes Uribe y Chávez, cada uno por su lado, para tratar con el nuevo inquilino de la Casa Blanca. El economista y periodista mexicano Luis Miguel González, por su lado, aborda con una interesante óptica el uso por la campaña de Obama de los nuevos medios en Internet, como base de su victoria electoral. Como una adición especial, contratiempo reproduce una entrevista, publicada en la página Web Rebelión, del periodista chileno Roberto Manríquez con Noam Chomsky, cuya visión siempre escéptica y ácida contribuye al clima de incertidumbre que Obama trae a la región.


México y EE.UU., ante el nuevo gobierno de Obama Cuando Barack Obama prometió ayuda antidrogas al presidente mexicano Felipe Calderón, aún como presidente electo de Estados Unidos y a pesar del formal respeto que guardó para el saliente George W. Bush, alteró en buena medida los que parecían sus planes de atención pospuesta que se atribuían a sus planes de gobierno. La razón es simple. Para los estadounidenses, la fuerza adquirida por los narcotraficantes mexicanos es un peligro por ahora potencial pero posiblemente real, uno que llevó a Michael Chertoff, Secretario de Seguridad Nacional en el régimen de Bush a anunciar que había planes que podrían incluir el uso de unidades militares y vehículos blindados para enfrentar posibles acciones por parte de sicarios del narcotráfico. La declaración no es otra cosa que una forma de tranquilizar a una opinión pública que en la región fronteriza con México se preocupa cada vez más por los reportes que llegan desde el lado mexicano. Lo que no dijo Chertoff es que una acción militar para evitar la entrada de los pistoleros del narcotráfico sería inútil: los sicarios ya están ahí, y las familias de muchos de sus jefes viven desde hace tiempo en el lado estadounidense de la franja fronteriza.  Pero al mismo tiempo es una señal de la preocupación real que existe en los Estados Unidos, una que llevó ya a algunos analistas, como el general Barry McCaffrey, a advertir de la urgencia de apoyar los esfuerzos del gobierno mexicano o arriesgar la posibilidad de un “narcoestado” –o al menos de territorios controlados en todos los sentidos por los narcotraficantes- en su propia frontera. México, aseguró McCaffrey “no enfrenta una peligrosa criminalidad: está luchando por su supervivencia contra el narcoterrorismo”. La gravedad de la situación ilustra sin embargo tanto la creciente importancia de la relación bilateral como también que mucha de esa relación no pasa ya por Washington o México D.F., sino al contrario, se desarrolla de forma independiente con los gobiernos dedicados a tratar de no quedar demasiado atrás. Ciertamente sigue siendo una relación asimétrica, como lo ha sido a lo largo de la historia, pero nunca había sido tan importante, ni la interdependencia tan amplia. El ámbito interméstico En la década de los setentas el diplomático estadounidense Sol Linowitz acuñó la palabra “intermestic” (interméstica), para referirse a temas de política internacional con impacto doméstico, y difícilmente podría haber alguna otra relación en el mundo más “interméstica” que la que se da entre México y Estados Unidos,

a pesar de la indiferencia de Washington y la actualmente deliberada falta de énfasis oficial por parte de México. En términos económicos los números son abrumadores: un comercio bilateral de casi 300 mil millones de dólares anuales, un vínculo social creado por más de diez millones de mexicanos radicados legal o ilegalmente en los Estados Unidos, y alrededor de un millón de estadounidenses en México. El diez por ciento de la población mexicana está en el país vecino; la quinta parte de los estadounidenses expatriados se encuentra en México. El impacto de esa realidad en estados y poblaciones de los dos países marca frecuentemente la relación, más allá de lo expresado por el Departamento de Estado o la Secretaría de Relaciones Exteriores. Sus efectos sociales y políticos están aún por ser estudiados a fondo. Sólo eso bastaría para poner a la relación entre los dos países en un capítulo aparte. Sus implicaciones en términos de seguridad son susurradas pero pocas veces abordadas abiertamente. ¿Qué debe hacer México para garantizar la seguridad de sus migrantes en los Estados Unidos contra actos posiblemente terroristas internacionales? ¿Qué deben hacer los Estados Unidos para garantizar la seguridad de sus expatriados en México? Las posibles respuestas podrían sobresaltar a muchos y sorprender a todos. Esa realidad se deja sentir ahora sobre el gobierno de Obama, uno que esperaba dedicarse de manera particular sobre los temas domésticos, incluso administrar el retiro militar de Irak, al menos durante su primer año de ejercicio. Pero la situación en Medio Oriente, concretamente el conflicto israelí-palestino, y la situación mexicana, vienen a alterar sus proyectos. No que esa decisión de marginarse de ciertos temas hubiera dejado de resentir el impacto de temas “intermésticos”, como el de migración. Y menos después del apoyo que le brindaron sectores hispanos que en gran medida expresaron su disgusto con las formulaciones abiertamente racistas que dominaron muchas de las expresiones republicanas –aunque no, ciertamente, las de Bush o del candidato presidencial John McCain. En ese marco es justo reconocer que muchas de las medidas y los pronunciamientos contra los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos fueron alimentadas por activistas locales, pero su efecto se dejó sentir tanto sobre las relaciones con México como en la relación interna. El efecto de los anti-inmigrantes republicanos en la política estadounidense se dejará sentir por décadas entre una minoría a la que hubieran podido cortejar pero que ahora no desea escucharlos. Pero también hay que decir que las presiones domésticas no se dan sólo en el lado estadounidense. La idea de que la industria petrolera mexicana pudiera ser “privatizada” y “caer en manos gringas” fue a su vez políticamente explotada en el debate del año pasado sobre reforma energética y con particular éxito por sectores presuntamente de izquierda enemigos de la apertura petrolera. Pero ni siquiera esa animadversión histórica pudo impedir la realidad de que al menos a relación bilateral en México haya sido y sea un objeto de atención y preocupación constantes, reflejada en el interés con que se siguió la campaña presidencial estadounidense y las críticas en torno a la real o supuesta falta de atención prestada por el gobierno de Calderón. Ciertas excepciones La realidad también es que Obama y los demócratas enfrentan lo que se considera como una de las situaciones más complicadas para su país en décadas, y aunque eso se dejará sentir en sus relaciones con el resto del mundo, deberán también hacer excepciones, especialmente cuando los temas, como la situación de seguridad en México, son “intermésticos”.

foto: Getty images

José Carreño Figueras

Hasta fines de noviembre se esperaba que la mejor alternativa para México hubiera sido simplemente el mantenimiento del status quo en las relaciones, pero el accidente que llevó a la muerte del secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño y las versiones sobre un atentado por grupos del narcotráfico llamaron la atención de los consejeros de Obama. El general James Jones, Consejero de Seguridad Nacional designado, tuvo después la posibilidad de reunirse con funcionarios mexicanos. La atención y las intenciones, pues, han cambiado. Como se desarrollará esa nueva situación en un Congreso más preocupado por la economía y por demandar ventajas comerciales o hipócritas posturas sobre derechos humanos y laborales está por verse. Pero una de las advertencias de McCaffrey podría tener un efecto importante: “un fracaso del sistema político mexicano en cortar la ilegalidad y la violencia puede resultar en un impulso de millones de refugiados que busquen cruzar la frontera con Estados Unidos para escapar la miseria doméstica de violencia, política económica fallida, pobreza y falta de empleos, así como la crueldad sin sentido y la injusticia de un estado criminal”. Al mismo tiempo, mientras los Estados Unidos luchan por enfrentar una crisis económica producto de sus propias políticas, dejan de lado al menos en apariencia un concepto que el gobierno mexicano trata de promover: la integración de América del Norte como una unidad productiva y competitiva en el mundo, frente al poderoso empuje económico asiático, sobre todo. A cambio, México y el otro socio, Canadá, enfrentan llamados a la “renegociación” del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLC), bajo la amenaza del retiro estadounidense. Y aunque el TLC ha sido convertido por sindicatos y organismos no-gubernamentales en el símbolo de todo lo que está mal, para los Estados Unidos en el ámbito comercial internacional, la verdad es que tienen problemas mucho mayores que arreglar. Y según el TLC, el proceso de denunciarlo es tan simple como notificar por escrito a las otras partes y esperar seis meses para hacer efectiva la renuncia. La realidad política en todo caso puede ser una poderosa interferencia para cualquiera de los problemas. ¿Migración?, tal vez, pero no será resultado de la presión del gobierno mexicano sino de presiones domésticas. Después de todo, los hispanos de Estados Unidos le dieron a Obama un 70 por ciento de su voto y contribuyeron de manera destacada a que el Partido Demócrata capturase estados tradicionalmente republicanos como Florida, Colorado, Nevada y Nuevo México, así como once de las 28 diputaciones federales que conquistó. Pero un cambio en la ley migratoria no implica un tratado migratorio con México. Es una medida interna, o si se quiere ver de esa forma una deuda política. Ya no es el caso de Jack Valenti, el consejero político de Lyndon Johnson que en 1964 recordó a los líderes latinos que “son el uno por ciento de la población, por tanto tienen el uno por ciento de mi atención”. Ese ya no es el caso y se traducirá también en la relación con México. Una cada vez más influyente minoría latina y una necesidad geopolítica creada por la situación en México, obligan al gobierno Obama a un cambio de proyectos. Los rumbos y las formas se verán en los próximos años. José Carreño Figueras es periodista mexicano

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Obama y el Caribe insular latino Hamlet Hermann

La inercia es la tendencia que tiene todo cuerpo a mantener el estado en que se encuentra, ya sea reposo o movimiento. Ese cuerpo tenderá a seguir en el mismo estado hasta que una fuerza exterior actúe y lo obligue a cambiar. Este concepto de la física viene a colación para representar lo que podría suceder ahora que una nueva Administración ocupa la Casa Blanca en Washington. Por el hecho de que se cambien los dirigentes que administrarán Estados Unidos, de por sí sumamente institucionalizado, no modificará de inmediato las tendencias asumidas durante los años recientes. No obstante, resulta interesante observar que, con las intenciones del presidente Barack Obama de modificar algunas orientaciones, basta para empezar. Esperemos que el flamante gobernante entienda cuál es la situación de América Latina, en particular el Caribe, ahora que comienza el año 2009.

Lo primero es que el nuevo gobierno de Estados Unidos debe tratar de ganarse la confianza de los pueblos y gobernantes del continente. Luego de una tradición de abusos y opresión disfrazados de lucha contra el europeísmo, el comunismo, el narcotráfico y el terrorismo, la credibilidad de la poderosa nación ha descendido a los más bajos niveles. ¿Cómo se reparan tantos años de desigualdades, de golpes de estado, de apoyos a dictaduras y oligarquías implacables y codiciosas, auspiciados por Estados Unidos? Obama tiene la oportunidad histórica por excelencia para mejorar las relaciones con el resto del continente y darle un matiz actualizado a esas relaciones. Debía convertirse en aliado de los latinoamericanos más que en opositor a los cambios que se están dando en el continente. No puede olvidar que los gobiernos que ahora predominan surgieron en rechazo, precisamente, al modelo económico neoliberal que les impuso Estados Unidos desde los años 1980. Los dirigentes que han surgido en años recientes en América Latina no son fanáticos extremistas, como los ha caricaturizado Bush. Son, mas bien, ejemplos de la búsqueda del cambio, tal como proclama para su gobierno el ahora Presidente de Estados Unidos. El gran país del Norte debe negar a Bush y cesar la lucha contra el cambio social y contra la esperanza colectiva latinoamericana. Mas bien

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debería apoyar los movimientos en defensa de los derechos humanos, en vez de respaldar a gobiernos antipopulares y criminales como ha sido la costumbre. Obama debería comprometer a su Administración con un firme apoyo a los derechos constitucionales, incluyendo la libertad de disentir, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. En particular, resultan importantes los países del Caribe insular latino: Cuba, Haití y República Dominicana. Dos de estos países son de habla castellana y uno de habla creole, derivación del francés. Las características sociales, económicas y políticas de estos tres países obligan a Estados Unidos a trazar líneas completamente diferentes para las relaciones con cada uno de ellos. Cuba es una nación con un gobierno revolucionario, liberada desde hace 50 años del control estadounidense. Durante todo este período, ha estado esforzándose por construir un régimen socialista de acuerdo con las características cubanas. Haití, se ha hecho ingobernable luego de abundantes tiranías, dictaduras y ocupaciones extranjeras. Ha tenido que purgar, cuantiosas veces, el pecado de haber sido el primer país que se independizara en el continente americano y, como agravante, encabezado por negros. República Dominicana gobernada por conservadores que coinciden más con Bush que con lo que podría intentar Obama, sufre problemas muy particulares debido a un capitalismo tardío, deformado por una politiquería degenerada y corrupta que ha permitido al narcotráfico y a la delincuencia entronizarse como un gobierno paralelo. Estas naciones han sufrido reiteradas intromisiones militares de parte de Estados Unidos a lo largo de su historia. Cada una de esas acciones punitivas dejó como herencia gobiernos dictatoriales y despóticos que frustraron cualquier intento de progreso democrático. Cuando los marines intervinieron en la guerra cubano-

española a finales del siglo XIX se dio inicio a la primera guerra imperialista. Luego Estados Unidos impuso una enmienda constitucional que le permitía ocupar militarmente esa nación sin tener que explicar razones ni intenciones. La invasión por Bahía de Cochinos en 1961 late todavía en el sentir cubano. Haití fue ocupada a partir de 1915 por militares estadounidenses que se establecieron allí durante 20 años. Recientemente, esa nación ha sido mantenida en fideicomiso, lo cual provocó una ingobernabilidad casi absoluta hasta soportar la presencia de tropas extranjeras en su territorio. República Dominicana tiene la triste distinción de ser el único país invadido y ocupado militarmente por Estados Unidos tres veces durante el siglo XX: en 1904, 1916 y 1965. De herencia, las intromisiones militares dejaron los despotismos de Trujillo y de Balaguer. ¿Se levantará el bloqueo? El caso de Cuba podría evidenciarse como el de mayores problemas para Obama ante cualquier intento de alteración de la política estadounidense por la importancia que ha logrado alcanzar el lobby radical anticubano de Miami. El buen sentido recomienda eliminar las presiones a los Estados del Sur de Estados Unidos que actualmente comercian exitosamente con Cuba, aunque obligados a convenios y permisos especiales del ejecutivo estadounidense. En cuanto al obsoleto bloqueo económico que ya dura medio siglo, Obama podría iniciar la disminución gradual y posterior eliminación de esa mostrenca política. Debía empezar derogando la orden de Bush en cuanto a las limitaciones de los viajes de familiares y el envío de remesas hacia Cuba. No es mucho lo que podría hacerse para mejorar esas relaciones políticas durante los dos primeros años de gobierno pero, por algún lado tiene Obama que empezar.

En cuanto a Haití, Obama está obligado a corresponder de alguna manera con el apoyo que le dio el caucus negro y haitiano en las votaciones del estado de Florida donde pudo vencer a su adversario republicano. Señal de buen augurio fue la llamada telefónica, personal y directa, que le hizo recientemente el presidente electo Obama al presidente haitiano René Preval. No obstante, poco es lo que podrá hacer en los primeros tiempos en relación con los viajeros ilegales, menos aún con aquellos haitianos que ya están en territorio estadounidense y reclaman se les dé un estatus provisional en lo que se procesan sus papeles de migración. La forma de luchar contra la inmigración ilegal no puede ser continuando los métodos represivos y discriminatorios, sino colaborando con un desarrollo sostenido en Haití. En cuanto a República Dominicana, es probable que la política en relación con este país no tenga prioridad comparada con la atención que Estados Unidos les dé a Cuba y a Haití. Perjudican al gobierno dominicano las acusaciones internacionales que han abundado sobre el maltrato a los emigrantes haitianos en su territorio. No obstante, Obama podría dar un primer paso de acercamiento si enviara a un diplomático de carrera a encabezar la embajada estadounidense en Santo Domingo. En los once años recientes han ocupado esa representación politiqueros de oportunidad que se han enriquecido en el cargo en perjuicio de la economía dominicana. Definitivamente, si el presidente Obama quiere reorientar las relaciones existentes, tiene que trazar una política particular para Cuba, Haití y República Dominicana como forma de limitar las perniciosas imposiciones unilaterales estadounidenses. Y, por alguna vez en la historia, buscar relaciones más equilibradas, por difíciles que sean, entre el tiburón y las sardinas. Hamlet Hermann es escritor dominicano

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¡Ya llegó el 20 de enero! Víctor Reyes Morris Ya llegó el 20 de enero…. La fiesta en Corraleja. Así reza la letra de una vieja y conocida canción del folclor de la Costa Caribe colombiana. Valga la coincidencia de fechas, para suministrar algunos elementos de análisis en las perspectivas de la relación con Colombia y Venezuela, del gobierno que se inicia de Barack Obama. La pregunta es cómo podría irnos a colombianos y venezolanos con el nuevo gobierno norteamericano. El marco El gobierno de Barack Obama, se inicia y ya es un lugar común decirlo, con mucha expectativa, no sólo por ser un nuevo gobierno, sino por todos los elementos que lo circundan. Crisis financiera y económica, crisis cíclica del capitalismo, cuya intensidad es el punto de discusión. Quizás más grave o casi tanto como la de 1929. Transición de un partido a otro, guerras enfrascadas de por medio, un liderazgo presidencial muy deteriorado y la novedad de un presidente negro muy carismático. Todo esto en medio de un cierto protagonismo latinoamericano como no se había visto antes. ¿Qué puede cambiar de Bush a Obama? La agenda es otra desde luego. Prioridad: la crisis económica. Ya no el combate al terrorismo (donde quiera que esté) sin que desde luego se abandone. Salir airosamente de la desastrosa y costosa intervención en Irak. Equilibrar Afganistán. Aplicar una política quizás más multilateral. ¿Cuánto cambio de orientación habrá? Quizás lo que cambió fue la agenda. Y el cambio de agenda tiene efectos positivos y negativos. Por sólo mencionar: ya no habría énfasis en alianzas militares antiterroristas, se buscarían mecanismos nuevos de acuerdos económicos internacionales que pueden afectar de manera distinta las economías locales; quizás haya cierta concesión a la multilateralidad. Sobre la multilateralidad, algunos consideran, que esa síntesis étnica que es Barack Obama, es una garantía, por lo menos actitudinal hacia una apertura multipolar (la admisión, de alguna manera, que no se es el policía del mundo). Los colombianos (as) ¿Cómo nos puede ir a los habitantes de esta tierra que lleva el nombre del descubridor (oficial) de América con la nueva Administración Obama? Es difícil expresar una sola voz porque hay diversas percepciones, intereses, posiciones. Hay en general una gran preocupación gubernamental colombiana por la suerte del TLC (Tratado de Libre ComercioNAFTA). El compromiso de un Bush que se va, de sacar adelante el TLC, pone en aprietos esta aspiración del gobierno de Uribe y de muchos empresarios colombianos. Sobre la conveniencia de este tratado hay polémica en ambos países. En Colombia, hay sectores que se oponen al TLC, no en el sentido condicional de los

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demócratas norteamericanos, sino por su inconveniencia para la economía productiva colombiana, especialmente para las actividades agrícolas. Así lo expresa el Senador de oposición (Polo Democrático) Jorge Robledo: “La prensa en Washington dice que ese tratado ha muerto. Que si más adelante viene uno con el gobierno de los EE.UU., tendría que ser otro, con otro trámite. Ahora, la pregunta que habría que hacerse es si el nuevo gobierno de Barack Obama va a promover la idea de esos tratados de libre comercio o no. Tengamos en cuenta que el impacto de la crisis económica en el libre comercio puede ser importante, por lo menos formalmente. Son cada vez más los estadounidenses que le adjudican a efectos del libre comercio su desempleo y su pobreza, cosa en la que tienen razón. Así que temo que ese tratado está definitivamente empantanado”. Para otros el TLC es conveniente y necesario, sin embargo en un contexto de crisis financiera y económica, todo parece cambiar y ese no era el contexto de la avanzada (y hasta ahora frustrada) negociación. En la página oficial del TLC Colombia se intenta responder a preguntas frecuentes sobre esta aspiración del gobierno colombiano: “Y ¿qué pasa si no firmamos el TLC?: “Sería un suceso infortunado, pero tampoco una catástrofe. De cualquier forma, debemos tener muy claro que, si no firmamos el TLC, los países que sí han negociado sus tratados con Estados Unidos, con condiciones favorables para el ingreso de sus productos a dicho mercado, como México, Chile, República Dominicana y los países centroamericanos, tendrán mayores ventajas que Colombia y nuestras exportaciones se verían seriamente afectadas”. ¿Es el TLC la receta para sacar adelante el país?: “Es una parte de la receta, pero no toda. El TLC solamente no es suficiente para incentivar el crecimiento de la economía colombiana, pero sí es una herramienta fundamental para lograrlo, la cual debe unirse a otros programas y estrategias para mejorar nuestra infraestructura productiva, aumentar la competitividad, y controlar y hacer más eficiente el gasto público”. Pero además del TLC, hay puntos muy importantes a destacar frente al nuevo gobierno norteamericano. Indudablemente la elección de Obama despertó una enorme simpatía entre los colombianos, por lo que significaba de

reivindicación, la elección de un miembro de una minoría étnica en un país que se ha visto siempre como muy racista (más de percepción que de realidad). Implica un reacomodo del papel de Colombia (Gobierno de Uribe) como aliado incondicional de Bush que fue y que ahora trata de aminorar haciendo lobby demócrata. En una América Latina, tan diversa políticamente no puede entenderse un agenciamiento o “alinderamiento automático” con las políticas o posiciones del gobierno de EE.UU., (como ocurrió durante la era Bush). Colombia tiene que redefinir su papel frente a Washington y frente a los gobiernos latinoamericanos y propiciar el multilateralismo y la tolerancia internacional que pasa por un mayor cuidado en el ejercicio del antiterrorismo y en la defensa y protección de los derechos humanos. La pregunta es si esta “reconversión” la puede hacer genuinamente el presidente Uribe. Los venezolanos (as) Venezuela que parece ser la nueva Cuba en el Siglo XXI, es uno de los temas más espinosos en la correlación latinoamericana para la política norteamericana. El antagonismo protagónico del presidente Chávez frente al presidente Bush, parecía llevar al menos en las palabras a unas rupturas impredecibles y hasta irrevocables. Pero es bien conocido el exceso verbal de Chávez y como el famoso personaje humorístico mexicano Chespirito, “así como digo una cosa puedo decir otra”. El exvicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, claramente identificado con el Presidente Chávez analiza así la expectativa frente a Obama: “¿Qué atención le prestará el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, a Venezuela… La funesta visión de “patio trasero” respecto a la región que dominó la política norteamericana, es hoy una pieza de museo…En cuanto a Venezuela se refiere, el presidente Chávez lo ha dicho: hay la disposición a dialogar sin condiciones con quien resulte vencedor, más ahora que el presidente es Obama. Él sólo exige respeto y juego limpio. Con Obama hay menos prejuicios y se abre la posibilidad de despejar la ruta”. Venezuela, además de Cuba, y quizás otros países latinoamericanos en menor grado, es el mayor reto para la política norteamericana. Venezuela, como ya dijimos, con el régimen chavista parece alejarse del área de influencia norteamericana. Sin embargo Venezuela es un país muy polarizado y de manera creciente, con una oposición que avanza. De algún modo la relación con Venezuela marcará si hay un nuevo rumbo de la política exterior norteamericana. Víctor Reyes Morris es catedrático en la Universidad Nacional de Colombia

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La gran patria suramericana Leda Schiavo

Sud americanos Mirad ya lucir De la dulce patria La aurora feliz. La patria en cadenas No vuelva a gemir En su auxilio todos Las espada ceñid. El padre a sus hijos Pueda ya decir Gozad de derechos Que yo no conocí. Esteban de Luca escribió esta Marcha patriótica que se publicó en la Gazeta de Buenos Aires en 1810. Quizás no pensó nunca que sólo en el siglo XXI se podía hacer realidad eso de que el padre –el padre indígena, por ejemplo– le pueda decir a sus hijos “gozad de derechos que yo no conocí”. Quizás pocos se den cuenta del cambio ocurrido en América del Sur, enfrascados como están en sus propios problemas. Nunca como ahora tuvimos presidentes que, derivados de prácticas democráticas, se sentaran a conversar con un idioma común. Un indígena aimará en Bolivia, un militar nacionalista y socialista en Venezuela, una mujer divorciada y agnóstica en Chile, un ex obispo en Paraguay, una mujer inteligente en Argentina y con méritos propios pese a ser impulsada por su marido, un economista no elitista en Ecuador, un médico socialista y conservador en Uruguay se reúnen para consolidar la idea de Unasur, la Unión de Naciones Suramericanas que quiere hacer realidad los versos del Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque, si entre ellos pelean, los devoran los de ajuera”. Todos, a su manera, son gobiernos progresistas, que cuentan con la simpatía de la izquierda y el resquemor de la derecha. Hasta ahora, los Estados Unidos, acostumbrados a poner y sacar dirigentes, han reaccionado pobremente. De esta reacción, el error más flagrante ha sido la reactivación de la Cuarta Flota, un mecanismo militar que había sido disuelto en 1950. Según Washington, la tarea de la flota sería luchar contra el terrorismo y el narcotráfico y según el Contralmirante James W. Stevenson, jefe de la Marina del Comando Sur de EE.UU., “sus naves llegarán hasta el tremendo sistema de ríos en Suramérica, navegando en las aguas marrones más que en las tradicionales aguas azules”. Varios países suramericanos han reaccionado porque estas palabras suenan a invasión de los grandes ríos navegables, ríos que permiten llegar a zonas estratégicas, ricas en recursos naturales. ¿Tendrá Obama una política más inteligente hacia América Latina, basada no en la confrontación sino en la comprensión de la historia y los problemas de nuestros pueblos? El nuevo presidente no demostró mayor interés en nuestro continente; viajó a Israel, a Europa, pero no a ningún país suramericano. Y aunque Obama caiga más simpático que los monstruos Bush y Condoleeza, recordamos que también Kennedy caía simpático, con John John haciendo la venia y la sonriente Jacqueline. Y vino la Alianza para el Progreso, aquella versión del Nafta, el Tratado de Libre Comercio que se convirtió, en la práctica, en tener “el zorro libre en el gallinero libre”.

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Oportunidad histórica Barack Obama tiene la oportunidad histórica de tener buenas relaciones con América Latina, no de “tender una mano de ayuda” como dijo en mayo del año pasado en Miami, sino de verdadera comprensión de los problemas de cada país. Esperemos que Thomas Shannon esté equivocado al afirmar en Madrid el 9 de enero que tras la toma de posesión de Barack Obama “no va a haber un gran cambio” en la manera de interpretar lo que ocurre en Latinoamérica. Todos esperamos una actitud madura, como acaba de pedir el canciller chileno Alejandro Foxley. Lo importante “es tener un intercambio transversal, sin hegemonías de nadie y aprovechar aquellos campos en que uno puede aprender del otro” en materias como educación y cooperación científica. Además, se espera que Obama esté presente en la Cumbre Interamericana de abril próximo en Trinidad y Tobago, donde tendrá la oportunidad de plantearle a la comunidad regional su visión de cómo deben ser las relaciones futuras. Si bien los desafíos más importantes parecen estar en Nicaragua, Venezuela y Cuba, sería imperdonable que Obama no se diera cuenta de la importancia de los grandes países del Sur, importancia estratégica y cultural. En el Sur los dirigentes se unen para ser más fuertes y han buscado alianzas económicas con países como Irán, China y Rusia. Rusia inició un vuelco en sus relaciones con América Latina. En octubre del año pasado hubo unas Jornadas de Rusia en América Latina que se prolongaron por un mes. El objetivo de este proyecto, que se extiende a Cuba, Costa Rica, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile y Paraguay, es propiciar el desarrollo de los vínculos políticos, económicos, sociales, científicos, culturales y religiosos entre Rusia y esos países. Chávez, con su estilo de confrontación, hace tiempo que profundiza relaciones estratégicas con Rusia: le compró submarinos, le ofreció poner bases militares, hubo maniobras militares conjuntas en noviembre de 2008, con la llegada a La Guaira de la flota Norte de la Marina de Guerra rusa. La presidenta argentina, Cristina Kirchner, viajó a Rusia en diciembre con más de cien empresarios para firmar acuerdos bilaterales y pidió “un mundo multipolar”. Rusia decidió eliminar la necesidad de tener visa para los viajeros argentinos. Konstantin Kosachov, en viaje por Chile, ofreció al país andino tecnología para construir centrales nucleares flotantes. En Bolivia, las petroleras de ambos países firmaron acuerdos para explorar el gas natural, “como socios y no como patrones” afirmó el gobierno. Rusia está haciendo una política inteligente para sus propios intereses. ¿La hará Estados Unidos para borrar la negra realidad del apoyo a gobiernos dictatoriales, golpes de estado, expoliaciones varias? Las cumbres presidenciales latinoamericanas se iniciaron en el año 2000. La idea de una comunidad suramericana se aprobó en Cusco, Perú, en 2002 y la idea de una Unión Suramericana se aprobó en la cumbre energética de la Isla Margarita en 2007. En el 2008, la cumbre de Brasilia reunió a 12 países, y allí Luis Ignacio Lula da Silva dijo entusiasmado que se estaba logrando un sueño “más grande que el de Bolívar”, quien pensó en la Gran Colombia, que uniría Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador, cuando “nosotros estamos creando la gran nación suramericana”

La lectura del Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas es un bálsamo para el corazón. Veamos el comienzo: “La República Argentina, la República de Bolivia, la República Federativa del Brasil, la República de Colombia, la República de Chile, la República del Ecuador, la República Cooperativa de Guyana, la República del Paraguay, la República del Perú, la República de Suriname, la República Oriental del Uruguay y la República Bolivariana de Venezuela, Preámbulo APOYADAS en la historia compartida y solidaria de nuestras naciones, multiétnicas, plurilingües y multiculturales, que han luchado por la emancipación y la unidad , honrando el pensamiento de quienes forjaron nuestra independencia y libertad a favor de esa unión y la construcción de un futuro común....” Hay que leer todo el Tratado, que se puede encontrar fácilmente, para darse cuenta de lo que está pasando. Falta que Obama y sus asesores estén a la altura de las circunstancias y sepan entender este momento histórico en toda su grandeza y se inicie una nueva era de comprensión y respeto mutuos. Leda Schiavo, poeta argentina, reside en Buenos Aires

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Noam Chomsky:

Grandes obstáculos que sortear en Latinoamérica Por Roberto Manríquez | © Rebelión

Sólo en 2002 se supo en un seminario en La Habana que en lo más álgido de la denominada crisis de misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética, cuando un submarino nuclear soviético fue atacado en aguas internacionales por misiles norteamericanos, un grupo de tres oficiales debió tomar la decisión de responder con el armamento nuclear disponible el ataque estadounidense, una discusión que se zanjó sólo cuando el oficial Vasily Arjipov negó su asentimiento. Que el incidente sea casi desconocido o no sea materia de análisis en las universidades o medios de comunicación muestra una señal preocupante sobre lo que consideramos verdaderamente importante o académicamente pertinente; es difícil no considerar el hecho que una opinión diferente de Arjipov entonces simplemente nos hubiera conducido al fin de la historia en un sentido literal.

Han pasado más de cuarenta años del incidente y la actualidad mundial, incluyendo el reciente ataque israelí a la población palestina en Gaza aún nos devuelve a las mismas inquietantes interrogantes que han atravesado nuestra terrible época contemporánea. Sobre el papel de los intelectuales, de los medios de comunicación y el actual curso de la historia, en especial el actual derrotero de América Latina sostuvimos una breve conversación vía correo electrónico con el respetado profesor Noam Chomsky, un eminente académico cuyas opiniones suelen precisamente no coincidir con la academia y los medios. —En Chile y Argentina la impunidad aún caracteriza las masivas violaciones a los derechos humanos que ocurrieron en los 70’s, sin embargo a medida que uno avanza hacia el norte del continente, en Centroamérica las masivas violaciones a los derechos humanos parecen tornarse invisibles. —En América Central las atrocidades siguen invisibles debido a que los EE.UU. son directamente responsables, así que por lo tanto están fuera de la agenda de los intelectuales, medios de comunicación y de la clase política en general; y las sociedades son relativamente débiles y han sido tan devastadas por la política de terror de los EE.UU., por lo que les ha sido difícil ir más allá de las Comisiones de Verdad. En Sudamérica, el rol de los EE.UU., fue crucial pero más indirecto y las sociedades están menos sujetas a la dominación de EE.UU., y tienen muchos más recursos internos, en todo ámbito. No obstante, aún en Sudamérica el progreso hacia esa responsabilidad está limitado. En Chile, por ejemplo, bastante después de la caída de la dictadura, médicos que estuvieron involucrados en tremendas atrocidades, en las torturas de Pinochet, siguen atendiendo en Santiago, abiertamente. El punto básico ha sido reconocido por académicos serios, incluyendo aquellos que se autoidentifican como neo-reaganianos, como Thomas Carothers. A pesar de sus claras convicciones, él reconoce que hubo progreso hacia la democracia en Sudamérica a pesar de los esfuerzos de Reagan por evitarlo, pero poco en América Central, donde la influencia de los EEUU era mayor. El es el más respetado académico de la “promoción de la democracia”, pero reconoce la realidad.

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—Pese a esto usted ha señalado que el momento actual representa la mayor era de autonomía para el continente, desde la invasión europea hace más de 500 años. —Los cambios en los últimos años han sido realmente dramáticos, pero hay grandes obstáculos que sortear. Es imposible predecir, demasiado depende de la voluntad y la elección. —Una de las características más llamativas de este expectante proceso del movimiento social en muchos países del continente es la ausencia de intelectuales. —Movimientos populares masivos, como el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil o el movimiento Indígena en Bolivia y en cualquier parte, raramente atraen la participación o aprobación de los intelectuales, que tienden a preferir un rol de liderazgo. —El gobierno de Evo Morales parece representar un exitoso desafío a años de dominación. Morales cuenta con el apoyo regional expresado en la última cumbre de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) en Chile. Hoy un Golpe de Estado parece inimaginable, esto representa un avance indudable ¿no? —El apoyo a Morales de parte de UNASUR fue un evento extremadamente importante. Morales no estaba exagerando cuando agradeció a UNASUR por su apoyo, observando que “por primera vez en la historia de Sudamérica, los países de nuestra región están decidiendo cómo resolver nuestros problemas, sin la presencia de los Estados Unidos”. Una medida del significado del apoyo de la UNASUR es que la prensa libre de los EEUU entendió que podía bien no ser mencionado. Los EE.UU., han sido incapaces de parar la “marea rosada” mediante los métodos tradicionales de violencia y estrangulamiento económico, como en el pasado. Pero esas amenazas no son impensables. —Algunos gobiernos populares de izquierda en el continente podrían verse tentados a responder al acoso constante e inclusive al ataque directo de los Estados Unidos o Europa adoptando algunas formas personalistas o autoritarias haciendo el juego precisamente a los sectores reaccionarios o regresivos de la sociedad. —Este es un peligro que debe ser reconocido y superado.

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Movimientos populares masivos, como el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil o el movimiento Indígena en Bolivia y en cualquier parte, raramente atraen la participación o aprobación de los intelectuales, que tienden a preferir un rol de liderazgo. —Sobre los medios de comunicación en la mayoría de las universidades chilenas y sospecho en el continente abordan el caso Watergate como el ejemplo quintaesencial de periodismo de investigación, sin embargo usted ha señalado en varias ocasiones que aquello no fue más que un cotorreo entre burócratas al lado de Cointelpro que fue descubierto al mismo tiempo y que apenas fue recogido por los medios y que en consecuencia es prácticamente un hecho desconocido. —La comparación de Watergate y Cointelpro y la reacción a ellos por parte de las clases educadas, es muy reveladora. Fueron puestos al descubierto al mismo tiempo, Watergate en la prensa, Cointelpro en los tribunales. Watergate involucró un poco de criminalidad de parte de la administración – dirigida contra gente privilegiada. La “lista de enemigos” de Nixon, por ejemplo, causó gran escándalo, no porque yo estaba ahí (de hecho yo figuraba), sino porque incluyó a figuras prominentes del gobierno y el mundo corporativo. Nada ocurrió a ninguno de los que aparecimos mencionados en la lista, pero los cimientos de la república tiemblan cuando a gente importante se le insulta en privado. Esto es cierto con respecto al resto de Watergate. La exposición de Watergate se observa como uno de los mayores triunfos de la prensa libre, que salvó a la democracia de la destrucción. Cointelpro era un programa de subversión llevado adelante por la policía nacional política (el FBI) a través de cuatro administraciones: Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon. Al principio se orientó al partido comunista, el movimiento de independencia puertorriqueño y otros grupos marginales, pero continuó en los sesentas apuntando a los movimientos negros, los movimientos antibélicos, movimientos feministas y toda la Nueva Izquierda. Iba mucho más allá de la criminalidad insignificante de Watergate. Alcanzaba ribetes de asesinato político estilo GESTAPO: específicamente, el asesinato del muy exitoso organizador negro Fred Hampton a manos de la policía de Chicago, preparada por el FBI después de que habían fallado en incitar una banda de su propia comunidad para hacer el trabajo por ellos. A diferencia de Watergate, Cointelpro es desconocido y pocos siquiera se enterarían jamás del asesinato de Hampton y junto con él de Mark Clark, ambos durmiendo, Hampton posiblemente drogado. Casi no hubo cobertura de los medios de comunicación, excepto

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por algunas noticias en Chicago. Ni tampoco remeció las bases de la república. Aprendemos mucho acerca de la cultura intelectual a partir de estos fenómenos paralelos. —La victoria de Barack Obama ha sido presentada con euforia por los medios en general en el continente, como la representación del cambio, en algunos casos haciendo una analogía con la llegada al poder de John Kennedy, sin embargo esa administración dejó una terrible herencia en el continente que no es mencionada muy a menudo. —La analogía con Kennedy tiene algo de validez. En ambos casos fue un triunfo de relaciones públicas. JFK fue el primer presidente en usar la televisión eficazmente. Y también entendió que los intelectuales son fáciles de convencer, si les sobas el lomo y les dices cuánto los admiras, tienes garantizada una imagen favorable. La campaña de Obama fue bien entendida por la industria de las relaciones públicas. El ganó el premio por la mejor campaña de marketing del año por parte de “Era de la Publicidad”, una de las publicaciones líderes de la industria. Y es muy admirado por los líderes de esta industria quienes hablan abierta y orgullosamente acerca de cómo han estado “manufacturando candidatos tal como marcas de consumo” por 30 años, desde su triunfo con la “marca Reagan”. La terrible herencia de la administración Kennedy puede ser mencionada y pasar como un error atribuible a exageradas preocupaciones sobre la Guerra Fría. Pero eso es normal. Es un principio fundamental de la cultura intelectual que “no podemos” hacer daño, aunque podemos cometer errores, como el esfuerzo por “liberar” Irak: una “equivocación estratégica” en palabras del mismo Obama. Es muy interesante que su muy carente de principios crítica hacia la Guerra de Irak sea destacada como “de principios” por las clases educadas. Y en ocasiones individuos malos puedan afectar nuestro noble esfuerzo. Estas prácticas se acercan a un histórico universal, aunque hay por lo general una cantidad de disidentes que son marginados, o peor, dependiendo de la sociedad. Roberto Manríquez es periodista chileno.

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Obama 2.0 Luis Miguel González

La campaña de Barack Obama se parece a Facebook, dijo en noviembre de 2007 Mark Penn, el estratega en jefe de la campaña de Hillary Clinton. Estaba tratando de insultar a Obama y su equipo de campaña. Cuando lo dijo, su palabra pesaba; Penn era considerado uno de los mayores cerebros de la estrategia política en Estados Unidos. Había asesorado al británico Tony Blair y a Bill Clinton. Penn, además había escrito un libro cuyo título es más que sugerente: Microtendencias, las fuerzas pequeñas detrás de los grandes cambios. Penn demostraba en su libro cómo una minoría muy pequeña, equivalente a 1 por ciento de la población, se podía convertir en el detonador de un gran cambio en la cultura, los negocios o la política. Algo le pasó a este sagaz estratega. No supo, no quiso o no pudo ver lo que estaba pasando en la tienda de enfrente. La mezcla de tecnología, participación social y un estilo de liderazgo sustentado en la oratoria hizo trizas los pronósticos. Barack Obama fue el marketer of the year, para la revista Advertising Age, una de las principales publicaciones especializadas en mercadotecnia y publicidad. Su campaña, dijo la publicación, fue un ejemplo de equilibrio entre una estrategia de masas y las redes sociales. El mensaje fue tan claro, potente y coherente que estuvo al nivel de las usadas por grandes marcas como Nike o Target. En noviembre de 2007, las casas de apuestas colocaban como favoritos a Hillary Clinton y Rudolph Giuliani. Del senador afroamericano Barack Obama se esperaba que fuera un animador de la contienda. La ex primera dama se refería a él como un excelente prospecto... para 2016. El uso de la Internet es responsable del campanazo. Barack Obama no es el primer político en utilizar la red, aunque nadie había llegado tan lejos. Su sitio Web, Mybarackobama.com, tiene más de un millón y medio de usuarios registrados y sigue funcionando después de la elección. Sirvió para impulsar la recaudación de fondos para la campaña. Era el “pizarrón de avisos” para indicar cuándo y dónde serían los eventos del candidato y de sus seguidores. Mybarackobama.com fue también un espacio para reunir datos sobre los votantes. Tenía información detallada barrio a barrio en cada uno de los estados de la Unión Americana. Ninguno de estos aspectos fue nuevo en sí mismo. El precandidato Howard Dean utilizó la Internet en 2004 y el propio John McCain en 2000 y 2004. Los videos de Obama fueron vistos por 98.7 millones de personas en Youtube. En total fueron 14 millones de horas, que en medios convencionales habrían costado entre 80 y 120 millones de dólares. A través de Facebook, 2.3 millones se definieron como amigos del candidato. Tres millones de personas donaron cerca de 600 millones de dólares, en contribuciones pequeñas.

cómodas estableciendo conexiones significativas con gente que formaba parte de su barrio o compartían sus gustos. Se crearon más de 35 mil grupos de afinidad en apoyo a Obama. Unos tenían que ver con el lugar o barrio de residencia y otros con el tipo de música que escuchaban o el deporte que practicaban. Los otros aspirantes intentaron copiar el uso de Internet y las redes sociales, pero sin éxito. El equipo de Hillary opuso el Hillary Boy a la Obama Girl y fue horrible. John McCain hizo una gran inversión en su sitio y sólo consiguió que pareciera una circular de Sears. La academia al rescate El uso de MySpace, Facebook, Flickr y Twitter estaba orientado a conseguir un propósito: el fortalecimiento del sistema de relaciones entre los participantes voluntarios. El activismo social hecho por individuos más o menos aislados es un arma de alto riesgo para una campaña larga, por dos razones: puede ser imposible de organizar y es muy fácil que los individuos participantes se agoten antes de que se alcance el objetivo. El antídoto a estos riesgos apareció en la casa de campaña de Obama en forma de un artículo académico. Un par de investigadores de Harvard, Marshall Ganz y Ruth Wageman, habían estudiado el ejemplo de la organización ecologista Sierra Club, con sede en San Francisco, que cabildeó para que México no pudiera vender atún en Estados Unidos por su forma de capturar al pez. Ganz y Wageman encontraron que la subdivisión de la gran causa en grupos de 40 a 300 personas podría ayudar a mantener viva la flama. Esos grupos sirven para compartir experiencias y evitar que el trabajo colectivo pierda sentido a nivel personal. El sistema Ganz-Wageman fue puesto a prueba con éxito en las primarias de Iowa y Carolina del Sur. “Sirvió para construir un sistema de compromisos hacia la gente y hacia los valores, sin perder de vista que se trataba de crear una estructura para conseguir, por ejemplo, dos mil votos”, dijo Ganz a Wired. La comprensión de la dinámica de los grupos y un uso magistral de la tecnología le dieron el triunfo a Obama. No hubiesen podido hacer nada si el demócrata no fuera un portavoz tan eficaz de su propio mensaje. Un total 66 millones 56 mil 046 personas votaron por él. Es imposible saber cuántos votos le dio la Internet, pero un solo dato ilustra su importancia: 46 por ciento de los estadounidenses utilizaron nuevos medios para informarse, compartir sus puntos de vista o movilizar a otros, de acuerdo con una encuesta hecha por el Centro Pew. Una de los grandes misterios a descifrase en las próximas semanas es ¿cuánto del poder de movilización del candidato Obama quedará en el equipo gobernante? El 17 de enero, Obama anunció la creación de organizingforamerica.com. Este espacio, alojado en el sitio del Partido Demócrata, cuenta con una base de datos de 13 millones de personas, correos electrónicos, teléfonos, direcciones electrónicas, etcétera, donada por el propio Obama. Barack Hussein Obama será el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos y el primer mandatario de la era 2.0. ¿Será capaz de anillar todo el poder de las redes sociales y usarlo a favor del cambio que prometió? No será tarea fácil. Los usuarios de las redes sociales son propensos al entusiasmo, pero también hiperexigentes y capaces de apagarse al primer chaparrón. Ya lo dijo el novelista estadounidense Kurt Vonnegut: “La historia es una lista de sorpresas. Sólo sirve para prepararnos para sorprendernos la próxima vez”.

Keep it real, keep it local El gurú del uso de nuevos medios en la campaña de Obama se llama Chris Hughes. Tiene cara de niño y sólo 24 años de edad, además de un patrimonio que vale decenas de millones de dólares en forma de acciones de Facebook. Hughes es uno de los cuatro fundadores de la empresa y renunció a ella para trabajar de tiempo completo en la campaña de Obama a principios de 2007. Su trabajo consistía en utilizar las redes sociales de la Internet para construir grupos de apoyo a la candidatura del afroamericano. La estrategia diseñada por Hughes se basó en uno de los mantras de Facebook: keep it real, keep it local. El objetivo era lograr que las redes de apoyo tuvieran el mismo tipo de relación con el mundo “real” que tienen las redes de Facebook con el mundo real de sus usuarios. El reto era convertir a la Internet en el hilo conector. Las personas se sentirían más

Luis Miguel González, mexicano, es director editorial del periódico Público, y columnista de Milenio y Expansión.

Foto: corbis

Foto: Tribune / Phil Velasquez

Carteles y logotipo diseñados para la campaña de Obama por Shepard Fairey.

Chris Hughes

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Pueden la violencia, la desesperación, la degradación del ser humano, la avaricia llevada al extremo ser bellas? Evidentemente no, pero cuando se ilustra con arte, con palabras que describen actos cotidianos y desaforados como hechos simples que ocurren todos los días, quizás lo foráneo a nosotros mismos empieza a formar parte de nuestra faena diaria, y lo empezamos a ver con otros ojos, tal vez con ojos más benevolentes y permisivos. Eso es muy cercano a lo que sucede en los cuentos de Ramón Betancourt. Estamos acostumbrados a escuchar que la realidad supera la ficción. Pero la realidad a veces es tan inverosímil que es necesario estudiarla a través de la ficción, género que puede esconder cualquier acto racional o irracional del ser humano. Nacido en Tijuana, Baja California, en 1953 y hoy residente del área de San Diego, Ramón Betancourt es testigo de dos culturas, de la que trajo consigo y de la que adquirió con el tiempo, o de esa subcultura que existe en las fronteras, en especial en ese punto de la frontera entre México y Estados Unidos que es Tijuana y

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que a veces pareciera ser un mundo aislado del resto. Un escritor es testigo de su tiempo, alguien que observa la conducta humana, alguien que analiza las miserias de nuestro tiempo y que se expone también a los cambios acelerados y desmesurados a los que la vida nos tiene acostumbrados. Hoy deshoras presenta dos cuentos de Ramón Betancourt. Su biografía dice que estudió la carrera de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en la Universidad de Guadalajara, en 1976, y la maestría en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, en 1977. Después de trabajar en la ciudad de México por tres años en el Instituto de Investigaciones Eléctricas, ingresó a la Universidad de Wisconsin, en Madison, donde obtuvo la maestría en Ciencias de la Computación en 1981, y el Doctorado en Ingeniería Eléctrica en 1984. Ese año ingresó al Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Estatal de San Diego (SDSU), en California, donde se encuentra hasta la fecha. Empezó a escribir en 1994, al día siguiente en que dejó completamente de ver televisión. Su primera colección de cuentos “La Sulamita y otros cuentos” recibió el premio de La Feria del Libro de Tijuana en 1995. Otros de sus libros de cuentos son: “Memorias y otros riegos” (Premio Nacional Abigael Bojórquez, CECUT, 1997),”La furia

de la rutina” (Premio Nacional Efrén Hernández, Guanajuato, 1999), “Salsipuedes” (Premio Chicano/ Latino en cuento, UCIrvine, Arte Público, 2003), “Isla de Cedros” (Premio Estatal,ICBC, 2005), y “Pájaros Ciegos” (Premio Estatal, ICBC, 2007). Una nota interesante sobre la lista de los premios obtenidos por Betancourt es el Premio Chicano/ Latino en cuento, porque este premio tiene la curiosidad de hacer participar al mismo tiempo y en igualdad de condiciones textos en inglés y en español. Los cuentos que presentamos son “Tortugas y gaviotas”, parte del libro Isla de Cedros y “Salsipuedes”, del libro del mismo nombre. En ambos cuentos la visión de los personajes es algo dispar, en “Tortugas y gaviotas”, un jefe de policía decide denunciar a uno de sus subordinados a causa de la mujer de éste, pero su acción lo llevará a descubrir una inusual sabiduría. En “Salsipuedes”, un niño que se refugia constantemente en la mentira se encuentra en la disyuntiva de complacer a todos a través de sus relatos. En ambas narraciones, el textos recorre a detalles mínimos que ayudan a percibir la sicología de los personajes y a entender sus vaivenes emocionales. Sin duda el talento literario de Ramón Betancourt, lo lleva a ser considerado uno de los mejores escritores en español en los Estados Unidos.

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Salsipuedes Ramón Betancourt

Neta que yo casi siempre digo la verdad. Algunas son puras mentiras, como cuando dije que sabía nadar y ya me andaba ahogando en la laguna, o cuando pretendo recordar la cara de mis familiares que hace tiempo se murieron. Ni siquiera me acuerdo de mi madrina, aunque sí de cómo se la tragó la tierra, ni que me fallara tanto la memoria. La verdad es que sólo digo mentiras para complacer a los demás, para que se sientan contentos conmigo, nunca con las ganas de moler o de hacer una maldad. Mi padre se iba los primeros días del mes y regresaba por una noche cuatro semanas después. Antes trabajaba aquí en Salsipuedes, en el basurero pepenando botes de aluminio, botellas, madera; los lunes se encontraba hasta carne y verduras que ese día llegaban de los restaurantes. Pero se necesitan de buenas narices para comer del basurero sin que uno se enferme y, como a la mayoría de los pepenadores, a mi papá ya no le servían para oler, así que a mí me dieron ese trabajo. Los lunes tenía que levantarme bien temprano para conseguir la despensa de la semana antes que llegaran los pepenadores porque lo revolvían todo buscando sus botes y me empuercaban la comida. (Aprendí a no recoger pescado porque no dura mucho; frutas sí cuando no tienen la cáscara dañada, galletas si están secas, y dulces si no me ganaron las hormigas; siempre hay que preguntarse “¿Por qué tiraron esto?”). Todo nos llegaba de allí, incluso mi cama de patas largas ‘antes había sido litera’, y las puertas de cochera que papá usó para construir la casa. La hizo en la parte menos inclinada del cerro pero le dio al piso el mismo ángulo; tanteaba que cuando lloviera el agua pasaría por debajo de los muebles y saldría por detrás de la casa corriendo hacia la cuesta del cerro. El viento atravesaba las paredes y cuando se volvía aún más frío mi mamá envolvía al bebito en bolsas de plástico de supermercado que mi jefe traía en rollitos olorosos a nuevo. Así olía mi hermano a cosas nuevas y no a muela podrida como todo lo demás de la casa. Después de las lluvias la tierra formaba una especie de gelatina por donde salía un gas que le dicen del matano, de un olor muy acedo, dizque se debía a que abajo de noso-

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tros había cosas que se estaban pudriendo, no lo sé. Lo que sí había eran esqueletos, calaveras de muertos que la lluvia sacaba de la basura cuando bajaba de repente; pero eran güesos viejos, como los de vaca, y para nada peligrosos. Al otro lado de la cuesta pastoreaban muchas cabras sueltas tragando basura, una de ellas asesina que le daba por matar a los perros. Mi tía, creo que fue ella quien me contó, no ha de haber sido mi jefe porque nunca platicaba, decía que esas cabras eran descendientes de unos misioneros gringos que cayeron por aquí, que la gente se enojó con ellos y los llevaron a la iglesia protestante, clavaron las puertas y las ventanas, y entonces se convirtieron en cabras. “Oye Nina, ¿de veras que las cabras son curas aleluyas?” Le pregunté una vez a mi madrina. “Pues claro que sí”, me contestó. “La matona debió ser un obispo” y soltó la risa mientras se ajustaba los lentes. Lo cierto es que a la casa llegaba uno de esos misioneros que tantito así le faltaba para tener cara de chivo. Venía por mi mamá para que le ayudara a repartir medicinas entre los vecinos; a mí me sacaba coraje porque nada más le regalaba juguetes al bebito, le decía: “Mi hijito, ¿cómo está mi hijito?”, y le daba una sonaja o una pelotita. A mí me tocaban puras vitaminas. Todo se acabó cuando cambiaron el basurero hacia cerros más despoblados de camino al mar; según eso para construir aquí en Salsipuedes maquiladoras japonesas. Esos señores se trajeron una manada de tractores que hicieron tumbadero de casas. Apeñuscaron lodo y escombro sobre la basura y ahí le pararon. Lo único que hicieron fueron unos paredones que se llenaban de agua cuando llovía, formando con ello una especie de laguna. Mi madrina se fijó que en las laderas levantadas por los tractores había partes llenas de vidrio y aluminio. A pesar de sus reumas se las ingenió para tener dos minas, aunque no decía dónde estaban por miedo a que la robaran. La mayoría de la gente se fue al nuevo basurero, sólo algunos regresaban de vez en cuando a que mi mamá les consiguiera medi-

cinas, y si estaban demasiado enfermos ella misma se las llevaba. Yo le decía que mejor se las vendiera pero ella siempre las regalaba, cuando mucho le daban las gracias, un beso y muchos abrazos. Una noche que llegó mi papá del trabajo me preguntó si habían vuelto los tractores. Había notado que algunas de las casas abandonadas estaban más destruidas que de costumbre. “Las tumbó un remolino”, le dije. “¿Un remolino, eh?” “Sí, yo lo divisé a lo lejos como una nube de polvo gris; como si todo el viento se hubiera puesto de acuerdo de soplar en el mismo sitio para levantar esa polvareda. Después se vino acercando eso como embudo de gasolina dando vueltas y revueltas en el mismo lugar, parecía un trompo de aire pintado de negro y gris. Primero se fue del otro lado de la calle a zarandear aquellas casas como si estuvieran hechas de palillos. Las casas nomás se retorcían y hacían gestos cuando pegaban

contra el suelo. La gente no salía de las ruinas echando gritos porque hace mucho que se fueron, pero sí se escuchaba un rugido que me hacía vibrar todo el cuerpo. Después el embudo ganó para este lado de la calle”. Aquí me detuve. Mi papá se acercó y me puso el brazo sobre los hombros. Yo le daba vueltas con el dedo al agujero que tenía en la camiseta y sonreí con satisfacción. “Le pregunté a tu mamá y, como siempre, ni siquiera se había dado cuenta. Síguele por donde ibas”. “Pues entonces el vendaval se abrió paso por entre las casas de enseguida y sin ningún esfuerzo las arrancó del suelo. Las paredes se zangoloteaban en el aire

y las dejaba caer como si fueran marionetas con los hilos rotos. El manojo de viento negro quedó colgado por muchísimo tiempo, aquí arribita de la casa. Como que le dio lástima bajar sobre nosotros”. “¿Y luego, qué?”, me preguntó mi papá. “Eso es todo. Yo esperé a que de perdida se llevara el techo pero ya nada pasó, se le acabaron las ganas y se fue”. “Ya te he dicho muchas veces que no me andes con mentiras. Fueron los tractores los que hicieron ese desmadre. Quieren acabar ahora sí con todos, y tu mamá nada sabe por andar en el mitote. ¿No se va para otras partes cuando yo no estoy?” Yo sacudí la cabeza para decirle que no fueron los tractores. “Pero si fue un huracán”. Mi papá dejó de abrazarme y se puso a cierta distancia. “A veces ella se va hasta el otro basurero”, le dije. Y entonces me volvió abrazar. Mi madrina guardaba las cartas de amor que sacaba del basurero y decía

que con ellas podía curar torceduras, piquetes de alacrán, úlceras, lo que se ofreciera, siempre y cuando no fuera en alguien a quien ella quería. Entonces su medicina no surtía efecto. Eso dijo cuando no pudo aliviarme de las ronchas que me salieron desde que me metí a nadar en la laguna. Una vez, mientras ella le hacía la lucha por curarme, le dije: “Nina, quiero ir a las minas, nada más para que se me olvide, aunque sea por un ratito, el dolor de las ronchas. “¿Cómo sabes que hay minas?, ¿Cómo sabes si no soy mentirosa como tú?” “Porque puedo ver vidrios y botes saliendo de esas bolsas. Si me lleva le puedo ayudar a cargarlas y así se trae más cosas”.

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“No, están muy lejos y oscuras. Además, aprende a tomar tan sólo lo que puedas usar. De otro modo las cosas nomás estorban, no importa en que tan buenas condiciones las encuentres”. “Si no sirven por lo menos se pueden guardar de recuerdo”. “Mira, todo lo que ahora tienes alguien lo tiró. Tan pronto como levantes una cosa imagínate el momento en que tú también la vas a arrojar. Estas cartas que encontré me enseñan a no darles valor sentimental a los objetos, tienen poca duración. Más duran las memorias”. Después de oír todas sus extrañas ocurrencias y de mucho rogarle, al fin me llevó. Pero tuve que prometerle que a nadie, ni a mi mamá, le iba a decir dónde quedaban. Las entradas estaban al otro lado de la laguna y las tenía cubiertas con pedazos de madera. Había que meterse a gatas de tan bajitas; no eran profundas pero sí olía muy feo. Se metió primero ella para quitar unos vidrios que estaban sueltos y que no me fueran a cortar. “No veo nada”, dijo desde adentro. Ahora creo que fue a causa de los lentes, tal vez se les empañó el cristal, se le cayeron o quién sabe por qué. El caso es que en ese momento pensé que no veía por lo oscuro. Para ayudarla, prendí un cerillo de los que siempre cargo para encender la estufa y de pronto se escuchó un estallido. Sentí que se me reventaban los oídos del trueno, me quedé sin aire para gritar o para respirar. La llamarada momentánea que salió del agujero me hizo brincar, pero alcancé a ver que ella desaparecía en esa como guarida, cubierta de escombros y botellas. Nada más los pies quedaron de afuera; les agarró una tembladera hasta que se fueron aflojando y se pusieron quietecitos. Terminaron cruzados, el derecho donde debía estar el izquierdo, y un lodito negro se empezó a formar con la sangre que le corría por los tobillos. Me agaché y en cuclillas me estuve un buen rato esperando a que pidiera ayuda, pero no escuché que dijera nada. La traté de jalar. Ni se movió de lo bien atrancada que estaba, y mejor le eché más escombro para que las cabras no pudieran escarbar. “Hace días que no se deja ver la comadre”, dijo mi mamá. De seguro ya ganó para el nuevo basurero. No podía decirle que lo único que veo cada que la nombran son sus tobillos tiesos con los zapatos, de medio uso, puestos. Tampoco se me puede olvidar que quedó enterrada acomodándose los lentes. Que yo sepa ella no se ponía los anteojos para dormir. número 62

En la noche, la cabra engatusa a los perros hacia la laguna. Ésta se va cojeando por en medio de la calle como si estuviera herida, y algún perro tonto la sigue, ensalivándose el hocico nomás de pensar que va a comer carne fresca. Cuando la cabra llega a la orilla se esfuma por el pantano que rodea la laguna y el perro la sigue. Entonces se oyen los chillidos del perro cuando lo están ensartando; aullidos de agonía que el eco alarga y acerca. Si por el camino se ve un bulto semejando a la cabra, lo mejor es correrle tan rápido como la lumbre porque ella es la dueña de todo el basurero. A veces deseaba que lloviera bien fuerte para que las aguas se llevaran a la cabra, pero el arroyo dejó de pasar desde que se hizo la laguna. Una noche el arroyo apareció de nuevo. Era muy de madrugada, a esa hora en que el sueño agarra con más fuerzas. Sin que nos diéramos cuenta de qué modo, la pared de barro en la laguna se rompió y el agua, en lugar de bajar por la cuesta, vino a dar primero con nosotros, pujando y abriendo camino. El arroyo se hinchó por esa noche en un río furioso que subió por los bordos y entró gritando en la casa, lleno de coraje como perro del mal. El agua no alcanzó a llegarme de tan alta que estaba mi cama, así que al despertar pensé que era el ciclón que había vuelto para derrumbar el techo. Al bebito sí le tocó porque pegó de alaridos. Mi mamá lo abrazó y me dijo que no me bajara. Ella no sabía qué hacer, corrió por todos lados con el niño grite y grite y como pudo abrió la puerta de atrás. Mi cama estaba enclavada a la pared y aun así se sacudió por unos momentos con el paso del torrente de las aguas negras. Tal vez la inclinación del piso la hizo tomar más carrera. El agua siguió entrando por las ventanas en borbotones constantes, parecía que venían del corazón de un gigante. Ese sonido se fue repitiendo, cada vez más quedo, hasta que el arrullo de la corriente me metió otra vez el sueño. Al día siguiente el río se fue transformando en pequeños arroyos, arrastrando la basura suelta y algunas lagartijas que se retorcían atoradas en el lodo, hasta que desapareció por completo. “Esta vez no quiero sacarte la verdad a fuerzas”, me dijo mi papá. “A ver, dime, ¿tu mamá se fue con otra persona?” Lo vi detenidamente a los ojos para encontrar la respuesta que él andaba buscando.

“Sí, se fue con el bebito y a los dos se los llevó el río”. “¿Cuál río? Ni siquiera ha llovido. No, con otros hombres que hayas visto que la abrazaban, que entraban en la casa?”. Y entendí lo que preguntaba. “Ah, claro, muchas veces, siempre la estaban abrazando”. Mi papá estaba deteniendo la puerta y dejaba entrar un aire muy frío. El viento venía por donde se fue el río, el mismo rumbo por donde también ganó el remolino. Sobre lo negro de la noche se alzaba una luna delgadita, y la poca luz que daba, al cruzar las ruinas de enseguida, echaba monstruos a los pies de mi papá. “Se fue como se han ido los demás y hasta se llevó todas las cosas. Ven, vamos a indagar aunque sea por tu hermano”. “Mejor mañana porque la luna está alumbrando muy poquito y la cabra asesina ya acabó con todos los perros, ahora le quiere seguir con...” “¡Que vengas! ¿Qué no me oyes?” “Es que ese bebito no es mi hermano”, le dije. Entonces él soltó la puerta y se acercó hasta donde yo me encontraba, se agachó y su cabeza quedó a un lado de la mía. “¿Qué quieres decir con eso?” Me espanté cuando se me acercó y me gritó aquello casi al oído. Traté de verle a los ojos. Me le quedé mirando, buscando en ellos lo que le quise decir. “No es mi hermano porque pertenece al misionero”.

Parecía enfurecido. Pensé que me iba a dar de cintarazos, pero nada más se dio la vuelta y salió de la casa. Ya no le dije nada. Lo iba a hacer pero me detuve. La noche siguió llegando y no había nada que yo pudiera hacer. No estaba haciendo nada malo cuando ese policía me apresó como si hubiera cometido alguna fechoría. Lo que yo quería era una gallina que me hiciera compañía. La fui correteando hasta bajar a lo poblado nada más por divertirme “bueno, a lo mejor también tenía algo de hambre”, y por eso me metieron a esta cárcel que ellos le dicen orfanatorio. La directora me pidió que escribiera la historia de mi familia y esto fue lo que puse en el papel: Éramos papá, mamá, un bebito y una madrina. Vivíamos muy contentos en el basurero porque éramos ricos en desperdicios. Había de todo y suficiente para todos. Las cosas se descompusieron cuando los envidiosos japoneses nos quitaron la basura y nos mandaron grandes tractores y un ciclón. Luego a mi madrina se la tragó el volcán de cristal que ella misma hizo. Nunca nos pegó un temblor pero a mi mamá y al bebito se los llevó un diluvio, y no sé dónde están. Lo que sí sé es que papá se encuentra en la mina de aluminio desde que lo acuchilló la condenada cabra asesina, la cual antes era obispo. A mí me apresaron por perseguir a una gallina que le salieron plumas azules, verdes y amarillas. Es todo. “Te pedí una historia de tu familia, no una película”, me dijo la directora. “Esto lo inventaste, ¿no es cierto?” La vi por un momento a los ojos y le dije: “Sí. Pensé que eso era lo que usted quería”. Me llevó de la mano hasta el cuarto de castigo, respiró profundo, sonrió, y dándome de golpecitos en la cabeza me dijo: “Es nuestra obligación corregirte. Para la siguiente ocasión, cuando te diga que quiero la verdad, tienes que escribir la verdad, no más mentiras como éstas. ¿Está claro?” Ya aprendí a decir siempre la verdad pero algunas veces puedo escuchar ecos y ruidos que sucedieron hace mucho tiempo; oigo que me llaman, me piden que les traiga galletas secas y dulces sin hormigas. Han de ser puras mentiras de la cabeza porque aquel lugar terminó muy solo, ni siquiera las cabras han de quedar vivas. Lo que hay son esqueletos que algún día la lluvia va sacar de la basura cuando baje de repente. Quisiera verlos entonces porque esos muertos siguen existiendo, y la verdad es que ya me están abandonando, también, las memorias de sus voces y sus caras.

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Una expresión de color, forma y espacio Delia Negro

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1. Máscara 6 - "Schandenmaske XIV". Serie Máscaras Schandenmaske. 2008. Óleo sobre lienzo. 51 x 40,5 cm. 2. 16 - "Rostro de los secretos". Serie Máscaras Schandenmaske. 2008. Óleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. 3. E1 - "These boots are made for walkin' (Versión II)". Serie La Guardia Place. 2008. Óleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. 4. X2 - "Máscara desocupándose en figura". Serie Desocupaciones. 2008. Óleo sobre lienzo. 200 x 200 cm.


l viernes 23 de enero se inauguró en el Instituto Cervantes de Chicago una muestra que ha despertado gran interés en el ambiente artístico de la ciudad. La potencia visual de la imagen es lo primero que sorprende al acercarnos al salón de exhibiciones. Este espacio parece reducido para la observación; pero tal vez este montaje contribuya a producir el impacto buscado por el autor a través de una imagen pictórica fuerte, atrapante, sorprendente, envolvente, que nos detiene a reflexionar antes de atrevernos a incursionar en el lugar. Su autor, José Manuel Ciria, nacido en Manchester en 1960, pero español por formación, se presenta en su quehacer artístico con gran impacto de colores y formas, distribuidos en una superficie pictórica de amplio formato. Su movimiento vital se define en las gamas del negro, blanco y gris coronados siempre por un rojo brillante que estalla en una explosión de esencia de lo español. Los toros, el traje de luces, y hasta el flamenco afloran en su movimiento cromático, sonoro y hasta musical. Su espíritu pasional está dado en la línea, en el trazo, en las marcas y trayectorias de su pincel, que pasan a conformar una imagen sin límites definidos, pero que esconden una forma en una detenida observación. El tratamiento de esta superficie de espacios generosos muestra un ritmo involuntario del color, salpicado, beteado, manchado, esparcido en capas de diferente textura que componen una geometría amorfa, pero equilibrada, en una búsqueda de expresión plástica que se conduce siempre por el camino de la abstracción y del lenguaje conceptual, cuestionándose su propia existencia. En el lenguaje de Ciria la pintura se muestra viva y violenta y se esparce como una erupción volcánica. Sus ideas y reflexiones se expanden como su pintura, siendo ellas el origen de su creación plástica. El énfasis expresivo se intensifica y la comunicación con su público se concreta en una atracción inusual de la mirada del observador.

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Su estancia en Nueva York que data de pocos años ha concretado y madurado su paleta, conservando sus características culturales y evidenciando el impulso de la gran ciudad, de sus espacios y nuevas pasiones, de su abundancia, de su cosmopolitismo y hasta de su aislamiento. Su abstracción tiene raíces en lo cotidiano, pero su mirada y pensamiento están regidos por una profundidad conceptual producto de su madurada trayectoria y su diversidad. José Manuel Ciria figura entre las expresiones más sólidas de la abstracción contemporánea internacional. Su estadía en Chicago significa una excelente oportunidad para apreciar su obra y reflexionar sobre cómo, con su limitado pero fuerte cromatismo, llega a esos niveles de comunicación…. el observador no puede evitar ser partícipe de su experiencia y sentirse involucrado en esa reflexión. Sencillamente atrapante. Instituto Cervantes de Chicago- 31 W. Ohio Street -312-335 1996

mirada cómplice

Delia Negro es profesora de español en el Instituto Cervantes de Chicago


Al igual que con otros incidentes en la Isla, el arresto de Eraclio dio lugar a varias leyendas y mentiras. La verdad es que los infantes de marina desembarcaron de la cañonera José Uribe y no de helicópteros, aunque los del Grupo Táctico de la Federal sí bloquearon la única vereda de acceso. Como jefe de la policía en la Isla yo los guié hasta el lugar y contemplé, desde lejos, la maniobra. Muy impresionante, digna del arresto de un poderoso jefe de traficantes. Al entrar a la casa el comandante del grupo metió la cuarenta y cinco en la funda, se paró enfrente de Eraclio cruzando los brazos en un gesto de placer contenido y, rodeado de chiquillos olorosos a orines le dijo que él, José Pérez, también conocido como Eraclio Salas, se encontraba bajo arresto militar. Eraclio estaba sentado en el sofá, rodeado de cabezas de venados, borregos cimarrones y una gran concha de tortuga, leyendo una revista. Sin soltarla, alzó las manos para que le pusieran las esposas en las muñecas, luego elevó los pies para que hicieran lo mismo en los tobillos. Lo levantaron, con un infante a cada lado, para subirlo al único camión de redilas que había en la Isla, propiedad de la distribuidora de cervezas, y que para ese propósito habían decomisado los del Grupo Táctico.

–No –contestó al tiempo que se alejaba. Eso debió ser suficiente para que abandonara cualquier intento, pero siempre existe un enigma entre hombres y mujeres. Nada tiene que ver con la edad o condición matrimonial. Ni siquiera con el deseo sexual. Hay una especie de tanteo entre los dos, y el detalle más pequeño —una breve mirada— lo puede iniciar. Y como todo hábito, sobre todo con los vicios, una vez arrancado se mantiene por sí mismo. Las otras veces que me le acerqué por motivos de trabajo alcancé a percibir en el aire algo en ella —un espíritu osado y a la vez cautivante–. Marcela era de cintura breve; las caderas, contenidas en sus pantalones ajustados, se le veían en forma y dispuestas a todo. También tenía una manera atractiva de echarse hacia atrás el pelo como si fuera un manojo de problemas. Mi fortuna empezó a decaer cuando el delegado tuvo un ataque de interés por la isla y se enteró que estaba destruyendo la droga decomisada en lugar de turnarla a los federales. Días más tarde también mandó un oficio que decía: “...cualquier expendio de más de cien pesos debe ser primero autorizado por esta oficina”. Cuando lo recibí ya había dispuesto de mil pesos, los cuales tuve que cubrir multando a unos turistas a quienes Eraclio sorprendió con una tortuga carey en el yate. Les hice pagar 1,300 dólares y decidí regalarle a Eraclio los restos de la tortuga, junto con un billete de cien dólares, el cual puse en la bolsa de su camisa. La intención era de irlo entrenando, pero el efecto fue de casi provocar lágrimas en los ojos de un hombre adulto. Me tomó la mano entre las suyas y me dijo: –Estoy sumamente agradecido. A Marcela le va gustar la tortuga. ¡Muchísimas gracias! También le pedí a Eraclio que se encargara de la droga. El trabajo consistía en recoger del mar lo que fuera literalmente cayendo del cielo. En ese tiempo, las avionetas soltaban los paquetes cerca de Punta Gorda o de la Caleta, dependiendo de las corrientes marinas (por ejemplo la Kiro Siwi, llega del norte), las cuales a su vez dependen de cada mes del año. Después de unos días –suficientes para que mi generosidad circulara de Eraclio a su esposa–, vi a Marcela en el malecón y le pedí al encargado del depósito que la alcanzara con un refresco para el camino. Minutos más tarde ella se acercó a la motonave. –Qué bonitas botas –le dije–. Me imagino que nuevas, ¿verdad? –desde la cubierta estiré la mano y le pregunté–: ¿Ahora sí me permite que la lleve a su casa? Marcela aceptó, la ayudé a subir y solté las amarras. Luego enfilé hacia el mar y el viento me alzó los pelos de la nuca. Sentí frío en el cuello. Traté de navegar directo a lo largo de la bahía, como si Marcela fuera a bajarse en medio del océano si no lo hacía con rapidez. Minutos más tarde, al pasar la punta de la escollera portuaria y estar en mar abierto, supe que había cometido un error. Era nuevo en cosas del mar y nunca había zarpado en aguas tan violentas. El oleaje que castigaba a lo largo de la nave llegaba de la boca de la bahía, y las crestas semejaban sonrisas crueles. A cada embate, la nave se balanceaba, alzándose sobre el mar para caer cada vez con mayor fuerza. Marcela se había parado a un lado del timón; miraba el mar a pesar de lo rudo del viaje, como buscando algo que hubiera perdido. Enfrente, el extenso espacio no tenía más forma que la dada

Tortugas y gaviotas

Llegué a conocer a Eraclio cuando mi amigo Francisco B. Gómez, el delegado municipal, me hizo jefe de la policía en Isla de Cedros. Lo hizo tal vez recordando nuestros viejos tiempos como miembros del partido de oposición, pues la única experiencia policíaca que yo tenía era haber sido arrestado, junto con él, por participar en una manifestación. La isla estaba sin policías antes de que yo llegara y lo primero que hice fue sancionar a todos los que estaban quebrantando la veda del erizo rojo. Esto no me ganó simpatías con los isleños pero le dio mucho gusto al delegado. Después traté de reclutar a más agentes; no deseaba que fueran locales pero estaba teniendo problemas en encontrar quien quisiera vivir en la isla –la soledad que aquí domina es demasiado para algunos, sobre todo para los que tienen familia–. Cuando Eraclio llegó, me encontraba en el patio de la casa que habilité de comandancia, desamarrando a un delincuente que a falta de cárcel había atado a una de las vigas. (La Constitución obliga a soltarlos después de treinta y seis horas si no han sido acusados formalmente ante un juez y el más próximo está en la península.) Lo observé mientras se acercaba, y aunque ser policía requiere de una apariencia que inspire respeto, había algo cómico en este hombre tan delgado y de enormes orejas que sostenían un gran sombrero negro. –Me dijeron que andaba buscando agentes– dijo Eraclio. –¿Qué se le ofrece?– le pregunté. No le puse atención porque lo había alcanzado la agitación provocada por su esposa y los niños. –Acabo de llegar a la isla y me contaron que ocupa ayuda. Había cuatro niños, aunque uno o dos eran de él. Los introdujo a todos, incluso al bebito en brazos de la madre, pero sólo

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alcancé a oír el nombre de ella: Marcela. Era una india seri, de la costa del golfo; bajó el mentón y sonrió hacia el suelo cuando oyó su nombre. Precisamente esa mañana, el correo, que llega a la isla una vez por semana, me trajo la noticia de que uno de mis reclutas había cambiado de opinión. Le pregunté a Eraclio si sabía leer y escribir, sobre todo si sabía manejar armas de fuego. –Las he usado toda la vida– contestó. No recuerdo haber indagado la razón de esa respuesta, aunque Eraclio nunca llegó a usar la pistola, propiedad del Departamento. Eso contrastaba con otros agentes quienes la disparaban casi a diario y que duraban sólo semanas en el trabajo, aun dándoles las tareas más sencillas. A Eraclio le asigné todo tipo de labores y nunca se quejó. También los pescadores le tenían confianza por su manera tan tranquila de resolver problemas. Por ejemplo, la ley no distingue pero él notaba entre quebrantar la pesca ribereña para sobrevivir o para hacer comercio. A los isleños los dejaba ir con advertencias. A los que nunca perdonaba era a los piratas que venían de la península y menos a los turistas. Siempre se podía esperar que actuara de cierta manera, de hacer lo apropiado en cada ocasión. Las veces que se quitó la camisa mostró una gran cicatriz que le atravesaba diagonalmente la espalda, que parecía correrle como un río enojado. Contó dos o tres versiones de lo sucedido y al momento de decirlas cualquiera que lo oyera se volvía crédulo. Alguien lo había atravesado con un machete; un tiburón lo atacó: la cicatriz se volvió el secreto y signo de sus pasadas vivencias. Con la adición de Eraclio las cosas marchaban bien en la isla y el delegado se mantenía alejado en Ensenada, en la lucha constante por avanzar en su carrera política. Me sentí con tanta seguridad que pasaba las tardes en la motonave del Departamento, anclada cerca del depósito de cervezas (ya hasta había adiestrado al dependiente para tenerme surtido). La motonave, un regalo de los gringos, estaba equipada con lo más moderno en comunicaciones. Periódicamente tenía que ajustar la antena parabólica sobre el puente de mando porque las gaviotas la desalineaban y en lugar de estar viendo alguna película porno en el televisor, miraba puras rayitas. Podría haber otras embarcaciones alrededor pero las gaviotas siempre preferían meterse en la antena. Pronto noté que Marcela pasaba por ahí, casi siempre sola. Vivían en la otra punta de la bahía, en una casa apartada de todas las demás. Si ella me veía yo la saludaba alzando la mano, con toda propiedad y respeto pues estaba casada y con uno de mis empleados. Pero una tarde se me subió lo que bebía y, sabiendo que estaba fuera de lugar, bajé a ofrecerle una cerveza. Me vio como si la hubiera ofendido. –¿Para mí? No gracias –dijo, mirando al suelo, mientras que yo quedé con el brazo estirado, sintiéndome un tonto. –¿Quiere que la lleve a su casa? Se tarda menos por mar.

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por los diferentes tonos de azul. Más allá se veían las puntas de los peñascos de San Benito. Con cada nueva embestida la nave parecía hundirse más de cabeza, la proa escarbaba el agua mientras que la hélice se aceleraba en el aire. La última sacudida al caer en un valle despertó a Marcela de su trance y volteó a verme extrañada. Comprendiendo mi inexperiencia, me hizo a un lado y se abalanzó sobre el timón para forzar la nave a cambiar de rumbo. Viró zigzagueando primero un tramo largo paralelo a la bahía, con el viento y las olas a proa, luego uno corto con el viento en esquina. Yo francamente estaba asustado y me acerqué a su espalda, poniéndole un brazo a cada lado para apoyarme en el timón. Las olas nos movían con cierto ritmo hacia la derecha, hacia la izquierda, y de pronto hacia atrás. Marcela era una mujer que había dado a luz cuatro veces en la misma cantidad de años, pero noté su cuerpo flexible, sólido. Sentí en la cara la tibieza de su cuello, las puntas de su pelo fragante a chamizo; mis manos encontraron sus manos endurecidas por la fricción del trabajo manual. Ella siguió navegando y yo no dejé de apreciar su cercanía, esos olores familiares en alguien desconocido. Nos movíamos y luego quedábamos en el mismo lugar, como si estuviéramos bailando, reclinándonos uno contra el otro. Marcela casi no habló durante el viaje; era su forma de defenderse, pero yo creí escucharla en otras maneras. Al llegar al muelle, cerca de su casa, me bajé de un brinco y eché amarras. Luego le tomé la mano para ayudarla a descender (¡¿era ella quien ocupara ayuda?!) y la mantuve sujeta entre mis brazos. –¿Puedo pasar a verte en alguna ocasión? –le pregunté. Ella miró al suelo, movió el pie como si estuviera apagando un cigarro. –A Eraclio le caes muy bien –contestó. –Eraclio es una buena persona. –Está muy contento de que le hayas dado trabajo. –Entonces, ¿puedo venir a verte mañana? –No, mañana no –me dijo jalando su mano; luego caminó hacia la casa, con las manos metidas en las bolsas traseras del pantalón; parecía que con ellas se iba guiando en el camino. Después de esperar unos días mandé a Eraclio a la Caleta. No era la temporada pero eso lo iba a mantener ocupado todo el día. Esta vez fui en carro. Al tocar la puerta la niña de dos años la abrió media dormida. Le sonreí. Marcela apareció a sus espaldas. –Marta, ven acá –le dijo. Entré. El brazo de una muñeca y varias revistas estaban en el suelo. Colgadas en la pared de la sala había varias cabezas de venados, de borregos cimarrones y el caparazón de la tortuga que yo les había regalado. Marcela fue a acostar a la niña; yo la esperé en el corredor. Cuando salió del cuarto, la tomé de los hombros y la besé. Su boca estaba abierta y lista. Puse la mano en su pecho, la toqué hasta que en los dedos sentí el pezón responder a través de la tela de la blusa. La desvestí a la manera de un amante primerizo; ella sin poder decidir si yo deseaba su ayuda o no con el sostén. Al final forcé el broche y la encontré desnuda y hermosa entre mis brazos. La jalé hacia el piso. Sólo cuando estuve en ella, apuntalado de las patas de una silla para mayor tracción, fue que Marcela rompió su timidez lo suficiente para emitir un sonido. La siguiente vez que fui lo hicimos enfrente del bebito. Éste se rió y balbuceó, lo mismo que la madre, lo

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cual tuvo el efecto de excitarme más, y para el tiempo que acabamos habíamos recorrido el piso de una esquina a la otra del cuarto. Después de encender unos cigarros le pregunté a Marcela sobre las cabezas en la sala. Eraclio las había cazado, me dijo, menos la tortuga. Marcela tenía una manera especial de apreciar a las tortugas. Me explicó que en su pueblo, del lado del golfo en la península, se aprovechan cada una de sus partes, desde los dientes para hacer medallitas, hasta las tripas, que tuercen con cuidado y usan como de hilo de pesca. –Nadie nos va a usar así cuando nos muramos –dijo Marcela, quitándose el pelo de la cara y echándolo sobre el hombro. –¿Y dónde aprendió a disparar tan bien? –le pregunté. –Me imagino que en el ejército; estuvo en el colegio militar de Copilco. Marcela tenía las manos detrás de la espalda, concentrada en enganchar el broche semidestruido del sostén. –No sabía que hubiera estado en el ejército –le dije. Estaba seguro que lo hubiera observado en la solicitud de empleo. –Tal vez me equivoque y lo aprendió en otra parte –contestó–; los hombres no siempre me dicen toda la verdad. Continuó vistiéndose. Luego me contó que gentes en su pueblo creen que los curanderos pueden convertirse en tortugas. Le pregunté cómo eran capaces de cazarlas si las consideraban sagradas. –Las tortugas, aún muertas, vuelven al mar, no mueren de verdad. Yo tampoco voy a morir –dijo sonriendo, más con los ojos que con los labios–; también regresaré al mar –luego terminó de vestirse en silencio. Al día siguiente saqué del archivo la solicitud de Eraclio. En el espacio para indicar cualquier experiencia militar que hubiera tenido había escrito una sola palabra: ninguna. Esa tarde sujeté a Marcela contra el piso de la cocina y ella me cobijó con sus piernas morenas mientras que a un lado el bebito chupaba su biberón. Entonces me contó más acerca de Eraclio. Ya habían pasado varios años y esperaba que cambiando el sexenio se olvidaran de él. No cometió ningún crimen, excepto desertar. Lo hizo durante el conflicto en el sur; le tocó presenciar algunas acciones y ya no quiso participar en eso (“batallas” y “masacres” fueron las palabras que usó, sin dar detalles). Me rogó que no le dijera a Eraclio que yo sabía. –No te apures –dije, besándola en los labios. Días después me pidió que no fuera a verla por algún tiempo. –¿Te sientes culpable? –le pregunté. –Eso es invento de ustedes –dijo sonriendo–. Esto entre tú y yo no es nada. –¿Entonces qué es? Miró hacia otra parte, según era su costumbre, evitándome la cara. Se puso un cigarro en los labios, prendió un cerillo y contemplando la flama sin acercarla al cigarro me dijo: –Sólo quiero tener una vida como la de todos los demás, con los niños y Eraclio, en un lugar donde nos dejen vivir en paz. No creo que sea mucho pedir. Juzgué necesario alejarme por un tiempo. La veía pasar por el malecón, sabiendo que el único compromiso que teníamos, con el mínimo dejo de verdad, era el de gozarnos uno al otro.

Una mañana, Eraclio me pidió que nos viéramos lejos de la oficina, que tenía algo importante qué decirme. Le dije que lo esperaba más tarde en la cantina “Las truchas”. Pasé dos horas tensas esperándolo, sentado en una la esquina bebiendo tecates. El lugar olía a una mezcla de cerveza rancia, aceite de pescado y desinfectante de baño. Había sólo un par de “profesionistas” en una mesa del centro, muy metidos planeando de seguro la reapertura de la mina de plata o la nueva salinera de Essa. Decidí negar lo que me reclamara dado que las cosas ya habían más o menos terminado con Marcela. Aceptarlo no tenía sentido; hasta podría ser peligroso; un error que había que borrar de la memoria. Cambié a tequila y tan pronto la mesera me dejó el primer trago, Eraclio entró al local. –¿Me permite que me siente? –preguntó al acercarse. –Claro, desde luego. Eraclio se acomodó en la silla. Le costó varios intentos en decidir qué hacer con las manos. Finalmente las puso sobre la mesa, una al lado de la otra y se aclaró la voz antes de hablar. –En cosas del trabajo no quiero guardar secretos –dijo. –Yo tampoco los deseo. –En otras chambas he cometido más errores que una recua de mulas, pero aquí necesito quedar bien; hay mucho de por medio. Ante cualquier otra persona o en otra situación, yo también le hubiera admitido que tenía mi cosecha de errores. Eraclio apartó las manos de la mesa y se recargó en la silla, sus ojos hurgándome la cara. La joven mesera se acercó, Eraclio le pidió, con una sonrisa casi paternal, un refresco para él y otro tequila para mí. –El último fin de semana –continuó Eraclio cuando se fue la mesera– había veintiún paquetes en el cuarto de consignación. Pero esta mañana hay sólo nueve. De los puros isleños decomisé más que eso. “¿Paquetes, cuartos de consignación?”, pensé. Me sentí mareado, con ganas de llorar de alegría, pero me contuve y le pregunté: –¿Estás seguro? –Tan seguro como estar sentado aquí. –A lo mejor no contaste bien. –Lo voy a decir sin rodeos –respondió con cara preocupada–: ya ha sucedido antes y siempre coincide con las visitas del delegado. –Pues entonces habrá que ver para otra parte. –Por el momento, pero eso al final nos va a perseguir. Escuché mirándolo con atención, tratando de leer todo. Su rostro ya no mostraba nada más. –Es muy delicado –le dije– acusar al delegado de algo así. Empecé a tomar confianza a medida que le hablaba y a hacerlo de manera rápida y dura, casi gritando. Entre más le reclamaba su acusación, Eraclio más se quedaba en silencio, protegido por una especie de paciencia muda que llegó a sacarme de quicio. Noté que los demás en la cantina nos ponían cuidado; no dije nada por algunos minutos. Luego que

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se me bajó la excitación le agradecí el informe y le pedí que no hablara de esto con nadie mientras yo investigaba el asunto. Al día siguiente llamé desde la motonave a la base militar de El Ciprés, en Ensenada, usando la frecuencia de onda corta. Me mandaron a lo largo de una cadena de personas a las que les conté la misma historia. Finalmente les tuve que enviar una fotografía donde aparecíamos todos los empleados del Municipio en la isla. El viento soplaba con fuerza el día que arrestaron a Eraclio, por lo que el avión que enviaron para llevarlo directamente a la capital no pudo despegar, así que lo guardaron en la cárcel que Eraclio había ayudado a construir. Todo esto me dejó confundido y desde temprano empecé a tomar de la botella que guardaba en la motonave. A mitad de la tarde, agotado y lleno de alcohol, me llegó el deseo de verlo antes de que se lo llevaran. Al principio los infantes no me dejaban entrar, pero les recordé que estaban usando “mi” cárcel y pude verlo por cinco minutos. Eraclio estaba solo en la última celda del corredor, parado con los brazos colgando justo fuera de la luz, entre la ventana enrejada y la pared del fondo. Se veía más delgado, con los amplios pantalones apeñuscados en la cintura bajo una enorme hebilla metálica. El pelo hirsuto se le había alzado y mostraba sus enormes orejas, única parte que no se le veía golpeada o desnutrida. Movió la cabeza hacia los lados cuando me vio. –No te preocupes –le dije al entrar–; pronto se va aclarar todo. Sabía que eso no iba a suceder, pero había que decirle algo. –No –me dijo–, no es nada que usted pueda arreglar. El oírlo me bajó un poco lo borracho y empecé a sentirme incómodo, con mucho calor. Le pregunté si ocupaba algo; él sacudió la cabeza. Le dije que el trabajo sería suyo cuando esto se arreglara. Sonrió y movió de nuevo la cabeza, como si fuera una vergüenza que yo no entendiera lo serio del asunto. Los guardias bajaron el volumen al radio, dándome la impresión de que estaban escuchando. No pude pensar qué más decirle, aunque sentí que mi propia vida, exactamente en ese instante, pasaba enfrente de mí –en rápida caída– casi sin que yo me diera cuenta. –Antes le tenía miedo a más cosas –dijo viéndome a los ojos, y sonrió–; ahora sólo siento un nudo en el estómago. No sé por qué dijo eso. Tal vez estaba perdido en sus pensamientos. Ninguno de los dos éramos capaces de ver el resto del mundo o lo que nos iba a suceder en él. ¿Y cómo hubiéramos podido? Los dos ya éramos isleños. Afuera estaba un lugar que ni siquiera parecía existir, un espacio vacío en el cual no contábamos, ninguno de los dos. –Don Ramón –dijo Eraclio–, ¿Marcela le habló de las tortugas? –Sí. –Imagínese, si yo fuera tortuga, el corazón me estaría pulsando a ocho latidos por minuto en lugar de esta matraca; aunque sí nos parecemos en que los machos viven y mueren casi siempre solos. Eraclio se humedeció los labios, buscando otras palabras, pero había excedido sus límites y sonrió. Me acerqué a ponerle el brazo en la espalda, sabiendo que abajo de la camisa corría una larga cicatriz, en un hombre que casi nada tenía pero que de todas maneras, en alguna forma, lo estaba perdiendo todo.

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El clima mejoró y el avión partió más tarde. La tensión me produjo una ansiedad que no era capaz de apartar. Fui en la motonave a ver a Marcela y ella me dejó entrar. Las revistas todavía estaban en el suelo, junto con el caparazón de la tortuga. Les llevé el pastel, los platos y tenedores de plástico que los infantes habían olvidado en la cárcel. Jalé a Marcela del brazo hacia el corredor, dejando a los niños en la cocina comiendo pastel. Hicimos el amor en la cama de Eraclio. Después fui hacia la silla por mi ropa. Marcela se quedó en la cama, con las piernas un poco apartadas, sobándose la parte superior de un seno donde dijo que le ardía la piel debido a la mordida que le di. –Un turista en el malecón –dijo Marcela–, me preguntó si sabía dónde conseguir hígado de tortuga. Dizque es remedio para la impotencia... Desgraciado... –añadió de pilón. Su mentón apuntaba hacia abajo, como si estuviera buscándose algo en el seno. –Tú fuiste quien lo delató, ¿verdad? –¿Qué?... ¡Cómo puedes pensar eso! –dije. Desarrugué la camisa y el pantalón, sacudiéndolos con fuerza–. En primer lugar era el mejor policía que ha tenido la Isla. En segundo, era mi amigo. Había previsto esta reacción y pensado otros argumentos, pero en ese momento ya no me importó si me creía o no; la verdad también es una idea que al final deja de existir. No había nada que le pudiera decir que fuera alterar cómo iba a ser su vida de ahí en adelante; cada cual quedaba por su cuenta. Dejó de sobarse el seno y me miró sin decir nada. Parecía enojada, pero no conmigo; tan sólo con la vida en general. Permaneció acostada. Yo sentí sus ojos quemándome la nuca al ponerme la camisa y los pantalones, luego los calcetines y las botas. Mientras me vestía pensé en la expresión resignada que Eraclio tenía en la cárcel, una idea demasiado complicada para sus propias palabras. Su cara y sus ojos ofrecían el reconocimiento de que sabía quién era, y a dónde se dirigía, aunque no fuera a ninguna parte. No era sólo resignación: parecía que también estaba satisfecho de tener ese entendimiento. Los niños habían terminado con el pastel, uno de ellos quedó dormido en el caparazón de la tortuga y lo manchó de betún. Abrí la puerta y me paré en el marco, mirando hacia el horizonte, donde no podía ver las gaviotas pero sí las oía gritar. El aire se sentía frío, lleno de olores a salmuera y algas marinas. A lo lejos se veían relámpagos, restos de la tormenta que detuvo, por un rato, a Eraclio en su camino. Las gaviotas estaban apiñadas sobre la caseta de la motonave, observándome como si se hubieran transformado en buitres —grises, sucias, crueles–. Nunca supe por qué la preferían; a nadie se lo he preguntado, aunque la respuesta puede ser muy sencilla: les atrae la vida baja, la carroña, una cierta frialdad que ahí encuentran y que todos llevamos, un cierto desamparo que hace que la vida parezca un mar entre dos islas. Entré de nuevo a la casa, saqué al niño del caparazón y llevé la gran concha a la cocina. La lavé con agua y jabón hasta quitarle las manchas de betún y dejarla tan brillante y limpia como cuando Eraclio la vio por última vez. Luego la colgué en su lugar en la pared de la sala y cerré la puerta al salir.

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Escenas de “The Visitor”

The Visitor: Un argumento convincente (y liberador) Gerardo Cárdenas n medio del ruido, el fragor y la gritería que abundan a ambos lados del debate sobre una reforma a la política migratoria de Estados Unidos, las palabras y los mensajes que tal vez viajen más lejos serán los que sean más sutiles, aquellos que sólo se puedan captar con los ojos, los oídos y la mente abiertos. Es, tal vez, mucho pedir en un clima de cacofonías y descalificaciones, donde los egos se imponen al logos. En todo caso, el mejor argumento a favor de una reforma migratoria no lo he visto en Internet, ni en ningún blog, ni en un debate entre los autodenominados “líderes de opinión”. El mejor argumento entró por los ojos, acompañado de un mensaje sencillo, pero intrigante: “En un mundo de seis mil millones de personas, basta con una para que te cambie la vida”. Esta es la propuesta central del largometraje “The Visitor” (El Visitante), cinta de 2008 del director estadounidense Thomas McCarthy, y cuyo primer film, The Station Agent, del 2003, había ganado bastantes premios. The Visitor, curiosamente, ha pasado más o menos desapercibida en el circuito de premios, algo que podría explicarse por la sencillez casi naturalista de la trama, la cinematografía y la producción. Lo que ciertamente no es pobre, es el mensaje de la cinta, ni el trabajo de sus actores, empezando por el protagonista, Richard Jenkins. El reparto es simple, pero eficaz. Actúan los que tienen que actuar, porque la historia es simple, y a la vez desgarradora, y también esperanzadora. The Visitor se centra en una etapa de la vida de un profesor universitario, Walter Vale, interpretado por Jenkins, y del impredecible salto que le da la vida cuando su camino se cruza con el de una pareja de inmigrantes indocumentados en el Nueva York crispado y desconfiado que ha quedado tras el 11 de septiembre del 2001. Vale es un típico profesor de universidad mediana, más blanco y anglosajón que el plan blanco, y que a las puertas de la vejez atraviesa por una profunda crisis personal y profesional, precipitada por la muerte de su esposa. Vale da una clase de economía, pero no ha cambiado los contenidos ni el currículo de la clase en años, y lo único que lo mantiene atado al mundo es el recuerdo de su mujer, que él trata de mantener, infructuosamente, tomando lecciones de piano ya que su esposa era una consumada concertista. En ese contexto, Vale es obligado a dejar la universidad por unos días para participar en una conferencia en Nueva York. Y en el apartamento que era propiedad suya y de su mujer en Manhattan, Vale se topa inesperadamente con un hombre sirio, Tarek (interpretado por Haaz Sleiman) y su novia sene-

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galesa Zainab (Danai Jekesai Gurira). Pasada la sorpresa inicial de encontrarse con su espacio invadido por desconocidos, Vale actúa contra su propio sentido común y les invita a quedarse por unos días. Los vuelcos de la trama Como es previsible para el espectador, la vida de Vale ya no volverá a ser la misma. Tarek, agradecido por el gesto inesperado de aquel extraño hombre, decide darle clases de tambor africano (Tarek se gana la vida tocando con diversos grupos, mientras que Zainab vende bisutería en un mercado de pulgas). Las vidas de los tres —el reticente catedrático que trata desesperadamente de no ahogarse en su propia soledad, y de los dos inmigrantes que viven la precariedad del indocumentado— se enlaza de forma dramática cuando un incidente secundario provoca que Tarek sea arrestado por la policía, y enviado a un centro de detención para inmigrantes en Manhattan, donde se le pone en proceso de deportación. Vale y Zainab viven entonces las experiencias de cientos de miles que ven a sus seres queridos tras las rejas sin haber cometido ningún crimen, y con la orden de expulsión pendiendo sobre sus cuellos. Nadie sabe cuándo será deportado, o si será trasladado a otro centro de deportación en otro estado. Vale consigue a un abogado, pero la indefinición legal y la angustia personal se convierten en un tema cotidiano en el que, sin embargo, el viejo profesor comienza a encontrar pedazos de sí mismo que creía perdidos para siempre. A la compleja ensalada en que se ha metido Vale se añade, al poco tiempo, la madre de Tarek, Mouna (Hiam Abbas, en un excelente papel secundario), quien aparece inesperadamente a las puertas del departamento del catedrático, buscando enterarse de la situación de su hijo. El espectador vuelto ya cínico por muchas horas de cine podría asumir que Vale, que se ha reencontrado con la compasión, va a reencontrarse con el amor, para por fin comenzar a olvidar a la mujer muerta. La respuesta es sí, pero no. Vale y Mouna descubren un amor que, sin embargo, no es un amor forzado a cumplir con las obligaciones de un libreto más comercial. Vale y Mouna son, esencialmente, dos solitarios que comparten un país, una experiencia de vida (Mouna también es viuda), y una preocupación. Como solitarios, se consuelan al acompañarse, pero la relación que surge entre ambos es bálsamo temporal para ella –ya que su prioridad es responder como madre ante la situación de su hijo– y fuerza liberadora para él.

Al final, liberación es la palabra clave. No para Tarek, quien se enfrenta a un sistema intolerante e indiferente; no para Mouna, quien tiene que volver a Siria para hacerse cargo de su hijo; y no para Zainab, a la que no le queda otro remedio que continuar su existencia clandestina en Nueva York procurando no tener un mal encuentro con las autoridades. La liberación es para Vale, quien en el fracaso de su gestión de héroe urbano (no pudo evitar la deportación de su amigo, ni retener a Mouna), reencuentra el alma perdida, y las ganas de vivir. La música fue también la puerta por la que accedió a ese nuevo mundo, pero no la producida por el piano, cuyos misterios nunca pudo descifrar, sino la más visceral, más rebelde, más urgente del tambor africano. The Visitor no es, entonces, una película que ofrezca soluciones al dilema de la inmigración indocumentada. De hecho, en ese sentido, es pesimista (McCarthy logra de forma eficiente, y con economía de recursos, pintar a Homeland Security con tonos claramente kafkianos). Pero lo que sí hace es ofrecer una perspectiva humana, claramente ausente del debate real sobre el tema migratorio, que se lleva a cabo en términos estrictamente políticos y económicos. No pretende esta crónica afirmar o sugerir que uno acepte como inquilinos a parejas de inmigrantes indocumentados al azar, a ver si a uno le transforman la vida por vía de ese contacto. Lo que esta crónica afirma, y que la película plantea en su eficaz poética fílmica, es que el inmigrante no es tal, sino una persona como cualquier otra, con sus contradicciones, defectos, inspiraciones, indiferencias, crueldades, compasiones y angustias. Inmigrantes son Tarek, Zainab y Mouna, por necesidad, pero inmigrante lo es también Walter Vale, a quien la vida ha deportado del mundo cómodo y predecible del hombre blanco, suburbano, profesional y de edad madura, y lo ha arrojado sin documentos a un mundo de sobresaltos, injusticias y descubrimientos, donde tendrá que aprender un nuevo idioma, y nuevas costumbres, para encontrar el corazón que creía apagado. Al final, inmigrantes somos todos, deportados continuamente de nuestras propias torres de marfil, perseguidos por la migra de nuestro aislamiento colectivo, y sólo redimidos cuando aprendemos a escuchar, a mirar al otro. Gerardo Cárdenas es director editorial de Contratiempo.

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La creación cosmogónica, el espacio y las guerras floridas en el mundo azteca Oscar Alatriste Guzmán

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s nuestro propósito la reflexión sobre algunos aspectos de la ideología mexica relativa al mito de los orígenes cósmicos, particularmente la cosmovisión de la llamada Leyenda de los Soles y su transformación en realidad social; dando sentido a las actividades más comunes que se imponen en la vida diaria y concreta de los hombres. I El mito de la creación. La Leyenda de los Soles. Según diversas fuentes y estudios (Códice Chimalpopoca, 1975; Miguel León Portilla, 1971; Alfonso Caso, 1953; Pedro Carrasco, 2000) los relatos cosmogónicos nahuas mencionan una pareja divina que dio origen al mundo y a la vida: Tonacahtecutli y Tonacihuatl, un desdoblamiento de la dualidad suprema “Ometeotl”, también identificado con el dios viejo y del fuego “Huehueteotl”. Esta pareja ocupa el centro del universo en todos sus niveles; es autocreada, eterna y fuente de toda vida, que residía en el cielo superior, en el decimotercero (Omeyocan). Esta pareja creó cuatro hijos o deidades, cada una identificada por un color: Tezcatlipoca (rojo), Tezcatlipoca (negro), Quetzalcóatl (blanco) y Huitzilopochtli (azul). La creación del mundo y de los demás dioses fue obra de estos cuatro, si bien a veces se dice que comisionaron a dos de ellos: Quetzalcóatl y Huitzilopochtli. Crearon el fuego y el sol, aunque no un sol entero, apenas un medio sol que alumbraba poco. Crearon también a un hombre y a una mujer; al hombre le encomendaron que cultivase la tierra y a ella que hilase y tejiese. De Oxomuco y Cipactonal, la primera pareja humana, nació la generación de los macehuales, a quienes los dioses debían vigilar para que no dejaran de trabajar, simultáneamente crearon los inframundos (con nueve niveles), con sus dioses Mictlantehcutli y Mictecacihuatl, y también los 13 cielos, así como a los dioses que rigen en cada nivel, y el agua, en la cual había un ser como lagarto, Cipactli, del que surgió la tierra. Crearon así mismo al dios del agua Tláloc y a su pareja Chalchiuhtlicue junto con los numerosos tlaloque que los ayudaban a volcar las aguas sobre la tierra. Esta primera creación del universo se hizo cuando aún no había cuenta del tiempo, ni días, años o edades. A partir de este momento comienza la era de los soles, la creencia en una serie de distintos soles, cada uno de los cuales rige una etapa distinta del mundo; son creados y destruidos uno tras otro por la acción de los varios dioses, lo que crea el movimiento y le adscribe un origen y un final a las sucesivas eras que van creando. Al terminar la creación del universo, los cuatro dioses creadores vieron que éste estaba como inerte y sólo era alumbrado por una luz crepuscular. Discurrieron entonces que uno de ellos se transformara en sol y lo pusiera en movimiento. Tezcatlipoca, el que se disfrazaba de tigre, fue el primer dios que se hizo sol y de esta manera dio comienzo a las eras del mundo, pues a partir de ese primer sol comenzaron a contarse los años. Los hombres de esta época eran gigantes que arrancaban árboles con las manos pero no sabían cultivar la tierra. Se mantenían de bellotas, frutos y raíces silvestres. Ese sol terminó abruptamente cuando los gigantes fueron devorados por tigres feroces y el sol desapareció. Esto ocurrió en el día llamado 4 tigre, que da nombre a este sol y la era correspondiente (Nahui Ocelotl, Sol de Tierra). Quetzalcóatl entonces se hizo sol y rigió durante un periodo en el que los hombres comían piñones; le vino el fin cuando Tezcatlipoca, en forma de tigre, lo derrumbó de un zarpazo. Se levantó un vendaval que destruyó a todos los hombres, menos a algunos que se convirtieron en monos. Esto sucedió en un día 4 viento (Sol de Viento).

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El próximo dios fue Tláloc, dios de la lluvia, en cuyo tiempo los hombres comían la semilla de una planta acuática (maíz de agua). Acabó esta era cuando Quetzalcóatl hizo llover fuego del cielo en un día 4 lluvia (Sol de Fuego). Los hombres de esta era se convirtieron en pájaros. Como nuevo sol, Quetzalcóatl puso a Chalchiuhtlicue, la mujer de Tláloc. Durante esta era vivieron hombres que se alimentaban de Teocentli, un maíz silvestre. Acabaron convertidos en peces a consecuencia de un diluvio tan fuerte que se cayeron los cielos, y que puso fin a esta era en un día 4 agua (Sol de Agua). A Tezcatlipoca y Quetzalcóatl les tocó la tarea de iniciar la restauración del universo. Primero despejaron las aguas que habían invadido la tierra; luego trataron de levantar el cielo que se había pegado a la tierra, pero como no pudieron, llamaron en su auxilio a los otros dioses creadores y juntos hicieron cuatro caminos rumbo al centro de la tierra, por los cuales entraron para alzar el cielo. Sin embargo, como el cielo era grande y pesado, tuvieron que crear cuatro hombres que les ayudaran. Y aun fue preciso que Tezcatlipoca y Quetzalcóatl se convirtieran en árboles grandes para elevar y sostener el cielo. En recompensa por este gran esfuerzo, Tonacatecuhtli los hizo señores del cielo y de las estrellas. Cumplida esta tarea, los dioses decidieron encomendar a Quetzalcóatl la misión de crear nuevamente a los hombres. Logrado ese objetivo por medio de sacrificios (sangrado) de él y los otros dioses, crearon a los macehuales nuevamente. Posteriormente, los dioses proporcionaron maíz al hombre. Asimismo, para que los hombres se alegraran, los dioses hicieron crecer en la tierra la planta de maguey, de la que sacaron el pulque. Todo ocurrió cuando reinaba la oscuridad y aún no había sol, pero después de un tiempo los dioses acordaron crear uno nuevo. En el año 13 Ácatl, en Teotihuacan, el lugar sagrado, se reunieron todos los dioses y dispusieron ayunos y sacrificios para propiciar el nacimiento del quinto sol. Consumada la creación, los dioses descubrieron consternados que el nuevo sol y la nueva luna permanecían inmóviles en la orilla del cielo que da al oriente. Entonces decidieron hacer un sacrificio supremo para ponerlo en movimiento. Resolvieron ofrendar sus vidas para que con la sangre divina de los dioses el sol tuviera fuerza e iniciara su recorrido por el universo. Y esto fue lo que se hizo, de modo que cada uno dio su sangre para dar movimiento al sol. Pero no bastó el puro sacrificio de los dioses para satisfacer el hambre de sangre de este nuevo sol y por eso los hombres, siguiendo el ejemplo de los dioses, tuvieron que

Quetzalcóatl, por Donna Kaye

sacrificarse ellos mismos. Esta necesidad divina originó entonces la guerra, cuyo propósito era obtener víctimas para el sacrificio del sol. Este es el sol histórico que existía en el momento de la conquista. Había la creencia de que también habría de llegar a un fin en un día 4 movimiento (Sol de Movimiento) al producirse grandes temblores que lo destruirían y bajarían al mundo de las estrellas hechas monstruos para devorar a los hombres. II La creación cosmogónica y la integración del espacio al orden cósmico El mito cosmogónico que venimos considerando propone, como lo ha hecho ver Alfonso Caso (1953), un orden que para crear armonía y unidad entre el espacio, el tiempo, la naturaleza y el mundo social integró todas esas partes en un sistema o modelo universal regido por principios sagrados. Junto a la división dual y simétrica del universo, la cosmogonía instala una división geométrica en el espacio terrestre, que es concebido como una superficie horizontal en forma de rectángulo rodeado por aguas marinas. Sobre este plano horizontal en que figura la Tierra, se funda el centro sagrado que unifica las diversas partes que forman el universo, el punto que establece la comunicación vertical entre el cielo, la tierra y el inframundo: el este (la dirección guía, porque es aquella por donde sale el sol), el norte, el poniente y el sur. Así, el camino que hicieron los dioses en los cuatro puntos del universo convergía en el centro de la tierra. Es allí donde se fusionaban todas las partes del mundo creado. Todo esto quiere decir que a partir de la creación cosmogónica la superficie de la tierra se convierte en un espacio sagrado, dividido en partes regidas por potencias divinas, con orientaciones especiales, colores y símbolos que le infunden a cada espacio y lugar un sentido trascendente, una dignificación que sobrepasa su realidad material. Al respecto, Enrique Florescano (1987, p. 27) puntualiza diciendo que “el espacio terreno se convierte en una réplica del orden sagrado que rige al universo en una reproducción del arquetipo cosmogónico”. Los mexicas llevaron esta concepción al extremo, pues hicieron del espacio terreno y del orden social una réplica exacta del orden cósmico. De la misma manera que el espacio vertical mexica (cielo, tierra, inframundo) era una reproducción de la división vertical del espacio cósmico, así también el espacio horizontal reflejaba las cuatro direcciones del espacio cósmico, integradas a un centro que articulaba todas las direcciones, dioses y fuerzas. El espacio mayor, lo que constituía la extensión terrestre del llamado “imperio” mexica, estaba dividido en cuatro grandes regiones repartidas en los cuatro puntos cardinales y unidas por un centro o quinta región: México Tenochtitlán. De este modo los territorios conquistados eran asimilados al orden cósmico arquetípico e integrados dentro de una nueva distribución espacial y religiosa. (Florescano, 1987, pp. 60-61). Los principios organizativos del espacio cósmico se repiten también con gran exactitud en la fundación y posterior división espacial de Tenochtitlán: en el centro de lo que habría de ser su ciudad se erigió el templo a Huitzilopochtli, y febrero 2009


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en él se unieron los vértices de las cuatro divisiones mayores, los “campan” o barrios denominados Moyotlan, Teopan, Atzacualco y Cuecopan, distribuidos en los cuatro puntos cardinales. La parte central de esta división cuatripartita del espacio urbano, era el recinto sagrado de México Tenochtitlán, en cuyo centro se levanta el templo mayor. Como lo ha explicado Matos Moctezuma (1989), contando este centro, el espacio urbano adoptaba la misma forma y división que la superficie cósmica: un cuadrado cortado en cruz en cuyo centro estaba el ombligo del mundo. El centro de la ciudad ocupaba el gran recinto sagrado rodeado por una muralla de serpientes, un cuadrado de 200 varas de lado. A cada lado del recinto sagrado se abrían cuatro puertas de las que partían cuatro calzadas que comunicaban a los cuatro puntos cósmicos: oriente, norte, poniente, sur. En el centro de este recinto de los dioses, se había erigido el espacio sagrado por excelencia, el gran Teocalli o templo mayor, que de manera semejante a la posición que tiene el centro de la Tierra en el mito cosmogónico, era el ombligo del mundo y la montaña divina donde se unían el cielo, la tierra y el inframundo el lugar donde lo alto y lo bajo quedaban articulados con los cuatro rumbos del espacio cósmico. En este punto esencial donde confluían las fuerzas sagradas que le influían orden al cosmos, los mexicas ratificaban el pacto establecido en el pacto cosmogónico y ofrendaban a los dioses el sacrificio humano. III Justificaciones míticas de la guerra La tradición de que los dioses crearon la guerra para que los hombres pudieran alimentar al sol con sangre y corazones humanos, dio una justificación metafísica de la guerra, ya que ésta es parte del orden cósmico. Por eso al nivel ideológico la guerra parecía ser un acto sagrado, religioso. Es lógico que las preparaciones para la guerra fueran las mismas que para el culto. Esta identidad de guerra y culto aparece en su forma más nítida en las llamadas “guerras floridas”, definidas precisamente por la ausencia de motivos económicos y de conquista; servían para ganar sacrificios humanos y para revelar la valentía de los

guerreros. Se convirtieron así estas guerras en un mecanismo de selección, por el cual se escogía a los individuos que habrían de desempeñar los puestos más altos. Como lo ha señalado Mario Erdheim (1978), siendo este un mecanismo para ascender e integrarse a la clase gobernante, fue una preocupación constante de dicha clase ejercer el control sobre estos mecanismos selectivos, para mantener una estabilidad social. Las “guerras floridas” aseguraban de modo muy efectivo el orden jerárquico. Fundadas en el mito, protegían contra cualquier cambio social tanto al mecanismo selectivo como a la jerarquía que éste confirmaba; demostraban a la sociedad que no se podía prescindir de los guerreros, y en tanto se creía en el mito, la posición de los guerreros permanecía inexpugnable. Pero las “guerras floridas” mismas hacían fidedigno al mito, de modo que éste y la guerra concordaban plenamente y se afianzaban de continuo. Las posibilidades de cambio quedaban paralizadas. La guerra tenía una función con respecto a la ideología. La guerra es el factor causal que produce la situación social en la que la ideología aparece como verdad absoluta. La clase gobernante necesitaba la “guerra florida” y la guerra contra los demás pueblos en gran parte para afirmarse; así recibía su ideología la calidad legitimadora. Conclusiones Esta obsesión por repetir en toda creación terrestre el arquetipo de la creación cosmogónica, revela que en el pensamiento mítico náhuatl, lo esencial no era el devenir, sino el acto fundador que al erradicar el caos y crear un orden en el universo, establecía una armonía en el mundo y conjuraba los peligros de su disrupción. Es decir, para tener orden, fundamento y duración, todas las creaciones humanas tenían que repetir el acto creador por excelencia, ser una réplica exacta del acto original que dio nacimiento al universo. Toda creación es entonces una réplica de la creación del mundo, y todo lo fundado se hace a partir del centro del mundo.

Bibliografía Carrasco Pedro, “Cultura y sociedad en el México antiguo”. Varios. Historia general de México. México: El Colegio de México, 2000 Carrasco Pedro y Johana Broda, eds. Economía, política e ideología en el México prehispánico. México: Nueva Imagen, 1978. Caso Alfonso, El pueblo del sol. México: FCE, 1953 Códice Chimalpopoca. Anales de Cuauhtitlán y Leyenda de los soles. México: UNAM, 1975 Erdheim, Mario, “Transformaciones de la ideología mexica en realidad social”. Carrasco, Pedro y Johana Broda, eds. Economía política e ideología en el México prehispánico. México: Nueva Imagen, 1978 Florescano, Enrique, Memoria mexicana. Ensayo sobre la reconstrucción del pasado; época prehispánica. México: Joaquín Mortiz, 1987 León Portilla Miguel, Toltecáyotl, Aspectos de la cultura náhuatl. México: FCE, 1980. León Portilla Miguel, De Teotihuacan a los aztecas. Fuentes e interpretaciones históricas. México: UNAM, 1971. Matos Moctezuma, Eduardo, Los aztecas. Barcelona: Lunwerg, 1989. Soustelle, Jacques, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista. 2ª. México, 1971 Oscar Alatriste Guzmán: Profesor de la UNAM, extensión en Chicago

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l blog de dos suecos lleva la cuenta de casi trescientas canciones que hablan sobre Barack Hussein Obama. Por ejemplo, en honor al cuadragésimo cuarto presidente del país, en Kenia se ha compuesto benga –canción rítmica impulsada por la guitarra; hay un calipso de Grenada del gran Mighty Sparrow que le canta a su “visión resplandeciente”, y un hip hop estadounidense lo exalta como un “Kennedy technicolor”. Las tres sílabas de su apellido son melódicas y parecieran facilitar la composición musical en muchos idiomas, aparte de ser buen punto de partida para la rima que es elemento fundamental de las canciones en español que se hallan en la lista de los suecos. Entre ellas, hubo una balada pop creada por el venezolano Andres Levin del grupo “Yerba Buena”, con intervenciones de decenas de artistas latinos reconocidos como Lila Downs, Alejandro Sanz, Paulina Rubio, John Leguizamo y Jessica Alba, entre otros; y en la lista también encontramos una gran variedad

peos de vals o de polka, y se toca en tonos mayores, en un rango reducido normalmente a menos de una octava para que pueda el cantante cantar a todo lo que le dan los pulmones. Como todo corrido, el de Obama obedece la estructura clásica de comenzar con el saludo del cantante quien a toda voz se presenta: Al candidato quien es Barack Obama Este corrido le canto con el alma

Después del saludo, el corrido normalmente identifica al héroe y empieza a contar su historia. El carácter narrativo del corrido se deriva de orígenes en cuentos españoles románticos y religiosos que se usaban para informar y educar al pueblo. Ya en plena república, y con la pérdida del noroeste de México en la guerra contra Estados Unidos, en el triste desdibujamiento de sus fronteras, se crea un momento en que México cristaliza su ansiedad política a través del corrido. Se inicia en esta época la tradición de narrar leyendas y baladas sobre héroes mexicanos que desafían a las autoridades anglosajonas. Continúa “El corrido de Obama” en conformidad con las reglas del género, haciendo Catalina María Johnson presentación formal de un tema emblemático: las hazañas del de composiciones latinas que abarcan los géneros más populares: héroe que superando toda adversidad logra vencer al enemigo, reggaetón, salsa, cumbia y corrido. aunque la victoria no siempre sea definitiva. Las canciones latinas más populares llegaron a ser no las de los grandes artistas, sino las más espontáneas, y de ellas, se destacó Humilde fue nacido también sin pretensión una de las más tempranas (si se mide por número de visitas en Empezó por las calles de Chicago YouTube al video que corresponde). Se trata de un tema produTrabajando pa’ lograr una visión cido por el director de una empresa de publicidad con oficinas en Pa’ proteger la gente trabajadora Chicago y Los Ángeles. La canción es un corrido y lo interpretan Y traernos todos juntos miembros del Mariachi Águilas de México, de aquí de Chicago. En esta gran nación “El corrido de Obama” emociona. Es sumamente pegajoso y funciona en todos los sentidos, ya que su estructura y el subtexto ¡Viva Obama!, ¡Viva!, ¡Viva Obama!, ¡Viva! nos remiten fácilmente a raíces antiguas de nuestra cultura musical. La pieza sigue fielmente los lineamientos de los clásicos Durante la Revolución Mexicana el corrido se convierte en corridos mexicanos. una manera popular de dar cuenta de las aventuras y batallas. El corrido nuestro surgió a mediados del siglo XIX, y es Sin embargo, no intenta como el periódico narrar la noticia con un género de canción mestiza, narrativa y popular que en la fidelidad y sin filtrarla. Más bien funciona como una editorial, estructura de sus versos y rimas da testimonio de orígenes que manifiesta un punto de vista y presupone cierto conocimiento se remontan al romance español y un formato clásico poético de los eventos de parte del público. Simultáneamente, el corrido que originalmente data del siglo XV. De esta herencia también ejerce desde épocas de la “La Cucaracha” (canción antigua que da evidencia el nombre del género, ya que la palabra “corrido”, fue reformulada para celebrar al ejército de Pancho Villa y proviene de un tipo de balada andaluza que se denominaba comunicar burla de su némesis, Venustiano Carranza) el oficio “corrío” o “corrido” por la manera de recitarse o cantarse -de de perfecta propaganda política. un solo tiro, sin parar– que se acompañaba normalmente del A lo largo del tiempo algunos corridos se vuelven parte rasgueo de la guitarra. En el siglo diecinueve desarrolla el corrido importante de la historia oral del pueblo. Antes de la existencia sus melodías relativamente sencillas al integrar los ritmos euro-

El corrido de

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de medios como la radio y televisión, algunos corridos llegan a pasar por vía oral de generación a generación, sirviendo a menudo para mantener documentada la historia de un pueblo que es en gran parte analfabeta. A todo esto nos refiere inconscientemente “El corrido de Obama” y pasa al siguiente elemento fundamental del corrido: la historia en sí, que contiene la posibilidad de volverse tema para la posteridad: Familias unidas, seguras y hasta Con plan de salud Un candidato luchando Por nuestra nación Finalmente, como cualquier corrido digno de llamarse tal, concluye el de Obama con la despedida acompañada de la obligada moraleja; Nada importa si eres de San Antonio Nada importa si eres de Corpus Christi De Dallas o Del Valle, De Houston o de El Paso Lo que importa es que votemos por Obama Porque su lucha también es nuestra lucha Y hoy que tenemos la urgencia para un cambio, Vamos todos unidos con nuestro gran amigo En la función de la inauguración de Barack Obama cantarán una lista larga de grandes artistas entre los que se encuentra solamente una latina: la colombiana Shakira. No tocará ninguno de los varios cientos que le compusieron espontáneamente canciones al Presidente. No actuarán ni el Mariachi Águila ni ningún otro mariachi. Sin embargo, estamos muy conscientes de que de alguna manera, estarán presentes. La voz de muchos latinos y su gran energía, canalizada a través del poder masivo y democratizante del Internet, sin duda jugó un papel importante para que sea Obama el que ponga la mano sobre la Biblia de Lincoln. Pocos elementos habría para protagonizar con mayor idoneidad esa voz y energía que seis mariachis de Chicago, vestidos elegantemente de trajes de charro color negro, quienes paseando por nuestras calles entonaron “viva Obama” —aprovechando una estructura que nació en el siglo quince, con su narrativa forjada en leyendas y aventuras del siglo diecinueve, a favor de quien es por excelencia, el presidente del siglo veintiuno—. Catalina María Johnson, Ph.D. es conductora y productora de programas de música latina para estaciones de radio pública. Para mayor información: www.beat-latino.com Para mayor información sobre la música mencionada: http://www.youtube.com/watch?v=0fd-MVU4vtU http://.blogspot.com/2008/02/barack-obama-for-president2008.html

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Trabajadores Republic Windows

Republic Windows en lucha:

La victoria y el desafío Por Kari Lydersen

A

lrededor del Día de Acción de Gracias, los trabajadores de Republic Windows and Doors, una fábrica ubicada en Goose Island, en el cauce del río Chicago, observaron que se retiraba equipo pesado de la planta. Si bien ello despertó sospechas, la mayor parte de los 250 trabajadores en plantilla —unas tres cuartas partes de ellos inmigrantes latinos— llevaban empleados 10 o más años, y no podían imaginar que fuera a cerrar la fábrica. Aun así, el 2 de diciembre fueron convocados a una reunión en la cafetería, donde la administración les informó que la planta cerraría en un plazo de tres días. Se trata de la violación de una ley federal —la ley WARN— que estipula que, en caso de cierre de una fábrica o despidos masivos, se deberá notificar de ello a los empleados con 60 días de antelación o indemnizarles por cese laboral. A la mayoría de los trabajadores también se les adeudaba varias semanas de vacaciones pagadas. La empresa culpó a Bank of America, su principal prestamista, alegando que el banco había rechazado efectuar los pagos tal como se le solicitó. Culpabilidades aparte, los trabajadores estaban desolados, ya que se avecinaban las fiestas de fin de año y un invierno excepcionalmente crudo; y en el actual entorno de crisis económica, resulta prácticamente imposible obtener un nuevo trabajo. De modo que los trabajadores, amparados por el sindicato progresista United Electrical Radio and Machine Workers of America (UE), decidieron tomar cartas en el asunto. Votaron a favor de ocupar la fábrica para impedir que los propietarios retiraran el equipo o los suministros, hasta que se les pagara lo adeudado. A pesar de las penurias financieras de Republic, la familia Gillman, propietaria de la fábrica, recientemente había constituido una nueva empresa, Echo Windows & Doors LLC; el 4 de diciembre —la víspera del cierre de Republic— dicha empresa adquirió una fábrica de puertas y ventanas llamada TRACO, ubicada en el oeste de Iowa e integrada por unos 50 empleados no sindicalizados. Según se informa, los directivos de Echo comunicaron a los trabajadores de la planta de TRACO que podían esperar un redoble de la plantilla, así como un aumento de la producción. La lógica

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apuntaría a que esta adquisición respondió a la intención por parte de los propietarios de deshacerse del sindicato de Republic y trasladar la producción a la planta de TRACO. Ya que los directivos de la empresa deseaban evitar altercados o daños a las instalaciones, acordaron que los empleados no serían desalojados a la fuerza, siempre y cuando únicamente los trabajadores y el personal del sindicato ocuparan la planta, y se mantuvieran la limpieza y la seguridad. La noticia de la ocupación de la fábrica se propagó como un incendio por toda la ciudad, llegando a alcanzar difusión nacional e internacional; se transmitieron mensajes de respaldo desde Latinoamérica, Asia y Europa. Durante los siguientes seis días, cientos de simpatizantes y miembros de otros sindicatos acompañaron a los trabajadores en la toma de la planta, aun bajo la lluvia helada y la nieve. Varias figuras políticas, incluido el presidente electo Barack Obama, congresistas locales y el gobernador Rod Blagojevich —que sería arrestado al día siguiente—, se pronunciaron a favor de los trabajadores. Según la opinión popular, ya que Bank of America acababa de recibir $20 mil millones de los contribuyentes bajo el plan de rescate federal, el banco tenía la obligación de invertir dicha suma en iniciativas que ayudaran a éstos a conservar sus empleos. Bank of America y JPMorgan Chase, otro prestamista importante de la empresa, entablaron negociaciones con el sindicato. Tras varias horas de reuniones a lo largo de dos días, los trabajadores votaron a favor de aceptar la oferta de $1.75 millones por parte de los dos bancos que permitiría saldar la deuda. Si bien el acuerdo se consideró una espectacular victoria, los empleados no quedaron satisfechos con este resultado; decidieron que intentarían mantener abierta la fábrica, probablemente como una cooperativa a cargo de los trabajadores. Con este propósito se estableció un fideicomiso denominado Window of Opportunity (una ventana a la oportunidad). Durante la recaudación de fondos en beneficio del fideicomiso que tuvo lugar el 14 de diciembre en la Misión de la calle 26 ubicada en La Villita, el organizador del sindicato UE Mark

Meinster alabó la osada iniciativa de los trabajadores de Republic Windows. “Las circunstancias de los empleados de Republic son idénticas a las de otros trabajadores”, declaró. “La diferencia es que decidieron actuar y lograron cambiar su situación.” Los trabajadores de Republic Windows optaron por reintegrar a la Misión los fondos recaudados durante el evento, como símbolo de los lazos que unen a ambas luchas —la suya y la que lleva a cabo la Misión en pro de los indocumentados. En este clima de crisis económica, mantener la fábrica abierta constituirá un desafío para los trabajadores; no obstante, esperan poder recibir una porción de los fondos de estímulo económico destinados a los “empleos verdes”, ya que la planta fabrica ventanas que cumplen las normas de eficacia energética. Existen ejemplos anteriores de ocupación y operación de fábricas por parte de los trabajadores; el caso más célebre es el de Argentina, a raíz del colapso económico de fines de los 90. Asimismo, en 1993 los trabajadores de una fundición del oeste de Pensilvania que se encontraba en proceso de cierre, amparados por el sindicato United Steelworkers of America, tomaron la planta durante 42 días y lograron mantenerla abierta bajo el mando de los trabajadores por varios años. Las ocupaciones de fábricas no han sido moneda corriente en EE. UU. desde la década de los 30, cuando se produjo la toma de plantas automotrices en South Bend (Indiana), Flint (Michigan) y otras poblaciones. Lo que diferenciaba a estas huelgas era que las empresas no tenían planes de cerrar, de modo que la herramienta de los trabajadores para sindicalizarse o mejorar la paga y las condiciones laborales era parar la producción. Una ley federal aprobada en 1939 ilegalizó la toma de fábricas. Ejercer presión sobre las empresas y los bancos a raíz del cierre de una fábrica constituye un desafío de mayor envergadura, ya que la única baza de los trabajadores es el equipo y los suministros almacenados en la planta —y el poder de la opinión pública. James Wolfinger, catedrático de Educación Laboral e Historia de la Universidad DePaul, comparte la opinión de que la ocupación de Republic Windows apunta a una tendencia más amplia en el movimiento sindical: el alza del activismo de base impulsado por la clase obrera y la integración de los inmigrantes en todas las vertientes del sindicalismo. “El activismo de la clase obrera tiene que surgir de la base, de los mismos trabajadores”,

manifestó. “El lema del movimiento nacional, ‘¡Sí se puede!’, que fue adoptado en su versión inglesa por Barack Obama y Hillary Clinton durante la reciente campaña presidencial, refleja no sólo la influencia de la población hispana en la clase obrera estadounidense, sino también la idea de que el cambio social debe provenir de la gente.” Poco después del triunfo de los empleados de Republic, los trabajadores inmigrantes de Smithfield Foods, la tristemente célebre empacadora de carne de Carolina del Norte, lograron una importante victoria en su lucha de un año por unirse al sindicato United Food and Commercial Workers. Los defensores sindicalistas y de los derechos de los inmigrantes lo consideraron una señal de que la crisis económica, en lugar de fomentar la opresión, de hecho puede generar oportunidades para los trabajadores. Según el organizador Jorge Mújica, la ocupación de Republic Windows no habría sido posible sin el movimiento de marchas en pro de los inmigrantes surgido en los últimos años; asimismo, cree que la ocupación de la fábrica vigorizará el movimiento de los “100 días”, llevándolo a instar a la nueva administración a aprobar una reforma migratoria significativa para el 1 de mayo de 2009. “Es lo que necesitan los sindicatos para revitalizar su lucha en este país”, sostiene Mújica. “Afortunadamente, en el actual clima todos sabemos que las grandes empresas malgastan el dinero; todos hemos visto cómo los fabricantes de autos se desplazaban a Washington en sus jets privados para solicitar ser rescatados. Este clima dicta que ‘los trabajadores tienen razón’, así que es el momento oportuno para actuar. ¿Que van a cerrar tu fábrica? Ocúpala y llámanos.” Durante la celebración de la victoria de Republic Windows que tuvo lugar el 15 de diciembre en los locales de Teamster City, resultó obvio que la lucha ha impulsado una serie de futuros movimientos. Entre los asistentes se encontraban trabajadores que habían sido despedidos dos años antes de una panadería Heinemann con apenas unos días de preaviso y sin la indemnización por cese, en violación de la ley WARN. Llevan tiempo enfrascados en una lenta batalla jurídica, con la esperanza de obtener una fracción de las decenas de miles de dólares que se les adeudan. Gracias a la ocupación de Republic Windows y de grupos activistas como la Unión Latina y Chicago Workers Collaborative, estos trabajadores se están uniendo a los empleados de Republic Windows y a inmigrantes que fueron despedidos recientemente de varias otras fábricas para formar un movimiento de mayor alcance. En Teamster City, Fran Tobin de la organización Jobs with Justice, que convocó mítines solidarios en todo el país durante la ocupación, declaró: “Estamos librando una batalla en la larga lucha por tomar las riendas de la economía y devolver el país a los trabajadores.” Kari Lydersen es autora de un libro sobre la ocupación de Republic Windows que publicará Melville House Books en el 2009, varios de cuyos fragmentos aparecen en el sitio web www. mhpbooks.com. Traducción: Susana Galilea (info@accentonspanish.com)

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La geografía, es decir, la poética de José Mármol y René Rodríguez Soriano Jochy Herrera

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os poetas y un país, mar limítrofe, isla al fin; el agua que toca a José Mármol y a René Rodríguez Soriano es origen y trayecto que desemboca en las interioridades de una misma generación. Mar o río, ella es la memoria; y ambos escritores, hijos de una mediaisla que pare diáspora entre San Petesburgo y Trocadero, trazan ventanas que “llaman a salir antes que a entrar”. Los recuerdos, sean ellos el de un cuerpo, la niñez, una calle o un bolero que “destaja corazones en alcohol”, son justamente los pasajes que los autores han regalado al lector de Torrente Sanguíneo, última colección de Mármol (Santo Domingo, 1960), Premio Nacional de Poesía “Salomé Ureña” 2007, y de Rumor de Pez, libro con el que Rodríguez Soriano (Constanza, 1950) logra el Premio de Poesía Universidad Central del Este 2007. Ambos poemarios, náufragos de la desazón, descansan lúdicamente en el cuerpo que, depósito del amor, es pez que nada en el torrente del alma. El gran médico inglés William Harvey, padre científico de la circulación de la sangre, describió con aguda certeza los vericuetos de las arterias y su tránsito por el cuerpo y el corazón; mas fueron los antiguos helénicos, quienes atribuían a la sangre el rol de ser portadora del espíritu, los que nos inculcaron la necesidad de entender el hombre a través de sus humores. Como tal, y en torrente indetenible, los textos contenidos en el último libro del poeta Mármol huelen a espíritu. El agua, por otra parte, en anfibia residencia de realidad-sueño, humedece la letra fresca de Rodríguez Soriano entre “mandarinas esdrújulas, un cántaro bailando río abajo (...) y lágrimas que pueblan de amarillo el poema”. Río y mar, sangre y espíritu, ambos autores continúan entregando a su nativa República Dominicana códigos insulares que escapan los confines de la geografía. La memoria y el olvido Rodríguez Soriano ha confesado no temerle a la memoria porque “...no se puede escribir al borde del abismo si uno no se ha lanzado aún y no conoce, a profundidad, el vértigo (...) de caer hacia el olvido”; en evocación al poeta Enriquillo Sánchez, quien en el epígrafe introito de Sed de pez sentencia “Tu seno izquierdo navega hacia el olvido”, Rodríguez Soriano regala poemas contentivos de angustias como puente con vigas rotas, y de silencios marcados por el reloj del tiempo. Así, le cuestiono a René el porqué insistir en la memoria, y la justifica “para no salir jamás de la inocencia, lavarme del tedio y mensura catastral. Poco menos que una pedrada en el alma es el poema, su profundidad no salva a nadie si no se unta de sed o deseo de vivir”. Mármol, a su vez, trasladado a la infancia, rescata el recuerdo de Simón, pulpero del pueblo que le vio crecer, cuyo arresto en plena Revolución de Abril marcó la crueldad de la palabra guerra en su inocente corazón de cinco años. La visión de “la brisa reposada sobre los platanales y el aroma de las ubres” es también origen, y no en balde Mármol, conocedor de los arúspices, preconiza que “el futuro es una lenta procesión de días pasados”. Él, que escribe desde el lenguaje y hacia la memoria, hace de Torrente sanguíneo una verdadera fiesta de la cotidianidad y del presente: “fuente nutricia de la memoria; (...) la escritura es, a mi ver, una potenciación creativa del acto de recordar (...), la fábrica de las imágenes oníricas, de los tiempos condensados del poema, de las atmósferas dilatadas del lenguaje narrativo”.

El mar, que no tiene memoria, alcanza la dimensión de lo insondable René Rodríguez Soriano, que “nunca se ha imaginado lo que el mar es en sus textos”, confiesa un temor a éste, al respeto que parecido al espanto, “alcanza la dimensión de lo insondable”.

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Montañés al fin y al cabo, abraza el agua, “...vida y luz, fuente desde donde proviene y hacia donde todo va...”. Al arribar a “Torrente”, tercer poema de Rumor de Pez, Rodríguez Soriano advierte “...que no se repiten ni el río ni el fuego, sólo la voz, caudal de arroyo y madrugadas, (...) en torrente que desenvaina la espuma, los sueños y la calma; agua pura que –como bien dice José Emilio Pacheco– jamás podrá saciar la sed humana”. El mar de Mármol, por otra parte, es un mar que está desmemoriado; le repiten las olas, leimotiv de la ilusión; es un universo simultáneamente catarsis y refugio, como en “Mar del sur”: “(...) En tu agitar estriado mar del sur, mi religión, tus abluciones limpian frustraciones y miedos”. El mar de Mármol, para nuestra suerte, sigue siendo “una hermosa catedral rezando muda”. Y no hay sorpresa, porque él es su más grande metáfora de la vida, “y por supuesto, de su otredad, la muerte”. Al igual que Rodríguez Soriano, Mármol respeta la metáfora rabiosa de la muerte que es el mar, “símbolo de las fuerzas descomunales de la naturaleza”; aquellas que Poseidón burlaba a saltos de Samotracia hasta las islas del Egeo. El mar es de tal forma “(...) un muerto gigantesco sostenido contra el cielo por el sordo sollozo de los ahogados”. Cuerpo Jose Mármol enaltece el cuerpo mientras, cartógrafo en mano, advierte sobre sus peligros: “En el centro no de las ingles diagonales. Allí, la desmesura donde habita tu sexo. (...) En el centro no, de los pechos macerados. (...) En el odio no. Tampoco en el amor”. Es decir, el cuerpo invita al respeto por aquel lugar morada del corazón y a su vez, a la gesta de la aventura erótica en una lúdica conversación que no permite vacilaciones. El cuerpo de Mármol es también mar y sufrimiento: “pescadores y hembras que vuelven a su orilla con las barcas vacías”: “El mar, acezante como un corcel de estruendo, se comba en su sábana de trepidante sed. En todas las edades el dolor ha sido igual”. Ya hemos dicho que la epistemología del cuerpo premoderno parte del Renacimiento, época en que Da Vinci, en la célebre obra El hombre de Vitrubio, instala el cuerpo ser-humano en pleno centro del universo a través de la demarcación de la proporción aurea. No ha de sorprender por lo tanto, que en nuestro diálogo sobre el cuerpo, el cuerpo lúdico, Mármol se traslade a Spinoza, Bentham, Platón y Foucault, para terminar concediéndome la razón: “...en la perspectiva crítica de Huizinga, (el cuerpo) es el lugar donde se hace posible el espirítu lúdico, inventivo, gozozo, poiético y ocioso del hombre. Es acertada tu percepción del cuerpo como depósito; tal vez no sólo del amor, sino también del odio”. Para Rodríguez Soriano, el cuerpo es “el animal que nos aniquila y nos redime a la vez” (curiosa referencia mística de un escritor que admite que “...entre sus piernas no se escribe, ...allí se describen los decibeles de tu grito”). El cuerpo de René es fe cuando permite prolongar el pensamiento; y es además territorio de los sentidos: “...espejo en que me miro, trasvestido, en mi espera; (...) Bestiario que conservo intacto en mis pupilas; (...) telar que se deshila en la acuarela de mis uñas”. El poeta es, de tal forma, transgresor del tacto, la mirada o el paladar, un verdadero espejo hecho violador del cuerpo. Ante la incertidumbre del tiempo o la aventura de perderse en el poema, Rodríguez Soriano invita el cuerpo-refugio a “...poner orden a esta hora, poner la vida en cada punto (sobre la mesa quedan rastros de tus formas), sobre la mesa llena del vacío que dejaron nuestros cuerpos (yo casi tú adentro de ti)...”.

Fronteras Le pregunto a ambos amigos si la rotura de la construcción del poema, la “impureza” de mezclar en él la prosa, ¿es el desenfreno de lo poético que inevitablemente se abalanza hacia todas las formas de la literatura, o es ella la intención del poeta? El uno, René, enuncia que “ las fronteras son de tiza, se borran con el dedo cuando piensa y escribe. Hasta que me salga espuma, continúo escribiendo como el escritor degenerado que ¿los demás? sin proponérselo han inventado”. El otro, José Mármol, cuenta convencido “que el desafío cuando prosas el verso o versas la prosa, está en transgredir afirmativamente los diques convencionales de la separación tajante entre una y otra formas de expresión imaginativa”. Mas dejemos a Vallejo por un momento, porque evidentemente se trata del tercer milenio, y aguardan las fronteras. (Confesiones de autor) “Pones en entredicho muchos versos”, de Rodríguez Soriano, y “Nunca” de José Mármol, a mi parecer poemas imperecederos, son los daguerrotipos de estos textos acuáticos. En una danza a paso de corazón y cuerpo, el primer autor cuenta que tiene “... un dolor muy agrio en un paraje cercano de las lágrimas”, y no le culpo; él es un certero conocedor del destino del angor, el dolor del corazón, vecindario de ciertas geografías...: “para saberte a ti sin desperdicios, no hay que esperar a que des la vuelta; no hay que acudir ni a braille ni al botánico, sólo apagar la luz y desnudarte”. A su vez, Mármol dibuja con certeza el desasosiego que Pessoa asumía como razón; el asombro ante la ira, el destino del amor que nunca fue y el mismo miedo del amor: “No estaba en mis azares adorar un torbellino. (...) No supe adivinar la inminencia del desastre, La fuerza y el ardor de lo bello hecho un demonio. No estaba en mi designio amaestrar furias de amor”. A través de los muchos textos que forman estos poemarios, ambos autores, de una u otra forma han sido presa del llamado “tedio” que desgarra el espíritu del ser posmoderno contemporáneo (Mármol); los acontecimientos que durante el lustro y medio posterior al fin de siécle han corroborado la victoria del Mercado –ese tótem sin otra religión que él mismo– permean a flor de piel en la narrativa poética. Y es de tal forma que el lector deberá asumir el agua y su humedad: más allá de la obvia consecuencia física, quizás como símbolo volátil del alma sedienta de respuestas. Y deberá tambien asumir no sólo el cuerpo serhumano epicentro existencial, sino tambien la memoria, último antídoto contra el tedio. Consciente de todo lo ya dicho aquí, el reconocido escritor dominicano Pedro Conde Sturla ha expresado que para un poeta, “...lo importante no es congeniar con su apellido sino con su poesía; que hace un tiempo...tiene el pálpito, en el sentido cortazariano de la palabra, de que los poetas terminan pareciéndose a su poesía, de la misma manera que la crítica de la poesía debe parecerse al poeta”. Esta, yo confieso, es mi más firme esperanza escondida tras estos párrafos. Jochy Herrera: Dominicano. Es parte de la Mesa Directiva de contratiempo.

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Torres Bodet en Chicago Luis Leal

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onocí a Jaime Torres Bodet en Chicago durante los primeros años de la década de los cuarenta, cuando él era director de la UNESCO. El grupo de mexicanos al cual yo pertenecía, llamado El Círculo Literario, que se reunía mensualmente para almorzar y discutir algún tema o asunto de importancia, le ofreció a Torres Bodet una cena en el Hull House, y a mí me tocó presentarlo. En uno de mis libros digo de él lo siguiente: “Entre los poetas que formaron el grupo llamado Contemporáneos —nombre de la revista que publicaban— sobresalen Jaime Torres Bodet (1902-1974), Carlos Pellicer (1897-1977); Xavier Villaurrutia (1903-1950), José Gorostiza (1901-1973) y Salvador Novo (1904-1974). La poesía de Torres Bodet se distingue por el cuidado de la forma, por los hondos sentimientos y por el tono a veces melancólico, a veces nostálgico, pero nunca sentimental. En casi toda su poesía predominan las imágenes vanguardistas; sin embargo, de cuando en cuando encontramos versos que nos hacen recordar la manera de López Velarde. De esa naturaleza son los siguientes:

¡Es tan fecundo, que huele como vainilla en sazón y es sutil! Para que vuele basta un soplo de oración.

México está en mis canciones, México dulce y cruel, que acendra los corazones en finas gotas de miel.

una gota pequeñita que cabe en el corazón: Dios la pone, Dios la quita...

Lo tuve siempre presente cuando hacía esta canción; ¡su cielo estaba en mi frente; su tierra, en mi corazón! México canta en la ronda de mis canciones de amor, y en guirnalda con la ronda la tarde trenza su flor. Lo conoceréis un día, amigos de otro país: ¡tiene un color de alegría y un acre sabor de anís!

Lo habréis comprendido entero cuando podáis repetir ¿Quién sabe? con el mañero proverbio de mi país ... ¿Quién sabe? ¡Dolor, fortuna! ¿Quién sabe?¡Fortuna, amor! ¿Quién sabe? dirá la cuna. ¿Quién sabe? el enterrador. . . En la duda arcana y terca, México quiere inquirir: un disco de horror lo cerca ... ¿Cuál será el porvenir? ¡El porvenir! ¡No lo espera! Prefiere, mientras, cantar, que toda la vida entera es una gota en el mar;

¡cantemos nuestra canción! “México canta en la ronda de mis canciones de amor” Años más tarde, esto es, en 1957, le dediqué el estudio “Torres Bodet y los Contemporáneos”, publicado en la revista Hispania. Murió el poeta en 1974. Guardo gratos recuerdos de su amabilidad y su personalidad en general. Luis Leal: reconocido crítico literario, nació en Linares, México, en 1907. Actualmente vive en Santa Bárbara California.

Dónde:

Talleres de creación literaria

1702 S Halsted Street, Chicago, IL 60608

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Cuándo: dos domingos por mes a la 1 pm

Cuánto: gratuito

Información: dossier@revistacontratiempo.com o 312 666 7466

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Inquisiciones sobre el paradigma Entrevista a Eduardo Galeano Jorge Majfud I. Pasado Jorge Majfud: Una visión humanista considera la historia como un producto humano, es decir, producto de la libertad de sus individuos y de los diversos grupos que la han realizado e interpretado. Una visión antihumanista afirma que, por el contrario, esos individuos y esos grupos son el resultado de la historia misma y su libertad es una ilusión. Si me permitís una limitación artificial dentro de este posible espectro, ¿dónde te situarías? Eduardo Galeano: Por lo que tengo caminado y escuchado, me da la impresión de que nosotros hacemos la historia que nos hace. Cuando la historia que hacemos nos sale más bien chueca —o es usurpada por los pocos que entre nosotros mandan— decimos que ella, la historia, tiene la culpa. J.M.: En esta visión no hay lugar para el determinismo materialista o para algún tipo de fatalismo religioso… E.G.: Los fatalismos son cómodos, te permiten dormir a pata suelta, el destino está escrito en los astros, la historia camina sola. No te amargues, hay que aceptar o aceptar. Los fatalismos mienten, porque si la vida no es una aventura de la libertad, que alguien venga y me explique si vale la pena vivir. Pero ojo: también mienten los iluminados, los elegidos que se atribuyen el poder de cambiar la realidad tocándola con su varita mágica: y si la realidad no me obedece, no me merece. J.M.: En tu último libro Espejos realizás un esfuerzo al mismo tiempo creativo y arqueológico sobre un vasto espacio geográfico y temporal. ¿Qué períodos de la historia crees que se llevarían el premio mayor a la crueldad y la injusticia?

E.G.: Hay demasiados favoritos en ese campeonato. J.M.: Bueno, más puntual, ¿podrías resumir la crueldad en una imagen, en una situación que te ha tocado vivir? E.G.: Me ocurrió hace años, en un camión que atravesaba la selva del alto Paraná. Salvo yo, era toda gente de ese mapa. Nadie hablaba. Íbamos muy apretados, en la caja del camión, a los tumbos. A mi lado, una mujer muy pobre, con un bebé en brazos. El bebé ardía de fiebre, se quejaba. Ella sólo dijo que precisaba un médico, que en alguna parte tenía que haber un médico. Y por fin llegamos a alguna parte, no sé cuántas horas habían pasado, hacía mucho que el bebé no se quejaba. Ayudé a que aquella mujer bajara del camión. Cuando recogí el bebé, vi que estaba muerto. El asesino que había cometido esa crueldad era todo un sistema de poder, que no iba preso ni viajaba en camiones destartalados. II. Presente J.M.: ¿Estamos presenciando el fin del capitalismo, de un paradigma basado en el consumismo y el éxito financiero, o simplemente se trata de una crisis más de la que saldrá fortalecido el mismo sistema, la misma cultura hegemónica? E.G.: Con frecuencia recibo convites para asistir al entierro del capitalismo. Bien sabemos, sin embargo, que vivirá más de siete vidas este sistema que privatiza sus ganancias pero tiene la amabilidad de socializar sus pérdidas, y por si fuera poco nos convence de que eso es filantropía. En gran medida, el capitalismo se nutre del desprestigio de sus alternativas. La palabra socialismo, por ejemplo, ha sido vaciada de significado, por la burocracia que la usó en

nombre del pueblo y por la socialdemocracia que en su nombre modernizó el look del capitalismo. Sabemos que este sistema capitalista se las está arreglando bastante bien para sobrevivir a las catástrofes que desata. No sabemos, en cambio, cuántas vidas podrá vivir su víctima principal, el planeta que habitamos, exprimido hasta la última gota. ¿Adónde nos mudaremos cuando el planeta quede sin agua, sin tierra, sin aire? La empresa Lunar International ya está vendiendo lotes en la luna. A fines del 2008, el multimillonario ruso Roman Abramovich le regaló un terrenito a la novia. J.M.: Quizás presume ser el primer hombre que le regala un pedazo de la Luna a una mujer, lo que viene a ser una especie de capitalismo romántico. ¿Crees que si China, por ejemplo, tuviese una economía hegemónica pronto se convertiría en un nuevo imperio, avasallante y colonialista como cualquier otro imperio? E.G.: Si yo fuera profeta profesional, me moriría de hambre. Todo lo que te puedo decir es lo que puedo ver: China está poniendo en práctica una exitosa combinación de dictadura política, al viejo estilo comunista, con una economía que funciona al servicio del mercado mundial capitalista. China puede proporcionar, así, baratísima mano de obra a empresas norteamericanas como Wal Mart, que prohíbe los sindicatos. J.M.: ¿Podemos pensar que la humanidad se encuentra en un mayor estado de derechos individuales y de conciencia colectiva? ¿Qué es lo mejor de nuestro tiempo? E.G.: En el siglo veinte, la justicia fue sacrificada en nombre de la libertad, y la libertad fue sacrificada en nombre de la justicia. Ya nuestro tiempo es el siglo veintiuno, y lo mejor que tiene es el desafío que contiene: nos invita a

luchar para ayudar al reencuentro de la justicia y la libertad. Ellas quieren vivir bien pegaditas, espalda contra espalda. J.M.: ¿Podemos comparar la aparición Internet con la revolución que produjo la imprenta en el siglo XV? E.G.: No tengo ni idea, pero valga la ocasión para recordar que la imprenta no nació en el siglo XV. Los chinos la habían inventado dos siglos antes. En realidad, eran chinas las tres invenciones que hicieron posible el Renacimiento europeo: la imprenta, la brújula y la pólvora. No sé si ahora habrá mejorado la educación, pero antes aprendíamos una historia universal reducida a la historia de Europa. De Medio Oriente, nada o casi nada. Ni una palabra sobre China, nada sobre la India. Y del África, sólo sabíamos lo que nos enseñaba el profesor Tarzán, que nunca estuvo allí. Y del pasado americano, del mundo precolombino, alguna cosita folklórica, unas cuantas plumas de colores… y chau. J.M.: ¿Cuál es el mayor peligro del progreso tecnológico en la comunicación? E.G.: En la comunicación, y en todo lo demás. Las máquinas no son ningunas santas, pero no tienen la culpa de lo que nosotros hacemos con ellas. El mayor peligro está en que la computadora nos programe, como el automóvil nos maneja. Con asombrosa facilidad, nos convertimos en instrumentos de nuestros instrumentos. J.M.: Como escritor y como lector, ¿qué tipo de lecturas te ocupan mayor tiempo hoy? E.G.: Yo leo de todo, empezando por las paredes que acompañan mis pasos por las calles de las ciudades.

contrafoto por Alex Magaña

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FOTO DE BERNARDO PÉREZ

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III. Futuro J.M.: ¿Creés que el mundo se dirigirá a un mayor equilibrio de sus fracciones geográficas, sociales y culturales o estamos condenados a repetir las mismas formas de lo que hoy consideramos violencia física y moral? E.G.: Condenados, no estamos. El destino es un desafío, aunque a primera vista parezca una maldición. J.M.: ¿Una mejora de nuestro presente radica mayormente en la profundización de los valores humanistas de la tradición europea o en una revalorización de un origen perdido en los pueblos “periféricos”? E.G.: Los americanos somos hijos de muchas madres. Europa sí, pero hay también otras madres. Y no sólo los americanos. Los humanitos todos, el mundo entero es mucho más que lo que cree ser. Pero el arcoiris terrestre no brillará, en todo su lucerío, mientras siga mutilado por el racismo, el machismo, el militarismo, el elitismo y todos esos ismos que nos niegan la plenitud de nuestra diversidad. Y dicho sea de paso, no viene mal aclarar que los valores humanistas de la tradición europea se desarrollaron mientras Europa exterminaba indios en América y vendía carne humana en África. John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de una empresa negrera. J.M.: Sí, algo así como las democracias imperiales, desde la antigua Atenas hasta Estados Unidos. ¿Pero quiere decir eso que la historia se repite siempre? E.G.: Ella no quiere repetirse, pero muy frecuentemente nosotros la obligamos. Por ponerte un ejemplo muy actual, hay partidos que llegan al gobierno prometiendo un

programa de izquierda y terminan repitiendo lo que la derecha hacía. ¿Por qué no dejan que la derecha lo siga haciendo, ya que tiene experiencia? Se aburre la historia, y se desprestigia la democracia, cuando se nos invita a elegir entre lo mismo y lo mismo. J.M.: ¿Cuál es tu técnica narrativa, es decir, tus hábitos y conductas de escritura? E.G.: No tengo horarios. En Santiago de Cuba, un viejo tamborero, que tocaba como los dioses, me lo enseñó: “Yo toco —me dijo— cuando me pica la mano”. Y yo le hago caso. Si no me pica, no escribo. Nunca he firmado un contrato que me ponga plazos para entregar un libro. J.M.: Tus libros después de las dictaduras militares de Uruguay y Argentina, después del exilio, cambian de estilo. ¿Cómo definirías tu estilo? ¿Refleja tu percepción del mundo o, quizás, tus aspiraciones sobre él, o el estilo es algo accidental, una forma de hacer las cosas que proviene de una historia de la estética, de una influencia de la adolescencia? E.G.: Mi estilo es el resultado de muchos años de escribir y borrar. Juan Rulfo me lo decía, mostrándome un lápiz de aquellos que ahora ya casi ni se ven: “Yo escribo con el grafo de adelante, pero más escribo con la parte de atrás, donde está la goma”. Eso hago, o intento hacer. Intento decir cada vez más con menos. J.M.: Un elemento común de la literatura del compromiso, de las utopías revolucionarias hasta los setenta parece ser la alegría. Como ejemplo ilustrativo podríamos hacer una exposición de fotografías de los rostros adustos de los Pinochet, por un lado, y de los

Aproximaciones Aforismos intempestivos Francisco Pamplona

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La mirada de Galeano en Montevideo

rostros sonrientes de los Che Guevara por el otro. ¿Existe una conexión entre la “estética de la tristeza” de la literatura del siglo XX y las fuerzas conservadoras de la sociedad? ¿En qué medida es subversiva la alegría, el epicureísmo del que hablaba Américo Vespucio refiriéndose a cierta imagen de los nativos americanos? E.G.: No hay nada en el mundo que no merezca ser reído. Si la literatura de denuncia no es, al mismo tiempo, una literatura de la celebración, se aleja de la vida viva y duerme a sus lectores. Se supone que sus lectores deben arder de indignación, pero ellos se caen de sueño. Con frecuencia ocurre que la literatura que dice dirigirse al pueblo, sólo se dirige a los convencidos. Sin riesgo ninguno, se parece más a la masturbación que al acto del amor, aunque según me han dicho el acto del amor es mejor, porque se conoce gente. La contradicción mueve la historia, y la literatura que de veras estimula la energía de cambio nos ayuda a adivinar los soles secretos que cada noche esconde, esa humana hazaña de reír contra toda evidencia. La herencia hebreocristiana, que tanto elogia el dolor, no ayuda mucho. Si no recuerdo mal, en toda la Biblia no suena ni una risa. El mundo es un valle de lágrimas, los que más sufren son los elegidos que suben al Cielo.

*** Observar el protocolo de las salvedades: es decir, suponer que aquello es lo otro. *** “La moral es la debilidad del cerebro”, observó Rimbaud. O sea, el que gana en filisteísmo es que ha ahorrado decencia. *** En la oscuridad, moldea su propia máscara para el día siguiente. ¡Cómo si no tuviera espejo! *** El virtuoso es aquél que a pesar de ser álgido, sabe encender las debilidades de los demás. *** La tibieza es pasividad confortable; la pasión, sin embargo, es extremista. *** Si quieres vivir para los demás, enjaézate de tacto. Si quieres vivir para ti, vístete de sinceridad. *** Es decir, dilo, por duro que sea. *** La vida es un temblor, un guiño, un escalofrío. *** La agudeza no es necesariamente ironía, Así, los superficiales se salvarían. *** “Perdóname”, dijo entornando los ojos, mientras evocaba el mundo que había dejado atrás, aquél, por el que pedía perdón.

J.M.: ¿Cómo imaginás el mundo dentro de cincuenta años? E.G.: Con la edad que tengo, me imagino que dentro de cincuenta años ya no estaré. Como ves, tengo una imaginación prodigiosa. J.M.: Alguna vez Onetti dijo que él escribía para sí mismo. ¿Galeano escribiría si tuviese la poca fortuna de ser el único sobreviviente de una catástrofe mundial? E.G.: ¿El único sobreviviente? ¡Uy! Me moriría de aburrimiento. Quizá escribiría igual, porque tengo el vicio, pero escribir para nadie es peor que bailar con la hermana. Onetti se enojó conmigo cuando una noche cometí una juvenil insolencia. Él me dijo eso, que él escribía para él, y yo le propuse llevarle al Correo esas cartas para Juan Carlos Onetti, calle Gonzalo Ramírez, Montevideo, etc., etc. Él se cabreó. Se cabreó porque mentía, y bien lo sabía. Quien publica lo que escribe, escribe para los demás. J.M.: ¿De qué se arrepiente Eduardo Galeano hoy? E.G.: No me arrepiento de nada. Yo también soy la suma de todas mis metidas de pata. Jorge Majfud: Periodista uruguayo. Vive en los Estados Unidos.

*** El perdón sólo viene de dios; ¿de quién más qué pudiera? *** Al mentir, sacó de la bolsa un pañuelo: era para limpiar sus lágrimas, por si hacía falta. *** … Y así, después de la media verdad pronunciada, dejó que una mentira piadosa se escurriera por sus palabras, que ya no sabían, ahogadas entre tanta saliva. *** Supones mal. La idiosincrasia no es un temperamento, es una mercancía más. *** La soledad, soportar la soledad no es una entereza; es una forma de irla pasando. *** Se sabía solo. No obstante, estaba ocupadísimo haciendo los preparativos para mañana. *** Dejó pues, todo listo. Suponiendo que hombres como él, por naturaleza, no cesan de construir. *** Murió joven y nadie dijo que era una lástima. *** Lo construible es, por extensión, concluible, tarde o temprano. *** La vida es movimiento. El hombre, por tanto, vértigo.

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contratiempo 62 febrero 2009