PROYECTO DE VIDA Y MISIÓN ZONA SUR Segunda Redacción Enero 2011 PRESENTACIÓN. para concretar la tercera parte del Proyecto de Vida y Misión. En la última reunión de equipos de gobierno se consideró fundamental concretar la tercera parte del Proyecto de Vida y Misión, aportando desde las diversas áreas de apostolado los objetivos y líneas de acción de cara a la coordinación pastoral de la nueva provincia. En este sentido, hay realidades diversas tanto en el grado de integración y conocimiento, como en el tipo de trabajo que realizan. Por lo mismo, proponemos un esquema de trabajo que nos permita recoger la diversidad de labores que llevamos adelante, así como los desafíos que éstas pastorales nos plantean.. Áreas pastorales.-
Parroquias. Santuarios Pastoral Bíblica Educación Cefyt Misión compartida
- Misiones - Comunicaciones (Editoriales) - Misión Solidaria y Jupic - Pastoral Juvenil (Tambo) - Pastoral Vocacional
Esquema de trabajo 1.- Desde la realidad pastoral en la cual trabajamos ¿Qué estilo de pastoral claretiana tenemos impulsar? (rasgos distintivos a cultivar) ¿Cómo articulamos las prioridades que plantea el Proyecto de vida y Misión con nuestra área? 2.- Desde el área de trabajo y la realidad - Indique 3 situaciones urgentes (desafíos) a la que tenemos que responder como misioneros. - ¿Cómo articulamos estos desafíos con lo que señalamos en nuestro proyecto? - ¿Qué tendríamos que hacer para realizar lo antes mencionado? 3.- ¿Cómo plasmaría esto en un plan trienal desde su área? - Objetivos – líneas de acción – acciones.
NOTA : El trabajo se envía a los superiores mayores respectivos antes del 30 de Mayo del presente año.
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Primera parte.DISCERNIMIENTO DE LA REALIDAD EN CLAVE MISIONERA. 1 El objetivo de nuestra Misión es anunciar y hacer presente, como Jesús, el Reino de Dios. Esto es: descubrir la voluntad de Dios, identificarnos con ella, que sea Dios quien ocupe el corazón de los seres humanos e inspire nuestra vida social. Todas las estructuras, actuales o futuras, son un medio para realizar este fin. Por ello necesitamos estar muy atentos, con un espíritu inquieto y profético como el de Claret, a una realidad que está sujeta a un cambio permanente. 2 Los Misioneros Claretianos de esta Zona Sur de América Latina, con el deseo ardiente de servir al Pueblo de Dios en el Anuncio del Evangelio, nos sentimos interpelados a discernir los “signos de los tiempos” para dar respuestas oportunas, urgentes y eficaces en los lugares donde vivimos y desarrollamos nuestra misión (cf. DA 33). Guiados por el Espíritu, nos ponemos a la escucha de las llamadas que el Señor de la Vida nos hace a través de la realidad, para leerla con ojos misioneros, acogerla como discípulos y procurar encendernos y encender a otros en el fuego del amor (cf. HAC 30). 3 Por ello, nuestro acercamiento a la realidad, tanto socio-política como económica y cultural de nuestros países, no se identifica con un análisis sociológico exhaustivo, sino que, buscando reconocer las interpelaciones que Dios nos hace en dichos procesos y las invocaciones que producen en nuestra comunidad misionera, trabajamos para colaborar junto a otros en la construcción del Reino de Dios. Nos hacemos eco de los desafíos y llamadas planteadas por el XXIV Capítulo General, que expresan la riqueza congregacional inserta en el mundo. Realidad Social. 4 La realidad en la que vivimos los claretianos de esta zona sur es polifacética, tanto por los lugares donde nos encontramos realizando la tarea misionera, como por las personas que nos sentimos involucradas. Somos cuatro países que presentan muchas similitudes pero también gran diversidad, sumado a las diferentes geografías culturales donde estamos presentes, que van desde pueblos originarios y zonas rurales hasta grandes centros urbanos y suburbanos. Todo esto nos hace dimensionar la complejidad de una mirada global de la realidad que nos toca servir. 5 Nos parece fundamental tener presente la realidad cambiante de nuestro mundo, puesto que el cambio se ha instalado como una categoría transversal de todo lo que existe, y a la hora de tomar decisiones evangelizadoras, nos exige lucidez y preparación para responder adecuadamente a los desafíos existentes (cf. DA 34). 6 Planteamos algunos ejes que nos parecen significativos para construir una mirada común de cara a nuestra proyección misionera: a A nivel económico constatamos que el sistema neoliberal se ha impuesto en la realidad social de nuestros pueblos, generado mayores desigualdades sociales y exclusión de una gran mayoría de la población de “los bienes de servicio” (salud, educación, vivienda… ). Los derechos de las personas, pueblos y de la naturaleza, son objeto de una trasgresión sistemática debida al predominio de los intereses de las grandes empresas (cf. DA 61 – 62). Además, la lógica económica del sistema 2
neoliberal, ha trastocado los valores de la convivencia social, desde nuestras relaciones hasta nuestros derechos, en función y provecho del mercado: ya no somos ciudadanos sino consumidores (cf. DA 46). Nos sentimos llamados a estar con los pobres y excluidos, compartiendo nuestra vida y misión con ellos, trabajando en la promoción humana y justicia social, con un estilo de vida austero (cf DA 380. 391). b A nivel cultural nos encontramos con nuevos y complejos procesos que nos exigen un discernimiento lúcido y sereno. “En el mundo de hoy se da el fenómeno de la globalización como un entramado de relaciones a nivel planetario. Aunque en ciertos aspectos es un logro de la gran familia humana y una señal de su profunda aspiración a la unidad, sin embargo comporta también el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo” (DA DI 2, c; cf. DA 34), olvidando la riqueza de nuestras culturas. En este contexto, las nuevas tecnologías que son privilegio de algunos, hacen que estemos más interconectados, aun cuando ello no sea sinónimo de más comunicados. Los medios de comunicación social marcan la conciencia ciudadana desde las estadísticas, dejando de lado el rostro de las personas, además de impregnar la vida social de antivalores (cf. DA 38 – 39). Nos sentimos llamados a comprometernos en la formación de una conciencia crítica – como conversión interna y como tarea pastoral – y asumir las nuevas tecnologías de comunicación como instrumento evangelizador. c En el ámbito socio – político, constatamos un cierto progreso democrático y una mayor participación de diversos grupos que han tomado conciencia de su papel protagónico en la sociedad civil (cf. DA 74 – 75). Ahora bien, la pérdida creciente de confianza en las instituciones, lesiona la convivencia social e impide la adecuada transmisión de valores que formen a las nuevas generaciones (cf. DA 77 – 78). Vemos que en medio de estas situaciones complejas, las personas valoran los espacios familiares como lugares de encuentro y crecimiento. Nos sentimos llamados a atender la variada realidad familiar y a comprometernos con la formación de las nuevas generaciones, desde los valores del Reino de Dios. Realidad Eclesial. 7 La Iglesia de América Latina no vive al margen de estos procesos. Ella misma se siente interpelada a redescubrir su identidad en estas tierras, desde los clamores de una “justicia tan largamente esperada”. La asamblea de Aparecida nos aporta una mirada de la realidad eclesial en clave discipular y misionera para resituarnos y asumir con humildad que la Nueva Evangelización es aún una tarea pendiente. a Valoramos el crecimiento sostenido de la participación laical. “En las Comunidades eclesiales de América Latina es notable la madurez en la fe de muchos laicos y laicas activos y entregados al Señor, junto con la presencia de muchos abnegados catequistas, de tantos jóvenes, de nuevos movimientos eclesiales y de recientes Institutos de vida consagrada” (cf. DA, DI 2 d). Junto a lo anterior, constatamos la presencia de diferentes grupos que viven una espiritualidad disociada de la realidad, buscando seguridad al interior de la Iglesia y no diálogo con el mundo actual (cf. DA 100 b). Nos sentimos llamados a construir una Iglesia de comunión y participación, en fidelidad al Concilio Vaticano II y al Magisterio Latinoamericano (cf. DA 368). b Constatamos un proceso acelerado de secularización, unido a una fe que no se traduce en un auténtico compromiso en todos los ámbitos de lo social. La sociedad secular formula nuevos 3
interrogantes a la Iglesia, lo cual implica un esfuerzo importante por traducir los grandes principios a las nuevas situaciones. Las posturas demasiado rígidas, que a veces presentamos, son un obstáculo para la evangelización. Sin renunciar a la verdad, la clave está en cómo presentar el mensaje cristiano como camino de Vida y no simplemente como restricciones normativas. No sentimos llamados a promover la riqueza del diálogo entre la fe y la cultura, desde las nuevas formas en las cuales ambas se expresan, iluminando desde el Evangelio el sentido de la existencia humana dado por Jesucristo y renovando nuestra fe desde la vida de nuestros pueblos. c Aparecida nos ha urgido a una “conversión pastoral”, sin la cual es imposible reconocer que el Espíritu nos llama a responder de un modo diverso a los nuevos desafíos evangelizadores (cf. DA 365ss). Desde esta perspectiva el lugar de la Palabra de Dios ha sido y es fundamental en el caminar de las comunidades cristianas de nuestro continente. La vitalidad que nos ofrece la Palabra de Dios es una fuente para convertir el corazón a Dios, para anunciar buenas noticias a los pobres y denunciar las situaciones injustas que ponga en peligro la vida y los derechos de los que menos tienen. La Palabra de Dios nos lanza a ser profetas frente a la vida amenazada, para ser fieles a nuestra vocación bautismal. Nos sentimos llamados a promover la animación y pastoral bíblica de toda nuestra actividad misionera, articulando junto a otros esta tarea. Realidad Congregacional. 8 Los Misioneros Claretianos, llegados a estas tierras hace más de 140 años, compartimos la riqueza de nuestro carisma como Oyentes y Servidores de la Palabra y procuramos encender el fuego de la pasión por el Reino en la Zona Sur de América Latina. Somos 124 misioneros, procedentes de 12 países distintos. Estamos conscientes de nuestras fragilidades en cuanto a la disminución del número de religiosos claretianos y los desafíos desbordantes que se nos presentan, dada la cantidad de posiciones que se atienden y la magnitud del territorio donde trabajamos. La media de edad es de 55 años. Nos sentimos llamados a renovar nuestro compromiso vocacional y a convocar a otros para continuar nuestra misión (cf. HAC 60). 9 Constatamos que nuestra presencia tiene diversas perspectivas, por lugares geográficos: nos situamos principalmente en grandes zonas urbanas. Desde los sectores pastorales: estamos trabajando principalmente en la atención parroquial, en zonas de misión y en la atención educativa, y en cuanto a la dedicación pastoral: hay un número significativo de hermanos que tienen más de un servicio pastoral en las comunidades. Si tomamos en cuenta la configuración y distribución de los claretianos, prioritariamente, se abocan a la pastoral parroquial, en segundo lugar a las zonas de Misión y en tercer lugar a la Pastoral Educativa. Nos sentimos llamados a revisar las prioridades de nuestra misión y las posiciones pastorales que tenemos, para responder con fidelidad al llamado de Dios (cf. HAC 64). 10 Miramos con optimismo el discernimiento que ha hecho el último Capítulo General y descubrimos dinamismos y tensiones de crecimiento que expresan la riqueza de nuestra Congregación. La interculturalidad que enriquece la vida de nuestras comunidades, expresa un nuevo tiempo ya inaugurado, que exige de nosotros madurez y lucidez para vivir y compartir la misión claretiana. 4
Nos sentimos llamados a asumir la misión compartida con otros, en comunidad – familia, cultivando nuestra formación de cara a los nuevos desafíos del mundo (cf. HAC 56,58). Segunda parte.ILUMINACIÓN DOCTRINAL – CARISMÁTICA. 11 Luego de haber contemplado y escuchado en la historia las llamadas de Dios, es tiempo ahora de ponernos a la escucha discipular del Señor. Lo hacemos como Oyentes y Servidores de la Palabra, en Comunidad y Misión Compartida, que son las formas normales de asumir nuestro compromiso misionero. •
Los rostros sufrientes de Cristo y la pobreza estructural como pecado (DA 32)
12 Jesús de Nazaret, con su vida y su palabra optó por los más empobrecidos de su tiempo (cf. Lc. 4, 18-19). El Reino anunciado por él constituía el núcleo central, no sólo de su predicación, sino también del modo de entender el mundo, las relaciones humanas y la pasión que lo llevaba a denunciar las estructuras opresivas en todos los niveles de la vida (cf. EN 9; DA 95). 13 Las primeras comunidades cristianas se caracterizaron por vivir la dimensión de la comunión y la fraternidad como un claro testimonio de que ellas constituían un modo alternativo de vida frente a las estructuras piramidales de la sociedad (cf. Hech. 2, 42 – 47). Su dinámica no nacía de un mero espíritu contestatario sino de una vivencia de la fe en el Dios Comunión de Personas, revelado en Jesucristo. Fe y vida estaban tan íntimamente unidas en ellos que no podían entenderse a sí mismos sino como cristianos en el mundo, sal y luz, fermento y semilla del Reino (cf. Mt. 5, 13 – 14). 14 Nuestro Padre Fundador es icono de este modo concreto de ser discípulo – profeta en su vida. Ante los males del mundo no dudó en ser palabra clara de denuncia y suscitar iniciativas transformadoras, creativas y solidarias que promovieran el desarrollo y la dignidad humana (cf. EMP 17). También nosotros hemos sido ungidos por el mismo Espíritu evangelizador (CC 39, EMP 19). El seguimiento de Jesús al estilo de los Apóstoles, comporta abrazar sus opciones de vida (cf. CC 4 – 5). 15 Configurarnos con el Señor es fruto de una contemplación activa, que nos lleva a identificarnos con él en la cruz de los pobres. Con una larga tradición teológica y pastoral latinoamericana, contemplamos al Señor crucificado en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, no para quedarnos pasivos ante el dolor, sino para despertar la pasión por la justicia, la defensa de la vida y la promoción de una solidaridad humanizante (cf. DA 65. 393 – 394). Ello comporta la denuncia a las estructuras de pecado generadoras de pobreza y exclusión. 16 La experiencia claretiana de encuentro con Jesucristo nos lleva a asumir que “la solidaridad con los pobres, los excluidos y los amenazados en su derecho a la vida y el compromiso con su liberación, son parte esencial de nuestra fe en Jesús y de la dimensión profética de nuestra vida misionera” (cf. PTV 39; HAC 2j, 6, 42,58). Lo expresamos asumiendo la pobreza evangélica como una clara opción por vivir en comunidades centradas en la misión, que colocan sus bienes al servicio de la 5
evangelización y ponen su corazón sólo en Dios. La comunión de bienes aporta un testimonio creíble de fe, esperanza, caridad y humanidad. (cf. CC 24 – 25; HAC 65; EMP 25). 17 En la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente en la clave de la justicia social y la dignidad de la persona humana, encontramos un rico filón que deberemos asumir en el modo de realizar nuestra misión (cf. EA 54). La Justicia, Paz e Integridad de la Creación se entienden como un claro servicio a la vida amenazada (cf. HAC 58.3). Profundizando en sus contenidos daremos a nuestra acción el talante profético que nuestros pueblos nos reclaman en esta hora de América Latina (cf. DA 536.542; cf. Proyecto Misionero Claretiano para América Latina y el Caribe de Cicla). •
Los jóvenes: centinelas de la mañana, invitados de Dios a la misión.
18 Dios ha soñado desde siempre un proyecto de vida para la humanidad. La creación es expresión de la vocación a la vida y del sueño que quiere realizar con cada uno de sus hijos (cf. Gen. 1,26 – 28). Este es el primer y fundamental contexto vocacional. Hemos sido llamados a la felicidad. Jesús, el Señor, que se ha hecho amigo de sus discípulos (cf. Jn. 15, 14 – 15), es Camino que recorrer, Verdad que creer y Vida que asumir, en esta historia concreta y más allá de ella (cf. Jn.14,6; DA 101). Todos y cada uno de sus hijos e hijas son provocados a responder desde la clave del amor a esta invitación (cf. DCE 1). 19 “En América Latina, la mayoría de la población está formada por jóvenes. A este respecto, debemos recordarles que su vocación consiste en ser amigos de Cristo, sus discípulos, centinelas de la mañana… Los jóvenes no tienen miedo del sacrificio, sino de una vida sin sentido. Son sensibles a la llamada de Cristo que les invita a seguirle” (DA Discurso Inaugural). 20 Esta verdadera cultura vocacional es el marco adecuado en el cual debe darse el vínculo profundo con el mundo de los jóvenes. No se trata de anunciarles un contenido sino de favorecer una experiencia de encuentro con una persona: Jesús de Nazaret, el Señor (cf. DA 243). La fe no es una obligación ni algo a ser impuesto; es la relación de confianza entre aquellos que a partir de conocerse, se aman y se necesitan. Dios necesita de los jóvenes tanto como ellos necesitan de él. La Iglesia y la Congregación necesitan de los jóvenes tanto como ellos necesitan de ellas. No es una necesidad nacida de la carencia, sino del amor. (cf. HAC 19. 60). 21 Los jóvenes constituyen para la Iglesia una llamada a renovarse desde la frescura del Evangelio. En ellos resuena la voz del Señor que nos invita una y otra vez a vivir apasionados con lo que Hacemos, a desplegar libremente las alas y soñar más allá de lo posible, a movilizar la creatividad para anunciar con nuevos lenguajes la Buena Noticia. A su vez nos desafían a vivir en la iglesia, como casa y escuela de comunión, aprendiendo de las riquezas y diversidades generacionales, asumiendo que todos tenemos nuestro lugar en la comunidad para la misión. “En su búsqueda del sentido de la vida, (los jóvenes) son capaces y sensibles para descubrir el llamado particular que el Señor Jesús les hace. Como discípulos misioneros, las nuevas generaciones están llamadas a transmitir a sus hermanos jóvenes sin distinción alguna, la corriente de vida que viene de Cristo, y a compartirla en comunidad construyendo la Iglesia y la sociedad.” ( DA 443) 22 La pastoral vocacional claretiana, los procesos de formación inicial y las nuevas generaciones de claretianos jóvenes reavivan el fuego misionero de la Congregación. Los jóvenes no son sólo 6
números que se suman a una institución, sino que son vida nueva que enriquecen con sus carismas y experiencias a todo el cuerpo (cf. 1Cor. 12). Ellos recrean en la Iglesia y en la Congregación la sensibilidad misionera y la intuición tan necesarias en la evangelización hoy. •
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros: El diálogo Fe – Cultura, encarnación e inculturación (Jn. 1,14)
23 La dinámica de la encarnación es para nosotros principio fundamental de comprensión para entender nuestra vivencia vocacional. En la pedagogía de Dios, la encarnación del Hijo es ante todo iniciativa gratuita al encuentro con la humanidad, diálogo con sus hijos, donación y apertura (cf. Jn. 3,16). Lo divino y lo humano se encuentran para enriquecerse. 24 Evangelizar significa dialogar. Es anuncio en la alteridad, con unos interlocutores que no sólo son personas sino modos de pensamiento, visiones de mundo y estilos de vida (cf. EN 18 – 20). Desde sus orígenes, el cristianismo dialogó con este vasto mundo cultural y buscó anunciar con creatividad a ese “Dios desconocido” (cf. Hech. 17,23) cuyas huellas están presentes en la vida de los pueblos y que se ha revelado en la persona de Jesucristo (cf. Heb. 1,1 – 4). Los principios de encarnación e inculturación han tenido en la historia de la evangelización de América Latina – y de los claretianos de la Zona Sur – una fuerza magnífica. Esto nos ha llevado no sólo vivir con nuestros pueblos, sino hacernos pueblo con ellos, lo que dotado a la Congregación de unos rasgos particulares y únicos, riqueza para nosotros y para nuestras culturas (cf. HAC 41). 25 La experiencia apostólica de San Pablo en el areópago nos estimula a nosotros a buscar el modo más oportuno y eficaz para el anuncio de la Buena Noticia desde el testimonio de nuestra vida y nuestra misión (cf. DA 390, 491ss). Esos nuevos areópagos toman hoy la forma, por ejemplo, de las nuevas tecnologías en las que también hemos de ser capaces de encender a otros en la Pasión por el Reino, anunciando el mensaje profético (cf. HAC 2j. 61; DA 486ss). El magisterio nos ofrece una clave positiva para acercarnos como misioneros a la cibercultura.”Estas salas se han convertido en algo propedéutico al templo, punto de referencia y de interés también para los alejados, servicio al Pueblo de Dios, y también a todos los hijos de Dios dispersos” (Juan Pablo II). 26 San Antonio María Claret comprendió perfectamente los retos culturales de una Europa en cambio, con corrientes de pensamiento anticlericales, filosofías e ideologías que tenían poco de evangélicas, donde la Iglesia se veía obligada a reposicionarse en su relación con la sociedad civil, en medio de conflictos e incertidumbres. Las iniciativas de la Academia de San Miguel, la preocupación por la formación de los sacerdotes, expresada particularmente en la acción desarrollada en el Escorial y el discernimiento constante, le llevaron a asumir como prioritario el dialogo con la cultura de su tiempo y expresa a la vez la lucidez para comprender lo que pasaba en su entorno (cf. Aut. 332.581.869 – 872). 27 Su experiencia personal es, en ese sentido, una realidad normativa para nosotros. Como “centinelas de la aurora”, (cf. Is. 21,6; 26,9; Salmo 130, 6 – 7), nuestra espiritualidad misionera se caracteriza por una actitud de expectación, discernimiento permanente y apertura a las preguntas y desafíos que el mundo nos hace. Una espiritualidad que, integrada en un itinerario permanente de formación, nos mantenga siempre tensionados entre las preguntas que escuchamos y las respuestas 7
adecuadas, en un proceso de conversión personal y pastoral desde la clave de la multi e interculturalidad. (cf. DA 476 – 480, HAC 12. 41. 45; PTV 72) •
La Familia, Buena noticia para el mundo. (HAC 1 a, c.; 37; 60.1)
28 Dios mismo es familia en la relación del Padre, del Hijo y del Espíritu. Así como la Iglesia es icono de la Trinidad, esa irradiación se manifiesta en primer lugar en la familia como “Iglesia Doméstica” y primera trasmisora de la fe. (cf. DA 115. 118. 204). 29 La familia de Nazaret nos muestra en el misterio de sus relaciones humanas y divinas la comunión de base que nos permite comprender y vivir la experiencia de Dios como Padre, las relaciones de amor fraterno, la filiación a María. Nuestros vínculos religiosos ciertamente se nutren de la experiencia humana fundamental de la familia. Esa experiencia la vivió Jesús en Nazaret y de ella recogemos la opción fundamental de Dios de haber querido vivir en familia, de hacerse familia. 30 A imagen de la primera comunidad cristiana, “tener un solo corazón y una sola alma” (Hech. 4,32) es para nosotros el modo concreto de ser cristianos, religiosos y claretianos como ideal de vida y proyecto histórico. La experiencia comunitaria, vivida en fraternidad, no sólo impacta a los demás sino que convoca y provoca respuestas de seguimiento en otros (cf. HAC 19). Ella es nuestra primera palabra misionera (cf. HAC 16). 31 “Como en la familia humana, la Iglesia – familia se genera en torno a una madre, quien confiere “alma” y ternura a la convivencia familiar. María, Madre de la Iglesia, además de modelo y paradigma de humanidad, es artífice de comunión” (DA 268). Nuestra identidad de Hijos del Corazón de María, Madre de la Congregación y Madre de la Iglesia, encuentra aquí un vínculo profundo con la dimensión familiar y eclesial. La ternura, la profecía cotidiana, la acogida abierta y fraterna son dimensiones esenciales de nuestra vida – misión que aportan a la Iglesia un rasgo típicamente claretiano (cf. HAC 35; EMP 20). •
Una Iglesia de comunión y participación, Pueblo de Dios en la historia
32 La Iglesia ante todo es una comunidad de discípulos y misioneros convocada por el Padre que, a partir de un encuentro personal y comunitario con el Señor de la Vida y animada por el Espíritu Santo, experimenta la alegría y el gozo de sentirse llamada a evangelizar, siendo la nueva evangelización un aporte específico para la construcción social de una cultura de la vida, empapada de evangelio, promotora de justicia, dignidad, solidaridad y promoción humana (cf. EN 14). No es pues la misión fruto de una necesidad sociológica sino nacida del corazón de Dios que hace de los hombres y de los pueblos sus interlocutores para gestar juntos un proyecto de vida personal y comunitaria que de un sentido trascendente a la vida. 33 La Iglesia vive así su más genuino modo de ser Sacramento de Salvación e instrumento de liberación. La fidelidad al Evangelio y la vivencia coherente del mandamiento del amor desde la clave del servicio, son los criterios decisivos que la hacen, en el plano de las mediaciones, lugar de encuentro de lo humano y lo divino, de la historia concreta y la realidad futura que da sentido a toda su acción misionera. 8
34 La Iglesia expresa en su vida misma aquello que anuncia al mundo. Siendo toda ella ministerial, enriquecida por carismas y ministerios (cf. 1 Cor.12, Rom. 12, 3 – 8) encuentra en la misión compartida el auténtico modo de ubicarse en el mundo desde la comunión de las formas de vida cristiana. En sus vínculos fraternos, en los modos de diálogo, en sus instancias de gobierno, animación, oración, servicio…, muestra un modo de ser y de actuar que atraen por su testimonio y confrontan con otros estilos autoritarios, marginadores, intolerantes que se caracterizan por una mirada negativa de aquellos que son distintos (cf. Lc. 22,24 – 27). 35 Para nosotros claretianos, este modelo de Iglesia nos hace vivir la misión compartida como el “modo normal de vivir la misión” con laicos, religiosos/as, sacerdotes y pastores, como así también con otros grupos religiosos y sociales que buscan el Reino de Dios (cf. PTV 35 – 37; HAC 22, 58). Siendo hombres que arden en caridad y fieles a la Iglesia, estamos llamados a encender en el fuego del Amor a todos aquellos hijos e hijas amados por Dios. 36 Somos comunidad convocada para la misión. Por eso “la primera y principal pertenencia del claretiano ha de ser su profunda comunión con los hermanos, llamados y enviados como él a ser testigos y proclamadores de la Buena Nueva” (MCH 133; HAC 16). Esta ha sido la experiencia de nuestro Fundador (cf. Aut. 491) y lo expresan nuestras constituciones como marco en el cual cada uno y todos los misioneros realizamos plenamente nuestra eclesialidad y nuestra vocación apostólica (CC 12). Tercera parte.UN PROGRAMA DE VIDA E ITINERARIO DE ESPIRITUALIDAD: Hombres que arden en caridad. 37 Nuestro último Capítulo General nos invita a recordar quiénes somos, no desde una definición, sino desde una síntesis que nos impulse vitalmente (cf. HAC 28). La expresión “Hombres que arden en Caridad” y el Memorial del Misionero leídos en los contextos en los que nos encontramos resultan ser evangélica y carismáticamente inspiradores para ubicarnos como nueva provincia en la Zona Sur de América Latina (cf. HAC 31). Son para nosotros un verdadero itinerario de vida y de espiritualidad misionera. Ello significa para nosotros: a Siendo Oyentes y Servidores de la Palabra, anunciando al Dios de la vida y la esperanza que previamente hicimos vida en nosotros y que, en fidelidad a Dios y al Evangelio, nos hace optar claramente por los pobres. b Convocados en comunidad para la misión, viviendo y sintiéndonos Iglesia. La comunidad misionera no es para nosotros un añadido sino un eje esencial de vivir como consagrados y misioneros. “Evocando la primacía dada por Jesús al amor fraterno (cf. Jn 13, 34 – 35; Mt 25, 40), la Iglesia insiste en que la vida fraterna en comunidad es nuestra primera palabra misionera (cf. EN 21; VFC 54; EMP 28). Hoy nos sentimos llamados a renovar la alianza que nos congrega como comunidad, y a retejer y profundizar los lazos que nos reúnen en familia, en un solo cuerpo. (cf. HAC 16) c Ser hombres que arden en caridad, desde una fuerte experiencia del amor de Dios Padre y de la presencia del Corazón de María que nos forma en la Fragua y que configuran en nosotros una espiritualidad centrada en la Palabra de Dios y la Eucaristía (cf. HAC 32. 35.38. 48). 9
d Recordar nuestra identidad de Hijos del Corazón de María, no sólo como un nombre, sino como el centro configurador de nuestra espiritualidad (cf. HAC 34), que nos provoca a vivir buscando en todo la voluntad de Dios y su Gloria que se traduce en un anuncio liberador para todos sus hijos e hijas (cf. HAC 36). e Ser hombres libres viviendo en clave de fe nuestro discipulado misionero como los apóstoles, en clave de conversión permanente desde las urgencias de la misión y las llamadas que el Señor nos hace para encender a otros en el fuego del amor. La libertad que el Espíritu suscita, caldea en nosotros la itinerancia, la disponibilidad, el discernimiento constante de la realidad y un hondo sentido eclesial (cf. HAC 47). f Ser hombres de Dios para el mundo que expresen aquello que creen en su vida cotidiana, trasmitiendo gratuitamente aquello que gratuitamente han recibido, viviendo con alegría la vocación misionera junto con otros y otras, haciendo de nuestras comunidades verdaderos ámbitos de fraternidad, comunión y corresponsabilidad. Así, el testimonio comunitario será una palabra privilegiada de entusiasmo vocacional para nosotros mismos y para otros. La hospitalidad, especialmente con los más pobres, es hoy una clave teologal fundamental para reconocer al Dios de la vida. g Estar en actitud de Formación continua, con mente abierta y humilde, capacitándonos para responder a los nuevos desafíos y nuevos areópagos, con los medios renovados que el Espíritu nos presenta en el mundo actual, cultivando la intuición pastoral y programando las acciones evangelizadoras desde lo más oportuno, urgente y eficaz. h Haciendo con otros en misión compartida, entendiendo ésta como “el modo normal de vivir la misión”, alentando y promoviendo los carismas y ministerios. DESAFÍOS Y LLAMADAS QUE NOS INTERPELAN 38 A la luz de la realidad analizada previamente y del marco doctrinal, creemos que se nos presentan los siguientes desafíos a nuestra vida y misión: a
Referidos a nuestra vida. 1. ¿Cómo continuar en formación permanente para responder mejor a los desafíos de la misión evangelizadora? 2. ¿Cómo dar densidad teologal a nuestra vida comunitaria claretiana desde la Palabra de Dios y en clave multicultural? 3. ¿Cómo encender a otros en el fuego misionero para seguir a Cristo desde el espíritu de Claret?
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Referidos a la Misión. 1. ¿Cómo anunciar el Reino desde los pobres como preferidos de Dios? 10
2. ¿Cómo construir una Iglesia de comunión y participación? 3. ¿Cómo defender la vida en todas sus dimensiones? 4. ¿Cómo fortalecer la Familia como Buena Noticia para el mundo? 5. ¿Cómo hacer con otros la misión evangelizadora? 6. ¿Cómo adecuar nuestro servicio misionero de una manera oportuna, urgente y eficaz, a través de una adecuada revisión de posiciones? 7. ¿Cómo encarnar e inculturar la fe en nuestro mundo? PRIORIDADES MISIONERAS 39 Se entiende por prioridades aquellos aspectos de nuestra evangelización a los que se han de dedicar la atención preferente en recursos humanos y materiales. Esto no excluye ni desvaloriza otras áreas de nuestra pastoral que, sin ser prioritarias, se necesita seguir llevando adelante al menos por ahora. Señalamos las siguientes: a Los pobres y la justicia. En fidelidad al Evangelio, el magisterio latinoamericano y a nuestra Congregación (Hac 2,e). b El diálogo Fe – cultura. Como misioneros sentimos el llamado a crear puentes y abrir fronteras entre el Evangelio y nuestro mundo que busca respuestas y sobre todo sentido de vida. c La Familia. Es un “patrimonio de la humanidad” y constituye uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos (DA 302). d Los jóvenes y sus proyectos de vida. Nos unimos a la preocupación de la Iglesia latinoamericana por la vida y la formación de los adolescentes y jóvenes”(DA 442). e La pastoral vocacional. Con la riqueza de sentido que ella ha adquirido en nuestra doctrina y práctica claretiana (cf Hac 60; DVC). Ha de relacionarse también con la urgencia de promover las diversas vocaciones que compartan el espíritu misionero de Claret y el servicio misionero evangelizador dentro y fuera de nuestras obras. MEDIOS PRIORITARIOS 40 Se entiende por medios prioritarios aquellos que se consideran más en sintonía con nuestra riqueza carismática y modo de evangelizar. a La Animación Bíblica de la Pastoral. De acuerdo a nuestro carisma somos servidores de la Palabra y la apertura a ella debe estar en el centro de nuestra vida y misión. Esto supone la 11
reafirmación de los equipos cualificados de animación bíblica, una metodología propia, lectura orante y popular, la integración de la Palabra y la Vida en nuestras áreas pastorales, etc. b La formación de agentes evangelizadores. La Misión Compartida es parte esencial de nuestro carisma, estamos llamados a “hacer con otros”. La formación de agentes evangelizadores es un camino necesario para ayudar a la construcción del Reino de Dios, transformando nuestro mundo según el Plan de Dios. c La Pastoral de la Comunicación y Nuevas Tecnologías. Reafirmando una tradición de la Congregación, y por la importancia que los medios cobran en nuestro mundo, estos se transforman en nuevos areópagos y en plataformas de evangelización que reclaman nuestra presencia misionera desde todas nuestras estructuras.
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