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Ahora bien, ¿por qué algunos creyentes se ponen nerviosos ante la idea del regreso de Cristo? Se ponen así por una razón: tienen ideas equivocadas acerca de Dios. Han sido llevados a creer que Dios es algún tipo de Juez Iracundo quien está rondando para descargar su terrible venganza sobre todo pecador. En el fondo de sus mentes está el Dios enfurecido y encolerizado del llamado “Gran Despertar”, tema predicado por personalidades de gran influencia tal como lo es el predicador Jonathan Edwards. Pero Dios no es así. Él es exactamente lo que la Biblia dice que él es: Padre, Hijo y Espíritu Santo— el Padre quien amó tanto al mundo que mandó a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo (Juan 3:16-17); el Hijo quien llegó a ser uno de nosotros por la voluntad del Padre, para que nosotros habiendo sido hechos puros y sin pecado en él, pudiéramos compartir en su relación eterna de amor con el Padre; y el Espíritu Santo, a quien el Padre y el Hijo nos mandan para guiarnos a toda verdad y para transformarnos en la imagen de Cristo desde nuestro interior hacia afuera. Así pues, los terremotos no son el castigo de Dios sobre los pecadores. El Dios revelado en Jesucristo envía su gracia a los pecadores inmerecidos, no sus plagas. Los terremotos son terremotos. Son un hecho de la naturaleza. No son el resultado de la furia de Dios descargada sobre los incrédulos. Los terremotos son el resultado de movimientos naturales de la corteza terrestre. Nos preparamos ante ellos aprendiendo a evitar el ser sorprendidos o atrapados por escombros y guardando un “equipo de emegencia” que contenga provisiones para durar unos cuantos días. No nos preparamos ante estos desastres fabricando conceptoss no bíblicos acerca del fin de esta era y quiénes son los que Dios ama u odia. Dios ama al mundo entero, es por ello que él mandó a su Hijo a salvarlo. Y Jesús aún nos ordena que amemos a nuestros enemigos, tal como él amó a sus enemigos (tal como antes nosotros fuimos sus enemigos) y dió su vida por ellos (Romanos 5:8, 10). El apóstol Pablo escribió que deberíamos de estar siempre listos para el final de esta era, no para alimentar nuestra adicción a las predicciones, sino en cuanto a “habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:8-9). Por último, no hay necesidad de entrar en pánico. Más bien, como hijos amados del Padre, podemos llevar el amor de Dios a otros para que puedan soportar el sufrimiento, hasta el gran día de su aparición, cuando por fin todo ojo le verá y toda rodilla se inclinará ante Jesús, quien amó al mundo entero y se entregó a sí mismo para salvarlo.

4 Odisea Cristiana | Número37

PENSANDO EN VOZ ALTA

por Barbara Dahlgren

Llegando a conclusiones precipitadas Hace muchos años, cuando mi esposo estaba como predicador invitado en una iglesia en Illinois, me senté durante los servicios con algunos amigos. Mel predicó un sermon muy conmovedor exponiendo punto tras punto. Pensé: ¡Qué estupendo sermón! Debe ser muy bueno, ya que tu esposa está impresionada. Sin embargo, un joven sentado en el pasillo frente a mí, no compartía mi entusiasmo. Se veía algo distante mientras leía una revista. Era una revista cristiana, por cierto, pero aún así, era obvio que él no estaba ni impresionado ni interesado en lo que Mel estaba diciendo. Sentada ahí, sintiéndome cada vez más molesta, pensé: ¡Qué desatento! Traté de no mirarlo, pero mis ojos continuaban viendo en esa dirección. ¿Cuál era su problema? ¿Acaso no entendía? ¿Por qué molestarse en venir a la iglesia? Después del servicio, mi amigo me dijo : Quiero que conozcas a nuestro miembro más reciente. Mientras me guiaba hacia este desinteresado joven, me informó: Jeff es sordo y todavía no tenemos a alguien que interprete lenguaje de señas, pero le encanta venir a la iglesia. También me enteré de que él podía leer los labios si se le hablaba lentamente, aunque sólo de cerca. La lección que aprendí es “No saltes a conclusiones precipitadamente. Las cosas no siempre son lo que aparentan”. Llegar a conclusiones sin bases es como decir que dos más dos son cinco. Cuando nuestras mentes se precipitan en la dirección equivocada, nos pueden llevar a conclusiones incorrectas, situaciones estresantes, ánimos exaltados y sentimientos lastimados. Tal vez es por esto que Dios nos advierte que no nos juzguemos unos a otros. Pero otra escritura viene a mi mente cuando reflexiono en lo rápida que fui para etiquetar a Jeff como desatento y no espiritual. La encontramos en Filipenses 4:8 “Consideren bien todo lo verdadero, lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio alguno”. Creo que esto se extiende más allá de sólo tener “buenos pensamientos” en general. Pienso que incluye tratar de pensar lo mejor de los demás en lugar de atribuirles motivos, hacer suposiciones y saltar a conclusiones. Si queremos que las personas nos den el beneficio de la duda, entonces debemos dárselo a ellos. ( Lucas 6:31) Así que estoy tratando de observar más de cerca antes de saltar a conclusiones; ya que podría estar saltando en la dirección equivocada.

Comunión Internacional de la Gracia


Llegando a conclusiones precipitadas