La Valentía del Perdón Hernando Henao
Hernando Henao es una víctima más del conflicto de este país contando desde el año 46. Yo comencé a sufrir la violencia desde que tenía unos 3 o 4 años.
Aquí primero existió la guerrilla de la FARC; eran 4 o 5 manes que andaban por ahí con unos mochos de escopeta, pasando de casa en casa, pidiendo de qué vivir.
Comenzaron a ganarse al campesino y ahí fue cuando el campesino, casi obligado por esos señores, salió a apoyar el Partido Comunista en las votaciones de Cimitarra en esos años. Pero no sabíamos que los señores guerrilleros nos iban hacer votar por la UP y nos iban a dejar solos.
Fueron a la finca llegaron a las 8 de la mañana, no los dejaron desayunar; mi hermana, la niña de 4 años y medio, mi cuñado y dos obreros.
. Se los trajeron para una casa abandonada que estaba cerquita de la desembocadura de la quebrada la Corcovada y ahí los dejaron esa noche. Al otro día muy temprano se los trajeron a la peña del Macua y los fueron matando uno por uno y botándolos. Pasaron 3 obreros y también los mataron. Fueron 8 los muertos.
¿La atención psicológica? Sí, me mandaron unas psicólogas recién salidas, ¿Y qué hacían las psicólogas? Hacerme llorar más, entonces yo me emberraqué y les dije: - No, no quiero que me vengan a la casa más a atormentarme y amargarme la vida a mí y a la familia. Yo necesito unos psicólogos de segundo nivel que me entiendan cuál es mi problema. Entonces no me volvieron a mandar más.
Yo tenía mi madre operada de los ojitos en Bogotá e iba a llevarle una platica y llegué a Barbosa y como el camino estaba embarrado me bajé. Me llegaron 3 hombres y me dijeron somos del B2, me llevaron a la policía y me metieron en el calabozo. Había un policía en una mesa escribiendo a todo el que llegaba y a mí no me anotaron, me dijeron que no me anotaban porque los que traía esa gente se los llevaban al ratico. Pero yo no sabía para dónde me iban a llevar, si me iban a llevar al río Suárez. Me iban a botar, ya habían botado a un poco de gente de Cimitarra. Entonces yo ya me vi como muy acorralado y le dije a Dios; “Señor, si verdaderamente estás para ayudarme, no me dejes botar al río”.
Al momentico, llegó el carro y el mismo teniente que me había detenido me entregó la cédula, me entregó el carnet y me dijo; “se puede ir pero llega a Cimitarra y se me presenta en la base militar”.
Para mí, cuando me asesinaron a mi familia fue el golpe más certero que pude haber sentido en la vida porque yo quería mucho a mi hermana. Ella era una gran luchadora y mi cuñado era un berraco, estaban levantando una finquita por allá a puro golpe, aguantando hambre y necesidad. Y aquí me dieron esa razón de que los mataron, Para mí fue como si me hubieran echado un baldado de agua fría encima, duré cuatro días para poder ir a levantar los muertos. Dejé a mi familia en un cementerio que visito cada que puedo.
Llegué a la base de los paramilitares, cuando estaba en la portería mostré mi cédula, entré y le dije. -Necesito que sea sincero conmigo y me diga la verdad, ¿por qué mataron a mi familia? necesito que me devuelvan los documentos que se llevaron de ellos y que me haga el favor y me diga si me va a matar y si es así quiero que me den la oportunidad para yo volarme a un rincón que ustedes no me encuentren, porque quiero ver a mis nietos.
Y el tipo me dijo: -Matamos a su familia por equivocación. Después de que habían violado a la niña de cuatro años y medio -Los documentos yo lo único que hago es solicitarlos al comando central en Puerto Boyacá y allá se los llevarán a su casa.Y para responderle con toda seguridad que no lo tenemos a usted en lista para matarlo. Entonces yo sentí en ese momento que se me quitó una cosa muy pesada de encima, una caparazón. Me sentí libre.
Y ahí fue donde pude coger más impulso, menos miedo, porque las acciones hacen que uno se haga más fuerte. El miedo es para los cobardes, aunque hay muchos cobardes que se han salvado por el miedo.
Pero bueno continúo y ahí voy borrando las lágrimas, que a veces me sirven de alitivo y sigo adelante. Yo creo que la solución no es cobrar venganza, la solución es buscarle salida al problema.
Esta es una parte de quién es Hernando Henao, un hombre que ha visto de frente el rostro de la violencia. El hombre que perdió, sufrió y luchó, Pero que hoy vive con su familia y solo quiere ver el país que ama en paz. El hombre que aprendió que la violencia no lleva ningún tipo de mérito, solo destrucción . El hombre que comprendió que un abrazo es más poderoso que un balazo.
La gran invitación que pueden hacer los grandes pensadores es que dejemos las armas a un lado y utilicemos las herramientas para sembrar comida. Realizado por: María Paz Arbeláez Patiño & Nicolás Martínez Sánchez