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El Saber de la Ciudad

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Guillermo Castro H.

EL SABER DE LA CIUDAD

Selección de textos que invitan a la reflexión desde el cruce entre la ciencia y las humanidades


ISBN 978-9962-8564-8-1 © Guillermo Castro H. Fundación Ciudad del Saber Calle Luis Bonilla, edificio 104 Ciudad del Saber, Panamá República de Panamá ciudaddelsaber.org Créditos: Coordinación editorial: Luz Bonadies y Lacey Agredo Compilación y edición de textos: Esther Pang Velasco Diseño gráfico: Lorena Carrasco Impreso en Panamá, junio de 2026. Primera edición.


Guillermo Castro H.

EL SABER DE LA CIUDAD


PRÓLOGO

La conciencia de la Ciudad por Jorge Arosemena R.

Las probabilidades de que el destino de Guillermo Castro Herrera estuviese alejado de las letras eran escasas. Guillermo pertenece a una estirpe de pensadores; una familia de mentes brillantes en la que él no es la excepción. Su madre, Ligia Herrera Jurado, fue una pionera de la geografía en Panamá y la primera en mapear la pobreza en nuestro país. Gracias a su legado, hoy contamos con el Índice Herrera, una herramienta esencial para medir el grado de desarrollo humano a nivel local y regional. Conocí a Guillermo hacia finales del siglo pasado a través de su hermano Nils, mientras ambos trabajábamos en la Universidad de Panamá. Más adelante, nuestros caminos se encontraron nuevamente, ahora desde estas 120 hectáreas de territorio finalmente recuperado, bajo una soberanía recién estrenada y con el impulso de empezar a escribir un nuevo capítulo de nuestra historia nacional. En la Fundación Ciudad del Saber, Guillermo ha desempeñado roles clave: director de programas y relaciones institucionales de la Dirección Académica, director del Área Académica, vicepresidente de Investigación y Formación, asesor de la Presidencia Ejecutiva y asesor ejecutivo. Independientemente del cargo, la constante en su trayectoria ha sido su aporte invaluable a este proyecto país. Guillermo ha sido una conciencia crítica interna y un radar permanente de lo que sucede en el mundo. El Saber de la Ciudad es fiel testimonio de ello. Guillermo es, además, uno de los grandes martianos de nuestro tiempo. En 2025, recibió la distinción “Pensar es servir” en el

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Centro de Estudios Martianos de Cuba, en reconocimiento a su meritoria labor de décadas en la investigación y difusión de la vida y obra de José Martí. Es evidente que el pensamiento de Martí lo ha acompañado siempre; el compromiso con la justicia social y el desarrollo de nuestros pueblos en América Latina permea significativamente su producción académica. Y es esa convicción de ideales, precisamente, la que ha compartido con su compañera de vida, la socióloga y activista Lourdes Lozano. Si la filosofía martiana ha guiado el pensamiento de Guillermo; Lourdes lo ha hecho desde el campo, trabajando con él hombro a hombro y coincidiendo tanto en su sensibilidad por los temas ambientales, como en su entusiasmo por el conocimiento. Siento profunda admiración y gratitud hacia Guillermo por su entrega a Ciudad del Saber. La claridad de su pensamiento y su capacidad de análisis han sido un faro de luz que nos ha orientado a lo largo de este camino de casi tres décadas. Si algo nos deja como lección, es que no podemos perder de vista lo que ocurre en el mundo. Esa es una labor que no tiene fin. Solo así podremos participar de las transformaciones que ocurren y cumplir nuestro compromiso de contribuir en la construcción de una sociedad más justa, participativa e inclusiva.


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Arte por Guillermo Castro H.


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Contenido Años

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2023

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2017 “La Ciudad llegará a hacer lo que nosotros seamos capaces de hacer. Y eso depende en una medida fundamental de cada uno, en el marco de la labor que compartimos todos en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo, en el que las oportunidades marchan de la mano con los riesgos, y abren posibilidades inéditas para encarar y resolver los problemas que hemos heredado de ayer y anteayer, y prever y atender los que surjan de nuestros propios logros.” “El trabajo de la Ciudad”, 29 de diciembre de 2017.

13 DE ENERO DE 2017

¿Desarrollo sostenible o sostenibilidad del desarrollo?

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oco se dice del desarrollo sostenible que vaya mucho más allá de la necesidad de encontrar alguna solución duradera a los graves problemas que hoy aquejan a las relaciones de las sociedades humanas entre sí, con sus propios integrantes, y con su entorno natural. Y es que el mayor de los desafíos que encara el desarrollo sostenible sigue siendo de orden conceptual. En este terreno, las Humanidades nos ayudan a comprender mejor este desafío, a partir del importante papel que desempeñan las metáforas en la formación del conocimiento científico. La metáfora, en efecto, combina múltiples significados no excluyentes entre sí. Así lo hace José Martí al decir de su verso que es “como un puñal / que por el puño echa flor”, y al mismo tiempo es “un surtidor / que da un agua de coral”.

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En esta tarea, la metáfora opera mediante intercambios semánticos entre campos distintos de la cultura y el conocimiento. Así, por ejemplo, la comprensión de nuestras relaciones con el mundo natural se ve facilitada cuando tomamos en préstamo una relación sociocultural, y aludimos a la naturaleza como una madre generosa que trabaja para sostener a sus hijos, pero que puede también castigarlos si abusan de ella. De igual modo, la noción de desarrollo opera a partir de la apropiación metafórica, por parte de las ciencias sociales, de un concepto proveniente de la biología, que designa el proceso de formación, maduración y muerte de los organismos vivientes. Esto le permite a la metáfora aludir a aquellos factores de incertidumbre que nutren las situaciones de malestar en la cultura, facilitando así el paso de la intuición a la certeza, y de ésta a la acción humana. La metáfora, sin embargo, alude y elude a un tiempo el sentido más profundo de aquello que señala. Así, al excluir del desarrollo la muerte del organismo que se desarrolla, puede llevarnos a atribuir un carácter natural a hechos que en realidad corresponden a creaciones históricas. Visto así, el desarrollo sostenible equivale a una metáfora que alude al agotamiento de aquella visión del mundo que, entre las décadas de 1950 y 1970, sintetizó en el desarrollo (sin adjetivos) la esperanza de que el progreso técnico y sus frutos llegaran a toda la Humanidad. Y, como tal metáfora, elude al mismo tiempo referir la situación aludida a las condiciones históricas que le dieron forma. En verdad, el desarrollo del que se trata es el de nuestra especie a lo largo de los últimos cien mil años, en su doble dimensión biológica y sociocultural. Del siglo XVIII acá, este desarrollo ha generado problemas que van desde el despliegue de formas extremas de intervención en la naturaleza y de explotación del trabajo, hasta niveles de producción material y de contaminación sin precedentes en nuestra historia.


A todos esos problemas subyace el hecho de que las formas de relación social y de organización de la cultura que hicieron posible todo esto han venido a entrar en contradicción con las necesidades sociales y naturales que se derivan de esos resultados. Este es, en verdad, el problema fundamental de nuestro tiempo. Lo que la metáfora del desarrollo sostenible elude es la necesidad de no confundir ese proceso general con cualquiera de las formas históricas particulares que han contribuido a su gestación. Hoy, corresponde decidir si aún cabe subordinar el desarrollo humano a la preservación de una forma histórica de organización de las relaciones sociales que ya conspira contra sus bases naturales de sustentación, o si ha llegado la hora de encarar la construcción de aquellas formas nuevas de sociabilidad que nos permitan aprovechar las conquistas de nuestra especie en materia de ciencia y tecnología para resolver nuestros problemas. Ya resulta evidente, en suma, que nuestro desarrollo será sostenible por lo humano que sea, o no será. Eso dependerá cada vez más de nuestras capacidades para la cooperación solidaria. Tal es, en verdad, el mayor desafío que encara la misión de poner el conocimiento al servicio del desarrollo sostenible, agregando valor a las ventajas competitivas de Panamá.

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20 DE ENERO DE 2017

Sócrates en su plaza

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esde que fue concebida por sus fundadores, la Ciudad del Saber buscó constituirse en una plaza socrática al servicio del desarrollo de las ideas en Panamá. Eso no es de extrañar. Panamá, tras haber sido un Canal con un país a su servicio, empieza a ser uno en que se hace posible aspirar a aquella situación deseable a que se refería José Martí al decirnos que la felicidad “existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad”.

De eso trata, justamente, la plaza socrática. Ella es un espacio para el diálogo que permita construir entendimientos en tiempos de incertidumbre, para trabajar en la creación de un mundo en el que el desarrollo sea sostenible por lo humano que llegue a ser. Sócrates, como sabemos, fue el maestro de Platón. Vivió entre el año 470 y el 399 antes de Cristo, y como ciudadano de Atenas, participó activamente en la vida de su ciudad entre su momento de mayor esplendor, y el de su derrota al cabo de la prolongada guerra con Esparta por la hegemonía en el mundo griego, librada entre el 431 y el 404. Consagró su vida a la búsqueda de la virtud a través de la verdad, y es considerado un modelo de conducta ciudadana. Eso, en todo caso, no evitó – y quizás propició – que fuera condenado a muerte por delitos políticos, por las autoridades de su ciudad. Sócrates no dejó obra escrita. Conocemos de su actividad y su pensamiento a través de la obra de sus discípulos, especialmente Platón. Su herramienta fundamental de trabajo intelectual y pedagógico fue el diálogo, utilizado para “captar el concepto general que sirve de base a la palabra que se usa para expresar un valor moral,


tal como valentía o justicia”. Así, el diálogo socrático es simplemente “el camino, el ‘método’ del logos para llegar a una conducta acertada.”01 Como la de Sócrates, nuestra sociedad necesita un espacio para el diálogo que nos permita interrogar de manera más eficaz y rica a una realidad en tantos sentidos incierta. La verdad, en efecto, es una y múltiple a la vez, y lo falso no es más que el resultado de la exageración unilateral de uno de sus aspectos. A esa exageración nos sentimos naturalmente tentados por el ansia de certidumbre que genera una circunstancia que se debate entre la esperanza que se nutre de las oportunidades que abre el derrumbe de lo antiguo, y el temor que provocan los riesgos que conlleva cualquier transformación en la vida, las expectativas y las costumbres. Sin embargo, el camino del diálogo socrático es por necesidad otro. Como Sócrates en su tiempo, aspiramos a expresar desde nuestra plaza las posibilidades de futuro que emergen de las contradicciones del presente, para contribuir a la tarea de construir un mundo renovado. La Ciudad es, en verdad, un presente cargado de futuro.

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Jaeger, Werner (2012): Paideia: los ideales de la cultura griega. Fondo de Cultura Económica, México.

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10 DE FEBRERO DE 2017

Educación El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él. Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más rico que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque. José Martí02

E

l estado de la educación constituye, desde hace tiempo ya, una preocupación central en la sociedad panameña. No solo se trata del deterioro de la capacidad del sistema educativo para formar ciudadanos a la vez dignos y productivos. Se trata también de que ese deterioro conspira contra la posibilidad de traducir la prosperidad de nuestra economía en bienestar para nuestras mayorías. Ahora bien: ¿de qué educación hablamos, y para qué la queremos? Esta pregunta tiene su importancia para entender mejor el problema que debemos encarar. A veces, por ejemplo, confundimos la educación con la formación para el trabajo, y reducimos éste a la mera actividad práctica de las personas. En verdad la educación, si es integral, abarca dos dimensiones distintas, estrechamente vinculadas entre sí. Una es la de la instrucción técnica, que los griegos llamaban la tekné, la técnica, que nos enseña los medios del hacer. La otra es la formación en valores, aquella que los griegos llamaban la areté, de donde proviene la palabra aristocracia. Pensemos por ejemplo en Aquiles, que dominó como pocos la tekné de la guerra, pero sólo llegó a ser un modelo de conducta por la areté que demostró en el ejercicio de sus capacidades como guerrero. 02 “Educación popular”, s.f. . Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. XIX, 375-376.


El vínculo entre esas dos dimensiones, por otra parte, siempre está referido a una circunstancia histórica particular. La de Aquiles fue la de la guerra de Troya, en el marco de la antigua cultura micénica. La de nuestro tiempo es la de la lucha que todos compartimos por hacer de Panamá un país a la medida de nuestros sueños. Esta circunstancia no es sencilla. Hemos venido a ser el último país de América Latina en culminar la formación de su Estado nacional plenamente soberano, hace apenas 17 años. Ahora nos corresponde ejercer esa soberanía en bien de nuestra gente. Llevamos ya un cuarto de siglo debatiendo en torno a las causas, las consecuencias y los remedios que demandan los problemas que aquejan a nuestro sistema educativo. Nadie puede dudar de la importancia de ese debate. Precisamente por eso, hay que ubicarlo en de la circunstancia histórica en que tiene lugar. Esa circunstancia es la de una sociedad en transición, desde un pasado que ya es irrecuperable – el de la quinta frontera, de la población mayoritariamente rural y de un mercado interno pequeño y de escaso poder adquisitivo – hacia alguno de varios futuros posibles, algunos mejores, otros peores que el presente en que tiene lugar esta discusión. En lo más fundamental, esta transición toma cuerpo a partir de la inserción del Canal en nuestra economía interna, y de esa economía en el mercado global. Esto produjo un proceso muy rápido de crecimiento económico, combinado con una persistente inequidad social y una constante degradación ambiental. Esa la transición ha exacerbado – sin resolverlas – las inequidades y las contradicciones de la sociedad que fuimos. Hoy, sus consecuencias han llegado al punto en que sus causas son cada vez más evidentes. Dicho en breve, educamos y promovemos valores para una sociedad que ha dejado de existir, y lo que toca ahora es plantearnos la tarea de educar y promover valores correspondientes a la sociedad que deseamos llegar a ser en la medida en que los jóvenes de ayer se van haciendo cargo de construir el mañana de todos.

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Cooperación como criterio de competencia; solidaridad como criterio de vida en sociedad; rechazo al miedo como medio de control social, y promoción de la esperanza bien fundamentada en el conocimiento de la realidad y de nuestra capacidad para transformarla para el bien común. Estos son los valores de una areté que nos conduzca a una sociedad en la cual la armonía entre sus integrantes garantice la de sus relaciones con la naturaleza. Por otra parte, esa areté deseable sólo es posible con el apoyo de una tekné profundamente enraizada en la realidad que deseamos transformar. Esa tekné debe expresarse en las capacidades básicas que demanda el desarrollo sostenible: dominio de la propia historia, en la que se fundamentan nuestra identidad y el sentido de nuestros propósitos colectivos; de la propia lengua, que nos permite organizarnos para cooperar en torno a esos propósitos; y de las ciencias y las matemáticas que nos den la capacidad para convertir esos propósitos en realidades nuevas. La educación es un medio para unos fines, y sólo puede ser renovada a partir de los fines a los que debe servir. Los valores, por su parte, definen los términos de la acción social concertada sin la cual es imposible alcanzar esos fines, y sólo pueden ser promovidos desde la perspectiva del bien común que la sociedad aspire a lograr. Esta es la clave del problema que nos toca encarar ahora. En sus propios términos, ese problema es tan complejo como lo fue el de conquistar nuestra plena soberanía. Si aquel pudo ser resuelto, este lo será también, sin duda alguna. Y la solución que resulte más adecuada para el problema de hoy, como para el de ayer, será la que surja de la participación de todos los sectores de nuestra sociedad, en su aspiración compartida a un futuro de prosperidad equitativa, sustentada en el trabajo con la naturaleza y no contra ella, y en la armonía en las relaciones de todos los sectores de nuestra sociedad.


17 DE FEBRERO DE 2017

La Ciudad en su tiempo

Para Rodrigo Tarté, aquí, con nosotros

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a crisis de civilización que encaramos expresa el agotamiento de los vínculos entre el conocimiento, la sociedad y la política creados por el liberalismo entre 1789 y 1989. Hoy, por ejemplo, la propia crisis revela y reitera sin cesar que toda ciencia es a un tiempo natural y social. Cada ciencia, en efecto, se refiere a algún aspecto de nuestras relaciones con la naturaleza, y todas ellas son el producto de procesos de trabajo socialmente organizados, con arreglo a los fines que persiguen.

Comprender esto nos ayuda a entender que en Panamá lo más fecundo del pensar científico a comienzos del siglo XXI se exprese en la obra de autores como Rodrigo Tarté, a quien correspondió el mérito de haber llevado el neopositivismo dominante en nuestra cultura científica hasta el límite de sus capacidades explicativas. Tal fue el caso de los ensayos que recoge su antología Picnic con Hormigas, dedicados al problema más importante de nuestro tiempo, que es el de hacer sostenible el desarrollo de la especie que somos. Y es importante notar, también, que esos ensayos fueron producidos desde entidades tan innovadoras como la Fundación Natura bajo la dirección de Rodrigo, y la Ciudad del Saber, a cuya construcción dedicó la última década de su vida. Desde aquí Rodrigo contribuyó a dar forma a la necesidad de encontrar los medios para conocer y explicar la existencia humana en su integralidad, si es que deseamos hacer sostenible esa existencia hoy amenazada. Y lo hizo de un modo que revela la imposibilidad de resolver ese problema en el ordenamiento del mundo que se deshace en torno nuestro. Allí ha estado su mérito mayor: en que nos ayuda a entender con claridad los desafíos que nos corresponde encarar. A cada uno de los

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que participamos del proyecto Ciudad del Saber – y a la suma mayor de nuestras capacidades agregadas – nos toca contribuir a la creación de un mundo que sea nuevo por lo humano que llegue a ser, en el caos incremental que caracteriza a la transición entre mundos, que hace cada vez más necesario el cumplimiento de nuestra misión.

17 DE MARZO DE 2017

El camino de la Ciudad

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a Ciudad del Saber inició su andar a fines del siglo XX, cuando Panamá se preparaba para ser, finalmente, una República responsable por el ejercicio de su soberanía. Como tal, hizo parte de diversas iniciativas de interés social creadas en lo que una vez fue la Zona del Canal, que incluyen por ejemplo al Centro de Exhibiciones Marinas del Instituto Smithsonian y el Museo de la Biodiversidad, en Amador; el Jardín de Summit, y el Parque Natural Metropolitano. Dado que esas iniciativas no buscaban el lucro, han dependido en una importante medida de la calidad social y técnica de su gestión para generar un entorno adecuado a su propio desarrollo.

Aquella circunstancia de origen ha cambiado. El sistema institucional del Estado era más sólido entonces. Las perspectivas del crecimiento económico eran buenas, y el nivel de conflictividad social y política era mucho menor que el actual. En el sistema internacional, China era todavía una hipótesis, y en América Latina no había comenzado el ciclo de transformaciones políticas que caracterizó a la región a comienzos del siglo XXI. Lo que espera a la Ciudad a partir de ahora depende sobre todo de nuestra comprensión de las fuerzas que animaron su formación y las que animan las transformaciones en curso en las relaciones entre ella y su entorno. Hasta fines del siglo XX, el desarrollo de Panamá


había operado por imitación, a partir del aprovechamiento de ventajas comparativas como la presencia del Canal, y la abundancia de tierras y agua para actividades agropecuarias. Desde entonces han surgido nuevas posibilidades para el desarrollo de ventajas competitivas de amplio impacto social, mediante una estrategia de innovación sustentada en el conocimiento del país, de sus recursos y de sus oportunidades en la economía global. Hasta ahora, esas posibilidades solo se han materializado en una medida modesta. La primera fase de la transición al siglo XXI se concentró en la expansión de las actividades económicas asociadas al Corredor Interoceánico, convertido hoy en una verdadera Plataforma de Servicios Globales. Sigue pendiente la promoción del desarrollo de nuevas ventajas competitivas, sobre todo en campos como los servicios ambientales, y de la calidad de la formación de capacidades para la población general del país. Así, la transición ha tenido una etapa inicial de acumulación de cambios cuantitativos que todavía no dan lugar a una verdadera transformación de la vida nacional. La tensión entre la energía del futuro y la resistencia inercial del pasado nos ha llevado, así, a una situación de crecimiento económico sostenido, combinado con inequidad social persistente, degradación ambiental constante, y deterioro institucional creciente. Esta circunstancia demanda crear las condiciones que le permitan al país transformar la calidad de su desarrollo. Este proceso ya está en marcha, promovido desde una diversidad de organizaciones cívicas, sociales y empresariales. Así, está ocurriendo un cambio cualitativo en el debate sobre la educación y sobre la necesidad de hacer sostenible el desarrollo del país. Se incrementan también las iniciativas para una mayor participación social en la vida nacional, y para el respeto a los derechos sociales y ambientales de los sectores menos favorecidos de la sociedad.

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Y ya es evidente la presencia activa de una nueva generación de jóvenes profesionales, científicos y emprendedores para quienes esa transformación ya es una necesidad. En muchas de estas áreas, la Ciudad ha hecho ya valiosas contribuciones, como la creación de nuestro Centro de Innovación, el apoyo a INDICASAT, y el desarrollo de modalidades innovadoras de promoción de la cultura y las artes. Todo esto predica con el ejemplo acerca de la capacidad de los panameños para encarar los problemas de su propio desarrollo mediante iniciativas innovadoras. La respuesta al ¿qué sigue ahora? demandará enriquecer el diálogo entre nosotros y con nuestros asociados, para definir cada vez mejor nuestra comunidad de intereses, y traducirla en escenarios de futuro que faciliten nuestra cooperación en proyectos de mediano y largo plazo. Pero, sobre todo, nos exigirá recordar que la transición es un proceso en curso, que puede y debe ser orientado por quienes creen en los valores de la solidaridad, la equidad y la participación de todos en las cosas de todos. Nada es imposible, nada es inevitable: entender y ejercer esto es el mayor desafío de nuestro tiempo.


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21 DE ABRIL DE 2017

Alfredo en el tiempo Colegas: Este texto intenta presentar al historiador Alfredo Castillero, quien ofreció el 11 de abril pasado la conferencia de clausura de un seminario dedicado al papel de Panamá en la formación del mercado mundial entre los siglos XVI y XVII. Este evento lo organizan la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, integrante de nuestra red externa, y el Patronato de Panamá Viejo y la Asociación de Antropología e Historia de Panamá, de nuestra red local. La construcción de una nueva cultura, en verdad, crea y recrea sus propios caminos sin cesar. En esos caminos nos encontramos con nuestros asociados, y con ellos los recorremos. GCH, 21 de abril de 2017

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resentar a Alfredo Castillero es tanto como invitar a una reflexión sobre el papel de la historia en la construcción de la patria a que aspiramos los panameños. En esa tarea, Alfredo nos ayuda en particular a no subestimar nunca la importancia de todo aquello que, aun teniendo un origen preciso, cambia y se combina con otros elementos del devenir de una manera tan lenta que al observador inadvertido puede parecerle inmóvil. Esa larga duración que alienta en la obra de Alfredo Castillero nos lleva una y otra vez a pensar en lo que podemos y debemos llegar a ser desde el origen remoto de lo que somos. Así, sus reflexiones sobre la intimidad del vínculo entre la Conquista europea, la evangelización cristiana y la resistencia indígena, que el pueblo Ngäbe renueva hoy en la defensa de sus recursos naturales y culturales. Así, la importancia de las evidencias que nos aporta su reciente texto sobre el coraje y la habilidad guerrera de los habitantes del Istmo ante grandes potencias del pasado, de tanto valor para una sociedad cuya situación actual


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nace de la derrota de su más importante proyecto histórico - el del encuentro entre la soberanía nacional y la popular en una República próspera, equitativa y sostenible - tras un enfrentamiento político y militar que tomó un decenio entero hasta culminar en la más sangrienta agresión militar que hayamos conocido. En verdad, para dicha y privilegio de los panameños, nada hay más distante de la obra de Alfredo que aquella “alabanza, a menudo hueca, de lo pasado, árbol seco donde van colgados la hinchazón y la vanidad de sus púrpuras chillonas”.03 Nada hay más cercano a ella, tampoco, que nuestro futuro. A ese mérito, habría que agregar otro, a menudo inadvertido. Alfredo nos ha entregado una serie de grandes trabajos que abarcan un universo de temas que van desde la Conquista del Istmo hasta la historia de la alimentación de los panameños, la de sus vínculos tempranos con Asia y la del desarrollo urbano temprano del Istmo, que dio semilla a nuestro actual Corredor Interoceánico. Ese universo, además, ha incluido por iniciativa de Alfredo los aportes de una amplia variedad de disciplinas, desde la economía y las artes hasta la historia ambiental. Antes de todo eso, sin embargo, Alfredo nos ofreció la clave que fundamenta la comprensión racional de nuestro devenir, en un artículo de apariencia modesta, publicado en 1973 en la revista Estudios Sociales Centroamericanos, en el que dio estructura y calidad de concepto al término transitismo, que hasta entonces había circulado entre nosotros como una intuición tan feliz como inasible. Desde allí, en efecto, el transitismo pasó de designar una supuesta vocación a señalar una función precisa y tangible en la formación y desarrollo del mercado mundial, y a caracterizar la formación histórico - social asociada al desempeño de esa función. Esa formación es la sociedad panameña, definida a partir de su origen por la concentración del tránsito interoceánico – que antes de la 03 “A tres antillanos”, Patria, Nueva York, 21 de noviembre de 1893.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VII, 301 – 302.


Conquista utilizaba múltiples rutas – por el corredor del Chagres; por la concentración del control de ese tránsito en un único poder político; de la concentración de los beneficios del tránsito en quienes controlan ese poder, y de la subordinación del resto del Istmo a las necesidades del tránsito así organizado, desde mediados del siglo XVI al presente. La riqueza de ese aporte teórico incluye, entre otros méritos, el de proporcionar un vínculo de gran calidad estructurante entre la organización de la vida en el Istmo después de la Conquista, la gran expansión final de la última economía- mundo del Occidente de Europa, y el proceso de formación del primer mercado mundial a lo largo de aquel siglo XVI “largo” del que nos hablara Fernand Braudel, que va de 1450 a 1650. Y no parece casual hoy que ese último año se ubique una década después de la separación de Portugal de España que, como nos lo ha explicado Alfredo, sumió al transitismo panameño en su primera gran crisis. De este modo, Alfredo nos ofrece un marco de referencia imprescindible para el debate sobre nuestro pasado, cuya verdadera riqueza radica en lo que implica para el debate sobre nuestras opciones de futuro. En ese debate, como es natural y saludable, tendremos diferencias de las que todos aprenderemos. Así, por ejemplo, si bien la anatomía del hombre nos ofrece las claves para comprender la anatomía del mono, esa comprensión no transforma al mono en hombre. El periodo histórico del desarrollo del mercado mundial que hoy llamamos la globalización nos ofrece importantes elementos para comprender los orígenes y la dinámica de ese desarrollo, pero no hace global – aún – lo que apenas empezaba a estructurarse como un mercado colonial, que vendría a ser internacional tras la Segunda Guerra Mundial, para empezar a emerger como global a fines del siglo XX. No es el caso abrir este debate aquí, hoy. Sí lo es, en cambio, que este debate carecería de verdadero fundamento y asidero entre nosotros sin el aporte de Alfredo. Desde una perspectiva distinta a la suya, me atrevo a decir que la obra de Alfredo confirma por entero aquella afirmación

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famosa de 1846, que reconocía “sólo una ciencia, la ciencia de la historia”, para agregar enseguida que Se puede enfocar la historia desde dos ángulos, se puede dividirla en historia de la naturaleza e historia de los hombres. Sin embargo, las dos son inseparables: mientras existan los hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan mutuamente.04 Nada describe mejor su labor. Nada resalta tanto su importancia. Su tiempo no es el pasado: en él alientan, y por él nos hablan, todos los tiempos del tiempo.

28 DE ABRIL DE 2017

Casa nueva

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l iniciar 2017, nos propusimos brindar atención prioritaria a quienes hacen posible con su trabajo la existencia de la Ciudad; a las relaciones con quienes trabajan en ella, y a las tierras y las instalaciones que permiten llevar a cabo la labor de todos. De todo eso hay presencia visible cuando mayo comienza, y la Ciudad estrena casa nueva donde alojar a la Fundación que la administra y vela por su desarrollo. Decir esto va mucho más allá de felicitarnos por disponer ahora de instalaciones realmente adecuadas a nuestro trabajo. En verdad la casa nueva, además de acogernos, estimula y facilita nuestro desarrollo como suma de talentos y voluntades. Ella es transparente y luminosa. Está abierta al entorno que nos rodea, para decir al mundo que deseamos contribuir a la tarea de hacerlo cada vez más 04 Marx, Karl y Engels, Friedrich: Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista. Primer Capitulo de La Ideología Alemana, 1846 (fragmento) http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/feuerbach/index.htm


humano. Y ha sido imaginada para ayudarnos a innovar en esa tarea de transformación. El proceso mismo de preparar la mudanza nos ayuda a entender la novedad de la casa a la que vamos. Ojalá lleguemos a saber algún día cuánto papel y cuánto de todo lo que de una u otra manera habíamos acumulado dejamos atrás. Hay algo de símbolo en ese deshacerse, algo de pasar de larva a mariposa en busca de un ambiente más luminoso, de una dignidad correspondiente a nuestra labor de cada día. La casa nueva está concebida para ser, también, un espacio de aprendizaje en la medida en que nos ofrece nuevas oportunidades de encuentro y colaboración. Lo que antes dependía de buscar a otros en edificios distantes o por pasillos sombríos, se hace ahora vida cotidiana. Y el momento a menudo más importante de ese hacer juntos, que suele ser el encuentro casual, será ahora cada vez más común, más cómodo y más grato. La casa propicia, también, nuevas posibilidades de anfitrionía – que es palabra dominguera para decir hospitalidad y atención a nuestros visitantes. A quienes acudan a nosotros, el ambiente mismo les avisará quiénes somos y cómo hacemos lo que hacemos. A partir de allí, el diálogo tendrá las mejores condiciones para fluir con mayor riqueza en la tarea de imaginar juntos lo que juntos podríamos hacer, si nos proponemos hacerlo. La casa nueva, en suma, está a nuestra disposición como una incubadora de utopías. Ella organiza y potencia un proceso que ya está en curso. Es, en breve, lo que debe ser para contribuir a que seamos todo lo que podemos llegar a ser.

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12 DE MAYO DE 2017

La Ciudad en la III Transición Ora et labora San Benito de Nursia, siglo VI

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a va siendo un lugar común decir que no vivimos en una época de cambios, sino en un cambio de épocas. De eso se trata cuando el mundo no se presenta ante nosotros como un lugar ordenado y previsible, sino volátil, incierto, complejo y ambiguo. Aun así, bajo ese caos visible subyace un orden que podemos comprender. Ese orden es el de una transición entre dos grandes momentos de la historia de la especie humana. Esta no es la primera que conocemos. En Occidente, al menos, han ocurrido otras dos. La primera tuvo lugar entre la Antigüedad y la Edad Media, entre los siglos V y IX. La segunda, en el paso de la Edad Media a la Moderna entre 1450 y 1650. La nuestra, iniciada a fines del siglo XX, nos lleva de la Edad Moderna a otra por definir, a lo largo de un período de caos incremental que algunos llaman la Posmodernidad. Estas transiciones han dado lugar a la formación de nuevas civilizaciones. La primera produjo la de la Cristiandad Occidental; la segunda, la del Capital. Cada una de ellas estuvo marcada por visiones del mundo y formas de conducta compartidas por millones de seres humanos. Y fueron tan distintas entre sí que quienes participaron de una no hubieran podido reconocerse en la otra.05 Comprender estos procesos demanda un marco de referencia adecuado para el razonar, como el que nos propone Immanuel Wallerstein en su libro Después del Liberalismo.06 Ese marco vincula 05 Esa diferencia, por ejemplo, inspiró a Mark Twain su novela de 1889 Un yanqui de Connecticut en la corte del Rey Arturo, en la que contrasta las mentalidades y conductas de la civilización medieval inglesa y las de la capitalista norteamericana a fines del siglo XIX. 06 Siglo XXI, México, 1996.


entre si cuatro rasgos característicos del sistema mundial en esta etapa de su desarrollo, y las perspectivas inerciales de su evolución futura: un crecimiento económico sostenido aunque vacilante e incierto; una inequidad social persistente; una degradación ambiental constante, y un proceso de desintegración institucional creciente. Esos rasgos, sin embargo, no definen de antemano el mundo al que nos encaminamos. La transición en curso puede llevarnos a nuevas alturas en el desarrollo humano, o a una sima de barbarie que nos ponga en riesgo de extinción. Aquí, la responsabilidad fundamental corresponde a quienes están en mejor capacidad de identificar a tiempo, y en toda su complejidad, las amenazas y las oportunidades de nuestra transición. Para esto, conviene examinar la experiencia de transiciones anteriores. La de la Antigüedad a la Edad Media, por ejemplo, operó en dos momentos y planos distintos. El primero correspondió a la ruptura cultural con la Antigüedad en el siglo V, que expresara con tanta riqueza San Agustín en La Ciudad de Dios, entre 412 y 426. El segundo, al proceso inaugurado por la fundación del monasterio de Montecasino por San Benito de Nursia, hacia 529. Montecasino, en efecto, constituyó una semilla de orden en el caos creado por la desintegración del mundo antiguo. Multiplicada a lo largo de ocho siglos, abrió paso a la formación de una sociedad, una economía, un sistema de gobierno y una territorialidad nuevos entre los siglos XI y XIII. Vistas las cosas desde la Ciudad que construimos, en efecto, cada una de las transiciones anteriores dio lugar a formas nuevas de gestión del conocimiento. La Academia antigua, centro de cultivo de la cultura al margen de la actividad productiva, cedió su lugar al monasterio benedictino, con su mandato de combinar la vida religiosa con el trabajo. El monasterio, a su vez, se vio sustituido por la Universidad al iniciarse la decadencia de la Edad Media y

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comenzar el proceso que llevaría al capital a constituir a la ciencia como una actividad productiva estrechamente ligada al comercio y la producción a escala mundial. Hoy la tercera transición se anuncia en la formación de ciudades del conocimiento en las que la ciencia, la empresa, el Estado y la sociedad se vinculan en un esfuerzo innovador que va trascendiendo los arquetipos que caracterizan a su civilización de origen, para abrir paso a los que la Ciudad anuncia. La transición que encaramos hoy ofrece a estas nuevas formas de organización de la gestión del conocimiento un lugar de especial importancia. En primer lugar, porque hoy conocemos la historia de nuestra especie como no fue posible hacerlo en ninguna civilización anterior. En segundo, porque hoy disponemos de recursos científicos y tecnológicos, y de capacidades humanas, que pueden ofrecer una solución a los problemas ambientales, económicos y sociales que encaramos sin son utilizados en una perspectiva de desarrollo humano. Y en tercero, porque las ciudades del conocimiento ofrecen el entorno más adecuado para poner el conocimiento al servicio de ese desarrollo. Atravesar el mar de la crisis de un modo más breve y menos caótico que en las transiciones anteriores, en dirección a un mundo que sea sostenible por lo humano que llegue a ser, será una tarea de dimensiones mosaicas. Hemos ingresado a tiempos que demandan preguntas nuevas para construir las respuestas que nuestras sociedades necesitan. Hoy podemos entender que si deseamos un mundo distinto debemos crear sociedades diferentes, en las que el conocer y el hacer se requieran mutuamente en el servicio a ese proceso de creación. Esta es, realmente, la razón de nuestro ser.


30 DE JUNIO DE 2017

Transición global, Ciudad glocal

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l proceso de globalización conduce al mercado mundial desde su fase internacional – esto es, de comercio entre mercados nacionales – a otra en que ese comercio ocurre cada vez más entre grandes corporaciones transnacionales. Esto se ha hecho posible mediante el desarrollo de las tecnologías de la información, que permiten - por primera vez en la historia - que la economía funcione como una unidad en tiempo real a escala planetaria. Este proceso resalta el papel del conocimiento y la tecnología en la nueva economía; expresa la primacía del conocimiento en la globalización, y demanda estructuras de gestión como las ciudades del conocimiento, muy distintas de las grandes urbes industriales que caracterizaron a la economía internacional. Lo importante, aquí, está en las formas en que cada sociedad aproveche las oportunidades y maneje los problemas de este proceso. Así, por ejemplo, esa transición hacia nuevas formas de organización de la vida, la economía y la cultura en el planeta ha hecho posible la creación y el desarrollo de la Ciudad en Panamá. En este proceso, es necesario comprender a la economía global sin confundirla con ninguna de las fases particulares de su desarrollo. El desarrollo de esa economía, en efecto, es un proceso desigual y combinado, en el que unos sectores avanzan con más rapidez que otros, y la solución de cada problema genera problemas nuevos y más complejos. El incremento de la productividad, por ejemplo, es una necesidad evidente ante la incertidumbre del crecimiento económico. En la economía internacional, ese incremento ha operado mediante el desarrollo de tecnologías que permiten a cada uno a producir más. En un mundo con más de siete mil quinientos millones de habitantes,

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ese enfoque propio de la vieja economía tiende a crear una masa cada vez mayor de población excedente, que genera flujos migratorios incontrolados, estimula actividades económicas basadas en formas de trabajo cercanas a la esclavitud, y contribuye a crear una situación de inestabilidad social e inseguridad creciente. Esa circunstancia, sin embargo, no es inevitable. La economía global ofrece oportunidades de nuevo tipo a escala local, por ejemplo, mediante la innovación tecnológica que genere nuevas cadenas de valor en procesos productivos complejos. Esto, a su vez, se traduce en economías glocales mucho más inclusivas, en las cuales la equidad se fortalece mediante la ampliación de las posibilidades de ocupación productiva. Este enfoque glocal es particularmente útil ante situaciones nuevas, como la creciente demanda de servicios ambientales de alta calidad – desde la captura de gases de efecto invernadero hasta la gestión de cuencas hidrográficas y el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad. Esos servicios combinan el conocimiento científico más sofisticado con la sabiduría ancestral de grupos humanos que han mantenido una relación marginal con la economía de mercado, y se traducen en formas nuevas de interacción entre los seres humanos y la naturaleza que no pueden siquiera ser imaginadas en la lógica de la economía tradicional. En este terreno, por ejemplo, la Ciudad colabora con entidades como la Red Panamanglar para contribuir al desarrollo de organizaciones de base comunitaria en asentamientos rurales pobres que dependen de ecosistemas frágiles como el bosque de manglar. También facilita la colaboración entre organizaciones científicas del país y el exterior para la investigación sobre el ecosistema de manglar, y ha auspiciado – a través del Centro Internacional de Desarrollo Sostenible – la creación de una fundación sin fines de lucro que vincula a esas organizaciones comunitarias con empresas interesadas en disminuir su huella ambiental y diversificar sus fuentes de ingreso mediante iniciativas de negocios en el mercado global de servicios ambientales.


En esto, la Ciudad es fiel a sí misma: su creación, a fines del siglo XX, será vista en el futuro como la innovación más importante en el campo de la gestión del conocimiento en nuestro país, desde la creación de la Universidad de Panamá en 1935. Así, la que fue una iniciativa aislada y a veces mal comprendida a comienzos del siglo XXI empieza a ser reconocida como un nodo glocal de creciente importancia en el desarrollo de redes de innovación de la tecnología, las ideas, la cultura y la actividad productiva en el marco de la nueva economía.

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7 DE JULIO DE 2017

La Ciudad en sus redes.

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a especie humana emergió a su propia historia hace unos cien mil años. Desde entonces, y hasta hace unos quinientos años, se fue dispersando por el mundo a partir de su centro de origen en África, disgregándose en grupos cada vez más distantes y distintos entre sí.

Fue apenas entre 1450 y 1650, con la formación del mercado mundial, que esta situación empezó a cambiar. Esto dio inicio a la formación de una cultura universal, cuyo curso fue expresado ya en 1624 por el poeta inglés John Donne, en versos que aún nos conmueven: Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.07 07 John Donne: Meditación 17. Devociones sobre ocasiones imprevistas, 1624.


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La creación de una comunidad humana de escala planetaria ha sido un proceso azaroso. Basta con recordar las guerras de conquista, la opresión colonial y el saqueo de los recursos humanos y naturales de regiones enteras, y las difíciles secuelas que todo ello ha dejado en las sociedades de nuestro tiempo. Con todo, ese proceso ha creado y sigue creando formas nuevas de relacionamiento de los seres humanos entre sí, en su vida social y personal como en las formas de organización de procesos de trabajo. Hoy, la revolución tecnológica nos ofrece medios nuevos para ampliar, enriquecer y acelerar esos procesos como nunca. Y esto, a su vez, demanda formas innovadoras de organización del trabajo que involucran a un número cada vez mayor de participantes en torno a objetivos cada vez más complejos. En ese proceso de desarrollo innovador, la Ciudad actúa como un nodo que vincula tres redes distintas entre sí. Una es la red interna, integrada por las entidades afiliadas al proyecto Ciudad del Saber. Otra es la red local, en la que participan entidades del país que mantienen relaciones de colaboración con ese proyecto a través de la Fundación Ciudad del Saber. La tercera es la red externa, conformada por organismos del exterior vinculados a la Fundación, como la Asociación Internacional de Parques Científicos, la Red Iberoamericana de Prospectiva, y las universidades que utilizan los servicios que ofrece la Ciudad para organizar viajes de estudio a Panamá. Lo más importante de esa organización en redes es que permite a la Ciudad ofrecerle a su país acceso a las formas de gestión del conocimiento generadas por el proceso de globalización en el que se decide nuestro destino. A casi cuatrocientos años del poema de John Donne, la Ciudad nos vincula a la Humanidad para compartir con otros la construcción de un mundo mejor desde los procesos de colaboración que nuestras redes contribuyen a generar.


20 DE JULIO DE 2017

La Ciudad en el camino al 9 de septiembre

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entro de poco se cumplirán cuarenta años de la firma de los Tratados Torrijos – Carter, que abrieron paso al desmantelamiento gradual del enclave militar – industrial llamado entonces Zona del Canal; transfirieron al Estado panameño la administración de las tierras e instalaciones existentes en esa Zona – incluyendo la propia vía interoceánica -, y abrieron paso a la creación de la Plataforma de Servicios Globales de la que forma parte la Ciudad del Saber. Y a eso habría que añadir un hecho más: a lo largo de ese proceso Panamá se convirtió en un país plenamente responsable por el ejercicio de su propia soberanía, y pudo incorporarse en verdadero pie de igualdad a la comunidad de Estados iberoamericanos.

Lo que todo esto implica es más fácil de decir que de comprender. En 1977, cuando fueron firmados esos acuerdos, Panamá tenía cerca de 1,800,000 habitantes; en 2017, a cuarenta años de entonces, son algo más de 4,000,000. Dicho en breve, más de la mitad de los panameños de hoy no había nacido cuando aquella firma se produjo. Si a esto agregamos que la gran mayor parte de esa mitad fue educada por un sistema escolar y universitario con serias deficiencias, y se formó en un clima político en el que la disputa ha predominado ampliamente sobre la búsqueda del consenso, es bueno preguntarnos qué saben, qué ignoran y qué piensan los jóvenes de hoy sobre aquellos acontecimientos de anteayer, y sobre la incidencia que han tenido en su presente y tendrán en su futuro. Atendiendo a esta necesidad, la Ciudad se prepara para conmemorar los 40 años de la firma de los Tratados que abrieron paso a su creación

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convocando a un diálogo entre jóvenes de hoy acerca de aquella conquista de los jóvenes de ayer y de anteayer. Esto no es poca cosa, porque aquellos jóvenes abrieron para estos un camino hacia alguno de varios futuros posibles, que constituirán a fin de cuentas el verdadero objeto de la conversación. En efecto, el tiempo de la Ciudad no es (aún) el de un destino, sino el de una transición entre aquello que hemos sido y lo que decidamos llegar a ser. No es, en este sentido, un tiempo meramente cronológico que sirva de medida a un transcurrir. Es, en el más rico sentido del término, un tiempo histórico, cuyo transcurso nos interroga y nos define. El tiempo de la Ciudad, en verdad, no se define por las respuestas que ofrece tanto como por las preguntas que plantea, en la medida en que deslinda nuestras formas de presencia en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo. En ese sentido, es un tiempo que nos reta una y otra vez a pensar por nosotros mismos desde la experiencia de nuestra propia labor. No se trata aquí de que todo tiempo pasado haya sido mejor o peor, sino de que fue distinto. Por lo mismo, reclama ser interrogado y darse a conocer desde una visión del mundo correspondiente a su propia realidad y, sobre todo, a su naturaleza móvil, cambiante y – al propio tiempo – cargada de sentido. Diálogos como el que convoca la Ciudad con ocasión de las cuatro décadas transcurridas desde la firma de los Tratados que abrieron paso a esta transición constituyen un medio para explorar, definir y dar sentido al tiempo en que andamos. Con esa iniciativa, la Ciudad ofrece una valiosa contribución a su propósito de poner el conocimiento al servicio de las transformaciones que demandan los cambios que vienen modelando las opciones de futuro de nuestra sociedad.


1 DE SEPTIEMBRE DE 2017

El conocimiento en la Ciudad

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a función primordial de la Ciudad es la de proporcionar a otros servicios de apoyo en sus labores de gestión del conocimiento. Esa función incluye que la Ciudad también produzca conocimiento a partir de dos fuentes principales. Una es su propia experiencia - que hoy, por ejemplo, nos permite ofrecer servicios de asistencia técnica a proyectos como el de la creación de una ciudad del conocimiento en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. La otra fuente se relaciona con los temas y valores prioritarios que orientan las actividades de la Ciudad.

Uno de esos temas es el de la creciente necesidad de hacer sostenible el desarrollo de la especie humana en estos tiempos de crisis de civilización a escala del planeta entero. Fue con ese propósito que, años atrás, la Ciudad se propuso crear un Centro Internacional de Desarrollo Sostenible – el CIDES -, al cual el Gobierno de Panamá le otorgó la categoría de organismo internacional. Parte de la labor del CIDES ha consistido en analizar y sintetizar el flujo cada vez mayor de información sobre los problemas que amenazan la sostenibilidad del desarrollo de los humanos, y sobre las políticas que van siendo adoptadas por la comunidad internacional para enfrentar ese problema. Esa síntesis se expresa en el cuadro que reproducimos a continuación, que contrasta las características de las políticas que buscan un crecimiento económico ilimitado con las necesarias para garantizar un desarrollo sostenible:

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Crecimiento ilimitado

Desarrollo sostenible

Asertivo

Interrogativo

Expansivo

Conservacionista

Competitivo

Cooperativo

Cuantitativo

Cualitativo

Dominante

Asociativo

Extractivo

Restaurativo

Lineal

Circular

Algunos de los elementos que el cuadro nos presenta tienen una especial relación con la historia y las actividades de la Ciudad. Tal, por ejemplo, el contraste entre el carácter asertivo del crecimiento ilimitado, y el interrogativo, del desarrollo sostenible. El crecimiento ilimitado, en efecto, no se cuestiona ni las razones ni las consecuencias de su actividad, ni el impacto de esas consecuencias en su entorno y su futuro. Las inundaciones en la cuenca del río Juan Díaz y en Condado del Rey hacen parte de esas consecuencias aquí, como en la ciudad de Houston, donde la eliminación de múltiples regulaciones ambientales para favorecer el negocio de la construcción ha contribuido a crear las condiciones que hicieron de la tormenta Harvey un desastre que ha ocasionado víctimas y pérdidas billonarias. El desarrollo sostenible, nos dice el CIDES, es interrogativo. Esto quiere decir que interroga a la realidad para comprender y encarar cada vez mejor los complejos problemas que enfrentan los seres humanos en sus relaciones con el entorno natural del que depende su existencia. Así, el desarrollo sostenible entiende al ambiente como un producto de las intervenciones humanas en el entorno natural. Esas intervenciones ocurren a partir de procesos de trabajo socialmente organizados – desde desbrozar una parcela en la selva para sembrar maíz, hasta talar y rellenar un manglar para construir carreteras y


edificios. Y esa organización responde a los propósitos que guían a la sociedad en su trabajo. En verdad, la crisis de civilización por la que atraviesa la Humanidad se genera a partir de la acumulación de las consecuencias del crecimiento ilimitado que ha guiado nuestras relaciones con el entorno natural desde 1750 en adelante, y que ha conocido una gigantesca aceleración a partir de 1950. Como toda crisis, ella implica una transición hacia uno de varios desenlaces posibles. Algunos pueden ser mucho peores, otros pueden ser mejores, y otros mucho mejores de lo que conocemos hoy. En cada uno de esos futuros posibles el ambiente será distinto, porque la sociedad será diferente. Basta con ver los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, establecidos por las Naciones Unidas: allí se sintetiza un programa de transformación social y económica que llevaría a una radical transformación de nuestras relaciones con el entorno natural. Ese programa general tendrá resultados particulares en cada sociedad, dependiendo del grado de compromiso de cada una con esos objetivos. De lo que se trata, hoy, es de reconocer el camino más adecuado para enfrentar nuestros problemas, y de identificar los medios más adecuados para encaminarnos hacia una realidad distinta a la que conocemos. La Ciudad aporta a esa tarea de todos apoyando a otros en su gestión del conocimiento necesario para ese propósito, y contribuyendo además con el que ella misma produce. Nada más, pero nada menos. En este terreno, también, la Ciudad hace camino al andar.

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22 DE SEPTIEMBRE DE 2017

La Ciudad en el Antropoceno

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l incremento en el número, la intensidad y el impacto social de eventos naturales asociados al cambio climático debe recordarnos que el cambio de épocas que vivimos abarca el conjunto de la historia ambiental de la que hace parte la especie humana. Así, hoy podemos decir que ha concluido la historia meramente natural de la Tierra, y “algo nuevo ha comenzado: el Antropoceno.”08 La novedad de esta época consiste en que ella está definida por el creciente impacto de las actividades humanas sobre la atmósfera, los océanos y las masas terrestres, y en las formas en que esos subsistemas del Sistema Tierra interactúan entre sí. Hoy, esas actividades se aproximan a, o superan ya en magnitud a algunas de las grandes fuerzas naturales; operan a un ritmo muy superior al de las tasas de variabilidad natural, y han producido un estado sin precedentes en la dinámica y el funcionamiento del Sistema Tierra, debido a su amplitud, magnitud, ritmo y simultaneidad.09 El concepto de Antropoceno – según lo plantearan el químico de la atmósfera y Premio Nobel Paul Crutzen y el biólogo marino Eugene Stöermer en el año 2000 -, por supuesto, no es enteramente nuevo. 10 Por el contrario, una de sus virtudes ha sido estimular la exploración de sus antecedentes en la historia ambiental. En esa exploración, ha destacado el aporte del biogeoquímico ruso-ucraniano Vladimir Vernadsky (1863 – 1945), quien a partir de la década de 1920 –en el marco del mismo proceso de florecimiento científico y cultural que 08 McNeill, John y Engelke, Peter (2014, 1): The Great Acceleration. An environmental history of the Antropocene since 1945. The Belknap Press of Harvard University Press. Cambridge, Massachusets; London, England. 09 W. Steffen et al. Global Change and the Earth System. A planet under pressure. International Geosphere and Biosphere Program. Executive Summary, ww.igbp.kva.se, p. 18. 10

Paul J. Crutzen y Eugene F. Stöermer: “El ‘Antropoceno’”. Global Change Newsletter, 41. May 2000. http://gphavi.blogspot.com/2017/08/el-antropoceno.html


dio de sí a Charles Darwin, Karl Marx, Marie Curie, Sigmund Freud y Albert Einstein, por mencionar algunos casos destacados – elaboró los conceptos de biosfera y noosfera. Para Vernadsky, la biosfera constituye el segmento de la esfera terrestre en que la materia viviente crea las condiciones para la existencia de la vida, a partir de la transformación de la energía solar en energía química por las comunidades vegetales. La vida así constituida, a su vez, se constituye en una fuerza geológica que ha venido operando sobre el planeta desde hace al menos 3500 millones de años, incidiendo en la formación y las transformaciones de la atmósfera, las aguas y las masas terrestres. La noosfera, por su parte, constituye “un fenómeno geológico nuevo en nuestro planeta”, a lo largo del cual “el Hombre deviene en una fuerza geológica a gran escala. Puede y debe reconstruir la esfera de su vida mediante su trabajo y pensamiento, reconstruirla de forma radical en comparación con el pasado.”11 El concepto de Antropoceno, por su parte, asume y desarrolla con gran riqueza el de biosfera y lo traduce en el de Sistema Tierra, con un claro fundamento en la historia natural del planeta. Sin embargo, no hace lo mismo con el concepto de noosfera, pues carece de una perspectiva histórica integrada que solo podría ofrecerle la historia ambiental, la cual se ocupa de las interacciones entre los sistemas sociales y naturales a lo largo del tiempo, y de las consecuencias de esas interacciones para ambos. Esto tiene el mayor interés para la Ciudad, porque – como vemos - el Antropoceno define una época nueva en las relaciones entre nuestra especie y su entorno natural, en la que resalta un importante problema cultural. Hoy, las ciencias naturales pueden demostrar con clara evidencia la gravedad de las consecuencias ambientales del Antropoceno, y prever sus tendencias generales de evolución futura. 11

La biosfera y la noosfera, 1943. http://larouchepub.com/other/2005/site_packages/ vernadsky/3207bios_and_noos.html, traducción de Guillermo Castro H. Vernadsky planteó la hipótesis del origen de la noosfera a partir del control del fuego por la especie humana, a la que atribuyó unos 70 mil años de antigüedad. Hoy, otras hipótesis remontan ese origen a 1.5 millones de años.

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Sin embargo, como lo advirtiera el historiador norteamericano Donald Worster, no pueden explicar por sí mismas por qué existe esa crisis, cómo hemos venido a desembocar en ella, y cuáles son los desafíos culturales, políticos y económicos que nos plantea.12 Esa tarea corresponde a una nueva manera de comprender el vínculo entre sociedad y naturaleza, que permita trascender la estructura fundamental de organización del conocer creada a mediados del siglo XIX, con su (aparentemente) nítida distinción entre las ciencias naturales, las sociales, y las Humanidades.13 En efecto, el problema adquiere un cariz enteramente distinto si consideramos que toda ciencia es natural, en la medida en que su objeto de estudio existe dentro de la naturaleza, sea el ciclo biogeoquímico del carbono, sea la cultura de la naturaleza creada por una u otra civilización. Del mismo modo, toda ciencia es social, en cuanto su necesidad, sus fundamentos y sus métodos son creaciones culturales. Y esto, a su vez, permite entender que las ciencias no estudian hechos aislados, sino objetos que resultan de relaciones entre estructuras y procesos interdependientes entre sí. En este sentido, podemos entender que el Antropoceno – sea que se remita su origen a la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII, o a la llamada Gran Aceleración en el desarrollo de las fuerzas productivas en la segunda mitad del siglo XX – expresa las consecuencias ambientales y culturales de una modalidad social de organización del trabajo a escala planetaria destinada a generar un crecimiento económico sostenido para una acumulación infinita de ganancias. Esas consecuencias incluyen, ya, alteraciones en el funcionamiento del Sistema Tierra en lo que hace a los ciclos biogeoquímicos, el ciclo hidrológico y el clima. 12

“The Two Cultures Revisited: Environmental History and the Environmental Sciences”. Environment and History 2 (1996), 3 – 14. The White Horse Press, Cambridge, UK.

13

Al respecto, por ejemplo: Wallerstein, Immanuel: Abrir las Ciencias Sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales. Siglo XXI Editores / Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México. (1996) 2003.


Estamos, ya, ante una situación que demanda de encarar el hecho de que la Humanidad está gestionando el planeta, pero lo hace “de una manera inconexa y azarosa, orientada en última instancia por necesidades y deseos individuales y grupales”, con lo cual “el Sistema Tierra está siendo llevado más allá de su terreno natural de funcionamiento.” En estas circunstancias, los desafíos que plantea alcanzar un desarrollo sostenible carecen de precedentes, y demandan “una gestión adaptativa”, entendida como “un proceso creativo de aprendizaje a partir de lo que se hace, y de quehacer a partir de lo aprendido.”14 Todo esto hace evidente que, si deseamos un ambiente distinto, tendremos que crear una sociedad diferente, que recupere el control sobre su propia capacidad transformadora poniéndola al servicio del desarrollo humano. Esto demandará formas innovadoras de organización de la actividad científica y la innovación a escala planetaria, para identificar esa diferencia, y las maneras de llevarla a la práctica. Tal es, con toda evidencia, es el gran desafío que el Antropoceno plantea a la ciencia de la historia en nuestro tiempo. En esta tarea desempeña un papel de creciente importancia el deseo – presente en todas las sociedades de nuestro tiempo – de recuperar aquello que Donald Worster llamó alguna vez “la naturaleza que hemos perdido”, tanto en lo que hace a la restauración de los ecosistemas que hemos devastado como a nuestra relación espiritual con el milagro siempre renovado de la vida que crea las condiciones para la vida. Ante tal desafío, toca a la Ciudad contribuir en la tarea de recuperar nuestra capacidad para orientar el desarrollo de la noosfera como lo planteara Vladimir Vernadsky en 1943, desde la terrible devastación provocada por la agresión de la Alemania nazi contra su tierra natal: Estamos entrando en la noosfera. Este nuevo proceso geológico fundamental se está desarrollando a un ritmo impetuoso […] 14

W. Steffen et al. Global Change and the Earth System. A planet under pressure. International Geosphere and Biosphere Program. Executive Summary, ww.igbp.kva.se, p. 38.

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pero el hecho importante es que nuestros ideales democráticos estén sintonizados con los procesos geológicos fundamentales, con las leyes de la Naturaleza y con la noosfera. De ese modo, podremos encarar el futuro con confianza. Está en nuestras manos. No podemos dejarlo escapar.15

2 DE NOVIEMBRE DE 2017

La Ciudad en la noosfera

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a Ciudad se ha propuesto hacer de sí misma una comunidad innovadora, que sustente su actividad en la promoción simultánea de la ciencia y del humanismo. La ciencia es una forma de trabajo que permite establecer una actividad constante de investigación, desarrollo e innovación, el I+D+i del que tanto se habla en nuestro tiempo. El humanismo, por su parte, le proporciona a la Ciudad un marco de referencia ético para hacer de ese I+D+i un medio para fomentar los valores de emprendimiento, creatividad y compromiso con los débiles y los necesitados que nos caracterizan como especie. Y, además, le presenta un vasto campo de actividad que va del pasado remoto que estudia la Fundación El Caño, al futuro posible que anima a la economía creativa.

En verdad, el vínculo entre la ciencia y el humanismo es mucho más amplio y rico de lo que podría parecer a primera vista. No se trata de que la ciencia se ocupa de lo material y el humanismo de lo espiritual, marchando por vías paralelas y finalmente ajenos el uno al otro. Si entendemos al humanismo en su dimensión científica y académica, esto es, desde las Humanidades como campo del saber, esta relación se hace mucho más evidente. 15

La biosfera y la noosfera, 1943. http://larouchepub.com/other/2005/site_packages/ vernadsky/3207bios_and_noos.html, traducción de Guillermo Castro H.


La lectura del Génesis desde las Humanidades, por ejemplo, se ve enriquecida por la ciencia. Desde las Humanidades, el episodio terrible del asesinato de Abel por su hermano Caín, planteó desde hace más de cinco mil años – y para siempre – el dilema moral en torno al cual se organiza lo fundamental de nuestra eticidad: ¿acaso soy yo el guardián de mi propio hermano? La ciencia, por su parte, nos ayuda a entender que ese conflicto entre hermanos tiene un componente ambiental, que enfrenta entre sí a dos formas diferentes de relación con la naturaleza. Caín, en efecto, era un agricultor sedentario, mientras Abel era un pastor nómada. Disciplinas científicas como la ecología, la climatología, la biología evolutiva, la paleontología y la geografía aportan elementos sin los cuales no podríamos comprender este tipo de conflicto en toda su complejidad y sus implicaciones para nuestro desarrollo como especie. Las Humanidades – a través de disciplinas como la arqueología, la historia y la filosofía, entre otras – nos permiten no solo entender, sino y sobre todo comprender, el papel de ese conflicto en nuestro desarrollo como especie. A esto cabe agregar - como lo dijera alguna vez el historiador ambiental Donald Worster-, que si bien las ciencias naturales pueden demostrar más allá de toda duda que estamos inmersos en una crisis ambiental que ya amenaza la continuidad de nuestro desarrollo como especie, no pueden explicar cómo y por qué hemos contribuido a crear esa crisis, y cuáles son nuestras opciones de destino a partir de tal origen. Esto expresa un problema digno de una comunidad innovadora comprometida con el desarrollo humano: la necesidad de contribuir al proceso de formación de un saber ambiental en el que convergen y se trascienden las Humanidades y las ciencias naturales. Ese proceso ya está en curso en todas las grandes comunidades humanas de nuestro tiempo – incluyendo de manera destacada a la iberoamericana -, con los matices y perspectivas propias de la cultura de cada una. Lo hace posible el hecho de que toda ciencia es natural,

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pues todas construyen su objeto de estudio dentro de la naturaleza y, al propio tiempo, toda ciencia es social, pues ese proceso de construcción ocurre siempre desde la sociedad. Es un hecho de nuestro tiempo que el desarrollo de formas cada vez más complejas de actividad productiva material ha venido a crear la necesidad de formas de complejidad equivalente en la organización de los procesos de producción de conocimiento. Ahora es necesario trascender los límites impuestos por la organización original de ese trabajo de producción de conocimientos, ideas e innovaciones que han venido a desembocar en nuestro presente. En aquel mundo de origen, el desarrollo del conocer fue organizado por áreas de especialización. Eso permitió avanzar con tal rapidez que entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX ocurrió una auténtica revolución tanto en los métodos de producción de conocimiento como en la amplitud de sus resultados y de sus aplicaciones a la producción de bienes materiales y servicios sociales. De ese proceso da cuenta, por ejemplo, lo que va de la teoría de la evolución de las especies por selección natural – presentada por Darwin en 1857 -, a la del vínculo entre la biosfera y la noosfera, planteado por Vladimir Vernadsky en 1938. El planteamiento de Vernadsky recibió poca atención en< su momento, entre otras cosas porque demandaba un enfoque integrado de la producción de conocimiento que no encontraba lugar para sí en una actividad científica organizada para la especialización. Las comunidades innovadoras de hoy nacen en buena medida como una alternativa de solución a ese problema. En ellas se comprueba que la superioridad de una visión de futuro sobre las que nos llegan del pasado consiste en su capacidad para asumirlas como momentos ya superados de su propio desarrollo. La Ciudad nació nace para contribuir a la formación de una sociedad que sea tan próspera como equitativa, solidaria y sustentable, y por todo ello sea también más democrática. Por eso


mismo la Ciudad incorpora en su estructura de gestión a la sociedad en la que existe, y a la que sirve. Somos, en verdad, parte de la noosfera del planeta Tierra, que hoy como nunca toma conciencia de si, y se ejerce con nosotros y para nosotros. Bien lo dijo Vladimir Vernadsky en 1938: La creación de la noosfera, iniciada con intensidad […] hace algunas decenas de miles de años, fue un hecho de extrema importancia en la historia de nuestro planeta, conectado sobre todo con el crecimiento de la ciencia de la biosfera, y definitivamente no fue un hecho casual. Podemos por tanto afirmar que la noosfera representa la esfera fundamental del conocimiento científico, aunque sea apenas ahora que hayamos llegado al punto de distinguirla de su realidad circundante.16 Eso somos, eso hacemos, eso nos distingue de nuestra realidad circundante, y traza nuestra ruta hacia un mundo mejor.

17 DE NOVIEMBRE DE 2017

Alfredo en la Ciudad

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a Ciudad tiene privilegios que a veces no apreciamos como sería necesario. Esos privilegios incluyen que el historiador Alfredo Castillero - que este año cumple sus 80 – sea uno de los colaboradores asociados a la Ciudad, y al Centro Internacional de Desarrollo Sostenible.

No sólo se trata aquí de que el Dr. Castillero sea hoy uno de los historiadores latinoamericanos de mayor prestigio internacional, gracias a una extensa obra que ha rescatado para el presente y el futuro de nuestro país el pasado colonial de Panamá, del siglo XVI al XVIII. 16

Transiciones de la Biosfera a la Noosfera, 1938. https://www.academia.edu/22554569/V_I_ Vernadsky_La_biosfera_y_la_noosfera

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Más allá de las galas del mundo, esa obra nos permite hoy entender tanto la compleja transición – y sus consecuencias – entre el pasado prehispánico del Istmo y la sociedad panameña que fue tomando forma tras la Conquista, como el origen de las funciones que Panamá ha venido cumpliendo en el desarrollo del mercado mundial a lo largo de cinco siglos. Además de eso – que por sí solo bastaría para honrar el privilegio de la Ciudad -, el Dr. Castillero ha cumplido, y cumple, un papel de gran importancia en la promoción y defensa de las Humanidades en nuestra cultura. Y esto, a su vez, ha tenido y tiene una importancia que debemos comprender mejor para el desarrollo de las ciencias naturales en nuestra sociedad. El conocer, en efecto, es una de las características que distingue a la especie humana. La calidad y eficacia en el desarrollo de esa característica están íntimamente vinculadas con la relación que guarden entre sí los distintos campos del saber. Así, las ciencias naturales cumplen un importante papel en el desarrollo de la Humanidades, al permitirles disponer de evidencias indispensables para comprender las relaciones de nuestra especie con su entorno. Las Humanidades, por su parte, aportan a las ciencias naturales evidencias que les permiten comprender los procesos de formación y las alternativas de transformación del entorno social y cultural en que llevan a cabo su actividad productiva. En esta perspectiva, el Dr. Castillero nos ha dejado aportes de gran importancia en textos a veces muy breves, como el ensayo que publicara en 1973 en la revista Nueva Sociedad, en el que analiza el papel de la organización del tránsito interoceánico por Panamá a partir del siglo XVI en la formación y el desarrollo de la sociedad que somos hasta hoy. El Dr. Castillero llama transitista a esa organización, que concentra el tránsito por una sola ruta, bajo el control de un único poder estatal, como concentra en quienes controlan ese poder los beneficios que genera el tránsito, y pone al servicio de esa actividad todos los recursos


y todas las actividades del país. El transitismo es un concepto abstracto que nos permite caracterizar y analizar una amplia gama de realidades concretas, y ayuda a comprender mejor las modalidades particulares de participación de Panamá en el desarrollo general del capitalismo a escala mundial. Ese concepto tiene un enorme valor para la investigación de nuestra historia. El historiador, como dijera en otro momento el Dr. Castillero, “debe partir de una teoría o de una hipótesis”, para no investigar a ciegas, pues sólo logrará resultados “si sabe lo que está buscando.” El transitismo, justamente, nos ofrece un punto de partida no sólo para indagar en nuestro pasado sino – y, sobre todo – para comprender nuestras opciones de futuro. A esa indagación sobre el pasado está dedicada su conferencia de 1996 titulada “Mitos, realidades y conciencia histórica: nuevos retos del historiador panameño”. De entre esos retos, destaca el de comprender “cómo se ha formado la conciencia histórica del panameño”, para superar una situación en la que la investigación y la enseñanza de la historia se encuentran “presas tanto de un soporífero tradicionalismo como de su aliado vergonzante, igualmente anquilosado y estéril, el marxismo vulgar.” Lo que otorga categoría científica a la historia, en efecto, es “la naturaleza de sus instrumentos de análisis y la riqueza del aparato documental en que se apoya.” Esos instrumentos son los que permiten al historiador formular al pasado preguntas pertinentes para nuestro futuro, que solo pueden encontrar respuesta cierta en la medida en que el historiador encuentre los datos y hechos comprobables que la sustenten. De este planteamiento se desprenden tareas que van desde una “renovación radical” de los planes de estudio en los tres niveles de enseñanza, hasta “liberar a la historia de su servidumbre política”, y comprender a Panamá en el mundo – como la expresión glocal, diríamos nosotros, de un proceso global en el que nuestro país ha cumplido y cumple un papel que nunca ha sido de mera servidumbre dócil.

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La importancia de la obra de Alfredo Castillero para la promoción del humanismo – y de su expresión académica, las Humanidades – no puede ser subestimada en tiempos en que un pragmatismo vulgar busca reducirlo todo a la invocación de supuestas leyes que están por encima de la voluntad humana. Las realidades que esas leyes expresan, en efecto, han sido creadas por las formas en que hemos organizado y reorganizado, una y otra vez, las relaciones de trabajo y producción que nos permiten interactuar con la naturaleza para el desarrollo de nuestra propia especie a lo largo de una historia de al menos cien mil años. Hoy la Humanidad se encuentra ante una crisis de escala planetaria que incluye entre sus opciones de futuro tanto el paso de la civilización que conocemos a la barbarie que aflora una y otra vez en las formas en que encaramos nuestros problemas sociales, políticos y ambientales, como en la creación de formas superiores y realmente sostenibles de desarrollo. Ante esa situación, la obra del Dr. Castillero ofrece espacios y motivos de diálogo, abiertos a todas las corrientes de pensamiento que estén en capacidad de aprovechar su enorme riqueza. Tal es el privilegio de contar con Alfredo en la Ciudad. No solo se trata de que él sea el más universal de nuestros historiadores. Su obra, en verdad, no sólo nos ofrece una visión inédita y estimulante de nuestro pasado: además, ella será indispensable para contribuir a la construcción de la República próspera, equitativa, solidaria, segura de sí – y por todo ello democrática-, que sin duda merecemos ser.


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El país de la Ciudad

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on muchas las imágenes del país en que vivimos, y de su futuro. Algunas están asociadas al crecimiento sostenido que ha conocido nuestra economía en la última década. Otras enfatizan el contraste entre ese crecimiento y la persistencia de las diferencias sociales entre los panameños, y otras más resaltan los peligros que enfrentan los recursos naturales del país ante un crecimiento que tiene mucho de predatorio. Cuando una de esas imágenes incorpora una visión del futuro, se convierte en una hipótesis de país. Una de esas hipótesis dice que la riqueza generada por el crecimiento servirá eventualmente para resolver los demás problemas del país. Otra plantea que la desigualdad amenaza al crecimiento porque impide desarrollar nuestros recursos humanos, y genera un riesgo creciente de conflictos sociales. Y otra entiende que ni el crecimiento ni la igualdad podrán sobrevivir a un deterioro cada vez más grave del ambiente y los recursos naturales de Panamá. Conocer esto es importante, porque la hipótesis de país - consciente o no-, que cada entidad y cada institución tiene del país desempeña un importante papel en la definición de sus metas, la organización de sus actividades y la asignación de sus recursos. La Ciudad, por ejemplo, se piensa a sí misma dentro de un proceso histórico que abarca al país entero, y dentro del cual ella tiene una función que cumplir. Ese proceso es el de la transformación de Panamá en un Estado nacional plenamente soberano, con un papel de importancia creciente en el mercado global. Y la función de la Ciudad dentro del mismo es contribuir al desarrollo de formas innovadoras de gestión del conocimiento, que faciliten hacer de Panamá una nación próspera, equitativa, sostenible y democrática.

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Esa ubicación en el tiempo tiene también una expresión en el espacio. De momento, las transformaciones que ha conocido Panamá han desembocado en una situación caracterizada por un crecimiento económico sostenido; una inequidad social persistente; una degradación ambiental constante; un deterioro institucional creciente, y un conflicto que se incrementa entre viejas y nuevas formas de entender a la sociedad que somos y a la identidad que nos define. La Ciudad sustenta su visión en la superioridad del tiempo sobre el espacio. Los procesos que vivimos dan lugar a situaciones de poder y control sobre el espacio nacional que van siendo desbordadas una y otra vez por los cambios que esos procesos generan. La Ciudad nació en uno de esos espacios, pero no se agota en él: por el contrario, trabaja con otras organizaciones del país y del exterior en ampliar ese espacio, para facilitar el desarrollo del proceso del cual ha surgido. La hipótesis de la Ciudad también se sustenta en la convicción de que la realidad es superior a las ideas, que van siendo reemplazadas en la misma medida en que no alcanzan a dar explicación y sentido a las transformaciones por las que vamos atravesando. Así, por ejemplo, frente a la idea de que Panamá sólo se puede desarrollar imitando lo que otros hacen, la Ciudad demuestra en la realidad que la innovación puede y debe ser un importante factor en la construcción de nuestro futuro. Ninguna de las otras hipótesis basta por sí misma para explicar el origen de la Ciudad y su papel en el nuevo desarrollo de Panamá. Para la del crecimiento, hubiera quizás sido más productivo parcelar y vender al mejor postor los terrenos de la Ciudad; para la de la inequidad, hubiera convenido más instalar en la Ciudad un gran centro escolar público y proyectos de vivienda para sectores de bajos ingresos, y para la de la conservación ambiental lo mejor hubiera sido reforestar todas las áreas verdes y hacer de la Ciudad un gran parque natural con residencias para ambientalistas de clase media y locales de oenegés de desarrollo sostenible.


La hipótesis de la Ciudad, sin embargo, incorpora lo que hay de cierto en las demás – la necesidad del crecimiento, de la equidad, y del aprovechamiento sostenible de los recursos naturales -, y las trasciende al plantear que todo eso requiere avanzar en la creación de una sociedad diferente a la que tenemos hoy. Así, la Ciudad entiende que la contradicción principal que el país enfrenta es la que existe entre el crecimiento sostenido y la inequidad persistente. Esa contradicción no tiene solución a través de medidas de reparto de algunos de los frutos del crecimiento. La solución está en el cambio social, que amplíe las bases del crecimiento, y haga los mismo con nuestro mercado interno, y con las posibilidades de ocupación útil de todas las capacidades humanas que el país despilfarra hoy en actividades improductivas, e incluso destructivas. La Ciudad entiende, en breve, que – como lo advirtiera José Martí hace ya 133 años Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza.17 La hipótesis de la Ciudad está – debe estar - en el núcleo mismo de nuestra manera de entender al mundo y de actuar en él. Desde allí definimos nuestras políticas, establecemos nuestras prioridades y organizamos nuestras actividades para seleccionar, atraer y fidelizar clientes; atender de manera sostenible nuestras infraestructuras y nuestros activos; trabajar en alianza con nuestro entorno local y nacional, y para consolidarnos como institución que expresa, desde el Panamá que existe, otro que ya es posible porque es cada vez más necesario. 17

“Maestros ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII, 289.

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Recorrer ese camino no ha sido ni será una tarea sencilla. Con todo, tenemos una ventaja: no tenemos que andar a ciegas. Por el contrario, hacemos camino al andar en la mejor de las direcciones.

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Las Humanidades en la Ciudad

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l conocer es una de las características que distingue a la especie humana. La calidad y eficacia en el desarrollo de esa característica están íntimamente relacionadas con dos factores de gran importancia. Uno es la forma en que cada sociedad organiza sus procesos de producción, de difusión y de aplicación del conocimiento. El otro es la relación que, dentro de esa organización, guarden entre sí los distintos campos del saber. Esos dos factores han tenido expresiones muy diversas a lo largo de la historia de los humanos. En la Antigüedad Occidental, por ejemplo, las actividades productivas estaban a cargo de esclavos o de pequeñas unidades familiares de campesinos o artesanos libres. En esas sociedades el conocer fue ante todo un privilegio de quienes podían permitirse el lujo de poseer esclavos. El conocer, en esa sociedad, fue organizado en torno al amor a la sabiduría, que es el significado original de la palabra filosofía. Y esa organización tuvo una expresión institucional, la Academia, en la que los filósofos instruían a sus discípulos y debatían entre sí. Así, al interior de la filosofía tuvieron lugar los grandes aportes de los griegos a la reflexión ordenada en torno a temas que iban desde la condición humana hasta la estructura de la materia, del planeta Tierra y del universo, y de la naturaleza del propio conocimiento. En cambio, el conocer al servicio de las actividades productivas tuvo un lugar muy secundario, a partir sobre todo de aplicaciones de disciplinas


como la geometría a la construcción, de la matemática al arte, y de la astronomía al culto religioso. En la Edad Media, tras la desintegración del Imperio Romano de Occidente, la tradición filosófica de la Antigüedad dio paso a la reflexión en torno a un tema particular: la naturaleza de Dios y sus relaciones con la comunidad de los cristianos, esto es, la Teología. Ese cambio acentuó la brecha entre la actividad productiva, fundamentalmente agrícola y artesanal, de niveles tecnológicos y de productividad muy bajos, y la actividad reflexiva, que pasó a ser el privilegio de un sector muy reducido de especialistas religiosos. Así ejercido, el conocer encontró su institución fundamental en el monasterio, donde el saber se concentró de tal manera que hacia el siglo IX era muy raro encontrar un laico que supiera leer y escribir. Pero, además, esa actividad reflexiva tendió a aislarse cada vez más de su entorno social, al adoptar como lengua de labor el latín. Ya para el siglo XII, el monasterio empezó a ceder su lugar a la Universidad, una institución urbana, donde el saber religioso pasó a interactuar con las necesidades de formación de abogados, administradores y otros especialistas para un mundo laico que iniciaba su evolución hacia el capitalismo. Allí se enseñaba y se debatía en latín, pero la vida cotidiana tenía lugar en las lenguas de los laicos. Así, para el siglo XIV empezó a formarse una cultura en lenguas nacionales, con la redacción en italiano de La Divina Comedia, por Dante Alighieri y, para el XVI con las traducciones de la Biblia al inglés, en 1514, y al alemán, en 1534. De este modo, la organización universitaria hizo parte del inicio de la transición de la Edad Media a la Moderna. Con esa transición el conocer fue pasando de ser una actividad fundamentalmente reflexiva a otra cada vez más asociada a las necesidades de la producción y el comercio. El capitalismo, en efecto, creó la ciencia como una forma del conocer estrechamente vinculada en su desarrollo al de la economía de

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mercado, en Europa primero, y a escala mundial después. Este proceso se vio beneficiado por el enorme flujo de información hacia Europa que se fue generando con el desarrollo del mercado mundial, y por el aprovechamiento de esa información para acelerar el desarrollo del nuevo mercado. De este modo, del siglo XVII en adelante el ordenamiento de esa información, puesta al servicio de necesidades productivas cada vez más diversas – desde la navegación a larga distancia hasta la producción en gran escala de alimentos y materia primas, y la formación de actividades industriales cada vez más complejas – fue dando lugar a formas cada vez más especializadas de organización del conocer, que se hacen evidentes en los grandes protagonistas de ese proceso. Así, Isaac Newton (1642 - 1727) fue un físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático; Charles Darwin (1809 – 1882) fue un naturalista, geólogo y biólogo, y Albert Einstein (1879 – 1955) un físico, nada más. Lo mismo ocurrió en el campo de las ciencias que se ocupan del estudio de la vida social. Allí, entre fines del siglo XVIII y comienzos del XX, se fueron forjando la ciencia política, dedicada al estudio del Estado; la economía, dedicada al del mercado, y la sociología, dedicada al de la sociedad. De este modo, la Universidad se fue tornando en una organización cada vez más compleja, estructurada en torno a los problemas de la producción material y de la creación de sociedades de un tipo nuevo. En el proceso, la antigua brecha entre la reflexión y la actividad productiva dio lugar a una relación cada vez más estrecha entre ambas, como entre sus agentes: la universidad, la empresa, la sociedad y el Estado. Esa nueva complejidad incluyó el desarrollo de un área nueva del conocer, las Humanidades, dedicada al problema de los fines del desarrollo humano, como a las ciencias naturales y sociales les correspondió el de la creación de los medios – económicos, políticos y sociales – necesarios para alcanzar esos fines. Así, las ciencias


naturales y sociales cumplen un importante papel en el desarrollo de la Humanidades, al ofrecerles información imprescindible para comprender los procesos de formación de las relaciones de nuestra especie con su entorno natural y social. Las Humanidades, por su parte, aportan a las ciencias de lo natural y lo social evidencias indispensables para comprender y valorar las alternativas de transformación del entorno social y cultural en que llevan a cabo su actividad productiva. Hoy, todo esto está cambiando al calor de una crisis global que pone en cuestión todas las premisas que han sustentado el desarrollo que hemos conocido. La existencia misma de la Ciudad es una prueba de este cambio, que lleva a la Humanidad hacia formas de interacción cada vez más estrecha entre los mundos del saber y del hacer en todas y cada una de sus sociedades. La creciente incertidumbre de nuestra circunstancia inmediata hace más valiosas que nunca a las Humanidades en su capacidad para mantener en primer plano el problema de los fines en el desarrollo de los medios que demandan las transformaciones en curso. Necesitamos como nunca de la historia, la filosofía, la antropología y los estudios culturales para iluminar desde el pasado nuestras opciones de futuro, y contribuir al cambio social que garantice la sostenibilidad del desarrollo humano. Ampliar la presencia de las Humanidades en la Ciudad constituye un desafío emergente cuya importancia seguirá creciendo en la tarea de contribuir a la formación de un mundo mejor.

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Innovación, cambio social y desarrollo humano en la Ciudad

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adie pondrá en duda que los humanos somos una especie singular. Somos la única, por ejemplo, que desde muy temprano en su desarrollo se ocupa de cuidar y alimentar a sus ancianos y a sus heridos. Somos también la única que ha desarrollado la capacidad de comunicarse mediante el uso de formas muy complejas de lenguaje, que permiten tanto coordinar procesos de trabajo en que participan muchos individuos, como comunicar a otros lo que aprendemos de esas experiencias de colaboración.

Todo esto ayuda a entender, también, que somos la única especie que no está estrechamente adaptada a ningún ecosistema en particular – como el oso polar al ártico; el camello al desierto; el león a la sabana africana y el jaguar al bosque húmedo tropical americano. Por el contrario, hemos sido capaces de adaptar ecosistemas muy diversos a las necesidades de nuestra existencia, y de crear ecosistemas artificiales – como la Estación Espacial Internacional – en los que podemos sobrevivir y trabajar fuera de la biosfera. Nuestra especie inició su desarrollo entre 6 y 2 millones de años atrás, según diversas estimaciones. Ese desarrollo se aceleró cuando los humanos aprendieron a controlar el fuego – en un camino que nos llevó desde ser capaces de encender y mantener una hoguera, hasta encerrar el fuego en los pistones de un motor de combustión interna. Hay quien estima que eso ocurrió hace un millón y medio de años, al menos; otros entienden que fue en fecha más reciente. De lo que nadie duda es de que el dominio del fuego fue, y sigue siendo, un factor decisivo en nuestro desarrollo.


Sin embargo, la circunstancia que realmente nos trajo a donde estamos ocurrió tras el fin de la Edad del Hielo, hace unos veinte mil años. Con ello, la Tierra ingresó a un régimen de clima mucho más benigno para nosotros, que facilitó la transición a la agricultura en al menos siete regiones distintas del Planeta entre diez y siete mil años atrás. Una de esas regiones, por cierto, es la que hoy llamamos América, donde ocurrieron al menos cinco procesos de transición a la agricultura, en el México central, la Amazonía, los Andes, el norte de Ecuador y la cuenca baja del río Santa María, cerca de Divisa, en Panamá. El desarrollo de la agricultura favoreció el crecimiento de la población humana, y el paso de la domesticación de las plantas a la de los animales, abriendo paso a una economía que combina hasta hoy la producción agropecuaria con la recolección de especies no domesticadas, a través de la caza y la pesca. Por otro lado, el excedente de alimentos generado por la nueva economía permitió a diversos sectores de la población dedicarse a actividades que iban desde la producción artesanal – como en el caso de la alfarería y la metalurgia – hasta la guerra y la administración de la riqueza social. De este modo, en sociedades que no tenían una economía de mercado como la conocemos hoy, una parte importante de ese excedente fue invertido en la construcción de centros ceremoniales, edificios administrativos, residencias y gastos suntuarios de la élite social, y en el desarrollo constante de capacidades militares. Al interior de ese proceso de desarrollo a escala mundial se han forjado las relaciones entre el saber y el hacer que definen a la civilización que conocemos. Esa forja ha ocurrido a través de un proceso en el que la solución de cada problema ha conducido a problemas nuevos y más complejos. Así, por ejemplo, las universidades europeas no desempeñaron un papel relevante en el origen de la primera Revolución Industrial, pero esa Revolución creó las condiciones para transformar a las universidades, sin las cuales hubiera sido imposible el pleno aprovechamiento y desarrollo de los frutos de aquella.

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Hoy, nuestra especie se encuentra inmersa en otro proceso de transformación civilizatoria. Hemos ingresado en una hora de los hornos, como decía José Martí, en la cual “no se ha de ver más que la luz.” Aun así, estamos rodeados de sombras de pobreza, hambruna, enfermedad y violencia en todas las regiones del Planeta. La combinación de crecimiento sostenido con inequidad persistente, deterioro ambiental constante y desintegración institucional creciente afecta en todas partes a los humanos. Esta circunstancia otorga especial importancia a dos lecciones que podemos aprender del camino que hemos recorrido. La primera es que somos una especie innovadora por naturaleza. La segunda es que la innovación ha sido y es un importante generador del cambio social, y que la interacción entre ambos genera la energía que ese cambio requiere. Hoy, entender esa relación entre la innovación y el cambio social nos facilita la tarea de conducir el proceso de transición civilizatoria en dirección a una etapa nueva en el desarrollo de nuestras mejores características como especie. Si no, predominarán las peores, y nos llevarán de vuelta a la barbarie. Tal es la circunstancia en que nos ha correspondido ejercernos como humanos. Tal, la tarea que tenemos entre manos: abrir camino al porvenir de los humanos mediante el estímulo a una innovación que facilite el cambio social, para contribuir a generar los bienes materiales y espirituales necesarios para encarar los males que hemos creado a lo largo del desarrollo que nos trajo hasta aquí.


29 DE DICIEMBRE DE 2017

El trabajo de la Ciudad

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n nuestro país, el propósito de promover la innovación para el cambio social es innovador en sí mismo. Por lo mismo, supone desafíos de orden cultural y gerencial que la Ciudad debe encarar. Nuestro principal desafío cultural consiste en saber quiénes somos, y por qué es necesario hacer lo que hacemos. La respuesta más directa y sencilla, por supuesto, es que somos una fundación privada sin fines de lucro que promueve y facilita la innovación para el cambio social en Panamá y (ojalá) el mundo. Lo complejo viene después: ¿por qué es necesario hacer este trabajo en nuestro país, y por qué la Ciudad es un medio adecuado para hacerlo? La respuesta a estas preguntas está en nuestro entorno. Panamá ya no es el país que era a fines del siglo XX, pero aún no es el que puede llegar a ser a mediados del XXI. Aquí coexisten, de manera contradictoria, mentalidades del siglo XIX, estructuras de gestión del XX, e iniciativas de cambio que anuncian el XXI. Para la Ciudad, esto significa que somos parte de una sociedad en transición, dinamizada por la incorporación del Canal a nuestra economía interna y por nuestra creciente integración al mercado global. Ha sido en el marco de esa transición que hemos surgido y nos hemos desarrollado con el propósito de contribuir a que ella nos lleve a crear una sociedad más próspera, más equitativa, realmente sostenible y de mayor solidez institucional que cualquiera de las que hemos tenido en el pasado. Cabe decir, en este sentido, que la transición histórica que nos ha tocado vivir define a un mismo tiempo la razón de ser de nuestro trabajo, la circunstancia en que debemos llevarlo a cabo, y los propósitos que lo animan. Se trata, en suma, del por qué, el cuándo y el

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para qué de nuestra labor de cada día, y por lo mismo se trata, también, del núcleo de la cultura institucional que necesitamos construir. Desde ese núcleo, cabe definir con cierta precisión algunos de los contenidos de la cultura institucional que todo gerente y todo especialista de la Ciudad debe dominar para ejercer su trabajo con verdadera eficiencia. En primer lugar, están por supuesto los conceptos de innovación y de cambio social, a partir de los cuales se define el propósito de ese trabajo, y las formas más adecuadas para llevarlo a cabo. Y en segundo lugar está el dominio del entorno local y global en el que esos conceptos guían nuestro trabajo. La transición por la que atraviesa hoy la sociedad panameña hace parte de las enormes transformaciones que van marcando el desarrollo del moderno sistema mundial. Así, nuestra transición no excepcional, pero si es específica. La importancia de esto se aprecia mejor cuando se discuten propuestas de imitación de lo ocurrido en otras sociedades. Singapur ha sido un caso característico, por la atracción que ejercen en algunos sectores de nuestra sociedad algunos aspectos de su desarrollo tecnológico, financiero y logístico, así como el carácter autoritario de su cultura política. Sin embargo, Singapur carece – por ejemplo – de los problemas que aquejan al sector agropecuario panameño, porque es una ciudad – Estado sin tierras agrícolas, e importa sus alimentos de Malasia y otros países de su entorno. En ese sentido, Panamá cuenta con ventajas comparativas que Singapur podría querer para sí, y con tradiciones culturales y de vida social que ofrecen un gran potencial para un desarrollo inclusivo y sostenible en una sociedad democrática. Parte de los problemas de nuestra sociedad, sin embargo, radica en que no conocemos, o no apreciamos como deberíamos esas ventajas, y no aplicamos nuestras capacidades para crear las innovaciones capaces de generar el cambio social necesario para hacerlas realmente competitivas.


Hoy, más que nunca, podemos entender que “se imita demasiado, y que la salvación está en crear.” Hoy, sobre todo para los jóvenes, se va haciendo evidente que el verbo crear debe ser “la palabra de pase de esta generación.”18 Pero esto hay que hacerlo en el mundo real, y hay que conocer ese mundo si queremos crecer con él, para ayudar a transformarlo en un sentido correspondiente a nuestros valores y a nuestras aspiraciones. La Ciudad llegará a hacer lo que nosotros seamos capaces de ser. Y eso depende en una medida fundamental de cada uno, en el marco de la labor que compartimos todos en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo, en el que las oportunidades marchan de la mano con los riesgos, y abren posibilidades inéditas para encarar y resolver los problemas que hemos heredado de ayer y de anteayer, y prever y atender los que surjan de nuestros propios logros.

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“Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 20.

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2018 “¿Qué debe saber una Ciudad del Saber? Debe saber en primer término por qué y para qué existe, conocer el mundo en que existe, y comprender las dificultades y las oportunidades que ese mundo le presenta para cumplir su labor. La respuesta a preguntas como estas siempre nos trae preguntas nuevas, a menudo sin respuesta definitiva. Para la Ciudad esa es una ventaja, porque es a través de ese cuestionar incesante que la experiencia se convierte en conocimiento.” “El saber de la Ciudad”, 2 de noviembre de 2018. 5 DE ENERO DE 2018

La Ciudad en el mundo

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ace tiempo ya dijimos que la Ciudad debía crecer con el mundo, para ayudarlo a crecer. Entonces, sin embargo, el mundo no presentaba (todavía) las complejidades que lo caracterizan hoy, y era más sencillo imaginar ese crecimiento. Hoy las cosas se presentan con otras tonalidades, que probablemente se acentuarán en este 2018. Como sabemos, fue el desarrollo del capitalismo el que creó por primera vez en la historia de la Humanidad un mercado mundial, en un proceso que se inició en el siglo XVI y todavía está en desarrollo. Antes de eso existían mercados – mundo – como los llamó el historiador francés Fernand Braudel, constituidos por grandes unidades territoriales organizadas en torno a un centro de poder, como Roma, en el Mediterráneo antiguo; Beijing en el imperio chino, o Cuzco, en el imperio incaico.

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El mercado mundial se desarrolló en torno a la Europa Noratlántica, y se fue estructurando en torno a potencias económicas sucesivas. Holanda fue la primera; Inglaterra, la segunda, y después Estados Unidos, cuando el centro se desplazó a la otra ribera del Atlántico. Hoy, el proceso continúa, y muchos piensan que China será la nueva potencia hegemónica en ese mercado. Es probable, sin embargo, que eso no sea así. Estas transiciones, en efecto, operan a través de las transformaciones en el sistema mundial organizado en torno al nuevo mercado que hace posible su funcionamiento. Así, en su fase ascendente ese mercado se organizó como un sistema colonial, en el que un pequeño grupo de países europeos controlaba la fuerza de trabajo y los recursos naturales de enormes extensiones territoriales en Asia, África y las Américas. Durante ese período – sobre todo del siglo XVIII hasta comienzos del XX-, la potencia dominante en aquel sistema mundial fue Inglaterra. Sin embargo, otras potencias – en particular Alemania – pasaron a disputarle a Inglaterra esa posición hegemónica a lo largo de un período que se inicia con la I Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, y la II, entre 1939 y 1945, además de una cantidad de guerras regionales en Asia, África y Europa entre 1918 y 1938. De todo ello resultó el paso de los Estados Unidos a una posición hegemónica, pero – y porque – en el proceso se había forjado un sistema mundial muy distinto. Entre 1950 y 1960, en efecto, el sistema colonial se desintegró y pasó a convertirse en un sistema internacional integrado por unos 200 Estados independientes. Esos Estados controlaban sus propios mercados nacionales, que comerciaban entre sí – sobre todo – a partir del intercambio de materias primas de los nuevos países independientes, por bienes industriales provenientes de las economías más desarrolladas. Estados Unidos podía encontrar en esa transformación una situación extremadamente favorable, en la medida en que era la primera y única sociedad creada por el capitalismo y para el capitalismo, cuya moneda


había pasado a ser de uso universal. Esto lo liberó a un tiempo del legado parasitario de las sociedades monárquicas, y del enorme costo militar y económico de la administración de un sistema colonial, y le facilitó invertir sus recursos en la innovación tecnológica, industrial y gerencial. Desde fines del siglo XX, sin embargo, esa situación está cambiando otra vez. Hoy, el mercado mundial funciona sobre todo a partir del comercio entre corporaciones transnacionales que cuentan con el poder suficiente para acotar cada vez más el poder de los Estados nacionales. Eso ha incluido importantes procesos de desarticulación y rearticulación de las actividades productivas y comerciales, buscando sin cesar la mejor relación entre el costo y el beneficio. Y aquí aflora un hecho singular: dos de las mayores potencias económicas emergentes – China y la India – cuentan con una enorme fuerza de trabajo en su propio territorio o en territorios cercanos, y eso se ha convertido en una ventaja comparativa decisiva en esta etapa de la transición. En efecto, solo el trabajo produce valor, y cuando ese proceso de producción de valor se ve complementado con el aporte de la innovación tecnológica y el cambio social, el impulso económico generado se torna incontenible. Eso no significa, sin embargo, que alguna nueva potencia individual pueda sustituir a los Estados Unidos como potencia hegemónica en el mercado mundial. Ese mercado está cambiando con rapidez de su condición internacional anterior a su condición global emergente. En ese proceso toma forma también un nuevo sistema mundial que, sin perder su estructura internacional formal, se organiza en regiones económicas que se vinculan entre sí mediante flujos comerciales y financieros cada vez más complejos. Una de ellas – probablemente la de Asia-Pacífico, incluyendo a California – hegemonizará la nueva fase del proceso en curso. Un mundo así presenta singulares oportunidades de desarrollo para Panamá, como punto de tránsito interoceánico y como puente terrestre entre las Américas. Podemos intuir esas oportunidades, y el modo en

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que la Ciudad puede contribuir a aprovecharlas. Sin embargo, aún es difícil identificarlas con precisión, porque nuestras formas y nuestros medios de pensar todavía son las del mundo que se desvanece. Superar esa barrera cultural, entender y ayudar a entender el mundo nuevo de un modo que nos permita aprovechar desde temprano aprovechar sus oportunidades y evadir los riesgos que pueda plantearnos, es el principal reto cultural que enfrenta nuestra sociedad en estos momentos. Contribuir a superar un reto tan novedoso, sin precedentes históricos, requiere de formas innovadoras del pensar y del hacer. Tal es el lugar, tal el por qué, de la Ciudad en este momento nuevo de nuestra historia.

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Naturaleza, ambiente y negocios ambientales “la intervención humana en la Naturaleza acelera, cambia o detiene la obra de ésta, y … toda la Historia es solamente la narración del trabajo de ajuste, y los combates, entre la Naturaleza extrahumana y la Naturaleza humana” José Martí19

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l ambiente es el resultado de las intervenciones humanas en la naturaleza, mediante procesos de trabajo socialmente organizados. En otras palabras, el ambiente hace parte de la naturaleza, pero no es idéntico a ella porque es producido voluntaria e involuntariamente por los seres humanos mediante el trabajo necesario para transformar los 19

“Serie de artículos para La América”. “Artículos varios”. Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XXIII, 44.


elementos naturales en recursos que pasan a formar parte de todo otro proceso de producción y consumo de bienes y de servicios. Y esto incluye, por supuesto, la producción y disposición de los desechos sólidos, líquidos y gaseosos que resultan de tales procesos en cada sociedad, que forman parte también de su ambiente y sus paisajes. De este modo, así como hay una historia natural – cada vez más entendida como una historia ecológica, esto es, de los ecosistemas -, también existe una historia ambiental, que se ocupa de las formas en que cada sociedad ha organizado sus intervenciones en el medio natural a lo largo del tiempo, produciendo los ambientes y paisajes que las han caracterizado. En ese sentido, la historia ambiental expresa también una economía ambiental, que se ocupa de los procesos de generación de valor y de costos en la producción de su ambiente por cada sociedad, y las formas en que esto incide en el desempeño general de su economía. Esa economía ambiental ha venido a tomar forma en el proceso que ha dado lugar a la formación de un mercado – aún emergente – de servicios ambientales. Ese proceso ha sido uno de los resultados del decreciente deterioro de la biosfera asociado a la llamada “Gran Aceleración” en la demanda de recursos naturales y servicios ambientales generada a escala planetaria por el incremento sostenido del crecimiento económico y demográfico de mediados del siglo XX a nuestros días. En el curso de ese periodo, por ejemplo, la población mundial – que hacia 1800 era de unos 1000 millones de seres humanos – se multiplicó por 3, pasando de 2500 a 7500 millones, mientras el consumo de energía se multiplicaba por 10, sobre todo a cuenta del uso de combustibles fósiles. Aquí es interesante notar que la gran mayor parte de ese incremento en el consumo de energía ocurre en las economías desarrolladas, mientras la del crecimiento demográfico ocurre en las

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subdesarrolladas – en cuyos territorios, al propio tiempo, se ubican las mayores reservas de los recursos naturales de los que depende el futuro de nuestra especie. Esa es otra, entre muchas más, de las contradicciones que han animado y animan el desarrollo del moderno sistema mundial. Ese proceso de desarrollo ha dado lugar también a una vasta destrucción de ecosistemas, la sobre explotación de recursos naturales, la producción masiva de desechos contaminantes, y el incremento en la variabilidad climática. Y todo esto sigue ocurriendo a un ritmo que anuncia ya el ingreso en una fase nueva de la historia del sistema Tierra. Esa nueva era ha sido llamada el Antropoceno, porque en ella la intervención humana en la naturaleza ha alcanzado la dimensión de una fuerza geológica. El deterioro general de la biosfera que caracteriza al Antropoceno afecta su capacidad de proveer servicios como la oferta de agua, la renovación de la fertilidad del suelo, el procesamiento de desechos y la contribución a la estabilidad del clima. Todo esto, a su vez, genera un proceso de deterioro y encarecimiento crecientes de las condiciones naturales de producción de las que dependen en mayor o menor grado todas las actividades económicas de nuestra especie. Aquí resalta el hecho de que este deterioro en la oferta de servicios ecosistémicos que ofrece la naturaleza da lugar a una demanda creciente de producción de servicios ambientales. Dicha producción opera, por ejemplo, a través de la inversión de recursos y trabajo en la gestión de cuencas y la de desechos; la restauración de ecosistemas degradados; el desarrollo de fuentes alternativas de producción de energía, y la mitigación y adaptación ante el cambio climático. En ese proceso se forma además una peculiar renta ambiental asociada a la preservación y aprovechamiento de áreas protegidas y otras afines, mediante actividades productivas como el ecoturismo y la bioprospección. De este modo, la formación de un mercado de servicios ambientales hace parte de la de un sector nuevo en la economía general. Ese nuevo


sector ambiental se agrega a los tres sectores tradicionales – agrícola, industrial y de servicios -, que necesitan de esos servicios para su funcionamiento. En su fase inicial, el sector ambiental va tomando cuerpo a partir de al menos tres líneas de actividad. Una es la oferta de servicios para la adaptación de la actividad productiva a normas ambientales de comercio internacional cada vez más complejas; otra consiste en el uso de recursos antes ociosos para aprovechar demandas de nuevo tipo – como el ecoturismo o la captación de emisiones de carbono, y otra más consiste en la generación de innovaciones para ofrecer servicios de nuevo tipo, como la restauración de ecosistemas degradados y el desarrollo de tecnologías de reducción, reutilización y reciclaje de materias primas y desechos del consumo. Con todo, lo más relevante de la economía ambiental y las oportunidades que ofrece se ubica aún más allá, en la producción de las condiciones sociales que requiere su desarrollo. En efecto, siendo el ambiente el producto de las intervenciones humanas en la naturaleza mediante procesos de trabajo socialmente organizados, si se desea un ambiente distinto será necesario promover y facilitar la creación de una sociedad diferente. En este sentido, por ejemplo, el sector ambiental de la economía está íntimamente asociado a la promoción tanto de la innovación tecnológica como del cambio social que la haga a un tiempo rentable en el mercado y sostenible en el tiempo. Esto genera nuevas formas de demanda asociadas al desarrollo del mercado de negocios ambientales. Una consiste en la generación de nuevos modelos de negocios, basados en cadenas de valor inclusivas, que contribuyan a la formación de una amplia base social en el conjunto de la economía. Otra, estrechamente asociada a la anterior, consiste en la generación y gestión de las nuevas ofertas de formación y capacitación necesarias para facilitar el paso del modelo de economía lineal hoy dominante – que asume a su huella ambiental y sus desechos como externalidades que se transfieren a otros -, a

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una economía circular capaz de internalizarlos como insumos para nuevas actividades productivas. Y otra más, naturalmente, consistirá en la creación del tipo de Estado que esté en capacidad de promover y facilitar esas transformaciones. América Latina está bien posicionada para abrir paso a esta transición y desarrollar un vigoroso mercado de servicios ambientales. Nuestra región no solo cuenta aún con una importante oferta de elementos naturales como agua, bosques y biodiversidad. Además, dispone de una extraordinaria riqueza cultural tanto en los espacios donde aún predominan formas de organización económica de base comunitaria, como en una tradición intelectual de pensamiento crítico que ha venido ofreciendo aportes de gran importancia a la formación de un nuevo pensamiento ambiental. A las raíces de ese pensamiento se remonta la reflexión de José Martí sobre el vínculo entre la educación y la naturaleza en el desarrollo de nuestras sociedades cuando observaba, en 1884 que, puesto que “ser bueno es el único modo de ser dichoso”, como “ser culto es el único modo de ser libre”, era necesario reconocer que, “en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.” Y de allí concluía que “el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza.”20 Hoy, cuando la crisis en sus relaciones con la naturaleza enfrenta a nuestra especie al riesgo de un retorno a la barbarie – si no de su ingreso a la extinción – es más importante que nunca rescatar y poner nuevamente en valor ese legado cultural. Allí encontramos, en efecto, el trazo del camino que nos abre la oportunidad de escoger y construir nuestro destino dentro del conjunto mayor de la lucha que libra la Humanidad por su derecho a llegar a ser todo lo que puede ser.

20 “Maestros ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII, 289.


9 DE FEBRERO DE 2018

La Ciudad ante el riesgo global

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esde hace una década, el Foro Económico Mundial, que convoca cada año en Davos, Suiza, a los principales dirigentes empresariales y políticos del sistema mundial, da a conocer un Informe de Riesgos Globales elaborado por especialistas del más alto nivel.21 El informe analiza los riesgos según su grado de impacto y probabilidad, y los clasifica en cinco categorías: económica, ambiental, geopolítica, social y tecnológica. En 2008, por ejemplo, los cinco factores de riesgo más probables eran el colapso en el valor de los activos; la inestabilidad en el Medio Oriente; los Estados fallidos o en vías de fallar; el alza del precio del gas y el petróleo, y las enfermedades crónicas en el mundo desarrollado. Los de más alto impacto, por su parte, eran el colapso en el valor de los activos; el aislamiento con respecto a la globalización por parte de países desarrollados; el lento crecimiento de la economía de China; el alza de los precios del petróleo y el gas, y la posibilidad de pandemias. Diez años después, el panorama es otro. Ahora, los factores de riesgo ambiental figuran en un lugar destacado tanto por su impacto como por su probabilidad. Se trata, en particular, de los fenómenos meteorológicos extremos, desastres naturales, y el fracaso de las iniciativas de mitigación y adaptación ante el cambio climático, así como las crisis relacionadas con el agua. A esto el informe agrega, en su análisis de la situación global, la pérdida de biodiversidad y el colapso del ecosistema global, y los desastres ambientales provocados por la actividad humana. 21

World Economic Forum, Ginebra, Suiza. Strategic Partners: Marsh & McLennan Companies; Zurich Insurance Group. Academic Advisers: National University of Singapore; Oxford Martin School, University of Oxford; Wharton Risk Management and Decision Processes Center, University of Pennsylvania. https://www.weforum.org/reports/the-global-risksreport-2018

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Esos riesgos ambientales operan, además, en un entorno caracterizado por situaciones de “desigualdad e injusticia”, asociadas tanto a la creciente “disparidad de ingresos y riqueza” como al impacto de la automatización y la digitalización en el mercado laboral; de “tensión política a nivel nacional e internacional”, en particular en Asia y Medio Oriente, y de “vulnerabilidad cibernética” que permite ciberataques y fraudes de datos. Y a ellos se agregan, en el plano económico, “los precios insostenibles de activos, altos niveles de endeudamiento, en particular en China, y la presión continuidad sobre el sistema global financiero.” En cuanto al futuro, el informe destaca una serie de riesgos potenciales. En lo económico, las guerras comerciales y “una cascada de crisis económicas o financieras”. En lo social, “el incremento de la desigualdad como resultado de la bioingeniería y de drogas que potencian las habilidades cognitivas” y “la insuficiencia del suministro global de alimentos”. En lo político, lo que llama “las olas populistas que amenazan el orden social” y “la geopolítica de la identidad.” Finalmente, en lo tecnológico, “los efectos adversos de la Inteligencia Artificial sobre la eficiencia de internet”, la intensificación de los ciberataques entre estados, y la fragmentación de internet por temas regulatorios, de ciberseguridad o proteccionistas. En todo esto destacan dos elementos de interés para la Ciudad. Uno es la creciente dependencia del mercado global respecto a las tecnologías de la información. Otro, el deterioro ambiental del planeta, en su relación con el deterioro de las condiciones de vida de miles de millones de personas y con el desgaste de la institucionalidad política en todos los niveles del sistema mundial, que se expresa en la debilidad de la gestión de los riesgos que plantea ese deterioro. Desde la perspectiva de la Ciudad, lo planteado por el informe confirma las previsiones que hemos venido haciendo sobre las tendencias de evolución de algunos aspectos preocupantes en nuestro entorno operativo local y global. Y, sobre todo, confirma la necesidad de


una estrategia que vincule a la innovación con el cambio social necesario para encarar en toda su complejidad los riesgos que enfrentamos. A esto cabe agregar un hecho de especial importancia para nosotros. El informe, en efecto, facilita la tarea de identificar áreas de demanda en las que la Ciudad ha venido acumulando una importante experiencia a lo largo de década y media, como la gestión de la innovación, las tecnologías de la información, la biotecnología, la salud pública y la gestión ambiental. Los riesgos que señala el informe son compartidos por todas las sociedades del planeta. En cada una de ellas, enfrentar esos riesgos demandará formas innovadoras de gestión del conocimiento, la economía, la sociedad y las relaciones con la naturaleza. Así de poderosa fue la intuición del porvenir que llevó a concebir y crear a la Ciudad. Su momento verdadero ha llegado, y el país cuenta con ella para enfrentarlo.

23 DE FEBRERO DE 2018

Conectografía: la geografía de la Ciudad

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l libro Connectography: Mapping the Future of Global Civilization, del Dr. Parag Khanna, viene atrayendo un creciente interés en la comunidad de negocios globales.22 Para el autor, la organización de la comunidad global está cada vez más guiada por la conectividad económica que por la división política. Esto genera ya una nueva geografía funcional, en que las regiones están vinculadas entre sí por cadenas de suministro y líneas de infraestructura que trascienden las fronteras políticas tradicionales. 22 Las ideas principales sobre el tema han sido tomadas de https://www.cg-la.com/ documents/ThemeGlobalEconomyKhanna.pdf

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Esa geografía funcional se organiza en redes que tienen sus puntos de enlace en megaciudades - como en el corredor Boston-Nueva YorkWashington D.C., o el Chorrera – Panamá – Colón, en Panamá. Esas megaciudades definen nuevas regiones económicas que comercian entre sí, con importantes implicaciones para el presente y el futuro. En materia de gestión del conocimiento, esto demanda el desarrollo de capacidades innovadoras de análisis, para comprender a tiempo las nuevas formas y tendencias en que se va organizando el mercado global que vincula a esas regiones. En ese mercado, la capacidad de entender y asumir los retos y oportunidades que plantea esta geografía funcional definirá el dinamismo de cada economía. Por tanto, las formas de gestión correspondientes a esta nueva realidad deben ser tan innovadoras como ella. Por ejemplo, dice el autor, en esta circunstancia resultará ganador quien obtenga acceso a la reserva financiera mundial - estimada en unos US$ 300 trillones-, para invertir en el tipo de infraestructura que genere la conectividad necesaria para el crecimiento sostenido, y mayores y mejores oportunidades de progreso para el mayor número posible de ciudadanos. El planteamiento de Parag Khanna confirma y enriquece la estrategia de promover la innovación para el cambio social a escala glocal. La confirma, en cuanto amplía la escala de la innovación como problema prioritario en el mundo que emerge. Y la enriquece, porque proyecta el significado de la innovación a todos los ámbitos del saber y del hacer. Para la Ciudad, el crecimiento de las regiones de la nueva geografía funcional, sostenidas por la energía de sus nodos urbanos, tiene el mayor interés precisamente por su contraste con las unidades tradicionales de gestión propias de la geografía política convencional. En lo grande como en lo pequeño, en Estados Unidos y en China como en Panamá y sus vecinos, emergen ya economías regionales que demandan formas innovadoras de gestión social y política para lograr un desarrollo que sea dinámico por lo inclusivo que llegue a ser.


Así, cuando creíamos saber todas las respuestas, llegó la realidad a cambiarnos las preguntas. Las megaciudades y sus regiones ya son, y seguirán siendo, las fuerzas motrices fundamentales del desarrollo glocal. Esa es la geografía de la Ciudad. Tales son el tiempo y el espacio en que debe cumplir su misión.

2 DE MARZO DE 2018

Yo, ¿robot?

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omo dijo algún economista inglés hace siglo y medio, nunca se ha inventado nada para que las personas gente trabajen menos, sino para que produzcan más. El incremento de la productividad de entonces acá confirma aquel dicho: hoy, en promedio, “se produce entre 15 y 20 veces más por hora trabajada que a finales del siglo XIX”.23

Ese aumento formidable ha tenido y tendrá importantes consecuencias sociales. Una consiste en la eliminación de puestos de trabajo; otra, en el incremento del trabajo por cuenta propia, sin las garantías de seguridad social y atención sanitaria que ofrece el empleo formal, y otra más en la creciente “inestabilidad social profunda” que el Foro Económico Mundial considera como un factor clave de riesgo de nuestro tiempo. Todo eso tiende a incrementarse ahora con el uso masivo de robots en tareas que antes requerían trabajo humano, sobre todo de calificación mediana o baja. Así, el Buró Nacional de Investigaciones Económicas de los Estados Unidos estima que “por cada robot industrial introducido en la estructura laboral, se eliminan seis empleos.”24 Y, además, “cuando alguien pierde su trabajo a cierta edad, si encuentra uno nuevo, casi siempre tendrá una remuneración más baja.” 23 Torres López, Juan: ¿Acabarán los robots con el empleo?. https://www.alainet.org/es/ articulo/186167 24 Savio, Roberto: “Despedidos por los robots” https://www.other-news.info/noticias/ despedidos-por-los-robots/ . Por esa vía, en 2016 “Foxconn, el proveedor de Apple, redujo su fuerza laboral el año pasado, de 110,000 a 50,000 en Kunshan, gracias a la introducción de robots.”

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En países como Suecia, esta amenaza se ve compensada por políticas que disminuyen la jornada de ocho a seis horas, y protegen la capacidad de consumo de los trabajadores, garantizando un mercado interno para el incremento de la oferta productiva. En Iberoamérica suele ocurrir al revés: el incremento de la productividad se ve acompañado por el recorte de los puestos de trabajo y el aumento de las exportaciones hacia mercados de mayor poder adquisitivo. Así, en España el futuro está en peligro “no por los robots sino más bien porque el 24,2% de los jóvenes españoles de 20 a 34 años ni estudiaba ni trabajaba en 2015.” Y añade el autor: Por el contrario, si disminuyen las horas de la jornada de trabajo y cambia la orientación de la política económica la automatización y los robots podrían abrir una época de esplendor para el planeta, con mayor bienestar, respeto al medio ambiente y satisfacción humana generalizada.25 Así, el vínculo entre la innovación y el cambio social puede ser virtuoso o vicioso, según las circunstancias. Lo importante es recordar que esas circunstancias no son naturales, sino que están determinadas por la calidad de la organización y la capacidad de negociación de cada uno de los grupos sociales involucrados en este momento del desarrollo de nuestra especie, tan prometedor como amenazante. De eso se trata también, cuando hablamos de innovación para el cambio social.

23 DE MARZO DE 2018

El país de la Ciudad

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l país de la Ciudad empezó a tomar forma hacia 1520. Su territorio y su topografía eran muy semejantes a las de hoy, con la importante salvedad de que no existía un canal interoceánico 25 Torres López, Juan: ¿Acabarán los robots con el empleo?. https://www.alainet.org/es/ articulo/186167


en su centro. Existía en cambio un puente terrestre entre las Américas del Norte y del Sur, y algo más, que empieza a estar de vuelta: múltiples vías de comunicación terrestre entre ambos océanos, que facilitaban el comercio de las dos vertientes del Istmo entre sí, y de las civilizaciones chibcha y maya, en el Pacífico y el Caribe. Panamá, en efecto, ha tenido desde hace unos diez mil años lo que algunos llaman una “vocación de tránsito”, tanto interoceánico como interamericano, sustentada por las características naturales del Istmo. Que durante cinco siglos haya sido ejercida de manera exclusiva por una sola ruta – la que comunicaba entre sí a los valles del río Grande, al Sur, y del Chagres, al Norte -, es un hecho histórico, no natural. Y como tal, relativamente breve, además. La concentración del tránsito en una sola ruta – a lomo de esclavos, mulas y bongos, primero; por ferrocarril y por un canal, después – fue el resultado del interés de dos potencias mundiales en monopolizar esa actividad y sus beneficios. El significado más profundo del Tratado Torrijos-Carter de 1977 consiste en que, por primera vez en cinco siglos, el tránsito interoceánico y el uso de sus beneficios pasaron a ser responsabilidad del Estado nacional de la sociedad panameña. Ingresamos, así, a una etapa nueva de nuestra historia, cuyas consecuencias aún están en formación. Hoy, junto a las innovaciones que van surgiendo en nuestro entorno a partir de la creación de entidades como la Autoridad del Canal de Panamá y la Ciudad del Saber, empieza cambiar también la organización territorial de nuestra economía. Panamá cuenta ahora, por ejemplo, con cuatro nuevas vías interoceánicas, en Chiriquí, Veraguas, Coclé y la Comarca Guna Yala. Está en formación otra más, en Darién, y con la construcción del nuevo puente sobre el Canal en el Atlántico va tomando forma otra vez la posibilidad de vincularnos a la América del Sur por una ruta aún no determinada.

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Este proceso se verá acompañado más temprano que tarde por una reorganización funcional y territorial del Estado, que estimule y facilite – pro domo beneficio, en beneficio del propio hogar – el desempeño de las funciones que ha venido cumpliendo el Istmo pro mundi beneficio durante cinco siglos. Nuestra vinculación al proyecto de una ruta de la seda global, por ejemplo, apunta en esa dirección. Lo decisivo, sin embargo, ha sido y será la voluntad activa y creciente de los panameños en participar en la creación del mundo nuevo de mañana en el Nuevo Mundo de anteayer. Hay que trabajar con toda nuestra gente en esa dirección. Este es sin duda un tiempo de innovación para el cambio social en el país de la Ciudad.

13 DE ABRIL DE 2018

El camino y el andar

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Cree el aldeano vanidoso”, decía José Martí en 1891, “que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos.”26 “Lo que quede de aldea en América ha de despertar”, agregaba, porque entendía que era necesario crecer con el mundo, para ayudarlo a crecer. Andaba entonces nuestra América por donde anda hoy Panamá, en busca de vías y maneras de consolidarse en república, y facilitar el progreso y el bienestar de sus ciudadanos. En ese andar, ayuda encarar como un problema las ideas y las conductas que hemos dado por 26 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 15.


naturales durante una vida entera, para entender las realidades nuevas que las contradicen. En Panamá, hemos sido habituados a considerar que la posición geográfica del país determina su función de tránsito interoceánico en el mercado mundial, y define sus posibilidades de desarrollo. Sin embargo, otras vías y formas de tránsito interoceánico e interamericano fueron muy utilizadas antes de la Conquista europea y descartadas después. Y el país alberga otras posibilidades de desarrollo que la cultura del tránsito nos impide percibir y valorar con claridad. Tal es el entorno histórico y cultural en que debe ser llevada a cabo la misión de innovar para el cambio social. La nuestra es (primordialmente) una economía de servicios que no ofrece todos los que puede generar, ni ha desarrollado aún otras alternativas a su alcance, como las que ofrece la abundancia de agua y biodiversidad en nuestro territorio. El país, por otra parte, está aún poco y mal integrado para aprovechar a plenitud sus capacidades como puente terrestre. Y, sin embargo, se mueve. La transición de la aldea a la república genera ya iniciativas que surgen de la propia sociedad, a medida que los panameños van descubriendo las ventajas comparativas que revela una mirada de conjunto al país, y buscan cómo hacerlas competitivas con su propia iniciativa. En nuestra historia, todo esto constituye una gran innovación que expresa un importante proceso de cambio social en curso. En ese proceso, la misión de la Ciudad nos vincula de manera cada vez más a nuestra gente. Con ellos contribuimos a orientar la transformación que surge de los cambios acumulados en este siglo hacia la república inclusiva, democrática y sostenible que anima visión de futuro de la Ciudad.

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20 DE ABRIL DE 2018

Ciudad glocal

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a Ciudad está a un tiempo en Panamá y el mundo porque se ubica en un sitio en particular: la Plataforma de Servicios Globales que ha venido tomando forma en nuestra región interoceánica a lo largo de siglo y medio. Esa Plataforma ha sido y es profundamente innovadora. Nació con la construcción del primer ferrocarril interoceánico de las Américas entre 1850 y 1855, y comprende hoy tanto el Canal de Panamá como centros de servicios portuarios, logísticos, financieros y de coordinación regional para corporaciones transnacionales.

Desde esa Plataforma, la Ciudad hace parte de la red global de gestión del conocimiento para la innovación y el cambio social. Esos servicios permiten, a un tiempo, incrementar la competitividad de ventajas comparativas como la posición geográfica del país, y aprovechar otras que van ganando importancia glocal. Así, por ejemplo, la abundancia de agua y de biodiversidad, los saberes tradicionales de sus pueblos originarios, y la pequeña pero dinámica comunidad científica del país, ganan en valor cuando el mundo encara una crisis ambiental de escala planetaria. Esa crisis demanda servicios ambientales, que compensen la creciente escasez de servicios ecosistémicos – como la provisión de agua, de sumideros de carbono, y de suelos fértiles – debida a la destrucción de ecosistemas y la contaminación masiva del aire, el agua y las tierras del planeta. Esos servicios van desde la asistencia a empresas que necesitan moderar su huella ambiental hasta la restauración de ecosistemas degradados, el aprovechamiento productivo de la biodiversidad, y la aplicación de las TICs para optimizar el uso de recursos como el agua. El potencial de Panamá para el desarrollo de estas actividades es de una enorme amplitud. Con el apoyo de la Ciudad, por ejemplo, hemos


ganado ya experiencia en el fomento del capital natural mediante el fomento del capital social en actividades como el manejo sostenible de manglares. Sin embargo, eso es apenas un modesto primer paso en el camino hacia un desarrollo justo, inclusivo y competitivo. Aún hay mucho por hacer para crear las capacidades necesarias para insertar a la mayoría de la población en la nueva economía, y desarrollar una cultura de la innovación que optimice la calidad de esa inserción. Fines innovadores exigen medios que también lo sean. En el marco de esta glocalización de los problemas y oportunidades del siglo XXI, la Ciudad facilita la cooperación entre sectores muy diversos de la vida social, cultural y económica del país y su entorno con intereses convergentes en la sostenibilidad del desarrollo humano. Así, la Ciudad contribuye a promover un desarrollo centrado en el fomento de nuestras ventajas competitivas, y no en el mero acceso a las ventajas comparativas de nuestro territorio. Como el poeta, ella puede decir: “Yo vengo de todas partes / y hacia todas partes voy / arte soy entre las artes / y en los montes, monte soy.”

1 DE JUNIO DE 2018

El algodón y la Ciudad

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lguna vez los tejidos y la ropa de algodón no fueron parte de nuestra vida cotidiana. Hasta el siglo XVI, el hilado y el tejido del algodón se llevaban a cabo en la India, China y la América prehispánica, y una parte de esa producción artesanal se exportaba a Europa como un bien de lujo. Eso cambió en el siglo XVIII, mediante una serie de innovaciones tecnológicas ocurridas en Inglaterra. En 1733, John Kay inventó la lanzadera volante, que permitió mecanizar el tejido del algodón. La tarea de convertir la fibra de algodón en hilo que pudiera ser tejido – que hasta entonces se llevaba a cabo

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con la rueca y el huso de la Bella Durmiente – fue mecanizada con la invención de la máquina de hilar por James Hargreaves, en 1760 y la aplicación de la energía hidráulica a esa tarea por Richard Arkwright en 1769, y Samuel Crompton en 1779. Por esa vía, potenciada después con el desarrollo de la máquina de vapor, Inglaterra, un país donde no crece el algodón, vino a convertirse en el telar del mundo en el siglo XIX. Las innovaciones que permitieron este gigantesco incremento de la productividad fueron llevadas a cabo, nos dice Sven Beckert, por individuos que no estaban en capacidad de “recurrir a la ciencia teorética”, y carecían de “una educación esmerada.” 27 Eran, ¿simplemente?, “hombres habilidosos recluidos en minúsculos talleres, personas que apenas habían pasado por los ciclos de la formación académica,” y que ciertamente no contaron con los beneficios de centros de innovación y ángeles inversionistas. Innovaciones como esas abrieron paso a la Revolución Industrial, que creó la universidad moderna y transformó a la investigación y la educación en una poderosa fuerza productiva, de mediados del siglo XIX en adelante. Y fue el desarrollo de esa fuerza lo vinculó entre sí a la investigación, la educación y la innovación. Ese vínculo opera hoy la gestión del conocimiento, mediante sistemas cada vez más complejos, que llevan constantemente a sus tres componentes fundamentales hacia formas superiores de desarrollo. Así, la formación del mercado mundial llevó a la Revolución Industrial, y ésta - al hacer de la innovación el mecanismo fundamental de desarrollo de ese mercado-, creó las condiciones que le permiten hoy operar como una unidad en tiempo real, a escala del planeta entero. Allí alcanza su mayor eficiencia la gestión del conocimiento en nuestro tiempo. Al promover y facilitar la innovación para el cambio social, la Ciudad - que nació para ser una ventana al mundo - se ha convertido en un nodo glocal de ese proceso global que, en justicia, merece ser llamado 27 Beckert, Sven (2016): El Imperio del Algodón. El rostro oculto de la revolución industrial. Crítica, Barcelona.


asombroso. Tal es la escala de la misión que nos hemos planteado. Tal, también, la del marco de referencia en que pasado el mañana será juzgado nuestro desempeño.

22 DE JUNIO DE 2018

El lenguaje de la Ciudad

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l lenguaje es la forma material de la conciencia. La conciencia sintetiza lo que conocemos de la realidad y orienta nuestra conducta en ella, para adaptarnos o para transformarla. En ambos casos, el lenguaje nos permite caracterizar la realidad y coordinar con otros nuestros propósitos y las actividades necesarias para alcanzarlos. La misión de la Ciudad, por ejemplo, es promover la innovación para el cambio social. Al decirlo así, planteamos un juicio sobre la realidad en que actuamos. En esa realidad – la nuestra, gestada a lo largo de tiempos muy prolongados – es necesario promover la innovación porque lo espontáneo es más bien la imitación. Y agregamos a eso que la innovación que promovemos debe estar vinculada al cambio social, porque lo usual es que, cuando ocurre, se vincule más bien al mero beneficio individual. De este modo, el lenguaje que utilizamos implica – y promueve - una perspectiva de valor. Esto hace evidente la importancia del lenguaje como un medio de relacionamiento con otros. La Ciudad, por ejemplo, no hace por sí misma el cambio social, pero lo propicia y lo facilita a través de sus relaciones con aquellos que aprovechan los servicios de apoyo a la innovación que la Ciudad ofrece. En esto, la Ciudad cuenta con la ventaja de haber sido parte desde su origen del más formidable proceso de cambios que ha conocido nuestro país desde que se constituyó en República en las difíciles circunstancias de 1903. El juicio de valor de la Ciudad sobre ese proceso está definido

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en nuestra misión y en nuestra visión. Ellas vinculan entre sí palabras que antes eran utilizadas por separado, o que simplemente no estaban presentes en nuestro lenguaje, como innovación, cambio, prosperidad, democracia, equidad y sostenibilidad. Esas palabras, además – y, sobre todo - designan formas de actividad, de conducta y de propósito que se requieren mutuamente. El modo en que lo hacen en nuestra vida cotidiana expresa la conciencia de la Ciudad, y define la cultura que esa conciencia sustenta y promueve. Es una cultura abierta al cambio, que se nutre del encuentro constante con su comunidad nacional y con los procesos de cambio que ocurren a escala del planeta entero. La Ciudad, como vemos, constituye una realidad compleja que debe ser expresada en términos sencillos. Formamos parte de un vasto proceso de transformación que hoy involucra a la Humanidad entera. En ese proceso no estamos solos. El lenguaje de la Ciudad nos ayuda a entender que cambiamos con el mundo, para ayudarlo a cambiar. Ese es el núcleo fundamental de la conciencia a la que ese lenguaje le da forma capaz de expresarse en propósitos, labores, y logros. Y lo mejor aún está por venir.

6 DE JULIO DE 2018

La Ciudad como innovación

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a misión de la Ciudad consiste en promover la innovación para el cambio social. La primera parte de esa misión define lo que hacemos. La segunda define la razón por la que lo hacemos.

El mundo entero, y Panamá en el mundo, han ingresado en un período de transformación tan rico y complejo como el que llevó a la Humanidad de la Edad Media a la Moderna. Quienes participaron en aquella otra transformación, entre 1450 y 1650, lo hicieron sin tener una clara noción del significado y las consecuencias de sus actos. Ese no es nuestro caso.


Hoy disponemos de una oferta de información cada vez más amplia acerca de nuestra propia circunstancia. Sabemos, por ejemplo, que nunca habían sido tantos los humanos en el planeta; que en los últimos cien años la Humanidad ha producido una cantidad de bienes y desechos materiales mayor que en los cien mil años anteriores, y que estamos inmersos en una crisis global derivada de la inequidad en el acceso a los frutos del progreso material, cultural y político alcanzado por nuestra especie en su desarrollo. La innovación ha tenido un papel decisivo en todo esto. El crecimiento de la población ha sido hecho posible por el acceso de grandes masas humanas a innovaciones como la vacunación, el agua potable y el saneamiento, la educación, y el incremento en la oferta de alimentos y otros bienes básicos. Todas esas novedades han hecho a un tiempo mucho más productiva y mucho más destructiva nuestra relación con el planeta que nos sostiene. Hoy encaramos el desafío de pasar del crecimiento sostenido que conocemos al desarrollo sostenible que nos permita hacer realidad nuestra aspiración a un mundo a la vez próspero, equitativo y democrático. El crecimiento sostenido es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo sostenible. Sin embargo, las sociedades organizadas ayer para el crecimiento sostenido generan hoy un desarrollo insostenible. Por eso, si deseamos un desarrollo distinto, tendremos que crear sociedades diferentes. Tanto el crecimiento sostenido como el desarrollo sostenible demandan la innovación. Aquí, la diferencia no está en la actividad, sino en su propósito. La innovación para el crecimiento sostenido apunta a hacer más eficaz la actividad productiva en el mundo que conocemos. La innovación para el cambio social apunta a hacer más eficientes para el desarrollo sostenible las relaciones de los seres humanos entre sí y con su entorno natural. Así, la innovación tiene un sentido esencialmente cuantitativo en el primero, y cualitativo en el segundo.

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Iniciativas como la de crear una Ciudad del Saber o Centros Regionales de Competitividad promueven la innovación organizativa que abre paso a la tecnológica desde el interior de una cultura acostumbrada a la imitación. Esto representan un gran aporte a la sostenibilidad del desarrollo, que irá de abajo hacia arriba, o no irá. El saber de la Ciudad permite entender eso: tal es, quizás, la mayor de sus virtudes.

20 DE JULIO DE 2018

La Ciudad intangible

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n la historia de la Ciudad hay aportes tangibles, como los hay intangibles. Entre los primeros está la propia Ciudad, con los servicios, actividades y recursos que ofrece, y la presencia y actividad de las entidades afiliadas a su red interna. Los intangibles se notan menos, pero son tanto o más importantes. Un aporte intangible, por ejemplo, ha sido el de la incorporación de la gestión del conocimiento, como producto de la actividad humana, en el debate sobre los vínculos entre educación, investigación y desarrollo en Panamá. Ese aporte, cuyo mérito mayor correspondió a Rodrigo Tarté, ofrece una visión innovadora del papel del conocimiento como un componente de primer orden en una economía y unas sociedades crecientemente globalizadas, en las cuales las actividades de investigación, desarrollo e innovación han venido a ocupar un sitio de importancia cada vez mayor. Otro aporte ha consistido en comprender el desarrollo sostenible en una perspectiva histórica. Esto nos permite entender que el problema a plantear aquí es el de la sostenibilidad del desarrollo de nuestra propia especie, tanto en lo relativo a las relaciones de los distintos grupos humanos entre sí, como a los del conjunto de la sociedad con su entorno natural.


La Ciudad ha generado también un enfoque innovador sobre la formación de su propio entorno. Ese enfoque vincula entre sí la integración del Canal a nuestra economía interna, y la integración de nuestra economía al mercado global, de un modo que permite entender mejor tanto los riesgos como las oportunidades que se derivan de esas transformaciones. Eso ha facilitado la tarea de entender el lugar que ocupa la Ciudad en ese proceso. Ya en 2005, por ejemplo, el documento Crecer con el Mundo presentó el concepto de Plataforma de Servicios Globales, dentro de la cual se ubica la Ciudad como proveedora de servicios de gestión del conocimiento. Y esto, además, nos permitió comprender que nuestra actividad tiene lugar en una circunstancia que combina el crecimiento económico sostenido con la inequidad social persistente, la degradación ambiental constante, y el creciente deterioro institucional tanto de nuestra como de su entorno. Comprender esta circunstancia facilitó a la Ciudad pasar de la primera formulación de su misión – que era original, pero no innovadora – a la que nos orienta hoy, cuya originalidad consiste en su carácter innovador. Vincular la innovación al cambio social para garantizar la sostenibilidad del desarrollo humano es una respuesta proactiva a una circunstancia que no admite fatalismo ni resignación. La globalización tiene sin duda un lado oscuro, que mira sobre todo al pasado, como tiene otro luminoso, que apunta a un futuro mejor en todos los planos de la vida humana. La Ciudad hace parte de la luz. Nosotros la hemos hecho, la hacemos así. Ora, sin duda, et labora.

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24 DE AGOSTO DE 2018

Ciudad de Panamá: resiliencia, sostenibilidad y ciudadanía.28

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a nueva estrategia de resiliencia del Gobierno de la Ciudad de Panamá ordena los problemas y contradicciones sociales y ambientales del crecimiento del Distrito Capital de un modo que permite encararlos en su conjunto para garantizar la sostenibilidad del desarrollo del más importante polo urbano del Corredor Interoceánico de Panamá. Además, vincula esa sostenibilidad al fomento de las ventajas competitivas de Panamá como nodo de conectividad en la nueva geografía funcional del mercado global.

Ambas dimensiones, la local y la global, conforman una misma perspectiva glocal. El mercado mundial, tras quinientos años de desarrollo, se organiza hoy en una red de cadenas de suministro de gran dinamismo y complejidad. Esa red se estructura en regiones económicas organizadas en torno a ciudades cuya capacidad de adaptación al cambio social, ambiental y económico constituye un factor clave de competitividad en esa nueva geografía. Cada una de las ciudades de esa red tiene características glocales únicas; todas, además, comparten una misma función global. No es de extrañar, así, que la Fundación Rockefeller estableciera el programa Cien Ciudades Resilientes. Tampoco extraña que la Ciudad de Panamá haya sido la única de Centro América incorporada a ese programa. La estrategia de resiliencia de nuestra Ciudad Capital nos ayuda a pensarnos de un modo nuevo en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser en el entorno global. La conectividad ha sido un factor 28 Comentario ofrecido en la presentación de la Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de Panamá, en el Paraninfo de la Ciudad del Saber, 16 de agosto de 2018.


crítico en la formación y las transformaciones de la Ciudad de Panamá desde el siglo XVI. El pleno éxito de esta Estrategia de Resiliencia, sin embargo, dependerá de un proceso de cambio mucho más amplio. En efecto, la resiliencia de la Ciudad de Panamá y la sostenibilidad de su desarrollo están estrechamente ligados a los del conjunto del territorio del que ella depende para su funcionamiento en el mercado global. Por otra parte, esa resiliencia constituye un problema socio ambiental, cuya atención demanda un planteamiento científico y técnico que sustente la necesidad de un proceso de importantes transformaciones políticas. Ese proceso incluye, por ejemplo, transformar en ciudadanos – en sus deberes como en sus derechos – a los habitantes de la Capital. Tocará a esos ciudadanos plantear y encarar el hecho de que su ciudad no controla la gestión de sus desechos, del agua que necesita, de su transporte público, de su vialidad, de sus principales espacios públicos – como el Parque Omar, la Cinta Costera y la Calzada de Amador -, y de las cuencas de los ríos que la atraviesan. Esas carencias hacen parte de dos hechos. Uno, el de que somos el último Estado nacional de la región en haber conquistado el derecho al pleno ejercicio de los deberes de la soberanía. Otro, el de que durante la mayor parte del siglo XX el Canal de Panamá operó como empresa pública de un Estado extranjero, que además controlaba el enclave territorial donde se ubicaba la vía interoceánica. La integración del Canal a nuestra economía interna ocurrió hace apenas 18 años. Esto a su vez abrió paso a la transición, aún en curso, desde un mercado organizado en torno a la protección estatal, hacia otro que requiere el fomento constante de la innovación para la competitividad. En esta transición viene madurando en lo profundo de la República una cultura nueva, que nos facilita entender que el ambiente es

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el resultado de las intervenciones humanas en el espacio natural mediante procesos de trabajo socialmente organizados. Pero, y, sobre todo, nos facilitar comprender que, si deseamos un ambiente distinto, necesitamos crear una sociedad diferente, capaz de pasar de un bajo a un elevado nivel de resiliencia en el desarrollo de su Capital, del Corredor Interoceánico en el que se ubican ella y sus conurbaciones, y en el del territorio nacional articulado en torno a ese Corredor. Aun cuando no haya sido concebida con ese propósito, esta Estrategia constituye un paso decisivo en la dirección correcta ante los problemas socioambientales que aquejan a la Ciudad de Panamá y limitan la eficiencia de su desempeño en la red global de conectividad de la que formamos parte. Visto así, su éxito estará ligado a la creación de condiciones que transformar la sociedad en la que se ha forjado el problema, en otra que sea capaz de conocerlo, comprenderlo, encararlo y resolverlo. Contribuir a crear esas condiciones hace parte de la misión de poner el conocimiento al servicio de la innovación para el cambio social. Crecemos con nuestra gente, para ayudarla a crecer.

7 DE SEPTIEMBRE DE 2018

La innovación y la Ciudad

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n la Ciudad, la innovación es un saber, pues forma parte de la cultura que se ha venido desarrollando en ella desde su creación. Es también un conocer, en la medida en que la promoción y el desarrollo de la innovación en la Ciudad han creado un cuerpo de experiencias y haceres de gran riqueza. Ese saber y conocer, a su vez, han pasado a convertirse en la razón de ser de la propia Ciudad, que los ha orientado hacia la promoción del cambio social. Eso ha ocurrido a lo largo de veintitantos años, en un


proceso que ahora culmina en la creación de una estructura finalmente adecuada al ser de esa razón. La primera fase de ese proceso consistió en la creación de la propia Ciudad. Nunca nadie había intentado algo así en Panamá, no sólo en cuanto a su propósito, sino y sobre todo en cuanto a su apertura y su flexibilidad en la búsqueda de los medios para alcanzarlo. En esa fase inicial, el proceso se desarrolló por agregación. Así fueron siendo sumadas un área académica que vinculaba entre sí entidades de enseñanza e investigación; un tecnoparque que atraía empresas innovadoras, una incubadora de empresas – primera en el país-, un área de organizaciones y organismos internacionales vinculados al desarrollo humano, y una dirección de infraestructura y servicios que diera soporte material y operativo a ese conjunto heterogéneo. La segunda fase fue de consolidación. El tecnoparque se benefició de la asistencia técnica de la Unión Europea; la incubadora de empresas se transformó en un acelerador empresarial; la Ciudad pasó a contar con un plan de desarrollo urbano sostenible, creó un Centro Internacional de Desarrollo Sostenible, y se abrió paso a un proceso de vida cultural y un debate de ideas sobre su misión y sus funciones, que llevó a una nueva fase en su desarrollo. Establecida y consolidada la Ciudad, con logros tangibles y un creciente reconocimiento en el país y el exterior, la Ciudad pudo pasar de un crecimiento por agregación a un verdadero desarrollo por integración. En esta fase, el proceso innovador iniciado a mediados de la década de 1990 dio un paso de singular audacia: hacer de la innovación la razón de ser de la propia Ciudad. Ese propósito, para ser viable, incluye a la promoción del cambio social necesario para hacerse realidad en un mundo en transformación. Hoy, cambiamos con el mundo para ayudarlo a cambiar, de modo que su transformación nos conduzca a todos hacia un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible.

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Si eso fuera fácil, ya estaría hecho. Como no lo es, necesita de la innovación, y de los innovadores que la lleven a cabo y la promuevan. Eso somos, eso hace la Ciudad.

28 DE SEPTIEMBRE DE 2018

La Ciudad en la historia

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a historia es la ciencia del cuándo, como la geografía es la del dónde y la ciencia política es la del cómo. Ninguna puede cumplir su labor sin la otra. Esto es fácil de ver en el tiempo en que surge y se desarrolla la Ciudad. Esta época es la del paso de la geografía política propia de un mundo definido por las fronteras de los Estados nacionales, a la geografía funcional de un mundo organizado en regiones conectadas entre sí mediante el flujo incesante de información y suministros que hace global a la economía contemporánea.

No entender los riesgos y oportunidades que esta transición le plantea a todas las sociedades del planeta puede convertirse en un problema grave para la Ciudad en un plazo más corto de lo que imaginamos. Para encarar ese riesgo desde nosotros, necesitamos comprenderlo. Para eso, debemos entender en primer lugar a la propia Ciudad como un nodo en la red de relaciones glocales que definen su campo de actividad y su potencial de desarrollo futuro, y con eso le permiten establecer su misión y sustentar su visión. Lo esencial de esta tarea está a nuestro alcance: es conocer el cuándo de la Ciudad en la historia de Panamá, y su dónde en la geografía funcional. Con esto tendremos las condiciones mínimas necesarias para encarar el cómo transformar en conocimiento las experiencias adquiridas en su desarrollo, mediante un proceso de aprendizaje constante desde la propia Ciudad, adecuado a sus propias necesidades de prospección, planificación y desarrollo.


En esa tarea mayor siempre ayuda empezar por hacernos algunas preguntas clave, a la luz del cuarto de siglo transcurrido desde que la Ciudad empezó a ser concebida a mediados de la década de 1990. Será bueno preguntarnos, por ejemplo, cómo era la sociedad panameña en la que fue formulado y aprobado el Decreto Ley que definió las relaciones de la Ciudad con el Estado y le otorgó su patrimonio en 1998. ¿Qué sectores de aquella sociedad propusieron este proyecto, y por qué (y para qué) lo hicieron?, y ¿qué (y por qué) otros sectores sociales de aquel Panamá comprendieron y apoyaron el proyecto? Aun así, preguntas como ésas son apenas parte de otra mayor: ¿cómo era el mundo entonces?, ¿cómo estaba cambiando y cómo afectaban esos cambios a Panamá, para bien o para mal, y qué significó la Ciudad para ese país en aquel mundo? La respuesta a esas preguntas no la tiene nadie en particular. Por eso mismo debemos construirla entre todos, registrarla, comprenderla y seguir enriqueciéndola. Nuestra experiencia de ayer, convertida en el conocimiento de hoy, será una poderosa herramienta para construir la Ciudad de pasado mañana.

2 DE NOVIEMBRE DE 2018

El saber de la Ciudad

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Qué debe saber una Ciudad del Saber? Debe saber en primer término por qué y para qué existe, conocer el mundo en que existe, y comprender las dificultades y las oportunidades que ese mundo le presenta para cumplir su labor. La respuesta a preguntas como éstas siempre nos trae preguntas nuevas, a menudo sin respuesta definitiva. Para la Ciudad esa es una ventaja, porque es través de ese cuestionar incesante que la experiencia se convierte en conocimiento. Hoy sabemos, por ejemplo, que la Ciudad existe porque la República de Panamá conquistó la plenitud de su soberanía sobre todo su

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territorio a través del Tratado Torrijos Carter, firmado en 1977, y ejecutado entre 1979 y 1999. Por eso sus calles llevan los nombres de los mártires cuya muerte abrió paso a la fase final de esa lucha por la soberanía, en enero de 1964. La Ciudad fue concebida treinta años después, cuando era evidente que Panamá podía aspirar a un futuro brillante si lograba crear nuevas opciones de desarrollo científico, educativo, empresarial y social. Atendiendo a esa necesidad, la Ciudad nació para poner el conocimiento al servicio del desarrollo sostenible y, desde esa misión original, llegó a la que anima hoy su labor: constituir una comunidad emprendedora que genere innovación para el cambio social. Esto, por otra parte, debe hacerse en un mundo incierto, en el que el progreso y el atraso, la razón y la sinrazón, se vienen enfrentando entre sí en un proceso de transición hacia un mundo nuevo que podrá ser mejor o peor del que conocemos, según sean los resultados de ese enfrentamiento. En esa transición, la Ciudad está del lado del progreso y de la razón. Por eso ha hecho de la innovación para el cambio social su razón de ser, y se prepara ahora para entrar de lleno a la tarea de innovarse ella misma, para innovar mucho más y mucho mejor. ¿Qué demandará la Ciudad de todos sus colaboradores al ingresar en esta fase nueva de su desarrollo? Demandará formas nuevas de organización del trabajo, que faciliten la colaboración de todos; formas nuevas del saber técnico de cada uno, para mejorar su participación en esa colaboración, y – quizás, sobre todo –una comprensión mucho más rica y mejor informada sobre el entorno en que esa labor debe ser cumplida. La atención a esas demandas creará el marco más adecuado para avanzar en el proceso de convertir nuestra experiencia particular en un conocimiento de valor general, que pueda ser compartido entre nosotros y con otros. Este será un factor decisivo para nuestro trabajo en redes, para la organización de clústeres, para fomentar la innovación en una sociedad con una larga tradición de imitación.


Atender esas demandas será una tarea prioritaria para la Ciudad en los años por venir, empezando por el que viene, va llegando, ya casi está aquí.

16 DE NOVIEMBRE DE 2018

Sapiens es la Ciudad

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a Ciudad ha dado de sí a Sapiens, su revista, cuyo número 00 acaba de aparecer. Bien puede ser la publicación más innovadora ocurrida en el Istmo desde 1853 cuando apareció La Estrella de Panamá, que durante 165 años ha dado testimonio de la vida y el desarrollo de nuestro país. Desde hoy, y a caballo sobre los 18 años de experiencia de la Ciudad, Sapiens pasa a ser el testimonio vivo del papel que en ese desarrollo le corresponde a la ciencia, la tecnología, la empresa y las organizaciones de desarrollo humano en el fomento de la innovación para el cambio social desde una perspectiva de compromiso con el mejoramiento humano.

Sapiens es innovadora en su forma – con un diseño a la vez luminoso y amigable -, como en su contenido, que combina desde notas de información hasta artículos que enriquecen nuestra reflexión sobre el pasado y los futuros posibles de la sociedad que somos. Pero, además y, sobre todo, ese carácter innovador se expresa en el vínculo entre forma y contenido, que se enriquecen mutuamente para enriquecer al lector. Sapiens es sencilla, porque su perspectiva humanista le permite ser compleja, pero no complicada. De portada a contraportada, en menos de 80 páginas, vamos desde el proyecto arqueológico de El Caño, en Coclé, hasta el centro de entrenamiento de COPA en la Ciudad del Saber; desde la promoción del desarrollo humano por el Programa de Pequeñas Donaciones del PNUD en Darién, al diseño de algoritmos

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para la identificación de tendencias en el mercado, para regresar al momento en que los habitantes del valle del Chagres pasaron de ser ciudadanos a nativos con la construcción del Canal y fueron desplazados de sus tierras después, que hoy hacen parte del fondo del lago Gatún. Y esto no es más que un recuento de elementos de un todo mayor y más diverso. En Sapiens destaca el papel que desempeñan las personas que dan vida a la ciencia, a la cultura y a los negocios. El científico – de las ciencias naturales como de las humanas – resalta tanto aquí como la actividad a que se dedica. Y lo mismo ocurre con el emprendedor respecto a su emprendimiento, y con el creador en relación con su obra. Con ello, además de lo que nos dice, Sapiens nos ofrece una manera de asomarnos al mundo que debería ser más usual en nuestros tiempos. Desde Sapiens, y a la luz de su fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud, puede en efecto verse cómo en lo mejor de sí nuestra América expresa hoy una enérgica, madura y casi simultánea decisión de entrar de una vez con brío en este magnífico concierto de pueblos triunfantes y trabajadores, en que empieza a parecer menos velado el Cielo y viles los ociosos. Se está en un alba, y como en los umbrales de una vida luminosa. Se esparce tal claridad por sobre la Tierra, que parece que van todos los hombres coronados de astros.29 Somos lo que hacemos. Sapiens permite conocer más nuestra labor, para conocernos mejor.

29 José Martí: “Respeto a nuestra América”. La América, Nueva York, agosto de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975: VI, 24.


23 DE NOVIEMBRE DE 2018

La Ciudad en la gran transformación

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l país de la Ciudad ha venido experimentando cambios notables durante un cuarto de siglo. Ahora transita hacia una transformación cuyo resultado no podemos prever en detalle, pero en la cual todos los sectores de la vida nacional pueden incidir, e inciden, con su actividad cotidiana. La Ciudad, por ejemplo, se ha propuesto incidir en esa transformación para contribuir a orientar al país hacia un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible. Para eso se concentra en la misión impulsar la innovación para el cambio social desde una perspectiva humanista, mediante la ciencia, la tecnología y la cultura. La transformación en curso incide sobre la Ciudad como la Ciudad incide sobre ella. Por eso hay que entenderla de un modo que nos permita contribuir a orientarla hacia nuestros propósitos y evitar que nos arrastre hacia otros distintos. Aquí, es bueno recordar que esta no es la primera transformación que conoce el país. Esa ocurrió a partir de la llegada de los humanos al Istmo hace al menos doce mil años. Hacia 1500, como lo muestra la siguiente figura, el territorio del Istmo había sido organizado por la población autóctona en una serie de corredores interoceánicos que facilitaban el intercambio entre los diversos ecosistemas del Istmo, y entre el mundo Maya en el Caribe, y el Chibcha en el Pacífico colombiano.

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Imágenes cortesía de ESRI / CDS.

La Conquista europea del siglo XVI generó una segunda transformación. Como lo muestra la siguiente figura, la monarquía española cambió la organización del territorio del Istmo. El litoral Atlántico y el Darién fueron separados del resto del país por una frontera interior, y el tránsito fue concentrado en el corredor del valle del río Chagres. Otro corredor, desde Chepo a Centroamérica por el Pacífico, permitió dar sustento a las actividades del primero.

A mediados del siglo XIX, esa organización ganó en complejidad con la construcción del ferrocarril interoceánico, que hizo de Colón la terminal Atlántica del tránsito. Para comienzos del XX, la construcción del Canal y su aislamiento del resto del país en una Zona bajo control extranjero consolidó esa organización territorial, de un modo que


limitó la capacidad del país para aprovechar sus recursos humanos y naturales, y las ventajas de su posición geográfica. La tercera transformación empezó a tomar forma en la década de 1990, a partir de dos hechos puntuales. Uno fue la incorporación del Canal a nuestra economía interna; el otro, la integración del país al mercado global. Las consecuencias iniciales de esos cambios en la organización de nuestro territorio pueden apreciarse en la tercera figura. La más visible de esas consecuencias ha sido la formación de una Plataforma de Servicios en el Corredor Interoceánico, que provee servicios de comunicaciones, transporte, logística y finanzas al mercado global. La segunda consiste en un cambio radical en el ordenamiento territorial del país, que puede apreciarse en la siguiente figura.

En rojo, sistema vial existente y previsto. Gris, sistema de transmisión eléctrica existente. Morado, expansiones previstas y posibles del sistema de transmisión eléctrica.

Como podemos ver, donde antes había un solo corredor, hoy existen cuatro, y otro más –de Mortí a Mulatupo – está en construcción por el pueblo Guna. Un nuevo puente sobre el Canal en el Atlántico permitirá vincular a Aguadulce y Penonomé con Colón, y facilitará la construcción de una nueva línea de transmisión eléctrica desde Bocas del Toro al Corredor Interoceánico, y de una carretera que enlace a Colón con el mercado del Atlántico mesoamericano.

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Así, están en vías de desintegración fronteras interiores establecidas hace siglos. Con esto, se abre el acceso a recursos cuyo aprovechamiento -sostenible o meramente extractivo – favorecerá o pondrá en riesgo importantes ventajas comparativas con que cuenta Panamá – por ejemplo, en materia de agua, biodiversidad y saberes indígenas y campesinos. La Ciudad está en posición hoy de incidir en las dos dimensiones, urbana y rural, de este proceso de transformación. El país de la Ciudad empieza a descubrir que debe gestionar su territorio y su ambiente. La Ciudad puede y debe seguir proporcionando apoyo a nuestra gente en esa tarea, desde una perspectiva humanista que nos permita a todos entender que Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza.30 Crecemos con nuestra gente, para ayudarla a crecer.

30 DE NOVIEMBRE DE 2018

La Ciudad en el ambiente

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a Ciudad es una comunidad innovadora, que contribuye a poner la ciencia, la tecnología y la cultura al servicio de la creación de una sociedad próspera, equitativa, democrática y sostenible en Panamá. Desde hace 18 años, la Ciudad ha venido contribuyendo al desarrollo de las capacidades de Panamá en campos como la logística, las tecnologías de la información y las comunicaciones, y la cultura de negocios en el mercado global.

30 “Maestros ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, VIII, 289.


Esas capacidades corresponden a tareas que Panamá ha venido desempeñando en el desarrollo del mercado mundial desde el siglo XVI, y que ahora atraviesan por un gigantesco salto de calidad. La sostenibilidad, en cambio, marcha con retraso en el proceso de transformaciones que vive el país. No solo se trata de las devastaciones provocadas por el desarrollo de infraestructuras en la región interoceánica, la minería metálica a cielo abierto o las iniciativas encaminadas a transformar el patrimonio natural del país en capital natural para el beneficio de minorías. Más allá de eso, se trata de la carencia de alternativas al dilema entre la conservación del patrimonio natural y el estímulo al crecimiento económico. En realidad, necesitamos una política de conservación para el desarrollo sostenible, que ponga en valor ventajas comparativas ocultas, como la abundancia de agua y de biodiversidad que caracteriza a los ecosistemas del Istmo. La conservación, en efecto, es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo sostenible. El desarrollo sostenible, en cambio, es una condición indispensable para el éxito de la conservación. Comprender a cabalidad este vínculo depende de la calidad de nuestro conocimiento de la naturaleza y de los medios para trabajar con ella, y no contra ella. Eso nos permite comprender que el ambiente es el resultado de las intervenciones humanas en la naturaleza. El carácter de esas intervenciones puede ser muy destructivo – como en el caso de la ganadería extensiva, dominante en Panamá durante 400 años -, o tan constructivo como ha ocurrido en las innovadoras experiencias de trabajo con campesinos desarrolladas por la Autoridad del Canal de Panamá en la ribera Occidental del lago Gatún. Si encaramos el potencial competitivo de nuestros recursos naturales a la luz de las nuevas demandas de servicios ambientales creadas por la crisis global, podemos incrementar las capacidades de nuestro entorno natural para contribuir a satisfacerlas. Aquí, innovación para el cambio

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social implica contribuir a la creación de un mercado de servicios ambientales en Panamá. Esto tiene una base sólida. La destrucción de los ecosistemas nos priva de los servicios de sostenimiento de la biodiversidad, producción de suelo fértil, captación de agua y captura de carbono – entre otros - que ellos nos ofrecen gratuitamente. Para compensar esa pérdida, es necesario producir servicios ambientales que ya no pueden ser gratuitos, pues tienen un costo de producción. El mercado de servicios ambientales es aquel en que esos servicios son objeto de comercio, cobrando por el acceso a la biodiversidad, al mejoramiento del suelo, al abastecimiento de agua y por el carbono capturado. En las condiciones de nuestro país, esto significa que es necesario agregar valor al capital natural fomentando el valor del capital social, para generar una prosperidad equitativa. Esto puede ser hecho de tres maneras principales. Una consiste en ofrecer servicios de asistencia técnica a las empresas que buscan adaptar su producción a las crecientes normativas ambientales que están siendo incorporadas en el mercado mundial. Otra, en asistir a empresas que desean añadir valor a sus activos, como tierras y bosques que hasta ahora son utilizadas como reservas para desarrollos futuros, y otra más, en promover el desarrollo de actividades innovadoras como la gestión integrada de cuencas, el desarrollo de nuevos productos y servicios biotecnológicos, la restauración de ecosistemas degradados y la agroecología. Por otra parte, el éxito de un mercado de servicios ambientales demanda una población que cuente con la educación y las capacidades de organización para participar en ese mercado; el desarrollo de las capacidades científicas y tecnológicas necesarias para fomentar y aprovechar el potencial productivo de nuestros ecosistemas, y en generar las capacidades de gerencia y emprendimiento que demanda ese mercado. El agua, el aire, la tierra y el fuego – la estructura básica del mundo natural de que nos hablara Aristóteles – se nos presentan hoy como


fuente de riesgos para el desarrollo sostenible de la especie humana, a través del cambio climático, de la degradación de los ecosistemas y del uso de energías contaminantes. Aun así, cada una de esas fuentes de riesgo es también una fuente de oportunidades. En nuestras manos está prevenir esos riesgos aprovechando esas oportunidades para ayudar a construir un desarrollo que sea sostenible por lo humano que llegue a ser.

7 DE DICIEMBRE DE 2018

Mundo nuevo

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a Ciudad cambia con el mundo, para ayudarlo a cambiar. Los tiempos pueden ser inciertos, volátiles, complejos, pero en el rumbo de la Ciudad no hay incertidumbre. Veinte años después de haber sido imaginada, al cabo de dieciocho años de labor incesante, ella ingresa en una etapa nueva y más compleja de su historia.

“Ganado está el pan”, dijo una vez José Martí, “hágase el verso.” La tarea mayor de la Ciudad consiste ahora en constituirse en una comunidad innovadora, que vincule en un propósito común a todas las partes que le dan vida con su actividad, y que se vincule mucho mejor con todas las comunidades de su entorno. Dos cosas resaltan aquí. Una, que estos propósitos son el resultado de logros y experiencias acumuladas por la Ciudad en su desarrollo. En efecto, la solución de problemas complejos crea siempre problemas nuevos y de mayor complejidad. Problema complejo era el de transformar una base militar en un polo de desarrollo científico, cultural y tecnológico en un país como era el nuestro en 1999. Nuevo y más complejo es, ahora, el problema de constituir lo que resultó de la solución de aquel problema en el centro de innovación para el cambio social que queremos, podemos, debemos llegar a ser.

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Lo otro que resalta es la lucha constante de la memoria contra el olvido, de la identidad contra el anonimato. Hemos acumulado una enorme experiencia en el campo de la organización y la gestión de una ciudad del conocimiento. Cuando la Ciudad nació, la forma más avanzada de organización de ese tipo de propósito era la de los tecnoparques, que vinculaban entre sí a la empresa, la academia y el Estado para el incremento de la competitividad de las naciones. La Ciudad trascendió aquel modelo, al reconocerse como parte integral de una sociedad finalmente soberana, que culminaba su formación nacional, y hacer de esa relación con su entorno social un elemento cada vez más importante en su desarrollo. Y con eso, además, generamos sin saberlo un modelo de gestión del conocimiento para el desarrollo humano sostenible que fue entonces muy innovador y que hoy se generaliza por toda la región. Ahora toca encarar la tarea de convertir toda esa experiencia en conocimiento al servicio de la construcción de la comunidad innovadora que hemos decidido ser. La experiencia, en efecto, está en las personas que están en las organizaciones, y no es fácil de compartir ni con el entorno, ni con el relevo generacional. El conocimiento que resulta del análisis y la organización de la experiencia se convierte en un bien al alcance de todos. Ese todos incluye en primer término a los colaboradores de la Ciudad, a quienes corresponde enriquecer la experiencia de ayer con sus propios logros de mañana. Pero ese todos incluye además a la multitud creciente de personas y organizaciones con quienes compartimos la tarea de crear un mundo nuevo, mañana, en lo que fue el Nuevo Mundo de anteayer. Nada más, pero nada menos. Queremos, podemos, debemos, con todos, y para el bien de todos.


21 DE DICIEMBRE DE 2018

La Ciudad de la Ciudad

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a Ciudad ha encontrado ya su lugar en el país, y desde allí crece y contribuye al crecimiento de otros. Le toca ahora encontrar su lugar en la ciudad que la rodea, que se transforma con más rapidez y mayor alcance de lo que imaginamos.

Hoy, esa ciudad se extiende a lo largo de una franja que corre de Oeste a Este frente al mar, desde La Chorrera hasta Pacora, y se va extendiendo hacia el Norte a lo largo de la Carretera Transístmica, incorporando en el proceso al Distrito de San Miguelito. Aunque no lo parezca, la ciudad de la Ciudad abarca una enorme área conurbada que, si bien comprende cuatro distritos en tres provincias -Panamá Oeste, Panamá y Colón -, funciona cada vez más como un solo sistema urbano.

Ese sistema, sin embargo, es anómalo. Lo normal en una ciudad litoral es que se desarrolle como un semicírculo frente al mar, y no como un corredor costero. Esa anomalía tiene su origen en la delimitación de la Zona del Canal, que abarcó las tierras comprendidas en una franja de 8 kilómetros

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a cada lado del Canal, de océano a océano. Dentro de esa franja, la ciudad de Colón quedó convertida en un enclave dentro de otro enclave, pero a la Capital se le permitió conservar un corredor de expansión hacia el Este.

Arraiján y La Chorrera eran entonces asentamientos lejanos, que quedaron aislados de la Capital por la Zona, y por el propio Canal. A partir de 1964, esa situación de aislamiento empezó a atenuarse con la inauguración del puente de las Américas. El verdadero cambio, sin embargo, vino a ocurrir una vez que la Zona desapareció al entrar en vigor el Tratado Torrijos Carter en 1979. A partir de entonces se aceleró la transformación de Arraiján y La Chorrera en ciudades dormitorio de la Capital. La inauguración del puente Centenario en 2004 hizo ya parte de ese proceso, que alcanzará nuevos extremos con la construcción del cuarto puente sobre el Canal, en las cercanías del de las Américas, que además extenderá a Panamá Oeste el sistema del metro de la Capital. Todo esto anuncia que el conurbado Chorrera – Pacora va adquiriendo la estructura de una ciudad con forma de semicírculo frente al litoral. Es en el marco de este proceso mayor donde se insertan y se explican otros desarrollos, como la construcción de la


Ciudad Hospitalaria y el nuevo Mercado Metropolitano a espaldas de la Ciudad, y la ampliación de la avenida Omar Torrijos frente a ella. Para la Ciudad, esto plantea tareas para un futuro que ya está en curso. Ya necesita, por ejemplo, vincularse más y mejor con las comunidades de su entorno para prevenir y mitigar los impactos potencialmente negativos de los megaproyectos que tengan lugar en sus cercanías. Esto es imprescindible, por ejemplo, para encarar junto la protección, conservación y manejo adecuado de las áreas protegidas, el patrimonio natural y el patrimonio construido de valor histórico del entorno que compartimos con nuestros vecinos. Esto, sin embargo, va más allá de negociar acuerdos y establecer normativas con unas u otras autoridades. La misión de la Ciudad, y su visión del Panamá que desea ayudar a construir, exigen que colabore en la tarea de contribuir a que los habitantes de la ciudad de Panamá comprendan el valor del patrimonio que compartimos en ella. En ese sentido, el Centro de Interpretación ha sido un paso en la dirección correcta, como lo ha sido incluir en nuestra revista Sapiens un excelente artículo de Marixa Lasso sobre la historia temprana de la Zona del Canal, un tema tan ignorado en la historiografía panameña como ampliamente tratado en la norteamericana. Otras iniciativas surgirán sin duda en este plano, siempre en colaboración con otros, como la de crear un circuito turístico y cultural que vincule a la Ciudad con el Canal y con el Parque Natural Metropolitano. En verdad, la Ciudad nunca ha sido tan necesaria para su ciudad. Ambas forman parte de un mismo futuro, que dependerá cada vez más de la colaboración entre ellas.

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2019 “La Ciudad, en efecto, cumple un importante papel en la creación de las condiciones que optimicen la inserción de Panamá en la nueva geografía funcional de regiones económicas definidas por los flujos de valor que genera el mercado global. Lo hace, además, con el propósito de contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático para su propio entorno, de la única manera en que es posible hacerlo en las condiciones del siglo XXI: en colaboración con todos los que se proponen objetivos semejantes...”. “La ciudad de la Ciudad”, 25 de agosto de 2019. 11 DE ENERO DE 2019

Del humanismo en la Ciudad

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l dicho latino De te fabula narratur significa que la narración habla siempre del narrador. Esto viene al caso cuando consideramos la importancia de dominar el contenido del lenguaje que utilizamos en nuestra labor. Cuando decimos por ejemplo que la Ciudad promueve la innovación para el cambio social mediante el humanismo, la ciencia, la tecnología y la empresa, ¿qué significado tiene cada uno de esos términos? Sabemos que la ciencia produce conocimientos que la tecnología aplica para elevar la competitividad de las empresas. Dicho así, ¿cuál es el lugar para el humanismo en esa serie de actividades? Eso depende de cómo lo entendamos. Las definiciones comunes presentan al humanismo como una actitud ante la sociedad que valora al ser humano y procura mejorar

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su condición. En ese sentido, “está relacionado con la generosidad, la compasión y la preocupación por la valoración de los atributos y las relaciones humanas.”31 Dicho más de cerca, hoy el humanismo alienta en el concepto de desarrollo humano, cuya visión resalta la importancia de velar por la protección y la promoción de características distintivas de nuestra especie, como la solidaridad, la compasión, la colaboración, la tolerancia, la búsqueda de la equidad y la capacidad de transformar la experiencia en conocimiento. Así orientadas, la ciencia, la tecnología, la empresa y la producción cultural pueden, en efecto, contribuir a la innovación para el cambio social que demanda la creación de sociedades prósperas, equitativas, democráticas y sostenibles. En todo caso, lo que realmente importa para la Ciudad y su labor es vincular el humanismo a los grandes desafíos de nuestro tiempo. Hoy, cuando la globalización nos ofrece la oportunidad de construir una comunidad humana de escala mundial y poner la ciencia, la tecnología y la empresa al servicio de la sostenibilidad de nuestro propio desarrollo como especie, vale la pena conversar sobre nuestras tareas con pensadores como José Martí, que ya en las vísperas del camino que lo condujo de su tiempo al nuestro supo ver que Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó nacer; - y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas, ni porque a estos se dé a menudo el nombre de patria, ha de negarse el hombre a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca. Esto es luz, y del sol no se sale.32

31

https://www.significados.com/humanismo/

32 "En casa", Patria, 26 de enero de 1895. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975: V, 468 – 469.


25 DE ENERO DE 2019

La Ciudad desde Francisco

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a Jornada Mundial de la Juventud y la visita del papa Francisco a Panamá nos han recordado a todos que el mundo es más amplio y complejo de lo que revela nuestra vida cotidiana. El propio nombre del Pontífice alude a esa realidad. Nunca hubo tanta riqueza en el mundo, ni estuvo nunca tan concentrada; nunca existió una situación de desarrollo tecnológico como la que conocemos hoy, ni una capacidad de control de los individuos mediante la tecnología como la desarrollada en nuestro tiempo. Nunca, quizás, tuvieron tan poco valor las ideas, y tanto los intereses materiales inmediatos.

Francisco de Asís nació y vivió en los albores del mundo que hemos creado. En el siglo XIII se iniciaba la culminación de la Edad Media y se anunciaba al propio tiempo su decadencia, con el inicio de la producción y el comercio de tejidos a una escala protoindustrial en las ciudades del Norte de Italia. Esa innovación productiva y comercial generó procesos de cambio social y ambiental que dieron lugar a conflictos de un tipo nuevo. Desde hacía mucho existía una enorme masa dispersa de campesinos pobres en la Europa medieval, que ahora emigraban a las ciudades en busca de una vida mejor, y ponían en evidencia las contradicciones internas de aquella sociedad. La demanda de materias primas para aquella protoindustria – en particular la lana – estimuló la transformación de bosques y áreas de agricultura campesina en tierras de pastoreo. Francisco de Asís y su orden franciscana buscaron prevenir y aliviar esos conflictos, recurriendo a los valores originarios del cristianismo. De esa circunstancia nos viene el Cántico de las Criaturas, la oración más conocida de Francisco de Asís, redactada en la lengua común de

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su región – el dialecto umbro – hacia 1224 – 1225, que forma parte de las raíces más profundas del ambientalismo y el humanismo contemporáneos. Dice así: Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. A ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de nombrarte. Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,


y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal. Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad. Del título de ese cántico viene el de la Encíclica Laudato Si’, que tan mencionada ha sido en estos días. De su contenido viene la tradición cultural que una y otra vez ha procurado hacer comprensible el vínculo entre el desarrollo de la especie humana y el de su entorno natural, para que sea sostenible mediante la innovación para el cambio social. Es en esa tradición que la Ciudad constituye una utopía posible.

8 DE FEBRERO DE 2019

La revolución en la Ciudad

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a Ciudad fue creada para un mundo por venir. Ese mundo toma forma en el terreno que van abonando con su labor proyectos innovadores de gran trascendencia en numerosos lugares del planeta, a veces lentamente, otras a gran velocidad, en el marco de la Cuarta Revolución Industrial. Esta revolución atañe a la Ciudad en múltiples sentidos.

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La Primera Revolución Industrial, nos dice Klaus Schwab33 utilizó el agua y el vapor para mecanizar la producción. La Segunda utilizó la energía eléctrica para crear la producción masiva, y la Tercera utilizó la tecnología de la información y las telecomunicaciones para automatizar la producción. Ahora, dice Schwab, está en curso “una Cuarta Revolución Industrial” que se caracteriza por “una fusión de tecnologías que torna borrosas las fronteras entre las esferas físicas, digitales y biológicas.” Esta Cuarta Revolución tiene un alcance, una velocidad y un impacto sistémico sin precedentes, que alteran toda la industria en todos los países y anuncian “la transformación de sistemas enteros de producción, de gerencia y de gobernanza.” Las posibilidades de billones de personas conectadas por herramientas móviles, con una capacidad inédita de procesamiento, almacenamiento y acceso al conocimiento son ilimitadas. Y estas posibilidades se ven multiplicadas por innovaciones tecnológicas en curso, como la inteligencia artificial, la robótica, la Internet de las Cosas, la nanotecnología, la biotecnología, el almacenamiento de energía y la computación cuántica. Hoy, dice Schwab, las tecnologías digitales de fabricación […] están interactuando día a día con el mundo biológico. Ingenieros, diseñadores y arquitectos combinan el diseño computacional, manufactura aditiva, ingeniería de materiales y biología sintética para encabezar una simbiosis entre microorganismos, nuestros cuerpos, los productos que consumimos y aun los edificios en que habitamos. Mañana, agrega, la innovación tecnológica conducirá a un milagro en lo relativo al abastecimiento, con ganancias de largo plazo en eficiencia 33 Klaus Schwab es fundador y Presidente Ejecutivo del World Economic Forum. Este artículo fue publicado originalmente en Foreign Affairs. Puede ser consultado en inglés en https:// www.weforum.org/agenda/2016/01/the-fourth-industrial-revolution-what-it-means-andhow-to-respond.


y productividad. Los costos de transporte y comunicaciones descenderán, la logística y las cadenas globales de suministro se harán más efectivas, y el costo del comercio disminuirá, todo lo cual abrirá nuevos mercados e impulsará el crecimiento económico. En los negocios, esto tiene ya cuatro efectos principales: en expectativas del consumidor, en mejoras de productos, en innovación colaborativa y en formas de organización. Hoy, lo fundamental consiste en las mejoras en el servicio al cliente. Los productos físicos y los servicios pueden ser mejorados con capacidades digitales que incrementan su valor; las nuevas tecnologías hacen a los activos más duraderos y resilientes, y el manejo de grandes masas de datos y la analítica van transformando la forma en que reciben mantenimiento. Este nuevo mundo de negocios requiere “nuevas formas de colaboración, sobre todo en relación con la velocidad con que están teniendo lugar la innovación y la desarticulación.” Todo esto “está forzando a las compañías a reexaminar la forma en que hacen negocios”, y obliga a los líderes de negocios a “entender su ambiente cambiante, retar los supuestos de sus equipos operativos, e innovar a toda costa de manera continua.” Estas transformaciones incrementan la capacidad de los ciudadanos para ejercer el control social de la gestión pública, y crean condiciones inéditas para que los gobiernos trabajen con la ciudadanía y sus organizaciones, y no simplemente para ella. Con ello, esta revolución no solo cambiará lo que hacemos: también cambiará lo que somos. Afectará nuestra identidad y a todos los temas relacionados con ella: nuestro sentido de la privacidad, nuestras nociones sobre propiedad, nuestros patrones de consumo, el tiempo que dedicamos al trabajo y al ocio, y cómo desarrollamos nuestras carreras, cultivamos nuestras habilidades, conocemos personas y cuidamos nuestras relaciones. […] La lista es interminable, porque solo la limita nuestra imaginación.

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El debate en torno a estos temas se intensificará en los años venideros, mientras la revoluciones en curso en biotecnología e Inteligencia Artificial nos llevarán a redefinir nuestros límites morales y éticos. Lo esencial, aquí, es que la Cuarta Revolución Industrial es un producto del desarrollo humano, que nos plantea nuevas opciones para ese desarrollo. De nosotros depende la posibilidad de encaminar esta Cuarta Revolución Industrial hacia un futuro que refleje nuestros objetivos y valores comunes. Schwab describe, así, el entorno en que la Ciudad ejecuta su nueva Estrategia de Desarrollo. Ante los riesgos y las oportunidades de este tiempo, destaca la importancia de mantener una perspectiva humanista en nuestra labor, que nos permita concentrarla en aprovechar los recursos de la Cuarta Revolución Industrial para contribuir a crear un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible, con todos y para el bien de todos. Así encarada, esta es sin duda la revolución de la Ciudad.

1 DE MARZO DE 2019

La Ciudad ante la sostenibilidad del desarrollo

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ada edad de la historia humana ha tenido sus preocupaciones fundamentales, y ha organizado en torno a ellas sus saberes y sus conductas. Para la Edad Media – entre los siglos IX y XIV, aproximadamente -, esa preocupación estuvo referida a la espera por el Juicio Final y la salvación del alma. No es de extrañar que la teología – esto es, la disciplina que se ocupa de los problemas de la salvación -fuera el eje fundamental de organización de todo saber.

Eso cambió entre los siglos XVI y XVII, con el nacimiento del mundo moderno, que vino de la mano con el desarrollo del capitalismo y la


creación del primer mercado mundial en la historia de la Humanidad. Aquí, en lo que hace a la vida y la misión de la Ciudad, ocurrieron dos fenómenos de especial importancia. Por una parte, la ciencia pasó de ser una ocupación de individuos dispersos a convertirse en una fuerza productiva al servicio del desarrollo económico y el cambio social. Por otra, la preocupación fundamental pasó a ser la acumulación de ganancias, y tomó forma la economía como disciplina que se ocupa de ese problema, y como eje de organización de todo el saber humano. Así, lo que antes se invertía en catedrales y castillos pasó a ser invertido en infraestructuras, medios de producción e instituciones de formación para el trabajo. Al calor de ese cambio tomó cuerpo la idea de progreso, cuya historia, dijo una vez José Martí, se cuenta en los puertos llenos de buques, en las fábricas pobladas de obreros, en las ciudades ennegrecidas con el humo de las fraguas, en las calles obstruidas por los carros, en las escuelas llenas de niños y en los árboles cargados de frutos. La poesía es el lenguaje de la belleza; la industria es el lenguaje de la fuerza. El pueblo puede cantar por la mañana o por la tarde, cuando raya el alba o cuando se retira a descansar; pero durante el día, es preciso trabajar.34 Hoy nos encontramos ante un nuevo giro, que definirá el lugar de la Ciudad en el mundo. La gran preocupación de nuestro tiempo es la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana. Y esto no implica únicamente el desarrollo de nuestro número, sino y sobre todo el de las cualidades productivas, intelectuales y culturales que nos distinguen del resto de las criaturas vivientes. Es en torno a esta preocupación que vienen reorganizándose los saberes del mundo. Ese proceso - en curso desde fines de la década de 1960 -, tomó un impulso vigoroso a partir de la Cumbre de la Tierra 34 “Poetas españoles contemporáneos”. The Sun. Nueva York, 26 de noviembre de 1880. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XV, 25 – 26.

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celebrada en Rio de Janeiro en 1992, que introdujo la noción de desarrollo sostenible en la vida cultural y política de nuestro tiempo. Quedó abierto así el debate sobre la viabilidad de una relación armoniosa entre nuestra especie y su entorno natural, ante una contradicción creciente entre el desarrollo sostenible y el crecimiento sostenido. En ese marco, la economía tiende a ser vista cada vez más en su relación con la ecología, que emerge como nuevo eje articulador de todos los campos del saber. A eso responden términos nuevos, aún exploratorios, como los de economía ambiental, economía ecológica, economía circular y mercado de servicios ambientales. En ese marco, también, ha empezado a hacer agua la noción misma de desarrollo sostenible. Al respecto, Herbert Girardet, en un artículo para el periódico inglés The Guardian, planteaba hace algún tiempo que Durante 25 años, el desarrollo sostenible ha sido presentado como la solución a los problemas del mundo. Sin embargo, en vez de eso, tenemos cada vez más contaminación, pérdida de biodiversidad y cambio climático. El concepto de desarrollo sostenible ha sido objeto de abuso como pocos otros términos en la historia. Ya es tiempo de pensar no sólo en sostener los ecosistemas del mundo, gravemente deteriorados, y las comunidades humanas, sino en cómo regenerarlos.35 Tenemos el conocimiento y las tecnologías necesarios para encarar los desafíos de esa regeneración, pero solo podremos utilizarlos a plenitud mediante un cambio radical de perspectiva. En nuestro entorno inmediato, por ejemplo, la necesidad de ese cambio se hace evidente en el hecho de que ideas como la de cosechar agua; restaurar ecosistemas degradados, o integrar y descentralizar la producción de energía eléctrica apenas empiezan a emerger de manera a la vez dispersa y distante. Pero emergen.

35 “Sustainability is unhelpful: we need to think about regeneration” https://www.theguardian. com/sustainable-business/blog/sustainability-unhelpful-think-regeneration


La Ciudad debe contribuir a cambiar su propio entorno para alcanzar la visión que se ha planteado. Solo en una perspectiva de desarrollo regenerativo podremos contribuir de manera eficaz a crear sociedades prósperas, equitativas, sostenibles y democráticas, trabajando con todos los que ya adelantan camino en esa dirección. Así haremos posible la utopía que constituye el permanente horizonte de nuestra labor.

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Femenina Ciudad

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uienes acuden a Washington, la capital de Estados Unidos, rara vez visitan una de sus manifestaciones más extraordinarias: el Museo Nacional de Mujeres en las Artes, “exclusivamente dedicado a celebrar los logros de las mujeres en las artes visuales, interpretativas y literarias.”36 No es casual que tal museo exista en ese lugar. Tampoco lo es que el Día Internacional de la Mujer fuera instituido a partir de la tragedia ocurrida en el incendio de la fábrica de confección de camisas Triangle Waist Co. en Nueva York el 25 de marzo de 1911, que causó la muerte de 123 jóvenes trabajadoras y 23 trabajadores, en su mayoría inmigrantes de Europa del Este y de Italia: la mayor tenía 48 años y la más joven, 14. Estados Unidos estaba entonces en vías de convertirse en la locomotora del mundo que llegaría a ser entre 1950 y 1970, y el carácter impetuoso de su desarrollo barría con las viejas formas de vida social, sobre todo en lo que hace al lugar de la mujer en la sociedad. Por un lado, aquel proceso incorporaba masivamente a las mujeres al trabajo industrial, a menudo en condiciones paupérrimas y riesgosas. Por 36 https://www.hisour.com/es/national-museum-of-women-in-the-arts-washington-unitedstates-6398/.

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otro, les abría oportunidades de crecimiento y desarrollo de un tipo enteramente nuevo entonces, y aún hoy. José Martí, en su calidad de hispanoamericano del siglo XIX, mostró un permanente interés en ese proceso durante su exilio en los Estados Unidos entre 1881 y 1895. Así, por ejemplo, ante los graves problemas sociales y políticos que enfrentó la sociedad norteamericana en la década de 1880 planteó que sólo en la mujer reside aquí, con la inteligencia que ha de moderarla en un pueblo culto y libre, la virtud robusta que baste a compensar los desórdenes del poder, y la sordidez y rudeza de la vida a que parece el hombre americano encaminado. En esa vida apostólica de celibato, en la dignidad nueva de sus casamientos de razón, en la bravura con que afronta el ridículo, en el vigor físico y moral con que lleva adelante sus campañas políticas, artísticas y literarias, en la armonía y originalidad sorprendentes de sus trabajos mentales, en su desinterés relativo, pero siempre superior al del hombre, se ve el único retoño de aquella cristiandad, el único asomo de aquella levadura de pureza, que será dentro de poco indispensable para sujetar a esta nueva Roma, cuando empiece a degenerar en sí, y a querer, como la de los Césares, que toda la flora y la fauna del mundo le llene los manteles y le nutra los estanques.37 Esa promesa aún está en proceso de cumplimiento, ahora en el planeta entero. En nuestra América, por ejemplo, Alicia Bárcenas nos dice que si bien las mujeres “han sido capaces de sobrellevar obstáculos, organizarse y construir una mirada regional, a la vez que han participado activamente en los debates globales”, falta mucho por hacer.38 Así, “la discriminación y la violencia contra las mujeres” 37 “Correspondencia particular de El Partido Liberal”, El Partido Liberal, México, 1889. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XII, 156 38 “Reconocer derechos de mujeres, esencial para el desarrollo”. Bárcenas es Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina y el Caribe. https://www.jornada.com.mx/2019/03/03/opinion/016a1eco


persiste como un problema “que se manifiesta en los hogares, en los espacios públicos, en los lugares de estudio y de trabajo y que impacta de manera decisiva en sus posibilidades de generar ingresos propios, emprender, superar la pobreza y desarrollarse profesional y personalmente.” No solo se trata de que en nuestra región haya 118 mujeres pobres por cada 100 hombres en esa condición. Aun cuando cada vez son más las mujeres que llegan a formarse para actividades laborales complejas y a cursar estudios universitarios, “perciben salarios 16.1 por ciento menores a los de los hombres en la misma condición”, y esa brecha “se acentúa en las mujeres con mayores años de estudios.” En lo político, si bien se ha incrementado la presencia femenina en los parlamentos y algunas han sido electas a la presidencia de sus países, las mujeres ocupan solo la cuarta parte entre los ministros de Estado y “su participación en los gabinetes suele concentrarse en carteras de carácter social y cultural, más que en las referidas a la materia económica.” Para la Ciudad, estos problemas constituyen desafíos de la mayor importancia. La presencia de un importante número de mujeres en posiciones de dirección, de investigadoras trabajando en proyectos científicos de gran complejidad, y atendiendo cada día tareas de gerencia de la innovación para el cambio social – a través por ejemplo de programas como Canal de Empresarias –comprueba en la práctica que las diferencias son naturales, pero las desigualdades son una creación social que puede y debe ser superada. De eso se trata justamente cuando aspiramos a contribuir a la formación de una sociedad próspera, equitativa, democrática y sostenible, en la que las diferencias de género sean parte de la prehistoria de la Humanidad.

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22 DE MARZO DE 2019

Ciudad en transición

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a palabra transición nos viene del latín transitio. Ella designa “la acción y efecto de pasar de un estado a otro distinto”, y por lo general se entiende como un proceso con una cierta extensión en el tiempo.39 Dicho así, parece algo relativamente sencillo. Y sin embargo tiene sus complicaciones.

Encontrarse en un proceso de transición implica que se está al mismo tiempo entre la inercia de lo que fue y el esfuerzo por llegar a ser algo nuevo y distinto. El historiador francés Fernand Braudel, por ejemplo, nos dice que la transición entre el feudalismo y el capitalismo ocurrió a través de un siglo XVI “largo”, que transcurrió entre 1450 y 1650. Antes, el capitalismo era un destino posible y el feudalismo una realidad tangible. Después, el capitalismo fue una realidad y el feudalismo pasó a ser una memoria cada vez más distante. A esto cabe agregar que quienes pasaron por ese proceso intuían la necesidad de un cambio, pero no supieron a cabalidad en qué consistiría hasta llegar a una realidad transformada. En ese sentido, bien cabe decir que una historia librada a sí misma no va a ningún lugar predeterminado, aunque sin duda viene de algún lugar. El caso de la Ciudad es distinto, sin embargo. Ella se encuentra en una transición porque sus colaboradores así lo decidieron, lo previeron y lo organizaron. La Ciudad sabe de dónde viene, a dónde quiere ir, y para qué quiere llegar allí y no a otra parte cualquiera. La Ciudad, en efecto, se propone llegar a ser una comunidad innovadora que impulse el cambio social para contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible. El proceso que lleva a ese destino involucra una diversidad de dimensiones 39 https://definicion.de/transicion/


-culturales, técnicas, financieras y de política, entre otras-, que se requieren mutuamente y, a la vez, tienen ritmos y formas de desarrollo diferentes. De todos esos elementos, el más complejo es el cultural. En ese plano, la Ciudad requiere generar un cambio de mentalidad y de actitud ante el trabajo, de un tipo (aún) muy poco usual en su entorno. Por contraste, el componente técnico es más sencillo, en cuanto se trata de desarrollar medios adecuados a los fines que se plantea la organización. Lo fundamental aquí es que la eficacia en el uso de los medios depende de la claridad de los fines que persiguen quienes los utilizan. De aquí la importancia de la misión y la visión, que establecen los fines y los vinculan con los medios a través de la colaboración entre todos los que participan del proceso de transición. La plena comprensión de la misión y la visión, sin embargo, dependen en una importante medida del grado en que seamos capaces de comprender la circunstancia histórica que hace necesaria la labor de todos. Hablando de otra transición – la de la primera a la segunda revolución industrial en los Estados Unidos, dijo Martí de los empresarios de aquel país: No hallan remedio al mal todavía, pero ya todos saben dónde reside el mal, y están buscando con vehemente diligencia el remedio. […] Se siente la necesidad, pero no se da aún con el remedio.40 Esa no es la situación de la Ciudad, porque ella sabe que el problema reside en la necesidad de facilitar el paso a las transformaciones en que deben desembocar los grandes cambios que han conocido el país y el mundo en el siglo XXI. La Ciudad, en efecto, es parte de la sociedad que emerge de la integración del Canal a nuestra economía interna, y del país al mercado global, y nuestra misión y visión apuntan a ampliar y consolidar oportunidades que surgen de esa circunstancia sin precedentes en nuestra historia. 40 “La educación científica”, http://www.josemarti.cu/publicacion/educacion-cientifica/

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La transición emprendida por la Ciudad responde al desarrollo de esa circunstancia, y busca contribuir a ese desarrollo. Tales son nuestros fines: los medios que hemos creado no son otra cosa que recursos para incrementar nuestra capacidad para colaborar en la tarea de hacer de esos fines realidades nuevas. El trabajo, a fin de cuentas, no es otra cosa que el proceso de colaboración de seres humanos diversos en función de objetivos comunes. Los medios contribuyen sin duda a potenciar esa colaboración y hacerla más eficiente. Pero lo fundamental, aquello sin lo cual el proceso sería imposible, son las personas que colaboran entre sí, y que cambian y crecen en la medida en que esa colaboración los lleva hacia los fines que comparten.

5 DE ABRIL DE 2019

Preguntas para la Ciudad que viene

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ivimos hoy, nuevamente, el dilema que plantea todo cambio de época a quienes se ocupan de la gestión del conocimiento. Esa gestión consiste, por un lado, en orientar, organizar y vincular entre sí procesos de producción, de transmisión y de aplicación del conocimiento a los problemas del hacer y del saber. Por otro lado – y en particular en nuestro tiempo -, se ocupa también de vincular entre sí los diversos campos del conocer en esa tarea, para hacerla realmente integral. Un cambio de épocas, por supuesto, demanda instrucción en el uso de los medios necesarios para alcanzar nuevos fines. Como tal, en casos como el nuestro, es necesario dotar del dominio básico de la computación, de las matemáticas y de una lengua franca, como el inglés, a quien se prepara para sostenerse a sí mismo y contribuir al sostenimiento de los suyos. Pero esto no basta.


En los comienzos de la Segunda Revolución Industrial, cuando la introducción de la electricidad en las fábricas permitía como nunca masificar la producción, decía José Martí que educar era “preparar al hombre para la vida”, lo cual requería “depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido”, hacerlo “resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive”, ponerlo “a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote”.41 Las herramientas, primero, y las máquinas después, surgieron y se desarrollaron como una extensión de las capacidades humanas. Al propio tiempo, con el desarrollo de la tecnología – sobre todo en las vísperas de la Cuarta Revolución Industrial en que andamos – se crea el riesgo de que el trabajador pueda convertirse en una extensión de la máquina. Ella no trabajará para él, sino él para ella, y su humanidad – su creatividad, su disciplina, su capacidad de colaboración con otros – se verá disminuida en el proceso. Cuando la Ciudad se propone contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático, está proponiendo también formar a los seres humanos capaces de crear ese futuro. La prosperidad demandará capacidades técnicas, como la equidad demandará cualidades morales que a menudo son difíciles de encontrar en el mundo en que vivimos. La sustentabilidad, por su parte, demandará la capacidad de comprender en toda su riqueza y toda su complejidad los vínculos que establecen los seres humanos entre sí y con su entorno natural para producir sus medios de vida y desarrollo. Y la democracia requerirá ciudadanos capaces de tomar decisiones bien informadas, y comprender las relaciones entre sus intereses individuales y el bien común de su sociedad.

41

“Escuela de electricidad”, La América. Nueva York, noviembre de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII, 281.

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Todo esto es complejo, pero no complicado. Por lo mismo, demanda soluciones sencillas, pero no simples. Visto así, no se trata tanto de decidir sobre las formas de la formación, sino y sobre todo de sus propósitos y sus contenidos. Así, por ejemplo, contribuir a la creación de un futuro como el que la Ciudad propone requiere que sus creadores conozcan y comprendan a la sociedad en que viven. Este conocer, por otra parte, abarca tanto la historia de esta sociedad como sus relaciones de afinidad y contradicción con el territorio que habita, y con el mundo en que existe. Esa relación entre el tiempo y el espacio, entre lo global, lo local y la síntesis de ambos en lo glocal, nos permite plantear el problema de la formación que necesitamos para cumplir nuestra misión y alcanzar nuestra visión en nuestra circunstancia. Hemos avanzado mucho en el diseño y aplicación de los medios que demanda la tarea. Cada vez va siendo mayor la necesidad de avanzar de manera equivalente en la comprensión de los fines a cuyo servicio están esos medios. Va siendo hora de irnos planteando preguntas a las que todos podamos responder de manera precisa y bien fundamentada. ¿Qué funciones ha cumplido y cumple Panamá en el funcionamiento del mercado mundial? ¿Cómo las ha cumplido en el pasado, cuáles cumple en el presente y cuáles podría – debería cumplir en el futuro? ¿Cómo influyeron la I, II y III Revoluciones Industriales en nuestro vínculo con el mundo y entre nosotros mismos, y cómo lo hará la IV? Y esto, para empezar. La Ciudad y su sociedad serán lo que resulte de nuestras respuestas a esas preguntas. Mejor empezamos a hacer la lista, informarnos sobre sus temas y discutirlo en diálogo con nuestros compañeros de camino, para construir juntos las respuestas que necesitamos.


19 DE ABRIL DE 2019

La Ciudad en su tiempo

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ormalmente, cuando hablamos del tiempo nos referimos al cronológico, que carece de sentido propio pues se limita a medir las duraciones de los eventos, cualesquiera que sean. En cambio, al tiempo histórico le otorgamos un sentido que le viene del transcurrir del desarrollo de la especie humana, en su doble dimensión natural y social.

Esta asignación de valor es muy diversa. En Occidente, por ejemplo, ha operado durante veinte siglos a partir del nacimiento de Cristo, y no sabemos cuál es el antes y el después de la civilización china, mucho más prolongada y continua que la Occidental. Y todo eso por no hablar de aquellos que comparten con nosotros el siglo XXI, pero habitan en cualquier lugar del tiempo entre el XIV y el XIX. Todo esto debe ser objeto de reflexión para asignarle valor y sentido a nuestro propio tiempo. Comprender estas cosas tiene su importancia. Nuestras visiones del mundo y su devenir, en efecto, se expresan en formas de conducta social que definen nuestra actitud y nuestra actividad tanto en relación con el tiempo cronológico en que nos ha correspondido vivir, como respecto al tiempo histórico que nos corresponde construir. Así, el medievalista italiano Pierluigi Licciardello nos recuerda que la Alta Edad Media “hereda de la civilización de la Antigüedad tardía tres diferentes concepciones del tiempo.” La primera, dice, “es el tiempo lineal, progresivo, de los años y los siglos”, contados a partir de la encarnación de Cristo, pero dividido en dos por la intervención de lo divino en la historia, que le otorga sentido. Otro es “el tiempo cíclico, el tiempo de la renovación periódica y el eterno retorno”, propio de la liturgia, que vuelve sobre sí mismo y concluye, recomenzando cada vez un nuevo ciclo. Y está finalmente el tiempo escatológico, “que anula la historia en un presente infinitamente dilatado, que tendrá lugar con el

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retorno de Dios en el día del Juicio Final.” En suma, concluye, para el hombre medieval la historia era, ante todo, “historia de la salvación”.42 A ese tiempo ha seguido el de nuestra modernidad, cuya unidad cronológica fundamental es el tiempo de la circulación del capital. Al respecto, por ejemplo, el economista norteamericano James O’Connor considera que es posible vincular la lógica del tiempo histórico con la del desarrollo del capitalismo. 43 Así, la historia occidental moderna comenzaría con la historia política, jurídica y constitucional, para pasar de allí a la historia económica entre mediados y fines del siglo XIX; enfatizar en lo social y cultural a mediados del siglo XX, y culminar en una historia ambiental a finales de éste, al calor de lo que llama “la capitalización de la naturaleza, o la creación de una naturaleza específicamente capitalista, y las luchas por la misma.” En todo caso, el tiempo histórico de la Ciudad transcurre a partir de un proceso de desarrollo desigual y combinado que opera a escala planetaria, vinculando entre sí los destinos de una gran diversidad de sociedades. A esa escala, dice O’Connor, se produce “un diálogo entre las inquietudes y las experiencias del pasado y del presente”, que incluye también el futuro, pues “la escritura histórica actual contribuye a definir los modos en que cambia el mundo.” En ese cambiar del mundo se inscriben la visión de la Ciudad, y la misión con que nos proponemos alcanzarla. En esa visión, la historia social de la innovación, y la historia natural de la sustentabilidad, se funden en un mismo proceso: el de la transformación progresiva de la biosfera en una noosfera caracterizada por sociedades prósperas, equitativas, democráticas y sostenibles. La Ciudad construye, en verdad, el mundo nuevo de mañana en el Nuevo Mundo de anteayer. Tal es nuestro tiempo; tal, el sentido histórico de nuestra misión. 42 Licciardello, Pierluigi: “La historiografía”, en Eco, Umberto (Coordinador), 2015: La Edad Media. I. Bárbaros, cristianos y musulmanes. Fondo de Cultura Económica, México, 559-560. 43 “¿Qué es la historia ambiental? ¿Por qué historia ambiental?”. Natural Causes. Essays in ecological Marxism. The Guilford Press, New York London, 1998. Traducción de Guillermo Castro H. Panamá, 2000.


17 DE MAYO DE 2019

Los clientes de la Ciudad

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n su desarrollo, la Ciudad ha pasado por dos grandes fases. La primera fue la del paso de la idea a la práctica, una tarea especialmente compleja porque nadie sabía en realidad cómo construir una Ciudad del Saber. En esa fase, la Ciudad creció agregando las funciones que iba demandando su desarrollo: una Dirección Ejecutiva; otra Académica; una Administrativa; otra para un Tecnoparque; una Incubadora de Empresas; una para Cooperación y Organismos Internacionales, y finalmente una de Infraestructura y Servicios. Esa estructura daba respuesta a problemas y oportunidades a medida que se iban presentando, y permitió establecer la Ciudad y hacer de ella un organismo viviente, capaz de crecer por sí mismo. Hoy, la Ciudad ingresa a una fase nueva, al pasar del crecimiento mediante la agregación de funciones al desarrollo mediante la integración de procesos. En ese proceso, tiene una importancia decisiva la comprensión adecuada de los fines a cuyo servicio se encuentran los medios de que se va dotando la Ciudad, para prevenir el riesgo – siempre presente en toda innovación tecnológica – de que ella trabaje para la herramienta y no al revés, como debe ser. Esto demanda que la Ciudad profundice el proceso de hacer de sí misma una comunidad innovadora, capaz de generar el cambio cultural necesario para aplicar las nuevas herramientas a la solución de los problemas que plantea nuestra estrategia de desarrollo. Aquí, lo que vincula a los procesos de cambio tecnológico y cultural es la misión que la Ciudad se propone cumplir para hacer una realidad de su visión. En este sentido, el factor de cambio cultural más relevante consiste en la comprensión operativa de la misión por parte de todos los

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equipos y cada uno de los colaboradores de la Fundación. Para esto, es necesario entender el mercado que proporciona a la Fundación los ingresos necesarios para su trabajo, y a los clientes con que la Ciudad se relaciona en ese mercado. El mercado fundamental de la Ciudad es el de servicios de gestión del conocimiento, y su nicho en ese mercado es el de provisión de servicios de apoyo a esa gestión. Esos servicios son de diverso tipo. Algunos son tangibles, como el acceso a espacio físico, instalaciones docentes y servicios comerciales. Otros son intangibles, como la generación de oportunidades de negocios mediante el acceso a entidades vinculadas a la red interna y la red local que se articulan la Ciudad. La misión, en efecto, solo revela la plenitud de su sentido en su relación con el mercado. El mercado, en efecto, es una estructura que permite a los seres humanos relacionarse entre sí para el intercambio de bienes y servicios. Por lo mismo, la mejor manera de comprenderlo es a partir de las necesidades y la cultura de negocios de los clientes concretos que interactúan en ese mercado. En la Ciudad, por ejemplo, interactúan entre sí y con la Fundación al menos ocho tipos distintos de clientes, desde empresas y organismos internacionales hasta arrendatarios de viviendas y proveedores de servicios comerciales, pasando por programas académicos, centros de investigación científica y usuarios externos de servicios que ofrece la Fundación en instalaciones de su propiedad. Visto así, el valor principal de las herramientas que facilitan el relacionamiento de la Ciudad con sus clientes consiste en su capacidad para incorporarlos – en sus valores, sus propósitos y sus actividades - al desarrollo de la comunidad innovadora que la Ciudad se ha propuesto crear. Se trata, en breve de trabajar con el cliente, y no solo para él. Esa será, sin duda, la mejor prueba de que el medio se corresponde con los fines a los que debe servir.


7 DE JUNIO DE 2019

El camino a la misión

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Poner el conocimiento al servicio del desarrollo sostenible, fomentando las ventajas competitivas de Panamá.” Tal fue el primer intento de formular una misión para la Ciudad. Fue un paso en la dirección correcta: convocaba a entidades de investigación y enseñanza superior, y a empresas de tecnología de la información a contribuir a un desarrollo más integral del país.

Los años y la experiencia ganada en aquella primera fase de desarrollo fueron revelando las limitaciones de la misión así concebida. Dos fueron especialmente aleccionadoras. Una, que el carácter innovador del proyecto se veía limitado por la idea de producir conocimiento para la sociedad, y no con ella. Otra, que esa labor de producción se veía así restringida a entidades específicas, sin prestar debida atención al hecho de que la propia vida social es un formidable generador de experiencias y saberes que podían y debían ser convertidos en conocimiento adecuado para construir un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático. Cuando se dice que la Ciudad se planteó pasar de un desarrollo por agregación de funciones a otro por integración de procesos hay que preguntarse por la naturaleza y el alcance de tales procesos, y por su relación con las transformaciones que ocurren en nuestro entorno glocal. Sin una adecuada comprensión de ese vínculo resulta imposible captar en toda su riqueza el lugar, el propósito y el sentido de la existencia de la propia Ciudad. Es por eso por lo que la nueva formulación de la misión se organiza en torno al propósito de crear una comunidad innovadora, capaz de utilizar desde una perspectiva humanista los recursos de la ciencia, la gestión empresarial y la cultura para la solución de problemas locales

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de alcance global. La amplitud de ese planteamiento ha estimulado la capacidad de la Ciudad para incidir en el desarrollo de su sociedad. La Ciudad, como sabemos, está gobernada por una fundación privada sin fines de lucro, a la cual el Estado otorgó en propiedad las tierras y la mayor parte de las instalaciones que utiliza en el cumplimiento de su misión. Esto hizo de la Ciudad un proyecto de Estado sin precedentes en nuestra historia, que colabora con múltiples entidades públicas, privadas e internacionales en tareas relevantes para el desarrollo del país. Esa colaboración abarca, por ejemplo, acoger en nuestro campus al Centro Regional de las Naciones Unidas en Panamá; el desarrollo del programa Canal de Empresarias; la presencia en la Ciudad de un hub de investigación y desarrollo que comprende a la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación; el Instituto de Investigaciones Científicas Avanzadas; el Centro Nacional de Metrología; el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Panamá y, más recientemente, el Centro Internacional de Estudios Sociales y Políticos de Panamá. Y a ello se suman además iniciativas académicas innovadoras como Knowledge in Panama y el nuevo Centro de Formación Médica Avanzada y Servicios de Simulación, creado mediante una alianza entre el Ministerio de Salud, la Caja de Seguro Social y la Ciudad, con asistencia técnica de la Universidad del Sur de la Florida. Esa incidencia se extiende al sector privado, a través de la colaboración cada vez más amplia con entidades como la Cámara Panameña de Empresas de Tecnología y los Centros Regionales de Competitividad que promueve la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa, y otras iniciativas de creciente importancia en el desarrollo de nuevas capacidades de gestión ambiental y territorial en nuestro país. Todo listado quedaría incompleto – y esto es un buen indicador de la capacidad creciente de la Ciudad para cambiar con su sociedad, y ayudarla a cambiar. Lo realmente importante aquí es comprender que la comunidad innovadora que va construyendo la Ciudad no se limita a los miembros


presentes en nuestro campus de Clayton. Por el contrario, ella va constituyéndose a partir de redes de colaboración cada vez más amplias y complejas de alcance realmente glocal. De ese alcance son los procesos que buscamos integrar. Tal es la tarea que tienen entre manos los colaboradores de la Ciudad. Apenas vamos empezando, pero ya quedó atrás el punto de partida.

14 DE JUNIO DE 2019

Castells en la Ciudad

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anuel Castells es un pionero en el desarrollo de la sociología de la información y docente en la Universidad Abierta de Cataluña. Su obra es tan vasta como rica, sobre todo en lo que se refiere al papel de las nuevas tecnologías – en particular Internet – en las grandes transformaciones de nuestro tiempo.

La obra de Castells obra contribuyó de manera importante en el proceso de imaginar, concebir y desarrollar la Ciudad, sobre todo a partir de una conferencia titulada “La ciudad de la nueva economía”, que dictara en el Ayuntamiento de Barcelona en febrero de 2000, cuando la Ciudad apenas iniciaba sus actividades.44 En esa conferencia Castells indagaba en el papel de las ciudades en el proceso de cambio histórico generado por la llamada “nueva economía” y su problemática relación con “los procesos sociales e institucionales que están en la base de nuestra convivencia y de nuestra vida.” Para Castells, la “nueva economía” era ya “la nuestra … la que se desarrolla de forma desigual y de forma contradictoria … en todas las áreas del mundo”. Esa economía se centraba “en el conocimiento y en la información como bases de producción, como bases de la 44 “La ciudad de la nueva economía”. Conferencia pronunciada en el ayuntamiento de Barcelona, el 21 de febrero de 2000. www.lafactoriaweb.com.

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productividad y bases de la competitividad, tanto para empresas como para regiones, ciudades y países”. Con ello, creaba la posibilidad de producir “un salto histórico en la relación entre forma de actividad económica y generación de riqueza”, lo cual era especialmente importante ante “el problema de desigualdad y de competitividad individual salvaje.” En esa nueva economía, decía, “las actividades económicas dominantes están articuladas globalmente y funcionan cómo una unidad en tiempo real.” Al respecto, destacaba “la globalización de los mercados financieros” interconectados por medios electrónicos y “la organización a nivel planetario de la producción de bienes y servicios y de la gestión de estos bienes y servicios.” Por último, decía, esa economía estaba organizada en redes en todos sus campos y niveles, lo cual le otorgaba “una extraordinaria flexibilidad y adaptabilidad.” Así, ella era a un tiempo informacional, era global y estaba organizada en red, “y ninguno de esos factores puede funcionar sin el otro.” Lo que permitía esa interdependencia entre factores tan diversos era una base tecnológica: la Internet. Y planteaba al respecto una tesis que no ha hecho sino ganar en actualidad con la transición a la IV Revolución Industrial: Internet no es una tecnología, Internet es una forma de organización de la actividad. El equivalente de Internet en la era industrial es la fábrica: lo que era la fábrica en la gran organización en la era industrial, es Internet en la Era de la Información. De este modo, la nueva economía del año 2000 consistía en las empresas que funcionan con y a través de Internet. “No se trata”, añadía, de que todas utilicen Internet, sino de que se organizan en torno a la red de relaciones, que está electrónicamente conectada y basada en la información. Esa nueva economía es y será


mundial, y no simplemente norteamericana, porque las empresas que no funcionen así serán eliminadas. Por otra parte, Castells destacaba que esa economía estaba organizada mediante redes entre individuos y empresas extremadamente competitivas “sin ninguna referencia a valores que no puedan ser capitalizados en el mercado.” Al respecto, decía, las ciudades cumplían en esa economía el doble papel de ser productoras de procesos de generación de riqueza, y contar con “la capacidad social de corregir los efectos desintegradores y destructores de una economía de redes sin ninguna referencia a valores sociales más amplios,” como la conservación de la naturaleza o la identidad cultural. La sinergia generada por las ciudades, por otra parte, atraía los dos elementos claves del sistema de innovación: personas con conocimiento e ideas, y capital, “sobre todo capital de riesgo, que es el capital que permite la innovación.” Esa sinergia, además, movía a las ciudades dinámicas que pasaban a constituirse en nodos que se articulan en redes que abarcan el mundo entero. Para Castells, el dinamismo de esas ciudades estaba – está – asociado a cuatro elementos fundamentales. El primero es una educación “capaz de producir gente con autonomía de pensamiento y con capacidad de auto programación y de adquisición de conocimientos el resto de su vida.” El segundo consiste en servicios públicos que funcionen, pues “la calidad de los servicios públicos y, en concreto, de los servicios públicos municipales, es absolutamente decisiva para que todo lo demás funcione.” El tercero, en “la calidad de vida, en el sentido amplio”, que atrae y retiene a personas talentosas. Y el cuarto radica en la relación entre ciudad y universidad en la nueva economía, donde estas desempeñan un elemento esencial tanto de la dinamización del tejido urbano, como de “la producción de mano de obra cualificada, de innovadores y de personas con ideas nuevas.” El papel de las ciudades en la nueva economía consiste, así, en ser medios productores de innovación y de riqueza, pero – y, sobre todo - en

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ser capaces de integrar la tecnología, la sociedad y la calidad de vida en un sistema interactivo, que produzca “un círculo virtuoso de mejora, no sólo de la economía y de la tecnología, sino de la sociedad y de la cultura.” El calor de estas ideas alentó los primeros pasos de la Ciudad. La experiencia las ha confirmado. Hay que leer a Castells como a un amigo.

19 DE JULIO DE 2019

La Ciudad sostenible

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omo forma material de la conciencia individual y social, el lenguaje evoluciona en la medida en que la sociedad que lo utiliza va encontrando y resolviendo nuevos problemas en su devenir a lo largo del tiempo. En ese proceso, surgen nuevas palabras – o nuevos usos de palabras ya existentes -, para designar situaciones nuevas.

Al principio, esas palabras tienen un significado técnico, propio de especialistas. Sin embargo, si designan con acierto los problemas a que hacen referencia, se difunden con rapidez, y sus significados se multiplican hasta parecer vagos, cuando no contradictorios. Esto demanda estar atentos al lenguaje que utilizamos para identificar los problemas que debemos encarar, sobre todo cuando eso requiere la acción coordinada de distintos equipos de colaboradores. Tal es el caso de palabras como sostenible y sostenibilidad, que todos utilizamos para referirnos a propósitos que a primera vista son muy diversos. El término sostenibilidad ingresó en la cultura contemporánea asociado a otro aún más amplio: el de desarrollo. Esa relación entre ambos data (apenas) de 1987, cuando las Naciones Unidas adoptaron la expresión desarrollo sostenible para designar una relación entre la especie humana y la naturaleza en la cual los recursos del presente


son utilizados de manera que no se comprometa la posibilidad de que las generaciones futuras dispongan de los recursos necesarios para atender a sus propias necesidades. El punto, aquí, está en el hecho de que la especie humana obtiene de la naturaleza los recursos que necesita mediante procesos de trabajo socialmente organizados. De esa relación entre la naturaleza y la sociedad resulta un ambiente que cambia a lo largo del tiempo, en la medida en que lo hacen las sociedades que lo producen. Esto permite comprender que, si bien nuestra relación con la naturaleza se expresa de la manera más visible en el ambiente que la sociedad produce, ese ambiente es el resultado de todas las dimensiones del desarrollo de la sociedad que lo produce. Por eso, cuando hablamos de la sostenibilidad del desarrollo como problema, nos referimos al conjunto de las formas de organización social, política y económica que nos permiten plantear el desarrollo sostenible como objetivo. Esta perspectiva nos permite hacer de la sostenibilidad del desarrollo un eje transversal que vincula entre sí a todos los campos de actividad de la Ciudad. A partir de ese vínculo, la sostenibilidad se hace presente tanto en la generación de los ingresos que la Ciudad requiere para su trabajo, como en la definición de las prioridades en la asignación de los recursos disponibles para sus actividades. En ese marco adquiere todo su sentido el vínculo entre la innovación y el cambio social, que relaciona entre sí a nuestra visión con la misión que permitirá convertirla en realidad. Así las cosas, podemos entender que nuestra visión y nuestra misión son el producto de la transformación en conocimiento de la experiencia acumulada por la Ciudad desde que surgió como idea a mediados de la década de 1990. Hoy, el paso a una organización por integración de procesos crea ya las bases – y la demanda – de una cultura organizacional capaz de expresar los logros que hemos alcanzado de una manera que facilite alcanzar los que esperan por nosotros en el futuro.

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2 DE AGOSTO DE 2019

Riesgos, tareas, camino

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ste año, el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial nos advierte que los mismos “se están intensificando, pero la voluntad colectiva para hacerles frente es al parecer insuficiente”. 45 Al respecto, el Informe señala que en el sistema internacional emergen políticas encaminadas a incrementar el control de distintos segmentos de este problema, al punto en que la energía invertida ahora en ese propósito puede “debilitar las respuestas colectivas” a estos “nuevos desafíos.” En este contexto, la intensificación de “los vientos en contra de la economía global”, se combina – según el Fondo Monetario Internacional- con la tendencia “a una desaceleración gradual en los próximos años” y con “la carga de la deuda global”, ubicada “en torno al 225 % del PIB.” En los planos geopolítico y geoeconómico, el incremento de las tensiones entre las principales potencias del mundo genera ya “los riesgos globales más urgentes” en un mundo que evoluciona “hacia un período de divergencia tras un período de globalización que alteró profundamente la economía política global.” Fue en ese periodo de globalización que tomó forma la Ciudad. Ahora debe prever en su actividad un entorno en que resulte más difícil “avanzar colectivamente en otros desafíos globales, que van desde la protección del medio ambiente hasta la respuesta a los desafíos éticos de la Cuarta Revolución Industrial.” En ese entorno, por ejemplo, mientras los riesgos ambientales se incrementan, la política ambiental tiende a estancarse. Preocupa en particular el ritmo acelerado de pérdida de biodiversidad, que tiene a su vez un impacto negativo en la cadena alimenticia humana, la salud y el desarrollo socioeconómico, 45 https://www.marsh.com/pa/es/insights/research/informe-riesgos-globales-2019.html


“con implicaciones para el bienestar, la productividad e incluso la seguridad regional.” La tecnología, por su parte, “sigue desempeñando una función fundamental en la configuración del panorama global de riesgos.” A las preocupaciones sobre el fraude de datos y los ataques cibernéticos se suman ahora las asociadas con las noticias falsas, el robo de identidad, la pérdida de la privacidad de las sociedades y los gobiernos, las filtraciones masivas de datos, y los usos potenciales de la inteligencia artificial para diseñar ciberataques más potentes contra infraestructuras críticas. El Informe destaca también lo que llama el lado humano de los riesgos globales. “Para muchas personas,” dice, “este es un mundo cada vez más ansioso, infeliz y solitario”, en el cual los problemas de salud mental afectan actualmente a unos 700 millones de personas. Las complejas transformaciones sociales, tecnológicas y laborales, causan un profundo impacto en las experiencias de vida de las personas. Un tema común es el estrés psicológico relacionado con un sentimiento de falta de control frente a la incertidumbre. Estas cuestiones merecen más atención: la disminución del bienestar psicológico y emocional es un riesgo en sí mismo, y también afecta al panorama global más amplio de los riesgos, especialmente a través de los impactos sobre la cohesión social y la política. Otro factor de incertidumbre se relaciona con los patógenos biológicos. Aumenta el riesgo de que se produzca “un brote devastador de forma natural,” mientras “las tecnologías emergentes están facilitando cada vez más la fabricación y liberación de nuevas amenazas biológicas”. Por otra parte, las nuevas biotecnologías revolucionarias “prometen avances milagrosos, pero también crean enormes desafíos de supervisión y control, como lo demuestran las afirmaciones de 2018 de que se habían creado los primeros bebés modificados genéticamente en el mundo.”

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Por último, el Informe hace referencia al vínculo entre el rápido crecimiento de las ciudades y los efectos del cambio climático. Para 2050, se espera que dos tercios de la población mundial vivan en ciudades, incluyendo 800 millones de personas en más de 570 ciudades costeras vulnerables a un aumento del nivel del mar de 0,5 metros. “En un círculo vicioso,” agrega, la urbanización no sólo concentra a las personas y a las propiedades en zonas potencialmente dañadas y perturbadas, sino que también exacerba esos riesgos, por ejemplo, destruyendo las fuentes naturales de resiliencia, como los manglares costeros, y aumentando la presión sobre las reservas de agua subterránea, todo lo cual hará que una cantidad cada vez mayor de tierra sea inhabitable.” Para la Ciudad, la conclusión resulta evidente. Para contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático hacen falta comunidades innovadoras, que pongan los aportes del humanismo, la ciencia, la empresa y la cultura al servicio del cambio social que abra paso al ambiental. Eso hacemos. Vamos bien, vamos juntos, por el camino correcto.

23 DE AGOSTO DE 2019

La ciudad de la Ciudad

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a metáfora es una herramienta espléndida para generar nombres atractivos, pero también puede inducir a consideraciones que resulten frustrantes. La nuestra, por ejemplo, no es una ciudad en sí misma, sino un vecindario de la ciudad de Panamá, de la cual depende para obtener su energía, el agua que consume, los servicios de recolección y disposición de sus desechos, y los de transporte público.

En las condiciones actuales de Panamá – y trabajamos precisamente para hacer pasajeras algunas de las peores de ellas -, si la nuestra


fuera una ciudad en sentido pleno incluiría barrios pobres, zonas peligrosas y otras circunstancias de riesgo y de deterioro ambiental que limitarían nuestra capacidad para el cumplimiento de nuestra misión. Además, como todo centro urbano, tendría que recaudar impuestos para proveer servicios indispensables de salud, vialidad, seguridad y dotación de espacios públicos, por mencionar algunos casos. Con todo, la Ciudad lo es en otro sentido del término. Los centros urbanos, en efecto, no se definen sólo en sí mismos. Además, y, sobre todo, articulan espacios físicos en territorios definidos por características identitarias de orden socio-económico, socio-cultural, y socio-ambiental, que resultan de actividades de producción y de intercambio en el espacio así articulado. La Ciudad es un nodo urbano que articula espacios de producción científica, académica, cultural y empresarial a una escala que no siempre es fácil apreciar. Esa articulación opera a través de redes que la Ciudad ha venido construyendo a lo largo del tiempo: una red interna, de entidades afiliadas; una local, de entidades asociadas a su misión, y una externa, de entidades que comparten su visión. Con ello, relaciona entre sí demandas, capacidades y posibilidades de innovación que se extienden mucho más allá de ella misma. Por otra parte, si bien el funcionamiento de la Ciudad depende de servicios proporcionados por otros, procura gestionarlos de manera tan sostenible como sea posible. Además, en conjunto con sus áreas urbanas vecinas participa en la previsión y discusión de las características y consecuencias de las obras de infraestructura y de la gestión urbana del área con las autoridades responsables de esas actividades. Esto nos permite entender mejor el carácter glocal de la Ciudad. La escala de su actividad es global, pero su base de sustentación física es local. En ese sentido, la misión de la Ciudad expresa ambos planos de esta relación, cuando nos dice que aspiramos a constituirnos en una comunidad innovadora capaz de encarar y resolver problemas locales de relevancia global.

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Conviene reflexionar sobre estas cosas, además, cuando el vigésimo aniversario del inicio de las actividades de la Ciudad en Clayton coincide con la conmemoración de los 500 años de la fundación de la Ciudad de Panamá. Omar Jaén Suárez y Alfredo Castillero nos han enseñado que aquella Ciudad fue organizada para vincular el Pacífico americano al comercio con Europa, y que para eso fue necesario dotarla de un corredor de soporte agropecuario que tuvo su primer centro de articulación en Natá. Hoy vamos entendiendo cada vez mejor las afinidades de aquella experiencia con la de la Ciudad del Saber. La Ciudad, en efecto, cumple un importante papel en la creación de las condiciones que optimicen la inserción de Panamá en la nueva geografía funcional de regiones económicas definidas por los flujos de valor que genera en el mercado global. Lo hace, además, con el propósito de contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático para su propio entorno, de la única manera en que es posible hacerlo en las condiciones del siglo XXI: en colaboración con todos los que se proponen objetivos semejantes en cualquier parte del mundo cuyo destino compartimos todos.

6 DE SEPTIEMBRE DE 2019

La Ciudad en la educación

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n Panamá, el sistema educativo reclama ser puesto en relación con las transformaciones en la vida nacional generadas por la incorporación del Canal a nuestra economía interna, y del país al mercado global. Este camino permitirá crear capacidades correspondientes a las necesidades que emergen de esas transformaciones, para desarrollar en Panamá una sociedad más equitativa y una economía más competitiva. No es de extrañar que este sea uno de los temas de mayor capacidad de consenso entre todos los sectores de nuestra sociedad. Eso ha


facilitado un proceso de diálogo para la construcción de acuerdos y la definición de políticas en el cual la Ciudad participó desde el primer momento. Los resultados de ese diálogo fueron entregados a las autoridades del Gobierno anterior, y corresponderá al que acaba de iniciar funciones la responsabilidad de llevarlos a la práctica. En este paso del dicho al hecho, nunca sencillo, ha surgido una iniciativa innovadora. Consiste en establecer, mediante una alianza entre el Ministerio de Educación y la Fundación Ciudad del Saber, un centro de enseñanza de excelencia, que ofrecerá formación de Décimo a Duodécimo año a estudiantes de alto desempeño académico y social provenientes de escuelas públicas de todo el país. Los estudiantes del nuevo centro residirán y se formarán como becarios de tiempo completo en la Ciudad. Aquí, además de recibir la enseñanza correspondiente a un programa de Bachillerato Internacional, podrán participar en actividades culturales, utilizar los espacios públicos y las instalaciones deportivas, relacionarse con profesionales y entidades científicas, académicas y empresariales, y formarse en una cultura de la innovación. De este modo, el nuevo centro hará parte de la comunidad innovadora que se desarrolla en la Ciudad, y contribuirá a poner la innovación al servicio del cambio social. La innovación es viable cuando cuenta con raíces en la sociedad que la adopta. En este caso, Panamá cuenta con rica tradición en materia de innovación educativa para enfrentar los desafíos que le han planteado las diversas etapas de su desarrollo. Uno de sus primeros grandes ejemplos está en la fundación del Instituto Nacional en 1909, para enfrentar las necesidades de recursos humanos de excelente formación académica que demandaba la consolidación de nuestra República, establecida apenas seis años antes. Esa tradición recibió un nuevo impulso en las décadas de 1930 y 1940, cuando el país enfrentó los retos generados por la crisis de 1929, y las oportunidades de desarrollo creadas por el Tratado Arias Roosevelt de 1936, que abrió el mercado de la antigua Zona del Canal a la producción

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agropecuaria e industrial de Panamá. De allí surgieron la Universidad de Panamá en 1935; la Escuela Normal de Santiago en 1938; el Instituto Nacional de Agricultura en 1940, y los Colegios Abel Bravo, en Colón; José Daniel Crespo, en Chitré, en 1942, y Félix Olivares en David, en 1945. La fundación de la Universidad Tecnológica de Panamá en 1981, para dotar al país del capital humano necesario para encarar los retos y aprovechar las oportunidades de la integración del Canal a nuestra economía, culminó ese impulso creador. En todos esos casos, las iniciativas de creación de una oferta educativa de amplia base social y buena calidad académica buscaron formar de ciudadanos dotados de las capacidades profesionales que iba demandando el desarrollo de nuestra sociedad y nuestra economía. Hoy, la inserción de Panamá en un mercado mundial cada vez más organizado a partir de los flujos de valor entre regiones económicas de elevada competitividad le plantea al país de la Ciudad desafíos económicos, sociales, tecnológicos y culturales de una complejidad sin precedentes en su historia. Ante una circunstancia así, gana en valor la advertencia que una vez nos hiciera José Martí: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero que el tronco sea el de nuestras repúblicas.” La mejor garantía de una inserción competitiva en el mercado global radica sin duda en el desarrollo de nuestras capacidades humanas en materia tecnológica. Al propio tiempo, la mejor garantía de que esa competitividad se traduzca en una sociedad que sea próspera por lo equitativa que sea radica en la preservación y la ampliación de nuestro sentido de identidad. Esto no es una verdadera novedad. En los pequeños países exitosos que concurren a la formación del nuevo mercado global – como Corea, Singapur, Israel y Finlandia - la formación científica y tecnológica – que proporciona los medios para ser competitivos – está acompañada de la formación humanística necesaria para comprender los fines a cuyo servicio deben estar esos medios.


La enseñanza de la historia, la geografía y las Humanidades, en efecto, es indispensable para comprender a la educación como un vínculo entre los fines de la sociedad y los recursos humanos necesarios para alcanzarlos. Esa relación fue determinante en nuestros éxitos del pasado y lo será también para la transformación educativa que la Ciudad y su país demandan: aquella que permita a nuestros jóvenes conocer “el supremo bien de sentirse generosos”, y comprender que “por maravillosa compensación de la naturaleza aquel que se da, crece”, y que los seres humanos “crecen, crecen físicamente, de una manera visible crecen, cuando aprenden algo, cuando entran a poseer algo, y cuando han hecho algún bien.”46 La comunidad innovadora de la Ciudad da la bienvenida a esta propuesta, nacida precisamente para habilitar desde hoy a los panameños de mañana para contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático. Todos crecemos, ayudando a crecer.

27 DE SEPTIEMBRE DE 2019

Martí en la Ciudad

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nos estudian la obra de José Martí por sus cualidades estéticas y morales. Otros, por lo que tiene por decir, y lo que tenemos pendiente de hacer. Ambas perspectivas convergen en el hecho de que las luces y las sombras del mañana enriquecen la lectura del ayer martiano, y permiten advertir a tiempo – y desde nosotros – los desafíos que van emergiendo de nuestro devenir en el mundo. Seis preguntas sencillas ayudan a organizar este estudio. La primera de ellas, por supuesto, es para qué estudiar a Martí. En breve, lo 46 “Maestros ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana,1975. VIII: 288, 289.

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hacemos para conocernos y comprendernos en lo que hemos llegado a ser; para entender mejor al mundo desde nosotros mismos; para imaginar y construir sociedades mejores, con todos y para el bien de todos los que se sumen a ese empeño, y para contribuir al equilibrio de un sistema mundial que en vida de Martí iniciaba el camino que lo llevaría a la Gran Guerra de 1914 – 1945, y que hoy ha ingresado en una crisis global. Así las cosas, ¿qué estudiar en Martí? En primer término, el proceso de formación de su visión del mundo, y de la ética correspondiente a esa visión, sustentada en la fe en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud y en la necesidad de trabajar para el equilibrio del mundo. Aquí tiene especial importancia el vínculo entre esa visión y la conducta de Martí en lo que hace a su vida personal y política, siempre con la idea en mente de que, para nosotros, el buen gobernante es el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.47 Dicho esto, ¿cómo estudiar a Martí? La plenitud de la obra de Martí se expresa sobre todo entre 1885 – 1895, de sus 32 a sus 42 años, y en encuentra su síntesis mejor en su advertencia de que no hay entre nosotros batalla “entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”, que nos legar en su ensayo Nuestra América, de 1891. En ese periodo se articulan Cuba, nuestra América y el sistema 47 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI: 17.


mundial en transformación en su formación literaria, que culmina en el poemario Versos Sencillos, de 1891 y, en lo político, en el permanente fulgor de su discurso El alma de la revolución y el deber de Cuba en América, de 1894. 48 En ese estudio, además, hay que prever algunos riesgos. Uno es el de la anacronía, que lleva a citarlo fuera de su contexto histórico, haciendo de opiniones marginales problemas centrales en el debate, como en el caso de su visión de las mujeres norteamericanas. Otro es el de fragmentar un pensamiento, una oratoria y una poesía de gran riqueza y complejidad, extrayendo ideas o versos por la belleza de su construcción sin atender a la lesión que ello pueda implicar para su contenido. Y, naturalmente, está el riesgo de hacer víctima a Martí de los prejuicios provenientes de la propia cultura que él buscó trascender, como ocurre en el caso de sus reflexiones sobre la religiosidad y el anticlericalismo. En suma, ¿qué podemos aprender con Martí? En primer término, a conocer y comprender mejor la capacidad de nuestra gente para el mejoramiento humano y el ejercicio de la virtud. Desde allí, a comprender y fortalecer la unidad del género humano, entendiendo a la patria como “aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó nacer”, por lo cual no ha de negarse el hombre “a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca. Esto es luz, y del sol no se sale. Patria es eso”.49 Su obra nos proporciona, así, elementos de invaluable ayuda en la tarea de contribuir a crear un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático, como lo anuncia la visión de la Ciudad.

48 La obra martiana está disponible en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (http://biblioteca.clacso.edu.ar/), y las antologías Nuestra América y Obra Literaria, en https://www.clacso.org.ar/biblioteca_ayacucho/index.php 49 "En casa", Patria, 26 de enero de 1895. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. V: 468 – 469:

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11 DE OCTUBRE DE 2019

La comunidad en el país

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a Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación invitó a los integrantes de la comunidad de trabajadores de la ciencia en Panamá a participar en la elaboración del Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCYT) 2019-2020. La agenda fue muy amplia, pues abarcó mesas sectoriales sobre la salud; el agua, el ambiente y la energía; el sector agropecuario; la industria y la tecnología 4.0, y el fomento de las actividades de investigación, desarrollo e innovación en la educación media y superior. Además, incluyó mesas transversales en temas como investigación e innovación transformadora; generación de capacidades científicas; apropiación social de la ciencia, tecnología e innovación (CTI), y gobernanza de la ciencia, tecnología e innovación.

La importancia de este proceso para la Ciudad no puede ser más evidente. El concepto de comunidad innovadora, en efecto, define un espacio de encuentro entre los distintos actores que interactúan en los procesos de producción, de difusión y de aplicación del conocimiento a la solución de los problemas que afectan el desarrollo social. Es desde esa comunidad que la ciencia puede contribuir de la manera más eficaz a la creación de un futuro próspero, equitativo y sostenible para la sociedad. No se trata, en todo caso, de un proyecto simple, aun cuando en esencia sea sencillo. Los seres humanos hacemos nuestra propia historia, pero en condiciones que no podemos escoger de antemano. Panamá, por ejemplo, tiene una larga tradición de apropiación de la CTI en áreas puntuales de su economía, como las finanzas, las telecomunicaciones y la logística. Más allá de eso, la apropiación social de la CTI es débil, irregular y a menudo inadecuada.


Estas diferencias están asociadas a dos factores visibles. Uno es la escala de las economías y la complejidad de las estructuras sociales involucradas. En el caso del sector agropecuario, por ejemplo, se estima que el 80% de lo producido proviene de la agricultura familiar de bajo nivel tecnológico, y el otro 20% de empresas de agronegocio, algunas de las cuales cuentan con sus propios servicios de investigación. El mejor indicador del desarrollo de una economía está en el grado de la división del trabajo que la sustenta, y en la diversidad y complejidad de las organizaciones productivas que llevan a cabo ese trabajo. En este caso, entre la agricultura familiar y el agronegocio se encuentra un amplio espacio para el desarrollo de una clase media rural cuya actividad productiva demande medios tecnológicos más complejos que el machete, el fuego y los agroquímicos para incrementar la competitividad de sus productos. La existencia de esa clase media rural, y de cooperativas y otras asociaciones de producción que potencien sus capacidades, llegará a ser un medio formidable de apropiación social de la CTI en el sector agropecuario de Panamá, que hoy emplea al 12% de nuestra fuerza de trabajo, pero solo aporta el 1.9% del Producto Interno Bruto del país. El segundo factor que limita la apropiación social de la CTI es de orden cultural. La sociedad panameña cuenta con una cultura de la imitación de muy viejo arraigo, y una cultura apenas incipiente de la innovación. En el caso del sector agropecuario, esto demanda fomentar la innovación para el cambio social en el mundo rural mediante una gama de iniciativas que vayan desde la vinculación entre ciencia y producción a través de una red de Centros de Innovación Rural que operen en el marco de un sistema nacional de innovación agropecuaria que facilite la integración de Panamá al sistema global de gestión del conocimiento para la agricultura y la alimentación. Lo dicho puede ser ampliado en relación con otros sectores de nuestra vida social y económica. Tiene gran importancia, por ejemplo, lo que se discuta en la mesa dedicada al agua, el ambiente y la energía,

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que constituyen condiciones de producción para todas las demás ramas de la actividad económica y la vida social, y que ojalá conduzca a la decisión de crear un Instituto de Ambiente, Energía y Territorio, que vincule y potencie las capacidades que el país ha venido creando en ese campo, de tan evidente importancia glocal. Esta perspectiva resalta aún más el valor del concepto de comunidad innovadora para comprender la necesidad de que la ciencia trabaje con la sociedad y no solo para ella, facilitando y enriqueciendo la vinculación de los seres humanos entre sí y con su entorno natural. De allí cabe desprender una estrategia de asignación de recursos para el desarrollo de la CTI que relacione entre sí la investigación, la innovación y la socialización de los resultados del trabajo científico mediante vínculos entre las entidades productivas, comunitarias y sociales cuya actividad facilite transferir los resultados de la investigación científica a la vida económica y social del país. En una comunidad innovadora como esa, lo que la ciencia pueda hacer por su sociedad determinará lo que su sociedad pueda hacer por su ciencia. Y será mucho para ambas, sin duda alguna.

25 DE OCTUBRE DE 2019

La aurora en la Ciudad “La inteligencia tiene dos fases distintas: la de creación y la de aplicación: cuando aquélla no se une a ésta, hace desventurados y mártires, enfermos incurables del dolor perpetuo de la vida: la de aplicación, con ser menos noble, es más adecuada y necesaria a la existencia: una y otra mezcladas, son el germen escondido del bienestar de un país.” José Martí50

50 “Revista Universal”. México, 14 de julio de 1875. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 270.


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ay personas que, al decir de José Martí, aun después de su partida siguen dando luz de aurora. Una de ellas fue el Dr. Rodrigo Tarté, que se incorporó a la Ciudad en 1999 como su Director Académico, y permaneció en ella y con ella hasta su partida, doce años después. En la época de su incorporación, la Ciudad aún tenía una sede provisional en Albrook, y era una idea en busca de los medios para transformarse en una realidad. En el momento de su partida, Rodrigo había contribuido a hacer de ella un referente glocal en materia de innovación para la gestión integrada del conocimiento, que es la que combina las dos fases de la inteligencia de que nos habla José Martí. Rodrigo Tarté contaba con la inteligencia, el carácter y la experiencia para encarar de una manera novedosa las tareas que le correspondió atender. Al llegar a la Ciudad, ya había desarrollado una distinguida carrera científica. Formado como agrónomo en la Universidad de Puerto Rico, contaba con un Doctorado en Fitopatología de la Universidad de Cornell, y había dirigido el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Panamá, el Centro de Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza, en Turrialba, Costa Rica, y la Fundación Natura en Panamá. Desde el primer momento, Rodrigo puso toda su experiencia y todas sus relaciones con la comunidad científica del país y el exterior al servicio del desarrollo y la consolidación de la Ciudad. En ese empeño, prestó especial atención al fomento de las ventajas competitivas de Panamá, en particular la abundancia de agua y biodiversidad en el territorio de nuestro país. Su visión del conocimiento como el resultado de la vinculación entre entidades dedicadas a producirlo, difundirlo y aplicarlo a la solución de problemas locales de alcance global resultó muy innovadora en un medio que para aquel entonces aún entendía a esas actividades por

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separado. Desde esa perspectiva, aportó a la definición de las primeras grandes áreas prioritarias de actividad de la Ciudad. Así, junto a algunas que ya empezaban a tomar auge – como las tecnologías de la información y la logística – supo promover otras de importancia menos evidente entonces, como la biotecnología, la gestión ambiental y la agroecología. Su experiencia en la organización y dirección de entidades de gestión del conocimiento contribuyó también al diseño de las primeras políticas de la Ciudad para atraer entidades científicas y académicas de prestigio, y al de las normas y procedimientos para la afiliación de entidades que contribuyeran al desarrollo del proyecto y del país. Esa es una de las fuentes del rigor que hasta hoy caracteriza a la Ciudad del Saber en su gestión de las propuestas de afiliación que recibe y procesa. Rodrigo promovió también la necesidad de vincular a la comunidad científica del país con proyectos innovadores, que desbordaban los criterios tradicionales sobre las relaciones entre el saber y el hacer. Eso llevó a la organización del Comité Consultivo de la Ciudad del Saber, un cuerpo colegiado de especialistas en ramas muy diversas del conocimiento, cuyas actividades van desde apoyar la evaluación de propuestas de afiliación hasta el fortalecimiento de las relaciones de la Ciudad con otras entidades afines del país y el exterior. La visión de Rodrigo sobre el papel del conocimiento en la comprensión y mejoramiento de las relaciones de los seres humanos entre sí y con su entorno natural llevó a la Ciudad a crear el Centro Internacional de Desarrollo Sostenible, del cual fue su primer Director. El CIDES, un organismo internacional asociado a la Ciudad del Saber, nos vincula con una amplia gama de entidades académicas y científicas, y con organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales que comparten un interés común en conocer y contribuir a resolver los problemas que atañen a la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana. Esa trayectoria de compromiso con el desarrollo sostenible llevó a la Ciudad a darle a su nueva reserva ecológica el nombre de Rodrigo


Tarté. Hoy, el aporte de Rodrigo está presente en la visión de hacer de la Ciudad una comunidad innovadora que utilice los recursos de la ciencia, la empresa y la cultura para resolver problemas locales de alcance global, y contribuya a la creación de un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible. Rodrigo, sin duda alguna, sigue con nosotros, nos alienta y nos orienta, como una luz de aurora que ilumina los trabajos y los días de la Ciudad que vamos siendo, somos.

1 DE NOVIEMBRE DE 2019

Noviembre en la Ciudad

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ace quince años ya que nació de la Ciudad del Saber la iniciativa de conmemorar el mes de la Patria sembrando de banderas nacionales su prado frontal, como en 1958 lo hizo un grupo de jóvenes panameños en lo que entonces era la quinta frontera de nuestro país. Cuatro años antes, al iniciar sus actividades aquí, la Ciudad había izado en su mástil mayor la gran enseña nacional que de 2004 acá se ha visto engalanada cada año por este florecer de nuestro noviembre. Izar nuestra bandera inaugura cada año renueva este compromiso con la nación que encargó a la Ciudad la tarea de transformar esta antigua base militar en una comunidad innovadora al servicio del cambio social, para contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático para todos los habitantes del Istmo. Tal es el significado más profundo de cada noviembre en la Ciudad. Este año, quien inició el acto de llevar nuestra enseña a la altura que le corresponde fue el presidente Ernesto Pérez Balladares, que supo comprender que la recuperación de nuestros derechos de soberanía mediante el Tratado Torrijos – Carter entrañaba, también, el ejercicio de nuestros deberes ante los desafíos que enfrentaba y enfrenta el país.

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En ese empeño tomó cuerpo la idea de transformar la antigua base de Fuerte Clayton en una Ciudad del Saber que contribuyera a ofrecer a Panamá las oportunidades de desarrollo científico, académico, tecnológico, empresarial y cultural que demandaba el ingreso de nuestro país a la economía global. Como sabemos, la iniciativa de crear la Ciudad tuvo su origen en la experiencia, la cultura y el patriotismo de dos notables panameños, Fernando Eleta Almarán y Gabriel Lewis Galindo. Correspondió al presidente Pérez Balladares acogerla, promoverla, y ofrecer todo el apoyo del Estado a la tarea de concretarla, para renovar una visión que, por su alcance y su riqueza, bien puede ser comparada a la que vinculó al presidente Harmodio Arias Madrid y el Doctor Octavio Méndez Pereira para crear en 1935 la Universidad de Panamá. En lo medular de nuestro país, noviembre es realmente el mes de la forja de la patria que somos. Nacimos a esa tarea en noviembre de 1821, para entrar de lleno en el esfuerzo de culminarla en 1903. Ha sido un camino tan arduo como lleno de esperanza, que nos ha conducido a constituirnos en el último Estado nacional de nuestra América en completar por entero su proceso de formación. De nosotros se puede decir, sin duda alguna, que “sólo se han de contar en un pueblo los días que nacen de aquel en que se sacudió de la frente la corona extraña.”51 Uno de esos días nuevos fue el que trajo a la Ciudad a su lugar y su misión definitivos el 2 de diciembre de 1999, cuyo vigésimo aniversario conmemoraremos dentro de poco. La bandera que izamos entonces, como las plantadas cada noviembre en la Ciudad, simboliza a un tiempo el pasado que hemos ido construyendo, y el futuro que tenemos por construir.

51

José Martí: “Discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en Honor de Venezuela, en 1882.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VII, 290.


29 DE NOVIEMBRE DE 2019

La ciencia en la Ciudad

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a misión de la Ciudad otorga un lugar destacado a la ciencia, como un componente indispensable para la innovación tecnológica. Aun así, para la Ciudad ese valor es aun mayor, pues la ciencia contribuye a revelar y relevar problemas que otro modo podrían pasar desapercibidos, como el de la relación entre la innovación y el cambio social.

Sin embargo, la discusión sobre la naturaleza y la función social de la ciencia aún ocupa entre nosotros un lugar secundario. Esa discusión desempeñó un papel muy importante en el desarrollo de la ciencia entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, al calor simultáneo del aporte de científicos como Charles Darwin, Karl Marx, Max Weber, Sigmund Freud, Albert Einstein y Vladimir Vernadsky, y de importantes movimientos de cambio social. De entonces datan, también, las observaciones sobre el papel de la ciencia en el desarrollo social que nos legara el filósofo italiano Antonio Gramsci.52 Gramsci, por ejemplo, nos advierte que en la discusión científica “demuestra ser más ‘avanzado’ el que adopta el punto de vista de que el adversario puede expresar una exigencia que debe incorporarse, aunque sea como momento subordinado, a la propia construcción.” Con ello, comprender y valorar “la posición y las razones del adversario” permite adoptar un punto de vista crítico, que es “el único fecundo en la investigación científica”, cuyo propósito fundamental es la búsqueda de la verdad. Otra observación se refiere al vínculo entre sociedad e ideología en la producción de conocimientos e ideas. Dado que nuestra concepción del 52 Al respecto, por ejemplo, Gramsci, Antonio (1967): Introducción a la filosofía de la praxis. Selección y traducción de José Solé Turá. Nueva Colección Ibérica. Ed. Península, Barcelona. https://marxismocritico.files.wordpress.com/2011/11/introduccion-a-la-filosofiade-la-praxis.pdf

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mundo nos relaciona con “todos los elementos sociales que comparten un mismo modo de pensar y de operar”, dice Gramsci, es necesario someter esa relación a control mediante un pensamiento crítico que permita hacer “unitaria y coherente” la propia visión y “elevarla hasta el punto a que ha llegado el pensamiento mundial más avanzado.” Por último, Gramsci se refiere a la naturaleza de la ciencia y su función social. Al respecto, nos advierte sobre aquella fe supersticiosa en la ciencia que “va acompañada, en realidad, de la mayor ignorancia de los hechos y de los métodos científicos”, y lleva a concebir a la ciencia “como una brujería superior.” Esto, dice, debe ser combatido promoviendo un mejor conocimiento de las nociones científicas esenciales, y divulgando la ciencia por obra de científicos y de estudiosos serios. Para Gramsci, lo importante es que la ciencia “es una categoría histórica, un movimiento en constante desarrollo”, que reduce lo que no conocemos a un empírico “no conocimiento”, lo cual no excluye la posibilidad de conocer, sino que la condiciona “al desarrollo de los instrumentos físicos y al desarrollo de la inteligencia histórica de los científicos individuales.” En esta perspectiva, añade, resalta es sobre todo “la cultura, la concepción del mundo, la relación entre el hombre y la realidad con la mediación de la tecnología”, pues toda la ciencia está ligada a las necesidades, a la vida, a la actividad del hombre. Sin la actividad del hombre, creadora de todos los valores, incluso los científicos, ¿qué sería la «objetividad»? Un caos, es decir, nada, el vacío, si así puede decirse, porque realmente, si se imagina que el hombre no existe no se puede imaginar ni la lengua ni el pensamiento. Para la Ciudad esto es importante, porque el cumplimiento de su misión demanda comprender la relación existente entre el desarrollo de la ciencia y la capacidad de innovación, así como los procesos de formación y de transformación de la sociedad a la que la ciencia y la innovación deben servir. Que la Ciudad pueda plantearse


hoy problemas como estos es un importante logro obtenido en su desarrollo. Lo que hagamos en el futuro cercano para ampliar y consolidar este logro contribuirá sin duda a facilitar la solución de un problema local de relevancia global, como lo manda nuestra misión.

13 DE DICIEMBRE DE 2019

Año de aniversarios

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019 ha sido un año de aniversarios. Se cumplen 40 años de vigencia del Tratado TorrijosCarter, que devolvió a Panamá la plenitud de su soberanía sobre todo su territorio; 30 de la intervención militar extranjera que en 1989 liquidó el régimen autoritario entonces imperante en el país, y entregó el gobierno a quienes había ganado las elecciones de mayo de ese año; 20 del inicio de operaciones de la Ciudad del Saber en la antigua base militar de Fuerte Clayton, y 20 también del 31 de diciembre de 1999, cuando a mediodía culminó el proceso de liquidación del viejo enclave colonial extranjero en nuestro país.

Así las cosas, entendemos que la historia no es una mera suma de eventos, sino un proceso que genera hechos que expresan una tendencia mayor, derivada del desarrollo de contradicciones que subyacen en lo profundo los pueblos y sus naciones. En nuestro caso, esa tendencia expresaba – y expresa – la aspiración nacional a contar con un solo territorio amparado por una sola bandera, para aprovechar en su propio desarrollo sus recursos humanos y naturales. Entre nosotros, esa tendencia operó desde mediados del siglo XVIII, cuando – al abrir la Corona española el puerto de Buenos Aires al comercio con España -, privó a Panamá del monopolio del tránsito hacia Europa de minerales preciosos provenientes del Alto Perú, que terminó

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dando a la desembocadura del Paraná en el Atlántico el nombre de Río de La Plata. Esa tendencia maduró con la construcción del ferrocarril interocéanico, con el fracaso del canal francés, y con la construcción del Canal de Panamá por los Estados Unidos al amparo del Tratado HayBuneau Varilla, tras la separación de Colombia en 1903. En el curso de esa maduración, además, la aspiración al control nacional del territorio, su población y sus recursos pasó a convertirse en un poderoso factor de identidad colectiva. Esto explica dos aspectos importantes de nuestra historia. En primer lugar, que esa aspiración nacional desbordara todo obstáculo en su camino, al punto en que los Tratados relativos al Canal y su Zona negociados entre Panamá y los Estados Unidos en 1936, 1955 y 1977 fueran precedidos por golpes de Estado en 1931, 1951 y 1968, y firmados por mandatarios que habían tenido un papel destacado en los mismos. En segundo lugar, que todos esos tratados – salvo el Torrijos Carter - abrieran paso a procesos de restauración democrática que devolvieron la estabilidad al país y le permitieron renovar su proceso de desarrollo. En el caso del Tratado de 1977, el proceso de restauración democrática se vio alterado por la muerte del General Torrijos en 1981. Eso privó a la transición a la democracia de un interlocutor y dirigente indispensable en aquel momento, y abrió paso a disputas políticas que derivaron en la instauración de un régimen militar autoritario que manipuló primero, y bloqueó después, el proceso de transición hasta llevar al país a un estado de crisis en el que ni los gobernantes podían gobernar, ni los gobernados deseaban aquel gobierno, pero no estaban en capacidad de derrocarlo. Es importante tener esto presente, pues la intervención militar extranjera solo pudo ocurrir a partir de las divisiones internas que aquel proceso generó en la sociedad panameña. Y en eso mismo radica la clave de algunos de los hechos más importantes derivados de ella: que culminara con el repliegue de las tropas extranjeras; que


permitiera a los panameños iniciar la reconstrucción de su unidad interna; que no alterara el proceso de cumplimiento del Tratado Torrijos Carter, y que abriera paso al más prolongado periodo de estabilidad política que ha conocido el país desde su separación de Colombia. Eso explica el contenido y la trascendencia de otros aniversarios de este año. Uno fue la transferencia al Estado panameño de la antigua base militar de Fuerte Clayton. El otro, la inmediata transferencia por el Estado panameño a la Fundación Ciudad del Saber de las tierras e instalaciones en que tomaría cuerpo el proyecto Ciudad del Saber. El verdadero valor de las conmemoraciones radica en lo que nos enseñan los hechos conmemorados. La coincidencia de estos dos últimos aniversarios fue posible porque los panameños trabajamos con dedicación y empeño en crear las condiciones de imaginación, reflexión y organización del proyecto de la Ciudad desde mediados de la década de 1990. Eso hizo parte de un proceso más amplio de reconstrucción de nuestra unidad y nuestra identidad nacionales, en el que aprendimos, también, que los derechos de la soberanía sólo encuentran verdadero sustento en el ejercicio de los deberes que ella demanda. Hoy, la consolidación y ampliación de la Plataforma de Servicios Globales de Panamá es un derecho que se sostiene en el deber de que la riqueza que genera esa Plataforma contribuya a hacer del nuestro un país próspero, equitativo, democrático y sostenible. Ya han sido creadas las condiciones fundamentales para plantearse una visión así. Una de esas condiciones consiste en que la Ciudad cuenta hoy en el país con un entorno cada vez más favorable a su misión de contribuir a hacer de Panamá una comunidad innovadora, fomentando las capacidades de sus integrantes para encarar y resolver problemas locales de relevancia global. En este año de aniversarios, hacemos parte del nacimiento de la nueva nación que queremos y podemos llegar a ser.

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2020 “De ese rehacerse para hacer se trata la siembra de las banderas que traen a noviembre a la Ciudad. Y es que, en efecto, recordar conlleva también entender, y prever. Hoy podemos ver, desde nuestras memorias, que los problemas que enfrentamos son particulares en su forma, pero universales en su alcance. No estamos solos ante la adversidad [de la pandemia]: hoy la compartimos con la Humanidad entera, y con toda ella pasamos de lo que parecía ser una época de cambios a la realidad de un cambio de épocas”. “Noviembre en la Ciudad”, 30 de octubre de 2020. 3 DE ENERO DE 2020

Año cero

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a creación del cero por los mayas de Mesoamérica sembró una semilla fecunda en el constante interés humano por el simbolismo y el razonar. En lo primero, tendemos a identificar el cero con la nada, el vacío y con el comienzo y el fin de todas las cosas. Con el razonar ocurre todo lo contrario: utilizamos el cero para desarrollar herramientas del conocer – como la cuantificación precisa y el cálculo de posibilidades- que nos permiten vincular entre sí aspectos muy diversos de la realidad.

En el campo de las Humanidades, estas dos vertientes se combinan de maneras a veces inusitadas. El transcurrir de la realidad, sus procesos de formación y transformación, y las formas en que los expresamos, están en el centro de este campo del saber, que distingue entre el tiempo cronológico, propio de las ciencias naturales y sociales, y el tiempo histórico, correspondiente a su manera de interrogar a la realidad.

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El tiempo cronológico carece de todo sentido fuera de su propio devenir. Esto se expresa tanto en las discusiones sobre los años que dan inicio y fin a las décadas, como en las tareas de cronometría que demanda el desarrollo de las ciencias naturales y la industria, que en la Ciudad lleva a cabo con gran sofisticación el Centro Nacional de Metrología de Panamá, por ejemplo. El tiempo histórico, en cambio, obtiene su sentido en el devenir de la especie humana. Aquí, lo importante es comprender los tiempos del tiempo – las épocas, las edades, los períodos – a partir de los procesos que anuncian y culminan cambios decisivos en las formas de relación y el pensar y sentir de grandes masas humanas. Así, por ejemplo, desde un razonar dominado por las ciencias naturales, en la escuela nos enseñaban que la Edad Media concluía en 1453, con la caída de Constantinopla en manos de los turcos. En cambio, el historiador francés Fernand Braudel, desde un razonar humanista, nos dice que la Edad Media culminó en un proceso de transición que fue de 1450 a 1650, al que llamó “el siglo XVI largo”, hasta desembocar en la era del mercado mundial, que antes no había existido. El tiempo de Braudel es, en verdad, el de la Ciudad. No es casual que la transformación de la base militar de Fort Clayton en el campus de la Ciudad del Saber se iniciara el mismo año y mes en que en la vía interoceánica en el Istmo se convirtió finalmente en el Canal de Panamá. Ambos hechos hacen parte del ingreso del país a la condición de un Estado plenamente soberano, y su creciente integración a la economía global. Ambos también – en ámbitos y escalas muy distintas – constituyen hechos innovadores de vasto alcance social, porque ambos hacen parte al mismo tiempo del país que fue, y del que ellos – y tantos otros – contribuyen a crear, cada cual desde su misión, cada uno con su visión. En lo que toca a la Ciudad, al culminar en lo esencial la tarea de innovarse para innovar iniciada en 2012, está ahora en la capacidad de


encarar sus dos desafíos fundamentales. Uno consiste en avanzar de manera a la vez decisiva e incisiva en la tarea de promover y facilitar la innovación en una sociedad cuyo legado colonial se hace sentir, entre otras cosas, en una cultura que privilegia la imitación de bienes y de soluciones, y estimula más el consumo que la producción. Otro, en vincular la innovación al cambio social en una sociedad de arraigada tradición conservadora. Ante esto, conviene recordar que la innovación por sí misma bien puede llegar a ser a la vez imitadora y conservadora. ¿Recuerdan aquello de llegar a ser el Singapur de la logística, el Dubái de los negocios y la Finlandia de la educación en América Latina? Lo que cabe aprender de países como esos es cómo encararon desde sí mismos sus dificultades para generar sus propias ventajas competitivas. Así las cosas, nuestra innovación debe sin duda hacer más competitivas las ventajas comparativas con que ya contamos en campos como la logística, las finanzas y la conectividad. Pero, y sobre todo, nuestra innovación debe convertir en competitivas ventajas comparativas que incluso están en vías de degradación, como la abundancia de agua y biodiversidad en nuestro territorio, y el talento y creatividad en nuestra población. La comunidad innovadora que nos hemos propuesto crear es el medio más adecuado para poner la investigación, la enseñanza y el cambio tecnológico al servicio de esa transformación, que ya es indispensable para integrar al país de manera cada vez más productiva en las cadenas de flujo de valor que distinguen a la economía global. Por eso mismo, debemos conocer mucho más y mucho mejor a nuestra propia sociedad y nuestro territorio. En ese conocer comprenderemos que la sociedad es lo que ha llegado a ser a través del desarrollo de formas cada vez más complejas de organización y relacionamiento entre los grupos que la integran, a muchos de los cuales la Ciudad tiene acceso mediante su red local. Innovar para el cambio social significa contribuir a que el país avance

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en la tarea de convertirse a sí mismo en una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática. De eso se trata en la transición en que andamos. De eso trata el trabajo que hacemos. Demos la bienvenida al año cero que se inicia con lo logrado en la tarea de innovarnos para innovar.

17 DE ENERO DE 2020

Entorno, y propósitos

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on la inserción del Canal interoceánico en su economía interna veinte años atrás, Panamá ingresó de lleno en la economía global. La comprensión de los problemas y las oportunidades que emergían de un cambio tan vasto y complejo no fue sencilla ni ha culminado, aunque progresa y se amplía.

Vamos entendiendo, por ejemplo, que Panamá y la Ciudad no ofrecen servicios para el mundo, como en la vieja economía internacional, sino en el mercado global, definido por flujos de valor entre regiones económicas antes que entre Estados nacionales. Así, como el resto de la humanidad, estamos inmersos en el proceso de transición entre un mundo que fue y otro que llega, en el que es más fácil saber de dónde se viene que a dónde se va. Eso hace obligante que la Ciudad esté atenta a las contradicciones, los riesgos y las oportunidades que van caracterizando a un entorno global y glocal cambiante. Esto no es sencillo. Carecemos de una tradición cultural y académica en esta materia – las relaciones con la República Popular China, por ejemplo, han sorprendido al país sin un Centro de Estudios Asiáticos, que ya vendrá -, y son múltiples las corrientes de opinión enfrentadas en esta transición. En ese debate, la visión de la Ciudad encuentra valiosos puntos de contacto en entidades como la Comisión Económica de las Naciones


Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), en el campo de los organismos internacionales, y el Foro Económico Mundial – que cumple 50 años este 2020. A partir de esas y otras fuentes, la Ciudad puede y debe comprender mucho mejor el entorno operativo en que debe cumplir la misión que se ha planteado para alcanzar su visión. Este año, por ejemplo, el Foro Económico Mundial dedicará su Encuentro Anual – a realizarse del 21 al 24 de enero en Davos, Suiza -, al análisis del papel de las Partes Interesadas en la Creación de un Mundo Cohesionado y Sostenible. Allí, tres mil participantes provenientes de todo el planeta discutirán cómo hacer realidad un “capitalismo de asociados”; apoyar a los gobiernos y las instituciones internacionales en el seguimiento del Acuerdo de París sobre Cambio Climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y propiciar el debate sobre la gestión de la tecnología y el comercio. 53 El programa del Encuentro sintetiza tanto el contenido como la estructura de la visión del entorno global que anima a sus promotores. Son seis los grandes temas a tratar, y el orden en que son presentados es significativo en sí mismo. Así, el primero es el de la ecología, donde se abordará cómo movilizar a las empresas para encarar los riesgos del cambio climático y garantizar que las medidas para proteger la biodiversidad lleguen al suelo de los bosques y el fondo de los océanos. Le sigue la economía, que tratará sobre cómo eliminar la carga del endeudamiento a largo plazo y, al propio tiempo, mantener funcionando las economías a un ritmo que permita una mayor inclusión social. En lo relativo a tecnología será abordada la creación de un consenso global para el despliegue de la Cuarta Revolución Industrial de una manera que permita evitar una “guerra tecnológica” en la economía mundial. En lo social, se discutirá cómo entrenar y reentrenar para el trabajo con nuevas tecnologías a mil millones de personas de aquí a 2030. 53 Para mayores detalles, https://www.weforum.org/events/world-economic-forum-annualmeeting-2020

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Finalmente, en materia de geopolítica, se analizará cómo poner el “espíritu de Davos” al servicio de la creación de puentes para evitar conflictos en las áreas de mayor tensión global, mediante reuniones informales para impulsar la conciliación de las partes enfrentadas. Y en lo que hace a la industria, se discutirá cómo ayudar a las empresas a crear los modelos necesarios para llevar las iniciativas de negocios a la Cuarta Revolución Industrial, en un mundo que encara a un tiempo un cambio tecnológico exponencial y las crecientes expectativas de todas las partes interesadas. Esto nos dice varias cosas. Una, que la Ciudad opera en un entorno en el cual fuerzas muy poderosas promueven temas cercanos a algunos de nuestros intereses estratégicos, como la sostenibilidad del desarrollo humano y el ingreso a la Cuarta Revolución Industrial. Otra, que esos temas son tratados de manera agregada, y no integrada, como lo hace la Ciudad al vincular la innovación al cambio social. A eso cabría agregar que el planteamiento de esa agenda otorga especial importancia al abordaje de la estabilidad geopolítica global, pero no aborda la dimensión ambiental de la transición como un escenario de conflicto social y político, sino de colaboración en el marco de acuerdos ya establecidos. Estos, por su parte, son temas que la Ciudad aún no encara en toda su complejidad y toda su riqueza, como sin duda deberá hacerlo en el futuro. Nada de esto implica un juicio sobre ninguna de las partes. En todo proceso de transición – más, si se trata de uno entre etapas distintas de la historia del sistema mundial – se produce una multiplicidad de divergencias y convergencias. Lo correcto en esa situación es recordar lo que nos guía: participar en la construcción de una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática, mediante la formación de una comunidad innovadora que contribuya al cambio social. De eso se trata cuando decimos que crecemos con el mundo, para ayudarlo a crecer.


31 DE ENERO DE 2020

La Ciudad en el mundo: riesgos y oportunidades

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a Ciudad hace parte del proceso de formación de un mundo nuevo en la historia de la Humanidad. Ese proceso ha sido llamado la globalización, y hace parte de otro, más amplio, de formación y desarrollo del primer mercado mundial en nuestra historia, que está en curso desde hace (apenas) 500 años.

La creación de este mundo cada vez más interdependiente ha sido obra del capitalismo, cuyo desarrollo impulsa hoy la transformación del mercado internacional de ayer en el mercado global de mañana. Está en la naturaleza del capitalismo que solo pueda existir “revolucionando incesantemente … el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social.” Por lo mismo, su desarrollo inauguró una época histórica caracterizada por “el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes.” Así, ese desarrollo ha sido impulsado por la búsqueda de mercados “de una punta u otra del planeta”, hasta crear un mercado que le otorga “a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita.” En ese proceso la red de comercio se torna universal “y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones.” Y esto abarca a un tiempo la producción material y la cultural, al punto de crear por primera vez en la historia la posibilidad de una cultura universal.54 Un proceso de tal complejidad se abre paso en la historia a través de conflictos generados por sus propias contradicciones. Esos conflictos pueden ser militares – como la Gran Guerra de 1914-1945, que culminó la transición del mercado colonial al internacional -, o de un carácter 54 Marx, Karl y Engels, Friedrich: Manifiesto del Partido Comunista (1848) https://www. marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

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financiero y comercial – y aun ambiental – como los que afectan hoy al proceso de globalización. Esto hace muy importante estar atentos a los riesgos y las oportunidades que emergen en cada fase de su desarrollo. Hoy, por ejemplo, el Foro Económico Mundial – que acaba de celebrar su 50ª sesión anual en Davos, Suiza -, nos advierte que se hacen sentir en el mundo “riesgos interconectados” de gravedad creciente, que van desde un crecimiento económico lento al deterioro ambiental del planeta, el desorden en Internet, y protestas sociales contra “los sistemas que exacerban la inequidad.” Todo esto, dice, indica que se agotan el tiempo y las oportunidades “para prevenir – o incluso mitigar – algunas de las consecuencias más graves de los riesgos globales.” Visto desde la Ciudad, el Informe de Riesgos Globales 2020 del Foro Económico Mundial55 constituye una valiosa herramienta de prospección para la comunidad innovadora que nos hemos propuesto llegar a ser. Esa herramienta, en particular, nos indica cuáles factores de riesgo global pueden traducirse en oportunidades de innovación para el mercado de servicios de gestión de riesgos en la economía global. Así, por ejemplo, la degradación ambiental demanda nuevas herramientas de gestión de la biodiversidad – cuyo deterioro afecta los sistemas de alimentación y de salud, y altera las cadenas de suministro -, de los sistemas de manejo del agua y de mitigación y adaptación al cambio climático. Otro orden de problemas se refiere a lo que el Informe llama las consecuencias de la “fragmentación digital.” Esto incluye desde facilitar el acceso equitativo a Internet, mejorar la gestión global de la tecnología, y prevenir la inseguridad cibernética, facilitando el aprovechamiento de todo el potencial de la próxima generación de tecnologías. En ese mismo marco de incertidumbre, se requiere innovar los sistemas de salud del mundo, amenazados por las nuevas vulnerabilidades “que resultan de los cambiantes patrones societales, ambientales, demográficos y tecnológicos”. Esto, además, contribuirá a 55 https://www.weforum.org/reports/the-global-risks-report-2019


preservar “los notables progresos en bienestar y prosperidad que han tenido el apoyo de los sistemas de salud durante el siglo pasado.” Este panorama, añade el Informe, se ve agravado por el descontento ciudadano “con sistemas que no han sido capaces de promover el progreso.” En ausencia de estabilidad económica y social, dice, “los países podrían carecer de los recursos financieros, el margen fiscal, el capital político o el apoyo social necesarios para encarar los principales riesgos globales”. Por lo mismo, concluye, no cabe “esperar a que se levante la niebla de incertidumbre geopolítica y geoeconómica”, pues limitarse a “seguir la corriente en la esperanza de que el sistema global hará “borrón y cuenta nueva” significa correr el riesgo de perder ventanas de oportunidad cruciales para encarar desafíos apremiantes.” Lo fundamental, ante este entorno, es si deseamos un ambiente distinto debemos contribuir a la creación de una sociedad que sea diferente por ser a un tiempo próspera, equitativa, sostenible y democrática. Y la mejor manera de lograrlo será, sin duda, promover una innovación para el cambio social que convierta en oportunidades los riesgos que nos amenazan a todos, y contribuya a encararlos y superarlos.

7 DE FEBRERO DE 2020

El entorno y la Ciudad

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a Ciudad opera en un entorno operativo de una creciente conflictividad, generada por tensiones que han venido madurando durante años en el proceso de transición de la vieja economía internacional a la nueva economía global. El Foro Económico Mundial ha dado seguimiento a este proceso durante medio siglo. El análisis de ese seguimiento nos indica que los riesgos de hoy pueden ser las oportunidades de mañana, si somos capaces de encararlos en una perspectiva glocal, no meramente global – demasiado

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grande como para influir en ella -, ni meramente local – demasiado cercana a nuestras propias limitaciones. Desde la perspectiva glocal, somos parte activa de un proceso que abarca a la Humanidad entera. Así las cosas, la Ciudad debería prestar especial atención a seis factores de riesgo y oportunidad, que corresponden a los órdenes siguientes: • Ambiental, referido sobre todo al cambio climático y sus efectos sobre el sistema Tierra, en particular los eventos climáticos extremos. • Sanitario, relativo al deterioro de la capacidad de los sistemas mundiales de salud para preservar las conquistas del pasado y prevenir y manejar nuevas amenazas como la masificación de las enfermedades degenerativas, la resistencia a los antibióticos y los brotes de enfermedades emergentes y re – emergentes como el COVID 19 y la poliomielitis. • Informático, asociado a la fragmentación de Internet por la inequidad en el acceso a la misma, y al incremento de oportunidades para delitos informáticos. • Geo - económico, derivado de las crecientes debilidades en el sistema financiero global y el agravamiento de los conflictos comerciales asociados a la transición del mercado internacional al global. • Geo – político, motivado por el deterioro de la capacidad del sistema internacional para prevenir y contribuir a resolver los conflictos militares, políticos y comerciales que lo aquejan, y • Societal, referido al incremento de movimientos sociales que, desde Hong Kong hasta Santiago de Chile, demandan garantías democráticas, respeto a los derechos humanos y acceso equitativo a servicios públicos de educación, salud y seguridad social de buena calidad. Todos esos factores de riesgo tienen presencia en Panamá, donde se ven agravados por una situación de crecimiento económico incierto con malestar social persistente que se origina en buena medida por


el conflicto entre una cultura de gestión pública correspondiente al siglo XX y la tendencia a encarar los problemas del país mediante la imitación de lo hecho por otros, antes que por la innovación a partir de lo que podemos llegar a ser. Hoy emerge en el país una agenda nacional que abarca temas como la seguridad social; la gestión del agua y la del ambiente; la seguridad pública; la provisión de servicios de salud y educación; la persistencia de la inequidad; la inserción del Canal en la vida nacional, y su aporte al desarrollo del país más allá de la Región Interoceánica, y la gestión política del cambio constitucional. En conjunto, todo esto apunta a la necesidad de poner al país en capacidad de encarar los riesgos de la crisis global y aprovechar las oportunidades que esos riesgos ofrecen. La atención a estas circunstancias debe hacer parte de la ejecución de la Estrategia 2018-2028 de la Ciudad, en lo que hace al cumplimiento de su misión y la construcción de su visión en su circunstancia. Esa perspectiva abre nuevas posibilidades de concreción para cada una de las cinco líneas estratégicas en torno a las cuales la Ciudad organiza su labor. Modelar la innovación, por ejemplo, debe atender sobre todo a las oportunidades que generan los riesgos del entorno y la demanda de innovación en áreas críticas como la gestión ambiental, la de sistemas de información, financieros, sanitarios y educativos, y la de procesos de participación social. Potenciar la incidencia debe sostenerse en una valoración más compleja del entorno glocal en que la Ciudad debe cumplir su misión. Proveer el entorno adecuado debe prestar atención a las nuevas formas de organización tanto del trabajo intelectual y manual como del ocio en el nuevo entorno. Evolucionar el modelo de negocio por su parte, demanda el soporte de una inteligencia de mercado referida al entorno operativo global, que amplíe el sustento de la inteligencia de negocios en el entorno local. Con ello, la evolución del modelo de negocios facilitará, además, la plena comprensión y evolución de nuestro modelo de mercado, aún pendiente.

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La Ciudad cuenta con los recursos sociales, humanos y tecnológicos necesarios para estas tareas. Dispone de una red local y una externa en vías de ordenamiento y consolidación. Ha desarrollado herramientas tecnológicas que ya sustentan el vínculo entre la Ciudad y el Saber, y permiten plantearse objetivos aún más ambiciosos tanto en la atención al cliente como en la gestión del conocimiento. Somos lo que hacemos. Mejoramos en la medida en que lo hacemos bien, en la generación de oportunidades a partir de riesgos, como en la valoración del entorno en que existimos, y actuamos.

21 DE FEBRERO DE 2020

Del hacer de la Ciudad

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a Ciudad aprende porque hace, y hace además lo necesario para aprender. Comprometida desde sus primeros días con los problemas de la sostenibilidad del desarrollo, colaboró en 2018 con la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación en la tarea de crear un Centro Internacional de Investigaciones y Estudios Políticos y Sociales (CIEPS) en la Ciudad del Saber. El CIEPS, constituido como una Asociación de Interés Público, tiene la misión de producir conocimiento para la formulación de políticas y la toma de decisiones en los sectores público y privado, y se propone convertirse en un centro de excelencia que sirva como punto de referencia y transferencia de conocimiento a otros países, en especial a los de América Latina.

Para la Ciudad, que se propone constituirse en una comunidad innovadora que impulse el cambio social, para contribuir a la producción de un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible, la creación del CIEPS tiene una importancia singular. Se trata, en efecto, de una entidad innovadora, que al dedicarse a los


estudios sociales y políticos desde una perspectiva glocal inaugura una etapa nueva en el hacer de la Ciudad. La Ciudad y el país esperan del CIEPS algo tan sencillo como complejo: ayuda para conocernos en lo que hemos llegado a ser, como en lo que podemos aspirar a ser. Porque, en efecto, el progreso y la utilidad de la ciencia – de todas ellas – se miden por su capacidad para formular preguntas innovadoras ante los problemas nuevos y más complejos que surgen hoy de la solución que dimos a los problemas de ayer. Y esto es tanto más importante en un mundo que transita, a menudo a tientas, hacia formas nuevas de relación de los seres humanos y sus sociedades entre sí y con su entorno natural, en un proceso cuyos riesgos mayores surgen de la ignorancia y el miedo. No es tarea del CIEPS, ciertamente, resolver los enormes desafíos que esta transición le plantea a lo social como objeto de conocimiento. Si lo es, en cambio, abrir caminos para encarar esos desafíos mediante el impulso a las formas nuevas de acción social que emergen del conflicto entre el miedo y la esperanza que caracteriza a los tiempos que vivimos. Al cumplir esta tarea, el CIEPS no está solo, ni en el espacio ni en el tiempo. A lo largo y ancho de nuestra América, en efecto, tiene lugar una extraordinaria renovación por el conocimiento de lo social como problema. Y esa renovación, a su vez, se enlaza con una tradición que se remonta a fines del siglo XIX, donde la necesidad de vincular la política a la evidencia científica tuvo una clara expresión en el más radical de nuestros demócratas republicanos: Estudien, los que pretenden opinar. No se opina con la fantasía, ni con el deseo, sino con la realidad conocida, con la realidad hirviente en las manos enérgicas y sinceras que se entran a buscarla por lo difícil y oscuro del mundo. Evitar lo pasado y componernos en lo presente, para un porvenir confuso al principio, y seguro luego por la administración justiciera y

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total de la libertad culta y trabajadora: ésa es la obligación, y la cumplimos. Ésa es la obligación de la conciencia, y el dictado científico.56

28 DE FEBRERO DE 2020

Ciudad glocal

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a Ciudad fue concebida, y nació, en el momento en que tres factores de cambio inauguraban una etapa enteramente nueva en la historia de Panamá. El primero consistió en que el país - a 96 años de haberse constituido en República – alcanzó la condición de Estado plenamente soberano. El segundo, en que se inició la integración del Canal interoceánico a nuestra economía interna, y el tercero, en nuestro ingreso al proceso de transición del viejo mercado internacional al mercado global que entonces emergía.

De entonces acá, la Ciudad supo constituirse en un medio para enriquecer los vínculos de Panamá en ese proceso. Así, contribuyó a fomentar la innovación y el emprendimiento, la investigación científica, el intercambio académico y la atracción de empresas innovadoras, y apoyó una mejor inserción de nuestro país en la comunidad internacional. Para la Ciudad, esas tareas han sido llevadas a cabo para contribuir a que lo global se torne glocal, y contribuya a forjar un futuro próspero, equitativo, democrático y sostenible. Esto no es sencillo: se trata de participar en procesos históricos cuyo desarrollo no es lineal, sino espiral, y en los que solo participamos en asociación con otros. Por lo mismo, la Ciudad debe estar atenta a los riesgos y las oportunidades que se generan en cada giro de esa espiral. 56 Martí, José: “Crece”. Patria, 5 de abril de 1894. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. III, 121.


De momento, la espiral ha ingresado en un giro en el que las viejas estructuras del sistema internacional generan una contradicción cada vez más evidente entre la geografía política de ayer, y la geografía funcional de mañana. Tal parece ser el trasfondo de lo dicho por el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres en una entrevista concedida el pasado enero a la agencia IPS.57 Allí, el Secretario General ha señalado la presencia de cuatro amenazas que ponen en peligro el progreso y las posibilidades del siglo XXI: la guerra, el cambio climático, la falta de regulaciones adecuadas en el desarrollo de la tecnología, y la desconfianza en la globalización. Esas amenazas son relevantes para la Ciudad, a la luz de su visión y su misión, como a la de sus clientes y sus aliados. Así, por ejemplo, la proliferación de conflictos armados ocasiona “una miseria generalizada”, que ha creado la mayor ola de migrantes y refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. El cambio climático, por su parte, revela que “estamos en guerra con la naturaleza y la naturaleza está luchando fieramente”, lo cual demanda “un cambio transformador”, para “reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% desde los niveles del 2010 para el 2030, y alcanzar las emisiones netas cero para el 2050.” En cuanto a la tecnología, Guterres plantea que la comunidad internacional no está preparada “para el profundo impacto de la Cuarta Revolución Industrial en el mercado laboral y la estructura misma de la sociedad”. Esto demanda atender problemas que van desde “repensar por completo los sistemas educativos,” hasta “crear nuevas redes de protección social y repensar el concepto mismo de trabajo.” Y a todo esto se agrega la necesidad de “establecer el orden en el espacio sin ley en que se ha convertido el ciberespacio”, encarando la fragmentación digital mediante “la cooperación a escala mundial”. 57 “Guterres: guerra, cambio climático, desconfianza en globalización y tecnología nos amenazan” http://www.ipsnoticias.net/2020/01/guterres-guerra-cambio-climaticodesconfianza-globalizacion-tecnologia-nos-amenazan/

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Todo sugiere que el proceso de globalización enfrenta problemas derivados de una persistente combinación de crecimiento económico incierto con inequidad social persistente, y de la incapacidad de los Estados y los organismos interestatales para encarar esos problemas. Así, aun con los avances alcanzados en el desarrollo de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, “500 millones de personas seguirán viviendo en la pobreza extrema para el 2030” y – de persistir las condiciones actuales- “lograr la igualdad de la mujer en el terreno económico llevará 250 años.” Por lo mismo, dijo Guterres, es necesario “construir una globalización justa,” que modere los males del mundo de ayer para facilitar la transición al de mañana. En todos estos casos, la ONU ofrece una plataforma que permite a “gobiernos, empresas, sociedad civil y otros” unirse para para desarrollar “nuevos estándares y protocolos, definir líneas rojas y establecer reglas flexibles”. En todos ellos, también – como en cada uno de los componentes de la Estrategia 2018-228 de la Ciudad -, existe la oportunidad para innovaciones de orden tecnológico, económico, político y social, que contribuyan al paso a una fase superior y más amplia de la espiral de que hace parte nuestro desarrollo. Estamos en el mundo y cambiamos con él: de cada uno depende que sea para bien de todos.

13 DE MARZO DE 2020

Epidemia, y futuro

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a Ciudad, con toda su gente y su sociedad entera, ha ingresado en la epidemia de COVID19. Lo hace con la certeza de la razón que asiste al Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud, cuando nos dice que esta es la primera pandemia que la Humanidad está en capacidad de controlar, y se pregunta cómo contribuir a ese propósito.


La Ciudad sabe que la enfermedad y la muerte son hechos naturales, pero que la salud es un producto del desarrollo humano. Eso explica que, si naturalmente los humanos tienen una expectativa de vida al nacer de unos 25 a 30 años, su desarrollo como especie les permite vivir hoy en promedio unos 70 años. De igual modo, si su condición natural era la de bandas nómadas de cazadores-recolectores dispersas en amplios territorios, hoy se concentren cada vez más en ciudades, que ya albergan más del 50% de nuestra especie – 70% en Panamá. La producción social de la salud hace parte de la historia de nuestra especie, al igual que las formas de organización social, política y económica que ella ha ido adoptando a lo largo de esa historia. No extraña, en este sentido, que las grandes transiciones civilizatorias del pasado hayan dado lugar a momentos de deterioro en la situación de salud de nuestra especie. Así, en el curso de la transición de la Edad Antigua a la Media, la desintegración de las estructuras económicas y políticas establecidas por la romanidad dio lugar al deterioro de las condiciones de vida de la población, y abrió paso a una serie de epidemias que asolaron la cuenca del Mediterráneo y la propia Italia. Tan solo la llamada plaga del emperador Justiniano – probablemente de peste bubónica - ocasionó entre 25 y 50 millones de víctimas (entre el 13 y el 26% de la población mundial) entre 541 y 750. Otro caso es el de la llamada “peste negra” – también bubónica -, que a mediados del siglo XIV se extendió desde China hasta Europa, donde exterminó al menos 30 millones de personas, en los inicios de la transición de la Edad Media a la Moderna. En este caso, además del deterioro de las condiciones de vida de la población urbana y rural debido al agotamiento de las formas de producción y gobierno del feudalismo clásico, incidió un proceso de variabilidad climática que afectó a la agricultura y generó hambrunas y desnutrición, debilitando la capacidad de resistencia a las enfermedades de grandes grupos humanos.

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Hoy nos encontramos en otro proceso de transición, del mercado internacional al global, y del sistema mundial que conocemos a otro que apenas intuimos. El mundo se ha hecho más interdependiente que nunca, y las sociedades que lo pueblan atraviesan por complejos procesos de cambio social, político y económico. Al propio tiempo, nunca supimos tanto sobre la salud y las enfermedades que nos aquejan, y podemos actuar a la escala de millones de seres humanos para encarar y controlar una emergencia sanitaria como la que enfrentamos. Hoy, el mayor factor de riesgo que enfrenta nuestra especie no es científico, sino cultural. Aquí se combinan dos elementos. Uno es el miedo, un sentimiento atávico, y la ignorancia que lo estimula y lo alimenta, que es una carencia moderna. El primer remedio que demanda el COVID19 es la información sustentada en evidencia científica, que contribuya a disminuir la influencia del miedo en la vida social, y a elevar el nivel de la cooperación de las personas entre sí y con las autoridades que tienen a su cargo atender la epidemia que enfrentamos. En este terreno, la Ciudad tiene mucho que ofrecer, a través de sus relaciones de colaboración con entidades como el Instituto de Investigaciones Científicas Avanzadas, el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud -que tan importante papel desempeña en estos momentos –, el Programa de Salud Pública de la Universidad del Sur de la Florida, y el movimiento Ciencia en Panamá. La Ciudad encara el problema desde su visión de un futuro que será sano en la medida en que llegue a ser próspero, equitativo, sostenible y democrático. Esto confirma nuestra misión, pues la epidemia nos recuerda hasta qué punto es necesaria una comunidad innovadora que pueda poner los recursos de la ciencia, la tecnología, la empresa y la cultura al servicio del cambio social necesario para mejorar la producción de la salud. A fin de cuentas, esto es lo realmente fundamental, y nuestra manera de participar en la tarea de hacerlo realidad. La pandemia nos ha


revelado algunos de los riesgos que subyacen a la transición hacia un mercado global. Prever otras manifestaciones de esos riesgos en el futuro, y contribuir al desarrollo de las capacidades sociales que permitan encararlos y superarlos hace parte del corazón mismo de nuestra visión y nuestra misión. Somos lo que hacemos: seamos lo que debemos hacer.

10 DE MARZO DE 2020

La Ciudad y el campo, pasado mañana “los ecosistemas sostienen las economías (y la salud); pero las economías no sustentan los ecosistemas” Miguel Altieri y Clara Nicholls58

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a Ciudad encara la crisis provocada por el COVID19 en dos planos. El primero, y más urgente, consiste en proteger a sus colaboradores, sus recursos y sus afiliados. Aquí destacan tres líneas de actividad: preservar la salud, los puestos de trabajo y los ingresos de los colaboradores; mantener a la Ciudad viva y activa mediante el trabajo a distancia, y enfrentar juntos los problemas que compartimos todos.

El segundo plano mira más allá de la crisis. Aquí, una primera línea de trabajo consiste en asumir las iniciativas del plano inmediato como oportunidades para mejorar en el futuro la provisión de espacios y servicios de tecnología más adecuados a modalidades de trabajo que van tomando cuerpo a partir de la crisis, y que probablemente se desarrollen en formas (y demandas) más complejas pasado mañana. El teletrabajo, por ejemplo, pasará probablemente a ser una tendencia de organización, que demandará formas nuevas de colaboración entre la Ciudad y sus redes para generar nuevas modalidades de formación de capacidades y producción de conocimientos, para mencionar dos ejemplos. 58 M.A. Altieri y Clara Inés Nicholls: “La Agroecología En Tiempos Del Covid-19.” https://viaorganica.org/la-agroecologia-en-tiempos-del-covid-19/

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Otra línea de trabajo consiste en fortalecer las capacidades de prospectiva y previsión de la Ciudad en el mercado de servicios de apoyo a la gestión del conocimiento. Un caso de especial interés aquí es el de la gestión de las relaciones futuras entre las sociedades y su entorno natural. Así, por ejemplo, Miguel Ángel Altieri y Clara Nicholls, dos renombrados agro ecólogos de la Universidad de Berkeley, nos dicen en un artículo reciente que la pandemia de COVID 19 “nos revela la esencia sistémica de nuestro mundo, recordándonos que la salud humana, animal, de las plantas y la ecológica, están estrechamente vinculadas.” La producción de alimentos, en particular, demanda ya “un enfoque sistémico poderoso” que ayude a la Humanidad a explorar “los vínculos entre la agricultura y la salud, demostrando que la forma en que se practica la agricultura puede auspiciar el bienestar o, por el contrario… puede generar grandes riesgos y daños para la salud.” Los monocultivos a gran escala, dicen, “ocupan alrededor del 80 % de los 1,500 millones de hectáreas arables en todo el mundo, carecen de diversidad ecológica, y son muy vulnerables a las plagas”. Por lo mismo, la producción de alimentos a escala industrial demanda anualmente la aplicación de unos 2 300 millones de kilogramos de pesticidas, lo cual ocasiona “daños ambientales y en la salud pública estimados en más de 10 mil millones de dólares al año solo en los Estados Unidos.” La ganadería de escala industrial, por su parte, “es particularmente vulnerable a la devastación por diferentes virus como la gripe aviar y la influenza”, y además de hacer a los animales más susceptibles a las infecciones virales, puede generar “las condiciones por las cuales los patógenos pueden evolucionar a tipos más virulentos e infecciosos […] como sucedió en abril de 2009, con una nueva cepa de influenza conocida como el H1N1 o gripe porcina.” Todo esto, además, se agrava “a medida que los agro paisajes biodiversos están siendo reemplazados por grandes áreas de monocultivo que causan la deforestación”. Y esto propicia la migración


desde el bosque a las ciudades “de organismos previamente controlados por ecologías forestales de larga evolución, dando lugar a la aparición de enfermedades ‘nuevas’”. Ante estos problemas, la agroecología proporciona las bases para transitar “hacia una agricultura que no solo tiene capacidad de proporcionar a las familias rurales beneficios sociales, económicos y ambientales significativos, sino que también tiene la capacidad de alimentar a las masas urbanas de manera equitativa y sostenible.” Esa transición no será sencilla. Toda innovación en este terreno será a la vez tecnológica y social, sobre todo si consideramos que los pequeños agricultores, que solo ocupan el 30 % de la tierra cultivable del mundo, producen sin embargo “entre el 50 % y el 70 % de los alimentos que se consumen en la mayoría de los países”. En lo social, este cambio demandará políticas gubernamentales de largo plazo. La efectividad de esas políticas, a su vez, dependerá en una importante medida de la capacidad de las organizaciones de productores y consumidores para “acelerar el proceso haciendo elecciones diarias” que permitan “ayudar a los pequeños agricultores, al planeta y, en última instancia, a nuestra propia salud.” En breve, dicen los autores, la transición hacia la agroecología “será el resultado de la confluencia entre movimientos sociales rurales y urbanos, que en forma coordinada trabajen para la transformación radical del sistema alimentario globalizado que está colapsando.” Este es el campo que avizora la Ciudad: aquel que garantice a un tiempo nuestra seguridad alimentaria y una vida mejor para todos los productores de nuestro país. Y quizás tengamos en la Ciudad más recursos de los que imaginamos para avanzar con muchos y para el bien de todos hacia la innovación para el cambio social en las relaciones entre el mundo rural y el urbano.

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24 DE ABRIL DE 2020

Gente mirando a mañana

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a Ciudad preguntó a un grupo de sus colaboradores sobre el mundo que esperaban llegar a ver más allá de la pandemia de COVID 19. Las respuestas se decantaron en dos direcciones principales. Por un lado, una vertiente intimista expresó la esperanza de “un futuro lleno de familias, comunidades y países caminando y viviendo más despacio, más cercanos, más humildes.” Por otro, y en armonía con la primera, se hizo sentir una rica vertiente socioambiental, que planteó la necesidad de “trabajar para tener una nueva normalidad en la que le demos más importancia al bien común y a los sistemas que pueden hacer eso posible: sanidad, educación y trabajo digno para todas las personas”, incluyendo en ese bien común “el cuidado y respeto por nuestro hogar común: el planeta.”

Para ambas vertientes, además, la crisis abría “un nuevo camino de aprendizaje para todos”, con políticas directas y efectivas “para los sectores energéticos, productivos y del transporte; con compromisos reales por parte de grandes empresas y corporaciones; y con el despertar de la conciencia social y ambiental del individuo como consumidor responsable y ciudadano solidario”. Con todo, recorrer ese camino hacia un futuro próspero, inclusivo, sostenible y democrático Ciudad demanda comprender el pasado que ha venido a desembocar en nuestro presente. Hoy, en efecto, vivimos en un sistema mundial en desarrollo desde hace unos 500 años. Cualquier discusión sobre nuestro futuro, por tanto, se refiere a las opciones de transformación de ese sistema a partir de la crisis que lo aqueja hoy, entendidas desde las funciones que Panamá ha venido desempeñando en el mismo desde el siglo XVI.


Esto último tiene una especial importancia, porque vivimos en tiempos en que el sistema mundial está ingresando a una fase nueva y más compleja de su desarrollo, a través del proceso al que usualmente llamamos “la globalización”. Un mundo que una vez estuvo organizado en imperios y monarquías, al que siguió un puñado de Estados con posesiones coloniales, y después una numerosa comunidad de Estados nacionales, tiende ahora a organizarse en regiones económicas vinculadas por cadenas de valor articuladas por lo que algunos llaman “ciudades globales” – Panamá entre ellas, por cierto. Esta transición, sin embargo, atraviesa por una fase de equilibrio inestable entre un viejo mundo que se resiste a la transformación, y uno nuevo que emerge, pero no está aún en capacidad de culminarla. Este es un fenómeno de transición, característico de todos los giros realmente decisivos en la historia humana, que afecta a nuestra especie en todos los planos de su existencia. En este sentido, por ejemplo, la pandemia constituye el aspecto inmediato más visible de una contradicción más profunda. En efecto, la transición a una fase superior de integración de la Humanidad a escala planetaria implica transitar hacia la civilización correspondiente a dicha fase, que no puede ser desplegada de manera adecuada en el marco de la civilización que se agota. Aquí, el desafío mayor radica en que toda propuesta post COVID19 que no sea planteada en esta perspectiva de cambio para la transformación terminará convertida en un obstáculo en el desarrollo del proceso global, y puede generar conflictos que dificulten llevarla a buen término. Esta dificultad fue intuida por quienes advirtieron – ya a fines de la década de 1990 - la novedad histórica del proceso que vivimos. Las nuevas tecnologías que empezaban entonces a insertarse en la vida cotidiana, como las nuevas economías que empezaban a emerger en el mercado mundial, llevaron a mucho a hablar de una época de cambios. Otros, como el sociólogo vasco-panameño Xavier Gorostiaga, afirmaban en cambio que se trataba de un cambio de épocas. Y tenían razón.

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Esto le otorga especial importancia a las formas nuevas de organización para el desarrollo a través del cambio social que han venido surgiendo en nuestro entorno a lo largo de los últimos 20 años - la propia Ciudad entre ellas. Desde esas organizaciones – como el Instituto Gorgas y el INDICASAT en el campo de la ciencia, o los Centros Regionales de Competitividad en el de la gestión empresarial, por utilizar ejemplos bien conocidos – empieza a tomar forma una mirada nueva sobre el país, sus problemas y su futuro. Convertir esa experiencia en conocimiento, y hacer de esa mirada una herramienta de crítica constructiva y solidaridad activa, son tareas imprescindibles para hacer de la innovación un medio de cambio social. Veinte años atrás, la Ciudad pudo parecer una golondrina solitaria, que anunciaba un verano de utopías. Hoy es parte de un país que se renueva, y que aspira a hacer del cambio un medio de transformación que convierta en realidades las aspiraciones que nuestros colaboradores comparten con lo mejor de la nación a la que sirven.

8 DE MAYO DE 2020

De vuelta a mañana

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a Ciudad, como el país entero, se prepara para regresar a la plenitud de sus labores tras un largo periodo dedicado a preservarse a sí misma, a sus colaboradores, y a sus clientes. Desde su estrategia de desarrollo, la Ciudad encara esta nueva etapa como un proceso de transición a una nueva normalidad, antes que como la mera reactivación de su quehacer anterior.

Para la Ciudad, la experiencia ganada en este periodo facilita orientar mejor las transformaciones que demanden nuestras políticas y nuestra cultura organizacional. Esto no es poca cosa en un mundo que no volverá a ser aquel que en que la convergencia de nuestros problemas


económicos y sociales, por un lado, y nuestros problemas ambientales por el otro, generó la crisis que estamos enfrentando. El trabajo preparatorio de la Ciudad para el regreso a su quehacer demuestra un claro dominio de los factores fundamentales de su estructura y su funcionamiento, y presta especial atención a los cambios ocurridos en nuestro entorno glocal. De esa perspectiva, inmediata y mediata a un tiempo, emergen problemas y oportunidades que demandarán atención en el futuro cercano. Por una parte, se hace necesario culminar el proceso de pasar de una cultura basada en la desagregación de funciones a otra que orientada a la integración de nuestros procesos de trabajo. Esto tiene una dimensión cultural, que determina los fines de la organización, y una tecnológica, que se refiere a la creación de los medios que permitan alcanzar esos fines. En el plano tecnológico, la Ciudad ha dispuesto de medios desarrollados para sus fines desde hace algún tiempo ya. La calidad de esos medios ha quedado demostrada por su capacidad para estimular y facilitar la innovación que ha demandado la gestión de la Ciudad en este periodo. En el plano cultural, la Ciudad ha desplegado conductas colectivas de colaboración y compromiso en todas las tareas que ha demandado la circunstancia, y en el proceso de transformar en conocimiento las experiencias adquiridas en el periodo. De entre esas experiencias, tienen especial valor las obtenidas en el acompañamiento y atención a las entidades afiliadas a nuestra red interna, y a los proveedores de servicios indispensables para nuestro funcionamiento. Eso ha permitido mantener el entorno más adecuado posible para las labores de todos dentro de las restricciones que todos compartimos. Pero, además y, sobre todo, nos ha permitido comprobar la disposición de muchos de nuestros afiliados a colaborar con la Ciudad en el desarrollo del entorno de convivencia y colaboración que compartimos.

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Todo esto demandará una nueva evaluación de nuestro entorno. La crisis desbordó de golpe toda premisa y toda previsión que podía parecer razonable seis meses atrás. Entonces, el análisis de los factores de riesgo indicaba la presencia de un crecimiento económico incierto, una inequidad social persistente y una degradación ambiental constante. Nada, sin embargo, permitía prever que los tres se harían uno a partir de una pandemia asociada a una recesión, ni los desafíos que eso le plantearía al modelo de desarrollo dominante en el mercado mundial. Al propio tiempo, lo sucedido confirmó mucho de lo previsto por la Ciudad en los últimos años, desde la necesidad de transformarse para servir mejor a sus propósitos, hasta la importancia decisiva del vínculo entre la innovación y el cambio social. Hoy emergen temas y posibilidades nuevas en estas y otras áreas, y empieza a tomar forma una agenda nueva para la colaboración glocal entre la ciencia, la tecnología, la empresa y la cultura. En una importante medida, esas novedades se expresan en la renovación y la ampliación de tendencias que ya estaban presentes en el hacer de la Ciudad. La creciente importancia de la innovación biotecnológica y biomédica; el desarrollo de un mercado glocal de servicios ambientales; la creciente importancia de la agroecología y el despliegue del potencial transformador de la Cuarta Revolución Industrial en la vida económica, social y cultural de las naciones, definen un futuro más cercano de lo que imaginamos. En ese futuro están muchas de las claves para alcanzar nuestra visión, a través – justamente – de la comunidad innovadora que estamos en proceso de crear.


18 DE MAYO DE 2019

Del valor de la inclusión

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a visión de la Ciudad nos orienta hacia un futuro próspero, inclusivo, sostenible y democrático. Incorporar esos elementos en una visión de futuro supone un acto de compromiso ante su situación presente.

Está el caso de la inclusión, por ejemplo. Aquí, el progreso del género humano se expresa en asumir como un problema la persistencia de formas de conducta social que alguna vez pudieron parecer naturales, como la desigualdad en materia de derechos y oportunidades que afecta a determinados grupos humanos. Esto hace importante entender que las diferencias entre los seres humanos son naturales, pero la desigualdad es una construcción social, que encuentra su forma más perniciosa en la exclusión. Con esto, las mujeres, los pueblos originarios, los mestizos, los afroamericanos, los pobres y los jóvenes, aun cuando en conjunto constituyen una mayoría social, pasan a constituir en la práctica minorías políticas en riesgo permanente de discriminación en el acceso a oportunidades de empleo, a servicios públicos, y a múltiples formas de vida social. Así, la exclusión no solo constituye un problema social, sino también uno moral, como un sinónimo de injusticia. No faltará quien diga que esto puede y debe ser aceptado, porque siempre ha sido así. Eso no es cierto. Sin duda, a lo largo de la historia todas las sociedades que hemos conocido han incorporado la desigualdad como un mecanismo de organización y de relacionamiento entre sus integrantes. Incluso, el historiador Fernand Braudel llegó a plantear que la sociedad moderna había sabido organizar la exclusión a escala planetaria, estableciendo jerarquías de sociedades completas, y llevando a un grado sin precedente la vieja doctrina de dividir para controlar.

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Aun así, la exclusión que resulta de esa manera de organizar la vida social ha recibido también una crítica constante, de la cual cabe mencionar tres grandes casos. El primer caso ocurrió con el surgimiento y difusión del cristianismo, que ofreció por primera vez en la historia la esperanza en la salvación por igual a todos los seres humanos, a todos los grupos sociales y a todas las naciones. A eso siguió la Gran Revolución francesa de 1789, que llevó a su culminación el paso de la Edad Media a la Moderna, reivindicando como valores fundamentales la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y aún debió transcurrir un siglo y medio para para hacer realmente universales esos valores, a partir de la creación de la Organización de las Naciones Unidas en 1945, y del gran proceso de descolonización que amplió de 51 a 193 el número de los Estados soberanos de la comunidad internacional entre las décadas de 1950 y 1960. Esto permitió a la Humanidad establecer por primera vez en su historia una agenda común para su propio desarrollo, y a crear las condiciones para llevarla a la práctica. Y en ese proceso vino a aflorar la dimensión ética – y por lo mismo, política - del problema, asociada a las dificultades que encaran nuestras sociedades para practicar lo que predican. Desde nosotros, esa dimensión tuvo un planteamiento práctico, claro y temprano en José Martí. En 1891, dirigiéndose a una sociedad dividida e impedida de ejercerse por el racismo, dijo que quería que “la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.” Y agregó enseguida: En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados.59 59 “Discurso en el Liceo Cubano, Tampa, 26 de noviembre de 1891.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975: IV, 270.


La verdad a que se refiere Martí incluye hoy el hecho de que, si bien hemos ganado el derecho a ser iguales ante la ley, no hemos logrado aún ejercer a plenitud ese derecho desde nuestra diversidad. Eso enmascara y perpetúa los problemas generados por la exclusión en las relaciones de los seres humanos entre sí y con su entorno natural. Esta organización de la desigualdad busca - y a menudo logra - enfrentar a los excluidos entre sí enfatizando sus diferencias, promoviendo enfrentamientos horizontales que hacen muy difícil la organización de la resistencia vertical que demanda la lucha contra la exclusión. Atendiendo a esto, el futuro que cabe desear es aquel en que la unidad de los (des) iguales consiga desterrar de la historia de los humanos la organización de la desigualdad como recurso de control social. A fin de cuentas, la exclusión – que sin duda tiene hondas raíces en la historia de nuestra sociedad y nuestra cultura – es un problema que debe ser resuelto mediante el desarrollo social, o terminará por impedir o distorsionar cualquier proceso de desarrollo humano. Precisamente por eso el desarrollo al que aspiramos será sostenible por lo humano que sea, o no será. Y esa humanidad le vendrá de superar la exclusión, poniendo el derecho a ejercer la diversidad que nos caracteriza como especie al alcance de todos.

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12 DE JUNIO DE 2020

Transformaciones en curso

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n reciente artículo del economista norteamericano Jeffrey Sachs nos recuerda que, en tiempos de crisis como los que vivimos, mirar al pasado ayuda a ver hacia adelante.60 Esto facilita entender a la globalización como un proceso en curso, y a la crisis que enfrentamos como parte de ese proceso, que nos lleva a una fase nueva y más compleja en su promesa, sus riesgos y sus opciones. “La globalización”, dice, no está concluyendo, pero si está cambiando sus formas de manera decisiva. Las grandes placas tectónicas que sostienen a nuestro mundo – tecnológicas, geopolíticas, ambientales _ se están desplazando de manera dramática, y eso ocasiona terremotos políticos y sociales en todo el planeta. Muchos gobiernos no pueden enfrentarlo; muchas instituciones se resquebrajan. Tendremos que buscar en todo el planeta los medios para dar a nuestras instituciones formas nuevas, adecuadas a un paisaje global radicalmente transformado. Ante estas transformaciones, el factor decisive será la solidaridad global, pues ante “enfermedades pandémicas, cambio climático global y la degradación en curso de los ecosistemas planetarios, ninguna región estará segura a menos que todas lo estén.” El bienestar de todos, añade, “solo puede ser asegurado cuando optamos por economías y políticas para el bien común: esa es la lección más importante de nuestro tiempo.” Como es natural, circulan otras versiones sobre el carácter de la crisis. La de Sachs, sin embargo, tiene al menos dos virtudes. Una 60 Jeffrey D. Sachs: “New unity needed amid challenges of new global age”. June 8, 2020. China Daily Global. https://www.chinadaily.com.cn/a/202006/08/ WS5edd9981a310834817251697.html. El autor es un economista y profesor estadounidense, graduado en Harvard, y destacado por su trabajo en el campo del desarrollo sostenible, la macroeconomía global y la lucha contra la pobreza.​


consiste en su fundamento histórico; otra, en la cercanía de su perspectiva a la que anima a la visión, la misión y la estrategia de desarrollo de la Ciudad. Así, por ejemplo, la cultura organizacional que da sentido al paso de la división de funciones a la integración de procesos estimula y facilita la labor que nos acerca a constituirnos en una comunidad innovadora. Iniciativas pendientes han reverdecido, nuevas formas de comunicación y promoción han tomado cuerpo, y en la relación con nuestros clientes ha dado sus primeros frutos la política de fidelización y trabajo en redes que fomenta la Ciudad. Sin embargo, el proceso de transición apenas empieza, y aún traerá consigo nuevos desafíos. Lo que importa es tener presente que, con todos sus males, la pandemia ha tenido la virtud de poner en evidencia el carácter conflictivo de la civilización que compartimos. Por un lado, esa civilización ha producido una prosperidad inequitativa, insostenible y cada vez menos gobernable. Por otro, también ha dado muestras de ser solidaria, cada vez más consciente de sí, y de responder afirmativamente a la pregunta del Génesis que fundamenta todos los dilemas del desarrollo humano: ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano? La Ciudad hace parte de quienes responden positivamente a esa pregunta raigal. Entre sus logros está el haber creado el embrión de un mercado de servicios de apoyo a la gestión del conocimiento que antes no existía en Panamá. Dentro de ese mercado, ha contribuido a forjar capacidades nuevas en campos que tendrán un papel de primer orden en la nueva fase de la globalización, como las Tecnologías de la Información y la Comunicación, la gestión ambiental, las biociencias, y la gestión cultural. La necesidad de nuestra visión y la utilidad de nuestra misión van siendo cada vez más evidentes. Nuestra capacidad para participar en pensamiento, palabra y obra en la enorme tarea humana de hacer viable

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un mundo que sea nuevo por lo humano que llegue a ser, nos permite avanzar con los vientos del cambio a nuestro favor. Vamos bien.

17 DE JULIO DE 2020

La naturaleza en la Ciudad

Para Indra Candanedo y Jonathan Lescure, y al movimiento Ciencia en Panamá, que nos vincula.

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acia 1938, el biogeoquímico ruso Vladimir Vernadsky (1865 – 1945) - quien hizo del concepto de biosfera el eje mayor de su trabajo científico – resaltó la importancia del hecho de que la especie humana, al dominar el fuego, fuera la única en disponer de un recurso energético extracorporal. Ese dominio del fuego permitió iniciar el proceso de transición de la biosfera a la noosfera, esto es, a una biosfera adaptada a las necesidades humanas mediante innovaciones tecnológicas y procesos de trabajo cada vez más amplios y mejor organizados. La verdad de ese planteamiento se expresa en la multiplicidad de sus facetas. En primer lugar, está el hecho de que la historia de las interacciones humanas con los sistemas naturales hace parte de otra, más amplia, que es la historia ecológica. La biosfera, en efecto, ha venido formándose y transformándose durante 3500 millones de años, pero nuestra especie sólo ha participado en ese proceso durante unos 2 millones. En el caso de Panamá, el Istmo se formó hace unos seis millones de años, pero la actividad humana en sus ecosistemas se inició hace (apenas) unos catorce mil. Otra faceta consiste en las pretensiones prometeicas desatadas por el desarrollo de esas capacidades, sin una adecuada comprensión de los riesgos que acompañan a las oportunidades que ese desarrollo nos ofrece. Nada más imaginemos el camino que va del fuego utilizado para


abrir paso de la agricultura itinerante al motor de combustión interna de la motosierra; de la producción manual a la industrial, y del garrote al arma nuclear, para apreciar el potencial y los peligros que entraña un Prometeo así desencadenado. Ha sido apenas de la década de 1970 acá que hemos empezado a tomar verdadera conciencia de estos hechos, y de sus implicaciones para la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie. Hoy podemos entender que el ambiente es el producto de la interacción entre sistemas sociales y sistemas naturales mediante procesos de trabajo históricamente determinados. Esa interacción, a su vez, está intermediada por los conflictos que animan el desarrollo social, cuando grupos humanos distintos aspiran a hacer usos mutuamente excluyentes de un mismo ecosistema. La importancia de estos conflictos en la historia de nuestra especie fue expresada hace cuatro mil años en el relato del enfrentamiento entre el pastor Abel y el agricultor Caín. De aquel relato nos viene una pregunta que nos acompaña desde entonces: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” La respuesta positiva a la pregunta de Caín constituye el más importante fundamento moral del ambientalismo contemporáneo y de la aspiración a la sostenibilidad del desarrollo humano. Ese dilema está presente en todo proceso de la investigación para el desarrollo de nuevas tecnologías, y de aplicación innovadora de esas tecnologías para contribuir la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático. Por lo mismo, conviene comprender la importancia de la relación entre términos como naturaleza, ecología y ambiente al referirnos a la innovación en la gestión ambiental, para distinguirlos del uso que tienen en el lenguaje cotidiano. La ecología, por ejemplo, es una ciencia, y la naturaleza es su objeto de estudio. Decir que una obra de infraestructura perjudica a la ecología es como decir que la tuberculosis perjudica a la medicina. Lo que puede hacer la obra de infraestructura es perjudicar o mejorar el ambiente previamente existente, según lo demuestre la evidencia

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proporcionada por la síntesis de las ciencias humanas y naturales que hoy llamamos (justamente) ciencias ambientales. Desde la perspectiva de la Ciudad, la gestión ambiental se refiere sobre todo a las formas en que es organizado el trabajo para la interacción con el entorno natural, y al papel de las tecnologías en ese trabajo. Aquí, la innovación tecnológica opera a partir del hecho de que nuestra especie humana no se limita a utilizar los elementos de su entorno natural, sino que transforma ese entorno de manera sostenida a lo largo del tiempo. La sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie demanda, en este sentido, fomentar relaciones cada vez más armónicas con el entorno natural del que depende nuestra existencia. Eso requiere varias innovaciones estrechamente relacionadas entre sí. La primera y más compleja consiste en pasar de una economía organizada para el crecimiento sostenido a otra encaminada a hacer sostenible el desarrollo sostenible de la Humanidad. La segunda, en avanzar hacia ese objetivo mediante la transición desde la economía lineal que tenemos – que extrae sus recursos de la naturaleza, y le devuelve sus desechos – hacia una economía circular, que trabaje con la naturaleza y no contra ella. Esa transición nos proporciona un marco de referencia adecuado para evaluar el desarrollo de la innovación y de los emprendimientos que permitan ponerla al servicio de la sostenibilidad del desarrollo humano. Así, la tercera y más práctica de las innovaciones consiste -justamente – en asumir lo ambiental como objeto de trabajo para la innovación y el emprendimiento. En el recorrido de este camino – que apenas iniciamos - la Ciudad ofrece una respuesta positiva al dilema moral de la sostenibilidad. Si, somos guardianes de nuestros hermanos: por eso trabajamos con ellos para alcanzar la prosperidad equitativa a que aspiramos.


31 DE JULIO DE 2020

La esperanza en la Ciudad

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a pandemia de desesperanza aprendida que afecta a buena parte de nuestras sociedades es un grave problema de nuestro tiempo. El mal de esa pandemia consiste en la renuncia a toda posibilidad de que las cosas mejoren. Eso, a su vez, debilita emociones y valores indispensables para la vida y el trabajo en comunidad, como la confianza, la solidaridad y la alegría, al punto en que la persona afectada llega a considerarse atrapada, agobiada e indefensa.

Contra un mal así, no hay mejor defensa que salir al encuentro de los demás, a compartir con ellos preocupaciones, esperanzas y tareas comunes. Esto ha encontrado su confirmación en la dura experiencia de confinamiento e incertidumbre que compartimos en Panamá con el resto de la comunidad humana ante la pandemia de COVID 19. En esta circunstancia, la esperanza encuentra motivo en la multiplicidad de diálogos y encuentros en que participan los más diversos sectores de nuestra sociedad ante las adversidades que enfrentamos. Muchos de esos diálogos buscan respuestas y propuestas ante los problemas de vieja y nueva data que la pandemia ha puesto en evidencia. Tanto organismos de larga presencia en la vida nacional, como APEDE, como grupos de diálogo creados al calor de la crisis, debaten los problemas económicos, políticos y sociales del país, del modelo de desarrollo que genera esos problemas, y de las opciones de futuro más adecuadas para avanzar hacia una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática. Se multiplican también los encuentros que dan a conocer lo que tantos hacen para ir traduciendo esas aspiraciones en iniciativas puntuales. Tal fue el caso del encuentro TRAMA, promovido – entre otras entidades – por la Ciudad y el Ministerio de Cultura, que convocó a una audiencia

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virtual cercana a las dos mil personas el 24 y 25 de julio pasado. Allí fueron presentadas transformaciones en curso en la vida cultural del país, así como industrias creativas que ya concurren a organizar un innovador mercado de bienes y servicios culturales en Panamá. La Ciudad ha ido ampliando, además, su presencia en otros encuentros, unas veces como invitada, otras como co-organizadora. Así, por ejemplo, participó en un Coloquio Latinoamericano de Historia, organizado desde Brasil por un grupo de universidades de aquel país, que convocó de manera virtual a unos 300 investigadores jóvenes – y no tanto- de la región. Por otra parte, la Ciudad, en alianza con la Universidad Autónoma de Chiriquí y otras entidades como la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza, auspició un ciclo de mesas redondas que examinaron la situación del país en ámbitos como la salud, la sostenibilidad del desarrollo, y la situación de la educación y el desarrollo social. Desde la Ciudad, otras entidades como el Centro Internacional de Estudios Sociales y Políticos y el Movimiento Ciencia en Panamá han generado importantes iniciativas de investigación, información y educación relacionadas con la pandemia y su impacto social. Por su parte, la Ciudad ha establecido ya de manera permanente sus programas de visibilización de sus afiliados – con el nombre de El Hacer de la Ciudad -, y de encuentro entre sus colaboradores y las entidades a las que brindan servicios, con el nombre de El Saber de la Ciudad. Hoy sabemos que las circunstancias de la pandemia fueron siendo creadas a lo largo de todo un periodo histórico de trabajo contra la naturaleza, que alteró el complejo y siempre frágil equilibrio entre las sociedades y su entorno natural de un modo que facilitó la rápida difusión de un virus hasta hace poco desconocido. Sabemos también que la crisis sanitaria tiene una salida en tres fases: contener el virus mediante la cuarentena; prevenirlo mediante las vacunas que están siendo desarrolladas, y crear nuevas formas de relación con nuestro entorno basadas en el trabajo con la naturaleza, y ya no contra ella.


Nada de eso puede ser logrado desde la desesperanza, porque cada uno de esos pasos depende de la colaboración entre los seres humanos, que solo es posible a partir de la esperanza compartida. De momento, esa esperanza nos mueve a cuidarnos para poder cuidar a los demás. A partir de allí, formas de conciencia y convivencia que antes tenían un papel marginal en nuestras vidas serán cada vez más centrales en el empeño por crear un ambiente distinto construyendo, juntos, una sociedad diferente. Estas son tareas de primer orden en el desarrollo de la visión de la Ciudad. Somos lo que hacemos, y hacemos lo que deseamos llegar a ser: parte de la gran transformación en curso en nuestro lugar y nuestro entorno, al calor de la esperanza cierta en un mundo mejor.

28 DE AGOSTO DE 2020

El criterio de la Ciudad

“Pues, ¿criticar qué es, sino ejercer el criterio?” José Martí61

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ada año, la Ciudad elabora un Plan Operativo Anual, lo expresa en un presupuesto, y se prepara para iniciar un nuevo ciclo de actividades. Dicho así, parece un proceso meramente administrativo, y sin duda lo es. Pero también, es más.

La esencia de ese proceso consiste en asignar recursos escasos entre fines múltiples y excluyentes. Esa asignación sólo es viable si está guiada por prioridades, y en la definición de esas prioridades el proceso adquiere un carácter estratégico. En ese carácter estratégico desempeña un papel de primer orden nuestra cultura organizacional. Aquí se pone a prueba, en efecto, lo que los colaboradores de la Ciudad hayan avanzado – y aprendido – 61

“’Estudios Críticos’ Por Rafael M. Merchan”. La Estrella de Panamá, 9 de junio de 1887. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. V: 116.

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en la tarea de transformar la organización, pasando de un modelo de desarrollo por agregación de funciones a otro basado en la integración de procesos de gestión. Ese modo innovador de gestionar la Ciudad le permite plantearse líneas de acción tan complejas como las de proveer el entorno adecuado a nuestro carácter y nuestras actividades; modelar la innovación; evolucionar el modelo de negocios y, sobre esas bases, potenciar su incidencia glocal y global. Con todo, esto no basta para definir el sentido estratégico de las prioridades a partir de las cuales ordenamos el uso de nuestros recursos. Para estar completo, ese sentido debe incorporar además otros tres elementos. Uno es la visión que define el propósito fundamental de nuestra actividad: contribuir a la creación de un futuro próspero, equitativo, sostenible y democrático. Otro consiste en la misión de crear una comunidad innovadora al interior de una sociedad con una vieja cultura de la imitación, para poner los recursos de la cultura, la ciencia y la empresa al servicio del cambio social que nuestra visión demanda. Y el tercero, finalmente, está compuesto por las tareas de gestión del conocimiento correspondientes a los componentes de la visión en el marco de la crisis que encaramos. Estos elementos constituyen el principal referente para evaluar la calidad de las actividades que hemos llevado a cabo con los recursos disponibles en el marco de la crisis detonada por la pandemia de COVID-19. Y además nos orienta en la tarea de identificar y analizar las tendencias que emergen en un entorno incierto y cambiante, para definir con el más alto grado de certidumbre posible las prioridades en la asignación de recursos de que podamos disponer para 2021. Esa tarea de identificación y análisis de tendencias es tan importante como compleja. En efecto, la nueva normalidad no surgirá por sí misma del fin de la emergencia sanitaria, económica y social que enfrentamos, y solo será nueva en la medida en que exprese la voluntad de encarar los problemas que caracterizaron a la normalidad que generó la crisis.


Este panorama demanda un pensamiento realmente crítico, en el sentido en que lo entendía Martí. A través de ese ejercicio del criterio podremos evaluar y consolidar lo que hemos este año de una manera que nos permita encarar con éxito los desafíos de la construcción de una normalidad nueva en el año que espera por nosotros.

4 DE SEPTIEMBRE DE 2020

Ciudad entre todos

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a pandemia COVID-19 ha creado un entorno de incertidumbre en la sociedad entera. Ante esa situación, la Ciudad ha dispuesto y dispone de recursos muy valiosos. Ellos incluyen la claridad de su visión y su misión; el desarrollo que ha logrado en sus capacidades humanas y tecnológicas; el sentido de identidad que expresa su cultura organizacional, y la claridad de los lineamientos estratégicos que orientan su quehacer.

La pandemia, además, ha sacado a la luz un recurso que ahora emerge para quedar a la luz. Se trata de la riqueza acumulada en sus redes de colaboración y trabajo: la interna, integrada por las entidades afiliadas a la Ciudad del Saber; la local, compuesta por entidades y personas del país que mantienen relaciones de colaboración con la Ciudad, y la externa, en la que participan organismos y organizaciones de diversas partes del mundo. A eso se refiere la Ciudad cuando plantea que la pandemia la enfrentamos entre todos, como construimos entre todos la esperanza. Ese todos incluye a sus colaboradores como a quienes colaboran en las entidades que hacen parte de esas redes. Y ese entre todos abarca lo que vamos haciendo juntos para crear una normalidad que sea nueva por la medida en que se acerque a la visión que compartimos. En el proceso, vamos descubriendo fortalezas nuevas. Si ayer nos referíamos a la biomedicina, la gestión ambiental y la gestión pública

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como áreas de importancia estratégica para un futuro mejor, hoy vemos a INDICASAT y GlaxoSmithKline colaborar con terceros para crear en la Ciudad capacidades de investigación para el desarrollo de vacunas, y al grupo IESA adelantando gestiones para crear programas de investigación y formación en campos como gestión de la energía y gerencia pública. Lo que ocurre en la red interna se proyecta además en la local, en el alcance cada vez mayor de los programas para la formación de capacidades en campos como el emprendimiento y en las actividades de visibilización de labor de nuestros afiliados. Aquí destaca el caso de las industrias creativas, en el que distintas entidades estatales, organismos internacionales y productores de bienes y servicios culturales colaboran en la formación de una trama de iniciativas y actividades que enriquecen la calidad de vida en el país, y generan nuevas oportunidades de empleo y reconocimiento para muchos creadores y emprendedores en este campo. Todo esto anuncia que la Ciudad se encamina con todos hacia una fase superior y más compleja en su desarrollo. En tiempos así, el entendimiento se tensa y se renueva. Así, por ejemplo, lo que espera por nosotros ya no es avanzar por etapas, sino aprender a fluir entre momentos de un proceso en el que participamos junto a muchos otros. No se trata de ir de esclusa en esclusa en el paso de un mar a otro por un camino conocido hacia un destino previsto de antemano en su detalle. Se trata de transitar a lo largo de un tiempo y un espacio a los que debemos darle el curso que nos acerque a nuestra visión. Tales son los tiempos que nos esperan. Tal, también, la circunstancia que define – a la luz de nuestra visión, y para los fines de nuestra misión – la pertinencia de nuestros propósitos. Se ha dicho antes y vale la pena reiterarlo: no estamos en una época de cambios, sino que vamos ingresando de lleno a un cambio de épocas. Y ese cambio solo será útil y verdadero si lo vamos modelando entre todos, como la vida misma nos ha enseñado.


16 DE OCTUBRE DE 2020

Desde pasado mañana

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ntre 1918 y 1920, en un mundo poblado por unos dos mil millones de humanos, la pandemia de la llamada gripe española ocasionó unos 40 millones de muertos. En 2019, cuando la población de humanos se acerca a los ocho mil millones, la pandemia del Covid 19 ha ocasionado algo más de un millón de fallecimientos. Esa diferencia en las cifras expresa el impacto de ambas pandemias en los distintos momentos de desarrollo civilizatorio en que tuvieron lugar. Ambas ocurrieron en momentos de crisis. La de 1918 – 1920, en el gran desorden de la I Guerra Mundial y sus consecuencias. La de 2019, en las etapas iniciales de una crisis económica y social de alcance planetario, agravada por una creciente inestabilidad política. Para comprender la diferencia en el impacto de ambas pandemias necesitamos considerar las tendencias dominantes en el desarrollo del sistema mundial en que tuvieron lugar. En el caso de la gripe española, esa tendencia general era ascendente. El sistema iniciaba entonces su transición desde su organización colonial, dominante desde 1750, a la internacional que adquiriría tras la Gran Guerra de 1914-1945. Comprender nuestras opciones de futuro requiere que seamos capaces de observar el mundo de anteayer desde las incertidumbres que nos plantea el de pasado mañana. Algunas de esas incertidumbres expresan el temor que provoca el agotamiento de una fase histórica en el desarrollo de nuestra especie. Otras expresan la esperanza de trascender esa fase agotada para ingresar en otra de superior calidad humana. A esto se han referido, por ejemplo, las Encíclicas Laudato Si’ y Fratelli Tutti del papa Francisco, publicadas en 2015 y 2019, respectivamente. La primera expuso la dimensión ambiental de nuestros problemas

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sociales. La segunda nos plantea la dimensión política de esos problemas a la luz de valores y esperanzas que todos compartimos. Ambas Encíclicas fueron creadas para ofrecer una agenda al diálogo entre los humanos acerca de nuestro futuro. Ese sentido del papel de la esperanza en el desarrollo humano se cimenta en valores de fraternidad, cordialidad, laboriosidad y solidaridad que son característicos de nuestra especie. Como bien lo entendiera José Martí, Los tiempos no son más que esto: el tránsito del hombre – fiera al hombre – hombre. ¿No hay horas de bestia en el ser humano, en que los dientes tienen necesidad de morder, y la garganta siente sed fatídica, y los ojos llamean, y los puños crispados buscan cuerpos donde caer? Enfrenar esa bestia, y sentar sobre ella un ángel, es la victoria humana.62 Así vistas las cosas, la Ciudad no se pregunta qué será de ella, sino cómo guiarse por su visión en estos tiempos de claroscuro. Una prosperidad inclusiva y sostenible, al amparo de una sociedad democrática, constituye sin duda una victoria humana, cuya gestación demanda una comunidad innovadora capaz de poner sus capacidades y recursos al servicio de la innovación para el cambio social. Eso hacemos. Eso somos. Y seguiremos siendo.

23 DE OCTUBRE DE 2020

Para un saber tecnosocial

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ada una de las revoluciones industriales del pasado tuvo consecuencias socioambientales que no estaban previstas en los motivos del proceso de cambio tecnológico que les dio origen. Así, el uso de la energía del vapor para mecanizar la producción dio lugar a la pobreza urbana masiva que inspiró la

62 “Carta de Nueva York”. La Opinión Nacional, Caracas, 4 de marzo de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IX, 255.


obra de Charles Dickens, como la aplicación de la energía eléctrica a la masificación de la producción incorporó la noche a la jornada laboral, profundizó el antagonismo entre progreso urbano y el atraso rural, y amplió las migraciones masivas del campo a la ciudad. Por su parte, el uso de la computación para automatizar los procesos productivos amplió la brecha entre la producción industrial masiva y la que daba servicio a las necesidades de mediana y pequeña escala a mercados locales y regionales. Todas ellas tuvieron sin duda consecuencias positivas también, expresadas en la ampliación de la esperanza de vida al nacer, la educación elemental masiva, el progreso en la salud pública y la conquista de derechos sociales por parte de los trabajadores y las mujeres. Todas, también, contribuyeron a abrir paso a la crisis ambiental contemporánea, en la medida en que incrementaron el consumo de combustibles fósiles, la demanda de materias primas y alimentos, la expansión de las áreas urbanas, el aumento sostenido en la producción de desechos, y la contaminación de la atmósfera, la tierra y las aguas. Hoy hemos ingresado en la primera fase de una nueva revolución industrial, generada por innovaciones tecnológicas que afectan todos los aspectos de la vida, desde el papel del trabajo en el desarrollo humano hasta nuestras formas de convivencia social y con nuestro entorno natural. Al respecto, un informe del Foro Económico Mundial sintetiza así los cambios en marcha, que “pueden resultarnos abrumadores si no trabajamos juntos para comprenderlos y manejarlos”. Los “avances revolucionarios” en inteligencia artificial, robótica, Internet de las Cosas, vehículos autónomos, impresión 3D, nanotecnología, biotecnología, ciencia de materiales, almacenamiento de energía y computación cuántica”, dice el Informe, “están redefiniendo industrias enteras y creando de cero otras nuevas,[todo

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lo cual] supone un cambio fundamental del modo en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos.”63 Esta circunstancia ya genera un proceso que nos lleva desde una época de cambios a un cambio de épocas, cuya dirección demanda nuevas formas de pensar, que nos faciliten comprender la relación entre los problemas del avance tecnológico y la productividad económica, y sus efectos “sobre la gente, las comunidades y el medioambiente.” Al respecto, el Informe señala “cuatro principios deben guiarnos en la definición e implementación de políticas” para encarar esta circunstancia. El primero consiste en pensar en sistemas, no en tecnologías aisladas, prestando especial atención a las formas de interacción entre “fuerzas tecnológicas, sociales y económicas divergentes”, para “determinar y predecir los cambios posibles en las empresas, la sociedad y la economía.” El segundo exige enfatizar en la necesidad de la educación y el empoderamiento de comunidades e individuos “para que dominen las tecnologías con fines productivos, en vez de ser dominados por ellas al servicio de fines ajenos.” El tercer principio, por su parte, plantea la necesidad de diseñar tecnologías y sistemas nuevos con visión de futuro, en vez de aceptar sin más los cambios según aparezcan. Esto “demandará una estrecha colaboración entre las partes interesadas, en el gobierno, la industria y la sociedad civil”, pues de lo contrario “nuestro futuro se definirá por el devenir de las circunstancias en vez de nuestro juicio colectivo.” Finalmente, el cuarto y último principio plantea la necesidad de entender que las consideraciones sociales y éticas “no son una molestia que sea preciso superar o anular”. Por el contrario, dice, “nuestros valores compartidos deben ser el elemento central de todas las tecnologías nuevas”, pues la inversión en tecnologías innovadoras “sólo se justifica si contribuyen a un mundo más seguro e integrado.” 63 “Cuatro principios de liderazgo de la Cuarta Revolución Industrial” https://es.weforum.org/agenda/2016/10/cuatro-principios-de-liderazgo-de-la-cuartarevolucion-industrial/


Ninguno de los sectores participantes en un proceso como éste puede enfrentar por sí solo los desafíos de esta nueva revolución sociotecnológica. Esto hace obligante para todas esas partes definir las formas de gestión necesarias para orientar las transformaciones en curso hacia propósitos correspondientes al interés general de sus sociedades. Así, mientras la comunidad empresarial adelante la creación de “un entorno en el que las tecnologías se desarrollen y apliquen en modo seguro, y sin perder de vista las consideraciones sociales”, los gobiernos “deben participar activamente en la introducción de las innovaciones en la sociedad”, colaborando con “los tecnólogos y emprendedores que impulsan la revolución, para no quedarse atrás.” Y la ciudadanía en general, por su parte, debe ser informada e incorporada al planteamiento y la solución “de las nuevas cuestiones que surjan de la compleja interacción entre la tecnología y la sociedad.” Para la Ciudad, esta visión de la Cuarta Revolución Industrial tiene un doble significado. Por un lado, la Ciudad fue concebida a fines del siglo XX en el ánimo de encarar la gestión del conocimiento en una dirección que vinculaba el cambio tecnológico con el desarrollo social. Por otro, aquel propósito se sustentaba en una visión que resaltaba la complejidad de los desafíos planteados por la integración del Canal a la economía interna, y del país al mercado global. Estas ideas han ganado en amplitud y complejidad en el mundo contemporáneo, confirmando lo fundamental de las previsiones que animaron a nuestros fundadores. Eso nos plantea el reto de llevar nuestro pensar a un nivel de complejidad correspondiente a nuestro origen y nuestros tiempos. La necesidad de hacerlo está definida en nuestra visión, como nuestra misión indica la forma de lograrlo. Necesitamos, en verdad, transformar nuestra experiencia en conocimiento que podamos aportar a la definición de la sociedad que deseamos llegar a ser, con todos y para el bien de todos.

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30 DE OCTUBRE DE 2020

Noviembre en la Ciudad “Ni hombres ni pueblos pueden rehuir la obra de desarrollarse por sí, - de costearse el paso por el mundo.” José Martí, 189464

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omo cada año, las banderas nacionales sembradas en su antejardín principal, de cara al Canal de Panamá, traen a noviembre a la Ciudad. En esta ocasión, la oradora principal del evento de bienvenida será la Dra. Sandra López Vergés, viróloga, investigadora en el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, y promotora entusiasta de la ciencia en general, y de la participación femenina en la investigación científica, en particular.

La bienvenida a noviembre a la Ciudad rinde homenaje a quienes han luchado y luchan por hacer de Panamá una nación libre y soberana, y reitera su compromiso de contribuir a que esa nación sea próspera, inclusiva, sostenible y democrática. Para comprender el alcance de este homenaje y este compromiso, conviene verlo a la luz de un hecho no siempre bien comprendido: Panamá, tras desempeñar un papel de primer orden en la construcción del imperio español en América desde el siglo XVI, vino a ser el último país iberoamericano en completar su formación como Estado nacional en diciembre de 1999, con la salida del último contingente militar extranjero de nuestro territorio. Al calor de ese evento fue establecida la Ciudad en la que fue la principal de las bases militares establecidas en el país, que 96 años después de su construcción y operación por el gobierno de los Estados Unidos, pasó a manos del Estado panameño en virtud del Tratado Torrijos-Carter. Desde esa circunstancia, la Ciudad participa en la tarea 64 “Crece”.[Patria, 5 de abril de 1894]. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. III: 118.


de construir un país de capacidades y riqueza correspondientes a la complejidad de sus responsabilidades ante la comunidad internacional, y en primer término ante sus propios ciudadanos. Este año, esa tarea ha debido enfrentar dificultades sin precedentes en nuestra historia republicana. Todas nuestras limitaciones han salido a la luz al impacto de la pandemia de la COVID 19, como se han visto iluminadas también nuestras capacidades, que no han sido pocas. Así, la presencia de la Dra. López Vergés rinde homenaje al desempeño de los científicos y los trabajadores de la salud en Panamá ante esta adversidad inesperada, que ha devorado casi un año de nuestra historia. La pandemia también ha tenido la virtud de poner en evidencia las tareas pendientes en lo político, lo social y lo económico en el proceso de construcción de una patria para todos, generando un foco de tensión entre el miedo y la esperanza. Esa tensión tendrá que ser atendida a la mayor brevedad, recordando que los pueblos pecan “cuando se azuzan el odio, y cuando olvidan el honor”, sin ver “el poder social de los días simbólicos” en que se rinde homenaje a “las grandes horas de rebelión y de recuerdo en que se ve, con la virtud de todos,” que recordar “es rehacerse.”65 De ese rehacerse para hacer se trata la siembra de las banderas que traen a noviembre a la Ciudad. Y es que, en efecto, recordar conlleva también entender, y prever. Hoy podemos ver, desde nuestras memorias, que los problemas que enfrentamos son particulares en su forma, pero universales en su alcance. No estamos solos ante la adversidad: hoy la compartimos con la Humanidad entera, y con toda ella pasamos de lo que parecía una época de cambios a la realidad de un cambio de épocas. Florecemos en noviembre, para dar frutos el año entero.

65 “El 27 de noviembre”. Patria, Nueva York, 24 de noviembre de 1894. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. III: 402 – 403.

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20 DE NOVIEMBRE DE 2020

El 21 del XXI

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os verdaderos procesos de transición histórica son largos, y suelen desarrollarse en espiral. Por eso, no debe sorprendernos que la prestigiosa revista The Economist considere que el año 21 del siglo XXI “promete ser particularmente impredecible, dadas las interacciones entre la pandemia, una recuperación económica desigual y una geopolítica conflictiva.”66

Aun así, el Informe de Riesgos Globales 202067 publicado por el Foro Económico Mundial nos ofrece el siguiente cuadro de tendencias de tales riesgos, según la probabilidad de que ocurran y el impacto que tendrían68: 10 riesgos globales de mayor probabilidad

10 riesgos globales de mayor impacto

1. Clima extremo

1. Fracaso en la adaptación al cambio climático

2. Insuficiencia de adaptación al cambio climático

2. Armas de destrucción masiva

3. Desastres naturales

3. Pérdida de biodiversidad

4. Pérdida de biodiversidad

4. Clima extremo

5. Desastres ambientales causados por el hombre

5. Crisis del agua

6. Fraude o robo de datos

6. Ruptura en la infraestructura de información

7. Ataques cibernéticos

7. Desastres naturales

8. Crisis del agua

8. Ataques cibernéticos

9. Fracaso de los gobiernos a nivel mundial

9. Desastres ambientales causados por el hombre

10. Burbujas financieras

10. Enfermedades infecciosas

66 “El mundo en 2021. Diez tendencias a seguir en el próximo año. Una carta de Tom Standage. The Economist, 16 de noviembre de 2020. https://www.economist.com/theworld-ahead/2020/11/16/ten-trends-to-watch-in-the-coming-year 67 http://www3.weforum.org/docs/WEF_GRR20_Executive_Summary_Spanish.pdf 68 En https://www.zurichseguros.com.ec/es-ec/inicio/recursos-para-clientes-zurich/blog/ articles/2020/01/informe-riesgos-globales-2020


Este cuadro ofrece un panorama general de intereses estratégicos que tendrán expresión en el campo de los negocios y la innovación, que a su vez indica tendencias claras en el mercado de servicios de gestión del conocimiento como los que ofrece la Ciudad, en campos como la gestión ambiental, las tecnologías de la información, los servicios financieros y la salud. Estas tendencias, a su vez, hacen parte de una visión panorámica de gran riqueza y complejidad, que lleva al Informe a plantear que el mundo no puede esperar a que la confusión de la incertidumbre geopolítica y geoeconómica termine. Optar por superar el periodo actual con la esperanza de que el sistema global se “recupere”, corre el riesgo de perder oportunidades decisivas para abordar los desafíos más urgentes. En cuestiones clave como la economía, el medio ambiente, la tecnología y la sanidad pública, las partes interesadas deben encontrar la manera de actuar rápidamente y con determinación en un panorama mundial inestable. El Informe organiza este panorama en cuatro campos principales. El primero, referido a la inestabilidad en el sistema mundial, enfatiza el hecho de que fuerzas “económicas, demográficas y tecnológicas potentes están dando forma a un equilibrio nuevo de poder.” De aquí resulta que “los estados están viendo cada vez más oportunidades y desafíos a través de objetivos unilaterales”, con lo cual pierden validez “las estructuras de las alianzas y los sistemas multilaterales”, pues los Estados “cuestionan el valor de los marcos legales a largo plazo, adoptan posturas más nacionalistas en la búsqueda de agendas individuales, y sopesan las posibles consecuencias geopolíticas del desacoplamiento económico.” Con ello, “las partes interesadas se concentran en la ventaja geoestratégica inmediata y no logran concebir o adaptar los mecanismos de coordinación durante este periodo inestable”, con lo cual “las oportunidades de acción sobre las prioridades clave podrían desaparecer.”

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En lo que hace a la estabilidad económica y la cohesión social, el Informe considera que la limitación en barreras comerciales, la prudencia fiscal y la inversión mundial sólida, “que se consideraban fundamentales para el crecimiento económico, se están debilitando a medida que los líderes avanzan en sus políticas nacionalistas”, lo cual “podría debilitar la capacidad de los gobiernos para adoptar medidas decisivas en caso de que se produzca una recesión.” El tercer campo aborda las amenazas climáticas y pérdida acelerada de la biodiversidad. Los riesgos de este origen habían ido ganando en relevancia en los cinco Informes anteriores, pero ahora “dominan los principales riesgos a largo plazo por probabilidad”. El “fracaso en la mitigación y adaptación al cambio climático”, en particular, es percibido como el mayor de esos riesgos por su impacto y por su probabilidad en la próxima década. A esto se agrega la preocupación por la acelerada pérdida de biodiversidad, cuyas implicaciones van “desde el colapso de los sistemas alimentarios y sanitarios hasta la interrupción de cadenas de suministro completas”. Y a esto cabría agregar el colapso de ecosistemas que ofrecen condiciones naturales de producción – como el agua, los suelos, el procesamiento de desechos y la captura de gases de efecto invernadero – cuya restauración tiene un alto costo y una prolongada duración. Por otra parte, si bien las Tecnologías de la Información y la Comunicación aportan ya enormes beneficios económicos y sociales a gran parte de la población mundial, encaran factores de riesgo como el acceso desigual a Internet, la falta de un marco legal de gobernanza para la tecnología global y la inseguridad. La incertidumbre geopolítica y geoeconómica, incluida la posibilidad de que el ciberespacio esté fragmentado, también amenaza con impedir que se aproveche todo el potencial de las tecnologías de la próxima generación. Por último, este examen aborda la posibilidad del colapso de los sistemas sanitarios existentes en todo el planeta. Las nuevas


vulnerabilidades derivadas de los cambios en los patrones sociales, medioambientales, demográficos y tecnológicos amenazan con deshacer los avances impresionantes en el bienestar y la prosperidad que los sistemas sanitarios han sustentado durante el último siglo. Para el Informe, aún hay espacio encarar estos riesgos, “pero la ventana de oportunidad se está cerrando.” Se necesita la acción coordinada de múltiples partes interesadas para mitigar las peores consecuencias y aumentar la capacidad de recuperación de las comunidades y las empresas. Hace falta, en breve, promover iniciativas de gestión del conocimiento capaces de vincular la innovación tecnológica al cambio social que abra paso a la sostenibilidad del desarrollo de la especie que somos.

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“Entretanto, la crisis [de la pandemia] será la nueva normalidad. Tal es el entorno en que deberá actuar la Ciudad en los años por venir. En ese entorno, su misión es más importante que nunca, a la creciente claridad de la visión que nos orienta. Tales son los riesgos que compartimos con nuestros semejantes; tal, la oportunidad que tenemos para servirlos”. “La crisis como nueva normalidad, y la visión de la Ciudad”, 22 de enero de 2021.

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Ciencia, Ciudad, futuro “Ciencia y libertad son llaves maestras que han abierto las puertas por donde entran los hombres a torrentes, enamorados del mundo venidero.” José Martí, 188369

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a ciencia, en todos sus campos de actividad, es una forma de práctica social que constituye uno de los grandes logros del desarrollo humano. Si bien podemos rastrear manifestaciones dispersas de esa práctica en civilizaciones del pasado, el desarrollo sostenido de la ciencia ocurre del siglo XVIII en adelante y constituye sin duda uno de los grandes logros del capitalismo.

Ese logro, por otra parte, está asociado a la constitución de la ciencia en una fuerza productiva y una de las piedras angulares de la civilización que conocemos. Con ello, la función social de la ciencia pasó a ser un tema de especial importancia en el moderno sistema mundial, sobre todo en tiempos de crisis como los que vivimos hoy. 69 “Respeto a nuestra América”. La América, Nueva York, agosto de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975: VI, 24


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¿Cómo reflexionar hoy sobre el papel de la ciencia en el desarrollo humano en un mundo con el cual compartimos hoy una situación de crecimiento económico incierto, inequidad social persistente, degradación ambiental constante y deterioro creciente de su institucionalidad? Lo mejor, sin duda, es hacerlo desde lo que hemos llegado a ser, y las perspectivas que desde allí se abren ante nosotros. Así, por ejemplo, es bueno recordar que la Asociación Nacional para el Avance de la Ciencia en Panamá fue creada en 1985; que nuestra Autoridad Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación nació en 1997; que el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud fue establecido en 1998, y el Instituto Nacional de Investigaciones Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología lo fue en 2002. En su siguiente fase, esos logros iniciales facilitaron el paso a otros, como el programa de becas para la formación de científicos, la creación del Sistema Nacional de Investigación, y la formación de organizaciones sociales como la Asociación de Antropología e Historia de Panamá en 2015 y el movimiento Ciencia en Panamá en 2016. La Ciudad, por su parte, creada en 1998 y en actividad desde diciembre de 1999, ha acompañado y apoyado ese desarrollo de manera constante, como seguirá haciéndolo en cumplimiento de su misión. Aun así, ningún proceso de desarrollo ocurre en forma aislada, ni deja de expresar viejas y nuevas contradicciones que operan en la sociedad donde ocurre. En este caso, los logros obtenidos para el desarrollo de la ciencia como fuerza productiva en Panamá aún operan al interior de una estructura estatal y cultural formada en la segunda mitad del siglo XX. Por lo mismo, es necesario comprender mejor la contradicción existente entre esa estructura, cuyo ritmo de cambio es más lento y difícil, y nuestras crecientes capacidades en el campo de la producción científica y la innovación tecnológica para llegar a un planteamiento adecuado del problema. Ambas dimensiones están vinculadas entre sí por los grandes cambios que han venido ocurriendo en el país en este siglo, cuando


Panamá empezó a ejercer a plenitud los deberes de la soberanía en su territorio, integró a su economía interna su principal activo, el Canal interoceánico, e inicio su ingreso de lleno en el mercado global. Es desde ese vínculo que cabe preguntarnos cómo puede contribuir la ciencia a la tarea de convertir los cambios que viene conociendo el país en las transformaciones que nuestra sociedad demanda, para llegar a ser finalmente y a la vez próspera, equitativa, sostenible y democrática. Desde estas realidades, cabe plantear la necesidad de vincular mucho más, y mucho mejor, el trabajo de la ciencia con el de iniciativas que nos ofrecen una singular oportunidad de colaborar con la sociedad, como el proceso de creación de Centros Regionales de Competitividad que van tomando forma cada día. A la luz de esa oportunidad, no deberíamos aspirar a menos que promover las alianzas y políticas necesarias para llegar a hacer de Colón, Penonomé, Chitré, Santiago y David ciudades del conocimiento que faciliten la tarea de poner en valor nuestras mejores capacidades de investigación e innovación en todo el país. Encarar un tema de tal importancia dependerá sobre todo de nuestra capacidad para producir juntos la propuesta de solución más adecuada a las necesidades del país, y promoverla en un esfuerzo común. La naturaleza inédita de un esfuerzo como ese en nuestra historia aconseja atender a la complejidad humana del problema que el país necesita resolver. Hoy es ya evidente que el futuro de la ciencia y el de la sociedad depende de que ambas colaboren en torno a propósitos comunes. Y en estas cosas no hay que desesperar, sino recordar que “con los pueblos sucede como con lo demás de la naturaleza, donde todo lo necesario se crea a la hora oportuna, de lo mismo que se le opone y contradice.”70 Para comprobarlo, basta con la inteligencia tenaz que demanda lo verdaderamente importante. 70 Martí, José: “Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en Hardman Hall, Nueva York. 10 de octubre de 1890.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IV: 252 - 253:

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La crisis como nueva normalidad, y la misión de la Ciudad

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n ocasiones, las palabras parecen tener una vida propia. Por un lado, permiten señalar los hechos de la realidad que nos rodea; por otro, pueden dificultar la comprensión de las relaciones entre esos hechos, sobre todo si están referidos a la construcción del mundo futuro antes que a la reproducción del mundo de ayer. Esa vida de las palabras se expresa en la coexistencia de los diversos mundos que hacen parte de nuestra vida cotidiana. Para el sentido común de la mayor parte de las personas, por ejemplo, la educación, la investigación y la innovación son actividades que tienen sentido por separado. Para la Ciudad, en cambio, se trata de componentes distintos de una misma actividad, a la que llamamos gestión del conocimiento, cuyo sentido se ubica en un futuro que aún está en construcción. Normalidad y crisis, por otra parte, nos parecen a primera vista hechos distintos, y aun contradictorios entre sí. En efecto, lo que consideramos normal es un estado de equilibrio relativo, que sin embargo surge de la crisis de una normalidad anterior. Así, la gran crisis provocada por la Guerra de los Mil Días dio lugar al paso de la normalidad de nuestra antigua vinculación a Colombia a la de una República nueva, con sus propias contradicciones y conflictos. Hoy, al hablar de una nueva normalidad, reconocemos – quizás sin saberlo – que la anterior ha entrado en una crisis que abarca al mundo entero. Eso es tanto como decir que hemos ingresado en el proceso de crear una normalidad nueva, con sus propios equilibrios y sus propias reglas de vida cotidiana. Así, por ejemplo, en esa normalidad se comprenderá sin dificultad que la salud no es únicamente la ausencia de enfermedad en las


personas. En efecto, la enfermedad y la muerte son hechos naturales que compartimos con todas las formas de vida, pero la salud es un producto del desarrollo social de nuestra especie, los humanos. La pandemia que hoy combatimos, por ejemplo, fue difundida con gran rapidez por los modernos medios de transporte, y está siendo encarada por las capacidades de investigación, innovación y organización que la Humanidad ha llegado a crear. En esa perspectiva, es tan útil como necesario comprender además en qué medida nuestra especie ha sido responsable del origen y desarrollo de la pandemia global. Esa tarea resulta más sencilla si se dispone de un marco de reflexión que nos permita entender mejor el vínculo entre la especie humana y su entorno natural. Así, el filósofo japonés Kohei Saito nos dice que todas las criaturas vivientes “deben pasar por una constante interacción con su ambiente si van a vivir en este planeta”.71 Al respecto, añade, esa incesante interacción genera un proceso metabólico caracterizado por “transformaciones e intercambios entre substancias orgánicas e inorgánicas a través del proceso de producción, consumo y digestión tanto al nivel de los individuos como al de las especies.” En el caso de los humanos, dado el carácter social de nuestras relaciones con la naturaleza a través del trabajo, este proceso general adquiere el carácter particular de un metabolismo sociedad – naturaleza. De este modo, la crisis sanitaria generada por la pandemia hace parte de la fractura de esa relación metabólica derivada de las formas que ha venido adoptando nuestra relación con la naturaleza a lo largo de los últimos tres o cuatro siglos. Esa relación histórica con la naturaleza ha dado lugar a crecientes factores de riesgo en el metabolismo sociedad-naturaleza a escala planetaria. Entre ellos destacan, por ejemplo, el colapso de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad, la contaminación masiva de las aguas, 71

Capital Nature, and the Unfinished Critique of Political Economy (2017: 63). Monthly Review Press, New York.

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las tierras y la atmósfera y, coronando ese conjunto, el calentamiento global y el cambio climático. El incremento del riesgo de pandemias globales había sido advertido desde tiempo atrás, debido tanto a que el colapso de ecosistemas facilitaba el incremento del contacto entre los humanos y otras formas de vida patogénicas, como a la creciente aglomeración de nuestra población en grandes centros urbanos. Esos factores de riesgo desaparecerán una vez superada la pandemia de COVID-19 con los medios actualmente a nuestra disposición. En verdad, la pandemia no ha creado la crisis: tan solo la ha detonado. Mientras los factores así detonados en lo social, lo económico, lo ambiental y lo político no sean sometidos a control mediante un vasto esfuerzo mundial de innovación tecnológica, social y política, la crisis podrá ser atenuada, pero no resuelta. Entretanto, la crisis será la nueva normalidad. Tal es el entorno en que deberá actuar la Ciudad en los años por venir. En ese entorno, su misión es más importante que nunca, a la creciente claridad de la visión que nos orienta. Tales son los riesgos que compartimos con nuestros semejantes; tal, la oportunidad que tenemos para servirlos.

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La Ciudad en el cambio de épocas

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lamamos globalización a un cambio de épocas, que supera y trasciende a una mera época de cambios. Este se inició a fines del siglo XX, acumuló contradicciones de larga duración – por ejemplo, el cambio económico operó con mucha mayor rapidez que el social -, y aceleró el desarrollo de problemas como los del deterioro ambiental. La combinación de esas contradicciones generó una mezcla explosiva, que en 2020 vino a ser detonada en todo el planeta por la pandemia de COVID 19.


El riesgo de que algo así ocurriera ya era objeto de discusión científica en campos como la epidemiología y la salud pública en la década de 1990. A esto se sumó, en el año 2006, la advertencia planteada en la tercera edición del Informe Global de Riesgos del Foro Económico Mundial, sobre el riesgo creciente de una pandemia global de graves consecuencias sociales y económicas.72 En el 2020, ese riesgo se hizo realidad. Hoy, además de enfrentar a la pandemia del COVID 19 y encarar sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas, es más importante que nunca fortalecer la capacidad de previsión estratégica sobre los riesgos asociados a las transformaciones en curso en el sistema mundial. Así, la edición del Informe de Riesgos Globales 2021 enfatiza “los riesgos y consecuencias de las crecientes desigualdades y la fragmentación social.” Así, nos dice que si bien “las disparidades en salud, tecnología u oportunidades para la fuerza de trabajo son el resultado directo de la dinámica creada por la pandemia”, también “se han visto ampliadas divisiones sociales que ya existían, poniendo en tensión las redes de seguridad y las estructuras económicas más allá de su capacidad.” 73 De este modo, se agrega, la fragmentación social que se hace evidente en la persistencia de los riesgos para la salud humana, el creciente desempleo, la ampliación de las brechas digitales y la desilusión de la juventud pueden tener “severas consecuencia en una era de riesgos combinados en materia económica, ambiental, geopolítica y tecnológica”. Con ello, si el deterioro ambiental y la fragmentación social no son encarados a tiempo “interactuarán entre sí para generar consecuencias dramáticas.” Así las cosas, los factores de riesgo más probables para la década en curso incluyen las enfermedades infecciosas; los eventos climáticos 72 Ediciones subsecuentes enfatizaron otros problemas, como la resistencia a los antibióticos (2013), la crisis del ébola (2016), las amenazas biológicas (2019), y los sistemas de salud sobrecargados (2020). 73 World Economic Forum: The Global Risks Report 2021, 16th Edition. https://www.weforum. org/reports/the-global-risks-report-2021

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extremos; el fracaso de la acción ante el cambio climático y el deterioro ambiental debido a la acción humana. A esto se agregan la concentración del poder digital, la inequidad en el acceso a la tecnología y las fallas de seguridad cibernética, el deterioro de la infraestructura de las tecnologías de la información, y el riesgo de que la ampliación de la brecha digital empeore las fracturas sociales y afecte negativamente las posibilidades de una recuperación inclusiva. En lo económico, los cambios acelerados por la pandemia – como la transformación tecnológica y el trabajo a distancia – aún deberán enfrentar el estancamiento de múltiples economías; el colapso de los pequeños negocios; la reducción del dinamismo del mercado y la exacerbación de la inequidad. En contraparte, las mejores oportunidades están en invertir en actividades limpias, inclusivas y adecuadas a un entorno cambiante, “que mejoren la productividad y el rendimiento de agendas sostenibles.” En suma, para el Informe la situación creada por la pandemia ofrece “cuatro oportunidades de gobernabilidad para fortalecer la resiliencia de conjunto de los países, los negocios y la comunidad internacional.” Esas oportunidades incluyen la de formular marcos de referencia que encaren de manera sistémica los riesgos a enfrentar; invertir en “campeones del riesgo” destacados, para estimular el liderazgo nacional y la cooperación internacional; mejorar la comunicación sobre riesgos y combatir la desinformación, y explorar nuevas formas de asociación público – privadas en la preparación para el riesgo. Toda esta información tiene gran valor en sí misma, en el marco de los debates sobre la normalidad que tomará forma a partir de la crisis, y nos ayuda a comprender mejor el entorno en que nos toca asumir nuestra visión para cumplir nuestra visión. Deseamos una sociedad próspera, pero lograrlo depende en una importante medida de nuestra capacidad para encarar los problemas de la brecha digital. La queremos inclusiva, y eso requiere enfrentar los riesgos de la fragmentación social. Aspiramos a que sea sostenible, y eso necesita de nuestra


colaboración ante los riesgos del deterioro ambiental. Y de todo ello resultará que sea democrática, y por eso mismo capaz de comprender y asumir las tareas que sean necesarias para garantizar el bien común en las condiciones que nos presente el mundo que viene.

12 DE FEBRERO DE 2021

Los caminos de la Ciudad

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lo largo del año 2020, la crisis detonada por la pandemia de COVID 19 estimuló una gran diversidad de iniciativas de diálogo a todos los niveles del sistema mundial, encaminados a analizar el origen de los problemas que esa crisis ponía en evidencia, e identificar los caminos para encararlos y superarlos. El concepto mismo de una “nueva normalidad”, que expresaba ese interés común, resultaba a menudo ambiguo ante la gran complejidad de las contradicciones sistémicas que encaramos. Un importante escenario de ese debate fue el Foro Económico Mundial, que se define a sí mismo como “la organización internacional para la cooperación público-privada.” Desde 1971 el Foro convoca en Davos, Suiza a importantes dirigentes empresariales, líderes políticos y expertos en los problemas del desarrollo a escala global.

Este año, esa reunión tuvo lugar – en forma virtual - del 25 al 29 de enero. Su agenda fue dedicada al 2021 como “Año crucial para reconstruir la confianza”.74 Así, los temas relacionados con los programas de vacunación contra el COVID-19, la creación de empleo y el cambio climático fueron objeto de discusión con el objetivo de “reconstruir de forma más justa los sistemas sociales y económicos del mundo tras la crisis.” 74 Al respecto, Withing, Kate: “Construir la confianza: esto es lo que hay que saber sobre la Agenda de Davos 2021 https://es.weforum.org/agenda/2021/01/construir-la-confianzaesto-es-lo-que-hay-que-saber-sobre-la-agenda-de-davos-2021/

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Para Klaus Schwab, Director y fundador del Foro, es necesario restablecer la confianza e incrementar la cooperación mundial para “fomentar soluciones innovadoras y audaces para frenar la pandemia e impulsar una sólida recuperación.” Esa recuperación, además, debería atender en particular a “las cuestiones más importantes de nuestro tiempo, como la necesidad de acelerar la creación de empleo y proteger el medio ambiente.” Al respecto, el Foro debatió cinco grandes temas: el diseño de sistemas económicos cohesivos, sostenibles y resilientes; el impulso a la transformación y el crecimiento responsable de la industria; la mejor gestión del patrimonio mundial; el aprovechamiento de las tecnologías de la cuarta revolución industrial, y la necesidad de avanzar en la cooperación global y regional. A partir de esos debates, fueron planteadas diversas iniciativas encaminadas a acelerar la carrera hacia la mitigación del cambio climático, defender nuevas normas de justicia social y cerrar la brecha digital. En las presentaciones y debates participaron jefes de Estado y de Gobierno, como Narendra Modi, Primer Ministro de la India; Emmanuel Macron, Presidente de Francia; Angela Merkel, Canciller Federal de Alemania; Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea; y Xi Jinping, Presidente de la República Popular China. Además, aportaron ideas y propuestas líderes de organizaciones internacionales, como Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas; el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud; Kristalina Georgieva, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional; el Dr. Anthony Fauci, Director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos, y Christine Lagarde, Presidenta del Banco Central Europeo.” Este tipo de eventos es de importancia para la Ciudad por dos razones al menos. Una, porque proporcionan información muy relevante para identificar algunas de las grandes tendencias que van definiendo el


carácter de la crisis que enfrentamos, y los caminos para encarar los riesgos que plantea aprovechando a tiempo las oportunidades que ofrece. Otra, porque esas tendencias van definiendo el entorno operativo global – y glocal – en el que la Ciudad debe plantear su visión y cumplir su misión. En este sentido, por ejemplo, en medios académicos y empresariales toma forma un debate acerca del alcance de la crisis. Para unos, ella abrirá camino a una transformación, esencialmente tecnológica, dentro del orden mundial que conocemos. Para otros – y este parece ser el caso del Foro-, la crisis inaugura finalmente una transición hacia un orden mundial distinto. Para la Ciudad, lo importante no es tanto suscribir una u otra tendencia, sino encarar ese debate desde nuestra razón y nuestro propósito fundamental. Caminamos por el bosque de la crisis al amanecer de un tiempo nuevo, buscando nuestro camino entre las sombras de los árboles y la neblina con que se despide el frío de la madrugada. Dicen que quien no sabe a dónde va, no sabrá qué camino escoger. La Ciudad sabe que desea contribuir a la formación de una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática. Hay que conocer y comprender el entorno para identificar el camino. Lo más difícil es saber a dónde se quiere ir y eso la Ciudad lo sabe y lo comprueba cada día.

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El pensar de la Ciudad

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El mundo”, dijo en 1892 José Martí, “sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza.”75 Lo dicho en su tiempo se confirma en el nuestro, cuando la Organización de las Naciones Unidas nos advierte sobre una triple crisis que amenaza el futuro de la humanidad, generada por la combinación del calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y la contaminación masiva del aire, las aguas y los suelos. De hecho, el anuncio implica un cuarto factor de crisis: la limitada gobernabilidad del sistema internacional, cuyos gobiernos no cumplen de manera adecuada los acuerdos encaminados a enfrentar el problema.76 Señalado, queda plantear cómo enfrentarlo. Ante esto, nos encontramos en una situación en la que el modo de pensar el presente y el futuro es más importante que lo pensado que heredamos del pasado. Así, por ejemplo, la calidad de las relaciones entre los humanos y la naturaleza constituye un factor clave para una prosperidad sostenible. Y ese factor, a su vez, está estrechamente asociada a la calidad de las relaciones de los distintos grupos de cada sociedad entre sí, y la de las relaciones de cooperación, indiferencia o antagonismo que mantengan esas sociedades en el sistema mundial. En este sentido, el saneamiento y la re-generación del ambiente global – si bien incluye aspectos tecnológicos, financieros y legales-, 75 “Rafael Serra”. Patria, 26 de marzo de 1892. Obras Comletas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IV: 381. 76 La ONU alerta de una triple crisis: calentamiento, pérdida de biodiversidad y contaminación. Manuel Planelles, El País: https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2021-02-18/ la-onu-alerta-de-una-triple-crisis-ambiental-en-el-planeta-calentamiento-perdida-debiodiversidad-y-contaminacion.html#:~:text=Un%20nuevo%20informe%20advierte%20 de,sus%20compromisos%20de%20protecci%C3%B3n%20medioambiental&text=El%20 planeta%20se%20enfrenta%20a,la%20p%C3%A9rdida%20de%20la%20biodiversidad.


depende sobre todo de la voluntad política de las sociedades y sus gobiernos. Esa voluntad no puede ser simplemente creada por la educación y la información: debe surgir sobre todo de la comprensión práctica de que si deseamos un ambiente distinto debemos construir sociedades diferentes. La mejor manera de encarar esto está en hacer de cada sociedad un sistema de comunidades innovadoras, con capacidad de aprovechar los aportes de la ciencia, la gestión empresarial y la cultura para gestionar su propio entorno, y su propio destino. En las sociedades que conocemos, sin embargo, sigue reducida a sectores minoritarios de cada una. Entender esto ayuda a comprender mejor la importancia de promover y apoyar la formación de capacidades para la innovación y el emprendimiento a escala de sociedades completas. Esa comprensión revela la importancia de trascender lo inmediato – la formación de esas capacidades en individuos y pequeñas organizaciones – para no perder de vista lo fundamental, que es la reducción de la inequidad a través de la ampliación de la base social de la economía de mercado. La pandemia ha detonado una crisis que venía acumulándose desde fines del siglo XX, a través del efecto combinado de un crecimiento económico incierto, una inequidad social persistente, una degradación ambiental constante, y un deterioro creciente en la gobernabilidad de los Estados y del propio sistema mundial. La medida en que seamos capaces de ver cada una de esas situaciones como un aspecto distinto de un mismo problema definirá nuestra capacidad para encarar ese problema en su conjunto. Esa visión de conjunto, en la cual lo concreto de cada problema expresa la relación de múltiples situaciones entre sí, es el mayor desafío que encara hoy el pensar de la Ciudad. Este desafío solo puede ser encarado desde una experiencia traducida en conocimiento al alcance de quien lo necesite.

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Aquí cabe recordar que el modelo más adecuado para esa traducción “no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros”, sino el poliedro, “que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad”.77 A eso aspira, en efecto, el pensar de la Ciudad. El todo en la realidad de sus partes, abierto al tiempo en su espacio, y al poder transformador de la realidad sobre la idea encaminada al bien mayor de nuestros semejantes.

12 DE MARZO DE 2021

Formar para innovar, innovar para transformar “Instrucción no es lo mismo que educación: aquélla se refiere al pensamiento, y ésta principalmente a los sentimientos. Sin embargo, no hay buena educación sin instrucción. Las cualidades morales suben de precio cuando está realzadas por las cualidades inteligentes.” José Martí78

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a opinión de José Martí que da paso a este texto se refiere al vínculo entre la educación – en el sentido griego de areté, o capacidad para la vida en sociedad –, y la instrucción, en el sentido de tekné, o capacidad en el dominio de la técnica. La formación, sin embargo, va aún más allá. Ella sintetiza la educación y la instrucción, y facilita la tarea de orientarlas y ejercerlas hacia una visión común a todos los así formados.

Aquí, la dificultad mayor radica en establecer y ejercer las tareas necesarias para hacer de esa visión el núcleo de una cultura capaz de 77 Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium Del Santo Padre Francisco a los Presbíteros y Diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. 2013:236. 78 “Educación Popular”, s.f. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975: XIX: 375 – 376


expresarse en la práctica de manera tan consistente como en la teoría. Con ello, esa cultura adquiere también la capacidad de evolucionar de manera consistente con los valores que la inspiran, transformando en conocimiento la experiencia de su propio desarrollo en interacción con su sociedad y el mundo. El principal desafío que enfrenta hoy una política de formación en entidades como la Ciudad consiste en garantizar la eficacia sus actividades de instrucción y educación, para mejorar su eficiencia en un mundo en transición. Eso demanda una formación que vincule entre sí tres problemas de gran importancia para nuestro desempeño. El primero de ellos consiste en comprender - en su origen como en sus opciones de futuro - la transición por la que estamos atravesando. El segundo, en entender mucho mejor la naturaleza y las funciones del mercado de servicios de gestión del conocimiento en el que opera la Ciudad. Y el tercero, en comprender con la debida claridad el entorno operativo global y glocal en que opera ese mercado, para entender la razón de ser de los desafíos y oportunidades que ese entorno nos plantea. Encarar estos problemas demanda combinar saberes y actividades, a partir de preguntas sencillas sobre problemas complejos. Ese es un medio para conocer las relaciones de diferencia y afinidad entre conceptos que a menudo utilizamos indistintamente, como los de mercado mundial, mercado internacional y mercado global. Y lo mismo cabe decir de las relaciones entre los conceptos de global y glocal, tan interdependientes entre sí. Otro caso es el de la tecnología, tan importante en las actividades de la Ciudad como en la construcción de una nueva normalidad. El cambio tecnológico no surge de la nada, sino que forma parte de la historia social y económica, y debe ser comprendido en su relación con ellas. Así, por ejemplo, si estamos ingresando en la Cuarta Revolución Industrial, ¿cuándo y con qué consecuencias operaron las tres primeras? ¿Cómo han cambiado esas revoluciones a la sociedad, y

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cómo han cambiado las sociedades los frutos de esas revoluciones? ¿Qué cambios en la gestión del conocimiento han demandado esos cambios en la vida social, y cómo han impactado esos cambios en el desarrollo de cada sociedad? En verdad, el valor de la formación no se expresa tanto en la cantidad de las respuestas que ofrece, como en la calidad de las preguntas que genera. En ese sentido, podría decirse que la instrucción nos enseña a hacer, la educación nos enseña a responder, y la formación nos prepara para aprender haciendo y hacer aprendiendo, para abrir el paso a la innovación. Formación para la innovación, innovación para la transformación: de eso se trata, en verdad.

9 DE ABRIL DE 2021

El dilema de la Ciudad

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on ocasión del reciente bloqueo del Canal de Suez por un enorme buque portacontenedores, la prestigiosa revista liberal británica The Economist ha planteado un problema de especial interés para la Ciudad en el proceso de transición hacia un mundo mucho más y mejor integrado. “Desde comienzos de la década de 1990,” advierte, las cadenas de abastecimiento han sido llevadas a maximizar su eficiencia. Las empresas han procurado especializarse y a concentrar tareas específicas en lugares que ofrecen economías de escala. Ahora, sin embargo, existen crecientes preocupaciones acerca de que, al igual que un barco demasiado grande para ser piloteado, las cadenas de suministro se han convertido en una fuente de vulnerabilidad.79

79 “Message in a bottleneck. Global supply chains are still a source of strength, not weakness”. Resilience comes not from autarky but from diverse sources of supply. https://www. economist.com/leaders/2021/03/31/global-supply-chains-are-still-a-source-of-strengthnot-weakness


Esta situación se ve agravada por las crecientes tensiones geopolíticas que precedieron a la pandemia y que se han agudizado con ella, como la disputa por el control de mercado de vacunas, o la ocurrida por el control de las tecnologías de la IV Revolución Industrial 5G. Para The Economist, esto ha conducido a que en todas partes los gobiernos estén pasando “de la búsqueda de la eficiencia a un nuevo mantra de resiliencia y autosuficiencia.” En efecto, si bien la globalización ha creado formas muy complejas de interdependencia que incrementan la eficiencia y la productividad de todas las economías del planeta, también ha generado nuevos problemas de complejidad equivalente, como la concentración de la producción de insumos y bienes terminados; la eliminación de inventarios de salvaguarda; la creación de cuellos de botella en el flujo de bienes y servicios en el mercado global, y el conflicto de intereses entre gobiernos nacionales y empresas transnacionales. Ante estos problemas nuevos, The Economist considera que la resiliencia “no tiene sustento en la autarquía, sino en la diversidad de las fuentes de abastecimiento y en la constante adaptación del sector privado a los choques”. Con el tiempo, dice, las empresas globales se ajustarán incluso a amenazas de más larga duración, incluyendo las tensiones entre los Estados Unidos y China y los efectos del cambio climático, cambiando de manera gradual la ubicación de sus nuevas inversiones. Este es un momento de peligro para el comercio. Del mismo modo en que la globalización genera apertura, la protección y los subsidio en un país se diseminan hacia otros. Y concluye diciendo que la globalización “es el producto de un trabajo de décadas. No la dejemos perder”. Todo esto deja en evidencia el debate que ya está abierto en el planeta acerca de las lecciones que nos deja esta crisis, y las opciones que ofrece para construir un mundo renovado a partir de ella. Todo deja en evidencia que la interdependencia entre la resiliencia, la

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sustentabilidad y el bienestar social será decisiva para abrir paso a una nueva etapa en el desarrollo del mercado mundial. La tecnología y la economía estimulan y facilitan el cambio, pero no lo generan por sí mismas. Ese cambio depende sobre todo de factores sociales y culturales, y de las formas de relacionamiento político de los grupos humanos entre sí. En esta circunstancia, toca a la Ciudad incidir en la formación de un hacer y un pensar nuevos, que se expresen en formas innovadoras de organización de aquello que distingue a los humanos como especie: las modalidades de cooperación más adecuadas a un permanente esfuerzo innovador en todos los campos de la actividad humana. La Ciudad no cambia sola, ni para sus propios fines únicamente. Cambia con el mundo, para ayudarlo a cambiar.

23 DE ABRIL DE 2021

Del conocer y la utopía

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n ocasiones, quien innova no atina a percibir el alcance de su labor. Eso lo revela la capacidad de la innovación producida para desbordarse a sí misma, y generar las condiciones para crecer y multiplicarse hacia formas cada vez más complejas de desarrollo. Tal ha ocurrido con la Ciudad. Ya era innovador, en su origen, transformar una base militar en un polo de desarrollo científico, tecnológico y académico. El éxito alcanzado en las primeras fases de ese proyecto reveló la necesidad de que la Ciudad se planteara tareas nuevas y más complejas, que incluyeron definir con mayor precisión su campo de trabajo, y el mercado. En este sentido, todo sugiere que la Ciudad del Saber fue la primera organización que definió a la gestión del conocimiento como su


nicho de mercado en nuestro país. Esa definición – que aún busca de formulación adecuada en nuestra cultura organizacional – nació de la experiencia ganada en el proceso de organizar y ofrecer servicios de apoyo para la producción, la difusión y la aplicación del conocimiento por parte de empresas innovadoras, centros de investigación científica, programas de formación de capacidades, y de organismos y organizaciones no gubernamentales internacionales vinculadas al desarrollo humano. Hoy sabemos que la gestión del conocimiento constituye un factor clave tanto para la competitividad de las naciones en la economía global como para enfrentar crisis tan complejas como la detonada por la pandemia de COVID 19. Vamos comprendiendo, también, que el conocimiento es el producto de formas específicas de organización social del trabajo, al servicio de fines que la sociedad se propone alcanzar. Esos fines, que a menudo adoptan la forma inicial de utopías, norman tanto la producción como la difusión y la aplicación del conocimiento. Tal el caso, por ejemplo, de los problemas que enfrenta una gestión del conocimiento para el desarrollo sostenible en una sociedad organizada y gestionada para el crecimiento sostenido. El crecimiento sostenido demanda el conocimiento necesario para obtener la mayor ganancia con la menor inversión y el menor tiempo de retorno posible. Eso se traduce en una economía lineal, que extrae recursos de la naturaleza, los procesa, y devuelve al entorno sus desechos, sin preocuparse ni por reponer lo extraído ni por rebasar la capacidad de los ecosistemas para procesar esos desechos. El desarrollo sostenible, en cambio, considera al crecimiento como una condición necesaria pero no suficiente para satisfacer las necesidades de la sociedad. Eso se traduce en una economía en espiral, que procura utilizar con eficiencia mucho mayor los recursos naturales, llevar a cabo una producción más limpia, y reducir al mínimo los desechos que devuelve al medio natural, reciclándolos

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y reutilizándolos para otros fines. Aquí, como dijera alguna vez la geógrafa panameña Ligia Herrera, el crecimiento sostenido trabaja contra la naturaleza, mientras el desarrollo sostenible trabaja con ella. Del crecimiento sostenido han resultado enormes avances tecnológicos de todo tipo, desde helicópteros que vuelan en la atmósfera de Marte, hasta el rápido desarrollo, distribución y aplicación de vacunas para enfrentar la pandemia. Sin embargo, también han resultado grandes males, como la contaminación de toda la biosfera del planeta, la extinción masiva de especies, el colapso de ecosistemas completos y un proceso de cambio climático que aún podemos ralentizar, pero ya no podemos revertir. Ingresamos ahora en una nueva fase de la historia de nuestra especie, en la cual la gestión del conocimiento tenderá a organizarse en torno al trabajo con la naturaleza, para hacer sostenible el desarrollo de la especie humana en una biosfera que nosotros mismos hemos hecho cada vez más hostil. En esta circunstancia, en lo que a Panamá corresponde, contar con la Ciudad del Saber constituye una importante ventaja. No solo se trata de que la Ciudad ha ido creando un ecosistema de nuevo tipo para la gestión del conocimiento en nuestro país. Se trata, además, de que ese ecosistema ha demostrado ya su utilidad para el apoyo a iniciativas de gestión social encaminadas a crear las condiciones que demanda la sostenibilidad del desarrollo humano en nuestro territorio. En la práctica, la utopía de 1999 se va haciendo posible en el siglo XXI en la misma medida en que la Ciudad extiende y estrecha sus relaciones con la sociedad a que se debe, y trabaja con otras organizaciones en la tarea de estimular y facilitar la creación de formas innovadoras de gestión del conocimiento. Para esto, a fin de cuentas, nació y perdura la Ciudad: para contribuir a crear las condiciones necesarias para generar la producción, la difusión y la aplicación del tipo de conocimiento que facilite la creación de una sociedad en la que la riqueza material, el


bienestar social y el patrimonio natural del país se relacionen en una espiral virtuosa. Tal es el alcance de la utopía que venimos haciendo posible. Ella ha sido y será nuestra mejor guía en la construcción de una normalidad que será nueva por lo favorable al desarrollo humano que llegue a ser.

14 DE MAYO DE 2021

El ambiente en la Ciudad

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ompartimos un mismo planeta, en el que todo lo que hacemos afecta a los demás. Por lo mismo, resulta grato que el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), afiliado a la Ciudad del Saber, haya inaugurado su nuevo Centro de Sostenibilidad y Liderazgo Empresarial. Allí nuestro Presidente Ejecutivo recordó que veinte años atrás Rodrigo Tarté – nuestro primer Director Académico – nos enseñó a pensar en un futuro en el cual el desarrollo sería sostenible o no sería desarrollo, mientras Andreas Ekke – gerente de Futuro Forestal, una de las primeras entidades en afiliarse a la Ciudad- dio testimonio de la experiencia ganada como un empresario pionero en el mercado de servicios ambientales.

Mientras la inauguración tenía lugar en la Ciudad, 25 caficultores de Chiriquí y Coclé participaban de un curso de formación de capacidades para el desarrollo cooperativo auspiciado por la empresa ENEL Greenpower, en el marco de un convenio de colaboración con la Fundación Ciudad del Saber y la Fundación Imaginari, también asociada a la Ciudad. ENEL necesita trabajar con productores organizados para garantizar las condiciones naturales que requiere la producción de energía a partir de fuentes renovables, como el agua y la luz solar. Los caficultores, por su parte, necesitan pasar a un nivel

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superior de organización para incrementar su competitividad y ganar acceso a nuevas oportunidades de negocios como el de restauración de ecosistemas degradados. La Ciudad ha sabido prever, sembrar y esperar por el momento que ahora llega. La sostenibilidad siempre ha estado asociada a nuestra visión, y hoy se expresa de manera clara en nuestra misión de contribuir al cambio social a través de la innovación. Ninguna otra especie produce los recursos y los bienes que necesita, ni genera y difunde tantos desechos como la nuestra. La clave, aquí, se encuentra en los propósitos que animan y organizan nuestros procesos de interacción con la naturaleza mediante el trabajo, y los medios correspondientes a esos propósitos. Del siglo XVII a nuestros días, el propósito mayor de nuestra relación con la naturaleza ha sido el de garantizar el crecimiento sostenido de la economía. Toca ahora indagar en lo que sea necesario para garantizar la sostenibilidad de nuestro propio desarrollo. Esto requerirá cambiar nuestra visión lineal de los procesos productivos, en la cual por un extremo ingresan materias primas y maquinarias, y por el otro salen bienes producidos y desechos generados por la producción y el consumo de esos bienes. De eso se trata cuando hablamos de trabajar contra la naturaleza, en la cual cada desecho, por modesto que sea, hace parte de una cadena amplia y constante de la vida. Hoy hablamos de pasar a una economía circular, en la que los desechos de cada etapa de los procesos de producción y consumo pasen a ser materia prima para otras actividades. Se dice fácil, pero la complejidad de los procesos de innovación que demanda ese paso constituye un reto para el papel que tendrá la Ciudad en esa transición. Ese papel no se limitará a la fórmula I+D+i, porque la innovación, para ser eficaz en este desafío, tendrá que generar nuevas formas de organización de los procesos productivos y de la vida en sociedad,


mucho más cercanos y correspondientes entre sí. Dejarán de doblar las campanas por nosotros entonces, para repicar por el triunfo de un vivir en el que la armonía en las relaciones de los seres humanos con la naturaleza exprese la que reine en las relaciones que mantengan entre sí.

21 DE MAYO DE 2021

Convergencias

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licia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), ha planteado la necesidad de que los gobiernos de nuestra región contribuyan a “reorientar el desarrollo hacia un modelo más sostenible e incluyente.”80 Lo dijo al inaugurar la Semana del Clima 2021, un encuentro regional previo a la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), que tendrá lugar en Glasgow, Reino Unido, en noviembre próximo. Para Bárcenas, la pandemia de COVID-19 “acentuó las brechas estructurales de la región y mostró que la crisis sanitaria no es ajena al cambio climático, sino que ambos fenómenos tienen estrecha relación.” Esto, dijo, demanda encarar los problemas del cambio climático de un modo que incremente el progreso técnico, y satisfaga “los objetivos económicos y las metas sociales” de nuestros países.” Al respecto, la CEPAL propone “una recuperación con igualdad y sostenibilidad, basada en una transición hacia energías renovables, electromovilidad sostenible en las ciudades, revolución digital inclusiva, bioeconomía, industria manufacturera de la salud, economía circular y turismo sostenible.” Esos sectores, dijo Bárcenas, 80 “Economía resiliente, inclusiva y baja en carbono, eje orientador de la recuperación económica post pandemia: Alicia Bárcena” https://www.cepal.org/es/noticias/economiaresiliente-inclusiva-baja-carbono-eje-orientador-la-recuperacion-economica-post

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“contribuirían a sustituir importaciones críticas, promover la igualdad como objetivo del desarrollo, transfiriendo recursos de los sectores más ricos a los más pobres por vía fiscal u otros mecanismos, y una tasa compatible con los límites planetarios.” En el mismo sentido, enfatizó la importancia de “restaurar las funciones de la naturaleza y la integridad de los ecosistemas como ejes para lograr resiliencia y adaptación en la región al cambio climático.” Estos planteamientos revisten especial importancia para la Ciudad, pues hacen evidente la convergencia entre lo planteado por la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL y lo expresado en la visión, la misión y las labores de la Ciudad, en lo que hace a facilitar la transición de la economía lineal a otra espiral, que haga de los desechos insumos para su crecimiento, ponga fin a la sobreexplotación de los recursos humanos y naturales, y facilite las transformaciones necesarias para encarar a un mismo tiempo la mitigación y la adaptación al cambio climático. Esta convergencia expresa un signo de los tiempos en un momento especialmente convulso del cambio de épocas por el que viene atravesando la historia de los humanos. Aquí, tanto o más importante que aquello que se diluye en la crisis es lo que emerge de ella en forma de tendencias de cambio hacia realidades distintas. Nada de esto, por otra parte, es enteramente nuevo. Lo que surge como alternativa para el futuro estaba ya presente en el pasado. En verdad, hacemos nuestra propia historia, pero no podemos escoger las circunstancias en que llevamos a cabo nuestra labor, porque ellas provienen de otro tiempo, para incidir en nuestras posibilidades de construir el futuro.


11 DE JUNIO DE 2021

Re-paso La mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo. José Martí81

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a crisis ambiental que padecemos no surgió de súbito. Es el resultado de una acumulación sinérgica de factores, que van desde variaciones naturales en la composición y la temperatura de la atmósfera hasta el impacto acumulado de la actividad humana, sobre todo a lo largo de los últimos tres siglos.

Este proceso ha tenido ya, y seguirá teniendo, vastas implicaciones culturales. Así, por ejemplo, la contaminación ambiental y el desarrollo sostenible han pasado a ser temas relevantes de orden político y económico, tras haber sido por décadas problemas de interés marginal para pequeños grupos de científicos y activistas. De hecho, la crisis ambiental se ha constituido ya en el eje que articula el conjunto de los problemas del desarrollo económico, social y político de nuestra especie a escala planetaria. Ante esa situación – y en particular para la Ciudad, que aspira a contribuir a la creación de una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática mediante la innovación para el cambio social -, vale la pena intentar un re-paso de algunos aspectos del impacto cultural de la crisis ambiental, para facilitar la tarea de orientar mejor, desde nosotros mismos, la reflexión para la acción ante la circunstancia que enfrentamos. 81

La América, Nueva York, mayo de 1884. Reproducido en Obras completas. Volumen VIII. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963. 288-92. http://www.ensayistas.org/antologia/ XIXA/marti/marti3.htm

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El concepto de ambiente, por ejemplo, designa al resultado de la interacción entre sistemas naturales y sociales a lo largo del tiempo. Lo que distingue a los humanos en esta interacción es que las demás especies se limitan a utilizar los recursos presentes en su entorno natural, mientras la nuestra transforma ese entorno para incrementar ciertos recursos y eliminar otros mediante procesos de trabajo socialmente organizado. La transformación de bosques en bananales o en pastizales es un ejemplo característico de este rasgo distintivo de los humanos en Panamá, para poner un ejemplo. Otro es la transformación del agua libre de los ríos en un recurso para producir electricidad, o la de manglares y tierras agrícolas en áreas urbanas. La interacción entre los sistemas naturales y sociales opera a partir de un constante intercambio de energía y materia. Así, los humanos – como cualquier otra especie - extraen recursos y devuelven desechos al sistema natural, en el cual son procesados y utilizados por otras especies en un proceso constante. Sin embargo, cuando la producción de desechos por los humanos – y en particular de aquellos que son tóxicos para otras especies – sobrepasa la capacidad de procesamiento del sistema natural, éste colapsa y tiende a reorganizarse en términos inadecuados para el desarrollo de nuestra especie. A ese colapso se le llama ruptura del metabolismo sociedad / naturaleza, que constituye el mecanismo fundamental de desarrollo de la crisis ambiental. El segundo componente de este re-paso consiste en comprender el vínculo entre esa ruptura metabólica y el desarrollo humano. Aquí, el primer problema a comprender es el carácter impreciso del concepto de desarrollo. Para el historiador norteamericano Donald Worster, por ejemplo, el desarrollo es un concepto claro y preciso en ciencias naturales, donde designa el proceso de formación, maduración y muerte de un


organismo. Importado a las ciencias sociales, en cambio, designa el proceso de formación y maduración de un organismo socioeconómico -como el mercado mundial, por ejemplo- pero excluye del análisis la muerte de ese organismo.82 Así entendido, el desarrollo se identifica sobre todo como crecimiento económico sostenido. Ese crecimiento es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo de la especie que somos, el cual demanda además el de cualidades sociales, culturales y de salud sin las cuales el mismo crecimiento económico tenderá a estancarse y aun detenerse. Así las cosas, el problema que nos plantea la crisis es el de la sostenibilidad de nuestro propio desarrollo como especie. Desde aquí cabe entender que - si nuestra especie produce su propio ambiente dentro de la naturaleza mediante el trabajo socialmente organizado -, podemos generar un ambiente distinto si organizamos de manera diferente el trabajo que nos vincula con nuestro entorno natural. Esto, traducido al lenguaje de la Ciudad, resalta la necesidad de encarar la crisis mediante la innovación para el cambio social. Nuestros fundadores sabían que el mundo había ingresado en un proceso de cambio. Aun así, no podían prever las condiciones y circunstancias que definirían ese proceso a lo largo de veinte años – o un cuarto de siglo, pues la creación de la Ciudad fue anunciada por el presidente Ernesto Pérez Balladares en el discurso inaugural de su mandato, el 1 de septiembre de 1994. Y eso contribuyó sin duda a que fuera concebida de una manera abierta al cambio. Desde allí hemos llegado a ser lo que somos. Desde aquí contribuimos a encarar, con toda nuestra sociedad, una situación sin precedentes en la historia contemporánea, cambiando con el mundo para ayudarlo a cambiar en la dirección que demanda el desarrollo de la especie que somos y de la vida toda en el planeta. 82 Al respecto, por ejemplo, “La fragilidad del desarrollo sostenible”, en Transformaciones de la Tierra. Universidad de Panamá y Fundación Ciudad del Saber. Colección Agenda del Centenario, Panamá, 2003.

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La Ciudad no ha pasado dormida sobre la tierra, mantiene viva su cruzada, y se siente orgullosa de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo. Vamos bien.

16 DE JULIO DE 2021

Nota para una pedagogía innovadora

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a Ciudad tiene la misión de poner lo mejor de la experiencia cultural, productiva y científica de la Humanidad al servicio de la innovación para el cambio social. La necesidad de ese cambio ha salido a la luz en la crisis general detonada por la pandemia, y la normalidad que resulte de esa crisis dependerá en una importante medida de que nuestra sociedad encuentre y utilice los medios para innovarse y renovarse.

La complejidad de esta tarea es de por sí evidente, pues abarca dimensiones económicas, sociales, ambientales e institucionales. Por lo mismo, llevarla a cabo requerirá innovar en los medios que demanda la tarea. En lo mejor de nuestra tradición cultural, uno de esos medios es la educación. Aun así, nuestra manera de concebir ese medio sigue estando atada a las experiencias, muchas de ellas fecundas, de una normalidad que va quedando atrás y tiende sin cesar a degradarse. Por lo mismo, lo que realmente importa aquí no es el de qué educación debemos ofrecer, sino para qué objetivos debemos educar. En el caso de la Ciudad, por ejemplo, esos objetivos se sintetizan en la visión de futuro que anima su actividad: una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y – en virtud de todo ello – democrática. Aquí, el para qué define el cómo de la actividad educativa en todos sus niveles, y vincula esos niveles entre sí. En este caso, por ejemplo,


debemos escoger entre una educación que contribuya a reproducir lo que nos parecía normal antes de la crisis, o una al servicio de la construcción de una normalidad que promueva y facilite la transformación de nuestra sociedad en el sentido que hemos señalado. Esta segunda opción nos lleva a imaginar una educación que, en primer término, esté arraigada en nuestra historia. Es indispensable, por ejemplo, que desde temprano aprendamos que la experiencia humana en el Istmo abarca al menos 14 mil años, que incluyen grandes logros, así como grandes desastres, recuperaciones y transformaciones. También es indispensable que aprendamos a ubicar esa historia en la del Istmo en que tiene lugar, desde su formación hace seis millones de años hasta la relación entre la organización natural de su territorio, y la organización territorial de la presencia humana en el mismo …y las consecuencias de todo ello para nuestro presente y nuestro futuro. De todo eso ya se sabe mucho, y lo que asombra es lo poco que se enseña. Lo importante aquí, en todo caso, no es tanto la cantidad de lo que se llega a conocer, sino la pertinencia de ese conocimiento con respecto a los fines para los cuales es producido, adquirido y aplicado. Comprender esto tiene gran valor para ir definiendo la pedagogía del conocer que necesitamos. En esta perspectiva, por ejemplo, destacan tres elementos. En primer lugar, el conocer debe estar arraigado en la realidad. Así, por ejemplo, la geografía debe entenderse desde el lugar en que se vive, de modo que cada uno pueda vincular entre sí, por ejemplo, las realidades de la cuenca en que habita con los problemas del circuito electoral en que vota. Esto es indispensable por dos razones. Una es que es más difícil transformar lo que no se conoce que aquello que comprendemos. Otra es que aquello que conocemos es lo que ha llegado a ser a lo largo del tiempo: es el producto de un determinado desarrollo que implica múltiples procesos simultáneos e interdependientes, y solo puede ser transformado modificando esas relaciones de interdependencia.

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Hacer eso demanda, en segundo lugar, un conocer. Cada forma de vida, como cada disciplina profesional, generan su propio sentido común, con lo cual tienden a valorar la realidad en que actúan de maneras muy diversas. El historiador, el abogado, el médico y el ingeniero, como el obrero, el agricultor y el artesano, requieren de un conocer sustentado en un marco común de referencia y una comunidad de propósitos que les faciliten colaborar en el desempeño de sus respectivas labores. Por último, la creación de una normalidad nueva demanda una actitud innovadora ante la realidad. El sentido fundamental del conocer que necesitamos consiste así en su capacidad para contribuir a la transformación de una realidad cuyo desarrollo la ha llevado a niveles inéditos de complejidad. Por eso, el conocer que demanda es el que corresponde a esa complejidad, tanto en lo que se refiere a sus desafíos, como en lo relativo a las oportunidades que debemos aprender a identificar en ella. Educar, en estos tiempos, es sobre todo enseñar a conocer para transformar. En nuestra actividad, la fórmula I+D+i que tradicionalmente asociamos a la actividad de empresas específicas, puede y debe ser entendida a la escala de toda actividad de transformación social encaminada a hacer sostenible el desarrollo de nuestra especie en armonía con la naturaleza de la que depende su existencia. Esta es una de las lecciones más importantes que nos ofrece la crisis que enfrentamos. Este es el núcleo de la pedagogía innovadora que necesitamos.


6 DE AGOSTO DE 2021

Navegando en un mar de azares “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.” José Martí, 188483

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ada vez hablamos más de los problemas ambientales que afectan a la especie humana en esta etapa de su historia. Dichos problemas constituyen síntomas del deterioro de nuestras relaciones de la biosfera, que era el nombre con que Vladimir Vernadsky designada a nuestro entorno natural. Y ese deterioro, a su vez, se expresa en el de la noosfera – la esfera del hacer inteligente, al que llamamos el ambiente – forjada a partir de esas relaciones, mediante el trabajo socialmente organizado, que incluye entre sus productos a nuestra cultura de la naturaleza.

Ese deterioro se presenta hoy de dos maneras distintas. Una corresponde a su expresión principal, el cambio climático. Otra, al origen principal de esa expresión, que corresponde al colapso de los ecosistemas que sostienen la trama de la vida en nuestro planeta y nos permiten, incluso, hablar de la Tierra misma como un ecosistema de altísima complejidad. En lo más visible, el colapso de los ecosistemas se hace evidente en su simplificación debida a actividades productivas – como la transformación de bosques en pastizales o plantaciones en las que una sola especie sustituye a los centenares que antes ocupaban ese espacio, cuando no de toda especie original en áreas de expansión urbana. Pero esa es apenas la superficie del problema. 83 “Maestros ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. VIII: 289

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En efecto, el colapso de los ecosistemas nos priva a todos, en todas partes, de los servicios que ellos nos ofrecen, desde la captura y almacenamiento del carbono atmosférico hasta la formación de suelos y la regulación del ciclo del agua. No es de extrañar, así, que empecemos a entender que las soluciones que demanda el cambio climático tienen mayor y mejor impacto para el planeta y para nuestras sociedades cuando están basadas en ecosistemas.84 Al propio tiempo, la ejecución de estas intervenciones ecosistémicas requiere de un financiamiento adecuado a las características del problema que ellas contribuyen a mitigar, primero, y transformar después. Al respecto, Carter Roberts y Yannick Glemareck – directores ejecutivos del World Wildlife Fund en Estados Unidos, y del Fondo Verde para el Clima, respectivamente – plantean la necesidad tener presente que financiar “una transición rápida a una economía con cero emisiones netas y resiliente al clima” requerirá “una inversión significativamente mayor, la inversión en un conjunto diferente de activos y la inversión que aborde el imperativo humanitario de la inclusión social y el alivio de la pobreza.” El texto de Roberts y Yannick presta especial atención a lo que llaman “tres ingredientes clave” para el éxito de estas iniciativas. En primer lugar, dicen, es importante que los gobiernos nacionales y locales, las comunidades locales y los pueblos indígenas, el sector privado y la sociedad civil desempeñen un papel tanto en el diseño como en la implementación. Además, “es fundamental” reconocer la contribución de las mujeres ​​en la preservación y restauración de los ecosistemas, y garantizar que “cualquier beneficio, financiero o de otro tipo, derivado de la iniciativa” sea compartido de manera equitativa “con las personas que llaman hogar al área afectada”, pues ellos son los aliados más importantes para la gestión sostenible a largo plazo. Por otra parte, los enfoques basados en la naturaleza y los ecosistemas “deben diseñarse utilizando la mejor ciencia, mediciones y métricas para 84 Roberts, Carter y Glemareck, Yannick (2021): “3 reglas para resolver con éxito la crisis climática”. Weforum.org. 22 julio de 2021.


garantizar el logro de beneficios reales para el clima, la naturaleza y las personas”. A esto se agrega contar con una estrategia “que garantice el éxito a largo plazo de las inversiones”, mediante “una visión clara para garantizar una financiación y una gestión local estables y sostenidas.” Con ello, “las inversiones basadas en la naturaleza y los ecosistemas pueden generar beneficios duraderos que pongan a las personas en primer lugar, fomenten la resiliencia de la comunidad al cambio climático e impulsen un progreso real hacia el desarrollo sostenible.”

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Estamos, aquí, frente a un claro ejemplo de innovación para el cambio social mediante el uso de lo mejor de la experiencia empresarial, científica y cultural de la Humanidad. Nuestra misión se ve corroborada por otras experiencias globales, que demuestran que trabajamos en la dirección y de la manera correctas. La Ciudad navega en el mar de azares de la crisis teniendo a su favor lo mejor del viento del cambio de épocas que nos ha tocado vivir.

29 DE AGOSTO DE 2021

La nueva escuela en la Ciudad Es criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época, y la época. Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida. José Martí, 1883 85

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l 16 de agosto del año 2021 tiene ya un lugar en la historia de la educación panameña. Ese día inauguró sus actividades en la Ciudad del Saber la Academia Panamá

85 “Escuela de electricidad”. La América. Nueva York, noviembre de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII: 281.


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para el Futuro, que acogió a 145 estudiantes de origen modesto, provenientes de todas las regiones del país, seleccionados por su trayectoria académica y sus capacidades de liderazgo. La iniciativa de establecer la Academia provino del gobierno nacional, a través del Ministerio de Educación, y contó desde el primer momento con el más decidido apoyo de la Fundación Ciudad del Saber. Esto ha permitido al proyecto contar a un tiempo con una oferta educativa de alto nivel en ciencias, matemáticas y tecnología, y con un ambiente de aprendizaje que facilita la interacción de la Academia con empresas innovadoras, centros de investigación científica y una amplia oferta de eventos culturales a lo largo del año. Los estudiantes, además, dispondrán de las instalaciones de alojamiento, docentes y deportivas del campus de la Ciudad, y de las oportunidades que éste ofrece para el intercambio con jóvenes y docentes de diversas partes del mundo. La Academia, en este sentido, es un verdadero proyecto de innovación para el cambio social, concebido en la perspectiva de la visión de la Ciudad: un futuro próspero, inclusivo, sostenible y democrático. Como tal, inaugura también una valiosa oportunidad de aprendizaje para la sociedad a la que sirve como para la Ciudad que la acoge. Esta innovación y esta oportunidad no pueden llegar en un momento más oportuno. El objeto de esta innovación, en efecto, es la educación que se ofrece en Panamá. Desde hace años ya nuestra educación ha sido objeto de un constante debate, que se ha concentrado sobre todo en el qué enseñar y el cómo hacerlo. Hoy, con la Academia, ese debate se ve ampliado en un plano de alcance aún mayor: el de para qué enseñar en un mundo en transición hacia formas inéditas de organización de sus sociedades, de la economía que las vincula y del ambiente que comparten. Para Panamá, que empezó a construir su República en la fase final del período de organización colonial del mercado mundial, y alcanzó su plena soberanía cuando culminaba la fase de organización interestatal de aquel sistema – la que solemos llamar internacional -, hoy resulta de especial importancia la respuesta a ese para qué. Y lo que primero viene


a mente es preparar al país para el cambio que viene, como en1907 fue creado el Instituto Nacional para ofrecer a los jóvenes de entonces la formación de las capacidades que demandaba la creación de una República en el Istmo. Aquí no se trata solo de un problema de ciencia y tecnología, sino y sobre todo del uso de esos recursos para transformar un país que enfrenta problemas de crecimiento incierto, inequidad persistente, degradación ambiental constante, y de una creciente disfuncionalidad institucional. Todo eso puede y debe ser transformado radicalmente, en el mejor sentido del término: aquel que definió el mejor de nuestros liberales demócratas de fines del siglo XIX, al decirnos que radical “no es más que eso: el que va a las raíces”, por lo que no podía llamarse tal “quien no vea las cosas en su fondo”, ni hombre “quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres.”86 Y es que no se puede transformar lo que no se conoce, y antes bien cabe preguntarse: ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella.87 86 “A la raíz”. Patria, Nueva York, 26 de agosto de 1893. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. II: 380. 87 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI: 18.

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Aquí está la clave del para qué de la educación en toda sociedad: conocer para transformar, y transformar mediante la innovación para el cambio social. Estamos juntos en esto, la Academia, su país y su Ciudad.

3 DE SEPTIEMBRE DE 2021

El Manifiesto de los Millennials

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a población mundial asciende ya a unos 8 mil millones de seres humanos. De ellos, 2 mil millones y medio - cerca del 30% del total - tienen entre 15 y 24 años de edad. Si se les agrega el grupo de entre 0 y 14 años – cerca de mil millones y medio, equivalentes al 19% del total mayor -, tendremos que quienes ya son jóvenes y quienes van camino a serlo suman casi el 49% de la población mundial.

En las sociedades de mayor desarrollo – y en las capas medias de las de desarrollo menor – se ha dado en llamar “millennials” al primero de esos grupos, pues iniciaron la transición de la niñez a la juventud hacia el año 2000. Y no falta quien los llame “la juventud del desencanto postmoderno”. De sus equivalentes en la Italia de la década de 1930 dijo Antonio Gramsci en su momento que se encontraban en una situación en la que sus mayores “no consiguen educar a los jóvenes, prepararlos para la sucesión”, porque la “vieja estructura” social y cultural no estaba en capacidad de “dar satisfacción a las exigencias nuevas”.88 Así ocurría en el marco de la gran crisis financiera que, a partir de 1929 provocó una contracción sin precedentes en el moderno sistema mundial, y abrió paso a la tarea de reconstruir y poner de nuevo en marcha ese sistema tras la gran guerra de 1939-1945. 88 Gramsci, Antonio: “La cuestión de los jóvenes.” Textos de los Cuadernos de 1929, 1930 y 1931. Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI Editores, México y España. (1999: 274 – 275)


Los herederos de los herederos de los viejos de que hablaba Gramsci – “boomers”, les dicen en la neolengua postmoderna – son (¿somos?) quienes ahora no saben realmente cómo educar a los millennials y “prepararlos para la sucesión”. Para nuestro tiempo, esa sucesión opera – con la mejor o la peor educación – en el marco de la vasta transformación por la que atraviesa el sistema mundial, que incluye, en el plano cultural, el agotamiento de las certidumbres del pasado y el incremento de las incertidumbres del futuro. Para las generaciones nuevas, esto genera una circunstancia en la cual ocurre con frecuencia que la vida pasa a ser un abandonarse a las circunstancias condicionadas por la técnica, entendida como el principal recurso para interpretar la existencia. En la realidad concreta que nos interpela, aparecen diversos síntomas que muestran el error, como la degradación del ambiente, la angustia, la pérdida del sentido de la vida y de la convivencia.89 En esta transición generacional, para la mitad adulta de la humanidad resulta especialmente complejo de esta transición generacional al mundo desde una perspectiva afín a la de aquellos a quienes se busca educar. Un ejercicio de búsqueda en esa dirección fue llevado a cabo por el Davos Lab, del Foro Económico Mundial, mediante entrevistas a 19,079 jóvenes en 187 países, y 346 diálogos en 166 ciudades de 66 países, que abarcaron a 2,314,513 participantes, con el fin de encontrar su opinión sobre el impacto de la crisis detonada por la pandemia de COVID-19, y su visión de los desafíos que plantea la construcción de una normalidad nueva.90 Esos desafíos se sintetizan en 10 pilares para un Plan Juvenil de Recuperación que toma una primera forma a partir de ese proceso de 89 Francisco (2015: 110): Laudato Si’, 2015. https://www.vatican.va/content/francesco/es/ encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html 90 “How will Millennials and Generation Z shape an inclusive post-COVID future?”/ 20 Aug 2021. https://www.weforum.org/agenda/2021/08/young-people-millennials-and-generationz-change-future/?utm_source=sfmc&utm_medium=email&utm_campaign=2753690_ Agenda_weekly-27August2021&utm_term=&emailType=Agenda%20Weekly

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consulta. El primero de ellos se refiere a un consumo consciente, que permita encarar el hecho de que las actuales tasas de consumo ya han creado el riesgo de “agotar los sistemas de soporte de la vida en nuestro planeta, que nos proporcionan agua fresca, alimentos nutritivos y aire limpio.” Ante esto, se agrega, es necesario “incentivar el consumo sostenible, y penalizar el que no lo es.” Un segundo pilar es el acceso a las tecnologías de la información. Al respecto, dicen, debe ser establecido un Plan de Acceso a las TIC que lleve el acceso a Internet más allá del 80% de la población, y garantizar que las empresas tecnológicas proporcionen acceso a bajo costo a la red. Esto lleva a un tercer pilar: crear las condiciones de alfabetización digital que permitan enfrentar la desinformación, entre otras cosas mediante “programas de formación de capacidades y de educación que ayuden a los ciudadanos a identificar las noticias falsas.” El cuarto pilar consiste en una democracia con futuro, que cuente con el apoyo necesario para hacer oír voces progresivas en el gobierno, proteja las libertades democráticas frente a los monopolios mediáticos, establezca una Convención Global de Ciberseguridad para “proteger la integridad de los sistemas políticos, y fomente las capacidades para promover políticas de cambio más ambiciosas. Con ello, se podría hacer de 2021 “un momento de cambio”, si se otorga la debida prioridad a la participación política. El quinto pilar demanda trabajos inclusivos y redes de seguridad social, dado que “cerca de la mitad de los trabajadores está en peligro de perder sus medios de vida, sobre todo en el caso de los trabajadores pobres, la juventud, las mujeres y las minorías.” Al respecto, se propone financiar mediante un impuesto global a los bienes programas que estimulen a las empresas que inviertan en recalificar a sus trabajadores; poner fin a los “costos exorbitantes” de la educación universitaria, que sofocan la movilidad social, y lograr que las universidades modifiquen sus programas para facilitar la búsqueda de empleo en el actual mercado laboral.


El sexto pilar se refiere al cuidado de la salud mental. Para ello, por ejemplo, los gobiernos deben garantizar el acceso a servicios de salud mental, y las entidades mediáticas deben formar percepciones y actitudes positivas en relación con este tema. El séptimo consiste en que los gobiernos, las entidades financieras y las empresas contribuyan efectivamente a la tarea de crear una economía carbono neutral, así como a la recuperación ambiental. El octavo pilar busca promover un capitalismo de partes interesadas o, si se quiere, una economía de mercado de amplia base social. Esto requeriría que los gobiernos regulen a las empresas de alta tecnología, promover la formación de capacidades empresariales, y crear incubadoras que faciliten a los emprendedores debidamente capacidad generar valores de largo plazo. El noveno pilar se refiere a la necesidad de contar con acceso equitativos al cuidado de la salud en todo el mundo, garantizando el acceso a los servicios de atención a la enfermedad, la adecuada atención de los gobiernos a las necesidades de los trabajadores de la salud y sus familias, y la reconstrucción de la confianza ciudadana en los servicios de salud. Y por último el décimo consiste en garantizar la seguridad pública, mediante el fin a la “inmunidad calificada” en el cumplimiento de la ley por parte de la policía, un mayor activismo en contra de la violencia generada por las armas de fuego y del abuso doméstico de carácter físico y sexual, y la formación necesaria en el sistema judicial para garantizar la seguridad de las comunidades vulnerables. De estos pilares emergen seis principios que articulan un Manifiesto de los Millennials, en el cual, ante las grandes transformaciones de nuestro tiempo, esta generación se expresa en un “nosotros” que propone XI. Crear espacios para el diálogo intergeneracional. XII. Hacer grandes preguntas para avanzar hacia soluciones audaces. XIII. Buscar el cambio sistémico y la acción colectiva. XIV. Construir espacio para la diversidad de experiencias de vida. XV. Encarar conversaciones incómodas. XVI. Cuidar de nosotros mismos, de los demás y de nuestro ecosistema.

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Cada uno de esos principios encuentra lugar en la visión de la Ciudad, que no está sola en su compromiso con una normalidad que sea nueva por lo próspera, inclusiva, sostenible y democrática que llegue a ser. Crecemos con el mundo, para ayudarlo a crecer.

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La Ciudad en la esperanza

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“Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos. Este es el verdadero camino de la paz, y no la estrategia carente de sentido y corta de miras de sembrar temor y desconfianza ante amenazas externas. Porque la paz real y duradera sólo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana.” Francisco, Fratelli Tutti, 12791

Patria”, dijo en 1895 José Martí, “es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó nacer […] Esto es luz, y del sol no se sale.”92 Pocas veces ha sido eso tan evidente como en los tiempos en que vivimos, y esa evidencia incluye además la del carácter moral de nuestra cultura iberoamericana. Lo que dijo el cubano a fines del siglo XIX alienta también en lo planteado por el primer Pontífice surgido de nuestra América en el siglo XXI, como anima el discurso del portugués Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, al inaugurar la 76ª Asamblea General de esa organización.

91

Carta Encíclica Fratelli Tutti, del Santo Padre Francisco, sobre la Fraternidad y la Amistad Social https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papafrancesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

92 "En casa", Patria, 26 de enero de 1895. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. V: 468 – 469.


Aquello que usualmente ha sido un recuento de actividades realizadas, acuerdos logrados y problemas que aquejan a la comunidad mundial, fue ahora una clara advertencia a los jefes de Estado y sus representantes en ese encuentro. “Estoy aquí para hacer sonar la alarma”, dijo el Secretario General, y añadió enseguida: Nuestro mundo nunca ha estado más amenazado. O más dividido. Nos enfrentamos a la mayor cascada de crisis de nuestra vida. La pandemia del COVID-19 ha sobredimensionado las flagrantes desigualdades. La crisis climática está golpeando el planeta. La agitación desde Afganistán hasta Etiopía, pasando por Yemen y más allá ha frustrado la paz. Un aumento de la desconfianza y la desinformación está polarizando a la gente y paralizando las sociedades. Los derechos humanos están bajo fuego. La ciencia está siendo atacada. Y los salvavidas económicos para los más vulnerables llegan demasiado poco y demasiado tarde... si es que llegan. La solidaridad está ausente, justo cuando más la necesitamos”. 93 Para Guterres, esto es una “una obscenidad. Hemos aprobado el examen en Ciencias, pero no el de Ética.” El discurso prestó especial atención a tres problemas. El primero fue el del cambio climático, sobre el cual advirtió que “no estamos en camino de cumplir los objetivos del Acuerdo de París y mantener la temperatura media de la Tierra en 1,5 grados centígrados por encima de la era preindustrial”. Y añadió enseguida que, si bien es necesario “un recorte del 45% de las emisiones de gases de efector invernadero para 2030”, un informe reciente de la ONU “dejó claro que, con los actuales compromisos climáticos nacionales, las emisiones aumentarán un 16%” para ese año, lo cual “nos condenaría a un infierno de aumentos de temperatura de al menos 2,7 grados por encima de los niveles preindustriales.”

93 https://news.un.org/es/story/2021/09/1497032

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El segundo gran desafío, dijo, consiste en que “otra enfermedad se está extendiendo en nuestro mundo: un mal de desconfianza”, que nace del hecho de que Cuando la gente ve las promesas de progreso negadas por las realidades de su dura vida diaria... Cuando ven sus derechos y libertades fundamentales recortados... Cuando ven la pequeña y también la gran corrupción a su alrededor […] Cuando los padres ven un futuro para sus hijos que parece aún más sombrío que las luchas de hoy... Y cuando los jóvenes no ven ningún futuro... La gente a la que servimos y representamos pierde la fe no sólo en sus gobiernos e instituciones, sino también en los valores que han animado el trabajo de las Naciones Unidas durante más de 75 años. Esa “ruptura de la confianza”, agregó, “está llevando a la ruptura de valores fundamentales como la paz, los derechos humanos, la dignidad, la igualdad, la justicia y la solidaridad, que ahora están en el punto de mira.” Las promesas, dijo, “no tienen valor si la gente no ve resultados en su vida diaria.” Y esa falta de resultados “crea un espacio para algunos de los impulsos más oscuros de la humanidad”, y se convierte en “el combustible para avivar antiguos agravios, la supremacía cultural, la dominación ideológica, la misoginia violenta, la discriminación de los más vulnerables, incluidos los refugiados y migrantes.” Ante esos males, el Secretario General llamó a “un compromiso real”, que nos permita, “cumplir la promesa de un mundo mejor y más pacífico”, promoviendo “los intereses de los propios ciudadanos” mediante la promoción de “intereses de nuestro futuro común”. Así, agregó que la interdependencia “es la lógica del siglo XXI” y constituye “el principio básico de las Naciones Unidas”, para añadir enseguida que la Humanidad “ha demostrado que somos capaces de grandes cosas cuando trabajamos juntos”. Con todo, Guterres señaló que el sistema multilateral ha venido a ser “demasiado limitado en sus instrumentos y capacidades, en


relación con lo que se necesita para una gobernanza eficaz de la gestión de los bienes públicos mundiales”, y “demasiado fijado en el corto plazo.” Por lo mismo, Tenemos que reforzar la gobernanza mundial. Tenemos que centrarnos en el futuro. Tenemos que renovar el contrato social. Tenemos que garantizar unas Naciones Unidas adecuadas para una para una nueva era. Nunca ha sido más claras la necesidad y el alcance de la visión de la Ciudad, que a fin de cuentas nos remite a la Casa Común que compartimos con la Humanidad entera, y que será próspera, inclusiva, sostenible y democrática, o no será.

22 DE OCTUBRE DE 2021

Innovación para el cambio social: lo primero es primero, y lo segundo también

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l poner en evidencia contradicciones económicas, sociales, ambientales y políticas largamente acumuladas en el sistema mundial, la pandemia de COVID 19 estimuló la búsqueda de nuevas formas de innovación social en la atención a esos problemas. Lo aprendido nos ofrece valiosas lecciones para la construcción de una normalidad que sea nueva por lo próspera, inclusiva, sostenible y democrática que llegue a ser. Comprender la riqueza y el alcance de esas lecciones tiene especial importancia en un mundo en el que la inequidad, la incertidumbre económica, el deterioro institucional y el cambio climático han generado un aparente círculo vicioso. Al respecto François Bonnici y Cynthia Rayner - especialistas en el papel de la innovación social en el cambio tecnológico -, nos dicen que parecemos ser “incapaces de

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cambiar de dirección o responder con imaginación durante períodos prolongados” y, aun estando “desesperados por un cambio de sistemas […] no sabemos cómo hacerlo.” 94 Por contraste, en todo el mundo “millones de líderes de cambio social se levantan cada día y trabajan con el propósito de cambiar sus comunidades y el medio ambiente de maneras pequeñas pero profundas.” La labor de esos líderes ha ido generando así un saber hacer en el que destacan tres componentes de importancia “para superar las barreras estructurales y sistémicas a gran escala.” En primer lugar, quienes lideran la lucha por el cambio social buscan “centrarse en el proceso y no en los resultados.” En segundo, “responden a los matices del contexto con humanidad”, y en tercero “ponen el poder en manos de los más cercanos al problema.” Con ello dejan en evidencia que “el cambio es posible y muchas organizaciones de propósito social alrededor del mundo son prueba de ello”. Si bien su trabajo se lleva a cabo a nivel local y, por lo tanto, a menudo se pasa por alto, “estas organizaciones nos están mostrando un poderoso conjunto de principios y prácticas sobre cómo podemos responder de manera más efectiva a los desafíos que enfrentamos y comenzar a construir un mundo más inclusivo y sostenible.” La primacía del proceso sobre los resultados, por ejemplo, resalta el hecho de que se está lidiando cada vez más con “la creciente complejidad de nuestra sociedad global.” Aquí, quienes luchan contra los males de la pobreza en terrenos como la educación, el empleo, la vivienda y la salud, se enfocan en el cambio de las estructuras que generan esos males, pues entienden que “desarrollar un sentido de solidaridad entre las personas, cambiando la forma en que se perciben a sí mismos como grupo, puede crear efectos mucho más poderosos y duraderos que intentar crear un cambio de comportamiento individual.” 94 Bonnici, François y Rayner, Cynthia: “Haciendo un trabajo más profundo: 3 cosas para aprender sobre el proceso de cambio de sistemas”. https://www.weforum.org/ agenda/2021/09/systems-change-social-purpose-organizations/?utm_source=sfmc&utm_ medium=email&utm_campaign=2754220_Agenda_weekly-3September2021&utm_ term=&emailType=Agenda%20Weekly


Esto, además, facilita vincular la orientación del proceso con las realidades humanas y comunitarias del entorno en que se busca contribuir al cambio social. La pobreza, en efecto, puede ser un concepto abstracto, con múltiples definiciones posibles, pero los pobres y sus circunstancias siempre son concretos. Y en esa concreción destacan las limitaciones de los pobres para ejercer un control adecuado sobre sus vidas, su entorno y su destino. Aquí cabe recordar aquí una valiosa experiencia de anteayer: el programa de madres maestras que años atrás promovió la Iglesia católica en Panamá, el cual ofrecía entrenamiento a amas de casa que permanecían en la comunidad durante el día, para atender centros de cuidado para los niños de las madres que debían salir a trabajar. Hoy, cuando las condiciones de vida en la ciudad son cada vez más difíciles para las madres trabajadoras, un programa así sería una gran innovación para el cambio social. Este ejemplo, como vemos, ponía el poder en manos de quienes estaban más cerca del problema, fortalecía los vínculos comunitarios y contribuía a crear condiciones y experiencias para encarar problemas más complejos. Para Bonnici y Rayner esto es importante porque el poder tiene muchos rostros que considerar. Dos de esos rostros, dicen – “la toma de decisiones y el establecimiento de la agenda”-, son fáciles de detectar. Sin embargo, “el poder ideológico, el poder que se encuentra muy por debajo de la superficie e impulsa los problemas profundamente arraigados en nuestros sistemas sociales, no lo es.” Al respecto, dicen, los patrones de comportamiento, y las motivaciones y circunstancias que estos impulsan “están circunscritos por normas, valores y creencias sociales que a menudo pasan desapercibidos y en gran parte no son criticados.” De este modo, sin saberlo o no, “los poderosos circunscriben los parámetros dentro de los cuales se siguen estas normas. En otras palabras, establecen la temperatura del agua en la que todos deben nadar.”

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Cuando estas circunstancias no son encaradas de manera adecuada, obstaculizan el cambio social al generar el llamado “síndrome de la desesperanza aprendida”, que lleva a los individuos y sus comunidades a creer que nada pueden hacer para llegar a controlar y cambiar sus vidas. En este sentido, el desafío consiste en “crear una nueva configuración de energía para reemplazar el statu quo.” Esto tiene gran importancia para la Ciudad. Nuestra propia experiencia nos enseña que entre la innovación y el cambio social hay una relación de mutua dependencia, que facilita la creación de una normalidad en la que cada uno estimula el desarrollo del otro, para el bien de todos. Tal es lo aprendido desde nuestra propia experiencia. Tal, el punto de partida en nuestro hacer.

5 DE NOVIEMBRE DE 2021

Una Ciudad competitiva

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as secuelas económicas de la pandemia han afectado a la Ciudad como a todo el país. Ante esa situación, la Ciudad se ha propuesto encarar las limitaciones de hoy desde la estrategia que orienta su curso hacia el pasado mañana.

Un componente de esa tarea consiste en mejorar de manera constante nuestros servicios a los clientes. Otro, en imaginar mejor nuestro futuro en Panamá y el mundo, para ir trazando una estrategia de mercado que incorpore las transformaciones que la crisis ha estimulado en el mercado global de servicios de gestión del conocimiento. Y el tercero consiste en la mejora constante de nuestra competitividad. La visión y la misión de la Ciudad nos ofrecen una perspectiva adecuada para el análisis comparativo de nuestra situación en Panamá frente a la de otros países como el nuestro – esos que hoy son llamados “de economías emergentes” - en el plano de la innovación, que debe llegar a ser nuestro negocio principal. Al respecto, el Foro Económico


Mundial ha publicado un texto del mayor interés, que examina tendencias tecnológicas emergentes en países africanos que a menudo pasan desapercibidos entre nosotros.95 Esas tendencias incluyen el impulso al desarrollo la infraestructura digital – algo en lo que ya trabaja nuestra Vicepresidencia de Operaciones; el desarrollo de herramientas digitales para la educación y la formación de capacidades; ir más allá de los procesos tradicionales de desarrollo mediante la innovación – como viene haciéndolo nuestro Centro de Innovación -, y la demanda de mayor control sobre la privacidad de los datos de interés público y privado. Aquí el problema no radica en imitar, sino en crear respuestas innovadoras a demandas efectivamente existentes. Esa es la tarea fundamental de nuestros clientes. La de la Ciudad es ofrecerles a ellos las condiciones más adecuadas para llevar a cabo con éxito esa tarea en nuestro entorno glocal. El artículo del WEF resalta el hecho de que, si bien el dominio digital ha crecido en importancia durante la pandemia, la inequidad en el acceso a ese dominio podría agravar la brecha entre ricos y pobres. Basta ver el caso de Panamá, donde coexisten a poca distancia entre sí regiones con una excelente conectividad con amplios territorios donde Internet sigue siendo una esperanza insatisfecha. Así, por ejemplo, durante la pandemia el uso de Internet aumentó en un 70% - y el de aplicaciones para comunicaciones un 300% -, pero solo el 53% de la población global tiene acceso a la red mundial. Esto demanda una inversión masiva en infraestructura, pues la falta de acceso a la red bloquea el crecimiento económico. Con ello, muchas pequeñas y medianas empresas, “que generan entre el 40 y el 90 por ciento del PIB en economías emergentes,” deben luchar para sobrevivir pues “no han logrado digitalizar sus operaciones, o hacerlo con la rapidez necesaria”. 95 “Here are 4 technology trends from emerging economies” https://www.weforum.org/ agenda/2020/09/here-are-4-technology-trends-from-emerging-economies/

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La pandemia, por otra parte, obligó a 1.3 billones de niños en edad escolar en todo el mundo a seguir sus estudios a través de Internet. Aun en las sociedades más desarrolladas, muchos niños provenientes de comunidades pobres vieron sus estudios alterados debido a la falta de computadoras o de acceso a Internet en sus hogares. A esto se agregó, además, la necesidad de muchos trabajadores de formarse en las capacidades necesarias para obtener empleos en empresas cada vez más digitalizadas. Esto tiene importancia, además, ante el temor de que la creciente digitalización de las actividades productivas genere desempleo. Aquí hay un matiz de importancia. La innovación en las economías emergentes, en efecto, puede encaminarse hacia la creación de nuevas oportunidades de trabajo mediante tecnologías que faciliten el paso a formas innovadoras de desarrollo, eleven el nivel de capacidades en toda la fuerza de trabajo y estimulen la innovación local. Para nosotros, la oportunidad radica en que la IV Revolución Industrial permite a las economías emergentes “experimentar con nuevas tecnologías de maneras creativas y no tradicionales” para trascender las etapas usuales del desarrollo y -sobre todo – “establecer sus propias prioridades en materia de innovación.” Así lo ha hecho Rwanda, por ejemplo, al desarrollar la mayor red civil de drones del mundo para enviar medicamentos y sangre para transfusiones a regiones apartadas. La innovación, nos dice el artículo, “florece cuando somos capaces de vincular nuestras diferencias, nuestras individualidades y nuestra capacidad para pensar de maneras únicas”. Sin embargo, aprovechar todo el potencial de investigación y desarrollo en nuestros mercados requiere mayor inversión, y aquí existe una brecha enorme entre diferentes regiones. En 2019, por ejemplo, esa inversión fue de $250 billones en China; 130 en los Estados Unidos y 122 en Europa. Mientras, en la India fue de 14.5 y en África, de $1.3 billones.


Con todo, resalta el hecho de que las economías emergentes “no están utilizando la tecnología para alcanzar a los países más desarrollados o para ganar acceso a productos y servicios ya existentes”, sino “como una fuente de ideas, creatividad y materia prima para sus propias y únicas contribuciones al progreso global.” Esta riqueza de talento y de ideas, se añade, “demuestra por qué es tan importante colaborar a escala global”. Aquí, Todos los países tienen algo que ofrecer, y todos merecen un lugar en la mesa. No solo se trata de que los países más ricos puedan aprender lecciones valiosas de los que consideran menos desarrollados. Si tenemos éxito en compartir nuestro ingenio colectivo, nuestra creatividad, recursos y ambiciones, podremos construir un mundo que sea realmente próspero para todos. Ese mundo requerirá servicios de apoyo y redes de acceso a nuevas posibilidades de alianza y colaboración. El mercado que provee esos servicios es el de la Ciudad. Para esto nos hemos preparado, en esto tenemos a nuestro favor la experiencia y los logros que estamos convirtiendo en competitividad.

26 DE NOVIEMBRE DE 2021

Tiempo de refundar Andamos sobre las olas, y rebotamos y rodamos con ellas; por lo que no vemos, ni aturdidos del golpe nos detenemos a examinar, las fuerzas que las mueven. Pero cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedarán más cerca de la tierra. ¡El hombre envainará al fin en el sol su espada de batalla! José Martí, “Revolución en la enseñanza”, 1894

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osé Martí nació en La Habana en 1853, cuando Cuba y Puerto Rico eran ya las últimas posesiones coloniales de España en América. Fue desterrado a España en 1871 por su actividad independentista y de allí retornó a nuestra América en 1875, a los 22 años de edad. Aquí fue acogido en México por la joven intelectualidad liberal democrática que ya enfrentaba a la deriva autoritaria del Estado Liberal Oligárquico en que habían venido a culminar las guerras de Reforma que asolaron la región a mediados del siglo XIX. La generación de Martí contribuiría de manera decisiva a la maduración de esa resistencia, que terminaría por abrir paso al nacionalismo revolucionario que recorrería a nuestra América a lo largo de las décadas de 1930 y 1940. En su desarrollo, ese proceso planteó a sus principales protagonistas el desafío de “elevar intelectualmente a estratos populares cada vez más vastos”, para “suscitar élites de intelectuales de nuevo tipo,” que surgieran de la masa “sin perder el contacto con ella.”96 De allí provino la raíz de la concepción martiana del papel de la educación en la formación del sujeto social capaz de asumir como propio ese desafío. Esa concepción tenía su origen en la convicción de los liberales de su generación sobre la necesidad de que nuestra América culminara la obra de su independencia dado que La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros – de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítica de la 96 Gramsci, Antonio (1967): Introducción a la filosofía de la praxis. Primera Parte. Introducción al estudio de la filosofía y del materialismo histórico, Nota IV. Selección y traducción de J. Solé Tura. Nueva Colección Ibérica. Ed. Península, Barcelona. https://marxismocritico.files. wordpress.com/2011/11/introduccion-a-la-filosofia-de-la-praxis.pdf


raza aborigen – por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia.97 Una tarea así demandaba una educación encaminada a crear una intelectualidad y una cultura de un tipo enteramente nuevo en la región. La innovadora propuesta martiana al respecto fue el resultado de un proceso de análisis y reflexión sobre la política educativa desarrollado entre 1884 y 1894. De entre los numerosos textos que produjo esa reflexión, destacan en particular “Maestros ambulantes”, de 188498, y “Revolución en la enseñanza”, de 189499, cuya vigencia aún nos admira. En lo más esencial, la propuesta martiana respondía a la necesidad de educar para transformar a las personas, dotándolas de las capacidades imprescindibles para su pleno desarrollo humano. Con ello, se buscaba ponerlas en capacidad de conducir a sus sociedades hacia una vida próspera y buena, en una patria justa y equitativa, que les permitiera cambiar con el mundo, para ayudarlo a cambiar. “Maestros ambulantes” aborda el problema con una singular delicadeza. “Hay un cúmulo de verdades esenciales”, dice Martí, “que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria.” Y agrega: Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida. Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz. Está condenado a morir un pueblo en que no se desenvuelven por igual la afición a la riqueza y el conocimiento de la dulcedumbre, necesidad y placeres de la vida. Y esos hombres necesitaban además de quien les hiciera “el supremo bien de sentirse generosos.” 97 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. 1975. VI: 19. 98 “Maestros Ambulantes”. La América. Nueva York, mayo de 1884. VIII: 288 - 292. 99 "Revolución en la enseñanza." La Nueva Enseñanza. El Salvador, Enero de 1894. Anuario del Centro de Estudios Martianos. La Habana No.8. de 1985, 14 - 19.

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Ese mejoramiento humano, para decirlo con Martí, se expresaba en el hecho de que los hombres “crecen, crecen físicamente, de una manera visible crecen, cuando aprenden algo, cuando entran a poseer algo, y cuando han hecho algún bien.” Tanto más cuando Por encima del desconsuelo en que sume a los observadores el estudio de los detalles y envolvimiento despacioso de la historia humana, se ve que los hombres crecen, y que ya tienen andada la mitad de la escala de Jacob […] Si acurrucado en una cumbre se echan los ojos de repente por sobre la marcha humana, se verá que […] a pesar del doloroso desbarajuste y abominable egoísmo en que la ausencia momentánea de creencias finales y fe en la verdad de lo Eterno trae a los habitantes de esta época transitoria, jamás preocupó como hoy a los seres humanos la benevolencia y el ímpetu de expansión que ahora abrasa a todos los hombres. Para 1894, en la plenitud de su madurez espiritual y política, Martí se reafirma en los principios fundamentales de su pensar en el artículo “Revolución en la enseñanza”, donde aborda algunas implicaciones prácticas de esa política. El maestro, dice allí, “tiene que ir a aquellos que no pueden ir al maestro”, y no debe ser “maestro de técnica, sino de práctica”, pues no deben “enseñarse reglas sino resultados.” Era necesario crear escuelas normales, pero no “de pedantes, de retóricos, de nominalistas”, sino de maestros vivos y útiles que puedan enseñar la composición, riquezas y funciones de la tierra, las maneras de hacerla producir y de vivir dignamente sobre ella, y las noblezas pasadas y presentes que mantienen a los pueblos, preservando en el alma la capacidad y el apetito de lo heroico. Ante tanta cosa útil que aprender, decía, “no debe enseñarse al niño una sola palabra o dato inútil”. Las “escuelas de abecedario”, agregaba, “deben ser sustituidas por las escuelas de acto [pues] a todos se les debe poner en capacidad de crear, y en el conocimiento de los hechos


y facultades que estimulan la creación.” Y se remitía de nuevo al problema fundamental: ¿Puede vivir un hombre en su ser íntegro sin saber todo eso, ni contribuir naturalmente a la fuerza y la paz de su República? Pues si eso es indispensable a los hombres, lo que debe enseñárseles, lo que no puede dejar de enseñárseles, es eso. Nuestra América encara hoy dilemas semejantes - ¿educar para transformar o para conservar?, ¿para crear o para imitar? Las circunstancias han cambiado. Conmemoramos ahora a1821 como un año de fundación, pero el tiempo que nos toca es de refundar. Y eso demanda nuevamente, y como nunca, una revolución en la enseñanza.

17 DE DICIEMBRE DE 2021 Y DESPEDIDA 2021

El conocer de la Ciudad “En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella.” José Martí, 1891.100

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ace mucho ya, un alemán de nombre Max Weber – fundador de la sociología moderna -, definió la acción social con la concisa precisión característica de su pueblo. Tal acción, dijo, era un proceso de acción racional con arreglo a fines. La racionalidad de esa acción, a su vez, se correspondía con la visión del mundo dominante en la sociedad que la llevaba a cabo, así fuera para construir pirámides en el desierto o para inundar al mundo de 100 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI: 18.

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automóviles. Y esa racionalidad, además, era concreta en la medida en que se correspondía con los propósitos que inspiraban tal acción. De eso se trata, precisamente, lo ocurrido este año en la Ciudad. Aquí ha sido llevada a cabo una extraordinaria labor colectiva, en condiciones por demás difíciles. Y esa labor ha sido exitosa porque ha expresado la visión de una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática, mediante una acción constante para promover la innovación para el cambio social desde una perspectiva humanista, mediante los aportes de la cultura, la ciencia y la gestión empresarial. Esa acción ha permitido alcanzar logros importantes. La Ciudad ha logrado mantener bajo control sus finanzas en una situación de crisis económica severa; ha mejorado sus servicios inmobiliarios; mantiene su presencia en la vida nacional, y adelanta el trabajo de transformar su cultura organizacional. Estos logros ocurren aun cuando la crisis no está resuelta, al punto de que (aún) no hay siquiera un esbozo viable de la normalidad nueva en que vaya a desembocar. Por lo mismo, la Ciudad encara ahora la tarea de contribuir a que su visión y su misión contribuyan a forjar la mejor opción de normalidad posible dentro de las muchas que ofrece un periodo de transición tan complejo como el que estamos viviendo. Para encarar un problema como ese, será bueno atender a la advertencia la advertencia que nos hiciera José Martí en otros tiempos de transición, en los que – como en los nuestros – estaban “luchando las especies por el dominio en la unidad del género”101: Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. […] Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.”102 101 Cuadernos de Apuntes, 5 (1881). Ibid., XXI:164. “Estamos”, decía entonces, “en tiempos de ebullición, no de condensación; de mezcla de elementos, no de obra enérgica de elementos unidos. Están luchando las especies por el dominio en la unidad del género.” 102 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Ibid., VI: 18.


Así las cosas, la Ciudad entiende que para cambiar el mundo ya es necesario transcender las formas históricas del conocer y el hacer que han venido a desembocar en la crisis general que encaramos hoy. Antes, por ejemplo, podía tener sentido abordar problemas por separado. Ahora es necesario un conocer que entienda que la intervención humana en la Naturaleza acelera, cambia o detiene la obra de ésta, y […] toda la Historia es solamente la narración del trabajo de ajuste, y los combates, entre la Naturaleza extrahumana y la Naturaleza humana.103 Por lo demás, entramos en tiempos de cosecha, tanto del conocimiento que resulte del análisis de nuestras propias tradiciones, como de los frutos de la permanente preocupación por el papel del conocer en la sostenibilidad del desarrollo humano. Así, por ejemplo, el historiador norteamericano Donald Worster, amigo de la Ciudad, nos advirtió temprano que los científicos de lo natural necesitaban de sus colegas dedicados a las ciencias de lo humano “para dar respuesta a una gran pregunta que han sabido plantear a la conciencia pública, aunque carecen de la metodología o el tipo de experiencia necesaria para contestarla: ¿por qué nos encontramos en una situación de crisis con el ambiente global?” Al respecto, dijo, las ciencias naturales no están en capacidad de ubicar por sí mismas las fuentes de la crisis que han identificado, porque esas fuentes no se encuentran en la naturaleza que los científicos estudian, sino en la naturaleza humana y, en particular, en la cultura humana a cuyo estudio se dedican los historiadores y otros humanistas. Para Worster, la crisis que enfrentamos hoy “no tiene su origen en el funcionamiento de los ecosistemas en un estado de naturaleza, sino más bien en el modo en que funcionan nuestros sistemas éticos.” Por lo mismo, agrega, para enfrentar esta crisis “será necesario entender 103 “Serie de artículos para La América”. “Artículos varios” [circa 1883-1884]. Ibid., XXIII: 44.

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los sistemas éticos que han orientado” nuestras relaciones con la naturaleza, “y utilizar ese conocimiento para reformarlos.” “Los historiadores”, añadía Worster, “junto con los humanistas, antropólogos y filósofos, no pueden llevar a cabo esa reforma, por supuesto, pero sí están en capacidad de contribuir al conocimiento de las causas que la requieren.” Llevados por una cultura que separa lo natural de lo social, hemos llegado a una situación en la cual “resulta más difícil de lo que pensábamos aislar a la naturaleza de la cultura, y viceversa”, pues ambas se encuentran vinculadas “por lazos inagotables de intercambios, interacciones y significados,” como facetas de un mismo poliedro.104 Es precisamente sobre ese vínculo, a un tiempo evidente y elusivo, que se sostiene el conocer de la Ciudad. La clave está en que, si deseamos una normalidad distinta, tendremos que crear sociedades diferentes. Y en esa perspectiva, el reto mayor de la Ciudad consiste en trascender aquel otro conocer que ha venido a resultar tan destructivo, para crecer con nuestra gente, y ayudarla a crecer.

104 Worster, Donald (1996:11-12): “The two cultures revisited: Environmental history and the environmental sciences” Environment and History. Volume 2, number 1. February 1996. The White Horse Press, UK.


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2022 “Hoy, su legado [de Fernando Eleta] nos permite comprender a todos que la República y sus instituciones son, y deben ser, un medio a disposición de nuestra gente, para que Panamá llegue a ser la nación que merece ser. Así acoge y preserva ese legado la Ciudad del Saber, creciendo con nuestra gente para ayudarla a crecer, siempre acompañados de nuestros fundadores”. “Fernando Eleta en la Ciudad”, 18 de marzo de 2022.

7 DE ENERO DE 2022

El lenguaje y la Ciudad

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ada época tiene su lenguaje, que expresa su visión del mundo y las contradicciones que animan su desarrollo. La formación y evolución de esas visiones del mundo y sus lenguajes incluye momentos de transición, que se expresan a menudo en palabras nuevas que bien pueden dispersarse en la brisa de las modas, o establecerse como términos de uso corriente, si el cambio que buscan expresar se torna en un rasgo permanente del mundo que emerge de esa transición.

A esas palabras se las designa con el nombre de neologismos, que designa “una palabra o expresión relativamente reciente y aislada que se está haciendo de uso corriente, sin llegarlo a ser del todo aún”, que a menudo “se relaciona con una innovación técnica o cultural en la sociedad.” Para la Ciudad, lo realmente fundamental aquí es que una palabra suele nacer “cuando surge una nueva realidad que exige

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ser nombrada”, incluyendo por ejemplo “nuevos fenómenos políticos, económicos o culturales.” Así, un término nuevo “es un neologismo con respecto a la época en que surge; luego, y teniendo en cuenta ciertos parámetros, deja de serlo.”105 Tal es el caso de la palabra glocal, un neologismo de especial importancia para la Ciudad, cuya legitimidad ya está bien establecida. Así, por ejemplo, como nos dice la Fundeu RAE, el adjetivo glocal es un acrónimo bien formado a partir de global y local, que se emplea con frecuencia en el ámbito económico, pero también en otros como el de la cultura.[…] Para el diccionario de Oxford, “el anglicismo glocal se define como aquello ‘que hace referencia a factores tanto globales como locales o reúne características de ambas realidades’.” […] Se trata de un acrónimo a partir de las voces global y local, idéntico y válido tanto en inglés como en español. También es adecuado el sustantivo derivado glocalización.106 Dicho esto, se entiende mejor la necesidad de expresar el hecho de que la Ciudad, siendo sin duda una entidad nacional, debe desempeñar sus funciones en una perspectiva glocal. Así lo define nuestra relación con la transformación en curso en el mercado mundial en el que actuamos, a la que llamamos proceso de globalización. En este sentido, hacemos parte de la búsqueda de solución dos problemas que surgen de la tranferencia del Canal del gobierno norteamericano al panameño, culminada hace ya veinte años. Uno de esos problemas es el la integración del Canal a la economía del país. El otro es el de la integración de esa economía a las transformaciones en curso en el mercado mundial. Ambos problemas están íntimamente vinculados entre sí en un mismo proceso de construcción de una sociedad capaz de ejercer los deberes de la soberanía creando un país próspero, equitativo, sostenible y democrático. 105 Al respecto, por ejemplo, https://es.wikipedia.org/wiki/Neologismo 106 https://www.fundeu.es/recomendacion/glocal-termino-valido/.


Este tipo de problemas tiene expresiones específicas en cada país del mundo. En el caso de Panamá, la solución del problema pasa por encarar el enorme atraso de nuestro sector rural. Ese problema no existe ni en Singapur ni en Dubai, que no tienen problemas agrarios porque en realidad no tienen agricultura (Singapur ni siquiera tiene tierras de cultivo) y generan con otras actividades lo necesario para importar sus alimentos. Esta diferencia, además, representa también una afinidad: los tres casos pueden tener soluciones diferentes porque hacen parte de un mismo proceso de transición del mercado mundial desde una organización en mercados nacionales tutelados por sus respectivos Estados – esto es, un mercado internacional – hacia otra, definida por flujos de valor que desbordan ese plano nacional. La globalización, en este sentido, es más un proceso que un destino, y ese proceso ha sido, es y aún será objeto de múltiples ajustes en sus mecanismos y en sus lenguajes. La Ciudad se vincula con este proceso global en su visión, y con la realidad inmediata en que actúa a través de su misión en el plano glocal. Aquí, el desafío mayor para la Ciudad consiste en la construcción de una lengua de trabajo capaz de expresar su visión y su misión, y facilitar su inserción en la cultura dentro de la que debe llevar a cabo labor que se ha planteado. Y la pregunta que oriente ese proceso de construcción bien puede ser la siguiente: ¿Cómo es posible pensar en el presente o un presente bien determinado con un pensamiento elaborado para problemas del pasado a menudo bien remoto y superado? Si esto sucede, significa que se es “anacrónico” en el tiempo propio, que se es fósiles y no seres modernamente vivientes. Y en efecto sucede que grupos sociales que en ciertos aspectos expresan la más avanzada modernidad, en otros están en retraso con respecto a su posición social y por lo tanto son incapaces de una autonomía histórica completa.107 107 Gramsci, Antonio, 1999: Cuadernos de la Cárcel. Edición crítica del Instituto Gramsci. Ediciones ERA, México. IV, Cuaderno 11 (1932 - 1933): “Apuntes para una introducción y una iniciación en el estudio de la filosofía y de la historia de la cultura”, p. 245 - 247.

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Nos toca, así, sustentar nuestra cultura organizacional profundizando el desarrollo del lenguaje correspondiente a nuestra visión del mundo. Y ese proceso, además, debemos llevarlo a cabo en el seno del lenguaje que nos vincula con nuestra realidad glocal, cambiando con nuestra gente para ayudarla a cambiar.

4 DE FEBRERO DE 2022

El mercado de la Ciudad

A

primera vista, el problema parece sencillo: el mercado es abstracto, pero el cliente es concreto. Aquí, sin embargo, las apariencias engañan, porque lo real consiste en que el cliente y el mercado se condicionan mutuamente entre sí. Así, mientras la demanda del cliente da forma al mercado y estimula su evolución, la calidad y diversidad de la oferta del mercado puede modificar la demanda del cliente y diversificar también su evolución. En esta perspectiva, cabe hacer tres preguntas en relación con la Ciudad: ¿cuál es su mercado? ¿cuál es su nicho dentro de ese mercado?, y ¿qué productos ofrece en ese nicho? Y con ello, podemos abrir a discusión un cuarto problema: quiénes son y cómo son los clientes de la Ciudad, y cuáles son los servicios que la Ciudad le ofrece a esos clientes. Dicho de la manera más breve, la Ciudad es una entidad glocal que vincula a Panamá con el mercado global de servicios de gestión del conocimiento. Como sabemos, la globalización es el nombre que recibió años atrás el proceso de transición desde un mercado mundial organizado como un sistema de mercados nacionales que comerciaban entre sí, hacia otro, organizado en torno al comercio entre regiones económicas de múltiples países, vinculadas entre sí por el flujo constante de


cadenas de valor. En este proceso desempeña un importante papel la producción, aplicación y difusión del conocimiento, organizada en redes de colaboración de escala mundial cada vez más complejas. Esa organización en redes ha venido a constituir un mercado de servicios de gestión del conocimiento estructurado como una red de redes organizada en nodos locales de colaboración a escala global. Dentro de ese mercado, la Ciudad opera en un nicho específico: el de la oferta de servicios de apoyo a la gestión del conocimiento que desarrollan sus clientes – empresas, centros de investigación, universidades y organismos y organizaciones internacionales - desde un nodo glocal. Esos servicios tienen una dimensión cuantitativa y otra de orden cualitativo. En lo cuantitativo, por ejemplo, la Ciudad ofrece servicios de valor agregado como los siguientes: • Inmobiliarios, desde el alquiler de espacios residenciales, comerciales y de trabajo científico, empresarial y docente, hasta un entorno de alta calidad, dotado de áreas especiales para actividades culturales, recreativas y deportivas. • De glocalización de actividades de negocios y de innovación • De conectividad de alta velocidad, fiabilidad y seguridad • De acceso a redes de información y colaboración, dentro de la Ciudad como en el país y el exterior En lo cualitativo, la Ciudad desarrolla actividades de prospectiva que le permiten identificar clientes y demandas de servicio en áreas del proceso de globalización de especial interés para el desarrollo glocal. La evolución de ese proceso en años recientes, y el impacto de fenómenos como la pandemia de COVID-19, el elevado umbral de la incertidumbre económica y el cambio climáticos en el mismo, permiten identificar un conjunto de áreas de alcance estratégico que se corresponden con viejas y nuevas ventajas competitivas de Panamá.

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Entre dichas áreas destacan, por ejemplo, aquellas correspondientes a las actividades vinculadas a la IV Revolución Industrial, como las Tecnologías de la Información y la Comunicación y las finanzas; la biociencia, sobre todo en su relación con la enorme biodiversidad que alberga a nuestro país, y la salud, que ya cuenta en Panamá con instalaciones y personal de una creciente calidad. A esto hay que agregar el creciente mercado global y glocal de servicios ambientales, y el mercado de servicios culturales, en un mundo que atraviesa por una severa crisis de identidad y de valores, con graves consecuencias para el desarrollo humano. Tal es, muy en breve, el universo de temas, problemas y mercados a los que se ha venido vinculando la Ciudad en su desarrollo. Ese universo será un tema de indagación y debate constante en el futuro de la Ciudad - y para su futuro. En ese debate desempeñarán un papel de especial relevancia al menos tres factores. Uno será la visión de la Ciudad - un mundo próspero, inclusivo, sostenible y democrático -, que define la perspectiva estratégica de sus opciones de desarrollo. Otro, la demanda de los clientes que definen la oferta de servicios en el nicho que ocupa la Ciudad dentro del mercado global del que hace parte. Y el tercero será la evolución a mediano y largo plazo del vínculo entre la Ciudad como entidad glocal, y las formas que adopte la evolución del mercado global a partir de la crisis que lo afecta hoy. La suerte, dijo alguna vez el gran científico francés Louis Pasteur, favorece a la mente preparada. En esta fase y momento de su desarrollo, esa preparación se expresa en la cultura organizacional de la Ciudad. Como en toda realidad viviente, la cultura se desarrolla en la medida en que cambian los desafíos que le plantea su entorno. Por eso mismo, allí tiene la Ciudad el activo más valioso en la tarea de servicio al desarrollo humano para la cual fue creada.


11 DE MARZO DE 2022

¿Lloverá hoy?

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n gran aporte del cristianismo al desarrollo humano fue emprender la ruptura de la circularidad de las primeras versiones de la historia, centradas en un eterno retorno al punto de partida. En cambio, aportó una visión espiral, dotada de un propósito que trascendía su propio origen y conducía a un destino superior y más complejo. Esa visión ha nutrido múltiples versiones del desarrollo humano a lo largo de dos milenios. Hoy, la espiral regresa y progresa en un escalón nuevo y más amplio, que se expresa en la crisis general de la civilización en que vivimos, y alcanza su momento de mayor peligro en nuestras relaciones con el entorno natural del que depende nuestra existencia. Ese retorno ha llevado a intelectuales como el teólogo de la naturaleza brasileño Leonardo Boff a recurrir nuevamente al lenguaje bíblico para dar cuenta de los temores y esperanzas del momento que vivimos en la historia de nuestra especie.108 En este caso, Boff recurre a algunas de las imágenes más conocidas del último de los libros del Nuevo Testamento, el Apocalipsis de Juan. Así, utiliza metafóricamente el relato de los cuatro jinetes del fin de los tiempos – el hambre, la peste, la guerra y la muerte – para recordarnos que un gran número de humanos ya padecía de hambruna antes de la llegada de la pandemia y que, antes de que ésta fuera superada, las tensiones geopolíticas entre grandes potencias han permitido a la guerra irrumpir en las vidas de la Humanidad entera. “Esta guerra”, dice Boff, “revela que los responsables del destino humano no han aprendido la lección básica del Covid-19. No respetó las soberanías y límites nacionales. Golpeó a todo el planeta.” Y añade: 108 Boff, Leonardo: “La locura de los Jinetes del Apocalipsis: Rusia y EE.UU.”: https:// leonardoboff.org/2022/03/02/a-insanidade-dos-cavaleiros-do-apocalipse-russia-e-usa/

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La epidemia exige que se establezca una gobernanza mundial frente a un problema mundial. El reto va más allá de las fronteras nacionales, es construir la Casa Común. No se dieron cuenta de que el gran problema es el calentamiento global. Ya estamos dentro de éste, porque los eventos fatales de inundaciones de regiones enteras, tifones y escasez de agua dulce son visibles. Solo tenemos 9 años para evitar una situación de no retorno. Si para 2030 alcanzamos los 1,5 grados centígrados de calor, seremos incapaces de controlarlo e iremos en la dirección de un colapso del sistema de la Tierra y el sistema de vida. Esta advertencia se ve confirmada por el informe El cambio climático: una amenaza para el bienestar humano y la salud del planeta. Actuar ahora puede asegurar nuestro futuro, resentado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Al respecto, Hoesung Lee, presidente del IPCC, plantea que este informe “es una grave advertencia sobre las consecuencias de la inacción”, pues muestra que “el cambio climático es una amenaza grave y creciente para nuestro bienestar y un planeta saludable.” Ante esa evidencia científica, lo que hagamos – o dejemos de hacer – hoy definirá “cómo las personas se adaptan y la naturaleza responde a los crecientes riesgos climáticos”.109 Esta situación demanda el uso del saber en la perspectiva de la innovación para el cambio social con el fin de “mitigar los efectos del cambio climático y aumentar la resiliencia en las comunidades más pobres.” 110 Esa resiliencia también es vital para las demás especies con las que compartimos el deterioro de la biosfera, pues los efectos del 109 El cambio climático: una amenaza para el bienestar humano y la salud del planeta. Actuar ahora puede asegurar nuestro futuro. 28 02 2022. https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/ resources/press/press-release/#:~:text=The%20Summary%20for%20Policymakers%20 of,weeks%20starting%20on%20February%2014. 110 Nigel Brett, 2019: ¿Por qué las comunidades costeras vulnerables merecen toda nuestra atención?. Fondo Internacional para el Desarrollo de la Agricultura (FIDA), 2019. https:// www.ifad.org/es/web/latest/-/%C2%BFpor-qu%C3%A9-las-comunidades-costerasvulnerables-merecen-toda-nuestra-atenci%C3%B3n-


cambio climático “ya están superando los umbrales de tolerancia de las plantas y los animales”, lo cual amenaza “a millones de personas con una aguda inseguridad alimentaria y de agua, especialmente en África, Asia, América Central y del Sur, en las islas pequeñas y en el Ártico.” Aquí, el problema y la solución se vinculan en el hecho de que los ecosistemas saludables “son más resistentes al cambio climático y brindan servicios críticos para la vida, como alimentos y agua limpia”. Por esto Hans-Otto Pörtner, directivo del IPCC, señala que al restaurar los ecosistemas degradados y conservar de manera efectiva y equitativa del 30 al 50 por ciento de los hábitats terrestres, de agua dulce y oceánicos de la Tierra, “la sociedad puede beneficiarse de la capacidad de la naturaleza para absorber y almacenar carbono, y podemos acelerar el progreso hacia el desarrollo sostenible.” El cambio climático, en suma, es un problema global que demanda soluciones glocales que involucren a los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y los movimientos sociales en la toma de decisiones, la inversión y el cambio sociocultural. Para Debra Roberts, también directiva del IPCC, esto demanda “reconciliar diferentes intereses, valores y visiones del mundo”, pues al reunir los conocimientos científicos y tecnológicos, indígenas y locales “las soluciones serán más eficaces.” En lo político, este enfoque necesitará un marco flexible de responsabilidades compartidas entre los Estados y entre estos y sus respectivas sociedades. En lo económico, requerirá de una financiación adecuada para crear tanto las tecnologías de mitigación que sean necesarias, como las condiciones que faciliten la transferencia de esas tecnologías entre sociedades y grupos sociales con niveles muy diferentes de desarrollo. Ante este panorama, Leonardo Boff – desde su larga experiencia como acompañante de movimientos sociales en los campos y ciudades de nuestra América - añade por su parte que

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Lo que nos da esperanza son esos anónimos “Noé” que crecen en todas partes, desde abajo, construyendo sus arcas salvadoras a través de una producción que respeta los límites de la naturaleza, por una agroecología, por comunidades solidarias, por democracias socioecológicas participativas, trabajando desde los propios territorios. Poseen la fuerza de la semilla de lo nuevo y con una nueva mente (la Tierra como Gaia) y con un nuevo corazón (vínculo afectivo y de cuidado de la naturaleza) aseguran un nuevo futuro con la conciencia de una responsabilidad universal y una interdependencia global. Su guerra es contra el hambre y la producción de muerte y su lucha es por la justicia para todos, promoviendo la vida y defendiendo a los más débiles y marginados. Eso es lo que se supone que debe ser. Y lo que debe ser, tiene intrínsecamente una fuerza invencible. La Ciudad no está sola en su compromiso con la sostenibilidad. Ella se encamina hacia lo que aspira a ser: parte de esa fuerza intrínsecamente invencible que mantendrá vivo y en curso al proceso de la Creación.

18 DE MARZO DE 2022

Fernando Eleta en la Ciudad “La simple inteligencia no se ha de aplaudir, […] sino la capacidad de dirigirla de modo que salve de la tentación el carácter del hombre, y añada con su obra creadora al bien y crédito público. […] Caracteres es lo que hemos menester, y lo que ha de celebrarse.” José Martí111

111

“Nuevo Secretario”. Patria, 13 de agosto de 1892. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales,La Habana, 1975. IV: 418 – 419.


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a Ciudad se ha unido al homenaje que el país rinde a Fernando Eleta Almarán (1921-2011) en el centenario de su nacimiento. Los medios de comunicación lo recuerdan como empresario, persona culta y hombre de Estado - ministro de Hacienda y Tesoro entre 1958 y 1960, bajo la presidencia de Ernesto de la Guardia, y Canciller de la República de Panamá entre 1964 y 1968, durante la de Marco Aurelio Robles. Y debe ser recordado además como uno de los gestores del proceso que llevaría a la República de Panamá a culminar su independencia con la firma y ejecución del Tratado Torrijos-Carter entre 1977 y 1999.

De hombres como él dijo José Martí en 1891 que “Gobernante, en pueblo nuevo, quiere decir creador.”112 Esa capacidad creadora empezó a hacerse evidente, en lo público, en la década de 1950, cuando el Panamá del Tratado de 1903 enfrentaba una severa crisis económica y política que no tenía salida por los caminos del pasado. La necesidad de cortar aquel nudo gordiano fue anunciada en 1956 – cuando Fernando Eleta tenía 34 años de edad -, por el presidente Ernesto de la Guardia, quien al tomar posesión de su cargo planteó al país que “una ilusión sostenida por los panameños durante cuatro siglos, en virtud de la cual la función del tránsito interoceánico aparecía como factor predominante, sino exclusivo, de nuestra existencia colectiva… se ha derrumbado al choque con la realidad.”113 El llamado del presidente De La Guardia a culminar la construcción de un Estado nacional soberano y próspero en Panamá creó la circunstancia más adecuada para personas con una auténtica disposición a la innovación para el cambio social, como lo fue Fernando 112 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI:17. 113 De la Guardia Navarro, Jr., Ernesto (1956): “Discurso inaugural de Ernesto de la Guardia”, en Cardona Conte, Juan A. (editor) (2019): Voces de la Historia. Los discursos inaugurales de los presidentes de Panamá de 1903 al 2019. 255-276.

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Eleta. Él acudió a ese llamado en la plenitud de su primera madurez, lo hizo suyo, y no lo abandonó jamás. Al propio tiempo, en ese proceso supo ver siempre más allá. Así lo prueba el hecho de que a su labor en el campo de la política, agregó la de contribuir a la crear organizaciones que facilitaran el desarrollo de la moderna sociedad panameña. Una de ellas fue la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa, creada en 1958, en la que participó junto a otros distinguidos empresarios. En 1985, participó en la creación de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), una organización pionera en la tarea de encarar la degradación ambiental que ya aquejaba al país. Y diez años después, en 1995, participó - en compañía de Gabriel Lewis Galindo y un brillante conjunto de empresarios, científicos y académicos del país- en el diseño y creación de la Fundación Ciudad del Saber, para administrar el proyecto del mismo nombre. Visto en esta perspectiva, en el legado de Fernando Eleta resalta justamente aquella combinación de cultura, patriotismo y disposición al emprendimiento que lo llevó a crear entidades que contribuyeron al desarrollo de la sociedad panameña. Ese fue el caso de la Corporación Panameña de Radiodifusión, que contribuyó a modernizar los medios de comunicación masiva en el país. Esas entidades hicieron parte del inicio de una transformación de la economía panameña, que la llevarían a ser una de las de más rápido crecimiento en nuestra región. Las condiciones que llevaron a Fernando Eleta a desarrollar sus propias capacidades y talentos fueron las de un tiempo ya pasado para nosotros. Por eso mismo es tan importante su legado en el tiempo nuestro, cuando nuestro país encara el desafío de facilitar y fomentar un relevo generacional de liderazgo en todos los planos de la vida nacional, para hacer de Panamá una República próspera, inclusiva, sostenible y democrática. Aquí en la Ciudad, donde Fernando Eleta dialoga cada día con Gabriel Lewis Galindo en nuestro Parque de los Lagos, Panamá encuentra


un ambiente que estimula y facilita la innovación empresarial, la investigación científica, el intercambio académico, y el desarrollo de capacidades en los jóvenes que habrán de conducir nuestro país en los años venideros – como ya viene ocurriendo en la Academia Panamá Para el Futuro. Fernando Eleta sentía y pensaba a Panamá como un proyecto a culminar – y sin duda hizo aportes vitales a su culminación. Pero además comprendía por experiencia propia que un indicador de éxito en todo proyecto de tal riqueza y alcance consistía en que la solución de cada problema creaba problemas y oportunidades nuevas y más complejas. Hoy, su legado nos permite comprender a todos que la República y sus instituciones son, y deben ser, un medio a disposición de nuestra gente, para que Panamá llegue a ser la nación que merece ser. Así acoge y preserva ese legado la Ciudad del Saber, creciendo con nuestra gente para ayudarla a crecer, siempre acompañados de nuestros fundadores.

25 DE MARZO DE 2022

Una pregunta difícil “Vivir en la Tierra no es más que un deber de hacerle bien. Ella muerde y uno la acaricia.Después, la conciencia paga. Cada uno haga su obra.” José Martí, 1878114

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anamá es un país extraordinariamente rico en agua, que presenta problemas cada vez mayores para ofrecer a sus habitantes la que necesitan para llevar una vida sana y buena en una sociedad próspera y sostenible. Pero, ¿puede algo ser abundante y escaso a la vez? Para entenderlo, conviene conocer mejor aquello de que se trata. 114 “Guatemala”. “El Siglo XIX”, México, 1878. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. VII:118.

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El agua es un elemento natural muy abundante en la naturaleza - y no ha faltado quien proponga cambiar el nombre del planeta Tierra por el de planeta Agua. Abunda también en el universo que conocemos, pero hasta donde sabemos, solo existe en estado líquido en la Tierra. Sin embargo, para aprovechar en todos sus beneficios el agua, debemos convertir ese elemento natural en un recurso que pueda ser utilizado como materia prima en muchas actividades diferentes, desde el consumo humano directo hasta el riego agrícola y la producción industrial. En el caso de la industria textil, por ejemplo, “la elaboración de una camiseta de algodón requiere de 2.700 litros de agua, cantidad suficiente para que una persona beba durante 900 días”.115 Esto nos ayuda a entender que el agua como recurso debe ser producida, y que los costos de su producción están determinados por la disponibilidad y la calidad del agua como elemento natural. El uso del agua como recurso la contamina en mayor o menor medida. En nuestra economía, además, esa contaminación puede rebasar con facilidad la capacidad de la naturaleza para absorber los contaminantes y restaurar la calidad original del agua. Ese proceso de interacción entre el agua como elemento y como recurso opera en las cuencas hidrográficas. Una cuenca abarca “todo el territorio drenado por un río y sus afluentes, delimitado por la línea de cumbres, llamada divisora de aguas, la cual marca la división entre dos cuencas.”116 Así, cada cuenca abarca “tanto los cuerpos de agua -ríos, lagos, arroyos, humedales- como los suelos, sean estos de cultivos, bosques, ciudades, etc. Incluye tanto las aguas superficiales como subterráneas (acuíferos).” Y esto nos trae a un hecho que a menudo no percibimos: que “todos vivimos en una cuenca hidrográfica y es allí donde se desarrollan las actividades humanas.”117 115 https://www.iagua.es/blogs/paz-molina-elias/cuantos-litros-agua-llevamos-puestos-0. 116 Así, por ejemplo, la cuenca del Canal de Panamá fue creada vinculando entre sí las del río Chagres y del río Grande – hoy convertido en la vía de acceso al Canal desde el Pacífico –, cortando la divisoria de aguas que antes los separaba mediante el corte de Culebra, y haciendo del Chagres el único río del mundo que desemoboca en dos mares distintos. 117 https://escenarioshidricos.cl/noticia/cuenca-hidrografica-la-unidad-territorial-optima-paragestionar-recursos-hidricos/#:~:text=Una%20cuenca%20hidrogr%C3%A1fica%20es%20 todo,la%20divisi%C3%B3n%20entre%20dos%20cuencas


La cuenca, por otra parte, es el principal elemento de la organización natural de todo territorio. Por eso es tan importante la medida en que la organización natural del territorio se corresponda con la organización territorial de la economía, el Estado y la sociedad para gestionar de manera adecuada la relación entre el agua como elemento y como recurso natural. Así, el Foro Peruano para el Agua—Global Water Partnership, nos dice que la cuenca es una unidad del territorio en donde funciona la combinación de un subsistema hídrico que produce agua, simultáneamente con los subsistemas ecológico, económico, social y político.118 La calidad de esa combinación se hace sentir en la capacidad de la cuenca para aportar servicios y beneficios a la sociedad. Eso convierte a las cuencas en “un elemento clave para hacer frente a la crisis ambiental” mediante la gestión humana de las funciones propias de los ecosistemas que están presentes en ellas. Esas funciones incluyen el abastecimiento continuo de agua dulce, a partir de la interacción entre el agua, suelo, clima y vegetación, que pueden favorecer la captación de agua y facilitar la función de tratamiento de aguas residuales que de otra manera demandaría invertir en costosos sistemas tecnológicos, como el que opera en la bahía de Panamá. A esto se agrega la regulación de la cantidad de agua en los ríos durante todo el año, sobre todo cuando alimentan zonas de pantanos y ciénagas. Además, la preservación de los sistemas hidrológicos naturales como los humedales, pantanos y bosques dentro de la cuenca contribuye a la regulación del clima, al tiempo que la evapotranspiración generada por los ecosistemas de la cuenca aporta a la preservación de los niveles locales de la humedad y biodiversidad locales. Así, por ejemplo, en las áreas con vegetación arbórea, “gran parte del agua de las lluvias regresa a la atmósfera por evaporación o transpiración”, y las zonas en que la evapotranspiración real es más alta tienden a albergar mayor biodiversidad. 118 https://www.gwp.org/globalassets/global/gwpsam_files/publicaciones/varios/cuenca_ hidrologica.pdf

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Como vemos, entender la importancia del concepto de cuenca como unidad territorial natural, nos permite comprender “sus cualidades de unidad hidrológica y de medio colector-almacenador-integrador de los procesos naturales y antrópicos” que ocurren en ella, para gestionarlas mejor. Y ahora vienen las preguntas difíciles: ¿en qué cuenca vive usted?, ¿y en cuál trabaja? No se preocupe si no conoce la respuesta: es fácil encontrarla si uno sabe cómo y dónde buscarla. Puede empezar por ir a https://www.hidromet.com.pa/es/cuencas-hidrograficaspanama, el portal de Internet de ETESA / Hidrometeorología que presentael mapa de cuencas de Panamá. Conocer, en verdad, es el primer paso de resolver, como el siguiente es innovar. De eso trata, en gran medida el para qué de la Ciudad: eso es su obra, y la hace.

22 DE ABRIL DE 2022

La Ciudad y la organización de la cultura

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n lo general, una cultura puede ser entendida como una manera de ver y entender el mundo, que se expresa en las conductas de quienes participan de ella. Dicho así, parece sencillo. Sin embargo, la existencia de una cultura a lo largo del tiempo depende de la actividad de entidades que organicen la formación y la actividad de especialistas que la preserven y desarrollen a lo largo del tiempo. Las entidades a cargo de esa tarea en la historia de Occidente, por ejemplo, han incluido la Academia, en la Antigüedad; el monasterio, en la Edad Media, y la Universidad, en la Moderna. Así, cuando nos referimos a la Universidad como un claustro en el que tienen lugar actividades académicas nos encontramos ante una metáfora que busca resaltar la continuidad de nuestra cultura a lo largo de 2500 años.


La actividad de estas entidades de organización de la cultura tiene especial importancia en tiempos de transición entre épocas históricas distintas. Tal fue el caso de los monasterios benedictinos. El primero fue fundado por San Benito de Nursia (480-547) en Montecasino, al sur de Roma, hacia el año 530. San Benito, además, lo dotó de una Regla que establecía su propósito, su organización y sus métodos de gobierno interior. Aquellos monasterios desempeñaron tres tareas de gran importancia tras la desintegración del imperio romano en el siglo anterior. Una fue la restauración de la actividad productiva en el mundo rural; otra, el desarrollo de formas innovadoras de organización de la producción artesanal, agropecuaria y cultural; y la tercera fue la formación de especialistas para el fortalecimiento institucional y teológico de la Iglesia. En una situación de cambio y transición, la actividad constante de una entidad de organización de una nueva cultura tiene un alcance que va mucho más allá de la entidad misma. Antonio Gramsci, por ejemplo, señaló la necesidad de estudiar “la importancia del monaquismo en la creación del feudalismo”, resaltando que “una comunidad religiosa, guiada por el espíritu benedictino,” protegía en cierta medida a los colonos contra la rapacidad del fisco y las incursiones de las bandas armadas, legales e ilegales. El monasterio, lejos de las ciudades en plena decadencia, en medio de los campos agotados que amenazaban convertirse en desierto, surgía como un nuevo núcleo social que derivaba su ser del nuevo principio cristiano, ajeno a toda mezcla con el mundo decrépito que se obstinaba en llamarse con el gran nombre de Roma.119 Aquel vínculo entre la nueva cultura que iba tomando forma desde los monasterios y el mundo del trabajo que la sostenía, vino a expresarse en el desarrollo práctico “de la regla benedictina y del 119 “Notas dispersas. Función cosmopolita de los inteletuales italianos”. Los Intelectuales y la Organización de la Cultura. www.gramsci.org.ar

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principio Ora et labora” (reza y trabaja), donde el “labora” se somete al “ora”, en la medida en que “el objetivo principal era el servicio divino.” De este modo, los colonos campesinos asociados al monasterio “reemplazan a los monjes-campesinos, para que éstos puedan […] cumplir con los ritos”, mientras “los monjes cambian de ‘trabajo’: trabajo industrial (artesanal) y trabajo intelectual (que contiene una parte manual, la copistería).” Así, la relación entre los colonos y el monasterio pasa a sustentarse en concesiones del uso de las tierras monacales a los campesinos, que pagan por ese uso con productos de su trabajo. Los monjes, por su parte, incrementan el carácter especializado de sus actividades productivas – “sacerdotes, intelectuales de concepto, copistas, operarios, industriales, artesanos” – y el monasterio pasó a ser “la ‘corte’ de un territorio feudal defendido, más que por las armas, por el respeto religioso, etc.” Con ello, el monasterio reproducía en términos nuevos el régimen del latifundio esclavista antiguo, pero convocando a su entorno a colonos campesinos libres. Y al mismo tiempo, ceñía su gobierno interior a una Regla que acotaba la autoridad del abad en lo interno como en el entorno de la entidad. De este modo, en la transición entre el mundo antiguo y el medieval, “las casas benedictinas” se convirtieron “en verdaderos asilos del saber; y en mayor grado que el castillo, el monasterio será el hogar de toda ciencia.” Allí, “la biblioteca conservará para la posteridad los escritos de los autores clásicos y cristianos”, y el orbis latinus, “despedazado por la ferocidad de los invasores, se recompone en una unidad, y se inicia con la obra del ingenio y de la mano, sobre todo de sus adeptos, la admirable civilización del Medioevo”. Con todo ello, además, los monjes pasaron a ser también intelectuales al servicio de un orden social naciente. En el proceso, la formación de esta intelectualidad nueva articulaba de manera innovadora factores sociales, culturales y políticos, con una clara expresión territorial,


pues la multiplicación de los monasterios en la Europa Occidental de hoy vinculó entre sí a las ciudades que habían sobrevivido a la desintegración del imperio romano, y las que fueron surgiendo a lo largo de la Edad Media.120 En este proceso, ya en 1088 empezó a tomar forma una nueva entidad de organización de la cultura con la fundación de la universidad de Bolonia, en Italia.121 Su novedad mayor consistía en que estaba dedicada también a la formación de especialistas laicos en temas como el Derecho, incluyendo el derecho romano, como disciplina independiente de la Teología. Desde aquel comienzo relativamente modesto, en el siglo XIX la universidad urbana llegó a constituir la entidad de mayor importancia para la organización de la cultura en la época Moderna. Su desarrollo coincidió con el de los Estados nacionales, por un lado, y el del mercado mundial, y tuvo un papel decisivo en la formación de los trabajadores intelectuales que, desde los campos de las ciencias de lo natural y de lo humano, abrieron las puertas al Antropoceno desde mediados del siglo XX. Hoy, como la señalara Manuel Castells dos décadas atrás, la ciudad se convierte en el ámbito por excelencia de la interacción entre las ciencias, la economía y la cultura. La Academia de la Antigüedad, el monasterio medieval y la universidad de la modernidad se integran en la vida urbana, y hacen de la ciudad misma un foco especialmente poderoso de organización de la cultura de nuestro tiempo. Contribuir a ese proceso, facilitarlo, ampliarlo, hace parte de la razón de ser de la Ciudad. Para ella, hacer lo que hace es la mejor manera de anunciar el futuro para el cual trabaja. 120 “Origen de los centros de cultura medieval”, en “Notas dispersas. Función cosmopolita de los inteletuales italianos”. Los Intelectuales y la Organización de la Cultura. www.gramsci.org.ar 121 Fue creada como una agrupación de estudiantes por Irnerio de la Orden del Carmen, partiendo de las escuelas municipales y adquiriendo el grado de Universidad; sus estatutos datan de 1317. Está entre las grandes universidades europeas como las de Oxford, París, Salamanca o Cambridge. https://es.wikipedia.org/wiki/Universidad_de_Bolonia

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27 DE MAYO DE 2022

Un mundo en transición “El mundo está en tránsito violento, de un estado social a otro. En este cambio, los elementos de los pueblos se desquician y confunden; las ideas se obscurecen; se mezclan la justicia y la venganza; se exageran la acción y la reacción; hasta que luego, por la soberana potencia de la razón, que a todas las demás domina, y brota, como la aurora de la noche, de todas las tempestades de las almas, acrisólanse los confundidos elementos, disípanse las nubes del combate, y van asentándose en sus cauces las fuerzas originales del estado nuevo: ahora estamos, en cosas sociales, en medio del combate.” José Martí.122

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uizás sin saberlo entonces como lo sabemos hoy, el tránsito al que se refería Martí era el que llevaba al mercado mundial de su tiempo, organizado como un sistema colonial, al sistema internacional que conocemos, que surgiría como resultado mayor de la Gran Guerra de 1914-1945. Y ahora nos encontramos, justamente, en otro momento de transición hacia formas nuevas de la presencia humana en el planeta. Martí no daba nada por sentado, y entendía que el mundo llegaría a ser lo que la Humanidad hiciera de él. Por lo mismo, dijo, era necesario “tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca. Si no, lo peor prevalece.” Por lo cual, agregaba, los pueblos “han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.”123 122 “Cuentos de Hoy y de Mañana, por Rafael Castro Palomares”. La América, Nueva York, octubre de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,1975. V: 109. 123 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI: 22.


De momento, la verdad está en la duda, y de ella emergerá como la mariposa de su crisálida. Esa duda está referida sobre todo al carácter y el alcance de la transición que vivimos, afectada – al decir de destacados participantes del Encuentro Anual en Davos del Foro Económico Mundial -, por “cuatro crisis, que se entrelazan” -financiera, energética, alimntaria y climática – que de no ser enfrentadas de manera adecuada podrían llevarnos a “una recesión mundial con un efecto tremendo […] en la estabilidad global.”124 Así las cosas, no es de extrañar que el eventual “fin de la globalización”, haya estado en el centro de los debates en Davos”.125 Incluso, dice el periódico mexicano La Jornada, no faltan quienes hablan ya de desglobalización ante las interrupciones de la cadena de suministro relacionadas con el conflicto de Ucrania y los confinamientos en China. De este modo, con la esperanza de construir “sistemas de distribución más sólidos que no se vean afectados por crisis como la guerra”, la desglobalización supondría “volver a acercar la producción a los hogares, permitiendo […] la circulación de mercancías en distancias más cortas.” Estos problemas están llevando a grandes empresas multinacionales a plantearse cómo debe ser reorganizada la producción en el futuro. Para Loic Tassel, presidente para Europa del gigante de los bienes de consumo Procter & Gamble, por ejemplo, “la globalización está temporalmente en pausa”, pues el precio a pagar o el tiempo que hay que esperar “ya no es compatible con nuestra industria”. Por lo mismo, añadió, necesitamos introducir en la ecuación “el coste y la resistencia de la cadena de suministro, algo que no teníamos en mente hace tres años”. Para La Jornada, la globalización enfrenta una “crisis de identidad […] en un momento en el que reina el pesimismo sobre el futuro de la economía mundial.” Y aun esto puede tener distintos significados, 124 “En Davos ven oscuro panorama.” La Jornada / Reuters, 20 mayo 2022, p. 16 https://www. jornada.com.mx/2022/05/economía/016N2ECO 125 La Jornada, Miércoles 25 de mayo de 2022, p. 26 https://www.jornada.com. mx/2022/05/25/economia/026n1eco

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pues aquello que llamamos la globalización es un proceso que ha de conducir a una estructura nueva del mercado y el sistema mundiales, pero no constituye aún tal estructura. Es bueno recordar que la solución de todo problema depende en gran medida de la forma en que es planteado. Decir por ejemplo que enfrentamos cuatro crisis conduce el debate en una dirección distinta a la que resultaría de decir que cada una de ellas expresa una faceta distinta de un mismo poliedro del que todas hacen parte. Todo sugiere, por ahora, que el Foro Mundial de Davos encara la crisis global desde la perspectiva del crecimiento sostenido de la economía, antes que desde la de la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana. Al hacerlo de ese modo, elude el debate de tal crecimiento en lo más complejo de sus consecuencias. En realidad, estamos ante un problema que surge de las relaciones entre sus componentes, y demanda un planteamiento que permita asumirlo en términos y plazos correspondientes a su complejidad. Para abordar así el problema que enfrentamos desde nuestra propia situación, resultarán cada vez más útiles planteamientos como el de la visión y la misión de la Ciudad. Ambas buscan sintetizar de manera mucho más fértil las dimensiones fundamentales de la crisis en que estamos todos, en el plano teórico como en el práctico. Ambas constituyen, por lo mismo, un aporte relevante de la Ciudad a su sociedad, cuya importancia crecerá con el paso del tiempo en el proceso de transición que compartimos con la Humanidad entera.


3 DE JUNIO DE 2022

Braudel en la Ciudad Una noción cada vez más precisa de la multiplicidad del tiempo y del valor excepcional del tiempo largo se va abriendo paso — consciente o no consciente, aceptada o no aceptada— a partir de las experiencias y de las tentativas recientes de interpretación del devenir histórico. Todo intento de interpretación histórica, en efecto, descompone al tiempo pasado y escoge entre sus realidades cronológicas según preferencias y exclusivas más o menos conscientes.126

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sí iniciaba el historiador francés Fernand Braudel, en 1960, su ensayo “La larga duración”, cuya pertinencia no puede ser mayor en nuestros días.

Braudel cuestionaba entonces la historia “tradicional”, siempre atenta “al tiempo breve, al individuo y al acontecimiento” – la que nos enseñan en la escuela, en breve - que ya por entonces nos había sometido “a su relato precipitado, dramático, de corto aliento.” Frente a aquella historia, reivindicaba otra, “de larga, incluso de muy larga duración,” cuya necesidad se hacía evidente a partir de la creciente comprensión de los procesos económicos, sociales, culturales – y lo que hoy llamaríamos ambientales -, que finalmente determinan la sostenibilidad del desarrollo humano. La importancia del planteamiento de Braudel para comprender a la Ciudad en su origen, sus relaciones con su entorno y su papel en el futuro de la sociedad a la que se debe es evidente. El tiempo corto, el de los planes operativos y sus expresiones presupuestarias es, en realidad, un instante del tiempo largo, del cual depende y para el cual existe. Se trata, dice Braudel, de un tiempo

126 Braudel Fernand (1960): “La larga duración.” La historia y las ciencias sociales.(1960: 60-106): Alianza Editorial, Madrid. Cap.3. http://posgradocsh.azc.uam.mx/cuadernos/ induccion/Braudel-CAP3_LARGA_DURACION.pdf

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a medida de los individuos, de la vida cotidiana, de nuestras ilusiones, de nuestras rápidas tomas de conciencia. … Pero esta masa no constituye toda la realidad, todo el espesor de la historia, sobre el que la reflexión científica puede trabajar a sus anchas. El tiempo corto es la más caprichosa, la más engañosa de las duraciones. En esta perspectiva, los problemas que llamamos estructurales – como la organización territorial de la economía, o la capacidad del Estado para representar el interés general de la sociedad – tienen un carácter dominante en el análisis histórico de larga duración. Al respecto, dice Braudel, todas las estructuras “constituyen, al mismo tiempo, sostenes y obstáculos.” En lo que hace a Panamá, por ejemplo, su posición geográfica sostiene desde hace siglos sus funciones de tránsito interoceánico, pero la organización de esas funciones del siglo XVI acá ha venido a constituirse en un obstáculo para ampliar sus beneficios ante los cambios en curso en el mercado mundial y en la propia sociedad panameña.127 Aquí, como diría Braudel, “también los encuadramientos mentales representan prisiones de larga duración.” Con ello, para el historiador, si la larga duración se presenta “como un personaje embarazoso, complejo, con frecuencia inédito”, adoptarla como herramienta para la planificación estratégica equivale a prestarse a un cambio de estilo, de actitud, a una inversión de pensamiento, a una nueva concepción de lo social […] Todos los niveles […] todas las fragmentaciones del tiempo de la historia se comprenden a partir de la profundidad, de ésta semi inmovilidad; todo gravita en torno a ella. Para quien aspire a captar el sentido del tiempo en que vive, el problema inicial de mayor complejidad consiste así en “definir una jerarquía de fuerzas, de corrientes y de movimientos particulares; 127 Al respecto, para comprender mejor nuestra historia inmediata, conviene la lectura del artículo “Entender bien la desglobalización”, de Joseph E. Stiglitz. https://www.jornada.com. mx/notas/2022/06/02/economia/entender-bien-la-desglobalizacion-joseph-e-stiglitz/


y, más tarde de recobrar una constelación de conjunto”, pues cada ‘actualidad’ “reúne movimientos de origen y de ritmo diferente: el tiempo de hoy data a la vez de ayer, de anteayer, de antaño.” Así, Todo el valor de las conclusiones depende, […] del valor de la observación inicial, de la selección que aísla los elementos esenciales de la realidad observada y determina sus relaciones en el seno de esta realidad. De hecho, el historiador no se evade nunca del tiempo de la historia: el tiempo se adhiere a su pensamiento como la tierra a la pala del jardinero. Lo que le interesa apasionadamente a un historiador es la manera en que se entrecruzan estos movimientos, su integración y sus puntos de ruptura: cosas todas ellas que sólo se pueden registrar con relación al tiempo uniforme de los historiadores, medida general de estos fenómenos y no con relación al tiempo social multiforme, medida particular de cada uno de ellos. Esta advertencia tiene especial valor para definir una visión y una misión históricamente viables para un ente como la Ciudad, y para definir la ruta y las tareas correspondientes en la época de cambios que compartimos con la Humanidad entera. Ese entorno, en el que nos corresponde actuar, “segrega su tiempo o sus escalas de tiempos, […] El tiempo del mundo y el tiempo histórico se encuentran en ella, pero encerrados, al igual que el viento en los dominios de Eolo, en un odre.” De ahí la importancia del análisis constante de ese entorno, siempre a la luz de nuestra visión y nuestra misión, y en beneficio de ellas. Fue bajo el ímpetu de esos vientos desatados que Odiseo inició la etapa de retorno a su hogar en Ítaca, tras la guerra de Troya. La crisis por la que atraviesa la transición hacia el más allá de la organización del mercado mundial como un sistema internacional ha liberado otra vez los vientos de Eolo. El viaje de la Ciudad hacia su propia visión hace parte, así, de la odisea del desarrollo humano hacia un tiempo nuevo de su larga historia, y empieza por conocer su razón de ser y sus dificultades en su entorno de partida.

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17 DE JUNIO DE 2022

La Ciudad y el grano de mostaza

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ara José Martí, era prueba de grandeza en literatura “medirse con los grandes”, pues el mérito no estaba “en el éxito del acometimiento”, sino “en el valor de acometer.” 128 Lo dicho así sobre la innovación en el lenguaje poético – que de eso trata el texto de donde proviene la cita que inaugura este artículo – tiene valor también para la innovación y el emprendimiento en momentos de crisis y transformación como los que encaran hoy el mercado mundial y su organización geopolítica. En lo que hace a la dimensión socioambiental de esa crisis, John Kerry - Enviado Presidencial Especial para el Clima de la Administración Biden – ha planteado que el desarrollo de nuevas fuentes de energía abre “el mercado más grande que el mundo ha visto: el mercado de la transición energética”. 129 Para Kerry, esta transición “será mayor que la Revolución Industrial” que abrió paso al pleno desarrollo del capitalismo a partir de mediados del siglo XVIII. Para lograrlo, dijo, todas las naciones del mundo “necesitan implementar energías renovables, como la eólica y la solar, cinco o seis veces más rápido de lo que lo hacen actualmente para cumplir con el objetivo preferido del Acuerdo de París”, que consiste en limitar el calentamiento global a “muy por debajo” de los 2 grados centígrados, “y preferiblemente” a 1,5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales. Reducir las emisiones para limitar el calentamiento global, agregó, ya no es un asunto que deba debatirse. Aun así, el enemigo a encarar 128 http://www.josemarti.info/libro/prologo_poema_niagara.html 129 “John Kerry dice que la transición de energía limpia es el mercado más grande que el mundo haya visto”. Catalina Clifford, https://www.cnbc.com/2022/06/09/kerry-cleanenergy-is-the-largest-market-the-world-has-ever-seen.html , 9 de junio de 2022.


“en este momento, y lo digo cortésmente es el statu quo. Estamos luchando contra personas que todavía quieren elegir el camino de menor resistencia a este desafío. Y sucede, desafortunadamente, que es el camino de mayor destrucción”. Con todo, un análisis de esta situación debe tomar en cuenta que no todo en ella se reduce a problemas de interés y terquedad. Tal como ocurrió en Inglaterra con el carbón mineral desde mediados del siglo XVIII, Estados Unidos fue el país que inició la transición al uso masivo de los combustibles fósiles – en particular el petróleo – desde fines del XIX, en todas las actividades productivas. Su formidable expansión económica, las mejoras en el nivel de consumo y de vida de su población, su poderío militar y el incremento de su influencia política global en el siglo XX han estado directamente ligados a esa fuente de energía. Y esto ha creado mentalidades y estructuras de poder profundamente arraigadas en el sentido común de su sociedad. Esto nos conduce una vez más a un principio que debería ser más conocido y mejor comprendido en este debate: siendo el ambiente el resultado de la interacción entre la sociedad y su entorno natural, si deseamos un ambiente distinto tendremos que crear una sociedad diferente. Y esta diferencia no se limita a lo económico, lo tecnológico y lo político, pues incluye también la visión del mundo dominante en esa sociedad y las relaciones de sus integrantes entre sí. A eso apunta el reconocido economista Paul Krugman, en un artículo para el New York Times. Estados Unidos, dice Krugman, “ya no parece avanzado en comparación con otros países ricos” – y se refiere en particular a Europa -, y “en aspectos importantes nos estamos quedando atrás.” En cuanto a la tecnología y el nivel de vida promedio, dice, “no parece que estemos rezagados, pero tampoco parece que estemos por delante.” Hacia fines de la década de 1990 y principios de la del 2000, añade, “parecía que estábamos muy por delante de otras naciones en la explotación de las posibilidades de las redes e Internet. Pero eso ya

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no es cierto.” Y aun cuando Estados Unidos todavía tiene un producto interno bruto per cápita más alto que las naciones europeas, “una gran parte de la diferencia es que nos jubilamos más tarde y tomamos menos vacaciones”, lo cual no representa “una ventaja fundamental en la competencia.” 130 Para Krugman, una parte significativa del problema radica en que “de alguna manera, Estados Unidos ha estado olvidando cómo ser una sociedad. Hemos empeorado en actuar de manera que nos protejamos a nosotros mismos y a los demás, en todo, desde vacunarnos hasta conducir a velocidades responsables.” Por lo mismo, dice, “tengo la sensación de que algo va mal en lo que sigue siendo (por el momento) la tierra de los libres.” Quizás ese algo que va mal sea el retraso en la tarea de vincular la innovación al cambio social en beneficio del país en su conjunto y de los cambios en curso en el mercado mundial. Acometer los desafíos que nos plantea el deterioro ambiental en esa perspectiva, como lo plantea la misión de la Ciudad, es de por sí una prueba de grandeza en las complicadas condiciones de nuestro entorno glocal y global. Al hacerlo así, somos uno más de los jardines en que se viene sembrando el grano de mostaza de que nos hablan Mateo, Marcos y Lucas, para producir árboles de gran tamaño a partir de la más pequeña de las semillas. Y el mérito mayor al que aspiramos es el de haber tenido el valor de acometer.

130 “How America lost its Edge”. Junio 14, 2022. https://www.nytimes.com/2022/06/14/ opinion/america-europe-driving-deaths.html


7 DE JULIO DE 2022

Verdades elementales

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l debate sobre la educación se ha instalado desde hace mucho en el entorno de la Ciudad, y en ella. Si bien a ratos ese debate llega a parecer un ejercicio de eterno retorno a los mismos problemas y a propuestas más o menos semejantes a las surgidas en etapas anteriores, resulta evidente un elemento de consenso que sostiene ese proceso: todos sabemos que se carece de una oferta educativa correspondiente a las necesidades del país que deseamos llegar a ser, y a la cultura que facilite a nuestra gente la tarea de construirlo. Esta situación resulta de factores de naturaleza muy diversa. Unos son técnicos, otros son administrativos, y los hay políticos como los hay sociales. Lo que todos tienen en común es que hacen parte de una misma historia, que hoy demanda ingresar a una etapa nueva. Cuando la República era mucho más joven, su oferta educativa incluía una materia llamada “Panamá en el mundo americano.” El hecho de que esa materia formara parte del programa educativo nos recuerda que somos la más joven de las repúblicas hispanoamericanas; que nuestro proceso de formación nacional ha sido especialmente complejo, y que a lo largo de ese proceso la educación ha tenido – y tiene – un papel de singular importancia para enfrentar y superar con éxito los desafíos de esa complejidad. Esa perspectiva es muy importante para juzgar nuestro desarrollo puesto que, como en su momento advirtió José Martí, “sólo se han de contar en un pueblo los días que nacen de aquel en que se sacudió de la frente la corona extraña”.131 Vistas las cosas así, y considerando 131 Discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en Honor de Venezuela, en 1882. VII, 290.

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los tres momentos de esa sacudida – 1821, 1903 y 1999 -, cada uno de ellos planteó retos diversos a la educación – desde la batalla contra el analfabetismo hasta la ahora libramos por la sostenibilidad del desarrollo - en el proceso de formación de la nacionalidad y la identidad de los habitantes del Istmo. Panamá, en este sentido, supo prepararse para los desafíos del siglo XX, y los encaró con éxito en las décadas de1930, 1950 y 1970, cuando negoció los Tratados que le permitieron finalmente constituirse en una República plenamente soberana en 1999. El problema mayor, ahora, corresponde a la transición al siglo XXI. La soberanía, en efecto, otorga derechos como impone deberes. El ejercicio de los primeros debe garantizar el cumplimiento de los segundos, y demanda de la nación entera una actitud de constante previsión. En ese sentido, por ejemplo, el derecho a administrar el Canal incluye el deber de velar por su papel en el desarrollo del conjunto de la economía nacional, como el cumplimiento de ese deber demanda el ejercicio del derecho de la nación a velar por su incorporación a un mundo en rápido proceso de transnacionalización de una manera adecuada a sus propios intereses. Esto demanda una educación que sea útil tanto para contribuir a la definición de los fines que la sociedad se propone alcanzar, como para proporcionar los medios que esos fines requieren. Para Martí, lo esencial de esos fines consistía en “mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida”, para que pudieran vivir “en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz.” Los seres humanos, añadía, “crecen, crecen físicamente, de una manera visible crecen, cuando aprenden algo, cuando entran a poseer algo, y cuando han hecho algún bien.” Y esto lo llevaba enseguida a afirmar que


Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. Para fines del siglo XIX, en efecto, era evidente que las repúblicas surgidas de los movimientos independentistas de comienzos de aquel siglo necesitaban emprender una cruzada “para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo.” De eso se trata, en lo más esencial, pues como lo dijera el propio Martí, “la cosa importa, y no la forma en que se haga”. Y lo que importa en este tiempo es la formación de ciudadanos que sepan cosas tan elementales como la cuenca en que residen, y el tiempo y la experiencia humanas en el territorio que constituye su patria, para ejercer desde allí el conocer científico y las herramientas técnicas que la educación les proporcione, y alcanzar sus propios fines en su propia sociedad, y para ella.

22 DE JULIO DE 2022

Camino a pasado mañana

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a Ciudad se acerca a su XXV aniversario. Hoy, el promedio de edad de sus colaboradores es de unos 41 años. Esto implica que muchos de ellos aún eran adolescentes cuando la Ciudad fue creada. Por otra parte, el 44% de esos colaboradores son mujeres, y ese porcentaje asciende al 59% del cuerpo gerencial de la Fundación Ciudad del Saber. Eso permite suponer que el componente femenino del grupo directivo, que hoy es del 33%, tenderá a incrementarse en el futuro.

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Que la Ciudad sea joven es una gran ventaja en tiempos de cambio. Esa ventaja puede y debe ser consolidada mediante una reflexión bien informada sobre el camino que ha recorrido del 2000, en una doble dimensión. Por un lado, la del proyecto de transformar una antigua base militar en un polo desarrollo humano, con participación de entidades académicas y científicas, empresariales y organismos internacionales y no gubernamentales. Por otro, la del momento de origen de ese proyecto, y las circunstancias de su desarrollo. Así, la formulación del proyecto a mediados de la década de 1990 – y su implementación del 2000 en adelante - implicó una toma de posición de los fundadores de la Ciudad frente a las opciones de desarrollo que podía ofrecer una circunstancia sin precedentes en la historia de Panamá. La Ciudad, en efecto, hizo parte de un conjunto de iniciativas de interés social y nacional, que incluyen otras como el Centro de Exhibiciones Marinas del Instituto Smithsonian y el Museo de la Biodiversidad, en Amador; el Jardín de Summit en Gamboa, y el Parque Natural Metropolitano. Ese conjunto ha contradicho, y contradice, el criterio de lucro dominante en la gestión del territorio en que se ubican. Por lo mismo, esas iniciativas han dependido en una importante medida de la claridad de su propósito y de la calidad social y técnica de su gestión para establecer y preservar un entorno adecuado a su propio desarrollo. Hoy, cabe preguntarse cómo, y en qué sentido, ha cambiado la circunstancia en que tomó forma e inició sus actividades la Ciudad a mediados de la década de 1990. El sistema institucional del Estado, por ejemplo, era mucho más sólido entonces. Las perspectivas del desarrollo económico eran aún inciertas, pero promisorias, y el nivel de conflictividad social y política era mucho menor que hoy. El sistema internacional no había ingresado aún al proceso de transformación por el que ahora atraviesa. China era todavía una hipótesis, Ucrania no figuraba en el imaginario colectivo, y en América Latina no había comenzado el ciclo de transformaciones políticas que vino a caracterizar a la región desde la primera década del siglo XXI.


El análisis de lo que corresponde hacer a partir de ahora depende en una importante medida de la visión que podamos construir sobre las fuerzas que han animado ese proceso de formación y las que animan las transformaciones que ya están en curso en las relaciones entre la Ciudad proyecto y su entorno glocal y global. En esa perspectiva, podemos decir que la Ciudad ha sido -y es - uno de los primeros frutos de la transición que ha conocido Panamá a partir de la integración del Canal a su economía interna, y del país al mercado global. Hasta fines del siglo XX, en efecto, el desarrollo de Panamá había dependido del aprovechamiento extensivo de ventajas comparativas como la posición geográfica y la abundancia de agua -, y había operado por imitación antes que por innovación. Desde entonces, la transición en curso en el mercado global ha abierto nuevas posibilidades para el desarrollo de ventajas competitivas de amplio impacto social. Esas posibilidades, sin embargo, se ven limitadas aún por la ausencia de una estrategia nacional de desarrollo, basada en un claro conocimiento del país, de sus recursos y de sus oportunidades en la economía global. Debido a carencias como esa, esas posibilidades solo se han materializado en una medida relativamente modesta. Así, la primera fase de la transición se ha caracterizado sobre todo por la expansión de las actividades económicas asociadas al Corredor Interoceánico, convertido hoy en una verdadera Plataforma de Servicios Globales. Está pendiente todavía la promoción del desarrollo de nuevas ventajas competitivas en el resto del país, sobre todo en campos como la oferta de servicios ambientales y de nuevos servicios de tránsito interoceánico e interamericano, y en la calidad de la formación de capacidades para la población del Istmo. A 22 años de entonces, la transición hacia un desarrollo realmente glocal ha tenido una etapa inicial caracterizada por una acumulación de cambios cuantitativos, que ahora pueden dar lugar a una transformación cualitativa de la vida nacional. Entre tanto, la tensión aún no resuelta entre la energía del futuro y la resistencia inercial

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del pasado nos ha llevado a una situación de crecimiento económico incierto, inequidad social persistente, degradación ambiental constante, y deterioro institucional creciente. Esta circunstancia resalta la importancia de la Ciudad en la tarea de contribuir a crear las condiciones que faciliten el ingreso del país a la transformación en la calidad de su desarrollo, mediante el aporte de iniciativas de innovación para el cambio social. Esta es justamente la misión de la Ciudad, que la ejecuta mediante el fomento de relaciones de colaboración entre una diversidad de organizaciones cívicas, sociales, educativas, científicas y empresariales. Esta misión se corresponde de manera muy diversas con las transformaciones que van ganando impulso en el conjunto del país. Esto se hace visible, por ejemplo, en el cambio cualitativo que empieza a hacerse sentir en el debate sobre temas como la educación y la necesidad de hacer sostenible el desarrollo humano en Panamá. A esto se suma el incremento en la demanda de una mayor participación social en la vida nacional, desde la generación de iniciativas regionales hasta el incremento en la lucha por el respeto a los derechos sociales y ambientales de los sectores menos favorecidos de la sociedad. Esto se hace evidente también en la presencia activa de una nueva generación de jóvenes profesionales, científicos y emprendedores para quienes el paso del cambio a la transformación ya es una necesidad. En muchas de estas áreas, la Ciudad ha hecho ya valiosas contribuciones. Algunas han sido directas, como en su apoyo a la creación de nuestro Centro de Innovación; el apoyo a la creación y desarrollo de INDICASAT; la formación de comunidades del conocimiento en temas como servicios globales, biociencia, gestión ambiental y educación, y en el desarrollo de modalidades innovadoras de promoción de la cultura y las artes. Otras han sido indirectas, asociadas a la prédica con el ejemplo de la capacidad de los panameños para pensar de manera nueva los problemas de su propio desarrollo, y generar iniciativas innovadoras para encarar esos problemas.


La respuesta al ¿qué sigue ahora? puede y debe ser múltiple. Requerirá sin duda enriquecer el diálogo del Ciudad con sus asociados y la sociedad a la que se debe, para facilitar la tarea de crecer juntos, definiendo cada vez mejor nuestra comunidad de intereses, y traduciéndola en la construcción de escenarios de futuro que faciliten nuestra cooperación en proyectos de mediano y largo plazo con otros sectores de la vida nacional, y de la red global que hemos venido construyendo. Con todo, la transición en curso exigirá de nosotros recordar que estamos inmersos en un proceso histórico que puede y debe ser orientado por quienes creemos en los valores de la solidaridad, la equidad y la participación de todos en las cosas de todos. Nada es imposible, nada es inevitable: entender esto, y aprender a ejercerlo, es quizás el mayor desafío de esta etapa en el camino de la Ciudad.

19 DE AGOSTO DE 2022

Del conocimiento en la transición

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a gestión del conocimiento es una actividad productiva, que vincula entre sí procesos distintos pero interdependientes de producción, difusión y aplicación del conocimiento a la solución de los problemas que emergen en el desarrollo social. Hoy, por ejemplo, esos problemas van desde la producción de energía limpia para mitigar el cambio climático, hasta la de vacunas para enfermedades emergentes.

Como toda actividad humana, la gestión del conocimiento tiene una historia que opera a través de estructuras sucesivas de organización, cuya complejidad expresa la de la sociedad en que ella tiene lugar. La sociedad moderna, por ejemplo, ha tenido a la universidad por núcleo fundamental de su gestión del conocimiento, y ella a su vez ha reclamado para sí el legado y el prestigio de la Academia en la antigüedad, el

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claustro monacal en la Alta Edad Media, y las universidades establecidas en la Baja Edad Media, entre los siglos XII al XV. Conocer esto tiene su importancia en tiempos de transición, cuando todo lo que ayer parecía sólido tiende a disolverse, pero aún no podemos establecer con claridad lo que lo que llegará a sustituirlo en el futuro. Así lo hizo hace ya un cuarto de siglo el historiador norteamericano Immanuel Wallerstein, al encarar este problema en perspectiva histórica. Para Wallerstein, si bien estamos habituados a imaginar a la universidad “como una institución cuyos orígenes están en la Europa medieval”, esa universidad había empezado a declinar hacia 1500, para irse extinguiendo en los tres siglos posteriores. Por contraste, la universidad que aún tenemos fue creada “en el siglo XIX en Europa occidental y Norteamérica”, para difundirse gradualmente “como una institución al resto del mundo, durante un siglo y espectacularmente después de 1945.”132 A un ejemplo de ese proceso se refirió José Martí en 1885, cuando llamó a Cornell “universidad magnífica”, señalándola como “la universidad moderna” que nuestra América necesitaba, porque en ella adquirían los jóvenes “en un trabajo interesado y fecundo los elementos universales de la vida nueva.”133 Martí, en efecto, promovía una educación de base científica – esto es, organizada en torno al conocimiento de la realidad que se buscaba transformar, y de los medios más adecuados para hacerlo -; vinculada a las necesidades de la modernización de las prácticas productivas necesarias para sostener el proceso de creación de sociedades que fueran nuevas por lo prósperas, equitativas y democráticas que llegaran a ser, y por su capacidad de forjar en nuestra gente el carácter necesario para crearlas, defenderlas y desarrollarlas. 132 http://fbc.binghamton.edu/commentr.htm. Comentario No. 27, 1 de noviembre de 1999 133 “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 24 de julio de 1885. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. X: 256.


En lo general, aquella universidad moderna fue organizada en facultades integradas por profesionales asalariados, asignados a departamentos que se ocupan de disciplinas específicas. Con todo ello, las universidades vinieron a ser “el mayor instrumento de reproducción del saber,” sino también “el principal lugar de su producción.” De allí provinieron, también, sus tres áreas fundamentales de actividad: la académica, que difunde el conocimiento; la de investigación, que lo produce, y la de extensión, que lo proyecta en la sociedad. Esa producción, a su vez, fue organizada en torno a dos modalidades distintas del conocer: por un lado, “un modo llamado científico, en el que se estudiaba por vía del examen empírico de la realidad, cuyos resultados se presentaban a manera de generalizaciones tan ampliamente como la evidencia lo permitía.” Por otro, “un modo llamado humanístico,” en que se investigaba por empatía interpretativa “y en el que las generalizaciones podían ser desaprobadas.” Las ciencias sociales – entendidas como el estudio de lo social, lo político y lo económico – encontraron lugar para sí entre aquellos dos otros saberes – a menudo en confrontación con ambos. Esto constituyó la versión moderna del trivium medieval que, con la adición de las ingenierías y las tecnologías, fue elevado a la categoría de quatrivium en las universidades vinculadas a las sociedades de mayor desarrollo económico.134 En el proceso, añade Wallerstein, la ciencia ganó “su batalla de prestigio con las humanidades, y fue reconocida como la forma superior de saber,” dada su utilidad social para “la producción de tecnología que fomentaba el crecimiento económico, permitiendo una mejor calidad de vida.” Sin embargo, tan pronto como esta estructura estuvo finalmente en su lugar, empezó a sufrir una sobrecarga por partida doble. En lo cuantitativo, el sistema universitario tuvo una gran expansión en el sistema mundial entre las décadas de 1950 a 1970, cuando el rápido 134 El trivium designaba el primer nivel de enseñanza superior, que incluía las disciplinas del lenguaje: gramática, dialéctica y retórica. El quatrivium era el área de las matemáticas, e incluía aritmética, geometría, astronomía y música.

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crecimiento del mercado mundial generó una enorme demanda de especialistas. En lo cualitativo, ese crecimiento dio lugar a una amplia diversidad de problemas en todos los campos del saber, cuya atención desbordó con rapidez las posibilidades de respuesta de la institución universitaria tal como había sido organizada. A esto se agregó que el sistema mundial universitario encontrara crecientes dificultades financieras. Así, para fines de la década de 1990 era evidente que el costo global de la educación superior se había convertido en un elemento principal de la “asignación social de la riqueza.” La lucha permanente por reducir esos costos y limitar su crecimiento condujo, por ejemplo, a la “escolarización” del sistema universitario: menos maestros para más estudiantes, simplificación, estandarización, y mayor control de los currícula, aunado al menoscabo de la investigación. Por otra parte, esto ha empujado a los investigadores hacia fuera del sistema universitario, en busca de institutos de estudios avanzados, academias de ciencia, estructuras privadas de investigación, o el trabajo para las grandes corporaciones. Esta tendencia, decía Wallerstein, “se acelerará probablemente en los próximos 25 años, despojando a los sistemas universitarios de algunos de sus mejores eruditos. Y lo más importante, esto puede señalar el fin del papel de la universidad como lugar de producción del saber.” De todo ello se deriva una serie de interrogantes cuya adecuada formulación aún está pendiente en nuestra sociedad. Una de esas interrogantes, por ejemplo, se refiere a la necesidad de encarar los problemas que aquejan a nuestro (sub)sistema educativo en su relación con el sistema de gestión del conocimiento efectivamente existente en el país. Otra, a las modalidades de vinculación del sector productivo con ese sistema ante la transición en curso en la organización del mercado mundial -y esto incluye en particular a aquellas empresas que ya han ido pasando a formas de actividad más complejas, incluyendo en el proceso a la producción de conocimiento y la innovación tecnológica.


Y otra más se refiere al papel a cumplir por ese sistema de gestión del conocimiento en su relación con las dos grandes tareas estratégicas pendientes en Panamá: la inserción de las funciones de tránsito interoceánico en el conjunto de la economía panameña, y la de esa economía en el mercado global. De lo que se trata, para la Ciudad, es de contribuir a la construcción de esas y otras interrogantes en función del objetivo de contribuir a la creación de una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática. Las condiciones fundamentales para encarar esa tarea surgen del propio deterioro del sistema que tenemos. Ponerle remedio será, sin duda, un aporte decisivo a la mayor innovación para el cambio social a la que podemos y debemos aspirar.

26 DE AGOSTO DE 2022

Del colapso y la esperanza

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l catastrofismo, hijo natural de la desesperanza, se va haciendo cada vez más común en nuestra cultura. Así, el escritor Chris Hedges ha planteado que, si bien no somos la primera civilización en colapsar, “probablemente seremos los últimos.”135 Todas las civilizaciones, dice, mueren de manera similar: Agotan los recursos naturales. Engendran élites parasitarias que saquean las instituciones y los sistemas que hacen posible una sociedad compleja. Se involucran en guerras fútiles y contraproducentes. Y luego se asienta la podredumbre. Los grandes centros urbanos mueren primero, cayendo en una decadencia irreversible. La autoridad central se desmorona. La expresión artística y la investigación intelectual son reemplazadas por una nueva era oscura, el triunfo del 135 Hedges, Chris: “No somos la primera civilización en colapsar, pero probablemente seremos los últimos.” 16 agosto 2022. https://chrishedges.substack.com/p/we-are-not-the-firstcivilization?utm_source=twitter&sd=pf

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espectáculo de mal gusto y la celebración de la imbecilidad que complace a la multitud. Para Hedges, el problema radica en que las civilizaciones no logran adaptarse a las crisis que genera su desarrollo, con lo cual aseguran “su propia destrucción”. El colapso de nuestra civilización, dice, “será único en tamaño, magnificado por la fuerza destructiva de nuestra sociedad industrial impulsada por los combustibles fósiles.” Sin embargo, más allá de replicar procesos similares del pasado”, en el caso de la nuestra la diferencia será de escala, porque “esta vez no habrá salida.” Esa conclusión es aventurada. Nuestra civilización ha desarrollado capacidades sin precedentes para conocerse a sí misma y a su entorno, y para organizarse y movilizarse ante los desafíos que ese conocimiento le va planteando. En lo que hace a la crisis socioambiental, esas capacidades tuvieron una expresión temprana en la obra de la bióloga marina Rachel Carson (1907-1964) quien publicó en 1962 el libro La Primavera Silenciosa – en el que denunció el impacto ambiental del uso abusivo de agroquímicos –, que fue como el acta de nacimiento del ambientalismo contemporáneo. Un año después, ya en vísperas de su muerte, Carson ofreció una conferencia en la que se preguntaba si el ser humano “podría estar trabajando contra sí mismo”, ante la “sospecha creciente -de hecho, tal vez una certeza inquietante- de que a veces hemos sido quizás demasiado ingeniosos para nuestro propio bien.” 136 Aun con la maravillosa inventiva del cerebro humano, dijo, “comenzamos a preguntarnos si nuestro poder para cambiar la faz de la naturaleza no debería haber sido templado con sabiduría para nuestro propio bien, y con un mayor sentido de responsabilidad por el bienestar de las generaciones.” En ese sentido, Caeson resaltó el aporte de la ciencia para revelar que el ser humano “no vive apartado del mundo, sino en medio de 136 “The Pollution of Our Environment.” Lost Woods: The Discovered Writing of Rachel Carson Rachel Carson, Linda Lear (1999). Part IV, Chapter 30. https://publicism.info/environment/ woods/31.html


una interacción compleja y dinámica de fuerzas físicas, químicas y biológicas, y entre él y este entorno existen interacciones continuas e interminables.” Esa interdependencia universal, dijo, se remitía al ambiente “extraño y aparentemente hostil” en que tuvo lugar el origen de la vida hace unos 4,400 millones de años.137 Para entonces, dijo, la atmósfera de la Tierra “probablemente no contenía oxígeno,” y por ello no contaba con una capa protectora de ozono en su nivel superior. Así, “toda la energía de los rayos ultravioleta del sol debe haber caído sobre el mar”, donde había en abundancia “compuestos químicos simples” - dióxido de carbono, metano, y amoníaco -, dispuestos para la compleja serie de combinaciones y síntesis que esa energía debió generar. A partir de allí, ocurrieron dos hechos de gran alcance. Por un lado, “en ningún otro lugar del sistema solar se han producido condiciones igualmente favorables para la vida”, mientras por el otro esas condiciones constituyeron un entorno en cuya evolución la propia vida tuvo y tiene un papel de primer orden. La vida así creada, en efecto, actuó sobre el sobre el entorno en que había ocurrido su creación. Y esto incluyó que el desarrollo de la fotosíntesis en las plantas generara un proceso de “liberación de oxígeno a la atmósfera”, de modo que “el aire que respiramos hoy, con su rica proporción de oxígeno, es una creación de vida.” Aquellas condiciones de origen permitieron un “único acto extraordinario de generación espontánea”, que ya no podrá repetirse. Y al propio tiempo, la acción y la interacción constantes entre la vida y su entorno han modelado y modelan desde entonces el ambiente de la Tierra hasta el presente. Para Carson, “la rama de la ciencia que se ocupa de estas interrelaciones es la Ecología”, y es desde ella como mejor cabe abordar los problemas ambientales que enfrentamos. Para resolver estos problemas, decía, “necesitamos verlos como un todo; mirar más allá del evento único e inmediato de la introducción de un contaminante 137 https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_vida

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en el medio ambiente, y rastrear la cadena de eventos así puestos en marcha”, sin olvidar nunca “la totalidad de esa relación.” Sin embargo, advertía que “estos conceptos, que suenan tan fundamentales, se olvidan cuando nos enfrentamos al problema de eliminar la miríada de desechos de nuestra forma de vida moderna.” Ante ese problema, no nos comportamos como personas guiadas por el conocimiento científico, sino más bien como la proverbial mala ama de llaves que barre la suciedad debajo de la alfombra con la esperanza de quitarla de la vista. Vertimos desechos de toda clase en nuestros arroyos, con objeto de que se los lleven de nuestras costas. Descargamos el humo y los vapores de un millón de chimeneas y montones de basura en llamas a la atmósfera con la esperanza de que el océano de aire sea lo suficientemente grande como para contenerlos. Ahora, incluso el mar se ha convertido en un vertedero […]. “Y esto se hace,” añadía, “sin reconocer que la introducción de sustancias nocivas en el ambiente [está] cambiando la naturaleza del complejo sistema ecológico […] de maneras que normalmente no prevemos hasta que es demasiado tarde.” Hasta ahora, decía Carson hace ya 59 años, “hemos sido demasiado reacios a conceder la posibilidad de peligro o la existencia real de peligro”. Eso ya planteaba entonces el problema de la responsabilidad moral, “no solo para nuestra propia generación, sino para las del futuro”, que no tienen voz en las decisiones de hoy, lo cual hace que nuestra responsabilidad sea pesada [pues] implica una especie de rechazo de nuestro pasado, una renuencia o falta de disposición para aceptar el hecho de que el hombre, como todas las demás criaturas vivientes, es parte de los vastos ecosistemas de la tierra, sujeto a las fuerzas del medio ambiente. Carson llamó a reflexionar “sobre qué miedos ocultos en el hombre, qué experiencias olvidadas hace mucho tiempo, lo han hecho tan


reacio a reconocer primero sus orígenes y luego su relación con ese entorno en el que todos los seres vivos evolucionaron y coexistieron.” Y concluyó diciendo que esperaba con ansias “el día en que nosotros también podamos aceptar los hechos de nuestra verdadera relación con nuestro entorno”, convencida de que “sólo en ese ambiente de libertad intelectual podremos resolver los problemas que tenemos ahora ante nosotros.” Proveer a ese ambiente de libertad intelectual ha sido y es una de las tareas de la Ciudad. De los tiempos de Rachel Carson venían nuestros fundadores. Caminamos hoy con el movimiento que ella contribuyó a despertar. Somos parte de los motivos de esperanza en la transición que compartimos con la humanidad entera.

2 DE SEPTIEMBRE DE 2022

Decisiones

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a historia, como sabemos, es el recuento del desarrollo humano. Ese desarrollo opera a partir de dos factores. Uno consiste en las interacciones entre los sistemas naturales y los sistemas sociales. El otro, en las contradicciones que animan a esos sistemas sociales y naturales en su mutua interacción. En ese proceso, la solución de grandes problemas va dando lugar a problemas nuevos y más complejos, y desempeñan un papel de especial importancia las decisiones que los humanos van tomando en relación con el futuro al que aspiran llegar, o el presente que desean conservar.

Hacia fines de la década de 1980, que fue especialmente compleja en el plano económico y que llevó a grandes decisiones que inciden en nuestras vidas hasta hoy, el economista Albert O. Hirschman, (19152012) -alemán de origen, colombiano de opción - nos legó un texto breve de creciente importancia en nuestros días, titulado Las Retóricas de la Intransigencia – en inglés, Las Retóricas de la Reacción.

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Hirschman se había formado en la Escuela de Economía de Londres y en las universidades de París y de Trieste. Entre 1933 y 1945 desempeñó un activo papel en la resistencia contra el fascismo, y después pasó a trabajar para la Junta de Reserva Federal de los Estados Unidos, en la cual colaboró en el diseño y la ejecución del Plan Marshall para la reconstrucción de Europa.138 En 1952, emigró a Colombia con su familia, y allí – dijo después - adquirió un punto de vista. Desde la América Latina, Hirschman participó activamente en los debates sobre el curso a seguir por el desarrollo del capitalismo en nuestra región, en los que destacó por su pensamiento innovador y su resistencia a todo dogmatismo. Para Hirschman, el problema del subdesarrollo no radicaba en la escasez de los recursos, sino y sobre todo en la de “la habilidad de ponerlos en juego”. Esta escasez – en última instancia, de carácter cultural y político – se hacía sentir “en la falta de capacidad de tomar decisiones para encontrar, reubicar y mezclar factores existentes”, lo cual lo llevaría a favorecer las soluciones secuenciales, desconfiar de los modelos únicos y preferir “la inversión en proyectos específicos.” Así, otorgaba la mayor importancia al conocimiento de las circunstancias locales para identificar oportunidades y utilizar el conocimiento y las capacidades de la población, en vez de ver en ella y sus condiciones de vida “obstáculos y deficiencias.” Las experiencias adquiridas en el debate en torno a estos temas lo llevaron a publicar en 1991 su pequeño libro sobre las retóricas de la intransigencia, en el que destaca en particular tres tácticas discursivas utilizadas por los planteamientos conservadores para cuestionar la necesidad del cambio social.139 Una es la llamada tesis de la perversidad, la cual sostiene que toda acción deliberada para mejorar algún aspecto del orden político, social o económico termina por agudizar – sin resolver - la situación que se desea remediar. Otra es la tesis de la 138 https://es.wikipedia.org/wiki/Albert_O._Hirschman 139 Hirschman, Albert: Retóricas de la Intransigencia. Fondo de Cultura Económica, México, 2014. https://traficantes.net/libros/ret%C3%B3ricas-de-la-intransigencia.


futilidad, según la cual los intentos por llevar a cabo reformas sociales serán nulos o de alcance limitado debido a su fragilidad teórica. Y por último agrega la tesis del riesgo, que plantea que el costo político y social de las reformas propuestas es considerablemente alto, y pone en peligro logros anteriores. Hirschman desglosa estos argumentos en el marco de diversos momentos históricos y sistemas de gobierno que han enfrentado a conservadores e innovadores, a través del debate “entre los ideólogos que atesoran cautelosamente lo alcanzado y los individuos dispuestos a reafirmar expectativas y programas políticos originales.” En todos esos casos, las retóricas de la intransigencia terminan por estar al servicio de la negativa a tomar decisiones que las transformaciones internas y externas demandan para pasar de la preservación del atraso a la construcción del progreso en el desarrollo humano. Panamá se ha visto incorporada a ese tipo de debate – que ya se desplegaba en todo el sistema mundial, y venía adquiriendo un carácter de peculiar intensidad en la América Latina en los últimos dos años -, mediante un mecanismo de diálogo cuyo mérito mayor podría llegar a ser el de definir el problema a resolver, y las opciones para hacerlo. En la primera fase de ese diálogo, nuestra sociedad ha podido constatar, desde perspectivas distintas, la necesidad urgente de modernizar nuestro modelo económico, y crear por esa vía las condiciones que nos permitan encarar las dos grandes tareas pendientes que nos ha legado el siglo XX: la de integrar el Canal a la economía interna del país, y la de definir las opciones más productivas de inserción de nuestra economía en el mercado global. Lo que se haga al respecto podrá tener – o no – consecuencias perversas, fútiles o riesgosas. Pero en las cosas de todos es imprescindible la participación de todos. La clave, aquí, radica en nuestra sociedad demuestre la capacidad necesaria para crear las condiciones para tomar las decisiones que su futuro demanda, desde una visión común de prosperidad equitativa, y sostenibilidad

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democrática. Aún vivimos en un entresiglos: el XX va quedando atrás, y a todos nos toca participar en el diseño y la creación del XXI que necesitamos para llegar a ser la nación que merecemos ser.

30 DE SEPTIEMBRE DE 2022

De Asís a la Ciudad

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ace ya más de dos años, a fines de marzo de 2020, el Papa Francisco remitió una carta “a los jóvenes economistas, emprendedores y empresarios de todo el mundo”, en que los invitaba a participar en un evento que me permita encontrar a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. Un evento que nos ayude a estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un “pacto” para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana.140 Antes, en 2015, como sabemos Francisco había resaltado en su Carta Encíclica Laudato Si’ que hoy más que nunca, “todo está íntimamente conectado” y “la protección del medio ambiente no puede separarse de la justicia para los pobres y de la solución de los problemas estructurales de la economía mundial.” Esto, añadió ahora, hace necesario corregir “los modelos de crecimiento que son incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente, la acogida de la vida, el cuidado de la familia, la equidad social, la dignidad de los trabajadores, los derechos de las generaciones futuras.” Y establecía un claro indicador del logro deseado: 140 Carta del Santo Padre Francisco para el encuentro “Economy of Francesco”. Asís, 26-28 de marzo de 2020. http://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2019/documents/ papa-francesco_20190501_giovani-imprenditori.html


Mientras nuestro sistema económico y social produzca una sola víctima y haya una sola persona descartada, no habrá una fiesta de fraternidad universal. En esa perspectiva, Nuria Toledano, profesora del Área de Organización de Empresas de la Universidad de Huelva, publicó un año después un texto que llamaba a “repensar la empresa desde los derechos humanos”. Allí planteaba que, si bien las necesidades humanas ocupan un lugar central en la economía, “especialmente en lo referente al aspecto material […] con frecuencia suelen quedar en el olvido los derechos vinculados con las necesidades más básicas.”141 A eso, dijo, hacía referencia “la Economía de Francisco”, una iniciativa encaminada a reflexionar “sobre los modelos económicos y empresariales que puedan hacer posible el desarrollo integral de las personas.” Este abordaje explica la relevancia que Toledano otorga a los derechos humanos en su texto. En efecto, la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 diciembre de 1948, “por primera vez de forma consensuada qué derechos humanos fundamentales debían, y deben, protegerse en todos los lugares.” La Iglesia católica aborda en su doctrina social el valor de los derechos humanos, en sí mismos y en su relación con los deberes morales de la persona. Desde allí, el pontificado de Francisco ha procurado vincular la atención a los derechos de los más vulnerables y la preocupación ante problemas colectivos como el cambio climático. Ambas cuestiones, agrega Toledano, “requieren el compromiso de las empresas para su solución y constituyen el centro de atención de lo que se conoce como la Economía de Francisco.” El movimiento generado por la convocatoria del Papa tiene una clara inspiración franciscana. En ella, la generosidad, la solidaridad, la 141 “La Economía de Francisco: repensar la empresa desde los Derechos Humanos” December 9, 2021. https://theconversation.com/la-economia-de-francisco-repensar-la-empresadesde-los-derechos-humanos-171923

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fraternidad y la cultura de comunión “son algunos valores que dan vida a su desarrollo”, mientras garantizan al mismo tiempo el respeto a la madre tierra. En este sentido, dice Toledano, Si bien toda teorización en las ciencias económicas se construye implícita o explícitamente bajo una concepción determinada del ser humano, lo singular aquí es la comprensión de la persona no como ser autónomo (asunción en el pensamiento moderno), sino como un ser relacional. Dicha noción, madurada a lo largo de los siglos en el cristianismo, sitúa la meta del bienestar de la persona en una posición dependiente, en gran parte, de la calidad de las relaciones. De ahí que inspire la idea de una economía cuyo objetivo último no sea otro que el de favorecer la fraternidad, el bien común, la protección del medio ambiente y, ante todo, el respeto de la dignidad de la persona y de su desarrollo integral. 142 Esa propuesta de economía pensada desde Francisco de Asís busca “poner en marcha un proceso global de reflexión sobre una forma diferente de hacer economía y empresa sustentada en una clara convicción: la necesidad de incluir en la nueva narrativa económica otros términos, propósitos y protagonistas.” Esto, como es natural, requiere iniciativas capaces tanto de “incorporar otros elementos al discurso,” como de “corregir las consecuencias negativas derivadas de modelos económicos que, si bien [fueron] válidos y eficaces en un momento concreto de la historia, se muestran dañinos en un contexto que poco tiene que ver con el de antes.” Con ello, esta visión “confiere a la economía un propósito más elevado y trascendente”. Esa economía quizás resulte menos eficiente que la del crecimiento sostenido, hoy dominante, pero sin duda sería 142 Este planteamiento desarrolla, para nuestros tiempos, lo planteado en 1967 por el Papa Paulo VI: que el desarrollo no podía ser reducido “al simple crecimiento económico”, pues para ser auténtico debía ser integral, “es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.”Carta Encíclica Populorum Progressio, del Papa Pablo VI a los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles de todo el mundo y a todos los hombres de buena voluntad sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos. https://www.vatican.va/content/paulvi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html


“más robusta, y por ello valiosa en un entorno impredecible como el actual.” De aquí resulta un importante desafío para la gestión del conocimiento que demanda el desarrollo humano, dado que “repensar el modelo de empresa conlleva también repensar los criterios para medir sus resultados.” Desafíos como estos confirman la razón de ser de la Ciudad. No en balde amplió ella el alcance de la innovación, para vincularla con el cambio social que abre paso al desarrollo humano. Así crecemos con el mundo, para ayudarlo a crecer.

7 DE OCTUBRE DE 2022

Ciudad transdisciplinaria

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a Ciudad opera en el mercado global de servicios de gestión del conocimiento. Dentro de ese mercado, la Ciudad ofrece servicios de apoyo que van desde ambientes de trabajo de alta calidad hasta el acceso a redes en que convergen entidades científicas, académicas, empresariales y sociales que se ocupan de la producción, la difusión y la aplicación del conocimiento.

Para la Ciudad es necesario mantenerse atenta a las transformaciones que van ocurriendo en los distintos segmentos de su mercado. Esas transformaciones, en efecto, van cambiando al conjunto del mercado a través de la constante interacción entre todos sus segmentos. Tal es el caso, por ejemplo, de los cambios en curso en los enfoques de la organización de los procesos de producción del conocimiento. En este plano, el mercado de la Ciudad encara una transición desde enfoques que priorizaban la especialización en disciplinas específicas hacia otros que se plantean hoy abordajes transdisciplinarios en la formación de nuevos campos del saber. Para el humanista mexicano Víctor Toledo este proceso de reordenamiento del trabajo de producción de conocimiento

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científico avanza hoy hacia un enfoque de organización que opera “a contracorriente de la especialización y aboga por la integración, no la fragmentación, del conocimiento.”143 Esa transición, por otro lado, hace parte de las vastas transformaciones en curso en el conjunto del sistema mundial. La interdisciplina, en este sentido, “obedece a la necesidad de articular conocimientos más integradores o generales tras muchas décadas de especialización”, y se vincula a “las principales contracorrientes científicas tales como el pensamiento complejo.” Como toda transición verdadera en el campo de la cultura, esta no opera por exclusión, sino mediante la rearticulación de sus planteamientos y procedimientos en un nivel superior de complejidad, correspondiente al de las transformaciones que ocurren en su entorno global. Así, dice Toledo, el ecólogo canadiense C. S. Holling (1930-2019) planteó en su momento que en la ciencia coexisten un enfoque analítico – la “ciencia de las partes”-, y otro al que denomina la “ciencia de la integración de las partes”. El primero es “esencialmente experimental, reduccionista y monodisciplinario”, mientras el segundo es “sistémico, multiescalar, fundamentalmente interdisciplinario y capaz de combinar múltiples fuentes de evidencias”, e integra “la incertidumbre y la sorpresa como parte de las posibles respuestas” al desarrollo de las contradicciones que animan el desarrollo de la realidad. Ese abordaje integrador considera que ambas perspectivas “son esenciales para la comprensión y la acción” y ambas deben “aceptar y comprender la existencia del otro.” Con ello, añade, se busca evadir el peligro “de que la ciencia de las partes caiga en la trampa de ofrecer respuestas precisas a preguntas equivocadas, y la ciencia de la integración de las partes a formular respuestas sin sentido a preguntas correctas.” 143 “La interdisciplina y la sinfonía de la ciencia” (https://www.jornada.com.mx/2022/09/20/ opinion/017a2pol) y “El otro salto: de la interdisciplina a la transdisciplina” (https://www. jornada.com.mx/2022/10/04/opinion/015a2pol)


Algunos resultados de esta transición ya están a la vista. Uno de ellos es “el Programa Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC, en inglés) que ha generado cinco reportes en la que han participado varios miles de investigadores y adelanta un sexto informe al que contribuyen unos 800 investigadores de unos 70 países que será publicado a finales de 2022”. Otro, “el Laboratorio de la Desigualdad, en el que unos 100 investigadores de 80 países analizan con base en datos estadísticos la historia de las desigualdades entre 1780 y el presente.” Ese proceso general de transición busca ahora “abarcar también al arte, a la filosofía y a las humanidades”, en lo que se conoce como transdisciplina. Esto ha dado lugar a la formación de campos del saber como la historia ambiental, la economía ecológica y la ecología política, que buscan encarar de manera integral los problemas que genera la crisis global del ambiente mediante proyectos “en los que participen científicos y técnicos, artistas, filósofos (incluyendo teólogos) y los afectados mismos, con sus propios saberes y experiencias.” Por esa vía, se busca dar respuesta a lo planteado ya en 1994 en la Carta de la Transdisciplinariedad, signada por 60 intelectuales, entre los que destacan Edgar Morin y Basarab Nicolescu, en la cual se afirmaba que La proliferación actual de las disciplinas académicas y no-académicas conduce a un crecimiento exponencial del saber que hace imposible toda mirada global del ser humano… Sólo una inteligencia que dé cuenta de la dimensión planetaria de los conflictos actuales podrá hacer frente a la complejidad de nuestro mundo y al desafío contemporáneo de la autodestrucción material y espiritual de nuestra especie… La vida está seriamente amenazada por una tecnociencia triunfante, que sólo obedece a la lógica horrorosa de la eficacia por la eficacia… El crecimiento de los saberes, sin precedente en la historia, aumenta la desigualdad entre aquellos que

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los poseen y los que carecen de ellos, engendrando así desigualdades crecientes en el seno de los pueblos y entre las naciones de nuestro planeta. 144 De hecho, la Ciudad quizás guarde aún para todos sus integrantes la sorpresa de descubrir que ella es transdisciplinaria sin saberlo ni habérselo propuesto de manera explícita, y que en ese carácter implícito radique justamente uno de sus aportes a la construcción de la sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática a la que aspira su visión.

21 DE OCTUBRE DE 2022

El año 25

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023 está a la vuelta de la esquina, y la Ciudad se preparara para los desafíos y las promesas que nos anuncia. Y la primera pregunta, por supuesto, desde dónde y hacia dónde ingresaremos al año que viene.

La respuesta debe ser clara y directa.La Ciudad ingresará al 2023 desde el sitio en que trabaja, que es el mercado global de servicios de gestión del conocimiento. Dentro de ese mercado, la Ciudad ofrece servicios de apoyo indispensables para el desarrollo de actividades de investigación, desarrollo, innovación y formación de capacidades, que han venido ganando en riqueza y complejidad con las transformaciones en curso en el nercado mundial. Los servicios que la Ciudad ofrece en ese mercado son de dos tipos. Unos son tangibles, pues tienen que ver con espacios de trabajo, residencia y alojamiento; servicios tecnológicos; un entorno cultural 144 El origen de este enfoque puede ser ubicado en la llamada Carta de la Transdisciplinariedad (Convento de Arrábida, Portugal, 1994), signada por 60 intelectuales, entre los que destacan Edgar Morin y Basarab Nicolescu, que incluyó seis supuestos y 14 artículos cuya clarividencia merece ser conocida https://www.academia.edu/29980127/ Carta_de_la_ transdisciplinariedad


y ambiental de alta calidad humana, y acceso a servicios comerciales, por mencionar tres ejemplos. Los otros son servicios no tangibles, que facilitan a los clientes de la Ciudad el acceso a redes de colaboración locales y glocales, mediante una política de trabajo con el cliente y no solo para el cliente. Con esa oferta innovadora, la Ciudad ingresará en el 2023 a un entorno que se anuncia complejo, incierto y volátil. Este entorno tendrá dos características principales, de corta y mediana duración. En primer lugar, dependerá en una alta medida de factores externos, como la posibilidad de una recesión económica; el agravamiento de las tensiones geopolíticas en el sistema mundial, y la creciente dificultad del sistema internacional creado para administrar ese sistema mundial antes de la transición por la que atraviesa hoy. A lo interno, este entorno se verá afectado por la crisis del modelo de desarrollo tradicional de Panamá; la presión que los tiempos imponen a nuestro sistema institucional, y las crecientes tensiones sociales que resultan de todo ello. Operar en un entorno así demandará fortalecer la relación de la Ciudad con su propia sociedad, en general, y en particular con aquellas entidades no gubernamentales, sociales y empresariales más cercanas nuestra visión y nuestra misión, como es el caso de los Centros Regionales de Competitividad. Así encarado, el año 23 del siglo permitirá establecer con la claridad necesaria hacia dónde se encamina la Ciudad en su año 25. En lo que hace al mercado de servicios para la gestión del conocimiento, todo sugiere que tendrán especial importancia líneas de actividad vinculadas a las tecnologías de la información y las comunicaciones; la biomedicina y salud; la logística y las finanzas; el desarrollo social, en lo que va desde el emprendimiento hasta la formación de capacidades y de identidades; y el desarrollo del mercado global y glocal de servicios ambientales. En todos estos campos la Ciudad cuenta ya con asociados, capacidades y experiencias de gran valor.

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Tocará en el 2023 potenciar esos recursos, de modo que -actuando en conjunto con sus afiliados y sus asociados-, la Ciudad pueda se vea consolidada como un nodo glocal en la red global de servicios de gestón del conocimiento. En esa tarea, dsempeñará un importante papel la experiencia adquirida por la Ciudad en la gestión de su propio desarrollo durante un cuarto de siglo. Esa experiencia ganará en valor en la medida en que vaya siendo convertida en conocimiento aplicable a la solución de problemas y la ejecución de actividades de complejidad cada vez mayor. En particular, el conocimiento así forjado facilitará atender tres importantes tareas. Una consiste en sustentar nuestra visión, nuestra visión y nuestra estrategia de desarrollo en evidencias comprobables. Otra, en fortalecer nuestra capacidad para identificar, caracterizar y atender viejos y nuevos problemas en la gestión de los servicios que ofrecemos a nuestros clientes. Y la tercera, en la mejora constante de las capacidades técnicas y operativas de los colaboradores de la Ciudad. En esto convendrá tener presente que cuando la Ciudad fue concebida y creada, una parte muy importante de sus colaboradores actuales eran muy jóvenes, o no habían nacido aún. Así, el desarrollo de nuevas capacidades de trabajo se convertirá además en un elemento de orientación para incorporar al saber de la Ciudad el conocimiento producido por otras experiencias en otros tiempos y otros entornos. En suma, el entorno operativo del año 2023 presenta rasgos relevante de incertidumbre, volatilidad y riesgo. Al propio tiempo, la Ciudad cuenta hoy con la experiencia y las capacidades necesarias para asumir y manejar riesgos de nuevo tipo. Así las cosas, para la Ciudad será cada vez más importante utilizar el conocimiento adquirido en su desarrollo para formar las capacidades necesarias para operar con productividad y eficacia en un entorno de creciente complejidad, en el marco de las redes locales y glocales que le ofrecen sustento a su propio desarrollo.


La complejidad de los retos que la Ciudad enfrenta hoy es el producto de la de sus logros pasados. Estar a la altura de lo que hemos llegado a ser será la mejor garantía de que podamos manejar de manera innovadora una circunstancia en tantos sentidos inédita como la que hoy nos toca enfrentar. Confirmar, sin duda, es crear.

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Del círculo a la espiral

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stá en boga la propuesta de una economía circular que permita a la humanidad encarar los factores más amenazantes de la crisis que agobia sus relaciones con su entorno natural. Así, un documento de la Organización de las Naciones Unidad para el Desarrollo Industrial (ONUDI), tras plantear que el “modelo económico lineal”, basado en “tomar-hacer-desechar” es “despilfarrador, extractivista y responsable en gran medida del cambio climático y el agotamiento de los recursos”, señala la necesidad de pasar a un “nuevo modelo económico” que estimule el crecimiento económico y genere empleo sin comprometer al medio ambiente. Esto, se añade, proporcionaría “una piedra angular” para una recuperación económica resiliente y con bajas emisiones de carbono ante la crisis global que enfrentamos.145 Así presentada, la idea es atractiva para un mercado mundial que hoy demanda un modelo económico nuevo. Ese mercado ha conocido dos momentos fundamentales en su desarrollo de mediados del siglo XVII a nuestros días. Cada uno de ellos favoreció una gran expansión de la actividad económica, hasta alcanzar el límite de su capacidad para adaptarse a los nuevos desafíos que su propio éxito iba planteando. 145 Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial: “Un modelo económico que lleva al crecimiento y al empleo sin comprometer el medio ambiente.” https://news. un.org/es/story/2021/03/1490082

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El primer momento correspondió a la organización colonial del mercado mundial, entre mediados de los siglos XVI y XX, que tuvo su núcleo en el espacio Noratlántico. El monopolio de los recursos naturales y humanos de los mercados coloniales aseguró enormes ganancias a las potencias que controlaban esos espacios al amparo de una geocultura estructurada en torno a la disyuntiva entre civilización y barbarie. La Gran Guerra de 1914-1945 abrió paso a la formación de un sistema internacional integrado por Estados nacionales, cada uno de los cuales tutelaba y procuraba expandir su propio mercado. Cada una de esas economías nacionales buscó convertirse, al decir de Fernand Braudel, en “un espacio político transformado por el Estado, en razón de las necesidades e innovaciones de la vida material, en un espacio económico coherente, unificado y cuyas actividades pueden dirigirse juntas en una misma dirección.”146 La nueva organización se vio legitimada por una geocultura que enfatizaba la disyuntiva entre el desarrollo y el subdesarrollo. En ese marco, la enorme diversidad y la flexibilidad de ese sistema de economías nacionales vinculadas entre sí por relaciones de intercambio asimétrico – en las que la mayoría exportaba materias primas de bajo costo relativo a cambio de productos industriales de valor agregado mucho mayor - propició un crecimiento económico sostenido que demandó recursos y produjo desechos en una escala sin precedentes en la historia del mercado mundial. El impacto de ese crecimiento sobre la geocultura del sistema internacional se hizo sentir en tres momentos puntuales. El primero, en lo que fue de la publicación del informe Los Límites del Crecimiento, en 1968, a la I Conferencia Mundial sobre el Ambiente Humano, celebrada en 1972 en Estocolmo, Suecia. El segundo, entre la publicación del Informe Nuestro Futuro Común en 1987 – que introdujo al debate el concepto de desarrollo sostenible– y 146 La Dinámica del Capitalismo (1985: 107). Breviarios. Fondo de Cultura Económica, México.


la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en Río de Janeiro, Brasil, en 1992. Y de 1995 acá hemos ido ingresando en la suma de todos los miedos, por el camino que viene de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático sobre Cambio Climático (COP 1), celebrada aquel año en Berlín, a la COP 27, a celebrarse en Sharm-el-Sheik, Egipto, en noviembre de 2022. En el curso de ese proceso, adquirió una creciente relevancia el concepto de Antropoceno, propuesto en el año 2000 por Paul Crutzen, premio Nobel de Química. En lo esencial, ese concepto resalta el hecho de que el desarrollo tecnológico y las formas de producción y consumo dominantes en la geocultura del crecimiento sostenido han constituido una nueva era geológica en la historia de la Tierra. En la medida en que los cambios que viene generando el Antropoceno ponen en riesgo a la propia especie humana, se hace evidente la necesidad de encarar la crisis ambiental a escala planetaria y, de hecho, civilizatoria. Hoy, por ejemplo, más de la mitad de la población mundial reside en grandes centros urbanos dedicados a la producción masiva de bienes y servicios. Esos centros demandan alimentos, agua y energía procedentes de ecosistemas distantes, y requieren acceso a espacios cada vez mayores para depositar los desechos que producen. Así, la civilización que hemos creado se sostiene extrayendo recursos naturales que no repone, y devolviendo a la naturaleza desechos que ella debe asimilar como contaminantes. Ante ese panorama, la economía circular aporta una propuesta técnica para la reducción y control de la brecha metabólica a una escala superior a la de empresas y comunidades en particular. Constituye también un planteamiento teórico para evaluar la capacidad del mercado mundial para trascender la interdependencia asimétrica que ha sustentado su desarrollo desde el siglo XVI a nuestros días, en cuanto plantea el problema de llevar el mercado mundial en su conjunto a esa de circularidad.

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Como vimos, el concepto de economía circular surge de la crítica al carácter lineal de la economía realmente existente. Esa crítica nos remite al vínculo entre la aspiración a un desarrollo que sea sostenible, y el crecimiento sostenido que demanda la sostenibilidad de la economía realmente existente a escala mundial. Con ello, esa crítica abre paso al análisis de la contradicción entre la realidad entre ese crecimiento sostenido y la aspiración a la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana en el sistema Tierra. Este permite plantear un enfoque espiral de la economía, definido por tres elementos básicos. Uno es la flexibilidad de la espiral para ajustarse a las necesidades diversas y cambiantes de una economía que solo puede funcionar de manera adecuada a escala planetaria. Otro, su potencial para estimular la transformación de ventajas comparativas en competitivas en una perspectiva de sostenibilidad del desarrollo humano y, finalmente, su capacidad para vincular sociedades y economías diversas en una relación común de interdependencia virtuosa. Con todo, en el debate sobre nuestros problemas ambientales la línea y el círculo constituyen metáforas antes que realidades, pues en la naturaleza no existen ni líneas rectas ni círculos verdaderos. La espiral, en cambio, es una de las formas fundamentales en la organización del desarrollo de los procesos naturales. Desde la flexibilidad y la adaptabilidad de la espiral se hace más sencillo entender que si deseamos un ambiente distinto, tendremos que construir sociedades diferentes a las que han creado el ambiente que tenemos. Y, desde la visión de la Ciudad se hace evidente que identificar la diferencia a construir, y la manera más adecuada y viable para hacerlo es el gran desafío que nos plantea la necesidad de garantizar la sostenibilidad del desarrollo de nuestra propia especie, con todos, y para el bien de todos.


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8,000,000,000, y nadie sobra

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l próximo martes 15 de noviembre, habrá 8.000 millones de personas en la Tierra. Esto no significa que sean demasiados, pero debe llamarnos la atención que nunca hayamos sido tantos. En cualquier caso, para la demógrafa panameña Natalia Kanem, jefa del Fondo de Naciones para la Población, se trata de “un hito capital para la humanidad”, al tiempo que se alegra del aumento de la esperanza de vida y de la caída de la mortalidad infantil y materna. Aun así, dice, algunos se preocupan de que lleguemos a una situación de contradicción entre el número de personas y los recursos disponibles para sostenerla. Y agrega que “no debemos tener ‘miedo’ de la cantidad.”147

POBLACIÓN MUNDIAL (BILLONES)

En cualquier caso, siempre será útil examinar este tema en una perspectiva histórica, como la que nos presenta el siguiente gráfico:

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POBLACIÓN HUMANA: PASADO, PRESENTE Y FUTURO

8 7 6 5 4 3 2 1 0 1800

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1840

1860

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1900

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1980 2000 2020 2040 2060 2080 2100

AÑO

147 “La cifra se alcanzará el lunes 14 de noviembre. La población mundial llega a las 8 mil millones de personas” 8 de noviembre de 2022 / https://www.pagina12.com.ar/495671-lapoblacion-mundial-llega-a-las-8-mil-millones-de-personas?ampOptimize=1

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La humanidad que conocemos ha estado presente en la Tierra desde hace unos 100 mil años. Durante la mayor parte de ese tiempo, dependió de actividades de caza, pesca y recolección, y el número de sus integrantes creció con suma lentitud, debido a las altas tasas de mortalidad infantil y la limitada expectativa de vida al nacer. Hace unos 10 mil años, en las condiciones climáticas generadas por el fin de la última glaciación, los humanos iniciaron la transición hacia la agricultura, y hacia el año 500 su número parece haber alcanzado unos 500 millones. Ese crecimiento se intensificó con la formación del mercado mundial entre los siglos XVII y XIX. Hacia el año 1800, los humanos llegaron su primer billón; al segundo, a comienzos del siglo XX, y al tercero hacia la década de 1950. A partir de allí, ese proceso comenzó a acelerarse con la transición del mercado mundial a su actual organización internacional, y para el 2000 la Tierra albergaba ya unos 7000 millones de seres humanos. A este ritmo, para 2050 podríamos llegar a ser 9.700 millones en 2050, puesto que – dada la gran magnitud de la población joven - “la población seguiría creciendo, aunque en los países con mayor tasa de fecundidad ésta cayera a dos niños por mujer.” Al respecto, destaca el hecho de que al 2019 un 61% de la población mundial viviera en Asia (4.700 millones); un 17% en África (1.300 millones); un 10% en Europa (750 millones): un 8% en Latinoamérica y el Caribe (650 millones), y el 5% restante en América del Norte (370 millones) y Oceanía (43 millones).148 En breve, cuando ya éramos 7,813 millones, 6,693 millones (un 85%) habitaban territorios que habían sido colonias o semi colonias hasta la década de 1950, mientras los territorios que habían sido colonizadores contaban con 1,120 millones de habitantes, (15%) del total. Esta diferencia resalta el hecho de que, al pasar de la condición colonial o semicolonial a la de Estados nacionales, esos Estados habían obtenido en apenas medio siglo importantes logros en materia 148 https://population.un.org/wpp/Publications/Files/WPP2019_PressRelease_ES.pdf


de provisión de servicios de salud y educación básica, mientras ingresaban a una condición de crecimiento económico sostenido. Este crecimiento se ha producido en gran medida por el aumento del número de personas que sobreviven hasta llegar a la edad reproductiva y ha venido acompañado de grandes cambios en las tasas de fecundidad, lo que ha aumentado los procesos de urbanización y los movimientos migratorios. Por otra parte, la lentitud mayor de los cambios en la cultura y las mentalidades creaba una situación en la cual se proporcionaba más años y medios de vida a más personas, sin transformar al mismo ritmo conductas tradicionales, como la de tener un elevado número de hijos en previsión de que muchos de ellos morían antes de los cinco años en la condición de atraso colonial o semicolonial. Eso ayuda a explicar, por ejemplo, que la reducción de la mortalidad no tuviera un reflejo inmediato y directo en la fecundidad y la natalidad, como sí lo tienen el aumento en la educación y en el acceso al trabajo remunerado por parte de las mujeres, que ha constituido un importante factor de cambio social en países como especial claridad China, la India, Corea y Singapur. Lo importante, en todo caso, es que aquí no sobra nadie. Como decía la Dra. Carmen Miró, no hay problemas de población, sino grupos de población con problemas de acceso a la salud, la educación, el empleo y la energía en todas las sociedades del planeta. La solución a esos problemas es un factor clave para avanzar hacia la sostenibilidad del desarrollo humano. Y esto no consiste tanto en preservar el ayer, sino y sobre todo en construir el mañana. Sabemos que, en las condiciones de crisis general del sistema internacional que tenemos hoy, esos problemas tenderán a agudizarse y a generar otros, como el de la masificación de las migraciones generadas por la pobreza, los conflictos sociales y el deterioro ambiental. Tenemos la tarea, todos, de participar en la transición a sistema mundial nuevo, capaz de resolver mediante el desarrollo de las

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capacidades humanas para la convivencia armónica de sus integrantes entre sí y con su entorno natural, garantice la sostenibilidad del desarrollo humano. Y en esa tarea habrá un lugar para cada uno de los integrantes de nuestra especie.

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Ciudad, ciencias y ambiente “[Emerson] ve que la naturaleza influye en el hombre, y que éste hace a la naturaleza alegre, o triste, o elocuente, o muda, o ausente, o presente, a su capricho. Ve la idea humana señora de la materia universal. Ve que la hermosura física vigoriza y dispone el espíritu del hombre a la hermosura moral. Ve que el espíritu desolado juzga el Universo desolado. Ve que el espectáculo de la naturaleza inspira fe, amor y respeto. Siente que el Universo que se niega a responder al hombre en fórmulas, le responde inspirándole sentimiento que calman sus ansias, y le permiten vivir fuerte, orgulloso y alegre.” José Martí, 1882149

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penas había pasado un año de la I Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático – celebrada en Berlín en 1995 – cuando el historiador norteamericano Donald Worster publicó en la revista Environment and History su artículo “De nuevo las dos culturas: la historia ambiental y las ciencias ambientales.”150 Allí hacía referencia al libro Las Dos Culturas y la Revolución Científica, publicado en 1959, en cual el físico y novelista inglés C. P. Snow describía la vida académica moderna dividida por “un golfo de mutua 149 “Emerson”. La Opinión Nacional, Caracas, 19 de mayo de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. XIII, 23 – 24. 150 “The Two Cultures Revisited: Environmental History and the Environmental Sciences”. Environment and History 2 (1996), 3 – 14. The White Horse Press, Cambridge, UK. Traducción de Guillermo Castro H.


incomprensión” entre humanistas y científicos, cuyas actitudes – decía- “son tan diferentes que, incluso en el nivel de las emociones, les resulta imposible encontrar mucho terreno común.”151 Para Worster, la crisis ambiental que ya en 1996 encaraba la humanidad proporcionaba ese terreno común, en el que coexistían dos factores. Uno era la extinción en curso de millones de especies de plantas y animales, y el colapso de miles de ecosistemas; el otro, la creciente amenaza a la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana en el mediano y (ojalá) el largo plazo. El impacto cultural combinado de esos factores, agregaba, permitía abrir “una pequeña brecha a través de la muralla” que separaba las ciencias de lo natural y las de lo humano. Desde esa brecha, los humanistas podían concebir el pasado “como una serie de intercambios ecológicos que han tenido lugar entre las comunidades humanas y sus entornos - el mundo material, y real, de objetos que no hemos inventado, pero que inciden constantemente sobre nuestra vida cultural.” De este modo, las ciencias naturales “- en particular aquellas de orientación ambiental, como la ecología y la climatología - han abierto a los historiadores una agenda de investigación nueva y vasta, de enorme relevancia para nuestros problemas globales del presente.” Y esto, a su vez, ayudaba a los historiadores “apreciar el significado de las fuerzas, procesos y seres materiales autónomos a las que llamamos ‘naturaleza’” y, con ello, abordar el estudio del pasado desde una perspectiva “más completa y realista.” Por su parte, decía Worster, las ciencias de lo humano - y en particular la historia ambiental -, podían aportar importantes elementos de renovación a las ciencias naturales. Así, por ejemplo, facilitaban a los científicos reconocer “que la naturaleza que describen 151 C.P. Snow: The Two Cultures and the Scientific Revolution. New York: Cambridge University Press, 1963, pp. 4 - 5.

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en sus libros de texto con frecuencia tiene un aspecto irreal y arbitrario a los ojos del historiador”, en la medida en que tal naturaleza “carece de toda conexión con la historia humana y todas sus contingencias, accidentes, ciclos, ideas y fuerzas sociales.” De hecho, añadía Worster, “los humanos han venido interactuando con la naturaleza durante un largo período de tiempo, de al menos dos millones de años - hay quienes dirían cuatro millones - y que, en este sentido, lo que entendemos por naturaleza es, en alguna medida, un resultado de la historia.” Así, los humanistas esperan hoy que los científicos “reconozcan que sus ideas acerca de la naturaleza […] son en alguna medida resultado de las culturas en que han surgido. Las ideas sobre la naturaleza tienen una historia, vinculada de manera inextricable a la historia de la cultura, sea económica, estética o política.” Por esta vía, Worster planteó de manera innovadora la relación entre ambos campos del saber, señalando que los científicos necesitan de los historiadores ambientales para dar respuesta a una pregunta de importancia decisiva en el plano de la acción social: “¿por qué nos encontramos en una situación de crisis con el ambiente global?” Los científicos, añadía, “han descrito esa crisis con impresionante precisión” y sin embargo “no pueden explicarnos por qué tenemos” las sociedades que han generado el problema, “o de dónde han surgido, o cuáles son las fuerzas morales que las han creado.” Todas esas preguntas, como todas sus respuestas, tienen raíces en la cultura. Las ciencias naturales, en esta perspectiva, se benefician de la colaboración con las ciencias de lo humano en cuanto esas raíces “no se encuentran en la naturaleza que los científicos estudian, sino en la naturaleza humana y, en particular, en la cultura humana a cuyo estudio se dedican los historiadores y otros humanistas.” Para Worster – un humanista formado en la cultura de la naturaleza cuyos fundamentos fueron forjados por pensadores como Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson - la crisis global que enfrentamos hoy “no tiene su origen en el funcionamiento de los ecosistemas en


un estado de naturaleza, sino más bien en el modo en que funcionan nuestros sistemas éticos.” Por lo mismo, para enfrentarla – además de entender “la reorganización que hemos hecho de la naturaleza de la manera más precisa posible” – será necesario, sobre todo entender los sistemas éticos que han orientado esa reorganización, y utilizar ese conocimiento para reformarlos. Los historiadores, junto con los humanistas, antropólogos y filósofos, no pueden llevar a cabo esa reforma, por supuesto, pero sí están en capacidad de contribuir al conocimiento de las causas que la requieren. El estudio de la evolución de las visiones de mundo que sustentan nuestras relaciones con la naturaleza, dice Worster, es en primer término una tarea de las humanidades, “con toda su experiencia, sus métodos, y sus tradiciones”. Esta tarea es tanto más compleja porque hoy resulta “más difícil de lo que pensábamos aislar a la naturaleza de la cultura, y viceversa”, pues ambos campos “se encuentran vinculados por lazos inagotables de intercambios, interacciones y significados, de modo que constantemente colapsan el uno sobre el otro.” Esto hace tanto más importante la creación de sistemas de gestión del conocimiento que demanda la crisis ambiental que sean capaces de llevar a cabo su labor de manera realmente integral. Esa integralidad – para serlo - no se agota en lo relativo a la colaboración entre las entidades científicas, empresariales, académicas y sociales que el sistema vincula. Además, se extiende a los vínculos del sistema con la sociedad en que opera, y de la que a fin de cuentas depende su existencia. Cultura, conocimiento y sociedad expresan a comunidades humanas que “no han sido meros resultados del clima, o del suelo, la enfermedad, los ecosistemas, o de la abundancia o la escasez de recursos naturales”, sino que también son el producto “de ideas, sueños, y de sistemas éticos.” Es en estos sistemas éticos, concluía Worster un cuarto de siglo atrás “donde radican las fuerzas que explican cómo y por qué nosotros, los humanos, hemos llegado a desencuentros tan dañinos con el resto

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de la naturaleza con tanta frecuencia en el pasado, y de manera tan generalizada en el presente.” Necesitamos, en verdad, promover una innovación que estimule el cambio social, y contribuya a formar y fortalecer sistemas éticos que nos lleven a trabajar con la naturaleza y no contra ella, para abrir paso a sociedades que sean sostenibles por la prosperidad equitativa y la cultura democrática que los anime. Tal es el camino de la Ciudad en el tiempo y el lugar que comparte con su gente.


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2023 “Tal es ya uno de los aportes de la Ciudad al cambio cultural que abre paso al cambio social necesario para encarar los desafíos que la crisis socioambiental plantea a la Humanidad entera. El tiempo dirá por cuántos senderos caminan otros innovadores hacia ese mismo saber hacer, que ganará en riqueza y eficacia con cada encuentro de los caminantes. Patria, en verdad, es Humanidad.” “Saber hacer”, 18 de agosto de 2023.

27 DE ENERO DE 2023

La Ciudad en la crisis global

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a semana pasada concluyó en Davos, Suiza, la reunión anual del Foro Económico Mundial, dedicada en esta ocasión al tema de “Cooperación en un mundo fragmentado”. 2700 líderes de 130 países, incluidos 52 jefes de estado/gobierno, discutieron allí sobre el origen, las tendencias de desarrollo y los riesgos que plantea una gama de situaciones de crisis.

Así lo planteó Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro, en su intervención inaugural, al señalar que se está en la presencia de “múltiples fuerzas políticas, económicas y sociales que crean una mayor fragmentación a nivel mundial y nacional”. Esto, dijo, requiere abordar las causas fundamentales de esta erosión de la confianza para “reforzar la cooperación entre el gobierno y los sectores empresariales, creando las condiciones para una recuperación sólida y duradera”, reconociendo “que

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el desarrollo económico debe ser más resistente, más sostenible y que nadie debe quedarse atrás.”152 Lo debatido en Davos tendrá sin duda amplia divulgación a lo largo de los próximos meses. Sus aciertos y desaciertos, por otra parte, estarán determinados en buena medida por el que muestren algunas tendencias identificadas por expertos consultados por el propio Foro. Para Azeem Azhar, Director Ejecutivo de la consultora Exponential View, “2023 será un año de incertidumbre y variabilidad asombrosa” a medida que los mercados ajusten “su apetito por el riesgo”. Al respecto, dijo, Las tecnologías de punta, como la inteligencia artificial, la electrificación renovable y la tecnología profunda brindarán oportunidades para la investigación y el desarrollo, la innovación y el despliegue a escala, así como beneficios a gran escala para la productividad, precios más bajos y descarbonización. Todas estas áreas, agregó, “enfrentan riesgos significativos, muchos de los cuales se cruzan con la fricción geopolítica y la volatilidad macroeconómica que forma el telón de fondo.” Esto llevará a que los gobiernos desarrollen mayores iniciativas en la dirección de sus economías y el fomento de nuevas alianzas”, incluyendo un mayor compromiso con sus propios ciudadanos en una circunstancia de “una oferta de capital más ajustada, una menor tolerancia al riesgo y noticias económicas pálidas o negativas”. Todo ello, dijo, definirá la “línea base sombría” que acompañará el desempeño de la economía. Por su parte Amy Webb, Directora Ejecutiva del Future Today Institute, resaltó el papel del cambio tecnológico en ese desempeño del sistema mundial. Se acerca, dijo, “el día en que las computadoras cuánticas rompan nuestra tecnología actual”, añadiendo que la bioingeniería ya es la próxima “tecnología de propósito general”, con el potencial “de influir en toda una economía y alterar la sociedad a través de estructuras políticas, económicas y sociales.” 152 https://www.weforum.org/stories/2023/01/experts-at-davos-share-whats-on-the-horizonfor-2023/


En este marco, añadió, continúa deteriorándose la confianza en las instituciones que hemos heredado del pasado cercano, incluyendo en ellas al sector financiero. Con ello, se crea una circunstancia en la cual las computadoras cuánticas “transformarán los negocios, permitiendo simulaciones financieras y de riesgo en tiempo real, nuevas estrategias de inversión y mejores conocimientos”, mientras en el campo de la investigación científica permitirán a los investigadores “resolver desafíos complejos de larga data”, así como “el descubrimiento rápido de fármacos.” En una circunstancia de riesgo geopolítico global, además, esas nuevas capacidades tecnológicas “representan tanto una gran oportunidad como un enorme riesgo en lo que respecta a la seguridad nacional”. En esa perspectiva, Oleksandra Matviichuk, Premio Nobel de la Paz 2022, considera que estamos ingresando en una circunstancia en la cual incluso “en las democracias desarrolladas, las fuerzas que cuestionan los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos están en aumento”. Esto, señala, demanda proteger los valores de la civilización moderna. Al respecto, dice Matviichuk, existe un vínculo indisoluble entre la paz, el progreso y los derechos humanos en todo el sistema mundial. Esto requiere que el mundo responda “adecuadamente a las violaciones sistémicas”, entendiendo que al adoptar decisiones políticas “los derechos humanos deben ser tan importantes como los beneficios económicos o la seguridad”, incluyendo en este enfoque a la política exterior. Esa crisis de valores, por otra parte, se vincula con la que emerge del creciente deterioro del ambiente global. En este plano, Johan Rockström, Director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, plantea la necesidad urgente de establecer “objetivos basados en la ciencia para todos los límites planetarios” con el fin de “evitar impactos en cascada de elementos de inflexión interconectados.” Mientras se incrementan las dificultades para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el mundo avanza “en un camino catastrófico hacia un calentamiento de más de 2,5 °C en el año 2100.” Al

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respecto, añade, hemos ingresado ya “al reino de la adicionalidad,” donde todo tiende a “(1) escalar rápidamente y muchas veces ser exponencial y (2) ocurrir simultáneamente.” Y esto incluye demanda “abandonar los combustibles fósiles, transformar la agricultura de fuente a sumidero, salvaguardar los sumideros de carbono en la naturaleza y escalar las tecnologías de eliminación de dióxido de carbono”. Por su parte, Magdalena Skipper, editora en jefe de la revista Nature, plantea que, tal como ocurre con el sector empresarial, “la ciencia como empresa es más eficaz cuando se le permite elevarse por encima de las limitaciones geopolíticas.” Al respecto, dice, en un mundo cada vez más dividido “hay un enfoque renovado en el papel de la ciencia en la diplomacia.” Y añade: Con el aumento de las tensiones políticas en todo el mundo, existe una oportunidad para que la comunidad de ciencia e innovación se una a la comunidad empresarial para buscar formas de salvar las divisiones políticas. Para Skipper, el creciente desarrollo de la Inteligencia Artificial como recurso para manejar “una cantidad y complejidad cada vez mayor de información y datos,” plantea ya la posibilidad de “comprender, sintetizar y priorizar problemas y soluciones en prácticamente todos los sectores de la vida.” Esto, en particular, abre posibilidades inéditas para vincular entre sí a los líderes empresariales y políticos con los de investigación e innovación, y con la sociedad en general, “para acordar principios éticos, rendición de cuentas y responsabilidad para las soluciones impulsadas”. Así, por ejemplo, esto permitiría aprovechar las lecciones que ofrece el sector biomédico, donde “el hecho de que algo sea técnicamente factible no significa que necesariamente deba perseguirse”. En este balance general de riesgos y tendencias, la situación de los océanos emerge como otro campo de prioridad que demanda atención. Al respecto, Jim Leape, codirector del Centro Stanford para Soluciones Oceánicas, señala que el creciente número


de satélites y sensores en el agua, por poner solo dos ejemplos, ha transformado nuestra capacidad para comprender los océanos y monitorear y administrar las condiciones del océano, como las olas de calor y las mareas rojas, y las actividades humanas, como el transporte marítimo y la pesca. Este flujo de información ha estimulado el desarrollo de una comunidad global de innovadores, que está generando nuevas formas de aprovechar la explosión de datos de satélites y sensores oceánicos, aprovechar el poder de la tecnología de ADN y desarrollar nuevas herramientas para permitir que las empresas aborden la pesca ilegal y la esclavitud en sus cadenas de suministro, para permitir que las comunidades pesqueras en pequeña escala construyan economías prósperas, midan y vendan el carbono azul. En este campo, además, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, que busca proteger el 30 % de los océanos, proporciona un nuevo impulso para la acción. La importancia de esto no puede ser subestimada. Los océanos cubren el 70% del planeta y en su interacción con la atmósfera inciden de manera decisiva en la variabilidad climática, además de proporcionar cerca del 15% del consumo mundial de proteínas de origen animal.153 Incidir en su protección y el aprovechamiento sostenible de sus recursos constituye ya, de hecho, una tarea de primer orden, en la que se combinan la innovación para el cambio social con los aportes de la ciencia y la tecnología a los más diversos niveles imaginables. Como vemos, las principales tendencias de riesgo y oportunidad que nos revela este abordaje de la crisis global se ubican en la innovación en los sectores financiero, biotecnológico, de tecnologías de la información y la comunicación, y de servicios ambientales. Para la Ciudad, esto 153 https://www.fao.org/4/Y7300S/y7300s05.htm

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constituye un valioso indicador para valorar las oportunidades que el entorno operativo global le ofrece a la red de gestión del conocimiento al servicio de la innovación para el cambio social que ha venido creando del año 2000 a nuestros días. La Ciudad ha sabido labrarse su lugar en el mundo. Eso se aprecia en el hecho de que su red de gestión abarca ya múltiples entidades vinculadas a cada uno de esos sectores. Hoy, la Ciudad puede contribuir en la tarea de trascender las causas de origen de los problemas que enfrenta, ejerciendo su misión en la perspectiva que le señala su visión, y demostrando más allá de toda duda que hacer es la mejor forma de decir.

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Sostenible por lo humano “Ciencia y literatura han de copiar a la naturaleza en la que lo útil va siempre acompañado de lo trascendental. Ha de tenderse a desenvolver todo el hombre, y no un lado del hombre. […] Y quien lo hace, ahorra tiempo, desbroza el juicio, fertiliza la mente, la deja limpia y preparada, con más seguro conocimiento de la importancia de las cosas, a mayor obra.” José Martí154

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l mundo atraviesa por una situación singular. Por un lado, encara un crecimiento económico incierto. Por otro, enfrenta una degradación constante de las condiciones naturales que son indispensables para el funcionamiento de una economía sana y próspera, mientras persiste una creciente inequidad que amenaza de múltiples maneras la convivencia social. 154 “Invento muy útil”. La América, Nueva York, agosto de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII, 407 – 408.


Con todo, hay cambios en curso. Los sectores de alta tecnología que han impulsado el crecimiento económico en la transición del siglo XX al XXI, por ejemplo, han llegado a un nivel de desarrollo que les permite – si es que no les exige – reducir en una medida sin precedentes su fuerza laboral. Al propio tiempo, sectores que antes casi no figuraban en el imaginario colectivo empiezan a ganar en importancia, revelando opciones aún por explorar en la atención a los problemas de nuestro tiempo. Ese es el caso, por ejemplo, de los llamados “empleos verdes”: aquellos dedicados a lo que en su momento el economista norteamericano James O’Connor llamó “la producción de las condiciones naturales de producción”.155 El punto de partida, aquí, está en que se va haciendo cada vez más evidente que toda actividad humana – productiva, recreativa, espiritual - depende, directa o indirectamente, de las relaciones que mantiene con la naturaleza la sociedad en que ella tiene lugar. En términos más puntuales, esa dependencia se expresa en la oferta de condiciones naturales que son imprescindibles para la actividad humana. El suelo, el agua, los bosques, la biodiversidad, el aire limpio: estas son algunas de esas condiciones sin las cuales se hace insostenible el desarrollo humano. En las sociedades contemporáneas, que en los últimos cien años han producido más bienes – y más desechos – que, en los cien mil años anteriores, esas condiciones adquieren tal importancia que deben ser producidas, bien por el Estado -a través de la regulación y el control de las relaciones con el entorno natural -, o por empresas especializadas. Al propio tiempo, en la medida en que el desarrollo económico adquiere formas cada vez más complejas, su interacción con el medio ambiente se intensifica, y esto da lugar a la necesidad de gestionar esas relaciones con el entorno ambiental al interior de cada empresa y de toda actividad económica. 155 “The conditions of production and the production of conditions”. Natural Causes. Essays in ecological Marxism. The Guilford Press, New York London, 1998. Traducción de Guillermo Castro H., Panamá, 2000.

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La gestión de esas relaciones requiere trabajadores con habilidades para la gestión ambiental, los cuales van ganando presencia “en una amplia gama de sectores, desde el cuidado de la salud hasta la construcción”, como nos dice en un artículo Victoria Masterson, una experta en el tema.156 En los países de mayor desarrollo, esos empleos han crecido casi un 40% en los últimos años, y “la demanda de talento verde ya está superando la oferta.” El Informe Global Green Skills 2022 de LinkedIn, por ejemplo, señala que la proporción de “talento verde” en la fuerza laboral “ha aumentado en más del 38 % desde 2015”, en ámbitos que van desde la gerencia de transportes hasta las de servicios técnicos y de ventas. Al respecto, dice Masterson, “el número de puestos de trabajo en energías renovables y medio ambiente en Estados Unidos ha aumentado un 237 % en los últimos cinco años. En contraste, los trabajos de petróleo y gas solo han crecido un 19%.” No es de extrañar, en este sentido, el creciente interés de los trabajadores de todos los niveles de educación en desarrollar sus capacidades para la gestión ambiental en sus campos de trabajo. Como era de esperar, ese interés ha aumentado con mayor rapidez inicial “entre quienes tienen una licenciatura o un título superior”. En ese sector, la proporción de “talento verde” creció a una media del 11% anual entre 2015 y 2021, frente al 9% del resto de los trabajadores. Este proceso también está ganando impulso en las principales economías del mundo en desarrollo, en unos casos por las crecientes regulaciones ambientales en el mercado global; en otro por el peso político que van ganando los movimientos sociales de carácter ambiental. En Brasil, por ejemplo, “el 20% de las empresas emergentes tienen trabajadores con habilidades verdes”, por encima del promedio mundial, que está en el 18%. En la India, “dos de cada 100 emprendedores” tienen una capacidad elevada en tareas de gestión 156 Masterson, Victoria: “Formación de capacidades para los empleos verdes del futuro” https://www.weforum.org/stories/2022/03/green-skills-for-future-jobs/


ambiental, debido en parte, dice Masterson, a “las mejores escuelas de negocios, que ofrecen programas de Maestría en Administración de Empresas (MBA) en carreras sostenibles.” No es de extrañar, así, que un creciente número de organismos y organizaciones del sistema mundial sugieran a quienes formulan políticas públicas, a los directores de grandes empresas y a los líderes de entidades representativas de la fuerza laboral global, que promuevan el desarrollo de capacidades para la gestión ambiental en todos los grupos de trabajadores. Al respecto, se sugiere que las empresas apoyen el desarrollo de esas capacidades de gestión en la capacitación de su fuerza laboral, y que los trabajadores presten atención a la creciente demanda de capacidades en ese campo. Así, por ejemplo, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha resaltado la necesidad de desarrollar “una fuerza laboral adecuadamente capacitada para la economía verde”, que abarca el creciente número de actividades y empresas dedicadas a la producción de condiciones naturales de producción. Al respecto, el PNUMA plantea que esa economía verde demandará capacidades cada vez mayores en campos como la ciencia, la arquitectura, la planificación, la agricultura y el derecho ambiental. Todo esto, por otra parte, no se reduce a la mera adquisición de nuevas capacidades técnicas. Incluye, además, la formación de capacidades del saber y la innovación vinculadas al pensamiento crítico, la resolución de problemas y la autogestión de procesos de cambio organizacional. Se trata, en otros términos, de un cambio cultural que se expresa en una educación innovadora, correspondiente a lo que empieza a ser llamado una “civilización ecológica”.157 Estas capacidades, en efecto, son indispensables para concebir y generar procesos de mediana y larga duración, que vinculen de manera 157 Al respecto, por ejemplo, Worster, Donald (2022): “Ecological civilization”. Springs. The Rachel Carson Center Review, 2022-2. https://springs-rcc.org/wp-content/ uploads/2022/12/Worster_Ecological-Civilization_Springs_2022_2-1.pdf

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mutuamente sostenible los ritmos y los límites de la naturaleza y los de la actividad productiva. Tal es el caso, por ejemplo, de las relaciones entre una cooperativa campesina dedicada a la producción de árboles para reforestación, y una gran empresa agroindustrial. Aquí, el objetivo no se limita a la siembra de árboles jóvenes en tierras degradadas. Se trata de algo mucho más complejo, que va desde la selección y cuidado de las especies más adecuadas para la restauración de un ecosistema degradado, para recuperar capacidades perdidas en materia de captación de agua, renovación de la biodiversidad, formación de suelos y captura de carbono, hasta el cuidado que demanda el desarrollo del ecosistema nuevo. Así, lo que la empresa compra a la cooperativa no es una cantidad determinada de plantones, sino los servicios necesarios para llegar a obtener un bosque sano, que ofrezca servicios ambientales necesarios para otras actividades productivas. En el fondo, el problema es sencillo: se trata de pasar del trabajo contra la naturaleza al trabajo con ella. Ese paso, sin embargo, es muy complejo. Durante siglos, la especie humana ha utilizado a su entorno natural como una fuente de recursos y un vertedero de recursos, hasta llegar a un punto en que el ecosistema global – la biosfera – está perdiendo su capacidad para sostener esa relación con nuestra especie. Los que tenemos la capacidad de comprender y cambiar somos nosotros. De hecho, el creciente peso de la economía verde, y el estímulo cada vez mayor que ofrece a la innovación tecnológica, hacen parte de ese proceso de comprensión y cambio. Ese proceso se ve favorecido cuando la innovación se vincula al cambio social necesario para estimular y facilitar, por ejemplo, el paso de una economía lineal – que extrae, utiliza y descarta – a una circular, basada en energías renovables, en la ampliación constante de las condiciones naturales de producción, y en el trabajo con la naturaleza y no contra ella. Ese vínculo, en efecto, se sustenta en una verdad más profunda. La vida misma nos lleva a entender hoy que, siendo el ambiente el producto de las relaciones que nuestra sociedad mantiene con la


naturaleza, si deseamos un ambiente distinto tendremos que crear una sociedad diferente. A eso apunta la visión de la Ciudad porque, en verdad, el desarrollo será sostenible por lo humano que llegue a ser.

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La Ciudad en el tiempo que viene “Somos el producto de todas las civilizaciones humanas, puesto a vivir, con malestar y náusea consiguientes, en una civilización rudimentaria. El choque es enorme; y nuestra tarea es equilibrar los elementos.” José Martí, 1885158

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n medio de las tensiones y azares de estos tiempos de cambio y transición, el historiador ambiental Donald Worster, viejo amigo de la Ciudad, nos ofrece un breve artículo titulado “La Civilización Ecológica”.159 Allí reafirma su compromiso con la búsqueda de un sentido moral en el devenir de la historia, que facilite el paso de nuestra especie a un desarrollo que sea sostenible por lo humano que llegue a ser, proponiendo asumir la transición que vivimos como una oportunidad para avanzar hacia una civilización que trascienda la razón absoluta del crecimiento económico y pueda ser orientada “por el altruismo, la razón y el conocimiento.” La posibilidad de esta civilización ecológica dice, “surge de las ciencias naturales”, cuya preeminencia – y en particular la de esa ciencia de ciencias que es la ecología – debe animar toda discusión 158 “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 24 de julio de 1885. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. X, 261. 159 https://springs-rcc.org/wp-content/uploads/2022/12/Worster_Ecological-Civilization_ Springs_2022_2-1.pdf Traducción de Guillermo Castro H. gcastro@cdspanama.org

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seria sobre el vínculo entre las formas de vida social de los humanos en nuestro tiempo en su relación con “los problemas de la Tierra.” Tal civilización, añade, enfatiza “la ecosfera, busca conocimiento sobre todos los ecosistemas y especies en la Tierra, y educa en la responsabilidad hacia estos”, a partir de un imaginario de “progreso científico y tecnológico” que procura “el bien común.”160 La civilización ecológica ha sido muy debatida en China, donde Worster impartió durante años un curso especial de historia ambiental en la Universidad de Renmin, en Beijing, tras retirarse de la vida académica en la Universidad de Kansas. Al respecto, dice, si bien el imaginario de la eco-civilización es Occidental en su origen, China “cuenta con sus propios recursos en filosofía, poesía, ciencia y capacidades técnicas con los cuales producir un nuevo imaginario de carácter chino.” En Occidente, dice, desde mediados de la década de 1950 se hizo sentir “una creciente preocupación en torno a la dirección asumida por el mundo, y en particular la modernidad experimentada en Europa y los Estados Unidos.” Los intelectuales vinculados a esa preocupación – desde filósofos como Anna Harendt hasta biólogas como Rachel Carson – Temían que la civilización se encontrara atrapada en un remolino de tecnología, que deshumanizaría y envenenaría a la Tierra. Dos guerras mundiales, la bomba atómica, el invento de los aeroplanos y los automóviles, el crecimiento demográfico, el cambio climático y los signos de una degradación planetaria, y no solo nacional, los hacía temer cada vez más por el futuro. Para la década de 1960, esas preocupaciones dieron lugar a la conformación de una “contracultura”, que identificó a su adversario en “La Máquina”, esto es, “el aparato tecno -social creado por el cerebro humano para satisfacer las necesidades y los apetitos humanos”, núcleo de 160 “Los imaginarios”, añade, “son respuestas culturales a eventos materiales que ocurren en nuestro entorno: en este caso, cambios ocasionados por el número y los apetitos de los humanos que están alterando el clima y otros sistemas terrestres.”


una civilización tecnológica de alcance global “capaz de enfermar a todos los pueblos y a la Tierra.” Por su parte, añade, en 2017 el Presidente Xi Jinping planteó la necesidad de construir “la civilización ecológica,” y sostener al propio tiempo “el desarrollo nacional de China.” Al respecto, dijo, era necesario reconocer que las aguas transparentes y las montañas frondosas son bienes invaluables . . . y [debemos] valorar el ambiente tanto como valoramos nuestras propias vidas. Adoptaremos un enfoque integral para la conservación de nuestras montañas, ríos, bosques, tierras agrícolas, lagos y pastizales, poniendo en vigor los más estrictos sistemas posibles para la protección ambiental, y desarrollaremos modelos de crecimientos y formas de vida amistosos con el ambiente. Con ese propósito, añadió, era necesaria una civilización que no se encaminara a la acumulación incesante de riqueza, sino a una “prosperidad moderada.” A partir de allí, la construcción de la civilización ecológica pasó a formar parte de la Constitución de China, “única nación que hasta ahora se ha comprometido con una forma radicalmente nueva de civilización.” Para el sociólogo John Bellamy Foster, por su parte, el concepto de civilización ecológica que se está aplicando hoy en China es “nuevo, revolucionario y transformador”. Allí, esa civilización es entendida a partir de la incorporación “de los dominios de la política y la cultura” a la tríada economía, sociedad y ambiente usualmente asociada a la noción de desarrollo sostenible en Occidente. Así planteada, dice Foster, la civilización ecológica busca “el desarrollo humano sostenible, dando más importancia a la definición no económica del bienestar y poniendo la política al frente”, en términos que no dejan de recordar al Sumak Kaw’say – el “vivir bien”- de los pueblos originarios de los Andes.161 161 Foster, John Bellamy (2022): “Civilización ecológica, revolución ecológica” / ALAI 15 de octubre de 2022 https://www.alai.info/civilizacion-ecologica-revolucion-ecologica/

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Desde su propia perspectiva, Worster enfatiza el hecho de que toda nación tiene el derecho de definir el significado de esa civilización, y ninguna puede constituirse en un modelo para todas las demás. En este siglo XXI, añade, hemos venido todos a ser parte de una totalidad interdependiente, vecinos en un planeta común. Por lo mismo, si se trata de buscar una civilización nueva y mejor, tendremos que hacerlo en todas partes, o no hacerlo. De otro modo, podríamos perder más que nuestra soberanía nacional: podríamos perder nuestro soporte vital. Esta interdependencia requiere que todos, incluyendo a China, comprendamos a cabalidad el origen y el contenido de las ideas de la Civilización Ecológica. La evolución de la vida ha sido en primer término y ante todo un proceso material. Sin embargo, “en la medida en que el conocimiento de esa evolución se ha acumulado en los últimos siglos, la responsabilidad moral debe ampliarse de igual manera”, pues hemos llegado al punto en que todos debemos entender y practicar una ética planetaria. Esta perspectiva permite destacar la importancia de las enseñanzas que aporta a la humanidad la historia ambiental de China – que también incluye algunas actitudes críticas en relación con la tecnología y el abuso de la naturaleza. El historiador Wang Lihua – si bien admite que esas enseñanzas podrían haber sido ignoradas en el pasado por la gente común y sus dirigentes, “un error del cual sin duda somos capaces nosotros también”señala que tanto China como Occidente han tenido muchos buenos maestros que aportaron diversas tradiciones filosóficas y morales complejas de las que ambos pueden aprender. Así, Wang señala que durante las dinastías Tang y Songi (628–1279 CE) China vio florecer una poesía y una pintura naturalistas, mucho antes de que algo similar ocurriera en Occidente, y que aun antes, durante el periodo de los Reinos Combatientes (476–221 BCE), se produjo un giro similar de celebración de la naturaleza.


Por su parte, añade Worster, Confucio “enseñó a los chinos, y en especial a sus dirigentes, a practicar una responsabilidad moral más amplia”, y se pregunta si la humanidad podría asumir hoy una responsabilidad moral por esta Tierra sobre la cual ejercemos el poder de La Máquina. En cada nación “han tenido lugar poderosas presiones, demandas biológicas profundas y necesidades humanas insaciables que nos han presionado, y estas, más que la filosofía y la poesía, han determinado usualmente la historia.” La civilización, dice Worster, siempre ha ofrecido un sueño de estabilidad y seguridad, pero también nos ha llevado a la posibilidad de una nueva ética de coexistencia, ofreciéndonos el conocimiento para ejercerla, y planteando nuevas preguntas sobre los fines de la vida humana. Para esto es indispensable que cada una de las partes se familiarice con las visiones y aspiraciones de las demás. China debe comprender mejor la cultura ambiental de Occidente, que incluye diagnósticos tan penetrantes sobre la moderna civilización tecnológica. Occidente, a su vez, debería familiarizarse más con las tradiciones chinas de responsabilidad moral y respeto. Todas las civilizaciones del mundo, concluye, necesitan toda la ayuda que puedan conseguir. En nuestra América también tenemos mucho que ofrecer, en campos que van desde la moderna agroecología hasta saberes que se remontan al menos a unos 15 mil años anteriores a la conquista europea. Hemos sido un vasto espacio para el encuentro de culturas. Bien podremos serlo para participar en la creación de la nueva civilización que reclama nuestro tiempo. De eso hacen parte, también, la visión y la misión de la Ciudad.

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Ciudad del Saber: Futuro en curso “el mundo es un templo hermoso, donde caben en paz los hombres todos de la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y peleado por ser libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento.” José Martí, 1889.162 Para Richard Cooke, que nos ayudó a comprender la profundidad y la riqueza de las raíces que nos sostienen.

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urante un cuarto de siglo, la Ciudad del Saber ha cumplido la misión de transformar una instalación militar en un centro de desarrollo científico, tecnológico, cultural y educativo, en el cual se promueven la innovación y el emprendimiento. Esto ha sido hecho a partir de una visión que fomenta la prosperidad inclusiva, la sostenibilidad y la democracia.

Esa visión, además, se ha visto plasmada en la misión de vincular entre sí a la innovación y el cambio social, aprovechando los aportes de la ciencia, la tecnología y la empresa. En el cumplimiento de esa misión, la Ciudad del Saber ha contribuido a ampliar las relaciones de cooperación de Panamá con entidades afines en todo el mundo. Esos logros se han sustentado en el compromiso entre la Ciudad del Saber y su sociedad. La Ciudad, en efecto, está gestionada por la Fundación Ciudad del Saber, una entidad privada sin fines de lucro. Tras 162 “Un paseo por la tierra de los anamitas”, La Edad de Oro (Vol. I, No 4, octubre, 1889). Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. XVIII, 460.


recibir del Estado la propiedad de 120 hectáreas y unas 300 estructuras construidas – así como algunos privilegios fiscales y migratorios usuales en estos casos -, la Fundación desarrolló a la Ciudad con sus propios ingresos, obtenidos mediante el alquiler de espacios y la venta de servicios para la gestión del conocimiento. Hoy, la Ciudad alberga unas 200 entidades científicas, empresariales, culturales, académicas, internacionales, gubernamentales y no gubernamentales, a través de cuyas actividades toma cuerpo nuestra misión. Esas entidades convocan cada día a cerca de 10 mil personas: trabajadores, investigadores, docentes, estudiantes, emprendedores y empresarios, vinculados entre sí por actividades de producción, difusión y aplicación del conocimiento al desarrollo humano. Concebir y poner en funcionamiento esta modalidad innovadora de gestión al servicio del conocimiento para el desarrollo humano es uno de los grandes méritos de quienes desempeñaron un papel de primer orden en la creación de la Ciudad del Saber. De ese mérito participan en particular Fernando Eleta y Gabriel Lewis Galindo y, por supuesto, del presidente Ernesto Pérez Balladares, que brindó un apoyo político invaluable a esta iniciativa durante su gestión. En el curso de su desarrollo, la Ciudad del Saber ha encontrado la oportunidad de colaborar con diversas iniciativas para el fomento de la participación social en la creación de nuevas alternativas para encarar desde ahora los desafíos que nos plantea el futuro de nuestro país. Ese camino ha estado lleno de experiencias de aprendizaje. Para empezar, nadie sabía entonces cómo se hacía una Ciudad del Saber. Se empezaba a hablar por entonces de ciudades del conocimiento, y abundaban las fórmulas para construirlas, reuniendo en un mismo espacio a universidades que desarrollaban actividades de investigación aplicada, empresas que buscaban nuevos productos, y entidades estatales que facilitaban las relaciones entre ambas. Ese, sin embargo, no era el caso de Panamá.

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El saber es sin duda un producto del conocer. Pero no cabe duda tampoco de que el conocer enriquece el saber, y fomenta su desarrollo. Por aquel entonces, Rodrigo Tarte – en esos días, Director Académico – dio un primer corte al nudo gordiano de la innovación en un país de arraigados hábitos de imitación, y propuso una misión para la Ciudad: poner el conocimiento al servicio del desarrollo sostenible, fomentando las ventajas competitivas de Panamá. Ese punto de partida tuvo la virtud de ofrecernos el esbozo de una ruta. Por aquel entonces, faltaban aún quince años para que las Naciones Unidas proclamaran los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2015-2030, y el sentido común entendía que el conocimiento era algo que se obtenía en las escuelas y las universidades, sin preocuparse realmente acerca de dónde era producido. La gestión del conocimiento apenas era conocida entre nosotros, y la nueva economía era un tema de iniciados. Y sin embargo se trataba de hechos en curso en el sistema mundial, que encontraron en la Ciudad una de sus puertas de acceso al país. Quizás la virtud que animó aquellos años consistió en reconocer de valor de preguntar desde nuestra propia realidad, en busca de las respuestas que contribuyeran a orientarla por vías que favorecieran el desarrollo humano. Del ejercicio de esa virtud han surgido aportes tan relevantes como el Instituto de Investigaciones Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT). La creación del Instituto, en efecto, nos ofreció dos importantes beneficios. Por un lado, nos permitió explorar nuevas vías de colaboración entre el Estado, la ciencia y la sociedad. Por otro, proporcionó a la Ciudad un importante mecanismo de enlace con la comunidad científica del país y del exterior. De entonces acá, la Ciudad, siempre en colaboración con la Secretaría nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), ha contribuido a la formación de un polo de desarrollo científico al servicio del país, tanto con la creación de nuevas entidades como con el estímulo al desarrollo de otras ya existentes. Y el medio no pudo ser


más sencillo, por complejo que haya sido cada paso en esa dirección: crear condiciones que permitieran al país ejercer las capacidades de sus profesionales y de sus instituciones. Ese camino llevó a la Ciudad a la visión que hoy orienta su desarrollo, y a la misión que orienta nuestra labor de cada día. Todo esto le ha permitido a la Ciudad adquirir una valiosa experiencia en el cumplimiento de nuestra misión. Por lo mismo, en este aniversario la Ciudad encara el desafío de convertir esa experiencia en conocimiento que pueda ser compartido con todos los sectores de la sociedad. Este será, sin duda, uno de los aportes más duraderos de la Ciudad a su país. El saber de Panamá, en efecto, no se agota en la Ciudad. Ella es el producto de la capacidad de los panameños para la innovación y el progreso cuando disponen de las condiciones necesarias para ejercerla. A lo largo de esos veinticinco años, esa capacidad ha venido ganando expresión en una amplia gama de escalas y direcciones en todo el país. El Centro de Competitividad de la Región Occidental constituye una de esas expresiones, como otra radica en el movimiento Ciencia en Panamá, por mencionar dos casos. Ambos mantienen relaciones de colaboración con la Ciudad, como lo hace también la empresa ENEL Greenpower desde su gerencia de sostenibilidad. Hoy, la Ciudad no es ya una excepción aislada, sino que empieza a ser una entre varias manifestaciones de una norma nueva en lo que hace a la gestión del conocimiento para el desarrollo sostenible de nuestro país. Y si es grato no estar solo, lo es más verse en una compañía creciente de iniciativas que -en algún momento de un futuro que ya está en curso- se sumarán a la tarea de crecer con nuestra gente, para ayudarla a crecer.

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Panamá: del agua entre los mares “Mire vuestra majestad qué maravillosa cosa y grande disposición hay para lo que es dicho, que aqueste río Chagre, naciendo a dos leguas de la mar del Sur,viene a meterse en la mar del Norte. Este río corre muy recio,y es muy ancho y poderoso y hondable, y tan apropiado para lo que es dicho, que no se podría decir ni imaginar ni desear cosa semejantetan al propósito para el efecto que he dicho.” Gonzalo Fernández de Oviedo, 1526

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ay un vínculo más estrecho de lo que solemos pensar entre la cultura y la naturaleza. Ese vínculo nos viene de nuestra propia historia como especie humana, que vive y se desarrolla en una interacción incesante con su entorno natural, el cual nutre también la forma en que vivimos y expresamos nuestra vida social. Así, por ejemplo, cabe observar este vínculo en el siguiente párrafo del joven José Martí, en un artículo escrito en Nueva York para un periódico venezolano: Vivir en estos tiempos y ser puro, ser elocuente, bravo y bello, y no haber sido mordido, torturado y triturado por pasiones; llevar la mente a la madurez que ha menester, y guardar el corazón en verdor sano; triunfar del hambre, de la vanidad propia, de la malquerencia que engendra la valía, y triunfar sin oscurecer la conciencia ni mercadear con el decoro; bracear, en suma, con el mar amargo, y dar miel a los labios generosos, y beber de aire y agua corrompidos, y quedar sano: ¡he ahí maravillas! ¡Cuánta agonía callada! ¡Cuánta batalla milagrosa! ¡Cuánta proeza de héroe! Resistir a la tierra es ya, hoy que se vive de tierra, sobradísima hazaña, y mayor, vencerla.163 163 Martí, José: “Carta de Nueva York”. La Opinión Nacional, Caracas, 22 de marzo de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IX, 272-273. Cursivas: gch.


Martí recurre aquí a imágenes del deterioro ambiental generado por el desarrollo de la ciudad de más rápido crecimiento de su tiempo para ilustrar el deterioro moral generado por una modernidad puramente utilitaria. Y se refiere a la resistencia a ese deterioro como “sobradísima hazaña”, que vista desde nuestro presente se hace mayor, al considerar a ese triunfo desde una perspectiva socioambiental. Esa clase de desafíos ha venido a definir a nuestro tiempo, que es el entorno mayor y más trascendente para el ejercicio de la visión y el cumplimiento de la misión de la Ciudad. En ese entorno interactúan dos dimensiones interdependientes. Una es la de la biosfera, que abarca todas las áreas del planeta en que la actividad de la materia viviente actúa como una fuerza que modela continuamente al planeta. La otra es la de la noosfera, que para el biogeoquímico ruso Vladimir Vernadsky (1863-1945), era generada por la acción humana sobre la primera.164 Así, la descripción del río Chagres que hiciera Gonzalo Fernández de Oviedo nos presenta un vivo retrato de aquel segmento de la biosfera del istmo de Panamá en el primer cuarto del siglo XVI. El lago Gatún, y el Canal del que hace parte, resultan en cambio de la transformación de aquel segmento en parte de la noosfera característica de la región central del Istmo de 1914 en adelante. Desde esa relación – intermediada por los procesos de trabajo socialmente organizado de los que depende el desarrollo de nuestra especie – se facilita la tarea de comprender la crisis sociambiental que ha venido a caracterizar esta etapa de la historia del planeta Tierra, a la que llamamos el Antropoceno.165 En ese marco, por ejemplo, cabe plantear la paradoja – solo aparente – de que en el istmo de Panamá el agua sea a un tiempo un elemento natural muy abundante, y un recurso natural cada vez más escaso. 164 https://www.academia.edu/44573889/Vernadsky_y_nosotros 165 https://es.unesco.org/courier/2018-2/antropoceno-problematica-vital-debatecientifico#:~:text=El%20t%C3%A9rmino%20Antropoceno%20se%20ha,consumo%20 excesivo%20de%20recursos%20naturales.

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El agua, en efecto, no es en sí misma un recurso de la noosfera, sino un elemento de la biosfera. Convertir ese elemento en un recurso demanda siempre una inversión de trabajo, tan sencilla como enviar a una niña a buscar agua para cocinar, o tan compleja como la construcción y operación de las esclusas del Canal ampliado. Así, la producción de la noosfera es el resultado de una relación metabólica de intercambio de materia y energía entre la sociedad y la biosfera. Desde esta perspectiva, “la existencia humano-material es simultáneamente social-histórica y natural-ecológica” y, por lo mismo “cualquier comprensión histórica realista” demanda “un enfoque en las complejas interconexiones e interdependencias asociadas con las condiciones humano-naturales.”166 El trabajo como medio de relación con la naturaleza incluye en primer término la transformación de los elementos naturales en recursos - a los que llamamos usualmente materias primas - que pueden ser incorporados a procesos productivos encaminados a satisfacer necesidades humanas. Este concepto abstracto se torna en realidades puntuales en cada sociedad, pues en todas ellas existe una determinada producción que asigna a todas las otras su correspondiente rango [e] influencia, y cuyas relaciones por lo tanto asignan a todas las otras el rango y la influencia. Es una iluminación general en la que se bañan todos los colores y [que] modifica las particularidades de éstos. Es como un éter particular que determina el peso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve.167 En Panamá, el foco que genera esa iluminación general es la producción de servicios a la circulación del capital en el mercado mundial, y el eje mayor que sostiene esa actividad, como sabemos, 166 Foster, John B., y Clark, Brett (2016): “El marxismo y la dialéctica de la ecología” https:// monthlyreview.org/2016/10/01/marxism-and-the-dialectics-of-ecology 167 Marx, Karl (1858:14): Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Borrador) 1857-1858. [Grundrisse] Siglo XXI Argentina Editores. Editorial Universitaria Chile. http://www.archivochile.com/Marxismo/Marx%20y%20Engels/kmarx0017.pdf


es el único canal interoceánico del mundo que funciona con agua dulce. Así, las formas más complejas de gestión del agua en la formación económico social panameña son las que corresponden a las necesidades de funcionamiento de ese canal. En lo más esencial, esa gestión consiste en transformar el agua del río Chagres y sus afluentes – un elemento natural – en el recurso que representa el agua acumulada en el lago Gatún, utilizando para ello una infraestructura creada mediante una inmensa inversión de trabajo en la construcción, la operación y el desarrollo del Canal de 1906 a nuestros días. Ese triunfo tecnológico, al propio tiempo, opera al interior de una sociedad en la cual la gestión del agua para el Canal coexiste con formas extremadamente abigarradas y desiguales de producción y gestión de ese recurso en otros ámbitos de nuestro territorio. El alcance de ese contraste es presentado por el economista Guillermo Chapman al referirse, por ejemplo, a los vínculos entre la productividad del trabajo y el acceso a capital y tecnología en la economía panameña, señalando que “los sectores […] tradicionales no cuentan con la densidad de capital y tecnología comparables con aquellos modernos.” Así, dice, si se comparan el Canal y la agricultura campesina, veremos que “en el primero, cada trabajador tiene a su disposición, en promedio, más de un millón de dólares de capital, mientras que un agricultor de subsistencia cuenta apenas con unas pocas herramientas de trabajo.”168 De este modo, mientras un extremo de nuestra realidad genera formas de demanda y producción de agua muy sofisticadas – y de costo muy elevado –, en el otro ese elemento natural es visto como un bien gratuito a disposición de quien tenga mayor capacidad para hacerlo suyo para sus propios fines. Entre ambos extremos, por supuesto, hay múltiples variantes, que van desde la gestión del agua para la generación de energía eléctrica, hasta sistemas de riego, 168 Chapman Jr., Guillermo (2021: 21): “Hacia una nueva visión económica y social de Panamá. Una propuesta para la reflexión.” https://www.indesa.com.pa/wp-content/ uploads/2021/04/HACIA-UNA-NUEVA-VISION-ECONOMICA-Y-SOCIAL-EN-PANAMAGUILLERMO-CHAPMAN-JR.pdf

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empresas industriales y agroindustriales, y áreas sujetas a protección ambiental por el Estado. En todo caso, la formación económico social panameña asiste desde fines del siglo XX a una expansión constante de los conflictos entre sectores sociales que aspiran a hacer usos mutuamente excluyentes del agua como recurso para la atención a necesidades diferentes. Hoy, esos conflictos van alcanzando niveles de complejidad que amenazan con desbordar las herramientas disponibles para la gestión de las diferencias que los ocasionan. De aquí se derivan dos problemas de creciente incidencia para el futuro de nuestra sociedad. Uno, el de la necesidad del desarrollo sostenible del país para garantizar la operación sostenida del Canal. Otro, el de que la sostenibilidad del desarrollo en Panamá dependerá en una medida decisiva de la participación ciudadana en la gestión del agua, desde la formación y formulación de las políticas públicas necesarias, hasta el control social de su ejecución. De momento, la imprevisión de nuestra primera infancia republicana choca, en nuestra madurez, con la evidencia de que postergar nunca es resolver. Hoy podemos entender que la gestión del agua debe ser atendida en su doble dimensión socioambiental que debe ser atendido en sus dos vertientes de origen. Sabemos que cada sociedad genera su propio ambiente, y que si se desea un ambiente distinto será necesario construir una sociedad diferente. Por lo mismo, podemos comprender que la necesidad de organizar nuestra relación con el agua para hacer posible la sostenibilidad de nuestro desarrollo se vincula con la misión de la Ciudad, que busca promover la innovación para el cambio social, y estimular con ello el desarrollo de una cultura correspondiente a la visión de una sociedad próspera, inclusive, sostenible y democrática.


17 DE MARZO DE 2023

La Ciudad en el ambiente, y el ambiente en la Ciudad “El espíritu, sumergido en lo abstracto, ve el conjunto; la ciencia, insecteando por lo concreto, no ve más que el detalle. Que el Universo haya sido formado por procedimientos lentos, metódicos y análogos, ni anuncia el fin de la naturaleza, ni contradice la existencia de los hechos espirituales. Cuando el ciclo de las ciencias esté completo, y sepan cuanto hay que saber, no sabrán más que lo que sabe hoy el espíritu, y sabrán lo que él sabe.” José Martí, 1882169

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l debate en torno a temas ambientales se va haciendo cada vez más amplio y diverso en el entorno de la Ciudad. Eso no es de extrañar, si atendemos a lo que nos dice el PNUD en un informe de hace (apenas) dos años: La crisis climática. El colapso de la biodiversidad. La acidificación de los océanos. La lista es larga y no deja de crecer. Tanto, que muchos científicos creen que, por primera vez, el planeta ya no influye en los seres humanos, sino a la inversa. Es lo que se conoce como Antropoceno —la Edad de los Seres Humanos—, una nueva época geológica.170 El concepto de Antropoceno fue formulado en el año 2000 por Paul Crutzen, Premio Nobel en Química en 1995, para designar una era geológica en la cual “la influencia del comportamiento humano sobre la 169 “Emerson”. La Opinión Nacional, Caracas, 19 de mayo de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XIII, 25. 170 Programa de las naciones Unidas para el Desarrollo (2020): Panorama general El desarrollo humano y el Antropoceno. https://www.undp.org/es/guatemala/publications/panoramageneral-el-desarrollo-humano-y-el-antropoceno

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Tierra en las recientes centurias ha sido significativa.”171 Aun cuando el término sigue en discusión en el campo de la geología, el planteamiento de Crutzen abrió un amplio campo de investigación sobre las formas contemporáneas de interacción entre las sociedades humanas y sus entornos naturales, y a las transformaciones de los ambientes que resultan de esas interacciones. Dentro de este campo, ha tenido especial importancia el aporte del científico sueco Johan Rockström y sus colaboradores, que en 2009 propusieron el concepto de límites planetarios.172 Al respecto, el joven ambientalista japonés Kohei Saito nos explica que esos límites hacen referencia a la capacidad de recuperación natural del sistema Tierra. Esa capacidad, sin embargo, se pierde si el sistema es sometido a una carga superior a ciertos límites, dando lugar a “fenómenos extremos – rápidos y violentos – e irreversibles”. Tales fenómenos, agrega Saito, expresan los “puntos de inflexión” en al menos “nueve procesos fundamentales para la estabilidad del sistema Tierra”, y definen “los umbrales que no se deberían superar para una existencia estable de la humanidad.” Se trata del cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, los ciclos del nitrógeno y el fósforo, los cambios en el uso del suelo, la acidificación del océano, el aumento del consumo de agua dulce, la destrucción de la capa de ozono, la concentración de aerosoles atmosféricos y la contaminación química.173 Desde una perspectiva en la que el tiempo es superior al espacio, asistimos así al despliegue de un proceso de cambios económicos, sociales y culturales que expresan la enorme complejidad y riqueza de la crisis civilizatoria en está inmersa la Humanidad. Esa crisis ha 171 En ese campo de la geología, vendría a sustituir el alcance del concepto de Holoceno, acordado en 1867 para designar el período de la historia terrestre posterior a la última era glacial. Tampoco hay acuerdo sobre sus orígenes, que algunos remiten a la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII, mientras otros lo asocian a la Gran Aceleración del crecimiento económico en el planeta Tierra, en desarrollo desde la década de 1950. https:// es.wikipedia.org/wiki/Antropoceno 172 https://en.wikipedia.org/wiki/Johan_Rockstr%C3%B6m 173 Saito, Kohei (2022:58): El Capital en la Era del Antropoceno. SINEQUANON, España.


ingresado ya a un proceso de transición que solo puede ser comparado con el que condujo de la Edad Media a la Moderna durante el siglo XVI “largo”, que iba de 1450 a 1650, del que nos hablara el geógrafohistoriador francés Fernand Braudel. La civilización moderna creó el mercado mundial que a su vez le sirvió de base material para su desarrollo. Durante la primera fase de su desarrollo, ese mercado fue organizado como un sistema colonial, que operó entre 1750 y 1945. La segunda, en cuyas postrimerías vivimos hoy, sustituyó aquel sistema mundial por otro de carácter internacional, de mucho mayor dinamismo, cuyo desarrollo dio lugar a la “Gran Aceleración” que abrió paso al Antropoceno del que nos habla el PNUD. Para apreciar la magnitud de esa aceleración, Saito se remite a la llamada Huella Material, un indicador del consumo de recursos naturales que muestra cómo, al aumentar la riqueza de los países desarrollados, estos “tienden a reducir su porción de extracción doméstica de recursos mediante el comercio internacional, al tiempo que tiende a incrementarse el conjunto de la masa de consumo material.”174 Así, el consumo total de recursos naturales pasó de 26,700 millones de toneladas en 1970 a más de 100.000 millones en 2017, y podría llegar a unos 180.000 millones en 2050.175 El que hoy nos encontremos en una circunstancia en que de momento influimos más sobre el sistema Tierra de lo que este influye sobre nosotros implica tanto motivos de temor como de esperanza. No es de extrañar, así, la amplitud de las opciones que van emergiendo del debate entre un número siempre creciente de partes interesadas, desde empresarios, autoridades estatales y eclesiales; especialistas de organismos internacionales e integrantes de organizaciones no 174 Thomas O. Wiedmann, Heinz Schand, Manfred Lenzenc, Daniel Moranc, Sangwon Suhf , James Westb , and Keiichiro Kanemoto (2013): “The Material Footprint of Nations”. Proceedings of the National Academy of Sciences. September 2013. https:// www.researchgate.net/publication/256425876_The_material_footprint_of_nations/ link/0f317535777095645c000000/download 175 Saito (2022:72-74).

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gubernamentales; trabajadores intelectuales y manuales, y habitantes de las ciudades, los campos y las selvas. Así, la Encíclica Laudato Si’, tras advertir que encarábamos una crisis socioambiental, llamó a tomar iniciativas para el cuidado de la Tierra, nuestra casa común. Para 2015, las Naciones Unidas plantearon un conjunto de 17 objetivos de desarrollo sostenible a ser alcanzados en 2030, y para 2017 China incorporó a su Constitución la tarea de construir una civilización ecológica. A eso cabe agregar hoy los programas de adaptación al cambio climático a través de la mitigación de sus consecuencias; el crecimiento “verde” sostenido; la economía circular, y las propuestas del “vivir bien” de los pueblos andinos. Y a esto se agregó más recientemente la propuesta de pasar de una cultura de crecimiento económico a otra de decrecimiento, que permitiera lograr una prosperidad austera, capaz de destinar recursos tanto a la sanación de la naturaleza como al cuidado de los humanos. La Ciudad hace parte de todo esto como parte interesada. Por un lado, porque la crisis ambiental la afecta a ella tanto como a la creciente red de entidades científicas, académicas, empresariales y culturales mediante las cuales extiende y amplía el alcance de su misión. En esta labor, que va ganando en importancia cada día, la Ciudad cuenta con más recursos de lo que puede parecer a primera vista. Uno, intangible, es la de su vocación de servir de plaza socrática para el debate de los grandes problemas de nuestro tiempo – y de esos problemas trata el abordaje de la crisis socioambiental en que estamos inmersos ya, a veces sin saberlo. Otro recurso, tangible en su experiencia y su valor para esta tarea, es el Centro Internacional de Desarrollo Sostenible de la Ciudad, que viene abordando desde hace tiempo ya los complejos problemas que esta crisis nos plantea. Eso hace especialmente valiosa la trayectoria del CIDES en el recurso a la Teoría de la Complejidad como herramienta para el análisis de situaciones y procesos que la crisis genera.


A esto se suma la red de gestión del conocimiento que ha venido constituyéndose en torno a la Ciudad, que genera amplias oportunidades para incorporar al diálogo especialistas en los campos más diversos, desde las ciencias sociales y naturales hasta la innovación tecnológica y el emprendimiento necesarios para permitirle al saber ejercerse en el saber. Pero el más valioso recurso con que cuenta la Ciudad para esta tarea consiste sin duda en su visión, que la anima a poner todas sus capacidades al servicio de la búsqueda de soluciones que contribuyan a establecer relaciones armoniosas, a un mismo tiempo, entre la sociedad y su entorno natural como entre todos los sectores que integran esa sociedad. Es necesario atender a tres tareas sencillas. Una, identificar las preocupaciones convergentes de todas las partes interesadas. Otra, transformar esa convergencia en el consenso necesario para formular propuestas claras y directas. Y, finalmente, encontrar las vías más adecuadas para llevar esas propuestas a la práctica mediante procesos de innovación para el cambio social que trabajen con la naturaleza y ya no contra ella. Esta es el reto que emerge. Debemos estar preparados para sumarnos a quienes ya lo encaran en el planeta entero, y hacer lo que corresponde a la Ciudad. Ya no va pareciendo alarmista decir que está en juego el destino de la especie humana. De esa altura es el desafío, y a ella hemos de estar.

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La Ciudad en el agua El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Francisco176

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l conmemorar el Día Mundial del Agua, conviene recordar que la Ciudad alberga desde muy temprano al Centro del Agua para el Trópico Húmedo de Latinoamérica y el Caribe, así como a otras entidades vinculadas a la educación sobre humedales de los que dependen ecosistemas de importancia crítica en nuestros tiempos. Más recientemente, ha acogido Centro de Innovación, Investigación y Tecnología Hidro-ambiental, quizás de los primeros en su tiempo en Panamá. Este nivel de compromiso con el agua como objeto de gestión del conocimiento no es de extrañar. El constituye desde hace mucho un asunto de primer orden en la crisis socioambiental en la que está inmersa la Humanidad. En ese marco, el agua tiene una doble dimensión. Por un lado, es un elemento natural muy abundante; por otro, es un recurso natural cada vez más escaso, si de demanda humana se trata. Distinguir y relacionar esos elementos entre sí facilita comprender el papel que desempeña el agua en nuestra relación con el entorno natural del que depende nuestra existencia. El agua – en su calidad de disolvente universal - es un elemento clave en nuestras relaciones con la biosfera. En lo que nos toca, además, desempeña un papel fundamental en el metabolismo entre toda 176 Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 236. Del Santo Padre Francisco a los Presbíteros y Diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Tipografía Vaticana, 2013.


sociedad y su entorno natural. Así, Nicolo Gligo y Morello resaltaron la importancia de ese factor en su artículo “Notas sobre la historia ecológica de la América Latina”, publicado en 1980, que constituye un texto inaugural de la historia ambiental en nuestra América. Allí nos dicen que en la América anterior a la conquista europea, el desarrollo civilizatorio “se estructuró en torno del recurso básico del agua”, a partir de “dos tipos de civilizaciones hidráulicas: las que manejaron excedentes de agua en ambientes anegadizos” – y mencionan casos relevantes en la cuenca de la Amazonía – “y las que regaron en ambiente árido, llamada andina”, que tuvieron expresión también en la cuenca del valle de México.177 La noción de “manejo” así empleada nos remite a rasgos específicos del papel del agua que desempeña el agua en la relación entre la especie humana con sus entornos naturales. Todos los seres vivientes, en efecto, usan el agua como un elemento indispensable para su propio metabolismo, y para el de las especies animales y vegetales de las que depende su alimentación. La especie humana, sin embargo, tiene la capacidad de transformar ese elemento natural en un recurso natural para su propio desarrollo en una gama mucho más amplia de actividades. Eso incluye, por ejemplo -como resulta evidente en el Canal de Panamá- la capacidad de acumular y trasladar el agua a donde lo requieran los procesos de producción asociados al desarrollo humano. En este sentido, el agua tiene una historia natural como tiene una historia social. La síntesis de ambas constituye su historia ambiental. A eso se refiere el historiador norteamericano Donald Worster en su artículo “El agua en la historia moderna”, donde aborda el papel de la gestión del agua en la producción de su propio ambiente por los seres humanos en el marco del proceso de formación y expansión del mercado mundial.178 177 Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en la América Latina. Selección de Osvaldo Sunkel y Nicolo Gligo. Fondo de Cultura Económica, México, 1980. Dos tomos. I:129. 178 Cuadernos Nacionales. Segunda Época, No. 2. Universidad de Panamá, Instituto de Estudios Nacionales, 2001: 59-75.

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En el curso de ese proceso se formó, dice Worster, “una cofradía de ingenieros”, a partir de la experiencia ganada por los países que adquirieron la capacidad de construir infraestructuras de gran escala para la gestión centralizada del agua en sus propios territorios y en sus posesiones coloniales. De esa experiencia, agrega, “los ingenieros del agua aprendieron […] la absoluta necesidad de un gobierno central que planificara y manejara la propiedad del agua. La conquista [del agua] demandaba el compromiso del Estado, su dinero, su autoridad, su poder burocrático.” La construcción del Canal de Panamá por el Estado norteamericano entre 1904 y 1914 desempeñó un importante papel en ese aprendizaje. Los ingenieros a cargo de la tarea aprovecharon y enriquecieron lo aprendido por los ingleses en la India y los franceses en Suez, y de los errores cometidos por estos en Panamá en la década de 1880, en un ejercicio constante de transformación de la experiencia en conocimiento. Dicho en breve, la abundancia de agua en la región escogida para construir el canal había sido un obstáculo frecuente para el tránsito interoceánico por tierra, y para la construcción de un canal a nivel. Sin embargo, la construcción del canal de esclusas convirtió el poder destructivo del agua del río Chagres como elemento natural en la capacidad productiva del agua transformada en recurso mediante la construcción de los lagos artificiales de Gatún y Miraflores, en las vertientes Atlántica y Pacífica del Istmo, y del sistema de esclusas que regula el flujo del recurso así creado. En este caso, además, la construcción estuvo a cargo de una empresa estatal, cuya autoridad fue preservada mediante la creación de una Zona y una Comisión del Canal, cuyo control conservaría el Estado norteamericano hasta la ejecución del Tratado Torrijos-Carter entre 1979 y 1999. Así, la cultura del agua generada por la construcción y operación del Canal – una auténtica cultura hidráulica de corte autoritario, para


utilizar la expresión de Karl Wittfogel -179 quedó constreñida a la Zona, mientras en el resto del territorio persistió una cultura del agua más que milenaria, vinculada a los azares de la estación lluviosa. De allí resultó un conflicto entre un enclave hidráulico de muy alto nivel tecnológico y una sociedad pluvícola, que solo ha venido a modernizar tardíamente y con dificultad sus procesos de gestión del agua. Con ello, la gestión del agua en nuestro territorio expresa la contradicción entre la extrema centralización del tema en el Corredor Interoceánico, y una tendencia a la fragmentación en el resto del territorio. Así lo expresa, por ejemplo, el hecho de que a partir de la década de 1970 la construcción de hidroeléctricas haya dado lugar a la formación de nuevos enclaves de cultura hidráulica, a menudo en conflicto con comunidades campesinas e indígenas de carácter pluricultural. Ese proceso, además, se ha extendido a las principales ciudades del país, en las que predomina un bajo nivel de participación social en la gestión del agua como recurso, mientras como elemento es vista a menudo como fuente de riesgos de inundación o contaminación. Todo esto se agrava ante una creciente incertidumbre ante los efectos del cambio climático y los problemas de adaptación al mismo mediante la mitigación de sus efectos. Como vemos, nuestra relación con el agua opera en dos planos distintos, pero interdependientes. Por una parte, se trata de un problema ambiental en su sentido abstracto, científico, en el que desempeñan un papel de primer orden disciplinas como la hidrología y la meteorología. Al propio tiempo, en la vida social el acceso al agua adquiere a menudo el carácter de un problema de ecología política, que expresa el potencial conflictivo de los intereses de grupos sociales distintos que aspiran a hacer usos mutuamente excluyentes de ese recurso. 179 “The Hydraulic Civilizations”, 1956, en Man’s Role in Changing the Face of the Earth, The University of Chicago Press, 1967. Traducción de Guillermo Castro H. Para Wittfogel la cultura hidráulica corresponde a un tipo de sociedad cuya existencia depende de la gestión del agua a gran escala en territorios muy amplios, lo que a su vez genera un Estado altamente centralizado, burocratizado y despótico, como lo fue el de la Zona del Canal. Esa cultura, por otra parte, se expande más allá de las áreas de control hidráulico directo.

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Panamá necesita como nunca antes crear las condiciones sociales y políticas necesarias para vincular ciencia, experiencia y vida social en la gestión del elemento agua de un modo que garantice a un tiempo la producción del agua como recurso de alta calidad, y la equidad en el acceso a ese recurso. Un objetivo así demanda fomentar el patrimonio natural de la sociedad mediante el fomento de su patrimonio cultural y sus capacidades para la participación de todos en la gestión del recurso que todos demandan. En esta tarea, la Ciudad tendrá sin duda el papel correspondiente a su visión, a través del ejercicio de su misión de – justamente – promover la innovación para el cambio social, aprovechando todas las capacidades del emprendimiento sostenido por la ciencia, la tecnología y la cultura. Porque en verdad, si se desea un ambiente distinto, es necesario crear una sociedad diferente, que llegará a serlo – entre otras cosas – en la medida en que sea poliédrica y no esférica en su visión del mundo, y en su modo de ejercer en la práctica esa visión con todos, y para el bien de todos.

28 DE ABRIL DE 2023

La Ciudad en el campo “en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. La naturaleza no tiene celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie.” José Martí, 1884180

180 “Maestros Ambulantes”. La América. Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. VIII, 288-292


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n la segunda quincena de abril, la Ciudad acompañó dos encuentros con organizaciones de base comunitaria que empiezan a operar en el mercado de servicios de restauración de ecosistemas degradados. El primero de ellos tuvo lugar en Aguadulce, Coclé, con el auspicio del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo Mundial del Ambiente. Allí, integrantes de viveros comunitarios de Bocas del Toro, Chiriquí y Coclé sentaron las bases para la creación de una Red Nacional de Viveristas Comunitarios de Panamá, que contribuya al desarrollo de un mercado de servicios ambientales en el país. A ese encuentro siguió otro en David, Chiriquí, que contó con el apoyo de la empresa ENEL GREEN POWER, la Fundación IMAGINARI, CECOMRO, la Universidad Autónoma de Chiriquí, y el Ministerio de Educación, que permitió compartir conocimientos y experiencias en el proceso de crear un producto complejo a partir de una actividad sencilla. Los viveristas, en efecto, producen plantones para la siembra de especies decorativas, maderables, medicinales o frutales. Una parte del mercado de esa actividad consiste en pequeñas ventas para fines domésticos o de pequeñas explotaciones agropecuarias. Otra consiste en ventas masivas a empresas que a su vez ofrecen servicios de reforestación de gran escala para crear plantaciones de árboles maderables, por ejemplo, o compensar la destrucción de bosques ocasionada por la construcción de infraestructuras o instalaciones productivas. Lo que va tomando forma en las actividades que acompaña la Ciudad es diferente. Las organizaciones viveristas de base comunitaria buscan ofrecer los plantones que producen como insumos para la restauración de ecosistemas degradados, que genere servicios ambientales que incluyen, por ejemplo, la captura de carbono, la formación de suelos, el control de la sedimentación, el incremento de la oferta de agua, y la recuperación de la biodiversidad.

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Aquí, la producción de plantones pasa a ser parte de una actividad mucho más compleja. Si la primera completaba su ciclo en un plazo de meses, la segunda genera un ciclo productivo del orden de cinco años, en el que la provisión de plantones hace parte de otras actividades que demanda la restauración de ecosistemas completos, sea en el caso de pequeñas cuencas hidrográficas, o en el de apoyo a la recuperación de la humedad y la fertilidad del suelo en empresas agroindustriales. De este modo, si hasta ahora el producto que ofrecen esas organizaciones consiste en plantones que otros siembran y atienden (o no), el que se preparan para llegar a ofrecer consiste en ecosistemas restaurados. Esto plantea problemas del mayor interés. Así, por ejemplo, los problemas del manejo de una plantación son los de la gestión de un monocultivo siempre amenazado por la competencia de otras especies. Los que plantea un ecosistema en restauración, en cambio, son los de un policultivo que busca optimizar la colaboración entre especies afines. El hecho de que estas reuniones ocurrieran expresa además la toma de conciencia sobre el problema mayor de nuestro tiempo. Como sabemos, la intervención humana en todos los ecosistemas del planeta – sobre todo de mediados del siglo XX en adelante – ha sido tan intensa como extensa. Incluso fue creado el término Antropoceno – la era humana -, para expresar las consecuencias y las perspectivas generadas por esa escala de intervención. Una de esas consecuencias consiste en que la destrucción masiva de ecosistemas – por ejemplo, la deforestación para la expandir la ganadería y la minería en la Amazonía -, ha ocasionado la pérdida de los servicios que esos ecosistemas ofrecen para la existencia de la vida en la Tierra, desde la regulación del ciclo del agua hasta la captura de carbono. Esto ha creado un mercado para la producción de servicios ambientales, con el fin de compensar – de manera necesariamente parcial y limitada – la pérdida de aquellos servicios ecosistémicos.


Este problema no es nuevo. Ya en 1998, el economista norteamericano James O’Connor “1930-2017), lo abordó en su ensayo “Las condiciones de producción y la producción de las condiciones”.181 Allí planteó que las “condiciones naturales” abarcan la contribución de la naturaleza a la producción física, independiente de la cantidad de tiempo de trabajo (o la cantidad de capital) aplicado a la producción. Al respecto, señaló que las condiciones naturales favorables incrementan la productividad del trabajo, y por tanto reducen el valor de cambio de las mercancías, y a su vez (si todo lo demás permanece constante) incrementan la producción de plusvalía y ganancia. Eso ayuda a entender que, el colapso de los ecosistemas ocasione que el tema de las “condiciones naturales” se haya convertido en un tópico cada vez más importante de la teoría económica contemporánea por parte de las grandes corporaciones transnacionales, los bancos internacionales y organizaciones como el Foro Económico Mundial. Sobre esto, O’Connor planteaba que – ante las crecientes sociales y políticas generadas por el deterioro ambiental - la producción de estas condiciones naturales debe pasar a ser una responsabilidad primordial del Estado, como ya lo son la producción de las condiciones sociales – como la educación, la salud y la seguridad social –, y de las formas y los medios de organización territorial de la economía. Un cuarto de siglo después, quizás cabría decir que ante los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 y los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático – ambos generados en el año 2015 -, las ideas de O’Connor adquieren una renovada actualidad. Como sabemos, la entrada en escena de la crisis ambiental como problema global tuvo su primer aviso en el informe Los Límites del Crecimiento, en 1972 – año también de la primera conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente -, advirtió que, si persistían el incremento de la población mundial, la industrialización, la producción de alimentos, la 181 “The conditions of production and the production of conditions”. Natural Causes. Essays in ecological Marxism. The Guilford Press, New York London, 1998. Traducción de Guillermo Castro H., Panamá, 2000. Hay una versión en español de Siglo XXI editores, México, 2001.

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humanidad alcanzaría “los límites absolutos de crecimiento en la Tierra” en el curso de los siguientes cien años182 – de los cuales, por cierto, ya han transcurrido 51. Esta perspectiva nos ayuda a evaluar lo grande y lo pequeño de nuestro tiempo. Hoy podemos entender, por ejemplo, que el llamado a generar iniciativas de adaptación al cambio climático a través de la mitigación de sus consecuencias define, también, los términos en que cabe entender la producción de las condiciones naturales de producción en nuestro tiempo. Esos términos ya no son solo cuantitativos y tecnológicos. Ahora empiezan a ser, ante todo y cada vez más, cualitativos y socioambientales. En efecto, las formas de organización social de nuestras relaciones con el entorno natural del que depende nuestra existencia como especie no pueden ser hoy, cuando ya somos más de 8 mil millones de seres humanos, las que existían en 1970, cuando éramos (apenas) 4 mil millones. Hoy, por el contrario, empezamos a entender que – como lo advirtiera en 2015 el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común, Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.183 De eso se trata, a fin de cuentas, la presencia de la Ciudad en el campo. Podrá decirse que una centena de viveristas constituyen apenas un grano de arena en la crisis que vivimos, pero eso siempre será un progreso en el curso de la decisión sobre el lugar en que nos 182 https://es.wikipedia.org/wiki/Los_l%C3%ADmites_del_crecimiento 183 Carta Encíclica Laudato Si’ Del Santo Padre Francisco, Sobre el cuidado de la casa común. 2015 - 139. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papafrancesco_20150524_enciclica-laudato-si.html


encontramos - ¿un desierto infinito? ¿la orilla de un mar que nos ofrezca el camino hacia un mundo que sea sostenible por lo humano que llegue a ser? -, y lo que podemos y deseamos hacer al respecto a la luz de la visión que anima nuestra misión.

12 DE MAYO DE 2023

La Ciudad en el desarrollo humano “La historia del progreso humano se cuenta en los puertos llenos de buques, en las fábricas pobladas de obreros, en las ciudades ennegrecidas con el humo de las fraguas, en las calles obstruidas por los carros, en las escuelas llenas de niños y en los árboles cargados de frutos. La poesía es el lenguaje de la belleza; la industria es el lenguaje de la fuerza. El pueblo puede cantar por la mañana o por la tarde, cuando raya el alba o cuando se retira a descansar; pero durante el día, es preciso trabajar.” José Martí, 1880184

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sta nota de José Martí nos describe, en lo material y lo espiritual, una visión del mundo propia del desarrollo del mercado mundial hacia la década de 1880. La formación de ese mercado ha tenido, del siglo XVIII acá, tres expresiones culturales características. Así, entre 1750 y 1850 esa formación fue vista como un conflicto entre la civilización y la barbarie. Entre 1850 y 1950, el énfasis pasó a ubicarse en la lucha entre el progreso y atraso, y entre mediados y fines del siglo XX pasó a expresarse en la confrontación entre el desarrollo y el subdesarrollo de los países. 184 “Poetas españoles contemporáneos”. The Sun. Nueva York, 26 de noviembre de 1880. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XV, 25-26.

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Cada una de esas fases tuvo un énfasis propio: cultural en la primera; tecnológico en la segunda y, en la tercera, de relación virtuosa entre crecimiento económico, bienestar social y democracia política. Para fines del siglo XX, sin embargo, la creciente subordinación práctica del bienestar social y la vida política al crecimiento económico contribuyó a reducir del desarrollo para atender a los problemas generales de la sociedad. Para entonces, además, esos problemas ya incluían el deterioro del ambiente global asociado a la extracción masiva de materias primas y la generación de enormes volúmenes de desechos – entre ellos los gases de efecto invernadero asociados al uso extensivo de combustibles fósiles. Así, el concepto de desarrollo empezó a ser acotado. La primera acotación consistió en el énfasis en el desarrollo humano, asociado sobre todo al acceso a condiciones de educación, salud y seguridad social indispensables para el bienestar y el progreso de toda sociedad. La segunda vinculó ese desarrollo humano con la sustentabilidad amenazada por la contaminación ambiental y un rápido incremento de la población en un marco de persistente inequidad social. Para 2015, la preocupación por estos problemas generó dos acuerdos de importancia. Uno, los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, permitió establecer metas comunes para crear las condiciones indispensables para el desarrollo humano. El otro, los Acuerdos de París destinados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero – el dióxido de carbono en primer lugar – y estimular la descarbonización de la economía mundial. Con todo, el crecimiento económico sigue estando en el centro del debate global. A ese debate se refiere el Foro Económico Mundial en un texto reciente.185 Allí, Gilbert Houngbo, Director General de la Organización Internacional del Trabajo, señala que 40 años de política económica neoliberal “han llevado al crecimiento, pero a costa de una 185 “¿Qué tipo de crecimiento queremos? Por qué el crecimiento significa diferentes cosas para diferentes personas.” https://www.weforum.org/stories/2023/05/what-is-growth-why-itmeans-different-things-to-different-people/ / WEF / I04 mayo 2023.


creciente desigualdad y de un planeta en medio de una crisis climática”, mientras la pobreza sigue siendo “una amenaza para la prosperidad en todas partes.” El crecimiento, en cualquier caso, presenta dos características mayores. Por un lado, es un concepto abstracto que se refiere al comportamiento de la economía en sociedades concretas, en cada una de las cuales ese concepto “significa diferentes cosas dependiendo de quién eres y dónde te encuentras en el mundo.” Por otro, se trata de un derecho histórico “a desarrollarse con todos los beneficios socioeconómicos que ello conlleva”, vinculado además a la resiliencia. Ese enfoque facilita examinar problemas que van desde el potencial de la Inteligencia Artificial para incrementar la productividad, hasta “una transición climática justa”, el incremento de la población urbana y “la diversificación de las cadenas de suministro.” Así, Faisal Alibrahim, Ministro de Economía y Planificación de Arabia Saudita, resaltó en el diálogo la necesidad de que el crecimiento fuera a un tiempo sostenible e inclusivo, atendiendo a “la intersección de la oportunidad económica, la responsabilidad y el desarrollo social a nivel mundial”. Por su parte, Laura D’Andrea Tyson, profesora Distinguida de la Universidad de California en Berkeley, resaltó la necesidad de encarar desde una perspectiva de largo plazo los problemas asociados al hecho de que “el salario mínimo que proporciona la sociedad no es lo suficientemente alto y, por lo tanto, no hay protección del nivel de vida”. Al respecto, dijo, el carácter inclusivo del crecimiento no es un problema cíclico sino de largo plazo, que demanda estrategias correspondientes a ese carácter. En paralelo, distintas sociedades evolucionan por distintas vías y de diferentes maneras con relación a estos problemas. En el caso de África, Erika Kraemer Mbula, profesora de economía de la Universidad de Johannesburgo, plantea que la urbanización ocurre en ese continente “más rápido que en otras regiones”. Así, se estima que en los próximos 20 años “alrededor del 40% de la fuerza laboral en África” residirá en ciudades,

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lo cual tendrá un impacto positivo en términos de aumento del nivel de vida de los residentes urbanos con respecto a los de áreas rurales. Rashed Al Blooshi, del Departamento de Desarrollo Económico de Abu Dabi, abordó el problema desde la perspectiva de las economías dependientes de la exportación de materias primas como el petróleo. Tras su fundación en 1970, dijo, Abu Dabi utilizó los ingresos de la exportación petrolera “para construir la infraestructura del país”, que hoy es una de “las más avanzadas del mundo.” Al propio tiempo, se ha venido desarrollando un proceso de diversificación económica: en la actualidad, dijo, “el 51% de la economía en Abu Dhabi depende del petróleo, el 49% depende de lo no petrolero”. Al respecto, el país se ha planteado establecer “una economía fuerte y bien diversificada” mediante una estrategia que contempla tres objetivos principales: “crecimiento sostenible, innovación, economía basada en el conocimiento”, en la cual todos los sectores no petroleros son importantes. Rania Al-Mashat, Ministra de Cooperación Internacional de Egipto encaró el tema desde la perspectiva del cambio climático que, dijo, debe ser enfrentado en lo económico y lo social mediante una “transición justa”. Esa transición, dijo, debe honrar “el derecho histórico de los países a desarrollarse - desarrollo significa crecimiento, empleos”. Al propio tiempo, eso requiere garantizar “un financiamiento justo” que permita encarar a un mismo tiempo la inclusión económica y la reducción de emisiones de carbono. Con ese propósito, las estrategias nacionales de Egipto incluyen metas nacionales alineadas con las metas globales como las planteadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, pues “el clima y el desarrollo no son mutuamente excluyentes”. En ese sentido, a su vez, Naoko Ishii, Directora del Centro para los Bienes Comunes Globales de la Universidad de Tokio, rechaza que “el crecimiento y la resiliencia están en desacuerdo o no son compatibles”. En la última década, dice, hemos aprendido que el crecimiento sostenible necesita incorporar “muchos elementos que están ayudando a la resiliencia”. Al respecto, añade, hoy sabemos


“cómo incorporar la resiliencia con un sistema natural, relacionado con el cambio climático, pero también cómo incorporar un sistema social, con capital humano, porque aprendimos mucho y es muy importante. Necesitamos ver que el crecimiento sostenible, sin resiliencia, no hará lo correcto para el futuro.” Todo indica, en efecto, que el crecimiento dependiente de combustibles fósiles, de la extracción creciente de materias primas y de la generación cada vez mayor de desechos no podrá ser la fuente de solución para estos problemas. Por el contrario, eso requiere un enfoque mucho más integral del crecimiento, que preste especial atención a la formación de una fuerza laboral competitiva. Así, Gog Soon Joo, Director de Habilidades de SkillsFuture Singapur, plantea que “la estrategia empresarial debe estar apoyada en la estrategia de talento y habilidades”, mediante “un esfuerzo altamente coordinado – sector privado, sector público.” Así, el “Consejo de la Economía del Futuro, copresidido por el Viceprimer Ministro y los jefes del sector privado,” tiene entre sus objetivos garantizar el papel del talento y las habilidades productivas en esa economía del futuro, diseñando una estrategia que “se traducirá casi de inmediato en información para universidades, escuelas politécnicas y educación técnica”, al tiempo que “la fuerza laboral actual debe volver a capacitarse muy rápidamente”. En este contexto, el Director General de la Organización Internacional del Trabajo añade un elemento de especial importancia a la discusión, al señalar que “cuando hablamos solo de crecimiento económico, es lo que los jóvenes ya no quieren escuchar.” Hoy, agrega, “Necesitamos realmente comenzar a decir que tiene tres pilares que deben moverse uno al lado del otro: crecimiento económico, protección de la Madre Naturaleza y el medio ambiente, y gasto social. Necesitamos crecimiento, […] pero ese crecimiento no debe verse de manera aislada como si eso luego cuidara lo social y el medio ambiente.”

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La Ciudad no es ajena a estas preocupaciones. Por el contrario, las hace suyas en su visión de una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática, y en su misión de contribuir a crear esa sociedad mediante el cumplimiento de una misión que pone la experiencia empresarial, la ciencia y la cultura al servicio de la innovación para el cambio social. Cambiamos con el mundo, para ayudarlo a cambiar.

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La epopeya en la Ciudad “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.” José Martí, 1891186

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sta semana, la Ciudad acogió la sede de la Escuela Interamericana de Diálogo Social, Tripartismo y Resolución de Conflictos, auspiciada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Universidad de Panamá. En el acto inaugural participaron la Ministra y el Viceministro de Trabajo y Desarrollo Laboral, el Rector y los Vicerrectores de la Universidad de Panamá, y representantes de organizaciones sindicales y empresariales. Otras autoridades de la OIT y de universidades latinoamericanas se hicieron presentes de manera virtual. La Ciudad amplía así el espacio de su función como plaza socrática al servicio de la sociedad panameña. Y lo hace también al servicio de la región latinoamericana, donde el diálogo constituye una herramienta de importancia cada vez mayor para construir los consensos que demanda la tarea de encarar los problemas de nuestros países, como los de nuestra participación en el debate de los que afectan a la Humanidad entera. 186 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 17.


Desde esa perspectiva, por ejemplo, el Foro Económico Mundial ha difundido un artículo del especialista Ira Basen titulado “¿Puede el Gran Reinicio realmente crear un capitalismo más amable y equitativo?”187 Allí, el autor se refiere a una de las dimensiones políticas del debate cada vez más amplio en torno al proceso de transición por el que atraviesa el moderno sistema mundial en sus dimensiones económica, política, social, cultural y ambiental, cuya interacción agrava la crisis que encaramos. El debate opera en dos planos distintos. Uno es el de la geocultura del sistema mundial, donde va culminando el cuestionamiento de los grandes temas que animaron el desarrollo mundial en el periodo que hoy se agota. El otro opera en el plano geoeconómico, donde se confrontan diversas opciones para la reorganización del mercado mundial y la atención a los problemas ambientales que amenazan su desarrollo futuro. En lo que hace al primero de esos planos, cabe recordar que durante las décadas de 1950 y 1960 el concepto de desarrollo expresó las mejores esperanzas de la Humanidad tras los desastres de la Gran Guerra de 1914-1945. De 1970 en adelante, sin embargo, esas esperanzas fueron siendo acotadas por problemas asociados al crecimiento de la población, la persistencia de la pobreza, el deterioro ambiental, la conflictividad en las relaciones internacionales y las dificultades para garantizar el crecimiento sostenido de la economía mundial. En cuanto al segundo, la situación aún es incierta. Aquí, por ejemplo, tras el terrible impacto de la pandemia de COVID 19 sobre el proceso de globalización, el Foro Económico Mundial ha venido planteando la necesidad de un “reinicio” de la economía mundial que abra paso a lo que algunos llaman un “capitalismo de partes interesadas”, como distinto al capitalismo de accionistas dominante en el mercado mundial. 187 https://www.cbc.ca/radio/ideas/great-reset-equitable-capitalism1.6851812?utm_source=sfmc&utm_mediumar=email&utm_campaign=2804080_ WeeklyAgenda26May2023&utm_term=&emailType=Agenda%20Weekly

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En su origen, nos dice Basen, la idea de un capitalismo de partes interesadas fue acuñada por Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, en respuesta a un ensayo del economista estadounidense y Premio Nobel Milton Friedman, quien cuestionaba a quienes planteaban la “responsabilidad social” de las empresas ante problemas como la pobreza y el medio ambiente. En cambio, Friedman, destacaba las virtudes del “capitalismo de accionistas”, en el cual las personas que dirigían corporaciones no estaban allí para resolver los problemas de la sociedad, sino para aumentar las ganancias y generar así una mayor prosperidad para todos. Para Schwab, en cambio, los directores ejecutivos – además de velar por un “retorno saludable de las inversiones”-, deben considerar las necesidades de otras “partes interesadas” en el buen funcionamiento de la economía, como “trabajadores, proveedores, clientes, la sociedad civil y las comunidades.” Con ello, las “asociaciones de múltiples partes interesadas” serían “el camino hacia el futuro”. En los inicios de ese debate, el punto de vista de Friedman era optimista. Hoy, sin embargo, al cabo de años de crecimiento incierto, estancamiento salarial, pérdida de empleos, baja movilidad social, una creciente crisis climática, y una creciente tensión política, se abren nuevos espacios para el planteamiento del tema. Así, en junio de 2020, el WEF lanzó su iniciativa Great Reset, planteando que había llegado “el momento de poner el botón de reinicio en el capitalismo”.188 Ese reinicio permitiría al mundo actuar “de forma conjunta y rápida” para “renovar todos los aspectos de nuestras sociedades y economías, desde la educación hasta los contratos sociales y las condiciones laborales.” De no hacerlo, se añadía, las crisis en curso “se profundizarán y dejarán al mundo aún menos sostenible, menos equitativo y más frágil.” 188 https://www.weforum.org/agenda/2020/06/now-is-the-time-for-a-great-reset/


Hacerlo, por otra parte, requeriría “gobiernos más fuertes y efectivos” - aunque no por necesidad “más grandes”- y la participación del sector privado “en cada paso del camino”. La agenda de ese Gran Reinicio “tendría tres componentes principales”: dirigir al mercado “hacia resultados más justos”; garantizar que las inversiones “promuevan objetivos compartidos, como la igualdad y la sostenibilidad”, y “aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial para apoyar el bien público en especial al abordar los desafíos sociales y de salud.” Para el Foro, esto ofrecería “una oportunidad única para construir cimientos completamente nuevos para los sistemas económicos y sociales mientras se abordan los desafíos globales como la desigualdad de ingresos y el cambio climático.” Con todo, Basen advierte que llevar el Gran Reinicio a la práctica requerirá definir “quién elige a las partes interesadas y cuánto poder tendrán.” Las empresas, dice, “querrán un asiento en la mesa”, pero la élite corporativa representa solo una pequeña parte de la comunidad empresarial. “Los trabajadores, añade, “son actores importantes, pero no, al parecer, si pertenecen a un sindicato”, pues muchas corporaciones, “incluidas Starbucks, Amazon, Apple y Alphabet, la empresa matriz de Google, están librando feroces campañas para evitar que se sindicalicen.” Y a esto hay que agregar todos los grupos de la sociedad civil, incluidas las ONG relevantes, las organizaciones comunitarias y las organizaciones benéficas, que pueden tener reclamos legítimos como partes interesadas, pero que no necesariamente están de acuerdo con las soluciones a grandes problemas como la emergencia climática. ¿Quién elige las voces a escuchar? En una democracia, la respuesta obvia es que deben ser representantes electos. Sin embargo, para las élites corporativas globales “las corporaciones son actualmente las únicas organizaciones completamente funcionales en la sociedad” y deben “tomar la iniciativa en cualquier tipo de asociación con el gobierno y otras partes interesadas”.

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Steven Globerman, economista y académico de número del Fraser Institute, considera inquietante esta perspectiva. Conceder eso, dice, básicamente significa “que la democracia no funciona”, y que podríamos “tener un grupo de autócratas decidiendo qué es socialmente importante y qué no”. En su opinión, la idea de limitar la participación del gobierno en la toma de decisiones requiere distinguir “entre un gobierno limitado y ningún gobierno en absoluto”, pues siempre existe la posibilidad “de que se haga mucho daño si el gobierno es esencialmente un socio con las empresas, donde los líderes empresariales […], en cierto sentido, pueden establecer la agenda social”. Este tipo de debate seguirá ampliándose, porque en el fondo la transición en que andamos tiene un alcance civilizatorio, y no meramente económico o político. Para bien o para mal – eso depende de todos los que estamos involucrados en el proceso – el debate hace parte de la construcción de la civilización que reemplace a la que hemos conocido. Por lo mismo, es importante participar en el mismo desde nosotros mismos, en nuestra relación con el mundo. De eso trata, justamente, lo que nos dijera José Martí de aquella otra transición que para fines del siglo XIX nos conducía a nuestra contemporaneidad, que ya se agota: La epopeya está en el mundo, y no saldrá jamás de él: la epopeya renace con cada alma libre: quién ve en si es la epopeya. Unos son segundones, y meras criaturas, de empacho de libros, y si les quitan de acá el Spencer y de allá el Ribot, y por aquí el Gibbons y por allí el Tucídides, se quedarían como el maniquí, sin piernas ni brazos. Otros leen por saber, pero traen la marca propia donde el maestro, como sobre la luz, no osa poner la mano. Y artesanos o príncipes, ésos son los creadores. Epopeya es raíz.189 Y en la raíz está la polis, esto es, la Ciudad.

189 Patria, 26 de marzo de 1892. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IV, 379-381.http://www.josemarti.cu/publicacion/rafael-serra/


16 DE JUNIO DE 2023

La Ciudad en un mundo que cambia “El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu.” José Martí, 1891190

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a razón de todos en las cosas de todos es hoy más necesaria que nunca, cuando el deterioro de nuestras relaciones con el entorno natural se constituye ya en un obstáculo al desarrollo humano. Esta verdad se va abriendo paso en el debate sobre las razones de ese deterioro, y de los medios para enfrentarlo. Así lo muestra la presencia en ese debate de entidades como la Alianza por los Bienes Comunes Globales, creada para contribuir a encarar la crisis general de un modo que lleve a la creación de un futuro seguro y justo para las personas y el planeta.191

La Alianza se propone “movilizar ciudadanos, empresas, ciudades y países para acelerar el cambio de sistemas y convertirnos en mejores guardianes de los bienes comunes globales”. Esos bienes están formados “por los sistemas interconectados que sustentan la vida en la Tierra: desde el hielo marino del Ártico hasta la selva amazónica”, que mantienen “nuestro suelo fértil, nuestro océano saludable, nuestro aire limpio y nuestro clima estable.” 190 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 19 191 https://globalcommonsalliance.org/

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Esos bienes, dice la Alianza, constituyen una herencia y una responsabilidad compartidas por toda la Humanidad, que hoy enfrentan problemas y plantean riesgos de una escala que supera la capacidad de movilización y gestión de nuestras instituciones y sociedades. Eso la lleva a convocar a todos aquellos que estén dispuestos a colaborar para convertir “la teoría en práctica, la desesperación en esperanza y la aspiración en acción.” Para ese propósito, la Alianza estableció en 2019 una Comisión de la Tierra, integrada por destacados representantes de las ciencias naturales y sociales. La Comisión cuenta con la colaboración de 70 expertos, organizados en cinco grandes áreas: el modelaje de los sistemas de la Tierra y humanos; las interacciones en la biosfera; nutrientes y contaminación; transformaciones socioeconómicas, y transferencia del conocimiento científico a agentes gubernamentales y del sector privado. Ese trabajo ha sido organizado en torno a “tres prioridades estratégicas que se refuerzan mutuamente para salvaguardar los bienes comunes globales y recuperar la estabilidad planetaria”. Una consiste en “combinar la ciencia de vanguardia con las comunicaciones estratégicas” para facilitar “la comprensión científica de la dependencia crítica de la humanidad de los bienes comunes globales y la amenaza existencial que plantean los puntos de inflexión”, dotándola de un marco que delinea “límites seguros y justos para las personas y planeta.” Otra procura facilitar la inserción de la ciencia en “la implementación en la economía real”, y otra más busca contribuir a “la convergencia de actores clave en torno a un enfoque sistémico y equitativo”, proporcionando “un seguimiento detallado del progreso en los principales aspectos económicos y otros sectores críticos.” Para 2025, la Comisión espera que quienes deben tomar decisiones en los sectores gubernamental y privado comprendan “la verdadera magnitud de las transformaciones multifacéticas que necesitamos para salvaguardar los bienes comunes globales”. Esto, se agrega,


permitirá adoptar las medidas necesarias para desencadenar y sostener “un cambio transformador” que permita proteger esos bienes. Los primeros resultados obtenidos por la Comisión señalan, en efecto, que los seres humanos están generando graves riesgos para el futuro “de la civilización y la vida en la Tierra”. Esta afirmación se basa en la evaluación y cuantificación de variables relativas a la regulación de la vida y la estabilidad en la Tierra, que incluyen las dimensiones humanas de la justicia y lo justo, para prever y evitar un daño significativo a las personas debido a una creciente reducción del espacio a disposición de los humanos en la Tierra.192 Esto es especialmente importante pues muchos de los límites de relación entre los humanos y su entorno natural ya han sido superados, lo cual pone en riesgo tanto a la estabilidad y la resiliencia del sistema Tierra como al bienestar humano y la equidad. Al respecto, se entiende que la necesidad de la justicia “para que la humanidad viva dentro de los límites planetarios”, lo cual incluye establecer objetivos justos y garantizar el acceso de la gente a los recursos y las transformaciones necesarias para alcanzar estas metas. El empeño en vincular la visión de las ciencias naturales con la de las ciencias sociales es un aporte mayor de la Comisión. Para su Directora Ejecutiva, Wendy Broadgate, esto permite afirmar que “una transformación segura y justa para lograr un planeta manejable requiere con urgencia la acción colectiva de múltiples actores, sobre todo en el gobierno y el sector privado, para actuar dentro de los límites del sistema Tierra y mantener intacto nuestro sistema planetario de soporte”, pues nunca ha sido “tan importante ni tan urgente la gestión de los bienes comunes globales.” Desde nuestra América, por otra parte, un reciente informe de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) confirma esa urgencia, al advertir que es muy probable 192 “A just world on a safe planet: First study quantifying Earth System Boundaries live” https://earthcommission.org/news/publications/just-world-safe-planet/ .Ver también https://www.nature.com/articles/s41586-023-06083-8

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que el 75% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 no lleguen a ser alcanzados.193 Y eso es tanto más grave cuanto que en estas cosas no hay soluciones a corto plazo, y los plazos son cada vez más cortos. El informe de la CEPAL, en efecto, menciona múltiples causas del problema que deben ser atendidas, desde el impacto de la pandemia en la economía y la vida social, hasta la pérdida de capacidades de previsión en los gobiernos, la amplitud de la brecha digital y el deficiente estado de la educación pública en nuestros países. Todo esto hace especialmente importante, como lo dijera Martí, la participación de todos en la atención a los problemas de todos. Ese, sin embargo, aún es un problema pendiente de verdadera atención. En este plano, el informe de la CEPAL se distingue del de la Comisión de la Tierra en que, además de los sectores gubernamental y privado, plantea la necesidad de que la sociedad civil participe en el debate sobre los problemas a resolver y el modo de hacerlo. Ninguno de los dos informes, sin embargo, incorpora a esa participación a los movimientos sociales y de trabajadores del campo y de la ciudad, que a menudo constituyen convidados de piedra en estos procesos. Quizás sea esto un legado de aquel espíritu de origen de nuestra modernidad a que se refería Fernand Braudel al decirnos que el capitalismo es una creación de la desigualdad del mundo; necesita, para desarrollarse, la complicidad de la economía internacional. Es hijo de la organización autoritaria de un espacio evidentemente desmesurado.194 El “continente descoyuntado” al que se refería Martí hizo parte de aquella desigualdad del mundo y su organización autoritaria. Con todo, las cosas cambian, y el desarrollo humano ha creado, en la transición del siglo XX al XXI, una circunstancia en la que aquellas características 193 América Latina y el Caribe en la mitad del camino hacia 2030 Avances y propuestas de aceleración Sexto informe sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile, 2023 194 Braudel, Fernand (1994:100): La Dinámica del Capitalismo. Fondo de Cultura Económica, México.


de origen impiden aprovechar a plenitud las capacidades científicas, tecnológicas, sociales y culturales de que hoy dispone la Humanidad para garantizar su bienestar y la gestión sostenible de sus bienes comunes globales. Hoy, en efecto, se hace a un tiempo necesario y posible cambiar aquel espíritu de origen profundizando las iniciativas en curso que buscan ampliar la base social del mercado y establecer flujos de valor mucho más equitativos entre las distintas sociedades del planeta facilitando así la gestión que ya demandan los bienes comunes globales. Tales son tareas que demandan hacer de la innovación un recurso para el cambio social, y del cambio social el medio más adecuado para promover y facilitar la innovación. Tal es el aporte de la Ciudad a la tarea de encarar la crisis mediante la creación de sociedades prósperas, inclusivas, sostenibles y democráticas. La Ciudad tuvo entre sus razones de origen la necesidad de ayudar a su país a crecer con el mundo, para ayudarlo a crecer. Así lo ha venido haciendo desde hace ya un cuarto de siglo, y cada uno de esos años la ha confirmado en su razón de ser.

23 DE JUNIO DE 2023

La educación ambiental, y la otra educación

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n su momento, el educador ambiental panameño Kleber De Lora lo expresó con la mayor de las claridades: la educación ambiental, dijo, es la educación. Y es que de eso se trata, pues no vivimos en una época de cambios, en la que se puede añadir lo ambiental como una materia más a la educación existente, sino en un cambio de épocas, donde la incorporación de lo ambiental como problema fundamental para el desarrollo de nuestra especie pone en cuestión a toda la educación que ha contribuido – y contribuye – a la creación de ese problema.

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De la cristiandad acá hemos vivido otros cambios de época, y de la educación que contribuyó a crearlas. En la Edad Media, por ejemplo, toda la cultura y buena parte de la vida se organizaba en torno a los problemas de la salvación del alma, en sociedades que tenían más fe en la llegada del Juicio Final de la que algunos tienen hoy en la existencia del cambio climático. En esas sociedades, por lo mismo, toda la educación se organizaba en torno a la disciplina que se ocupa del problema de la salvación, que es la teología. Así, la teología servía de eje al proceso formativo. La educación, como componente de ese proceso, se estructuraba en dos ámbitos fundamentales. Uno era el trivium – integrado por las ciencias de la razón: gramática, dialéctica y retórica -, y el otro el quatrivium, que reunía a las ciencias que hacían uso de la razón así educada: aritmética, geometría, astronomía y música. Entre 1450 y 1650 – el siglo XVI “largo” de que hablara el historiador Fernand Braudel -, se produjo un cambio de época, en el cual el problema de la salvación del alma se vio desplazado por el de la ganancia como objetivo fundamental de la existencia y de la vida en sociedad. En el mismo proceso, la teología fue siendo desplazada de su lugar central en la organización de la cultura por otra disciplina, la economía, que se ocupa de los problemas de la ganancia a través de la promoción del crecimiento económico sostenido. Al ocurrir esto, la idea medieval de que se vivía en la naturaleza, como parte de una misma Creación – y de la observación y reflexión sobre la naturaleza en el intento de comprender nuestro lugar y nuestras funciones en esa Creación-, fue desplazada por otra: la de que era justo y necesario vivir de la naturaleza, como lo era prosperar a cuenta del trabajo de otros seres humanos. Y en el mismo proceso, también, se produjo una vasta reorganización de los campos y las formas del saber. Para mediados del siglo XIX, el saber había pasado a organizarse en un nuevo trívium, integrado por las ciencias naturales, las sociales y las humanidades, que se convirtió rápidamente en quatrivium


con la adición de las ingenierías. A lo largo de esa reorganización, la naturaleza resultó expulsada de los ámbitos de las ciencias sociales y las humanidades, para quedar constreñida al de las ciencias naturales, donde se la estudiaba para conocerla de un modo que permitirá a las ingenierías dominarla de manera cada vez más completa y productiva. Desde sus orígenes, por otra parte, ese proceso ha tenido lugar a través del diálogo y la interacción entre los ámbitos del Estado, la empresa y de los trabajadores intelectuales directa e indirectamente ligados al quehacer educativo. En ese diálogo, la comunidad ha tenido una limitada con esas otras partes en materia educativa, salvo en lo que hace al derecho de recibir servicios de una educación concebida y organizada desde arriba, cuando no desde afuera, a través de las agencias internacionales de financiamiento del desarrollo. El orden mundial que generó para sí ese sistema educativo es el que está en crisis en el marco del cambio de épocas que atravesamos hoy. El destino a que nos conduce ese cambio aún es incierto, pero el problema fundamental que nos plantea se define con claridad cada vez mayor. Ese problema es el de la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana ante los riesgos que se derivan de las modalidades de organización de nuestras relaciones con el entorno natural que han sido dominantes en nuestra civilización del siglo XVI acá, y que han llegado a extremos particularmente destructivos en la transición del XX al XXI. Aquí es bueno recordar que los problemas ambientales que padece hoy la especie humana no son de origen natural, sino cultural. Ellos resultan de las modalidades de relación con el mundo natural que han caracterizado y caracterizan a las modalidades de desarrollo adoptadas por nuestra especie del siglo XVI a nuestros días. Esas modalidades, en efecto, han terminado por conducirnos a una combinación de crecimiento económico con deterioro social y degradación ambiental que alcanza grados extremos en la crisis actual, sociedad por sociedad, región por región, cada una en sus propios términos, pero sin excepciones en un sistema mundial que vincula

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inexorablemente el destino de todas. La lección que se deriva es de una compleja sencillez: siendo el ambiente el resultado de las modalidades de interacción entre los sistemas sociales y los sistemas naturales que caracterizan a una determinada época histórica, si deseamos un ambiente distinto debemos crear una sociedad diferente. Desde esa disyuntiva se definen todo el potencial y todos los desafíos que encara la educación ambiental en todas sus expresiones: formal, informal y no formal. En efecto, esa educación sólo merecerá su nombre en la medida en que tenga por objetivo crear las condiciones culturales que demanda la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana. Por lo mismo, deberá ser organizada a partir de una visión integrada de las relaciones entre los sistemas sociales y los sistemas naturales, mediante formas de interacción entre ambos correspondientes al potencial de armonía de cada uno. Ese derecho, sin embargo, debe ser ganado en el marco de sistemas educativos que operan - para decirlo con palabras del Papa Francisco-, en un marco de conflicto entre el tiempo que anuncia la educación ambiental, y el espacio que modela la otra educación. En una situación así, la idea de vincular la educación ambiental a los procesos de formación y desarrollo de comunidades humanas – vecinales, laborales, sociales, culturales – conscientes de sí mismas y del interés general de sus integrantes, y capaces de ejercerse como interlocutores del Estado y de las comunidades que expresan los intereses de los sectores dominantes tiene la mayor importancia. La educación ambiental, en efecto, tiene un importante papel que cumplir en la tarea de dotar a las comunidades del conocimiento necesario para comprender mucho mejor sus propios entornos, y ganar el control sobre esos entornos el control del que hoy carecen. Por otra parte, el cumplimiento de esa tarea, desde adentro y desde abajo, permitirá a la educación ambiental renovarse y forjarse en el diálogo con los protagonistas de la realidad que ella debe contribuir a transformar.


De ese proceso ha de resultar que se acelere el avance en la creación de formas nuevas de organización del saber y de la cultura de la sustentabilidad. En esta labor, los latinoamericanos hemos venido aportes de importancia cada vez mayor desde fines del siglo XX. La conciencia de la necesidad de un abordaje interdisciplinario de los problemas de nuestra realidad, tal como la expresara Rolando García, se traduce en logros de creciente relevancia en el fomento de campos nuevos del saber como la historia ambiental, la ecología política y la economía ecológica que facilitan el encuentro y el diálogo entre quienes entienden que no hay ya entre nosotros batalla entre la civilización y la barbarie sino “entre la falsa erudición y la naturaleza”, como lo advirtiera José Martí en 1891. Es en el marco de esa batalla, en efecto, donde se aprecia mejor el vínculo mayor entre la educación ambiental y el contexto de crisis en que ella encuentra su razón de ser en nuestra América Latina a comienzos del siglo XXI. En ese vínculo encuentra la educación ambiental, también, los medios de que dispone para ejercer esa razón, y enriquecerla. No estamos a fin de cuentas ante un mero problema técnico. Lo que nos desafía es el problema cultural de encontrar los medios y los modos de avanzar con los cambios de la época, para guiarlos hacia objetivos superiores de desarrollo humano y alejar y neutralizar los riesgos terribles que esos cambios, librados a la espontaneidad de la crisis que expresan, pueden plantear a la sobrevivencia misma de nuestra especie.

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Ambiente: reconstrucción y fomento

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l Banco Mundial forma parte del conjunto de organismos y organizaciones creadas en la transición desde la organización del mercado mundial como un sistema colonial, a la de un sistema internacional, a fines de la Gran Guerra de 1914-1945. Su organización financiera de soporte es el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), creado en 1944 como una cooperativa internacional dedicada al desarrollo, propiedad de los 189 países que lo integran. El propósito original del Banco fue el de ayudar a la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Junto con la Asociación Internacional de Fomento (AIF) —el fondo para los países más pobres—conforma el Banco Mundial. Ambos “colaboran estrechamente con las otras instituciones integrantes del Grupo Banco Mundial y con los sectores público y privado para reducir la pobreza y promover la prosperidad compartida en los países en desarrollo”. En esa relación, el BIRF apoya la misión del Grupo Banco Mundial proporcionando “préstamos, garantías, productos de gestión de riesgos, y servicios de asesoría a los países de ingreso mediano y a los países de ingreso bajo con capacidad crediticia”, y coordinando además “las respuestas ante los desafíos mundiales y regionales”. De esos desafíos hace parte hoy la crisis global en las relaciones entre la especie humana y su entorno natural. Dicha crisis demanda ya tareas de reconstrucción y fomento de alcance planetario, que incluyen la de contribuir a una mejor comprensión de su origen, sus características, y las dificultades que plantea su solución. Al respecto, el Banco Mundial ha dado a conocer el informe Las fronteras de la naturaleza: Lograr sostenibilidad, eficiencia y prosperidad con el capital natural, elaborado en colaboración con el Natural Capital Project y el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA).


En lo más esencial, el informe plantea que “es posible tener un planeta habitable si los recursos naturales se utilizan de una manera más eficiente.” Ese planteamiento se sustenta en “una combinación de ciencia innovadora, fuentes de datos, y modelos biofísicos y económicos”, elaborada con el propósito de señalar “cómo y dónde los países pueden utilizar los recursos naturales de manera más eficiente para prosperar sin dañar el planeta ni traspasar sus límites en el uso de los recursos naturales”, para encarar “el desafío fundamental de la sostenibilidad”. Esto no es poca cosa, si consideramos el alcance de la tarea. Los desafíos mundiales a que se refiere el informe abarcan problemas como “el cambio climático, la productividad económica, la seguridad alimentaria e hídrica, y la salud”. Al respecto, Richard Damania, economista en jefe de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial, plantea que el informe “nos ayuda a entender lo que está sucediendo a nivel de los países y la manera en la que estos pueden alcanzar sus objetivos de desarrollo sin sacrificar las metas en materia de biodiversidad o cambio climático”. “Los países”, agrega Damania, “pueden tomar determinadas medidas ahora para brindar a sus habitantes una vida mejor y, al mismo tiempo, mantener un planeta habitable”. Esto tiene especial importancia en lo relativo a la eficiencia en el uso de los recursos naturales, un tema en el que “casi todos los países presentan importantes brechas de eficiencia”. Tales brechas pueden ser superadas en la medida en que los países “tienen la capacidad necesaria para casi duplicar su desempeño, ya sea en términos de rentabilidad económica o de resultados ambientales al mejorar en una dimensión sin sacrificar la otra”. El ejercicio y desarrollo de esas capacidades, sin embargo, debe atender al hecho de que, aun cuando los países “enfrentan necesidades contrapuestas y tienen presupuestos limitados”, abordar las ineficiencias “sigue siendo una de las formas más eficaces en función de los costos y más atractivas desde el punto de vista económico para alcanzar los objetivos mundiales de sostenibilidad.” Así, por ejemplo, se indica que,

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Asignar y gestionar la tierra, el agua y otros recursos naturales de una mejor manera podría aumentar el total de los ingresos anuales de alrededor de USD 329 000 millones en todo el mundo, que se derivan de la agricultura, el pastoreo y la silvicultura, y producir una cantidad de alimentos suficiente para la población mundial hasta 2050, sin una pérdida neta de bosques y hábitats naturales. Steve Polasky, profesor de Economía Ecológica/Ambiental de la Universidad de Minnesota e integrante del Natural Capital Project, destaca que lo planteado en el informe “ayudará a integrar el valor que la naturaleza proporciona a la sociedad en las decisiones importantes”. Las herramientas innovadoras que fueron desarrolladas para su elaboración, añade Polasky, proporcionan “información práctica para la toma de decisiones políticas, financieras y de gestión por parte de los responsables de esta tarea”. A escala planetaria, el informe confirma que muchas de las oportunidades para encarar de esta manera la crisis ambiental “se encuentran en países de ingreso bajo y mediano, es decir, los que más se beneficiarían con estas medidas.” Así, por ejemplo, “evitar la deforestación podría ayudar a secuestrar 85 600 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono adicionales (o hasta 1,7 años de emisiones mundiales), sin afectar el crecimiento económico.” Al propio tiempo, un uso más eficiente de los recursos ya destinados a prevenir la contaminación atmosférica “podría ayudar a salvar 366 000 vidas más cada año”. El informe, por otra parte, reconoce que no existen soluciones universales para estos problemas, “dadas las enormes diferencias que existen entre los países y los desafíos que enfrentan.” Por tanto, procura identificar “los cambios necesarios y en qué parte de un país es preciso implementarlos”, proporcionando “indicadores para evaluar las ventajas relativas” y “la combinación de políticas más adecuadas para el país.” De todo ello resulta, se dice “una hoja de ruta detallada que puede


ayudar a los países a seleccionar el enfoque más viable y asequible para satisfacer sus necesidades ambientales y de desarrollo”. No cabe duda de la importancia, y del significado, de este tipo de aportes. Ellos nos van indicando cómo crecen la importancia que se asigna a la crisis por la que atraviesa la relación entre la especie humana y su entorno natural, y la necesidad de entenderla y atenderla en toda su complejidad. En este sentido, será bueno conocer y analizar el informe en lo que hace a otras facetas de esa complejidad, como la de los vínculos existentes entre las formas de organización de las sociedades, y las de sus relaciones con la naturaleza. Porque quizás ocurre que la ineficiencia técnica en el manejo de los recursos naturales exprese inarmonías en la relación de las sociedades con la naturaleza que se deriven las que existan dentro de la propia sociedad. De allí, por ejemplo, la importancia del vínculo entre la innovación y el cambio social, que encontramos en el núcleo más íntimo de la cultura de la Ciudad.

28 DE JULIO DE 2023

Universidad sobre el agua

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veces, las mejores noticias pasan casi desapercibidas. Tal parece el caso de que la Universidad de Panamá haya ofrecido a partir de este año la carrera de Ingeniería en Hidrología y Recursos Hídricos.195 Se trata de la primera oferta académica de su tipo en la historia del país, que nace además en el marco del Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO. Sin duda, la trascendencia mayor de esa oferta consiste en que 195 “En 2023 Universidad de Panamá iniciará carrera de Hidrología y Recursos Hídricos” https://launiversidad.up.ac.pa/node/2753#:~:text=En%202023%20Universidad%20de%20 Panam%C3%A1%20iniciar%C3%A1%20carrera%20de%20Hidrolog%C3%ADa%20y%20 Recursos%20H%C3%ADdricos,-Lun%2C%2001%2F08&text=Estudiantes%20de%20la%20 Facultad%20de%20Ingenier%C3%ADa%20en%20trabajo%20de%20campo.&text=La%20 Facultad%20de%20Ingenier%C3%ADa%20lanz%C3%B3,iniciar%20en%20el%20ciclo%202023

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facilitará la tarea de hacer cada vez más competitiva para el desarrollo humano la ventaja comparativa que representa la enorme oferta de agua de que disfruta Panamá. Esa transformación no dependerá únicamente de la ingeniería, que actúa al interior de una sociedad que, hasta ahora, carece de una comprensión suficiente del papel del agua en su desarrollo. Por lo mismo, la oferta de la Universidad de Panamá crea una ventana de oportunidad para estimular la participación de muchos otros campos del saber en la formación de la cultura del agua que nuestro país requiere. La importancia de esa tarea se aprecia, por ejemplo, en un artículo sobre la historia ecológica de América Latina publicado en 1980 por el agrónomo Nicolo Gligo y el biólogo Jorge Morello. Allí, los autores plantearon la hipótesis –entonces muy innovadora – de que el desarrollo de las civilizaciones prehispánicas “se estructuró en torno en torno del recurso básico del agua”. Al respecto, decían, hubo en la América Latina dos tipos de civilizaciones hidráulicas: las que manejaron excedentes de agua en ambientes anegadizos (Isla de Marajó en Brasil, llanos de Moxos en Venezuela, llanos de San Jorge en Colombia, Surinam, cuenca del Guayas en el Ecuador, lago Titicaca y lago de Texcoco en México) y las que regaron en ambiente árido, llamada andina.196 Siglos después, el manejo del agua excedente tuvo una importancia decisiva en la construcción del Canal de Panamá. El canal a nivel diseñado originalmente por los franceses encontró un obstáculo insuperable en el excedente de agua de nuestra estación lluviosa. El diseño adoptado por los norteamericanos hizo de ese mismo excedente el recurso fundamental para el tránsito interoceánico, represando el Chagres en Gatún, uniendo su cuenca a la del río Grande en Culebra, y creando así el único río del mundo que desemboca en dos mares. 196 “Notas sobre la historia ecológica de la América Latina”, en Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina. Selección de Osvaldo Sunkel y Nicolo Gligo. Fondo de Cultura Económica, México. 1980: 129.


Por otra parte, la capacidad de la cultura del agua para generar una síntesis de saberes fue abordada por el historiador ambiental norteamericano Donald Worster en una conferencia que ofreciera en la Universidad de Panamá en agosto de 2001.197 Allí Worster resaltó que el agua tiene una historia cultural de gran complejidad y riqueza que aún no ha sido escrita. De allí que al pensar en el pasado “tendemos a olvidar por completo el agua, o pensamos en ella a partir de los términos que nos resultan más familiares: esto es, los existentes en la civilización moderna”. Hoy en día, agregaba, las personas modernas, incluyendo a los historiadores, piensan menos en el pasado del agua - mítico, alegórico o religioso -, en su relación con la vida y la muerte, la regeneración moral o salvación, y más en sus varios usos para la economía. Esperamos de ella que sea tan clara, inodora e incolora como sea posible, y entonces la eliminamos de nuestros pensamientos. Sin embargo, vivimos una época en la que el agua se ha convertido en “una parte cada vez más escasa, contaminada y conflictiva de la naturaleza”, lo que hace aún más urgente observar “más de cerca a este elemento vital de la naturaleza y las formas que ha adoptado, para indagar sobre el significado del agua y su papel en la historia”. Lo dicho entonces está más que comprobado hoy, cuando encaramos la paradoja de que el agua siga siendo un elemento natural muy abundante, y al mismo tiempo esté siendo convertida en un recurso natural cada vez más escaso. Esto último se debe a que los problemas de la gestión del agua en el mundo entero han dado lugar a que su transformación en recurso para las actividades humanas demande procesos productivos cada vez más complejos y tenga costos cada vez más elevados. Así, por ejemplo, esa transformación ha llegado a un punto en que – como lo informa un despacho de France 24 – hasta el agua de lluvia ha 197 “El agua en la historia moderna. Temas y preocupaciones”. Universidad de Kansas. 23 de agosto de 2001. Archivo personal de Guillermo Castro H.

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dejado de ser potable en la Tierra debido al elevado y persistente nivel de contaminantes químicos presentes en la atmósfera. Así lo plantea un nuevo estudio de la Universidad de Estocolmo, Suecia, publicado en la revista científica Environmental Science and Technology, cuyo autor principal -el profesor Ian Cousins, advierte que “no hay ningún lugar en la Tierra donde la lluvia sea segura para beber, según las mediciones que hemos tomado”.198 Y esto incluye lo que va de la Antártida a la meseta tibetana, que hoy presentan niveles de contaminación “14 veces más altos” que las nuevas pautas de agua potable de Estados Unidos, lo cual podría provocar problemas de fertilidad, retrasos en el desarrollo de los niños o aumento del riesgo de obesidad, del colesterol o de ciertos tipos de cáncer. Por su parte, un artículo en The Conversation revela las crecientes dificultades de acceso al “agua verde” - como se llama al agua de lluvia disponible para las plantas en el suelo -, cuya escasez relativa amenaza los servicios ecosistémicos que dependen de ella. Hoy, señala el artículo, la capacidad del agua verde para sostener un sistema terrestre estable está más amenazada de lo que se pensaba, y esa amenaza incluye a la producción de alimentos que también depende del agua verde en lo relativo al 60% de la producción mundial de alimentos básicos y el 80% de la tierra cultivada.199 Como vemos, no se trata ya de una u otra actividad aislada. Condiciones que han caracterizado al sistema de Tierra durante los últimos 11.700 años -como un clima global relativamente estable y una biosfera capaz de soportar civilizaciones de base agraria – experimentan hoy un notable deterioro. Esto incluye un clima más cálido, la extinción masiva de especies, la contaminación ambiental generada por la agricultura intensiva, la destrucción de hábitats 198 “El agua de lluvia no es potable debido a la contaminación, según estudio”. https://www. france24.com/es/minuto-a-minuto/20220810-el-agua-de-lluvia-no-es-potable-debido-alos-qu%C3%ADmicos-seg%C3%BAn-un-estudio 199 “La interrupción humana del ciclo de agua dulce de la Tierra ha excedido el límite seguro, muestra nuestra investigación.” 27 de junio de 2022. https://theconversation.com/ human-disruption-to-earths-freshwater-cycle-has-exceeded-the-safe-limit-our-researchshows-182562


naturales y, desde principios de 2022, la saturación de la biosfera por la emisión y acumulación de contaminación química y desechos plásticos. La gestión del agua incide de una manera u otra en todos esos procesos. Al respecto, dice el artículo, si bien “el uso humano del agua dulce todavía se encuentra dentro de límites seguros a nivel mundial”, cabe sospechar que en muchas cuencas hayan sido rebasados los límites regionales en la extracción del agua que fluye por los ríos y se acumula en el subsuelo, debido al incremento de la población urbana y la producción industrial y agroindustrial. De ese marco global hace parte nuestra circunstancia glocal. No sólo se trata de garantizar el agua para el funcionamiento del Canal. Además – y al propio tiempo - se trata de garantizar el acceso al agua de toda la población del país, mantener la viabilidad de la generación hidroeléctrica, ampliar los sistemas de regadío en el Centro y el Occidente del Istmo, y de contener el colapso de ecosistemas debido a actividades como la deforestación y la minería a cielo abierto. Todo esto demandará cada vez más el aporte de especialistas en la gestión del agua, que finalmente podremos formar desde las condiciones del país y de la región Caribe de la que somos parte. Pero, sobre todo, si de cultura del agua se trata, demandará el aporte de especialistas en todos los campos del saber – desde las Humanidades hasta las ciencias naturales y la innovación tecnológica, y de comunidades bien informadas y organizadas para concurrir a la tarea común. La vida de todos depende del agua, como de todos depende garantizar el acceso de la vida al agua. La Universidad quizás no lo haya visto así, pero el hecho es que la nueva oferta de formación en ingeniería hidrológica y gestión de recursos hídricos constituye un paso que ayudará a poner en movimiento al país entero. Bienvenido sea ese paso necesario.

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tiempo ha sido la advertencia que nos ha ofrecido a todos Antonio Guterres, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, al decirnos días atrás que el sistema internacional ingresó en su fase de ebullición.201 “Para el planeta entero”, agregó “es un desastre”. Y para los científicos es inequívoco: los humanos somos los causantes. Todo esto es completamente consistente con las predicciones y las advertencias reiteradas. La única sorpresa es la velocidad a la que ocurre. El cambio climático está aquí; es aterrador y esto es el principio. También señaló con claridad las grandes tareas y deberes que la situación demanda. “Los líderes”, dijo, “deben asumir el liderazgo. No más renuencias. No más excusas. No más esperar a que otros den el primer paso. No hay tiempo para eso”. Esto es tanto más importante porque aún es posible “limitar la temperatura global a un incremento de 1.5 grados Celsius y evitar un peor cambio climático. Pero sólo si se adopta una acción climática dramática e inmediata”. El liderazgo es decisivo aquí, si consideramos el alcance y la complejidad de los retos que la Humanidad encara. Es necesario, por ejemplo, que “las naciones desarrolladas se comprometan a alcanzar el objetivo de cero emisiones netas [de dióxido de carbono] para 2040 y que las economías emergentes lo logren en 2050 o antes, con apoyo de los países ricos”. Y esto debe hacerse de manera “justa y equitativa”, 200 “A los cubanos”. Septiembre, 1890. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. I, 262. 201 “La humanidad está en situación crítica.” Discurso de apertura del secretario general de la ONU en conferencia sobre el clima. https://www.jornada.com.mx/2023/08/07/ opinion/014a1pol


para “detener la expansión del petróleo y el gas”, y alcanzar el objetivo de que toda la electricidad se genere con cero emisiones netas para 2035 en países desarrollados y para 2040 en otras partes, de una manera que permita ofrecer electricidad “a precio razonable para todos en el mundo”. A esas medidas de mitigación se agregan las de adaptación. Aquí, el punto de partida radica en que el clima extremo “se está volviendo la nueva normalidad”, ante la cual todos los países “deben responder y proteger a sus poblaciones del calor ardiente, las inundaciones, tormentas, sequías e incendios implacables resultantes”. Esto requerirá “una fuerte inversión en el proceso de adaptación para salvar millones de vidas de la carnicería climática”, y “una coordinación sin precedentes en torno a las prioridades y planes para las vulnerables naciones en desarrollo. En estas circunstancias, corresponde a los países ricos “presentar una clara y creíble hoja de ruta para duplicar el financiamiento para la adaptación antes de 2025, como primer paso para dedicar a ello al menos la mitad de los recursos destinados al cambio climático”. Esto, por ejemplo, debe permitir que cada persona en el planeta esté cubierta “por un sistema de alerta temprana para 2027, mediante la implementación del Plan de Acción que lanzamos el año pasado”. Financiar estas iniciativas de mitigación y adaptación no será sencillo. No sólo se trata de que los países desarrollados cumplan el compromiso asumido en 2015 de aportar “100 mil millones de dólares al año a las naciones en desarrollo para apoyo climático, y para reponer en su totalidad el Fondo Verde para el clima.” Además, la escala de los riesgos que plantea el paso a la ebullición demanda “corregir el rumbo en el sistema financiero global para que apoye una acción climática acelerada”. Esto incluye, por ejemplo, que las instituciones financieras pongan fin al financiamiento para la industria de las energías fósiles, y financien en cambio las energías renovables. Por otra parte, demanda

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que los bancos multilaterales de desarrollo “dediquen sus fondos a la movilización de mucho más financiamiento privado, a precio razonable para los países en desarrollo, y que incrementen sus fondos para las energías renovables, la adaptación al clima, las pérdidas y los daños”. Por otra parte, hay que tener presente que una nueva normalidad implicará más tarde o más temprano una institucionalidad nueva. Pocas personas han manifestado una visión tan clara en esto como el Secretario General Guterres, que ha dedicado un enorme empeño a la tarea de renovar y ejercer la autoridad moral y política de la Naciones Unidas en un mundo cada vez más distante y distinto de aquel en que esa organización fue creada por 51 Estados nacionales al concluir la Segunda Guerra Mundial.202 La visión de Guterres, por otra parte, tiene singulares coincidencias con la presentada por el profesor Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo sobre mitigación del cambio climático del Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC) y candidato del Reino Unido a la presidencia general de esa organización, en una entrevista publicada en la Agenda del Foro Económico Mundial.203 Para el profesor Skea, lo más importante en este momento es proteger la evidencia científica de la manipulación interesada por parte de centros de poder económico y político. Esto tiene especial importancia, dice, porque la clave para avanzar seriamente en la lucha contra el cambio climático “es integrar el clima en todas las políticas y ámbitos de actividad”, dado que con decisiones en materia de planificación y de inversiones en infraestructuras “podemos causar futuras emisiones de dióxido de carbono por muchos años”. Por lo mismo, esto requiere que todas las decisiones de inversión deban analizarse “en función de sus implicaciones para el cambio climático”. 202 Al respecto, por ejemplo: https://www.un.org/es/about-us/history-of-the-un 203 Cooper, Nathan: “Esto es lo que hay que hacer para avanzar seriamente en la lucha climática, según un científico del IPC.” (310523) https://es.weforum.org/agenda/2023/05/ eso-es-lo-que-debemos-hacer-para-evitar-los-peores-efectos-del-cambio-climatico-segunun-alto-cientifico/


Para Skea, más que líderes visionarios “necesitamos a todos los miembros de la sociedad, ciudadanos y comunidades, que trabajan sobre el terreno para hacer que las cosas sucedan”. Y de esas cosas, la de mayor importancia “tanto para los científicos como para los responsables políticos, es prestar mucha más atención a la implementación y colmar la brecha entre dónde tenemos que estar, lo que prometimos hacer y lo que realmente estamos haciendo sobre el terreno”. Dicho en breve, el mundo que emergía de la Segunda Guerra Mundial fue organizado como un sistema internacional para garantizar el desarrollo económico, social y político de los 51 Estados nacionales entonces existentes, como de los otros 142 que pasaron a ser miembros de la ONU tras la desintegración del sistema colonial de 1950 en adelante, y de otras entidades multinacionales como la Unión Soviética y Yugoeslavia, en la década de 1990.204 El sistema mundial que empieza a emerger de las consecuencias socioambientales de ese sistema internacional tendrá que ser organizado para garantizar la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana. Tal es, cabría decir, el alcance que subyace tras el claro sentido práctico de los términos con que el Secretario General Guterres concluyó su intervención: La evidencia está en todas partes: la humanidad ha desatado destrucción. Esto no debe inspirar desesperación sino acción. Aún podemos detener lo peor, pero para hacerlo tenemos que cambiar el año del calor ardiente por el de la ambición ardiente. Y acelerar la acción climática ahora. Tal será, también, el entorno al que contribuirá – contribuye ya – a dar forma la Ciudad en el ejercicio de su misión, a la luz de su visión, en concierto con la Humanidad entera.

204 Al respecto: https://www.un.org/es/about-us/member-states

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Saber hacer

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a crisis socioambiental que vive la Humanidad ya pone a prueba la capacidad de nuestra especie para garantizar – o no - su propio desarrollo. Por un lado, hemos sido capaces de identificar las causas naturales y económicas de la crisis, que vienen siendo discutidas desde el último cuarto del siglo pasado. Por el otro, aún no hemos estado en capacidad de transformar ese conocimiento en la acción social que demanda la atención a tales causas.

A eso se refiere Francine Mestrum cuando señala que, si bien sabemos lo que hay que hacer para encarar el problema, “no se hace, en parte porque no queremos, en parte porque no podemos, en parte porque no sabemos cómo”.205 Y es que, en efecto, “a medida que vamos tomando conciencia de la crisis y de lo que hay que hacer al respecto, el horizonte de las medidas prácticas y concretas va desapareciendo. Sabemos que las cosas pueden y deben cambiar, pero no sabemos cómo llegar a ello”. Así, por ejemplo, los movimientos ambientalistas han mantenido una constante movilización política y cultural desde al menos la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo y el Medio Ambiente, en 1972. Eso ha logrado generar conciencia sobre la crisis socioambiental y la necesidad de cambiar el sistema económico y social que la origina. Así, el movimiento del decrecimiento - surgido tras la publicación del informe del Club de Roma de 1972, advirtió entonces - y sigue advirtiendo hoy - sobre el agotamiento de materias primas que podría 205 Mestrum, Francine: “Sabemos qué, pero ¿sabemos cómo? Estrategias de sostenibilidad”. https://www.alainet.org/es/articulo/214225 Doctora en ciencias sociales, ha trabajado en las universidades belgas de Bruselas (ULB), Gante y Amberes. Sus investigaciones tocan al tema del desarrollo social: pobreza, desigualdad, protección social desde una perspectiva global.


generar un crecimiento económico ilimitado tanto en la producción de bienes de consumo como en la de los desechos que genera el consumo de dichos bienes. El Banco Mundial, dice Mestrum, “dio inmediatamente la vuelta a este razonamiento”, planteando que el problema no estaba en crecer menos para proteger el medio ambiente, sino en proteger el medio ambiente para sostener el crecimiento. Esa contradicción sigue en curso. Mientras el IPCC advierte que no hay más espacio para el crecimiento, el Banco Mundial y el FMI siguen defendiendo el “crecimiento sostenible”, aun cuando un crecimiento económico mundial en torno al 3%, podría duplicar el tamaño de la economía en menos de 25 años. Desde esa perspectiva, dice Mestrum, “el crecimiento quedaría descartado y el sistema económico actual, obsoleto.” Y al propio tiempo, de no contar con alternativas, nos arriesgamos a un derrumbe de la economía global que nos lleve de vuelta a la barbarie, o incluso a la extinción. Las dificultades políticas encaradas por el decrecimiento generaron propuestas referidas a distintas modalidades de una nueva economía “social y solidaria”. Sin embargo, dice Mestrum, en su gran mayoría “se trata de iniciativas locales de seguridad alimentaria, trueque, monedas locales o ayuda a los pobres”, que constituirán un sistema “alternativo”, “mientras la gran industria siga funcionando y contaminando con un grado muy limitado de reciclaje”. Otra opción ha sido la llamada “economía circular”, que reincorpora sus desechos a nuevas actividades productivas. Para Mestrum, esto “ofrece más oportunidades de cambio real en cuanto se pueda reciclar más, pero el camino es aún largo”, pues el reciclaje y reutilización de las materias primas, el uso del hidrógeno verde o azul, la captura y almacenamiento de CO2 y la fusión nuclear son tecnologías que aún están en desarrollo y no ofrecen una solución a corto plazo. Por otra parte, la transición energética mediante el uso de energía eólica y solar depende de tecnologías cuya producción “requiere una gran cantidad de materias primas”, tiene una vida útil limitada “y,

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por tanto, producen grandes montañas de residuos que solo pueden reciclarse parcialmente.” Así, por ejemplo, un estudio del Banco Mundial indica que para alcanzar el objetivo de “un aumento máximo de la temperatura de 2 °C”, serán necesarias “más de tres mil millones de toneladas de minerales para la producción de energía limpia de aquí a 2050.” Tan solo la producción de grafito, litio y cobalto “debe aumentar un 450% respecto a 2018”, al tiempo que seguirá siendo necesaria la extracción de otros minerales como “el hierro, el cobre, el aluminio, el cromo, el plomo, el manganeso, el molibdeno, el níquel, la plata, el titanio, el zinc y el vanadio.”206 Tras esto subyace una contradicción cultural, pues rechazar la minería supone estar dispuesto a renunciar tanto a “la energía disponible, como a los teléfonos móviles, ordenadores portátiles, coches, trenes y aviones.” Esta contradicción se hace sentir también en que desde hace mucho tiempo “se nos ha dicho lo que debemos o no debemos hacer: comer menos carne, abandonar el coche, dejar de viajar y volar, ahorrar energía, no usar bolsas de plástico... etcétera, etcétera”. Sin embargo, “nada de esto servirá si las grandes empresas químicas y mineras pueden seguir contaminando los grandes ríos, si los mares siguen siendo devastados”, y la gente “nunca reducirá voluntariamente su consumo de forma drástica” cuando -por el contrario - la gran mayoría de los humanos “quiere vivir en las ciudades y quiere prosperidad material; el ejemplo de los países asiáticos ahora más ricos lo dice todo”. Para Mestrum, hemos llegado a un punto en el cual “las energías limpias suponen un gran extractivismo, una economía diferente que no se centre en el crecimiento no está ni siquiera en sus inicios, y la fallida economía del comportamiento no nos acerca a una solución”. Ante este dilema, “ninguna conferencia ni ningún movimiento tiene respuesta”, pues en el fondo “se trata de un problema político y de una responsabilidad colectiva, pero quizá por eso es tan difícil resolverlo”. 206 https://www.worldbank.org/en/topic/extractiveindustries/brief/climate-smart-miningminerals-for-climate-action


O puede ser al revés, y abordar esa dificultad política desde una perspectiva distinta permita identificar opciones realmente innovadoras. Mestrum, en efecto, se mueve en el terreno de la economía ambiental, que se ocupa de “las implicaciones económicas y financieras de las políticas ambientales”, y por tanto encuentra sus límites en la racionalidad de tales políticas.207 En esa perspectiva, por ejemplo, tanto el cambio social como el ambiental dependen del cambio económico, en una relación lineal. Otra disciplina, la ecología política – que se ocupa de los conflictos entre grupos sociales distintos que aspiran a hacer usos mutuamente excluyentes de los recursos de un mismo ecosistema -, enfatiza el estudio de las interacciones entre lo social, lo ambiental, lo económico y lo tecnológico. Con ello, facilita el abordaje de esas interacciones en una perspectiva ya no lineal ni circular, sino espiral. Esa espiral, en efecto, puede ampliar o disminuir su radio, como puede pasar de una fase ascendente a otra descendente, en función de los cambios que genera en el entorno con el cual interactúa en su desarrollo. En esa perspectiva, mucho más dinámica, se hace sencillo comprender que el ambiente que tenemos es el producido por la sociedad que somos, y que si deseamos un ambiente distinto tendremos que crear una sociedad diferente. En ese sentido, por ejemplo, el concepto de innovación para el cambio social – que encuentra su complemento en el de cambio social para la innovación – ofrece una clave de gran valor. No excluye a ninguno de los factores que inciden en nuestra relación con el entorno, pero los relaciona entre sí para conducir – de una manera u otra – a transformar esa relación en una perspectiva (justamente) innovadora. Tal es ya uno de los aportes de la Ciudad al cambio cultural que abre paso al cambio social necesario para encarar los desafíos que la crisis 207 https://universidadeuropea.com/blog/que-es-economia-ambiental/#:~:text=La%20 econom%C3%ADa%20ambiental%20es%20una,acci%C3%B3n%20contra%20el%20 cambio%20clim%C3%A1tico.

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socioambiental plantea a la Humanidad entera. El tiempo dirá por cuántos senderos caminan otros innovadores hacia ese mismo saber hacer, que ganará en riqueza y eficacia con cada encuentro de los caminantes. Patria, en verdad, es Humanidad.

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El mundo de la Ciudad “Esta es en todas partes, época de reenquiciamiento y de remolde. El siglo pasado aventó, con ira siniestra y pujante, los elementos de la vida vieja. Estorbado en su paso por las ruinas, que a cada instante, con vida galvánica amenazan y se animan, este siglo, que es de detalle y preparación, acumula los elementos durables de la vida nueva”. José Martí, 1882.208

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a historia de la Ciudad hace parte de una época de cambios que abarca a la Humanidad entera. Comprender el origen de esos cambios tiene gran importancia para identificar nuestras opciones de futuro. A eso se remite, por ejemplo, un artículo del historiador John Rapley titulado “Estados Unidos es un imperio en declive. Eso no significa que tenga que caer”, publicado como ensayo invitado en el New York Times.209

Allí, Rapley examina la estructura de poder global creada por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, que le permitió ejercer una influencia decisiva en la transición del sistema colonial creado por las grandes potencias europeas entre 1650 y 1950 hacia el nuevo sistema internacional / interestatal al que hace unos días el Secretario 208 “Carta de los Estados Unidos”. La Nación, 13 de septiembre de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IX, 325. 209 NYT / Opinión / ensayo invitado / 4 de Septiembre de 2023 / John Rapley (@jarapley) es economista político de la Universidad de Cambridge y autor, junto con Peter Heather, de “Why Empires Fall: Rome, America and the Future of the West”. https://www.nytimes. com/2023/09/04/opinion/america-rome-empire.html


General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, comparó con una “familia disfuncional”. Las divisiones entre sus integrantes, dijo, “están creciendo, las tensiones están surgiendo y la confianza se erosiona, lo que en conjunto aumenta el espectro de la fragmentación y en última instancia de la confrontación”. Para Guterres, “el mundo atraviesa una difícil transición y las instituciones de gobernanza mundial falla en hacerle frente a la nueva realidad”; la arquitectura financiera global “está desactualizada, es disfuncional e injusta. Requiere una profunda reforma estructural y lo mismo se puede decir del Consejo de Seguridad de la ONU”.210 La familia de que se trata empezó a tomar forma en 1944, cuando la Conferencia Monetaria Internacional de Bretton Woods sirvió a los Estados Unidos para establecer un sistema comercial y financiero internacional dolarizado, que facilitó el acceso de los ciudadanos de Occidente a los frutos del crecimiento global. Además, Estados Unidos creó la OTAN para proporcionar un paraguas de seguridad para sus aliados, y organizaciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico para forjar políticas comunes. A partir de ese núcleo, para el año 2000, Occidente representaba cuatro quintas partes de la producción económica mundial: hoy representa tres quintos, y tiende a disminuir. En cambio, los países en desarrollo tienen ahora las economías de más rápido crecimiento del mundo, y a través de instituciones como el BRICS y la OPEP están convirtiendo su creciente peso económico en poder político. Para Rapley, en todo caso, “el declive de Estados Unidos es producto de su éxito”. Por ello, si bien “nunca volverá a disfrutar del grado de dominación económica y política global” que ejerció anteayer apenas, aún puede “con las opciones correctas, mirar hacia un futuro en el que siga siendo la nación preeminente del mundo”. En efecto, aunque los países occidentales ya no dominan la fabricación y los servicios, 210 https://www.dw.com/es/onu-afirma-que-el-mundo-parece-una-familiadisfuncional/a-66764360

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conservan una ventaja en “industrias intensivas en conocimiento como la inteligencia artificial y los productos farmacéuticos o donde han construido valor de marca, como en bienes de lujo, deportes y entretenimiento”. Así, dice Rapley, Estados Unidos hará bien en considerar que aún cuenta con fuentes de poder que nadie puede rivalizar seriamente: una moneda que no enfrenta ninguna amenaza seria como medio de intercambio del mundo, las profundas reservas de capital administradas en Wall Street, el ejército más poderoso del mundo, el poder blando ejercido por sus universidades y el vasto atractivo de su cultura. Y Estados Unidos todavía puede llamar a sus amigos en todo el mundo. En total, debería ser capaz de reunir sus abundantes recursos para seguir siendo la principal potencia mundial.Para hacerlo, sin embargo, tendría que renunciar al enfoque unilateral utilizado hasta ahora. La economía mundial ha cambiado, y Estados Unidos ya no podrá dominar el planeta como lo hizo antes. Aun así, “cuenta con la posibilidad de construir un nuevo mundo a partir de una coalición de personas de ideas afines”, y esa una oportunidad que “debería aprovechar”. En todo caso, este debate tiene raíces que se remontan a la publicación en 1987 del libro El Ascenso y Caída de las Grandes Potencias: Cambio Económico y Conflictos Militares del 1500 al 2000, del historiador estadunidense Paul Kennedy.211 Allí, tras estudiar el desempeño de las grandes potencias que organizaron el desarrollo del mercado mundial entre 1950 y 1980, Kennedy examinó el papel a cumplir por China, Japón, la Comunidad Económica Europea, la Unión Soviética y los Estados Unidos hasta el final del siglo XX. Para Kennedy, la fuerza de una Gran Potencia sólo podía ser medida en relación con otras potencias. Esa relación, a su vez, estaba en directa relación con el hecho de que Las fortalezas relativas de las principales naciones en los asuntos mundiales nunca se mantienen constantes, principalmente 211 Para una síntesis del texto y su alcance: https://es.wikipedia.org/wiki/The_Rise_and_Fall_ of_the_Great_Powers


debido a la desigual tasa de crecimiento entre las diferentes sociedades y de los avances tecnológicos y organizativos que brindan una mayor ventaja a una sociedad que a otra. Esa perspectiva de análisis, que enfatiza “el aumento de la productividad, basado en intervenciones sistemáticas, que llevaron al crecimiento económico y la prosperidad de las grandes potencias en el siglo XX”, permitió a Kennedy predecir el declive de la Unión Soviética, el ascenso de China y Japón, las luchas y el potencial de la Comunidad Económica Europea (CEE) y el declive relativo de los Estados Unidos. Ese declive se expresó en el hecho de que, tras disfrutar en 1945 de una gran productividad como la única nación industrializada intacta después de la Segunda Guerra Mundial, vio disminuir su relativa de su participación en la producción y el comercio mundial a partir de la década de 1960, y la de sus exportaciones de productos agrícolas y manufacturados a partir de 1980. A esto se agregó, en el plazo de algunos años, que pasara de ser el mayor acreedor a convertirse en la nación más deudora, una situación “típica de hegemonías en declive”. Ante esta situación, ya entonces Kennedy pudo concluir que la tarea a encarar por los estadistas estadounidenses en la transición al siglo XXI sería la de reconocer las tendencias generales ya en curso, y asumir “la necesidad de ‘gestionar’ los asuntos para que la erosión relativa de la posición de los Estados Unidos se produzca lenta y suavemente, y no se vea acelerada por políticas que traen solamente una ventaja a corto plazo, pero una desventaja a más largo plazo”. Lo importante, hoy, es que ese proceso hace parte de otro, más amplio y complejo, de transición del sistema mundial desde su actual organización hacia otra que bien podría ser multipolar o transnacional, por mencionar dos posibilidades. En un proceso de este tipo, cambian la ubicación y las funciones de todas las partes del sistema: incluso aparecen componentes nuevos, mientras desaparecen, se fusionan o se rearticulan muchos de los componentes anteriores.

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En todo esto no hay nada de fatalidad. El riesgo mayor radica en la incapacidad para percibir el proceso mismo, y estar atento a sus contradicciones. Para esto, siempre será útil lo dicho por el historiador inglés Christopher Wickham como corolario de su dedicación al estudio de la transición desde la Edad Antigua a la Edad Media: “La historia no es teleológica, lo que significa que el desarrollo histórico no va a ninguna parte, sino que, al contrario, procede de algún sitio”.212 El mundo de la Ciudad está en estado de flujo. Comprender esto nos facilitará guiarnos por nuestra visión, y ejercernos mediante el cumplimiento de nuestra misión. Porque de lo que realmente se trata, en tiempos como estos, es de contribuir a crear sociedades prósperas, inclusivas, sostenibles y democráticas, mediante el recurso a una innovación que contribuya al cambio social a partir de la experiencia académica, empresarial, cultural – en suma, humana – que encarnamos y ponemos a disposición de nuestra gente. Hacemos parte, en verdad, de “los elementos durables de la vida nueva” que saludara José Martí.

PANAMÁ, 6 DE OCTUBRE DE 2023

Los tiempos del tiempo, y las crisis de la crisis “El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; la cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”. Mateo, 13: 31,32.213 212 Europa en la Edad Media. Una nueva interpretación. Crítica, Barcelona, 2017. http://www. elboomeran.com/upload/ficheros/obras/europa_en_la_edad_media.pdf 213 La Santa Biblia (2009: 1210). Reina-Valera 1960. Sociedades Bíblicas Unidas.


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as parábolas inspiradas en las realidades de la vida cotidiana y el trabajo de los sectores más modestos de la sociedad desempeñan un importante papel en el cristianismo. Así, en el evangelio de Mateo son bien conocidas aquellas inspiradas en las labores del campo, desde la siembra y el cuidado de la semilla en malos y buenos suelos, hasta la lucha contra la cizaña que amenaza a los cultivos. A ese grupo pertenece la parábola de la semilla de mostaza, que siendo muy pequeña da de sí un gran árbol en el que anidan las aves del cielo.

La Ciudad, por ejemplo, abarca doce kilómetros cuadrados en un país que tiene 77 mil de extensión. En esa mínima porción ha crecido una semilla de mostaza, que viene dando de sí un árbol que alcanzará su plenitud cuando culmine su labor de contribuir a la creación de un entorno próspero, inclusivo, democrático y por todo ello, sostenible. Para comprender todo lo que esto implica, conviene situarlo en el tiempo. No solo en el cronológico, que miden los calendarios, sino y sobre todo en el histórico, creado por el quehacer de los humanos en la tarea de forjar su realidad. El cronológico nos dice que la Ciudad nació en la segunda mitad de la década de 1990, a partir del llamado de Fernando Eleta y Gabriel Lewis Galindo a todos los que participaron en su creación. Desde el histórico, sin embargo, la semilla de esa convocatoria tiene un origen anterior, que bien puede remontarse a 1956. Fue en ese año cuando, al tomar posesión en ese año de su cargo como presidente de la República tras un período particularmente convulso en la vida nacional que se extendió de 1941 a 1955214, Ernesto de la Guardia señaló en su discurso que Panamá había llegado al extremo de un modo y una manera de vivir que resultan inadecuados para satisfacer las más apremiantes 214 El período incluyó dos golpes de Estado, la elaboración de una nueva Constitución en 1946, el asesinato del presidente José Antonio Remón Cantera y la designación de 13 presidentes o encargados del poder presidencial.

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exigencias del país. Que una ilusión sostenida por los panameños durante cuatro siglos, en virtud de la cual la función del tránsito interoceánico aparecía como factor predominante, sino exclusivo, de nuestra existencia colectiva... se ha derrumbado al choque con la realidad. Que la idea predominante entre nosotros hasta recientes años de que las faenas relacionadas con el cruce por el istmo subvendrían eternamente a nuestras necesidades, ha perdido vigencia”.215 Aquel discurso presentó al país un panorama de elevado desempleo, inflación, extremas desigualdades en el desarrollo regional y social, y retraso en la diversificación de la actividad productiva. Ante esa situación, planteó tres propuestas aún innovadoras: la necesidad de una política desarrollista orientada a la ampliación del mercado interno como medio para atender a las necesidades sociales del país; la reforma de la modalidad transitista de desarrollo y su Estado para llevar a cabo esa política, y la necesidad de sustentar esa reforma con la planificación que demandaba el desarrollo integral del país. Ese planteamiento ha estado presente como un problema nunca plenamente resuelto desde entonces. Aun así, a lo largo de los 67 años transcurridos desde entonces Panamá consiguió sentar las bases para un cambio en el modelo de desarrollo vigente en el país desde el siglo XVI, sin llegar aún a culminarlo. El más importante de esos cambios fue, sin duda, la recuperación del territorio de la Zona del Canal, que incluyó el traslado de la administración del Canal de Panamá de manos del estado norteamericano a las del estado panameño. Fue en el marco de ese proceso inicial de transformación que la semilla de la Ciudad encontró el suelo donde crecer en la antigua base militar de Clayton, donde hoy despliega toda la riqueza del follaje en que anidan dos centenares de 215 De la Guardia Navarro, Jr., Ernesto (1956): “Discurso inaugural de Ernesto de la Guardia”, en Cardona Conte, Juan A. (editor) (2019): Voces de la Historia. Los discursos inaugurales de los presidentes de Panamá de 1903 al 2019. 255-276.


entidades empresariales, científicas, académicas y de cooperación internacional que contribuyen al desarrollo de las capacidades de innovación que nuestro país demanda. Vistas así las cosas, no es de extrañar que uno de los fundadores de la Ciudad fuera, a los 37 años, Ministro de Hacienda y Tesoro en el gobierno de Ernesto de la Guardia, y de Relaciones Exteriores en el de Marcos Robles, entre 1964 y 1968. Fernando Eleta Almarán, en efecto, ofreció a la Ciudad un vínculo viviente entre el origen de la semilla, y el árbol nacido de ella. Recordarlo es importante, porque el proceso del que forma parte ese vínculo está en marcha todavía.216 La incorporación de la Zona del Canal al país amplió inicialmente el enclave de servicios globales que hoy acoge la Región Interoceánica. Y esto, a su vez, resalta la importancia de dos tareas aún pendientes. Una es la de integrar el Canal a la economía interna del país. La otra, utilizar esa integración interna para incrementar la competitividad del conjunto del país en la economía global. De ambas depende la posibilidad de crear las condiciones que nos permitan encarar los desafíos del siglo XXI desde las oportunidades que emergen de la crisis en curso en el sistema mundial, a partir además de lo que nos enseñan las crecientes limitaciones de nuestro modelo de desarrollo. Allí está la clave de la prosperidad equitativa y sostenible que demanda nuestra sociedad, y que inspira la visión de la Ciudad.

216 Al respecto, tiene interés el artículo “Cuatro provincias son las que sostienen la competitividad y el desempeño de Panamá”, que sintetiza el resultado mayor de la primera fase de ese proceso, iniciado formalmente al entrar en ejecución el tratado TorrijosCarter en 1979, y culminado el 31 de diciembre de 1999. https://www.laestrella.com.pa/ economia/231004/cuatro-provincias-son-sostienen-competitividad

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El mundo de la Ciudad “Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. José Martí, 1891217

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e dice que en la antigua China no había maldición más temida que aquella que te deseara vivir en tiempos interesantes. Como los tiempos nuestros, en que las cosas ya no son lo que fueron, pero aún tampoco lo que serán. Así, el interés de estos tiempos bien puede radicar en que nos revelan cuáles son las opciones más visibles para transitar hacia la nueva normalidad que finalmente sustituya a la que desapareció con la pandemia de COVID-19. Es bueno advertir, sí, que estas opciones hacen parte de un proceso histórico mucho más amplio, que se comprime – por así decirlo – en circunstancias como las que estamos viviendo en estos tiempos a escala global…y glocal. Para comprender estas circunstancias, siempre es bueno situarlas en el tiempo, porque a menudo son la expresión actual de procesos de muy larga duración. Tanta, que incluso se puede remontar siglos atrás. A esto se refieren, por ejemplo, dos estudiosos de enorme prestigio – el peruano Aníbal Quijano y el norteamericano Immanuel Wallersteincuando, para explorar las opciones de futuro que el siglo XXI ofrece a los pueblos de América, empiezan por señalar lo siguiente:

217 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 15.


El moderno sistema mundial nació a lo largo del siglo XVI. América -como entidad geosocial- nació a lo largo del siglo XVI. La creación de esta entidad geosocial, América, fue el acto constitutivo del moderno sistema mundial. América no se incorporó en una economía-mundo capitalista ya existente. Una economía-mundo capitalista no hubiera tenido lugar sin América.218 Tal es, en efecto, el punto de partida de nuestros pueblos en la historia contemporánea, con una importante salvedad: el Norte y el Sur de América fueron conquistados y encaminados hacia su futuro por sociedades muy distintas. No es de extrañar que ambas hayan tomado caminos distintos, más flexibles en el Norte que en el Sur, pero finalmente – al decir de los autores – con amplias posibilidades de convergencia a lo largo de los tiempos de transición por los que atravesamos. En el caso de Panamá, esa diferencia de caminos se expresó en el hecho de que al Istmo le fuera impuesta una función fundamental de servicio al tránsito interoceánico al servicio de un imperio que para entonces tenía vastas posesiones en el Atlántico como en el Pacífico. Ese tránsito – y el intercontinental, entre las Américas – había operado en el Istmo por múltiples rutas durante siglos, y contribuido a sustentar el desarrollo de sus tres mayores culturas: las del Gran Darién, el Gran Coclé, y el Gran Chiriquí. Sin embargo, la necesidad de control militar y burocrático de esa actividad por la potencia conquistadora llevó a establecer un monopolio por una sola ruta: la que utilizaba los valles de los ríos Chagres, en la vertiente del Atlántico, y Grande, en la del Pacífico. De allí resultó una organización territorial de nuestra economía que se sintetiza en este esquema, donde la ventaja competitiva de múltiples rutas quedó reducida a la ventaja comparativa del control monopólico de una sola: 218 Quijano, Aníbal y Wallerstein, Immanuel: “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial”. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000092840_spa

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Con eso, además el territorio fue des-integrado en dos partes: un corredor interoceánico, apoyado en otro de carácter agropecuario (en verde en el mapa) y dos terceras partes del Istmo convertidas – hasta hoy – en regiones marginales, de difícil acceso y graves problemas socioambientales. Esa organización empezó a cambiar a fines del siglo XX con la construcción del oleoducto y la carretera de Chiriquí a Bocas del Toro. La aceleración de ese cambio vino a ocurrir con la incorporación de la antigua Zona del Canal al territorio bajo soberanía panameña, que facilitó la creación de la Plataforma de Servicios Globales que hoy alberga el Corredor Interoceánico, entre 1990 y 2020. Y es bueno recordar aquí que la Ciudad constituye el principal proveedor de servicios integrados de gestión del conocimiento en esa Plataforma. Hoy, cumplida esa etapa, esa Plataforma genera cerca del 80% del Producto Interno Bruto del país, pero ese crecimiento aún no se ha traducido en el desarrollo que demanda el resto del país. Esto, a su vez, se complica por el hecho de que la concentración del crecimiento en el entorno inmediato del Canal ha terminado por comprometer los


ecosistemas de los que depende el acceso al agua que la vía requiere para su funcionamiento. Con esto se ha creado una situación en la cual empezamos a entender que el Canal y la Plataforma de Servicios de su entorno solo podrán ser sostenibles en la medida en que lo sea el conjunto del país. Atender a la necesidad de crear las condiciones necesarias para la sostenibilidad del desarrollo humano en todo el Istmo ya es un criterio de creciente importancia para la gestión del territorio nacional. En esta perspectiva, por ejemplo, una economía sustentada en la producción de servicios ambientales, de servicios de ecoturismo y de productos agropecuarios de alta calidad tiene indudables ventajas estratégicas sobre otra basada, por ejemplo, en la extracción masiva de recursos minerales. La primera requiere, sin duda, de transformaciones largo tiempo postergadas en materia de educación, desarrollo de la ciencia como fuerza productiva y formación de capacidades para a innovación tecnológica. Y la realidad ya nos dice que el costo de no hacer esas transformaciones será cada vez mayor, y las consecuencias serán cada vez peores. Hoy cabe ya avizorar un futuro en el que las iniciativas de SENACYT para estimular y apoyar actividades de I+D+i más allá del Corredor Interoceánico lleven a crear Ciudades del Conocimiento en Penonomé, Chitré, Santiago y David, que contribuyan a hacer competitivas las ventajas comparativas de las regiones del país en que se ubican esos centros urbanos. La aspiración al cambio de las grandes mayorías del país no puede ser ya más evidente, y comprender que ese cambio sólo puede ser logrado trascendiendo las condiciones que lo hacen necesario ya es el problema mayor de nuestra cultura. La visión de la Ciudad se corresponde cada vez más con esta transformación sin la cual será cada vez más difícil para el país avanzar hacia una prosperidad inclusiva y sostenible y, por lo mismo, democrática. Nacimos con el sistema mundial, y cambiaremos con él, y en él. A diferencia de lo ocurrido cinco siglos atrás, hoy contamos

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con una sociedad que aspira a encarar ese cambio desde sus propios intereses y necesidades. La Ciudad ha contribuido a crear esa sociedad, y podrá sin duda contribuir al éxito de esa decisión, cuando sea tomada.

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El mañana que resulte

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uestra relación con el entorno natural del que hacemos parte ha sido un tema de indagación y reflexión constante en la historia de los humanos. En lo más cercano a nosotros, esa reflexión se remonta al Génesis, que explica el origen de esa relación a partir de la toma de conciencia de nuestra condición humana, y la remite a dos hechos. Uno, que seamos la única especie que se relaciona con su entorno mediante el trabajo; otro, que distintas formas de organización de ese trabajo pueden entrar en conflicto entre sí, como ocurriera en el caso del asesinato del pastor Abel por el agricultor Caín.

De entonces acá, las formas de organización de nuestros vínculos con el entorno natural mediante el trabajo han experimentado múltiples cambios a lo largo de los últimos diez mil años, con consecuencias cuyo alcance se ha visto acelerado y ampliado durante el último siglo, hasta poner en riesgo a nuestra propia especie. La evidencia de este riesgo empezó a ser advertida desde 1962, cuando la bióloga Rachel Carson (1907-1964) publicó su libro La primavera Silenciosa, que advertía sobre los efectos perjudiciales de los pesticidas en el medio ambiente, y señalaba la responsabilidad de la industria química en ese problema.219 Diez años después, el tema empezó a ser tratado por las Naciones Unidas en una Conferencia Mundial sobre el Medio Humano celebrada en Estocolmo en 1972.220 Esa Conferencia produjo la primera de una serie 219 https://es.wikipedia.org/wiki/Primavera_silenciosa 220 www.un.org


de declaraciones y planes de acción que de entonces acá se han venido multiplicando y diversificando sin cesar, como lo han hecho también los movimientos y organizaciones vinculados al problema en todo el mundo, hasta incluir de manera directa al Vaticano en 20215, con la publicación de la Encíclica Laudato Si’ sobre el Cuidado de la Casa Común. Ese proceso incluyó también una creciente participación de la comunidad académica y científica en todas las regiones del planeta. Con ello fueron producidos importantes avances en la comprensión del problema, que hoy animan y enriquecen la búsqueda de las soluciones que demanda. De eso da cuenta, por ejemplo, el artículo “El Antropoceno: del cambio global a la gestión planetaria”, en el cual un distinguido grupo de investigadores, coordinado por el químico australiano Will Steffen (1947-2023) nos advirtiera que Los desafíos del siglo XXI (limitaciones de recursos, inestabilidad financiera, desigualdades dentro de los países y entre ellos, degradación ambiental) son una señal clara de que “lo de siempre” no puede continuar. Estamos pasando a una nueva fase de la experiencia humana y entrando en un nuevo mundo que será cualitativa y cuantitativamente diferente del que hemos conocido.221 Para los autores, el Antropoceno – esta época en que vivimos, cuando nuestras interacciones con la biosfera alteran ya los sistemas que garantizan su estabilidad proporciona una medida independiente de la escala y el ritmo de los cambios causados por el hombre (pérdida de biodiversidad, cambios en la química de la atmósfera y los océanos, urbanización, globalización) y los sitúa en el contexto temporal profundo de la historia de la Tierra. 221 Will Steffen, Asa Persson, Lisa Deutsch, Jan Zalasiewicz, Mark Williams, Katherine Richardson, Carole Crumley, Paul Crutzen, Carl Folke, Line Gordon, Mario Molina, Veerabhadran Ramanathan, Johan Rockstrom, Marten Scheffer, Hans Joachim Schellnhuber, Uno Svedin (2021): “The Anthropocene: From Global Change to Planetary Stewardship” https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3357752/

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El mundo que emerge de ese proceso, dicen, “es más cálido, con una capa de hielo cada vez menor, más mar y menos tierra, cambios en los patrones de precipitación, una biosfera fuertemente modificada y empobrecida y paisajes dominados por el hombre”. Saber esto, agregan, nos convierte en la primera generación que cuenta con “un conocimiento amplio de cómo nuestras actividades influyen en el Sistema Tierra y, por tanto, la primera generación con el poder y la responsabilidad de cambiar nuestra relación con el planeta”. La gestión del planeta que se sustente en ese conocimiento “implica emular a la naturaleza en términos de uso de recursos y transformación y reciclaje de desechos, y la transformación de los sistemas agrícolas, energéticos y de transporte.” Esa gestión puede ser construida a partir de la atención a la necesidad de mantener “límites científicamente desarrollados para los procesos críticos del Sistema Tierra” mediante “un sistema de gobernanza para la administración planetaria” que sea “policéntrica y multinivel en lugar de centralizada y jerárquica.” Con ello, cabría evitar que el desarrollo del Antropoceno se convierta “para la humanidad en un viaje de ida hacia un futuro incierto en un estado nuevo, pero muy diferente, del Sistema Tierra”. Un sistema de gobernanza así planteado será útil en la medida en que se comprenda que la crisis en nuestras interacciones con el entorno natural expresa, también, la que viene ocurriendo en las relaciones sociales que sustentan esas interacciones en todas las sociedades del planeta. Esto demanda dos cosas. Una es la necesidad de encarar esta crisis como lo hace la Encíclica Laudato Si’, cuando nos advierte que No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.222 222 Carta Encíclica Laudato Si’ Del Santo Padre Francisco Sobre el Cuidado de la Casa Común, 139. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papafrancesco_20150524_enciclica-laudato-si.html


La otra, muy cercana a la Ciudad, consiste en comprender que el medio más adecuado para encarar el problema así planteado consiste en vincular la innovación tecnológica con el cambio social. Visto el Antropoceno en esta perspectiva, resalta la importancia de la Ciudad para el mañana que resulte de lo que hagamos en el presente. La gran mayor parte de nuestro entorno – nuestras formas de producir, de educar, de razonar y valorar - ha sido, es, el producto de la Gran Aceleración que abrió paso al Antropoceno en la segunda mitad del siglo XX. De allí han provenido también el cambio climático que amenaza la sustentabilidad del Canal, y la minería metálica a cielo abierto, que ha traído casi de golpe a nuestra realidad la dimensión socioambiental de la crisis, y la complejidad de las decisiones que esa dimensión demanda. Pasadas las convulsiones de este ingreso en plenitud al Antropoceno, y ya conscientes de que tal es el tiempo histórico en que vivimos y vivirán nuestros descendientes, la visión de una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática adquiere una precisión que resalta su riqueza. El tiempo de la Ciudad ha llegado, y ella estará a la altura de esa llegada, que confirma lo dicho por Martí sobre el alcance de la obra plenamente humana: Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por suyo, superior a lo ajeno, y más fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor, y más naturalmente, en aquello que conoce, y de donde le viene inmediata pena o gusto: y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el verdadero e inexpugnable concepto de la patria. Levantando a la vez las partes todas, mejor, y al fin, quedará en alto todo: y no es manera de alzar el conjunto el negarse a ir alzando una de las partes. Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que

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nos tocó nacer; - y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas, ni porque a estos se dé a menudo el nombre de patria, ha de negarse el hombre a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca. Esto es luz, y del sol no se sale.223

223 “En casa”, Patria, 26 de enero de 1895. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, la Habana, 1875. V, 468 – 469.


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“El porqué de la Ciudad está en la transición. Cada sociedad necesita entidades que le permitan, a un tiempo, reflexionar sobre sus opciones de futuro, y vincular su saber y su hacer con los de otras sociedades. En eso se ha empeñado la Ciudad durante un cuarto de siglo, y ha visto florecer en su entorno una multiplicidad de iniciativas glocales y globales que convergen con su visión y su misión”. “El porqué de la Ciudad”, 28 de junio de 2024.

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La Ciudad en el mundo “Y hoy es el día de la grandeza más difícil, en que los que reciben de sus padres, en el carácter ya hecho a la realidad y a la disciplina, el país más compacto y adulto, han de ordenar, como están ordenando, las fuerzas nacionales, descascaradas en la larga trilla, y han de evitar, como están evitando, la suerte que en el mundo que avanza ha de caber a los pueblos que no se deciden a avanzar con el mundo”. José Martí, 1882224

224 “Discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en Honor de Venezuela, en 1882.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. VII, 293-294.


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l 10 de enero pasado, anteayer apenas, el Foro Económico Mundial dio a conocer su Informe de Riesgos Globales para 2024, elaborado en colaboración con Marsh McLennan y el Zurich Insurance Group225. El proceso de elaboración incluyó entrevistas a 1,490 líderes empresariales, científicos y sociales destacados en todo el mundo, quienes aportaron información y opiniones sobre el panorama de los riesgos globales a corto y largo plazo, el alcance del impacto de tales riesgos, las formas más adecuadas para gestionar ese impacto, y las tendencias fundamentales en el desarrollo de aspectos claves para esa gestión. Al sintetizar los resultados de ese proceso, Saadia Zahidi, Directora General del Informe, resalta que el mismo se hace público en una circunstancia de tensiones geopolíticas subyacentes a “un orden global inestable, caracterizado por narrativas polarizantes, erosión de la confianza e inseguridad”. En ese marco, los países deben enfrentar el impacto combinado de eventos climáticos extremos sin precedentes, presiones persistentes sobre el costo de la vida, una elevada inflación, tasas de interés al alza, y una continua incertidumbre económica en buena parte del mundo. Todo esto se hace sentir en un sentido de frustración cada vez más palpable con relación al statu quo, que abre amplios espacios para la propagación de factores de aceleración del riesgo - como la malinformación y la desinformación – en sociedades que se han visto debilitadas en lo político y lo económico en años recientes. Dicho en breve, al igual que los sistemas naturales “pueden ser llevados al límite y verse transformados en algo fundamentalmente nuevo, están ocurriendo cambios sistémicos en otras esferas: geoestratégica, demográfica y tecnológica”. Atendiendo a esa visión, el Informe de 2024 explora el ascenso de los riesgos globales en el marco de estas “fuerzas estructurales” y de 225 https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2024/


los choques tectónicos entre ellas. En esta perspectiva, dice Zahidi, “el próximo conjunto de condiciones globales podría no ser necesariamente mejor o peor que el ultimo, pero la transición no será fácil”. Con todo, del Informe emerge un sentido más preciso sobre el curso de esa transición. Dos tercios de los entrevistados para la elaboración del Informe, en efecto, coincidieron en que a lo largo de la próxima de cada prevalecerá un orden multipolar, en la medida en que se consoliden medianas y grandes potencias – que también plantearán desafío a las normas y reglas actuales. Así, el Informe examina las implicaciones de “este mundo fragmentado”, para enfrentar los riesgos globales que demandan una colaboración cada vez mayor, que se ve afectada “por la falta de consenso y cooperación”. Corto plazo / 2 años Riesgo

Largo plazo / 10 años tipo Riesgo

tipo

Malinformación y desinformación T

Eventos climáticos extremos

A

Eventos climáticos extremos

A

Cambios críticos en sistemas terrestres

A

Polarización social

S

Pérdida de biodiversidad y colapso de ecosistemas

A

Inseguridad cibernética

T

Escasez de recursos naturales

A

Guerras interestatales

Gp

Malinformación y desinformación T

Falta de oportunidades económicas

S

Resultados adversos Inteligencia Artificial

T

Inflación

E

Migraciones involuntarias

S

Migraciones involuntarias

S

Ciberseguridad y polarización social

T/S

Recesión económica

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Contaminación

A

Contaminación y cambios críticos en sistemas terrestres

A

Falta de oportunidades económicas

S

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Al respecto, el Informe ordena los riesgos que examina en cinco grandes grupos: económicos (E), ambientales (A), geopolíticos (Gp), societales (S) y tecnológicos (T). Un cuadro sintético, que asigna colores a esas categorías, permite presentar así los principales riesgos asociados a esas categorías en el corto y el largo plazo: A primera vista, parece evidente una concentración inmediata y creciente de factores de riesgo ambientales, sociales y tecnológicos. Esto no disminuye la importancia de los factores geopolíticos y económicos, sino que resalta la importancia de aquellos otros para el funcionamiento adecuados de estos. Comprender esa relación facilita examinar el panorama así planteado a la luz de la visión y la misión de la Ciudad. Desde esa perspectiva, por ejemplo, destaca el hecho de que esa misión debe ser ejercida en una circunstancia en la cual “ya es fundamental” buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.226 Y a eso cabe agregar que, como lo relata el Informe, la tecnología ya es, a un mismo tiempo, un factor de esperanza y de riesgo para la atención a los problemas que esa crisis plantea. De igual modo, en lo que hace a la visión de una sociedad a un tiempo próspera, inclusiva, sostenible y democrática, el Informe contribuye a enriquecer el análisis del vínculo entre la innovación y el cambio social en el proceso de contribuir a ese objetivo de tan rica complejidad. Desde ese vínculo, la Ciudad se constituye en un medio 226 Francisco (2015): Laudato Si’, 139. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/ documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html


más a disposición de la sociedad a la que se debe para que avance desde sí misma con el mundo, y evite el riesgo, advertido por Martí, de no encontrar camino propio para hacerlo, y verse arrastrada por las fuerzas ciegas de la transición en curso. Años atrás la Ciudad se planteó la necesidad de crecer con el mundo, para ayudarlo a crecer. Hoy, como nunca, somos lo que hacemos.

26 DE ENERO DE 2024

La Ciudad en su camino “No preconcebía sistemas, ni laboraba ofuscado por ello. Su oficio era buscar verdades, y revelarlas. Este siglo prepara la filosofía que ha de establecer el siglo que viene. Este es el siglo del detalle: el que viene será el siglo de síntesis”. José Martí, 1882.227

E

l lenguaje es la forma material de la conciencia. Así entendido, él expresa de múltiples maneras la cultura de quien lo utiliza para comunicarse con los demás en el marco de una comunidad que se va modelando en el intercambio de intereses y aspiraciones entre quienes se comunican entre sí, y por las acciones que resultan de ese diálogo. En ese proceso, la comunicación y la acción interactúan constantemente. Esa interacción requiere del consenso entre las partes con respecto a la realidad que las vincula. Y ese consenso, a su vez, se expresa en visiones del mundo que asumimos como si fueran naturales, cuando en realidad son históricas. Tales visiones del mundo son el producto de formas de relacionamiento de los seres humanos entre sí y con su entorno natural 227 “Carta de Nueva York”. La Opinión Nacional, Caracas, 21 de enero de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IX, 226.

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que operan a lo largo del tiempo. Por lo mismo, si las examinamos con una atención bien informada, veremos que expresan el estado del desarrollo de un proceso mucho más amplio y complejo. Ese proceso somete a las visiones del mundo que compartimos a constantes presiones de cambio, para orientar su capacidad de expresar las transformaciones en curso en el entorno en que operan nuestras relaciones sociales. De allí resulta una tensión constante entre el proceso y sus resultados o, si se quiere, entre el tiempo y los espacios de nuestra vida social. Toda sociedad encara esa tensión construyendo consensos que ofrecen un marco de referencia indispensable para garantizar la viabilidad de las interacciones que le dan vida. Esa viabilidad está además estrechamente asociada a la continuidad de la experiencia humana. Así, por ejemplo, a ese consenso concurren otros de muy larga duración, como el de los 10 mandamientos establecidos hace unos 3,500 años por el pueblo de Israel para su convivencia con Jehová y consigo mismo.228 Esos consensos encuentran también formas correspondientes a periodos históricos más específicos, que dan lugar a formas de conciencia y lenguajes más puntuales. Tal ha sido, por ejemplo, la visión del mundo construida a partir de 1945 para expresar las transformaciones ocurridas en el paso de la organización colonial del mercado mundial a la de carácter internacional que conocemos hoy. La primera, basada en el control monopólico de la economía mundial por un pequeño grupo de potencias Noratlánticas, tomó forma hacia mediados del siglo XVII, alcanzó su cúspide a mediados del XIX y se desintegró a mediados del XX. La internacional, en cambio, organizó la economía mundial en un conjunto mucho más amplio de mercados nacionales que utilizaban una misma moneda, el dólar norteamericano, en sus relaciones de intercambio. 228 Éxodo 20: 2-17 https://www.bibliaon.com/es/entendiendo_diez_mandamientos/.


Cada una de ellas produjo una cultura a la medida de sus intereses. Así, la colonial concibió al mundo desde la disyuntiva entre la civilización y la barbarie, mientras la internacional lo hizo desde la disyuntiva entre el desarrollo y el subdesarrollo. Sin embargo, el sistema internacional intensificó la actividad económica hasta llevarlo al proceso de crisis y transformación en que nos encontramos inmersos hoy. En nuestra circunstancia, el consenso sobre la necesidad de garantizar la estabilidad del mercado mundial mediante los pesos y contrapesos aportados por las instituciones del sistema internacional va abriendo paso a otro en el cual, al decir del antropólogo Ashley Carse, las metáforas clave de estructura y flujo han venido a ocupar un lugar dominante en las ciencias sociales y las Humanidades. Con ello, agrega, Pensar en lo global con base en la idea del flujo produjo un énfasis en las conexiones emergentes – especialmente a través de las redes de comunicación – que podían vincular sitios geográficos más distantes de manera más estrecha que sitios cercanos, lo que suscitó nuevas experiencias del espacio y el tiempo y, de manera significativa, socavó los límites de los estados-nación y los lugares.229 En efecto, en tiempos de estabilidad el consenso cultural y sus lenguajes expresan por lo general la situación de un destino alcanzado, o que vale la pena alcanzar. La globalización y su lenguaje, sin embargo, no expresan un destino sino un proceso abierto a múltiples destinos posibles. De allí la importancia de encarar ese proceso a partir de fines y medios que permitan establecer con la mayor claridad posible los destinos en los que vale la pena concentrar nuestros esfuerzos. Y aquí encontramos de nuevo antiguos elementos de valor para la formación de consensos nuevos. Asumida desde la Ciudad, la globalización se presenta en términos que recuerdan a la Odisea, 229 Carse, Ashley (2021:34): La naturaleza como infraestructura. Política, tecnología y ecología en el Canal de Panamá. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá.

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la obra clásica atribuida al poeta griego Homero, compuesta hace unos 2,800 años.230 En ella, héroe mítico Odiseo, guiado por la visión de restaurar su reino en Ítaca tras una larga ausencia debida a su participación en la guerra de Troya, asume la misión de emprender un viaje que lo enfrentará a múltiples desafíos – desde los encantos de la hechicera Circe y el canto de las sirenas, hasta la lucha contra el cíclope Polifemo y los monstruos Escila y Caribdis-, que lo lleva a su hogar. Así la Ciudad, en su camino hacia la síntesis que resulte del ejercicio de su misión a la luz de su visión. Construimos día con día los consensos que orientan nuestra labor en tiempos de turbulencia y cambio, en el camino a la Ítaca próspera, inclusiva, sostenible y democrática, hacia la que navegamos entre los desafíos de la globalización.

23 DE FEBRERO DE 2024

Transiciones “La angustia con que se vive en todas partes del mundo en la época de transición en que nos ha tocado vivir”. José Martí, 1884231

L

a angustia de Martí en 1884 no era – y, sin embargo, también es – semejante a la que recorre nuestro propio tiempo. Desde su exilio en Nueva York entre 1881 y 1895, la suya se refería a la creciente incertidumbre que se iba haciendo sentir en el sistema mundial ante el agotamiento de la capacidad de su organización colonial para encauzar las enormes energías acumuladas por el desarrollo del capitalismo en los dos siglos anteriores. Y faltaban aún sesenta años para que esa transición culminara en la creación del sistema internacional que surgiría de la Gran Guerra de 1914-1945, en curso de agotamiento a su vez desde fines del siglo XX.

230 https://es.wikipedia.org/wiki/Odisea 231 “La exhibición sanitaria”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII, 437.


Esto es menos nuevo de lo que parece. Ha ocurrido antes y, sin duda, ocurrirá en algún momento del desarrollo del mundo que surja de la transición que vivimos hoy. Al respecto, por ejemplo, el medievalista irlandés Peter Brown, en un libro tan docto como ameno dedicado a la transición entre la Antigüedad y la Edad Media, nos dice que el año 1000 estaba ya “tan cerca de 1520, fecha en la que los conquistadores españoles descubrieron las ciudades-templo de México y Perú, como de la abdicación de Rómulo Augústulo”, quien fuera el último emperador romano de Occidente entre 475 y 476.232 De aquella fecha databa, en efecto, la separación de los caminos en el desarrollo histórico de los territorios de Occidente y Oriente del que una vez fuera el Imperio Romano, que para entonces daría lugar a la formación de lo que hoy conocemos como tres regiones distintas: la Europa Oriental, la Occidental, y el Medio Oriente. En lo que hace a la historia de la cristiandad, que es el tema de interés para Brown, la de Europa Oriental encontraría su punto de partida en un imperio bizantino que se consideraba a sí mismo “una isla de orden providencialmente conservada por Dios en un espacio de barbarie”. Allí la cultura religiosa estaría tan celosamente centralizada como la vida política, al punto en que la liturgia “formaba un puente dorado que elevaba hasta el cielo las lenguas del clero y de los seglares de las iglesias griega, siríaca, armenia y [desde mediados del siglo IX] eslava”. Con ello, se esperaba que la armonía de quienes veían en esas iglesias un medio para llegar “a las proximidades del cielo”, se hiciera manifiesta “en la ordenada conducta de los fieles ortodoxos”. En Occidente, en cambio, la ausencia de un centro político contribuyó a que la cristiandad se forjara a partir de una prolongada interacción entre el legado cultural y político de Roma, y los de las sociedades que ocuparon los espacios creados por la desintegración del imperio en aquella región. Esto llevó a una que persistiera “una cultura profana, 232 Brown, Peter (1997:257): El Primer Milenio de la Cristiandad Occidental. Colección “La Construcción de Europa”, Jacques Le Goff, director. Crítica. Barcelona. Traducción de (1996): The Rise of Western Christendom. Triumph and diversity, AD 200-1000.

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profundamente enraizada en el pasado no cristiano, que sustentaba la ley, el poder y el trabajo de la tierra”. Esa cultura, agrega Brown, “era fundamental para la riqueza y seguridad del clero”, que se veía a sí mismo como su rector en la medida en que era el único que controlaba lo sagrado. Administraba los sacramentos. Los elementos más cultivados del mismo eran los únicos que tenían acceso a bibliotecas bien surtidas y al estudio de la lengua latina. Se consideraban los “rectores” del mundo profano. Se basaban para ello en la tradición de la Regula Pastoralis de San Gregorio Magno, que hacía hincapié, con singular energía, en el uso responsable y exquisitamente calculado del poder espiritual.233 Gregorio (540-604) fue papa entre 590 y 604. La calidad y el alcance de su gestión – que lo llevó a ser incluido entre los cuatro grandes Padres de la iglesia de Occidente junto con Jerónimo de Estridón, Agustín de Hipona y Ambrosio de Milán- estuvo asociada al hecho de que provenía de una intelectualidad formada en una institución innovadora: los monasterios benedictinos, cuyo modelo había sido establecido y normado a partir de 530 por Benito de Nursia. Esos monasterios, en efecto, constituyeron toda una red de entidades de gestión del conocimiento para la construcción de sociedades nuevas en un mundo que se esforzaba por poner orden en el caos de la Alta Edad Media, entre los siglos V y X. En ese mundo, Gregorio fue el primer monje benedictino que alcanzó la dignidad pontificia, y apoyado en el desarrollo de esa red contribuyó a hacer del papado medieval un poder temporal separado del Imperio, pero vinculado al mismo a través de las ordenes monásticas. La transición de la Edad Media a la Moderna fue mucho más rápida: tardó apenas los doscientos años que fueron de 1450 a 1650. 233 Brown, 1997: 270-271.


El historiador Fernand Braudel llamó a ese lapso el siglo XVI “largo”, que separó entre sí a una sociedad de fuerte acento agrario y una cultura de corte religioso, de otra cada vez más orientada a la industria, con una cultura centrada en la racionalidad económica. Hoy vivimos otra transición, que probablemente sea aún más breve, si consideramos que hacia la década de 1970 Immanuel Wallerstein estimaba que tomaría unos 50 años. Nuestra transición tiene mucho que aprender de las anteriores, porque comparte mucho con ellas. Eso incluye, por ejemplo, la incertidumbre sobre lo que llegue a ocurrir con el mundo que conocemos. Pero, y quizás sobre todo, incluye también la formación de estructuras de gestión cultural, económica y política que anuncian distintas opciones de futuro. San Benito de Nursia no podía saber hasta dónde llegaría el poder transformador del monacato medieval, del mismo modo que los comerciantes y protoindustriales holandeses del siglo XVI no tenían forma de saber que estaban sentando las bases del mercado mundial que hemos conocido.234 Quienes crearon las organizaciones que harían del capital y de la ciencia una fuerza productiva entre fines del siglo XVII y mediados del XIX tampoco podían prever que la expansión de las mismas generaría problemas nuevos y más complejos, que terminarían por rebasar sus capacidades de gestión. Hoy, esa crisis en la gestión cultural y económica ha llevado a crear soluciones innovadoras para el planteamiento y la solución de los problemas que nos plantea nuestra propia transición. Al menos tres de esas entidades han tomado forma en Panamá en este periodo de tan especial complejidad. Una ha sido la Autoridad del Canal de Panamá; otra, la Fundación Ciudad del Saber, y la tercera los centros regionales de competitividad cuya organización ha venido promoviendo el sector privado en el país. Todas ellas han funcionado y evolucionado, a sabiendas o no, como nodos de redes para la gestión del 234 Al respecto, por ejemplo, Wallerstein, Immanuel (2003): El Moderno Sistema Mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Siglo XXI editores, México.

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conocimiento y la promoción de formas innovadoras de organización del desarrollo en el país. La formación de esas entidades, y otras que emergen y se consolidan desde esas redes, comprueba que la historia no transcurre en una forma lineal y ascendente. Por el contrario, ese transcurso opera en una espiral ascendente o descendente, ampliada o estrechada a lo largo de su desarrollo por la energía que generan las contradicciones que la animan. Y ese transcurrir confirma, además, que en procesos de transición como el que estamos viviendo el tiempo es sin duda superior al espacio, como lo es la realidad con respecto a las ideas que buscan expresar su desarrollo.235 En el tiempo que vivimos, la Ciudad hace parte de una opción de futuro entre otras. Que prevalezca junto a otras a las que sea afín depende de nuestra capacidad para comprender la era que nos ha correspondido en la historia del desarrollo humano, creciendo con nuestra gente para ayudarla a crecer.

29 DE MARZO DE 2024

De la metáfora como futuro Cuando de una concepción se pasa a otra, el lenguaje precedente permanece, pero se usa metafóricamente. Todo el lenguaje se ha convertido en una metáfora y la historia de la semántica es también un aspecto de la historia de la cultura: el lenguaje es una cosa viva y al mismo tiempo un museo de fósiles de una vida pasada. Antonio Gramsci236 235 Francisco (2013: 222 a 237): Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium […] sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_ exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html 236 Cuadernos de la Cárcel, 2 (1930 – 1932), p. 150. Ediciones ERA, México, 1984.


C

uando nos proponemos ver el mundo de cierta manera, y no de otra, es bueno definir esa visión con la debida propiedad. Si decimos, por ejemplo, que aspiramos a una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática, es bueno reflexionar sobre el contenido de cada uno de esos términos.

Esto puede parecer simple, pero no es sencillo. Cada uno de esos términos se refiere a circunstancias que construimos y no a metas ya establecidas a las que debemos llegar. Y todos ellos además están expresados en formas de lenguaje originadas en el pasado que deseamos superar, y a menudo se presentan en forma de metáforas que expresan más (y menos) de lo que parecen decir a primera vista. Ese es por ejemplo el caso de la sostenibilidad, asociada normalmente a la expresión “desarrollo sostenible”. De ese desarrollo se dice poco que vaya mucho más allá de la necesidad de encontrar alguna solución duradera a los graves conflictos que hoy aquejan a las relaciones de las sociedades humanas entre sí, con sus propios integrantes, y con su entorno natural. Y es que el mayor desafío que encara el desarrollo sostenible sigue siendo de orden conceptual. En este terreno, las Humanidades nos ayudan a comprender mejor el lugar que ocupa ese desafío en el proceso mayor que algunos han llamado “la historia natural de la especie humana”, a partir del papel que desempeñan las metáforas en la formación del conocimiento científico. La metáfora, en efecto, posee la capacidad de combinar simultáneamente a múltiples significados no excluyentes entre sí. Así lo hace José Martí al decir que su verso es “como un puñal / que por el puño echa flor” y al mismo tiempo “un surtidor / que da un agua de coral”. Esto permite a la metáfora aludir a aquellos factores de incertidumbre que nutren las situaciones de malestar en la cultura, facilitando así el paso de la intuición a la certeza, y de ésta a la acción. En esta tarea, la metáfora opera mediante intercambios muy diversos entre campos distintos de la cultura y el conocimiento.

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Así, por ejemplo, la comprensión básica de nuestras relaciones del mundo natural se ve facilitada cuando nos referimos a la naturaleza como una madre generosa que trabaja para sostener a sus hijos, pero que puede también someterlos a duro castigo si éstos abusan de ella. A la inversa, la noción de desarrollo – heredera de las de civilización y progreso, y de los fósiles correspondientes a la vida pasada de la que surgieron esas nociones - opera a partir de la apropiación, por parte de las ciencias sociales, del concepto de desarrollo, proveniente de la biología, donde designa el proceso de formación, maduración y muerte de los organismos vivientes. La metáfora, sin embargo, alude y elude a un tiempo el sentido más profundo de aquello que señala. Así, al atribuir al excluir del desarrollo como categoría social y económica la muerte del organismo que se desarrolla, atribuye un carácter natural a hechos de carácter cultural, limitando la posibilidad de comprender las contradicciones que los animan. Así, el desarrollo sostenible alude al agotamiento de aquella visión del mundo que, entre las décadas de 1950 y 1970, sintetizó en el desarrollo (sin adjetivos) la esperanza de que el crecimiento económico sostenido permitiera que el progreso técnico y sus frutos llegaran a toda la Humanidad, y garantizara bienestar social y participación política crecientes para todos. Sin embargo, la metáfora del desarrollo sostenible elude referir ese agotamiento al de las condiciones históricas en que tomó forma aquel concepto original. En verdad, el desarrollo del que se trata es el de nuestra especie a lo largo de los últimos cien mil años en su doble dimensión biológica y sociocultural. Sus problemas incluyen, por supuesto, aquellos que se derivan de las condiciones creadas por ese proceso en el curso de los últimos cinco siglos – y del XX en particular. Esas condiciones van desde el extraordinario crecimiento del número de los humanos hasta la formación de nuestra primera comunidad mundial, el despliegue de formas de intervención en la naturaleza,


de niveles de producción de bienes y desechos sin precedentes. En el proceso, las formas de relación social y cultural que hicieron posible todo esto vinieron a entrar en contradicción creciente con las necesidades que se derivan de esos resultados. La metáfora, aquí, elude considerar el hecho de que ese proceso general tiene una historia particular, y no puede ser confundido con las formas históricas que contribuyeron a su despliegue hasta terminar por distorsionarlo. Con ello, nos vemos en la necesidad de decidir si aún cabe subordinar el desarrollo humano a la preservación de una forma histórica de organización social que hoy conspira contra sus bases naturales de sustentación, o si va llegando la hora de encarar la construcción de formas nuevas de socialidad, que faciliten el pleno aprovechamiento de las enormes conquistas que ha logrado nuestra especie en materia de ciencia y tecnología. Asumir esta disyuntiva obliga a trascender la metáfora del desarrollo sostenible, para pasar del problema de hacer sostenible una forma histórica particular del desarrollo humano, a encarar la necesidad de encontrar y construir las formas nuevas que hagan sostenible ese desarrollo en el futuro. Hoy, en suma, ya resulta evidente que nuestro desarrollo será sostenible por lo humano que llegue a ser y que ese carácter tiene y tendrá su expresión más clara en nuestras capacidades para la cooperación solidaria. Haber llegado a esta disyuntiva constituye quizás el mayor de nuestros logros como especie. La forma en que la encaremos definirá no solo nuestro destino en el planeta en que ha tenido lugar el desarrollo de nuestra especie que hemos llegado a ser a lo largo de los últimos dos millones de años, sino además las opciones de futuro a que podemos aspirar.

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12 DE ABRIL DE 2024

La Ciudad, y los cometas “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. José Martí, 1891.237

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a cita de Martí que nos invita a esta lectura está tomada de su ensayo Nuestra América, publicado en Nueva York y en México en enero de 1891, y que es como el acta de nacimiento de nuestra contemporaneidad. El panorama convulso que nos presenta, y las advertencias que ofrece, corresponden a los primeros avisos de la crisis del orden mundial que precedió al que conocemos, que ha entrado en convulsión en nuestro tiempo. Y el llamado a las armas del juicio que hace tiene un valor renovado.

Un ejemplo del uso de esas armas lo encontramos en un reciente artículo de David Miliband238, quien se pregunta por el lugar y la política más adecuados para el Reino Unido en tiempos en que no cabe “darse el lujo de pensar que el resto del mundo no importa.” Si bien el Reino Unido aún tiene “alcance global y poder global, y conserva el 237 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 195. VI, 15. 238 Político laborista cercano al ex Primer Ministro Tony Blair. Fue secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido de 2007 a 2010.


poder duro y blando,” dice, debe asumir el ejercicio de ese poder como una potencia intermedia, cuya riqueza, activos militares y reputación “han disminuido en relación con otros en la última década”. Y esto es tanto más importante en un mundo en el que no cabe estar “en el lado equivocado de algunas de las tendencias clave”. Esas tendencias, en efecto, hacen parte de un “desorden mundial” en el que convergen “la fragmentación del poder global y el aumento de los riesgos globales.” Así, mientras “Estados Unidos y Occidente siguen siendo fuertes en algunos aspectos importantes, […] una gran cantidad de países están cada vez menos dispuestos a hacer lo que Occidente quiere.” Este “no es un mundo ‘multipolar’ de bloques estables y definidos”, sino uno “multialineado”, mucho más fluido e inestable, en que los riesgos globales “se ven exacerbados por la fragmentación de la geopolítica”. Para el Reino Unido, que desde el siglo XVIII hasta mediados del XX constituyó una potencia mundial de primer orden, esto plantea cuatro problemas críticos. En primer lugar, el de que su influencia exterior “se ha visto gravemente afectada” por decisiones como la de abandonar la Unión Europea en enero de 2020. Esto, dice, demanda encarar esta situación “con la mentalidad correcta, no solo con la política correcta”, asumiendo “la capacidad y el apalancamiento de un país de tamaño mediano con activos globales, pero con un desempeño reciente empañado”. En segundo lugar, está lo que el Reino Unido representa en una circunstancia global en la que “los valores y las instituciones democráticas están en retirada, incluso en Estados Unidos.” Al respecto, añade, “la democracia es un sistema político interno, no un principio organizador de las relaciones internacionales. Hablamos de un ‘orden internacional basado en reglas’ porque el acuerdo global posterior a 1945 fue diseñado para establecer un orden legal internacional, no un sistema electoral, para evitar el abuso de poder. La impunidad, desde Ucrania hasta Gaza, desde Sudán hasta Taiwán, es la verdadera amenaza a los valores e intereses de Gran Bretaña”.

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En tercer lugar, dice, en un mundo multialineado el Reino Unido deberá “jugar en una serie de coaliciones.” Aquí, sus relaciones en la OTAN “son sólidas”, mientras “son casi inexistentes” con la Unión Europea, “uno de los principales financiadores del desarrollo internacional, forma parte del G20 y es una superpotencia reguladora en los ámbitos comercial, climático y digital”. Esto demanda renovar “una relación política y de política exterior con la Unión Europea”, para “impulsar la cooperación y la coordinación en nuestros numerosos ámbitos de interés compartido en materia de política exterior, defensa, seguridad y desarrollo.” Y a esto se agrega, como cuarto problema, “lo que podemos permitirnos” en una situación en la que afortunadamente no todo cuesta dinero, “dado el estado de las finanzas públicas”. Para Miliband, el Reino Unido “tiene mucho que ganar y mucho que ofrecer en un mundo interconectado.” Que lo haga, o no, determinará si ha de estar en la mesa de negociación o en el menú de la crisis global en curso. Hay mucho que aprender de este razonar, propio de una sociedad con una larga tradición de debate público para la formulación de sus políticas. En esa tradición han desempeñado un importante papel su Parlamento y lo mejor de su prensa, que asume a menudo el papel de una plaza socrática. Esa plaza es hoy más necesaria que nunca en todas las sociedades del mundo. Ella facilita la tarea formular de visiones de conjunto, que permitan identificar el interés común de grupos con intereses a primera vista irreconciliables. Eso permite trascender la dificultad de percibir el conjunto de una circunstancia que resulta inevitable cuando sus distintos problemas son abordados por separado. El país de la Ciudad se identifica en su escudo con el lema Pro Mundi Beneficio. Sin embargo, sus debates y preocupaciones más visibles tienden a encerrarse en lo local, sin considerar aquellas “tendencias


clave” en que convergen “la fragmentación del poder global y el aumento de los riesgos globales” a que se refiere Miliband en su artículo. Comprender, y encarar, los desafíos y oportunidades que plantean esos cometas “que van por el aire dormidos engullendo mundos” es una tarea aún pendiente en el entorno de la Ciudad. Atenderla en la perspectiva de nuestra visión, más allá de cualquier coyuntura inmediata, será de gran utilidad para el ejercicio de nuestra misión en un mundo en el que la innovación para el cambio social es cada vez más importante.

19 DE ABRIL DE 2024

La Ciudad y el agua en el país del tránsito “Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación”. José Martí, 1891239

E

sta semana, la plaza socrática de la Ciudad acogió un foro dedicado a los problemas de la gestión del agua en el Corredor Interoceánico de Panamá ante la variabilidad climática. El evento, auspiciado por la embajada de Francia y el Centro de Innovación, Investigación y Tecnología Hidroambiental, de la Ciudad del Saber, reunió a un distinguido grupo de especialistas en múltiples disciplinas vinculadas al tema, y un numeroso público interesado. Al evaluar la importancia de este evento, es bueno recordar que fue apenas a mediados de la década de 1980 que el Estado panameño 239 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 20.

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empezó a encarar la tarea de crear las condiciones indispensables para asumir la plena responsabilidad por la gestión de los recursos hídricos que proporciona la Cuenca del Canal.240 Para entonces era evidente que ni siquiera un enclave tan extenso y complejo como el que albergaba al Canal de Panamá podía operar de manera sostenida en un contexto de subdesarrollo, tendiente siempre a prácticas insostenibles de relación con el mundo natural. El contraste entre el modelo de relación con la naturaleza dominante en el país, y el que se estimaba deseable para la operación sostenida del Canal, se hace evidente en el siguiente cuadro, que sintetiza la variación porcentual en el uso de las tierras de la Cuenca del Chagres prevista en el Plan General de Usos del Suelo, adoptado como Ley de la república en 1997: Uso actual (%)

Uso previsto (%)

Ganadería

39

2

Agricultura

0.5

8

Forestería y agroforestería

0.5

23

Áreas protegidas

20

15

Áreas urbanas

6

12

Operación del Canal

34

40

Total

100

100

Fuente: Plan General de Usos del Suelo de la Cuenca del Canal de Panamá

El uso del suelo a ser modificado, en efecto, era (y es) característico del país rural. Por contraste, el previsto buscaba establecer relaciones mucho más sustentables en el entorno del Canal. Se trataba entonces, y 240 En 1985, el gobierno de Panamá convocó el primer foro nacional sobre los problemas de la Cuenca del Canal, con apoyo de la USAID, y creó el Instituto Nacional de Recursos Naturales Renovables (INRENARE). En 1997, la Asamblea Legislativa aprobó una Ley General de Ambiente, que creó la Autoridad Nacional del Ambiente en 1998, con apoyo técnico y financiero del Banco Interamericano de Desarrollo.


se trata aún, de dos formas de relación con el agua distintas y antagónicos entre sí. Una es la de la pluvicultura, que ve en el agua un elemento aportado por las lluvias; la otra, la de una cultura hidráulica que ve en el agua un recurso que debe ser manejado por organizaciones técnico – económicas cuya complejidad les permita garantizar que los ecosistemas que le dan acceso a ese recurso operen en función de esa tarea. De entonces acá, en todo caso, hemos venido aprendiendo que el Canal solo será sostenible en la medida en que lo sea el desarrollo del conjunto de la sociedad panameña. En esta perspectiva, la responsabilidad del Estado panameño por la gestión del Canal se vincula con la necesidad de promover formas sostenibles de relación con el mundo natural en todo el territorio del Istmo. Hubo en su momento quien planteara que el estilo de gestión ambiental del Canal podría “irradiar” hacia el resto del país. Sin embargo, aquel estilo se limitaba en esencia a garantizar la máxima disponibilidad de agua mediante el máximo control del uso del suelo, y difícilmente podía servir de modelo para el resto del país. Al propio tiempo, sin embargo, no es posible dejar al Canal y su cuenca librados a la lógica del atraso agrario, el extractivismo y el desarrollo urbano desordenado, que conducen a la destrucción de recursos indispensables para enfrentar los graves problemas socioambientales que encara Panamá en el siglo XXI. Hoy resulta evidente que lograr esto requiere que la sociedad panameña llegue a contar con un Estado capaz de crear las condiciones políticas indispensables para hacer sustentable el desarrollo humano en el país. Porque, en efecto, la sustentabilidad plantea, ante todo un problema político - esto es, de cultura en acto -, a ser resuelto por medios técnicos, y no al revés. Así, por ejemplo, el país requiere ya de una cultura ambiental que permita gestionar nuestro patrimonio natural mediante la creación de un marco de acción social y política para la cooperación entre partes que ven en el agua un elemento natural cuya transformación en

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recurso útil para la actividad humana demanda procesos de trabajo y tecnologías de creciente complejidad. A esto cabe agregar que el agua constituye un problema local íntimamente vinculado a procesos de alcance global. En este sentido, en Panamá como en cualquier otro lugar del mundo el manejo integrado de los recursos hídricos hace parte del objetivo -de amplitud y plazo mucho mayores-, de crear las condiciones indispensables para hacer sustentable el desarrollo de la especie humana a escala planetaria. Así, la experiencia adquirida de 1999 acá confirma la necesidad de “pensar globalmente y actuar localmente”, a través de la formación de alianzas estratégicas entre socios en apariencia tan inusuales como, por ejemplo, una pequeña comunidad agrícola en el Lago Gatún, la Autoridad del Canal de Panamá, y una corporación de transporte marítimo con base en Londres, Hong Kong o Mobile. Todo converge hoy para demostrarnos que, si bien teóricamente en nuestro país es posible el uso sostenido de un determinado recurso, no lo es en cambio que ese uso contribuya al desarrollo sostenible en el marco de un contexto general de insustentabilidad. La conclusión tendría que ser evidente: en Panamá, el desarrollo que deseamos sólo será sustentable en la medida en que haga parte de aquel círculo virtuoso en donde el crecimiento económico sustente las condiciones de bienestar social, participación política y autodeterminación nacional indispensables para establecer una relación responsable con el medio natural. Este es un problema de especial trascendencia histórica, que toda sociedad debe enfrentar en cada etapa de su desarrollo. Y en cada una de esas etapas la herramienta fundamental para encarar la tarea es una educación capaz de forjar capacidades para transformar la realidad. A eso se refirió en los siguientes términos José Martí para el caso de las jóvenes repúblicas de nuestra América, ante los problemas que encontraban a fines del siglo XIX para establecer gobiernos viables e insertarse con éxito en el mercado mundial:


“¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. […] En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella”.241 El lunes 15 de abril la Ciudad ofreció al país una plaza socrática para abrir a un debate bien informado sobre algunos de los principales problemas que encara hoy. Vendrán otras, y eso fue y será bueno para la sociedad a la que nos debemos.

26 DE ABRIL DE 2024

La salud en la Ciudad “Pasteur, encorvado sobre los átomos, ha vivido penetrado de asombro de las maravillas de la obra viva; y ha sacado del examen del cerebro el respeto del Dios que lo crea; y no la negación del que concentra en aquel montón de masa blanda todos los efluvios del Universo, todos los tonos de la luz, todo el oleaje de las fuerzas eternas, y todos los presentimientos, suaves como luz de luna, que calman y fortalecen al magno ser humano”. José Martí, 1882.242

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l pasado miércoles 24, la Ciudad acogió un foro auspiciado por la Pasteur Network, la embajada de Francia y el Instituto Francés de Investigación para el

241 Ibid., VI, 18. 242 “Francia”. La Opinión Nacional, Caracas, 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.XV, 273-274

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Desarrollo, dedicado a “La lucha contra las enfermedades infecciosas y tropicales: entre el legado histórico y los desafíos globales”. Allí fueron abordados problemas sanitarios que hacen parte de la crisis socioambiental contemporánea, y el potencial de colaboración entre Francia y Panamá para enfrentarlos en el campo de la ciencia. En ese abordaje se prestó atención al legado cultural generado por las experiencias sanitarias asociadas a procesos de transformación ambiental tan complejos como la construcción de un canal interoceánico en Panamá. Dicho legado fue ubicado en tres momentos de un mismo proceso histórico. El primero de esos momentos correspondió a la mundialización de las enfermedades infecciosas asociada a la formación y desarrollo del primer mercado mundial en la historia de la Humanidad, a lo largo de los últimos cinco siglos. Esa mundialización incluyó desde fecha temprana, por ejemplo, la incorporación al espacio americano de enfermedades infecciosas ya presentes en Eurasia y África, como fue el caso de la malaria y la fiebre amarilla, que entre los siglos XVI y XVII establecieron su presencia sobre todo en la América intertropical. En un segundo momento, esa presencia adquirió una especial relevancia entre fines del siglo XIX y principios del XX, cuando Francia, primero, y los Estados Unidos después, emprendieron la tarea de construir un canal interoceánico en el Istmo de Panamá. Esa tarea coincidió además con la primera fase de la transición entre un mercado mundial organizado como un sistema colonial, y otro que vendría a tener un carácter internacional tras la Gran Guerra de 1914-1945. A partir de allí vino a tomar forma nuestra contemporaneidad, que hoy encara el desafío de una tercera transición cuyas opciones de destino aún están en formación. Esta transición ocurre en una circunstancia en que la Humanidad dispone de recursos científicos y tecnológicos que le permiten enfrentar desafíos como el que planteara la reciente pandemia del COVID 19. Sin embargo, la prevención y el


control de viejas y nuevas enfermedades infecciosas demandan además capacidades sociales que aún es necesario fomentar y desarrollar. El análisis de esta tercera transición en el plano sanitario se ve enriquecido por el aporte de autores como William McNeill, autor de un estudio pionero que en 1978 buscó “situar el papel de las enfermedades infecciosas en la configuración de la historia humana”.243 La visión de la historia socioambiental de las enfermedades infecciosas que Mc Neill nos ofrece en su obra ilumina a su vez el aporte de un artículo que el historiador Paul Sutter dedicara en 2020 al programa sanitario establecido por los Estados Unidos para la construcción del canal en Panamá entre 1904 y 1914.244 Allí, Sutter resalta el carácter autoritario de ese programa, que buscó implantar en la Zona del Canal y las ciudades de Panamá y Colón, con la mayor brevedad posible, las condiciones de control sociocultural y ambiental necesarias para reducir tan rápidamente como fuera posible la presencia de los mosquitos transmisores de la fiebre amarilla y la malaria en el entorno de la gran obra en construcción. Al respecto, el antropólogo Ashley Carse examina en 2022, en un libro reciente, que todo panameño culto debería conocer, el impacto de las políticas estatales de gestión del entorno natural del Canal de Panamá, entendido como parte de la infraestructura que permite el funcionamiento de la vía interoceánica.245 El examen de la experiencia panameña en el campo de la prevención y el control de las enfermedades infecciosas de potencial epidémico a la luz de autores como estos confirma que nuestros tiempos ya demandan crear las condiciones que permitan a nuestras comunidades participar en la producción de las condiciones de salud que requiere la sustentabilidad de su desarrollo. Hoy, ante la compleja magnitud de 243 Plagas y Pueblos (1978). Siglo XXI editores, México, 1984. 244 (2000): ‘Arrancarle los dientes al trópico’: ambiente, enfermedad y el programa sanitario de Estados Unidos en Panamá.” Papeles de Población. Vol. 6, núm. 24, abril-junio. 245 (2022): La Naturaleza como Infraestructura. Política, tecnología y ecología en el Canal de Panamá. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá.

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los problemas que encaramos, la salud ha pasado de ser un problema técnico a ser resuelto mediante medidas políticas de control social, a convertirse en un problema que demanda políticas públicas que faciliten la innovación para el cambio social necesario para producir y preservar las condiciones que permitan a los habitantes del Istmo, y del planeta entero, vivir en sociedades prósperas, inclusivas, saludables, democráticas y, por todo ello, sostenibles. Y esto es tanto más necesario si atendemos a lo dicho por William McNeill en el último párrafo del libro que comentamos aquí: En todo esfuerzo por comprender lo que nos espera, al igual que lo que queda atrás, el papel de la enfermedad infecciosa no debe ser dejado a un lado. El ingenio, el conocimiento y la organización alteran pero no anulan la vulnerabilidad humana a la invasión por formas parasitarias de vida. La enfermedad infecciosa, que precedió al surgimiento de la humanidad, durará tanto como ella, y seguirá siendo seguramente, como lo ha sido hasta hoy, uno de los parámetros y determinantes fundamentales de la historia humana.

10 DE MAYO DE 2024

La Ciudad en un mundo en flujo “Esencia de la historia: el Alma de la Historia. Cuanto enseña la vida de los pueblos. Estudio paralelo; y luego que todo esté visible y corpóreo como un mapa, ante los ojos, deducir la real significación del progreso, prever y entrever el mundo futuro en la organización terrenal, y el destino final de nuestro espíritu”. José Martí, s.f.246 246 Libros (s.f.). Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XVIII, 291


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a preocupación de Martí por la organización terrenal del mundo futuro se renueva en nuestro tiempo. Eso incluye un aspecto que conocemos poco y mal de esas preocupaciones, del cual se ocupa un artículo titulado “Las nuevas claves del sistema mundial: crisis sistémica y alianzas fluidas”, del historiador brasileño Paulo Fagundes, publicado hace poco en la revista de la Escuela Superior de Guerra de las fuerzas armadas de Brasil publicó un artículo del historiador titulado.247

En lo más esencial, el artículo trata del proceso de transición en curso en el sistema mundial. Al respecto, el autor examina la etapa en que se encuentra la transformación del sistema internacional tras la Guerra Fría, la posición que ocupan las viejas y nuevas potencias en ese sistema, y las tendencias históricas generales y específicas en la evolución del mismo. A partir de allí identifica la existencia de “cuatro ejes de poder mundial: 1) el militar-rentista anglosajón; 2) el industrial desarrollado semisoberano; 3) el industrial emergente semiperiférico y, 4) el agrario, mineral, demográfico y periférico”. Ese análisis considera indicadores tradicionales como la zona geográfica en que se ubica el país, sus recursos naturales, el peso de su economía, el tamaño y estructura de su población, su posición geopolítica, sus vínculos con organizaciones internacionales influyentes, su estabilidad político-institucional y el tamaño, y la calidad de sus fuerzas armadas. Enseguida, refiere esos factores – esencialmente cuantitativos – a los vínculos cualitativos entre ellos que se derivan de la evolución histórica, el nivel de desarrollo social y económico, el grado de articulación de las élites en el poder, la existencia de un proyecto nacional, las conexiones internacionales y su posicionamiento en el sistema mundial, entre otros. Así, dice, 247 Profesor Titular de Relaciones Internacionales en la Universidad Federal de Río Grande del Sur (UFRGS), y de postgrado en Ciencias Militares de la Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército (ECEME). Revista da Escola Superior de Guerra, v.38, n.84, p. 130-151, set.-dez. 2023. Brasil. https://revista.esg.br/index.php/revistadaesg/article/view/1333/1089

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Un país puede tener un poder militar significativo y un gran tamaño, pero se encuentra en declive debido a una transformación de la economía-mundo y el surgimiento de desafiantes polos de poder. Además, a pesar de tener una economía fuerte y una capacidad militar cuantitativa, algunos, a veces, tienen limitaciones de soberanía, que dificultan la conversión de estos elementos en un instrumento de acción eficaz. La tabulación de los elementos materiales del poder puede generar así una concepción estadística errónea y una valoración estratégica equivocada. Esa posibilidad ha hecho evidente con el creciente deterioro de la organización internacional del sistema mundial surgida de la Gran Guerra de 1914-1945, tras la cual las antiguas potencias coloniales europeas “pasaron a ser consideradas potencias medias” mientras que los Estados Unidos y Rusia “(convertida en Unión Soviética) se convirtieron en superpotencias.” Al propio tiempo, algunos Estados “del Sur Geopolítico” surgido de la desintegración del viejo sistema colonial “también fueron incluidos en la lista de las potencias medias (o regionales).” Sin embargo, dice el autor, “los paradigmas explicativos y la realidad de las relaciones internacionales se volvieron fluidas con el fin de la Guerra Fría.” Con ello se inicia una transición “compleja e incierta”, que demanda una “visión exploratoria” que permita “informar sobre acciones en curso y posibles tendencias para el futuro inmediato, en el contexto de la crisis económica desde 2008 y la desarticulación en curso de la propia ‘globalización’”. En ese contexto, agrega, el eje militar-rentista anglosajón integrado por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y, tangencialmente, Israel dispone de recursos militares, diplomáticos, financieros, tecnológicos y de inteligencia y comunicaciones que “en la fase postindustrial rentista” de su desarrollo le permiten vivir “de los recursos de otras naciones”. Por su parte, el eje industrial


desarrollado de la Unión Europea, Japón y los Tigres Asiáticos, con “un capitalismo industrial productivo avanzado y un alto nivel de vida de sus poblaciones”, carece de recursos de poder tradicionales, como el ejército, y la soberanía plena, y encaran una situación de tensiones crecientes, en la cual mucho de lo que suceda “depende de la actitud política a ser adoptada por las naciones relevantes del eje, como Alemania y Japón, los derrotados en la Segunda Guerra Mundial.” El emergente eje industrial heterodoxo está integrado por las grandes naciones BRICS, especialmente China y Rusia, donde las estructuras de poder y la participación estatal en la economía son relevantes.248 Las prioridades de esta “semiperiferia”, dice Fagundes, se concentran en “evitar un conflicto armado de dimensiones globales y mantener su desarrollo económico.” Por último, el “eje agrario, minero y demográfico periférico, integrado por naciones medianas y pequeñas de América Latina, África y Asia (que incluye Medio Oriente)” dispone de “recursos humanos, agrícolas o minerales abundantes (incluida la energía)” y de una población numerosa, “pero no tiene capacidad militar ni articulación diplomática”, por lo cual tiende a actuar de manera fragmentada y constituye una zona en disputa por los demás ejes. Todo esto genera “un Equilibrio (inestable) de Poder Global” que opera en “dos niveles de divisiones internacionales, no exactamente superpuestas: una política y otra económica”. Así, en las divisiones políticas, que afectan la distribución del poder global, se oponen por un lado China y Rusia, y por otro las potencias anglosajonas, con el grupo Unión Europea/Japón como aliados recalcitrantes. Por su parte, las divisiones económicas van más allá de la visión de “emergentes versus declinantes”, pues en el mercado mundial opera un proceso de desarrollo desigual y combinado en el que ya desempeñan un papel de primer orden las empresas transnacionales. 248 La palabra BRICS designa una asociación y foro político de países emergentes establecido en 2010, que se ha constituido en un espacio internacional alternativo al G7, integrado por países desarrollados. Toma su nombre de las iniciales de los países que lo constituyeron originalmente: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. https://es.wikipedia.org/wiki/BRICS

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Así, China mantiene hoy una “relación simbiótica” con Estados Unidos y la disputa comercial que los enfrenta hoy “bien podría hacer parte de la renegociación del ‘pacto’ económico entre ambos.” Para Estados Unidos, añade Fagundes, el problema mayor radica en una Europa “unida en torno a Alemania (competidor capitalista avanzado) y el replanteamiento de Estados semiperiféricos en su región de control geopolítico” como en el caso de Brasil. Al respecto, cita al historiador Emmanuel Todd, para quien El mundo es demasiado vasto, diverso y dinámico para aceptar el predominio de un solo poder. La evaluación de las fuerzas demográfica, cultural, industrial y monetaria, ideológica y militar que transforman el planeta no confirma la visión actual de una América invulnerable. […] Una imagen realista [muestra] una gran nación cuyo poder era incuestionable, pero cuyo declive relativo parece irreversible.249 Llegue eso a ser así o no, el hecho es que en las oscilaciones en las correlaciones de fuerza entre los cuatro ejes a los que se refiere Fagundes se hace sentir aquel proverbio árabe que dice “mientras los perros ladran, pasa la caravana”. Para el autor, nos movemos en una circunstancia que tomó forma en “tres momentos secuenciales e interconectados”: el Gobierno de Trump, la Pandemia COVID-19 y la guerra ruso-ucraniana. A los dos primeros, dice, “aún les falta reflexión más profunda y audaz por parte del establishment académico políticamente correcto.” En cuanto al tercero “las contradicciones han madurado”, pues “la política de sanciones de la ‘Comunidad Internacional’ (básicamente la anglosfera, Europa, Japón y Corea del Sur, el 25% del mundo) provocó un cortocircuito económico-financiero y un nuevo receso global.” El hecho es que la configuración de un mundo multipolar “todavía depende de la estrategia de los diferentes actores.” Así, mientras la 249 TODD, Emanuel (2013:24): Después del Imperio: la descomposición del sistema americano. Río de Janeiro: Registro.


“anglosfera” busca dividir el campo contrario, aprovechando sus conflictos y contradicciones de larga data, los integrantes de los otros tres ejes – en particular los vinculados al BRICS – no buscan tanto “crear un bloque económico, sino obtener mejores oportunidades, en un mundo estable y con reglas realmente comunes.” En todo caso, advierte el autor, “no hay que hacerse ilusiones sobre una transición sistémica fácil, ya que no es sólo un cambio de países y reglas.” La humanidad entera está inmersa en un vasto proceso de reordenamiento de sus condiciones de vida y desarrollo, cuyas opciones aún están en curso de definición. La Ciudad hará bien en estar atenta a ese proceso, para contribuir a que encuentre su mejor salida en la visión que orienta y anima el quehacer nuestro de cada día.

17 DE MAYO DE 2024

La Ciudad en una historia aún hirviente “El súbito ascenso de los hombres a la igualdad política, ha originado un desequilibrio y trastorno económicos que en todas las partes del mundo se notan; así como la súbita cultura, y la necesidad ardiente de ella, los han puesto en desigualdad con los medios de darle satisfacción; que no crecen con tanta rapidez como los apetitos” José Martí, 1884250

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i miramos a la Ciudad en su historia, veremos que ha sabido crecer y ser útil en un mundo que se ha ido haciendo cada vez más peligroso. Baste recordar que la tragedia mayor que inauguró ese peligro ocurrió el 11 de septiembre de 2001, cuando la Ciudad iniciaba apenas su labor en Clayton.

250 “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 16 de julio de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. X, 62.

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De entonces acá, el mundo ha venido conociendo un desequilibrio creciente, que se hace sentir por ejemplo en el ciclo de violencia que hoy alcanza sus expresiones más agudas en los conflictos en curso entre Rusia y Ucrania, y en el Medio Oriente, en todo lo que va de Irak a Siria y Gaza, por mencionar sus focos más visibles. A esto se agrega, al decir de la revista inglesa The Economist, que el orden que ha regido la economía mundial desde 1945 esté hoy “al borde del colapso”.251 Este juicio merece especial atención. The Economist – que se publica en Londres desde 1843 – constituye quizás el más prestigioso vocero del liberalismo económico. A casi dos siglos de entonces, advierte hoy que las instituciones que han conducido la globalización están “perdiendo credibilidad rápidamente”, mientras se acentúa la incertidumbre sobre el futuro del comercio mundial. A primera vista, dice, esto contrasta con el hecho de que la economía mundial “parece tranquilizadoramente resistente”, aunque la desintegración del antiguo orden “es visible en todas partes.” Las sanciones, por ejemplo, “se utilizan cuatro veces más que durante el decenio de 1990”, mientras está en marcha “una guerra de subsidios, a medida que los países buscan copiar el vasto respaldo estatal de China y Estados Unidos a la manufactura verde.” Y si bien “el dólar sigue siendo dominante y las economías emergentes son más resilientes, los flujos globales de capital empiezan a fragmentarse”. Esta situación, añade, se agrava por la pérdida de credibilidad de los organismos internacionales “que han impuesto las reglas durante las últimas décadas”. Así, cita el caso del Fondo Monetario Internacional, “atrapado”, dice, “en una crisis de identidad, entre promover una agenda verde y garantizar la estabilidad financiera” mientras el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas “está paralizado” y los tribunales supranacionales, como la Corte Internacional de Justicia, “son cada vez más utilizados como armas de partes en conflicto”. 251 “El actual orden mundial, cerca del colapso: ‘The Economist’” https://www.jornada.com. mx/noticia/2024/05/12/economia/el-actual-orden-mundial-cerca-del-colapso-2018theeconomist2019-2404


Hoy, concluye, la fragmentación y la decadencia “han creado un impuesto sigiloso a la economía global, perceptible sólo si se sabe dónde buscar.” Con ello se genera nuevamente la posibilidad de “colapsos más profundos y caóticos”, que pueden “ocurrir repentinamente una vez que comienza el declive”, como habría sido “el caso de la Primera Guerra Mundial de 1914-1918, que acabó con una era dorada de la globalización que muchos en ese momento supusieron duraría para siempre”. Con todo, conviene tomar con tiento este tipo de invocaciones, como lo advirtiera en su momento Fernand Braudel. “Esta historia todavía hirviente”, dijo alguna vez, “como sus contemporáneos la han sentido, descrito, vivido, siguiendo el ritmo de su vida, breve como la nuestra”, tiene “la dimensión de sus cóleras, de sus sueños y sus ilusiones.” Así, nos presenta Un mundo peligroso, […] pero del que habremos conjurado los sortilegios y maleficios, habiendo de antemano fijado esas grandes corrientes que subyacen, a menudo silenciosas, y cuyo sentido sólo se revela si se abarcan los largos periodos de tiempo.252 A esos largos periodos de tiempo corresponden las transformaciones en curso en el sistema mundial. La guerra a la que se refiere The Economist, en efecto, inauguró las violencias de la transición del mercado mundial desde su organización como un sistema colonial a partir del siglo XVII hasta su transformación en uno internacional desde 1945. Esa transformación tuvo dos pilares principales. En lo político, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, en 1945, y en lo económico los acuerdos económicos de Bretton Woods en 1944, que establecieron el Banco Mundial y su instrumento financiero, el Fondo Monetario Internacional.253 252 Braudel, Fernand (1969): Escritos sobre Historia. Fondo de Cultura Económica, México, 1991: 14. 253 https://es.wikipedia.org/wiki/Acuerdos_de_Bretton_Woods

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De allí resultó la expansión del número de Estados y mercado nacionales desde el medio centenar de fines de la década de 1940 hasta los casi dos centenares del presente. Entre las décadas de 1950 y 1980 ese sistema internacional facilitó una formidable expansión de un mercado mundial que, si en lo económico empezó a dar síntomas de agotamiento a mediados de la década de 1970, en lo político inició su declive gradual con la disolución de la Unión Soviética en 1991, que privó al liberalismo del contrapeso que garantizaba su función de factor de equilibrio en el sistema mundial.254 Interesa notar en todo caso, como lo hace The Economist, que el proceso de liberalización general de los procesos productivos que se dio en llamar la globalización fue uno de los resultados iniciales de aquella primera fase de la desarticulación del sistema internacional. Los logros económicos y sociales de las décadas de 1990 y 2000, dice, “no tienen parangón en la historia” y señala como ejemplos que cientos de millones de personas “escaparon de la pobreza en China al integrarse a la economía global; la tasa de mortalidad es menos de la mitad de la registrada en 1990, y la tasa de muertes por conflictos es 40 veces menor que en 1972”. Desde esa perspectiva, parece posible atribuir muchos de los problemas que preocupan a The Economist a la resistencia a reconocer y llevar a la práctica los cambios políticos que demanda aquella “nueva economía” vinculada al potencial de integración productiva y comercial generado por la Internet – y al papel de las ciudades en ella - que describiera Manuel Castells ya en el año 2000.255 Y a eso se agrega hoy la demanda de cambios tecnológicos sustantivos -como el paso de los combustibles fósiles a los renovables, y de la agroquímica a la agroecología – que plantea la crisis socioambiental que amenaza a la humanidad entera. 254 Al respecto, por ejemplo, Wallerstein, Immanuel (1996): Después del Liberalismo. Siglo XXI, México. https://www.academia.edu/36468811/Despues_del_liberalismo_Immanuel_ Wallerstein 255 Al respecto, Castells, Manuel (2000): “La ciudad de la nueva economía”. Conferencia pronunciada en el ayuntamiento de Barcelona, el 21 de febrero de 2000. www. lafactoriaweb.com / http://www.scielo.org.mx/pdf/pp/v7n27/v7n27a9.pdf


Con todo, el mayor de los peligros que encara el mundo es el de la ignorancia sobre el origen de la transición en que ha ingresado la economía global, y las opciones de cambio que van emergiendo en su desarrollo. Desde esa perspectiva, conviene recordar cómo - cuando se iniciaba apenas la transición del sistema colonial al internacional -, José Martí comprendió la íntima relación existente entre el mejoramiento humano, la utilidad de la virtud, y la necesidad de luchar por el equilibrio del mundo. La única garantía verdadera de ese equilibrio está en la construcción de sociedades prósperas, inclusivas, sostenibles y democráticas, en las que aquel “súbito ascenso de los hombres a la igualdad política” encuentre su equilibrio en que “la súbita cultura, y la necesidad ardiente de ella” crezcan “con tanta rapidez como los apetitos.” De entre las muchas opciones que se abren en esta transición – desde las más utópicas hasta las más temibles -, esta es la que se corresponde con la razón de ser y con el hacer de la Ciudad. Estemos a ella.

24 DE MAYO DE 2024

La Ciudad en la luz “Cuando al peso de la cruz El hombre morir resuelve, Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve, Como de un baño de luz.” José Martí, 1891256

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esde Roma, Elena Llorente, corresponsal del periódico argentino Página 12, informa de la intensa actividad del papa Francisco en el mes de mayo, en el ejercicio de su compromiso con el equilibrio del mundo. Así, del 8 al 10 de este mes tuvo lugar en el

256 Versos Sencillos, XXVI. https://www.educ.ar/recursos/adjuntos/descarga/2546/versossencillos-de-jose-marti?disposition=inline

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Vaticano un encuentro de académicos, empresarios, organizaciones de trabajadores y grupos religiosos titulado “El cuidado es trabajo, el trabajo es cuidado. Construyendo una comunidad transformadora global.257 A esto siguió, el 10 y 11 un “Encuentro Mundial sobre la fraternidad humana”, en el cual unos 30 Premios Nobel, además de economistas, investigadores, médicos y universitarios debatieron sobre el futuro de la humanidad y la paz.258 Y del 15 al 17, el tema “De la crisis climática a la resiliencia climática” fue abordado por un grupo de expertos que se viene reuniendo desde hace una década para discutir sobre los problemas sociales y ambientales del mundo en seguimiento a Laudato Si’, la conocida Encíclica que Francisco dedicara al cuidado de la Tierra, nuestra casa común.259 Emilce Cuda, teóloga y encargada de la oficina del Vaticano para América Latina destacó la estrecha relación entre todos los temas tratados. En lo que hace al futuro del trabajo enfatizó la necesidad de “alcanzar nuevas soluciones para la gente que se queda sin trabajo ya que muchos empleos han sido sustituidos por la inteligencia artificial o máquinas”. Todo trabajo, añadió, debe ser parte del cuidado por la Casa Común, y como tal ha de ser entendido en una perspectiva socio-ambiental. Desde esa perspectiva, dijo, el desarrollo de nuevas formas de trabajo debe “mantener las conquistas sociales que han logrado los trabajadores en el siglo XX.” Así, el documento final del encuentro sobre el futuro del trabajo destacó que una persona florece con el trabajo. El trabajo es la más común forma de cooperación que la Humanidad ha generado en la 257 “El Papa analizó el futuro del trabajo en el mundo”. https://www.pagina12.com.ar/735755el-papa-analizo-el-futuro-del-trabajo-en-el-mundo#:~:text=“Nosotros%20pusimos%20 el%20lema%20“el,debe%20ser%20considerado%20un%20trabajo 258 Francisco: “la guerra siempre es una derrota” https://www.pagina12.com.ar/735977francisco-la-guerra-siempre-es-una-derrota 259 “El Papa pidió medidas urgentes ante la crisis climática” https://www.pagina12.com. ar/737618-el-papa-pidio-medidas-urgentes-ante-la-crisis-climatica


historia. El trabajo es una forma de amor civil... un auténtico amor que nos lleva a vivir y a mover el mundo hacia adelante. Preservar el trabajo así entendido demanda crear “nuevas formas de solidaridad” que contribuyan a respetar la dignidad humana, combatir la exclusión y violación de los derechos de los trabajadores y reducir las desigualdades, sobre todo en el medio rural, abrumado por la pobreza. Esto, se dice, requiere vincular a las familias, grupos académicos, instituciones sociales, organizaciones de la Iglesia y del mundo, “a fin de difundir guías éticas y direcciones en este campo, pero también bregar por la implementación de políticas públicas que tengan en cuenta estos cambios”. Por su parte, al inaugurar la mesa redonda que abordó las guerras en curso en el mundo y las posibilidades de paz en el encuentro sobre la fraternidad humana, el cardenal Secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, destacó que “aun reafirmando el derecho inalienable de la autodefensa, la guerra es siempre un fracaso de la humanidad toda y no sólo de los países implicados”. Sin diálogo, dijo, “no sólo no se construye la paz, sino que se provoca la guerra, que sustituye la voz de la diplomacia con las armas.” Al respecto, recordó que en 2023, los gastos en armamentos en el mundo llegaron a 2,443 billones de dólares, mientras la ayuda para el desarrollo de los pueblos alcanzó sólo 233.000 millones “Las guerras siguen creciendo porque la industria de las armas sostiene la economía de muchos países”, añadió, y recordó una frase de Pio XII: “Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra”. Al recibir a los participantes del encuentro, el Papa Francisco citó una frase del líder afro-estadounidense Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz en 1964: “Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces. Pero no hemos aprendido aún el simple arte de vivir juntos como hermanos”. Y añadió: “Es así. Y por eso ahora nos preguntamos ¿cómo podemos volver a hacer crecer el arte de la convivencia que sea verdaderamente humana?”. De lo discutido en el encuentro, agregó, “puede nacer una Carta del Humano que incluya, junto

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a los derechos, también los comportamientos y las razones prácticas de lo que nos hace más humanos en la vida,” pues para garantizar una paz duradera “es necesario volver a reconocerse parte de la humanidad y poner la fraternidad en el centro de la vida de los pueblos”. Por su parte, el encuentro dedicado al cambio climático convocó a más de 70 expertos de todo el mundo - universitarios, ecologistas, religiosos, miembros de distintas organizaciones de Naciones Unidas, antropólogos, políticos, economistas, gobernadores y alcaldes. Ellos abordaron los problemas que se derivan de la interacción entre factores que van desde el aumento de las temperaturas a los eventos climáticos extremos, el colapso de ecosistemas y la contaminación de la biosfera, que amenazan la sustentabilidad del desarrollo de la especie humana. Al respecto, coincidieron en la necesidad de llegar a un “Protocolo de resiliencia climática planetaria” que sea presentado en la reunión de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que tendrá lugar en Bakú, Azerbaiyán, del 11 al 22 de noviembre próximo. Al recibir a los participantes del encuentro sobre el cambio climático, Francisco les expresó que con su trabajo han demostrado la necesidad de estar atentos a los gritos de la tierra, escuchar las súplicas de los pobres, ser sensibles a las esperanzas de los jóvenes y a los sueños de los niños. Tenemos la gran responsabilidad de garantizar que no les sea negado a ellos el futuro. Recibo con mucho gusto vuestro trabajo porque el cambio climático es una cuestión social global y ligada íntimamente a la dignidad humana. Y a esto agregó que “son los pobres de la tierra los que sufren mayormente, pese a que son los que menos contribuyen al problema”. Las naciones más ricas, dijo, “producen más de la mitad de la contaminación que atrapa el calor”, mientras los 3.000 millones de personas más pobres “aportan menos del 10% de la contaminación, pero sufren el 75% de las pérdidas que se derivan de ella”.


Francisco reconoció en particular a las mujeres, víctimas a un tiempo del cambio climático y de discriminación, que sin embargo son “potentes agentes de la resiliencia”. Resaltó también la situación de los niños que por su edad “son más susceptibles a los efectos físicos y psicológicos del cambio climático” y las “migraciones forzadas” causadas por el desastre climático. “Veamos”, dijo, “cuántos hermanos y hermanas han perdido la vida en estos años en los viajes desesperados. Y las previsiones preocupan”. Enfrentar estos desafíos, agregó, demanda “adoptar acciones rápidas y resolutivas en grado de producir cambios y decisiones políticas y a cambiar la curva del calentamiento, tratando de disminuirlo en un cuarto de siglo apuntando a la descarbonización, eliminando la dependencia de los combustibles fósiles”. Todo esto demandará “un trabajo largo pero visionario y debemos emprenderlo todos juntos”. La crisis climática, enfatizó, exige una cooperación coordinada y una solidaridad global”, que reconozca la “deuda ecológica” con los países del sur. Para la Ciudad, esto tiene un doble significado. Por un lado, confirma el compromiso con el desarrollo humano que anima su visión y su misión. Y por otro – y quizás, sobre todo – confirma que ella hace parte del movimiento mundial de constructores de esperanza en tiempos de incertidumbre, a quienes corresponde un papel cada vez más importante en el cambio de épocas que compartimos con la Humanidad entera.

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Ambiente: el saber a sabiendas “La intervención humana en la Naturaleza acelera, cambia o detiene la obra de ésta, y que toda la Historia es solamente la narración del trabajo de ajuste, y los combates, entre la Naturaleza extrahumana y la Naturaleza humana”. José Martí, s.f.260

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a crisis socio-ambiental que hoy encaramos resulta del desarrollo de una contradicción amplia y compleja en las relaciones entre la especie humana y su entorno natural, cuyas raíces se remontan a fines del siglo XVIII. En esa contradicción desempeña un papel de primer orden el hecho de que los humanos somos la única especie que se relaciona con la naturaleza mediante el trabajo organizado con propósitos socialmente definidos. Así, mientras las demás especies se limitan a “utilizar la naturaleza exterior y modificarla por el mero hecho de su presencia en ella”, la humana “modifica la naturaleza y la obliga así a servirle, la domina”, mediante procesos de trabajo que tienen “el carácter de una acción intencional y planeada, cuyo fin es lograr objetivos proyectados de antemano”.261

Con todo, después de cada uno de esos logros obtenidos por los humanos en esa relación, “la naturaleza toma su venganza”, en la medida en que nuestros iniciales acarrean también “consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras.” Así, nuestro dominio sobre la naturaleza no es el de alguien situado fuera de ella, 260 Artículos varios: “Serie de artículos para La América”. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XXIII, 44. 261 Engels, Federico: “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”. https:// webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe3/mrxoe308.htm#fn0


sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente. A esa capacidad de conocer entre los siglos XVIII y XIX, en los que hunde sus raíces la crisis que padecemos en el XXI, se refiere el artículo “Perdiendo la Tierra a sabiendas. Seis gramáticas ambientales cerca del 1800”, del historiador francés Jean-Baptiste Fressoz (2014).262 Para Fressoz, el proceso histórico que nos ha traído a esta crisis incluye al menos seis ejemplos de reflexión temprana que discriminan “entre lo puro y lo impuro, la naturaleza y el artificio, la seguridad y el peligro, la sostenibilidad y la insostenibilidad; culpan a los procesos históricos y valoran ciertos modos de vida”, en lo que hace a las intervenciones humanas en el sistema Tierra. En primer lugar, dice, a mediados del siglo XIX, la expresión “medio ambiente” era utilizada como sinónimo de “entorno”, hasta que Herbert Spencer acuñó en la década de 1860 lo definió como las “circunstancias que rodean” a un organismo, es decir, “todas las influencias físicas que lo afectan y lo transforman.” Con ello, Spencer dio nueva vida al concepto de circumfusa (las “cosas circundantes” en latín), en el cual “los médicos del siglo XVIII incluían el aire, el agua y los lugares y todos los diversos factores que influyen en la salud en general”. Esta filiación refuta, así, la oposición común entre el viejo “medio ambiente”, como una exterioridad fuera de alcance, y el medio ambiente de los años setenta, maleable, frágil y, por tanto, eminentemente político, y permite entender que la industrialización tuvo lugar a pesar de las teorías médicas prevalecientes que enfatizaban la importancia de un medio ambiente sano y los peligros de la contaminación. 262 www.academia.edu

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En estrecha asociación con lo planteado por Spencer, la idea de clima también ayuda a comprender mejor el papel del conocimiento en el origen temprano de nuestra crisis actual. Definido originalmente como una noción puramente topográfica (una zona entre dos latitudes), el clima pasó a ser entendido como las condiciones promedio de temperatura y precipitación en un lugar determinado en el siglo XVIII. A partir de allí, la comparación entre climas muy diferentes en la misma latitud al otro lado del Atlántico reforzó la idea de que la civilización y la deforestación transforman la meteorología de países enteros, con lo cual el clima se convirtió en una categoría de gran importancia para reflexionar sobre las consecuencias de la acción humana sobre el medio ambiente y viceversa. En esa reflexión, dice Fressoz, a principios del siglo XIX emergió en los círculos científicos europeos la preocupación por una posible catástrofe climática antropogénica, “vinculada en primer término a la deforestación, a la cual eran atribuidos todo tipo de fenómenos climáticos: inviernos duros, sequías, tormentas y precipitaciones excesivas”, percibida como “un fenómeno irreversible que cuestionaba a la propia civilización”. Para mediados del siglo XIX, sin embargo, la difusión del uso del carbón mineral como principal fuente de energía disminuyó la importancia de los bosques y su conservación para las economías de Europa occidental. Al propio tiempo, la investigación geológica y astronómica amplió el sentido del tiempo, y propició una visión mucho más conservadora del impacto de la acción humana en el entorno natural, y el clima perdió gran parte de su importancia como factor de riesgo ambiental. En ese marco, también, durante los siglos XVIII y XIX los naturalistas se maravillaron ante las relaciones sistémicas que entrelazaban a todos los seres en un todo coherente, lo cual dio origen a la visión de una “economía de la naturaleza” animada por redes de interdependencia que se expresaban en una “precisión sinfónica”. Un siglo después, sin embargo, el interés por aquella visión se vio desplazado por el principio del rendimiento máximo sostenible, que llevó a descuidar las


interacciones sistémicas entre las especies y su entorno, y marginó la cuestión del agotamiento. Otra percepción temprana fue la de la evolución de las formas de intercambio de materia entre la sociedad humana y la naturaleza. El desarrollo de una visión química de la agricultura a fines del siglo XVIII permitió comprender cómo la eliminación de minerales del suelo en cada cosecha demandaba reponer su fertilidad mediante el retorno de los excrementos a los campos. Para el siglo XIX esto dio lugar a preocupaciones sobre la brecha metabólica entre la ciudad y el campo, pues el creciente consumo humano de alimentos producidos a distancias cada vez mayores impedía devolver a la tierra minerales indispensables para su fertilidad. Al propio tiempo, el suelo empobrecido fomentaba hambrunas, pauperismo y revolución, y aun problemas geopolíticos, como los de la competencias entre Gran Bretaña y Estados Unidos por el monopolio del guano del Perú. Por su parte, el desarrollo de la termodinámica – que estudia las propiedades y transformaciones de la energía- permitió construir a fines del siglo XIX una visión cuantitativa de los flujos de energía interceptados por las plantas o extraídos del carbón y rastrear su circulación en la economía. Esto llevó a muchos autores a considerar que el problema de la economía consistía en el suministro material y energético que demandaban las sociedades humanas, y señalar la discrepancia entre la apariencia de una creciente riqueza financiera y la realidad de la inexorable dispersión de la energía. Por último, dice Fressoz, el paso de una economía orgánica basada en la madera a una economía mineral alimentada por carbón ocurrió a pesar de las preocupaciones sobre el agotamiento de los combustibles fósiles y los recursos naturales. Esto, a su vez, generó “una aguda conciencia del futuro” y “claras advertencias sobre la insostenibilidad del nuevo régimen material que había surgido al final del siglo XIX”. Con todo, estimaciones cada vez más amplias de las reservas de

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combustibles fósiles y cambios tecnológicos que propiciaron un uso más eficiente de los mismos llevaron para mediados del siglo XX a que disminuyera el interés en las condiciones materiales de producción, mientras la economía se convirtió “en el modo dominante de formación de la élite social”. Para Fressoz, al partir de hechos como estos, la reflexión histórica sobre nuestra crisis socio-ambiental hará bien en considerar que la destrucción del medio ambiente no ha ocurrido como si la naturaleza no contara para nada; por el contrario, procedió a pesar de comprender sus consecuencias. A finales del siglo XVIII, la contaminación industrial oscureció la atmósfera a pesar del enfoque de la medicina ambiental neohipocrática en el aire. A principios del siglo XIX, la deforestación continuaba a pesar del temor al cambio climático. Avanzado el siglo, el uso de los recursos naturales se intensificó a pesar de la conciencia de sus límites y de la idea de economía de la naturaleza. Esta historia, concluye, llevó a la modernidad a “desinhibirse” en su relación con la naturaleza. Eso contribuyó a que ingresáramos en esta crisis “a sabiendas” y nos obliga a pensar la situación contemporánea “menos como un umbral en la conciencia ambiental y más bien como la culminación de una historia de dos siglos de destrucción consciente”. Ese pensar demanda herramientas conceptuales que hasta ahora han tenido un desarrollo apenas incipiente en el entorno inmediato de la Ciudad. Los aportes de disciplinas como la historia ambiental, la ecología política y la economía ecológica serán cada vez más importantes para enriquecer nuestra visión y precisar nuestra misión en las circunstancias a que nos corresponde atenernos. Aportar a ese pensar aportará al futuro al que aspiramos.


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El porqué de la Ciudad “Prever es la cualidad esencial, en la constitución y gobierno de los pueblos. Gobernar no es más que prever.” José Martí, 1891263 Para Julio Escobar, que nos preguntó a todos.

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l para qué existe la Ciudad tiene una respuesta sencilla. Ella existe para ser una comunidad innovadora que impulsa el cambio social a través del humanismo, la ciencia y los negocios. Tal es su misión, que responde a la visión de un futuro “próspero, inclusivo, democrático y sostenible, para Panamá y el mundo”. Explicar por qué existe es más complejo. Esto demanda ubicar a la Ciudad en la circunstancia que la hace necesaria en un momento determinado de la historia de su país, y lleva a su sociedad a crearla. En este caso, esa circunstancia es la de un proceso de transición entre dos etapas distintas en el desarrollo del sistema mundial del que hace parte Panamá desde el siglo XVI. La noción de sistema mundial, en efecto, facilita comprender los procesos de interacción entre sociedades diversas a lo largo de la formación – y las transformaciones – del mercado mundial al que se refiere el lema Pro Mundi Beneficio que figura en nuestro escudo nacional. Para Immanuel Wallerstein, que dedicó sus años de madurez a escribir una Historia del Moderno Sistema Mundial de la cual alcanzó a redactar cuatro tomos, esa noción hace parte del concepto más amplio de “sistemas históricos”, los cuales

263 “La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América”. La Revista Ilustrada, Nueva York, mayo de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 159.

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Alcanzan la existencia en algún punto del tiempo y el espacio, por razones y de maneras que podemos analizar. Si sobreviven a los dolores del nacimiento, siguen entonces su vida histórica dentro del marco y las constricciones de las estructuras que los constituyen, siguiendo sus ritmos cíclicos y atrapados en sus tendencias seculares.264 Esas tendencias seculares, añade, terminan por generar contradicciones internas que el sistema no puede resolver, lo cual da lugar a una crisis sistémica. Así, el sistema mundial que conocemos hoy se forjó a partir de la crisis de uno anterior, al que usualmente llamamos la Edad Media, que se inició a mediados del siglo XV y culminó a mediados del XVI. Aquel sistema histórico medieval, sin embargo, no era mundial sino regional, pues se ubicaba en el extremo Occidental de Eurasia. El moderno sistema mundial, en cambio, fue el primero en tomar forma a escala planetaria en la historia de la Humanidad. Ese sistema mundial fue radicalmente innovador, y sólo pudo existir “revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social”. Esto lo distingue de todo sistema anterior “por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes”.265 De esa dinámica resultó la formación de un mercado mundial que dio “a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita”. En el desarrollo de ese mercado se forman nuevas industrias “que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo.” Con ello 264 Análisis de Sistemas-Mundo. Una introducción. Siglo XXI, México, 2005: 105. 265 “Manifiesto del Partido Comunista” (1848). Obras Escogidas en Tres Tomos. Editorial Progreso, Moscú. (1976: 113,114).


Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. De esa universalización de la producción y el comercio vino también la formación de una geocultura que, al decir de Immanuel Wallerstein, se expresa en “las normas y modos discursivos generalmente aceptados como legítimos” en el sistema mundial, la cual “no aparece automáticamente [sino que] debe ser creada.” Es en esa geocultura, y en sus cambios, donde encuentran la plenitud de su sentido la visión y la misión de la Ciudad. Aquí es bueno recordar que la formación del mercado mundial del que hablamos se inicia con el descubrimiento de América a fines del siglo XV, y su conquista por Europa a lo largo del XVI. A lo largo de su historia, la organización geopolítica y geoeconómica de ese mercado ha conocido dos transiciones. La primera lo llevó a constituirse como un sistema colonial entre mediados del siglo XVIII y mediados del XX. La segunda, a transformarse en un sistema internacional a partir de la conferencia de Bretton Woods de 1944 -que estableció las normas de organización de un mercado mundial dolarizado, y la creación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional – y de la que organizó el sistema de las Naciones Unidas, realizada en San Francisco en 1945. La desintegración del sistema colonial multiplicó el número de Estados nacionales – y de sus respectivos mercados – del medio centenar que eran en 1945 a los 149 que existían en 1977, cuando fue firmado el tratado Torrijos-Carter.266 La multiplicación del número 266 https://www.un.org/es/about-us/growth-un-membership-1945-present

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de los mercados que esos Estados tutelan estimuló el crecimiento económico y el cambio tecnológico al punto de generar necesidades y posibilidades de transformación que llevaron al sistema internacional a encarar un nuevo proceso de crisis y transición desde fines del siglo XX, que para Wallerstein podría extenderse hasta mediados del XXI. En su primera fase, esa transición se inició a partir de una vasta desintegración y re-articulación de las principales cadenas de producción y consumo del mercado mundial, a partir de las ventajas competitivas de sus diversos territorios, y con el apoyo tecnológico de Internet. Ese proceso recibió el nombre de globalización, y llevó a nuevos extremos el ritmo y el alcance del crecimiento económico, y la socialización de los cambios geoculturales asociados a dicho proceso. Hoy, todas las sociedades del sistema encaran, de una u otra manera, la necesidad de definir “una opción histórica sobre cuál de los caminos alternativos debe seguirse, es decir, qué nuevo sistema ha de construirse”. Eso no será sencillo, porque la transición ha ingresado en una fase de caos incremental, que acentúa las contradicciones y agudiza los conflictos internos del sistema, y dificulta la construcción de acuerdos y consensos en una circunstancia comparable en su complejidad y su alcance al que llevó a Europa de la Edad Media a la Moderna. El porqué de la Ciudad está en la transición. Cada sociedad necesita entidades que le permitan, a un tiempo, reflexionar sobre sus opciones de futuro, y vincular su saber y su hacer con los de otras sociedades. En eso se ha empeñado la Ciudad durante un cuarto de siglo, y ha visto florecer en su entorno una multiplicidad de iniciativas glocales y globales que convergen con su visión y su misión. Por eso existe la Ciudad, por eso hace lo que hace y abre camino a lo que es: un ámbito para el debate sobre nuestras opciones de futuro, y para adelantar con otros en la construcción de aquellas que mejor se correspondan con la sustentabilidad del desarrollo humano. Quienes participan de esa tarea – de cerca, cercanos y aun distantes – contribuyen, probablemente sin saberlo, a un proyecto que José Martí


no llegó a cumplir: escribir un libro que hubiera titulado Esencia de la historia: el Alma de la Historia, en el cual sintetizar lo que enseña “la vida de los pueblos” para que luego que todo esté visible y corpóreo como un mapa, ante los ojos, deducir la real significación del progreso, prever y entrever el mundo futuro en la organización terrenal, y el destino final de nuestro espíritu.267

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La ciencia en la Ciudad, y la Ciudad en la ciencia “De todas partes se eleva un clamor, no bien definido acaso, ni reducido a proposiciones concretas, pero ya alto, imponente y unánime; de todas partes se pide urgentemente la educación científica. No saben cómo ha de darse; pero todos convienen en que es imprescindible, e improrrogable, que se dé. No hallan remedio al mal todavía, pero ya todos saben dónde reside el mal, y están buscando con vehemente diligencia el remedio”. José Martí, 1883268

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a ciencia figura de importante manera en la visión, la misión y la actividad de la Ciudad. Por lo mismo, siempre conviene dedicar un momento a reflexionar sobre ella, sobre todo en su relación con la vida y el desarrollo de la sociedad de la que ambas hacemos parte.

Aquí, conviene empezar por entender a la ciencia como una forma de trabajo. Así entendida, si bien ella tiene raíces profundas en la historia de la Humanidad, vino a ser tomar forma del siglo XVII en adelante, 267 Libros (s.f.). Ibid., XVIII, 291. 268 La América, Nueva York, septiembre de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,1975. VIII: 277.

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cuando el desarrollo del mercado mundial creó las condiciones que la hicieron imprescindible y, por eso mismo, posible. Esas condiciones obedecieron a dos factores principales. Por un lado, el desarrollo de este mercado generó un enorme flujo de información desde todas las regiones del planeta hacia las sociedades Noratlánticas que lo crearon. Por otro, la magnitud de ese mercado generó una demanda de materias primas y bienes de consumo que requirió el desarrollo de nuevas formas de relación con la naturaleza, que permitieran conocerla con un detalle cada vez mayor, y facilitaran el uso de ese conocimiento para incrementar la productividad del trabajo en todas sus expresiones, desde la agricultura, la industria y los servicios, hasta el cuidado del hogar y la familia. Con ello, el desarrollo del trabajo científico se constituyó en una actividad de producción de conocimiento que, al decir del filósofo italiano Antonio Gramsci (1891-1937), rectifica sin cesar tanto “la manera de conocer” como rectifica y refuerza los órganos de las sensaciones, y elabora principios nuevos y complejos de inducción y deducción, es decir, afina los instrumentos mismos de la experiencia y su verificación; [y] aplica este conjunto instrumental (los instrumentos materiales y mentales) para establecer lo que en las sensaciones es necesario, distinguiéndolo de lo que es arbitrario, individual, transitorio. De esta manera, el trabajo científico establece “lo que es común a todos los hombres, lo que todos los hombres pueden verificar del mismo modo, independientemente los unos de los otros, porque han observado igualmente las condiciones técnicas de verificación.” Así, permite definir como objetivos a aquellos elementos de una realidad “que es verificada por todos los hombres, que es independiente de todo punto de vista, ya sea meramente particular o de grupo”.269 Y 269 El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Nueva Visión, Buenos Aires. 2003: 61-61.


en ese sentido, añade, lo que interesa a la reflexión sobre la ciencia es ante todo la elaboración por la comunidad de sus trabajadores de “sus métodos de investigación”, y la continua rectificación de “sus instrumentos materiales que refuerzan sus órganos de los sentidos y los instrumentos lógicos (incluso la matemática) de discriminación y verificación, o sea, la cultura y la concepción del mundo, la relación entre el hombre y la realidad por mediación de la tecnología”. Comprender así a la ciencia tiene especial importancia para la Ciudad. Por un lado, porque nos ofrece un criterio (justamente) objetivo para valorar una actividad tan importante para su misión. Por otro, porque la protege de aquella “superficial infatuación por las ciencias” tras la cual subyace “la más grande ignorancia de los hechos y los métodos científicos, cosas muy difíciles y que se hacen siempre más difíciles por la progresiva especialización de nuevas ramas de investigación”. Porque en verdad ocurre que El progreso científico ha hecho nacer la creencia y la expectativa de un nuevo Mesías que realizará en esta tierra el país de la Felicidad; las fuerzas de la naturaleza, sin ninguna intervención del esfuerzo humano, sino por obra de mecanismos siempre más perfectos, darán a la sociedad, en abundancia, todo lo necesario para satisfacer sus necesidades y vivir holgadamente. […] En realidad, dado que se espera demasiado de la ciencia, se la concibe como una hechicería superior y por ello no se logra valorar realísticamente lo que ésta ofrece en concreto. Este tipo de fantasías no ayuda a la Ciudad en su tarea de crear las condiciones que demanda el desarrollo de las capacidades de la ciencia para contribuir a la creación de sociedades prósperas, inclusivas, sostenibles y democráticas. Para esa tarea, cabe coincidir con Gramsci cuando plantea que no puede ser considerada como persona de ciencias quien “demuestra poseer escasa seguridad en sus criterios particulares”, carece de “un pleno conocimiento de los conceptos que maneja”, “tiene escasa información e inteligencia del estado precedente

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de los problemas tratados”, no es “cauto en sus afirmaciones “ ni progresa de manera necesaria, sino arbitraria y sin concatenación” y no sabe tener en cuenta “las lagunas existentes en los conocimientos alcanzados y las soslaya, contentándose con soluciones o nexos puramente verbales, en vez de declarar que se trata de posiciones provisionales que podrán ser retomadas y desarrolladas, etcétera”. En efecto, asumir la responsabilidad – y el goce – del trabajo científico demanda comprender que sus frutos, al ser humanamente objetivos, son históricamente subjetivos. Ese doble carácter permite al conocimiento hacerse real “para todo el género humano históricamente unificado en un sistema cultural unitario”. El proceso de desarrollo de ese sistema cultural unitario, iniciado con la creación del mercado mundial a partir del siglo XVI, se aceleró en la transición hacia formas más ricas y complejas entre mediados del XX y comienzos del XXI. No es casual que la Ciudad haya sido creada en el marco de esa aceleración que, si por un lado ha enconado viejas contradicciones y conflictos, por otro ha creado posibilidades nuevas de una escala y una riqueza sin precedentes para la integración del género humano. Así, diría Gramsci, la ciencia ha contribuido a formar un terreno “en el cual la unidad cultural alcanzó el máximo de extensión; ha sido el elemento de conocimiento que más contribuyó a unificar el ‘espíritu’, a tornarlo más universal; es la subjetividad más objetivizada y concretamente universalizada”. Baste considerar, por ejemplo, lo que va de las grandes conquistas que ella ha permitido desde fines del siglo XIX en el campo de la salud pública, a su papel en la identificación temprana de la crisis socio-ambiental de nuestro tiempo, y en el desarrollo de medios para encararla, desde las energías renovables hasta la agroecología. La Ciudad ha contribuido a facilitar la participación de nuestra sociedad en ese proceso de integración del género humano mediante su apoyo a la creación de entidades como el Instituto de Investigaciones


Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología, como en el apoyo ofrecido a la creación de la Fundación Ciencia en Panamá, la Ciudad ha demostrado su compromiso con la ciencia y con la comunidad de sus trabajadores en Panamá. Bien puede decir ella, con José Martí en su poema Hierro, “ganado tengo el pan, hágase el verso”, en una breve pausa en esta tarea que en verdad apenas empieza. Somos lo que hacemos: crecemos con el mundo, para ayudarlo a crecer.

26 DE JULIO DE 2024

Ciudad en el tiempo “El tallo esbelto debió dejarse erguido, para que pudiera verse luego en toda su hermosura la obra entera y florecida de la Naturaleza. - ¡Robaron los conquistadores una página al Universo!”. José Martí, 1884.270

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a Asociación de Antropología e Historia de Panamá ha puesto a disposición pública el libro Los pueblos originarios de Panamá y su relación con el ambiente natural: 50 años de estudios, que recoge parte de la obra del arqueólogo anglopanameño Richard Cooke (1946-2023).271 Allí, para tiempos de transición como los que vivimos, destaca por ejemplo el artículo “Transformaciones sociales y culturales de los amerindios de Panamá durante el siglo XVI: una perspectiva arqueológica y paleoecología”, cuya autoría Cooke comparte con L. A. Sánchez H., D. R. Carvajal, J. D. Griggs e I. I. Isaza A. Con todo, el aporte mayor del libro radica en su llamado a traer de vuelta al futuro de Panamá la enorme riqueza de su historia profunda, 270 “El hombre antiguo de América y sus artes primitivas”. Obras Completas. La América, Nueva York, abril de 1884. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII, 335. 271 Cooke, Richard G. (2022): Los pueblos originarios de Panamá y su relación con el ambiente natural: 50 años de estudios. Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Sistema Nacional de Investigación https://www.aahpanama.org/2024/07/richard-g-cookelos-pueblos-originarios-de-panama-y-su-relacion-con-el-ambiente-natural-50-anos-deestudios-2/

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cuando la mayor parte de sus habitantes ignora que los humanos hemos estado presentes en lo que hoy llamamos Panamá desde hace al menos unos 11 mil años. Para entonces, el Istmo era más ancho que hoy, pero estaba en curso el ascenso del nivel del mar que acompañó el fin de la última edad de hielo, y es probable que una parte de la primera huella humana en nuestra tierra se encuentre hoy bajo el mar. Así, un breve y sugerente video del Instituto Smithsonian de Estudios Tropicales, nos muestra cómo Desde la última Edad de Hielo, hace 12,000 años, los humanos hemos disfrutado de un período geológico inusualmente cálido y estable llamado Holoceno y como resultado, hemos logrado enormes avances agrícolas y culturales. Pero durante los 2 millones de años anteriores, el mundo estaba mucho más frío y la mayor parte de América del Norte y Europa estaban encerrados bajo enormes capas de hielo de hasta varios kilómetros de espesor. Debido a que gran parte del agua del mundo se almacenaba como hielo, el nivel del mar era más de 100 metros más bajo de lo que es ahora, alterando dramáticamente la forma de la tierra. Las capas de hielo comenzaron a derretirse hace unos 16,000 años, haciendo que los niveles del mar se dispararan muy rápido, más rápido que el aumento del nivel del mar que los humanos están causando ahora al quemar combustibles fósiles, hasta que el clima se estabilizó hace unos 8,000 años.272 A esto se agrega ahora que el 17 de julio pasado el periódico argentino Página 12 informara que un grupo de científicos de aquel país había encontrado restos fosilizados de un gran mamífero que datan “de 21 mil años atrás”, con señales de haber sido destazado por humanos. Con ello, se abre paso a nuevas preguntas sobre la migración humana de Eurasia a América.273 272 https://stri.si.edu/es/noticia/la-gran-inundacion 273 https://www.pagina12.com.ar/752931-hallaron-en-un-gliptodonte-la-evidencia-depresencia-humana-


Así, Miguel Delgado, investigador en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), señaló que si bien “el paradigma de poblamiento dice que los seres humanos llegaron a América hace 16 mil años”, desde hace un tiempo “empezaron a aparecer evidencias más antiguas en Brasil, Canadá, Estados Unidos y México” que ubican el ingreso “entre 20 y 30 mil años atrás”. Ahora, añadió, queda en agenda que hubo humanos en la región mucho antes de lo que se pensaba. Es una evidencia temprana, indirecta, de su primera etapa exploratoria. Era un contexto hostil, con un clima frío y seco y un ambiente dominado por la megafauna, con megaterios, gliptodontes y tigres dientes de sable, entre otros animales, por lo que la supervivencia pudo ser muy difícil. Al comienzo, exploraron el espacio, y luego vino el asentamiento efectivo. Por eso la rareza de este descubrimiento. A nosotros esto nos atañe en más de un sentido. Por una parte, si bien ha sido planteada la posibilidad de otras rutas de migración a la América del Sur desde el Pacífico, por ejemplo, todo sugiere hasta ahora que ella ocurrió en lo fundamental a partir del istmo entre Asia y Norteamérica creado por el descenso del nivel del mar durante la última glaciación donde hoy se ubica el estrecho de Behring. Así, el Istmo de Panamá desempeñó en la migración de los humanos la misma función de puente terrestre cumplida en la de otras especies del continente a lo largo de millones de años. Por lo mismo, todo dato que sugiera un poblamiento más temprano en la América del Sur, lo hace también para Panamá. Por otra parte, esa función de puente terrestre siguió activa en ambas direcciones hasta la catástrofe civilizatoria generada por la conquista europea de América en el siglo XVI. En eso tuvo un importante papel el hecho señalado por Aníbal Quijano e Immanuel Wallerstein al vincular entre sí el nacimiento del moderno sistema mundial y el de América “como entidad geosocial” a lo largo del siglo XVI, para añadir enseguida

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que la creación de tal entidad “fue el acto constitutivo del moderno sistema mundial”, pues “una economía-mundo capitalista no hubiera tenido lugar sin América”.274 La transformación de esa economía mundo – desde su previa organización como sistema colonial, primero, e internacional, después - es el hecho dominante en nuestro tiempo. Hoy, la que fue – y sigue siendo – una indudable ventaja comparativa entre los siglos XVI y XXI demanda el complemento de nuevas ventajas competitivas. Y en eso tiene mucho que enseñarnos la historia antigua de Panamá. Un ejemplo de esto radica en la recuperación de las viejas rutas interoceánicas del Istmo, como la que hoy va de Chiriquí a Bocas del Toro y la que podría ir de Aguadulce a Colón. Otro, en la recuperación de la función de puente terrestre entre las Américas, utilizando en ambos casos tecnologías que bajo impacto ambiental que contribuyan además a generar una conservación mucho más eficiente de los ecosistemas de ambas regiones. Esto sería realmente innovador. Por lo mismo, requeriría un importante conjunto de cambios sociales, en todo lo que va desde la educación elemental hasta las formas de organización del trabajo y la vida en comunidad que una transformación así demandaría en todo el territorio del Istmo. La crisis global tiene ya un carácter civilizatorio, y terminará por generar un nuevo giro histórico de alcance similar al del siglo XVI. Una importante diferencia entre aquel tiempo y el nuestro es que ahora podemos escoger entre el saqueo de entonces, y el potencial para el desarrollo humano del saber y la experiencia con que contamos hoy. El pasado nunca ha sido tan importante para el futuro como hoy. Estamos en deuda con Richard Cooke por su contribución a poner en evidencia, en toda su complejidad, esta verdad sencilla.

274 “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial”. https:// unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000092840_spa


16 DE AGOSTO DE 2024

La Ciudad en tiempos de transición

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“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”. John Donne, 1572-1631

“

Nuevas guerras, viejas guerras, hambruna, pánico por todas partes. Demasiado para un agosto tranquilo”. Así, muy al viento de estos tiempos, titula Simon Tisdall un artículo que publica el periódico inglés The Guardian el 10 de agosto pasado.275 En la tradición de su tierra, agosto suele ser un mes tranquilo, pues los políticos “se van de vacaciones, los gobiernos cierran, la gente se va a las colinas o a la playa”.

Este año, sin embargo, ha sido un mes en el que el mundo ha ingresado en “un extraordinario pico de volatilidad, inestabilidad e inseguridad, sin precedentes en los últimos tiempos”, en el que Las revoluciones repentinas, las guerras actuales e inminentes, los crímenes terribles, las disputas de alto riesgo, las hambrunas, las crisis del costo de la vida, los disturbios violentos y los pánicos insondables del mercado no se producen como espías individuales, sino en batallones. Algo hay en todo esto, dice, de reiteración de agostos pasados. En ese mes tuvo lugar el estallido de la I Guerra Mundial, que inauguró el proceso de desintegración de la organización colonial del sistema 275 The Guardian https://www.theguardian.com/commentisfree/article/2024/aug/10/newwars-old-wars-famine-panic-everywhere-so-much-for-a-quiet-august


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mundial, la cual culminó – en agosto también - en 1945, cuando Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas sobre Japón. Sin embargo, en este 2024 agosto no pasará a la historia por algún gran evento mundial, sino por una acumulación de calamidades que parece fusionarse “para crear una alarmante sensación de desmoronamiento anárquico”. La más reciente ha sido un golpe de Estado en Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo, situado en el corazón de una región de tensiones en la que convergen la India, China y el Sudeste asiático. A esto se ha agregado el conflicto en torno a las recientes elecciones en Venezuela, -que a su vez ha sumado nuevas tensiones a las ya provocadas por las guerras en curso en Ucrania y Palestina, una caída con recuperaciones inciertas en el mercado global de valores, y la reiteración constante de los indicadores de deterioro en el ambiente global – todo lo cual vino a culminar de momento en una jornada de violencia racista en Inglaterra. En todos estos eventos, dice Tisdall, los denominadores comunes incluyen la pobreza, la falta de oportunidades y la corrupción oficial, que “agitan las calles del mundo”, mientras la reiteración de este tipo de acontecimientos tiende a disminuir su impacto en la conciencia pública. Y aun así cierra su texto diciendo “¿Quién sabe? Quizás septiembre sea más tranquilo”. Para la Ciudad, este tipo de reflexión tiene su importancia. Los mecanismos de entendimiento y gestión de conflictos establecidos con la creación del sistema internacional a mediados del siglo XX se están viendo rebasados por el desarrollo del propio sistema. Esto lo ha llevado a ingresar a una fase de transición que eventualmente desembocará en una de tres probables opciones. Una de esas opciones podría ser la de un sistema más adecuado al entendimiento entre sociedades dispuestas al esfuerzo de avanzar de manera realmente sostenida hacia el desarrollo humano que nos permita trascender el orden de cosas que genera la crisis que enfrentamos. Otra consiste en resignarnos a un nuevo sistema mundial sustentado en una mayor capacidad de imposición de control por parte


de unas sociedades sobre otras. Y la tercera, en permitir que la ausencia de capacidades de entendimiento y control lleve a la Humanidad a una fase de estancamiento y quizás de retroceso en su desarrollo. La posibilidad que cabe a cada una de esas fases es proporcionalmente inversa al esfuerzo que demande. La tercera solo requiere dejarse llevar por el curso de los acontecimientos, mientras la segunda implica aceptar la renuncia a algunas conquistas culturales y políticas logradas del siglo XVIII a nuestro tiempo. La primera, por contraste, demanda el esfuerzo de ejercer el desarrollo humano que ya hemos logrado en la tarea de comprender y encarar las razones que están en la raíz de la necesidad – y la posibilidad – de trascender las causas de origen de nuestra circunstancia. Estamos, en breve, ante un grave y complejo desafío civilizatorio. Ante ese desafío, la Ciudad tiene mucho que ofrecer. Por un lado, su visión de una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática ofrece un claro punto de referencia para todo empeño de futuro. Por el otro, su misión, que vincula la innovación al cambio social, señala los medios que puede aportar a las tareas que demanda la primera de las opciones mencionadas. Entre la visión y la misión de la Ciudad existe, así, una relación entre fines y medios cuya eficiencia puede verse incrementada en la medida en que la comprendamos en sí misma, y en su relación con el entorno operativo en que la ejercemos. John Donne fue un aristócrata católico en la Inglaterra que en 1534 el rey Enrique VIII rompió con el Vaticano para establecer su propia iglesia nacional. Esa ruptura hizo parte de la crisis civilizatoria que, entre 1450 y 1650, llevó a Europa de la Edad Media a la Moderna, abrió paso con ello a la formación del primer mercado mundial en la historia, y sentó las premisas que permitirían establecer el concepto mismo de Humanidad. Fueron tiempos de desintegración, pero lo fueron también de integración de formas nuevas de socialidad y de cultura. De esos tiempos nos viene la visión de la Humanidad compartida, que nos legó John Donne, como nos viene de José Martí la visión de que,

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en nuestros propios tiempos y una vez escogido el camino a nuestra opción ante la crisis, Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por suyo, superior a lo ajeno, y más fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor, y más naturalmente, en aquello que conoce, y de dónde le viene inmediata pena o gusto:[…] Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó nacer; y [no] ha de negarse el hombre a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca. Esto es luz, y del sol no se sale.276 Cada gran época de transición encuentra una gran obra que la expresa. La Ciudad contribuye a esa obra, y hará parte sin duda de la obra que exprese la transición lograda a un tiempo que podamos llamar nuevo.

13 DE SEPTIEMBRE DE 2024

El universo de la Ciudad “Está además cada época en el lenguaje en que ella hablaba como en los hechos que en ella acontecieron, y ni debe poner mano en una época quien no la conozca como a cosa propia, ni conociéndola de esta manera es dable esquivar el encanto y unidad artística que lleva a decir las cosas en el que fue su natural lenguaje. Este es el color, y el ambiente, y la gracia, y la riqueza del estilo.” José Martí, 1881.277

276 “En casa”, Patria, 26 de enero de 1895. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. V, 468 – 469. 277 “El carácter de la Revista Venezolana”. Revista Venezolana, Caracas, 15 de julio de 1881. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VII, 211.


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025 traerá consigo dos aniversarios de especial relevancia para la Ciudad. Hará entonces 10 años de la publicación de la Encíclica Laudato Sí, en la que el papa Francisco llamara al cuidado de la Casa Común, que los humanos compartimos con todos los seres que pueblan la Tierra. Y la Ciudad cumplirá un cuarto de siglo en la tarea de vincular la ciencia, el humanismo y el saber empresarial a la innovación para el cambio social que demanda la sustentabilidad del desarrollo humano.

La coincidencia es feliz porque no es casual. Ella expresa dos dimensiones del empeño de una gran diversidad de organizaciones que, de fines del siglo XX acá, se vienen incorporando a la tarea de fomentar relaciones más armónicas de los seres humanos entre sí y con su entorno natural. Esa tarea no es sencilla. Una de sus dificultades radica en que a menudo demanda ir a contracorriente de hábitos de pensamiento y conducta colectiva de viejo arraigo en la historia de la especie humana. Por esto conviene encararla desde la más rica comprensión posible de los desafíos culturales que implica, empezando por los del lenguaje que utilizamos para abordarlas. Uno de esos desafíos – y no el menor – consiste en comprender a la naturaleza y el ambiente como ámbitos y objeto de esa tarea. Así, en lo que hace a la naturaleza, John Bellamy Foster, nos dice, por ejemplo, que en el mundo del saber esa palabra “tiene tres significados primarios, interrelacionados entre sí”: (1) las propiedades intrínsecas o esencia de las cosas o los procesos; (2) una fuerza inherente que dirige o determina el mundo; y (3) el mundo material o universo, el objeto de nuestras percepciones sensoriales— tanto en totalidad como referidas a las diversas maneras de entenderla, que incluyen o excluyen a Dios, el espíritu, la mente, los seres humanos, la sociedad, la historia, la cultura, etc.278 278 https://monthlyreview.org/2016/05/01/nature/ Este artículo ha sido adaptado de “Nature”, por John Bellamy Foster, en Kelly Fritsch, Clare O’Connor y AK Thompson, ed.: Keywords for Radical: The Constested Vocabulary of Late-Capitalist Struggle (Chico, CA: AK Press, 2016), 279 – 86, http://akpress.org/keywords-for-radicals.html. Traducción: Guillermo Castro H., Panamá.

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En otro texto, más reciente, Foster remite el origen moderno de esta discusión a la conferencia “El hijo rebelde de la Naturaleza”, pronunciada en 1905 en la Universidad de Oxford por el biólogo británico Sir Edward Ray Lankester (1847-1929), uno de los científicos más respetados de su tiempo, para quien “la verdadera relación de la Naturaleza con el Hombre” había sido establecida con tal claridad que ya “debería ser mucho más de lo que ocurre actualmente el objeto de la actividad y el empeño humanos,” - debería ser, de hecho, la guía del gobierno del estado, la base confiable del desarrollo de las comunidades humanas. Que eso aún no sea así, que los hombres permitan que sus energías fluyan en otras direcciones, nos parece a algunos de nosotros tan monstruoso, tan ofensivo para la prosperidad de nuestros semejantes, que debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para llamar la atención sobre las condiciones y circunstancias que dan lugar a este descuido, sobre los males que esto provoca, y sobre los beneficios que deben resultar de superarlo.279 Si bien la palabra “naturaleza”, agregaba, había venido a significar para las ciencias de su tiempo “el conjunto del mecanismo del universo, el kosmos en todas sus partes”, muchos la limitaban a “los animales y plantas de esta tierra y sus alrededores cercanos”. Y entendía que la razón de este (des)entendimiento incluía el hecho de que hacía apenas 300 años que Giordano Bruno había planteado “la unidad de esta Naturaleza mayor, anticipando así en su visión profética la conclusión que hoy aceptamos como el producto de una masa acumulada de evidencia”.280 Faltaba mucho aún para que Rachel Carson publicara en 1962 su libro La Primavera Silenciosa, el Club de Roma diera a conocer su informe Los Límites del Crecimiento en 1972, y las Naciones Unidas adoptaran en Rio de Janeiro el concepto de desarrollo sostenible como 279 The Dialectics of Ecology: Socialism and Nature. (2024) Monthly Review Press, New York. 280 The Project Gutenberg eBook of The Kingdom of Man. https://www.gutenberg.org/cache/ epub/59928/pg59928-images.html Traducción de Guillermo Castro H.


categoría de política en 1992. En el curso de ese proceso, el concepto de ambiente vendría a tomar forma a lo largo de la década de 1970, en una relación de afinidad y contradicción con el de naturaleza, previamente dominante. Lo fundamental, aquí, es que el concepto de ambiente se remite al hecho de que la especie humana hace parte de su entorno natural, al cual modifica mediante procesos de trabajo socialmente organizado. Así, mientras las demás especies utilizan los recursos que ese entorno les ofrece, los humanos lo transforman mediante procesos de trabajo socialmente organizados para obtener los recursos que necesitan. En su desarrollo, esos procesos de transformación tienen dos consecuencias. Una es la simplificación de entornos originalmente muy complejos – como la transformación de bosques con 600 especies distintas por hectárea a plantaciones idealmente dedicadas a una sola, sean bananos, palma aceitera o bosques de teca. La otra es que tales procesos, organizados a la escala de un mercado mundial, demandan insumos y generan desechos que a su vez impactan a otros entornos naturales, a menudo distantes. Con todo, la complejidad mayor del término ambiente radica en el hecho de que vincula entre sí los términos naturaleza y sociedad, que usualmente utilizamos por separado. A esa relación nos remite Laudato Si’ al decirnos que Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados. Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible

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encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.281 Es a partir de aquí que cabe entender que si deseamos un ambiente distinto tendremos que avanzar en la creación de sociedades diferentes. Tales son, a un tiempo, la dificultad y el mérito mayores de la visión y la misión de la Ciudad. Eso nos hace universales: compartimos, en verdad, las preocupaciones y esperanzas de un mismo tiempo de transición hacia un mundo que será sostenible, o no será.

28 DE SEPTIEMBRE DE 2024

De la virtud y la Ciudad “El olvido de las virtudes arranca sus coronas a los genios. No basta nacer: - es preciso hacerse. No basta ser dotado de esa chispa más brillante de la divinidad que se llama talento: es preciso que el talento fructifique, y esparza sus frutos por el mundo. – En la arena de la vida, luchan encarnizadamente el bien y el mal. – Hay en el hombre cantidad de bien suficiente para vencer. ¡Vergüenza y baldón para el vencido!”. José Martí, 1872282

281 Carta Encíclica Laudato Si’ Del Santo Padre Francisco Sobre el Cuidado de la Casa Común. Parágrafo 139. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/ documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html 282 Cuaderno de apuntes No. 1. [31 Marzo, 1872]. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XXI, 41.


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orren tiempos en que se extiende como una mancha aceitosa la imagen de la corrupción como un factor dominante en la vida pública de nuestras sociedades. Esto renueva la necesidad de traer a cuenta una vez más los vínculos entre la política y la virtud en lo mejor de nuestras tradiciones de lucha por el equilibrio del mundo. Al hacerlo, tendrá siempre un papel de primer orden la visión de José Martí sobre ese vínculo, y la claridad con que supo plantear su importancia en sociedades en las que, dijo, Los hombres gustan de ser guiados por los que abundan en sus propias faltas. Véase cómo se apegan con más ardor a las personalidades viciosas, brillantes, que a las personalidades puras, modestas. Sólo en las épocas de crisis, el instintivo conocimiento del gran riesgo y de su incapacidad para librarse de él, les hace aceptar a los grandes honrados. La pureza, de que en general carecen, les irrita. En las faltas del que los gobierna, ven como la sanción de las suyas propias. Por una mentirijilla de la conciencia, creen que exculpándolos, se exculpan. Pues que sus pecados no estorban al gobernante para llegar a su alto puesto, no es tan malo el pecar, que el mundo condena y premia. Todos los que han pecado, tienen simpatía secreta por los pecadores.283

Para juzgar a esos pecadores tenía Martí un criterio preciso. “Hay hombres”, dijo “que viven contentos, aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor.” Y decía enseguida: En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los hombres que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos la libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.284 283 “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 9 de mayo de 1885. Ibid., X, 188-189. 284 “Tres héroes”. La Edad de Oro (Vol. I, No 1, julio, 1889). Ibid., XVIII, 305.

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Para Martí, en efecto, hombres como el venezolano Simón Bolívar, el argentino José de San Martín y el mexicano José María Hidalgo merecían el perdón por sus errores, “porque el bien que hicieron fue más que sus faltas.” Los hombres, agregaba, no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.285 La vida política de hombres como esos, señaló en otro momento, definía “dos clases de triunfo: el uno aparente, brillante y temporal: el otro, esencial, invisible y perdurable.” Y añadía: La virtud, vencida siempre en apariencia, triunfa permanentemente de este segundo modo. El que la lleva a cuestas, es verdad, tiene que apretarse el corazón con las dos manos para que de puro herido no se le venga al suelo: que tan roto le ponen los hombres el corazón al virtuoso, que si no lo cose y remienda con la voluntad, saltará deshecho en pedazos más menudos que las gotas de lluvia.286 El culto a la virtud en Martí, por otra parte, era por demás concreto, pues formaba parte de una visión del mundo que se expresaba en una práctica social que hacía de la virtud un medio para luchar por el mejoramiento humano que demanda el equilibrio del mundo. En esa lucha, decía, eran imprescindibles “las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.”287 Y del carácter de esas trincheras, y de quienes luchaban desde ellas, dice tanto lo que afirmaba como lo que se preguntaba: ¿Quién que anda con ideas no sabe que la armonía de todas ellas, en que el amor preside a la pasión, se revela apenas a las mentes 285 “Tres héroes”. La Edad de Oro (Vol. I, No 1, julio, 1889). XVIII, 305. 286 “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 9 de mayo de 1885. Ibid., X, 188. 287 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891.Ibdi. VI, 15.


sumas que ven hervir el mundo sentados, con la mano sobre el sol, en la cumbre del tiempo?¿Quién que trata con los hombres no sabe que, siendo en ellos más la carne que la luz, apenas conocen lo que palpan, apenas vislumbran la superficie, apenas ven más que lo que les lastima o lo que desean; apenas conciben más que el viento que les da en el rostro, o el recurso aparente, y no siempre real, que puede levantar obstáculo al que cierra el paso a su odio, soberbia o apetito?288 Esta visión concurre a explicarnos la preocupación constante de Martí por el mejoramiento humano, y el empeño cultural y moral que ese mejoramiento demanda. “Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él”, dijo, y agregó de inmediato que era necesario “dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca. Si no, lo peor prevalece.” Y en ese empeño, agregaba, “los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”.289 Desde esa visión, al crear el periódico Patria en 1892 - como órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano, nacido para luchar por la independencia de Cuba y contribuir a la de Puerto Rico, últimas colonias de España en América -, definió así la misión del mismo: Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico. Deja a la puerta – porque afean el propósito más puro – la preocupación personal por donde el juicio oscurecido rebaja al deseo propio las cosas santas de la humanidad y la justicia, y el fanatismo que aconseja a los hombres un sacrificio cuya utilidad y posibilidad no demuestra la razón.290 Tal es la vigencia del pensar martiano en estos tiempos en que la utilidad de la virtud se renueva en la lucha por el equilibrio de un mundo en transición entre dos momentos distintos de su historia. 288 “Un drama terrible”. La Nación, Buenos Aires, 1 de enero de 1888. XI, 337. 289 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. VI, 21. 290 “Nuestras Ideas”. Patria, New York, 14 de marzo de 1892. I, 315.

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Hermosa ha de ser la esperanza cierta y la acción creadora de quienes se encarnan en pueblos para darles voz y caminar con ellos. Esto en verdad “es luz, y del sol no se sale. Patria es eso”.291 Tal, también, ha de ser la luz que ofrezca la Ciudad en los tiempos a veces sombríos por los que navega el mundo al que se debe.

18 DE OCTUBRE DE 2024

El año 25 “No preconcebía sistemas, ni laboraba ofuscado por ello. Su oficio era buscar verdades, y revelarlas. Este siglo prepara la filosofía que ha de establecer el siglo que viene. Este es el siglo del detalle: el que viene será el siglo de síntesis.” José Martí, 1882292

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l año 25 de la Ciudad llega en momentos en que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que “el año 2023 fue el más seco para los ríos de todo el mundo en más de tres decenios”, y la creciente escasez de los recursos hídricos en el mundo se traduce ya “en menos agua disponible para las comunidades, la agricultura y los ecosistemas”.293 The Guardian, por su parte, señala que la deforestación “vuelve a rugir” debido a la demanda “de carne de vacuno, soja, aceite de palma y níquel”. Así, cerca de 6,4 millones de hectáreas de bosque “fueron arrasadas en 2023”, y otras 62,6 millones fueron degradadas por “la construcción de carreteras, la tala y los incendios forestales”.294 291 “En casa”, Patria, 26 de enero de 1895. V, 468 – 469. 292 “Carta de Nueva York”. La Opinión Nacional, Caracas, 21 de enero de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IX, 226. 293 Noticias ONU (7 Octubre 2024): Los ríos tienen sed: el ciclo del agua es ahora más irregular e impredecible. Cambio climático y medioambiente https://news.un.org/es/news/ topic/climate-change 294 Damian Carrington Environment editor, mar 8 oct 2024 https://www.theguardian.com/ profile/damiancarrington


Este tipo de problemas, como los del ingreso de Panamá a la globalización, ya venían en curso cuando la Ciudad fue concebida y creada a fines del siglo XX. Comprenderlos de manera que permitiera encararlos hacía parte entonces de la creación de las condiciones científicas, culturales y empresariales hasta entonces inéditas que facilitaran el ingreso de Panamá a la plenitud del proceso de transición por el que atraviesa el sistema mundial del que formamos parte activa. La Ciudad ha llegado a ser lo que puede y debe ser. Ha creado ya las condiciones que le permiten incidir de manera indirecta en el desarrollo cultural y científico del país, albergando y apoyando a las entidades que están en la capacidad y la disposición de hacerlo de manera directa, en el marco del compromiso con una visión y una misión compartida por ambas partes. Dicho en breve, la administración de la Ciudad corresponde a la Fundación Ciudad del Saber, que la ejerce para crear las condiciones que faciliten a las entidades afiliadas gestionar el Saber que nuestra circunstancia demanda. Cabe hacer más, por supuesto. Están creadas ya las condiciones para darle un mayor impulso a la creación de clústeres – una actividad que se cuenta ya con valiosa experiencia - en áreas que sean identificadas como prioritarias para el cumplimiento de la misión de que vincula a la Ciudad con sus clientes y sus aliados, y con el entorno global y glocal que comparten. Una de esas áreas es obviamente la de educación, que constituye un factor clave para la generación de las ventajas competitivas inherentes a la visión de una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática. Otra es la relacionada con la producción de servicios ambientales de alta calidad, como los que ofrecen – a veces incluso sin saberlo – afiliados como ESRI, CATHALAC, el CIDES, ISTHMUS, IESA y programas como los del Worcester Polytechnical Institute, el British Columbia Institute of Technology y la Louisiana State University. Un buen indicador de avance en este proceso de crecimiento y maduración consiste en lo lejanos que parecen hoy los tiempos en

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que se discutía si éramos un parque tecnológico, una empresa de bienes raíces con servicios de valor agregado o un sistema de gestión del conocimiento para el desarrollo sostenible. Aquí, la práctica ha confirmado que lo falso no es lo opuesto a lo cierto, sino el resultado de la exageración unilateral de uno de los aspectos de la verdad. Ninguno de quienes participaron en aquel debate tenía la razón, pues en verdad la tenían todos. Hoy entendemos, a la luz de nuestros propios logros, que hemos llegado a ser el producto de la interacción entre aquellas visiones. En el proceso ha sido creada una estructura innovadora que integra elementos que alguna vez parecían contradecirse entre sí. Corresponde ahora fortalecer la innovación que la Ciudad ha llegado a ser, promoviendo y facilitando las buenas experiencias logradas en materia de socialización del emprendimiento, creación de clústeres y fomento de la asociación con empresas, entidades de desarrollo social, organismos internacionales y universidades y centros de investigación científica del exterior y del país con visiones convergentes con la nuestra. Eso será posible en la medida en que la Ciudad se consolide como el entorno más adecuado para fomento del Saber que generen sus afiliados, y juntos constituyan el ecosistema de gestión del conocimiento que nuestro país necesita más que nunca. Somos lo que hacemos, que nos trae así al siglo de la síntesis que vamos contribuyendo a crear.


25 DE OCTUBRE DE 2024

La Ciudad con Richard Cooke “La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. […] Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”. José Martí, 1891295

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ace dos años ya, la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, publicó un libro de extraordinaria importancia para el futuro de nuestro país: Los Pueblos Originarios de Panamá y su Relación con el Ambiente Natural: 50 años de estudios, cuyo autor principal fue el arqueólogo anglopanameño Richard Cooke (1946-2023).296 La importancia de lo que allí podemos aprender, incluye al menos dos vertientes. La primera consiste en que confirma lo advertido hace años ya por el historiador británico Chris Wickham, para quien “el desarrollo histórico no va a ninguna parte, sino que, al contrario, procede de algún sitio”.297 La segunda, que en lo que hace a Panamá ese desarrollo se remonta a lo que Cooke llama una “historia profunda” de al menos quince mil años de duración, de los cuales solo el 5% cuenta con registros escritos.298 Esto tiene especial importancia para nosotros, porque ocurre en efecto que “la contribución de las sociedades originarias y de sus 295 “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 18. 296 Cooke, Richard (2022): Los Pueblos Originarios de Panamá y su Relación con el Ambiente Natural: 50 años de estudios. Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Panamá. 297 Europa en la Edad Media. Una nueva interpretación. Crítica, Barcelona, 2017. https://www. elboomeran.com/upload/ficheros/obras/europa_en_la_edad_media.pdf 298 “Orígenes, dispersión y sobrevivencia de las sociedades originarias de la subregión istmeña de América: Una reseña en el marco de la historia profunda”. (Cooke [2016], 2022:87).

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ancestros a la formación de las naciones modernas comprendidas en la subregión istmeña es mucho mayor de la que le atribuye habitualmente, tanto en la educación como en el modus pensandi popular.” (Cooke, 2022: 89) A esa ignorancia ha contribuido la ausencia prolongada, en la educación que tenemos, de dos datos elementales para asumir y encarar los problemas de la sustentabilidad del desarrollo humano en nuestra tierra. El primero de esos datos consiste en la antigüedad de la presencia humana en el Istmo, que es como decir la profundidad de nuestra historia ambiental. El segundo, la organización cambiante de esa presencia a lo largo de la presencia humana en el Istmo. Hoy, es común que no sepamos en cuál de las 52 cuencas que existen en Panamá residimos, ni cuáles de ellas estuvieron mucho más pobladas y fueron más prósperas en nuestro largo pasado que en el presente, en el Darién como en Coclé y Chiriquí. Este no es un dato de geografía escolar. Las cuencas son la forma natural de organización del territorio en que tiene lugar el desarrollo humano, que depende de ellas mucho más de lo que imaginamos para obtener el agua, los alimentos y – hoy – la energía eléctrica que necesita. Importa, por lo mismo, conocer la relación que han tenido con ellas los humanos a lo largo de su presencia en el Istmo, para comprender las consecuencias de esa relación para nuestro presente y nuestro futuro. Así, ante la crisis socio-ambiental que hoy amenaza a la Humanidad entera, gana en importancia lo dicho por Richard Cooke 8 años atrás: Reiteramos nuestro deseo, expresado hace 30 años […], de que se le dé una mayor importancia a la milenaria era precolombina en los colegios y universidades, tal vez con la inclusión de una materia titulada ‘Historia profunda de las sociedades originarias’, la que, por incluir datos de las ciencias y las humanidades, podría resultar estimulante para los estudiantes nutridos con la internet, donde está accesible una gran cantidad de información. No es cierto que las gentes que desconocían los sistemas de escritura y que llegaron a ser


colonizadas por los europeos carecían de ‘historia’ […]. Todo depende de la definición. (Cooke [2016], 2022:121) Quizás, incluso, se deba ir más allá. Hoy ya sería necesario proceder a una síntesis innovadora de lo que hemos llegado a saber de nuestra historia, que permita integrar en un solo programa lo que hoy es ofrecido – o está disponible – por separado. Obras como el ensayo de Richard Cooke “Transformaciones sociales y culturales de los amerindios de Panamá durante el siglo XVI: una perspectiva arqueológica y paleoecológica”, accesible a todo estudiante de secundaria y licenciatura, abrirían así las puertas a nuestra historia profunda.299 Otro tanto ocurriría con la de Alfredo Castillero en cuanto al Panamá colonial; de Alfredo Figueroa Navarro, para el Panamá colombiano; de Patricia Pizzurno, Celestino Araúz y Marixa Lasso para el Panamá republicano, y de Omar Jaén Suárez en lo que hace a la geografía histórica del Istmo. Los cimientos están allí. Falta levantar el edificio de la comprensión del país desde todo el pasado del que procede comprender el desarrollo histórico que hemos conocido, y explorar desde allí los futuros que emergen del cambio de épocas que compartimos con la Humanidad entera. Eso facilitará muchísimo la tarea de encaminarnos hacia aquella opción que facilite construir la sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática a que aspira la visión de la Ciudad. Y Richard Cooke nos acompañará sin duda a todo lo largo de ese camino hacia la historia profunda de nuestro futuro.

299 ([2003], 2022: 123-152), con L.A. Sánchez H., D.R. Carvajal, J.D. Griggs e I.I. Isaza A.

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Los saberes en el tiempo de la Ciudad

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a historia ambiental se ocupa de las interacciones entre la especie humana y sus entornos naturales a lo largo de unos dos millones de años. Ella hace parte de otra, la ecológica, que abarca el desarrollo y organización de la vida en la Tierra a lo largo de unos 3,500 millones de años.

Vistas así, toda historia ambiental es ecológica, pero no toda historia ecológica es ambiental. En nuestro tiempo, sin embargo, ambas han venido a converger en una época que del 2000 acá llamamos Antropoceno, en la cual “los factores antropogénicos (como opuestos a los no-antropogénicos) constituyen por primera vez en la historia de la Tierra la principal fuerza de cambio en el Sistema Tierra”.300 Hoy se hace evidente que esa influencia humana ha venido alterando la estructura misma de ese sistema. Así, el colapso de ecosistemas y la pérdida de biodiversidad se combinan con la contaminación masiva de los suelos, el agua y la atmósfera, agravada a su vez por la alteración de los patrones del clima asociada a los gases de efecto invernadero (GEI) que hacen parte de esa contaminación. En ese agravamiento coinciden dos factores de orden humano. Por un lado, el empeño por alcanzar un crecimiento económico sostenido y, por otro, la creciente dificultad política para encarar las consecuencias ambientales de ese crecimiento. A eso se refiere el editorial del diario español El País del 24 de octubre, titulado “Una década perdida en la lucha climática”.301 Allí El País planteó que los objetivos del Acuerdo de París de 2015 para reducir los GEI y limitar el calentamiento global a niveles 300 Foster, John Bellamy (2024: 185)): The Dialectics of Ecology, Monthly Review Press, New York. 2024. 301 https://elpais.com/opinion/2024-10-25/una-decada-perdida-en-la-lucha-climatica.html


considerados seguros “están a punto de convertirse en papel mojado”. Al respecto, decía, un reciente informe de Naciones Unidas revela que las emisiones de los GEI habían alcanzado “un nuevo récord en 2023” y “las posibilidades de contener el aumento de las temperaturas por debajo de los 1,5 grados para mitad de siglo son prácticamente nulas.” Esto genera el riesgo de que la temperatura global aumente más de tres grados para fines de siglo, propiciando un incremento en la severidad y la frecuencia de “las olas de calor, los huracanes, las inundaciones y las sequías”, todo lo cual daría lugar a transformaciones severas para la vida en la Tierra. El informe de la ONU, dice, constituye “una severa llamada de atención ante el profundo abismo que detecta entre las políticas necesarias para evitar la catástrofe y lo que los países están haciendo realmente para disminuir sus emisiones.” En vísperas de la Conferencia sobre el tema prevista para febrero próximo, los gobiernos de esos países deben presentar sus nuevos planes de acción climática, que ante esta situación tendrían que replantear “de forma dramática” el uso de combustibles fósiles “si de verdad están decididos a limitar las consecuencias del calentamiento global”. Por otra parte, el 28 de octubre el ambientalista uruguayo Eduardo Gudynas dedicó un artículo a la XVI reunión de la Convención de la Diversidad Biológica en Cali, Colombia, del 21 de octubre al 1 de noviembre próximo.302 La Convención procura conservar la diversidad biológica en todos sus niveles, asegurando su aprovechamiento sostenible, y la participación justa y equitativa de los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos. El problema no puede ser más urgente. El Fondo Mundial de la Vida Silvestre indica que se ha perdido un 73 % de las poblaciones de distintos grupos clave entre 1970 y 2020, y que la mayor caída ocurrió en América Latina, alcanzando el 95 %. El cambio climático, añade Gudynas, “alimenta aún más esa 302 “Biodiversidad amenazada: asimetrías ecológicas y económicas, condicionalidades desarrollistas y opciones alternativas”. https://ecologiapolitica.substack.com/p/ carta08biodiversidad La Convención fue establecida por la ONU en 1992, y celebró en Cali su XVI reunión.

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debacle. La consecuencia es una pérdida de especies de cien a mil veces mayor a la que se espera por causas naturales”. Sin embargo, las acciones para proteger esa vitalidad de la Naturaleza “no logran detener la extinción en marcha”. Apenas “el 17,5 % de la superficie terrestre y 8,5 % de los mares, tienen algún tipo de protección”, mientras se multiplican las advertencias de que “dentro de los parques nacionales siguen operando cazadores furtivos, la tala ilegal de árboles valiosos, la minería, e incluso otras formas de extractivismo”, mientras la biodiversidad “está amenazada por otros factores, como la apropiación de variedades genéticas, los riesgos del empleo de transgénicos y, por supuesto, por el cambio climático”. Por otra parte, la Convención - “que debería ser uno de los principales instrumentos internacionales para impedir el colapso ecológico-” ve limitada su eficacia por “tensiones y contradicciones que van mucho más allá de las cuestiones ecológicas.” Por un lado, existen asimetrías ecológicas, pues los países de mayor poderío económico y político están ubicados en ambientes de menor biodiversidad mientras la mayor se encuentra en el Sur global, cuyos países cuentan con economías más pequeñas, altos endeudamientos, “y mucho menor poder político en el escenario internacional”. Esto explica que en esos países, amplios sectores sociales “celebran cada nuevo pozo de petróleo o cada descubrimiento de minerales”. Al propio tiempo, las medidas para salvaguardar su Naturaleza “nunca llegan a ser lo suficientemente potentes para impedir nuevas debacles ambientales”, sea por la propia debilidad económica o por temor a poner en riesgo sus exportaciones de materias primas. Esas asimetrías facilitan, además, que los recursos naturales de ese Sur global sean apropiados “a precios comparativamente bajos, pues no incorporan muchas externalidades sociales y ambientales”. Con ello, esos países cargan con el costo económico de la pérdida de patrimonio natural, de las aguas y suelos contaminados, o de afectación a la salud pública, lo cual propicia “un comercio internacional ecológicamente desigual”.


A esto se agregan factores culturales de larga data. Así, por ejemplo, en nuestra América las concepciones del desarrollo propias de mediados de la década de 1950 están profundamente arraigadas. Esas concepciones incluyen sostener el crecimiento económico mediante la exportación de materias primas y recursos naturales, lo cual estimula la resistencia a las medidas realmente necesarias para la protección de la Naturaleza. En estas circunstancias, dice Gudynas, “las opciones de cambio” reclaman “poner en discusión esos cimientos en los saberes y las sensibilidades”, pues un cambio de perspectiva “no sólo es necesario sino también urgente para evitar esa anunciada extinción masiva.” Esto, con ser cierto, hace parte de un problema de mayor amplitud histórica. En efecto, así como entre los siglos XVI y XVII el desarrollo del mercado mundial contribuyó a desplazar el eje de organización de los saberes y las sensibilidades desde la Teología a la Economía, en la transición del XX al XXI ocurre una tensión creciente entre la Economía y la Ecología. Para la visión de la Ciudad, esto plantea un desafío de singular importancia. Las tensiones que encaramos, en efecto, no pueden ser resueltas por exclusión ni descalificación de un campo del saber por otro, sino por nuevas formas de relación entre ellos. Tal es el caso de la Encíclica Laudato Si’, del papa Francisco, que en 2025 llegará al décimo aniversario de su publicación. Allí, desde la Teología se nos dice que Cuando se habla de “medio ambiente”, se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados. Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para

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cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.303 Francisco de Asís (1181/1182-1226) fue un hombre del siglo XIII, una época intensamente teológica.304 El papa Francisco lo es del siglo XXI, cuando parece alcanzar su límite la hegemonía lograda por la Economía a partir del XVII en su encuentro con las realidades de la Ecología desde mediados del XX. Hoy, un nuevo giro de la historia en espiral nos lleva del presente al pasado para comprender mejor nuestras opciones de futuro, y encarar sus desafíos. Esto explica los cambios que ya están en curso en la organización de los saberes. Así de rica es la misión de innovar para el cambio social en la circunstancia y el tiempo de la Ciudad.

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La raíz de la Ciudad “A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres”. José Martí, 1893305

303 Laudato Si’ (2015), parágrafo 139. Cursiva: GCH. 304 https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_As%C3%ADs 305 “A la raíz”. Patria, Nueva York, 26 de agosto de 1893. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. II, 380.


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a Ciudad llegará en 2025 a un cuarto de siglo de actividad en el ejercicio de su misión, y orientada por su visión. Eso, sin embargo, se refiere tan solo al inicio de sus actividades en lo que durante un periodo mucho mayor fuera parte de una gran base militar a orillas del Canal de Panamá.

El camino que llevó a aquel momento se inició en 1994, cuando el destacado empresario y servidor público Fernando Eleta Almarán (1921-2011) propuso “crear en las llamadas Áreas Revertidas” de la antigua Zona del Canal “una Plaza Socrática, un centro de intercambio de conocimiento, y de transformar el entonces Panama Canal College en la Universidad de las Américas.”306 Tal fue el punto de partida de un proceso al cual se sumaron otros empresarios, intelectuales y académicos que, como Gabriel Lewis Galindo (1929-1996) habían compartido en su juventud y su primera madurez la intensidad de las demandas de transformación del país que animaron el clima político de Panamá entre las décadas de 1950 y 1970. La visión del país de esa generación encontró una temprana expresión en el discurso de toma de posesión pronunciado por el presidente Ernesto de la Guardia (1904-1983) el 1 de octubre de 1956, cuando culminaba una década especialmente convulsa en la historia de Panamá. Allí, el presidente electo llamó a preguntarse si la nación panameña estaba, “en cuanto conjunto humano organizado, en condiciones de asegurar a cada panameño individual la satisfacción de sus necesidades vitales”, en circunstancias en las que “estamos al extremo de un modo y una manera de vivir que resultan inadecuados para satisfacer las más apremiantes exigencias del país”, pues una ilusión sostenida por los panameños durante cuatro siglos, en virtud de la cual la función del tránsito interoceánico 306 Ministro de Hacienda y Tesoro (1958-1960) en el gobierno de Ernesto de la Guardia y participante en la Fundación del Banco Interamericano de Desarrollo en 1960; Ministro de Relaciones Exteriores en el de gobierno del presidente Marcos Robles (1964-1968), en cuyo cargo tuvo como Viceministro y Ministro ad interim a Juan David Morgan, hoy Presidente de la Junta Directiva de la Ciudad, entre 1967 y 1968. https://web.archive.org/ web/20121109174432/http://www.ciudaddelsaber.org/fundacion/antecedentes

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aparecía como factor predominante, sino exclusivo, de nuestra existencia colectiva, como sus tentáculos primordiales, sino único, de la nacionalidad, se ha derrumbado al choque con la realidad [y] la idea predominante entre nosotros hasta recientes años de que las faenas relacionadas con el cruce subvendrían eternamente a nuestras necesidades, ha perdido vigencia. Y agregaba: Ahora podemos valorar con mayor o menor exactitud la medida en que el camino de tierra, los carriles de hierro y la vía acuática contribuyeron al proceso de la forma nacional, pero no ignoramos el grado en que han limitado o desviado el desenvolvimiento orgánico del país, ni nos falta la conciencia de que nada de eso puede continuar siendo eje vital de nuestra colectividad. La experiencia Republicana de medio siglo ha bastado y sobrado para que los panameños renunciemos a la presunción de que el juego automático de la economía canalera sería capaz de solucionar todas nuestras dificultades y para que despertemos a la verdad de que, fenecida la etapa que se apoyó en tan falso concepto, la tarea que tenemos por delante es la de reforzar los cimientos de la nacionalidad, explotando mejor sus recursos, ampliándolos y renovándolos por la intensificación de todos nuestros afanes productivos.307 Tal fue la raíz de las inquietudes que llevaron a esa generación a participar en el proceso de negociaciones entre Panamá y los Estados Unidos que, entre 1964 y 1977, llevaron a la firma del Tratado TorrijosCarter, que dio por cancelado el Hay-Bunau Varilla de 1903 y eliminó la Zona del Canal – cuyas tierras e instalaciones, incluida la vía interoceánica, pasaron gradualmente al Estado de Panamá entre 1979 y 1999. De ello formó parte la entrega al gobierno panameño de la 307 De la Guardia Navarro, Ernesto: discurso de toma de posesión como Presidente de la República de Panamá (1956-1960), 1 de octubre de 1956. En Cardona Conte, Juan A. (2019: 257, 258): Voces de la Historia. Los discursos inaugurales de los presidentes de Panamá de 1903 a 2019. Edición del autor.


antigua base militar de Fuerte Clayton, parte de la cual fue entregada por nuestro gobierno en esa misma ceremonia a la Fundación Ciudad del Saber, de acuerdo con lo establecido en el Decreto Ley #6 de 1998. Lo ocurrido en el país de entonces acá, y el papel de la Ciudad en ese proceso, confirma y amplía de múltiples maneras la visión planteada por el presidente de La Guardia en 1956. A partir del mediodía del 31 de diciembre de 1999, en efecto, Panamá alcanzó las condiciones para el pleno ejercicio de los deberes y los derechos de la soberanía en la atención a problemas que, como él dijera, no eran “producto de factores pasajeros, sino expresión de modalidades arraigadas en todo el pasado precedente”, cuya solución no está ni podría estar en manos de ningún hombre, por enormes que fuesen su inteligencia, su energía y su poder, sino que depende de un esfuerzo bien orientado, coordinado y persistente por parte de toda la Nación. Por lo mismo, agregaba, era menester “ir tomando medidas para reorganizar la economía nacional, para aprovechar mejor nuestros recursos y para ampliarlos y renovarlos, de suerte que podamos extirpar la causa de la mayor parte de los males que nos aquejan. Y esto, que es tarea ingente para beneficio del pueblo, no puede hacerse ni llevarse adelante con éxito, si los panameños no lo comprenden, no lo acogen y no lo respaldan.308 Una parte de esa tarea ya ha sido llevada a cabo. Las capacidades de la Región Interoceánica para el servicio al comercio mundial se han visto potenciadas del año 2000 acá con la creación de una Plataforma de Servicios Globales logísticos y financieros, que incluye un componente de servicios de apoyo a la gestión del conocimiento que contribuya a la creación de una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática, mediante la promoción de la innovación para el cambio social.

308 De La Guardia, Ibid., 275.

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Esto abre hoy nuevas posibilidades para ampliar esa transformación al país entero, contribuyendo a convertir en competitivas las ventajas comparativas que ya tiene para ampliar su oferta de tránsito entre los océanos como entre las Américas; poner al servicio de la sustentabilidad del desarrollo humano de sus habitantes su riqueza en recursos hídricos y biodiversidad – hoy amenazados por su subutilización, que estimula además su despilfarro – y, sobre todo, las capacidades evidentes de su población para el trabajo, que aún no encuentran todas las posibilidades de ocupación productiva que merecen. Desde esta perspectiva, la Ciudad es hoy más valiosa que nunca para el país que la creó. Para comprender ese valor, y ejercerlo, siempre será bueno recordar lo dicho por el historiador británico Chris Wickham al recordarnos “que el desarrollo histórico no va a ninguna parte, sino que, al contrario, procede de algún sitio.”309 Esto significa que, si conocemos de dónde procedemos podemos incidir con mayor éxito en la vía hacia el destino que deseamos. Y el más deseable para la Ciudad será siempre el que mejor se corresponde, como lo dijera José Martí, con “los factores reales del país”, para lo cual basta con conocerlos “sin vendas ni ambages”, porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella”.310 Y negligente no ha sido nunca la Ciudad.

309 Europa en la Edad Media. Una nueva interpretación. Crítica, Barcelona, 2017. https://www. elboomeran.com/upload/ficheros/obras/europa_en_la_edad_media.pdf 310 “Nuestra América”, 1891, Ibid. VI, 18.


21 DE NOVIEMBRE DE 2024

Agradecimiento y aprecio: Palabras en la presentación de una antología de textos de José Martí sobre educación Para la maestra Lourdes Castro Lozano, en sus niños

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uisiera empezar por lo justo y necesario en un acto de homenaje a José Martí como el que nos convoca: agradecer a Nadia De León y sus colaboradores, que han sabido emprender el camino que lleva a transformar un átomo de luz en el Centro de Investigación Educativa que tanto necesita nuestro país. Dentro de esos colaboradores, quiero además expresar mi aprecio por la gentil eficiencia de Aura López como organizadora, y la eficacia incansable de José López como diseñador. A eso solo cabe agregar, con creces, el agradecimiento a Marlene Vásquez por contribuir a nuestra educación martiana, desde la entrañable luz de los espíritus de Juan Marinello, Armando Hart, Cintio Vitier, Fina García Marruz y Roberto Fernández Retamar, martianos todos ellos, y maestros de martianos. Ese aporte tiene en particular, para los que se acercan por primera vez a aquel que los cubanos llaman el Apóstol, la virtud de ayudarnos a entender y prever los tres grandes riesgos presentes en la lectura de Martí. El primero de ellos es el del anacronismo, que nos lleva a asumir como si fueran contemporáneos pensamientos y situaciones correspondientes al último cuarto del siglo XIX; el segundo, el de la fragmentación, que nos mueve a recordar y citar frases aisladas de su obra, al calor del enorme atractivo estético y moral de su palabra escrita, y tercero es el de olvidar su humanidad, esto es, el hecho de que si lo sentimos como un contemporáneo, ello se debe a que fue por entero un hombre de su tiempos, como intentamos nosotros serlo del nuestro.

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La conciencia de esos riesgos facilita comprender lo realmente fundamental, que es la vigencia de la obra de Martí a comienzos del siglo XXI, sobre todo – pero no únicamente – en el mundo iberoamericano. Y creo que debemos llamar por ese nombre a nuestro mundo, porque es el que hemos venido creando desde el siglo XVI, con los grandes logros y defectos toda obra humana, a la que en nuestro caso concurren dos de las grandes fuentes de nuestra riqueza cultural y moral – la Iberia y la América indígena-, que han sabido acoger el invaluable aporte que nos ha ofrecido, desde lo temprano de nuestro tiempo, el África de la que provienen el amor a la vida y la creatividad de tantos de nuestros antepasados. Fue desde esa síntesis que Martí supo ver en su tiempo la incubación de problemas que han venido a madurar a plenitud en el nuestro. De allí viene la antología que hoy ofrecemos, referida a los vínculos entre la educación y la sociedad, que si en 1886 dejaban que desear - en nuestra América como en Nueva York-, en nuestro tiempo han entrado en una situación de crisis generalizada en regiones cada vez más amplias de nuestro planeta. La educación, como sabemos, recibió un tratamiento privilegiado en la cultura del liberalismo democrático del siglo XIX, y Martí encaró ese privilegio con toda la riqueza de su pensar. Las relaciones entre las condiciones materiales de la actividad educativa – su infraestructura, personal, medios técnicos, presupuesto – y sus propósitos y contenido son abordadas aquí con especial detalle. Lo es, también, el doble papel de la educación como práctica social encaminada a formar, a un mismo tiempo, capacidades en los individuos y vínculos entre ellos basados en valores comunes. Pero, y quizás sobre todo, estos textos abordan el problema de la educación como expresión de los problemas y las aspiraciones de la sociedad en el cambio de épocas en el que le correspondió vivir, y como nos corresponde a nosotros hacerlo en nuestro tiempo. Como todos nuestros liberales de entonces, José Martí vio en la educación el medio más adecuado para poner a sus semejantes en


capacidad de transformar sus vidas, y al mundo. Para él, el desafío mayor de la educación para nuestras sociedades radicaba en constituirla en una herramienta para el mejoramiento humano y nunca, jamás, preservarla como un medio para impedir, controlar o deformar ese mejoramiento. Y lo distinguió de muchos de sus contemporáneos ver el ejercicio de esa herramienta como un factor decisivo para la forja de ciudadanos capaces de comprender desde sus propias sociedades las necesidades y las prioridades necesarias en el desarrollo de sus pueblos. El proyecto educativo que alienta en los textos que compartimos aquí, por lo mismo, no se limita a la lucha contra la vieja educación clerical y elitista heredada del colonialismo español, ni a la imitación de la que se ofrecía en los Estados Unidos, Francia o Inglaterra. Por el contrario, la propuesta educativa martiana hace parte de una visión del mundo dotada de una ética acorde a su estructura – esto es, de una cultura, tal como Antonio Gramsci la entendía. Esa visión está admirablemente sintetizada en su ensayo Nuestra América, publicado en Nueva York y México en enero de 1891, incorporado aquí a modo de introducción. Inspirado siempre en la batalla entre la falsa erudición y la naturaleza – y no, como el común de los liberales, en la de la civilización contra la barbarie – Martí promovía una educación de base científica – esto es, organizada en torno al conocimiento de la realidad que se buscaba transformar, y de los medios más adecuados para hacerlo -; vinculada a las necesidades de la transformación de las prácticas productivas para sostener el proceso de creación de sociedades que fueran nuevas por lo prósperas, equitativas y democráticas que llegaran a ser, y por su capacidad de forjar en nuestra gente el carácter necesario para crearlas, defenderlas y desarrollarlas. “Una escuela es una fragua de espíritus”, dijo, siendo aún muy joven. Y añadió: “¡ay de los pueblos sin escuela! ¡ay de los espíritus sin temple!”311

311 Folleto Guatemala. México, 1878. VII, 157.

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El hacer y razonar martianos nos conducen, así, a una conclusión en la que quizás radica la clave más sencilla de su aporte: que quien quiera una educación diferente, deberá aspirar a una sociedad distinta, en cuya forja la educación nueva, por su parte, desempeñará un papel fundamental. Es para esa tarea que hemos querido traer a Martí al debate que demanda la educación que necesitamos. Algo, mucho, podrá aportarnos él, que supo formular el problema en lo que tenía de más esencial, y nos entrega ahora sus ideas como un elemento que aporta a las soluciones que hoy buscamos. Muchas gracias


Colegas: Me complace, realmente, compartir con cada uno de ustedes esta antología de textos de José Martí sobre educación. La elaboré en su momento para compartirla con algunos educadores, amigos míos. Después, el Centro de Investigación Educativa-AIP, de nuestra Ciudad, me ha honrado editándola como libro electrónico, que ahora puedo poner en sus manos. Ojalá sea de su interés. Y, a cambio, nada apreciaría yo tanto como sus comentarios. Con todo aprecio, Guillermo Castro

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EPÍLOGO

El filósofo de la Ciudad por Esther Pang Velasco

Ciudad del Saber fue concebida por sus fundadores como una Plaza Socrática. Por eso, necesitaba entre sus miembros a su propio filósofo moderno, alguien como el Dr. Guillermo Castro, quien pudiese traer a la vida la visión que se tenía para el proyecto. Al tomar conceptos de la ciencia, el humanismo y los negocios, el Dr. Castro logra convertirlos en innumerables combinaciones, creando perspectivas tan singulares y diversas como las que se obtienen con los fragmentos de un caleidoscopio. El repaso de la producción semanal de las columnas escritas desde 2017 por el Dr. Castro es un ejercicio valioso, que nos recuerda que la historia se construye un día a la vez, consistentemente y a lo largo del tiempo. Hoy, suman cerca de 400 escritos en los que, con una destreza impresionante, pasa de lo macro a lo micro y viceversa; todo esto mientras viaja en el tiempo sin esfuerzo, atando nociones del pasado, el presente y -muchas veces, con precisión profética- del futuro. Entre sus columnas encontramos personajes recurrentes, de Braudel a Francisco (el Santo y el Pontífice), hasta llegar, por supuesto, a José Martí. Aquí valdría la pena distinguir entre lo repetitivo y lo reiterativo. Aunque con frecuencia alude a conceptos explorados anteriormente, lo hace con la convicción de quien conoce los riesgos que corremos cuando desconocemos nuestra historia. Por eso, no duda en aprovechar cada ocasión para reiterarnos, como mantras, eventos clave de nuestro país

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que, a su vez, fueron indispensables para la creación de CdS. Y aunque a menudo nos advierte sobre los peligros del futuro, también rescata aquello que sí está en nuestras manos para, así, anclar nuestra esperanza. El Saber de la Ciudad es un acto lleno de generosidad, en el que el Dr. Castro monitorea el mundo en que vivimos, lo pone en contexto y lo interpreta con claridad para nosotros, sus lectores; haciéndonos conscientes de la trascendencia que tiene cada uno de los colaboradores de CdS más allá del campus. Es la misma generosidad que experimentamos quienes hemos tenido la fortuna de coincidir con él cuando nos regala un mandala al culminar una reunión, un libro recién terminado o su sabiduría en una conversación de pasillo. A medida que cambian los tiempos, algunas cosas quedan en el pasado y otras se hacen necesarias para seguir construyendo el futuro que anhelamos. En un momento en el que la dependencia tecnológica pone en riesgo nuestra autonomía para crear nuevo conocimiento, el Dr. Castro personifica aquello a lo que todos quienes hemos formado parte del proyecto CdS deberíamos aspirar: a ser ciudadanos con inquietud intelectual, pensamiento crítico y vigilancia del mundo en que vivimos. Personas con valor para verbalizar aquello que amerita ser señalado e incansables heraldos de nuestra historia patria, transmitiendo a futuras generaciones el valor de Panamá como país, y de Ciudad del Saber como un proyecto con el potencial de generar cambios sociales a través de la innovación.


Guillermo Castro H.

EL SABER DE LA CIUDAD

El Saber de la Ciudad es una invitación a reencontrarnos con las ideas que dan sentido a nuestra vida en comunidad. Esta selección de textos surge del diálogo entre la ciencia y las humanidades, un cruce indispensable para comprender nuestro tiempo y actuar con responsabilidad. Que estas páginas animen nuevas preguntas, impulsen la curiosidad y fortalezcan nuestro compromiso con el bien común. Jorge R. Arosemena Román Presidente Ejecutivo, FCdS


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