Título: Agricultura de conservación en zonas de ladera. Autores: Obando F., Tobasura I., Parra C., Chavarriaga W., Montes C., Echeverri S. Primera Edición Editorial Universidad de Caldas Diseño y diagramación: Claudia M. Montes H.
Facultad de Ciencias Agropecuarias Universidad de Caldas Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural - MADR República de Colombia 2012
Introducción Agricultura de conservación en tierras de ladera
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Evaluación de la calidad del suelo por medio de indicadores locales Cadena de valor, gobernanza y mediación participativa , el caso de la mora en el Departamento de Caldas
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Materia orgánica en la agricultura de conservación
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La experiencia del uso de las Tecnolgogías de la Información y la Comunicación en la Agricultura de Conservación
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
Agricultura de conservación en zonas de ladera El hecho generalizado de la escasa adopción de prácticas e innovaciones tecnológicas relacionadas con la conservación de suelos, por los pequeños agricultores en las tierras de ladera, sugiere que el modelo convencional de extensión utilizado para difundirlas no ha sido el más apropiado. En efecto, los programas convencionales de “conservación de suelos” en Colombia y otros países tropicales tradicionalmente han adoptado el modelo ingenieril orientado a la construcción de barreras físicas contra la erosión. Este modelo convencional no ha tenido el éxito esperado en las tierras de ladera de los trópicos; por el contrario, ha sido poco aceptado, pues no se ajusta a los sistemas de vida, las capacidades, los recursos, ni a alas formas como los campesinos perciben sus problemas. El enfoque actual orientado a la conservación de suelos propone que, en lugar de presionar a los agricultores para reducir las tasas de erosión por medio de la construcción de barreras físicas para controlar el agua de escurrimiento y la pérdida de suelo, es más beneficioso concentrarse en ayudarles en sus sistemas productivos para mejorar y mantener: i) una cobertura vegetal productiva, la cual protege simultáneamente al suelo del impacto de las gotas de lluvia y reduce la erosión causada por la misma; ii) los niveles y la actividad 4
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de materiales orgánicos con referencia a sus múltiples efectos sobre las propiedades físicas, químicas, biológicas e hidrológicas, incluyendo el incremento de la estabilidad y menor erodabilidad; y iii) los vacíos o espacios dentro de la arquitectura del suelo, los cuales proveen la porosidad para el intercambio gaseoso, el movimiento del agua y otros aspectos relacionados con el crecimiento y el funcionamiento de las raíces. Este enfoque de extensión plantea que la conservación de suelos es una consecuencia previsible del uso y manejo del suelo. En otras palabras, la conservación de suelos es una consecuencia del mantenimiento de la calidad del suelo, la cual depende de prácticas adecuadas de manejo de los sistemas de producción que garanticen el mantenimiento de su integridad funcional. La mejor manera de mantener la calidad del suelo a largo plazo es aplicar los principios de la agricultura de conservación y de manejo de la agrobiodiversidad. Dichos principios que distingue a la agricultura de conservación de la agricultura convencional de altos insumos son: i) cobertura permanente del suelo; ii) mínimo disturbio mecánico del suelo; y iii) selección atinada de rotación de cultivos. Así, la agricultura de conservación plantea la adopción de la siembra directa y la rotación y asociación de cultivos con el fin de interrumpir o detener el ciclo biológico de plagas y enfermedades. Los sistemas de producción basados en la agricultura de conservación se caracterizan por presentar altos niveles de rendimiento, comparables con los sistemas de agricultura convencional, pero con menores fluctuaciones debidas a los desastres naturales, como sequías, tormentas, inundaciones y deslizamientos de tierra. La agricultura de conservación contribuye, por lo 5
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tanto, a la seguridad alimentaria, reduce los riesgos que inciden en la salud, las condiciones de vida y el abastecimiento de agua de las comunidades y, también, reduce los costos para el Estado en tanto que disminuye los impactos debido a emergencias por desastres naturales. La aplicación de los principios de la agricultura de conservación es un excelente escenario para que los extensionistas y científicos puedan establecer enlaces alentadores y positivos con los intereses y posibilidades de los agricultores. En este libro se presentan experiencias de investigación/extensión de los autores/investigadores en el marco del proyecto “Optimización del uso del agua y los nutrientes para la producción sostenible del cultivo de la mora en el Departamento de Caldas” financiado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y cofinanciado y ejecutado por la Universidad de Caldas, en zonas de ladera del departamento de Caldas. Los autores
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Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
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Franco H. Obando Moncayo, Agrologo, PhD Suelos. Profesor Universidad de Caldas
INTRODUCCIÓN Las tierras de ladera se refieren a aquellas tierras que exceden un cierto límite de pendiente dentro de un gradiente continuo de la misma. Desde la perspectiva de la clasificación de tierras por capacidad de uso, las tierras de ladera tradicionalmente se han definido con base en el gradiente limitante de la pendiente más allá del cual la labranza del suelo es considerada inadecuada por los riesgos de degradación de las tierras por erosión. Así, en la mayoría de las clasificaciones de uso y capacidad de la tierra o de riesgos de erosión para áreas tropicales y subtropicales, las tierras con más de 7º (12%) de pendiente se consideran tierras no cultivables y se recomiendan para vegetación permanente como pasturas, arbustos y/o árboles nativos o introducidos (Shaxson, 1999). Esta pendiente determina además la posibilidad de utilizar maquinaria convencional para la preparación del suelo y las labores culturales. De hecho, el uso de tractores de tracción en las cuatro ruedas a lo largo de las líneas de contorno en terrenos con 12% de pendiente no es recomendable por el riesgo de vuelco (Shaxson, 1999). Tales recomendaciones
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
presuponen que en tierras con pendientes mayores que 12% la sostenibilidad agrícola no es viable por el alto riesgo de degradación del suelo. Sin embargo, el criterio del 12% no es aplicado en todos los países tropicales con presencia significativa de tierras montañosas. Por ejemplo, en Filipinas y Taiwán la labranza es tolerada en pendientes hasta de 25% y 30% respectivamente, pero es necesaria la aplicación de obras de mejoramiento y prácticas intensivas de conservación (Liao y Wu, 1987, citados por Shaxson, 1999). Las tierras montañosas juegan un papel clave en los sistemas económicos y ambientales de muchos países tropicales. En América Latina y el Caribe ocupan más del 25% del área total de tierra, y en Colombia representan el 27% de la extensión del país (30 millones de hectáreas). Sin embargo, históricamente las tierras montañosas del país han sido excluidas de los programas nacionales de inventario del suelo a escala detallada debido a las preconcepciones creadas por la aplicación del sistema tradicional de clasificación por capacidad de uso agrícola que las considera “no cultivables” por la susceptibilidad a la degradación (Throw y Smith, 1998). El inventario de los suelos a nivel detallado en Colombia se ha limitado a las tierras planas bajo el supuesto que estas presentan alto potencial para desarrollo agrícola convencional: labranza intensiva y aplicación mecanizada de agroquímicos. Sin embargo, la aplicación continuada de la agricultura convencional en zona de ladera (deforestación, quemas, labranza intensiva y uso indiscriminado de agroquímicos) ha
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causado degradación del suelo por erosión hídrica (80% de los suelos en la zona andina colombiana), compactación y otros impactos ambientales.
EROSIÓN DEL SUELO Hasta la fecha, las organizaciones ambientales nacionales se han preocupado por medir, evaluar y predecir las pérdidas de suelo por erosión hídrica (Blum, 2010). Los modelos USLE y RUSLE (versión revisada de USLE) se han usado ampliamente en los países tropicales para evaluar los riesgos potenciales de la erosión hídrica, a menudo sin validar o medir las propiedades específicas (factor de erodabilidad K) y los factores de la lluvia (energía cinética y la distribución del tamaño de las gotas de lluvia en relación a la intensidad). Por lo tanto, la información generada puede ser errónea, contraproducente y representa el uso equivocado y el abuso de la ecuación empírica (Lal, 2000). La conclusión general es que la pérdida de suelo estimada por el modelo USLE en pendientes superiores al 16% son sobreestimadas (Wu and Wang, 2001; Liu et al., 2001). Sin embargo, Pieri et al., (1995) citado por Hellin (2006) arguyen que debido a las restricciones en la aplicación de los modelos empíricos como el USLE, las comparaciones con indicadores derivados de mediciones directas son siempre deseables. Además, Hellin postula que a pesar de la dudosa precisión de algunos datos de pérdida de suelo y los impactos de las tecnologías de conservación de suelos, los datos de mediciones en campos experimentales
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
pueden ser muy útiles si la investigación es de buena calidad y toma lugar en las fincas en zona de ladera cultivadas por pequeños agricultores (Hellin, 2006). Reconocer la necesidad de conducir investigación original e innovadora sobre la erosión del suelo y las medidas de control, y encontrar las razones del fracaso de los programas convencionales de conservación del suelo tiene mayor validez que aplicar modelos empíricos de predicción sin la debida calibración (Lal, 2000).
FORMACIÓN DE SUELO En vista de la magnitud de las pérdidas de suelo en el mundo medidas y/o estimadas Blum (2010) plantea el siguiente cuestionamiento: ¿ porque en lugar de medir cuanto suelo se pierde se investiga cuanto suelo se forma en el tiempo bajo diferentes condiciones climáticas, geológicas, topográficas, hidrológicas y bióticas, bajo la influencia de las actividades humanas, incluyendo el uso de la tierra y el cambio climático ?. Blum sugiere que para responder esta pregunta una primera aproximación podría ser el entendimiento de las formas básicas de energía involucradas en los procesos de formación del suelo: gravedad, energía orogénica, energía solar y energía antropogénica, formas de energía que controlan los flujos de agua, nutrientes y calor. La energía solar derivada directamente de la radiación solar o de la radiación difusa es la base de la producción de biomasa 10
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por fotosíntesis, la cual a su vez, es la base de la meteorización física, química y biológica produciendo protones en la forma de H2CO3 y ácidos orgánicos a través de la descomposición biológica de la litera en la superficie del suelo y las raíces dentro del suelo, o la liberación de fotosintatos a los sistemas raíz-micorriza que actúan en el frente de la meteorización por los exudados y otros protones orgánicos (Blum, 2010). Se puede concluir que la intensidad de la fotosíntesis está directamente correlacionada con la intensidad de los procesos de formación de suelo. Esto significa que existe una clara diferencia entre los bosques, las coberturas de pasturas y las superficies sin vegetación en la influencia de los procesos de construcción de suelo (Blum, 2010). Los organismos del suelo (factor o) contribuyen a la construcción de suelo por diversos procesos de adición, pérdida, transformación y translocación. Estos procesos actualmente denominados procesos ecosistémicos se pueden agrupar en cuatro funciones ecosistémicas agregadas (Swift et al., 2008): i) descomposición de la materia orgánica, llevada a cabo principalmente por la actividad enzimática de las bacterias y los hongos, pero enormemente facilitada por los animales del suelo tales como los artrópodos, milipodos, lombrices de tierra y termites (animales transformadores de litera); ii) ciclaje de nutrientes; iii) bioturbación; iv) control de plagas y enfermedades. Estos procesos de formación de suelo constituyen el fundamento de los conceptos de “calidad y resiliencia” del suelo.
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
CALIDAD Y RESILIENCIA DEL SUELO El termino calidad del suelo se acuñó luego que la Comisión Nacional de Investigación (NRCC) de los Estados Unidos de América en 1993 emitiera un reporte sobre conservación del suelo y el agua a largo plazo titulado “Calidad del suelo y el agua: una agenda para la agricultura” (Letey et al., 2003). La calidad percibe el suelo como un ente dinámico capaz de ejercer funciones y servicios ecosistémicos para mantener la productividad vegetal y animal, mantener o mejorar la calidad del agua y el aire, y promover la salud vegetal y animal (Doran et al., 1999). El concepto de calidad el suelo aunque ha generado controversia entre la comunidad científica se ha reconocido como un elemento esencial para el entendimiento y el análisis de la sostenibilidad de los agroecosistemas. De Kimpe y Warkentin (1998) señalan algunas funciones esenciales del suelo en ecosistemas: •
Ciclaje bioquímico y geoquímico: intemperismo de minerales y liberación de nutrientes, reciclaje de nutrientes y carbono para producir nueva biomasa, descomposición de materiales tóxicos y organismos del suelo.
•
Repartición de agua: aceptación e infiltración de agua para almacenamiento en la rizosfera, y los acuíferos; transporte de agua a través de la superficie del suelo.
•
Retención y liberación: retención de nutrientes contra el lavado; retención de agua contra el drenaje; liberación
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Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
toma un valor de 0,10 lo cual indica que para controlar el 90% de la pérdida de suelo se requiere el 70% de cobertura. Para controlar la pérdida de suelo a un nivel despreciable se requiere una cobertura mayor que 90%. Una relación similar es reportada por Panianingbatan et al., (1995) en suelos de ladera en Filipinas en cultivos intercalados.
Figura 2. Pérdida de suelo en sistemas de producción de mora (datos de Obando et al., 2011).
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
Figura 3. Relación entre el Factor ponderado de cobertura, Cp, y la fracción de cobertura de contacto y canopia Cf (Fuente: Obando et al., 2011).
Estos resultados también concuerdan con los encontrados en tierras escarpadas de Honduras donde para controlar el 90% de la erosión fue necesaria una cobertura de 75% (Shaxson, 1999). La relación exponencial entre la pérdida relativa de suelo Cf y el factor ponderado de cobertura del suelo Cp sugieren la factibilidad de desarrollo de un modelo empírico simplificado de predicción de los riesgos de erosión similar al modelo SLEMSA (Elwell, 1981) que suprime el factor ingenieril de prácticas de soporte P del modelo USLE según la ecuación A = R.Ki.
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Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
LS.Cp, donde Ki es la erodabilidad intersurcos (Bajracharya et al., 1992) medida en parcelas con pendiente mayor que 50% y LS es el factor topográfico del modelo RUSLE corregido por la relación entre erosión intersurcos y en surcos (McCool et al., 1997). Se comprobó que la pendiente del terreno per se no constituye una limitante de uso, y que el control de la erosión hídrica y por ende la sostenibilidad agrícola de las tierras de ladera es posible mediante tecnologías basadas en el manejo de la cobertura vegetal de contacto y los residuos de cosechas como factores de interceptación de la lluvia y en consecuencia de disipación de la energía cinética de la lluvia y el agua de escorrentía. Con base en los resultados de esta investigación se puede concluir que las políticas de conservación de los suelos en zona de ladera deberían inclinarse hacia tecnologías alternativas para mejorar y mantener la calidad y salud de las tierras y en consecuencia de sus sistemas productivos por medio de prácticas de manejo que permitan una aproximación a la condición ideal del suelo en el bosque natural. Efectivamente, en sistemas de producción del cultivo de mora en
condiciones de cobertura permanente por
residuos de cosecha, plantas arvenses y la siembra directa, la pérdida de suelo fue insignificante y se puede equiparar a la que ocurre en las condiciones protectoras bajo condiciones de bosque.
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
INDICADORES DE CALIDAD DEL SUELO (Obando y Montes 2007) desarrollaron indicadores integrados de calidad del suelo con base en la evaluación de un conjunto de atributos del suelo según la expresión n
IACS = ∑ I i i =1
donde IACS es el indicador acumulado de calidad del suelo, Ii es el valor del i-ésimo atributo de calidad del suelo y n es el total de atributos considerados. Por consiguiente, el rango del IACS varía dependiendo del número de indicadores considerados. Por ejemplo, oscila entre 5 y 50 si se basa en la sumatoria de diez atributos del suelo calificables en una escala de 1 a 5 de acuerdo con la tabla 1. Para obtener la evaluación de calidad en porcentaje, se asume que el IACS máximo posible corresponde al 100 %, es decir, cuando la totalidad de indicadores presenta valores de nivel crítico de cinco (ninguna limitación) y en consecuencia representa la situación óptima de capacidad para ejercer la función productiva del sistema de manejo del suelo. Así, la calidad del suelo para un IACS máximo de 50 se puede interpretar, según la tabla 2, como un sistema de sostenibilidad alta. Las tablas 3 y 4 presentan respectivamente la secuencia de preguntas y los métodos para la evaluación de calidad del suelo.
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Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
Valor del nivel crítico 1 2 3 4 5
Grado de Limitación Extrema Severa Moderada Leve Ninguna
Tabla 1. Asignación del nivel crítico de un indicador
Obando y Montes (2007) evaluaron un conjunto de 26 atributos físicos, químicos y biológicos en condiciones de bosque y cultivo de mora (Rubus glaucus Benth) en seis localidades del norte del departamento de Caldas con el fin de identificar indicadores de calidad dinámica del suelo. Se estableció un conjunto mínimo de nueve variables indicadoras de calidad del suelo, las cuales se integraron en un índice acumulativo de calidad (IACS). Realizaron
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análisis estadístico factorial de componentes principales, en el cual el bosque representó condiciones de suelo resiliente (no intervenido). Además, realizaron correlaciones entre las variables físicas, químicas y biológicas, y se determinaron los modelos de mayor ajuste y calcularon los índices biológicos de riqueza, uniformidad y diversidad. Como indicadores de calidad dinámica se identificaron la estabilidad estructural, las familias de artrópodos y el contenido de Calcio y Manganeso. Se encontraron diferencias significativas de IACS en los sistemas de bosque y cultivo de mora. Se encontró que la estabilidad estructural del suelo y la población de familias de artrópodos son sensibles a la degradación del suelo (figura 4). Por el contrario, los índices de diversidad presentaron baja sensibilidad. Se encontraron funciones de edafotransferencia con ajustes significativos entre saturación de bases y familias de artrópodos, saturación de bases y pH, materia orgánica y capacidad de intercambio catiónico, aluminio y materia orgánica. La figura 5 muestra la relación de edafotransferencia entre humedad disponible y densidad aparente. Índice acumulativo
Porcentaje (%)
> 40
> 80
30 – 40
60 – 80
saludable/ sostenible
Leve
50 – 58
Saludable/ sostenible con medidas de remediación
Moderado
25 – 29
30
Diagnóstico de calidad/ sostenibilidad Alta
Grado de alteración Ninguno
Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
20 – 24
< 20
40 – 48
Saludable con otro uso de la tierra (v.g., cultivos menos exigentes o tolerantes a estrés)
Severo
< 40
No saludable (degradación irreversible a corto plazo) / insostenible
Extremo
Tabla 2. Calificación y grado de alteración de calidad del suelo
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40 35 30 25 20 15 10 5 0
Bosque
or a Pa c
as ad Ag u
nz az u Ar a
Sa la m in a
m ar ia
Mora
Vi lla
N
ei ra
Nº de Familias
Agricultura de Conservación en zonas de ladera
Figura 4. Comparación de la artropofauna encontrada en Mora y Bosque en los sitios de estudio (Fuente: Obando y Montes, 2007).
Figura 5. Relación entre humedad disponible y densidad aparente en suelos derivados e cenizas volcánicas.
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Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
INDICADORES POR MEDIO DE LÓGICA DIFUSA Chica y Obando (2011) aplicaron lógica difusa para generar un indicador de calidad del suelo con base en un conjunto mínimo de datos de 11 atributos físicos y químicos. Para el análisis de lógica difusa en primer lugar es necesario llevar todos los atributos a una misma escala con el fin que aporten la información correcta al indicador de calidad del suelo que se pretende construir y puedan ser comparables entre agroecosistemas. El proceso de escalamiento permite crear un indicador positivo, es decir, entre más alto el valor mayor es la calidad del suelo. Las expresiones matemáticas para escalar las variables bajo un esquema de lógica difusa convierten el valor observado en otro denotado por la letra griega µ cuyo rango es el intervalo (0,1), siendo cero la peor calificación y uno la mejor calificación. Siendo 11 los atributos del suelos evaluados ponderados, y todas las variables calificadas con el valor óptimo de 1 para un suelo de calidad ideal, el valor total del indicador (IC) sería igual a 11 (Figura 6).
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Libertad de uso
0-20
21-40
41-60
61-80
>80
I
II
III
IV
V
Pendiente permisible del terreno (%)
Riesgo de erosión de suelo descubierto
Bioingeniería Estructuras mecánicas solo cuando sean estrictamente necesarias
Enfoque de barrera
100
90
80
70
60
Cobertura permanente 100% Siembra directa (no labranza) Selección de arvenses Residuos de cosechas Cultivos de cobertura Cultivos asociados e intercalados Siembras en contorno Tutores vivos Cordones de protección Biofertilización Fertilización química y orgánica Sistemas agroforestales y silvopastoriles Cero pastoreo (estabulación).
Enfoque de cobertura Cobertura Tecnologías de Agricultura de contacto de Conservación y mínima Agrobiodiversidad (%)
Tabla 3. Clasificación de tierras orientada hacia la agricultura de conservación.
Tierras cultivables
Clases de uso de la tierra
Agricultura de Conservación en zonas de ladera
Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
CONCLUSIONES El riesgo de erosión hídrica en las tierras de ladera no es tan dramático como tradicionalmente se ha considerado. La erosión hídrica depende más del manejo de la vegetación y los residuos que de la pendiente del terreno y la erosividad de las lluvias per se. Por lo tanto, el desarrollo de políticas, legislación
e
institucionalización
de
los
sistemas
de
conservación biológicamente basados es la clave para evitar el avance del deterioro de las tierras por erosión del suelo en Colombia.
a)
c)
b) Figura 6. Redegramas de calidad del suelo por lógica difusa. Clave; a) suelo de calidad ideal, b) y c) Suelos con propiedades ándicas cultivados con mora. 35
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La zonificación agroecológica del país debe basarse en nuevos esquemas de clasificación de tierras en concordancia con los enfoques y tendencias hacia la agricultura de conservación y la agrobiodiversidad. El manejo del suelo debe establecerse sobre la base del desarrollo de indicadores de calidad y resiliencia del suelo como herramienta para el entendimiento de los agroecosistemas y evaluación de impacto de alternativas y estrategias de conservación apoyadas en grupos de investigación inter y multidisciplinarios. En otras palabras, el manejo del suelo, entendido como el conjunto de
intervenciones humanas
orientadas a promover o mantener la capacidad del suelo para ejercer funciones agronómicas y ambientales, debe basarse en el conocimiento de las interrelaciones entre los factores y procesos formadores del suelo. Las políticas de conservación de los suelos en zona de ladera deberían inclinarse hacia tecnologías alternativas para mejorar y mantener la calidad y salud de las tierras y en consecuencia de sus sistemas productivos mediante prácticas de manejo que permitan una aproximación a la condición ideal del suelo en el bosque natural. Efectivamente, en sistemas de producción del cultivo de mora en condiciones de cobertura permanente por residuos de cosecha, plantas arvenses y la siembra directa, la pérdida de suelo fue insignificante y se puede equiparar a la que ocurre en las condiciones protectoras del bosque natural.
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Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
9. ¿El suelo presenta signos de erosión por agua
10. ¿Los agregados del suelo son estables al agua?
11. ¿El suelo permanece cubierto?
12. Acidez
En épocas de lluvia, en el periodo de crecimiento de los cultivos.
En periodos secos.
Antes de la siembra, durante el periodo de crecimiento del cultivo, y después de las cosechas. Antes del establecimiento del cultivo y en el periodo de crecimiento de la planta
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
Cuadro 1. Asignación del nivel crítico de un indicador
Valor del nivel crítico 1 2 3 4 5
Grado de Limitación Extrema Severa Moderada Leve Ninguna
Los valores de calificación del conjunto de indicadores seleccionados se integran en un índice acumulativo de calidad del suelo (IACS) mediante la expresión (Obando y Montes 2007).
n
IACS = ∑ I i i =1
donde Ii es el valor del i-ésimo indicador de calidad del suelo y n es el total de indicadores considerados. Por consiguiente, el rango del IACS varía dependiendo del número de indicadores considerados. Por ejemplo, oscila entre 5 y 50 si se basa en la sumatoria de diez indicadores calificables en una escala de 1 a 5 de acuerdo con el Cuadro 1. Para obtener la evaluación de calidad en porcentaje, se asume que el IACS máximo posible corresponde al 100 %, es decir, cuando la totalidad de indicadores presentan valores de nivel crítico de cinco (ninguna limitación) y en consecuencia representa la situación óptima de capacidad para ejercer la función productiva del sistema de manejo de la tierra. Así, la calidad del suelo para un IACS máximo de 50 se puede interpretar, según el Cuadro 2, como un sistema de sostenibilidad alta comparable a la situación a) de la Figura 3. 50
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Cuadro 2. Calificación y grado de alteración de calidad del suelo Índice acumulativo
Porcentaje (%)
> 40
> 80
30 – 40
60 – 80
25 – 29
20 – 24
< 20
Diagnóstico de calidad/ sostenibilidad
Alta saludable/ sostenible
Grado de alteración
Ninguno Leve
50 – 58
Saludable/ sostenible con medidas de remediación
Moderado
40 – 48
Saludable con otro uso de la tierra (v.g., cultivos menos exigentes o tolerantes a estrés)
Severo
< 40
No saludable (degradación irreversible a corto plazo) / insostenible
Extremo
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
Figura 2. proceso participativo de los agricultores, los técnicos y los investigadores
Métodos de evaluación y calificación Resultado Indicador/Método de evaluación 1. Estructura del suelo Observación macromorfológica directa
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Pobre 1 -------- 2 La mayoría en terrones o con una costra superficial, pocos agregados
Regular 3
-------- 4
Algunos terrones pero también muchos agregados de 10 mm
2. Capas compactadas Penetrómetro Sonda de alambre
La sonda de alambre no penetra
3. Diversidad de macrovida Monolitos o palada de suelo
Una a dos clases o tipos de animales del suelo
La sonda de alambre penetra con dificultad hasta una profundidad menor que 20 cm. Tres a cinco clases o tipos de animales del suelo.
4. Lombrices de tierra Conteo directo en palada de suelo
0–3
4–6
5. Residuos de plantas en descomposición/observación directa
Los residuos permanecen sin descomponer durante largos periodos de tiempo
Presencia de una cantidad sustancial de material no descompuesto del cultivo previo
Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
6. Vigor de los cultivos y arvenses/Color de las hojas Observación directa 7. Desarrollo de raíces Observación macromorfológica directa 8. Infiltración Anillos
9. Erosión
10. Estabilidad de agregados al agua. Agitación en agua 11. Cobertura del suelo Retícula o recuadro de alambre o cinta plástica (ver pregunta 5) 12. Acidez a 5 – 10 cm de profundidad . Cinta colorimétrica
Plantas estancadas, decoloración de las hojas Pocas raíces finas cerca de la superficie El nivel del agua desciende menos de 2 cm en un minuto El suelo está totalmente descubierto. Presencia de raíces descubiertas. Los agregados se separan (se deshacen) en menos de un minuto
Alguna variación en crecimiento y color Algunas raíces finas, la mayoría cerca de la superficie. El nivel del agua desciende de 2 a 5 cm en un minuto. El suelo parcialmente cubierto. Presencia pequeños canales, micropedestales y surcos. Los agregados se mantienen intactos después de un minuto
Menos de 50% de cobertura del suelo (plantas rastreras o acolchado / mulch)
50% a 75% de cobertura del suelo (plantas rastreras o acolchado / mulch)
pH 5 o más bajo
pH 5.5
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera Bueno 5 Friable, se rompe fácilmente en agregados de 10 mm La sonda de alambre penetra con facilidad hasta 20 cm. Más de cinco clases o tipos de animales del suelo. más de 6 Los residuos del cultivo previo se encuentra en varios estados de descomposición Color apropiado de las hojas y crecimiento uniforme de las plantas Muchas raíces finas en todo el suelo superficial El nivel del agua desciende más de 5 cm en un minuto El suelo está completamente cubierto por residuos de cosechas o arvenses. Los agregados se mantienen intactos después de agitación Más del 75% de cobertura del suelo (plantas rastreras o acolchado / mulch) pH de 6 a 7
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Puntaje del sitio (1-5) 1
2
3
4
5
a) Suelo bajo bosque natural; b) sistema café; c) pastura degradada (Obando et al., 2011).
Figura 3. Redegrama de evaluación de atributos de calidad del suelo en la escala de 1 a 5.
Referencias Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
FAO, 2003. Biological management of soil ecosystems for sustainable agricultura. Report of the International technical Workshop organized by EMBRAPA-Soybean and Food and Agriculture Organization of the United Nations, FAO, Londrina, Brazil, 24 to 27 June 2002. World Soil Resources Reports 101. Rome, Italy. 102 p. Obando, F.H., Montes, J. M. 2007. Indicadores de calidad del suelo y funciones de edafotransferencia pedológica en sistemas de producción de mora en el Departamento de Caldas. Suelos Ecuatoriales 37 (1): 101-109. Shaxson, T.F. 1998. Concepts and indicators for assessment of sustainable land use. En: Advances in Geoecology 31: 11-19. Walters, L.J. and Oades, J.M. 1994. Indicators of sustainability for farmers in Southern Australia. Proceedings of the Second International Symposium on Sealing, Crusting and Hardseting Soils: Productivity and conservation held at University of Queensland, Brisbane, Australia, 7-11 February, 1994. Australian Society of Soil Science Inc. 527: 479-483.
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Isaías Tobasura Acuña , PhD Sociología del Medio Ambiente Profesor Universidad de Caldas Carlos Eduardo Ospina Parra, MSc Sociedes Rurales
INTRODUCCIÓN La Mora (Rubus Glaucus Benth) es un cultivo relativamente pequeño en el contexto de la agricultura colombiana. No obstante, en la última década, se ha aumentado el área cultivada y la productividad por hectárea en diferentes zonas de Colombia, entre ellas la zona cafetera en el departamento de Caldas, debido a factores como el apoyo gubernamental al programa de alianzas productivas, la intervención de Asohofrucol (Asociación Hortofrutícola de Colombia), el apoyo a la investigación, el hallazgo de variedades de fácil manejo agronómico y el incremento de la demanda de productos derivados de esta fruta. Con la implementación de políticas públicas y estrategias gubernamentales articuladoras, se han generado interesantes dinámicas de cooperación y coordinación entre actores privados y públicos que intervienen en diferentes eslabones de la cadena de valor de la mora, con el objetivo de mejorar su desempeño económico y social. No obstante, y dado que la producción primaria es realizada en su mayoría por pequeños y medianos productores típicamente de economía campesina, los avances en el manejo técnico del cultivo, en la organización y consolidación de alianzas que garanticen beneficios económicos, sociales y ambientales son insuficientes. En consecuencia, se hace necesario establecer un marco de referencia que permita aportar
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elementos conceptuales y empíricos de la cadena de valor, la gobernanza y la medicación participativa en dicho cultivo. Para lograr el objetivo anterior, el caso de la “cadena de la mora” en el departamento de Caldas es ilustrativo para analizar cómo se generan procesos de gobernanza en la construcción de cadenas de valor y cómo éstas ayudan a la conformación de Sistemas Agroalimentarios competitivos y sostenibles, que contribuya a mejorar las condiciones de bienestar en zonas de agricultura campesina y familiar. De la misma forma, el caso es un excelente ejemplo para proponer un enfoque alternativo de construcción, uso y apropiación del conocimiento, en el cual los productores sean los protagonistas. El texto se estructura a partir de la experiencia de la puesta en ejecución del programa “manejos de suelos, aguas y nutrientes para la producción sostenible de la mora en el departamento de Caldas”, materializados en los proyectos: Manejo de la fertilidad del suelo por sitio específico para la producción sostenible del cultivo de mora en el Departamento de Caldas, y Optimización del uso del agua y los nutrientes del suelo para la producción sostenible del cultivo de la mora en el Departamento de Caldas. En la primera parte del capítulo, se presenta la caracterización de la cadena de la mora, en la segunda, la gobernanza de la cadena, en la tercera el modelo de creación, uso y apropiación de conocimiento y en la cuarta, las lecciones aprendidas en el desarrollo del programa de investigación, como estrategia de uso social del conocimiento agronómico.
CARACTERIZACIÓN CADENA PRODUCTIVA DE LA MORA La producción, distribución, consumo, acceso y transformación de alimentos son procesos económicos y sociales determinados históricamente. En consecuencia, los enfoques, conceptos, tipos y características de los sistemas agroalimentarios cambian con el tiempo y las características
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Obando, Tobasura, Parra, Chavarriaga
de cada sociedad. De hecho, sociedades tribales, en otros tiempos y algunas de hoy, poco integradas a los sistemas de mercado, satisfacían y satisfacen sus necesidades alimentarias mediante sistemas alimentarios locales poco complejos. En contraste, la sociedad actual satisface estos requerimientos mediante la articulación de un conjunto de sistemas de producción, también llamados cadenas productivas o de valor, los cuales incluyen una diversidad de actores y procesos (Tobasura, 2009). Estas cadenas están insertas dentro del denominado Sistema Agroindustrial (SAI), el cual es definido como “el conjunto de relaciones y procesos en que se involucran los productores agropecuarios y sus agentes económicos y sociales en el recorrido de sus productos desde la producción primaria hasta el consumidor final. Asimismo, desde el punto de vista operacional, el sistema Agroindustrial, se puede ver como un conjunto de cadenas y procesos de agregación de valor” (Machado, 2002).
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Agricultura de Conservación en zonas de ladera
Figura 1. Cadena de valor de la Mora en el Departamento de Caldas. Elaboración propia.
Este enfoque es un concepto teórico y una política que se está implementado en diferentes países de Latinoamérica, por gobiernos, centros de investigación y organismos internacionales. Como concepto, se caracteriza por ser una metodología útil e innovadora, en la identificación de los impactos ambientales, sociales y económicos de los procesos productivos en todos sus eslabones (Instituto Interamericano 60