LIBROS PARA EL PUEBLO - NUMERO 2 1
ESTE LIBRO PERTENECE A
Nombre de la familia
LIBROS PARA EL PUEBLO - NUMERO 2 i
DEPARTAMENTO DE INSTRUCCION PUBLICA DIVISION DE EDUCACION DE LA COMUNIDAD PUERTO RICO
1965
.
Capítulo I ¿QUE ES “ LA PLAGA BLANCA” ? La plaga blanca es el nombre que antiguamente se le daba a la tuberculosis pulmonar, también llamada tisis. r>
\wv\\V
¿QUE ES LA TUBERCULOSIS? La tuberculosis es una enfermedad infecciosa y contagiosa causada por el bacilo de K och.
¿ES CURABLE LA TUBERCULOSIS? La tuberculosis es curable si el paciente recibe a tiempo tratamiento adecuado.
¿CUANTAS MUERTES CAUSA LA TUBERCULOSIS EN PUERTO RICO? En 1962 murieron quinientas ochenta y una (581) personas de tuberculosis en Puerto Rico. De éstas, ciento cuarenta (140) eran personas a quienes no se conocían como casos de tuberculosis hasta el momento de su muerte. El cuadro estadístico no ha mejorado desde 1962 hasta la fecha.
¿ES PROBLEMA GRAVE DE SALUD PUBLICA LA TUBERCULOSIS EN PUERTO RICO? Sí, la tuberculosis sigue siendo un grave problema de salud pública en Puerto Rico. En 1962 se descubrieron mil ochocientos veintiséis (1,826) casos nuevos de tuberculosis en nuestra Isla. La tuberculosis sigue siendo la primera causa de muerte entre las enfermedades contagiosas en el país. En 1962 hubo ocho mil doscientas cinco (8,205) personas tuberculosas que recibieron tratamiento ambulatorio y mil doscientas setentidos (1,272) hospitalizadas en dependencias del Departamento de Salud. A éstos hay que añadir aquellos casos que recibieron tratamiento o fueron hospitalizados en institu ciones privadas, así como los que no recibieron tratamiento alguno por ignorar que padecían la enfermedad.
¿SE PUEDE CONSIDERAR LA TUBERCULOSIS UN PROBLEMA SOCIAL EN PUERTO RICO? Sí, la tuberculosis se puede considerar un serio problema social en Puerto Rico, entre otras razones, porque sigue siendo la causa principal de muerte en el grupo de edades de los quince a los treintinueve años, el período más productivo do la vida humana. Además, siendo una enfermedad de larga duración ocasiona grandes inconvenientes físicos y sufrimientos morales al indi viduo que la padece y a sus familiares. Las horas de trabajo perdidas por los que padecen esta enfermedad pueden afectar, en buena medida, la economía del país. El hecho de que la tuberculosis sea enfermedad contagiosa y de que aún muchas personas en Puerto Rico no conozcan los medios de prevenirla y las medidas para evitar el contagio, la convierten en un amenazante problema social.
¿EXISTE ALGUNA DROGA “ MILAGROSA” O “ MAGICA” PARA CURAR LA TUBERCULOSIS? No, no existe droga alguna, ni “ milagrosa” ni “ mágica” para curar la tuberculosis. La ciencia ha adelantado mucho en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar. Distintas técnicas quirúrgicas (de cirugía) y nuevos medicamentos hacen hoy más fácil el tratamiento y más rápido el restablecimiento del paciente, que veinte o veinti cinco años atrás. Pero no hay curas ultra-rápidas ni “ mágicas” para esta enfermedad. El tratamiento regularmente es largo e incluye siempre descanso y alim entación adecuada, además de la medicación o las operaciones quirúrgicas recomendadas, según el caso.
¿CUALES SON LOS MEDIOS MAS EFICACES PARA COMBATIR LA TUBERCULOSIS? Los medios más eficaces para combatir la tuberculosis son, en primer lugar, evitarla (prevención de la enfermedad) y en segundo lugar descubrirla a tiem po para facilitar el trata miento y curación del paciente.
¿QUE CONOCEMOS DE LA TUBERCULOSIS? La ciencia médica tiene hoy un conocimiento cabal de la tuberculosis. Sin embargo, nosotros, los legos en la materia, sólo poseemos nociones elementales, en ocasiones erróneas, de esta enfermedad. La mayoría de nosotros ignora, incluso, los conocimientos más elementales sobre la tuberculosis pulmonar. \ amos a tratar de corregir nuestra ignorancia, de aumentar y mejorar nuestros conocimientos respecto a este enemigo peli groso de la salud pública en Puerto Rico. Sólo conociendo a un enemigo, podemos hacernos de los medios para evitarlo o ata carlo eficazmente. En las próximas páginas de este libro encontraremos datos sobre el bacilo de Koch, una historia de la tuberculosis desde tiempos remotos a nuestros días, así como información valiosa sobre sus síntomas y método de prevención y curación. También, las facilidades que existen en Puerto Rico para su tratamiento. Vamos a contribuir con nuestros propios conocimientos a la campaña general de prevención y curación de la tuberculosis en nuestro pueblo. Es nuestra ineludible responsabilidad de buenos ciudadanos puertorriqueños.
20 1 Z-
Capítulo II
¿QUE CAUSA LA TUBERCULOSIS? Dijimos anteriormente que la tuberculosis, llamada vulgar mente tisis y designada en ocasiones como la plaga blanca, es una muy antigua enfermedad, infecciosa y contagiosa, causada por un microbio que se conoce como el bacilo de K och (se pronuncia Coc). El bacilo de Koch puede infectar o afectar muchas partes u órganos del cuerpo humano: la piel, los intestinos, los riñones, las amígdalas, los huesos, el cerebro, los pulmones, etc. De acuerdo al órgano donde se localiza o concentra la infec ción, se le da a la enfermedad distintos nombres. Tuberculosis intestinal, por ejemplo, si la infección del bacilo de Koch está localizada en los intestinos. O tuberculosis laríngea si la infec ción se localiza en la laringe o garganta. La más corriente y más conocida es la tuberculosis pu lm onar, es decir, aquella infección del bacilo de Koch que se localiza en los pulmones y que se conoce vulgarmente como tisis. Esta es la forma más temida, tanto por su frecuencia y por ser la forma más contagiosa como por su alta mortalidad (número de muertes que causa). La tuberculosis pulmonar es la que específicamente nos inte resa discutir en este libro.
EL BACILO DE KOCH El microbio que causa la tuberculosis pertenece al grupo de los llamados bacilos. Estos microbios se caracterizan por tener forma tubular (forma de tubo). El bacilo de Koch, como todos los microbios, sólo puede observarse bajo los lentes poderosos de un microscopio. En otras palabras, este tremendo enemigo del Hombre es “ invisible’ ' a simple vista. Se requiere la ayuda del microscopio para que podamos verlo. Bajo los lentes del microscopio, el bacilo de Koch aparece, regularmente, como un delgado tubito inmóvil, con sus puntas o extremidades ligeramente redondeadas. Unas veces se le ve solitario. Otras, aparecen muchos de ellos unidos en masa. El bacilo de Koch, como el Hombre, no puede vivir sin oxígeno. Quizás se explica así su “ preferencia” por los pulmones ya que son estos órganos los que proveen o proporcionan oxígeno al ser humano. Lo <{ue hace tan peligroso a este diminuto, pero implacable enemigo del Hombre es la resistencia extraordinaria que posee. Puede conservar por años su vitalidad y virulencia. El único medio natural de hacerle morir antes de que se cumpla su ciclo de vida, es la exposición directa a la luz solar. Este conocimiento no puede utilizarse para curar al tubercu loso ya que es imposible exponer directam ente al sol los pul mones del enfermo atacado por el bacilo de Koch. Sin embargo, es de utilidad conocer esta debilidad del terrible bacilo en rela ción a medidas de higiene o prevención de la enfermedad, como se verá más adelante. Otro medio de matar al bacilo de Koch es someterlo a altas temperaturas. Hablando específicamente, someterlo al calor que necesita el agua para hervir o alcanzar el punto de ebullición. Tampoco este conocimiento es de valor en el aspecto curativo ya que, naturalmente, es imposible someter los pulmones a un “ hervor ". Pero sí es importante para las medidas de higiene > prevención de contagio de la tuberculosis.
ATAQUE DEL BACILO DE KOCH Y REACCION DEL CUERPO HUMANO: EL TUBERCULO. Cuando el bacilo de Koch invade el tejido de un órgano, se forma lo que se llama un tu bérculo. El tubérculo es un cre cimiento anormal del tejido atacado; una especie de protube rancia o nudo en el órgano infectado. Esta protuberancia o nudo es de color blancuzco amarillento. El término tu bércu lo lo tomó la Medicina de la Botánica, ciencia ésta que estudia las plantas y, por lo tanto, fundamento de la Agricultura. En efecto, en Botánica se llama tubérculo al abultamiento o recrecimiento que se presenta en distintas partes de algunas plantas, especialmente en las raíces. La papa, la batata y la yautía, por ejemplo, son tubérculos, es decir, abultamientos o recrecimientos de las raíces, donde se almacena o concentra el alimento que elabora la planta. Este es un proceso natural o norm al en dichas plantas y, gracias a él, contamos con esos valiosos alimentos conocidos como tubérculos — y que nosotros familiarmente llamamos “ viandas” — tan ricos en hidratos de carbono.
La 'imaginación de los investigadores científicos hizo que ellos tomaran prestado el termino a la Botánica, utilizándolo en la Medicina para describir lo que ocurre cuando el tejido de un órgano humano lo ataca el bacilo de Koch. Desde luego, en este último caso no se trata de un proceso normal y saludable, como en el caso de las plantas mencionadas, sino todo lo contrario, morboso o enfermizo. En otras palabras, tubérculo en términos médicos describe una reacción del tejido a una situación anormal: la invasión del bacilo de Koch. Tuberculosis pulmonar es pues la enfermedad que “ produce tubérculos en los pulmones” . ¿Y por qué al atacar el bacilo se forman estos tubérculos?
Aparentemente, la formación del “ tubérculo” se debe a una reacción de defensa del tejido atacado, para evitar que la enfer medad se extienda o propague a otras áreas o partes del mismo órgano. Es un mecanismo de defensa del cuerpo humano para combatir por sí mismo la invasión del bacilo. Si las fuerzas defensoras (el tejido del pulmón) son más fuertes que las fuerzas invasoras (el bacilo), la propia naturaleza logra que el tubérculo se osifique o calcifique (se cubra con materia dura o calcárea), aprisionando al bacilo e impidiendo su propagación a otras partes del órgano afectado. El triunfo de las fuerzas defensoras (defensas naturales del organismo humano) contra el bacilo invasor, no ocurre tan corrientemente como debiera esperarse. A menudo ocurre todo lo contrario. Las fuerzas defensoras del tejido del pulmón son muy débiles ante el poderío del bacilo invasor. La defensa natural de la formación del tubérculo no llega a lograr su fin (no llega a calcificarse) y la infección se propaga, convirtiéndose en la enfermedad que conocemos como tuberculosis pulmonar, con todos sus síntomas y características. Si la infección se propaga muy rápida o fulminantemente por el tejido pulmonar, sobreviene lo que se conoce como tisis galopante. Esta toma tan de sorpresa a la víctima, que cuando ésta recurre al médico es casi siempre demasiado tarde para salvarle la vida. Ahora podemos entender que el tratamiento médico de la tuberculosis tienda a lograr tres fines: 1. Robustecer el organismo del paciente para que éste pueda resistir ventajosamente la invasión del bacilo. (De ahí que la alimentación adecuada sea parte importante del tratamiento). 2. Atacar directamente el bacilo mediante drogas o pro ductos químicos. 3. Hacer descansar el pulmón para lograr una rápida cica trización de las cavernas. (De ahí que el descanso físico sea tam bién parte esencial del tratamiento. En ocasiones, el pulmón afectado se pone a descansar artificial y temporeramente por medio de una operación quirúrgica).
Capítulo III HISTORIA DE LA TUBERCULOSIS La tuberculosis es probablemente tan antigua como la huma nidad misma. Desde luego, sus causas no las conoció el Hombre durante miles de años. Tampoco el hecho de que se tratase de una enfermedad contagiosa. La humanidad sufrió por mucho tiempo “ la plaga blanca” sin saber exactamente cómo comba tirla o prevenirla. Sin embargo, algunos intelectuales del pasado remoto, hicieron observaciones atinadas — realmente geniales para su época — sobre esta enfermedad. Por ejemplo, el filósofo griego Aristóteles, hace alrededor de dos mil cuatrocientos años (siglos antes de Cristo) afirmó en su obra los E jem plos que la dolencia que hoy conocemos como tuberculosis era enfermedad conta giosa pues se trasmitía de un ser enfermo a uno sano. Esta observación científica quedó sepultada por muchos siglos ante la creencia popular y supersticiosa de que las enfer medades eran obra de malos espíritus o demonios. No fue hasta el siglo Diecisiete (XVII) cuando empezó a
dársele atención a la investigación científica de la tuberculosis. El científico Sylvius, en ese siglo, logró establecer el tubérculo como lesión anatómica. Desde el Siglo Diecisiete hasta el Dieci nueve, varios hombres de ciencia europeos fueron abriendo el camino, con sus trabajos de investigación, para una mayor y mejor comprensión de esta enfermedad. No obstante, la generalidad de los médicos seguía creyendo, hasta después de la mitad del siglo pasado, que la tuberculosis era, o hereditaria en sí misma o que el individuo nacía con cierta predisposición hacia ella. En otras palabras, no se aceptaba como hecho establecido que la tuberculosis fuese infecciosa y contagiosa. Toda duda al respecto se desvaneció cuando en 1882 el alemán Roberto Koch descubrió un microbio de la clase de los bacilos como el causante de la enfermedad. Con ello quedó científicamente probado y establecido que la tuberculosis, cau sada por un bacilo, era de carácter infeccioso y contagioso. Desde entonces el microbio causante de esta enfermedad se conoce como el bacilo de K och en honor al Dr. Koch, su descubridor. Este gran paso de avance científico no significó, de inme diato, progreso en el tratamiento de la tubeculosis, aunque sí en su prevención o en las medidas higiénicas para evitar el contagio. Sabiendo que el causante era el bacilo de Koch, la ciencia se dedicó a buscar medicamentos o substancias químicas que, inyec tadas en la sangre (inyecciones) o incorporadas al sistema san guíneo del enfermo mediante ingestión o asimilación (pastillas y pociones) matasen el bacilo infeccioso en el pulmón. Desgraciadamente, como ya sabemos, se trata de un bacilo de gran resistencia y vitalidad. Para combatirlo, se necesitaban drogas muy potentes y tóxicas (venenosas). Pronto se descubrió que aquellas que, usadas en dosis altas podían matar el bacilo, podían también matar al ser humano o causar daños irreparables en otros de sus órganos. Se descubrió también que otras drogas, más o menos tóxicas y en dosis tolerables, tenían efectos secun darios o auxiliares — aumentando la resistencia física del paciente, por ejemplo, o aliviando o mejorando algunos de sus síntomas — pero que no resultaban curativas de por sí.
Substancias químicas Entre estas últimas drogas se utilizaron por mucho tiempo la creosota, el guayacol, el timol, el yodo, el alcanfor, el arsé nico y el hierro. Incluso el oro — tan codiciado metal — se usó en combinación con el cianuro — cianato auropotásico — en inyecciones, para combatir la tuberculosis. A base de las mencionadas y de otras substancias químicas salieron al mercado a principios de este siglo infinidad de medi camentos patentizados (inyecciones, pociones, jarabes, píldoras y pastillas) tanto en Europa como en América para el tratamiento de la tuberculosis pulmonar. No obstante, los médicos se dieron cuenta de que no había “ droga mágica” para esta enfermedad. Ningún medicamento re sultaba eficaz por sí mismo si no iba acompañado de las dos formas clásicas o antiguas de tratamiento: alimentación y reposo adecuados. Es decir, con buena alimentación y reposo, uno o varios medicamentos podían resultar efectivos o de gran valor en el tratamiento. Pero sin alimentación y reposo adecuados, no había medicina alguna que resultase efectiva para combatir la tuberculosis.
Mientras tanto, otros descubrimientos científicos, no rela cionados con productos químicos o farmacéuticos, ayudaron en el diagnóstico más rápido y seguro, y en el tratamiento de la enfermedad. El perfeccionamiento de la técnica radiográfica (“ fotografías” del pulmón obtenidas mediante Rayos X) ayudó mucho en el diagnóstico. Pero hay que tener en consideración lo siguiente: Una vez han sido aprisionados los bacilos, el tubérculo dismi nuye en tamaño a tal punto que se hace invisible aún al examen con Rayos-X. Queda, sin embargo, la prueba de la tuberculina para ayudar a conocer esos casos. La Tuberculina es un “ filtra do” de los bacilos de Koch. Una gota de ésto inyectada en la piel de una persona que no tenga tubérculos en su cuerpo, no provoca reacción, es decir es “ negativo” . Sin embargo, si hay un solo tubérculo (aunque esté éste calcificado) la gota de tuberculina produce una roncha en el sitio de la inyección a las 48 horas de inyectada (reacción “ positiva” ). Con esta prueba se puede saber quien ha tenido contacto con el bacilo de Koch, infor mación que en el »caso de los niños es de vital importancia pues a los que dan positivo en su niñez hay que someterlos a trata miento preventivo con las nuevas drogas. Por otro lado, la invención y utilización de neumotorax fue un paso de avance en el tratamiento.
El neumotorax Aunque los principios del neumotorax se habían postulado como posibilidad teórica desde principios del siglo pasado, no fue hasta 1894 cuando el italiano Forlanini descubrió el método práctico que luego habría de generalizarse en Europa y América. El neumotorax consiste en inyectar aire en el espacio inter pleural con un aparato mecánico, inmovilizando temporera mente el pulmón afectado. En otras palabras, mediante el neu motorax se pone a “ descansar” el pulmón enfermo. Hoy día, gracias a las nuevas drogas, el neumotorax ha dejado de usarse. Como veremos más adelante, con los medicamentos a nuestra disposición la curación se hace más rápida, menos costosa y más segura.
Cirugía La cirugía, por su parte, contribuyó al tratamiento de la tuberculosis. Varias operaciones quirúrgicas se propusieron y se están llevando a la práctica con éxito. Tenemos, en primer lugar, las operaciones que colapsan el pulmón, que producen la curación mediante la inmovilización del órgano enfermo. Este tipo de operación se usa poco hoy, ya que las nuevas operaciones van dirigidas a sacar o extirpar la parte enferma del pulmón y aún hasta el pulmón entero, de así requerirlo el caso.
Los sanatorios A la par que los adelantos en el tratamiento, mejoraron y progresaron grandemente, durante las primeras décadas del siglo actual, los sistemas de hospitalización para tuberculosos. Después de 1882 (fecha cuando el Dr. Koch descubrió el bacilo causante de la tuberculosis) y al generalizarse el conoci miento de que la tisis o plaga blanca — como generalmente se le conocía entonces — era enfermedad infecciosa y contagiosa, se creó una actitud de pánico ante dicha dolencia. Toda vez que la mayoría de la gente ignoraba las razones científicas de los métodos adecuados de higiene para evitar el contagio, se miraba al tísico casi como a un ser maldito, conde nado a un aislamiento casi total. El resultado de esta actitud prejuicida e irrazonable fue hacer que el tuberculoso se sintiese rechazado por los demás, “ culpable” de un “ delito” que él no había cometido.
Algunos, avergonzados de su condición de enfermos conta giosos se sentían desgraciados y pesimistas, actitud que no ayu daba en absoluto a su curación y restablecimiento. Otros, al no cooperar en el tratamiento, se dejaban prácticamente morir, como escape suicida al ambiente de rechazo en que vivían. Otros, desarrollaban una actitud vengativa ante el rechazo de los demás. Su venganza — inconsciente, la mayoría de las veces — consistía en no tomar ninguna precaución de higiene en su relación con familiares y amigos para que estos contrajesen la enfermedad. Por otro lado, muchos individuos que sentían los primeros síntomas de la enfermedad, aterrados por lo que la palabra “ tísico” representaba para ellos, en vez de acudir de inmediato al médico, ocultaban tenazmente los síntomas ante los ojos de sus propios familiares. El resultado de ello era que, cuando los síntomas resultaban ya inocultables y los familiares le llevaban al médico, la enfermedad había causado estragos irreparables. Los hospitales dedicados exclusivamente al tratamiento de tuberculosos — que habrían de conocerse como sanatorios — surgieron y se extendieron por Europa a fines del siglo pasado y principios de éste, ayudando a resolver el vital problema. En ellos encontraron los tuberculosos el aislamiento necesario para su propio bienestar y para la protección de la comunidad, sin que se sintieran totalmente aislados o rechazados pues com partían su suerte con los demás compañeros enfermos y tenían la atención adecuada de médicos y enfermeras para el tratamiento científico de su enfermedad La tranquilidad, el reposo y la dieta indicados que, a menudo, no eran fáciles de lograr en el hogar, se hacían más viables en los hospitales especializados o sanatorios.
Los sanatorios se construían casi siempre en regiones altas o montañosas, donde el aire era puro, no contaminado con el polvo y los gases de las ciudades industriales. En Europa, se hicieron famosos los de la región montañosa del sur de Alemania, de Austria y de Suiza. A ellos acudieron pacientes de todo el mundo. Sanatorios similares fueron luego surgiendo en Norte y Sur América. Grandes personalidades de su época, víctimas de la tuberculosis, recuperaron su salud en estos sanatorios. Entre otros, tres famosos escritores, no sólo sanaron, sino que utilizaron el ambiente del sanatorio para llevarlo a sus obras literarias. Thomas Mann, por ejemplo, escritor alemán, así lo hizo en su novela La Montaña Mágica. El dramaturgo norteamericano Eugene O’ Neill también llevó su experiencia en el sanatorio a una de sus primeras obras de teatro. Y, más re cientemente, el español Camilo José Cela hizo lo propio en su novela Pabellón de Reposo. Por desgracia, estas reconocidas instituciones tenían un gran inconveniente: no eran asequibles a los pacientes pobres. Los sanatorios más famosos eran instituciones privadas y el tratamiento y estadía, así como el viaje a ellos, eran en extremo costosos. Sólo las clases más pudientes podían enviar allí a sus enfermos tuberculosos. Sin embargo, los gobiernos asumieron también la responsa bilidad de subvencionar y operar sanatorios públicos. En algu nos países, como Alemania, estos llegaron a estar tan bien equi pados y atendidos como los privados. En otros países, eran más modestos, pero vinieron a contribuir grademente al bienestar y mejor tratamiento de la población tuberculosa de escasos recur sos económicos.
El Sanatorio Insular En Puerto Rico se inauguró el Sanatorio Insular en 1918. Para esa fecha era Comisionado de Salud el Dr. Alejandro Ruíz Soler. Este funcionario puertorriqueño fue el primero en intere sarse vivamente en la lucha contra la tuberculosis en nuestro país. Vió él la necesidad perentoria de establecer un sanatorio en la Isla, pero el gobierno no tenía fondos asignados para ese fin. Por ello el Dr. Ruíz Soler se dedicó a levantar fondos de
personas y entidades particulares. A base de donativos, el Comisionado de Salud logró reunir la suma — muy respetable para esa fecha — de noventa mil dólares ($90,000). Por otra parte el Sr. Don Pedro Arzuaga, propietario de extensos terrenos en las afueras de Río Piedras, al enterarse del proyecto del Dr. Ruíz Soler fue a verle espon táneamente y ofreció regalar la tierra para erigir el Sanatorio. El Sr. Arzuaga donó finalmente una finca de ciento siete (107) cuerdas. Los edificios del Sanatorio se erigieron originalmente en esta amplia finca entre Río Piedras y Guaynabo, aislados de las molestias y ruidos urbanos, rodeados de espesa vegetación y aire fresco, en un ambiente de tranquilidad y sosiego para los pacientes. Paulatinamente, fue proveyéndose al Sanatorio del equipo y las facilidades adecuadas para la época. Además, quedó ads crito como dependencia del Departamento de Salud y así ha seguido funcionando hasta la fecha. Hoy, en los terrenos que ocupaba el Sanatorio Insular, se ha erigido el Centro Médico Metropolitano. Con el crecimiento natural de San Juan, lo que en 1918 era finca aislada se ha con vertido en área urbana densamente poblada, flanqueada por el Reparto Metropolitano y la Urbanización Villa Nevares. El Sanatorio Insular, que muy merecidamente lleva hoy el nombre de Sanatorio Dr. Alejandro Ruíz Soler, en honor a su fundador, ha sido trasladado a los edificios que antes ocupara el Hospital de Distrito de Bayamón, en la Carretera Número 2, sector de Pueblo Viejo, entre Bayamón y San Juan. Equipado adecuadamente, tiene novecientas (900) camas donde el paciente recibe tratamiento médico y quirúrgico completo y donde existen facilidades para darle atención a las embarazadas con tuberculosis.
Las drogas “ mágicas” Cuando a fines de la década del cuarenta empezaron a popu larizarse las llamadas drogas “ milagrosas” o “ mágicas” (la peni cilina y las drogas sulfas, así como otros antibióticos) se llegó a creer que la humanidad se vería al fin libre de una serie de enfer medades infecciosas. Desde el simple catarro hasta la tuberculosis,
habrían de encontrar remedio en estas poderosas drogas que estaban ya a la disposición y alcance del pueblo. Tanto la mayoría del público como algunos médicos llevaron su entusiasmo y optimismo demasiado lejos. En el caso de la tuberculosis, llegó a creerse que era posible tratar a los pacientes con las nuevas drogas prescindiendo de otros aspectos del trata miento tradicional como el reposo o descanso. Algunos pensaron que ya ni siquiera eran necesarios los servicios de hospitalización para estos enfermos y que, por lo tanto, podían eliminarse los sanatorios. Semejante optimismo se basaba en la notable mejoría en los síntomas, lograda por las nuevas drogas en buen número de pacientes. Pero la experiencia pronto demostró que el exceso de optimismo no estaba justificado. La mejoría en los síntomas no significaba curación. En otras palabras, la idea de eliminar los sanatorios era absurda. Como con tantas otras drogas y pro ductos químicos del pasado, las nuevas drogas por sí mismas no curaban radicalmente la tuberculosis si se prescindía de otros aspectos importantes del tratamiento. Los tisiólogos o especialistas en tuberculosis tienen boy a su disposición la vasta experiencia de más de ochenta años de adelantos científicos en la lucha tenaz contra la infección pulmo nar del bacilo de Koch. No hay boy, como no la hubo antes, “ droga mágica” alguna que por sí misma cure la “ plaga blanca” . Pero esta enfermedad sí es curable mediante el tratamiento médico adecuado, siempre que el paciente se atienda a tiempo. En este tratamiento médico se emplea hoy un número cada día más crecido de drogas que facilitan la curación de la tubercu losis. El médico las administra en grupos de a dos ya que dán dolas individualmente los resultados no son tan satisfactorios. Desde el punto de vista del paciente es bueno recordar que estas drogas se deben tomar sin interrupción y por un plazo de no menos de 12 a 18 meses. El suspender el tratamiento prolongará la enfermedad y hará su curación más dudosa.
Capítulo IV EL ROMANTICISMO Y LA TUBERCULOSIS A principios del siglo pasado toda Europa, pero muy espe cialmente Alemania y Francia, se estremecían espiritual y esté ticamente bajo el vendaval apasionado del R om an ticism o. El romanticismo fue un movimiento literario y artístico que dio un énfasis desmedido al individuo. Se veía al ser humano, románticamente, como un ser aislado e incomprendido, miste riosamente “ condenado” por fuerzas superiores a él, en lucha titánica contra la sociedad, la naturaleza, el destino o Dios. Las pasiones de este héroe rebelde habrían de ser, desde luego, exageradas, desorbitadas. Fue todo ello una reacción comprensible contra las tenden cias artísticas de los siglos anteriores. El europeo estaba ya cansado de la meticulosa ponderación, la frialdad y las reglas inflexibles que aprisionaban el arte y la literatura. El romanti cismo fue, pues, una revolución espiritual y estética. Liberó al artista de los moldes rígidos impuestos por sus antepasados a la expresión literaria y artística. Pero este movimiento fue más allá del arte y la literatura. Se convirtió, si no en una filosofía, por lo menos en una actitud o postura del europeo en casi todos los aspectos de su vida. Hubo un modo de pensar romántico, un modo de amar román tico, un modo de sentir romántico, un modo de hacer política romántico, un modo de comportarse en sociedad romántico. Y, aunque parezca incríble, un modo de enfermarse romántico. Digámoslo ya: la tuberculosis fue la enfermedad del romanticismo. El fenómeno tiene, basta cierto punto, su explicación lógica.
Para la fecha cuando triunfaba el romanticismo en Francia — principios del Siglo Diecinueve — la causa de la tuberculosis era todavía un misterio. (Recordemos que no fue basta finales de ese smlo — en 1882 — cuando el Dr. koch descubrió el bacilo O causante de la enfermedad.) No se temía por su contagio ya que se ignoraba entonces que fuese contagiosa. Pero el tuberculoso — raras veces curable en esa época — aparecía como un ser tocado por el “ dedo de Dios , enfrentándose a una "fatalidad contra la cual le era imposible luchar, “ condenado a langui decer y morir prematuramente, solo y aislado frente a su miste rioso “ destino” , aparentemente víctima de una inexplicable “ maldición” . Es decir, el tuberculoso aparecía a principios del siglo pasado con características peculiares del romanticismo. Se proyectaba psicológicamente sobre él, el concepto que del héroe sufriente e incomprendido había forjado el romanticismo. Quizás más importante que lo anterior fue el hecho de que muchos escritores y artistas de la época romántica padeciesen de tuberculosis. Esto también tiene su explicación lógica. ¡No es que la tuberculosis “ escogiese caprichosamente a algunos artis tas y escritores de esa época por ser éstos románticos. Es, senci llamente, que el escritor y el artista, en toda época, tienen por lo general que pasar. grandes dificultades económicas y penurias físicas en su juventud, antes de que a él llegue el triunfo . . . si es que éste llega. En otras palabras, el escritor y el artista, en su lucha por el reconocimiento en ciudades europeas del siglo pasado, llevaban una vida dura y difícil. Mal alimentados — pasando hambre a menudo — y mal abrigados — tenían que sufrir los crudos in viernos en cuchitriles antihigiénicos, sin calefacción y sin ropas adecuadas — eran campo fértil para la infección pulmonar del bacilo de Koch. Cuando a los que triunfaban les llegaba el tiempo de bienes tar económico, algunos de ellos llevaban consigo, junto al triunfo, la tuberculosis. Varias figuras famosas del mundo literario y artístico europeo de la época romántica padecieron de dicha enfermedad. No es de extrañar así que en algunas obras lite rarias escritas por románticos los protagonistas o personajes prin
cipales fuesen también tuberculosos. Este es el caso de La Dama de las Camelias, novela de Ale jandro Dumas, hijo, que cuenta los amores borrascosos de la bella cortesana Margarita Gautier y su joven amante Armando Duval. El autor mismo adaptó luego su novela a teatro y el drama de La Dama de las Camelias se ha representado desde hace casi un siglo en todos los idiomas y todos los países de Europa y América. Las más eminentes actrices han interpretado el papel de Margarita Gautier y varias generaciones han vertido lágrimas en la escena final, donde Margarita, consumida por la tuberculosis pulmonar, muere en los brazos de su Armando. Aunque su autor, Alejandro Dumas, hijo, creyó escribir una obra realista, ya que en ella se presentan de modo realista escenas del diario vivir, La Dama de las Camelias no deja de estar influida por la época romántica en que se escribió y hay en ella un hálito de romanticismo. En esta obra habría de basar luego el compo sitor italiano Giuseppe Verdi, su famosa ópera La Traviata. Todo esto contribuyó a que la tuberculosis “ se pusiera de moda” . No sólo porque causaba estragos en la población de ese período sino porque padecer de la misma enfermedad que pade cían artistas, escritores y personajes literarios parecía "‘intere sante” y “ romántico” . Semejante tontería tuvo su culminación en París donde muchas chicas burguesas y jóvenes aristócratas — teniendo todos los medios para alimentarse bien — comían poco y mal para mantenerse extremadamente delgadas. Las muchachas se cubrían el rostro de polvo blanco, pero no se ponían colorete para darle a su cutis una apariencia muy pálida y enfermiza. También acentuaban las ojeras y se maquillaban los ojos para que éstos adquiriesen el brillo febril de los pacientes tuberculosos. Como si fuese poco, llevaban pañuelos de encaje en la mano y fingían toser, con gestos débiles y lánguidos. Esta estúpida farsa, afortunadamente, no duró mucho. Como toda moda, su furor fue efímero. Con el descubrimiento del Dr. Koch en 1882 de que la tuberculosis era enfermedad infecciosa y contagiosa, causada por un bacilo, a las chicas tontas de París no les quedaron más ganas de fingirse afectadas por el terrible microbio.
Chopín Uno de los compositores representativos del movimiento romántico europeo fue Federico Chopin, (se pronuncia Chopán). Nació en Polonia, pero llevó triunfalmente su música a capitales de Europa, especialmente a París donde vivió varios años y murió tuberculoso. Chopin fu e autor de los inolvidables Nocturnos. Una de sus composiciones menores más populares es La Polonesa, pieza patriótica, canto de libertad a su Polonia, oprimida en aquella época por la Rusia de los zares. Gran pianista, además de compositor, Chopin daba con ciertos ejecutando al piano sus propias composiciones. En la cúspide de su fama fue aplaudido y mimado por la sociedad de París. Sus amores con la novelista francesa George Sand fueron famosos. Ella le llevó a Mallorca, la hermosa isla española en el Mar Mediterráneo, pensando que el clima cálido majoraría la condición de su amante enfermo. Pero la enfermedad estaba muy avanzada y la ciencia en esos días muy atrasada en el tratamiento de esta enfermedad. Los estragos de su dolencia y los disgustos entre ambos amantes durante su estadía en Mallorca, empeoraron la condición del compositor. El músico y la novelista regresaron a París, rotos ya sus amores. Algún tiempo después moría Federico Chopin dejando al mundo el tesoro de su música inmortal.
Bécquer y Gautier Benítez Gustavo Adolfo Bécquer, gloria de las letras españolas y José Gautier Benítez, primer poeta romántico de Puerto Rico, al igual que el compositor polaco Federico Chopin, murieron jóvenes, atacados por el bacilo de Koch. Sus vidas de creadores, truncas demasiado pronto, pudieron haberse prolongado fructíferamente, de haber vivido ellos años después, cuando la ciencia médica había hecho adelantos notables en el conocimiento y tratamiento de la tuberculosis pulmonar. GUSTAVO ADOLFO BECQUER nació en Sevilla en 1836. Huérfano a los diez años, fue recogido por una tía suya. Siendo aún adolescente, se trasladó a Madrid donde trabajó como escribiente (hoy diríamos oficinista) en una agencia de gobierno. Su humilde empleo no duró mucho. Fue despedido al des cubrir su jefe que escribía poemas en las horas de trabajo regular. Laboró luego como periodista y llegó a dirigir La Ilustración de Madrid. Visitó las principales ciudades históricas de su país y escribió una Historia de los templos de España. Pero la obra que le dio fama imperecedera fueron sus Rim as, colección de poemas cortos de sentimiento hondamente lírico y forma delicada y exquisita. También han merecido reconoci miento sus Leyendas, narraciones en prosa, notables por^su sobriedad de expresión, sentido dramático y castizo lenguaje castellano. Bécquer no pudo gozar el éxito de sus obras. Preparaba la primera edición de ellas cuando murió en Madrid, en 1870 a los treinticuatro años de edad. Fue después de su muerte que su obra alcanzó la fama. El poeta, aparentemente, fue desgraciado en amores. Ello, junto a la angustia de saberse enfermo y su preocupación por la muerte se refleja en parte de su obra poética.
JOSE GAUTIER BENITEZ, hijo de Alejandrina Benítez, una de las primeras poetisas puertorriqueñas, nació en 1848. La temprana vocación poética de Gautier Benítez fue estimulada por la madre escritora.
El joven puertorriqueño estudió en España y sirvió en el ejército español. Siendo estudiante en la Madre Patria escribió sus primeros versos. No hay duda de que en ellos hay influencias de Bécquer. En su poesía, como en la del poeta español, se des cubre un hondo lirismo. Ambos abordan temas similares: el amor, la muerte, Dios, el misterio de la vida. Pero el lirismo de Gautier Benítez se encauza, además, hacia un tema que no tocó Bécquer: la Patria.. El amor entrañable que siente por su tierra puertorriqueña ha de llevar a Gautier Benítez a sus más logradas composiciones poéticas. Borinquen, que él llamó “ la perla de las Antillas” y “ bello jardín de América el ornato” es el tema que más conmo vedores acentos arrancara a su voz de poeta. De regreso a Puerto Rico, Gautier Benítez se dedicó al periodismo. (Esto también nos recuerda a Bécquer.) Pero el poeta puertorriqueño realiza su labor periodística como una lucha cívica contra las fallas de la sociedad colonial puertorri queña de su tiempo. Según uno de los estudiosos de su obra, Gautier “ combatió el fanatismo religioso tanto como la intran sigencia reaccionaria, y fue el verbo fulgurante, la palabra inspi radora que glorificó la redención del esclavo” . En el periódico El Progreso publicó sus famosos Cuadros sociales que constituían viriles protestas a la condición de su país. Perseguido por sus opiniones políticas fue destituido de un modesto empleo de escribiente en el gobierno colonial. (A Bécquer le echaron del empleo por poeta; a Gautier, por sus ideas políticas.) Fundó entonces, junto a su gran amigo Manuel Elzaburu (funda dor del Ateneo Puertorriqueño) la Revista Puertorriqueña, perió dico quincenal de literatura y ciencia. Sus poemas más conocidos, cuyo tema es precisamente el de la Patria, son Ausencia y Regreso (productos de su época juvenil) y el famoso Canto a Puerto Rico de mayor envergadura y madu rez poéticas. Gautier murió tuberculoso en San Juan, en 1880, a los treintidos años de edad (diez años después de la muerte de Bécquer en Madrid y dos años antes de que el Dr. Koch des cubriese en Alemania el bacilo causante de la tuberculosis).
RIMA 15 por Gustavo Adolfo Bécquer
Inspirándose en la siguiente rima de Bécquer, (la rima número 15), Don Angel Mislán compuso una de las más bellas danzas puertorriqueñas, “ Tú y Yo” . Mislán nació en San Sebastián en el año 1861 y murió en el 1912. Al cantar la danza puertorriqueña “ Tú y Yo” muy pocos de nosotros recordamos que su bella letra es una rima de amor del gran poeta español Gustavo Adolfo Bécquer. He aquí la letra de la canción que tan a menudo escuchamos. Cendal flotante de leve bruma, rizada cinta de blanca espuma, rumor sonoro de arpa de oro, beso del aura, onda de luz: eso eres tú. Tú, sombra aérea que cuantas veces voy a tocarte, te desvaneces como la llama, como el sonido, como la niebla, como el gemido del lago azul. En mar sin playas, onda sonante, en el vacío, cometa errante. Largo lamento del ronco viento. Ansia perpetua de algo mejor: eso soy yo. ¡Yoj que a tus ojos en mi agonía los ojos vuelvo de noche y día; yo, que incansable corro, y demente, tras una sombra, tras la hija ardiente de una visión!
CANTO A PUERTO RICO por José Gautier Benítez (Fragmentos)
¡Borinquen! Nombre al pensamiento grato como el recuerdo de un amor profundo; bello jardín de América el ornato, siendo el jardín América del mundo. Perla que el mar de entre su concha arranca al agitar sus ondas placenteras; garza dormida entre la espuma blanca del niveo cinturón de tus riberas. Tú, que das a la brisa de los mares al recibir el beso de su aliento la garzota gentil de tus palmeras; Que pareces en medio de la bruma, al que llega a tus playas peregrinas, una ciudad fantástica de espumas que formaron jugando las ondinas; Un jardín encantado sobre las aguas de la mar que domas; un búcaro de flores columpiado entre espuma y coral, perlas y aromas; Tú que en las tardes sobre el mar derramas, con los colores que tu ocaso viste, otro océano de flotantes llamas; Tú que me das el aire que respiro y vida al ritmo que en mi lira brota, cuando la inspiración en raudo giro con sus alas flamígeras azota la frente del cantor, ¡oye mi acento!
¡Oyelo, patria! El último sonido será, tal vez, de mi laúd; muy pronto partiré a las regiones del olvido. Mi juventud efímera se merma y ya en su cárcel habitar no quiere el alma melancólica y enferma. Antes que llegue mi postrero día y mi cantar se extinga con. mi aliento, toma, ¡patria!, mi última poesía: ¡ella es de mi amor el testamento! ¡ella el adiós que tu cantor te envía!
Capítulo VI LOS SINTOMAS Los síntomas de la tuberculosis pulmonar son muy diversos y variados, dependiendo, en buena medida, de los siguientes factores: 1. La levedad o severidad de la infección (cuánto ha pro gresado la infección cuando empiezan a aparecer los síntomas más obvios o corrientes). 2. Localización de la infección (en qué lugar o zona del pulmón se inició o empezó a propagarse la infección). 3. La naturaleza o constitución física del individuo que sufre la infección. La imagen clásica que tenemos del tuberculoso es la de un hombre, mujer o niño extremadamente delgado, débil o carente de energías, muy pálido, con los hombros encorvados, que come y duerme poco, se siente febril a determinadas horas, tose a menudo e incluso escupe flema sanguinolenta o sufre o ha sufrido el dramático síntoma de la hem optisis (expulsar sangre al toser). Esta imagen que nos hacemos del paciente de tuberculosis pulmonar es correcta en un buen número de casos pues incluye los síntomas más comunes de la enfermedad cuando ésta ha progresado bastante.
Sin embargo, un individuo grueso y robusto, de apariencia saludable, puede también padecer de tuberculosis por determi nado tiempo sin que él ni sus familiares se den cuenta de la peligrosa situación debido, precisamente, a la ausencia de los síntomas más obvios o corrientes. En estos casos, como en tantos otros, las apariencias engañan y sólo un concienzudo examen médico y de laboratorio producirá el diagnóstico correcto. Urge en estos casos hacerse una radiografía de pecho y naturalmente, tratar de encontrar el bacilo de Kocli en el esputo. Enumeramos a continuación una serie de síntomas que tie nen su origen en esta enfermedad. Deberán entenderse claramente dos cosas, sin embargo. Ea primera es (pie algunos de estos síntomas NO SON EXCLUSIVOS DE LA TUBERCULOSIS. Es decir, que algunos de ellos (anemia, pérdida de peso, insomnio, accesos de fiebre, entre otros) son síntomas que ocurren también en varias otras enfermedades. La segunda es que NO TODOS los síntomas que aquí se enumeran aparecen en un m ism o individuo tuberculoso. Como ya se dijo antes, los síntomas varían de individuo a individuo. Los más corrientes o aparentes en un tuberculoso no son necesariamente idénticos a los más corrientes o aparentes en otro. V puede hasta darse el caso que el paciente sólo presente uno de los síntomas que mencionaremos a continuación.
Síntomas 1. Pérdida de apetito (“ desgano’ * para comer). 2. Insomnio (“ desvelo” o incapacidad para dormir normal mente las horas acostumbradas). 3. Pérdida de peso (puede ser lenta o paulatina o rápida y dramática). 4. Sensación de cansancio o extenuación (cansancio o exte nuación ante las mismas actividades de rutina que antes no producían semejante condición). 5. Anemia (“ empobrecimiento” de la sangre que produce en algunos una palidez extrema y en otros da un tono amarilloso a la piel). Vale aclarar que en algunos casos se puede padecer de anemia o “ empobrecimiento” de la sangre sin que se observe palidez anormal de la piel. Incluso se da el caso de personas anémicas que tienen “ buenos colores” en las mejillas. También en este caso pueden engañar las apariencias. 6. Dificultad o irregularidad al respirar (“ fatiga” o jadeo que, en algunos casos, se asemeja al respirar angustioso de los asmáticos). 7. Dolores en el pecho. (Cuando éstos se presentan, pueden ser fijos —siempre en el mismo lugar— o erráticos, es decir, unas veces en un área o zona del pecho y otras en un área distinta a la anterior.) 8. Irritabilidad emocional o “ nerviosidad” . 9. Accesos de fiebre. (La fiebre se produce a determinadas horas del día, casi siempre al atardecer o por la noche.) 10. Tos. (Esta puede ser esporádica, concentrándose en accesos o ataques, seguidos de períodos de calma. O puede ser pertinaz, es decir, casi continua. En ocasiones, las partícu las de saliva expulsadas al toser son sanguinolentas.) 11. La expectoración o flema que el enfermo expulsa es de consistencia espesa, purulenta y fétida. Los esputos tienen forma redondeada y aislada, a modo de pequeñas monedas. 12. Ronquera prolongada. 13. Sudores nocturnos. (Sudores que se producen de noche, a temperaturas y en circunstancias en que el individuo,
normalmente, no sudaría.) 14. Diarrea y digestiones pesadas. 15. Hemoptisis o expulsión de sangre al toser. (Este es el síntoma más inesperado o dramático para el paciente y sus familiares. Por ello es el que más alarma a unos y otros. Si ocurre, es entonces que, tanto el enfermo como sus familiares —quienes por ignorancia o terquedad no han prestado atención a otros síntomas— se convencen de la necesidad de recurrir inmediatamente al médico. Este síntoma, sin embargo, no es tan corriente como se suele creer.)
ENFERMEDADES DE LAS VIAS RESPIRATORIAS Ya se ha señalado que un cuerpo débil, mal alimentado o minado por otras enfermedades, puede ser campo fértil para la tuberculosis. Especialmente peligrosas en este caso son las enfermedades que afectan las vías respiratorias, entre otras, la pulmonía, la bronquitis, la influenza o ‘‘ monga" y los catarros comunes. Un catarro mal cuidado puede fácilmente conducir a una bronquitis o una pulmonía. Aparte de ser estas enfermedades contagiosas y peligrosas en sí mismas (la pulmonía, por ejemplo, puede ser mortal) ellas debilitan la resistencia natural de las vías respiratorias facilitando una posible infección del bacilo de Koch.
Aquellos que sou propensos a los eatarros comunes, deben prestarles especial atención y, sobre todo, tratar de prevenirlos o evitarlos. Para ello, en primer lugar, debe proveerse al cuerpo, diaria mente, con una cantidad suficiente de Vitamina C. Esta vitamina, importante para la buena salud, se consigue en las farmacias en forma de tabletas. Pero podemos muy bien ahorrarnos este gasto si usamos diariamente, en nuestra dieta, frutas frescas del país o jugos de estas ricos en Vitamina C. Dos o tres acerolas diarias nos darán la dosis necesaria de esta vitamina. Un vaso de jugo puro de toronja, china o limón frescos, un mangó entero, una guayaba, dos o tres taj-adas de pina, una tajada de papaya madura, dos tajadas de guanábana o dos pedazos grandes de mamey propor cionan también la dosis requerida. Cualquiera de esas frutas en la cantidad indicada, contiene la Vitamina C que el cuerpo necesita diariamente, llav, pues, frutas con Vitamina C para todos los gustos y en todas las épocas del año. Cuando no se consiga una, se puede utilizar otra de las frutas mencionadas. Cuidémonos del contagio evitando contacto directo o íntimo con personas afectadas de catarro, “ monga” , bronquitis o pul monía. Si el contacto es necesario o imprescindible, tomemos las medidas profilácticas de rigor. Evitemos también los cambios bruscos de temperatura de un lugar caliente a uno frío. Si el cuerpo está acalorado o sudado evitemos entrar de súbito en un lugar húmedo o frío. No nos expongamos a las corrientes directas de aire frió dentro de la casa, especialmente si estamos sudados o acalorados. Aquellas personas que trabajan en lugares donde se produce o se levanta polvo como parte rutinaria de la labor, tales como minas, canteras, trituradoras de piedra, fábricas de cemento o aquellas industrias donde se utiliza la cal o el bagazo de caña pulverizado, deben prestar atención especial a este problema. Las personas que han de trabajar en esas circunstancias están expuestas a enfermedades graves de las vías respiratorias.
Capítulo Vili EL CONTAGIO DE LA TUBERCULOSIS Y MEDIOS DE EVITAR LA ENFERMEDAD La infección del bacilo de Koch, causante de la tuberculosis pulmonar, se inicia por las vías respiratorias. Es decir, el agente causante de la enfermedad sólo puede llegar a los pulmones entrando por la nariz o la boca. El contagio de la tuberculosis se efectúa de una persona enferma a una sana. Este contagio puede ser directo o indirecto.
Directo El contagio directo ocurre cuando la persona sana está en íntimo contacto con el enfermo sin tomar las medidas de pre caución necesarias. La flema, la saliva (aún en partículas muy pequeñas como las expulsadas al toser o estornudar) y la mucosidad de la nariz del enfermo, son portadores directos del bacilo de Koch. Dormir con la persona enferma, besarla o ser besada por ella, utilizar artículos del uso personal del enfermo, respirar el aire contaminado por los estornudos o la tos de este, son algunas de las posibilidades de contagio directo.
Indirecto
n n n n n M
M
n
Moscas que se han detenido en el esputo o flema expulsada por un tuberculoso y que luego se “ paseanâ€? por la comida o alimento de una persona sana, pueden transmitir el bacilo de Koch. Respirar polvo que contiene el bacilo de Koch es otro medio de contagio indirecto. Usar tazas, vasos, cubiertos u otros utensilios que fueron utilizados por un tuberculoso y que no han sido esterilizados (pasados por agua hirviendo o por algĂşn desinfectante efectivo) es otro medio de contagio indirecto.
Precauciones para evitar el contagio Tan pronto se sospeche que en la familia hay alguien que puede padecer de tuberculosis deben tomarse las precauciones necesarias. La inmediata visita al médico es imprescindible. Si el diag nóstico es positivo, las autoridades médicas determinarán si es factible la hospitalización o si el enfermo temporera o perma nentemente puede atenderse en el propio hogar. Las instruc ciones del médico deben seguirse al pie de la letra. Es importante averiguar, tan pronto como sea posible, el momento en que ha ocurrido el contagio. Esto es de mayor importancia aún en los niños que en los adultos. Se están haciendo estudios anuales entre los niños de edad escolar con la prueba de tuberculina. Tan pronto como ésta es positiva, sobre todo si el año anterior fue negativa, se debe iniciar tratamiento de ese niño, aún cuando no existe la enfermedad activa y cuando la radiografía es normal. Este se llama tratamiento profiláctico y evita serias complicaciones cuando el niño llega a ser adulto. Tanto el enfermo como sus familiares y amigos deben enten der claramente la necesidad de medidas adecuadas para evitar el contagio. Estas se toman para bien del enfermo y de las per sonas que lo rodean. Evitar el contagio no es falta de amor o de cariño al enfermo, sino comprensión cabal de los principios científicos envueltos en la enfermedad y en su prevención.
El enfermo debe dormir solo en una habitación limpia y bien ventilada. lodos los artículos de uso personal del paciente (ropa, ropa de cama, mosquitero, toallas, platos, vasos, tazas, cubiertos, etc.) deben mantenerse aparte y no utilizarse por nadie más en la familia. Los utensilios de comer como platos, vasos, tazas, cubiertos que pertenecen al paciente deben lavarse aparte, hirviéndolos, además, cada vez que los use el enfermo. No basta con lavarlos con agua y jabón. Tampoco es suficiente el agua caliente. Es necesario hervirlos. La ropa que use el enfermo así como el mosquitero, toallas y ropa de cama deben lavarse aparte, pasarlos por agua hirvien do, y, si posible, solearlos o secarlos a pleno sol. En vez de pañuelos de tela, el paciente debe usar pañuelos de papel (que se venden por cajas en las farmacias, bajo el nom bre de Klecnex —se pronuncia “ clínex” ). Cada vez que el enfer mo estornude o tosa debe taparse boca y nariz con uno de estos pañuelos de papel. Nunca deberá escupir en el piso ni en un recipiente, sino en uno ,de estos pañuelos de papel. Los pañuelos de papel ya usados los irá depositando el enfermo en una bolsa de papel, prendida con un alfiler o imper dible a la sábana, en el borde de su cama. La bolsa puede ser de las que usan en los colmados —de papel de estraza— o bien improvisada con una hoja de periódico. Una o dos veces al día esta bolsa, conteniendo los pañuelos de papel usados por el enfermo, deberá removerse y quemarse completa. (No debe echarse a la basura, sino quemarse). Una bolsa nueva se colocará al borde de la cama para sustituir la que se lia quemado. Los que atienden al enfermo deberán desinfectarse y lavarse las manos a menudo. El alcohol desnaturalizado puede ser útil a estos fines. La lucha contra las moscas y otros insectos y plagas debe intensificarse. Si fuese económicamente posible, la habitación del enfermo debería estar protegida contra insectos y sabandijas con puertas de tela metálica muy fina y paneles del mismo material en las ventanas.
Actitud psicológica frente a la enfermedad Padecer de tuberculosis o tener en la familia un paciente tuberculoso no es ni deshonroso ni humillante. Se trata de una enfermedad curable cuyas causas y tratamiento han sido plena mente comprobadas por la ciencia. No hay nada vergonzoso ni misterioso en la tuberculosis como no lo hay en ninguna enfermedad. Es cierto que por su larga duración la tuberculosis presenta molestias e inconvenientes para el enfermo y sus familiares. Pero aceptados estos, no hay porqué asumir una actitud pesi mista o sombría. La vida familiar puede seguir su curso normal y la actitud optimista tanto de la familia como del enfermo ayudará mucho a unos y al otro. Dentro de las limitaciones que impone la enfermedad, el tuberculoso, de acuerdo con las instrucciones del médico, puede participar en algunas actividades útiles y sobre todo, cultivar su mente y su espíritu, aprovechando ese período de forzoso descanso físico. En otras palabras, el tuberculoso no tiene por qué sentirse aislado del mundo que le rodea. Tanto el médico como sus familiares y amigos le ayudarán a mantener el interés en el mundo a que pertenece. El interés en su mundo, la fe y el optimismo en relación a su curación son de tanta importancia en el tratamiento como las drogas y medicinas. Puede, además, el paciente, aprovechar los servicios de la División de Rehabilitación Yocacional. El Depar tamento de Instrucción administra este programa, mediante el cual el enfermo puede aprender nuevos oficios u ocupaciones que le permitirán reintegrarse a la sociedad y trabajar en una nueva ocupación que esté más a tono con sus habilidades y con sus capacidades físicas.
Capítulo IX FACILIDADES PARA EL TRATAMIENTO DE LA TUBERCULOSIS EN PUERTO RICO El Departamento de Salud de Puerto Rico cuenta con cinco instituciones para hospitalización y tratamiento de la tuberculosis. La más importante es el Sanatorio !)r. Alejandro Kiiíz Soler, ya mencionado, que ocupa hoy los edificios que antes ocupara el Hospital de Distrito de Bayamón, en la carretera entre Bayamón y San Juan. Tiene una capacidad de novecientas (900) camas, ocupadas casi en su totalidad. Además del Sanatorio, el Departamento de Salud opera en la Isla cuatro Hospitales de Tuberculosis, ubicados respectiva mente en Poncc (210 camas), Mayagüez (160 camas), Cayey (320 camas), y Guayama (98 camas). La capacidad de cada uno de estos, en cuanto a numero de camas, es mucho menor que la del Sanatorio. (Y cada uno regularmente está lleno a capacidad.) Ello quiere decir, por un lado, que hace falta la expansión de servicios de hospitalización para tuberculosos en Puerto Rico. ^ , por otro, que un número considerable de pacientes que requie ren hospitalización deberán ser atendidos en sus propios hogares en plan de pacientes ambulatorios.
Por paciente ambulatorio se entiende aquel que periódica mente va a recibir tratamiento con su medico particular o a uno de los centros u hospitales de tuberculosos, pero que regresa a su bogar donde es atendido por sus propios familiares. Hoy día se le está dando gran importancia al tratamiento en los hospitales y se trata de convencer al enfermo que acepte este en vez de recibir el tratamiento ambulatorio. En esta forma el enfermo se aisla y se evita (pie se enfermen sus familiares. El paciente tiene mejores probabilidades de reposo y aprende a cuidarse mejor. Tiene también mayor supervisión durante lodo el día. I na vez iniciado el tratamiento en el hospital, el paciente mejora rápidamente, deja de ser contagioso y puede entonces volver a su casa para continuar su tratamiento ambulatorio en el Centro Antituberculoso. En cuanto a los hospitales Municipales y de Distrito es preciso saber que NO hospitalizan a pacientes tuberculosos. En esos hospitales se pueden descubrir o diagnosticar casos positivos, pero éstos son inmediatamente referidos para tratamiento a las instituciones u hospitales especializados. Las Unidades de Salud Pública cooperan principalmente en el diagnóstico. Es decir, en descubrirá tiempo casos de tuberculosis. Algunas Unidades de Salud cuentan con Centros Antitu berculosos, habiendo en Puerto Rico un total de 19. Dichos centros, además de proveer tratamiento ambulatorio y ayudar en la búsqueda de nuevos casos, dan “ tratamiento de profilaxis a los contactos’ .
Esto último quiere decir el administrar una de las drogas antituberculosas a toda persona que convive con un paciente tuberculoso. Actualmente se emplea la isoniazida, la cual se le administra por no menos de un año a cada una de las personas que lia vivido bajo el mismo techo con el enfermo. Esto se le da a todos, aún a aquellos cuyas radiografías de pecho son nor males y que no aparentan estar enfermos. Esto se hace como medida de prevención, ya (pie no sabemos cuántas de estas personas puedan tener los bacilos de la tuberculosis en su cuerpo, en estado durmiente, sin haberle producido aún la enfermedad. Aparte de las facilidades del Departamento de Salud, existe en Puerto Rico un hospital privado para el tratamiento de tuberculosos. Se trata de la Clínica Dr. Eugenio Fernández García en la Avenida Ponce de León, Parada 31, en Hato Rey (entre Santurce y Río Piedras). También existe el Preventorio Insular, cerca de Guaynabo. El Preventorio es otra institución privada. Pero no está dedi cada al tratamiento de la tuberculosis pulmonar, sino «pie se especializa en tuberculosis ósea (tuberculosis de los huesos) en los niños. Otra institución privada, pero de fines no pecuniarios, que ha sido factor importante en la lucha contra la tuberculosis en nuestro país, es la Asociación General Antituberculosa de Puerto Rico. Es esta una asociación de ciudadanos, sostenida por medio de donativos (su ingreso principal es la venta de Sellos de Navi dad de la doble cruz, una vez al año) y que tiene los siguientes objetivos:
1. Cooperar con el Departamento de Salud en el descubri miento de nuevos casos. Para ello, entre otras cosas, costea y mantiene una unidad móvil que va por la Isla para el examen preliminar de ciudadanos. 2. Se dedica también a ilustrar y educar a los médicos, enfermeras, líderes cívicos \ al público en genera! sobre la tubercu losis: su amenaza, su prevención, su tratamiento. Esto lo hace por medio de folletos, películas cortas, canelones, reuniones y conferencias. 3. En menor medida ayuda también a rehabilitar, para rein tegrarse a la vida normal, a aquellos pacientes que van a ser dados de alta. Trata, por otro lado, de mantener en alto el espí ritu de los tuberculosos hospitalizados llevándoles actividades recreativas y culturales. 1. Ocasionalmente, y cuando sus medios lo permiten, brinda ayuda económica a algunos enfermos que perentoriamente la necesitan. ó. Recopila información estadística sobre la tuberculosis en Puerto Rico y periódicamente la da a la publicidad, especial mente a través de la prensa diaria, para mantener en estado de alerta, respecto a este vital problema, tanto a las esferas oficiales como a la ciudadanía. En términos generales, podríamos decir que en Puerto Rico hay servicios públicos y privados adecuados para el diagnóstico rápido y tratamiento efectivo de la tuberculosis pulmonar. Sin embargo, la .inalterablemente alta cifra de muertes por tuberculosis en los últimos dos o tres años demuestra que la socie dad puertorriqueña ha tendido a “ dormirse en las pajas*’ en re lación a esta grave dolencia. Se requiere, por un lado, expandir o aumentar los servicios de hospitalización. Esto es de suma importancia en el caso de la población de ingresos bajos ya que a una familia pobre le es muy difícil proveer en el propio hogar todas las facilidades para la mejor atención del paciente tuberculoso. Por otro lado, es necesario intensificar la campaña de educa ción del pueblo respecto a este problema de salud pública. Es preciso que todos los ciudadanos —hombres, mujeres y niños—
tengan una idea clara \ científicamente válida de lo <|iie es la tuberculosis, cuáles son su^ causas, cómo prevenirla, cómo evitar el contagio y cómo cooperar con los médicos para su eficaz tratamiento. Cada comunidad puertorriqueña, cada individuo de Puerto Kico —hombre, mujer o niño tiene, en este sentido, una ineludible responsabilidad que cumplir. La Plaga Planea debe desaparecer o, por lo menos, reducirse a un mínimo en nuestra sociedad progresista. De nosotros depende que así ocurra.
Editor, escritor e investigador de material: R ene M arqués Diseñador gráfico: Carlos O sorio Ilustradores: I sabel Bernal E duardo V era A ntonio M aldonado Carlos Osorio Rafael Delgado Castro Portada: Carlos Osorio
Em planaje : A ngela Bartolomei M ariani Fotografía: F rancisco M iró Collazo
Im presión : S ixto González Ramón González L uis A rmando S ilva Asesores técnicos: Dr. L arry Sánchez Dr. Jaime F. Pou
Este es otro Libro Para el Pueblo de la División de Educación de la Comunidad del Departamento de Instrucción Pública de Puerto Rico. Léalo usted y facilite su lectura a sus familiares y amigos.
DEPARTAMENTO DE INSTRUCCION PUBLICA DIVISION DE EDUCACION DE LA COMUNIDAD SAN JUAN, PUERTO RICO