Skip to main content

Semblanza polémica de Pedro Albizu Campos (1973)

Page 1

.

1*;

Juan Antonio Corretjer , ;

r

■ i- v

X

10

Semblanza ~ g

\1

¿I w<~ Y'?- <T

tt-

4' . <4

3

•

'ií

ízu j Campo ■

K I

»

É

í o

r '1

'

ti í

■

) RICO

| >


TRAS LAS REJAS EK "LA PRINCESA" — Esta foto fue sensacional en su tiempo. Juen Antonio Corretjer, Secretario General del Partido Nacionalista, es condenado a un afio de prisión por desacato a una orden de la Corte Federal. Poco después sería condenado nuevamente por conspiración insurreccional Junto a Albizu Campos y otros dirigentes nacionalistas, como se verá en este folleto. (Foto EL IMPARCIAL).


-i

HOLOOO La Conferencia que aquí se publica, “SEMBLANZA POLE­ MICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS", fue escrita para ser leída en el instituto de Cultura Puertorriqueña la noche del 12 de septiembre. Cancelé el compromiso dos días antes, por mo­ tivos que no son para mencionarlos en esta nota, ni para que se les dé mayor importancia.

Pero sí quiero evitar, como ya io hice oralmente en el Ateneo Puertorriqueño, torcidas interpretaciones a las que na­ die tiene derecho. En nada alteraron mi cancelación mis relaciones amistosas con el Instituto de Cultura Puertorrique­ ña, ni con su Director, Don Ricardo Alegría, ni con mis jóve­ nes amigos Marisa Rosado y Benjamín Torres. Ningún tipo de relación personal fue cambiado. La Conferencia fue leída el 30 de octubre de 1973 en el Salón de Actos del Ateneo Puertorriqueño, auspiciada por las Secciones de Historia, que preside mi dilecta amiga Dra. Isa­ bel Gutiérrez del Arroyo y la de Ciencias Políticas y Morales que dirige el Dr. Manuel Maldonado Dénis. En nada alteré el texto original, escrito para conmemorar el natalicio de Albizu Campos, en la fecha del 12 de septiem­ bre acptada por el oficialismo independentista, aunque se leyó en fecha posterior, el 30 de octubre, aniversario de la insu­ rrección nacionalista de 1950, con que Puerto Rico festejó su entrada en la segunda mitad de nuestro Siglo.

Confío en que sus lectores la reciban con el estremecedor entusiasmo con que la recibió el público que atestó el Ateneo para escucharla.


JUAN ANTONIO CORRETJER 3

i

SBSM

■ PEDRO ALBIZU CAMPOS

Conmemoramos el día de hoy los 82 años de vida de Pe­ dro Albizu Campos. De las personas que viven doméstica­ mente se recuerda, una vez el tiempo puso fin a su existen­ cia, el dolor de su alejamiento. De los personajes históricos se conmemora su natalicio, señal visible de la continuación de su existencia más allá del episodio letal. Pedro Albizu Cam­ pos es personalidad tan hacedora de historia que ni sus admi­ radores ni sus detractores podemos olvidarlo.

»

Hace algunos años Howard Fast publicó su última nota­ ble novela: después de su deserción del comunismo nada es­ cribió siquiera mencionable. Era una novela histórica, como todas las suyas. Pero a diferencia de las que le ganaron si­ tial altísimo en la novelística mundial de su momento, no era de tema yanki. Su tema era Espártaco. La novela empieza cuando ya el gran jefe de la rebelión antiesclavista contra el Imperio Romano ha sido ejecutado. Pasan los años. Pero ja­ más puede reunirse en Roma un grupo sin que Espártaco esté presente. Un ominoso sentimiento de culpabilidad permea la sociedad romana. Algo así sucede con todas las grandes figu­ ras históricas cuya tarea ha sido llevada hasta sus últimas posibilidades de triunfo pero queda a una generación poste­ rior llevarla adelante. Mucho antes que Albizu muriera tuvi­ mos la oportunidad de observar este fenómeno en Cuba. El culto a Martí en la Cuba platizada llevaba en sus sienes esa

corona de espinas que le dejara como herencia la respuesta de Dos Ríos a la interesada-acusación de capitán Araña que

se le hiciera para minar su absorbente y maravillosa obra de

organización revolucionaria fuera de Cuba.


4 SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

Replantear este tema con respecto a Albizu obliga lógi­ camente a su primera alusión. No será la primera porque el acto que esta noche celebramos tuerce nuestro deseo a una premisa que es su punto de partida realmente lógico. ¿Con­ memoramos hoy en verdad el natalicio de Pedro Albizu Cam­ pos? La inmensa mayoría del independentismo así lo cree. Algunos tenemos contraria ¡dea. Somos igualmente sinceros y mientras los primeros basan su criterio en documentos, no­ sotros nos fundamos principalmente en la tradición oral, en el propio testimonio de Albizu Campos. Por ejemplo. La fecha de inscripción en el Registro Civil de Ponce da por cierto que nació el 12 de septiembre da 1891, inscrito por su madre el 3 de octubre inmediato. El mismo así lo dice a Francisco Cerdeira, periodista español residen­ ciado en Puerto Rico, amigo personal y admirador sincero del patricio, cuando con su pseudónimo de Bernal Díaz del Caney lo entrevista para la Revista "Los Quijotes”, en 1927. Por otro lado ¡cuántas veces los que vivimos tan cerca de él lo oímos decir haber nacido el “Día de San Pedro y San Pablo”? No solo en privado. En público, en la tribuna de su partido en Ponce, ¿acaso no le oímos en la década de los 30, aquellas pala­ bras suyas cargadas de íntima emoción con que abrió repe­ tidamente sus discursos: — “Amado pueblo mío: yo soy Pe­ dro Albizu Campos, hijo legítimo de Alejandro Albizu y Ro­ mero y Juliana Campos y Campos, nacido en tu seno el Día de San Pedro y San Pablo. (29 de junio)”. Vivos están, y en Puerto Rico, testigos de esas palabras, Paulino Castro, Plinio Graciany, Pepe Rivera, Francisco Pagán Rodríguez, José Panlagua Serracante, Juan José Muñoz Matos, Juan Ortiz Pérez, puertorriqueños, el poeta haitiano Pierre Moraviah Morpeau y algunos otros. Y puertorriqueño fuera de Puerto Rico, Juan Juarbe Juarbe.

¿No puedo poner acaso por testigos a un pequeño grupo de personas que acompañábamos a Juarbe después del en­ tierro de su padre en Isabela, cuando, al levantar yo dicho punto, me recordó cómo el mismo Albizu dio en varias oca­ siones como día y año de su nacimiento el 29 de junio de 1893, no el 91? Existe, además, un documento, un Informe de publicación privada, escrito por Albizu en 1922, a petición de Harvard para la Clase Graduanda en 1916. En ese Informe Albizu escribe, de su puño y letra, su nacimiento como ocu­ rrido en Ponce el 29 de junio de 1893. Juarbe, sus hijos mis-


JUAN ANTONIO CORRETJER

t

1

5

mos, bien pueden descifrar el enigma confirmando la misma confidencia de Albizu según la cual, quien aparece inscrito el 12 de septiembre de 1891, no es él, sino un hermano suyo, muerto poco después de nacido, y a él, por nacer el Día de San Pedro, se le dá el mismo nombre y se le deja sin inscribir, ha­ biendo visto su familia materna, como designio providencia! su nacimiento en el día que, en el Santoral, corresponde al nombre del hermano muerto. Estando, como estaba, su fami­ lia materna, inmersa en esa mezcla de catolicismo espiritis­ mo que está aún muy generalizada en Puerto Rico, el hecho poco tiene de raro. Sin embargo, al graduarse en la Misión Militar Francesa

en 1917, y al solicitar ingreso en la oficialidad del ejército de Estados Unidos, da como fecha de su nacimiento el 12 de septiembre, tal y como a su vez, ha dado esa misma fecha de su natalicio al ingresar en la Universidad de Vermont. Rea­ firmo. En una como ésta semblanza polémica de Pedro Albi­ zu Campos este hecho tiene primacía sobre cualquier otro punto para la escfarecedora polémica cordial que sobre Pedro Albizu Campos se plantea a los historiadores del patriotismo puertorriqueño. Tomo dos nombres, no al azar, sino a con­ ciencia, entre dos categorías generacionales movidas por el respeto, pero a quienes el respeto no entorpece la honda asidui­ dad investigativa: Isabel Gutiérrez del Arroyo y Benjamín To­ rres. Descifren ellos, para la historia, lo que el prócer defi­ nió, de sus labios a mi oído, como "el misterio de mi naci­ miento". (D II Ahora s( viene con la fuerza simple y avasalladora de la lógica elemental el que pareció obligatoriamente ser el plan­ teamiento primero. La intriga imperialista usó contra Pedro Albizu Campos hasta la saciedad el recurso vulgar que se ha usado contra todos los líderes revolucionarios en algún momento deter­ minado de su vida, y a veces durante toda su vida. Tanto el imperialismo español como el yanki, en su desfachatada dls(1) Ya en prensa esta Conferencia, Harold Lidln encontró en el Archivo de la Corte Federal en San Juan, la solicitud hecha por Alblzu en 1921 para práctica de la abogacía ante dicho tribunal. En ese Docu­ mento, escrito de puño y letra, Alblzu da como fecha de su nacimien­ to en Ronce, el 29 de Junio de 1893.


6 SEMBLANZA POLE

puta por quedarse con Cuba, la usaron con tanto éxito en el caso de Martí, que poco pudieron dudar de que le diera buen fruto con Martí en Cuba Insurrecta, cuando ya el prócer cu­ bano había demostrado en la emigración su susceptibilidad ante el insulto. Recordemos por ejemplo el desgraciado Inci­ dente provocado por unas bien intencionadas palabras suyas sobre el libro "A Pié Y Descalzo”, de Roa, en que interviene Enrique Collazo.(2) Albizu no sólo conocía el penoso episodio entre hombres cuyo patriotismo y valentía etsaban por enci­ ma de toda sospecha. Y lo tuvo siempre muy presente en su conducta. La acusación de Capitán Araña, del que manda y no va, fue bien cargado contra Albizu en lo sanos 30 y en uno de esos episodios se trató de usar mi persona contra Albizu. Al iniciarse en la Corte Federal el Proceso por Conspira­ ción en 1936 el primer paso Imperialista fue expedir una or­ den de Sub poena duces tecum. Se trata de una orden de cor­ te contra un colectivo, contra un partido político, en este caso el Partido Nacionalista, en el que se requirió tanto de la di­ rección nacional como de los dirigentes municipales, la en­ trega de los libros de actas, lista de matriculados y libros de finanzas. La larga lista de citados a corte, bajo pena de desa­ cato, estaba forzosamente encabezada por Albizu, su Presi­ dente; por mí, que era su Secretario General y por Luis Flo­ rencio Velázquez, su Tesorero Nacional. La orden se dió es­ tando yo en Ponce y salí hacia San Juan tan pronto recibí re­ clamo de mi presencia por parte de Albizu. Creo que el te­ legrama lo firmaba Juarbe. Nos encontramos en una habita(2) Roa, veterano de la Guerra de los Diez Años, enfatiza en su libro las privaciones sufridas por el Ejército Libertador durante la heroica lu­ cha cubana que empieza en Yara (1868) y termina — sólo un parén­ tesis al fin y al cabo — con el Pacto del Zanjón (1878) pero al ter­ minar le abre una puerta la Protesta de Maceo en Baraguá ese mis­ mo año. Martí juzgó derrotista el libro y Enrique Collazo lo desafió, ya que Roa estaba en Cuba mientras que Martí y Collazo vivían en el exilio. Se aplazó el encuentro mediante la Intervención de patrio­ tas cubanos y Collazo y Martí conspiraron luego juntos para el alza­ miento de Baire, que llevó a Martí a morir en Dos Ríos y a Cuba a la República Plattizada. Collazo se batió nuevamente en la Guerra del 95, que Martí organizó. Un hijo de Enrique Collazo, oficial del Ejército Cubano en 1935, me protegió, junto al Cabo Mas, en el Cuartel de Empedrado, y quizás debo a ambos haber salvado la vida aquella noche inolvidable de mayo en 1935. Creo — no lo se con certeza — si el actual Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba es descen­ diente del soldado libertador cuyo libro provocó el incidente entre Marti y Collazo.


I ts Is

I

í I

<3

§

3

1

f ■S

n

Is

o 3

s

I

so §

¡d UJ

Z

X

Q


8

SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

ción del Hotel Palace, y estaban presentes con Albizu dos dis­ tinguidos letrados puertorriqueños, ninguno de los dos nacio­ nalistas, pero con una conducta patriótica en aquel momento que enaltecerá su nombre a través de nuestra historia: los li­ cenciados Juan Valdejully Rodríguez y Benicio Sánchez Cas­ taño. La situación era sumamente grave y,Albizu me explicó la opinión de ambos letrados. Nada de indigno había en la proposición de Valdejully y Sánchez. Simplemente alegaban que se entregaran los documentos requeridos ya que, como era la verdad, nada de tipo incriminatorio había sido llevado a las actas; los miembros del Partido eran perfectamente co­ nocidos por todo Puerto Rico y las finanzas tan claras como las aguas de un manantial anterior a la época de la contami­ nación. Pero había una cuestión política de por medio. In­ mediatamente me opuse. Dirigiéndome a Albizu le dije; — ‘Me­ jor que eso disolvamos el Partido".— Vi el orgullo relampa­ guear en los ojos de mi Maestro. — Tanto Valdejully como Sánchez trataron de persuadirme, pero sin mucha insistencia. Y dicho sea en su honor, vi también en sus ojos el orgullo de una altivez jubilosamente compartida. Fue entonces que entre Albizu y yo hicimos el acuerdo de que declarara yo en corte que tenía en mi poder todos los documentos del Partido, pero no acataría la orden de la corte a la cual, por extranjera, no reconocía jurisdicción, para que se los entregara a los fiscales. Albizu escribió la moción que yo firmé. Eso fue lo que se hizo con los resultados judiciales conocidos. Ni Valdejully ni Sánchez podían respaldar esa posición en corte. Pero concurrieron a la corte como mis defensores y ambos se jugaron sus títulos en una polémica trabada entre ellos y la arrogante insolencia del Fiscal Snyder y la aún ma­ yor del Juez Cooper. Inmediatamente comenzó a circular la calumnia. Albizu, cobardemente, me había sacrificado para salvarse él.

Preso yo en La Princesa desde el 2 de abril de 1936, cum­ pliendo mi sentencia de un año por desacato, se inicia el pro­ ceso por conspiración insurreccional que en agosto nos con­ dena a Atlanta, tanto a Albizu y a mí, como a nuestros com­ pañeros, el poeta Clemente Soto Vélez, Luis F. Velázquez y su hijo Julio Héctor; a Pablo Rosado Ortiz, Erasmo Velázquez y Olmedo y a Juan Gallardo Santiago. Albizu se defendió y nos defendió, como jefe de un consejo de defensa compuesto por


JUAN ANTONIO CORRETJER

9

Gilberto Concepción de Gracia, Carlos Vázquez, Pedro Pérez Pimentel y J. M. Toro Nazario. El proceso fue aprovechado por la intriga antindependentista para contrastar la imagen de mi supuesto valor con la supuesta cobardía de Albizu. Pasada de moda la acusación de un Albizu cobarde queda a discusión entre nuestros historiadores. ¿Hizo bien Albizu en entablar una lucha judicial de antemano perdida?

IIB

Con la insurrección del 30 de octubre de 1950 se abren todas las puertas de la propaganda imperialista para acusar s Albizu de Capitán Araña, de "manda y no va", en una pala­ bra, de cobarde. Y esta vez a escala mundial, especialmente en Latinoamérica. Se le da un título: "El Héroe de la Escoba y ¡a Toalla", sacado de un editorial publicado por el Diario de Puerto Rico, periódico del Partido Popular. La acusación ha llegado hasta nuestros días, como prue­ ba de la sobrevivencia de Albizu, tanto en la memoria de sus defensores como en la de sus detractores. Aparece en un muy circulado folleto del dirigente colonial Roberto Rexach Benítez titulado: Pedro Albizu Campos, Mito y Realidad, Pu­ blicaciones Coquí, San Juan, 1961, pág 7. Su segunda, hecha en México, tiene una nota en la que afirma como algunos independentistas no aceptan la versión gubernamental de la ren­ dición de Albizu en 1950, pero la mayoría sí la acepta. Esta nota parece revelar que Rexach Benítez conoce el siguiente articulo, publicado sobre mi firma, en el Núm. 13. Año 2, de septiembre de 1961, de la Revista BANDERA, pero prefiere pa­ sarlo por alto. El artículo dice así:

i i


10 SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

® E CUARTEL

1»

Por Juan Antonio CORRETJER (Publicado en la Revista BANDERA, Núm. 13, Pág. 5, Año 2, Guaynabo, Septiembre de 1961.)

La primera semana de noviembre de 1950, debelada ya la insurrección del 30 de octubre, Albizu Campos es captura­ do en su casa de Sol y Cruz, San Juan. Con él cae prisionero el patriota Alvaro Rivera Walker, líder nacionalista de Cañóvanas. Rivera Walker y el que subscribe estuvieron presos juntos en el sótano del Cuartel General durante la madrugada de su captura. Amaneciendo ese día Rivera Walker me hizo el siguiente relato:

"Logré entrar a casa de Don Pedro atravesando la línea de sitio establecida por policías, agentes del FBI y Guardias Nacionales. Fue en los momentos de confusión que siguieron al intenso tiroteo en que resultó herida Doris Torresola, y cuando Juan José Muñoz Matos (ayudado por Carmín Pérez) la sacó en brazos para llevarla al hospital. "La noche del ataque final, como a las diez, yo le dije a Don Pedro que algo gordo estaban preparando (los sitiadores) porque notaba mucho movimiento; que yo creía que nos iban a tratar de coger a toda costa. Pero Don Pedro me dijo que no, que ya la crisis había pasado y no harían nada, pues esta­ ba seguro que una comisión de las Naciones Unidas estaría ya en camino de Puerto Rico.

"Don Pedro estaba tratando de tranquilizarme, aunque yo no tenía ninguna intranquilidad (Alvaro es hombre de extre­ mado valor y aplomo) y después de humedecerse los labios con un poco de agua que quedaba en un vaso (les habían cortado la luz y el agua) se desvistió, poniéndose unas pija­ mas y se metió en la cama. Ya serían como las doce. Se dur-


J

JUAN ANTONIO CORRETJER

11

mió prontamente y yo me senté en el suelo, en la sala, con la espalda hacia la pared, traté de descansar aunque no de dormir.

‘‘Algún tiempo después se oyó la voz de un oficial de la policía (el capitán Benigno Soto) llamando a Don Pedro a que se rindiera. Como no recibiera inmediata contestación abrie­ ron fuego. Habían colocado tiradores en la azotea de la casa de enfrente y por la puerta a cuyo fado estaba colocada la cama de Don Pedro entró un chorro de metralla y seguidamen­ te por el boquete entraron las lecrimógenas. La metralla pasó sobre Don Pedro pero una bomba lacrimógena cayó sobre él. La casa se llenaba de humo y no se podía respirar. Poco des­ pués Don Pedro, en un ataque de tos, me decía que estaba ciego y no podía orientarse. Corrí a su cuarto; lo agarré por un brazo y, cruzando por la sala lo saqué a la escalera. Allí lo vestí y agarrando una escoba y un trapo lo asomé en señal de rendición”. Dos años después Rivera Waiker y yo coincidimos nue­ vamente en prisión. Esta vez en La Princesa. Yo cumplía una sentencia por motín y Alvaro había sido traído del Presidio para ser sometido a juicio en la Corte de Distrito. (Actual­ mente, Tribunal Superior.) Quise renovar mi recuerdo de lo que en aquella noche me dijo y volvió a hacerme igual relato.

Dejo cerrado el punto sobre algo tan indiscutible como el valor personal de Alblzu Campos con tres testimonios tan diferentes como contundentes. El primero lo recibí la noche misma de su captura de boca de un testigo participante en el suceso. Un agente de seguridad interna, de la escolta del entonces Fiscal Angel Viera Martínez, acabado de llegar de la refriega, se me acercó y al preguntarle yo sobre lo ocu­ rrido, me dijo lo siguiente: "¡Qué viejo macho ese!”

El segundo testimonio es el de un viejo y querido amigo, ya desaparecido de este mundo: el escritor y periodista Don José S .Alegría. Frente al viejo Colmado Carvajal, al que con­ curría casi todas las tardes, y como saliera yo de un vecino establecimiento de instrumentos de cuerda, viendo en mis manos unas para guitarra, me dijo bromeando: — “Una cuer­ da larga y fuerte, una cuerda larga y fuerte para el cuello del tirano”. — (Para el oyente no versado en poesía puertorrique­ ña aclararé que se trata de un verso de uno de los mejores poemas en la lírica política de José de Diego, de quien Ale­ gría fuero discípulo y amigo.) La cita trajo de inmediato el


12

SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

tema del nuevo arresto de Albizu en marzo de 1954. "Juan Antonio — me dijo — se necesitan pantalones para mandar a hacer una cosa como esa y quedarse tan tranquilo como si nada pasara esperando que vayan a matar a uno". (Recorde­ mos que Don Pepe er en ese momento, funcionario del Go­ bierno de Muñoz Marín y su amigo de toda la vida.) El tercer testimonio es de un hombre sin miedo y sin mentira. La admiración varias veces públicamente declarada que por el valor de Albizu sintió Ché Guevara. (Para ser a su recuerdo tan fiel como le soy en cariño, añado que en varias ocasiones le oí decir que no compartía las posiciones polí­ ticas de Albizu.)

Concluido un tema que ni siquiera ha debido sacarse a discusión, justifico haberlo presentado para sacar a flote su enjundia polémica. Albizu no era un ignorante en materia mi­ litar. No solamente había sido discípulo muy aprovechado de la Misión Militar Francesa que dirigió el General Paul Azán en 1917. Fue un estudioso de historia militar, tanto de tierra co­ ma marítimo. Había leído mucho a Napoleón y estudiado a Von Clausewitz, Mahan y a Foch, por quien sentía una admira­ ción muy grande, y a quien juzgaba el primer jefe en haber comandado un ejército moderno. Sabía muy bien la táctica anti-motines y contra-insurgentes, de la cual sacaba, por antí­ tesis, sus respuestas insurreccionales.

¿Reveló la insurrección nacionalista de 1950 las dotes mi­ litares de su Jefe? El apabullante testimonio de Ello Tórrese­ la sobre el combate y retirada de Jayuya es un documento bá­ sico como punto de partida para este estudio. La pregunta príncipe para plantear el asunto es, si debió Albizu permanecer en su residencia de San Juan o comandar personalmente, bien el ataque a Fortaleza o la sublevación en Jayuya o Utuado. En cualquiera de estos casos su vida no ha­ bría estado más expuesta que lo que estuvo en la casa de So! y Cruz, convertida por los sitiadores en verdadera colmena de balas.

Pero la diferencia que, como moral de combate, como imán de reclutamiento nacional, de adhesión general al levan­ tamiento, que su presencia en el campo de batalla habría he­ cho — Jayuya o Utuado — es caso, aunque le hubiese costa­ do la vida, cuyas consecuencias, cabe preguntar: ¿habrían ope­ rado contra nosotros o contra el imperialismo?


JUAN ANTONIO CORRETJER

13

iV

Una de las acusaciones más consecuentemente sosteni­ das contra Albizu mantiene que fue el delirio de persecución lo que lo lanzó, como a un loco, a sus actividades revolucio­ narias. Voy a contestar la acusación con algunos documentos, documentos que datan de fechas anteriores al momento en que Albizu asume la dirección del nacionalismo. Mejor aún. voy a presentarlos en retrospección, partiendo de uno que se refiere exactamente a su elección como Presidente del Par­ tido Nacionalista en 1930. Estos documentos han estado has­ ta hoy rigurosamente inéditos, y han sido fotocopiados de los Archivos Nacionales del Gobierno de Estados Unidos. Los ten­ go en mi poder para reconocimiento de los que si no tocan no creen.

Antes de presentar los documentos, referiré dos curiosas anécdotas ocurridas, la una en Río Piedras, en 1934, y en la que fui parte; la otra en Atlanta, de la que fuimos testigos, tanto yo como nuestros compañeros de prisión. En 1934 recibí un urgente llamamiento para que estuviera a casa de Albizu, en Río Piedras, temprano al día siguiente. Como acababa de regresar de Río Piedras a Ponce vía Cíales y debía seguir hacia Mayagüez, entendí coom asunto grave el llamamiento y a las siete de la mañana estaba en su casa. Albizu era persona muy particular en sus hábitos de vida. Y mientras yo me mordía los labios conjeturando el motivo que allí me tenía, Albizu con toda su santa parsimonia, se levantó de su cama, se duchó, se rasuró, y volvió a meterse en la cama. Sentado en su cama, mientras se desayunaba, me lla­ mó, y empezó a hablarme de las noticias que la noche anterior había oído por la Estación de Schenéctady sobre la situación internacional y de la magnífica audición de música sinfónica bajo la dirección de Arturo Toscanini con que se había delei­ tado. "Ese hombre es un telépata, —me decía— escribe y lee la mente de cada miembro de su orquesta y logra tal uni­ dad entre todos que convierte la orquesta en un órgano".

Yo seguía haciéndome sangre los labios. ¡Gracias, Maestro Toscanini! Tu maravillosa batuta puso en el pentagrama conversacional la razón que me sentaba al borde de la cama de Pedro Albizu Campos!


14

SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

Me dijo entonces tener Informes de que un espía chileno había llegado a Puerto Rico para matarlo por estrangulación. El dicho espía se haría pasar por pianista. Y Albizu se demo­ ró en explicarme la similitud entre las manos de un pianista y las de un estrangulador profesional. ¿Por qué me lo infor­ maba inmediatamente? Porque para ese entonces, ya los más de los intelectuales y artistas que lo rodearan en los cuatro años anteriores habían sido dispersados por el temor buro­ crático yel soborno de las agencias federales que solventa­ ban al "independentismo" de Muñoz Marín. Por lo tanto era razonable pensar que el asesino tratara de acercarse a él a través de uno de los intelectuales, poetas, artistas, jóvenes, que quedábamos en el Partido; y posiblemente uno de los que ofreciera mejor oportunidad podría ser yo, gracias a que apesar de los pesares, mantenía bastantes relaciones sociales y artísticas en medio de aquella batahola de deserciones y co­ bardías. Me dijo, además, que alertara a ciertas personalida­ des que en Ponce mantenían afecto y admiración hacia él. Hacía muy poco que Sandino había sido asesinado y yo estaba predispuesto a creer cualquier cosa. Nadie jamás du­ dó que el asesinato de Sandino se urdió en Washington y se organizó en la Embajada de Estados Unidos en Managua. Y la idea de Albizu de que su asesinato estuviera programado por las agencias secretas yankis y que no se produjera en las condiciones escandalosas propiciadas por Somoza en Ni­ caragua. me hacía sentido. Me habló también de la necesi­ dad de que su esposa saliera hacia el Perú, en parte porque su salud además de no ser buena se agravaba debido a la penuria económica en que vivían y también para que llevara afuera los planes imperialistas sobre su eliminación. Me pi­ dió también que viera si podía encontrar cómo financiar el viaje de Doña Laura al Perú. Esta última parte logré resolver­ la rápidamente. Tomé ese mismo día un automóvil y me llegué a Guayama. Vi en su magnífica residencia campestre al mag­ nánimo Don Fernando Calimano y días después Juarbe y yo poníamos a Doña Laura en un avión en Isla Grande, vuelo a Lima.

Yo vi a algunos de nuestros leales e influyentes amigos en Ponce — al Dr. de la Pila Iglesias, al Doctor López Nussa. a la Doctora Dolores Pérez Marchand, al Padre José Orjales y a Monseñor Noel. Y poco después salí de Puerto Rico. He relatado algunos incidentes de ese viaje en mi trabajo ‘‘El Lí­ der de la Desesperación”. Entre los motivos no incluidos en


JUAN ANTONIO CORRETJER

15

’l

i 3

John Reed, comunista estadunidense, autor de "Diez Dias Que Sacudieron al Mundo", la mejor crónica de la Insurrección de Octubre de 1917, cuyos \ restos reposan en el Kremlin. Antes, había publicado un magnifico libro sobre la Revolución Mexicana. Fundó el Club Cosmopolita de Harvard que luego presidió Albizu Campos.


16

SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

los relatos de ese viaje fue concertar una reunión con anti­ guos oficiales sandinistas: mi entrañable, mi inolvidable her­ mano del corazón, Capitán Gregorio Urbano Gilbert, en Santo Domingo; al Coronel Carlos Aponte, venezolano, entonces en Cuba; al Teniente Rubén Ardila Gómez, en Colombia; al Ca­ pitán José de Paredes en México. La primera de estas anéc­ dotas termina para mí en Cuba, donde, después de verme con Gilbert en Santo Domingo, me acuerdo con Aponte, Pero Car­ los, comprometido ya en el movimiento guiterista, altera mis planes; estalla la huelga general de marzo; y Batista lo ase­ sina junto a Guiteras; yo voy a parar a los fosos del Castillo del Príncipe, desde donde, al amparo del Gobierno del Uru­ guay, y de su benemérito Ministro Plenipotenciario en Cuba, Don Benjamín Fernández Medina, vuelvo a Puerto Rico, a la cárcel de La Princesa y al presidio de Atlanta. Puedo asegurar cómo, de haberse llevado a cabo la conjunción sandinista que tratamos de coordinar, distintas serían la gran historia del mundo y mi pequeña biografía.

De este modo llegamos a la segunda anécdota, que tiene por escenario a la Penitenciaría Federal de Atlanta. Fue uno de los primeros días en aquel presidio, que para nosotros fue verdaderamente como un viaje a la Atlántida.(3) Entramos. Y sobre nosotros se cerraron, no sólo las tres fé­ rreas puertas de su entrada, sino el silencio y la soledad, co­ mo toneladas de calladas aguas muertas. Estábamos en el proceso de instalación administrativa, y una mañana, mientras esperábamos en fila india a la puerta de entrada a uno de ios pasillos (yo estaba inmediatamente detrás de Albizu, pues su número carcelario era el 51298 y el mío el 51299), un oficial de la Guardia, de regular estatura, poco menor que la mía, bien parecido, y de abundantes cabellos grises, raramente afable, le dijo a Albizu: — "Yo estaba en la Infantería de Marina en Haití cuando usted estuvo y se puso un comunicado inmediata­ mente a todos los jefes. (El estaba en telégrafo.)" Y luego, sonriendo, nos dijo lo siguiente: — "Bueno, en estas cosas, si se vence se es héroe y si se pierde criminal". — Este ofi-

(3) No se nos permitía visita como no fuera la de nuestra esposa o abo­ gado. Las visitas eran vigiladas por la Guardia, como lo fue hasta las que nos hiciera el Congresista Vito Marcantonlo, Jefe de nuestra defensa en apelación. No podíamos recibir carta que no fuera de nuestras esposas, padres, hermanos o abogados. La corresponden­ cia se permitía exclusivamente en idioma inglés. Una carta semanal. Un baño a la semana.


JUAN ANTONIO CORRETJER

17

cial no estuvo mucho tiempo más en Atlanta. Supimos que había sido ascendido y trasladado algunas semanas después. Ahora, presento a ustedes los siguientes documentos: DEPARTAMENTO DE LA GUERRA (Buró de Asuntos Insulares) Washington

26 de mayo de 1930.

MEMORANDUM: Elección del Dr. Pedro Albizu Campos como Presidente del Partido Nacionalista de Puerto Rico.

La elección, Informada en los recortes (de periódicos) que se incluyen, traen a prominencia un puertorriqueño cuyas actividades han causado alguna preocupación a este Buró en el pasado.

Incluimos un memorándum para el Secretario de la Gue­ rra, preparado por el Jefe de este Buró el 12 de octubre de 1927, fecha en que el Dr. Albizu Campos era Vice-presidente del Partido Nacionalista.

Desde que ese memorándum fuera escrito el Dr. Albizu Campos representó al Partido Nacionalista de Ponce al Sép­ timo Congreso Latino de la Prensa celebrado en la Habana en 1928 y llevó a cabo un vigoroso esfuerzo para forzar a di­ cho Congreso a declararse opuesto a la intervención de Es­ tados Unidos en la América Latina. Un despacho originado en Cuba, dirigido por el Departamento de Estado a este Buró el 23 de marzo de 1928, demuestra que su insistencia cubrió la mayor parte del tiempo de trabajo del Comité ese día. Un artículo publicado en el “Washington Post” del 9 de marzo describe el debate como "casi interrumpiendo” el Congreso y que "delegados franceses estuvieron envueltos en ambos procesos hasta que finalmente todos, excepto tres de los re­ presentantes, abandonaron el salón". La carta del Departamento de Estado incluye un informe del Embajador de Estados Unidos en La Habana, que terminó diciendo:


18 SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

"En cuanto al Sr. Albizu Campos se refiero, fue mantenido bajo extricta vigilancia policíaca durante todo el tiempo que duró el Congreso'*. (15462-46A).

La ficha del Sr. Albizu Campos lo muestra como extrema­ damente antlamericano, al punto de propagandlzar a favor de la Independencia de Puerto Rico en países extranjeros y en contra de Estados Unidos. (Durante la Guerra, solicitó una comisión en él Ejército.) Termina firmado con las iniciales LMP. — Luego, una nota manuscrita dice: — Mostrado al ge­ neral Parker. — Archívese. — Santo Domingo, República Dominicana, 7 de noviembre de 1927. No. 687 Al Honorable El Secretarlo de Estado, Washington, D.C.

Señor: Tengo el honor de acusar recibo de la Instrucción Núm. 185, de 25 de octubre d e1927, (File No. 81 lc.00/16), referen­ te a la visita del puertorriqueño, Dr. Albizu Campos, a la Re­ pública Dominicana, hecha con el propósito de hacer propa­ ganda antl-norteamericana, y en que se nos afirma que el De-, partamento de la Guerra gustaría obtener, de ser posible, ma­ yor y más específica información con respecto a la visita del Dr. Albizu Campos, particularmente el fraseo exacto de sus artículos noticiosos y de sus discursos. Al contestar lamento informarle que no es posible hacer­ nos de información con respecto a la substancia o texto de los artículos noticiosos y discursos como no sean los conte­ nidos en ios Despachos de la Legación Núms. 513 y 589 del 27 de junio y el 20 de agosto de 1927, respectivamente.

Como resultado de las actividades del Dr. Campos en este país, comités "pro independencia de Puerto Rico” se han or­ ganizado en la Ciudad de Santo Domingo, Santiago y Puerto Plata. Debo añadir, como información confidencial para el De­ partamento, que estos comités están compuestos por perso­ nas sin influencia política alguna en este país.P» La mayoría (4) Pues nada menos que personalidades de la magnitud de Don Fede­ rico Henriquez y Carvajal. Don Américo Lugo, Don Enrique del Cas­ tillo. y otras.


JUAN ANTONIO CORRETJER

19

de ellos miembros del Partido Nacionalista (dominicano, nota de JAC.) que en estos momentos por lo menos, tiene poca fuerza o Importancia. Tengo el honor de ser. Señor, Su obediente servidor, Evan E. Young

12 de octubre de 1927.

»0RANDUM « EL «MÍO BE LA GUERRA (Campaña de Pedro Albizu Campos, un puertorriqueño, en Santo Domingo y Haití.) Existe en Puerto Rico un Partido Nacionalista. El Presi­ dente es un joven puertorriqueño, Acosta Velarde.O) Pedro Albizu Campos es un Vice-Presidente de dicho partido. En Puerto Rico el partido es al presente poco importante, tanto en número como en otras cosas. En la presente Convención de Pueblos Oprimidos en Bruselas este partido fue represen­ tado por un mexicano, no habiendo podido recoger los fondos necesarios para enviar una representación puertorriqueña. Pedro Albizu Campos empezó una campaña en Santo Do­ mingo. Varias cartas fueron remitidas a través del Departa­ mento de Estado por nuestro Ministro en Santo Domingo, con respecto a su actividad en ésta. De Santo Domingo fue a Haití.

k

I

Pedro Albizu Campos no es prominente en su ciudad na­ tal de Ponce, Puerto Rico. No es clasificado en Puerto Rico como un hombre blanco. Es graduado de Colegio en Harvard y de la Facultad de Derecho de Harvard. En 1918 me visitó en el Departamento de ia Guerra, cuando acababa de termi­ nar el curso para estudiantes preparatorio para un grado de oficial en el Ejército, y solicitó ser incorporado a servicio. Se envió una nota al Ayudante General recomendando que su nom­ bre fuese mencionado para una comisión en el reclutamiento para negros en Puerto Rico. Se sobreentiende que sirvió en uno de los campamentos de adiestramiento en Puerto Rico.íñ) (5) El Licenciado Federico Acosta Velarde. (6) En el Campamento Las Casas, como oficial del Regimiento 375. Albi­ zu había solicitado servir con tropa puertorriqueña. En otro de mis trabajos he explicado lo que Albizu pensó posible hacer dentro do' Ejército si tropa puertorriqueña llegaba a los campos de batalla de Europa. No ocurrió en la Primera Guerra Mundial.


20 SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS En 1923 la Legislatura aprobó una Resolución Conjunta conocida como "Resolución Conjunta #2", pero que se convir­ tió en Resolución Conjunta #43 y medio, aprobada el 24 de Julio de 1923, que creó una Comisión que visitaría a Washing­ ton a proponer reformas al acta orgánica, etc. Entre las pro­ posiciones a hacerse estaba la que el pueblo de Puerto Rico eligiese su gobernador con el voto de sus electores califica­ dos. Esa Resolución Conjunta fue entonces, y ha sido desde entonces, ampliamente comentada en Puerto Rico. El 12 de Octubre de 1923 Pedro Albizu Campos dictó una conferencia sobre este tema en Ponce. De un folleto en que se publica su discurso, la ocasión parece haber sido la fiesta del 'Día de la Raza", siendo la "Raza" a la que se refiere la raza española.

En las palabras Introductorias el conferenciante dijo, en­ tre otras cosas, hablando del descubrimiento de América, que los descubrimientos latinos se unieron con los pueblos des­ cubiertos y con los africanos, haciendo una sola raza de la cual los puertorriqueños son parte, y añadió: "Los anglosajones siguieron los pasos de nuestros padres asentándose en latitudes parecidas a aquellas de donde pro­ cedían. Pero ignoraron el significado humano del descubri­ miento; ésto es, el descubrimiento de la humanidad por sí misma y exterminaron la raza nativa, y se mantienen separa­ dos de la raza africana, Importada para explotar el territorio conquistado, dentro de una pureza de sangre falsa puesto que es contraria a la unidad humana. Han traicionado su misión providencial y lo que ellos llaman problema racial es algo más fundamental; es un problema de civilización que debe revelar hombres y pueblos cultos a través de una convivencia armó­ nica con Su prójimo. "Estos dos pueblos se enfrentan, cara a cara, a lo largo de la frontera trazada por el Río Grande y las Antillas. Esta es la importancia de la fundación de esta Asociación que de­ fiende la integridad de nuestra personalidad colectiva. Somos de la vanguardia; no defenderla es traicionarla, y caerá sobre nuestra descendencia la ignominia de que no hayamos cum­ plido nuestro deber histórico . . .”

Aunque no compartía enteramente el contenido de la Re­ solución Conjunta bajo consideración, lo dicho por el confe­ renciante en esa ocasión no era peculiarmente radical.


JUAN ANTONIO CORRETJER

21

EL MUNDO cita un artículo aparecido en "Le Courrier Haítian", de Port-au-Prince, que reseña las actividades desple­ gadas por Pedro Albizu Campos en esa ciudad, y dice, entre otras cosas: "En todos sus discursos ha hablado de Haití y a favor de la desocupación del territorio haitiano por los Americanos".

En el artículo se informa que pasará a Cuba, México, la América del Sur, la América Central y a Europa, y cita lo si­ guiente como su mensaje de despedida al pueblo haitiano: “Si quieren conquistar al ogro yanki aprendan español".

“No regresará a su país, nos dijo, hasta después de un año, cuando haya concluido en América y Europa su propa­ ganda a favor de la independencia de Puerto Rico; y nos ha prometido hablar de Haití en donde quiera que se le llame a defender la causa de Puerto Rico".

Creemos que lo dicho revelará la causa interior de la ac­ tividad de este hombre e indicará la gente a ¡a cual hará su apelación más fuerte. Algunos periódicos puertorriqueños dan ahora más espa­ cio a Albizu Campos que le darían si estuviere operando en Puerto Rico. Los periódicos dominicanos Informaron sus mí­ tines en Santo Domingo realmente muy completos e indicaron que logró una adhesión muy numerosa entre dominicanos y un gran número de puertorriqueños residentes en el distrito azu­ carero de Macorís.(t)

En Cuba, igualmente, obtuvo considerable publicidad y un extenso artículo en “El. Heraldo” favoreciendo la independen­ cia de Puerto Rico, y ese artículo anunció que Albizu Irá de Cuba a México y de México a la América Central.

General Frank Mclntyre Jefe del Buró Pierre Paul, dirigente nacionalista haitiano, me dijo, en 1934, que Albizu, de haber permanecido dos semanas más en Haití, jamás habría salido vivo. (7) Una de las tres cartas de recomendaciones que el héroe dominicano de la resistencia a la intervención Iniciada en 1916, Gregorio Urbano Gilbert, llevó a Saudino, estaba firmada por Don Felipa Barbosa, (pri­ mo del doctor José Celso Barbosa) quién presidió el Comité Pro In­ dependencia de Puerto Rico en La Romana, organizado por Albizu.


22

SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

Hemos trazado la línea de persecución contra Pedro Albizu Campos, con documentos oficiales, guardados en los Archivos . Nacionales de Estados Unidos, desde cuatro años antes en el que asumiera la dirección de su Partido. Es el punto de par­ tida que hemos logrado establecer desde nuestros propios re­ cursos; aunque en el Archivo del Partido Nacionalista que tu­ ve el honor de salvar de las manos policíacas en 1936, se en­ cuentran sin duda testimonios albizuístas anteriores a su re­ greso a Puerto Rico en 1923. Pero lo que hemos presentado basta, conjuntamente con la evidencia persecutoria que Puerto Rico entero presenció durante 35 años, para saber si Pedro Albizu Campos padeció delirio de persecución o si sufrió las consecuencias de más de cuarenta años de persecusión ver­ dadera.(8) Entren aquí en el debate historiadores y siquiatras. Aun­ que con toda franqueza sea dicho, aconsejamos a los independentistas a alejarse de psiquiatras y psicólogos tanto como Betances aconsejara a los de su tiempo a alejarse de los con­ fesionarios.

V Se ha reabierto a discusión si Albizu Campos fue fascis­ ta. La primera contestación a esa acusación la hicimos cons­ tar en la primera edición de mi libro "La Lucha Por la inde­ pendencia”, publicada en 1949. Resumo: la teoría marxistaleninista define el fascismo como la dictadura más descarada y brutal de (capitalismo monopolista. Mal puede acusarse de fascista al jefe de un movimiento independentista en una co­ lonia en la que, por necesidad histórica, no puede existir otro capital monopolista que la del invasor imperialista. Y es para interrogarse uno con toda seriedad, por qué se lanza esa acu­ sación contra el dirigente máximo del primer movimiento de oposición real organizado contra el capital monopolista yanki en Duerto Rico. Creo obligatorio, antes de seguir con el tema, aclarar por qué razón llamo al nacionalismo albizuísta la primera oposi­ ción real organizada contra el imperialismo yanki en Puerto Rico. La razón es muy simple. Albizu separó de las urnas im­ perialistas la lucha por la independencia, estableciendo un des-

(8) Debo a la generosa amistad del periodista norteamericano Harold Lidio la publicación de estos documentos, cuyas fotocopias pertenecen a su Archivo.


JUAN ANTONIO CORRETJER 23

i í-

i

CAMINO DE ATLANTA — Al amanecer del seis de junio de 1937. tras más de un año de encarcelamiento en "La Princesa”, los dirigentes naciona­ listas son trasladados de dicho penal a una lancha de la aduana yanki, de allí a un hidroavión de la Armada de Estdos Unidos. En la madrugada del siete son ingresados en la Penitenciarla Federal de Atlanta. Presidio y destierro. De izulerda a derecha: Don Luis F. Velázquez; Don Pedro Albizu Campos; Juan Antonio Corretjer y el poeta Don Clemente Soto Vélez. No fueron captados en esta foto de EL IMPARCIAL. Don Pablo Ro­ sado Ortlz. Don Erasmo Velázquez y Olmedo; Don Juan Gallardo Santiago y Don Julio Héctor Velázquez.


24

SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

linde inconfundible entre lo que se llama una "oposición leal” y una oposición sin la menor sombra conciliatoria. Al episodio electoral de 1932 Albizu fue porque aún no había logrado la hegemonía del pensamiento revolucionario so­ bre su partido. Y aquí mismo, con todo y eso, ¿me pregunto? Con el poder que su liderato ya tenía sobre su partido; con el elemento antielectoralista manifiesto ya en la Asamblea Ge­ neral de 1932,(9) ¿hizo bien o hizo mal Albizu en concurrir a las elecciones de 1932?

Invito a que se discuta mí respuesta junto al hecho con­ sumado. En mi opinión, fue un error. ¡Ojalá no hubiese sido cometido jamás! Y no fue un error por la tontería esa de que el enemigo “nos contara”. La verdad es que no nos contó. Fue un error por razones mucho más profundas cuyas raíces no son para ser vueltas al aire todavía. Es cosa de tontos, a ve­ ces de tontos extremadamente bien leídos e inteligentes, no darse cuenta de lo que ocurre al árbol que no cubre sus raí­ ces.

No cito el episodio electora! de 1932 como refutación ai supuesto fascismo de Albizu. Hitler ganó electoralmente su ascenso al gobierno. La distintiva es que Hitier fué al gobier­ no electoralmente exactamente porque era fascista, y antes que el gobierno, ya tenía el poder: el respaldo del capital mo­ nopolista alemán y las fuerzas armadas de Alemania. La cito de pasada para recordar que el gobierno de Esta­ dos Unidos sabía quién era Pedro Albizu Campos desde mu­ cho antes de 1932 y sabía que su participación electoral no lo insertaba en el marco establecido por el sistema electoral para la oposición leal.

Vuelvo por lo tanto sobre el alegado fascismo de Albizu, alegación que nada tiene que ver con los elementos decorati­ vo' le la milicia albizuísta.

Las fechas son importantes. A los independentistas altó­ ra no se les acusa de fascistas sino de comunistas, aunque son tan comunistas como Albizu fue fascista. Es un recurso

(9) La oposición a la concurrencia electoral en la Asamblea de 1932 es­ tuvo encabezada por el Licenciado Luis Verane Ortiz y la dirigente estudiantil universitaria Julia Carmen Marchand. quien gozaba en en aquel momento de todo el prestigio que le diera su puesto de avanzada en el asalto al capitolio colonial, el 16 de abril de 1932.


JUAN ANTONIO CORRETJER

25

vulgar de los que ejercen el poder confundir al pueblo acu­ sando a sus opositores de representar uno de los principales, a veces al principal, temor sembrado por ellos en las masas. Se acusa a Albizu de fascista cuando Estados Unidos necesita movilizar las masas contra el nazi-fascismo. Encima, en esos momentos Albizu está preso. En la América Latina se agita un movimiento para nuestra excarcelación. Pero, ¿cómo se va a excarcelar fascistas exactamente en los momentos en que lo obligatorio es matarlos? Luego, se abre ahora a discusión si Albizu fue fascista o no. Ahora el tema se levanta inclusive entre jóvenes independentistas. Hay otro recurso. Cuando un liderato rehúsa en­ frentarse a su enemigo con el vigor revolucionarlo con que un liderato anterior lo hizo, lo mejorcito es acusarlo de algo que desvirtúe la esencia de su liderato. La esencia del liderato de Albizu es su heroísmo, su desprecio al peligro y a la muer­ te. El profesor Estadas ha señalado una imagen gráfica del espíritu del nacionalismo albizuísta: aquél óleo de Goya en el cual un español reta, a brazos abiertos y ojos chispeantes, ai pelotón francés que lo fusila. Esa es la imagen del valor patriota. Pero si Albizu es fascista no hay heroísmo en su li­ derato, no hay patriotismo. No hay otra cosa que esa pasión negativa, esa exacerbación masiva de la pasión asesina que es el espíritu del fascismo.

Queda por lo tanto abierto a polémica, honrada y sensata, esa acusación de fascismo lanzada contra Albizu, porque en esclarecerla le va mucho al porvenir independentlsta puerto­ rriqueño.

¿Qué era en verdad Albizu? El profesor Estades me ha su­ gerido esta definición. Albizu fue un político católico militar autoritario de tipo francés. Su arquetioo sería Charles De Gaulle.do) Me pregunto ¿Otra vez sus estudios militares y la influencia personal del General Azán?

V! Ahora, otro punto. ¿Era Pedro Albizu Campos anticomunista? (10) Como el mismo Albizu. su autoritarismo llevó a De Gaulle al borde del fascismo. Mas lo que era imposible en Albizu no lo era en De Gaulle. Pero Argelia lo puso a prueba. Ningún jefe fascista es capaz de entender el liberalismo colonial; y mucho menos de acceder a la independencia de una colonia. Aclaro: la figura de De Gaulle no me inspira ninguna simpatía.


26 SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

MI experiencia personal, más la que me han ofrecido ob­ servación y lecturas, es que ser comunista es lo más difícil que se puede ser en una sociedad capitalista. Es lo mús difí­ cil, excepto no ser onticomunlsta. Claro que por razones en absoluto diferentes.(H) Muchos años de fe comunista, honda y públicamente sos­ tenida en Puerto Rico y fuera de Puerto Rico, me autorizan a afirmar, con entera franqueza, que sí hay espíritus nobles, con gran profundidad en sus sentimientos fraternales; con un sen­ tido de la amistad tan hondo coom suele sentirse en las so­ ciedades hispánicas, que llegan a sostener relaciones de gran intimidad personal y logran desarrollar sinceros, leales senti­ mientos personales, de cariño, de respeto y de lealtad, hacía comunistas. Generalmente, han sido correspondidos con re­ cíprocos sentimientos. Más recientemente hemos vivido la experiencia del mo­ vimiento ecuménico iniciado en la Iglesia Católica con el pon­ tificado de Juan XXIII, reflejado en la actitud de algunos de sus feligreses en relación con los comunistas. El sacrificio ideológico en aras de la táctica, que los llamados frente uni­ dos auspiciados por esa tendencia que en el movimiento co­ munista Internacional llamamos determinlsmo de derecha han hecho, lo ha facilitado. Y no ha dejado de manifestarse en Puerto Rico a veces con ciertos elementos de sorpresa. En este último caso, como se trata ya, no de experiencias perso­ nalmente convividas, sino de acercamientos Institucionales, se manifiestan en sus mutuos adentros, desconfianzas, hipocre­ sías, falsedades, tretas, trampas, y aún peores etcéteras, jun­ to con la pureza mayor de los sentimientos humanos. Se cum­ ple en esas alianzas también, hasta cierto punto, aquella san­ grante sentencia hostosiana: — "Los tontos y los astutos son compañeros de viaje en este mundo". — Lo que a Mostos se le pasó es que el juego puede complicarse al punto en que se convierte en trueque constante en el que los lindes se hacen indeslindables.

Mucho antes de todo ésto Albizu presidió el Club Cos­ mopolita de Harvard, cuyo fundador y primer presidente fue (11) Todo en la formación (deformación mejor dicho, enajenación en el cabal sentido que Marx dló a la sociología marxiste y no marxiste) lleva a le persona nacida y criada en una sociedad capitalista al antlcomunismo. En la sociedad capitaliste conspiran Juntos Dios y el Diablo, contra el comunismo.


JUAN ANTONIO CORRETJER 27 John Reed, comunista estadunidense que mereció el honor de que sus restos mortales reposen en- el Kremlin. En Atlanta primero y en Nueva York después Albizu y Earl Browder fue­ ron amigos, cuando éste último era, todavía, Secretario Gene­ ral del Partido Comunista de Estados Unidos.

Pero ante mi conciencia la verdad no se me convierte ni en ¡nocente fantasía ni logrero reclamo. Frente a mi concien­ cia, nutrida no sólo de teoría, de experiencia también, en una sociedad capitalista solo hay algo más difícil que ser comu­ nista: es no ser anticomunista.

Es, en el marco de esta tremenda verdad que es la lucha de clases, manifiesta en sus dramáticos, sangrientos episo­ dios: en sus suculentas porfías ideológicas o en el encuen­ tro y rencuentro de la relación de fuerzas en lugar y ocasión determinados, que se debe cuestionar si Albizu fue anticomu­ nista. Si fue anticomunista como Trujlllo o anticomunista co­ mo Camilo Torres.(12) Vil

Voy a terminar. Y terminaré verdaderamente. He escrito y hablado mucho sobre Albizu Campos. Creo que más que ningún otro que al día de hoy haya trabajado el tema. En público, por lo menos. Cuando se quiso hacer des­ vanecer su figura y como prueba de la imposibilidad de lograr semejante desatino, lejos ya de su compañía y del partido que, en palabras suyas, "juntos hicimos", y son palabras suyas aun­ que enormemente exageradas en su desmedida generosidad, Intensifiqué, nunca contrariando mi deseo pero sí mortifican­ do muchas veces mi manera diferente de pensar, la presen­ tación de sus ¡deas y de su obra. Fuerzas muy poderosas me movieron: el patriotismo; la gratitud patriótica al hombre que, repitiendo palabras con que lo presenté muchas veces en pú­ blico, "salvó a mi generación de la ignominia"; y mi gratitud personal al gran líder que pintó mi retrato juvenil ante una generación que me amó casi tanto como a él. (12) Para no ser antlcomunista, no empece la nobleza de sentimientos y el sacrificio personal ofrendado por una sociedad mejor, es nece­ sario compartir no sólo algunos conceptos de la teoría o la praxis marxista: es necesario aceptar en su totalidad lo que es la base In­ conmovible del marxismo-leninismo: el materialismo dialéctico e his­ tórico.


28

SEMBLANZA POLEMICA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS

Esta noche termino. El tema Albizu Campos muere esta noche en mi pluma y en mis labios. Una disciplina sobre mi vida interior, tan difícil y dura como la más dura y difícil qué haya impuesto anteriormente a mi vida, impone esta noche esa cortina de silencio. Es algo largamente meditado y re­ suelto. Callo. Mas seguiré viviendo, con fe mayor y candor más doloroso, las dos grandes enseñanzas que me dieron los dos grandes maestros de mi juventud: la que me enseñó Sandino, de jamás andar en tratos con políticos; y la que me enseñó Albizu: que no espere Puerto Rico independencia más que del valor con que sus armas la conquisten. Pero con esta diferencia. Yo soy comunista.

Guaynabo, a 2 de septiembre de 1973.

MITIN SAND1NISTA EN NUEVA YORK — Sócrates Sandino, hermano del Libertador Augusto César Sandino, el "general de hombres libres" que di­ jera 3arbus.se, arenga a los concurrentes en el invierno de 1928-29. El joven en primera silla, de la primera fila, es Juan Antonio Gorrotjer.


Este libro se terminó de imprimir el día 20 de diciembre de 1973.

Portada diseñada por Ramón Felipe Medina.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Semblanza polémica de Pedro Albizu Campos (1973) by La Colección Puertorriqueña - Issuu