D E
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A NEGRO
L C
O L
O R
Fragmentos de un diario que busca el arcoĂris
Constanza Bustamante Becerra
Trabajo realizado en el ramo Taller de Narrativas de la carrera de Fotografía Profesional, Instituto Profesional Arcos, Peñalolén. Año 2020. Fotografías, texto y diseño por Constanza Bustamante Becerra.
En la vida pasamos por momentos de muchos colores. Amarillos llenos de alegría y optimismo, rojos que desbordan de amor, azules en melancolía y tristeza, verdes de tranquilidad y libertad... Los últimos dos años habían sido negros.
Los siguientes fragmentos de diario buscan relatar algunos de los pensamientos y vivencias que han sido parte de mi vida durante los últimos años. Al igual que en nuestra mente, hay espacios en blanco, puntos suspensivos, palabras deprimentes y otras llenas de esperanza. Todo en conjunto, muestra una parte de lo que ha sido mi camino hasta el presente.
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Si tuviera que definir mi estado actual, lo definirĂa con una palabra: perdida. La razĂłn...No sĂŠ cĂłmo afrontar tanta responsabilidad ni cĂłmo lidiar con mis inseguridades sobre el hoy y el maĂąana. DesearĂa que las cosas fueran un poco mĂĄs sencillas.
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La muerte es algo a lo que cada persona y ser vivo estĂĄ destinado. No sabemos cuĂĄndo llegarĂĄ ni de quĂŠ modo, pero de lo que sĂ tenemos certeza es que en algĂşn momento tocarĂĄ nuestra puerta. A pesar de que es algo que tenemos asumido, nada nos prepara para ver partir a un ser querido. Y peor aĂşn, nada nos prepara para perderlo cuando ni siquiera lo habĂamos recuperado.
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Hay dĂas en que me siento como una mariposa. Ante mis ojos se extiende una vasta pradera, llena de colores y flores por conocer. El cosquilleo por emprender vuelo es inminente.
Pero es tan fĂĄcil rompernos las alas. Por mĂĄs que busco y busco no encuentro pegamento suficiente para juntar los pedazos de mi alma rota. Y la reja de la cĂĄrcel en mi mente se hace mĂĄs gruesa.
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Culpable. AsĂ me siento cada vez que analizo lo que pasa a mi alrededor y veo a quienes me rodean. Por alguna razĂłn cuando todo es felicidad, yo quiero llorar. Me siento culpable por sentir un vacĂo cuando soy consciente de que tengo todo lo que necesito. Cuestiono mi sentir en momentos asĂ, trato de darle forma a tanto pensamiento que divaga en mi mente.
Y escribo...
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El cuestionamiento de hoy no es nuevo. Me pregunto si este desĂĄnimo, esta aura de tristeza que siento cargar cada dĂa es invisible para el resto. Porque parece que nadie la nota o nadie quiere verla, ÂżDeberĂan notarla? QuizĂĄs, escondo demasiado bien las ganas de llorar cada vez que me preguntan cĂłmo estoy.
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Durante los Ăşltimos meses he tenido muchos momentos de indecisiĂłn. La presiĂłn de decidir quĂŠ voy a hacer al terminar 4to medio ha sido un dolor de cabeza. Hoy despuĂŠs de tanto tiempo, finalmente escogĂ hacer lo que me hace feliz. Voy a estudiar fotografĂa.
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Hay noches en las que me siento ahogada y pienso que al otro dĂa no despertarĂŠ. En medio de la desesperaciĂłn me repito una y otra vez “estoy bienâ€?, “estĂĄs bienâ€?...AsĂ hasta que el cansancio me gana y me quedo dormida otra vez.
Hoy es unas de esas noches.
Vas a estar bien.
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Desde hace un buen tiempo que no he llorado. QuizĂĄs se me ha caĂdo alguna que otra lĂĄgrima al ver un video o sentir un poquito de estrĂŠs. Pero no he llorado. Sinceramente, no sĂŠ quĂŠ tan bueno sea eso. Porque si algo sĂŠ, es que un jardĂn debe ser regado.
𝚄𝚗 𝚍í𝚊 𝚍𝚎 𝚊𝚐𝚘𝚜𝚝𝚘, 𝟸𝟶𝟸𝟶
He regado el jardín.
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Me he despertado en la madrugada con ganas de ir al baĂąo. Medio dormida, medio lĂşcida me levantĂŠ, me deshice del por quĂŠ despertĂŠ de un buen sueĂąo y regresĂŠ a mi cuarto. Al volver, se me vino a la mente un poema. Lo escribĂ en una nota en mi celular. Me parece curioso que en ese estado de semi-conciencia se me haya ocurrido algo coherente y que a la vez me haya hecho llorar hasta dormir. Adjunto el escrito a continuaciĂłn:
“Me gustarĂa no olvidar dejar arropada mi cama, cuando el llamado de la madrugada me despierta y me hace levantarme, porque asĂ, quizĂĄs, al volver no sentirĂa el frĂo que me recuerda que soy el Ăşnico cuerpo caliente que reposa en ellaâ€?
No sĂŠ la razĂłn que me llevĂł a escribir algo tan melancĂłlico en un momento asĂ. QuizĂĄs fue porque antes de dormir leĂ una historia de poesĂa y amor que me puso sentimental. QuizĂĄs extraĂąo a alguien. O quizĂĄs es el anhelo de volver a esos dĂas de antaĂąo, donde no notaba lo frĂa que puede llegar a ser la soledad.
𝚄𝚗 𝚍í𝚊 𝚍𝚎 𝚗𝚘𝚟𝚒𝚎𝚖𝚋𝚛𝚎, 𝟸𝟶𝟸𝟶
Hace unos días sentí mucha tristeza. No recuerdo el por qué. Lo que sí recuerdo es que no pasó mucho tiempo cuando mi mente lo olvidó y siguió como si nada. Básicamente, me dejó en visto como un mensaje en Whatsapp.
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Pasaron meses desde que todo lo que podĂa ver era negro. El alejarme del resto habĂa parecido la mejor opciĂłn, el dejarme de lado tambiĂŠn. La burbuja en la que estaba encerrada era una zona de confort de la que creĂa no poder salir; si sĂłlo yo luchaba con mi tristeza, nadie mĂĄs se preocupaba, si me aislaba, nadie tendrĂa el poder de lastimarme. Fueron meses en que no sabĂa quĂŠ hacer ni quĂŠ iba a ser de mi. Y es aĂşn mĂĄs meses despuĂŠs que escribo esto. Los dĂas se han vuelto poco a poco menos negros, ya casi parecen que son gris claro. Es cierto que aĂşn hay momentos en los que la escala de grises se oscurece, pero ahora mi mente opta por huir del resguardo que la oscuridad le daba. SĂŠ que aĂşn queda un largo camino, que es un proceso que toma tiempo y conlleva mucho trabajo. Pero el futuro se ve un poco prometedor y espero que un tiempo despuĂŠs que este escrito estĂŠ terminado, pueda volver aquĂ y aĂąadir una nota que diga:
“Por fin los dĂas han vuelto a ser de colores, por fin estamos bienâ€?.
Del negro al color: Fragmentos de un diario que busca el arcoĂris Constanza Bustamante Becerra