COLEGIO HISPANOAMERICANO
Departamento de Psicología Folleto No. 16 diciembre de 2014
Calidad humana: La clave está en la familia A menudo centramos la mirada en lo que pasa a nuestros niños y jóvenes, sus maneras de actuar, de reaccionar, de relacionarse, pero con mucha menos frecuencia nos miramos nosotros, para reflexionar sobre el efecto que nuestra intervención adulta está teniendo en sus vidas. ¿Qué significa ser adulto? • Ser adulto implica mantener un lugar de asimetría respecto a nuestro hijos. Ubicar los hijos, en otro lugar, (diferente al del adulto) es lo que posibilita la transmisión del legado que una generación deja a la otra. Cuando no se marca esta diferencia necesaria, se complejiza el reconocimiento del adulto como alguien que tiene algo valioso para transmitir y enseñar.
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Esto conlleva a que también los adultos nos acojamos a las normas; de lo contrario estaríamos pidiendo a los niños y jóvenes algo que nosotros mismos no estamos dispuestos a hacer.
El adulto sostiene lo familiar, y asume como primera responsabilidad los menores a su cargo, para acompañarlos en su proceso de crecimiento, protegiéndolos, orientándolos y siendo su soporte afectivo.
Ser adulto es instaurar normas que prohíben y al mismo tiempo posibilitan. Tal como señalaba Freud, respetar las normas sociales implica renunciar a actuar teniendo en cuenta sólo nuestro interés individual, ya que también entra en juego el interés de la comunidad de la cual formamos parte y esto significa que en algunos casos debamos resignar la satisfacción de nuestros deseos individuales.
CALIDAD HUMANA Valores,
comportamientos éticos, coherencia.
¿ Cuáles son las funciones de la familia frente a los niños y los jóvenes? Humanizar a los hijos. Todos nacemos como seres humanos, sin embargo, humanizarnos pasa por la experiencia de una relación que nos enseña a pertenecer, a ser personas y a ser sensibles frente al género humano. Los valores que nos humanizan se enseñan cuando los vivimos al interior de la familia: La solidaridad se enseña cuando ustedes como adultos no son indiferentes con las necesidades de otros (hijos, amigos, vecinos) y actúan favoreciéndolos. La compasión se enseña cuando no se pasa por encima del dolor de los demás. Cuando respetamos a nuestros hijos y a nuestra pareja; cuando nos respetamos y nos hacemos respetar, enseñamos el valor de la dignidad. La empatía se enseña cuando no solo contemplamos el punto de vista propio: «Yo tengo la razón o la verdad», sino cuando hacemos el esfuerzo de descentrarnos para escuchar y entender las razones y motivaciones de un otro.
Retos familiares. Mirar al niño y al joven como sujetos, preguntarles, tomarlos en cuenta, escuchar sus respuestas, entender sus pedidos, decirles: «Eres válido para mí». Dar la posibilidad a nuestros menores de «no quedar atrapados en el deseo de otro». Una cosa son las expectativas que depositamos en nuestros hijos y otra muy diferente pretender que los hijos se comporten tal y como nosotros deseamos que lo hagan. Crear conexión afectiva, para poder realizar una verdadera crianza formativa. Todo lo anterior exige que permanentemente actualicemos nuestros conocimientos y sentimientos para cumplir a cabalidad con nuestra tarea adulta. Nuestra función como padres y madres es determinante para el futuro de nuestros hijos.