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100 años de misión en el Antofagasta

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ntofagasta, A19032003

Hijos del Coraz贸n de Mar铆a (claretianos):

Cien a帽os de Misi贸n en el Norte Grande

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rimera parte: 1903-1912

A ntecedentes

I.

Amanece sobre el mar. Desde arriba es lo único bello que abarca la mirada que busca algo para ayudar a la sonrisa, entre molduras de cerros ennegrecidos por los años y las sales mineras. Es el norte: ancho, severo, duro. El bus dobla a la izquierda, pasadas las chimeneas de la planta “Inacesa”, la que prepara el cemento, la cal y el hormigón para edificar Chile. Entonces nos recibe “La Negra”, alargada y sinuosa, y nos lleva como de la mano hasta besar el mar. “La Quebrada de la Negra” es el camino tradicional hasta la entrada sur de la ciudad de Antofagasta. Pero antes, mucho antes de ahora, cuando la ciudad era apenas un poblado de casas hechas de madera y calamina, la única ruta era el mar. Porque, aunque había tren que traía minerales y gentes desde el interior, siempre era preferible el camino del mar. Una razón era cierta rapidez. La otra, para no morirse de pena. Por el mar llegaron un día de1877 los misioneros claretianos Mariano Avellana y José Coma, acompañando al cura don Joaquín Ruiz Tagle, quien no había tenido en menos ser un

limosnero aunque era hijo de un presidente de la República. En efecto, el colegio de párrocos de Santiago había comisionado a los tres valientes para que llevaran ayuda a los amplios territorios que habían padecido el feroz terremoto de ese año; llevaban siete fardos con víveres, además de 8.097 “pesos fuertes” y, sobre todo, consuelo, voz de ánimo y esperanza cristiana. Don Joaquín y los dos claretianos recorrieron todos los pueblos costeros desde Chañaral de las Animas hasta Arica. En la zona que historiamos, predicaron misión formal en Antofagasta, Cobija, y dos veces en Mejillones, tanto a la ida como a la vuelta del norte. Siete u ocho años más tarde, de nuevo andaban los misioneros Hijos del Corazón de María subiendo montes ariscos, espantando el frío de las nevazones a fuerza de rosarios, predicando la Palabra a hombres duros como los minerales que le escarbaban a la madre tierra, llegando hasta las arenas del mar para humedecer los ojos y la vida después de haber mirado de cerca las estrellas y haber convivido con las peñas.

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Q uién fue Policarpo Sepúlveda?

buscadores de piedras venidos de todas partes empezaron a levantar tiendas que se convirtieron en habitaciones y después en casas rústicas, en toda la explanada junto al mar que se conocía como La Chimba. Unos años antes, allí sólo habitaba Juan “Chango” López, el “cateador de minas” reconocido como el padre de Antofagasta. Después llegó José Santos Ossa. Y después...llegaron tantos y tantos, que el gobierno boliviano envió con timbres y membretes a don Policarpo para que cobrara los impuestos de extracción y embarque. La Chimba se convirtió en población, y ésta en una ciudad incipiente pero en crecida. Se la llamó alternativamente Peña Blanca, pero el gobierno la fundó oficialmente con el nombre de Antofagasta ya el 22 de octubre de 1868, en recuerdo de una pequeña población en la Puna de Atacama donde el dictador Melgarejo tenía una propiedad agrícola. En 1871 se la declaró puerto menor de comercio, y poco después contaba ya con 3.000 habitantes.

Lo más seguro es que Ud. nunca supo de don Policarpo Sepúlveda. Yo tampoco, hasta que me topé con él al escribir esta historia. El bueno de don Policarpo fue el primer funcionario con rango de “Corregidor” que el gobierno de Bolivia puso en Antofagasta allá por 1869. Es que el asunto se le estaba escapando de las manos al gobierno de entonces. Hasta ese momento todo había sido dar concesiones, otorgar permisos, firmar documentos a unos cuantos aventureros que andaban rastreando minas de plata que nunca encontraban. Pero cuando el trabajador Juan Zuleta, que trabajaba para el industrial José Santos Ossa, dejó su cigarrillo sobre algo que creyó una piedra, y el suelo empezó a arder, todos supieron que se trataba de algo grande: allí había caliche, es decir, salitre, dicho así para los de la casa; “nitrato de Chile”, para los extranjeros. Sustancia sólida, arenosa, cristalina, higroscópica, excelente fertilizante, como dicen los que leen libros gordos. Entonces se desató la locura: mineros y

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L a guerra y la paz Habiendo riqueza, siempre se despiertan los intereses, las pasiones y las sospechas. De ahí a trenzarse a puñetazos no hay más que un paso. Así somos de egoístas los terrícolas. Chilenos, peruanos y bolivianos no teníamos por qué ser de otra raza. Lo malo fue que bajo las banderas del patriotismo nos hicimos zancadillas, nos metimos tiros de fusil y nos enemistamos por cien años, mientras los industriales ingleses a los que se habían aliado los oligarcas de la nación, se quedaron con la minería, los trenes, los barcos y el dinero. En breve: Chile se anexó un territorio, multiplicó industrias salitreras (las “oficinas” que nacían, trepidaban, sudaban, reían y morían), organizó a su modo el mundo nuevo que le cayó entre las manos. La Iglesia empezó a organizar también sus huestes; había que hacerlo todo. Antofagasta era sólo una parroquia pobre, cuyo cura recién se había instalado en la ciudad. Pero con la nueva situación que dejó a la zona bajo bandera chilena, don Juan José Pizarro Mendoza tomó la decisión de dejar la parroquia en manos de los capellanes militares, temiendo atentados a su vida por parte del populacho y “por estar su espíritu abatido por la invasión del suelo patrio y el sentimiento de ver ultrajada la soberanía nacional” (carta del 2 de marzo de 1881 a D. Florencio Fontecilla).

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Un alto en las duras faenas de los calicheros, a principios del siglo XX.


L a Iglesia antofagastina Tan alborotadas estaban las cosas, En 1896 llega como vicario aposque el papa León XIII erigió el Vicariato tólico don Felipe Salas Errázuriz. Apostólico de Antofagasta en fecha La situación religiosa en todo el que “no ha sido posible averiguar” (¡lo Vicariato era bien triste: no había más dice don Carlos Oviedo Cavada, his- clero residente que el cura francés toriador y arzobispo que fue en esa Dupras en San Pedro de Atacama, el arquidiócesis!). español Pedro Durango en De hecho, por 1882 Calama, el chileno David apareció don RaimunBasaure en Tocopilla. do Cisternas, cura Con el vicario Salas de carácter indevivían los curas pendiente y poco Francisco Herrera, amigo de comsecretario, Tomás promisos estables, Contreras, que quien se tituló “goera cura de Cobija, bernador eclesiástico e Hilario Velasco, de Antofagasta”. Ese cura de Caracoles, mismo año, aparecen todos ellos antiguos otros dos con el mismo religiosos exclaustratítulo: don Juan Luis Mon- D. Felipe Salas E., el Vicario dos de sus congregaciones. tes Solar y don Florencio que acogió con afecto a los primeros claretianos. Fontecilla. Por eso, cuando el Vicario vio En 1887 entra en escena don Luis Silva Lezaeta, a quien se le dan títulos bajar de un bote al padre Ramón variados y confusos: párroco y vicario Genover, quien aprovechaba la foráneo interino, administrador apos- estadía del barco para saludar a su tólico, administrador eclesiástico y, por leal amigo, se le abrieron los ojos y las esperanzas. fin, vicario apostólico.

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a opción por el desierto nortino

Con razón dicen que Dios escribe derecho a pesar de los renglones torcidos. El superior de los claretianos en Chile, P. Ramón Genover, llegó a Antofagasta a saludar a su amigo el vicario Salas casi de rebote. Le había ido mal, muy mal, en Iquique. La historia era ésta: la Dominguita Aldunate Montes, señorita de la sociedad de Santiago, heredó de su papá muchos bienes. Y se le ocurrió destinar unos 80.000 pesos de la época para que los misioneros que iban a su casa a celebrar la misa todos los días, fundaran una comunidad en Viña del Mar. El P. Genover logró convencerla de que era mucho más necesaria una comunidad en la pampa salitrera, donde empezaban a surgir pueblos sin Dios ni ley. El norte llamaba a los misioneros. Ya en 1892 el P. Antonio Dalmau, superior mayor de los claretianos en Chile,había tratado de establecer una comunidad en Iquique. Era ésta una ciudad importante, bullente La actual Basílica descollada sobre la ciudad de vida y llena de problemas obreros y al comienzo de los ´30. de pianos de concierto. Contaba con unos 28.000 habitantes y pasaba por ser la ciudad más rica de Chile. Un dato ilustrativo que cuenta el mismo padre Dalmau es que en la ciudad había centenares de pianos, “porque la música es el bello ideal de todas las familias de Iquique”. Ahora, en 1902, y después de muchos titubeos, doña Dominguita Aldunate prometió dar la mitad de la suma inicial para una fundación en el norte, y la otra parte la ofreció a los redentoristas para que se instalaran en Viña del Mar.

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E l Señor los quería en Antofagasta

De inmediato el P. Genover se embarcó ha- de empezarlo. cia Iquique para hablar con el vicario apostólico El vicario Salas Errázuriz y el P. Genover y obispo de Antédone don Guillermo Cárter, tío llegaron rápidamente a un acuerdo y firmaron de uno de los misioneros claretianos. Pero allí papeles con las cuatro manos. se topó con los terciarios franciscanos. Antofagasta era, además, puerto con Resulta que franciscanos españoles de Lima buenas conexiones de rutas para cubrir gran habían realizado predicaciones en Iquique y parte de la pampa salitrera, entonces en Antofagasta, y dejaron establecida ebullición. La ciudad contaba ya su Tercera Orden “agrupancon unos 18.000 habitando las pocas personas de tes muy trabajados por buena voluntad que la masonería, era de en ellas había”, dice tinte absolutamente el libro de Crónicas materialista y de pode la comunidad breza generalizada: claretiana. La idea calles sin pavimenera preparar sendas to, casas de madera fundaciones de los hijos y calamina, con un solo de san Francisco. Así los tertemplo, el vicarial, y donde ciarios empezaron a construir un el clero se reducía de hecho al Una de las antiguas bien dotadas comunidades templo en cada ciudad, ideados Vicario y su secretario. No había misioneras por un mismo arquitecto. escuela católica y existía una Cuando el P. Genover llegó a Iquique a ofre- furibunda prensa anticlerical. cer fundación claretiana, los de la Tercera Orden Además era, a su modo, una experiencia de le dijeron al obispo: queremos franciscanos, «frontera»: el sucesor de Salas Errázuriz, don o nada. El obispo Cárter llamó entonces a los Luis Silva Lezaeta, afirmaba que Antofagasta franciscanos belgas. era «una población de aventureros que están Por su parte, los de Antofagasta se entu- creando una ciudad netamente industrial en la siasmaron cuando el P. Genover mostró, como que dominan las clases obreras muy democrátique no quiere la cosa, los dineros de doña cas, por lo que se necesitan elementos religiosos Dominguita; a ellos se les habían terminado cercanos al pueblo, para que vea que somos sus los recursos para construir el templo casi antes amigos». 8


II.

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egan los misioneros

Para que se instalaran los misioneros, hasta la Ilustre Municipalidad antofagastina hizo un ofrecimiento: un terreno en la Plaza Sotomayor. Pero al no hacerse a tiempo los trámites y al subir el valor del terreno, el municipio vendió a otros el espacio que había ofrecido. Entonces todos se fijaron en el templo que habían empezado a construir los terciaros de san Francisco: estaba en una cuadra aislada, en las afueras de la ciudad. Un cronista dice: “era pura pampa”. Cuando lo vio el P. Genover, el templo tenía ya el esqueleto, como también las habitaciones de una casa adjunta: un patio y un corredor con seis piezas, comedor, biblioteca y cocina. El 11 de mayo de 1903, a las 7 A.M., desembarcaron en Antofagasta los padres Cristóbal Soteras como superior interino, Ambrosio García y el hermano Sixto Carnicer, para fundar la nueva casa misión. Unos meses después se agregaron los padres Pedro Constansó e Isaac España, y el hermano Mariano Herrero. Claro que no todos en Antofagasta estaban contentos por la llegada de los misioneros. Eran los tiempos en que los librepensadores se agrupaban en organizaciones anticlericales, y las logias masónicas eran fuertes y combativas. Por su parte, el clero

católico y la gente de iglesia no lograban entender los cambios históricos. Dice el cronista: “No estaba el pueblo de Antofagasta en disposición de recibir una comunidad religiosa y quizá hubieran pasado un mal rato los recién llegados, si no fuese por la prudencia del Sr. Salas que ocultó la llegada de los padres....” “Desembarcaron sin ser notados y en medio del silencio más grande de la prensa y de la ciudad...”. El vicario Salas les ofreció su propia casa, mientras seguían los trabajos de construcción del templo y la casa, allá, donde “era pura pampa”.

Por los años ´20, la tradicional fachada que ha perdurado hsta hoy.

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L os primeros trabajos apostólicos Apenas pudieron, los misioneros dejaron la casa del Vicario y se fueron a vivir en las pocas habitaciones levantadas junto al templo en construcción. Don Felipe Salas designó secretario de la Vicaría al P. Soteras y dio el nombramiento de vicarios parroquiales a los PP. Soteras y Ambrosio García, para que recibieran el sueldo de tales como empleados del Estado. Poco tiempo después de su llegada, los misioneros ya empezaron a ser conocidos en la ciudad y la zona salitrera. Los medios fueron por lo menos tres: *la atención del hospital y de la cárcel; *la catequesis de los niños y visitas a los colegios; *la salida a las oficinas salitreras de la pampa. Dice una carta del padre Pedro Constansó, primer superior oficial de la comunidad, en 1903: “En la ciudad no hay más templos que el nuestro y el de la Vicaría. Visitamos las escuelas, pero como está contra la ley, puede ser que no lo podamos hacer más cuando salga el Sr. Vicario; visitamos el hospital, donde no se nos permite predicar a los enfermos sino sólo preguntar si alguno se quiere confesar, lo que raras veces sucede. También se visita el lazareto, la cárcel, el cuartel de policía. “En todo el Vicariato hay cinco parroquias, en dos de las cuales no reside el párroco porque están desiertas; las otras tres están: una a un día de tren, otra a un día de mar y otra a tres días de a caballo por el desierto, viaje que se hace no sin peligro de la vida”.

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a llamada del desierto

Las primeras salidas a la pampa que hizo la nueva comunidad fueron en 1904. Salieron hacia Tocopilla y la región del Toco. El desierto estaba en ebullición. Por todas partes se levantaban chimeneas, surgían campamentos, se abrían caminos y se escuchaban los dinamitazos que rompían las piedras. Las compañías, muchas de ellas inglesas, otras chilenas y alemanas, explotaban conjuntamente el caliche y al obrero. Con las facultades dadas por don Felipe Salas, y a partir de 1904 por el nuevo vicario apostólico don Luis Silva Lezaeta, los misioneros se constituyeron en vicarios parroquiales del mismo templo vicarial de San José, y Eran los más necesitados en párrocos, sin obligación de residencia, de las poblaciones mineras que de evangelización y iban surgiendo. “La parroquia de Mejillones afecto. se fundó en 1906 y su primer párroco fue el P. Ambrosio García; por eso se le dio por titular al Inmaculado Corazón de María. Las molestias fueron muchas, no había ni capilla ni donde reunir a la gente; a fuerza de paciencia se consiguió una pieza en una casa particular, muy lejos, hasta que se organizó un poco y entonces se dio la parroquia a D. Eduardo Millas”. El P. Ambrosio logró construir el templo parroquial, que bendijo el 10 de enero de 1909 el vicario apostólico. Tenía tres naves, 35 mts. de largo por 22 de ancho. Todo un templo.Fue construido a expensas del Supremo Gobierno. Con el tiempo, los misioneros asumieron las parroquias de Rica Ventura, Cobija, Gatico, Sierra Gorda, Caracoles, Tocopilla, Salinas, Boquete, Pampa Alta, Baquedano, Oficina Castilla y Pampa Unión. También fueron los primeros curas de Coloso, que a la sazón tenía más de 4.000 almas. Templo cordimariano original, destruído por el incendio de 1912.

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III.

tención religiosa en el Hospital Las religiosas de Santa Ana, que ponían la bondad y el servicio distintivos del cristiano para atender a los enfermos del hospital, dieron gracias al cielo y al Sr. Vicario por haber llevado a los misioneros al norte. Así tuvieron los servicios normales de una capellanía que tanto habían esperado. Allí surgiría el servicio de los misioneros en el hospital, uno de los grandes sellos históricos de su presencia evangelizadora en Antofagasta, que perdura hasta hoy sin haberse suspendido jamás.

E l Hospital del Salvador

“Hospital del Salvador”. En realidad, un buen nombre para un centro asistencial. “El hacinamiento de hombres Había sido fundado por el gobierno y las pestes que cada cierto tiempo boliviano en 1872, y se ubicaba en la aparecían en estos lugares, hacían actual Avenida Manuel A.Matta (¡mal que el Hospital prestara una valiosa y nombre para ubicar un hospital; además, construido frente al cementerio!). Los humanitaria ayuda a toda las personas vecinos donaron algunos fondos. Se que carecían de recursos y de un levantaron unas barracas de madera mal lugar de albergue”. ajustada, sin comodidad alguna. (Nota de un cronista) 12


La Guerra del Pacífico que estalló en En 1920 se construyó el pabellón de la 1879 obligó a su completa renovación. Se maternidad y de medicina interna, además construyó una sección anexa denominada de una sala de pediatría. También fue parte Hospital de Sangre, destinada exclusivamen- de la formación de la primera Escuela de Obste al cuidado de los heridos. A medida que la tetricia de la zona norte, en la que numerosas población aumentaba por la instalación de religiosas dedicaron sus vidas a la atención varias oficinas salitreras, el servicio hospita- de enfermos, destacándose entre ellas Ana lario se hizo estrecho e incapaz de afrontar Giglia Zappa. Igual papel cumplieron los el cuidado y la salud de miles de personas. médicos, quienes día a día entregaron sus El estado de miseria que presentaba el capacidades para forjar la historia del centro establecimiento fue observado por el pre- hospitalario, entre los que se sobresale el sidente Germán Riesco, quien señaló: « en doctor Leonardo Guzmán, quien alcanzaría efecto, esto no es otra cosa que la antesala del fama mundial en la especialidad Cementerio». Así, a partir del año 1905 de cancerología. se inició una importante campaña encabezada por el vicario don Atención del Lazareto Luis Silva Lezaeta, destina“¿Quien no ha oído hablar de las enfermedades da a lograr la construcepidémicas que han azotado a Antofagasta? ción de un nuevo centro “Los años 1903 y 1904 llamó a sus puertas por primera vez asistencial. El fruto de la terrible peste bubónica. Durante ocho meses fueron renovándose esos esfuerzos se vio en el Lazareto infinidad de enfermos, muchos de los cuales pagaron coronado el 30 de con su vida el ataque de esa enfermedad. marzo de 1913 en “El Vicario Don Felipe Salas pidió la ayuda de los misioneros para el sector que hoy atender el servicio espiritual de los pobres enfermos. Sacrificio grande era ocupa el Hospital meterse con peligro de contraer la enfermedad en aquel lugar de infección; Clínico Regional. La pero uno de los claretianos tomó a su cargo el Lazareto y asistió todos los inversión superaría días durante la epidemia a cuantos necesitaron su ayuda. el millón de pesos “Otra enfermedad domina siempre a los trabajadores en de la época, lo que Antofagasta: es la viruela, enfermedad más repugnante a la vista permitió la edificación que la misma peste bubónica, y , por lo mismo, requiere del de un moderno edificio misionero no menor sacrificio para la asistencia de los con capacidad para 300 atacados. A ellos se extendió también la asistencia”. enfermos. (Crónica de la comunidad).

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IV.

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abor educativa

En 1904, un año después de su llegada a la ciudad, ya estaban los misioneros preocupados por establecer una escuela. Lo planteaba el P. Constansó al superior general: “hemos pensado en el bien inmenso que haría un colegio al que acudirían los centenares de niños que vaguean sin determinación alguna cerca de nuestra casa. Haríamos una obra de regeneración popular”. Por fin, el P. Anselmo Santesteban, siendo superior en Antofagasta y meses antes de ser elegido superior mayor de los claretianos en Chile, abrió en 1909 una escuela nocturna, “contra el parecer de toda la comunidad. Hizo que funcionase en un salón que llamaban Patronato cuya entrada era por los patios que dan al ferrocarril, calle oscurísima y desierta. Mandó que todos los misioneros ayudaran y puso al frente de la escuela al P. Antonio Parera, que era el más paciente. Para mantener la escuela que tenía una matrícula de 40 niños, ayudaban las señoras de la Archicofradía del Corazón de María”. El P. Santesteban había salido con la suya. Pero al ser nombrado superior mayor a mitad de ese mismo año, tuvo que trasladarse a Santiago, quedando como superior de la comunidad el buen P. Florencio de Andrés. A este misionero se debe el haber creado el colegio diurnoen 1911, abrir espacios para que funcionara, titularlo Colegio Lord Cochrane para que fuera ubicado por la calle en que estaba la entrada principal, y para lograr cierta ayuda del Estado.

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Dice el cronista de la comunidad: “El Colegio fundado en 1911 fue el primer colegio católico de la ciudad, con fuerza en lo comercial, ya que era necesidad en la ciudad ese aspecto. Funcionó bien hasta 1915 y decayó por atender los misioneros la pampa. En 1920 se intentó mejorar y no se pudo. En 1925, hay cambios y personal dedicado al colegio. Se lamenta que sea solamente primario porque al pasar a otros colegios para la secundaria viene el desastre moral. Debe ser comercial, con inglés e internado. Es necesidad para las oficinas de la pampa que no tienen escuelas secundarias. “Con la escuela nocturna sufrió mucho el P. Andrés, porque el P. Parera se cansó del colegio y empezó a trocha y mocha a los niños y mozos, y a quejarse constantemente de que eran niños intolerables. En medio de todo no le faltaba razón; pero el P. Superior, Florencio de Andrés, se puso al frente y aguantó todo un año, que fue mucho aguantar. “Por razón de la soledad y oscuridad de la calle y por la clase de muchachos, los más “rotos” (cocheros, carretoneros, vendedores de diarios,etc) promovieron algunos alborotos y rompieron algunos faroles, quejáronse los vecinos, escribieron sus articulitos en el diario, y todo esto afectó mucho al malogrado P. Andrés.” Fachada del primitivo Colegio Lord Cochrane.

Casi al mismo tiempo en que el colegio diurno abría sus puertas, marzo de 1911, moría su verdadero creador, el P. Florencio de Andrés, de un ataque al corazón. En 1912 el colegio se ampliaba a cursos de tipo parvulario, quedando al frente de ellos el hermano Eustaquio Belloso. Poco después se cambiaba el nombre oficial por el de Colegio Corazón de María. Todas esa realidad que iba creciendo y madurando como brote nuevo, quedó sepultada entre las cenizas con el incendio del templo, el colegio y parte de la casa de la comunidad, el 7 de diciembre de 1912.

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A V.

tención religiosa en la cárcel

El horror de la antigua cárcel entra también el frío de las heladas noches de la pampa, yacen más de 200 reos, criminales unos, con mala suerte otros, pues en todas las cárceles se podría escribir lo que un loco escribió en la pared de su celda: “no son todos los que están ni están todos los que son”. “Esta es una verdad que muchos no pueden comprender : que muchos reos no son criminales; por haber caído en manos de la justicia y haber sido encerrados en una prisión, los creen bandidos, malvados, pero no es así. “La acción del misionero tiene un campo muy grande en las cárceles: es una obra que exige virtud y sacrificios. Desde que llegaron los misioneros a Antofagasta han servido con empeño en la cárcel, no sólo dando misión todos los años, sino también pidiendo ayuda para los reos en la ciudad, visitándolos semanalmente, dándoles conferencias morales. Esto es lo que cambia el corazón: la instrucción religiosa que les habla de Dios, pues el hombre que se siente hijo de Dios no puede ser un criminal.”

“Quiero pintar los horrores que sufren esos pobres hermanos nuestros que están privados del bien más apetecible cual es la libertad; están aherrojados en húmedos, oscuros y fríos calabozos, pagando a veces con meses y años de sufrimientos una falta ligera que se cometió sin premeditación. “Si duras son todas las prisiones, si mala impresión causan todas las cárceles, hay algunas que podríamos llamar “ de primera clase” por ser muy parecidas a las prisiones de los tiempos bárbaros de la historia. Una de éstas es la de Antofagasta. “Hubo en tiempos pasados, a 2 kms. de la ciudad, un establecimiento y fábrica de azufre; para conservar debidamente el azufre, se trabajaron unos subterráneos que se cubrieron de piedra en sus cuatro paredes y piso; su cielo está sostenido con gruesas vigas y entre viga y viga hay arcos de ladrillo y mezcla. En esos subterráneos adonde no entra luz sino por unos portillos abiertos a barreta en el techo, por donde

(P. Ambrosio García en La Estrella de Andacollo, 30 de mayo de 1908.)

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VI.

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os templos

Ya hemos dicho que a la llegada de los misioneros el vicario Salas les ofreció el templo y la casa en construcción que estaban preparando los terciarios franciscanos. Tomaron posesión en mayo de 1903 y lograron la terminación de ambos edificios. “ El 8 de diciembre de este mismo año se bendijo solemnemente la nueva iglesia, aunque sin altar mayor, en cuyo lugar se colocó un gran pabellón blanco y azul con un cuadro del Corazón de María. Se bendijo la advocación de la Inmaculada. Nombráronse muchos padrinos y madrinas y siguiendo el consejo del Sr. Vicario Salas no se invitó a ningún ´lunch´, contra lo que opinaban algunos”. El P. Anselmo Santesteban, quien llegó como superior de la comunidad en 1905 cuando el anterior, P. Constansó, tuvo que radicarse en Santiago con el cargo de secretario de los misioneros en Chile, “a fuerza de rifas consiguió construir el altar mayor que se bendijo en agosto de 1905; y por encargo de varias familias encargó a España cinco altares laterales para el S. Corazón de Jesús de la Buena Esperanza, N.S. del Carmen, de Andacollo y de Sta. Filomena, ésta última se vendió a la parroquia de Mejillones, pues las familias que las pidieron no las pagaron; solamente D .Luis Lacalle pagó $3.000 para su altar del Carmen. En los inicios de la construcción de la imponente Basílica.

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“Con la apertura de la iglesia al público creció el número de concurrentes, aumentóse el culto, empezaron las procesiones de Purísima y Corpus y desarrollóse el catecismo hasta contar con más de 300 niños”. Ya tenían los misioneros una actividad creciente con las organizaciones piadosas en el templo, cuando unas chispas que saltaron al paso del tren que llevaba minerales al puerto, cuya línea pasaba por la actual Avenida Argentina, desataron el desastre. La línea férrea quedaba a escasa distancia del templo. Todo ardió como yesca. Era el 7 de diciembre de 1912, el día anterior a la finalización del Mes de María. Hablar de incendios en Antofagasta es hablar de una situación que todo cristiano debe considerar en serio: en 1906 se había incendiado nada menos que el mismísimo templo vicarial de la plaza principal. El fuego arrasó también con una manzana y media en el centro de la ciudad. Todas las actividades litúrgicas fueron centralizadas entonces en el templo de los misioneros. Ahora les tocaba el turno a ellos. Del templo sólo logró salvarse la muy hermosa imagen del Corazón de María Pero de las cenizas surgieron las esperanzas, las ganas y las realizaciones. El incendio de 1912 dio paso a la construcción de uno de los templos más capaces, hermosos y artísticos de todo el norte del país.

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En pleno trágico incendio, el 7 de diciembre de 1912.


En diciembre de 1913 se bendijo su primera piedra. Quince años después, en 1928, el obispo claretiano de Oruro, Bolivia, don Abel Antezana, lo consagraba oficialmente para el culto. Los entendidos dicen que es un templo de arquitectura románicabizantina, con una longitud de 50 mts. de largo por 15 de ancho y 18 de alto en la nave central. La cúpula se eleva sobre el presbiterio a una altura de 45 mts. y está coronada por una imagen del Corazón de María.

La imagen original quedó desplazada peligrosamente de su centro por un terremoto, el 30 de julio de 1995. Al tratar de reparar el daño, una mala maniobra hizo saltar en cien trozos de cemento la efigie de María. Otra parecida, hecha en fibra plástica y cobre, fue colocada nuevamente el 15 de agosto de 1997, mediante una verdadera hazaña de ingeniería aérea. Últimamente, con la iluminación especial del exterior del templo, todos pueden mirar y sentir al Corazón maternal de María, quien ha vuelto a abrir sus brazos sobre la ciudad. Presidiendo el altar mayor, hecho en mármol de Carrara, está también la sonriente y maternal imagen de María, la misma que fue salvada providencialmente del incendio de 1912. Con razón el entonces obispo mexicano de Puebla de Los Angeles, de visita por estos parajes del sur del continente, pudo decir en 1928 que éste era “el templo más hermoso que había visto en toda la costa del Pacífico”.

La Basílica hoy, bellamente iluminada.

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VII.

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ersonajes y situaciones

E l Vicario Apostólico don Luis Silva Lezaeta A don Luis Silva Lezaeta, vicario apostólico y obispo titular de Oleno, Dios le amarró la vida al desierto del norte. Había nacido muy lejos de allí: en las tierras de Tunca, en la zona central; una tierra reverdecida cada año a fuerza de maizales y regada por el río Cachapoal. Ordenado presbítero a los 23 años, en 1882, al año siguiente ya estaba por el norte. En 1887, a los 27 años, fue nombrado vicario apostólico de Antofagasta y ejerció hasta 1896. En esa fecha y con problemas de salud, se trasladó a Pica y posteriormente a Copiapó. Pero en 1905 volvió a asumir como vicario apostólico de Antofagasta. Los Hijos del Corazón de María habían llegado dos años antes. En 1912, Silva Lezaeta fue investido obispo titular de Oleno, permaneciendo como vicario

apostólico de Antofagasta. Al crearse la diócesis, en 1928, fue don Luis su primer obispo. Falleció un año después, el 21 de mayo de 1929. Era hombre de enorme cultura, preocupado por los temas sociales y de abrir el corazón de la institución Iglesia al pueblo obrero. Hombre de visión, ya en 1927 había establecido como ordenanza que ningún cura celebrara misa si no estaba dispuesto a leer el evangelio en castellano y a predicar al pueblo. Fue investigador de la historia patria y americana, temperamento un tanto nervioso, de carácter cambiante y poco amigo de los españoles. Los misioneros tuvieron como primer superior de la comunidad al P. Pedro Constansó, hombre decidido, fuerte defensor de los derechos de la comunidad religiosa, y un tanto arrebatado hasta lindar en la imprudencia.

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Con dos hombres así, era de esperar que más de algún encontrón iba a producirse. Así por lo menos lo temía el P. Genover en carta al superior general de la congregación: “En Antofagasta se ha cambiado al Vicario Apostólico. Me escribe el P. Constansó que el nuevo Vicario es poco amigo de misiones y de españoles, que gusta mucho de los alemanes; que pretende gobernar en la comunidad, que teme conflictos desagradables. Por mi parte, temo más los arrebatos y las palabras inconsideradas del Padre Constansó. Dios nos dé prudencia y calma según las circunstancias”. (23 de marzo de 1905: Archivo general, F-E 1.7.1-23).

L

os necesarios nubarrones en la vida

Al revisar la historia, necesariamente hay que comprobar que no todo es regalo, refrigerio, goce, solaz o jolgorio. Siempre se van combinando las risas con las penas, y así se arma la canción de la existencia. Ya lo dijo la Violeta Parra: “Gracias a la vida que me ha dado tanto: me ha dado la risa y me ha dado el llanto; con ellos distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto...” Y si bien las relaciones de los misioneros con el vicario Salas Errázuriz fueron de amor a primera vista, con la llegada de Silva Lezaeta se empezó a vivir otra situación. Algo a veces tenue, otras veces más visible, se interponía entre el Vicario y los misioneros. Apenas llegado de nuevo a Antofagasta, don Luis se encontró con que los misioneros habían fundado el Círculo Católico para hombres. El Vicario empezó a terciar en el asunto. Le cambió el nombre por el de “Círculo de Orden Social nº 2”, porque él se reservaba el derecho de fundar el nº 1. El plan era muy amplio: que fuera un sistema permanente, que se editara un periódico semanal y gratuito que llevara al corazón del obrero los ideales del ahorro, de la moralidad, hablara de las relaciones patrones-obreros, de la organización familiar, del estímulo de los sentimientos patrióticos.

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Los misioneros no lograron seguirle “Al fin, todo se arregló cuando los el ritmo a don Luis, porque su propia misioneros se ofrecieron, sin compromisos planificación comunitaria estaba ni firmas, a asistir al lazareto, y así lo demasiado atada a la predicación hicieron y la prueba fue que en la gran misionera; las otras respuestas pasto- peste de viruela y bubónica el P. García iba rales debían pasar primero por el todos los días y después ha ido siempre que cedazo de la propia estructura mental ha habido enfermos”. de cada claretiano, al mismo tiempo que debían quebrar un esquema demasiado estructurado a nivel congregacional. En mayo de 1906 surgió la famosa cuestión del Lazareto. Los misioneros eran ya capellanes del hospital y atendían también el lazareto de apestados, yendo diariamente, aunque no tenían la obligación de hacerlo. “En el presupuesto para 1906,la Junta de Beneficencia El día de la consagración del nuevo templo: entre los obispos señaló la suma de $100 para el Capellán del Hospital y del Lazareto; claretianos Font y Antezana, D. Luis Silva Lazaeta. Atrás, dos el P. Superior protestó de la inclusión sacerdotes diocesanos, los P.P Chalezquer y Arrieta. del Lazareto al cargo de Capellán del Pese a sus asperezas, Silva Lezaeta sabía Hospital, pues eran cargas distintas y se que tenía en los misioneros una ayuda había hecho sin consultárselo; pero el Sr. colosal. Por eso les dio responsabilidades Vicario insistía. Entonces los misioneros parroquiales, les pidió ayuda para situaciones presentaron la renuncia de Capellanes especiales, combinó una cierta distancia que del hospital que no fue aceptada por la le exigía el cerebro con un acercamiento Junta de Beneficencia y separó el servicio cariñoso que le imponía el corazón. del Lazareto...

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S

Las llamas no lograron sepultar la obra claretiana.

egunda parte: 1912-1967 Entre 1912 y 1967 corren más de cincuenta años de gran actividad apostólica. El incendio de la casa y templo en 1912 no sepultó entre cenizas la obra claretiana. Antes bien, fue acicate para empezar de nuevo con bríos como en la primera hora. A partir de esa fecha, realmente se puede hablar de una segunda época para la vida de los misioneros en Antofagasta. 1912 fue el año de la consagración episcopal, con el título de Oleno, del vicario Silva Lezaeta. Don Luis quiso que la predicación de ese día memorable estuviera a cargo del superior de la comunidad, P. Crescencio Urbiola. “Un discurso magistral, lleno de sentimiento y elocuencia, lo cual le valió el aprecio del Sr.Obispo que desde entonces le llamó siempre su amigo”. Fue el año de la ampliación de la Escuela y la creación de los cursos para párvulos. Fue el año en que los rectores del Liceo y del Instituto Comercial ofrecieron a los misioneros dar clases de religión, para lo cual llegaron a Antofagasta los PP. Nicolás Alduán y Faustino González. Fue el año del incendio.

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T I.

odo en llamas Entre los integrantes de la comunidad para el tiempo de esa tragedia estaba el P. Abel Antezana, quien con el P. Casimiro Morales habían sido los primeros claretianos bolivianos. El P. Antezana había ido a Antofagasta para misionar en la pampa salitrera. Pero el obispo Silva Lezaeta estaba en una de sus crisis nerviosas y le negó los permisos necesarios para ejercitar el ministerio sacerdotal; según dice el cronista, por el mero hecho de ser boliviano. Al parecer, don Luis recelaba de posibles manifestaciones nacionalistas en pueblos que habían padecido la guerra más de treinta años atrás. Quizá por esa circunstancia de no poder salir a predicar a la pampa, el P. Antezana estaba en casa el día del incendio. Fue providencial: él con otros amigos que llegaron a prestar ayuda, fue quien salvó la imagen del Corazón de María del altar principal. Cosas de la vida: con el tiempo, aquel misionero al que el obispo Silva Lezaeta le negó los permisos, fue a su vez investido como obispo de Oruro, Bolivia, y como tal acompañó a don Luis en la consagración del monumental templo nuevo, en 1928. Más tarde el P. Antezana llegó a ser arzobispo de La Paz y Primado de Bolivia.

Dice el cronista: “Sin habitaciones donde poder descansar, sin capilla donde ejecutar los actos piadosos, ni casa propia donde comer; parecía la comunidad una colonia errante. La primera noche descansaron todos en el hospital del Salvador que todavía no estaba habilitado para los enfermos, siendo nosotros los primeros individuos moradores; las Reli-giosas de Santa Ana se esmeraron en hacernos confortable la estancia; en dicho hospital acumulamos también todo cuanto pudi-mos salvar del incendio. Algunos durmieron en el colegio vigilando las ruinas. “En esa noche y en las siguientes sentíamos con frecuencia no pequeños sobresaltos pues corría la voz por el pueblo que entre los escombros teníamos entierros. Varios valientes y avaros, en favor de las sombras saltaron el cerco de calaminas que dicho sea de paso quedó cerrado el mismo día del incendio para evitar el paso al interior del colegio; y fueron necesarios varios tiros de rifle para ahuyentarlos. Otros sobresaltos venían de los borrachitos que en mitad de la noche se asomaban a las ventanas del colegio y decían cualquier impertinencia; en realidad no ganábamos para sustos.” 24


E

II.

l Colegio Corazón de María

Las oficinas salitreras entraron en crisis “El nombre del colegio Corazón de María es tras la primera guerra mundial; muchas se garantía de buena labor y de las muchas bendifueron cerrando, y una juventud obrera ciones que allí se irradian sobre las familias de deambulaba sin saber qué hacer, cuando Antofagasta”, escribió desde Roma el superior los misioneros crearon en 1931 un sistema general de los misioneros, P. Pedro Schweiger. de clases nocturnas de contabilidad, caste“Este colegio, adentrado en el alma misma llano, matemáticas, redacción, inglés...Fue de nuestra ciudad, ha entregado por meuna buena propuesta, pero totaldio siglo instrucción y formación: mente desenfocada para ese la labor más grande y noble. momento de la ciudad. Más Agradezco esto en nombre que redacción o inglés, de la ciudad”, escribió el los obreros necesitaban Alcalde don Santiago aprender oficios y tecGajardo. nologías. La idea fracaEntre las realizasó antes de cumplir un ciones del aniversario, año de su inicio. el colegio publicó un En 1961 se celebraexcelente testimonio ron los cincuenta años escrito y gráfico que redel colegio. señaba el historial. Quien “Esta fecha hace acreepresidió las celebraciones dores a los claretianos de una fue el director P. José Manuel profunda gratitud no sólo de parte García Bellés, y quien organizó de su Congregación,sino Antigua fachada previa a la reconstrucción. la revista, la fiesta y los también de la santa Iglesia aplausos fue el entonces y de Chile”, dijo en su saludo el arzobispo de seminarista claretiano Alfredo Barahona Ancira y Nuncio Apostólico D. Opilio Rossi. Zuleta, actual presidente del Círculo de “¡Que maravillosa siembra de verdad, de Periodistas de Chile y director de la revista belleza y de bien, en cincuenta años!”, señaló claretiana TELAR. el obispo diocesano D. Francisco de Borja Valenzuela.

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D irectores del colegio:

1911 P. Félix Bruno Alba: 1911-1912

P. Nicolás Alduán: 1913-1916

P. Máximo Lasheras: 1917-1923

P. Joaquín Alabert: 1924-1929 P. Salvador Badía: 1930-1933 P. Joaquín Alabert: 1934-1935 P. Paciano Alonso: 1936-1939

P. José Manuel García Bellés, director durante 20 años.

P. Pedro Martínez: 1940-1941 P. Fernando Vega Pizarro: 1942- 1953 P. José Manuel García Bellés: 1954-1974 P. Iván Herrera Maturana: 1975-1983 P. Alfonso Marcos Soriano: 1984-1991

2004

P. Eduardo Zamora Alarcón: 1992-1993

Sra. Leonarda Rojas Quintero: 1994-2002

Sr. Jorge Eduardo Villalobos Pérez: 2003-2004.

P. Alfonso Marcos Soriano

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III.

L

a pasión y la muerte en la Pampa

Entre comienzos del siglo XX y los años ’30 se vio crecer y morir la mayor parte de las oficinas salitreras. Los misioneros continuaron como párrocos ambulantes de pueblos que cambiaban de nombre y de geografía: Caracoles pasó a llamarse Sierra Gorda; Boquete se convirtió en Baquedano; la Oficina Castilla pasó a depender de Aguas Blancas; Salinas fue después Chacabuco. Pero no sólo había cambios externos a la comunidad claretiana. También los hubo, y notables, al interior de ella. Una mayor dedicación al colegio que iba en crecimiento; la creación de la parroquia de la Inmaculada, con sede en el propio templo del Corazón de María; el servicio más o menos fijo a parroquias más cercanas o las que se iban creando en la misma ciudad; el envejecimiento de los misioneros clásicos y las responsabilidades en otros campos de parte de los más jóvenes que llegaban al norte... Todo indicaba un cambio no sólo de óptica, sino también de posicionamiento. El P. Emilio Iñiguez, al finalizar su período como superior mayor en Chile en 1936, escribe al obispo renunciando a la atención de la pampa salitrera. El nuevo superior mayor, en 1937, limita las salidas: permite acudir a la pampa sólo los primeros y terceros domingos de mes. El obispo responde diciendo que es muy dolorosa esa decisión, y pide que si van a ir dos veces al mes, lo hagan de viernes a martes siguiente. Los misioneros atienden Chacabuco, Baquedano, Mejillones, Pampa Unión, Sierra Gorda y Oficina Cecilia. Al año siguiente sirven también como suplentes el enorme mineral de Chuquicamata. En 1943, el obispo don Alfredo Cifuentes, al retirarse de la diócesis, escribe carta a la iglesia Chacabuco, hoy. Así murieron antofagastina: los claretianos, dice, son “los más antiguos las antiguas bullentes oficinas salitreras. en la diócesis; como párrocos,como maestros en la ciudad 27


episcopal y como peregrinos apostólicos en la dilatada pampa, han llevado la semilla evan-gélica por todas partes”. Lo que significó ese duro apostolado, sólo Dios lo sabe. Generaciones de grandes misioneros emplearon lo mejor de sus vidas para evangelizar al pueblo minero. Un recorte de prensa de la época nos habla, por ejemplo, del pueblo de Pampa Unión, del que los misioneros eran párrocos: “Pampa Unión está indicado como un foco de vicios y corrupciones en que la prostitución y el alcoholismo desempeñan el papel más Un rincón de Chacabuco, importante .La buena lógica nos indica la necesidad de exterminar durante su esplendor. un mal que puede tener funestas consecuencias para el trabajo normal de las oficinas salitreras. Obreros y empleados van a ese centro de corrupción a perder dinero y salud. Es toda la población salitrera de los alrededores de Pampa Unión la que acude a embriagarse y a contagiar sus organismos con enfermedades sociales que llevarán a la tumba a nuestra raza” (El Abecé, 17 de diciembre de 1923). Con el paso de los años, el servicio misionero en la pampa murió de muerte natural. La causa principal fue que también se murió el salitre; el “caliche”, que era nuestro, pero que tuvo la mala suerte de caer en manos mercenarias. El golpe de gracia contra la industria salitrera chilena —única en el mundo— lo dio la primera guerra mundial, cuando investigadores alemanes lograron fabricar salitre sintético a un costo mucho menor que el hasta hoy conocido como “nitrato de Chile”. Las oficinas salitreras vivieron con la guerra su último fogonazo de esplendor. En 1915 se organizó la Federación Regional del Salitre, con la participación de los obreros de las oficinas Negreiros, Pozo Almonte, Huara, Zapiga, Alto de San Antonio y otras. En octubre realizó un congreso donde plantearon sus demandas. Pero ya la suerte estaba echada. Diez años más tarde, los obreros de la pampa, abatidos, transhumantes en busca de trabajo para ganar el pan, se volvían al sur con todas las esperanzas rotas. 28


IV.

L

a parroquia

En 1925 se crea la parroquia, con el nombre de la Inmaculada, “en la parte sur de la ciudad”, como dice el documento oficial. Es que ya tenía el de Corazón de María la de Mejillones, obra de los propios misioneros. Pero el templo antofagastino del Corazón de María ya funcionaba como viceparroquia desde varios años antes. El obispo Silva Lezaeta le dio estos límites: al sur con la Quebrada de la Negra o de Mateo. Al oriente con las altas cumbres; al poniente con el mar. Al norte: desde un punto subiendo desde el mar en las obras del puerto, subiendo por calle Matta hasta Orella y continuando por ésta hasta la punta del cerro que limita la ciudad por el oriente. Con la creación de la parroquia, todas las actividades de culto, de catequesis, de grupos organizados y de ayuda social que ya se venían haciendo por ser un templo de mucha vida, se acentuaron.

La población fue aumentando. El Centro de Hombres de la Acción Católica tuvo la feliz ocurrencia de mirar el cerrito que se elevaba en el sector de la nueva población La Favorecedora. Allí don Alonso Campusano Núñez quería hacer una réplica del Cerro Santa Lucía de Santiago. El Centro de Hombres católicos lo convenció de construir una capilla, ya que los pobladores no cabían en la sala de la escuelita de doña Ester v. de Loyola. La capilla se convirtió en un templo grande y capaz. Junto a él se construyó un policlínico que fue atendido por los doctores Sebastián Alarcón y Julio Zamora, acompañados de la dentista Dra. Vinka de Schneider y la enfermera María Teresa Gómez. Llegó a atender, en los primeros años de la década de 1950, a unos 5.000 pobladores de escasos recursos.

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En 1955, el obispo don Hernán Frías Hurtado firmaba los documentos creando allí una nueva parroquia. Y dejaba constancia “que los misioneros del Corazón de María, con la ayuda de los devotos de N. S. de Fátima y muy especialmente de los feligreses de la parroquia de la Inmaculada Concepción y el Centro de Hombres de la Acción Católica de esa misma parroquia, han venido levantando un templo para la atención religiosa de los vecinos de La Favorecedora y preparando futuras obras anexas, todo lo cual significa una inmensa ayuda a la organización religiosa de nuestra diócesis...” La nueva parroquia llevó el título de Fátima. Y de nuevo fue una hermosa experiencia para la Inmaculada haberse convertido en madre.

Consagración del templo nuevo

En diciembre de 1928 hubo fiesta, y en grande, en la parroquia de los misioneros. Se consagraba con todas las solemnidades y humaredas de la liturgia romana, el enorme y grandioso templo del Corazón de María. El programa contempló el día 7 de diciembre la misa de consagración, celebrada por el obispo claretiano de Oruro don Abel Antezana. Esa tarde, a las 20 horas, se realizó el solemne traslado de la imagen del Corazón de María desde la capilla provisional hasta el altar mayor del templo nuevo. El día de la Inmaculada, a las 6 de la mañana, celebró la misa el superior mayor de los misioneros en Chile, P. Silvestre Alvarez. El templo estaba colmado de personas de toda condición. A las 7 hubo misa de comunión general, y a las 8, misa de primeras comuniones; 500 niños y niñas se acercaron al altar. A las 10, gran misa pontifical, celebrada por los obispos Antezana y Silva Lezaeta. Predicó el obispo claretiano de Tarija, Bolivia, don Ramón Font. La orquesta tocó la misa del maestro Rivera. A las 12.30 fue el almuerzo para el clero, los obispos y los misioneros. Asistieron todos, menos uno: el P. Julián Arrieta estaba atendiendo enfermos en el hospital. Al volver a casa, cuando todos ya se servían el postre, el obispo Silva Lezaeta lo hizo sentar en la presidencia, como un homenaje a su servicio pastoral. A las 15.30 se realizó la gran procesión que acompañó la banda del Regimiento. A las 17 hubo misa de confirmaciones presidida por el obispo Font. Tuvieron que pasar muchos años para que el templo antofagastino conociera un movimiento tan espectacular. Sólo las fiestas por la declaración de Basílica otorgada por el papa Juan Pablo el año 2000, pueden igualarse a las de 1928.

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E

V.

l teatro

Por 1919 los misioneros crearon el Centro Excelsior. Estaba muy de moda el organizar estos centros de actvidad y difusión cultural que, junto con motivar a la juventud, ofrecían al pueblo formación, entretención y educación. Las bibliotecas, las “veladas” teatrales, las conferencias, el mismo cine, que estaba en su etapa de pañales, fueron los medios más concurridos. La capilla provisoria que sirvió como centro de culto entre 1912 y 1928, se convirtió luego en un salón-teatro para la juventud. Fueron los años en que un grupo de misioneros jóvenes y animosos, con ideas nuevas, los padres Salvador Badía, Juan Porta, Joaquín Alabert, Apolonio Crespo..., trabajaron con dedicación por el colegio Corazón de María, el esplendor del culto en el templo y crearon propuestas culturales a través del centro cultural. Después de unos primeros años de gran entusiasmo, el Excelsior había decaído con la partida del P. Máximo Lasheras. Pero en 1928 empieza de nuevo la actividad. Las crónicas de esos años hablan del Centro, que tiene una directiva, comisión artística masculina y femenina (las cosas claras desde un principio: bien separadas las damas de los varones). Había además comisión de prensa, etc. En 1944 el Excelsior celebró bodas de plata con la presentación a toda orquesta de la obra “Lazaro, el mudo” en el teatro Imperio de la ciudad. La gran velada la ofreció el primer misionero chileno que asumió responsabilidades en la comunidad nortina: el P. Fernando Capilla habilitada tras el incendio y Vega Pizarro.

transformada más tarde en salón-teatro.

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unos años después se presentaba “A través de un vidrio oscuro”, de Ingmar Bergman, y más tarde “Las masajistas”, protagonizada nada más ni nada menos que por Silvia Koschina. Por esos años la sala empezó a llamarse “Teatro Rex”. En 1976 se finiquita el compromiso con José Daire, y el teatro es entregado a la Universidad del Norte. Cuatro años después, en 1980, el P. Iván Herrera pedía que de todos modos se acordara un arriendo por ese servicio. En 1983, es arrendado a otra empresa: Films Norte. Diez o doce años más tarde, el viejo teatro, que ya apenas se sostenía, estaba convertido en depósito de una vidriería. En 2001, todo fue demolido.

Con el paso del tiempo, el Excelsior envejeció y las cremas no pudieron revertir la situación. Soplaron otros vientos. El cine terminó con las “veladas culturales”, los intereses ciudadanos se fueron tras otras pistas, y las distracciones se multiplicaron. Así, en 1953 el teatro se convirtió en cine para generar recursos y construir el templo parroquial de Fátima. En 1956 se arrendó al empresario de cine don José Daire. Eso sí: con la recomendación de respetar la calificación de películas que hacía la Acción Católica y que dividía los filmes en siete categorías: todo público, adolescentes, adultos, con reparos, inconveniente, inmoral y mala. Más tarde se fue ensanchando la tolerancia. Y si en la primera época se daba “El Zorro Jalisco”,

Cuando aún campeaba sobre los techos chatos de Antofagasta la capilla provisoria, después salón -teatro.

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C

VI.

onsagración al Corazón de María

El obispo don Hernán Frías Hurtado conEl mismo año de la consagración, 1949, el sagró la diócesis de Antofagasta al Corazón obispo Frías hizo visita pastoral a la parroquia de María. Había llegado a ese obispado en de la Inmaculada y dejó anotadas en un acta 1945, después de haber sido por cinco años sus buenas impresiones: el colegio contaba obispo de San Carlos de Ancud. En 1949 reali- con 400 niños, la parroquia tenía ya 25.000 zó la solemne consagración, y con tal motivo habitantes, se celebraban 7 misas dominicaescribió una carta pastoral al pueblo cristiano les, y 600 niños se preparaban en catequesis. y a la ciudad. Recomendó también que el cine En ella hace un recuento breve parroquial exhibiera solamente de la devoción al Corazón de películas catalogadas en los María en Chile. Afirma que ya cuatro primeros grupos en 1818 el Instituto de Caridel listado de la Acción dad, que fue compromiso Católica. de los patriotas desde El obispo terminaba 1815, tenía como práctica diciendo que la clarede piedad familiar unas tiana “es una de las meoraciones al “doloroso jores parroquias de la Corazón de María”. diócesis en lo espiritual Después, en 1834, con la y lo temporal: tiene junta llegada de la congregación directiva parroquial que de los Sagrados Corazones, se coordina todo el trabajo”. acrecienta la devoción. Se estaFelicita también por las tareas blece en Valparaíso la Archico-fraevangelizadoras en la poblaLa preciosa imagen patronal día, que ya antes se había erigido ción obrera La Favorecedora. en el templo de la Compañía, en Santiago, por Quince años después, en 1963, otro inel canónigo Parreño. forme señala que la parroquia cuenta con En Antofagasta, los misioneros claretianos, escuela, policlínico parroquial, ropero de recién llegados, celebraron en 1903 la novena los pobres, Academia Claret, programa de al Corazón de María en el único templo que construcción de las capillas de Villa Esmeralda entonces existía: el de la Vicaría. Como no ha- y Chango López. Existen cuatro centros de bía imagen propia, se llevó al templo una de la catequesis, y es un prestigio contar con la Virgen prestada por las religiosas del hospital. excelente banda instrumental del colegio. 33


T

ercera parte: 1968-2003

L

a renovación

Hemos querido dejar en un apartado especial estos últimos años. 1968 no es una fecha al azar. Para los claretianos en Chile es dar vuelta una página histórica y empezar, como la semilla, a germinar con brotes renovados. En la tierra quedaron los elementos nutricios que alimentaron una vida distinta. En efecto, el mundo estaba como en primavera cuando París se alborotó entonces con la “revolución de las flores”; la Iglesia salía del Concilio Vaticano II con un lenguaje y un rostro renovado; la congregación de misioneros había tenido el año anterior la magna asamblea mundial que le cambió la vida. También en Chile los claretianos se sintieron unidos a una obra mayor a nivel continental, y empezaban a inventar nuevas respuestas. Esa renovación llegó también a Antofagasta, aunque, evidentemente, no tuviera un efecto inmediato. En los primeros años de este período la parroquia de la Inmaculada volvió a sentirse creadora de vida, porque de su seno salió otra parroquia más en la ciudad, que llevó el nombre de “Madre de Dios”. Al mismo tiempo se empezaron a construir las capillas de las poblaciones entonces periféricas, y, en especial, se comenzaron a formar las comunidades de base en los sectores populares. 34


Hermano Carlos Vargas Urquieta

P. Jorge Ramírez Yáñez

P. José Miguel Valenzuela Miranda.

La comunidad claretiana abrió nuevamente el horizonte misionero, y se empezó a atender con presencia estable las dos parroquias de Tocopilla. Esa apertura misionera, como sucede siempre, redundó en frutos vocacionales. De las comunidades juveniles surgió el llamado vocacional del actual diácono religioso Carlos Vargas Urquieta, hoy día en la comunidad del Carmen de Curicó; y de la experiencia en Tocopilla nació la vocación presbiteral del P. Jorge Ramírez Yáñez, actual rector del Colegio Claretiano de Santiago. Por el benéfico influjo del buen ejemplo y la cercanía cordial del P. José Luis Olarte surgió también la vocación misionera del P. José Miguel Valenzuela, actualmente al servicio apostólico de la población La Pintana, en Santiago. El Colegio Corazón de María continuó su ritmo de crecimiento y siguió gozando del prestigio a todo nivel al que lo había llevado su director el P. José Manuel García Bellés, quien después de más de veinte años y ya agotado en sus fuerzas, dejó la dirección en manos más jóvenes. El hospital, cada vez más grande y con más movimiento, continuó siendo atendido religiosamente por diversos misioneros que hicieron de ese centro asistencial una verdadera parroquia. La cárcel, por su parte, no tuvo la atención que en los períodos anteriores se le había dado. Si por 1940 los misioneros anotaban como algo normal en sus crónicas “este año se ha dado misión en la cárcel, siempre en el mes de julio, como todos los años hemos hecho”, en la década de los ´70 ya no pudo decirse lo mismo. Pero no por eso se abandonó la preocupación por los privados de libertad. Incluso más: dada la situación política vivida a partir de 1973, la preocupación abarcó a los detenidos, a los desaparecidos, a las familias de los asesinados. Finalmente, se realizó un servicio de gran importancia que redundó en toda la diócesis: uno de los misioneros asumió responsabilidades a nivel de gobierno del Obispado. De todo esto diremos algo. 35


S

I.

ervicio eclesial

En 1974 el P.Juan Escalona González, su- hombre de confianza del obispo, el que hace perior de la comunidad antofagastina, fue sus veces, el que tiene facultades especiales llamado por el arzobispo don Carlos Oviedo que le concede el Derecho. Digamos, el seCavada, quien lo nombró vicario general del gundo hombre de la diócesis. Por su parte, el vicario capitular es aquél Arzobispado. Antes ya había sido vicario que hace las veces del obispo para la vida religiosa. Después, durante el tiempo que media siendo vicario general, estuvo entre la muerte o traslado también unos años como del que ejercía, y el nompárroco de la Catedral bramiento del sucesor. y vicario de la SolidaEse tiempo puede ser ridad. breve, o prolongarse, Ciertamente no era como de hecho ha suel P. Juan el primer cedido en Antofagasmisionero en ser llata más de una vez. mado para responsaEntre la muerte del bilidades superiores en obispo Silva Lezaeta Antofagasta. y el nombramiento del Ya en 1928 el P. Prisucesor pasaron cuatro mitivo Chalezquer había años. Entre el traslado del sido vicario general, pero obispo don Alfredo Cifuentes y cubriendo un interinato. Fue tamla llegada de don Hernán Frías bién vicario capitular, igualmenP. Juan Escalona González, te interino, en 1930. Este mismo recientemente fallecido, uno de hubo un lapso de casi dos años. los claretianos que más han Otros misioneros, en diversas cargo desempeñó en 1944 el P. descollado en Antofagasta. épocas, fueron consultores del Demetrio San Román. Para comprensión del siempre trenzado Obispado, integrantes de consejos de govocabulario eclesial, un vicario general es el bierno y del consejo de presbiterio.

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II.

E

l actual colegio Corazón de María

Si el P. Félix Bruno Alba recorriera estos días especialmente ellas: porque hoy son mayoría la calle Lord Cochrane buscando la entrada en el claustro de profesores. al colegio que dirigió en 1911, se encontraría Qué bueno que estén lejanos los tiempos perdido. Lo mandarían, como en el juego, “a en que el superior mayor de los misioneros en la otra esquina”. Y de allí, a la otra. Ya no es lo Chile, P. Antonio Hernández, escribía al director mismo que en sus años. del colegio: “no le puedo enviar más misioneros Pero tampoco reconocería el colegio: un para la escuela. Eso de contratar mujeres, no bien cuidado edificio de dos y tres me gusta para nada. Pero, en fin...a pisos —debido a las sinuola fuerza, ahorcan”. sidades del terreno— lo Ciertamente, la moderdejaría pasmado. Los nización del colegio no es patios de tierra que él cosa de ahora. Se vino conoció tienen ahotejiendo, como en los ra un piso embaldobuenos chamantos, sado; los escolares poco a poco y con pueden protegerdiversos colores. se de los rayos del Durante la direcsol, que en el norte ción del P. Fernando son de cuidado; poVega Pizarro, 1942dría ver biblioteca, 1953, el alumnado sala de computación, sube de unos 160 a cercomedores, salón de actica de 500. Se funda la vidades... brigada de scouts Ramón Y podría ver, además de Freire, gracias a la iniciativa unos 450 niños, otras tantas niñas, La fachada actual, tras la del hermano David Jiménez. Y la ¡cosa inaudita en su tiempo! Y en completa reconstrucción. brigada creó su banda de guerra. lugar del clásico religioso de huEl patio principal fue pavimentado. milde sotana negra generalmente gastada, se Se fundó el centro deportivo con la sigla COencontraría con maestros en traje formal, ellos DEMA, bajo la dirección del profesor y músico de corbata, y ellas hermosas y elegantes. Ellas, don Juan Mizunuma. 37


En el período del director P. José Manuel García Bellés, 1954-1974, se agrandaron los patios, debiendo nivelar el terreno y bajar un espacio en más de un metro, con un tesonero trabajo que duró casi un año. El director convenció a la comunidad de que era mejor tener niños jugando fútbol que gallinas poniendo huevos, y se anexó el antiguo gallinero más la conejera donde el P. Julián de Pablo había hecho una verdadera granja. Todo el espacio quedó convertido en cancha; se renovó todo el mobiliario, se hizo nueva instalación de servicios higiénicos, se levantó un hermoso y bien dimensionado monumento al Corazón de María. Con la dirección del P. Iván Herrera Maturana, 1975-1982, el colegio tuvo una inteligente apertura a un profesorado seglar de excelente nivel académico. De modo particular el P. Herrera se relacionó con FIDE y otros estamentos educativos de importancia, y ubicó al colegio en el sitial de prestigio que le ayudó a superar en años posteriores una cierta crisis de crecimiento. Durante la dirección del P. Alfonso Marcos Soriano, se hizo la tentativa de crear cursos de enseñanza secundaria y se levantó un pabellón especial para tal efecto. Por breve tiempo estuvo a cargo de la dirección don Eduardo Zamora Alarcón, entonces misionero claretiano. A él le tocó enfrentar la dura realidad de suprimir, por falta de proyecto real, la experiencia de la segunda enseñanza.

Cuando la dirección del colegio pasó a manos de la Sra. Leonarda Rojas, se pudo reorganizar el colegio, que sin duda estaba en una crisis seria. En su tiempo se saneó la administración, y el colegio recobró presencia en la ciudad. En los años finales del P. Mario Calvo González como superior mayor de los misioneros, y secundado con fuerza por el P. David Gómez Juárez, encargado de la administración en Chile, el colegio logró levantar una nueva estructura que cambió totalmente su fisonomía un tanto pueblerina; se transformó en un colegio con edificación moderna, apropiada, capaz para mil alumnos, con todas las ventajas que ayudan a una buena formación en valores y a una educación académica.

Disponiendo el nuevo patio, en una de las últimas etapas de la reconstrucción.

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En esta época, y con el P. Iván Herrera como “sostenedor” llevando la representación legal y los clásicos sinsabores y preocupaciones de toda construcción, se levantaron las últimas 9 salas de la fachada poniente,el salón de actos, los baños nuevos y toda la fachada que da a la calle Copiapó. No se puede olvidar la solidaridad ejemplar de los otros colegios claretianos de Chile en el nuevo rostro del colegio antofagastino. Tanto el Instituto Claret de Temuco como el Colegio Claretiano de Santiago supieron dar la mano que ayuda a ponerse de pie para mirar el horizonte con nuevas ganas. Actualmente lleva la dirección el Sr. Jorge Eduardo Villalobos Pérez, profesor de matemáticas y física con participación en numerosos cursos de perfeccionamiento, talleres y seminarios. Su labor se ha centrado en mantener la excelencia académica, las buenas relaciones entre la familia educativa, y la integración del colegio en la amplia comunidad parroquial y claretiana.

Los misioneros tienen allí como “sostenedor”, es decir, como representante legal de la Congregación ante el Ministerio de Educación, al P. Pompeyo Corada Fernández. El P. Pompeyo llegó a Antofagasta recién el año 2002, y en poco tiempo se ha captado la simpatía, el cariño y la adhesión tanto en el colegio como en la parroquia, en el hospital y en las capillas. Actualmente es el superior de la comunidad. Hombre de amplia cultura, de mente abierta, titulado en teología y en educación, fue por muchos años rector del Colegio Claretiano de Santiago, al que condujo con sabiduría y con la aprobación de toda la familia escolar, que tenía en él a un padre, un hermano y un amigo. Ahora en Antofagasta, junto con su servicio como “rector” en el colegio —dada su condición de sostenedor—, emplea gran parte de su tiempo en la visita continuada y sacrificada al enorme hospital regional. En las capillas empieza también a ser conocido, y son ya muchos los que pueden decir que han encontrado en él un misionero amigo.

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III.

L

Mil trecientos internos tienen las cárceles de Antofagasta. Sí, las cárceles, en plural. Porque en la actualidad se trata de la atención religiosa de los centros penitenciarios de hombres y de mujeres en Antofagasta, y la responsabilidad de supervisar ese servicio en los de Calama, Tocopilla y Taltal. Con la llegada del P. René Durán Molina, quien ya había sido capellán de la cárcel de Linares, esta actividad pastoral retomó su posición, se acrecentó y mejoró en todos sus aspectos. Desde el comienzo los misioneros tuvieron la preocupación por atender a los privados de libertad. Ese dato aparece en las primeras crónicas, y a lo largo de los cien años se repite tal servicio como algo normal. En la década de 1960, estando en la comunidad el P. Eduardo Allendes, lo que era una atención rutinaria cobró nueva vida. Después decayó nuevamente, hasta la llegada del P. René Durán. Lo que el P. René aprendió en su propio hogar, allá entre los viñedos de Portezuelo, provincia de Ñuble, lo fue preparando para un apostolado de tolerancia y de misericordia. A su casa campesina llegaban algunos derrotados por la vida para recibir siempre acogida, bondad y comprensión. La señora María Mercedes y don Pedro Crisólogo tenían siempre abiertas las puertas de su hogar. Los hijos miraban y aprendían.

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as cárceles Actualmente el P. René ha organizado un equipo de pastoral penitenciaria integrado por unos 20 laicos que estudian propuestas, atienden las catequesis de los internos, realizan las celebraciones de la fe, cuidan de modo particular a los internos llegados de puntos lejanos. El gran desafío es humanizar las cárceles; trabajar por una valorización de la dignidad personal del interno. El equipo de pastoral carce-laria está empeñado también en lograr una casa de acogida para servicio de toda la Segunda Región, donde recibir y reubicar a los que salen en libertad vigilada o definitiva, ya que muchos de ellos no tienen donde ir ni logran encontrar el apoyo de una especie de hogar. El plan pastoral que han creado abarca tanto a los internos como a gendarmes, profesionales y administrativos. Los misioneros claretianos, como comu-nidad, han decidido asumir ese compromiso que tiene un buen historial familiar: el Venerable P. Mariano Avellana dedicó su vida a consolar y a anunciar el amor de Dios a través de Jesucristo, en hospitales y cárceles del país. Otros misioneros siguieron esas huellas. Hoy día les toca a ellos, y lo hacen con la alegría de quien sirve una buena causa.


IV.

L

os años duros

Si bien por 1973 los misioneros no tenían grandes responsabilidades en la capellanía de la cárcel de Antofagasta, de todos modos estuvieron atentos a cuidar y defender a aquellos que fueron declarados enemigos. En esa oportunidad el P. Juan Escalona, como vicario general y especialmente de la Solidaridad en el Arzobispado, fue quien debió enfrentar una situación tan dolorosa como injusta. Los demonios andaban desatados también en el norte. El 19 de octubre de1973, el grupo que la historia llamará siempre “la Caravana de la Muerte” aterrizó en el Regimiento de Infantería Nº 15 de Calama y sacó de la cárcel a 26 detenidos a quienes dieron muerte en el sector de Topater. El mismo día el general Sergio Arellano Stark y sus fusileros llegaron al Regimiento Esmeralda de Anto-fagasta —el histórico “Séptimo de Línea”—, y de la cárcel pública sacaron a 14 prisioneros que fueron ejecutados en la Quebrada El Way. El general Joaquín Lagos Osorio, jefe de la I División de Ejército en Antofagasta, afirmaría más tarde que sintió vergüenza al ver Cristo doliente tallado por presos los cadáveres de los ejecutados por la Caravana políticos en un árbol de la ex de la Muerte: «estaban hechos pedazos, no eran cuerpos Oficina Chacabuco, transformada humanos», dijo. en campo de prisioneros tras el golpe militar de 1973.

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Poco después el general Lagos Osorio, en cuya jurisdicción los «consejos de guerra» ya habían fusilado a 16 detenidos, pidió su baja del ejército. Era un hombre creyente, a quien el P. Juan Escalona consideró siempre honesto, como lo afirmó hasta el final de sus días. En ese período ingrato trabajaron muy unidos el arzobispo Oviedo Cavada y su vicario para la Solidaridad. No tenían más armas para enfrentar la brutalidad que la fuerza de su palabra y su testimonio de cercanía con los que estaban sufriendo. Ambos visitaron repetidas veces el campo de concentración de Chacabuco, se hicieron manos y corazón de Cristo para consolar a las familias y acompañarlas en sus búsquedas de los seres queridos. Ambos dieron una lucha inclaudicable por la independencia de la Universidad Católica del Norte, que se había convertido, como todas las del país, en cautiva del poder armado. Desde el comentario al evangelio dominical, escrito semana a semana en la prensa y

firmado con su característico y en esos días hasta peligroso seudónimo de JOTA, y las predicaciones en la misa de la Catedral, el P. Juan repetía sin cansarse que jamás el odio y la violencia son remedio para algo. “Se pretende combatir al mal, pero se emplea en ello la venganza; se quiere poner un orden, y se hace sin respeto a los derechos inalienables del ser humano; se disparan armas contra los que no están conformes con las formas establecidas, y se les somete a apremios que no se compadecen con la dignidad humana. ¡Nunca el odio será el remedio!”

La desolación de la actual Chacabuco hace aún estremecer el alma.

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V.

E

l hospital

El vertiginoso aumento de la población gatillado por el auge de la actividad minera y empresarial, hizo imprescindible la construcción, entre 1950 y 1966, de un nuevo y más amplio recinto asistencial, el que recibiría el nombre de Hospital Regional de Antofagasta Dr.Leonardo Guzmán. Cada año el recinto asistencial atiende más de 3 mil 800 partos y cesáreas, 118 mil prestaciones en la Unidad de Emergencia, 35 mil intervenciones quirúrgicas de distinta complejidad, 557 mil exámenes de laboratorio y más de 120 mil consultas de especialidades. Actualmente es un establecimiento de tipo 1, es decir, de alta complejidad. Su dotación de personal, compuesto en su gran mayoría por profesionales médicos y paramédicos, alcanza a las mil personas, mientras que el número de sus camas llega a 733. El establecimiento no es sólo el más grande de la región, sino también el único centro

de referencia y derivación de todos los hospitales del Sistema Nacional de Servicios de Salud desde la primera a la tercera regiones, para especialidades como oncología y neurocirugía. Atender religiosamente a un establecimiento tan complejo requiere de una dedicación casi absoluta. Los misioneros, al igual que en los comienzos, continúan hoy con este servicio, que les hace estar atentos día y noche a las necesidades de los enfermos y muchas veces de sus familias. La pastoral de la escucha, de la cercanía, de la misericordia, abarca también al personal médico, paramédico y administrativo. Este servicio, por ser sacrificado, es un constante testimonio de la caridad cristiana que, saliendo de los buenos deseos, se convierte en realidad concreta. Desde el hospital los misioneros ven pasar a toda la población antofagastina, y siguen siendo para ella los ojos, las manos y el corazón de Cristo, que comprende, acompaña, consuela y conduce a la Vida.

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VI.

L

Cuatro son las capillas que atiende actualmente la comunidad de misioneros: Santa Ana, del hospital regional; Ascensión del Señor, en Villa Esmeralda; Jesús Obrero, en la población Ricardo Mora, y San Antonio M. Claret, en la población Chango López. La primera fue, ciertamente, la de Santa Ana. Porque, como ya está dicho, las religiosas del hospital pidieron muy tempranamente que los misioneros se hicieran cargo de la capellanía y de la atención de la capilla del establecimiento. Hoy funciona como un oratorio semipúblico para el sector. Por 1963 la junta vecinal de Villa Esmeralda pidió un terreno a Bienes Nacionales; los pobladores deseaban una capilla y centro comunitario. No les fue muy bien; el terreno solicitado pertenecía al Club de Tenis. Poco después obtenían otro, y en 1964 se colocó la primera piedra de lo que sería la capilla Ascensión del Señor.

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as capillas Ahí empezaron también las rifas, la venta de empanadas, las colectas, en fin, todo lo que siempre ayuda en las poblaciones a unir a los vecinos para levantar centros comunitarios. El párroco de la Inmaculada, P. Juan Porta, animaba a todos con su alegría y su apoyo incondicional, y el entonces misionero claretiano P. Amador Vargas subía con la camioneta atorada de materiales, y bajaba con un cargamento de chiquillos que hacían de “lastre” para no desbarrancarse “por esos caminos de Dios” en donde el P. Amador “corría como diablo”, por decir lo que sostiene el refrán.


Así se levantó la capilla y después se construyeron el salón comunitario, los servicios higiénicos, se puso buen sistema de alumbrado, etc. Por esos mismos años, en la población Chango López estaba organizándose la comunidad cristiana, que se reunía en diversas casas del vecindario, particularmente en la casa de la familia Donoso. Una pieza prefabricada se instaló, por fin, en calle Colocolo esquina con Tegualda. Cuando tan precaria construcción no soportó el paso del tiempo, se armó una carpa gigante que podía cobijar a unas 150 personas y que fue donada por la comunidad El Buen Pastor de la población Lautaro. Finalmente, con un aporte del P. Fernando Vega Pizarro, exdirector del Colegio Corazón de María radicado desde hace años en USA, el 29 de junio de 1985 se bendice la nueva capilla, de concreto y material firme, en el mismo sitio de las experiencias anteriores. Era párroco entonces el P. Eduardo Garrido Salinas. Finalmente, por 1975 se empezó a construir la capilla de Jesús Obrero en la población Ricardo Mora. El asunto partió con la labor misionera de una religiosa del Instituto Santa María. La primera comunidad de base se reunía en la casa de unos vecinos; después se compró en el Hogar de Cristo una pieza que se instaló en el patio de la casa de otra vecina. Por fin la capilla se

hizo realidad, gracias a la cesión de un terreno por parte de Bienes Nacionales. Fue el 1 de mayo de 1981 cuando el arzobispo don Carlos Oviedo Cavada inauguraba la capilla, con el nombre de Jesús Obrero. Era párroco el buen P. José Luis Olarte López. Hoy día, las “capillas de los cerros” gozan de vida propia. Los misioneros atienden la parte religiosa y, como párrocos del sector —de modo particular el P. René Durán—, cuidan de la organización global, siendo los vecinos participantes en las comunidades de base quienes llevan adelante la obra evangelizadora, las catequesis, la ayuda solidaria, las reuniones de culto. Allí han surgido los grupos juveniles, los conjuntos musicales, los talleres de aprendizaje y de formación, las experiencias misioneras, los comedores solidarios.

Enaramándose a los cerros la parroquia fue necesitando capillas sectoriales.

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VII.

L

a Basílica del Corazón de María

El grandioso y artístico templo levantado al Corazón de María —hoy sede central de la parroquia de la Inmaculada, encargada a los misioneros claretianos—, tiene desde 1999 un título de honor que lo distingue entre los templos de Chile: fue declarado Basílica por el papa Juan Pablo II. El arzobispo don Patricio Infante ideó la prop-uesta, trabajó la posibilidad y logró este título glorioso para Antofagasta. Hay sólo nueve basílicas en nuestro país. Seis de ellas están en la Región Metropo-litana: El Salvador, El Carmen de Maipú, La Merced, Corazón de María, Lourdes y San Alfonso. En la Sexta Región está Santa Ana de Rengo; en la Cuarta Región, el templo grande de la Virgen chinita de Andacollo, y en la Segunda Región, el hermoso templo del Corazón de María. Los misioneros

claretianos tenemos la responsabilidad de tres de esos nueve templos-monumentos: las basílicas Corazón de María de Santiago, Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, y Corazón de María de Antofagasta. El título de Basílica (del griego “basiléos”, rey) no sólo otorga distinción y relevancia a un templo. Por sobre todo, compromete a un servicio religioso más intenso: que se tenga en él un culto digno y con la participación activa de la comunidad cristiana; que disponga de un coro musical organizado y afiatado para las liturgias; que existan agentes pastorales para la celebración del culto y los sacramentos; que haya predicación y organización de las devociones populares; que se cuente con presbíteros y diáco-nos suficientes; que se promue46


va la formación cristiana y la celebración de Enfrentó con sabiduría las consecuenla fe y de la caridad. cias del terremoto que hizo colapsar la coEl párroco, en su caso, lleva también el losal imagen de María que por casi 70 años título de rector de la basílica. De la anto- extendiera sus brazos sobre la ciudad; con fagastina lo es el P. Iván Herrera Maturana, empeño y buenas relaciones repuso una quien fue gran propulsor de la idea de lo- imagen nueva de similares características; grar tal distinción para el hermoso templo construyó a un costado del templo una cordimariano. necesaria y bien terminada rampa para El P. Iván llegó a Antofagasta siendo el acceso de personas inválidas; logró la un muy joven seminarista claredeclaración de basílica; la organitiano. Estuvo primero en la zación del excelente coro basiactividad escolar secunlical; la pintura del templo; dando al director P. José su iluminación exterior Manuel García, y asumió gracias al proyecto “Iluposteriormente él mismo minando iglesias del sur la dirección del colegio. del mundo”, etc. Trasladado para el serSiendo representante vicio apostólico a otras legal del colegio, el P. Iván comunidades del país, esllevó a cabo con el apoyo tuvo en Temuco, Santiago, del P. Mario Calvo, entonces Talagante, y en Curicó, donde superior mayor, y del P. David P. Iván herrera Maturana. fue párroco de Cordillerilla, Gómez, la construcción del capellán de la Clínica del nuevo establecimiento. Y Buen Samaritano para enfermos indigen- como entregó muchos años de su vida al tes en la ciudad de Molina, y rector del apostolado educacional, no podía estar santuario del Carmen. En esa zona des- ajeno a la preocupación de muchas famiplegó una gran actividad misionera que lias por una buena formación desde los aún recuerda muchísima gente. primeros balbuceos de sus hijos; así ha Ya peinando canas, regresó a Antofa- fundado el kinder parroquial, con el auxilio gasta como superior de esa comunidad de algunas excelentes “tías”. y párroco. Desde 1996 ha sido así el alma Bueno, algunos todavía los llamamos de numerosos adelantos de todo tipo en “kinder”. Ahora dicen que son cursos la parroquia claretiana: de “transición menor”. ¡Cómo cambia el mundo! 47


P

árrocos de la Inmaculada Concepción

1925

1925-1930: P. Primitivo Chalezquer 1931-1933: P. Joaquín Alabert

1934-1936: P. Salvador Badía

1937-1940: P. Rogelio Lorenzo 1940-1942: P. José Pou

1943-1945: P. Demetrio San Román. 1946-1948: P. Apolonio Crespo 1949-1951: P. José Pou 1952-1954: P. Juan Guerricagoitia 1955-1959: P. José Luis Olarte

P. Joaquín Alabert

1960-1963: P. Eduardo Garrido 1964: P. Juan Porta 1965-1966 (mayo): P. Epifanio Ramos 1966 (junio)-1969: P. Demetrio San Román 1970-1975: P. Juan Escalona 1976-1981: P. José Luis Olarte 1982-1984: P. Alfonso Marcos

2004

1985-1990 (junio): P. Eduardo Garrido

P. Eduardo Garrido

1990 (julio)-1992: P. Alfonso Marcos 1993-1995: P. Luis Tapia

1996-2004: P. Iván Herrera

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4

L

VIII.

os nombres queridos

A través de cien años son muchos los nombres que permanecen en el recuerdo. Debiéramos anotar a todos los misioneros que de una u otra forma dieron parte de su vida a Antofagasta. Sin embargo, por ciertas actuaciones, por personalidad más llamativa, por cargos o trabajos especiales, por situaciones de la vida, hay algunos que destacan más que otros. En la primera época, ciertamente los padres Ambrosio García, Pedro Constansó, Isaac España, el hermano Sixto Carnicer, merecen especial reconocimiento. El P. Florencio de Andrés dio prácticamente su vida en el colegio que recién se iniciaba. Los primeros contratiempos le afectaron la salud, y un ataque al corazón privó a Antofagasta y a los claretianos de Chile de un misionero a carta cabal. El P. Anselmo Santesteban fue el pionero que abrió el colegio aun contra la opinión de su propia comunidad, como queda señalado en esta misma historia. Los PP. Máximo Lasheras, Joaquín Alabert, Salvador Badía, Nicolás Alduán, Juan Porta, Eduardo Urriola, Narciso Domínguez, y el muy recordado hermano David Jiménez, supieron combinar el trabajo educativo con los espacios culturales a través del Centro Excelsior. Los PP. Luis Santamaría, Arturo Vicente, Gastón Flores, Alberto Chang, Gabriel Benavides, fueron profesores por varios años, dedicando esfuerzo, competencia y visión renovada al establecimiento. Entre los directores de la etapa de la consolidación del colegio, por cierto hay que señalar a los PP. Fernando Vega Pizarro, Julián de Pablo, José Manuel García, Fernando Llanos, Iván Herrera, Alfonso Marcos, y a la Sra. Leonarda Rojas. 49

Hermano David Jiménez

En los años ´70: padres Juan Escalona y José Plaja. Atrás, José M. García, Jesús Eraso, Lorenzo Núñez y Domingo Ballester.


Todos ellos fueron una bendición por lo que significaron en adelanto material, cultural y académico para el estable-cimiento. Entre los laicos comprometidos con la obra educativa, hay que destacar a don Seizo Mizunuma y a las maestras que han dado lo mejor de su vida en esas aulas entregando sabiduría, bondad y ejemplo: Milena León, Ana Alvarez, Ema Baeza, Teresa Cerda y muchas más. Entre los misioneros más dedicados a la labor misional en la pampa y después a la obra parroquial, destacamos a los PP. Crescencio Urbiola, Apolonio Crespo, Julián Arrieta, Primitivo Chalezquer, Abel Antezana —más tarde obispo de Oruro, arzobispo de La Paz y Primado de Bolivia—, Teodoro Martín, Arturo Díez, Lorenzo Núñez, José Luis Olarte, Epifanio Ramos, Eduardo Garrido, Juan Escalona, Luis Tapia, Cristian Peña, Jesús Eraso, hermano Germán Jiménez... En fin, podríamos llenar un par de páginas con nombres queridos y recordados. No podemos dejar afuera a don Eduardo Allendes, don Amador Vargas, don Ignacio Rocuant y el presbítero Renato Torres, en un tiempo pertenecientes a esa comunidad como misioneros, quienes entregaron sus energías juveniles y su colaboración leal a la obra claretiana en las poblaciones de la parroquia. Hoy día son tres los nombres que la historia va a registrar: Iván Herrera Maturana, René Durán Molina y Pompeyo Corada Fernández. Ellos llevan la tarea de servir en el templo basilical con sus liturgias y cultos, la parroquia con sus cuatro capillas y la atención de catequesis, pastoral juvenil, coro basilical, acción social, ayuda solidaria, colaboración con las parroquias de la ciudad, asesoría de las catequesis diver-sas, animación de grupos, la atención de las cárceles, del inmenso hospital regional, y la responsabilidad del Colegio Corazón de María con sus 900 alumnos. ¿Alguien duda de que la historia va a registrar sus nombres? 50

P. Iván Herrera

P. René Durán

P. Pompeyo Corada


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100 años de misión en el Antofagasta by Claretianos San José del Sur - Issuu