CORAZONES DE PATRIO SENTIR RELATOS Y TESTIMONIOS DE UNA HISTORIA SESQUICENTENARIA
1869 ~ 2019
CORAZONES DE PATRIO SENTIR RELATOS Y TESTIMONIOS DE UNA HISTORIA SESQUICENTENARIA
1869 ~ 2019 Miguel Ángel Podestá
2021
Podestá, Miguel Ángel Corazones de patrio sentir : relatos y testimonios de una historia sesquicentenaria / Miguel Ángel Podestá. - 2a ed adaptada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Universitaria del Ejército, 2021. DVD-ROM, iBook
ISBN 978-987-3827-31-0
1. Patrimonio Histórico Argentino. I. Título. CDD 355.00982
Corazones de Patrio Sentir Relatos y testimonios de una historia sesquicentenaria Primera edición 2019 Segunda edición DVD-ROM, iBook 2021
Editores: Editorial Universitaria del Ejército Argentino (EUDE) Dirección Editorial: Omar Alberto Locatelli Edición: Juan Ignacio Cánepa Diseño y diagramación: Alejandro Arce Corrección: Florencia García Brunelli Impresión Rotativos Unicom S.R.L. Dinamarca 3489, (B1834FKK) Temperley, Buenos Aires, Argentina. ventas@rotativosunicom.com.ar Este libro se terminó de imprimir en septiembre de 2019. Copyright © Estado Mayor General del Ejército - Ejército Argentino Derechos exclusivos de edición reservados en todo el mundo. Queda hecho el depósito que establece la Ley 11.723. Libro de edición argentina.
No se permite la reproducción total o parcial, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.
ISBN 978-987-3827-31-0978-987-3827-25-9
SUMARIO
Dedicatoria
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Agradecimientos
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Presentación
19
Presentation
23
A modo de introducción. La Casa Rosada, escenario del primer egreso en 1873 (por Coronel José Silvano Daza)
27
La formación de oficiales en los primeros años de la patria (1810-1860)
29
Capítulo 3:
La creación de la ansiada Escuela Militar
35
Capítulo 4:
Queda establecido en el edificio de Palermo el Colegio Militar
39
Capítulo 5:
El primer director
43
Capítulo 6:
El primer aspirante a oficial
49
Capítulo 7:
Palermo. La etapa fundacional
53
Capítulo 8:
El Colegio en la Revolución de 1890
59
Capítulo 9:
El Colegio en San Martín
65
Capítulo 1:
Capítulo 2:
10
Capítulo 10: Un campo de batalla, el sitio elegido para el nuevo Colegio
71
Capítulo 11: Ingenieros militares en el Colegio Militar
77
Capítulo 12: Justo, el mentor del Colegio del siglo XX
81
Capítulo 13: El Colegio en la Revolución de 1930
87
Capítulo 14: Un cadete del Colegio Militar en San Martín (entrevista al coronel Guillermo Nicolás Nowell)
91
Capítulo 15: El campus educativo del Palomar
95
Capítulo 16: Cadete en San Martín y subteniente en Palomar (entrevista al general de Brigada Jorge Dansey)
101
Capítulo 17: El monumento a la Serenidad y los cadetes fallecidos
107
Capítulo 18: Aviadores militares, entre El Palomar y Córdoba (por teniente coronel José Javier de la Cuesta Ávila)
113
Capítulo 19: Patio de honor “General San Martín”, centro simbólico del Instituto
119
Capítulo 20: Disparos en el patio de honor (por coronel Juan Bautista Menvielle)
125
Capítulo 21: Las especialidades se suman a las armas. (por coronel de Intendencia Nilo Omar Zanor)
129
Capítulo 22: Un homicidio en la Segunda Compañía (por general de Brigada Jorge Eduardo Gorleri y mayor Gilberto Virgilio Caffaro)
135
11
Capítulo 23: Evolución orgánica
139
Capítulo 24: 1955, un año agitado (por coronel Rubén José Lorenzo)
145
Capítulo 25: Patrimonio cultural
151
Capítulo 26: Viví el centenario (por coronel Julio Horacio Bergallo)
157
Capítulo 27: Intercambios con otros países
163
Capítulo 28: Cuando el clarín de la patria llama (por teniente coronel veterano de la guerra de Malvinas Roberto Augusto Vega)
169
Capítulo 29: Instrucción militar y campos de maniobras
175
Capítulo 30: Un acto de arrojo solidario (por coronel Hernán José María Risso Patrón)
181
Capítulo 31: Planes de estudio y apoyo a la educación
187
Capítulo 32: Subtenientes y… licenciados (por mayor Sebastián Marincovich)
193
Capítulo 33: Llegan las enfermeras profesionales (por licenciada en Enfermería y Gestión Educativa Gladys Bertone de González)
199
Capítulo 34: Del tambor de órdenes a la Agrupación Sinfónica (por coronel de banda Alberto Agüero)
205
Capítulo 35: Citius, altius, fortius (por coronel de Educación Física Jorge Alberto Antonio Bergese)
209
Capítulo 36: Mujeres en el Cuerpo Comando (por mayor Julieta Susana Retamar)
215
12
Capítulo 37: Hacia un único instituto de formación de oficiales (por coronel Javier Horacio Astigueta)
221
Capítulo 38: Un novedoso sistema de incorporación se pone en marcha (por coronel Roberto Raúl Palomino)
225
Capítulo 39: Los profesores (por magíster en Educación Demetrio de Nastchokine)
231
Capítulo 40: A modo de epílogo. El Colegio Militar en vísperas de su sesquicentenario (por general de Brigada Agustín Humberto Cejas)
237
El aprendiz de soldado
243
Promociones del Colegio Militar de la Nación con su año de egreso
247
Anexo 2:
Directores del Colegio Militar de la Nación
251
Anexo 3:
Viaje de estudios de las promociones 100 a 150 del Colegio Militar de la Nación
257
Actividades realizadas en el sesquicentenario de la creación del Colegio Militar de la Nación
261
Bibliografía general
266
Anexo 1:
Anexo 4:
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A los jóvenes cadetes de ayer, hoy y mañana. En reconocimiento a su vocación de servicio a la Nación argentina. A los que con su labor han contribuido y contribuyen a educar a los futuros oficiales del Ejército Argentino.
AGRADECIMIENTOS Personas Coronel de banda Alberto Agüero General de Brigada Roberto Ariel Agüero (promoción 117, Colegio Militar) Coronel Javier Horacio Astigueta (promoción 106) Coronel Carlos Lázaro Ballero (promoción 86) Coronel Julio Horacio Bergallo (promoción 100) Coronel de Educación Física Jorge Alberto Bergese Licenciada Gladys Bertone de González Licenciado Germán Carrillo Noble (Archivo del Colegio Militar) General de Brigada Agustín Humberto Cejas (promoción 115, Colegio Militar) General de Brigada Jorge Dansey (promoción 67) Coronel Fernando José Di Palmo Scarzella (promoción 113, Servicio Histórico del Ejército) Ayudante de docencia Sandra Mónica Fariello (Colegio Militar) Coronel Ariel Adrián Guillermo Ferro (promoción 117, Departamentos Retiros y Pensiones de la Dirección de Bienestar) Señora Julia Estela García (Biblioteca Nacional Militar, Círculo Militar) General de Brigada Gustavo Alejandro Garcés Luzuriaga (promoción 116, Dirección de Ingenieros e Infraestructura) Coronel Gonzalo Alberto Gómez (promoción 98) Capitán Ezequiel González Deibe (promoción 134) General de Brigada Jorge Eduardo Gorleri (promoción 81) Ayudante de docencia Gabriela Grossi (Biblioteca “Islas Malvinas”, Colegio Militar) Ayudante de docencia Rosario Hernández (Colegio Militar) Coronel Fernando Augusto Jáuregui (promoción 115) Doctora Marta Lucila Locatelli (Escuela Superior de Guerra) Coronel Omar Alberto Locatelli (promoción 106, Editorial Universitaria del Ejército) Coronel Rubén José Lorenzo (promoción 85)
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Colegio Militar de la Nación
Coronel Gustavo Mario Lucchetta (promoción 114) Coronel Sergio Antonio Lugones (promoción 116, Archivo General del Ejército) Mayor Sebastián Marincovich (promoción 128) Coronel Ernesto Ceferino Montenegro (Promoción 117, Colegio Militar) Licenciado Demetrio de Nastchokine (Colegio Militar) Coronel Guillermo Nicolás Nowell (promoción 61) Coronel Roberto Raúl Palomino (promoción 114) General de Brigada Daniel Manuel Reimundes (promoción 100) Mayor Julieta Susana Retamar (promoción 131) Coronel Hernán Risso Patrón (promoción 104) Coronel Pablo Javier Rolando (promoción 120, Colegio Militar) Ayudante de docencia Mariela Scorzelli (Colegio Militar) Teniente coronel VGM Roberto Augusto Vega (promoción 113) Coronel de intendencia Nilo Omar Zanor (promoción 88)
Organismos Archivo General de la Nación Archivo General del Ejército Argentino Archivo del Colegio Militar de la Nación Biblioteca Nacional Militar “General de División Agustín Pedro Justo” del Círculo Militar Biblioteca Central del Ejército “General Doctor Benjamín Victorica” Biblioteca “General Manuel Belgrano” de la Escuela Superior de Guerra Biblioteca “General de División Manuel Nicolás Savio” de la Facultad de Ingeniería del Ejército Biblioteca “Islas Malvinas” del Colegio Militar de la Nación Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos Editorial Universitaria del Ejército Servicio Histórico del Ejército Argentino Sociedad Militar Seguro de Vida
Este libro ha sido impreso gracias a la colaboración especial de la Sociedad Militar Seguro de Vida Institución Mutual
Miguel Ángel Podestá (hijo) General de Brigada en situación de retiro Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército de Tierra del Reino de España. Magíster de la Universidad de Palermo en Educación Superior Revistó en el Colegio Militar de la Nación como: Cadete 1969 a 1973 Promoción 104 Oficial Instructor 1980 a 1983 Jefe de Estudios 1997 a 1999 Secretario Académico 2000 a 2001 Subdirector 2002 a 2003
PRESENTACIÓN
El 11 de octubre de 1869 el presidente Domingo Faustino Sarmiento promulgaba la Ley Nacional 357 por la que se creaba la entonces llamada Escuela Militar. Culminaba así un proceso de casi 60 años desde que los patriotas de la Revolución de Mayo concibieron la primigenia Escuela de Matemáticas como lugar de formación inicial de los oficiales de los ejércitos que lucharían por la independencia de una nueva nación en gestación. Y comenzaba otra etapa propia de un Estado organizado que procuraba consolidar sus instituciones fundamentales, que se extiende hasta este año, el 2019, momento en que conmemoramos el sesquicentenario de aquel venturoso acontecimiento para el Ejército Argentino. Este libro pretende sumarse a las celebraciones de este trascendente aniversario desde una aproximación a la historia del Instituto basada en 20 relatos y 20 testimonios que aspiran a cubrir los sucesos más importantes, situaciones relevantes o inéditas de un pasado rico en anécdotas y hechos. Los relatos eligen la senda de los eventos trascendentes de la vida del Colegio, han sido escritos por el editor y en general procuran dar un conocimiento detallado de los acontecimientos, con abundantes referencias a pie de página. A su vez, los testimonios transitan situaciones variadas, en ocasiones anecdóticas, de ese mismo pasado, han sido escritos normalmente por sus protagonistas y, si bien han requerido ser elegidos y recopilados, aportan con sus diferentes percepciones frescura a la narración y nos hacen participar de situaciones inéditas, como las circunstancias en que la primera promoción de oficiales egresó en el año 1873. A pesar de que se ha intentado abarcar los hechos más relevantes, seguramente han quedado al margen muchas situaciones interesantes, debido a la innegable riqueza de la historia del Instituto y al sentido de pertenencia de los que han revistado en él y podrían brindar también valiosos testimonios. Sepa entonces el lector disculpar, pero la extensión de estas páginas ha obligado a optar, según el criterio siempre discutible del editor.
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Colegio Militar de la Nación
Estos 40 capítulos diferentes, ubicados cronológicamente, aunque algunos abarcan temáticas de mayor proyección temporal, permiten ingresar al libro por aquel segmento que le resulte de mayor interés, sin necesidad de una lectura completa. Encontrará el lector en ellos situaciones interesantes, trágicas, risueñas, importantes, rutinarias, etc. En definitiva, todas han formado parte de la historia del Instituto y por ello han sido incluidas, sin establecer un orden de precedencia. La estructura del libro fue concebida en 2015. Su desarrollo llevó tres años entre 2016 y 2018, y a fin de este último fueron entregados los originales a la Editorial Universitaria del Ejército, que, como se podrá observar, ha hecho una tarea meritoria que el editor reconoce y agradece, cediendo sus derechos para eventuales nuevas ediciones en el futuro. Las referencias utilizadas han sido numerosas, pero dos en particular merecen ser destacadas. En primer lugar, la Historia del Colegio Militar, publicada en su centenario (1969), producto de la investigación y redacción del entonces subdirector del Instituto, el coronel Isaías José García Enciso, auxiliado por un equipo de nueve destacados colaboradores civiles y militares. Una obra notable que supera ampliamente, aunque no desmerece, los anteriores intentos de 1927 y 1937. En segundo lugar, el Libro de promociones egresadas del Colegio Militar de la Nación del coronel Abelardo Martín Figueroa, que ha permitido precisar nombres, oportunidades y trayectorias para vincularlas con los hechos relatados. Esta feliz circunstancia ha hecho posible colocar a continuación del nombre de cada oficial mencionado el número de su promoción para que el lector pueda relacionarlo adecuadamente con su fecha de egreso detallada en un anexo. Las imágenes que ilustran el texto provienen principalmente del Departamento de Documentos Fotográficos del Archivo General de la Nación, en donde una exhaustiva búsqueda ha permitido rescatar algunas fotos inéditas. También se tomó como fuente al equipo de difusión en redes sociales del Colegio Militar y a su gabinete fotográfico. El avezado lector percibirá rápidamente que el libro no presenta conclusiones, sino que básicamente expone hechos, dejándole a él que las extraiga libremente, en especial sobre los sucesos que han trascendido la propia vida del Instituto. En cada logro del Colegio ha existido normalmente un proceso complejo y extenso en el que han intervenido muchas personas bajo la conducción y responsabilidad de los respectivos directores. Si bien se realizan algunas menciones, en reconocimiento indirecto a todas ellas se ha agregado un listado de estos como anexo al cuerpo del libro.
Corazones de Patrio Sentir
Un especial agradecimiento a aquellos que contribuyeron, con su consejo y apoyo, a que esta obra pudiese salir a la luz, en particular a los que brindaron su generoso testimonio para hacerla más interesante. Finalmente, mi reconocimiento personal al Ejército Argentino, en donde he revistado 50 años. Esta obra es mi sencilla retribución a una dichosa vida profesional. El Colegio Militar de la Nación constituye un patrimonio notable del Ejército Argentino, lo que implica, entre otras cosas, que ostenta un altísimo valor simbólico por los bienes intangibles que encierra su cometido de educar a los jóvenes argentinos que aspiran a integrar el cuerpo de oficiales en los valores éticos constitutivos de la esencia de su cultura institucional y en la competencia profesional que los hará idóneos para la defensa de la Nación. Disfrute, pues, el lector este intento de poner nuevamente en valor esa historia sesquicentenaria y agregue en su imaginación a estos escritos, si cabe, los recuerdos de su propia experiencia personal en su paso por el Instituto. “No hay otra manera de contar la Historia con mayúscula que a través de las historias con minúsculas”.1
El Editor
1 Sergio Ramírez, escritor y exvicepresidente de Nicaragua, en su artículo “Los hilos de la memoria”, publicado el 24 de septiembre de 2016 en el diario La Nación.
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On October 11, 1869, President Domingo Faustino Sarmiento enacted National Law 357, which created the so-called “Colegio Militar”. This culminated a process of almost 60 years since the patriots of the May Revolution in 1810 conceived the original School of Mathematics as the place of initial formation of army officers who would fight for the independence of a new nation that was in gestation. At that moment, also began another stage of an organized state that sought to consolidate its fundamental institutions, which extends until this year, 2019, when we commemorate the sesquicentennial of that fortunate event for the Argentine Army. This book aims to join the celebrations of this momentous anniversary by an approach to the history of the Institute based on 20 stories and 20 testimonies that focuses on cover the most important events, relevant or unpublished situations of a past rich in anecdotes and facts. The stories follow the path of the transcendent events of the life of the College. They have been written by the editor of this book and generally seek to provide detailed knowledge of the events, with abundant references at the bottom of the page. In turn, the testimonies go through varied situations, sometimes anecdotal, of that same past. They have been written normally by their protagonists and, although they have been chosen and collected, they bring freshness to the narrative with their different perceptions and make us participate in unpublished situations, such as the circumstances in which the first promotion of officers graduated in 1873. The “Colegio Militar de la Nación” constitutes a remarkable patrimony of the Argentine Army, which implies, among other things, that it has a very high symbolic value due to the intangible assets that its mission entails: educating the Argentine youth who aspire to integrate the body of officers in the ethical values constituting the essence of their institutional culture and in the professional competence that will make them suitable for the defense of the Nation. Enjoy, then, this attempt to revalue that sesquicentennial history. You will surely find in it points in common with your respective military academy.
The EditorPresentation
Presidente Domingo Faustino Sarmiento. Foto obtenida el 24 de Setiembre de 1873. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 24721.
A MODO DE INTRODUCCIÓN LA CASA ROSADA, ESCENARIO DEL PRIMER EGRESO EN 1873
En esa época de grandes angustias por las que atravesaba el país,2 el infrascrito era sargento segundo del Colegio Militar; en esas circunstancias, recibí la orden de estar listo con los cadetes distinguidos Rodolfo Kratzenstein, Rodolfo Domínguez y el cabo Martín Gras ‒hoy coronel‒ para presentarnos al presidente de la República, el eminente educador general Sarmiento. En efecto, fuimos llevados a la Casa Rosada por el director de aquel Instituto, el coronel Juan F. Czetz, quien hizo nuestra presentación al esclarecido patricio, el cual se encontraba resolviendo un alto expediente con su secretario al lado. Hicimos el saludo de ordenanza y permanecimos formados en ala, tratando de conservar la más correcta posición militar. El primer magistrado contestó el saludo, se levantó y se acercó a nosotros; comenzó por inspeccionarnos de abajo hacia arriba, bañándonos con una destellante mirada que revelaba saber e inteligencia, y por fin nos dijo:
2 Se hace referencia a la rebelión del general Ricardo López Jordán, que ha sido considerada el último acto del conflicto entre unitarios y federales en la República Argentina. Se desarrolló en la provincia de Entre Ríos y, en menor medida, en la provincia de Corrientes entre el 11 de abril de 1870, fecha del asesinato de Justo José de Urquiza, y el 16 de diciembre de 1876, fecha de la captura de Ricardo López Jordán, jefe de la rebelión.
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Colegio Militar de la Nación
Muy bien: dicen que en tiempo de epidemia se echa mano de la fruta pinta para atender las primeras necesidades de la vida; hoy se ve a la nación casi con idéntico apuro; hay carencia apremiante de oficialidad en el ejército; aunque no han terminado sus estudios, sin embargo, el gobierno vése en la obligación de echar mano de ustedes (nos faltaba rendir el último examen de 4.º año); voy a darlos de alta en un cuerpo muy lindo, que yo en otras veces he equipado y mandado en operaciones de guerra, siendo gobernador de San Juan, cuya unidad es el regimiento1.º de Caballería. Tiene valerosa oficialidad formada por Sandes; empero, no han tenido oportunidad de educarse como vosotros. Así es que deben ser ustedes respetuosos, atentos y comedidos con esos viejos servidores. Nunca hagan jactancia de saber más que ellos, cuando algo les pregunten no esperen que les rueguen para dar sus opiniones. Lleven sus libros, ténganlos a la mano en un carguero, de manera que sigan sus aprendizajes. Yo cuando fui ayudante del general Urquiza, en la campaña grande de la unificación de la patria, en las maletas cargaba las ordenanzas, tácticas y hasta mi escritorio, donde escribía a caballo e impartía, haciéndolas volar, las órdenes del general en jefe a los comandantes de unidades. Les voy a mandar un profesor alemán, el capitán Van der Heyden, para que no interrumpan sus estudios. El gobierno no se olvidará de ustedes.
Tan luego de terminar su discurso hízole presente el director que no teníamos vestuario ni equipo militar y expuso que éramos cadetes pobres y que además nos encontrábamos lejos de nuestras familias.
Corazones de Patrio Sentir
Al momento dictó una urgente orden a los sastres militares Turdera y Claret para que nos vistieran de alféreces inmediatamente, proveyéndonos de montura militar de campaña. Dictó otra orden de anticipo de dos meses de sueldo, con cargo a descontar más tarde, en lo cual fuimos muy felices, pues nunca se nos descontó ni un centavo. Haciéndole la venia militar pedimos permiso y nos retiramos con el alma henchida de regocijo.
Coronel José Silvano Daza Promoción 1. Primer oficial egresado del Colegio Militar3
3 Daza, 1912: 48-51.
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Inauguración del busto del general Julio de Vedia (1826 – 1892), el 22 de diciembre de 1928, quien fuera el tercer director del CMN. Ingreso al ejército en calidad de portaestandarte de artillería a los 16 años. Argentina Archivo General de la Nación Depto. Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76154.
LA FORMACIÓN DE OFICIALES EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA PATRIA (1810-1860)
“…el oficial de nuestro exército después de asombrar al enemigo por su valor, debe ganar a los pueblos por el irresistible atractivo de su instrucción, de su moderación y virtudes sociales que deben adornarlo”. Resolución de la Junta de Gobierno (19 de agosto de 1812)
La Primera Junta de Gobierno Patrio, casi en simultáneo con el envío de las expediciones al Alto Perú y al Paraguay, se dispuso a encarar el problema de la formación de los oficiales del Ejército, que se regía hasta ese entonces por las viejas ordenanzas españolas. Ejemplo de ese modelo es el ingreso de don José Francisco de San Martín en condición de cadete al Regimiento de Infantería Murcia en 1789, en donde se educaría en base a la experiencia práctica y las enseñanzas teóricas de un “maestro de cadetes”.4 Tal como señalan Martiré y Tau Anzoátegui, La oficialidad de estos ejércitos se preparaba en los propios cuerpos, o bien alcanzaba los grados en campaña, en atención al mérito guerrero. Los oficiales no podían ser menores de 20 años, y los cadetes debían tener como mínimo 14 años en caso de ser hijos de oficiales y 16 si no lo fueren. (1996: 429)
4 El Colegio Militar posee un cuadro que lo representa en esa condición, donado por el coronel Jorge Rodolfo González Moreno (promoción 69).
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La solución fue crear la Escuela de Matemáticas,5 que pudo concretarse merced al impulso de Manuel Belgrano, “vocal protector”, que proporcionó desde el Real Consulado uno de los salones y el auxilio pecuniario para su instalación. Su dirección fue confiada al teniente coronel Felipe Sentenach, nacido en Barcelona e ingeniero de destacada actuación durante las invasiones inglesas. Según Moreno, Con el mismo empeño se estableció la Academia de Matemáticas para la educación militar de nuestros jóvenes oficiales, cuya apertura se hizo solemnemente el 12 de septiembre de 1810. Desde entonces es que la Patria puede contar sobre el valor de sus oficiales, que, desnudos de los socorros de la ciencia, como hasta allí habían estado, no le prometían más que un apoyo incierto. (1918: 222)
El programa de estudios comprendía asignaturas como aritmética, geometría, fortificación, álgebra, mecánica y geografía. El curso duraba dos años y contemplaba la educación teórica de los cadetes de los regimientos durante las mañanas en la escuela, mientras que la práctica se realizaba por las tardes a órdenes del sargento mayor de la plaza y se basaba en formaciones, voces de mando, movimientos y maniobras. El vocal comisionado para supervisarla fue don Miguel de Azcuénaga. Mariano Moreno, desde la Secretaría de Guerra, dispuso que no se admitiesen cadetes en los cuerpos hasta no contar con un certificado del director de la Escuela que acreditase que habían cursado dos meses y puesto en evidencia su aptitud para la milicia, y estableció también que se aceptase a los “sargentos y soldados de valor y buena conducta” (Domínguez, 1898). Ambas medidas procuraban asegurar la igualdad de oportunidades en el acceso a la plaza de oficial. Sin embargo, un hecho luctuoso afectaría el normal desarrollo del Instituto, su director sería fusilado el 11 de julio de 1812, acusado de participar de la conspiración de Martín de Alzaga contra el Primer Triunvirato. El Segundo Triunvirato designaría a principios de 1813 a Pedro Cerviño, también militar e ingeniero, como nuevo director de la Academia, que adquirió un cariz más general en cuanto a los conocimientos que se impartían.
5 También conocida como Escuela Militar de Matemáticas.
Corazones de Patrio Sentir
Al año siguiente, la Asamblea del año XIII volvió a insistir con la creación de un instituto militar, pero la dispersión de los ejércitos en operaciones y otras causas que desconocemos no hicieron prosperar la idea, dado que en 1816, durante el directorio de Álvarez Thomas, se creó nuevamente una Escuela Militar de Matemáticas. El estudio de las matemáticas se ha considerado como el primero y único elemento sólido de la ilustración y jamás podrá esperarse el progreso de los conocimientos en ninguno de los ramos útiles al hombre en particular y a la sociedad en general sin la aplicación de los axiomas que hacen al alma de aquella ciencia. (op. cit.: 181)
Esta academia funcionó esta vez bajo la dirección de Felipe Senillosa, ingeniero español. Bernardino Rivadavia años más tarde dispondría, a través del decreto del 23 de abril de 1823, la supresión de la categoría de cadetes, decretando que los aspirantes a oficiales debían cursar previamente como alumnos militares en el Colegio de la Unión (luego, Colegio de Ciencias Morales, antecedente del Colegio Nacional Buenos Aires), para lo cual se otorgaban 20 becas a hijos de “oficiales beneméritos en la causa de la Independencia”. De alguna manera, esta medida constituyó un cambio de paradigma con el anterior modelo, en donde la formación se realizaba a la par que se revistaba en un cuerpo del Ejército. El posterior período de anarquía y luego el gobierno de Rosas afectarían estos intentos de normalizar la formación del oficial, y en 1829 se volvería a reglamentar con el decreto del 28 de febrero de ese año firmado por Brown y Paz la admisión de aspirantes a oficiales en los cuerpos del Ejército a razón de dos por compañía, que podían ser sargentos o jóvenes mayores de 14 años que debían acreditar saber leer y escribir, poseer conocimientos básicos de aritmética y tener el consentimiento de sus padres. Esta situación se prolongaría hasta después de la batalla de Caseros, cuando el Coronel Alfredo Marbais du Graty (egresado de la Academia Militar Belga) presentó a pedido del ministro de Guerra un proyecto6 completo para la creación de una academia militar destinada a formar oficiales. Lamentablemente la revolución separatista de Buenos Aires del 11 de septiembre de 1852 no permitiría concretarlo.
6 Nellar. (1970). pp.98 y 99.
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Urquiza, ya como presidente constitucional, aprobó el 30 de abril de 1857 la creación de un “aula militar” en el Colegio de Concepción del Uruguay que él había fundado años antes. El programa de estudios militares contemplaba tópicos para dos años, y aunque desapareció tempranamente como tal la instrucción militar perduró hasta fines del siglo. De ese colegio egresaría en el año 1858 el subteniente de Artillería Julio Argentino Roca. El presidente Santiago Derqui, por decreto de mayo de 1860, ante la imposibilidad de fundar una escuela militar por las dificultades que atravesaba el país, resolvió la creación de academias teórico-prácticas de las armas de Infantería, Caballería y Artillería en la ciudad de Paraná con la finalidad de atenuar las deficiencias comprobadas en los oficiales, que deberían concurrir a clases en los horarios establecidos a tal fin (Nellar, 1970). La batalla de Pavón (17 de septiembre de 1861) significaría el fin de la Confederación Argentina y la organización definitiva del país bajo el predominio de la provincia de Buenos Aires. Nos acercamos con este hecho al tiempo en que ese antiguo proyecto de varias generaciones, crear una escuela militar permanente, finalmente se concretaría y perduraría. Sin embargo, la existencia del antiguo medio alternativo de formación de oficiales se extendería hasta el año 1903, dado que recién en 1901 la Ley 4031 de Organización del Ejército de la Nación en su artículo 134 estableció lo siguiente: Los distinguidos y sargentos que actualmente revistan en los cuerpos del Ejército de Línea conservan sus derechos al ascenso al grado de subtenientes o alférez, siempre que dentro del término de un año, después de la promulgación de la presente ley, hayan satisfecho las condiciones del examen que será determinado por el Poder Ejecutivo en la reglamentación de esta ley.
Para concretar esta finalidad se creó temporalmente en abril de 1902 en Campo de Mayo la Escuela Especial de Aspirantes a Oficial, que funcionó durante siete meses con 182 alumnos. Egresron como oficiales ese mismo año 64 y el siguiente, 118. Finalmente, la Escuela fue inmediatamente disuelta. Con esta breve reseña hemos querido reconocer los esfuerzos de más de medio siglo para organizar el Colegio Militar. Por ello, cerramos este relato recurriendo a las palabras del coronel Fued Gabriel Nellar (promoción 58):
Corazones de Patrio Sentir
…justo homenaje a inspirados y gloriosos hombres de armas del siglo XIX, que en improvisadas, viejas y rústicas casonas supieron cumplir con el infinito afán de orientar y producir un rayo de luz científico a quienes se alistaban para ejercer la noble misión de conducir a heroicos y animosos soldados al combate, sin más herramienta intelectual que los buenos deseos de servir con su sangre generosa al sublime ideal de la patria que los animara. (Nellar, 1970: 75)
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Cadetes homenajean a su fundador hace cien años (1919), frente a su monumento (Avenidas Libertador y Sarmiento), con motivo de un nuevo aniversario del instituto. Obsérvese el uniforme con el casco prusiano “pickelhaube” que se emplearía hasta 1923. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 169400.
LA CREACIÓN DE LA ANSIADA ESCUELA MILITAR “Es patente a los ojos de todos la necesidad de una escuela militar (…) La Comisión de Guerra ha creído que era necesario empezar por algo (…) poner la primera piedra sobre la que se ha de levantar el edificio. Yo creo que en el porvenir de la escuela militar, llegará a ser algo digno de la gloria de nuestros antepasados (…)”. Joaquín Granel, senador por Santa Fe, al presentarse como miembro informante de la ley
El general Bartolomé Mitre asumió la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1862 e inició con su gobierno un período que se caracterizó por la organización definitiva del país bajo el predominio de Buenos Aires, situación que influiría en el Ejército y en la concepción sobre la educación de sus oficiales. En el presupuesto de aquel año existía ya una partida específica para la creación de una Escuela Militar que no sería empleada por ser considerada escasa para construir aquello a lo que se aspiraba. En el año 1863 se creó sobre instituciones preexistentes el Colegio Nacional Buenos Aires, que sería el primero de estos institutos educativos que tenían entre sus finalidades la educación de las clases dirigentes de la ciudad y las provincias. Esta concepción incidiría, como veremos, años más tarde en la decisión de crear una escuela militar nacional con similar programa de estudios. A principios de 1864 se organizó el Ejército Permanente sobre un efectivo de 6000 plazas (seis batallones de Infantería, ocho regimientos de Caballería y un regimiento de Artillería). Restaba resolver el tema de la educación de sus oficiales (Domínguez, 1898). A fines de 1864 se optó por educar a seis aspirantes a oficiales de la Armada y el Ejército7 en la Academia Militar Francesa de Saint Cyr, creada por Napoleón en 1802 y considerada de las más prestigiosas de Europa, hasta la derrota de ese país en la guerra franco-prusiana (1870) (op. cit.).
7 Puede haber influido en la decisión la experiencia positiva en la Academia del sargento mayor Alejandro Díaz, que cursó estudios en Saint Cyr entre fines de 1860 y 1864.
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La exigencia de una preparación previa y la selección de los aspirantes antes de partir a Europa hicieron necesario un acuerdo con el director de la Escuela de Artes, Oficios y Agronomía que funcionaba ya en el edificio de Palermo (futura sede del Instituto), el ingeniero español Jacinto Febrés y Rovira, con la finalidad de desarrollar un programa de estudios militar bajo la supervisión de un inspector de aspirantes, para lo cual se designó al teniente coronel Mariano Moreno (op. cit.). Este auspicioso proyecto, iniciado a principios del año 1865, se vio interrumpido tres años después, el 20 de mayo de 1868, por la Guerra de la Triple Alianza. Domingo Faustino Sarmiento asumió la presidencia el 12 de octubre de 1868. Su ministro de Guerra y Marina fue el general Martín de Gainza y su comandante de las Fuerzas Argentinas en el Paraguay, el brigadier general Emilio Mitre; todos ellos tendrían incidencia decisiva en la creación de la Escuela Militar. En las postrimerías de esa guerra existía una conciencia clara de la necesidad de una formación científica de los oficiales. La sangrienta experiencia de Curupaytí, donde se habían sufrido unas 2000 bajas entre muertos y heridos (entre ellos, el hijo del propio Sarmiento) en un ataque frontal descoordinado con la escuadra brasileña, sin reconocimiento previo a una posición fortificada, marchando con uniforme de parada (como era de uso en la época) al son de bandas militares, era fundamento suficiente para volver sobre el viejo proyecto. A esta circunstancia se sumaba la necesidad de consolidar la paz interior de la República, alterada periódicamente por sucesivos levantamientos provinciales respaldados por las milicias de ese origen. La instalación del Colegio Militar de la Nación vino a coincidir con un antiguo anhelo del pensamiento ilustrado y romántico: convertir el arte militar en una profesión de los sectores ilustrados de la sociedad; que el poder militar actuara como instrumento de dominio eficaz de aquellos grupos refractarios a las ideas del liberalismo triunfante después de Pavón; sustraer al ejército de la influencia de los caudillos provinciales; cambiar al viejo ejército de la montonera por un ejército profesional y disciplinado. (Buján, 2003: 2)
El presidente Sarmiento enviaría el 9 de agosto de 1869 a la Cámara de Diputados un proyecto de ley para la creación de una Escuela Militar. Luego del tratamiento parlamentario se sancionaría la Ley 357, que sería promulgada el 11 de octubre de 1869, que aprobaba la creación de la Escuela, razón por la cual se asignaba una partida de 5500 pesos fuertes para su instalación y 1500 para su funcionamiento mensual.
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El Poder Ejecutivo, para instrumentar la mencionada ley, crearía el 22 de enero de 1870 una comisión encargada de elaborar el reglamento y el plan de estudios. Entre sus integrantes, se encontrarían el mencionado Emilio Mitre y dos de sus futuros directores, Juan Czetz y Mariano Moreno.
El decreto del 22 de junio de 1870 determinaba el lugar de emplazamiento de la Escuela ‒la que fuera la residencia de Rosas en Palermo‒, aprobaba el reglamento y el programa de estudio, que fue elaborado por la comisión, y nombraba al primer cuerpo directivo integrado en su mayoría por oficiales europeos, y autorizaba al director a proponer los demás empleos previstos en el reglamento. El 19 de julio de ese año ingresó el primer aspirante a oficial, Ramón Lorenzo Falcón, y el 1.º de agosto se dio inicio formal al ciclo lectivo. A partir de entonces, conviviría este nuevo sistema con el de los oficiales que provenían de las unidades, ya sea como distinguidos o sargentos, situación que se extendería realmente hasta el año 1903 y, formalmente, hasta el año 1905, en que, por Ley Orgánica del Ejército 4707, impulsada por el ministro de Guerra, el general Enrique Godoy, se dio a la oficialidad unidad de origen al reconocer al Colegio Militar como el único instituto para educar oficiales y alcanzar el grado de subteniente.8
8 En el artículo 55 del Título II del Ejército se establece lo siguiente: “Para ser nombrado subteniente se necesita haber cumplido la edad de 19 años y haber seguido satisfactoriamente los cursos completos del Colegio Militar”.
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Casa de Juan Manuel de Rosas en Palermo. Primera sede del CMN. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 163276
QUEDA ESTABLECIDO EN EL EDIFICIO DE PALERMO EL COLEGIO MILITAR “Volvimos del jardín de las magnolias a los salones de Palermo. Manuelita (Rosas) recibía en donde ahora está el gabinete de física del Colegio Militar”. Lucio Mansilla (1889)
El área, por ese entonces poco habitada e inundable, llevaba el nombre de uno de sus primeros pobladores de fines del siglo XVI, Juan Domingo Palermo. Pero fue don Juan Manuel de Rosas el que hacia 1834 había percibido la potencialidad de esos terrenos próximos a la urbe colonial y adquirido varias chacras,9 y también el que había iniciado las primeras obras de parquización y construido el llamado “caserón” a partir de 1838, un edificio que fue considerado “un palacio en términos de su tiempo y lugar” (Ramos y Schávelzon, 2009: 95), desde donde se ejerció el poder real del país hasta Caseros, circunstancia por la cual adquiriría, con el correr del tiempo, un alto valor simbólico que, como veremos, se ha extendido hasta nuestros días. La propiedad fue confiscada días después de aquella batalla y, a pesar de los reclamos legales, no volvería a manos de Rosas o a sus descendientes. Hacia 1865 el lugar era rentado por Don Pedro Febrés y Rovira para el funcionamiento de la Escuela de Artes, Oficios y Agricultura, que por un corto período contaría con una sección militar, antecedente inmediato del Colegio Militar. Desalojado el predio por deudas de alquileres, pasa a ser destinado, por decreto del 22 de junio de 1870, como
9 Según Ramos y Schávelzon (2009), entre 1838 y 1848 un total de 36 escrituras que implicaban 535 hectáreas de terreno.
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cuartel del Colegio Militar. Una de las tareas iniciales del primer director, el coronel Juan Czetz, fue terminar de adecuar esta casa familiar con personal de maestranza como un instituto educativo militar. Al respecto nos relata el coronel José Silvano Daza (promoción 1) lo siguiente: Hemos dicho otras veces que inaugurase abriendo sus aulas en los primeros meses del año 1870, improvisándose salones para clases, sala de armas y comedor. En el lado Norte y Oeste estaban los dormitorios, también improvisados en medio de la vieja arquería, fría y húmeda. La enfermería tenía como muebles lujosos tres o cuatro camas, cuyos colchones eran de paja y viruta. La oficina química era tan pobre y desprovista igual que la enfermería; contaba solamente con algunos viejos instrumentos o útiles de laboratorio y unos pocos frascos con reactivos desvirtuados; no obstante de esto, a nosotros nos parecía aquel conjunto de desdichas muy bien montado. (Daza, 1914: 183-184)
El Instituto funcionaría inicialmente con agua de pozo, sin cloacas y con luz a querosén, recién durante la dirección del coronel Santa Cruz (de 1880 a 1887) se conectó al agua corriente y se pasaría a luz a gas. La proximidad del Río de la Plata favorecería los baños y la higiene personal: Los baños en el río los tenían casi el año redondo. Antes de aclarar ya estaba la compañía en el río. Dábase la voz de mando, de nadadores al frente en guerrilla, y al toque de dispersión todo el mundo al agua. El que traza estas líneas formaba parte de los nadadores; teníamos por consigna no dejar pasar a ningún alumno a lo profundo del canal y prestar auxilio en caso necesario. En seguida llamada y a formar, regresando a marcha batiente, no sin dejar el capitán Beracochea de amonestar a Paulino, el moreno tambor (…) Las treinta cuadras que había hasta el canal del río las recorríamos en diez minutos; en seguida a reanudar nuestros estudios. (Daza, 1914: 191-192)
Las actividades del Instituto comenzaron normalmente en agosto de 1870, pero pasada la epidemia de fiebre amarilla en 1871 empezó a ir tomando fuerza en las autoridades políticas la idea de construir en el lugar un gran parque urbano público que contribuyera a la “higiene social”, al estilo del Central Park, que Sarmiento había conocido en Nueva York durante su estadía en EE. UU.
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Después de un amplio debate, que comenzó por el nombre que llevaría el lugar, Sarmiento promulgó el 25 de junio de 1874 la Ley 658, que autorizaba la construcción del parque Tres de Febrero en recuerdo a la fecha de la batalla de Caseros. El parque sería inaugurado el 11 de noviembre de 1875, ya siendo presidente Nicolás Avellaneda. Un dato curioso para nuestra historia es que un profesor del Colegio Militar, el entonces capitán y más tarde teniente coronel, Jordán Czeslaw Wysocki,10 ante los altos costos de los distintos desarrolladores privados que se habían presentado a concurso para la obra, sería quien finalmente la diseñase y quien ejecutaría las primeras obras de mensura, saneamiento, nivelación y forestación. Ante el creciente aumento de alumnos y del empleo público del parque, con las consecuentes restricciones para su uso con fines militares, hacia 1892 se resolvió el traslado del Instituto a la localidad de San Martín. Abandonado por el Colegio Militar, el edificio sería ocupado temporalmente entre 1893 y 1899 por la Escuela Naval Militar, para ser finalmente demolido11 el 3 de febrero de 1899 por decisión del entonces intendente Adolfo Bullrich, como parte de la conmemoración de la batalla de Caseros, situación que generó un intenso debate reflejado en los medios gráficos de la época. Habían pasado casi 50 años, pero los antagonismos perduraban. El “caserón” ocupaba una manzana y se encontraba aproximadamente entre las avenidas Libertador y Figueroa Alcorta, con el frente hacia el noroeste en lo que hoy es la Av. Sarmiento. Precisamente, para acentuar el contenido simbólico del lugar, en 1900 el monumento a Sarmiento de Auguste Rodin fue emplazado sobre Libertador dando la espalda a la casa del “tirano”, y en 1958, sobre Figueroa Alcorta, fue ubicado el del general Urquiza con sable en mano y listo para espolear su caballo contra el sitio que ocupaba el caserón desde donde se había gobernado el país hasta 1852. Pero como la historia tiene sus revanchas, en 1999 una escultura de Rosas a caballo, chambergo en mano, marchando decidido en dirección a su antigua residencia, fue ubicada en el lugar que ocupaba la maestranza (demolida en 1924) de su antigua casa, actual plaza Intendente Seeber, en oposición al monumento a Sarmiento. El cuerpo de cadetes regresaría anualmente a su solar original a rendir homenaje a su fundador Domingo Faustino Sarmiento. Quizá la última vez fue a principios de octubre de 1969 como parte de las actividades conmemorativas del centenario de su creación.
10 Nacido en Polonia, una placa lo recuerda en una plaza con su nombre en el parque (esquina de las calles Intendente Pinedo y Av. Figueroa Alcorta). Sus hijos mellizos, Eugenio Guillermo y Juan Jordán, ingresarían al Colegio en 1883 como cadetes, becados a solicitud de su viuda, y formarían parte de la promoción 14, dejando numerosas anécdotas sobre el intercambio de roles, debido a su parecido. 11 Tarea a cargo del Regimiento de Ingenieros, al mando del coronel Day.
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Coronel Juan Fernando Czetz (1822 – 1904), en su ancianidad. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 84475
EL PRIMER DIRECTOR “El objeto de la enseñanza en este Colegio tiene por base primordial la formación de militares esclarecidos en la teoría y fuertes en la práctica del arte militar”. Primera orden del coronel Czetz a los profesores (20 de agosto de 1870)
El coronel Juan Fernando Czetz integró la comisión encargada de redactar el primer reglamento y el plan de estudios del Instituto y luego fue designado como su primer director hasta mayo de 1874, fecha en que fue separado del cargo por el presidente Sarmiento. A juicio de Czetz (1969), dos circunstancias pudieron motivar esa decisión: la primera, el haber participado de una comida en donde se promovía la candidatura a presidente de Manuel Quintana12 y la segunda, una publicación periodística muy crítica de la actuación del ministro de Guerra y Marina Martín de Gainza en la rebelión jordanista ocurrida en la provincia de Entre Ríos, que, para colmo, proponía al propio Czetz como candidato para reemplazarlo. ¿Pero cómo llegó un oficial del Imperio austríaco a ocupar la dirección del Colegio? He aquí la historia. Janos Czetz había nacido el 8 de junio de 1822 en el pueblo de Gidofalva (actual Rumania), lugar en donde su padre militar estaba destacado como jefe de escuadrón de húsares del ejército imperial protegiendo la frontera con el Imperio otomano. Fallecido su padre, a los 12 años ingresó en la Academia Militar de Wiener Neustadt, creada en 1751 por la emperatriz María Teresa, en donde permaneció ocho años internado sin contacto con el mundo exterior. Egresó en 1842 como teniente de primera clase, con el mejor promedio de su promoción. Después de cumplir su primer destino en un regimiento de Infantería rindió examen para ingresar al servicio de Estado Mayor y fue enviado a perfeccionar sus estudios al Instituto Geográfico, donde se especializó en dibujo topográfico y cálculo astronómico, y tradujo una obra sobre estadística de Hungría.
12 Candidato respaldado por Bartolomé Mitre, que se enfrentaba al del presidente en ejercicio Manuel Avellaneda.
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Pero en 1848 se inició en Paris una oleada revolucionaria que marcaría el paulatino ocaso de la Europa de la restauración monárquica surgida del Congreso de Viena (1814-1815). La oleada se extendió a Hungría, que inicialmente logró cierta autonomía del yugo austríaco pero que derivaría en una guerra por la independencia en donde sería derrotada. Czetz iniciaría la campaña como ayudante del ministro de Guerra húngaro y la finalizaría como general comandante en jefe del Ejército desplegado en Transilvania. La derrota le impuso el exilio y un peregrinar por distintas ciudades europeas. En Sevilla conoció a la que sería su futura esposa, Basilia Ortiz de Rosas, hija de Prudencio, hermano de don Juan Manuel, radicado después de Caseros en esa ciudad. El 2 de marzo de 1859 contrajo enlace y un año más tarde llegó a nuestro país en búsqueda de mejor fortuna. En Buenos Aires aprobó el examen como agrimensor y se dedicó con mucho éxito a esta actividad en un país en formación, en donde determinar los límites oficiales de las tierras era una tarea por hacerse. En marzo de 1865, por intercesión ante las autoridades nacionales de Lucio Victorio Mansilla,13 primo hermano de su esposa, concuñado y amigo personal, logró incorporarse al Ejército con el grado y sueldo de coronel, siendo nombrado jefe de la sección de Ingenieros Militares de la Inspección General de Armas (antecedente orgánico del Estado Mayor). A fines de 1864 se produjeron los incidentes con el Paraguay que derivarían en la Guerra de la Triple Alianza. Recibió entonces la orden de organizar una compañía de zapadores14 para participar de la contienda, pero no pudo concurrir a la misma por caer gravemente enfermo, pasando a revistar por esa situación en la plana mayor disponible (Domínguez, 1898). En ese estado militar se encontraba realizando trabajos como agrimensor para el gobierno, cuando recibió el ofrecimiento del ministro de Guerra y Marina Martín de Gainza, por encargo del presidente Sarmiento, de organizar el Colegio Militar, por lo que fue dado de alta nuevamente en el Ejército. No sabemos cuánto puede haber influido Mansilla en esa decisión, que para esa época ya era coronel y ocupaba el prestigioso cargo de jefe de la frontera sur de Córdoba con asiento en
13 Por ese entonces, mayor. Era hijo del general Lucio Norberto Mansilla (comandante de tropas en Vuelta de Obligado) y Agustina Ortiz de Rosas, hermana de don Juan Manuel de Rosas. 14 Razón por la cual hoy el Batallón de Ingenieros 1, con asiento de paz en Santo Tomé (provincia de Santa Fe), lleva su nombre.
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Río Cuarto, pero sí es cierto que fue compañero de armas de Dominguito Sarmiento en el 12 de Infantería durante la Guerra del Paraguay y uno de los impulsores de la candidatura a presidente de su padre entre las filas del Ejército. Finalizada su gestión en el Colegio, que describiremos en el capítulo 7 (“Palermo, los primeros años”), volvió a su labor como agrimensor, hasta que en 1884 fue convocado, al crearse el Estado Mayor, para hacerse cargo de la sección IV, de Ingenieros Militares, Topografía y Cartografía, lugar desde donde concibió y dirigió la formación de los ingenieros militares. Hacia 1886 volvió al Colegio Militar e integró la Comisión Evaluadora como responsable del área de ciencias. Permaneció en el Ejército hasta 1895 y falleció en la Ciudad de Buenos Aires el 6 de septiembre de 1904. Uno de los integrantes de la primera promoción del Colegio, el teniente coronel Estanislao Maldones, lo despedía así en su sepelio: La severa disciplina que implantó lo fue en el concepto trascendental del vocablo y no la apoyó en el odioso régimen del castigo (…) esmerándose en lo personal en adquirir esa autoridad moral que, en cierto modo, revalida la legal que comporta toda promoción o nombramiento; y fue así, el sustituto de todo profesor, en matemáticas, geografía, idiomas y en cuantas materias formaban el curso. (Revista del Círculo Militar, 1904: 318)
Otro de sus alumnos, el teniente coronel Juan Espora (promoción 6), lo recordaba así: “La dirección del Colegio fue confiada a un hombre de reconocida ilustración e idoneidad, para dirigirlo con verdadera pasión por el estudio y un marcado cariño por la juventud” (Espora, 1904: 14) En 1969, como parte de los festejos del centenario, sus restos fueron trasladados el 10 de octubre del Cementerio de la Recoleta al Colegio Militar y descansan actualmente en la capilla del Instituto. La comunidad húngara en la Argentina lo reconoce como uno de sus integrantes destacados, y ello ha permitido un fructífero intercambio con el Instituto, en particular durante la década de 1990, que tendría como uno de sus hitos la entrega de un facsímil del sable de San Martín en la Academia Militar de Hungría, actividad realizada en Budapest en el año 1999 por nuestro agregado militar ante la República Italiana, el entonces coronel Mario Luis Chretien (promoción 99).
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Finalizando, transcribimos un párrafo de la última orden del día del señor coronel Czetz: El Superior Gobierno ha tenido á bien, por decreto de fecha 26 del presente (abril 1874) de separarme de la dirección del Colegio, confiando su mando al distinguido Señor Coronel D. Mariano Moreno. Al dar cumplimiento á la disposición superior sólo quiero observar a los S.S. Oficiales y particularmente a los Aspirantes que el deber del militar es ante todo, obedecer a las órdenes superiores, sin discutir los motivos que haya podido tener para dictar sus resoluciones. Durante los cuatro años que he tenido el honor de dirigir este Establecimiento creo haber dado prueba de toda clase de sacrificios, de desvelos y de constante vigilancia para el progreso moral e intelectual y para el bienestar material de todos. Me separo de vosotros con la conciencia del deber cumplido y deseo que cuando recordéis la época que habéis pasado mis órdenes, ese recuerdo os sea grato al mismo tiempo que os impulse á hacer justicia á aquel que os ha querido como á sus hijos y como á compañeros de armas. No dudo que si persistís en las sendas de orden y disciplina que os está trazada, y sobre todo en los esfuerzos de adquirir conocimientos científicos y formar vuestro carácter conformes a las normas del honor y del deber, llegareis un día á ser ciudadanos notables de la patria, á la par que seréis el baluarte más seguro de sus instituciones. Con estos votos se despide de vosotros vuestro antiguo Gefe y amigo que os invita á saludar con respeto y honor á vuestro nuevo Gefe el benemérito Coronel Don Mariano Moreno. (Ballero, 2016: 29-30)
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Coronel Ramón Lorenzo Falcón (1854 -1909). Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 87332.
EL PRIMER ASPIRANTE A OFICIAL15 “Las condiciones de admisión, después de la decisión del Ministerio de la Guerra, son: robustez, buena salud, saber leer y escribir, aritmética elemental y tener la edad de 12 a 14 años”. Primer reglamento del Colegio Militar aprobado el 1.º de abril de 1870
El primer aspirante a oficial fue Ramón Lorenzo Falcón y su ingreso a la casona de Palermo se produjo el 19 de julio de 1870. Con la edad de 15 años fue la primera excepción al reglamento recién aprobado y no sería la última, dado que la incorporación fue lenta y paulatina a lo largo de ese año, aunque el ciclo académico comenzó puntualmente, como estaba previsto, el 1.º de agosto. De esa primera promoción del Colegio egresarían solo 13 oficiales, ocho de los cuales fallecerían estando en actividad y uno, Alberto Capdevila, alcanzaría el grado de general. Poco o ningún entusiasmo causó entre los de la profesión la apertura del nuevo instituto, cuyos alumnos fueron entrando “perezosamente” según la oportuna frase de un antiguo cadete del Colegio, y tenía esto su sencilla explicación en la ninguna importancia que se daba entonces a la ciencia de la guerra para intervenir como factor en la victoria, porque algunos nuevos Quirogas de la Tablada y Oncativo creían que todo debía esperarse del choque impetuoso de la fuerza, el bote rudo de la lanza y el combate cuerpo a cuerpo. Así se había triunfado, y así debía seguirse triunfando en el porvenir. (Espora, 1904: 13)
15 La denominación de cadete recién se empezaría a emplear a partir de 1894.
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Así las cosas, esos jóvenes alumnos fueron rápidamente apodados “los científicos” por los veteranos oficiales de los cuerpos de línea y mirados por algunos con escepticismo y por otros con esperanza de un ejército mejor. Lo cierto es que el día 19 de julio se trasformó en una fecha relevante para el Colegio, y durante muchos años (al menos hasta 1939) fue elegido para celebrar su aniversario. Pero volvamos a Falcón. Pasados los años el joven sargento primero distinguido egresaría como subteniente de Artillería el 27 de octubre de 1873 y su primera misión de servicio sería desempeñarse como ayudante del presidente Sarmiento en la visita realizada a las fuerzas en operaciones contra la rebelión jordanista en la provincia de Entre Ríos, evidencia clara del seguimiento cercano que este efectuaba sobre la escuela militar que había concebido como instrumento de modernización del Ejército. El alto valor simbólico que significaba ser el primer alumno del recién creado Instituto se iría incrementando con el tiempo por los servicios que prestaría en el Ejército, la Armada, la política y la Policía. En el Ejército, la segunda batalla de Santa Rosa (7 de diciembre de 1874) sería su bautismo de fuego. Integrando las fuerzas leales que enfrentaban al general Arredondo, luego tomaría parte por la provincia de Buenos Aires en la Revolución de 1880 y sería dado de baja, amnistiado en 1883 y tomado prisionero por los revolucionarios del Parque en 1890. El final de su carrera militar se produjo en 1905, cuando, desempeñándose como jefe del Batallón de Infantería 13 en Río Cuarto, solicitó su retiro. La vinculación con la Armada se inició en 1877 como comandante de la Compañía de Aspirantes “con cargo de cátedra”, como decía el oficio de su nombramiento. Por ese entonces la escuela naval funcionaba embarcada en la hoy legendaria Cañonera Uruguay. A bordo de esta, Falcón tuvo la oportunidad de participar de la Campaña al Río Santa Cruz (1878), que, comandada por el Comodoro Py, sería la primera incursión de nuestra Marina de guerra al sur de Carmen de Patagones buscando afirmar nuestra soberanía en esas entonces lejanas y casi desconocidas tierras. En esa condición, participaría de la histórica y no menos simbólica jornada del 17 de diciembre, en la que “…a bordo de la Uruguay, los treinta y nueve aspirantes embarcados de la Escuela Naval rindieron los exámenes finales y fueron promovidos al grado de oficial los de la primera promoción” (Oyarzábal, 2009: 75).
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En 1879, cumpliendo las mismas funciones, esta vez a órdenes del coronel de Marina Martín Guerrico, remontó el Río Negro en el vapor “Triunfo” como parte de la expedición de Roca al desierto16, por lo que años después recibiría la Medalla de Plata. Finalizadas sus funciones en 1880, continuaría a lo largo de su carrera vinculado a la Armada, en especial cuando sus cadetes de ayer empezaran a ocupar cargos de relevancia en la estructura de mandos. Según el vicealmirante Onofre Betbeder, ministro de Marina, “desempeñó el puesto de comandante de la Compañía de Aspirantes de la Escuela Naval cuando esta se organizó, contribuyendo a dar temple militar a la nueva generación que allí se iniciaba y que más tarde influiría decisivamente en la reorganización de la Armada”, tal como se registra en el Archivo General del Ejército (legajo 4375, pp. 46-48). Incursionando en la política, fue senador por la provincia de Buenos Aires (1892-1896) y diputado nacional (1898-1902), circunstancias que, aunque previstas por ley, lo llevarían a no pocos roces con las autoridades del Ejército. En el ámbito de seguridad, entre 1883 y 1887 se desempeñó como jefe de guardia cárceles en la provincia de Buenos Aires y en 1906 fue designado jefe de Policía de la Ciudad de Buenos Aires. En ese carácter, debió contener una manifestación por el Día del Trabajador convocada para el 1.º de mayo de 1909 por grupos anarquistas en plaza Lorea (próxima al Congreso). En los enfrentamientos producidos hubo numerosos muertos y heridos, y los incidentes se reprodujeron durante el sepelio de estos. En represalia por estos acontecimientos, conocidos como “la Semana Roja del 14 de noviembre de 1909”, un joven anarquista ucraniano de 18 años recién llegado al país arrojó una bomba casera contra el carruaje que conducía a Falcón en la esquina de las calles Callao y Quintana, ocasionándole a este y a su secretario la muerte. El hecho produjo gran conmoción y el presidente Figueroa Alcorta decretó tres días de duelo nacional y 60 días de estado de sitio en todo el territorio. Una placa en el lugar recuerda el hecho y un monumento en su memoria se erige en la plaza Ramón J. Cárcano (barrio de Recoleta), frente al conocido café restaurante La Biela. Se encuentra enterrado en el Cementerio de la Recoleta, en la sección 20, sobre el muro de la calle Azcuénaga, en un imponente sepulcro obra del escultor León Ernesto Drivier que fue declarado bien histórico por decreto 1809 del 30 de octubre de 1981. Destaca en el sepulcro la placa homenaje de la colectividad israelita. En reconocimiento a haber creado la actual Escuela de Cadetes de la Policía Federal el 17 de noviembre de 1906, esta llevó su nombre entre los años 1928 y 2011, año en que, por resolución del Ministerio de Seguridad, pasó a llamarse Comisario General Juan Ángel Pirker.
16 Como dato de interés, Falcón es uno de los marinos que aparecen en el conocido cuadro Ocupación militar del Río Negro en la expedición bajo el mando del General Julio A Roca (1879), de Juan Manuel Blanes. Óleo sobre tela expuesto en el Museo Histórico Nacional.
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Oficiales del Colegio en el año 1880. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
7 PALERMO. LA ETAPA FUNDACIONAL “La Escuela Militar ha echado ya, por los progresos rápidos de sus alumnos y la solidez de la educación que reciben los cadetes, las bases de una mejora gradual en el servicio de las armas, tal como requieren las necesidades de la guerra moderna”. Sarmiento (1873)
El primer director, el coronel Juan Czetz, estaba acompañado por una plana mayor integrada por un instructor en cada una de las tres armas, que además cumplía una función de gestión. Estos eran el sargento mayor Lucas Peslouán, de Caballería y jefe del detall (subdirector), el sargento mayor Guillermo Hoffmesteir,17 de Artillería, y el sargento mayor Eduardo Luzuriaga, de Infantería y jefe de Compañía de Aspirantes (antecedente del cuerpo de cadetes). La dependencia era directa del ministro de Guerra y Marina, el general Martín de Gainza,18 lo que pone en evidencia la relevancia que tenía el Instituto para las autoridades nacionales. Durante esos primeros cuatro años Czetz estableció las bases de su futuro funcionamiento, aspectos tales como organización, disciplina, educación, calificaciones, rutinas se desprenden de las primeras órdenes manuscritas que aún se conservan en el Instituto.19 En 1870 el reglamento contemplaba 50 vacantes, pero se logró reunir solo a 30 jóvenes. Sin embargo, para 1871 ya eran 50 los aspirantes a oficial que se encontraban en el Instituto. Otra particularidad es que existía la distinción entre becados por el gobierno nacional y pensionados
17 De origen austríaco, moriría a fines de ese año por la epidemia de fiebre amarilla. Sería reemplazado por el capitán de la escuela prusiana Otto Rose, que con el tiempo sería también jefe del detall (subdirector). 18 Un cuadro donado el 6 de julio de 1946 por sus descendientes lo recuerda en el salón de actos. 19 Para más detalles ver la excelente recopilación efectuada por el coronel Carlos Lázaro Ballero de la promoción 86.
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que se sostenían con su propio peculio. Tiempo después se incorporaría la categoría de “agregados” (distinguidos y sargentos) provenientes de las unidades militares para completar su formación como oficiales. Desde los primeros años se percibieron inconvenientes para la instrucción militar, como la carencia de un polígono de tiro, las prácticas de fortificación o la disposición de caballos para equitación. En este tiempo, los cadetes salían franco una sola vez al mes y el resto de los domingos concurrían a misa a la iglesia del Pilar, marchando con sus fusiles. Armaban pabellones y luego del oficio religioso recibían visitas hasta las 16 hs. Esta fructífera etapa de cuatro años finalizaría con el relevo de Czetz en 1874 por las circunstancias que hemos relatado en el capítulo 5 (“El primer director”). En su reemplazo, se hizo cargo de la dirección el coronel de Artillería Mariano Moreno, hijo de la unión del prócer homónimo con Guadalupe Cuenca, nacido en 1805 en el Alto Perú (Chuquisaca) y veterano de la guerra contra el Brasil.20 Dos aspectos principales caracterizan este período. En primer lugar, la participación del Instituto en la Revolución de 1874, en defensa del orden constitucional, asegurando la transición presidencial, lo que traería aparejado problemas de disciplina y, en segundo lugar, la preparación del nuevo reglamento bajo la estricta supervisión del ministro de Guerra y Marina Adolfo Alsina, que también impulsaría la enseñanza de la telegrafía militar en el Instituto. A fines de 1875 entró en vigencia el nuevo reglamento, que procuraba una mayor equidad en las oportunidades de ingreso al fijar nuevas condiciones (entre ellas, la acreditación de la edad con fe de bautismo) y criterios de otorgamiento de becas que priorizaban la mejor preparación, y ante igualdad de condiciones a los hijos de militares y a los de familias pobres. También fueron fijadas distintas condiciones para graduarse como subteniente y alférez de las armas (cuatro años) o como teniente segundo (cinco años), contemplándose más tiempo y estudios para integrar el arma de Artillería o Ingenieros (esta última sería cubierta por oficiales de Infantería o Artillería hasta 1909). Otro aspecto que distinguía ese tiempo era que los alumnos con mejores notas de egreso eran propuestos para ejercer la docencia en el Instituto, sin perjuicio de su destino en alguna unidad de Buenos Aires. En 1876 Moreno dejó el cargo por razones de salud (fallecería ese año) y lo reemplazó un veterano de la Guerra del Paraguay, el general Julio De Vedia.
20 Acreedor a Escudo de Plata y Cordón de Ituzaingó por esa campaña.
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La Revolución de 1880 de Carlos Tejedor tendría su impacto en el Instituto. Este se vería empeñado a órdenes del subdirector teniente coronel José Romero, en defensa de las fuerzas leales al presidente Nicolás Avellaneda, mientras que el director general De Vedia lo haría por Tejedor. Fracasada la Revolución, este sería relevado de su cargo por el coronel Simón de Santa Cruz.21 El día 5 de junio (1880) Avellaneda había ordenado el traslado a Belgrano de los cadetes pertenecientes al Colegio Militar de Palermo y los de la Escuela Naval a la isla Martín García, no se pudo evitar que parte de los primeros acompañaran al general D. Julio de Vedia en su resolución de plegarse a la causa de Buenos Aires y, de los segundos, al coronel Guerrico. (Yaben, 1949: 257)
Debido al incremento de aspirantes, con el coronel Santa Cruz se comenzó con la práctica de rendir examen de ingreso, y, a efectos de facilitar el acceso de jóvenes de todas las provincias, se les permitió rendir el examen en sus respectivas capitales ante una comisión examinadora presidida por el rector del Colegio Nacional. También, durante esta gestión se pasó de tener un franco mensual a salir todos los domingos desde del desayuno hasta retreta. Las que podríamos considerar las primeras maniobras, que incluyeron tiro de artillería con cañones Krupp durante diez días, se realizaron a fines de 1881 en la isla Martín García. En 1886 el general Joaquín Viejobueno, ministro de Guerra y Marina, hizo una evaluación en donde manifestaba que el Instituto no había dado los resultados favorables de épocas anteriores. Su juicio obedecía principalmente a la cantidad de oficiales jóvenes que pedían la baja. Con el cambio presidencial en 1886, el general de Vedia22 volvería nuevamente a ser director desde enero de 1887, al mismo tiempo que ejercería la jefatura interina del Estado Mayor General. Renunciaría en agosto de 1888, asumiendo como director interino el entonces subdirector, el teniente coronel Enrique Luzuriaga, de dilatada trayectoria en el Instituto y también veterano de la Guerra de la Triple Alianza.
21 Simón de Santa Cruz nació en La Paz en 1835. Su padre era el ilustre mariscal Andrés de Santa Cruz. Estaba casado con una hija de Justo José de Urquiza. Era veterano de la Guerra de la Triple Alianza. Falleció en 1911. Sus restos están depositados en el panteón del Colegio Militar en el Cementerio de San Martín. 22 Un busto próximo a la actual guardia de prevención lo recuerda.
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El 11 de septiembre de 1888 se produjo en Asunción del Paraguay el fallecimiento del fundador del Colegio Domingo Faustino Sarmiento, y serían sus queridos cadetes quienes acompañarían los restos desde su arribo al Puerto de Buenos Aires, en la Torpedera Maipú, hasta su destino final en el Cementerio de la Recoleta. En diciembre de 1888 desde la revista del Círculo Militar el capitán Juan Antonio Mendoza (promoción 7), un distinguido oficial para su tiempo, publicó un artículo crítico sobre la situación en el Instituto,23 al que se sumaría el informe de la Comisión Examinadora de 1889: “El actual plan de estudios es de una estrechez notoriamente precaria, más bien propia de un soldado culto que de un oficial de fila” (citado en Druetta, 2009: 61). De alguna forma pusieron en evidencia conceptos que se encontraban en tensión, algunos hasta nuestros días: formación en las unidades o en el Instituto, educación general o específica, actividades operacionales o académicas, aula o terreno. Este ejemplo muestra a las claras que el equilibrio necesario para educar a un oficial del Ejército y capacitarlo para ser jefe de fracción de su arma constituirá siempre una meta delicada y trabajosa de la dirección del Instituto. El 14 de febrero de 1890 fue designado director el coronel José Ignacio Garmendia, uno de los oficiales de mayor ilustración de su tiempo, que acababa de publicar la primera edición de La Cartera de un Soldado con relatos de la Guerra de la Triple Alianza. Pero ese año los acontecimientos que derivaron en la Revolución de 1890 se encontraran en el centro de la atención, afectando gravemente la disciplina. Ascendido a general por su participación en sofocar la Revolución, a Garmendia lo relevaría el general de Brigada Nicolás Palacios el 5 de agosto de 1890 con la misión de recuperar la disciplina. Para ese entonces el efectivo era de 100 cadetes, 75 becados y 25 pensionados. La inestabilidad de las relaciones con Chile hizo que a principios del año 1892 se realizaran en las proximidades de la capital las primeras grandes maniobras militares a dos partidos, en las que participarían las divisiones Zárate y Maldonado. Esta última, a órdenes del director del Instituto, con la participación de sus cadetes.
23 Círculo Militar (diciembre de 1888). Revista militar argentina, tomo 9, vol. 55.
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En marzo de 1892 se hizo cargo interinamente del Instituto el subdirector coronel Francisco Smith, que tuvo la responsabilidad de mudarlo a la nueva sede. A tal efecto, los cadetes fueron licenciados el 21 de junio de ese año hasta el 15 de septiembre, oportunidad fijada para la reanudación de los cursos, ya en San Martín. Habían pasado 22 años, 18 promociones y 366 graduados. Czetz y sus sucesores, un grupo de directores formados en los campos de batalla, establecieron las bases de lo que sería el Colegio Militar. Había finalizado la etapa fundacional en la antigua casona de Palermo.
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Proclama del Comandante en Jefe del Ejército Nacional, general Nicolás Levalle, el 27 de Julio de 1890.
EL COLEGIO EN LA REVOLUCIÓN DE 1890 “Yrigoyen estaba designado para una misión delicada: sublevar el Colegio Militar, cuyos cursos superiores habían estado desde el primer momento con la Revolución”. Félix Luna (1999)
El 12 de octubre de 1886 asumió la presidencia de la Nación por el Partido Autonomista Nacional el doctor Miguel Ángel Juárez Celman, siendo su vicepresidente el doctor Carlos Pellegrini y su ministro de Guerra el general de división Nicolás Levalle. Hacia 1889 el grave deterioro de la situación económica y el aislamiento del presidente fueron generando un malestar social que tuvo su expresión política en el nacimiento de la Unión Cívica, conducida por el doctor Leandro Alem. Leandro Alem afirma que ha llegado el momento de utilizar la “vía revolucionaria” con el fin de terminar con este régimen que oprime a todos. Comienza a prepararse entonces esta Revolución y ante esta decisión empiezan a producirse las primeras diferencias dentro de la Unión Cívica, Alem con sus seguidores entusiastas: Del Valle, Bernardo de Irigoyen e Hipólito Yrigoyen avalan esta idea de tomar el poder por las armas, con el fin de devolvérselo al pueblo. (Unión Cívica Radical, 2016)
En abril de 1890 las autoridades del nuevo partido tomaron contacto con un grupo de oficiales subalternos que, agrupados en una “logia” de 33 integrantes pertenecientes a las principales unidades de la capital, comprometieron su participación en la Revolución que se estaba gestando, junto con el Regimiento 1 y 5 de Infantería, el Regimiento 1 de Artillería, el Batallón de Ingenieros, una compañía del 4 de Infantería y un grupo de cadetes del Colegio Militar.
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Entre los integrantes de la “logia” se encontraba el subteniente José Félix Uriburu (promoción 14), egresado en 1888 y con destino en el Regimiento 1 de Infantería, que se desempañaría como uno de los ayudantes del general Manuel Campos, jefe militar de la Revolución. El Ejército y la Marina de Guerra se mantenían ajenos a la inquietud imperante. Las nuevas promociones provenientes de los institutos creados por Sarmiento cambiaban rápidamente la fisonomía del viejo ejército veterano de las guerras civiles y de la frontera. Ya egresaban anualmente 54 subtenientes; se notaba cierta tirantez entre los oficiales de distinto origen, troperos o de escuela. (Etchepareborda, 1966: 26)
En la madrugada del 26 de julio las tropas revolucionarias empezaron a concentrarse en el lugar acordado, el parque de Artillería, sito entonces en el actual Palacio de Justicia (plaza Lavalle). Ese día a las 4 hs en Palermo el coronel Julio Figueroa recibió a la columna del Regimiento 1 de Artillería24 y a otras unidades que se plegaron a la Revolución en marcha. También se incorporaron 33 cadetes de los cursos superiores del Colegio Militar al mando del cabo primero cadete Marcos Hemerlo, perteneciente originalmente a la promoción 16 pero, como consecuencia de estos sucesos, egresaría con la 18. Estas fuerzas iniciaron la marcha hacia el parque acompañadas por los señores Aristóbulo del Valle, Hipólito Yrigoyen y Lucio V. López, en carácter de comisionados de la junta revolucionaria (Mendía, 1890). En el Colegio Militar estaba esa noche de centinela el cadete Pablo Saravia, cuando se le acercó un individuo envuelto en un abrigo. Al ¿quién vive? del cadete el hombre respondió: –La Patria –y agrego el santo y seña–: mañana bautizan al niño. El cadete le dio la contraseña y el ciudadano, que era el doctor don Aristóbulo del Valle,25 lo abrazó, indicándole que despertase a sus compañeros. (Igarzabal, 1964: 493)26
24 Este ocupaba como cuartel el antiguo edificio de maestranza de la casa de Rosas, que fue demolido en 1924 (actual Plaza Intendente Seeber). 25 En ese entonces era Senador Nacional por la provincia de Buenos Aires. 26 Mendía (1890) también hace referencia a la situación.
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La Revolución en marcha fue puesta en conocimiento del ministro de Guerra a partir de la novedad dada por el capitán del Colegio, Martín Hernández, y rápidamente empezó la concentración de las fuerzas leales al gobierno en el cuartel del Retiro (actual plaza San Martín). El Colegio Militar fue alistado por su subdirector, el teniente coronel Enrique Miguel Luzuriaga,27 que, con sus oficiales, los aspirantes que habían quedado (unos 130) y el único cañón que disponían, se dirigió a Retiro. El rápido apresto de fuerzas leales, que sería, a la larga, vital para el fracaso del movimiento, no estaría exento de situaciones tragicómicas: El general Levalle (…) alta la cabeza, inmaculada la barba, fumando en ayunas un formidable Cavour28 que le obligaba a salivar a cada instante. Lucía el Kepis de general, casaca militar y cordones dorados, calzoncillos blancos, botines de elástico, espada al cinto. Con el apremio de salir sin perder un minuto más no había encontrado sus pantalones.29 (citado en Etchepareborda, 1968: 68-69)
En la mañana del 26 de julio se produjeron graves enfrentamientos que se prolongaron hasta el 29 de julio. Mientras el subdirector del Colegio se mantenía inicialmente en reserva con los cadetes en el cuartel de Retiro, el director coronel Garmendia, con soldados y personal del cuerpo de bomberos, intentó una aproximación exitosa atravesando manzanas edificadas para eludir el fuego concentrado sobre las avenidas, desde los cantones rebeldes.
27 De destacada trayectoria en el Instituto, en donde fue el primer jefe del cuerpo de cadetes (1870 a 1872) y subdirector (de 1883 a 1890). Un busto en su homenaje, donado por su sobrino nieto, fue descubierto en noviembre de 2002, en proximidades de la capilla del Colegio Militar. 28 Cigarro creado en homenaje al conde de Cavour (1810-1861), uno de los artífices de la unidad italiana. Su formato se asemejaba al estilo del habano, aunque en su elaboración se utilizaban todo tipo de tabacos americanos y europeos. 29 Las comillas son nuestras.
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El 27 de julio falleció combatiendo por las fuerzas leales al gobierno el alumno de cuarto año de Caballería Felipe Codud (promoción 16),30 el primero en morir en estas circunstancias. Por decreto del Poder Ejecutivo el 16 de agosto de 1890 fue reconocido como alférez post mortem. La acción decidida del general Levalle y del coronel Capdevila (promoción 1), jefe de la Policía, que sería herido, alteraron el plan de los revolucionarios, que finalmente quedaron cercados en el parque y edificios aledaños, viéndose obligados a negociar un armisticio que en su punto cinco establecía: “Los cadetes volverán a ser admitidos en sus respectivas escuelas” (Mendía, 1890: 15). El número de caídos en estas luctuosas jornadas puede estimarse en más de 250 muertos y 1000 heridos, la mayoría pertenecientes a las fuerzas leales que debieron atacar a los revolucionarios atrincherados en el parque o en los edificios próximos a la plaza Lavalle (Etchepareborda, 1968). El 5 de agosto el recientemente ascendido general Garmendia era nombrado director del arsenal y taller de guerra, siendo remplazado en el Colegio por otro veterano de la Guerra de la Triple Alianza, el general Nicolás Palacios. Como es de presumir, esta participación afectaría gravemente la disciplina del Instituto, y la noche del 16 de noviembre de 1890 un grupo de 14 cadetes, entre los que se encontraba31 el hijo de Leandro Alem, participaría sin autorización en el acto que se llevaría a cabo en el hoy desaparecido Teatro Onrubia, donde se reconocería con medalla y diploma a los revolucionarios. Esta circunstancia motivaría su arresto en el transporte naval Azopardo y la instrucción del sumario correspondiente, siendo algunos de ellos indultados y reincorporados al Instituto por decreto del presidente Carlos Pellegrini del 1.º de mayo de 1891.
30 Para más información pueden consultarse las siguientes obras: Promociones egresadas del Colegio Mi-
litar de la Nación de Figueroa y La Revolución. Su crónica detallada. Antecedentes y consecuencias de Mendía, además del parte oficial al ministro de Guerra del general Donato Álvarez, jefe del Estado Mayor del Ejército. 31 Ver nota del general Emilio Mitre al director del Colegio Militar del 18 de noviembre 1890, obrante a folio 91 del legajo 5897 perteneciente al teniente coronel Marcos Hermelo (en Archivo General del Ejército).
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Cincuenta y cinco años más tarde, el 26 de julio de 1945, por iniciativa del ministro de Guerra, el coronel Juan Domingo Perón (promoción 38), se llevó a cabo una ceremonia de conmemoración de esos hechos con la asistencia de los 26 oficiales participantes que aún vivían. El acto se realizó frente al monumento a la Serenidad, en homenaje al cadete Felipe Codud. Dirigió la palabra el general de división Elías Crisóstomo Álvarez (promoción 16).
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Frente del Colegio en la sede San Martin. Ceremonia de arrío de la Bandera. Año 1930.
EL COLEGIO EN SAN MARTÍN
El gobierno nacional adquirió en 1892 la antigua Escuela de Artes y Oficios sita en la localidad de San Martín. Previo a efectuar las refacciones edilicias más esenciales, decretó el 1.º de septiembre de 1892 el traslado del Colegio a esas instalaciones y la reapertura de los cursos el 15 de ese mismo mes, quedando suprimidas las vacaciones de verano para recuperar el tiempo perdido por el cambio. El traslado se realizó bajo la dirección interina del coronel Francisco Smith, de dilatada trayectoria en el Instituto, pero para la nueva etapa que se iniciaba fue nombrado el general Alberto Capdevila,32 un prestigioso oficial egresado de la primera promoción e impulsor en 1884 de la editorial del recientemente creado Club Naval y Militar. De alguna forma, esto simbolizaba el comienzo de un nuevo ciclo en la vida del Instituto. Con el inicio de las actividades en el nuevo solar, también se ponía en marcha la aplicación de un nuevo Reglamento y Plan General de Estudios, con la singularidad de que fue aprobado por el Honorable Congreso de la Nación. Una de las innovaciones más significativas fue la división por armas, dado que hasta el momento los cadetes recibían conocimientos militares de las tres armas por igual. El sistema de evaluación en ese tiempo consistía en cinco exámenes bimestrales escritos correspondientes a materias específicas y un examen anual oral de carácter general ante la comisión evaluadora designada por el gobierno nacional, integrada por destacadas personalidades civiles y militares.
32 En el ingreso al actual salón de actos, un busto lo recuerda junto a su relevante discurso en la ceremonia de egreso del año 1894.
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El 12 de octubre de 1893 el Colegio concurrió, junto con otras unidades, a la misa de campaña en acción de gracias, llevada a cabo frente al viejo cuartel de Palermo, por la pronta pacificación del país luego de los sucesos revolucionarios de 1893. En esa ocasión, terminada la misa y antes de iniciar el desfile, el Vicario General del Ejército bendijo la bandera de guerra que, por superior decreto del 5 de septiembre, había sido otorgada al Instituto, siendo portada en esa primera oportunidad por el sargento cadete Alonso Antonio Baldrich (promoción 19)33, a la sazón el cadete más antiguo. Esa misma norma establecía que la recompensa de llevar la bandera correspondería al cadete que obtuviera la más alta clasificación en los exámenes de fin de año como premio a su esfuerzo, constancia e inteligencia (no haciendo distinción de curso). El primer abanderado, según ese procedimiento, fue el cadete de primer año Alejandro Méndez (promoción 21) y la ceremonia se llevó a cabo el 19 de noviembre de 1893 (un día antes del egreso de la promoción 19), en el cuartel de San Martín, haciéndola coincidir con la jura de la bandera. (Ejército Argentino, 1937). Con el correr de los años nuevas instalaciones se irían sumando para dotar al Instituto de todo lo necesario para la enseñanza, así como un diseño adecuado de sus parques y jardines, tarea que realizó uno de sus profesores distinguidos, el doctor Cristóbal María Hicken (1875-1933), importante botánico argentino.34 En agosto de 1895 Capdevila fue nombrado jefe de Estado Mayor del Ejército y fue reemplazado por el coronel Carlos O’ Donnell hasta junio de 1897, cuando asumió la dirección el general Francisco Reynolds, un prestigioso oficial que ejercería la dirección del Instituto en dos períodos, finalizando su última gestión en el año 1906. En lo que puede ser considerado un antecedente del escalafón complemento de las armas que se crearía a principios del siglo XXI, en el año 1895 el Poder Ejecutivo,35 a propuesta del Estado Mayor, autorizó la incorporación de jóvenes de entre 17 a 23 años36 que hubieran aprobado quinto año nacional con el grado de subtenientes y alféreces en “comisión”, que, satisfaciendo las exigencias de un curso militar teórico-práctico de un año en 1896, alcanzarían su efectividad en
33 Reconocido como primer abanderado, por esa circunstancia, según nota del Director del Colegio Militar Coronel Juan Carlos Ruda de fecha 31 de agosto de 1946, obrante en el legajo (Nro.1298) del causante. 34 Un aula lleva su nombre en el segundo piso del actual pabellón de estudios. 35 Ley 3310. Para más detalles, ver Figueroa, A. M. (2001). Promociones Egresadas del Colegio Militar
de la Nación. Buenos Aires, Argentina: Edivérn. 36 Se otorgaron 250 vacantes, pero solo ingresaron 96 bachilleres y se graduaron 80.
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el grado. Integrarían la numerosa promoción 21, que por esa circunstancia singular sería conocida como la de los “bachilleres”. En 1896, por segunda vez y en cumplimiento del artículo 9 del Reglamento del Colegio, se puso en práctica la provisión de vacantes mediante concursos realizados en las capitales de las provincias. Se logró, así, una mejor incorporación con “los jóvenes mejor preparados que han mostrado inclinación por las carreras de las armas” y la representación de todas las provincias en el Colegio Militar (Locatelli, 2015). Si bien desde los primeros años el Instituto contó con maestros como el señor Andrés Cesario en esgrima y el señor Carlos Laveggio en gimnasia, sería en 1897 durante la dirección del general Francisco Reynolds que se iniciaría la práctica metódica de ellas procediendo gradualmente, según la edad y el curso de los cadetes. Su gran impulsor fue el maestro de gimnasia señor Purtau (Ejército Argentino, 1937). En este período también se inició y promovió la participación de cadetes en competencias de atletismo externas. El nuevo siglo trajo aparejado una creciente influencia del modelo alemán, que se extendería hasta después de finalizada la Primera Guerra Mundial y tendría también su impacto en el Colegio Militar, en aspectos tales como la enseñanza del idioma y la modificación del uniforme, al que se incorporaría el tradicional casco prusiano pickelhaube.37 Los orígenes del curso preparatorio podemos encontrarlos en la Ley 4707 de Organización del Ejército (artículo 60) promovida por el ministro de Guerra, el general Enrique Godoy,38 en 1905, que establecía como condición previa para el ingreso al Colegio Militar que el aspirante estuviera incorporado en una unidad del Ejército durante seis meses y que un consejo de oficiales de esa unidad diese el visto bueno después de comprobar el espíritu militar del causante. La sensible disminución que esta condición produjo en la cantidad de postulantes llevó a modificar en 1906 el mencionado artículo, reemplazándolo por la categoría de aspirante a cadete que implicaba aprobar el examen de ingreso y revistar durante seis meses, sin compromiso de servicio, en un curso preparatorio a los años regulares.
37 Del alemán Pickel, Pincho y Haube, “gorro”, “casco” y, en general, “prenda que cubre la cabeza”. 38 Distinguido oficial que no había egresado del Colegio Militar. Alcanzaría el grado de teniente general. Encarnaba la oposición a muchas de las ideas del general Riccheri.
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El año 1910 se caracterizó por la participación en los actos del Centenario de la Revolución de Mayo y el viaje a la República de Chile. Ese año egresaría la promoción 35 con 160 integrantes. Durante la estadía en San Martin, al menos tres acontecimientos fueron relevantes: la formación de ingenieros militares, la gestión del coronel Justo, con el impulso dado a la construcción del nuevo edificio de El Palomar, y la participación del Instituto en la Revolución de 1930. Todos ellos son tratados en relatos separados. En 1917 un antiguo profesor del Instituto, Pedro Enrique Marque,39 abrió una academia orientada a la preparación de los aspirantes40 a ingresar al Colegio Militar. En reconocimiento a su labor, como parte de los actos del centenario del Instituto, un aula en la planta baja del pabellón de estudios llevaba su nombre. En 1923, durante la dirección del coronel Luis Jorge García (promoción 21), se dictó la norma –vigente en nuestros días– que consideraba el fraude en un examen una falta grave y lo sancionaba con la baja41 del cadete. El 21 de mayo de 1925 se inauguró el Casino de Cadetes, que se transformó rápidamente en un espacio tradicional de recreación y descanso. Hacia 1927 Vito Dumas, el famoso navegante solitario, era profesor de natación del Instituto. Hacia 1937, último año en San Martín, el Colegio inicio los cursos con un efectivo de 610 cadetes divididos en un curso preparatorio y cuatro años. Entre ellos, 31 cadetes eran de la sección aeronáutica. El 23 de diciembre de 1937 los miembros de la promoción 63,42 los últimos educados íntegramente en San Martín, concurrirían al patio de honor del nuevo Colegio Militar en El Palomar para graduarse como subtenientes del Ejército Argentino en una ceremonia presidida por el gran impulsor del nuevo edificio, el presidente de la Nación Agustín Pedro Justo.43
39 Fallecido en 1974. 40 Desde su fundación hasta el presente, más de 29.000 aspirantes al Colegio Militar, Escuela Naval Militar y Escuela de Aviación Militar han pasado por sus aulas. 41 Inicialmente la sanción era la expulsión. 42 Denominada “promoción de la bandera” por haber donado un nuevo estandarte al instituto. 43 Justo entregaría la presidencia el 20 de febrero de 1938.
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El 5 de febrero de 1938 se habilitaría integralmente el edificio44 y se iniciarían allí los cursos. La fructífera etapa en San Martín había finalizado con 45 promociones y 3413 cadetes formados. El antiguo solar sería destinado a albergar al recientemente creado Colegio Nacional Militar,45 antecedente inmediato del Liceo Militar “General San Martín”. Vamos a abandonar este viejo edificio cuyos cimientos datan de 1855, con sus sólidos y anchos muros que parecen haber sido construidos para vivir eternamente, y sus largos corredores. Donde tantas veces se escucharon las dianas saludando al sol, y los silencios cerrando las actividades y el clamoreo del día. (Ejército Argentino, 1937: 9)
44 Una medalla conmemorativa recuerda el acontecimiento. 45 Decreto del 8 de enero de 1938.
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Carta de donación de diez hectáreas, incluyendo el Palomar y la Casa de Caseros, de las hermanas Pereyra de Herrera Vegas, fechada el 8 de noviembre de 1911. Dirección de Ingenieros e Infraestructura
UN CAMPO DE BATALLA, EL SITIO ELEGIDO PARA EL NUEVO COLEGIO “Por otra parte, es tiempo ya de dotar a esa institución de un edificio apropiado a sus fines, que contemple todas sus necesidades y que por su solidez garantice a la Nación de nuevos gastos”. Presidente José Evaristo Uriburu (julio de 1895)
Las deficiencias que para la educación presentaba el edificio de San Martín generaron que hacia el año 1896 se debatiera en el Congreso el proyecto de ley enviado por el Ejecutivo, que contemplaba el crédito para la construcción de un nuevo edificio para el Colegio, a erigir en el mismo terreno que ocupaba en San Martín. Después del intercambio de opiniones de los señores senadores con el ministro de Guerra y Marina, el ingeniero Guillermo Villanueva, se le sugirió elegir un paraje elevado próximo a la costa o una estación de ferrocarril, dejando la selección definitiva en manos del Poder Ejecutivo.46 La Ley Nacional 4005 de 1901 que autorizaba la compra de un campo de instrucción y maniobras sobre las márgenes del río Las Conchas (hoy Reconquista) constituiría un nuevo elemento de juicio en la selección del futuro emplazamiento del nuevo Colegio. Tres años después, el entonces ministro de Guerra, el coronel Pablo Riccheri (promoción 6), colocaría la piedra fundamental del nuevo edificio en el campo de la batalla de Caseros. Esta ceremonia se realizaría el 11 de octubre de 1904, el día anterior al del recambio presidencial y
46 Ley 3467 del 14 de enero de 1897.
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ministerial, ceremonia que consta en un acta que obra en poder del Instituto y que firman, entre otros, el capitán Agustín Pedro Justo47 (promoción 18), para ese entonces profesor de matemáticas de tercer año y futuro impulsor de las obras. La piedra fundamental fue colocada para guarda en una torre almenada, emblema del Colegio, próxima al Palomar, que actualmente no existe (Cabrera, 1940). Pero volvamos al sitio elegido, campo de una batalla en donde se enfrentaron casi 50.000 hombres con 105 piezas de artillería, el gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, con facultades extraordinarias que le permitían ejercer la suma del poder público, y tres futuros presidentes constitucionales: Justo José de Urquiza, Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre. Del resultado de esa batalla surgió la sanción de la Constitución Nacional y las consecuentes bases para la organización definitiva de nuestro país. El sitio toma el nombre de quien había sido su propietario a fines del siglo XVIII,48 Don Diego Caseros, que había construido hacia 1788 El Palomar y la casa como parte de una finca de unos 1500 m de frente al río Reconquista y 5500 m de fondo, que cumplía la finalidad de ser proveedora de la Buenos Aires colonial con siembra de trigo, plantación de duraznos, hacienda, aves de corral y palomas para consumo humano. Para la fecha de la batalla, la propiedad pertenecía a Simón Pereyra, proveedor del Ejército, y el sitio era conocido como Monte Caseros. La batalla se iniciaría a las 8 hs del día 3 de febrero de 1852, y después del mediodía gran parte de las fuerzas de Rosas ya había comenzado la retirada. Hacia las 15 hs, Urquiza avanzaría con alguna caballería y dos o tres batallones hasta la quinta de Palermo, donde establecería su cuartel general, que años más tarde sería la primera sede del Colegio. La línea defensiva del Ejército del brigadier general Juan Manuel de Rosas se extendía desde la Casa de Caseros (ala derecha) hasta el campamento de Santos Lugares (distante unos cuatro o cinco kilómetros) La Casa de Caseros era un sólido edificio de cal y ladrillo, cuyos patios y azoteas estaban defendidos por 300 hombres; se hallaba rodeada de fosos y a su base se habían emplazado varias piezas de artillería. Desde la Casa de
47 Egresado como ingeniero civil de la UBA, se lo reconocería como ingeniero militar
el 2 de enero de 1904. 48 El 21 de junio de 1788 le compra la propiedad a Isidro Burgos.
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Caseros y hacia el norte en la extensión de cerca de 150 m se había establecido como una especie de martillo defensivo, formado por una trinchera de carretas, teniendo un foso al frente; estaba defendida por dos batallones de Infantería, teniendo además dos regimientos de Caballería como pequeña reserva del ala derecha. Dos batallones más con algunas piezas, parapetados detrás de un cerco de tuna con su correspondiente foso al frente, ocupa el espacio entre la Casa de Caseros y el Palomar: es este un edificio circular, de tres cuerpos superpuestos y concéntricos, que estaba ocupado fuertemente por Infantería, teniendo a su base algunos cañones y las cuatro coheteras.49 Este sector estaba al mando del general Pinedo. (Beverina, 1911: 252)
En ese sector el Ejército Grande enfrentó a la posición defensiva con la División Oriental (cuatro batallones y seis piezas) al mando del coronel Cesar Díaz, quien ordenó el ataque a la casa, seguido de dos batallones brasileños (brigada del coronel Pereyra Pinto), mientras El Palomar fue tomado por otras de las brigadas de la División Brasileña. Díaz dijo lo siguiente: Mandé entonces adelantar el batallón Voltíjeros que mandaba el teniente coronel don León de Palleja y formaba nuestro centro, con el encargo especial de penetrar el edificio de Caseros, luego que fuese abandonado el parapeto de las carretas por los batallones que lo defendían; y seguidamente hice la señal de carga a los demás cuerpos de la división, que marcharon al paso de trote escalonados sobre ambas alas del batallón central. (citado en Ministerio de Cultura del Uruguay, 1968: 244)
En el asalto moriría el cirujano mayor de Ejército Claudio Mamerto Cuenca, a cargo del hospital de sangre ubicado próximo a la casa. Las circunstancias de su muerte serían motivo de un interesante intercambio epistolar entre las partes a partir de que el general Bartolomé Mitre (uno de los jefes de Artillería en la batalla) acusara de crueldad en el ataque a las fuerzas uruguayas y, en particular, a su jefe León de Palleja (que había fallecido en 1866 en la batalla de Boquerón de la Guerra de la Triple Alianza).
49 Se refiere a cuatro cohetes Congreve de reconocida eficacia sobre la caballería por el temor que producía en los caballos su detonación.
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Otro acontecimiento histórico ocurriría en la vieja casona años más tarde, efectivamente, después de la batalla de Cepeda (23 de octubre de 1859), precisamente el 5 de noviembre, cuando se reunirían en ese lugar los comisionados por la Confederación Argentina con los de la provincia de Buenos Aires, obrando como mediador el brigadier general de la República del Paraguay Francisco Solano López en lo que serían las conversaciones preliminares del Pacto de Unión Nacional que se firmaría el 10 de noviembre en San José de Flores,50 en virtud del cual Buenos Aires declararía que formaba parte integrante de la Confederación Argentina y que se le reconociera el derecho de libre examen de la Constitución promulgada en 1853. Las tierras en donde se encontraban la casa y el palomar fueron donadas por las hermanas María Luisa y María Antonia Pereyra de Herrera Vegas (nietas de Simón Pereyra, el dueño en 1852) al dominio nacional, pasando la casa a ser parte del cuartel de la Escuela de Caballería desde 1911 hasta 1924.51 En la carta52 oferta de donación de diez hectáreas dirigida al ministro de Guerra, el general Gregorio Díaz Vélez (promoción 10), quien la había gestionado personalmente, se expresa lo siguiente: “En esa donación quedaría incluido El Palomar de Caseros, reliquia histórica, que por la tradición que representa desearíamos fuera de propiedad de la Nación”. La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos declaró por decreto 120411 del 21 de mayo de 1942 lugar histórico el campo de Caseros y monumento histórico nacional el palomar de Caseros. Años después, por decreto 1868 del 26 de julio de 1983 se declararía monumento histórico nacional la Casa de Caseros.53
50 Ratificado por las partes el 11 de noviembre de 1859. 51 Bases del decreto 1868 del año 1983. Esta escuela pasa en 1925 a Campo de Mayo. 52 De fecha 8 de noviembre de 1911, obrante en la Dirección General de Ingenieros e Infraestructura. En legajo del Colegio Militar de la Nación. 53 También se declaró por decreto 3038 del 30 de enero de 1946 árbol histórico en el campo de Caseros un ombú existente en la localidad del Palomar, fuera del predio del Colegio.
Clase de física del Curso Superior. Mayo de 1930. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76064.
INGENIEROS MILITARES EN EL COLEGIO MILITAR
Una faceta poco reconocida de la actividad educativa de nuestro Colegio Militar ha sido la referida a la formación de ingenieros militares, que con distintas modalidades e, incluso, interrupciones se llevó a cabo desde el año 1905 hasta la creación de la Escuela Superior Técnica (EST) en 1930. Como antecedente inmediato a nivel institucional, se creó en 1872 la Mesa de Ingenieros, a cargo del entonces capitán Jordán Czeslaw Wysocki, ingeniero de nacionalidad polaca que había sido asimilado al Ejército en el año 1871. En sintonía con esta innovación en la organización, el coronel Juan F. Czetz, primer director del Instituto, propuso hacia el año 1873 transformar el Colegio en una escuela politécnica, siguiendo el modelo de West Point o de otras academias europeas (Fontainebleau y Turín), con la idea de formar ingenieros militares y civiles que contribuyesen al desarrollo del país. Esta idea no prosperaría, pero años más tarde, desde su rol de jefe de la Cuarta Sección del Estado Mayor (Ingenieros Militares, Cartografía y Topografía), insistiría con la creación de la escuela de ingenieros militares, adscripta a esa sección, con un plan de estudios que contemplaba asignaturas cursadas en la propia escuela y en la Facultad de Matemáticas y Ciencias Físico Naturales54 de la Universidad de Buenos Aires. Esta medida se concretaría finalmente por decreto en febrero de 1886 (De Paula et al., 1976). Una evolución natural de esa concepción se produjo el 24 de septiembre de 1904, oportunidad en que fue creada, como parte integrante del Colegio Militar, la Escuela de Aplicación de Artillería e Ingenieros con el fin de completar y perfeccionar la instrucción técnica y profesional
54 A partir de 1891 cambiaría el nombre por el de Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y recién en 1952 se desdoblaría en la Facultad de Ingeniería y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.
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de los oficiales. Esta decisión fue impulsada, siguiendo el modelo de la Escuela Militar del Ejército Belga, por el entonces ministro de Guerra General Pablo Riccheri (promoción 6), que dejaría el cargo con el recambio presidencial el 12 de octubre de ese mismo año. Esta medida no fue necesariamente compartida por otros oficiales. Uno de los que se opuso, el teniente general Enrique Godoy, sería precisamente el nuevo ministro de Guerra que reemplazaría a Riccheri, a quien designó como director del Colegio Militar para que se hiciese cargo de implementar su decisión. Riccheri ejerció el cargo por un breve período, dado que solicitó su relevo en febrero de 1905. Las vacantes fijadas para el curso en cuestión fueron 20, que se cubrirían en la siguiente prioridad: los alféreces de Artillería e Ingenieros, después de tres meses de práctica en las unidades, los alumnos de cuarto año de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y, eventualmente, subtenientes de Infantería, si con los primeros no se completaban las vacantes. Los dos oficiales con mejor promedio serían enviados a Europa, y los que completasen el plan de estudios recibirían el título de ingeniero militar. El 1.º de abril de 1905 se inició el primer curso, a la vez que se organizó el Colegio en dos áreas: las correspondientes al curso elemental (cadetes) y al curso superior (oficiales), cada una de ellas a cargo de un subdirector. En 1908, solo tres años después, el esfuerzo presupuestario y de profesores necesarios hizo conveniente clausurar el curso y explorar otras soluciones. Al respecto, el entonces ministro de Guerra, el general de Brigada Rafael Aguirre (promoción 8), sostenía lo siguiente: “Es factible con el concurso de las facultades nacionales, combinado con un año de tecnología militar, preparar el pequeño número de oficiales especialistas que necesita el servicio de construcciones, el de arsenales y las comisiones técnicas” (Ministerio de Guerra, 1908: 76). En ese período dos oficiales con título de ingeniero se desempeñaron como directores del Colegio, el general Andrés Eugenio Rodríguez (promoción 12), en los años 1904, 1905 y 1907, y el general Arturo José Orzábal (promoción 8), en los años 1906 y 1907. En diciembre de 1915 se resolvió abrir el curso nuevamente y se aceptó el plan de estudios propuesto por el director del Colegio, que para ese entonces era el coronel Agustín Pedro Justo (promoción 18), ingeniero civil y militar que se había desempeñado en 1906 como profesor de Geometría Descriptiva y Estática Gráfica en el mencionado curso superior. Las clases se reiniciaron en 1916 con un efectivo de 25 oficiales, que reunían la condición de haber prestado servicios en las unidades de las armas durante, al menos, seis meses.
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Tres años más tarde, precisamente el 31 de marzo de 1919, se creó el curso especial destinado exclusivamente a proporcionar enseñanza técnica a los oficiales orientados al estudio de los materiales de guerra. Para acceder a él se debía haber aprobado el segundo año del curso superior. Existía también la intención de enviar al oficial con mejores calificaciones a completar sus estudios en el extranjero. El general de división Manuel Nicolás Aristóbulo Savio (1892-1948), de la promoción 35, sería un graduado de estos cursos con el grado de teniente primero en 1919. Años más tarde se desempeñaría como jefe con el grado de teniente coronel, situación en la que se encontraba cuando se creó la Escuela Superior Técnica (EST) en 1930. Fue el primer director del nuevo Instituto hasta el año 1935. Suprimidos los cursos superior y especial por la creación de la EST, esta seguiría dependiendo del Colegio Militar en distintos aspectos, situación que se mantendría hasta los años 1941 y 1942, cuando ocuparía sus actuales instalaciones en Cabildo 15 (Belgrano), tal como consta en el artículo 12 del decreto 751 de Creación de la Escuela Superior Técnica del 6 de noviembre de 1930: “Hasta tanto la Escuela Superior Técnica no disponga de cuarteles propios, funcionará en los que actualmente ocupa en el Colegio Militar, dependiendo del director del Colegio Militar en lo referente a disciplina, gobierno y administración”. A partir de 1933, la EST obtuvo administración propia y dependió solo del Colegio Militar en lo referente a servicios internos y cuestiones disciplinarias.
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El presidente de la Nación, general Agustín Pedro Justo, inaugura el edificio del Palomar y preside la ceremonia de egreso de la Promoción 63, el 23 de diciembre de 1937. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 47103.
JUSTO, EL MENTOR DEL COLEGIO DEL SIGLO XX
El general de división Agustín Pedro Justo nació en Concepción del Uruguay (provincia de Entre Ríos) el 26 de febrero de 1876. Perteneció a la promoción 18 del Colegio Militar, egresó como alférez de Caballería55 en 1892, y falleció en Buenos Aires el 11 de enero de 1943. Como cadete, integró el grupo que se plegó al bando revolucionario en 1890, y como capitán, simpatizó con la asonada radical de 1905, circunstancias que lo vincularían durante su carrera militar a ese partido en su línea antipersonalista. Ingeniero civil y militar, su relación con el Instituto se inició con su nombramiento en 1904 (siendo capitán) como profesor de matemáticas de tercer año, a la vez que se desempeñaba como director de obra en las construcciones que se estaban efectuando en el recientemente adquirido Campo de Mayo. En ese carácter, participó el 11 de octubre de 1904 de la colocación de la piedra fundamental del nuevo Instituto a construirse en el campo de la batalla de Caseros, ceremonia presidida por el ministro de Guerra general Pablo Riccheri (promoción 6). En octubre de 1913 se lo nombró subdirector del Instituto y en febrero de 1915 asumió como director y fue ratificado por el presidente Hipólito Yrigoyen en 1916, cargo que ejercería hasta 1922, manteniendo el grado de coronel durante nueve años, dada su visión crítica de la política militar del presidente. Como ejemplo, podemos señalar su proceder en el homenaje a Mitre el 26 de junio de 1921, con motivo del centenario de su nacimiento. En esa oportunidad, ante la
55 Antes de presentarse a su primer destino, el Regimiento 3 de Caballería de Línea solicitó y obtuvo
su pase al arma de Artillería, a la que perteneció hasta el grado de capitán, momento en que fue reconocido como ingeniero militar y pasó al arma de ingenieros, como era usual en esa época. Ver Figueroa, A. M. (2001). Promociones egresadas del Colegio Militar de la Nación. Buenos Aires, Argentina: Edivérn.
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indiferencia del gobierno nacional, promovió la participación del Instituto. La repercusión que tuvo el hecho hizo pensar a las autoridades en su relevo, que finalmente no se concretó, consolidando su proyección política y militar. Fraga nos dice sobre él en ese tiempo: “Era ya un militar de una cultura excepcional. Además de ser ingeniero civil, ya ha comenzado a adquirir los primeros centenares de libros de lo que después será una de las bibliotecas más importantes de Latinoamérica” (Fraga, 1993: 85). Convencido de la necesidad de que el oficial posea una adecuada cultura general, impuso su impronta en el plan de estudios, buscando un equilibrio (siempre difícil) entre las ciencias humanas y sociales y las básicas. Como ingeniero, persuadido del aporte de las ciencias aplicadas a la milicia, propuso y logró reactivar en 1915 el curso superior, antecedente inmediato de la actual Escuela Superior Técnica. Una de las peculiaridades de este período es el selecto grupo de profesores y oficiales que revistó en el Instituto y que, de alguna manera, sería una garantía de continuidad del proyecto educativo al que aspiraba Justo. Entre ellos, podemos nombrar a los futuros generales Manuel Rodríguez (promoción 24), jefe del cuerpo de cadetes durante gran parte de su gestión y hombre de su plena confianza, Juan Nerón Tonazzi (promoción 31), futuro director entre 1936 y 1939, y el coronel Luis Jorge García (promoción 21), que lo sucedería en el cargo de director entre 1922 y 1928. Otra de las circunstancias que favorecería la coherencia en la acción sería la continuidad de Justo en roles influyentes para el destino del Colegio Militar, ya sea como ministro de Guerra del presidente Alvear de 1922 a 1928 o luego como presidente de la Nación de 1932 a 1938. Su vinculación con el ambiente académico se traslucía en un cuerpo de profesores integrado por personas de trayectoria y renombre como Paul Groussac (director de la Biblioteca Nacional durante 44 años), Cristóbal María Hicken, eminente botánico argentino, Ricardo Levene destacado historiador y, años más tarde, presidente de la Academia Nacional de la Historia. Colegas y profesores de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales se sumarían a este prestigioso claustro, así como los ingenieros Argañaraz, Carballo, Nieburg, Thompson y Domingo Selva (este último de destacada y singular trayectoria por ser pionero en el diseño y la construcción de imponentes edificios con estructuras de hormigón armado en distintas partes del país, como, entre otros, la Casa de Gobierno de Tucumán). La permanencia en el Colegio durante tantos años le permitió acceder al conocimiento de toda una generación de oficiales que, como los entonces subtenientes Perón (1913),56 Lonardi
56 En todos los casos el año entre paréntesis corresponde al año de egreso del Colegio Militar.
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(1915), Rattenbach (1915), Aramburu (1922) y Valle (1922), tendrían relevante protagonismo político a mediados del siglo. Pero tal vez su principal legado sería el campus educativo del Palomar, el nuevo edificio con el que habían soñado muchas generaciones de oficiales. En 1915 empezó a trabajar en el nuevo proyecto. La tarea no le sería sencilla. Al frente de la recientemente creada Dirección de Ingenieros se encontraba el general Luis Dellepiane (promoción 10), con el que mantenía una conflictiva relación que derivaría años más tarde, precisamente el 23 de marzo de 1924, en un duelo personal con espada que finalizó, después de 14 asaltos, con heridas leves de ambos contendientes. Esta rivalidad se mantendría en el tiempo y se acentuaría cuando el general Dellepiane asumiera como ministro de Guerra en la segunda presidencia de Hipólito Irigoyen (1928-1930). En 1916 se licitó el proyecto, pero en 1917 el acto fue anulado. Ese año pidió el relevo de su cargo, pero el ministro de Guerra no se lo aceptó. Finalmente, otra licitación en 1920 se pudo adjudicar y las obras se iniciaron el 19 de julio57 de 1921, según atestigua la placa conmemorativa del acontecimiento que hoy se encuentra al pie del monumento a Sarmiento emplazado en el ingreso al Instituto. Este hecho no escapó a un comentario sarcástico del teniente general Riccheri, ya en situación de disponibilidad, según nos relatan Brown y Noro: …colocándose la piedra fundamental [en el acto de 1904] en el mismo lugar o en las cercanías donde (casi) veinte años después ha vuelto a efectuarse idéntica ceremonia (…) El actual ministro de guerra, que entonces era capitán, me alcanzó (en esa oportunidad) la pala de plata con que se volcó, contra la simbólica piedra, la primera mezcla de lo que debió ser la construcción del Colegio. (1999: 161)
En realidad, Justo solo se limitó a marcar el inicio efectivo de la construcción después de varios intentos frustrados. La medalla que conmemora el hecho no habla de “piedra fundamental”, sino de “inicio de la construcción”. La obra sería su obsesión en los años por venir y el carácter monumental de la misma concretaría el ideario de que “en un instituto hasta las paredes educan”, plenamente vigente entre los conceptos dominantes en el estudio y el proyecto de los edificios militares de carácter permanente
57 Fecha en que se conmemoraba por ese entonces el aniversario del instituto.
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de esa época, que precisamente concebían “…el cuartel como factor de civilización, de educación, de preparación y formación del hombre ‘útil’ para la sociedad y, por ende, para la nación” (Cabrera, 1940: 204). Finalmente, como presidente de la Nación encabezó a fin de 1937 la ceremonia de egreso de la promoción 63, la primera actividad en el nuevo edificio, que aún no estaba completamente habilitado, pero la entrega del cargo el 20 de febrero de 1938 del responsable intelectual y material de semejante obra ameritaba al menos un simbólico reconocimiento final. Sin embargo, solo unos días después, el 9 de enero de 1938, cuando regresaba de Paso de los Libres, adonde había concurrido a entrevistarse con el presidente del Brasil Getulio Vargas, el avión en donde viajaba su hijo menor Eduardo,58 que lo había acompañado, se precipitó a tierra y produjo su muerte. El accidente, conocido como la Tragedia de Itacumbú, tuvo una gran repercusión nacional y en particular en el Ejército, dado que también fallecieron destacadísimos oficiales como el coronel Abraham Schweizer (abanderado de la promoción 30), el teniente coronel Firmo Horacio Posadas (abanderado de la promoción 37), el teniente coronel Antonio Berardo (promoción 34), el teniente coronel José Bergamini (promoción 40) y el mayor Víctor Vergani (promoción 46).59 No obstante, su pasión por la educación del militar no se agotaría. El 8 de febrero de 1938, junto al ministro de Marina, el contraalmirante Eleazar Videla, colocaría la piedra fundamental de la actual sede de la Escuela Naval Militar en Río Santiago. Acto similar al del general Riccheri en 1904 con la del Colegio Militar. El 20 de febrero de 1938 entregó finalmente la presidencia de la Nación al doctor Ortiz. Pocos años después, en 1943, falleció en la Ciudad de Buenos Aires. Rosendo Fraga (cadete del curso preparatorio en 1969 y años después profesor del Colegio) ha escrito un interesante libro sobre el general, donde, a propósito de homenajes posteriores, señala: En 1967, se organiza una comisión de homenaje a Justo presidida por el teniente general Emilio Forcher (promoción 40), quien descubre el 30 de septiembre un busto de bronce en el Colegio Militar, en la avenida interna60 que
58 Su tercer hijo varón en fallecer. 59 Respectivamente, el jefe de la Casa Militar, un edecán militar, el jefe del Regimiento de Artillería 1, el piloto y jefe del Regimiento Aéreo 1 y el copiloto y jefe del Grupo de Observación 1. 60 Actualmente ese busto se encuentra en el ingreso al salón de actos.
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lleva el nombre de quien fue su director (…) durante 7 años. (…) En 1976, al cumplirse el centenario del nacimiento, se realiza un homenaje en el Colegio Militar y desde entonces no volvió a ser recordado. (Fraga, 1993: 484-485)
Justo fue un amante de la educación y uno de los más preclaros generales del Ejército Argentino del siglo XX que supo aprovechar las oportunidades de su dilatada trayectoria profesional y política para sentar las bases materiales y el ideario de un instituto educativo, donde tuvimos la oportunidad de formarnos los oficiales de muchas generaciones. Por una feliz circunstancia, la única avenida del Colegio, que recuerdan realmente los que alguna vez fueron cadetes, lleva su nombre. Quizá sea el mejor homenaje póstumo a su persona.
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7 de setiembre de 1930, la revolución ha finalizado, el Cuerpo de Cadetes inicia el regreso al cuartel de San Martin. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 000279.
EL COLEGIO EN LA REVOLUCIÓN DE 1930 “La vida urge a veces situaciones mucho más paradójicas que las que pueden hacer los hombres: ese mismo Colegio Militar que Yrigoyen condujo a la Revolución bajo la alta noche de invierno (26 julio de 1890) habría de derribarlo de la presidencia cuarenta años más tarde (…)”. Félix Luna (1999)
Coincidiendo con el inicio de la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen (1928), el coronel Francisco Reynolds (promoción 23) fue designado director del Colegio Militar.61 Egresado como alférez de Artillería en 1897, a principios del nuevo siglo se había vinculado con la Unión Cívica Radical, entrevistándose en dos oportunidades con don Hipólito Yrigoyen y participando en la fracasada Revolución de febrero de 1905, a consecuencia de lo cual fue sancionado y trasladado a Ushuaia junto con otros sublevados. “Llegado al lugar de la cita, fui nuevamente sorprendido al escuchar a Yrigoyen que me decía: —Le pido, mi teniente, que no se aleje de Buenos Aires,62 pues considero conveniente su presencia en el movimiento próximo a estallar” (Reynolds, 1969: 17).
61 Su padre había sido director del Colegio a principios de siglo. Es el único caso de padre e hijo que ocuparon ese cargo. 62 Había sido designado para una comisión a Europa debido a gestiones de su padre general, que intentaba, así, alejarlo del país a sabiendas de su compromiso político con el movimiento radical de 1905.
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Un cuarto de siglo después de estos acontecimientos, Reynolds se encontraba a cargo del Colegio, y hacia mediados de 1930 tomó conocimiento de que tenientes del Instituto, al igual que él en 1904, habían sido “apalabrados” para participar de la revolución que estaba en marcha. En la tarde del 5 de septiembre el director concurrió a la Casa de Gobierno. Percibió claramente una crisis, que se agudizó con la renuncia del ministro de Guerra, el teniente general Luis Dellepiane (promoción 10), y con la decisión del presidente Yrigoyen de delegar el mando en su vicepresidente, el doctor Enrique Martínez. Esa misma noche los sucesos se precipitaron. Reynolds fue alertado de la proximidad del estallido revolucionario y optó por adherirse con todo el Colegio. Pasada la medianoche del 6 de septiembre, se entrevistó con los jefes y capitanes para manifestarles la intención de plegarse al movimiento en marcha, pero solo recibió la adhesión del jefe de cuerpo de cadetes y de dos capitanes (uno era su ayudante). El subdirector (se había ausentado), el jefe del batallón de Infantería y la mayoría de los jefes de subunidad se negaron a participar y de común acuerdo guardaron arresto en el casino de oficiales. Los tenientes, salvo una excepción, compartían la decisión del director, y así se comenzó con el apresto para la marcha. Simultáneamente se recibieron noticias de que las guarniciones Campo de Mayo y El Palomar se mantendrían leales al gobierno, circunstancia que modificaba el plan original al no poderse contar con unidades operativas, convirtiendo, de hecho, al Instituto en el núcleo de la acción militar. Desde la madrugada empezaron a llegar al Colegio, por distintos medios, civiles que se plegaban al movimiento, a los que se entregaron bajo recibo 500 armas. Estos ciudadanos armados constituirían, durante la marcha a realizar, columnas paralelas y adelantadas en misiones de seguridad y reconocimiento. A las 7:30 hs se hizo presente en el Colegio Militar el general José Félix Uriburu (promoción 14), jefe del movimiento, y a las 10:15 hs se inició la marcha, a pie y caballo, hacia Buenos Aires con los efectivos pertrechados y vestidos con “uniforme de campaña con gorra blanca de gala”. La vanguardia estaba integrada por el escuadrón de Caballería y la Segunda Compañía, siguiéndole el grueso a cuya cabeza marchaba la Primera Compañía con la banda, la Batería de Artillería, la Tercera Compañía, la Compañía de Ingenieros, la plana mayor, sanidad y cocinas rodantes. El director resolvió que la bandera63 del Instituto no participara de la sublevación y permaneciera en la guardia de prevención bajo custodia.
63 El abanderado era el cadete de segundo año Álvaro Carlos Alsogaray (promoción 58).
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Ya en la capital, ante noticias de la existencia de fuerzas leales al gobierno parapetadas sobre el terraplén de las vías en Libertador y Dorrego, se resolvió variar el recorrido original y seguir el camino de marcha por Av. Córdoba, Callao, Rivadavia y Av. de Mayo, hasta Casa de Gobierno. El avance por la calle Córdoba hacia Callao fue una creciente manifestación de entusiasmo popular, que adquirió contornos casi delirantes, al pasar la cabeza de la columna frente al edificio de la Facultad de Medicina, profesores, enfermeros y enfermeras, estudiantes y hasta enfermos vivaban a la Revolución (…) (Reynolds, 1969: 42)
Pero a las 17:30 hs, al alcanzar la Plaza del Congreso, la situación cambió por completo y se recibieron disparos desde la confitería El Molino, el entonces Hotel Mar del Plata y el propio Palacio Legislativo (esquina Rivadavia y Entre Ríos). El personal montado echó pie a tierra, se emplazaron piezas de artillería y se respondió el fuego, que fue neutralizado en 20 minutos. El saldo de este suceso fue penoso. Murieron los cadetes del tercer año del escuadrón de Caballería, Jorge Güemes Torino (por herida de bala en la región torácica) y Carlos Larguía (por herida de bala en la región abdominal)64 Hubo, además, 25 cadetes heridos o contusos, y 30 caballos quedaron tendidos en la plaza muertos por heridas de bala. Entre las personas civiles, las bajas en estos sucesos lamentables fueron numerosas. Las publicaciones de época daban cuenta de 25 muertos y 175 heridos. Finalizado el hecho, se ocupó el Congreso y se continuó hacia la Casa de Gobierno procediendo de la misma manera, brindando la seguridad desde los pisos altos con parte del personal. El resto del cuerpo de cadetes se estableció sobre las plazoletas de Av. Alem y Paseo Colón. El día 7 de septiembre regresó el Colegio a sus instalaciones en San Martín para concurrir luego, el día 8 de septiembre, con uniforme de parada a la jura del nuevo gobierno. El coronel Reynolds permanecería a cargo del Colegio hasta principios del año 1933 y el subdirector, el teniente coronel Alberto Lynch (promoción 26), y el jefe del batallón de Infantería, el mayor José Francisco Suarez (promoción 35), fueron relevados de sus cargos ese mismo año.
64 Ambos pertenecían a la promoción 57.
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Los jóvenes cadetes desfilando con paso gimnástico antes de realizar una demostración de calistenia. Al frente la mascota de instituto, una llama apodada “Huiracocha” (caballero en quechua). Año 1933. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76085.
UN CADETE DEL COLEGIO MILITAR EN SAN MARTÍN Según los registros de la Dirección de Bienestar, el coronel de Artillería Guillermo Nicolás Nowell (promoción 61) es el único oficial vivo que cursó el Colegio Militar íntegramente en el actual edificio del Liceo Militar General San Martín. Nacido en 1915, en el momento del encuentro, contaba con 103 años. Pauté telefónicamente una entrevista65 con él y muy gentilmente me recibió en su departamento de Barrio Norte. Lo encontré muy saludable y dispuesto a recorrer juntos los vericuetos de su vida militar. Nacido en Quilmes, con abuelo inglés y un padre que era empleado en la planta de la cervecería Bieckert en Llavallol, vivió la mayor parte de su juventud en Lomas de Zamora. Estudiaba en el Colegio Nacional de Adrogué cuando, a pedido de un tío, su primo herma66 no se alojó en su casa para preparase a fin de ingresar al Colegio Militar. De esa convivencia surgió la idea de seguir la misma carrera, y comenzó a concurrir durante el año 1931 a la Academia Marque, un paso casi obligatorio en ese tiempo. El 1.º de marzo de 1932 ingresó a primer año del Instituto. Por ese entonces el director era el coronel Francisco Walter Reynolds (promoción 23). La rutina consistía, básicamente, en asistir a clase de lunes a sábado por la mañana, culminando con educación física las tardes de martes, jueves y sábados; la instrucción militar se realizaba por la tarde los días lunes, miércoles y viernes.
65 Fue la mañana del 9 de noviembre de 2017. Hubo una segunda entrevista el 5 de diciembre de 2017. 66 El coronel Juan Carlos Barvié (promoción 61).
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El capellán Munárriz,67 que enseñaba Historia, surgió naturalmente en su recuerdo cuando le pregunté por los profesores. También surgieron sus dificultades con el francés, que era el único idioma que se enseñaba en ese tiempo en el Instituto. En relación a la instrucción militar, que se realizaba básicamente en los descampados próximos, recuerda, entre otros, los nombres de los oficiales Guillermo Sarmiento (promoción 51), profesor de equitación, Rodolfo Perazzo (promoción 51) en Artillería y quizás el más temido por los cadetes, León Justo Bengoa (promoción 51), cuyo apellido y severidad daban lugar al latiguillo “vengo a…”. El tiro con los cañones Krupp de 75 mm se realizaba en Campo de Mayo, adonde se desplazaban a pie o caballo, dado que la artillería era hipomóvil, ubicándose en distintas posiciones al sur de las torres de observación existentes, con dirección general de tiro hacia Monte Alvear. El franco se tomaba los sábados a las 18 hs, hasta el domingo a las 22 hs. La mayoría de los cadetes empleaba para desplazarse el ferrocarril, a partir de la estación San Martín. Recuerda que en ese tiempo funcionaba en los edificios del mismo Colegio la recientemente creada Escuela Superior Técnica, donde solían ver a los jóvenes oficiales concurrir con sus portafolios a clase, y si bien no tenían contacto con ellos, de esa visión pudo haber surgido su intención de ser ingeniero militar. A fin de cada año a los cadetes destacados se les entregaba un pasaje de ferrocarril a cualquier parte del país. Esa feliz circunstancia le permitió conocer Bariloche, Cataratas del Iguazú y el norte de Santa Fe, donde tenía familiares. En cuarto año, fueron especialmente instruidos en el nuevo procedimiento de tiro de artillería con la idea de que se transformasen, a su vez, en capacitadores en su destino. La intención, buena en sí, no caería muy bien a su primer jefe de unidad, el teniente coronel León Santamaría (promoción 38), aunque en las inspecciones se lo designara siempre a cargo del Centro de Dirección del Tiro. El examen final de instrucción militar en cuarto año se realizó en Campo de Mayo y consistió en batir un blanco de artillería a cierta distancia. Lo pudo aprobar al tercer disparo, después de dos correcciones previas. Finalmente, el 21 de diciembre de 1935 los 122 subtenientes de la promoción 61 egresarían en una ceremonia realizada en el comedor del Instituto, especialmente acondicionado para la ocasión. El presidente de la Nación, el general de división Agustín Pedro Justo (promoción 18), la presidiría. Para ese entonces el general Francisco Guido Lavalle (promoción 24) era el director.
67 Mayor capellán José Cruz Munárriz. Revistaría en el instituto al menos hasta 1948, desempeñándose además como profesor de Historia Argentina. Era de gran predicamento entre los cadetes, que veían en él a un valioso consejero espiritual.
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El primer destino de Nowell sería el Grupo de Artillería (GA) de Montaña 1 en Mendoza. Luego el GA 1 en Ciudadela y el GA 3 en Diamante (Entre Ríos). Ingresaría a la EST y se graduaría en 1945, con la promoción 13, como ingeniero militar geográfico. En los primeros años, un grupo de oficiales subalternos de su promoción solicitaría la baja para incorporarse a la Artillería de Costas (antecedente inmediato de la Infantería de Marina) en 1936 y a la recientemente creada Fuerza Aérea en 1944.68 Habiendo ejercido ya el mando de unidades de Artillería en Apósteles y La Paz, el 28 de febrero de 1956, siendo teniente coronel destinado en el Instituto Geográfico Militar, pasó a situación de retiro obligatorio por “tener ideas afines al régimen depuesto”. Fue para él un momento muy doloroso, que afortunadamente pudo superar merced a posibilidades de trabajo que pronto aparecieron en empresas como Ferrocarril Roca, Yacimientos Carboníferos Fiscales y Forja Argentina. Esta circunstancia también afectó a otros camaradas y se agravó con el fusilamiento del 10 de junio de 1956 del coronel Oscar Lorenzo Cogorno, integrante de su promoción, hecho que creó divisiones internas que tardarían mucho tiempo en atenuarse. También se desempeñó como profesor de física en la Escuela Superior Técnica y el Colegio Militar. Integró el claustro de profesores de este último en el centenario del Instituto (1969). Finalmente, después de un demorado recurso administrativo, sería ascendido a coronel con retroactividad. Empezaba a cicatrizar, así, una antigua herida. Con una familia numerosa y próximo a ser tatarabuelo, me despedí de él preguntándole por el secreto de la longevidad. Me respondió lo siguiente: “Un vaso de buen vino tinto todas las noches, según recomendaba el doctor René Favarolo”.
68 Para más detalles ver Figueroa (2001).
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a. Anverso y reverso de la medalla conmemorativa de la colocación de la piedra fundamental, en 1904. b. Anverso y reverso de la medalla conmemorativa del inicio de la construcción, en 1921. Ambas propiedad del autor.
EL CAMPUS EDUCATIVO DEL PALOMAR “Es un edificio importante porque su propósito es importante y porque la arquitectura, de acuerdo a la teoría sarmientina, es una herramienta pedagógica. El edificio transmite valores pedagógicos. Enseña a la comunidad lo importante que es la educación. Y enseña al niño [en este caso al cadete] que la sociedad valora en mucho su educación y por ello le ha destinado para ese propósito uno de sus mejores edificios”. Gustavo Brandariz, conferencia del 27 de mayo de 1997
El proceso que dio origen al actual Colegio Militar tiene un punto de partida en la recomendación que en 1896 efectuó el Senado de la Nación al ministro de Guerra y Marina, el ingeniero Guillermo Villanueva, para que en lugar de seguir invirtiendo dinero en el predio de San Martín se procurase un nuevo lugar, ya sea próximo a un puerto (se pensaba en Zárate, donde desde 1873 funcionaba el Arsenal de Marina) o a una estación de ferrocarril, medio que se encontraba en pleno proceso de expansión. La Ley Nacional 4005 de 1900, que autorizaba la compra de un campo de instrucción y maniobras sobre las márgenes del río Reconquista (Campo de Mayo), constituiría un nuevo elemento de juicio en la selección del futuro emplazamiento del Colegio. En ese sentido, en el año 1903 se adquirieron al general Rudecindo Roca 149 hectáreas, de las cuales se escriturarían 50, dado la prematura muerte del general. El resto pasaron años más tarde a dominio del Estado nacional. En 1912, se sumaron otras 40 hectáreas, 30 compradas y 10 donadas por las hermanas María Antonia y María Luisa Pereyra de Herrera Vega, nietas de Simón Pereyra, dueño de esas tierras en 1852. En cumplimento de la Ley 4290 del 26 de enero de 1904 que contemplaba un “edificio para la Escuela Militar”, en el mes de abril de ese año el presidente de la República, en acuerdo de ministros, aprobó las bases del concurso internacional de planos para la mencionada escuela.
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El Proyecto Caseros, elaborado por el ingeniero Enrique Guillermo Chanourdie (profesor del Instituto) y el arquitecto Eduardo Le Monnier, obtuvo el primer premio, que fue de 5000 francos. Con la ley que contemplaba el presupuesto de la obra y el proyecto del edificio con sus detalles técnicos, que fue adquirido a los ganadores del concurso, el 11 de octubre de 1904, en esas 50 hectáreas originales compradas a Rudecindo Roca, el ministro de Guerra Pablo Riccheri colocó la piedra fundamental del futuro edificio del Instituto, próximo al entonces ferrocarril del Pacífico (luego, San Martín), aunque la estación más cercana por ese entonces era Caseros, dado que la del Palomar se construyó recién en 1908. Curiosamente, la hermosa medalla conmemorativa de aquel momento, acuñada por la afamada Casa de J. Gottuzzo, muestra la figura de la República con una mano apoyada sobre el hombro de un cadete y, con la otra, señalándole la imagen del edificio (proyecto), que finalmente nunca se concretaría por el cambio del gobierno (nuevos criterios impuestos por el ministro de Guerra, el general Godoy) y el impacto que sobre el Ejército tuvo la fallida Revolución radical de febrero de 1905. La idea de un edificio para el Colegio Militar cobró nuevo impulso con la Ley 6492 del 29 de septiembre de 1909, que volvió a contemplar su construcción, pero el proyecto técnico se demoraría hasta el año 1915 y la licitación efectuada para la obra en 1916 sería finalmente anulada en 1917. En el año 1920 se realizó un nuevo estudio de las obras necesarias para el Colegio Militar, se aprobaron los planos con las especificaciones generales y se concretó la licitación, condicionada a las asignaciones presupuestarias anuales. El ingeniero Domingo Selva, profesor del Colegio y experto en grandes obras con hormigón armado, fue el autor de los planos. El Señor Ingeniero Domingo Selva, autor de los planos, ha realizado un estudio minucioso y completo de los mejores institutos similares y adaptando científicamente los detalles a nuestras necesidades y experiencia, brindará al país un Colegio según todos los adelantos pedagógicos y técnicos modernos, que lo colocarán entre los primeros del mundo. (Ejército Argentino, 1927: 45)
Las obras se iniciaron el 19 de julio69 de 1921, según atestigua la placa conmemorativa del hecho que hoy se encuentra al pie del monumento a Sarmiento, emplazado en el ingreso al Instituto.
69 Fecha en que se conmemoraba por ese entonces el Día del Instituto.
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En 1923 el convenio fue modificado de común acuerdo con el contratista, por lo tanto, la dirección de obra quedó a cargo de la Dirección de Ingenieros, como así también, la ejecución de la parte de albañilería y afines de todos los edificios de la empresa adjudicataria. Por su parte, las tareas de carpintería, marmolería, electricidad, obras sanitarias, calefacción, etc., fueron motivo de acuerdos particulares con los respectivos gremios, procedimiento habitual para las construcciones en el Ejército entre 1916 y 1932. En 1925 se inició la construcción del Pabellón de Dirección y Enseñanza. A partir de este hecho, se continuaron los trabajos sin mayores interrupciones hasta 1932, dado que previamente, en 1927, se había establecido un plan definitivo con un programa de máxima, que contemplaba la totalidad de las obras con una capacidad para 1500 cadetes y 150 oficiales del curso superior, y con uno de mínima para su inmediata habilitación, con comodidades para 1000 cadetes y el mencionado curso. En 1928, ante el avance de las obras, se adquirió el terreno de 4617 m2, conocido como “el triángulo”, ubicado frente a lo que sería el arco de entrada, para asegurar el acceso ininterrumpido a la estación El Palomar, y en 1932 se adquirieron las 12 hectáreas linderas que hoy ocupa el Batallón de Intendencia 601. En 1932, debido a problemas presupuestarios, se llegó se llegó a una paralización completa de las obras. Finalmente, en marzo de 1936, se continuaron, para habilitarse definitivamente durante el mes de febrero de 1938, según ha quedado testimoniado en una medalla recordativa de ese evento. Bajo la dirección (de 1936 a 1939) del coronel Juan Nerón Tonazzi (promoción 31), se inauguró el 23 de diciembre de 1937 el nuevo edificio, con una capacidad inicial de 1000 cadetes,70 dado que solo estaban habilitados los pabellones de dormitorios A y B, que tenían comodidades para 500 cadetes cada uno. Por su parte, el edificio comedor de cadetes estaba diseñado para recibir 750 cadetes en cada una de sus alas, con el servicio de cocina en el centro. En el primer piso, funcionaría el casino de cadetes con sus salas de juego y recreación en un ala, y un salón de fiestas con sus baños en la otra. En la actualidad, el sector que da hacia la enfermería está ocupado por el casino de suboficiales y el alojamiento de la Agrupación Sinfónica.
70 Según el Libro histórico del Colegio Militar, el efectivo a principios de 1938 fue de 674 cadetes.
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Otro detalle de interés es que las aulas para el curso superior71 se encontraban a ambos lados del salón de actos en los edificios menores que hoy son empleados por el área de personal, material, jefatura de estudios y evaluación. También, el lugar que hoy ocupa el Museo de Armas había sido concebido inicialmente como sede del Museo del Ejército. En un Ejército, en ese entonces hipomóvil, las instalaciones para el ganado72 no se quedaban atrás. Contaban con caballerizas para cadetes y oficiales, picadero cubierto, hospital de ganado, baño de herraduras, estercolero y depósito de forrajes. Un verdadero adelanto para la época fue la calidad de los servicios con que se contaba: torre tanque de 400 m3 que obtenía el agua de pozos perforados a más de 70 m de profundidad, electricidad provista por la Usina Central del Ejército, ubicada en Campo de Mayo, túneles para el cableado, cañerías y desplazamientos de personal en días de lluvia, usina de vapor para calefacción, agua caliente y cocinas, sistema pluvial y cloacal integrado a la colectora general que unía Campo de Mayo con la Capital Federal, red interna de teléfonos y altoparlantes de llamada, horno incinerador de basura y servicio de lucha contra el fuego. En los años siguientes, se fueron completando las obras faltantes, como el pabellón de dormitorios C,73 el casino de oficiales, el parque de Artillería, la guardia de prevención y el polígono de tiro. El arbolado también fue motivo de preocupación en las autoridades, dado que el predio solo contaba con los ombúes preexistentes, propios de la pampa húmeda, en proximidades de la Casa de Caseros, y con los talas que se extienden desde las caballerizas hacia el club de oficiales. Para ello se optó por árboles de hoja perenne para el entorno monumental, de forma de evitar servidumbres con las hojas caducas, pero asegurar un paisaje uniforme y agradable durante todo el año. En 1939 se adquirieron, a un precio sobrevaluado, 222 hectáreas a Néstor Luis Casas, un intermediario, dado que este las había comprado a la sucesión de Pereyra Iraola a un precio menor. La diferencia fue empleada para sobornos a miembros del Congreso que habían aprobado la operación de compra de las tierras. Este negociado fue denunciado en mayo de 1940 por el senador Benjamín Villafañe, lo que dio origen a un escándalo de proporciones y que obligó al propio presidente Ortiz a presentar su renuncia, que finalmente fue rechazada. Estas tierras, que lindaban con el actual arroyo Morón por el este hacia el río Reconquista, aspiraban a ampliar el campo
71 Ver capítulo 11 (“Ingenieros militares en el Colegio Militar”). 72 Según el Libro histórico del Colegio Militar, se contaba en el año 1938 con 302 equinos y 54 mulares. 73 Con características diferentes al A y B, porque al suprimirse el proyecto de la cuadra de tropa se procuró que este dormitorio contemplara a ambos.
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de instrucción del Colegio. Parte de ellas, 71 hectáreas, conformarían luego el antiguo predio de la Compañía de Ingenieros 10. Hoy, su núcleo edificado, es el club de suboficiales del Instituto. Durante la dirección del coronel Oscar Rufino Silva (promoción 40), entre 1944 y 1946, se inició la construcción de las piletas descubiertas, las tribunas laterales con frente al campo de despejo Ejército de los Andes y el puesto Tambo Nuevo, con el camino respectivo74 que fue realizado inicialmente por cadetes privados de salida. Además, en proximidades de Tambo Nuevo75 se habilitó el nuevo polvorín subterráneo con el nombre de “Anselmo Tovar”,76 lo que permitió emplear el anterior como club de oficiales, que fue reacondicionado e inaugurado el 27 abril de 1945 con el nombre de “Club Lealtad”. Durante esta gestión también se forestó la parte posterior del predio con 4600 árboles, principalmente, eucaliptus. Con el tiempo, 14 hectáreas serían ocupadas por el Destacamento Los Talas del Regimiento de Granaderos, y 19 hectáreas se venderían en 1974 a la Dirección Nacional de Vialidad para el nuevo trazado del Camino de Cintura Finalmente, como parte de las acciones del año del centenario (1969), se construyó la capilla del Instituto con capacidad para 300 personas y años después, en 1981, el aula de instrucción de Artillería. Actualmente el Instituto dispone de una superficie de 162 hectáreas, repartidas entre los partidos de Morón (sudoeste) y Tres de Febrero (noreste). Tiene 148.426 m cubiertos y su perímetro exterior es de 5410 m. Este breve relato de la evolución del actual predio del Colegio Militar pone en evidencia el sostenido esfuerzo, no exento de dificultades, de las autoridades militares durante más de un siglo, que nos permite hoy, con orgullo, disponer para la formación de los oficiales del Ejército Argentino de uno de los mejores campus educativos militares del mundo.
74 Necesario a partir de la apertura de la estación Pablo Podestá del FNGU. Inicialmente llevó el nom-
bre de Av. de los Cadetes. Hoy se denomina Coronel Silva. 75 En honor a los sargentos de Tambo Nuevo. Para más detalles, ver Espora, J. M. (1904). Recuerdos
del Colegio Militar de la Nación. Buenos Aires, Argentina: Imprenta Didot. 76 Nombre del centinela mendocino que impidió a San Martín el acceso a un polvorín por no tener el
vestuario adecuado. Para más detalles ver Espora, J. M. (1911). Episodios nacionales. Buenos Aires, Argentina: Imprenta Cabaut y Compañía.
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Nuevas instalaciones en El Palomar, donde las Promociones 64 a 68 iniciaron los cursos en febrero de 1938. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 147256.
CADETE EN SAN MARTÍN Y SUBTENIENTE EN PALOMAR
El general Jorge Dansey, de 95 años en el momento en que se le realizó la entrevista,77 es el único integrante vivo78 de su promoción, la 67, que tuvo la singularidad de formarse entre el viejo Colegio de San Martín y el nuevo del Palomar. La entrevista se llevó a cabo en su domicilio particular, una tarde de primavera el 12 de octubre de 2016 en el barrio de Recoleta, a pocos metros de donde fue asesinado el primer cadete del Colegio Militar, el coronel Ramón Lorenzo Falcón. Fui recibido con la gentileza propia de un oficial superior y rápidamente percibí que, advertido del motivo de la visita, Dansey había estado repasando esos momentos seguramente intensos de su juventud, para rescatar de su memoria las “cenizas de su historia”, como señala Borges. Comenzamos recordando la historia familiar. Un abuelo inglés formado como ingeniero en Alemania que llegó a la Argentina por el trazado ferroviario y devino en cónsul de ese país en la ciudad de Paraná, lugar en donde nació su padre, que trabajó toda su vida en el Ferrocarril Central Argentino, y su tío, que murió combatiendo, con el grado de subteniente, por Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial. En 1936, mientras vivía con su familia en la localidad de San Martin y cursaba segundo año del secundario79 en el Colegio de los Padres Lourdistas, su padre lo llevó de visita al Colegio Militar, cuyo director era el general Francisco Guido Lavalle (promoción 24), con quien existía una relación de parentesco. La recorrida lo impresionó favorablemente y decidió incorporarse al año
77 Nació el 7 de enero de 1921. 78 Según testimonio de él mismo y de registros existentes 79 En ese entonces, con segundo año aprobado del secundario, se ingresaba a curso preparatorio.
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siguiente. Comenzó su preparación intelectual en la Academia Marque, que quedaba en la calle Cochabamba 2253, completando su preparación para el ingreso con una operación de amígdalas, no obligatoria, pero recomendada80 por el Instituto en aquel tiempo. Aprobado el examen de ingreso, se incorporó a curso preparatorio el 2 de marzo de 1937, acompañado del kit de elementos de aseo y costura adquirido en García Isola, como era de uso en la época. El oficial instructor sería el teniente Ángel Ernesto Peluffo (promoción 56) y su destino la Segunda Compañía de Infantería. El alojamiento, una construcción vetusta en alto con pisos de madera, cuyas condiciones de higiene no eran las mejores, dadas las pocas duchas existentes y los retretes a la turca, era apodada “la vizcachera”, por sus recovecos y el ruido que producía cualquier movimiento. El comedor era un lugar lúgubre denominado “Coronel Luis Jorge García” (promoción 21), en homenaje al director del Instituto entre 1922 y 1928, fallecido en 1935. El recuerdo remonta a mesas rectangulares en donde para una cadete de preparatorio no era sencillo lograr una buena ración y donde poder condimentarla con aceite era una hazaña. El director para ese entonces era el coronel Juan Nerón Tonazzi81 (promoción 31), respetado por sus alumnos, quienes lo apodaban cariñosamente “berenjena” por el color de sus mejillas. El 22 de mayo de ese año se realizaría la tradicional ceremonia de investidura de los cadetes de preparatorio y primer año. El uniforme que recibían se diferenciaba del actual por el emblema de la gorra, que era el tradicional castillo, símbolo del colegio, y un sable bayoneta tipo couteau. El 19 de julio,82 como era costumbre, se celebró el 67 aniversario del Instituto con la presencia de altas autoridades nacionales y militares. Las prácticas de ceremonias y desfiles se realizaban como paseo militar por la localidad de San Martín, en cuya plaza circulaba un antiguo carruaje de tracción a sangre que por 20 centavos llevaba a los cadetes hasta la puerta del colegio a regreso de franco. El año académico finalizaría con el traslado en ferrocarril a Entre Ríos y con las maniobras en la estancia Yuquerí Grande. De ese tiempo queda el recuerdo de la pérdida de 20 kg de peso por el esfuerzo y el calor, y de un agradable agasajo final en un club social de Concordia.
80 La operación de amígdalas era corriente en los niños de Buenos Aires. Los médicos eran partidarios de practicar la extracción para combatir los resfríos y el dolor de garganta. 81 De larga y productiva trayectoria en el Colegio Militar, en donde fue profesor, jefe de cuerpo entre 1922 y 1925, subdirector entre 1928 y 29 y desde 1933 a 1936 y director entre 1936 y 1939. 82 El 19 de julio de 1870 es la fecha de incorporación del primer cadete, Ramón Lorenzo Falcón.
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El 23 de diciembre se realizó el egreso de la promoción 63 en el nuevo edificio con la presencia del presidente de la Nación, el general Agustín Pedro Justo (promoción18), pero el curso preparatorio no participaría de ese evento. Después de las ansiadas vacaciones, la presentación se realizó en el colegio de El Palomar, que no conocían. Era el mes de febrero de 1938 y las clases comenzarían antes, porque ese año tocaba curso acelerado.83 Los vientos de guerra en Europa hacían necesario completar los cuadros de organización. La primera actividad fue la elección de armas. Artillería sería el destino elegido y el entonces capitán Julio Guillermo Bidone (promoción 55) su primer jefe de batería. Después de unas semanas alojados en la enfermería, hasta que se habilitó en forma definitiva el edificio, llegaron a la batería. Si algo sorprendería a los cadetes en las instalaciones listas para inaugurar, serían las habitaciones privadas, con placares, tabla escritorio, piezas con duchas y retrete con capacidad para cuatro personas, todo a estrenar, un paraíso de comodidad comparado con la vetusta “vizcachera”. Las obras principales estaban finalizadas, solo restaban pequeños detalles que se fueron completando con el tiempo. Pero era necesario forestar y, en ese sentido, el cuerpo de cadetes hizo su aporte con el plantado de árboles, y a él le tocó colocar el suyo en proximidades del gimnasio cerrado. También, paulatinamente, los monumentos que estaban en San Martín fueron trasladados y ubicados en los nuevos emplazamientos asignados en El Palomar. Un hecho relevante que impactaría sobre los cadetes84 ocurriría en la fría mañana del 18 de agosto de ese año, cuando en el campo de deportes que se extendía detrás de los edificios principales se llevó a cabo la formación de degradación del mayor Guillermo Mac Hannaford (promoción 40), condenado por traición a la patria, acusado de espionaje. Las rutinas diarias de actividades fueron similares a las que se realizaban en San Martín, con la ocasional concurrencia a Campo de Mayo. Se marchaba por caminos que eran todos de tierra para realizar tiro de artillería con cañón Krupp 75 mm. En ese tiempo, saber montar a caballo era una destreza común entre los cadetes, y el haberla adquirido antes de ingresar al Colegio le permitió a él integrar la escuadra de volteo85 del Instituto.
83 El curso acelerado implicaba la realización de dos cursos en un año (en el caso que nos ocupa, primero y segundo año). 84 Solo participaron los cadetes del último curso. Para más detalles, ver Pignatelli, A. I. (2011). El
traidor. Buenos Aires, Argentina: Javier Vergara. 85 El volteo es un deporte ecuestre en el que personas realizan acrobacias sobre un caballo al galope en
círculo, guiado “a la cuerda” por un conductor.
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El tiro con fusil y pistola se realizaba en la Societá Italiana di Tiro al Segno del Palomar, debido a que el polígono propio estaba en construcción. Finalmente, el 19 de diciembre de 1940 se produjo su egreso (promoción 67) en el patio de honor. La ceremonia fue encabezada por el presidente de la Nación, el doctor Roberto Marcelino Ortiz. Más de 20 años después, regresaría al Instituto como coronel para desempeñarse como subdirector en el período 1964-1965, y ejercería accidentalmente la dirección ante la ausencia temporal del general Juan Nicolás Esteban Iavicoli (promoción 63). Finalizando la tarde, la conversación tomó otro rumbo, hacia relatos de su vida profesional: su participación en el retiro del cuerpo embalsamado de Eva Perón del edificio abandonado de la CGT el día 20 de septiembre de 1955, para preservarlo de la intención de algunos de dañarlo, su desempeño como segundo comandante en la Brigada de Tucumán y su labor como agregado militar ante los EE. UU., pero esas… son otras historias. Terminó la charla, que fue muy amena y productiva, y nos despedimos con la promesa de volver a vernos86 para que revisara mis escritos.
86 Esa reunión se concretó el 24 de noviembre de 2016.
El Monumento a la Serenidad es inaugurado en la sede San Martin. Año 1931. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76155.
EL MONUMENTO A LA SERENIDAD Y LOS CADETES FALLECIDOS “El soldado muere dos veces, la segunda cuando lo olvidan sus camaradas”.
La epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en el verano de fines de 1870 y comienzos de 1871 no incidió sobre la población del Instituto, a excepción de la defunción en su domicilio del sargento mayor Guillermo Hoffmesteir, profesor de Artillería de origen austríaco. Pero a principios de 1875 se produjo el deceso en un accidente del primer aspirante Metrovio Garrido (García Enciso, 1969). Entre ese año y 1930 se produciría el fallecimiento de 36 cadetes, pero sería la muerte de los cadetes Carlos Larguía y Jorge Güemes Torino en los sucesos revolucionarios del 6 de septiembre de ese año la que tendría un impacto profundo sobre las medidas que tomarían las autoridades para preservar la memoria de los cadetes fallecidos. Por iniciativa del entonces director coronel Francisco Reynolds (promoción 23) se erigió en 1931, en el predio que ocupaba el colegio en San Martín, el monumento a la Serenidad, consagrado “a los cadetes que murieron siendo una bella esperanza de la patria”. Este cenotafio fue años más tarde trasladado al edificio del Palomar e inaugurado en su nuevo emplazamiento el 8 de diciembre de 1938 por el director coronel Juan Nerón Tonazzi (promoción 31). En esa ceremonia se entronizó en el mismo una imagen de la Virgen del Carmen, “patrona del Ejército de los Andes”, a la que se designó como protectora del Colegio Militar. En su pared lateral están grabados los nombres de los cadetes con su año de fallecimiento. Al respecto, es conveniente aclarar que incluye no solo a los muertos en actos de servicio. En la parte posterior, que tiene la finalidad de albergar las placas de bronce conmemorativas, destacan las que homenajean a los cadetes Güemes Torino y Larguía, en particular la correspondiente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
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En ese contexto, en 1933 el doctor Habib Estefano pronunció ante el cuerpo de cadetes la conferencia “La idea de la muerte en la educación militar”, que tuvo una gran repercusión y cuyo contenido fue reproducido, al menos hasta 1968, en folletines de la imprenta del Instituto. A su vez, el 29 de junio de 1934, sobre un terreno donado por la municipalidad, en el Cementerio de San Martín fue inaugurado el Panteón del Colegio Militar, obra que se destaca por el torreón emblema del Instituto que lo distingue y, en su momento, por la presencia de dos esbeltas esculturas de cadetes con fusil Máuser y cabeza inclinada hacia el piso, en señal de duelo y recogimiento. Ambas esculturas, cuyo autor fue Luis Perlotti (1890-1969), fueron trasladadas en el año 2004 por decisión87 del director, el coronel Raúl Horacio Gallardo (promoción 102), al Colegio Militar y emplazadas en el monumento a la Serenidad. Como dato peculiar, los restos de un exdirector (que ejerció entre 1880 y 1887), el coronel Simón de Santa Cruz, se encuentran en el mencionado panteón. En las décadas siguientes, lamentablemente, seguiría habiendo accidentes de gran impacto en su momento: En 1949 el cadete de primer año de Ingenieros Néstor Guillermo Sirolli (promoción 81) falleció al explotarle una mina antitanque mientras realizaba una instrucción de campo minado en la antigua Plaza de Agua del Arma, situada en la localidad de Bella Vista. En 1967 el cadete de cuarto año Elías Ramón Barbosa, abanderado de la promoción 98, sufrió un golpe en la cabeza a consecuencia de una caída de su caballo en una clase de equitación. Fue intervenido quirúrgicamente por el distinguido neurocirujano Raúl Matera, pero a pesar de ello fallecería a los pocos días. En 1968 un accidente que no costó la vida de cadetes pero sí la del cabo primero Rafael Villareal (B Log 1), y que produjo heridas graves al jefe del batallón de Infantería, el teniente coronel Salvador Palazzo (promoción 77), y al ayudante del director, el capitán Jorge Felipe Calatayud (promoción 84), ocurrió al caer un proyectil de mortero corto durante las maniobras finales realizadas en Olavarría.
87 Según la propuesta del teniente coronel Fernando Luis Pose (promoción 112), el entonces jefe de Personal, ante el peligro de que fueran vandalizadas en el cementerio.
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En 1973 se produjo quizás el hecho más grave de la historia del Instituto al explotar un proyectil de mortero 81 mm dentro del tubo cañón durante las maniobras de fin de año en el Campo de la Guarnición Militar Córdoba. A consecuencia de esto, murieron los cadetes de Infantería Sergio Polo (promoción 105), Aldo Cialceta, Adolfo Pereiro y Oscar Julio Rodríguez (promoción 106). En 1981 el cadete de primer año de la República de Guatemala Eric Ricardo Méndez Cabrera sufrió heridas graves y falleció al día siguiente al pisar accidentalmente una granada de fusil (abandonada, sin explotar) cuando participaba de un ejercicio de navegación terrestre nocturna en Campo de Mayo. También existen en el Instituto, próximos a la capilla y a la guardia de prevención, monolitos que recuerdan a los soldados, los suboficiales y el personal civil fallecido mientras revistaba en el Colegio. Lo mismo sucede con los profesores en su sala del Pabellón de Estudios. Existen otros dos recordatorios para oficiales instructores fallecidos en el Instituto: el del teniente primero Alfredo Antonio Segnorelli (promoción 75), próximo al monumento a la Serenidad, y el del teniente primero Guillermo Federico Jáuregui (promoción 109), frente a la plazoleta de la Primera Compañía de Infantería. Por la repercusión de sus muertes se ha estimado conveniente incluir las circunstancias en dos testimonios del libro. Un hecho trágico e inusual ocurrió en julio de 1947. Un avión Douglas DC 4 de la Fuerza Aérea Argentina, en ocasión de despegar de la base aérea “El Palomar”, rozó la verja del Instituto y se precipitó a tierra incendiándose y causando muertos y heridos entre sus tripulantes, a pesar del oportuno auxilio de cadetes, soldados y personal civil del Instituto. Las promociones egresadas del Instituto han querido recordar también a sus caídos en actos de servicio con sendas placas recordatorias que, para evitar afectar la estética del patio de honor, han sido colocadas en el hall de las promociones, ubicado en el ingreso al salón de actos. Circunstancias excepcionales como el secuestro y posterior asesinato de un oficial jefe en tiempos democráticos y la guerra de Malvinas llevaron a las autoridades a permitir el emplazamiento, en proximidades de la capilla, de monumentos en recuerdo al coronel Argentino del Valle Larrabure (promoción 82) y a los caídos de la promoción 109 en el conflicto del Atlántico Sur, los tenientes Julio César Auvieux, Alejandro Dachary, Roberto Néstor Estévez, Marcos Antonio Fassio y Luis Carlos Martella. También se ha erigido un pequeño memorial a los fallecidos en misiones de paz, próximo al monumento a la Serenidad.
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De esta forma, las autoridades del Instituto han querido homenajear y recordar a los que perdieron su vida “siendo una bella esperanza para la patria” y a aquellos que lo hicieron cumpliendo el noble servicio de contribuir con su trabajo diario a educar a los oficiales del Ejército Argentino. De esta manera, se honra el antiguo adagio militar de origen desconocido: “Los perdidos serán buscados, los heridos recuperados, los veteranos honrados, los caídos en acción recordados y sus huérfanos cuidados”.
Base Aérea Palomar en 1935, con la escuadrilla nacional en pista, lugar de entrenamiento de la recientemente creada arma de aviación. En el horizonte se observa el nuevo edificio del CMN, en construcción. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV:140699.
AVIADORES MILITARES, ENTRE EL PALOMAR Y CÓRDOBA “Bravos amigos del aire
Un día sagrado vivimos Unidos todos soñamos Tras un mismo destino”.
El comienzo El 3 de marzo de 1942 la formación se realizó en la amplia Plaza de Armas del Colegio Militar de la Nación, en El Palomar, para ingresar a la carrera militar. Había casi tres centenas de jóvenes que en noviembre del año anterior habían competido con casi 2000 aspirantes para tener la posibilidad de incorporarnos a ese Instituto. En este grupo se presentaban algunos que ya tenían predestinada su arma, ya que habían sido seleccionados para integrar la Aviación Militar89 (materializarían la promoción 11).90 Había sido una competencia seria y difícil, ya que ese año se autorizaba ingresar con el tercer año del secundario y no con el cuarto, como el año anterior, lo que, naturalmente, duplicaba los candidatos.
88 El autor se refiere a la promoción 73 EA, que incluyó a la promoción 11 FAA. Ambas ingresaron al Colegio Militar el 3 marzo de 1942. 89 En 1935 la Ley 12257 creó el Escalafón de Oficiales del Arma de Aviación. Los hombres del aire constituyeron un arma independiente dentro del Ejército y obtuvieron su propio sistema curricular. En el Colegio Militar se creó la Sección Aeronáutica. El 22 de diciembre de 1936 egresaron los primeros subtenientes del arma de aviación pertenecientes a la promoción 62. Entre ellos se encontraba el más tarde conocido comodoro Juan José Guiraldes. 90 De la Fuerza Aérea Argentina.
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La ceremonia de ingreso fue presidida por el coronel Emilio Daul (promoción 35), director del Colegio Militar, quien señaló claramente que era el inicio de una carrera que “no era ni la más cómoda ni la más lucrativa”. Los “cadetes de Aviación”, ocultos por la tira verde de la Infantería, eran los que miraban con atención y algo de emoción, a través de los grandes ventanales de las aulas, los aviones que despegaban o aterrizaban en las pistas de la cercana base aérea. El rugir acompasado despertaba a los somnolientos e interrumpía la voz de los profesores; aunque la figura del avión no estuviese ante las miradas, “algún experto” señalaba que era un Fokker o un Curtiss. La primera actividad en 1943 fue la elección de arma. Los cadetes que habían ingresado como “de Aviación” fueron agrupados, mientras los demás “trataban de ser destinados al arma de su preferencia.
Cuarta Compañía La organización del Colegio Militar había sido modificada. La Sección Aeronáutica, que dependía de la Agrupación Montada, se había reemplazado por una Cuarta Compañía que integraría el Batallón de Infantería. Esta nueva subunidad a cargo de oficiales y cadetes de Infantería estaría conformada por los cadetes de la promoción 11 de la Escuela de Aviación Militar y por los recién incorporados correspondientes a la promoción 12 de aviación. En tanto, los cadetes de Aviación de tercer año se trasladarían al Colegio Militar de Aviación en la provincia de Córdoba. De esta manera, se comenzaba a dar una mayor identidad al arma de Aviación como elemento sustantivo, en razón del crecimiento constante de sus actividades y de lo que evidenciaban las batallas en Europa y el norte de África. Las memorias del Ejército Argentino revelan los cambios y modificaciones que se realizaron en forma sucesiva para seguir la evolución y el desarrollo de la aeronáutica. La nueva subunidad fue alojada en el piso superior del edificio, en cuya planta baja estaba el comedor de cadetes y el casino de oficiales,91 ocupando un “adaptado” amplio salón,92 en el que se
91 Actual casino de suboficiales. En esa época estaba ocupado por oficiales dado que estaba en construcción el edificio del casino de oficiales. 92 Actualmente es el alojamiento de la Agrupación Sinfónica del Ejército. Lindero al casino de cadetes.
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introdujeron algunas modificaciones para contar con una zona de baños y duchas. Esta situación hizo que se volviera a algunas prácticas del “viejo Colegio” en San Martín, donde los cadetes se alojaban en “cuadras”. “Alinear las camas” y la “luz de sueño” fueron actividades no practicadas el año anterior, como tampoco la diferencia de “comodidad” para el aseo y la “vida en común”. La realidad mostraba que existía una concepción diferente entre los que mandaban (oficiales y cadetes de Infantería) y los que obedecían (cadetes de Aviación), que se materializaba con los crecientes “movimientos vivos” y las “largas listas de privados por conducta” (castigados que “no salían franco” los fines de semana). Era, realmente, poco entendible que cadetes “modelo” del año anterior se transformaban en “sancionados” por la “presión” de esta convivencia. Los superiores querían hacer de los aviadores concretamente infantes, pero ellos suspiraban y soñaban con estar a bordo de un avión cruzando los cielos. Los primeros querían una disciplina de “forma” y los segundos pretendían que fuera de “fondo”. Los episodios, las anécdotas, los cuentos y las “picardías” de aquel momento ofrecen material para sonreír o suspirar, emulando con éxito cualquier versión de Juvenilia que se aspire a escribir. Como en aquel 1943, cuando el director del Colegio Militar, el coronel Oscar R. Silva (promoción 40), quería unir el puesto limítrofe de Tambo Nuevo con el centro de los edificios del Instituto, y para “evitar que se aburran los cadetes privados”, se dispuso la construcción de un camino. La dirección técnica estaba a cargo de los cadetes de Ingenieros y la mano de obra la proporcionaban los “privados”. Es de destacar que el mayor aporte genuino de “voluntarios” provenía de los “privados” de la Escuadrilla y del Escuadrón. Los primeros, como fruto del “afecto” entre los que mandaban y sus subordinados, y los segundos, por la costumbre de tratar de hacer las cosas de una manera “diferente”. A este camino, que fue bautizado como la Av. de los Cadetes y debió haber sido como el “camino de los castigados”, al correr del tiempo se lo denominó Av. Coronel Silva.
“La voladora” Tradicionalmente se nombra así a una bruja gentil y bella, que la mitología ubica como la graciosa mensajera de noticias en el exclusivo mundo del “nunca jamás” de la fantasía. Pero en 1943 era la denominación clásica que los cadetes le daban a la agrupación de los habitantes del primer piso del edificio, donde estaba el comedor, es decir, la Cuarta Compañía del
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batallón de Infantería. Esta denominación no provenía de su actividad interna –ya que estaba fuera de la vista, pese a que los silbatos se oían “dando órdenes” todo el tiempo–, sino de una simple razón externa. El acceso al primer piso consistía en una escalera que tendría alrededor de un metro de ancho, preparado “cómodamente” para que alguien subiera a la vez que otro bajaba. El asunto era que los “aviadores” bajaban todos al mismo tiempo, es decir, casi dos centenas de cadetes pretendían, conforme a las órdenes recibidas, bajar como si la estrecha escalera fuera amplia y ancha con una dimensión “figurada” de varios metros. Por lo tanto, no “bajaban”, sino que “volaban”. Ya que todos “volaban”, la inventiva de los cadetes, con algún acierto lógico, llamaba “la voladora” a ese grupo de osados aventureros. Esta situación se expandió con tanta facilidad que algunos recuerdan cuando los oficiales instructores de las otras armas también se referían a aquella subunidad con ese mote, y así paso a la historia.
Los cadetes de aviación Tan orgullosos nos sentíamos de ser un grupo de cadetes que, a pesar de solamente tener primero y segundo año, le dábamos qué hacer al resto del cuerpo en atletismo, fútbol y básquet. Nuestra camiseta celeste de la escuadrilla se veía en todas las pruebas, dado que los oficiales instructores habían impartido la orden de participar en todas. ¿Pero cómo seleccionar si no veníamos preparados en ciertas especialidades desde primer año? Eso era lo de menos, la selección se hacía por “vocación”, por lo que se había hecho en la vida civil en atletismo, y el resto, por configuración física. A pesar de todo sacamos grandes atletas y también grandes voluntariosos. Pero cada vez estábamos más cerca de nuestra Aviación. En los planes de instrucción figuraba la visita a la base aérea militar “El Palomar”, tan materialmente cerca y, sin embargo, tan increíblemente lejos… y allí nuestra imaginación volaba al tocar los aviones o escuchar las clases de material o armamento que sobre la especialidad daban los oficiales de esa base aérea. Los oficiales instructores aviadores poco a poco iban involucrándose en la instrucción y preparando a los cadetes para cuando fueran a la Escuela de Aviación Militar. Por eso es que a fin de año se permitió hacer un aeródromo de campaña en los fondos del Colegio; y en ese lugar, gozosos
93 Relato de un integrante de la Cuarta Compañía, no citado en el artículo.
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de él, se explicaba al director, jefe del cuerpo y oficiales del Colegio, la actividad de un aeródromo, acompañados por los pasajes rasantes de los Curtiss que, desde la base aérea “El Palomar”, se prestaban a colaborar. Así fue cómo, conviviendo con el recién incorporado primer año, y ya constituyendo un núcleo importante de cadetes, estos se aprestaron para integrar la Escuela de Aviación Militar, todos imbuidos de un fuerte espíritu de cuerpo y con la cohesión necesaria para afrontar el cambio que se avecinaba.
Pasado y presente La promoción Escuela de Aviación Militar 11 fue la última que vivió esos pasos iniciales en el conjunto de todos los cadetes del Colegio Militar; la 12 fue subordinada a ellos en “la voladora” y la 14 ingresó directamente en la Escuela de Aviación Militar en Córdoba. Este hecho, trascendente en la evolución y concreción del arma, y luego esencia del nacimiento de la Fuerza Aérea, es lo que anima la real, concreta y permanente amistad que anida en la promoción 73 y es el justificativo de este mensaje.
Teniente coronel José Javier de la Cuesta Ávila94 Promoción 73 Integrante Promoción 1 del Liceo Militar General San Martín.
94 Fragmentos del artículo de De la Cuesta Ávila, J. J. (2014). “Homenaje de la promoción 73 del CMN a la promoción 11 de la EAM ‘La Voladora’”. Boletín de la Dirección de Asuntos Históricos de la Fuerza Aérea Argentina, 2, p 36.
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Primera ceremonia realizada en el Patio de Honor. Egreso de la Promoción 63, el 23 de diciembre de 1937. Obsérvese a los futuros oficiales con uniforme oscuro pertenecientes al arma de aviación. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76055.
PATIO DE HONOR “GENERAL SAN MARTÍN”, CENTRO SIMBÓLICO DEL INSTITUTO ORDEN - VALOR - GLORIA
El proyecto de construcción del Colegio Militar incluyó un “gran patio de honor” como parte del llamado Pabellón de Dirección y Enseñanza, destinado a acoger las principales ceremonias del Instituto. Este recinto en donde normalmente se realizan cada año la investidura de los cadetes y su graduación como oficiales, así como la ceremonias de los aniversarios principales de egreso de cada promoción, está revestido de un simbolismo al que aspiramos describir y destacar en este breve relato. En el patio se destaca nítidamente la figura de San Martín, que se opone simbólicamente a la hornacina (nicho) que cobija a diario,95 durante el horario de clases, la bandera de guerra del Instituto y detrás de la cual se encuentra el listado de los cadetes abanderados. Enfrente de este se erige la placa del centenario con los nombres del cuadro de oficiales en aquella oportunidad. A su vez, el palco de autoridades se enfrenta al escudo nacional y en las galerías laterales, se destacan los cuadros de los directores del Instituto. Cabe aclarar que la costumbre de retratar a los directores se originó ya en la etapa de Palermo y que, como consecuencia natural, luego las pinturas terminaron siendo trasladas a las sucesivas sedes.
95 El puesto de custodia de la bandera de guerra se creó el 20 de mayo de 1937 por orden del día del Colegio Militar.
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Los vitrales artísticos merecen una atención especial. Los tres correspondientes al techo vinculan los conceptos de “orden”, “valor” y “gloria” con oficiales y hechos de nuestra historia, que los han puesto en evidencia. Por su parte, los 14 que se encuentran en el segundo piso, representan los escudos de las provincias argentinas existentes al momento de la construcción del edificio; las provincias que faltan eran en aquel tiempo territorios nacionales. En los ingresos principales al patio, se encuentran el hall de las glorias del Ejército (1998) y el hall de los escudos históricos del Ejército (1999), inaugurados durante la gestión de los entonces directores coronel Miguel Ángel Moreno (promoción 99) y coronel Daniel Manuel Reimundes (promoción 100), respectivamente. En el acceso principal, se destaca el monumento al teniente coronel Gaspar Campos, jefe del Batallón “Cazadores de La Rioja” en la Guerra del Paraguay, que fue tomado prisionero en la acción de Acayuazu en 1868. Falleció tiempo después en cautiverio y fue sepultado en una fosa común. Su hermano, el general Manuel Campos, mandaría forjar su figura en bronce como un modo de reemplazar la ausencia de su cuerpo, que nunca pudo ser recuperado por sus deudos. Este busto, emplazado originalmente en el Cementerio de la Recoleta, donde permaneció más de 80 años, fue finalmente trasladado al Colegio Militar por voluntad de la familia y donado formalmente en una ceremonia que se realizó el 6 de octubre de 1967. …el abanderado de su Batallón cayó y entonces Gaspar Campos corre y recoge el distintivo glorioso, lo levanta de nuevo para que lo puedan contemplar por vez postrera sus valientes soldados y para evitar que cayese en manos enemigas, lo arrojó al riacho que estaba inmediato, siendo recogido poco después por uno de los buques brasileños fondeados frente a Humaitá que envió una lancha en su búsqueda. (Yaben, 1949: 126-127)
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También, una de las aulas96 de la planta baja que se encuentran dentro del patio, lleva el nombre del profesor Marque, impuesta como parte de los actos del centenario del Instituto (1969), en reconocimiento a la labor que desde 1917 su academia realizaba en la preparación de los aspirantes a oficial. Un detalle que suele pasar inadvertido es que, en el parque que rodea inmediatamente el Pabellón Enseñanza, el árbol predominante es el ceibo, cuya flor fue declarada en 1942, por decreto del Poder Ejecutivo, flor nacional de la República Argentina. Pero las columnas con los nombres de los integrantes de cada promoción constituyen, quizás, el aspecto más llamativo del patio en sí. Conviene entonces analizar brevemente cómo se gestó tan brillante idea. Fue el entonces director, el coronel Oscar Rufino Silva (promoción 40), quien tuvo la iniciativa de instrumentarla y requerir por boletín de Ejército la donación del valor de las letras en bronce a los egresados del Instituto hasta diciembre de 1944, oportunidad de graduación de la promoción 73. La idea se concretó felizmente y la galería de las promociones fue inaugurada el 11 de octubre de 1945 en solemne ceremonia. El acta que evoca el suceso se encuentra detrás del busto de San Martín, enfrentada a la columna de las primeras promociones. A continuación, se la transcribe para que se pueda apreciar el sentido de esa acertada decisión. En el Cuartel de Cadetes del Colegio Militar de la Nación, sito en el “El Palomar”, Partido de Morón, Provincia de Buenos Aires, a los once días del mes de Octubre del año del Señor de mil novecientos cuarenta y cinco, con el deseo de rendir en conjunción tríplice, un homenaje al aniversario de creación de este Instituto, a su fundador, y otro no menos grande al Capitán General del Ejército de los Andes Don José Francisco de San Martín y Matorras, es que, en mi facultad de Director del Colegio Militar de la Nación, creo la “Galería de las Promociones”, con el objeto de perpetuar los nombres de aquellos Cadetes que obtuvieron el grado de Subtenientes en la casa donde fueron educados para Oficiales Argentinos. Queda así, la lista de egresados a partir del 27 de Octubre de 1873, frente al ínclito soldado,
96 En esa oportunidad era un aula de curso preparatorio.
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el Gran Capitán, para que sirvan las vidas de aquellos y éste de parangón a quienes, con el devenir del tiempo, contemplen los nombres inscriptos en las columnas y analicen las causas de los éxitos o fracasos de los que partieron de este Instituto con el mismo caudal de ambiciones y esperanzas, llevando en la mochila de sus ilusiones los entorchados de General. Para que conste, y en dignísima presencia de las altas autoridades militares, y para mayor gloria de Dios y de las Armas de la Patria, se firma aquí esta Acta siendo las 10.05 horas de la fecha antedicha (…).97
El coronel Abelardo Martín Figueroa (promoción 78) ha realizado un profundo análisis de las lista de las promociones e incluso pone en duda la existencia real de la promoción 11, integrada por solo dos oficiales (Figueroa, 2001). Lo cierto es que esta circunstancia, sumada a los cursos acelerados (en siete oportunidades) 98 y al cambio de fecha 99 hacia 1939 de la oportunidad de celebración de la creación del Instituto, ha llevado al hecho casual de que la promoción 100 haya coincidido con el centenario, pero la reciente extensión del ciclo académico a cuatro años y medio hará que la promoción 150 lo haga con el sesquicentenario pero egrese al año siguiente. De alguna manera, el patio de honor “General San Martín” ha cumplido con las expectativas de aquellos que lo concibieron como un lugar central de Instituto colmado de simbolismo para la vida del cadete, en donde cada egresado puede reencontrarse con los recuerdos de una etapa juvenil que, vivida con intensidad y profundo idealismo, templó su carácter militar y le permitió forjar amistades indelebles.
97 La cursiva es nuestra. 98 Años 1910, 1924, 1938, 1943, 1944, 1947 y 1964. 99 Entre 1870 y 1938 (aproximadamente) la fecha fue el 19 de julio de 1870, oportunidad de ingreso del primer aspirante a oficial, Ramón Lorenzo Falcón. El Boletín Militar Reservado 1389 del 9 de marzo de 1939 estableció las fechas de creación de los elementos del Ejército (para el Colegio Militar, en base a la ley que le dio origen, el 11 de octubre de 1869).
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Permítanos el lector una breve anécdota para finalizar este relato. Transcurría un frío atardecer de invierno de 1998, y el general de Brigada Jorge Edgard Leal acababa de brindar a los cadetes una interesante conferencia sobre la expedición al polo sur que él había encabezado. Antes de retirarse, pidió al jefe de estudios que lo acompañaba ver la columna de su promoción, la 70. Parado frente a ella y en el silencio casi absoluto de un patio ya sin actividad y a media luz, luego de contemplarla unos minutos comenzó a lagrimear. “Discúlpeme, es que ya han partido a la casa del Señor muchos amigos entrañables”, se excusó.
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Cadete de segundo año en custodia a la Bandera de Guerra durante el horario de clases (año 2004). En 1947 este servicio se cumplía las 24 horas. Propiedad del autor.
DISPAROS EN EL PATIO DE HONOR El espíritu de justicia en los Ejércitos debe ser tal que nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad. Ordenanzas Militares Españolas
El martes 12 de octubre de 1947 estábamos cursando el segundo año en el Colegio Militar de la Nación. El cuerpo de cadetes se encontraba franco por ser el Día de la Raza. El servicio de guardia lo cubríamos los cadetes de la Primera Compañía. Teóricamente, estaban dadas las condiciones para que las actividades de seguridad que debíamos brindar se desarrollaran con normalidad, sin sobresaltos, en un día propio de la estación, con reducido movimiento de personal dentro del Instituto. Pero había un “pero”, y ese “pero” se llamaba oficial de servicio, que era nada más ni nada menos que el teniente Axel Heriberto Andino (promoción 72), de quien, por sus excentricidades (para darle un término decoroso), era de esperar cualquier sorpresa insólita cuando menos se lo esperara. Ya había dado muestras en diversas oportunidades de lo que era capaz. Algunas veces, vulnerando disposiciones vigentes que el imaginaria o centinela debían respetar. Otras, tratando de desarmar al hombre de facción, con el objeto de comprobar si la reacción del individuo era la correcta. Pocas veces utilizaba métodos lógicos y correctos, empleando con frecuencia procedimientos arbitrarios. Había llegado la noche de ese 12 de octubre y por rara casualidad aún no se habían producido mayores sorpresas. Sin embargo, no estaba dada la última palabra, ya que faltaban más de diez horas para que se produjera el relevo. Alrededor de las 22 hs de ese día, los cadetes estaban comenzando a regresar de su franco, adelantándose a la llegada del “tren especial”. Yo me estaba desempeñando como sargento de cuarto en la guardia de prevención, cubriendo mi turno, cuando observé llegar al oficial de servicio y, sin pronunciar palabra, ingresar al local y comenzar a efectuar anotaciones en el libro
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de guardia, dejando constancia de su recorrida sin novedad. Andino estaba abocado a esa tarea cuando un cadete de año superior que venía de franco se dirigió a la guardia y al verme me dice: “¡Cadete! Al pasar por el patio interior oí un disparo, vaya enseguida a ver qué pasó”. Por lo alterado, por el estado evidente de nerviosismo y por el tono de su voz, debía haber llamado la atención del oficial de servicio, que estaba muy próximo. Sin embargo, este no se dio por enterado y se hizo el desentendido. Esta actitud me extrañó, pero la preocupación por constatar lo que podía haber ocurrido me hizo olvidar momentáneamente el hecho. Llegué al lugar indicado y me encontré con un espectáculo sobrecogedor. El patio interior en penumbras. Solo estaba encendida la luz que se encontraba en la parte inferior del nicho que guardaba la bandera de guerra. El centinela que custodiaba la enseña100 recibía la luz desde abajo, produciendo un marcado contraste de luz y sombras, lo que, sumado al correcto porte militar, le daba un aspecto aún más marcial. Si a ello le agregamos que el centinela al que me refiero era el cadete del curso preparatorio, Guardabasi, famoso por su atlética contextura física, el cuadro que estaba a la vista impresionaba. Al arribar al lugar, el cadete se presentó y se produjo el siguiente diálogo entre nosotros: Guardabasi: El puesto con las siguientes novedades: me encontraba en este lugar y oigo que desde allá –indicando hacia la galería más alta, en el segundo piso y a su oblicuo derecho– me chistan. Le doy el·“alto, quién vive” y me vuelve a chistar. Repito la voz y otra vez vuelve a chistar. Por tercera vez le doy el “alto” y el chistido se repite. Entonces, cumpliendo con las consignas, cargué el fusil, apunté y abrí el fuego. Menvielle: ¿El chistido se repitió? Guardabasi: No, no volvieron a chistar (no era para menos).
Ante la decidida reacción del centinela, pensé lo peor. Me imaginé al protagonista del chistido tendido en el piso, desangrándose o muerto. Corrí escalera arriba y, afortunadamente, no había nada de lo imaginado. El causante del episodio, cuando vio que le apuntaban, seguramente se puso a cubierto detrás de la columna de la galería. La misma quedó con grandes deterioros por el
100 El puesto de custodia de la bandera de guerra fue creado el 20 de mayo de 1937 por orden del día del Colegio. En sus orígenes, en San Martín, la custodia se realizaba en la guardia de prevención.
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impacto del proyectil.101 (…) No habiendo víctimas que lamentar, regreso a la guardia, informando lo ocurrido al jefe de la misma y luego al oficial de servicio, que aún permanecía en el lugar. Este último escuchó lo narrado sin inmutarse, sin comentarios, sin mostrar preocupación. Si bien Andino negó haber protagonizado este hecho, todos los indicios indican lo contrario. No se atrevió a asumir la responsabilidad de algo que gestó, pero que no llegó a calcular las consecuencias. No es difícil imaginar el final de Guardabasi. Pocos días después Andino, su oficial instructor, sabiendo que los cadetes de su curso se reunirían en una comida de fin de año, concurrió a la salida de la misma para sorprenderlo vestido de civil, lo que estaba prohibido terminantemente. Lo llama cuando ve que queda solo, lo envía al Colegio y lo hace castigar con una severa sanción, que fue determinante para su futuro. Poco más tarde, salía del Colegio vestido de civil como había ingresado a principio de año. 17 años después, viajando de Buenos Aires a Tartagal, donde me encontraba destinado, me encuentro a bordo de un avión de Aerolíneas Argentinas, cuyo comandante era el excadete Guardabasi, fiel cumplidor de las consignas que se impartían cuando las mismas no admitían análisis, simplemente… se cumplían.
Coronel Juan Bautista Menvielle102 Promoción 78
101 Si bien la mampostería fue reparada, aún hoy se puede observar la rotura del mármol. 102 Testimonio obtenido de: Menvielle, J. B. (1998). “Bodas de Oro Egreso CMN 1946-1998”. Promoción 78 CMN, pp. 29-30.
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Cadetes de la especialidad de intendencia realizando actividades de abastecimiento de combustible en el terreno. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
LAS ESPECIALIDADES SE SUMAN A LAS ARMAS
Intendencia la “pionera” Período de 1945 a 1958, formación en el Colegio Militar y traslado a la Escuela de los Servicios para Apoyo de Combate “General Lemos” La formación de los oficiales de Intendencia en el Colegio Militar a partir del año 1945103 fue consecuencia del cierre de la Escuela de Administración, que, integrada a la Dirección General de Administración del Ejército, obró como fuente de reclutamiento y capacitación durante más de 20 años (1924-1945). Para ubicarnos en el tema que nos ocupa, digamos que al 31 de diciembre de 2018 egresaron del Colegio Militar 148 promociones de las armas y 64 de Intendencia. Las primeras seis de Intendencia se corresponden con las 76 a 81 de las armas, y las restantes 58, con las que van de la 89 a la 148 (no hubo egreso con las 90 y 122). La promoción siete (82 de las armas) cursó primer año en el Colegio Militar y segundo año en la ESPAC. De la ocho a la 12 (84 a 88 de las armas) ingresaron a dicha escuela, pero la ceremonia de egreso fue en el Colegio Militar. La nueve (89 de las armas) cursó el primer y segundo año, y egresó del Colegio Militar, donde realizó el tercer año. La suerte y, sobre todo, la predisposición –anímica y lúcida– de integrantes de cinco de las primeras seis promociones nos acompañó e hizo posible el siguiente relato.
103 Decreto 19857/44, inserto en BM Nº 2195.
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La primera promoción ingresó el 12 de marzo de 1945 y egresó el 22 de julio de 1947104 (en 1947 hubo curso acelerado). Entrevistamos al único sobreviviente, el coronel retirado Héctor Enrique Walter,105 contador público graduado en la Universidad Nacional de Tucumán mientras prestaba servicios en esa guarnición. Su memoria impacta, como así también su discernimiento acerca del deber ser del soldado. A grandes trazos sintetizo la conversación mantenida en febrero de 2018. Durante el año 1944 se promocionó a través de diarios de tiraje nacional y provincial el ingreso al Colegio Militar para cursar la especialidad de Intendencia. Duraba tres años y se exigía ser perito mercantil y rendir examen de ingreso. Se presentaron 90 aspirantes e ingresaron 26 –uno de ellos, soldado voluntario–, de los cuales 16 pidieron la baja antes de los cuatro meses. Pasaron a segundo año diez y solo se recibieron ocho. En primer año fueron distribuidos proporcionalmente en las cuatro compañías de Infantería. En segundo y tercer año todos formaron parte de la Compañía de Ingenieros. Tuvieron la misma instrucción militar y académica que los cadetes de las armas de igual curso y, complementariamente, recibieron de parte de oficiales de Intendencia conocimientos y prácticas sobre el funcionamiento del servicio en guarnición y en campaña. Este formato educativo se mantuvo con las siguientes promociones. La segunda promoción (77 de las armas) se formó en la Compañía de Ingenieros. Ingresó el 15 de febrero de 1946 y egresó el 18 de diciembre de 1947. Según constancias obrantes en órdenes del día del Colegio Militar se presentaron 17 aspirantes, ingresaron cinco y solo egresaron cuatro. La tercera promoción (78 de las armas) cursó solo dos años, y esto se mantiene hasta la sexta (81 de las armas). Integró esta promoción el luego general de Intendencia Héctor Pedro Hilario Cativa Tolosa, quien en 1971 fue designado106 jefe de comisión de la tercera expedición argentina al Himalaya “Tte. 1º D Francisco Ibáñez”.107
104 Subtenientes Allo, Esnaola, Fernández, López, Pena, Pittaluga, Saavedra y Walter. 105 El 29 de abril de 2018 cumplió 92 años. 106 Orden del día EMGE 137/71 del 14 de julio de 1971. 107 En septiembre de 1973, con la participación de casi la totalidad del personal civil y militar que inte-
gró la expedición, se llevó a cabo una ceremonia para la recepción formal de la bandera argentina que flameó en el Himalaya, que en la actualidad se encuentra en el aula de instrucción de la subunidad.
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La cuarta promoción (79 de las armas) cursó primer año en la Compañía de Comunicaciones y el segundo en el Escuadrón de Caballería. El general de Intendencia Edgardo Rodolfo Emilio Donadío nos manifestó que en los desfiles por la conmemoración de las fiestas patrias participó como conductor motorista de un camión de construcciones telefónicas y que, al cambiar de subunidad, desfiló a caballo, al igual que resto de los cadetes de Intendencia. De ese tiempo es recordado con respeto y afecto el entonces teniente Rafael Alberto Panullo (promoción 72), que fue oficial instructor de su promoción, al igual que de la anterior y de las dos posteriores. En febrero de 1950, a propuesta del director del Instituto, el general Juan Carlos Ruda (promoción 43), y de la Dirección de Intendencia, se creó la Compañía de Intendencia (Ca Int), que dependía de la Segunda Agrupación Montada y tenía como jefe al capitán Carlos Recio (promoción 69), del arma de Infantería. Desempeñó dicho cargo hasta fines de 1951, oportunidad en que se transfirió a la ESPAC la misión de formar a los oficiales de Intendencia. Consecuentemente, la quinta promoción (80 armas), que había cursado primer año en el escuadrón C, pasó a cursar segundo año en la Ca Int y la promoción 6 (81 de las armas) ingresó a primer año. La promoción 7 (82 de las armas) ingresó a primer año en el Colegio Militar en marzo de 1951 y cursó segundo año en la ESPAC. La ceremonia de egreso y descubrimiento de la placa de promoción se realizó en el Instituto. Durante este ciclo fundacional, además de los oficiales instructores de las armas, participaron, entre otros, en la formación de lo inherente al servicio en campaña y guarnición los siguientes oficiales de la especialidad: los capitanes Oreste Carlos Ales y Roberto Azcarraga y los tenientes primeros Fernando Kozak y Héctor Fernando Laurito. En 1953 no hubo egreso de Intendencia. La formación de las promociones 8 a 12 (84 a 88 de las armas) se concretó en la ESPAC. Las ceremonias de egreso se realizaron en el Colegio Militar y las placas de promoción se colocaron en el pabellón de estudios de la escuela mencionada.108
108 En el año 1971, por iniciativa del entonces mayor de Intendencia Inocencio Clemente Ferioli
(promoción 85), después de tres años de gestiones, se efectuó la ceremonia de traslado de las placas al patio de honor del Colegio Militar.
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Período -: desde el regreso al Colegio Militar hasta el presente La promoción 13 (89 de las armas) cursó dos años en la ESPAC y tercer año en el Colegio Militar. En 1959 se creó nuevamente la Ca Int y hubo incorporación a primer año. Formó parte del Batallón de Infantería (BI) y su jefe fue el capitán de Infantería Nicolás Alberto Kavanagh (promoción 75). Ocupó un sector del segundo piso del Pabellón A (BI), junto con la tercera Ca I, del lado de la calle Garmendia, con vista a las piletas de natación descubiertas. En el año 1960 no hubo egreso de Intendencia y fue designado jefe de Compañía el capitán de Intendencia Pablo Rende (promoción 79). Los sucesivos jefes de subunidad hasta el presente han sido capitanes de Intendencia (28 en total). Desde 1960 hasta 1969 se desempeñaron como instructores de los respectivos cursos 29 oficiales, de los cuales 16 pertenecen a la especialidad de Intendencia, 10 a Infantería, dos a Caballería y uno a Artillería. Así como en el período 1945-1951 primaron los oficiales del arma de Ingenieros, en este fueron los infantes. Con certeza podemos afirmar que Infantería puso a disposición de la formación de los cadetes de Intendencia a sus más destacados oficiales destinados en el Colegio Militar. En uno de ellos, el teniente primero Eduardo Atilio Balardini (promoción 86), vaya nuestro reconocimiento a todos, incluyendo a los tres de las otras armas. Durante este período la Compañía tuvo distintos lugares de alojamiento y relación orgánica, pero actualmente ocupa parte del primer piso del Pabellón B y depende de la Agrupación Especialidades.
Irrumpe Arsenales Una historia más reciente, pero no menos importante, es la de los oficiales de la especialidad de Arsenales, creada por orden especial del Jefe de Estado Mayor General del Ejército 427 del año 1971. La fuente de reclutamiento para el ingreso se nutrió del medio civil y militar. El requisito académico para los provenientes de medio civil era tener aprobado tercer año de las escuelas industriales y técnicas. En lo relativo al personal militar, contemplaba también al personal de suboficiales del servicio de Arsenales, que debía tener como mínimo cinco años de servicios –incluyendo los de la ESPAC– como aspirantes y aprobar el examen de ingreso. La edad máxima era de 26 años.
109 Texto realizado con el aporte de la comisión de la especialidad de Arsenales.
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Luego del examen de ingreso realizado en febrero de 1972, de los 50 postulantes fueron incorporados 21 el 6 marzo de 1972, egresando con la primera cohorte 10 subtenientes110 el 4 de diciembre de 1975, que integraban la promoción 106. Durante los años 1972 y 1973 los cadetes de Arsenales formaron una sección de la Compañía de Comunicaciones, y fueron sus primeros oficiales instructores los tenientes primeros Roque Troiano (promoción 92) y Néstor Omar Greppi (promoción 93). En 1974, con tres cursos incorporados, se creó la Compañía de Arsenales, y su primer jefe fue el capitán Carlos César Monteverdi (promoción 89). La Compañía dependía directamente del cuerpo de cadetes. Posteriormente pasó a depender de la Agrupación Montada, y en el año 1986 se fusionó con la Compañía de Intendencia, adoptando el nombre de Compañía Cuerpo Profesional. Era orgánica del Batallón de Infantería. En el año 2000 se conformó la Agrupación Especialidades y Servicios, integrada por la Compañía de Especialidades. En 2006, tras la disolución de la Agrupación Especialidades y Servicios, volvió a cobrar identidad la conformación de la Compañía de Arsenales. Su primer jefe fue el capitán de Arsenales Marcelo Oscar Antonio (promoción 124), volviendo a la orgánica del Batallón de Infantería. A partir de 2013, junto con la Compañía de Intendencia, integró la Agrupación Especialidades, organización que se mantiene actualmente, alternando su jefatura entre oficiales de Arsenales e Intendencia. La especialidad afirmó su presencia en el Instituto cuando se inauguró en el predio de los símbolos de las armas y servicios el monumento a la especialidad de Arsenales el 11 de noviembre de 2016, gracias a la estrecha colaboración de la comisión de la especialidad de Arsenales “San Martin de Tours”.
Coronel de Intendencia Nilo Omar Zanor Promoción 88. Oficial instructor, jefe de la Compañía de Intendencia, profesor y primer director de la carrera de contador público nacional del Colegio Militar
110 Subtenientes Arias, Balbuena, Giacardi, Haller, Hernando, López, Manetti, Mouriz, Tuero y Villar.
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Busto del teniente primero Alfredo Antonio Segnorelli inaugurado en agosto de 1951, en ceremonia que contó con la presencia del presidente de la Nación general Juan Domingo Perón. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
UN HOMICIDIO EN LA SEGUNDA COMPAÑÍA
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Un caso único en la historia del Colegio Militar hasta el egreso de la promoción 81 constituyó la muerte del teniente primero Alfredo Antonio Segnorelli (promoción 75)112 a manos de un cadete del tercer curso. El hecho ocurrió en la Segunda Compañía de Infantería el 21 de mayo de 1951, cuando la promoción cursaba cuarto año. El homicida, cadete de tercer año Blas Brisoli, revistaba en dicha subunidad. Era hijo del gobernador de la provincia de Mendoza Blas Brisoli, teniente coronel de Intendencia, quien había sido jefe de despacho de la presidencia de la Nación durante el primer gobierno de Perón. El presidente le había ofrecido el cargo de gobernador de aquella provincia. El citado día 21 de mayo la actividad predominante en el Batallón de Infantería era la preparación para el desfile del 25 de mayo, pero también se realizaban otras actividades de instrucción militar. El curso de tercer año, cuyo oficial instructor era el teniente primero Adolfo Philippeaux (promoción 74), había regresado de instrucción militar y se encontraba en sus habitaciones preparándose para concurrir al comedor de cadetes. El curso de segundo año durante la mañana se encontraba en el polígono de tiro desarrollando una sesión de tiro a órdenes de su oficial instructor, el teniente primero Segnorelli. Es aquí en donde empieza a desarrollarse el drama. El cadete de tercer año Blas Brisoli, que estaba con parte de enfermo, concurrió a la sesión a órdenes del teniente primero Segnorelli y recibió la misión de llevar el “libro de tiro”. Este libro era un documento en el que se iban asentando los resultados que obtenían los cadetes que tiraban, controlados cada uno por un cadete de segundo año que se desempañaba como “suboficial próximo al tirador”. Estos cadetes anotaban los impactos obtenidos por cada tirador y pasaban a
111 Fragmentos principales del artículo “Un hecho trágico”. Promoción 81 Colegio Militar (2011). (pp. 35 y 36). 112 Al momento de su muerte, su edad era de 25 años.
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Brisoli un papel con los datos para que los volcara en el libro de tiro. El libro era un escrito al que se le tenía respeto y temor reverencial porque se sabía de las graves penas que podrían recaer sobre aquellos que cometieran fraude o inexactitudes en las anotaciones del tiro. La sanción podía llegar a la expulsión del cadete del Instituto. Brisoli, en combinación con algunos cadetes “suboficiales próximos al tirador”, comenzó a registrar resultados superiores a los logrados por determinados cadetes del segundo curso. El teniente primero Segnorelli, sospechando que se estaban cometiendo algunas irregularidades, se dirigió al foso de marcadores y comprobó que en los blancos sobre los que habían tirado los cadetes no se habían obtenido tantos impactos ni tan buenos resultados como los que había asentado Brisoli en el libro de tiro. Regresó a la línea de tiro, conversó con este cadete y le ordenó que marchara a la Compañía y permaneciera arrestado en su habitación. Brisoli le expresó que una sanción de ese tipo le traería muchas dificultades con su familia y marchó a la Compañía. El cadete llegó a su habitación, arregló algunas cosas y luego rápidamente se encaminó a la sala de armas. Al encargado de esta sala, el sargento mecánico Armero Zenón Páez, no le resultó extraño que le pidiera su pistola 11,25 mm, ya que por ser un excelente tirador estaba autorizado a la práctica de tiro, aun individualmente… Entonces el cadete se fue con su arma, al parecer con una decisión ya tomada. Los cadetes de cuarto año que estaban en la Av. Coronel Justo escucharon claramente los disparos que provenían desde la Compañía. Salieron corriendo, algunos pensando que un inexperto cadete habría cometido algún error manejando el arma. ¡Pero no! En la mitad de la escalera que llevaba al primer piso encontraron tirado el cuerpo del teniente primero Segnorelli. Mirando hacia arriba vieron a Brisoli, que movía la pistola en su mano para todos lados y tenía una apariencia de confundido y descontrolado. ¡Quedaron paralizados! En ese momento levantó el arma y se disparó un tiro en la sien derecha. Se acercaron a ambos y comprobaron que estaban sin vida. Conversando, posteriormente, con cadetes de años inferiores que estaban en la subunidad, se recreó la escena anterior a la muerte de Segnorelli. El cadete Brisoli habló con el teniente primero, y este se dirigía a ver al jefe de Compañía para informarle la novedad. Bajaba por la escalera cuando se escuchó la voz de Brisoli diciendo “parte para el teniente primero Segnorelli”. El oficial se dio vuelta respondiendo “¿qué pasa, cadete?”. En ese momento le disparó dos veces, impactándole en la cabeza. Luego Brisoli se suicidó. Este hecho causó gran conmoción en el Colegio. Una actitud inconcebible adoptada por un cadete contra un superior, con el que no tenía motivos para tomar una decisión de esta naturaleza,
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salvo lo ocurrido en la sesión de tiro. ¿Tal vez Brisoli pensó que iba a ser dado de baja por su delito de falsificar un documento? ¿Pensó en la vergüenza ante sus familiares, como le expresó al teniente primero? Dios sabrá la respuesta, pues la verdad se la llevó el homicida. El teniente primero Alfredo Antonio Segnorelli era un profesional de una personalidad fuerte, pero de muy buen trato con sus cadetes. Llevaba poco tiempo en el Colegio y en la Segunda Compañía, por lo que los cadetes de cuarto año aún no habían tenido mucha relación con él. El teniente primero Segnorelli fue velado en el Colegio Militar, donde se hizo presente el presidente de la República. Su sepelio se realizó el día 23 de mayo en el Cementerio del Oeste (Chacarita). Rindió honores de reglamento una sección de la Segunda Compañía de Infantería con bandera y banda. Tiempo después, en inmediaciones del monumento a la Serenidad, se erigió un pedestal con el busto de Segnorelli, en homenaje al mismo. Algunas placas lloran el dolor de sus padres y de sus compañeros de promoción.
General de Brigada Jorge Eduardo Gorleri Promoción 81
Mayor Gilberto Virgilio Caffaro Promoción 81
Cadetes de cuarto año de la Segunda Compañía de Infantería en 1951
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Cadetes de infantería desfilando con frente de 48. Año 1919. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76110.
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EVOLUCIÓN ORGÁNICA El Colegio Militar inició sus actividades en 1870, dependiendo directamente del ministro de Guerra, con una organización reducida que contemplaba por debajo del director a un jefe del detall, que hacía las veces de subdirector, un ayudante que llevaba el despacho diario, un jefe de Compañía de Aspirantes y personal especialista y de maestranza. En total la planta del Instituto no superaba las 40 personas. El Honorable Congreso de la Nación autorizó en septiembre de 1880 la creación de la banda113 a fin de que acompañara al cuerpo de cadetes en los desfiles, marchas y actos públicos (Ejército Argentino, 1937). Su primer director fue Bartolomé Montano y su maestro de primeras letras Cipriano Torrejón.
113 Para más detalles ver testimonio “Del tambor de órdenes a la Agrupación Sinfónica” (capítulo 34).
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En 1881 se logró el nombramiento del primer médico permanente, que recayó en el doctor Mariano González, que se había desempeñado hasta ese momento como profesor de higiene; y el 3 de septiembre de 1885 fue dado de alta como capellán el presbítero Juan Sola (Druetta, 2009). Esta organización primigenia se mantendría vigente durante toda la permanencia en el edificio de Palermo, desde 1870 hasta 1892. En enero de 1894, ya funcionando en el edificio de San Martín, se aprobó el nuevo reglamento y plan de estudios que contemplaba la división por armas. En 1895 se formalizó la creación del cuerpo de cadetes. Al implantarse la especialización de los estudios militares, se organizaron con el tiempo las subunidades, con la particularidad de que los cadetes de Artillería e Ingenieros formaron un solo elemento desde 1909, año en que fue creada el arma,114 hasta fines de 1921, año en que fueron separados en dos subunidades.115 Los profesores dependieron inicialmente del subdirector. Recién en 1893 se creó el rol de inspector de estudios, designándose como tal al destacado capitán Carlos Régulo Sarmiento116 (promoción 10), pero pronto este fue reclamado de otros destinos y estas funciones volvieron a la órbita de la subdirección. Hacia 1916 las subunidades dependían del jefe de cuerpo, y los profesores seguían haciéndolo del subdirector (Colegio Militar, 1916). El Instituto era orgánico de la Inspección General del Ejército en cuanto a organización y enseñanza, y de las direcciones de Material y Administración en los temas que a ellas concernían. Un dato llamativo es que existía una comisión consultiva de instrucción, un equivalente al consejo académico de nuestros días. Se mantenían las figuras de cadetes becados (por el Estado nacional) y pensionados (de su propio peculio). En 1919 se concretó la instalación de la radio estación que permitió establecer un enlace directo con otras dependencias militares. El aumento del efectivo de los cadetes de Infantería hizo necesario crear una Segunda Compañía (1916) y una jefatura que las condujera. Así se originó el 22 de febrero de 1921 el Batallón de Infantería. Su primer jefe fue el mayor Carlos Maximiliano von der Becke (promoción 32).
114 Los primeros subtenientes del arma de ingenieros egresaron el 31 de julio de 1909 y pertenecían a la promoción 33. 115 La Compañía de Ingenieros se creó como subunidad independiente el 23 de julio de 1921. Su primer jefe era el capitán Alberto J. Castro (promoción 33). 116 Graduado de la Escuela de Aplicación de Artillería e Ingenieros del Reino de Bélgica.
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Pocos años después, el 19 de febrero de 1925 se creó la Tercera Compañía de Infantería. En cuanto a la Cuarta Compañía de Infantería, su paso fue fugaz entre 1944 y 1955. En 1981 el director, el general Alberto Carlos Lucena (promoción 79), volvió a recrearla con la idea de que todo primer año se instruyera en el Batallón de Infantería. Permanecería así hasta 1983. La Agrupación Montada fue creada el 14 de marzo de 1932, con el mayor Raúl Aguirre Molina (promoción 38) como su primer jefe. Estaba constituida por el Escuadrón de Caballería, la Batería de Artillería y la Compañía de Ingenieros. La Sección Aeronáutica, más tarde Compañía de Aviación, se creó el 27 de agosto de 1935 y revistó en la Agrupación Montada hasta 1943, año en que pasó a depender del Batallón de Infantería (constituyéndose en su Cuarta Compañía) por un breve período, antes de trasladarse definitivamente a la Escuela de Aviación Militar en Córdoba. En 1944 se creó la Compañía de Comunicaciones, con el teniente primero German Quintana (promoción 60) como su primer jefe. Cabe aclarar que desde el año 1928 se había instaurado en el arma de Ingenieros la especialidad de comunicaciones, con la que ya habían egresado ese año los subtenientes de la promoción 54. En 1947 se organizó una Segunda Agrupación Montada. De esa forma, la primera incluía a la Batería y al Escuadrón, y la segunda a Ingenieros, Comunicaciones y la Compañía de Servicios (soldados). Esta situación se mantendría hasta el año 1951. En nuestros días se ha sumado la Básica, que incluye tres compañías de primer año; la Agrupación Especialidades, que contempla a los cadetes de Intendencia y Arsenales, y la Agrupación Cursos y Servicios, con la carrera de Enfermería y los cursantes del cuerpo profesional. La Agrupación Servicios (soldados) fue creada en 1951, con el mayor Ángel Méndez (promoción 61) como su primer jefe. Años más tarde pasaría a llamarse Agrupación Tropas y, actualmente, Agrupación Apoyo. En su momento de mayor expansión estaba constituida por tres subunidades: Comando, Servicio y Vigilancia. Actualmente funciona una sola. El primer jefe de estudios en la sede del Palomar fue el mayor Juan Esteban Antonio Vacca (promoción 45). En esa área hacia 1956 se creó el Gabinete Sicotécnico y en 1960 el Departamento de Enseñanza, antecedente inmediato del actual Departamento Académico, con incumbencias en el plan de estudios (con una mirada integral) y en la programación anual de actividades. A su vez, en el año 1963 se reorganizó la jefatura de estudios por áreas de conocimiento, situación que se mantendría hasta 1999, año en que se adoptó el criterio de designar directores de carrera.
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También en ese tiempo, acompañando las exigencias de nivel universitario, se desarrollarían las áreas de Evaluación, Extensión e Investigación. En el transcurrir de la evolución orgánica del Instituto se han podido identificar numerosos cambios internos de dependencia o de funciones que no han sido desarrollados por no considerarse importantes para este estudio. Actualmente el Colegio Militar está organizado en Dirección, Subdirección y Estado Mayor. Los departamentos son: Académico, de Evaluación, Extensión e Investigación; Cuerpo de Cadetes, Agrupación Apoyo, Agrupación Sinfónica y Departamento Educación Física.La relevancia que para la educación del cadete ha tenido la banda Militar y el Departamento de Educación Física ha llevado a que su historia sea parte de testimonios independientes de este relato.
Cadetes de caballería formados, con uniforme de parada. Año 1913. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 163069.
24 1955, UN AÑO AGITADO
El director del Colegio Militar en el comienzo del año 1955 era el general de Brigada Julio Ángel Maglio (promoción 50). Lo acompañaban, como subdirector, el coronel Blas Alfredo Lomuto (promoción 54) y, como jefe del cuerpo de cadetes, el teniente coronel Carlos Luis Ducrey (promoción 57). Se desempeñaba como jefe de la Agrupación Montada el teniente coronel Arturo Vicente Aguirre (promoción 63) y como jefe del Batallón de Infantería el mayor Faustino Dámaso Pérez (promoción 67). El 16 de febrero se incorporaron los cadetes de segundo, tercero y cuarto año y los postulantes que ingresaron a primer año. El 17 de febrero, en formación del cuerpo de cadetes, presidida por el general Maglio, se realizó la ceremonia de entrega de la bandera nacional al nuevo abanderado, el sargento primero cadete Rubén José Lorenzo, de la Compañía de Comunicaciones. Se desempeñaban como escoltas el sargento cadete Luis Arana Tagle y el sargento cadete Neil Lorenzo Blázquez, de la Batería de Artillería. Después de un intenso mes de instrucción militar, comenzaron las clases en las aulas el 14 de marzo, en un año de gran inquietud política. En el Colegio las actividades se desarrollaron con normalidad. Como hecho anecdótico, a regreso de la licencia de Semana Santa, desde la provincia de Córdoba, un cadete de cuarto año no llegó a tiempo para cambiarse de uniforme, y no tuvo mejor idea que entrar al Colegio vestido de civil junto con los cadetes de primer año, quienes aún no habían recibido sus uniformes. Tuvo éxito con esa maniobra, pero no en obtener un nuevo uniforme para salir franco. Fue descubierto, dado de baja, reincorporado el año siguiente y terminó su carrera con la promoción del año 1956.
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El Colegio no realizó ninguna formación fuera del Instituto hasta después del 23 de septiembre, debido a la complicada situación político-institucional que se vivía en el país. La entrega de uniformes a primer año y la jura de la bandera se realizaron puertas adentro, en la Plaza de Armas. Cuando se desencadenaron los trágicos sucesos del 16 de junio con los bombardeos y la quema de las iglesias en Buenos Aires, el Batallón de Infantería y la Agrupación Montada se alistaron con uniforme de combate y equipos de campaña. La Compañía de Ingenieros fue levantada sorpresivamente antes de diana y se mantuvo en alistamiento permanente. El Escuadrón de Caballería comenzó a patrullar a caballo, en grupos de cuatro cadetes. Una patrulla iba hasta la estación Hurlingham del Ferrocarril San Martín y otra hasta la estación Martín Coronado del Ferrocarril Urquiza, con la misión de observar situación y movimientos sospechosos. A cada regreso, cada una era relevada por otra patrulla. La Compañía de Comunicaciones se mantuvo alerta, manteniendo los enlaces entre las fracciones. La Batería Artillería, con los medios hipomóviles, se dirigió a la Costanera Sur de la Ciudad de Buenos Aires. El empedrado de la bajada de la plaza San Martín impedía afirmarse a los caballos, y los avantrenes se les venían encima a pesar de que los sirvientes de pieza iban con el freno al máximo. En la Costanera se hizo puntería sobre unas luces que se encontraban en la lejanía del Río de la Plata y que parecían pertenecer a embarcaciones. Al amanecer se comprobó que las luces correspondían a las boyas que señalaban el canal de acceso al puerto. Aclarada la situación, se ordenó el regreso. Se suspendieron las clases hasta el 23 de junio, oportunidad en que se retomaron las actividades con normalidad para los cadetes. La formación por el Día de la Independencia se realizó dentro del Instituto. Ya un número apreciable de oficiales comenzó a contactarse con los organizadores del movimiento revolucionario contra el presidente Perón. Casi la totalidad de los jefes de subunidad del Instituto le aseguraron al comando revolucionario que el oficial con mayor jerarquía para plegar el Instituto al movimiento era el jefe del Batallón de Infantería, el mayor Dámaso Faustino Pérez. La mayoría de los oficiales del Colegio adhirió. La misión que se le asignó al Instituto fue cambiando según variaba la situación. A saber: nuclear los efectivos militares del Gran Buenos Aires, trasladar a Córdoba para evitar enfrentamientos con adversarios superiores, trasladar a río Santiago para actuar con la Escuela Naval o embarcar en la flota de ríos para apoyar la sublevación en la Mesopotamia. Finalmente, a propuesta del coronel Eduardo Señorans (promoción 55), un día antes del estallido se resolvió mantenerlo como reserva sin empeñarlo inicialmente.
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La situación política comenzó a afectar la vida de algunos cadetes, que fueron sancionados de diferentes maneras debido a situaciones y manifestaciones que expresaron contra el gobierno. Un incidente se produjo con la impresión del periódico Sin Compás que editaban los cadetes y cuyo editorial era responsabilidad del sargento ayudante cadete Rubén José Lorenzo, a quien se le quiso imponer por parte del jefe de curso de cuarto año incluir la expresión “para constituir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”, a lo que se negó dado que era el lema del Partido Peronista. Acto seguido, dio la novedad al oficial de semana de la Compañía de Comunicaciones, de la que él era el encargado. Se produjo el hecho revolucionario del 16 de septiembre y sus consecuencias. Al regreso al Colegio, el jefe de curso le entregó el periódico reimpreso sin el texto del incidente. Se inició un sumario, que por cuestiones formales fue suspendido. El 15 de septiembre la Batería de Artillería viajó en un avión de la Fuerza Aérea a Córdoba para presenciar una demostración de tiro de artillería. Se efectuaron reuniones en la Escuela de Artillería entre el jefe y oficiales de la Batería de Artillería, relacionados con la situación general. Alrededor de las 22 hs se produjo el regreso a la base de El Palomar. El 16 de septiembre se suspendieron las salidas extraordinarias y corrieron los rumores del movimiento revolucionario. Por la noche las subunidades abandonaron los edificios ante la amenaza de bombardeos, montaron en camiones y hasta el amanecer se mantuvieron en inmediaciones de Campo de Mayo. Con el afianzamiento del movimiento revolucionario, la renuncia del presidente y el establecimiento de la Junta Militar, comenzó la participación activa del Colegio Militar. El general Francisco Antonio Imaz (promoción 54) se constituyó en la autoridad revolucionaria del Gran Bs. As., y en ese carácter pidió la concurrencia al Ministerio de Ejército117 del jefe del Batallón de Infantería con su unidad para que le brindara seguridad a este. El 20 de septiembre, con la autorización del general Maglio, quien era leal al gobierno depuesto, bajo el mando de su jefe, el mayor Dámaso F. Pérez, marchó el B I para “apoyar” a los leales. Durante el desplazamiento, los jefes de subunidades les comunicaron a los cadetes que el batallón se había plegado al movimiento revolucionario. Para evitar enfrentamientos estériles, tras un diálogo con el capitán Adolfo César Philippeaux (promoción 74), se logró el relevo sin violencia de la Compañía de Vigilancia del Ministerio. El resto de ese día y el siguiente, efectivos del Colegio de todas las armas fueron empleados en dar la seguridad al Palacio del Correo, al Mi-
117 Edificio Libertador.
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nisterio de Ejército y a la Casa de Gobierno. El Escuadrón de Caballería relevó al Regimiento de Granaderos a Caballo de la custodia presidencial en la Casa de Gobierno. Llamó la atención entre los cadetes la cantidad de bustos del general Perón en el suelo del salón “San Martín” del Edificio Libertador, que iban a ser distribuidos entre las unidades del Ejército. El 22 de septiembre el general Juan José Uranga (promoción 53), en nombre del presidente provisional, nombró director del Colegio Militar al general Camilo Guidobono (promoción 53), y se dejó sin efecto en el Colegio la censura postal y telefónica. El día 23 de septiembre, en la ceremonia de asunción como presidente provisional del general Eduardo Ernesto Lonardi (promoción 41), el sargento ayudante cadete Rubén J. Lorenzo del Colegio Militar le hizo entrega de la banda presidencial y el bastón de mando, junto con el suboficial principal cadete Andrés Dubós, de la Escuela de Aviación Militar, y el cadete Osvaldo Borzone, de la Escuela Naval Militar. El 1.º de octubre, por orden del comandante en jefe del Ejército, el teniente general Julio Alberto Lagos (promoción 45), se dejaron sin efecto los nombramientos recientes en el Colegio Militar. Se nombró nuevo director al general de Brigada Eugenio Joaquín Arandía (promoción 53). Con fecha 5 de octubre, se nombró como subdirector al coronel José Pablo Spirito (promoción 58); jefe del Cuerpo de Cadetes, al teniente coronel Juan José Ávila (promoción 61); y jefe de Agrupación Montada, al mayor Oscar Caviglia (promoción 67). Ante la posibilidad de incidentes y la proximidad del 17 de octubre, se resolvió crear en el Instituto una Compañía de Tanques. El comandante en jefe del Ejército, el teniente general Julio A. Lagos, le ordenó al director del Colegio la presentación del capitán Américo Flaiban (promoción 75), quien había estado a sus órdenes en la Patagonia, para impartirle las directivas de creación de la Compañía de Tanques. El general Lagos le ordenó al capitán Flaiban la organización, lo más rápido posible, de una Compañía de Tanques con cadetes y le comunicó que el general Francisco José Zerdá (promoción 47) le proveería todo lo necesario. El capitán Flaiban pidió los tanques y al suboficial mecánico motorista Echicahuala, a quien había tenido a sus órdenes en la Escuela de Tropas Mecanizadas en el año 1948. El suboficial Echicahuala, con un equipo de especialistas, fue el responsable de mantener en buen estado los vehículos. Se seleccionaron como conductores a cadetes de Ingenieros; para apuntadores y jefes de tanques a cadetes de Artillería y para las comunicaciones a los cadetes de esa arma. Como oficiales instructores y jefes de sección, a los oficiales que habían estado destinados en unidades motorizadas. Se replegaron cadetes que estaban en Casa de Gobierno y el Ministerio de Ejército para completar las dotaciones. Se cons-
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tituyeron tres secciones de cinco tanques cada una. La Compañía se dividió en dos partes: una en el Colegio para conocimiento y manejo de los vehículos (los canteros del Instituto fueron testigos de la impericia de los conductores), y la otra en el Regimiento de Magdalena para tiro de cañón y de ametralladora 12,7 mm. Se hicieron prácticas de marcha a Campo de Mayo. El entusiasmo de los cadetes y el buen desempeño de los suboficiales mecánicos motoristas permitieron que a los 15 días el comandante en jefe del Ejército inspeccionara y felicitara a la Compañía. Pasó el 17 de octubre sin ningún inconveniente. El director del Instituto, el general Arandía, debió abocarse a resolver una serie de reclamos de cadetes por sanciones y bajas aplicadas a ellos durante el mandato anterior. Se constituyó una comisión encargada de considerar los reclamos y solicitudes. Se comprobó que siete de las bajas ocurridas estaban justificadas. Se accedió a la reincorporación del cadete Luis A. Pedrazzini (promoción 86), quien había sido expulsado, y de otros dos cadetes que habían sido dados de baja por realizar comentarios adversos al gobierno depuesto. Paralelamente, se procedió a la expulsión de los cadetes que habían denunciado a los anteriores, fundamentando la medida en que tal proceder no se justificaba por no tratarse de faltas que afectaran a la moral. Se suspendieron los ejercicios finales y progresivamente se fueron replegando los cadetes que habían sido empleados en diferentes misiones de seguridad y custodia. El 17 de diciembre de 1955, el señor presidente provisional de la Nación, el teniente general Pedro Eugenio Aramburu (promoción 47), en el patio de honor del Instituto presidió la ceremonia de entrega de sables a los subtenientes recién egresados de la promoción 85 del Colegio Militar de la Nación. Como anécdota, estos sables no estaban firmados por el presidente de la Nación, como era tradición, debido a los cambios políticos que se habían producido. Con posterioridad, en forma personal y voluntaria, fueron remitidos al arsenal “E. de Luca” para grabarles la firma. Este es el testimonio de un entonces cadete que vivió esos acontecimientos y que más de 60 años después los revivió y completó con otros relatos de testigos presenciales de los hechos.
Coronel Rubén José Lorenzo Abanderado de la promoción 85. Encargado de la Compañía de Comunicaciones en 1955
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Vitral “Patria Armada Paz Honrada”. Escalera principal de ingreso al Pabellón Dirección. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
PATRIMONIO CULTURAL “El patrimonio cultural es el conjunto de bienes tangibles e intangibles que constituyen la herencia de un grupo humano, que refuerzan emocionalmente su sentido de comunidad con una identidad propia y que son percibidos por otros como característicos”. UNESCO
El Colegio Militar de la Nación por historia y misión es poseedor de un relevante patrimonio cultural que requiere ser identificado, preservado, incrementado y divulgado como elemento constitutivo de la identidad del Instituto. Importante tarea ha realizado, en ese sentido, el área de extensión en los últimos años, con la destacada intervención del profesor Carlos Pesado Palmieri y el doctor en Historia Julio Rubé. En relación a los bienes tangibles, parte de ellos han sido descriptos o mencionados en otros relatos118 de este texto. Evitaremos, entonces, reiterarlos, refiriéndonos a otros solo a modo de ejemplo. Entre ellos, podemos mencionar algunos a continuación. El 26 de junio de 1947 la Escuela Naval Militar entregó en custodia al Instituto como símbolo de camaradería militar el monumento Altar de la Patria, que los cadetes refieren como “de las dos banderas”. Un detalle poco conocido de él es que originariamente119 contenía en su altar tierra recogida de todos los campos de batalla de la guerra de la Independencia. El 7 de agosto de 1948 se realizó la ceremonia en la cual el embajador de España, el doctor José María de Areilza, conde de Motrico, hizo entrega oficialmente al director del Colegio Militar de la Nación, el coronel Juan Carlos Ruda (promoción 43), de una maqueta de las ruinas del Alcázar de Toledo, donada por la Academia General Española a sus camaradas argentinos.120
118 Ejemplos: monumento a la Serenidad o el patio de honor. 119 Actualmente, en guarda en la sala histórica, en un magnifico cofre de madera construido en los talleres del instituto. 120 Para más detalles ver Colegio Militar (1948). Rumbo a la gloria, año 3, vol. 18. Buenos Aires,
Argentina: El Impresor Moderno.
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El 24 de septiembre de 1965, por ese entonces Día de la Infantería, el director general de Brigada Juan Carlos De Marchi (promoción 66) inauguró el monumento al Infante fundido en bronce, que contenía limaduras de las históricas campanas de la Catedral de Tucumán, las mismas que tañeron celebrando ese mismo día la victoria de Belgrano en la batalla homónima. Con el correr de los años, en la misma plazoleta de la Av. Coronel Justo se fueron completando los monumentos de las demás armas y especialidades. Numerosos objetos materiales y símbolos de distinto tipo han sido reunidos en la sala histórica del Instituto, ubicada en el Pabellón Dirección,121 y, en menor medida, en las que corresponden a las subunidades. A su vez, el Museo de Armas “Coronel O’ Donnell” concentra una importante exposición de armas de uso militar. Entre ellas, las ametralladoras Gatling adquiridas por el presidente Sarmiento para sofocar la rebelión jordanista. Las obras pictóricas constituyen también un valioso patrimonio. Destacan entre ellas La Virgen con el Niño, de Raúl Soldi (1905-1994), y Desmantelando un barco, de Benito Quinquela Martín (1890-1977). A ellas se agregan numerosas esculturas como las de Sarmiento y el Tambor de Tacuarí, que dieron nombre, en la antigua sede de San Martín, a los patios “Sarmiento” y “De los Tambores”.122 Estos monumentos fueron luego trasladados al Palomar y emplazados en ese predio. Destacan, además, documentos escritos, como los libros de órdenes e históricos, registros varios disponibles en el archivo del Instituto y el valioso libro de visitas, que deja constancia de las personalidades que a lo largo del tiempo han pasado por el Instituto, en donde se encuentran elogiosos testimonios sobre sus instalaciones y funcionamiento. No estando exentos de situaciones curiosas, como la visita del general español José Millán-Astray, fundador de la Legión, el 18 de julio de 1936, oportunidad en que en su país estallaba la Guerra Civil que involucraría de lleno a ese cuerpo. Un párrafo especial amerita el Libro de órdenes del coronel Juan Czetz, que nos permite revivir a través de sus 193 escritos los primeros tiempos de esa etapa fundacional en Palermo.123
121 Creada el 11 de marzo de 1963, en virtud de lo establecido en Boletín Militar 3318. 122 Incluía también la obra Tambor en Descanso, donada por la Escuela Militar de Chile en 1910. 123 Para más detalles ver Ballero, C. L. (7 de junio de 2016). “Los cuatro primeros años del Colegio
Militar. La impronta de un militar húngaro en las órdenes del Colegio”. En Cuarto Congreso Internacional de Historia Militar Argentina “Bicentenario de la Independencia”. Conferencia llevada a cabo en Buenos Aires, Argentina.
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La biblioteca del Instituto dispone de libros antiguos y valiosos, como la primera edición del Memorial de Santa Elena (1823), que relata los últimos años (desde 1815 a 1821) de Napoleón recluido en esa isla del Atlántico, territorio británico de ultramar, después de su derrota en Waterloo. Los murales vitrales también merecen ser mencionados, productos de un diseño iconográfico integral del artista Alfredo Guido (1892-1967).124 A los del patio de honor se suma el de ingreso al Pabellón Dirección Patria Armada Paz Honrada, realizado por Leopoldo Armanino. La filatelia125 y la numismática tienen también su espacio, con medallas recordatorias del cincuentenario y centenario del Instituto y de los distintos momentos del edificio del Palomar (piedra fundamental, inicio de obras y comienzo de cursos), entre otras cosas. Destaca, además, la música militar compuesta por el mayor de banda Domingo De Ruvo (19021989). Entre otras, la propia canción del Colegio Militar (año 1941) y la de las armas de Infantería, Ingenieros y Comunicaciones, que son entonadas por los cadetes en numerosas oportunidades. En otro relato nos hemos referido a la Casa y al Palomar de Caseros como monumentos históricos. Su preservación debe mucho a las autoridades del Instituto si observamos el estado de abandono en que se encontraban esos edificios hacia 1916, según la representación del cuadro de Vacarezzi Casa de Rosas en Caseros, que ocupa un espacio preferencial en el comedor de oficiales. Al respecto, una maqueta sobre el dispositivo de la batalla realizada por la artista Ana Maldonado será incorporada al patrimonio en febrero del año 2020. Cortometrajes de difusión y hasta dos películas, Cadetes de San Martín (1937) y Mi Amigo Luis (1972),126 videos institucionales, filmaciones de ceremonias y eventos varios orientan hacia la necesidad de un repositorio digital institucional que preserve los más significativos. Al respecto, cabe mencionar el valioso archivo de negativos que posee el gabinete fotográfico, merced al trabajo y dedicación del señor Luis Salvador Villordo desde su ingreso al Instituto en octubre de 1960. Pero el patrimonio cultural también refiere a bienes intangibles. Para referirnos brevemente a ellos, nos aproximaremos a partir de los valores, representados en los vitraux, de “orden”, “valor” y “gloria”, dado que el Instituto puede considerarse un espacio en donde se procura una adecuada relación de mando-obediencia que promueve una saludable disciplina, donde se estimula el valor
124 Director de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación “Ernesto de la Cárcova” (1933-1955). 125 Sello del centenario. 126 Con protagonistas de renombre nacional de la talla de: Enrique Muiño (1937), Luis Sandrini (1972) y Ángel Magaña como el abanderado en 1937 y el director en 1972.
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físico y moral y, finalmente, el deseo de superación permanente para ser un oficial que destaque en la profesión militar. De alguna forma representa en el imaginario social, una escuela de valores en un tiempo signado por el auge de desvalores. También el entorno natural de un edificio monumental ocupa un lugar en el patrimonio, y este ha sido preservado y mejorado a través del tiempo, permitiéndonos hoy disfrutar de un parque que combina los ombúes y talas originales del predio con especies más recientes. Para finalizar esta breve reseña sobre este magnífico patrimonio que conjuga historia, valores y naturaleza, parece oportuna esta reflexión final de la UNESCO: Es importante reconocer que abarca no solo el patrimonio material, sino también el patrimonio natural e inmaterial (…) esos recursos son una “riqueza frágil”, y como tal requieren políticas y modelos de desarrollo que preserven y respeten su diversidad y su singularidad, ya que una vez perdidos no son recuperables.
La Bandera del Instituto es condecorada por el gobierno del Perú con la Orden de Ayacucho, durante la ceremonia del 11 de octubre de 1969. Gabinete Fotográfico del CMN.
VIVÍ EL CENTENARIO
Las previsiones y obras para los festejos del centenario ya se comenzaban a percibir en el año 1968, cuando nuestros superiores hacían muchas menciones al respecto. Resulta evidente que para un cadete de la época no resultaba de gran significación por las escasas vivencias institucionales que se poseen a esa temprana edad. Un joven, generalmente, ve el hoy, mucho el mañana y no el pasado. Este último simplemente casi no existe, pero cuando pasan los años, y a medida que sus reflexiones lo hacen sentir parte de la historia, se interesa en ver lo pretérito con sus ojos actuales. Son los ojos de una persona diferente a la que lo vivió. Eso resulta muy agradable y hasta sorprendente, porque nos muestra cómo cambió el escenario y cómo cambiamos nosotros. Esta sensación es la que me llega al recordar mi vida de cadete y, fundamentalmente, lo vivido en los sucesos que nos ocupan. Los preparativos que se realizaban en la infraestructura y el mantenimiento de parques eran la imagen inequívoca de que un evento importante se avecinaba. Esto ocurría durante la dirección del entonces general de Brigada Alcides López Aufranc (promoción 68). Asumió a fines de 1968 un nuevo director, el general de Brigada Mariano Jaime de Nevares (promoción 68), y bajo su comando tuvieron lugar los festejos. Uno de los que serían hitos fue la construcción de la capilla, de audaz diseño y notable estética, que resalta, equilibrada, en relación a la muy formal arquitectura del conjunto del Instituto. El 26 de marzo se colocó la piedra fundamental, y en el mismo acto se nominó Plaza de Armas del Centenario a la explanada que se extiende frente al Pabellón Dirección, lugar que albergaría las numerosas placas conmemorativas del evento. Previo a la formación del 11 de octubre (parada del centenario), se bendijo el templo. En el mes de agosto fui parte de una comisión de unos 20 cadetes de las tres Fuerzas Armadas a la ciudad de Bogotá (Colombia), para participar de los festejos del sesquicentenario de
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la batalla de Boyacá, que fue definitoria para la libertad de Colombia. Esta comisión impactó mucho en mí, pues se trataba de una nación enfrentando una fuerte agresión por parte de la guerra revolucionaria que vivió más tarde el continente. Era interesante hablar con los cadetes de la Escuela Militar (donde nos alojamos) y ver el entusiasmo con que esperaban egresar para tomar armas en el conflicto. Fue la primera vez que vi una ciudad en estado de sitio y en la que se sentían explosiones y disparos con diaria repetición. Esta proximidad a un conflicto fue algo que, como joven soldado, me hizo reflexionar sobre las vivencias que debe enfrentar un ciudadano que elige la carrera de las armas. Si bien nuestra realidad concreta en lo militar era seguir los aconteceres de las guerras en Vietnam y Medio Oriente, siempre era a la distancia y, por supuesto, sin alternar con quienes se encontraban inmersos en ellas. Este tema resultó muy impactante en nuestros espíritus. A mi regreso hubo un hecho que me entristeció enormemente, el cadete Horacio González, el “Benjamín” de la Compañía de Comunicaciones, había tenido durante nuestra ausencia un accidente. Cayó de un caballo durante un ejercicio. Cuando llegué estaba ya desahuciado y falleció en esos días. Además de ser uno de mis cadetes, pues yo era su encargado de Compañía, sentía por él una particular simpatía, pues me veía reflejado en él; yo también fui uno de los de menor edad de mi promoción, y eso supone un desafío adicional. No es lo mismo enfrentar los esfuerzos de la vida militar a los 16 años que cuando se tiene más de 20. Todas las celebraciones del año tuvieron la notable presencia de diferentes delegaciones, sobre todo de unidades que participaban en todos los actos, y puedo decir que eran mucho más importantes que las que vimos en años anteriores. Así pasó el Día del Ejército, las fiestas mayas, la jura de la bandera y el 9 de Julio. Ese 9 de julio se realizó un desfile militar de magnitud poco habitual en la Av. del Libertador. Este evento, si bien no estaba en relación directa con los actos del Colegio Militar, realmente fue un imborrable recuerdo para quienes participamos de él. Tengo muy viva la imagen de desfilar en medio de la ancha avenida portando la bandera de guerra del Instituto en tan imponente marco. Como dato anecdótico, recuerdo que en ciertos momentos eran tantas las comisiones a eventos que requerían una delegación del Instituto, que se llegaron a implementar dos banderas de guerra, dos abanderados y cuatro escoltas para poder, así, dar respuesta ante las comisiones, que muchas veces se superponían. Entre el 4 y 12 de octubre se recibieron delegaciones de países amigos, como Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España, EE. UU., Inglaterra, Paraguay, Perú y Uruguay,
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lo que resultó enriquecedor, pues permitió el intercambio personal entre los cadetes que se alojaron en el Colegio sobre nuestros pareceres y experiencias de una vocación común de servicio a la patria respectiva. El 6 de octubre se rindió homenaje a San Martin en la plaza homónima y a Sarmiento frente a su monumento en el parque Tres de Febrero. Hubo un acto académico y entrega de medallas recordatorias a exdirectores y subdirectores el 9 de octubre, en el salón de actos, con la presencia de los miembros de la Academia Nacional de la Historia. Como parte de los eventos de la semana de conmemoraciones, se realizó una velada de gala en el Teatro Colón, donde se llenó el coliseo con invitados y el cuerpo de cadetes para presenciar un espectáculo de ballet. La banda del Colegio Militar también fue de la partida, y en el prestigioso escenario ejecutó parte de su repertorio y, por supuesto, la canción del Instituto. El 10 de octubre se recibieron los restos del primer director, el coronel Czetz, se colocaron las placas de homenaje donadas en la Plaza de Armas Centenario, se descubrió en el patio de honor la placa del centenario y en la sala de profesores la correspondiente al claustro con sus nombres. En la oportunidad hice entrega de la correspondiente medalla al director, el general de Brigada Mariano Jaime de Nevares (promoción 68), en el patio de honor, en nombre del cuerpo de cadetes. En esa ocasión se descubrió una placa que imponía el nombre del profesor Pedro Enrique Marque a un aula de la planta baja del Pabellón Estudios. El querido profesor no era docente del Colegio Militar, pero era casi como si lo fuera. El profesor Marque fue el director de una academia que durante décadas preparaba a postulantes para rendir el examen de ingreso al Colegio Militar. Su reconocida idoneidad daba altas posibilidades de resultar airoso en tal proceso de selección. Si bien yo había concurrido a la citada Academia en ocasión de postularme para ingresar al Liceo Militar “Grl. San Martín”, no compartiendo las aulas con mis futuros compañeros del Colegio Militar, tuve la suerte de ser su discípulo, por lo que me alegró ver a quien fuera mi antiguo profesor de Matemáticas. La parada militar del centenario realizada el 11 de octubre de 1969 con la presencia del presidente de la Nación teniente general Juan Carlos Onganía (promoción 60) fue la oportunidad para que la bandera del Instituto fuera condecorada con la medalla militar del Ejército español y la orden de Ayacucho del gobierno del Perú. Esa noche se realizó el baile de gala, que tuvo una relevancia particular. Recuerdo que para la ocasión la fiesta se desarrolló en el patio de honor, el salón de actos y el casino de cadetes, hecho inédito dada la gran cantidad de concurrentes.
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Como otros hitos que a futuro perpetuarían el centenario, se acuñó una medalla recordatoria, una emisión filatélica, un disco de vinilo “con las marchas del Instituto” y un conjunto de láminas de Eleodoro Marenco. Merece especial mención la obra realizada por el subdirector coronel Isaías José García Enciso (promoción 72), quien con un equipo de nueve colaboradores redactó la Historia del Colegio Militar de la Nación Edición del Centenario. Los ejercicios finales se realizaron ese año con todo el cuerpo de cadetes en el Campo de la Guarnición Militar Córdoba y en la cercana Pampa de Olaén, finalizando con una formación en la localidad de La Falda. El 15 de diciembre se realizó la formación de entrega de bandera al nuevo abanderado, el cabo cadete Luis Eduardo Tibiletti (promoción 101). La promoción 100 “Centenario”, con 174 integrantes, egresó el 16 de diciembre de 1969. Actualmente, como miembro de su comisión, me encuentro dedicado a preparar los festejos del 50.º Aniversario de Egreso, que coinciden con los del sesquicentenario de nuestro Colegio Militar. Tendré la fortuna de vivir ambos eventos. Así lo espero.
Coronel Julio Horacio Bergallo Abanderado de la promoción 100 “Centenario”. Encargado de la Compañía de Comunicaciones en 1969
Egresados de la Academia Militar de Saint - Cyr (Francia) en viaje de estudios se alojan con su Director en el CMN, y visitan la ciudad de Buenos Aires. En la foto se aprestan a recorrer el Patio de Honor. Año 1998. Gabinete Fotográfico del CMN.
INTERCAMBIOS CON OTROS PAÍSES
Los intercambios con países amigos han sido frecuentes en la historia del Instituto. Adquirieron en general cuatro modalidades, a saber: cursado en institutos, visitas breves, normalmente recíprocas de conocimiento mutuo, comisiones para concurrir a ceremonias importantes y viaje final de estudios. Siguiendo ese orden, iremos mencionando algunos hitos relevantes o curiosos de esta actividad fructífera que promueve el conocimiento cultural, la amistad entre los ejércitos e incluso ha contribuido, en ocasiones, a las relaciones exteriores del país.
Alumnos Entre junio de 1891 y mayo de 1892 se produjo el ingreso, en calidad de pensionistas, de siete aspirantes a oficiales de la República del Paraguay (promoción 20) , en lo que puede ser considerado el primer grupo de cadetes que cursaría en nuestro Instituto (Colegio Militar de la Nación, 1892). Esta actividad se prolongaría en el tiempo hasta nuestros días, con una especial concurrencia de cadetes de países latinoamericanos. En 1947, por ejemplo, eran alumnos del Instituto ocho cadetes, de los cuales tres pertenecían a Paraguay, tres a Ecuador, uno a El Salvador y uno a Perú. La excepción a esa procedencia la constituyeron los cadetes Olson y Swain de los EE. UU., que cursaron con la promoción 95. Sin embargo, el envío de cadetes argentinos a estudiar a otros institutos solo ha sido excepcional. Destacan los casos del luego general de Brigada Miguel Alfredo Mallea Gil (promoción 79) por dos años en la Academia Militar de West Point. La experiencia se repetiría treinta años más tarde en 1979 y 1980. Los entonces cadetes José Eugenio Castiglione, Guillermo Luis Ferraris y Marcos Jorge Martínez de Hoz (promoción 112), que fueron seleccionados después de
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aprobar primer año, viajaron a ese país por el término de un año. Las buenas relaciones con EE. UU. permitieron a principios del siglo XX un fructífero intercambio de cadetes con elevado nivel de idioma para realizar prácticas intensivas por períodos cortos (20 días) de convivencia en ambos institutos. Recientemente, en el año 2017, en el marco de los compromisos adquiridos en la XVI Reunión Bilateral de Estado Mayor de Ejércitos de Argentina y Chile, se inició el intercambio de cadetes entre las escuelas de formación de oficiales de ambos países por un semestre académico. El Colegio Militar de la Nación recibió a fines de julio de ese año a los cadetes Jorge Poblete Jara y Felipe Gallardo, provenientes de la Escuela Militar del Libertador Bernardo O’Higgins, y los cadetes Andrés Ignacio Dugour y Lucas Gabriel Oprandi del Instituto viajaron a Chile.
Visitas breves Los intercambios de cadetes por breves períodos se naturalizaron a partir de la década de 1960 y progresivamente se establecieron como una actividad programada. Cuarenta años más tarde, hacia principios del año 2000, se decidió concentrar la recepción de delegaciones extranjeras en la semana del cadete, haciéndola coincidir con el aniversario del Instituto, de forma tal de asegurar su participación en ese festejo y concentrar el esfuerzo que demandaba esta actividad en una sola oportunidad en el año. El estudio comparativo con otras academias ha sido también una constante que ha motivado comisiones como la del director general de Brigada Arturo José Orzábal (promoción 8) en 1907, por seis meses, y la del director coronel Cornelio Gutiérrez, de casi más de un año, entre 1911 y 1912, ambas a Europa. En tiempos más recientes, el avión ha permitido acortar tiempos, pero la tendencia a visitar otras escuelas de formación de oficiales se ha mantenido constante hasta nuestros días. En 1992 se participó en la Academia General Militar de Zaragoza del Primer Encuentro de Academias Militares Iberoamericanas. En 1994 nuestro Instituto sería sede de este. Lamentablemente, esta feliz iniciativa, impulsada por España con motivo del 5.º Centenario del Descubrimiento de América, fue discontinuada en el tiempo.
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Un hecho inédito fue la permanencia en West Point durante una semana del equipo de gestión del Instituto en 2002 para intercambiar experiencias sobre planes de estudios, régimen del cadete, personal femenino, código de honor, experiencias de liderazgo, régimen disciplinario, etc. 127
Ceremonias La mejora en las relaciones con la República de Chile lograda a partir de los Pactos de Mayo (1902) y la inauguración del Ferrocarril Trasandino Central en abril de 1910 incentivaron el intercambio entre ambos institutos. Una delegación de la Academia Militar de Chile concurrió a Buenos Aires para los actos del Centenario de la Revolución de Mayo, y meses más tarde, el 9 de septiembre de 1910, partió el Colegio a Santiago de Chile para participar del Centenario de la Independencia de ese país (18 septiembre), donde asistiría a la inauguración del monumento conmemorativo en el Campo de la Batalla de Maipú y recibiría un hermoso busto de mármol representando la “Gloria”. Años más tarde, con motivo de la inauguración en Buenos Aires del monumento al general Bartolomé Mitre el 8 de julio de 1927, se invitó a participar a las escuelas militares de Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. La delegación de la Escuela Militar de Chile, en viaje por tren en la madrugada del 7 de julio desde Mendoza, sufrió un gravísimo accidente ferroviario al embestir otra formación a la altura de la estación Alpatacal.128 Como consecuencia fallecieron 14 cadetes y 31 resultaron heridos. La orden de las autoridades chilenas fue la siguiente: “Los ilesos a Buenos Aires, los graves a Mendoza y el resto a Los Andes”. Una compañía de cadetes continuó viaje hacia Buenos Aires y desfiló el día 9 de julio ante los vítores de la población. La estación Alpatacal pasó a llamarse Cadetes de Chile, y en el lugar se construyó un memorial. En 2017, con motivo de los 90 años del accidente, se realizó una importante ceremonia en el patio de honor del Colegio y se descubrió una placa recordatoria.
127 El director era el general Alfredo Antonio Ortiz (promoción 98), el secretario de Evaluación, el coronel Fernando Julio Pedernera (promoción 104), el director de Estudios, el teniente coronel Roberto Luis Muñoz Betelu (promoción 107) y el jefe de cuerpo de cadetes, el teniente coronel Marcelo Alejandro Anadón (promoción 109). 128 Ubicada en el Departamento La Paz, provincia de Mendoza.
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El 13 de septiembre de 1927 dos compañías de Infantería y un núcleo de cadetes de las demás armas se trasladaron a Chile para retribuir la visita de cadetes de ese país y participar del aniversario de la Independencia. El 18 de agosto de 1928 una delegación análoga a la anterior retribuyó la visita de las escuelas militares de Paraguay y Uruguay. La buena vinculación alcanzada en la década del 30 entre los gobiernos del presidente Agustín Pedro Justo de Argentina y Getulio Vargas de Brasil incentivó el viaje del Batallón de Infantería en septiembre de 1939 para participar del Día de la Independencia. El traslado se hizo por ferrocarril hasta la base naval de Puerto Belgrano y allí se embarcó en los acorazados Moreno y Rivadavia hacia Río de Janeiro. Más acá en el tiempo, en 1956 cadetes de segundo a cuarto año viajaron junto con cadetes de la Escuela Naval y de Aviación Militar en el vapor Ciudad de Asunción y el transporte ARA Le Maire a Montevideo para participar de los festejos del 18 de julio, Día de la Independencia uruguaya. Poco tiempo después, la promoción 87 participó de la inauguración del monumento a la Bandera el 20 de junio de 1957 en Rosario, a la que concurrió en tren. En 1960, con motivo del sesquicentenario de la Revolución de Mayo, concurrieron al país y fueron alojadas en el Instituto delegaciones de cadetes de Brasil, Chile, Ecuador, España, México, Perú y Uruguay. Una situación similar sucedería en ocasión del Centenario del Colegio Militar en el año 1969. En retribución a esa visita, en mayo de 1961 viajó una sección de cadetes a España. Ese mismo año otra sección participó del Sesquicentenario de la Independencia de Venezuela, y una sección de cadetes uruguayos participaría de los actos por la Revolución de Mayo. Una sección de cadetes de cuarto año de la promoción 93 viajó en 1963 en el transporte Lapataia a Montevideo, escoltando la bandera del Instituto en la ceremonia de inauguración del monumento a San Martin en esa ciudad.
Viaje de estudios La promoción 88 en noviembre de 1958 realizó un viaje llamado “de instrucción” que incluyó la base naval “Puerto Belgrano” y luego Córdoba, San Luis y Mendoza. La promoción 104 sería la primera en realizar un viaje de estudios al viejo continente después de su egreso, en este caso al Reino de España, entre el 9 y el 22 de diciembre de 1973. Mucho tuvo que ver en su implementación el director del Instituto de ese entonces, el coronel Antonio Facundo Serrano (promoción 75), graduado en la Escuela de Estado Mayor de ese país.
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Los viajes de estudios de las últimas 50 promociones se explicitan en el anexo 3 de este libro. Puede observarse con claridad que no ha existido un criterio uniforme al respecto. A su vez, el Instituto ha recibido cadetes de otras escuelas. Por ejemplo, en 1943 fue visitado por los cadetes navales españoles que realizaban su viaje de instrucción en el buque escuela Sebastián Elcano. Más cercano en el tiempo, los oficiales alumnos del último año de la Escuela Militar Saint Cyr, como parte de su viaje de estudios, se alojaron y visitaron el Colegio Militar en el año 1998. Como resultado de estos intercambios, numerosos obsequios forman parte del patrimonio cultural del Instituto y el libro de visitas tiene plasmados valiosos testimonios de los protagonistas.
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Ceremonia de egreso de la Promoción 113, el 7 de abril de 1982. Austera y con uniforme de combate. En los días subsiguientes, partirían de inmediato a sus destinos. Cuarenta y nueve subtenientes cruzarían a las Islas Malvinas, con sus unidades. Gabinete Fotográfico del CMN.
CUANDO EL CLARÍN DE LA PATRIA LLAMA
Cuando el compilador me solicitó brindar este testimonio a la publicación de esta obra sobre la historia del Colegio Militar, mi respuesta fue la siguiente: “Mi general, la promoción 113 “Islas Malvinas” no puede estar ausente”. Y esta afirmación tiene varios motivos, que trataré de sintetizar usando parte de las palabras que dirigí a mi promoción y al cuerpo de cadetes en una de las formaciones conmemorativas del 2 de abril de 1982 y de nuestro egreso, tan solo cinco días después de esa fecha. El 7 de abril de 2015 les decía a mis compañeros y al cuerpo de cadetes lo siguiente: Voy a tratar de amalgamar en estas palabras tres circunstancias muy significativas: el Día del Veterano de Guerra y el recuerdo a nuestros caídos en la gesta de Malvinas, el 33.º aniversario de nuestro egreso un 7 de abril de 1982 y el inmenso honor de estar aquí, en el Colegio Militar de la Nación, frente al cuerpo de cadetes. Y para poder hacerlo, les propongo a ustedes, futuros oficiales, que nos acompañen a mis compañeros, nuestras esposas y nuestros esposos, en un pequeño ejercicio de imaginación, en donde ustedes serán los protagonistas de lo que nos tocó vivir hace 33 años. Imaginen que este 2 de abril pasado se encontraban como cadetes de cuarto año dando instrucción a los soldados del entonces Servicio Militar Obligatorio, con su portapliegos colgando de la cintura, y que los llamen a una reunión urgente con el director, y este les comunique que se recuperaron las islas Malvinas. Y que un par de días después, cuando todavía no salían del asombro, interrumpían su clase de adiestramiento físico y, luego de reunirlos nuevamente, les decían que iban a egresar anticipadamente para ir a completar los roles de combate de las unidades que iniciaban su alis-
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tamiento para la guerra. Si esto les parece fuerte, traten de imaginarse ustedes ese mediodía en el comedor de cadetes, y que mientras almuerzan escuchan por los parlantes sus nombres, seguidos de los destinos a los que tenían que partir. Decirles que comer se hacía difícil es una obviedad. Y como los tiempos de una guerra no son los de la vida en guarnición, no se imaginen al sastre tomándoles las medidas para el uniforme de social, sino retirando uniforme de combate y equipo de campaña, para que un 7 de abril como hoy, pero hace 33 años, se encontraran en el patio de honor egresando. No en diciembre como es habitual. No con todas las galas y rodeado de sus familiares y amigos, sino con el traje del guerrero y ante la mirada atenta de sus oficiales instructores, los que en algunos casos marcharían con ustedes a la guerra. Piensen, imagínense por un segundo, recibiendo en lugar del sable, la insignia de subteniente, y en los días subsiguientes ver partir a sus compañeros o verse ustedes mismos partiendo a las distintas guarniciones de nuestro Ejército, a lo largo y a lo ancho del país. ¿Pueden imaginar la euforia que sentirían? ¿Pueden imaginar la adrenalina corriendo por sus venas? Imagino que como nosotros se harían miles de preguntas como, por ejemplo, ¿cuándo me llaman a mí?, ¿mi unidad cruzará a las islas?, ¿me llevarán o me quedaré en el destacamento de vigilancia del cuartel? Pero seguramente el denominador común en sus corazones sería el deseo ferviente de ser parte de la gesta. Pero sigamos en este ejercicio, que pretende dejarles una enseñanza, imaginándolos a ustedes como protagonistas de esos días. No ha terminado aún el mes de abril y ya están ocupando un rol de combate en alguna unidad, sumándose a los últimos preparativos de una movilización, que en algunos casos finalizaría con una orden de operaciones de empleo en las islas Malvinas. Traten de dimensionar cómo latirían sus corazones si los sectores de responsabilidad asignados a sus secciones estuvieran en Darwin, Ganso Verde o en los montes Longdon, Dos Hermanas, Harriet, Wall, en el valle de Moody, en la zona del aeropuerto o en las playas linderas a Puerto Argentino. A lo largo de este camino que estamos reviviendo juntos y que para algunos de nosotros terminó en nuestras islas Malvinas, muchas fueron las preguntas que nos hicimos: ¿estaremos a la altura de las circunstancias?, ¿tendremos los conocimientos necesarios para aplicarlos, ya no en un ejercicio sino en la guerra? Y mientras
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tratábamos de dar respuesta a estas preguntas, cargábamos nuestros portapliegos de reglamentos, pensando que de esa manera podríamos suplir nuestras falencias. Queridos cadetes: la inmensa mayoría de los militares se preparan toda una vida para pelear en una guerra que quizás nunca ocurra, pero esa no es excusa para no entrenar duro todos los días. Las Fuerzas Armadas deben ser una maquinaria aceitada, un sable que se afila todos los días, porque cuando el clarín de la patria llama a la pelea, ya es tarde. El sudor que ahorramos adiestrándonos en la paz es sangre que se derrama en la batalla. No es menester del soldado decidir cuándo será la próxima guerra. Ustedes son parte del brazo armado de la nación y deben entrenarse duro, como si esa guerra se desatara mañana. Igual que le ocurrió a mi promoción. Esta es la enseñanza que les queremos dejar a ustedes, que están empezando una profesión que requiere de hombres y mujeres de valor, abnegados, con espíritu de sacrificio y dispuestos a dar la vida por la patria, que en la guerra se lleva a su expresión más básica, que es dar la vida por el camarada. De esto la promoción 113 “Islas Malvinas” dio sobrados testimonios en la turba malvinera. Es una de las promociones con mayor cantidad de veteranos de guerra. 49 subtenientes “en comisión” marchamos a las islas y lucimos orgullosos la condecoración “El honorable Congreso de la Nación a los combatientes”, pero además 18 de ellos llevaban en su pecho condecoraciones y distinciones por su desempeño en la guerra: tres condecoraciones “La nación argentina al esfuerzo y abnegación” (Barreiro, Herrero y Vilgre Lamadrid), dos condecoraciones “La nación argentina al valor en combate” (Peluffo y Llambías), cinco condecoraciones “La nación argentina al herido en combate” (Pérez Grandi, Aliaga, Mosquera, Aristegui y Peluffo), una condecoración “La nación argentina al muerto en combate” (Abraham), siete menciones por el desempeño en la campaña (Jiménez Corbalán, Torán, Mosquera, Duran, Aliaga, Locatelli y Perez Grandi). Muchos de estos héroes condecorados por su desempeño en la guerra están aquí. Tenían 20, 21, 22 años. No les gusta que los llamen “chicos de la guerra” ni que se dirijan así a los leones de soldados a los que les tocó mandar en combate. Aquí los tienen (...) son la historia viva de una gesta que hay que mantener latiendo fuerte en los corazones de todos los argentinos, pero fundamentalmente en el de ustedes,
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que son nuestros herederos. Por eso me comprometo y los comprometo a ellos, delante del director y de ustedes, a ser fieles a uno de los objetivos del estatuto de nuestra promoción, que reza “Trabajar por mantener viva y difundir la ‘gesta de Malvinas’ en los distintos ámbitos sociales y culturales del país, y en particular a las nuevas generaciones de oficiales y suboficiales de las distintas FF. AA., haciendo honor a su nombre y a la memoria de nuestros héroes”. Esto lo llevaremos adelante a través de nuestra participación en conferencias, simposios, debates o simplemente charlas informales entre camaradas de distintas generaciones que somos, para que escuchen de primera mano nuestras experiencias. La promoción 113 lentamente va pasando a retiro. Pero tanto a los hombres y mujeres que están en servicio activo como a los que ya estamos retirados nos unen lazos muy fuertes: llevamos con orgullo el nombre “islas Malvinas”, nacimos para la guerra y combatimos con honor. ¡Malvinas! ¡Volveremos!
Hoy el Colegio Militar capitalizó nuestra experiencia, transformándola en un mandato a la hora de formar sus oficiales: “Prepararse para la guerra como si la misma fuera a comenzar mañana”, tal cual le ocurrió a nuestra querida promoción 113 “Islas Malvinas”. En consecuencia, año tras año renovamos este vínculo especial que tenemos con el Instituto y sus cadetes, celebrando cada 2 de abril con ellos y entregando un obsequio al cadete que a su egreso haya obtenido las más altas calificaciones en las asignaturas operacionales. Nuestro estatuto nos impone la revalorización y la difusión de la gesta de Malvinas, y tratamos de honrarlo.
Teniente coronel veterano de la guerra de Malvinas Roberto Augusto Vega Presidente de la promoción 113 “Islas Malvinas”
Ayer: Cadetes de Infantería cruzando el Rio Reconquista en Campo de Mayo, por puente construido por los cadetes de ingenieros. Año 1934. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 148295.
Hoy: Cadetes del arma de Infantería realizando instrucción con mortero en el terreno. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN
INSTRUCCIÓN MILITAR Y CAMPOS DE MANIOBRAS El objetivo principal de la actividad de los Oficiales, Suboficiales y Tropa en el ejercicio de sus funciones, será la preparación para la obtención de la victoria en la guerra, y a ello deberá subordinarse cualquier otra necesidad. Reglamento Servicio Interno y Guarnición ( 2002)
La instrucción militar, como parte esencial de la educación del oficial, ha tenido diversas modalidades desde la creación del Instituto hasta nuestros días. En el período de Palermo existía un oficial profesor por cada arma, Infantería, Caballería y Artillería, que por turnos instruía a todos los cadetes en base a reglamentos clásicos, como Maniobras y ejercicios de la Infantería de Lucio Víctor Mansilla. En cuanto a las posibilidades del orden abierto, como ya se ha explicado, pronto surgieron las primeras dificultades con la creación del parque público y la expansión de la ciudad. Con respecto al campo de instrucción, un cadete de la primera promoción nos señala lo siguiente: …lo componía un gran polígono irregular, cuyos lados eran, al Norte el arroyo Maldonado y parte de Belgrano; al Oeste el camino de las Cañitas y el callejón de la Recoleta, esto es, lo que hoy se llama Avenida Las Heras; al Sud las barrancas de la Recoleta hasta El Palomar y cancha de los pescadores; al Naciente el río de la Plata; formando una superficie algo más grande de lo que hoy es el Parque Tres de Febrero. (Daza, 1914: 187)
Las que podríamos considerar las primeras maniobras, durante diez días, que incluyeron tiro de artillería con cañones Krupp, se realizaron a fines de 1881 en la isla Martín García, que por ese entonces era guarnición militar.
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Hacia 1882 una reforma en el plan de estudios incluyó lo que se denominó “Paseo Militar”, es decir, un mes de práctica durante el cual los futuros oficiales visitaban campamentos, hacían ejercicios de Infantería y Artillería y se formaban para llegar en mejores condiciones a sus futuros destinos. La inestabilidad de las relaciones con Chile hizo que a principios del año 1892 se realizaran en proximidades de la Capital las primeras grandes maniobras militares a dos partidos, en las que participarían las divisiones Zárate y Maldonado, esta última a órdenes del director del Instituto con la participación de sus cadetes. Con el traslado del Colegio a San Martín y un nuevo reglamento que contemplaba la división por armas, las necesidades de la instrucción se incrementaron, pero las áreas aledañas, aún despobladas, lo permitían. La compra del Campo de Mayo en 1901 contribuyó definitivamente a disponer de los terrenos necesarios para la instrucción y el tiro. Como primer antecedente, podemos decir que el Instituto participó el 5 de abril129 de 1903 en lo que fue la primera formación de juramento a la bandera realizada en la guarnición “Campo de Mayo”, con la participación de los soldados conscriptos de la clase 1881 y encabezada por el presidente Julio Argentino Roca. La formación tuvo lugar en la denominada plaza Juramento, en donde años después se colocaron el Obelisco, en 1926, y el Gran Mástil del Acantonamiento, en 1932, situados hoy frente al Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz (CAECOPAZ). Desde la década del 90 esta ceremonia se lleva a cabo, normalmente, en la ciudad de Luján por su alto valor simbólico. Para el tiro de escuela se utilizó prioritariamente, desde 1910, el polígono del tiro federal de San Martin, y para tiro de combate se concurría a Campo de Mayo, en donde hacia 1933 el polígono de esa especialidad contaba con torre observatorio blindada y ocho torres simples para seguridad y observación. Líneas de tiro para Artillería e Infantería y plaza de tiro con personal para el apoyo a la actividad, las instalaciones se encontraban enlazadas por 80.000 m de cable telefónico, que integraban todo el sistema de tiro del campo. Un verdadero adelanto para la época.130 Destaca de ese tiempo el famoso “árbol solo”, referenciado en la mayoría de los ejercicios militares, que estaba situado a 400 m al este del Obelisco, frente al CAECOPAZ.
129 Aniversario de la batalla de Maipú. Recién en 1938 se establecería el 20 de junio como día festivo
dedicado a la bandera nacional. 130 Para más detalles sobre Campo de Mayo ver Ejército Argentino (1933). Historia de Campo de
Mayo. Buenos Aires, Argentina: Instituto Geográfico Militar.
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Este campo ha resultado hasta nuestros días un eficaz complemento del sector de instrucción del predio del Instituto en El Palomar, principalmente para la instrucción de combate y el tiro de escuela en el terreno. Téngase presente que hasta fines de la década del 70 se pudo tirar con cañones de 75 mm. Hoy esa actividad se realiza mayormente durante las salidas al terreno. En cuanto a los contenidos teóricos, se basaban en materias militares que se impartían en el aula, y la instrucción práctica se desarrollaba normalmente por las tardes. El año finalizaba con las clásicas maniobras, normalmente en alguna estancia de la región pampeana o en campos militares o estatales como Azopardo, Baterías, Ezeiza, Junín, Magdalena, Mercedes, Otamendi, Pereyra Iraola, Pipinas, etc. Las modalidades variaban según el arma, empleándose en los elementos de combate mayoritariamente el “circuito de ejercicios”. Así, por ejemplo, en los ejercicios finales de 1938 el Escuadrón Montado realizó una marcha uniendo El Palomar, Marco Paz, Pilar, Luján (en total, 180 km), con la particularidad de que los cadetes acantonaron en las localidades, en habitaciones de casas facilitadas gentilmente por las familias propietarias. Hacia 1952 la instrucción militar se impartía en las tardes de lunes, miércoles y viernes. El ferrocarril fue el modo común de trasladarse hacia los campos de maniobras, por lo menos hasta la década del 90, cuando comenzaría a emplearse el ómnibus. Si bien los campos de instrucción “General Avalos”, en Monte Caseros, “Campo de los Andes”, en Mendoza, y “Campo de la Guarnición Militar”, en Córdoba, han sido los más empleados tradicionalmente, la mayoría de las provincias argentinas, incluso las más lejanas, han sido escenario de ejercicios militares del Instituto, como Misiones en 1980 y Neuquén en 1982. Tradicionalmente, al período inicial de instrucción de principios de año le seguía una rutina de instrucción semanal, normalmente los días viernes, y los ejercicios finales después de los exámenes académicos y antes del egreso. En tiempos más recientes se ha incluido un período de ejercicios de invierno antes de las vacaciones de mitad de año. El diseño de la instrucción ha presentado normalmente tres dilemas, a saber: instruir sobre la sección básica del arma o avanzar sobre otras (ejemplo: Artillería de Campaña o Antiaérea, Infantería a pie o mecanizada); concentrar las salidas al terreno a principio, mediados y fin de año, o realizar más salidas y disponer de semanas enteramente académicas, y, finalmente, salir con el cuerpo de cadetes reunido o con subunidades a distintas guarniciones militares. Cada una de ellos presenta ventajas y desventajas, que no viene al caso analizar en este breve relato.
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Los espacios de apoyo para los conocimientos teóricos han tenido también su desarrollo. Al aula de electrónica organizada a fines de la década del 60 para el arma de Comunicaciones le siguieron las específicas de las otras armas, adecuadas sobre instalaciones preexistentes131 en los años siguientes. Un complemento de alto valor motivacional para los cadetes del último curso ha sido la posibilidad132, desde principios de la década del 70, de desarrollar el curso de paracaidismo. Luego se incorporaría el de montaña y con el tiempo otros. Así, por ejemplo, en febrero del año 2017 se realizaron los de asalto aéreo, buceo, equitación, exploración, mecanizados, monte y montaña estival. Finalmente, resta señalar que la instrucción militar para capacitar al futuro jefe de fracción básica del arma o especialidad tiene su necesario e imprescindible complemento en la educación académica, ética, física y social, que en su conjunto procuran educar integralmente al futuro oficial del Ejército Argentino. Un párrafo final, para destacar el valor del consejo y asistencia espiritual a los jóvenes cadetes por parte del capellán del Instituto, recordando a los que ejercieron esa función en los últimos 50 años: Julio César Labaké, Norberto Eugenio Martina, Pedro Candía, Juan Lickay, Daniel Domínguez, Adrián Torres y Guillermo Conti (actual).
131 Excepto el aula de Artillería, construida en 1981 con esa finalidad. 132 No todos los años.
El busto del teniente primero Guillermo Federico Jáuregui es descubierto por su hermano, el mayor Fernando Augusto Jáuregui y el director del Colegio coronel Raúl Horacio Gallardo, en ceremonia realizada el 3 de noviembre de 2003.
UN ACTO DE ARROJO SOLIDARIO El siguiente es el recuerdo de las circunstancias en las que ofreció su vida el teniente primero Guillermo Federico Jáuregui (promoción 109), joven oficial de Infantería que revistaba en la Compañía Servicios y trató de socorrer a un empleado civil de una empresa, Empresa de Construcciones San Isidro SRL, caído en desgracia, y el recuerdo de mi fortuita participación en los hechos. Como jefe del Escuadrón de Caballería, recientemente designado, ese 18 de febrero de 1988 me encontraba en medio de las tareas administrativas de recepción de los cargos. Entre las 15 y las 16 hs, en ese ambiente pesado y húmedo típico del microclima veraniego de Campo de Mayo, daba por terminada la primera parte de la jornada y creí oportuno ir al casino de oficiales para un almuerzo algo tardío. Cosas del destino. Si hubiera seguido sin interrumpir las tareas, como para terminar más temprano, quizás no me habría enfrentado al suceso con el que pronto me las tendría que ver. Bajé por la escalera trasera y una vez llegado a la planta baja tomé la calle Cnl Rodríguez hacia el pabellón central. Fenómeno curioso si lo hay, la concentración en mis pensamientos sobre los cargos seguía en primer plano, relegando todo otro estímulo que proviniera del entorno. Seguramente por ello, y aunque no lo podía percibir, a la distancia estaba teniendo lugar un nervioso movimiento de gente en la esquina de las calles Cnl Rodríguez y 11 de Octubre, más precisamente donde hay un acceso a la red subterránea de cámaras sépticas. Cuando llegué al centro mismo de la informal concentración pregunté intrigado al aire –a todos y a ninguno a la vez–, con voz fuerte, “¿qué pasa?”. Típico de las situaciones caóticas, parecía que todos se hubieran puesto de acuerdo para contestar al mismo tiempo dando respuestas muy distintas. Lo único que pude entender fue que el teniente primero Jáuregui había bajado en rescate de un operario y que ahora él tampoco había salido a la superficie.
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Lo que había sido hasta ese instante una mezcla de vaga curiosidad y ambigüedad desapareció de inmediato. La poca y confusa información recibida me bastó para apreciar la situación. Los años de instrucción y formación que recibimos no son vanos. Sin que nadie me lo dijera, me di cuenta de que en ese lugar, a esa hora y en esa circunstancia, había pasado a ser el más antiguo y, por lo tanto, el responsable de lo que pudiera hacerse. Hoy, a la distancia, creo que literalmente no me tomó más de unos segundos terminar de apreciar y tomar la resolución. Me asombro aún de la serenidad y la tranquilidad que se habían apoderado de mi entendimiento en ese instante y que gobernarían mis actos. Tengo el recuerdo de que desde ese momento hasta el final todo sucedió en forma –diría– casi mecánica, como cuando hacemos instrucción. Quedaba solamente proceder sin demoras. Sin dudarlo me abrí camino atropellando a los presentes y encaré decididamente hacia la cámara. Fue cuando un cúmulo de brazos y voces airadas me cerraron el paso alegando el peligro que representaba para una tercera persona la trampa del gas en aquella oscura profundidad. No en vano instantes antes de que llegara a escena le habían cerrado el paso al sargento primero Kambic, un destacado pentatlonista, que ingresó al túnel y de inmediato tuvo que ser retirado semidesvanecido, afectado por los gases. Me dije que aun así esperar otra ayuda podría ser fatal, por lo que aprecié que tal vez se podrían emplear “elementos de circunstancia” para auxiliar a esos seres humanos, esos recursos poco ortodoxos –pero efectivos– con los que muy sabiamente desde siempre nos alienta emplear nuestra educación en el Colegio. La condición indispensable era que ese recurso estuviera cerca del lugar, porque de lo contrario no tendría sentido. Levantando la mirada con calma, recorrí el paisaje en todas direcciones. De pronto vi a unos metros más allá de donde estaba parado, en dirección a la entrada del economato, largos y gruesos tramos de cable gris, seguramente sobras de alguna reciente reparación de la red eléctrica. Tomé uno, hice un lazo, me lo coloqué en el tórax mientras mil temores pujaban por ganarle a mi voluntad: “¿Te vas a meter ahí con un cable que no se sabe si va a resistir el peso? ¿Vos sabés qué hay ahí abajo? ¿Y si se corta cómo vas a salir? ¿Por qué no esperás a que traigan el equipamiento de rescate adecuado? ¿Cuánto vas a aguantar sin respirar? Tuve miedo y mucho, no lo niego, pero mi voluntad y la trágica necesidad de dos seres humanos fueron más fuertes. La calma y la frialdad, gracias a Dios, no me abandonaron, seguían conmigo. Me di vuelta y mirando a todos di las siguientes instrucciones: “Voy a bajar con este lazo al pecho (el haber sido parte de la escuadra de natación me desarrolló una buena capacidad pulmonar, por lo que pude bajar en apnea). Cuando llegue abajo voy a tomar un cuerpo, me aferraré a él, y cuando les grite
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ustedes tiren fuerte para sacarnos hasta la superficie”. Tomé y retuve aire como nunca lo hice en mi vida y descendí atado al cable. A medida que se iba perdiendo la luz comprendí con crudeza lo que significaba aquello de tener “la vida pendiendo de un hilo”. Los peldaños metálicos se hundían en la negrura, en dirección a la profundidad de la red. No se veía nada, como en esas noches de maniobras en Magdalena sin luna. No se escuchaba ningún sonido ni desde abajo ni desde arriba. No tenía idea de cuán profundo era ese pozo, por lo que mi imaginación me decía que no tenía fondo. Ahí sentí por unos instantes lo que significaba “estar solo”. Cuando llegué al fondo, el cuadro que se me presentó fue descorazonador, pese a lo cual no abandoné la empresa. Lúcido y calmo, sentía que aún tenía aire para unos segundos más, por lo que podría seguir con mi misión. Ahora, que ya me había acostumbrado a la oscuridad, podía ver parte de la real situación. Vi dos cuerpos tiesos como estatuas uno junto al otro, no sabía ni podía apreciar si estaban con nosotros o si el buen Dios los había llamado. No había tiempo para averiguarlo, porque mi aire se estaba acabando y –para colmo de males– tampoco sabía cómo hacer para sacarlos de allí. Lo único que sí sabía era que era mi deber llevarlos a la superficie. No tenía recursos de ningún tipo y mi aire ya se había agotado. En ese momento con mucha rapidez aprecié que si no tenía recursos entonces “el recurso tendría que ser yo mismo”. Fue así que casi como un reflejo no me quedó más que tomar por la espalda el cuerpo más próximo, abrazar fuertemente su tórax y gritar con todas mis fuerzas la señal convenida: “¡¡¡Tiren!!!”. Los cadetes en la superficie cumplieron instantáneamente su parte, pero, como siempre sucede, la apreciación de situación nunca es completa y los factores no previstos –y hasta el azar– modifican el desarrollo de los acontecimientos. El cuerpo al que me había abrazado, sumergido parcialmente en el torrente de la red, evidentemente se había atascado, vaya uno a saber con qué –la penumbra era muy cruel y no me permitía ver–, porque me fue imposible moverlo de su lugar. Se dio entonces que yo no cejaba en mi abrazo como tampoco cejaban los de arriba en su tarea de remolque. Puedo decir que sentía por las vibraciones del cable salvador la desesperación con que trataban de sacarnos. No sé cuántos hombres se habrían dado a la tarea encomendada, pero sentí tanto empuje como que al otro extremo se hubiera instalado un malacate de nuestros viejos y serviciales Unimog, lo que provocó que el improvisado lazo se cerrara sobre mi pecho con una fuerza descomunal. Mis desesperados gritos para que aflojaran no fueron escuchados en el caos reinante. El dolor y el reflejo instintivo hicieron que mis pulmones no pudieran soportar más y colapsaron en búsqueda de un poco aire, que –paradójicamente– sabían que no existía.
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Esa fue mi última percepción. No habiendo encontrado oxígeno, el metano hizo en mí el mismo trabajo que poco antes había hecho con las otras dos personas. Había perdido el sentido y quedado tendido junto a ellos. Ya éramos tres compartiendo casi casi la misma suerte. Hoy creo que ese fue mi verdadero momento crucial. Inexplicablemente, el improvisado lazo funcionó mejor de lo pensado. El cable necesitaba de mis movimientos para poder operar y evitar que se zafara, al igual que cuando uno está en una cordada, pero como estaba inconsciente no pude hacer nada. Y si no pude hacer nada, alguien lo tuvo que hacer por mí… Evidentemente, el Creador, en quien creo fervientemente, me ayudó disponiendo que aún no era mi tiempo. Los de arriba me izaron como peso muerto. Milagrosa e inexplicablemente mis brazos no se deslizaron por fuera del lazo. Una vez que alcancé la superficie, me sacaron y me dejaron bajo un árbol en los canteros del boulevard. No sé cuánto duró la inconsciencia, lo que recuerdo es que aún en ella seguía percibiendo gritos y movimientos. Al recuperarme, comprobé que reinaba el mismo caos. Con la ventaja que suponía haber conocido la real situación allá abajo, no me costó mucho improvisar nuevamente. Tomé otro tramo de cable, con el que hice un segundo lazo y decidí bajar, no sin antes calcular el tiempo y esfuerzo máximo que podría hacer, ya que no quería tentar demasiado a la fatalidad. Bajé nuevamente y en la semipenumbra destrabé el primer cuerpo, le coloqué el lazo por el pecho y grité “¡tiren!”, mientras veía cómo lo subían con gran rapidez. Una vez en la superficie me dejé caer de espaldas unos instantes para recuperarme del esfuerzo hecho mientras veía de cerca el cuerpo inmóvil del operario civil. Segundos más tarde, como había visto que el procedimiento había sido bueno, aprecié que todo lo que había que hacer era repetirlo una vez más. Poco después, el cuerpo de Jáuregui estaba bajo la luz de sol. Escuché voces que afirmaban que ambos no tenían vida cuando recuerdo haber perdido nuevamente el conocimiento. Recuperada la conciencia por tercera vez en el día, vi que me habían llevado a la enfermería y que estaba tendido sobre una camilla en una solitaria sala. Quizás el silencio me ayudó a reordenar la información y buscarle sentido a la jornada. No sé qué hora era cuando de pronto entró a esa sala nuestro director, el general Oscar Osvaldo Sálomon (promoción 86). Creo recordar su expresión de desasosiego. Me reconfortó con unas palabras que no pude escuchar, dijo que luego hablaríamos y, por indicación del médico, me dejó solo nuevamente. Días después, el director me citó a su despacho. La visita fue breve. Hablamos del hecho y al despedirse, mirándome a los ojos y con voz en cuello, me sorprendió con el mejor reconocimiento que se puede esperar de un jefe. Recuerdo que me dijo: “¡Usted es un soldado!”. Tras ello me estrechó en un fuerte abrazo y, sin mayor ceremonia, abandoné su despacho rumbo al escuadrón.
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A pesar de que ya ha pasado mucho tiempo, es inevitable que de cuando en cuando la memoria me traiga al presente aquel día. Cada año que soy un poco más viejo veo con más claridad que si bien lo que sucedió aquella tarde fue obra fortuita del destino, no lo fue nuestra conducta. Al contrario, ella fue producto de la educación que tuvimos en común, esa educación que lleva al profesional de las armas a obrar como lo hicimos. Entendimos lo que era el servicio a los demás y la camaradería en particular. Ninguno de los dos preguntó nada, ninguno solicitó medios, ambos resolvimos con premura e hicimos lo que humanamente pudimos hacer. En mi caso, la divina providencia quiso que pudiera mantener ese bien preciado que es la vida terrenal. En cambio, Jáuregui133 la terminó ofreciendo y pasó a ser un grande con mayúscula. No por nada su valor le confirió el mismo privilegio y reconocimiento que tuvo un reducido grupo de distinguidos camaradas esparcidos por todo el Colegio. Me refiero a que desde 2003 su busto frente a la plazoleta de la 1ra Ca I sigue enseñando a las futuras generaciones de cadetes el significado de lo que es “el espíritu de servicio”.
Coronel Hernán José María Risso Patrón134 Promoción 104. Jefe del Escuadrón de Caballería en 1988
133 Le fue otorgada en forma póstuma la distinción Cruz Púrpura por el acto de arrojo que le costaría la vida. 134 Por esta acción le fue otorgada la Orden a los Servicios Distinguidos al Mérito Militar en el grado de comendador.
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Cadetes estudiando, y realizando trabajos prácticos, en la Biblioteca “Islas Malvinas” del CMN. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
PLANES DE ESTUDIO Y APOYO A LA EDUCACIÓN “Y aquel discípulo de Saint Cyr (se refiere al Teniente Coronel Alejandro Díaz), demostró a muchos que la ciencia no había reñido con la bravura; fue necesario que se hiciera matar (en Curupayti) para probar este aserto.” General Garmendia (1973 p.123).
El Colegio inició sus actividades en 1870 con un plan de estudios que contemplaba las asignaturas y los textos que eran empleados en los colegios nacionales. En particular, durante los tres primeros años, en los que estaban presentes las materias Historia, Geografía, Matemáticas, Gramática y los idiomas francés e inglés. Las materias de primer año eran Gramática Castellana, Geografía, Aritmética, Catecismo, Historia Argentina, ejercicios reglamentarios de Infantería, Caligrafía, Francés, Principios de Dibujo Lineal y Topográfico, Equitación, Gimnástica, Natación y Esgrima. Sobre este plan, la gramática se impartió de manera práctica y aplicada, añadiendo dictado y lectura pública en voz alta, denominada “lectura académica”, de libros selectos de moral y de literatura (Locatelli, 2015: 3). El catecismo y los deportes no se pudieron enseñar por falta de capellán y de los respectivos profesores. Las matemáticas, por el bajo nivel de los alumnos, se redujeron a la aritmética pura. En un tema que sería recurrente a través de los años, Czetz, al final de uno de sus informes elevado con fecha 8 de abril de 1873, señalaba la “exigüidad de los sueldos docentes” de los profesores civiles, que estaban por debajo de los que recibían los profesores en las restantes escuelas nacionales. En cuanto a los oficiales militares, indicaba que el sobresueldo era exiguo, pero se veía compensado por el hecho de que era un buen antecedente para el ascenso. Para el año 1874 se enseñaban todos los temas que se trataban en los colegios nacionales, menos Latín, Retórica y Filosofía, que habían sido reemplazadas por las materias militares. Además, se agregaba Levantamiento de Planos, Dibujo Topográfico y Confección de Actuaciones Militares.
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Hacia 1879, en las memorias de guerra se hablaba del Colegio Nacional Militar, lo que constituye una evidencia palpable de la intención de tener como referencia el modelo nacional, en pleno desarrollo entre los años 1863 y 1888. El Poder Ejecutivo designó, para los primeros exámenes finales, una comisión especial135 con destacados integrantes militares que clasificaba las pruebas orales de los cadetes y efectuaba al ministro de Guerra recomendaciones para la mejora de la enseñanza. La primera estuvo presidida por el brigadier general Emilio Mitre. En los años siguientes se seguiría con la modalidad y se sumarían a la comisión distinguidos catedráticos civiles, como el doctor Aristóbulo del Valle y el ingeniero Guillermo White. A modo de ejemplo, como resultado del informe presentado por la Comisión Examinadora del año 1885, se intensificó la enseñanza de la telegrafía (Ejército Argentino, 1937). Hacia 1897 el programa de ingreso incluía exigencias de sexto grado primario, a las que se sumaban temas de las materias Geografía e Historia de primer año nacional. El 30 de enero de 1913 se declaró la equivalencia de estudios realizados en el Colegio Militar con los del Nacional para los jóvenes que hubieran aprobado previamente los dos primeros años de enseñanza secundaria. Con lo cual, resultaban beneficiados los aspirantes que, por la causa que fuera, no continuaran la carrera de las armas. Hacia 1931 el aspirante podía ingresar a curso preparatorio con segundo año nacional, comercial o normal, y a primer año con tercero nacional. Aprobando en el Colegio primero y segundo año, se obtenía el título de Bachiller.136 Las materias militares estaban concentradas en tercer y cuarto año (op. cit.). En 1944 entró en vigencia un nuevo plan de estudios que exigía el ingreso con cuarto año aprobado y el requisito de rendir examen sobre las materias de quinto, lo que permitía concentrarse en materias profesionales y algunas generales de nivel superior. Como consecuencia natural de este cambio, en 1950137 se reconocía al egresado el haber cumplido el ciclo de enseñanza de nivel medio en la modalidad de Bachiller Nacional. En 1952 se puso en marcha un nuevo plan de estudios que buscaba equilibrar las horas de estudio con las de preparación y establecía en 20 el número ideal de alumnos por aula. Se puso como objetivo “dar a la enseñanza un sentido humanista, acorde con las
135 A similitud de los colegios nacionales, para los cuales el Ministerio de Instrucción Pública designaba una comisión externa que tomaba los exámenes finales y elevaba las recomendaciones al ministro. 136 En 1934, por superior decreto 2929 inserto en Boletín Militar, se reconocía equivalencia de estudios realizados en el Instituto con los de los colegios nacionales, a saber el curso preparatorio equivalente a tercer año nacional, primer año a cuarto año y segundo a quinto (García Enciso, 1969). 137 Decreto 1967 del 28 de enero.
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necesidades que tiene la Nación en cuanto se refiere a la cultura de sus futuros oficiales, es decir la formación del caballero argentino, digno, probo, humano, místicamente argentino y profesionalmente capaz” (citado en García Enciso, 1969: 139) Este progresivo alejamiento del currículo nacional hacia una mayor especificidad profesional hizo necesario en el año 1975 reconocer que el oficial egresado del Colegio Militar poseía un título de nivel terciario superior menor.138 Años más tarde, siendo director el general de Brigada Oscar Osvaldo Sálomon (promoción 86), se procuró un salto cualitativo al exigirse el ingreso con secundario completo y al obtenerse en el Instituto un bachillerato de nivel universitario. El plan se implementó en 1989 y contemplaba dos áreas: Relaciones Internacionales e Ingeniería. De forma complementaria, existía el título de Analista Administrativo Contable para los cadetes de Intendencia. El nivel del título era de pregrado universitario y de alguna forma imitaba el modelo de la Academia Militar de West Point. Durante la vigencia de este plan, la totalidad de bachilleres universitarios correspondientes a las promociones 123, 124, 125, 126 y 127 (años de egreso, de 1992 a 1996) fue de 419, de los cuales corresponden 293 a Relaciones Internacionales y 126 a Ingeniería. En 1994, por iniciativa del general Raúl Oscar Racana139 (promoción 92) aprobada por el jefe de Estado Mayor General del Ejército, el general Martín Antonio Balza (promoción 85), se dio un paso más hacia el nivel de grado universitario con el nuevo plan de estudios que contemplaba las licenciaturas en Administración y en Matemática Aplicada, y en 1996 se aprobó la carrera de Contador Público para los cadetes de Intendencia. Hacia el año 2004, con la intención de dar una mayor especificidad militar a las carreras, se aprobaron los planes de la Licenciatura en Conducción y Gestión Operativa con tres orientaciones: Armas, Material y Contable. Para acompañar este proceso de adecuación al nivel universitario, se creó en 1990 el Instituto de Enseñanza Superior del Ejército,140 que, en particular bajo la dirección del general de división
138 Resolución 787 del Ministerio de Cultura y Educación del 15 de diciembre de 1975. Transcripta en BPE 4065 del 17 de marzo de 1976. 139 Director del IESE 1993/1994. 140 El 29 de octubre de 1990, por resolución 2024 del Ministerio de Educación y Justicia. Posteriormente, en 2013 se lo llamaría Instituto Universitario del Ejército y actualmente, desde 2014, Facultad del Ejército, dependiente de la Universidad de la Defensa Nacional creada por Ley 27015.
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Horacio Mauro (promoción 94) y el general de división Miguel Ángel Sarni (promoción 97), ejercería una exhaustiva supervisión sobre la educación académica del cadete y, de alguna manera, prepararía al Instituto para la evaluación institucional externa por parte de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU),141 que se llevaría a cabo con excelentes resultados en los años 2000 y 2008. De alguna forma se volvía a la costumbre de fines del siglo XIX de evaluar integralmente al Instituto con una comisión de expertos ajena a él. Si tuviéramos que efectuar una consideración final sobre los ciclos académicos del Instituto, podríamos señalar que se pueden distinguir tres: uno inicial, que tuvo como referencia al Colegio Nacional (1870-1944), uno intermedio, con un currículo propio que requería de normas externas que reconociesen niveles (1945-1988), y uno actual, que, con distintas modalidades, tiene el nivel universitario (desde 1989 al presente). Simultáneamente, con los programas de estudios las distintas gestiones han procurado dotar al Instituto de los medios necesarios para brindar el apoyo requerido a la educación académica. La preocupación inicial de Czetz era organizar una biblioteca y los laboratorios de física y química, considerados fundamentales a fines del siglo XIX, cuando la corriente positivista imperante demandaba resultados comprobables empíricamente. Hacia el año 1873 el Colegio Militar disponía de biblioteca. Contaba con 80 volúmenes sobre arte militar. Entre ellos, con la Historia orgánica de las armas de Caballería e Infantería de Clonard y con otros volúmenes en francés, inglés y alemán. La Biblioteca de la Sociedad de Jefes y Oficiales del Ejército también estaba a disposición del Colegio y los alumnos podían consultarla (Locatelli, 2015). Para 1896 la Biblioteca contaba ya con 1150 obras sobre temas militares de estudio y consulta y con revistas especializadas, entre las que se encuentran Revue du Genie Militaire, La Revue d’Infanterie, Cavalerie, Sciencies Militaires, Rivista Militare Italiana, La Nature, L’armée Belge, Revue Encyclopedique Larousse, D’Artillerie y la Revista Técnica (op. cit.). En agosto de 1889 se produjo la donación, por sus deudos, de 300 libros referidos a ciencias y al arte militar, pertenecientes al coronel Mariano Moreno, que fue director del Instituto. En 1927 se disponían de 6100 volúmenes en la Biblioteca, 750 en el curso superior y 500 en el casino de cadetes. Este patrimonio siguió incrementándose con el tiempo (actualmente se acerca a 40.000 volúmenes) y trasladándose a las sucesivas sedes. Así, el 29 de marzo de 1947, siendo director el coronel Juan Carlos Victorino Ruda (pro-
141 Organismo descentralizado que funciona en la órbita del Ministerio de Educación.
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moción 43), se formalizó la inauguración de la Biblioteca en el nuevo edificio del Palomar en una ceremonia que contó con la presencia del presidente, general de Brigada Juan Domingo Perón (promoción 38), y gran parte de su gabinete de ministros. Años más tarde, en 1967, se trasladó la Biblioteca del casino de cadetes al pabellón de estudios para hacerla más accesible, y en el año 1986 recibió el nombre de Islas Malvinas. En 1970, en un intento por aprovechar para la enseñanza el avance tecnológico, bajo la dirección del general de Brigada Mariano Jaime de Nevares (promoción 68), se creó el Circuito Cerrado de Televisión, que incluía hasta un set de filmación y tenía por finalidad proporcionar al profesor la posibilidad de incluir películas educativas como parte de sus clases, sin necesidad de moverse del aula. En el mismo sentido, 30 años más tarde, durante la gestión del entonces coronel Daniel Manuel Reimundes (promoción 100), con el asesoramiento técnico del teniente coronel José Fernando López (promoción 108), se licitó, adjudicó e instaló la red de internet por cable del Instituto. En el año 2000, siendo director el general de Brigada Alfredo Ortiz (promoción 98), se generó el portal educativo del cadete,142 cuyo diseño e implementación fueron mérito principal del entonces director de Estudios, el teniente coronel Roberto Luis Muñoz Betelu (promoción 107), y el ayudante de Docencia Christian Arneson. Durante este período también se concibió e implementó el proyecto de reforma de las aulas comunes, que procuró una actualización de estas e implicó el inicio del reemplazo de los tradicionales bancos con pupitre y tintero para pluma cucharita. En nuestros días el pabellón de enseñanza cuenta con 45 aulas generales y 13 aulas especiales (para idiomas, cartografía, laboratorios, auditorios, etc.). El Colegio tuvo a lo largo de su historial distintas publicaciones. Entre ellas destaca la revista Rumbo a la gloria, cuyo primer ejemplar se publicó en el año 1945 e incluía álbumes de distintas promociones. Continuando con este espíritu, en el año 2003, por iniciativa del coronel Jorge Raúl Kammerer (promoción 92), se creó la Revista Digital Universitaria (REDIU) que merced a la tarea de, entre otros, su coordinador general, el profesor Demetrio de Nastchokine, se sigue publicando en la actualidad. Un párrafo final para destacar la silenciosa y eficaz labor de apoyo que realizan los ayudantes de docencia y el personal civil de maestranza del pabellón de estudios, que aseguran el día a día
142 Actualmente, Campus Virtual del Colegio Militar de la Nación.
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Acto de colación de grados universitarios de la Promoción 128, realizado en el Salón de Actos el 12 de diciembre de 1997.Ceremonia presidida por el director del IESE, general Horacio Mauro. El subteniente Marincovich es el primero de la izquierda.
de las actividades académicas.
SUBTENIENTES Y… LICENCIADOS
Es habitual que cuando se le pide a un soldado que describa alguna experiencia que le ha tocado vivir en el pasado lo invada inmediatamente una sensación de nostalgia o cierto “declinismo”, es decir, la profunda creencia de que todo tiempo pasado fue mejor y que él mismo ha sido protagonista y espectador de un momento histórico singular que difícilmente vuelva a repetirse. Bajo la premisa de no caer en falsas añoranzas o en erróneas percepciones, pretendemos con este corto escrito sintetizar nuestro paso por el Colegio Militar de la Nación entre los años 1994 y 1997, período que forma parte de una etapa más amplia de profundas transformaciones que sufrió la Fuerza a finales del siglo pasado. Entre los múltiples cambios que comenzaron a instrumentarse a partir del año 1994 –algunos trascendentes y otros, tal vez, irrelevantes–, podemos recordar como el más significativo la modificación de los planes de estudio y todo lo que ello trajo aparejado. El cambio instrumentado no era un simple ajuste curricular de los tantos emprendidos a lo largo de la historia del Colegio Militar. Por el contrario, era una profunda reforma educativa en la esencia misma de la formación del futuro oficial, ya que implicaba el pasaje de una educación de pregrado universitario a una de grado, lo cual se buscaba lograr mediante la incorporación de la exigencia de alcanzar una licenciatura como condición necesaria y accesoria para el egreso del Instituto como subteniente. Este acontecimiento, que parece menor, no lo fue para la vida interna del Colegio Militar, especialmente para el resto del Cuerpo de Cadetes, que veía alterada tal vez para siempre prácticas y costumbres que habían sido forjadas a lo largo de décadas. Fueron años de tensión y de conflictos de convivencia, propios de toda organización en la cual coexisten estructuras e imaginarios disímiles y muchas veces contradictorios.
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Para nosotros también fue una experiencia difícil, ya que a una mayor exigencia de estudio se le sumó una sensación, muchas veces involuntariamente exacerbada por el resto del Instituto, de que estábamos traicionando y abandonando prácticas militares que formaban parte del espíritu y la mística de los cadetes del Colegio Militar. Es que con el cambio curricular se introdujeron un sinfín de modificaciones a hábitos que hacían a la formación del espíritu militar del futuro oficial argentino. Nosotros, quizás, fuimos la primera promoción que casi no conoció los “movimientos vivos” como práctica disciplinaria, ya que fue en este período donde se prohibieron totalmente este tipo de actividades. Tampoco tuvimos oportunidad de vivenciar, más allá de algunos casos puntuales, extensas jornadas de fajina o de orden cerrado, ni supimos de prolongadas retretas, ni de largas alocuciones nocturnas con oficiales o cadetes de años superiores. Los extensos tiempos que implicaban las actividades extracurriculares, tan importantes en la vida del Colegio Militar, se comprimieron hasta convertirse en momentos fugaces o simplemente se extinguieron. Todavía no sabemos si eso era lo correcto. Lo que es seguro es que muchas prácticas que hacían a la formación asistemática del cadete fueron abandonadas a partir del mismo momento en que nosotros cruzamos el arco de entrada, según nos decían, en beneficio de las actividades académicas y para crear las condiciones necesarias de estudio universitario. Fuimos, asimismo, una promoción que vivió un derrotero de avances y retrocesos en las transformaciones, experimentamos una etapa de formación militar básica de dos años que nos otorgaba la certificación de soldado básico para el primer año y la jerarquía, un tanto presuntuosa, de soldado avanzado en el segundo año. Esa fue una etapa que nos permitió traspasar los límites naturales impuestos por las diferentes armas tanto en lo profesional como en lo personal, lo que nos posibilitó forjar amistades y adquirir conocimientos más allá de la especialidad que posteriormente eligiera cada uno. Sin embargo, también fuimos testigos de los perjuicios ocasionados por esta iniciativa, ya que las diferentes subunidades del Cuerpo de Cadetes se vieron privadas de la fuerza nueva que las alimentaba cada año. Fuimos observadores de cómo las distintas armas perdían la capacidad de mantener muchas de sus tradiciones centenarias en beneficio de los cambios implementados. Fueron épocas de serenos civiles en los pasillos centrales, de pelotones y secciones integradas solamente por cadetes de tercer y cuarto año, y de un ejercicio del mando solamente entre compañeros de promoción.
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Otra práctica que se intentó implementar en ese período fue la denominada “libertad responsable”, concepción que alteró lo que el militar argentino entiende por orden en una organización militar, ya que nos permitía, al menos en teoría, disponer, conforme a nuestras propias obligaciones, del tiempo fuera de las horas cátedra. Eso, indudablemente, no era lo apropiado para jóvenes de 20 años con un régimen de internado, y causó grandes disgustos en los oficiales que veían a muchos cadetes durmiendo durante las tardes o paseando por las diferentes instalaciones del Instituto. Por otro lado, recordamos que nuestra promoción fue la primera que, al fin de su segundo año, no solo tuvo que elegir arma, sino también una carrera universitaria, lo que se hizo por estricto orden de mérito. Las opciones que se nos presentaron en ese momento fueron solamente dos, Licenciatura en Matemática Aplicada o Licenciatura en Administración de Empresa. Obviamente, la primera, para la cual había mínimas vacantes que alcanzaban a cubrir un aula, era la que la mayoría quería evitar. Sin embargo, fue cubierta rápidamente por los que aspiraban a ser en un futuro ingenieros militares. Pero el cambio curricular no fue la única decisión importante que nos tocó experimentar con un elevado impacto en la vida diaria, ya que a principios de 1997, cuando cursábamos nuestro cuarto y último año, se produjo un hecho que marcaría un hito en la historia del Instituto y del Ejército en su conjunto: la incorporación de la mujer al cuerpo de comando. La promoción 128 había sido en 1995 testigo privilegiado de los primeros pasos dados en la búsqueda de la plena integración de la mujer al Colegio Militar. Ese primer paso consistió en el traslado del curso de enfermeras profesionales que se desarrollaba hasta ese momento en la Escuela Militar de Oficiales de los Servicios para Apoyo de Combate. A estos dos acontecimientos sumamente trascendentes podríamos agregar y relatar cientos de otros cambios menores que en su momento nos parecieron irrelevantes, pero que en retrospectiva apreciamos como disruptivos y con una elevada carga simbólica. En esos cuatro años se dejó de vestir el histórico uniforme de salida de verano y se cambiaron el de gimnasia, el de aula y el de combate. Fuimos nombrados caballeros cadetes en dos oportunidades, ya que a nuestro encargado de compañía en el curso de segundo año le pareció que la envestidura del año anterior no había cumplido con los requisitos tradicionales. Debimos abandonar en el año 1995 las instalaciones del Instituto para que el Colegio Militar sirviera de villa olímpica de los Juegos Panamericanos de ese año. Algunas incomodidades de
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nuestra estadía en la Escuela de los Servicios para Apoyo de Combate “General Lemos” nos hicieron valorar y comprender la importancia de ciertas condiciones necesarias para el proceso educativo de un cadete. También en este período hubo importantes restructuraciones de las subunidades que conformaban el Cuerpo de Cadetes: se cerró la Segunda Compañía de Infantería antes de nuestro ingreso, se fusionó la Compañía de Intendencia con la de Arsenales en la denominada Especialidades y se creó la Compañía Femenina. En ese tiempo se buscó implementar el idioma portugués como obligatorio mediante clases que se impartían los días sábados, debido al incremento de las relaciones de la Argentina con la República Federativa del Brasil y acorde con la reciente creación del MERCOSUR. Ese esfuerzo, que nos privaba de tiempo de franco, fue recompensado con una comisión de intercambio que realizó la promoción en su totalidad a ese país a principios de nuestro cuarto año. Luego de cuatros años, al egresar en diciembre del año 1997, sentimos que dejábamos un Colegio Militar totalmente distinto al que habíamos ingresado. Sin embargo, teníamos en claro que era parte de un proceso mucho más amplio que también había alcanzado al Ejército Argentino y al país en su conjunto. Eran tiempos marcados por el fin del Servicio Militar Obligatorio, del auge de las misiones de paz, de una profunda revisión de la forma en que se ejercía el mando y de un mayor interés por el estudio de lenguas extranjeras y de estudios universitarios afines a la profesión militar, entre otras tantas cosas que marcaron esa época. En ese contexto, un 12 de diciembre de 1997 partimos de las instalaciones del Colegio Militar 85 subtenientes (61 oficiales del Cuerpo de Comando, siete oficiales de Intendencia y 17 oficiales enfermeras profesionales), convencidos de que estábamos preparados para las exigencias que debíamos asumir en un futuro inmediato y profundamente orgullosos del proceso que habíamos protagonizado, más allá de la mirada escéptica que con toda razón poseían ciertos integrantes del cuerpo de oficiales del Ejército Argentino. Hoy, a 20 años de nuestro egreso, si hiciéramos un balance deberíamos reconocer que muchas de las transformaciones que experimentamos en el Colegio Militar nos prepararon para los nuevos tiempos que debíamos enfrentar, y que, sin duda, la preparación universitaria nos permitió afrontar en mejores condiciones el contexto sumamente complejo que le tocó vivir al Ejército Argentino.
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En lo estrictamente individual, no podemos negar que el acceso a un título de grado nos otorgó una extraordinaria herramienta para hacer frente y superar con éxito las múltiples exigencias académicas que la institución nos ha planteado a lo largo de nuestro perfeccionamiento profesional y militar.
Mayor Sebastián Marincovich Abanderado de la promoción 128. Encargado de la Primera Compañía de Infantería en 1997
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Cadetes de enfermería en ejercicio de evacuación de heridos. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
LLEGAN LAS ENFERMERAS PROFESIONALES El 11 de mayo de 1995 se produjo la incorporación de personal femenino en el Colegio Militar de la Nación a través del escalafón Enfermería Profesional. El grupo estaba constituido por 18 docentes de la carrera, a cargo de la directora de estudios, la licenciada Gladys Bertone de González, cuatro oficiales, el jefe de compañía y tres oficiales del escalafón Enfermeras Profesionales. Las cadetes eran 51: nueve de tercer año y 42 de segundo año. Provenían de la Escuela Militar de Oficiales de los Servicios para Apoyo de Combate, con asiento en Campo de Mayo. Conviene rememorar brevemente los antecedentes de la formación de enfermeras profesionales en el Ejército. En el año 1960 se creó la institución civil Escuela de Enfermeras del Ejército en el Hospital Militar Central. Inicialmente dependía del Comando de Sanidad y luego pasó a depender del Comando en Jefe del Ejército. El plan de estudios era semejante al de las escuelas vigentes en ese tiempo en la Universidad de Buenos Aires, de Rosario y de Córdoba, al igual que los requisitos de ingreso. Las postulantes debían tener aprobado los estudios secundarios completos. Esta era una exigencia de avanzada para la época, ya que recién ocho años más tarde el Gobierno Nacional, a través de las secretarías de Cultura, Educación y Salud, determinó143 las características de la enseñanza de la enfermería profesional no universitaria, señalando, entre otros aspectos, la condición de ingresar con los estudios secundarios completos. Se firmó un convenio con la Organización Mundial de la Salud (Oficina Sanitaria Panamericana) para que consultoras de la institución internacional asesoraran sobre el plan curricular.
143 Según decreto 1469/68.
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La carrera duraba tres años con dedicación exclusiva y con un total de 3200 horas teórico-prácticas. Docentes de Enfermería de las escuelas universitarias de Rosario y Córdoba dictaron al comienzo algunas cátedras de Enfermería, al igual que profesoras del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires. La formación teórico-práctica se realizaba en el Hospital Militar Central y en hospitales de alta complejidad, nacionales y municipales de la Ciudad, según las necesidades. Si bien la escuela era civil, la intención de su creador, el entonces coronel médico José María Gómez Villafañe, era que se incorporara el escalafón al Ejército con el grado de oficiales. Se incluyeron, por lo tanto, materias como Sanidad Militar y Organización e Instrucción Militar. Su anhelo se concretó en 1982, cuando la escuela fue trasladada a un predio en Campo de Mayo, constituyéndose, con carácter militar, en la Escuela del Cuerpo Auxiliar Femenino del Ejército. Las cadetes egresaron por primera vez con el grado de subteniente en comisión enfermera profesional. En 1985 pasó a denominarse Escuela del Cuerpo Profesional Femenino del Ejército. En 1991 se incorporaron los oficiales profesionales provenientes de la Escuela “General Lemos” y cambió nuevamente el nombre por Escuela Militar de Oficiales para el Apoyo de Combate. En diciembre de 1992 se firmó un convenio con la UBA mediante el cual la carrera de Enfermería Profesional pasaba a ser unidad académica de la Facultad de Medicina de la Universidad. En 1995 se produjo el traslado de la carrera al Colegio Militar. En la etapa inicial de la carrera en el Colegio Militar entre los años 1995 y 2003, durante el primer año de incorporación la tarea se centró en tres aspectos fundamentales: Determinar la planta física y el plantel funcional. Continuar con el desarrollo del plan académico previsto para no alterar la formación y el egreso de las cadetes de tercer año. Adaptar la organización teórica y práctica de la enfermería a la planificación académica del Colegio Militar, buscando un equilibrio entre las características y necesidades de ambas estructuras. Considerando que el objetivo de la enfermería profesional es la promoción, prevención y recuperación de la salud de las personas, la familia y la comunidad, a través de actividades autónomas y de colaboración, es indispensable, por lo tanto, ofrecer a las estudiantes una sólida formación ética, científica y técnica. Este requerimiento fue reconocido y apoyado por la jefatura
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de Estudios a cargo del teniente coronel Adolfo Stel (promoción 105), y a su vez de nuestra parte valoramos la necesidad de incorporar una mayor instrucción y formación militar en las cadetes. Los contenidos teóricos de las diferentes ciencias de la salud se impartían en las aulas y la actividad práctica complementaria e indispensable se realizaba en diferentes hospitales seleccionados por su alta complejidad específica. En primer y segundo año se desarrollaban los contenidos fundamentales de la profesión y las enfermerías médico-quirúrgicas. El campo de prácticas era el Hospital Militar Central y el Hospital Militar Campo de Mayo. Coordinadoras docentes fueron las licenciadas Paulina Cremona de Repeto y María del Carmen Medrano de Orma Carrasco. En tercer año se cursaban las enfermerías en Materno Infancia y Psiquiatría. La docente coordinadora fue la licenciada Ana María Vignolo de Grati. La práctica hospitalaria se realizaba en la Maternidad “Ramón Sardá”, el Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”, el Hospital de Pediatría “Juan Garrahan” y el Hospital Neuropsiquiátrico “Teodoro Borda”. Estos hospitales son muy requeridos como campo de prácticas para el personal de salud, ya que al ser de alta complejidad brindan mayores y mejores experiencias de aprendizaje para los estudiantes. Nuestra Escuela de Enfermería siempre fue aceptada y reconocida por su elevada formación ético-profesional, por un plantel de docentes que demostraba su idoneidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje, por el buen comportamiento de nuestras alumnas, su cuidadosa presencia y correcto y bondadoso trato con los pacientes, y por el personal de los servicios de prácticas. En diciembre de 1995 se produjo en el Colegio Militar un hecho relevante: por primera vez desde su creación egresaron ocho enfermeras profesionales144 de Servicio de Sanidad, pertenecientes a la promoción 126. En el siguiente año, 1996, se recibió la visita de personal académico de la UBA, compuesta por personal jerárquico de la carrera de Enfermería de esta universidad, para inspeccionar el plan curricular que estábamos desarrollando, ya que todavía éramos su unidad académica desde 1992. La evaluación fue altamente positiva. Ese mismo año se realizó en el Colegio un seminario sobre la enseñanza de la enfermería profesional, en el que se asistió a escuelas civiles de profesionales de la salud de la Capital Federal
144 Las subtenientes Campos, Caro, Gómez, Mariño, Mendoza, Oviedo, Rilla y Valdez.
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dependientes de la UBA. Fue invitado todo el personal de Enfermería militar. Asistió un calificado grupo del Hospital Militar Central y del Hospital Militar Campo de Mayo. La evaluación de los asistentes fue muy satisfactoria. Como directora de la unidad académica de Enfermería fui designada y autorizada por la jefatura de Estudios del Colegio Militar para disertar en el aula magna de la Facultad de Medicina en la conmemoración de un nuevo aniversario de la enfermería argentina. A fines de 1996 nos desvinculamos de la UBA, ya que el entonces Instituto de Enseñanza Superior del Ejército (IESE) tramitó y logró el reconocimiento oficial de la carrera universitaria de Enfermería, según la resolución ministerial 0441/96. Otro hecho importante fue la titularización del personal de profesores de la carrera de Enfermería para ser incorporados como docentes universitarios del Colegio Militar. Los concursos abiertos se concretaron en el año 1999. Para nuestro escalafón, fue parte del tribunal examinador el entonces director de Enfermería de la UBA, el licenciado Fulvio Monópoli. Como parte de la formación profesional se incluye la Enfermería en Salud Pública, cuyas prácticas se realizan en centros de salud, postas sanitarias, escuelas, visitas domiciliarias y participación en programas de salud comunitaria. En el Colegio Militar realizamos importantes experiencias al respecto. La primera fue en la ciudad de Tartagal (Salta). La segunda, en la localidad de San Javier (Misiones). Docentes enfermeras y cadetes de tercer año integramos un equipo de salud compuesto por oficiales médicos, odontólogos y de enfermería para realizar acciones sanitarias de promoción, prevención y recuperación de salud en reservas wichis de Tartagal y comunidades carenciadas de San Javier. Docentes de Enfermería impartimos charlas a agentes sanitarios y maestros de escuelas rurales sobre patologías endémicas de la zona. Las cadetes realizaron vacunaciones, visitas domiciliarias, clases a niños y padres, colaboraciones en la atención médica con los controles y acciones pertinentes y en la derivación de enfermos a los hospitales para las afecciones que lo requerían. Fue una experiencia muy enriquecedora para todos los que participamos en ella y, sin duda, un importante aporte para esas comunidades tan necesitadas. Durante mi gestión propuse un plan de estudios que incorporaba un ciclo para alcanzar el primer grado académico en Enfermería, la licenciatura. Pero, evidentemente, no estaban dadas las
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condiciones todavía para aceptarlo. Afortunadamente, ello sucedió años más tarde y la licenciatura en Enfermería con orientación en Emergentología y Trauma fue reconocida por resolución ministerial 0413/ 2009. La carrera siguió desarrollándose conforme a los planes establecidos y dirigida, en su campo técnico- profesional, por personal capacitado para tal efecto. Licenciada en Enfermería y Gestión Educativa Gladys Bertone de González Egresada de la primera promoción de la Escuela de Enfermeras del Ejército en 1962 y directora de la carrera de Enfermería del Colegio Militar entre 1995 y 2003
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Banda Militar del CMN desfilando en Plaza de Mayo, probablemente hacia 1930. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 29340.
DEL TAMBOR DE ÓRDENES A LA AGRUPACIÓN SINFÓNICA
Hacer una reseña histórica de la banda de música del Colegio Militar de la Nación no es más que brindar una mirada del mismo Instituto, pero desde una perspectiva inusual. Describir el devenir histórico del Colegio Militar desde su misma fundación pero visto desde su banda, que en realidad nace con dos cornetas y dos tambores, genera de todos modos un ámbito de reflexión especial, por cuanto el músico posee una entidad muy particular desde el momento en que es una persona competente en el dominio de los sonidos y que esta habilidad se redimensiona cuando advierte la importancia de la efectividad de su trabajo, dado que implica un componente emocional muy fuerte que se pone en evidencia cuando el clarín surca el ambiente con su voz de bronce. Las acciones que lleva adelante el componente músico militar han sido lógicamente consecuencia de las órdenes emanadas de la dirección del Instituto y pueden brindar una perspectiva muy valiosa para cotejar con los relatos de los demás protagonistas, en tanto integrantes de un universo en común, el devenir histórico de nuestro querido Colegio Militar de la Nación. En el momento en que fue creado el Instituto no solo el Ejército estaba en una etapa de transformación, sino que el país mismo atravesaba un período de cambios, y naturalmente las bandas militares ofrecían una realidad muy diferente a lo de nuestros días. Había en el Ejército alrededor de 20 bandas muy heterogéneas entre sí en cuanto a su cantidad de músicos, organización técnica y modalidad de trabajo, pero ya en la Guerra de la Triple Alianza fueron numerosas las unidades que poseían bandas, y el anecdotario que dejaron es muy nutrido y rico en narraciones referenciales a la música en ese teatro de operaciones. Los testimonios recogidos al finalizar esta guerra permiten inferir que las bandas militares eran muy comunes y que estaban incorporadas al acervo del universo militar de aquella época, ya que poseían banda casi todos los regimientos hoy denominados históricos. Por eso resulta extraño que al momento de la creación del Colegio Militar no se le haya asignado una banda de música. En cambio, desde 1870 había, según los libros históricos, solo dos cornetas y dos tambores que eran empleados para coordinar las actividades propias del cuartel: diana, izamiento, reunión, silencio, etc.
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Esta cuestión fue advertida muy pronto, y en función de resolver esta necesidad se dispuso en 1880 la creación de una banda de música con una metodología muy común en aquella época: el nombramiento de un director o profesor de reconocida capacidad. En esa ocasión el elegido fue don Francisco Faramiñón, quien rápidamente fue reemplazado145 por Bautista Montano, y se asignó por decreto del presidente de la Nación un plantel de 29 jóvenes para ser formados como ejecutantes. Se seleccionaba, para ello, “a dos huérfanos por provincia, pobres, de buena salud, de entre 14 y 18 años”, que vinieron a las instalaciones de Palermo. Esta modalidad para formar una banda ya había sido aplicada exitosamente por San Martín en 1815, cuando seleccionó un grupo de soldados de origen afro en El Plumerillo y los envió a Buenos Aires a estudiar, y al cabo de dos años formó la Banda del 11 de Infantería, que cruzó los Andes y acompañó con sus sones las batallas de aquella epopeya gloriosa. Pero en Palermo el proyecto no prosperó. Al cabo de un año los jóvenes no habían aprendido música, Montano había renunciado y el propósito inicial se había dejado de lado, siendo empleados los huérfanos en numerosas actividades de maestranza y limpieza, sin recibir ningún tipo de salario. Este suceso, que devino en escándalo, pinta muy bien el ideario moral de los jóvenes cadetes del Colegio allá por 1881, por cuanto pronto se solidarizaron con los huérfanos y se manifestaron enérgicamente en contra de la situación de abandono de aquellos desdichados. La situación llevó al director del Colegio Militar a dar una rápida solución al problema, que, al fin de cuentas, dejó al Instituto sin su banda militar por varias décadas. El traslado del Colegio Militar a las instalaciones del hoy Liceo Militar “Grl San Martín” en 1892 no solucionó el tema, sino que hubo que esperar hasta 1911, para cuando el Servicio de Bandas del Ejército ya estaba organizado con los escalafones de oficiales y suboficiales, los cuadros orgánicos unificados y un total de 16 bandas con una doctrina y directivas comunes a todas ellas. En este contexto, fueron destinados al Instituto el capitán de banda Carlos Leonetti y 32 suboficiales músicos, con los cuales comenzó a funcionar la Banda del Colegio Militar de la Nación. Esta medida marcó el comienzo de un derrotero muy exitoso, ya que pronto la Banda Militar del Instituto fue ganando prestigio y de forma paulatina fue creciendo cuantitativa y cualitativamente, pasando por sus filas maestros de la talla de Germán Kern, autor de Arriba jinetes. Esta situación se consolidó cuando en 1938 el Colegio Militar se emplazó en El Palomar, con una organización técnica óptima para la época, un director de banda y 64 músicos.
145 Por su participación en la Revolución de 1880.
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En 1940 fue nombrado director de la Banda el prestigioso maestro Domingo de Ruvo, autor de la canción del Ejército Argentino, del infante, de Ingenieros, del chasqui de guerra y del Colegio Militar, entre otras. Ocupar un espacio en el centro de formación de los oficiales del Ejército obligó a mantener una banda tipo A con los mejores ejecutantes disponibles. Por eso no sorprende que a lo largo de su historia esta banda haya protagonizado actuaciones por todo el país y en el extranjero: en 1922 en Santiago de Chile, en 1948 en Montevideo, en 1978 en Brasil, en 2001 en Bélgica y en 2007 en Alemania, donde fue distinguida por su calidad y las autoridades alemanas le otorgaron una actuación en la Rundfunk Berlin Brandenburg, asiento natural de la Orquesta Sinfónica de Berlín, en un concierto combinado con el HeeresMusikkorp (Cuerpo de Músicos del Ejército) Nº 11 de Neubrandemburgo. Cabe acotar que al subir al escenario los músicos pidieron lucir el uniforme de cadetes y no el jaquette reglamentario propio de la Agrupación Sinfónica, a fin de homenajear al Colegio Militar de la Nación, que les posibilitaba estar allí. Es importante subrayar que desde 1996, por resolución del JEMGE,146 la Banda del Colegio Militar fue elevada a la categoría de Agrupación Sinfónica, incorporando cuerdas e instrumentos propios de esta organización técnica y llegando a obtener una alta calidad en sus producciones, las que le valieron las distinciones observadas en el párrafo anterior, además de sus actuaciones en los más importantes escenarios del país, como el Teatro San Martín, el Auditorio Nacional de La Plata, el Teatro Colón de Mar del Plata y el Teatro Colón de Buenos Aires en 2015, en ocasión del estreno de la cantata Malvinas. No obstante, no debemos olvidar que esencialmente la misión de la Banda es servir al Instituto apoyando la instrucción de orden cerrado, participando de todas las ceremonias, brindando conciertos culturales, enseñando las marchas militares, himnos y canciones, tanto nacionales como extranjeras (ya que recibe asiduamente delegaciones foráneas), y, fundamentalmente, acompañando todos los viernes, como lo hace desde hace más de un siglo, la salida franco de los cadetes al son de la canción del Colegio Militar, y generando emociones juveniles en todos los oficiales egresados cuando estos la escuchan en cualquier ámbito de nuestro país.
Coronel de banda Alberto Agüero147 Director de la Agrupación Sinfónica del Ejército, auxiliar de 1990 a 1992, adjunto y titular de 2000 a 2007
146 Resolución 5337, publicada en el Boletín Reservado del Ejército. 147 Títulos civiles: Licenciado en Ciencias de la Enseñanza Musical, director de banda y profesor de clarinete.
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Clase de esgrima en el cuartel de San Martin. Año 1930. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76088.
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El Instituto inició sus actividades en 1870, pero recién en el año 1874 el gobierno argentino nombró como profesor a Juan Bay, un prestigioso maestro de esgrima de origen italiano, para preparar a los futuros oficiales en ese caballeresco y noble arte, hecho que lo convirtió en el primer maestro de nuestro Ejército. Con profunda dedicación ejerció la cátedra de su especialidad durante 24 años, al término de los cuales, y por Orden General n.º 8, de enero de 1898, se le concedió el retiro con el grado de capitán en reconocimiento a los importantes servicios prestados. En paralelo a sus funciones, intervino en la comisión reformadora de la esgrima de fusil para la tropa. A consecuencia del entusiasmo creciente del personal de oficiales del Ejército por la actividad de esgrima, el entonces jefe de Estado Mayor, el general Alberto Capdevila (promoción 1), encomendó a una comisión integrada por los doctores Carlos Pellegrini, Marcelo Torcuato de Alvear, Francisco Beagley y el barón Antonio de Marchi que contratara a maestros de esgrima extranjeros. A estos maestros se les confirió la misión de organizar la primera Escuela Militar de Esgrima, que abrió sus puertas el 25 de septiembre de 1897 bajo la dirección del destacado Eugenio Pini, un heredero de las glorias de la Real Escuela Militar de Italia. Se dio, así, origen al Cuerpo de Gimnasia y Esgrima del Ejército, actual Servicio de Educación Física. Esta feliz circunstancia permitiría que para principios del nuevo siglo la actividad física en el Instituto estuviese normalizada, a la vez que integrada con las actividades académicas y la instrucción militar.
148 Locución latina que significa “más rápido, más alto, más fuerte”. Esta frase, adoptada por el Departamento de Educación Física del Colegio Militar, fue mencionada por el barón Pierre de Coubertin en la inauguración de los primeros juegos de la Edad Moderna en 1896 (Atenas). Está destinado a las personas que se atreven a batir récords y alienta a dar lo mejor de sí.
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Las nuevas instalaciones del Palomar inauguradas en 1937 contemplaban un pabellón de Educación Física adelantado para la época, que incluía un gimnasio cubierto, una pileta de natación climatizada y una sala de esgrima. Con el tiempo fueron incorporándose otras facilidades, como el campo de deportes con sus tribunas, las piletas descubiertas, el salón de complementos, el de rehabilitación, la pista de atletismo y las pistas de lanzamiento de granada y de pentatlón militar. La preparación física de los cadetes ha constituido históricamente uno de los pilares fundamentales en su formación integral. La finalidad ha sido crear hábitos y costumbres de una vida saludable, desarrollar los valores y virtudes que debe poseer todo militar y adquirir una aptitud y capacidad psicofísica que les permita a los cadetes sobrellevar y satisfacer las exigencias y contingencias propias del combate moderno, que, aunque hoy se libra entre sofisticados medios tecnológicos, no ha podido obviar la participación del hombre como factor determinante. La educación física militar no ha sido ajena a los cambios generados por la aparición de nuevas tecnologías, nuevos sistemas y métodos de entrenamiento. A causa de la revolución industrial, se pasó de la calistenia, donde se hacían ejercicios utilizando el propio peso corporal, a la gimnasia con sobrecarga de pesos fijos y sin ajuste de estilo globular. Así, se marcaba el comienzo del declive de la popularidad de los ejercicios con peso corporal. Luego aparecieron los pesos regulables con discos en mancuernas y barras, hasta que surgieron máquinas como la nautilus, entre otras, que permitían realizar varias ejercitaciones con sobrecarga en forma simultánea, y máquinas con poleas, etc. Progresivamente fueron incorporándose a los programas de Educación Física de los cadetes actividades como la natación, el combate cuerpo a cuerpo, la gimnasia deportiva, el atletismo, el boxeo y actividades aplicativas al combate, como el pasaje de pistas con obstáculos, el lanzamiento de la granada de mano y los métodos de entrenamiento para el desarrollo de las distintas capacidades físicas. El deporte también ha ocupado un lugar importante entre las actividades que desarrollan los cadetes. Estos participan integrando los equipos representativos de sus compañías en los torneos internos llevados a cabo en el Instituto, que a lo largo de la historia han ido cambiando su denominación y estructura. Por ejemplo, allá por los años 60 eran denominados “Antártida Argentina”. Actualmente se desarrollan los torneos deportivos “Cnl Janos Czetz” para cadetes masculinos de segundo a cuarto año, los “Cadete Falcón” para cadetes masculinos de primer año, que comprenden los siguientes deportes y/o disciplinas: atletismo, carrera a través del campo (8 km), natación, pentatlón militar, pentatlón moderno, acuatlón, esgrima, tiro deportivo, orientación, lucha, rugby (seven), fútbol, vóleibol, básquetbol, cinchada y danzas.
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Además, está el torneo deportivo “Remedios de Escalada” para cadetes femeninas de primer a cuarto año, que comprende los deportes y/o disciplinas de atletismo, carrera a través del campo (6 km), natación, pentatlón militar, pentatlón moderno, esgrima, acuatlón, tiro deportivo, orientación, lucha, vóleibol, fútbol 5, cinchada y danzas. Los cadetes también integran las escuadras deportivas representativas del Instituto de tiro, rugby, vóley masculino, básquet masculino, atletismo, natación, esgrima, lucha, orientación, pentatlón moderno y pentatlón militar. Participan en lo siguiente: En el nivel nacional (ámbito militar), en los campeonatos deportivos interfuerzas que se disputan anualmente con la Escuela de Aviación Militar y la Escuela Naval Militar. En el nivel nacional (ámbito civil), categoría federados, participan en las competencias organizadas por las federaciones argentinas, tales como la Federación Atlética Metropolitana, donde el cadete de cuarto año Nicolás De Vicenci de la Compañía de Arsenales obtuvo el título de campeón metropolitano en el año 2014 en lanzamiento de bala; la Federación Argentina de Pentatlón Moderno y Biathlon; la Federación Argentina de Luchas Asociadas; la Federación Argentina de Orientación; y la Federación Argentina de Tiro, entre otras. En los Juegos Universitarios Argentinos (Regionales y Nacionales), organizados por la Federación del Deporte Universitario Argentino, y en el Torneo de Rugby Universitario organizado por la Unión de Rugby de Buenos Aires. En el nivel internacional (ámbito militar) participan en lo siguiente: En los Festivales Sudamericanos de Cadetes Militares organizados por la Unión Sudamericana del Deporte Militar, que comprenden las disciplinas de tiro, natación, atletismo, esgrima y pentatlón militar. La obtención de la medalla de oro en Chile (2008) en la prueba pista de obstáculos en pentatlón militar por parte de la cadete de tercer año Gladys Schamberger, perteneciente a la Compañía de Intendencia, y de la medalla de bronce en Perú (2012) en Esgrima (Florete) por parte del cadete de tercer año José de Anchorena, perteneciente a la Segunda Compañía de Infantería, han sido logros deportivos relevantes para el Colegio en esta competencia. En los Juegos Mundiales de Cadetes organizados por el Consejo Internacional del Deporte Militar, que comprenden las disciplinas de tiro, pentatlón militar, natación, orientación, atletismo y vóley.
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Los cadetes integraron equipos representativos del Ejército Argentino en las siguientes disciplinas: pentatlón militar y pentatlón moderno. En el nivel internacional (ámbito civil) participaron integrando el equipo nacional representativo de la Federación Argentina de Pentatlón Moderno. Asimismo, cabe destacar que en las instalaciones del Instituto se han organizado eventos deportivos militares y civiles a nivel nacional e internacional de gran envergadura, tales como el Campeonato Mundial de Pentatlón Militar (en 1970 y 1975), el Sudamericano de Pentatlón Militar (en 1980 y 2002), el Torneo Atlético Estudiantil (en 1970 y 1981), con la participación de más de 17.000 alumnos de nivel secundario, el Mundial de Pentatlón Moderno (en 2011 y 2014), el Sudamericano y Panamericano de Pentatlón Moderno (en 2012 y 2016), el Campeonato Nacional de Lucha Libre y Greco-Romana (en 2012 y 2014), el Campeonato Nacional de Cross Country (en 2013), etc. Actualmente, la materia Educación Física se encuentra incorporada al plan de estudios y está organizada de la siguiente forma: En primer año se denomina Educación Física Básica. En este primer nivel de aprendizaje se procura el desarrollo de las distintas capacidades motoras (resistencia, fuerza, velocidad, flexibilidad y destreza) y su impacto fisiológico orgánico funcional y muscular a través de los ejercicios gimnásticos naturales y los métodos de entrenamiento aérobicos y anaeróbicos. En natación se comienza con la ambientación al medio acuático, la flotación y el aprendizaje del estilo “crol”. En segundo año se denomina Educación Física Aplicada al Combate. En este segundo nivel de aprendizaje, como su nombre lo indica, pasan a tener prioridad las actividades aplicativas al combate mediante el aprendizaje del pasaje de la pista de obstáculos, el lanzamiento de la granada de mano y la carrera a través del campo. En natación se comienza con el aprendizaje del estilo “pecho” y su función utilitaria. En tercer año se denomina Educación Física Aplicada al Combate y Defensa Personal. Este tercer nivel de aprendizaje encuentra su eje en el combate cuerpo a cuerpo como herramienta para la defensa personal, a través del sistema israelí Krav Magá. Se continúa con el aprendizaje de las actividades aplicativas al combate en un nivel avanzado. En natación se comienza con el aprendizaje del estilo “over”, su función utilitaria y las técnicas de nado subacuático. En cuarto año se denomina Educación Física y Didáctica Aplicada. En este cuarto nivel de aprendizaje se procura que el cadete adquiera los conocimientos básicos que le
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permitan desenvolverse como instructor de la materia Adiestramiento Físico Militar del Personal de Cuadros y Soldados Voluntarios en aquellas unidades que no cuentan con oficial de Educación Física. En natación se comienza con el aprendizaje de técnicas de salvamento y socorrismo en el agua y de primeros auxilios. Otro hito importante en este proceso de cambio ha sido la incorporación de la mujer en todas las armas y especialidades. Ellas ingresaron al Colegio Militar en igualdad de condiciones con sus pares varones, de acuerdo a las normas establecidas por la Fuerza. Al respecto, cabe destacar que cuando se trata de pruebas que evalúan capacidades físicas individuales relacionadas con estándares de rendimiento, las exigencias a cumplir son distintas para los varones y para las mujeres, respetando sus diferencias biológicas, que están científicamente comprobadas. En cambio, no existe distinción alguna cuando se trata de pruebas físicas que involucran capacidades individuales para realizar actividades aplicativas al combate que guardan relación con el empleo operacional, donde los parámetros a evaluar están planteados en términos de competencias relacionadas con el rol de combate a cubrir. Finalmente, resta un reconocimiento a los oficiales y profesores de Educación Física, que, auxiliados por el personal civil de apoyo, permiten el desarrollo de la actividad física diaria en procura de los objetivos que han sido señalados.
Coronel de Educación Física Jorge Alberto Antonio Bergese Jefe del Curso de Formación de Subtenientes de Educación Física (de preparación y básico) durante el año 2010 y jefe del Departamento de Educación Física del Colegio Militar entre 2011 y 2016
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Cadetes femeninas del arma de artillería en los torneos “mejor artillero” y “mejor sirviente de pieza” del año 2018. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
MUJERES EN EL CUERPO COMANDO
Luego de rendir los exámenes de ingreso en octubre de 1996, nos incorporamos el 27 de enero de 1997 al Colegio Militar de la Nación 62 cadetes femeninas ante la mirada atónita, en algunos casos, e incrédula, en otros, de hombres que se preguntaban y cuestionaban si las mujeres podríamos sortear las dificultades de la vida militar y cómo podíamos sentir vocación militar de la misma forma que la sentían ellos, un sentimiento exclusivo hasta ese momento de unos pocos. Puede decirse que la repercusión de esta situación se percibía en el aire y en los rostros, pero esas miradas tenían su fundamento razonable, claro que sí. Este radicaba en que estaban ingresando las primeras mujeres al Cuerpo Comando en la historia del Ejército Argentino, institución fundacional de la Nación argentina. Fue, obviamente, un cambio de paradigma para la época. De los cuatro años, los dos primeros fueron los más difíciles. En primer año estaba la complejidad de dejar de ser civil para ser militar, de pasar tener una actividad física moderada a tener exigencias difíciles, de estudiar en un nivel secundario a pasar al universitario, todo en un ámbito diferente. Puntualmente para nosotras, las mujeres, se nos planteaba el hecho de ser de Cuerpo Comando pero estar alojadas en otro ámbito, en la Compañía Femenina, la subunidad del servicio de Enfermería.149 Esta dicotomía, exclusiva de nuestro primer año, generó algún desconcierto debido a que la instrucción militar la realizábamos con el curso de primer año de Cuerpo Comando, en donde el trato y las exigencias eran difíciles, pero nos alojábamos en la Compañía Femenina, en donde, si bien éramos casi todas mujeres, también éramos “sapo de otro pozo”, como se dice comúnmente, porque no éramos enfermeras. En honor a la verdad, esta situación no fue del todo negativa si la
149 La Compañía Femenina se encontraba compuesta por los cursos de primero, segundo y tercer año de cadetes mujeres enfermeras.
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analizamos hoy, ya que nos permitió en ese momento, y sin darnos cuenta, crear un espíritu de cuerpo particular entre nosotras y sobrellevar las dificultades con más ahínco, porque empezamos a sentir que teníamos que lograrlo justamente por eso, porque el contexto nos era adverso. Primer año fue sumamente especial, quizá porque en muchos aspectos fue prueba y error. Hoy recordamos con cariño anécdotas simpáticas, como por ejemplo los enormes uniformes verde oliva que usábamos debido a que no había talles más pequeños para mujeres, la jura de la bandera en primer año con el uniforme especial, pero con zapatos y gorra de hombre, la orden de las enfermeras de llevar “rubor y maquillaje” a las salidas al terreno… algo inexplicable para nosotras, que usábamos crema de enmascaramiento. Lógicamente, ellas no tenían las mismas actividades. También recordamos un clásico de los días de instrucción de tiro, el hecho de compartir el baño con los cadetes en el polígono, porque, indudablemente, había un solo baño y era de hombres. En fin, miles de anécdotas que siempre recordaremos con humor. Por supuesto que había una esperanza de cambiar esa situación: pasar a las subunidades de las armas a fin de año. En realidad eran esperanzas inocentes, porque sabíamos que en las subunidades los cadetes que estaban en segundo año pagaban el derecho de piso por haber ingresado al arma que nos guiaría durante toda nuestra carrera. En el fondo, la esperanza se sustentaba en la necesidad de sentir que pertenecíamos a un lugar. A segundo año pasamos menos de la mitad de esas 62 cadetes originales, teniendo en cuenta que en ese momento solo se ingresaba a las armas de Artillería, Ingenieros y Comunicaciones, y a las especialidades de Intendencia y Arsenales. La elección de armas fue un momento muy especial porque se juntaban la sensación de ansiedad de poder elegir lo que una creía que le gustaba, el deseo de sentirse cómoda con una elección que perduraría toda la vida militar y, lógicamente, el desafío de poder sobrellevar las exigencias de algo que era nuevo para todos los cadetes, tanto hombres como mujeres, pero con el aditamento de que nosotras íbamos a ser una vez más un bicho raro en el arma a la que ingresáramos. Todavía recuerdo ciertas medidas adoptadas por las subunidades. Desconozco si hoy se mantienen. Una de ellas fue dejar de hacer retreta en pij216 ama, algo bastante lógico, ya que iba a haber hombres y mujeres formados con esa vestimenta. Otras medidas fueron la famosa “línea roja” de unos 20 cm pintada en el piso de un pasillo de la Batería de Artillería, que significaba que ningún cadete masculino podía pasar (solo el jefe de pelotón), sumada a un semáforo que cuando estaba en rojo significaba “¡cuidado! cadetes femeninas bañándose”; o los
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diez minutos que nos daban a diana en la Compañía de Ingenieros para que ya estuviéramos vestidas cuando el jefe de pelotón ingresara, aspecto que se replicó cuando años más tarde me tocó ser jefe de pelotón de cadetes hombres. Como era de esperar, para muchos ese segundo año fue más difícil que el primero. En mi opinión personal, lo fue. Muchos cadetes quedaron en el camino por las exigencias académicas, físicas y de adaptación a un nuevo ambiente como lo son las armas, con sus particularidades e idiosincrasia que requieren de cada individuo una especial resiliencia para adaptarse a las adversidades, transformar la angustia en fuerza motora para superarse y salir fortalecido, o al menos tenerla siempre presente como guía, que es una etapa dentro de la vida en el Colegio. Afortunadamente, los hombres y, particularmente, las mujeres que conocí en esos cuatro años pudieron adaptarse y cambiar de hábitos para sobrellevar tantas exigencias. Lógicamente, por ser mujeres, no habíamos sido criadas y preparadas por nuestros padres para tener la vocación militar y concretarla. Tercero y cuarto año tuvieron la particularidad del ejercicio del mando. Desempeñarse como jefe de pelotón o jefe de sección es un desafío para cualquiera en esa temprana edad. También lo fue para los cadetes masculinos, que debían ocupar el rol de jefe de pelotón o sección, particularmente en el control de las habitaciones y el aseo personal y pulcritud de nuestros uniformes. Pienso que en el fondo fue más fácil y natural para nosotras controlar a subalternos masculinos que para ellos pasar revista a cadetes mujeres, porque nosotras no teníamos la cuota de prejuicios que algunos de ellos podían tener y que, en definitiva, debían superar. Por el contrario, nosotras habíamos elegido el ambiente masculino, nos obstinamos en permanecer y, a pesar de lo esperado, nos íbamos adaptando. Para los cadetes subalternos seguramente fue una situación difícil al inicio tener una jefe de pelotón, pero tenían algo a favor que los ayudaría a adaptarse mejor al ejercicio del mando de una cadete superior: ellos tenían compañeras mujeres, superiores mujeres y subalternas mujeres, lo cual hacía más natural la visión de la mujer y, lógicamente, la integración de ella, integración que no solo estaba marcada por el esfuerzo de la mujer por integrarse a ese ámbito, sino por el esfuerzo del hombre en aceptarlo y adaptarse. A lo largo de la carrera muchas fueron las veces en las que me sentí que era la nueva en un lugar no común de la mujer. Sin embargo, esa impresión fue desapareciendo con el tiempo a medida que una ejercía responsabilidades en el puesto que, por su jerarquía, le tocaba desempeñar. Empezaba a ser tan natural para uno como para el entorno.
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Hoy, después de finalizar el Curso de Oficial de Estado Mayor, tengo la firme idea de que en los puestos y roles se buscan capacidades, y que esas capacidades no van de la mano con el hecho de si se es hombre o mujer, sino con el hecho de adquirir un conjunto de competencias que define la institución y que las personas que formamos parte del Ejército Argentino, si queremos ser eficientes en nuestro rol, debemos alcanzarlas sin distinción de género. Esta es la mejor enseñanza que podemos dejarles a nuestros subalternos. De aquellas 62 jóvenes mujeres, egresamos 13 subtenientes el 12 de diciembre de 2000, de Artillería150, Ingenieros151, Comunicaciones152 e Intendencia.153 Por distintas cuestiones de la vida, en actividad hoy permanecemos menos de la mitad. Aún recuerdo la ceremonia con la concurrencia de periodistas de revistas y diarios que escribieron artículos sobre las primeras egresadas del Instituto, que hoy en día se pueden leer en internet. No fue en vano el esfuerzo de todas las que enfrentamos ese desafío en el año 1997, porque no nos olvidemos que éramos adolescentes, sin nuestras familias cerca para que nos contuvieran, en un entorno disímil. Claramente no estábamos preparadas y aun así enfrentamos ese reto, ese miedo a lo desconocido pero que nos empujaba a seguir, ese cambio de paradigma y la adversidad que generaba… Lo aceptamos, y claro… sin lugar a dudas, abrimos una brecha que con el tiempo fue facilitando la adaptación de la mujer dentro de la institución, marcando un antes y un después en la historia de nuestro querido Ejército Argentino.
Mayor Julieta Susana Retamar Promoción 131. Integrante de la primera promoción de mujeres en Cuerpo Comando
150 Cecilia Herrera Silva, Silvana Rucci, Romina Lombardi. La Compañía Femenina. 151 Julieta Susana Retamar, Romina Soldad, Laura Lepphaille. 152 Maricel Cordido, Gabriela Cassasola, Leticia De Soisa, Analia Turrini. 153 Sara Cubito, Lorena Blanco, Graciela Arguello.
Cursantes médicos participando del “Simposio de Emergencia” realizado en el instituto, en el año 2018.
HACIA UN ÚNICO INSTITUTO DE FORMACIÓN DE OFICIALES
Como último director de la Escuela de Oficiales “Fray Luis Beltrán”, desarrollaré lo que significó su cambio de ubicación y dependencia, para finalizar en el Colegio Militar de la Nación. Es interesante recordar que este proceso se inició al recibir la directiva del Comando de Institutos Militares de trasladar la Escuela, debido a que en el lugar que ocupaba también funcionaba el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz, el cual se haría cargo de todo el predio, que pasaría a depender del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Para cumplir con esa directiva, se visitaron distintos cuarteles donde había instalaciones vacías como la ex Escuela de Comunicaciones y la ex Escuela de Caballería, pero finalmente se resolvió el traslado de la escuela al Colegio Militar de la Nación, con la idea de lograr un único instituto de formación de oficiales. Allí comenzó la gran odisea: incorporarse a ese Instituto, que no quería un elemento ajeno que le modificara sus actividades ni desprenderse de ninguna instalación, y mucho menos que cambiara su rutina de años. El primer problema que enfrentamos fue que el Colegio Militar no podía absorber todo el plantel del personal que integraba la Escuela, por lo que se debía seleccionar el cuerpo de profesores, oficiales y civiles que pasarían a continuar sus servicios con nosotros y cuáles debían ser puestos a disposición para ser redistribuidos. Allí surgieron dificultades, pues era tan fuerte simbólicamente ese cambio que muchos no se sentían en condiciones de hacerlo y pidieron no ir. Otros, pese a haber sido seleccionados por su excelencia académica, fueron objetados por no tener título universitario. El segundo problema fue la asignación de instalaciones para la dirección, para el cuerpo directivo y para los cursantes. A mi ayudante, la capitán enfermera Leonor Dávila, y a mí nos asignaron dos oficinas en el pabellón de Dirección, en el ala opuesta a la del jefe del Cuerpo de Cadetes, al lado del sector de Finanzas.
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El cuerpo directivo fue ubicado en la planta baja del pabellón de Estudios, precisamente en el ala oeste, donde se encontraba anteriormente el gabinete psicopedagógico. Las aulas asignadas para los cursos fueron las del segundo piso, en el ala este, que fueron convenientemente acondicionadas. Con el alojamiento de los aspirantes el tema fue más complicado. Nosotros llevábamos personal masculino y femenino, mayor que los cadetes. Aquellos debían alojarse en un mismo edificio, ya que no había suficientes habitaciones para que estuvieran en alojamientos separados. Se nos designaron las instalaciones del segundo piso en el pabellón del Batallón de Infantería, que hubo que adaptar para que nuestras actividades no interfirieran con la de los cadetes. Otro tema fue la identificación del personal. A los cursantes en la Escuela de Oficiales “Fray Luis Beltrán” se los denominaba por el grado de oficial conforme a su futuro egreso, y portaban esas insignias, lo que no se les permitió en el Colegio, donde se les dio la designación de “cursantes”, identificándolos con un barrita blanca. No usarían ropa de cadete ni uniforme de salida, manteniendo para ello el uniforme de diario y el traje civil para salida. Llegó al fin el día 14 de agosto de 2000, la disolución de la Escuela y el comienzo de una nueva etapa para todos los que fuimos destinados al Colegio Militar. Esto significó un gran desafío, porque se debía lograr una integración entre dos institutos distintos en su cultura organizacional. La Escuela pasó a llamarse Agrupación Especialidades, y estaba, en el organigrama del Colegio, en el mismo nivel que el Cuerpo de Cadetes, aunque la realidad demostró que esa equivalencia no fue aceptada por una cultura en donde este último tenía un altísimo valor simbólico. Por ello, a pesar de mis esfuerzos por generar un espacio para esta nueva organización, al año siguiente se modificó la jerarquía del jefe de la Agrupación, que pasó a ser un mayor con dependencia del Cuerpo de Cadetes, mientras que yo continué en el Colegio ocupando el cargo de secretario de Extensión Universitaria. Hubo infinidad de anécdotas. Entre ellas, la contrariedad del subdirector, que no aceptaba que un teniente coronel jefe de una agrupación que le dependía tuviera una ayudante con grado de capitán, teniendo él un ayudante con grado de teniente primero, al igual que el jefe del Cuerpo de Cadetes. Desde el punto de vista académico, los cambios no fueron significativos. Nosotros llevábamos un equipo de educación a distancia, que el Colegio no tenía, porque la Agrupación mantuvo su responsabilidad en el desarrollo del curso avanzado de la especialidad o del servicio y del curso de logística de recursos materiales, que tenían una etapa con esa modalidad.
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Otra gran diferencia fue la salida para el franco. En la Escuela de Oficiales “Fray Luis Beltrán” se hacía luego de una sencilla formación en la que se despedía a los cursantes y ellos marchaban sin banda hasta la puerta. En el Colegio, salían saludando al director del Instituto, desfilando con la marcha del Colegio Militar junto con el resto del Cuerpo de Cadetes. El gran cambio para los cursantes, en especial para el personal femenino, fueron las actividades descentralizadas. Ellas concurrían a diversos destinos como práctica de su profesión e iban con la impronta de corrección en el vestir y en el peinado que les imprimía el Instituto. Al llegar a su destino, y para no poner en evidencia al personal más antiguo, este les exigía (incorrectamente) dejar de lado el uso reglamentario del rodete en el cabello. Cuando volvían a presentarse en el Colegio para su evaluación, lo hacían siguiendo el uso diario y debían enfrentarse a severas observaciones, difíciles de entender para una joven profesional. Por último, otro gran cambio fue recibir en el Colegio a personal de oficiales de los grados de tenientes de Arsenales e Intendencia, para cursos de ascenso, y a capitanes de todas las especialidades y servicios, que debían ser tratados como cursantes –a estos, por ejemplo, no se les permitía el ingreso al casino de oficiales y debían almorzar en sectores reservados del comedor de cadetes, en su calidad de alumnos–. Estas circunstancias con los cursos de perfeccionamiento, ajenos a un instituto de formación, se solucionarían años después cuando los cursos fueron transferidos a la Escuela de las Armas y Especialidades. Así, permanecieron en el Instituto solo los cursos de formación de oficiales de abogados, bioquímicos, farmacéuticos, médicos, odontólogos, de la banda, el Sistema de Computación de Datos, el curso de pilotos, veterinarios y el de Educación Física.
Coronel Javier Horacio Astigueta Promoción 106. Director de la Escuela de Oficiales “Fray Luis Beltrán” en 2000
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Primera promoción egresada del Escalafón Complemento de las Armas en agosto de 2002. En primera fila el mayor Palomino y los oficiales instructores. Gabinete Fotográfico del CMN.
UN NOVEDOSO SISTEMA DE INCORPORACIÓN SE PONE EN MARCHA
En el año 2001 se mantenía una constante disminución en el reclutamiento del personal de oficiales y suboficiales que desde años anteriores provocaba distorsiones en la estructura piramidal de los efectivos de la Fuerza, especialmente en las unidades de combate. Esta tendencia afectó también a los efectivos de egreso del Colegio Militar, con armas que en cuarto año tenían pocos cadetes. Por tales circunstancias, el jefe de Estado Mayor, el teniente general Ricardo Guillermo Brinzoni (promoción 95), ordenó estudios para diseñar y desarrollar un sistema alternativo al tradicional que permitiera incrementar los cuadros aumentando las vacantes en los institutos de formación. Debía promover básicamente el concepto de “incorporación por período determinado”, atrayendo recursos humanos con vocación militar de variados orígenes y otorgando igualdad de oportunidades y posibilidades de superación. Finalizados los estudios, la orden especial 1010/01 del Estado Mayor estableció las bases legales y generales del denominado Sistema de Incorporación del Ejército Siglo XXI. Como parte del mismo, el Subsistema de Incorporación de Oficiales ordenaba la creación en el Colegio Militar del Centro de Formación de Aspirantes a Oficiales. En él se formarían los oficiales de complemento de las armas y las especialidades de Arsenales e Intendencia. Se buscaba incorporar en el nuevo sistema a graduados universitarios, estudiantes universitarios o terciarios con segundo año aprobado en cualquier carrera, suboficiales destacados, subtenientes de reserva (egresados de los liceos militares) y excadetes del Colegio Militar con segundo año aprobado. Empezábamos a transitar un camino que ya utilizaban otros ejércitos de primer orden con distintas variantes, en donde se complementaban e integraban distintos sistemas de incorporación.
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En aquellas circunstancias me desempeñaba como oficial de operaciones del Cuerpo de Cadetes con el grado de mayor. No olvidaré aquella tarde de septiembre cuando el director del Colegio, el general Alfredo Antonio Ortiz (promoción 98), me convocó a su despacho para comunicarme que se conformaría un equipo de trabajo que realizaría los estudios necesarios para que el Centro de Formación de Aspirantes a Oficiales estuviera constituido en diciembre, y también que me desempeñaría como su primer jefe a partir del año 2002. Contábamos con cuatro meses para diseñar la organización, concebir los planes curriculares y determinar los recursos humanos, los materiales y la infraestructura necesaria. Simultáneamente, el Colegio Militar, las unidades y los organismos de la Fuerza comenzaban una intensiva campaña de difusión en sus respectivas jurisdicciones. Paralelamente a esta planificación debíamos pensar cómo sería la transición para insertar esta nueva organización dentro del marco del sistema tradicional. Era indispensable que estos jóvenes fueran aceptados e integrados a la cultura del Instituto. Para ello, el Cuerpo de Cadetes agregó en su cuadro de organización a la Agrupación Escalafón Complemento de las Armas (núcleo del Centro de Formación de Aspirantes a Oficiales). La finalidad era que todos los oficiales de las armas, especialidades y servicios egresaran con la misma impronta y sentido de pertenencia. Demostrar que era posible formar a estos jóvenes de orígenes, edades y formaciones intelectuales tan diferentes en la exigencia del “deber ser” y en las mismas condiciones que un cadete se convirtió en un primer desafío. La respuesta sobre cómo lograríamos en la práctica estos objetivos sin contar con experiencia previa la encontraríamos en las mismas fortalezas que el Instituto nos proporcionaba con su infraestructura, calidad en recursos humanos, valores y tradiciones para la formación en el mando y la obediencia al futuro oficial. Para fines de diciembre del año 2001 tuvimos muy buenas noticias respecto de los postulantes, que alcanzaban los 171 hombres. Realizados los exámenes de admisión, se seleccionaron 83 para incorporarse en el año 2002. Este efectivo respecto a su origen se dividía en 30 subtenientes de reserva, 30 estudiantes universitarios, 15 suboficiales y ocho excadetes. En los primeros días de febrero estos jóvenes pasaron por el arco de entrada con proyectos e ilusiones. Nosotros los recibimos conscientes de nuestra responsabilidad para con ellos y el Ejército. Sin demoras, comenzamos un período de 20 días de instrucción y adaptación. Los universitarios integraron el denominado Ciclo I a cargo del teniente primero Germán Oscar Cerrato (promoción 126) y los que ya tenían formación militar integraron el Ciclo II con un oficial ins-
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tructor por arma, desempeñándose como tales los tenientes primeros Alejandro Marcelo Rodríguez Correa (I promoción 124), Marcelo Gustavo Lassus (C promoción 124), Mauricio Gerardo Silvestre (A promoción 126), Eugenio Carlos Asenia (Ing. promoción 124) y Daniel Alejandro Guerra (Com. promoción 123). En este comienzo el Ciclo II fue nuestra mayor exigencia. Teníamos que nivelar conocimientos entre subtenientes de reserva y suboficiales para formarlos como oficiales de complemento de las armas en seis meses. Posteriormente, en el mes de agosto, ya integrados con los subtenientes del sistema tradicional, realizarían el Curso Básico de las Armas, y finalizado este en diciembre serían destinados a las unidades como subtenientes en comisión. Con los universitarios resultó clave afirmar su vocación manteniéndolos motivados y con deseos de permanecer. Progresivamente incrementábamos las exigencias para adaptarlos a la vida militar y cimentar la confianza en sí mismos. Disponíamos de un año y medio para completar su formación. Este esfuerzo se reflejó en la primera salida de franco durante el desfile frente a las autoridades y oficiales del Instituto. La Agrupación desfiló con frente de seis, marcando el paso redoblado “dejando huella”. Con mis oficiales sentimos orgullo por cada uno de ellos, y la mirada de todos los presentes hacia nosotros no sólo mostró aprobación, había también reconocimiento. Ese día dejamos de ser un proyecto para convertirnos en una realidad para el Instituto. Finalizado este período de adaptación, comenzamos a desarrollar las actividades previstas. Los oficiales instructores impartían sus clases de lunes a miércoles. Los jueves y viernes recibían clases del área académica militar con docentes militares y civiles. Todo el tiempo disponible era para recibir conocimientos militares. Esa importante carga horaria representó la mayor fortaleza del sistema. En el alojamiento los organizamos como una subunidad de cadetes, cuyo jefe fue el capitán Carlos Andrés Delgado (promoción 123), con sus roles de combate y puestos para la administración y gobierno. De esta manera, creamos las condiciones para que ejercitaran el mando los cursantes del Ciclo II con los del Ciclo I. En este ámbito ideal aprendían a ordenar y obedecer, siempre con la guía de sus oficiales. En aquel primer año trabajamos mucho para lograr la integración con el sistema tradicional, fundamentalmente con los cadetes. Aprovechamos cada oportunidad sabiendo que solo lo lograríamos si se conocían y compartían actividades en conjunto. Las maniobras de mitad de año
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consolidaron ese camino. El Ciclo II se integró a cada arma y el Ciclo I a primer año con Infantería. El resultado fue bueno, hubo las mismas exigencias y nuestros cursantes se esforzaron para cumplirlas y por ser respetados. Otras actividades también se sumaron a este esfuerzo: participar en el Torneo Deportivo de Cadetes, integrar las escuadras, compartir las mesas en el comedor y las actividades en el casino de cadetes, la jura de la bandera y la ceremonia de investidura. Todas las áreas del Instituto colaboraron para el logro de ese objetivo. Ante las razones que motivaron a estos jóvenes para incorporarse, la mayoría respondía: “es una nueva oportunidad que se presenta para ser oficiales del Ejército”. Se referían a distintas circunstancias de origen. Los universitarios antes de iniciar sus carreras ya habían pensado en ingresar, pero no lo hicieron por razones diversas. Los subtenientes de reserva, porque no querían volver al régimen de internado por un período prolongado, y los suboficiales, por superación profesional. Todos los que trabajaron en ese comienzo lo hicieron con compromiso. Destaco en particular a los seis oficiales instructores seleccionados por sus armas que protagonizaron ese desafío. Formaron y conocieron a cada cursante, obteniendo resultados y rendimientos de excelencia. Más importante aún, garantizaron, con un exigente proceso de selección, que tenían las condiciones para ser oficiales. En diciembre del año 2002, realizado el Curso Básico de las Armas, recibimos los informes finales del Curso. Teníamos por primera vez una visión externa de estos primeros egresados. Los resultados fueron muy buenos. En particular se destacaron los exsuboficiales. También existían aspectos a mejorar. Tomamos debida nota y nos pusimos a trabajar confiados en que el rumbo era correcto. En el comienzo del segundo año tuvimos 283 inscriptos. Ingresaron nuevamente 83 cursantes. Se mantuvo constante el número de universitarios, disminuyó el de subtenientes de reserva y se incrementó el de suboficiales y cadetes reincorporados. También ingresó la primera cursante femenina. Con los resultados obtenidos, se consolidó en los niveles superiores la decisión de mantener este sistema alternativo. Estas circunstancias facilitaron otros avances: el uso del uniforme de cadete para los cursantes del siglo XXI, la creación de una subunidad con orgánica y efectivos acordes y la aprobación para incorporar en el año siguiente las especialidades de Arsenales e Intendencia.
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El Ejército Argentino, con este sistema alternativo, incorporó a sus filas hombres y mujeres que ampliaron el efectivo en los grados subalternos del oficial. Además, permitió el aprovechamiento de variados talentos con vocación al promover el ingreso de profesionales universitarios ya formados: ingenieros, biomédicos, licenciados en diversas disciplinas, etc. Esta fortaleza podía ser aprovechada en los roles subalternos y representaba a futuro una diversidad estimable para otros cargos. Estos jóvenes querían ser “soldados”, y nosotros los formamos así. Nos dieron lo mejor de ellos al confiar en la institución. Fueron destinados a las unidades y tuvieron buenos desempeños a lo largo de sus carreras. He seguido su paso viéndolos crecer profesionalmente con importantes logros. Formar a esos oficiales fue un privilegio para todos. Nuestro reconocimiento a ellos y el agradecimiento a los que confiaron en que seríamos capaces de hacerlo bien.
Coronel Roberto Raúl Palomino Promoción 114. Jefe de la Agrupación Escalafón Complemento de las Armas en los años 2002 y 2003
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Ingeniero Civil Domingo Selva (1870 – 1944), profesor del CMN (1916 – 1924) y autor de los planos del Complejo Edilicio del Palomar. Foto obtenida en el año 1924.
39 LOS PROFESORES
La importancia que se daba a la educación del oficial se observa ya desde los primeros momentos del accionar de la Primera Junta. El secretario Mariano Moreno afirmaba al respecto lo siguiente: “El oficial del ejército después de asombrar al enemigo por su valor debe ganar a los pueblos por el irresistible atractivo de su instrucción”. La práctica docente del Cuerpo de Profesores del Colegio Militar se ha caracterizado por tener ese sentido, que podemos resumir como la elección de un camino que cuenta con cuatro aspectos que le han dado solidez y coherencia a través del tiempo: el propósito, la trascendencia, la pertenencia y el desarrollo de una historia de vida. El Cuerpo de Profesores del Colegio Militar ha contado desde su fundación con estos cuatro pilares de su tarea, puestos de manifiesto ya por el presidente Domingo Faustino Sarmiento en su mensaje de apertura de las sesiones del Congreso Argentino en mayo de 1873, cuando se refiere a la Escuela Militar: “El Cuerpo de Profesores que la dirige ha dejado satisfecho el propósito de su creación”. La guía para el accionar docente se enuncia en el primer párrafo de la primera orden escrita por el director del Colegio Coronel Juan Czetz, que dice: “El objeto de la enseñanza en este Colegio tiene por base primordial la formación de militares esclarecidos en la teoría y fuertes en la práctica del arte militar”. La labor docente en el Colegio Militar la podemos describir también con las palabras de por quien se ha instituido el Día del Profesor del Colegio Militar, el profesor, escritor e historiador José Manuel Estrada, que nos dejó el siguiente concepto: “Es una tarea que va más allá de un trabajo, de un título o de un cargo, y tampoco se agota en la vocación (…) Es la elección de una forma de vida que se asume en cada una de las cátedras desde la labor diaria, las exigencias, la esperanza y la alegría de hacer lo que elegimos ser”.
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Estas cualidades han estado presentes a lo largo de la historia del Colegio Militar en personalidades como el entonces capitán Agustín Pedro Justo, quien luego ocupara el cargo de presidente de la Nación; el notable escritor, historiador y director de la Biblioteca Nacional, Paul Groussac; el presidente de la Academia Argentina de Letras, el Dr. Raúl Castagnino; el sobresaliente jurisconsulto, legislador y estadista Estanislao Severo Zevallos, profesor titular de la cátedra de Derecho Internacional; y el Dr. Juan Carlos García Santillán, profesor de Retórica y Prácticas del Idioma, autor de El libro, la biblioteca y el cadete, obra valiosa tanto por su contenido útil y ameno como por ser editada por el Colegio Militar en oportunidad de la inauguración de la Biblioteca del Instituto. En la asignatura Táctica se destacaron en 1924 el entonces mayor Carlos Maximiliano von der Becke (promoción 32), brillante militar y docente, para lo cual tenía aptitudes especiales, respaldadas por una sólida formación como oficial de Estado Mayor enriquecida por su biblioteca personal formada por obras históricas y literarias; y el mayor Roque Lanús (promoción 38), que por su capacidad en el dictado de la asignatura fue enviado en una misión militar argentina para desarrollar un curso de instrucción para jefes y oficiales paraguayos. La cátedra de Pólvoras y Explosivos contó con el profesor Francisco Carulla, que escribió en 1879 un tratado sobre explosivos, y desde entonces los profesores tuvieron como objetivo enseñar los fenómenos químicos y el conocimiento de este material que ayuda a evitar accidentes y actuar ante situaciones que el militar enfrentará en su vida profesional. El general don José de San Martín decía que “era necesario contar con un ojo para ver y una mano diestra para trazar en el papel el producto de un minucioso y detenido reconocimiento del terreno, designando para esta tarea el sargento mayor Álvarez de Condarco, que la desarrolló con toda eficiencia en el Cruce del Ejército de los Andes”. En línea con este ejemplo histórico, el Colegio Militar contó con la materia Topografía, en la cual se destacó como profesor el teniente primero Raúl Chichizola (promoción 43), que escribió en 1927 un texto de topografía militar elemental como aporte al conocimiento de esta asignatura indispensable en la vida militar. El estudio de geografía se considera fundamental para cumplir con la misión del Ejército en la defensa del territorio nacional, en cuanto a obtener el conocimiento de su ambiente geográfico y la comprensión de los fenómenos naturales y sociales que en él se desarrollan. En la materia Geografía Física Argentina se desempeñó entre los años 1924 y 1948 el profesor Augusto Tapia, al cual se lo recuerda por su rica producción científica, su densa y fructífera actividad como geólogo de campo y su increíble capacidad para trazar los perfiles de cualquier latitud de la República.
Corazones de Patrio Sentir
Más acá en el tiempo se destacó el profesor Servando Dozo, que fue presidente de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos en la década del ochenta. El aprendizaje de otros idiomas permite enriquecer la vida, experimentar nuevas ideas, beneficiarse de la diversidad cultural en la producción del conocimiento y en el desarrollo humano. Con estos objetivos, el Colegio Militar incluyó desde su creación el estudio de idiomas extranjeros, sobresaliendo en esta tarea el teniente Juan Morris, que fue el primer profesor de inglés, y, en tiempo reciente, el profesor Efraín Davis, un formador de formadores, dedicado investigador y gran soñador de la enseñanza de lenguas extranjeras en la Argentina. En la formación del cadete se ha contado con la asignatura Pedagogía y Didáctica, cuyo objetivo es enseñar a enseñar y dominar los distintos métodos, técnicas y recursos didácticos necesarios para adquirir las competencias indispensables a fin de que el alumno se pueda desempeñarse como instructor y educador militar. Esta materia fue impartida por sobresalientes profesores, entre los cuales se destacó últimamente el licenciado Alberto Oscar Pescio no solo como profesor sino también en la tarea de gestión de la capacitación docente. A partir de 1989 comenzaron a desarrollarse estudios de nivel universitario con un planteo pedagógico-didáctico enmarcado en la búsqueda de respuestas nuevas, en la estimulación del pensamiento creativo, en la reflexión teórica y su proyección práctica, en el espíritu de investigación y en una síntesis entre ética y acción que identificara al egresado como un profesional idóneo para la defensa de la Nación. Una organización que caracteriza a una institución de nivel universitario es la labor de las cátedras, que les permite a los profesores en un trabajo en equipo abrirse a conocimientos nuevos, discernirlos y enriquecer su tradición. En este contexto siempre cobró y cobra relevancia la formación de los profesores, que, con un enfoque estratégico, tendió a mejorar sus capacidades técnicas, humanas y conceptuales, que estaban relacionadas con la complejidad total de la organización, su identidad, sus objetivos y su relación e integración con la comunidad. El Colegio Militar fue creando un sistema de mejora continua de la calidad educativa con la interrelación del planeamiento estratégico, la autoevaluación y la gestión participativa de todos sus integrantes, proceso que fue evaluado en el año 2000 por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, que destacó el trabajo del cuerpo de profesores, hecho que significó un sello de calidad educativa para la institución. La gestión para la mejora continua de la calidad educativa ha tratado de movilizar conocimientos, habilidades y actitudes, animar y construir relaciones, formar cátedras e integrar
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Colegio Militar de la Nación
equipos, preparándose para afrontar los cambios, creando modelos de aprendizaje basados en competencias para ponerse a la altura de una generación que ha crecido y está acostumbrada a interactuar y aprender en redes sociales abiertas. Para la gestión académica se creó en 1999 el cargo de director de carrera, que tiene como misión vincular el plan de estudios con el aula, velando por las acciones que permitan el logro de los perfiles de las carreras, para transformar, así, los objetivos académicos en realidad, atendiendo a que los educandos reciban oportunamente los conocimientos contenidos en el plan curricular. Ante esta formación basada en competencias y ante los cambios de carreras y planes de estudio, el desafío de cada profesor ha sido la creación de un entorno para el aprendizaje natural y crítico donde el cadete aprenda enfrentándose a problemas reales, construyendo un saber, un saber hacer y un saber actuar en diferentes situaciones teniendo en cuenta los valores que hacen a la identidad institucional. El ejemplo es a todas luces el mejor método de enseñanza, y, en este sentido, los profesores militares y, especialmente, los que son veteranos de guerra de Malvinas se constituyen con su historia de vida en un modelo que impulsa a la imitación y orienta en el deber ser a sus educandos. La sala de profesores, que cuenta con la placa ofrecida por el cuerpo de profesores en el centenario de la creación del Colegio y cuadros que recuerdan a los señores profesores fallecidos, ha sido el ámbito de encuentro, de diálogo y recuerdo de todos los integrantes que dejaron y dejan el testimonio de su noble tarea en nuestras aulas. El papa Juan Pablo II, en su mensaje a los universitarios, afirmó lo siguiente: “Cread una verdadera familia universitaria empeñada en la búsqueda de la verdad y el bien. Perseguid una seria actividad investigadora. Trabajad por el auténtico progreso de vuestras patrias”. En este camino estamos en el cuerpo de profesores con todos los integrantes, autoridades, ayudantes de docencia y personal civil de apoyo, teniendo presente...
La opinión que sobre la formación del oficial del Ejército tenía el secretario de la Primera Junta de Gobierno, el Dr. Mariano Moreno. El objetivo de la enseñanza en el Colegio redactado por su primer director. La confianza transformadora que del cuerpo de profesores tenía nuestro fundador.
Corazones de Patrio Sentir
El concepto de la tarea docente que poseía José Manuel Estrada. El reconocimiento a todos y cada uno de sus profesores. La integración de las actividades de docencia, investigación y extensión académica y comunitaria en el trabajo de las cátedras. La idea de cambio y mejora continua de la calidad educativa. El cumplimiento de la misión de los directores de carrera. La memoria de profesores que no están materialmente presentes, pero permanecerán siempre en nuestro recuerdo. El ejemplo de vida de los profesores militares, especialmente de los veteranos de guerra de Malvinas. La esperanza de que los jóvenes profesores tomen el testimonio y lo sigan desarrollando con esfuerzo, responsabilidad y optimismo.
Todo esto, siempre teniendo en cuenta los cuatro aspectos del sentido de nuestra tarea: el propósito, la trascendencia, la pertenencia y la historia de vida que hemos tejido y vamos tejiendo día a día. Finalmente, solo me resta destacar el orgullo personal de formar parte del cuerpo de profesores del Colegio Militar y de poder dar testimonio de la tarea desarrollada en los últimos 40 años.
Demetrio de Nastchokine Magíster en Educación, Licenciado en Administración y profesor del Colegio Militar desde 1974 al presente
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General de Brigada Agustín Humberto Cejas. Director del CMN. Enero 2019 Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
A MODO DE EPÍLOGO EL COLEGIO MILITAR EN VÍSPERAS DE SU SESQUICENTENARIO En este año 2019, año del sesquicentenario de la presidencia de nuestro fundador Domingo Faustino Sarmiento, el Colegio Militar de la Nación, a punto de cumplir los primeros 150 años de su creación, lo hace con el mismo espíritu al que el coronel Juan Czetz hace referencia en su primera orden escrita: “El objetivo de la enseñanza en este colegio tiene por base primordial la formación de militares esclarecidos en la teoría y fuertes en la práctica del arte militar”. Esta aseveración se ha mantenido inalterable a lo largo del tiempo, constituyéndose en la visión que orienta a este instituto de modo permanente. Ejerzo la dirección en El Palomar, en los edificios que conforman este complejo arquitectónico que cumplió 80 años de vida y cuyo centro simbólico está ubicado en el patio de honor, lugar que resguarda los apellidos de más de 20.000 graduados, dispuestos en las columnas de las 148 promociones que se formaron integralmente en esta fragua de valores del Ejército Argentino, líderes competentes prestos a enfrentar el desafío de ejercer la conducción de sus organizaciones en la paz y en la guerra. La educación de los oficiales de nuestro Ejército ha migrado por diferentes modelos educativos en estas últimas décadas, tiempo que permitió precisar los saberes que definen la entidad profesional de la milicia, así como también establecer una identidad universitaria que alcanza plenitud en la actualidad mediante la concreción de las tres funciones sustantivas de ese ámbito: la docencia, la investigación y la extensión.
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Colegio Militar de la Nación
Este Colegio Militar, como sede universitaria de la Facultad del Ejército, dicta dos carreras de grado, la Licenciatura en Conducción y Gestión Operativa, de cuatro años de duración, con orientación en armas, Intendencia y Arsenales, cuyo último plan curricular fue aprobado en julio del año 2017, y la Licenciatura en Enfermería Universitaria, con orientación en emergentología y trauma, acreditada ante la CONEAU, carreras diseñadas específicamente para la formación de los oficiales, quienes reciben un título de grado académico a su egreso, hecho relevante en el proceso de formación de esta casa de estudios. Junto con la carga horaria de las materias de fundamento y profesionales se mantiene inalterable la interacción de los cadetes con sus oficiales instructores, que no es una mera tutoría. Por el contrario, es una condición necesaria para amalgamar contenidos y competencias, pero, por sobre todo, el espíritu de la milicia y los valores compartidos que hacen a la mística de la vida militar. En este orden de ideas, los oficiales instructores tienen a su cargo el 60 % del tiempo académico de la licenciatura. Además, el plan curricular destina 60 días a la práctica profesional, que se materializa como actividad operacional de instrucción en el terreno, para consolidar la actitud y aptitud que todo cadete adquiere en su condición de soldado. Para contribuir con esta meta, los oficiales instructores pasan en promedio 110 días del año fuera de sus hogares en cumplimiento de esta noble función que materializa la misión de educar. Orientamos este proceso formativo para que los cadetes consoliden una filosofía para el ejercicio de la profesión, sostenida en tres ejes de acción fundamentales. El primero es un sólido estado físico que les permita no solo compartir el esfuerzo de la vida en campaña al frente de sus hombres, sino también disponer de la reserva física necesaria para poder apreciar, resolver y ordenar, es decir, conducir su fracción. El segundo es la capacidad técnica para dominar el empleo de los medios aplicando todas las destrezas básicas del soldado necesarias para orientarse, moverse, comunicarse, seleccionar y apuntar las armas, entre otras competencias. El tercer eje es la capacidad táctica, entendida como la aplicación del conocimiento teórico a la situación en desarrollo. Este conocimiento es el que marca la diferencia entre el oficial y la fracción conducida. Sobre estos ejes sostenemos la formación ético-profesional de los cadetes, para que internalicen valores tales como la fe en Dios, el amor a la patria, la lealtad a la Constitución Nacional y la vocación de servicio a la nación. Valores que los iluminarán para tomar la decisión correcta,
Corazones de Patrio Sentir
impartir la orden precisa, expresar el juicio exacto a su personal y realizar el asesoramiento más certero, siempre guiados por el deber ser, respetuosos de la dignidad de los hombres y mujeres que tienen a sus órdenes. De cara al futuro, el Colegio mantiene como meta alcanzar el 100 % de la habitabilidad en los alojamientos de cadetes, que se encuentran hoy al 85 %. También está en pleno desarrollo la actualización de las redes informáticas, rediseño que aumentará la capacidad para la gestión universitaria, la investigación y el apoyo al estudio, así como también para la interacción de los estudiantes a través de plataformas educativas, de programas y de redes sociales. Es dable destacar que el ingreso institucional del Colegio a las redes sociales es un logro, ya que se puede aprovechar el efecto multiplicador de estas herramientas para difundir la oferta educativa a los jóvenes que están definiendo una alternativa de estudios superiores, así como también la posibilidad de permitir a los familiares conocer y seguir la actividad diaria de los cadetes. Interactuar a través de las redes demuestra la capacidad de adaptación a las demandas y usos de la sociedad, proyectando y manteniendo una sólida imagen institucional. Marcando un importante avance en la actualización de medios de ayuda para la educación, se instalaron componentes materiales y virtuales en las aulas de instrucción que potencian la figura del cadete como actor del proceso de enseñanza aprendizaje. Además, se incorporaron sistemas de proyección interactivos y se estructuró una mesa de arena digital en el pabellón de Instrucción de Artillería. Sin embargo, estamos en el inicio de una reformulación integral de esta modalidad de apoyo, ya que se encuentra en elaboración un proyecto para el diseño del futuro Centro de Simulación del Instituto que permitirá dar un salto cualitativo en la forma de aplicar ese tipo de herramientas, actuales y futuras, conformando un verdadero núcleo de modernidad. En esta sede universitaria del Colegio Militar, además, avanzamos en actividades académicas extracurriculares que, de manera flexible, permiten complementar los saberes y abordar proactivamente conocimientos que serán necesarios para los conductores que estamos formando. Así, se puede destacar un seminario relacionado con estudios de caso centrado en la guerra híbrida como modelo actual de conflicto, analizando la operación Serval en la República de Mali en 2013. En sesiones dinámicas que tuvieron la premisa de la integración y la valorización de la educación castrense, es una actividad académica interdisciplinaria conjunta con cadetes navales y aéreos integrados con estudiantes de universidades nacionales y privadas. Otro seminario de tecnologías es el dictado por la Facultad de Ingeniería del Ejército para cadetes de tercer y cuarto año, que
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Colegio Militar de la Nación
complementa dos materias curriculares dictadas en primer y segundo año y aborda la aplicación de la tecnología a los ingenios de la guerra y las comunicaciones. De manera análoga, se destaca un simposio con el aporte de especialistas del Comando Conjunto de Ciberdefensa, al cual fueron invitados todos los institutos de formación de las Fuerzas Armadas para introducir este espacio como un nuevo dominio en el que se desarrollan operaciones. Este solar también es sede de una jornada de reflexión sobre el liderazgo como atributo esencial del jefe, con la participación de estudiantes universitarios civiles, quienes, junto a nuestros cadetes, se reconocieron como actores esenciales del futuro. La intención es posicionar al Colegio Militar de la Nación como un instituto universitario referente de todo lo relativo a la temática del liderazgo. Con el paso del tiempo y próximos al sesquicentenario, el arco de entrada del Colegio Militar de la Nación se mantiene majestuoso y, como símbolo, es la puerta de entrada para jóvenes de todas las provincias, porque está representada la pluralidad y diversidad de nuestra nación como demostración cabal de su concepción federal. Tiene, además, una importante participación en la integración regional, ya que cadetes de otras naciones hermanas, como Panamá, Paraguay y Perú, desarrollan el ciclo de formación completo en nuestro país. Merece una mención especial el intercambio académico mediante el cual los cadetes argentinos pueden cursar estudios y realizar actividades operacionales en Chile durante un semestre del año, y, en reciprocidad, los cadetes chilenos pueden hacer lo propio en nuestro país. Además, se ha concretado un acuerdo específico entre la Universidad Nacional de la Defensa y la Universidad de North Georgia que dicta que a partir de 2019 dos cadetes argentinos podrán cursar un semestre en EE. UU. y, a su vez, dos cadetes de este país serán recibidos en Argentina por igual período. De hecho, en el segundo semestre de 2018 hubo tres cadetes de este Colegio en Fort Benning que fueron alumnos del cursillo de liderazgo, además de que se llevaron a cabo gestiones para iniciar un intercambio académico con West Point a partir de 2020. Como siempre, este Colegio Militar mantiene un ciclo ininterrumpido de realimentación de profesionales, que orgullosamente visten el uniforme de cadete en 2019. Serán, al egresar, un nuevo y sólido eslabón de la cadena de líderes del Ejército responsable de mandar y educar a sus hombres en el contexto del proceso de reconversión de la Fuerza, que los tendrá como protagonistas. Todo esto, de cara al futuro para afrontar desafíos en un ambiente volátil, interconectado, complejo y ambiguo que hoy no puede definirse, pero que, de hecho, los encontrará como decisores.
Corazones de Patrio Sentir
En definitiva, 150 años de historia que nos comprometen a quienes tenemos la transitoria responsabilidad de este presente, conscientes de que nuestro trabajo se conecta con el legado de una pléyade de oficiales del Ejército Argentino moldeados en esta fragua de líderes, que nos trasciende y se proyecta con los cadetes hacia el futuro de nuestra patria.
¡Feliz aniversario, Colegio Militar de la Nación!
General de Brigada Agustín Humberto Cejas Promoción 115. Director del Colegio Militar de la Nación
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San Martin Cadete en el Regimiento de Murcia. Cuadro donado por el coronel González Moreno, con motivo del Centenario del CMN. Equipo de difusión de la Secretaria de Extensión del CMN.
EL APRENDIZ DE SOLDADO
Este ejército que ves vago al yelo y al calor, la república mejor y más política es del mundo, en que nadie espere que ser preferido pueda por la nobleza que hereda, sino por la que él adquiere; porque aquí a la sangre excede el lugar que uno se hace y sin mirar cómo nace se mira cómo procede. Aquí la necesidad no es infamia; y si es honrado, pobre y desnudo un soldado tiene mejor cualidad que el más galán y lúcido; porque aquí a lo que sospecho no adorna el vestido el pecho que el pecho adorna al vestido. Y así, de modestia llenos, a los más viejos verás
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Colegio Militar de la Nación
tratando de ser lo más y de aparentar lo menos. Aquí la más principal hazaña es obedecer, y el modo como ha de ser es ni pedir ni rehusar. Aquí, en fin, la cortesía, el buen trato, la verdad, la firmeza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la obediencia, fama, honor y vida son caudal de pobres soldados; que en buena o mala fortuna la milicia no es más que una religión de hombres honrados.
Versos escritos en 1650 por Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), poeta español y soldado de Infantería.
Corazones de Patrio Sentir
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Los subtenientes de la Promoción 50 son agasajados por las autoridades del Círculo Militar. Enero 1925. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 76152.
ANEXO 1 PROMOCIONES DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN CON SU AÑO DE EGRESO Prom 1 6 11 16 21 26 31 36 41 46 51 56 61 66 71 76 81 86 91 96 101
Año 1873 1879 1885 1890 1896 1901 1907 1911 1916 1921 1925 1930 1935 1939 1943 1947 1951 1956 1961 1965 1970
Prom 2 7 12 17 22 27 32 37 42 47 52 57 62 67 72 77 82 87 92 97 102
Año 1874/5 1880 1886/7 1891 1897/8 1903 1908 1912 1917 1922 1926 1931 1936 1940 1944 1947 1952 1957 1962 1966 1971
Prom 3 8 13 18 23 28 33 38 43 48 53 58 63 68 73 78 83 88 93 98 103
Año 1876 1881 1887 1892 1898 1904 1909 1913 1918 1923 1927 1932 1937 1941 1944 1948 1953 1958 1963 1967 1972
Prom 4 9 14 19 24 29 34 39 44 49 54 59 64 69 74 79 84 89 94 99 104
Año 1877 1883 1888 1893 1899 1905 1910 1914 1919 1924 1928 1933 1938 1942 1945 1949 1954 1959 1964 1968 1973
Prom 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 70 75 80 85 90 95 100 105
Año 1878/9 1884 1889 1894/5 1900 1906 1910 1915 1920 1924 1929 1934 1939 1943 1946 1950 1955 1960 1964 1969 1974
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Colegio Militar de la Nación
Prom 106 111 116 121 126 131 136 141 146
Año 1975 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015
Prom 107 112 117 122 127 132 137 142 147
Año 1976 1981 1986 1991 1996 2001 2006 2011 2017
Prom 108 113 118 123 128 133 138 143 148
Año 1977 1982 1987 1992 1997 2002 2007 2012 2018
Prom 109 114 119 124 129 134 139 144 149
Año 1978 1983 1988 1993 1998 2003 2008 2013 2019
Prom 110 115 120 125 130 135 140 145 150
Año 1979 1984 1989 1994 1999 2004 2009 2014 2020
General Alberto Capdevila (1856-1905) Promoción 1. Primer egresado del Colegio Militar en ser su Director. Argentina Archivo General de la Nación Depto.Doc. Fotográficos. Consulta INV: 67700.
ANEXO 2 DIRECTORES DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN “Caballeros cadetes: Cuando el Creador me llame a dar cuenta de mi vida y me pregunte ¿qué has hecho en la tierra?, yo le contestaré: He tenido el honor de ser dos veces el director del Colegio Militar de la República Argentina”. General Julio de Vedia en su despedida (29 de agosto de 1888)
Grado
Nombre
Período
Coronel
Juan Fernando Czetz
1870-1874
Coronel
Mariano Salustiano Moreno
1874-1876
General
Julio de Vedia
1876-1880
Coronel
Simón Andrés de Santa Cruz
1880-1887
General
Julio de Vedia
1887-1888
Teniente coronel
Enrique Miguel Luzuriaga
1888-1890
Prom. CM
Observaciones Ejército de Línea 18651 Ejército de Línea 1826 Ejército de Línea 1855 Ejército de Línea 1857 Ejército de Línea 1855 Ejército de Línea 1862 Interino (subdirector a cargo)
252
Colegio Militar de la Nación
Grado
Nombre
Período
General
José Ignacio Garmendia
1890
General
Nicolás Honorio Palacios
1890-1892
Coronel
Francisco Smith
1892-1893
Prom. CM
Observaciones Ejército de Línea 1859 Ejército de Línea 1862 Ejército de Línea 1865 Interino (subdirector a cargo)
General
Alberto Capdevila
1893-1895
Coronel
Carlos Enrique O’ Donnell
1895 -1897
Teniente coronel
Ramón Jones
14 de abril / 18 de junio 1896
General
Francisco Reynolds
Coronel
Juan Felipe Duclós
General
Pablo Riccheri
Teniente coronel
Antonio Tassi
General
Francisco Reynolds
Coronel
Andrés Eugenio Rodríguez
General
Arturo José Orzábal
1904-1905 y 1907 1906-1907
Teniente coronel
Pastor Ricardo Marambio
1907-1909
Coronel
Cornelio Gutiérrez
1910-1915
1
7
1897-1904
1904 27 de octubre 1904/03 febrero 1905 4 de febrero / 15 de abril 1905
Ejército de Línea 1869 Interino (subdirector a cargo)
Ejército de Línea 1867 7 6 16
1905-1906 12
Interino (subdirector a cargo) Ejército de Línea 1867 Interino en tres oportunidades
8 Ejército de Línea 1882 Interino (subdirector a cargo) Ejército de Línea 1874
Corazones de Patrio Sentir
Grado Coronel Coronel Coronel Coronel General Coronel Coronel Coronel Coronel
Nombre Ricardo Anacleto Solá Agustín Pedro Justo Luis Jorge García Francisco Walter Reynolds3 Francisco José Guido y Lavalle Juan Nerón Tonazzi Juan Carlos Bassi Emilio Antonio Víctor Daul Oscar Rufino Silva
General
Ernesto Florit
General General General General General Coronel General General
Juan Carlos Victorino Ruda Héctor Julio Ladvocat Ángel Juan Manni Julio Ángel Maglio Eugenio Joaquín Arandía José Pablo Spirito Bernardino Nicomedes Labayru Rosendo María Fraga
Coronel
Gustavo Adolfo Nazareno Martínez Zubiría
General
Carlos Roberto Moore
General
Juan Carlos Cordini
Coronel
Manuel Carmen Soria
Período 1911-1912 1915-1922 1923-1929 1929-1933 1933-1936 1936-1939 1939-1940 1940-1944 1944-1946 12/19 de octubre 19454 1946-1950 1950-1951 1951-1952 1952-1955 1955-1956 1957 1958 1959-1960 23 de junio / 24 de septiembre 1959
Prom. CM 16 18 21 23 24 31 33 35 40
Observaciones Interino2
33 43 45 44 50 53 58 57 58 64
1960-1961 29 de diciembre 1961/ 27 de abril 1962 27 de abril / 10 de julio 1962
62
9 de agosto 1962 / 28 de enero 1963
65
Interino (subdirector a cargo)
59
Interino (subdirector a cargo)
253
254
Colegio Militar de la Nación
Grado
Nombre
General
Julio Rodolfo Alsogaray
General General General General General General General Coronel General General General General General General Coronel General General General VGM General General General Coronel Coronel General General General General
Prom. CM
Juan Nicolás Esteban Iavicoli Juan Carlos De Marchi Alcides López Aufranc Mariano Jaime De Nevares Jorge Rafael Videla Antonio Facundo Serrano José Antonio Vaquero
Período 11 de julio / 8 de agosto 1962 1963-1964 1965-1966 1967-1968 1969-1970 1971-1973 1973-1974 1974-1975
Arturo Amador Corbetta
1975
76
Observaciones
63 63 66 68 68 73 75 75
Reynaldo Benito Antonio Bignone Adán José Alonso Osvaldo Jorge García Luis Santiago Martella Alberto Carlos Lucena Mario Jaime Sánchez Juan Carlos Etchepare Antonio José Deimundo Piñeiro Oscar Osvaldo Sálomon
1975-1976
76
1976-1977 1977-1979 1980 1981-1982 1982-1983 1984 1985-1987 1987-1988
77 77 77 79 81 83 83 86
Diego Alejandro Soria
1988-1989
87
David Martín Ruiz Palacios Enrique Alberto Lusso Enrique Alberto Grazzini Miguel Ángel Moreno Daniel Manuel Reimundes Alfredo Antonio Ortiz Jorge Alberto Tereso Raúl Horacio Gallardo Gustavo Roberto D’Amico
1990-1992 1993 1993-1995 1996-1998 1999 2000-2002 2003 2003-2006 2007-2008
88 92 93 99 100 98 101 102 104
Interino (subdirector a cargo)
Corazones de Patrio Sentir
Grado General General General VGM General General General General
1 2 3 4
Nombre Roberto Enrique Pritz Fabián Emilio Alfredo Brown
Período 2009-2010 2010-2011
Prom. CM 107 108
Bari del Valle Sosa
2011-2012
109
Alejandro Luis López Carlos Alberto Podio Agustín Humberto Cejas Roberto Ariel Agüero
2013-2014 2015-2016 2017-2019 2019 - 2020
111 113 115 117
Observaciones
Año de ingreso al Ejército, según el criterio del estudio de Figueroa (2002). Aplica para todos los casos del Ejército de Línea. Director de la Escuela de Tiro. Ejerció ambos cargos entre el 17 de junio de 1911 y el 24 de octubre de 1912. Hijo del general Francisco Reynolds. Primer director del Liceo Militar General San Martín. Designado durante la semana convulsionada que culmina el 17 de octubre de 1945.
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Promoción 129 en viaje de Estudios al Reino de España. Foto obtenida en la Escuela de Infantería sita en Toledo. Presidio la comisión el Director Coronel Miguel Ángel Moreno. Noviembre 1998. Gabinete Fotográfico del CMN.
ANEXO 3 VIAJE DE ESTUDIOS DE LAS PROMOCIONES 100 A 150 DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN Prom.
Lugar
Prom.
100
No realizó
101
Lugar Por tercios: Brasil y Paraguay,
Prom.
Lugar
102
Panamá
105
España
Chile y Patagonia, Perú 103
Por mitades: Panamá y Brasil
104
España Alemania
Alemania España 106
Francia e Italia
108
107
España
Francia Francia Inglaterra Canadá 109
No realizó
110
EE. UU.
111
EE. UU. y Ecuador
114
Tucumán, Salta, Jujuy
Perú 112
Brasil-EE.UU. Perú
113
No realizó
258
Colegio Militar de la Nación
115 118 121 124 127 130
No realizó EE. UU. No realizó No realizó No realizó No realizó
116 119 122 125 128 131
133
EE. UU.
134
136 139 142 145 148
Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego. No realizó Córdoba, Tucumán, Salta Jujuy, Entre Ríos y Misiones. No realizó No realizó
No realizó EE. UU. No realizó No realizó Brasil EE. UU. Río Negro Santa Cruz Tierra del Fuego
117 120 123 126 129 132 135
España No realizó No realizó No realizó España EE. UU. Mendoza y Misiones Chubut, Santa Cruz y Río Negro No realizó
137
Neuquén y Río Negro
138
140
No realizó
141
143
Mendoza y San Luis
144
Mendoza y San Luis
146 149
No realizó No realizó
147 150
No realizó No realizó
Resumen: Argentina, 9; América Latina, 4; América del Norte, 8; Europa, 7. No realizó 23.
Ceremonia de Investidura. Cadetes de 1. año recibiendo su uniforme y sable. er
Gabinete Fotográfico del CMN.
ANEXO 4 ACTIVIDADES REALIZADAS EN EL SESQUICENTENARIO DE LA CREACIÓN DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN
En el marco de los 150 años de su creación, el Colegio Militar de la Nación realizó diferentes eventos que serán recordados por todos aquellos que, de alguna u otra manera, tuvieron la oportunidad de ser parte de los mismos. Las actividades comenzaron en el mes de febrero con el aniversario del natalicio del presidente Domingo Faustino Sarmiento, fundador del Instituto. Se colocó una placa alusiva en el Parque 3 de Febrero en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, lugar donde estuvo el primer asentamiento del Colegio Militar de la Nación. Estuvieron presentes representantes de la Asociación Sarmientina, oficiales y cadetes del Instituto y vecinos del lugar. También el arte golpeó nuestras puertas. Así fue como el 21 de marzo se realizó el lanzamiento del concurso “El CMN a través de los ojos del Arte”. Se trató de una convocatoria a artistas para retratar el Colegio Militar de la Nación a través de la pintura y la fotografía. El concurso tuvo más de un centenar de participantes. Los ganadores recibieron su premio durante la Ceremonia Central de Aniversario, realizada en el mes de octubre.
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Colegio Militar de la Nación
En el mes de abril, se cumplieron 37 años de la Gesta de Malvinas. Cada año se busca recordar, homenajear y transmitir a nuestros jóvenes todo lo ocurrido durante el conflicto armado y destacar la valentía de aquellos argentinos que juraron defender nuestra Nación y que así lo hicieron. Por eso, se llevó a cabo en el Aula Magna del Instituto el Seminario Malvinas, que contó con emotivas disertaciones de excombatientes y expertos en la temática. Asimismo, el Colegio Militar tuvo el honor de recibir en guardia y custodia la placa que acompañó los restos del teniente primero (post mortem) Alberto Rolando Ramos (promoción 108) en el Cementerio de Darwin en Malvinas. La entronización de la placa con la leyenda “Soldado argentino solo conocido por Dios” fue donada por la Comisión de Familiares de excombatientes de Malvinas y colocada en un lugar emblemático del CMN. Simbolizará el homenaje a los caídos y el reconocimiento a sus familiares. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es considerada uno de los eventos literarios más importantes del mundo. El Colegio Militar fue parte de ella haciéndose presente en el stand del Ejército Argentino, donde cadetes del Instituto compartieron con el público general bibliografía del CMN. El 4 de mayo, en una jornada a pleno sol, el Colegio Militar abrió sus puertas en el marco del Día Nacional de los Monumentos. Numerosas familias se acercaron a conocer el Instituto, realizaron una recorrida por los lugares históricos y disfrutaron de un show folklórico que brindó el Ballet del CMN “Alma Bicentenaria”. Para recordar el paso de nuestra Institución por su segundo emplazamiento, el 17 de mayo se realizó una formación y se colocó una placa alusiva en el actual Liceo Militar General San Martín, donde el Colegio Militar de la Nación funcionó entre los años 1892 y 1937. El 24 de mayo llegó uno de los momentos más emotivos del año, la tradicional Ceremonia de Investidura. En ella, los Cadetes de 1.er año recibieron su uniforme y sable, que son los referentes materiales y simbólicos que permiten a los novatos presentarse como cadetes del Instituto. Durante el mismo evento, recibió la Bandera Nacional de Guerra del Instituto el sargento ayudante cadete Facundo Matías Mones Ruiz, abanderado de la promoción 150°. Asimismo, en la Capilla Nuestra Señora del Carmen del Colegio Militar de la Nación fueron inhumados los restos de quien fuera el primer abanderado del Instituto, el general de Brigada Alonso Antonio Baldrich (promoción 19), ante la presencia de sus nietos, autoridades y cadetes. El día 20 de junio, como cada año, los cadetes de primer año del Colegio Militar de la Nación realizaron la Jura de Fidelidad a la Bandera Nacional frente a la Basílica de Nuestra
Corazones de Patrio Sentir
Señora de Luján, ofreciendo su propia vida a la Patria. Por otra parte, el Patio de Honor “General San Martín” del Colegio Militar de la Nación fue testigo del Acto de Promesa de Fidelidad a la Bandera de más de 1300 niños de 4.to grado del nivel primario, una promesa que encierra un conjunto de valores y el compromiso de los más chicos por el respeto a la insignia Patria. En el mes de agosto, se realizó la XII Jornada de Puertas Abiertas. Este evento está pensado para todos aquellos que deseen conocer el Instituto, dándoles la oportunidad de experimentar el Colegio Militar a través de charlas con docentes y cadetes de la Unidad Académica, como así también conocer las instalaciones y recibir información de las carreras que allí se realizan. Durante el mes de septiembre, se llevó a cabo el Simposio “Unificación de Criterios en Situación de Crisis y Catástrofes”. El evento constó de una Conferencia Magistral, Jornadas Interactivas y Expositivas y un espectacular despliegue en un Simulacro Final, con la interacción de la Organización Panamericana de la Salud, la Organización Mundial de la Salud, Cruz Roja Argentina, Cascos Blancos, Ministerio de la Defensa, Ministerio de Seguridad, Secretaría de Protección Civil y Abordaje Integral de Emergencia y Catástrofes, GER – GBA, SAME, Consejo Nacional de Bomberos Voluntarios de la República Argentina y Defensa Civil. En septiembre, más precisamente el 19, llegó una actividad muy esperada por aquellos jóvenes que desean ingresar a primer año: “Cadete por un día”. Esta propuesta les brindó la oportunidad de conocer la Institución por dentro y compartir las actividades académicas, físicas y operacionales que realizan los Cadetes del Instituto en su quehacer diario. De esta forma, el Colegio Militar de la Nación llegó a octubre, su mes aniversario… Para compartir las actividades de los festejos de los 150.° años, el Instituto recibió la visita de delegaciones extranjeras, siguiendo con el continuo fortalecimiento de los lazos de amistad y camaradería que nos unen con los países amigos. El Instituto de Historia Militar Argentino organizó el Seminario “150 años de la creación del CMN”, que, a través de sus disertaciones, nos hizo revivir la formación de nuestros oficiales a través de los años. La actividad se llevó a cabo en el Aula Magna de la Escuela Superior de Guerra del Ejército. También se programó para febrero del año 2020 la inauguración de la maqueta realizada por la señora Ana Maldonado alegórica a la Batalla de Caseros, contienda que se llevó a cabo en los terrenos donde hoy se encuentra el Colegio Militar de la Nación. Allí, más de 50.000 hombres se enfrentaron para cambiar el rumbo de nuestra historia.
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Colegio Militar de la Nación
El Colegio Militar se caracteriza por ser un Instituto formador de líderes y, como tal, llevó a cabo el Seminario de Liderazgo, con disertantes expertos en esta temática. Se presentaron técnicas de liderazgo militar y/o civil que se aplican en el Instituto y a nivel internacional para formar líderes jóvenes. En el marco de las celebraciones también se conmemoró el cincuentenario de la Creación de la Capilla “Nuestra Señora del Carmen”, con la inauguración de un Cinerario para que allí descansen los restos de aquellos oficiales que quieran permanecer eternamente en este lugar. La actividad física es un pilar que acompaña al oficial del Ejército Argentino a lo largo de su carrera. Por tal motivo, los eventos deportivos también se hicieron presentes en los festejos del sesquicentenario. En ese sentido, se llevaron a cabo el Campeonato Sudamericano de Pentatlón Moderno y una Carrera de Orientación Terrestre. Y si de festejos se trata, no podía faltar el tradicional Concierto de la Agrupación Sinfónica, quien nos brindó un magistral espectáculo con la participación del Ballet Folclórico del Instituto “Alma Bicentenaria”. Los festejos culminaron con la realización de la ceremonia central del sesquicentenario del Colegio Militar de la Nación, en un marco emotivo donde se hicieron presentes numerosas autoridades encabezadas por el presidente la Nación Ingeniero Mauricio Macri y la especial participación de aquellos que tuvieron el honor de portar la Bandera Nacional de Guerra del Instituto a lo largo de su historia.
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