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INFORME FINAL DE SISTEMATIZACIÓN DE MESAS TECNICAS

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SISTEMATIZACIÓN DE MESAS TÉCNICAS “VIOLENCIA CONTRA LA NIÑEZ” ZONAS NORTE (REGIÓN DE COQUIMBO), CENTRO (REGIÓN DE VALPARAÍSO) Y ZONA SUR (REGIÓN DE LOS LAGOS)

Dirección de Estudios e Innovación Fundación Ciudad del Niño

NOVIEMBRE 2025


Presentación En el marco de la planificación establecida por la Dirección de Estudios e Innovación para el año 2025, se comprometió el desarrollo de mesas técnicas con tres sectores del territorio en que opera la Fundación, que comprendió a los proyectos del área de protección especializada de la Región de Coquimbo, la Región de Valparaíso y la Región de Los Lagos. El objetivo de estas mesas fue analizar a la luz de la experiencia en intervención directa con NNA y familias, los resultados del estudio de “Violencia contra la niñez: panorama de los últimos 10 años”1. Este ejercicio de reflexión busca ser insumo para una mejor caracterización del sujeto de atención y de los territorios con miras a los procesos licitatorios y colaborar en la mejora de los procesos de intervención, levantando temáticas de interés para los equipos que puedan ser trabajadas en instancias de extensión. En esta línea, se articuló el desarrollo de estas tres mesas técnicas a partir del estudio “Violencia contra la niñez: panorama de los últimos 10 años” y los tipos de violencia que ahí se presentan: maltrato en las familias, violencia escolar, violencia juvenil, violencia de pareja y violencia sexual, considerando la violencia psicológica como una dimensión transversal y presente en cada una de las violencias antes mencionadas. La reflexión colectiva de directoras/es y profesionales desde sus experticias contribuyeron notablemente al análisis de estas violencias, sus cambios en los últimos años, las razones detrás de los datos presentados y las implicancias y abordajes desde la intervención psicosocial en programas de protección especializada. Este informe tiene como propósito analizar y sintetizar las percepciones y experiencias de profesionales de programas de protección especializada de las regiones de Coquimbo, Valparaíso y Los Lagos respecto al fenómeno de la violencia contra la niñez. A través de un análisis cualitativo de las discusiones sostenidas en Mesas Técnicas, se busca identificar los aspectos comunes, los desafíos y las transformaciones que caracterizan la violencia en la actualidad, con el fin de ofrecer una comprensión profunda y contextualizada que oriente futuras estrategias de intervención. La metodología se basa en el análisis de las narrativas y reflexiones de quienes trabajan directamente con niños, niñas y adolescentes (NNA) y sus familias. Este enfoque permite capturar la complejidad de la violencia más allá de las cifras, relevando las dinámicas culturales, territoriales e institucionales que lo moldean. El documento se estructura en tres partes principales: primero, un análisis detallado de cada una de las regiones; segundo, un análisis comparativo que identifica puntos de convergencia y divergencia; y, finalmente, una sección de conclusiones y recomendaciones estratégicas para el fortalecimiento de las políticas de protección a la infancia.

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Agenda_Violencia_2025_WEB.pdf 2


Contenido Presentación ..................................................................................................................................... 2 Información recopilada por región .................................................................................................. 4 Región de Coquimbo ..................................................................................................................... 4 Región de Valparaíso .................................................................................................................... 5 Regiones de Los Lagos................................................................................................................... 6 Conclusiones y Recomendaciones ................................................................................................... 9

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Información recopilada por región En la primera de las mesas técnicas desarrolladas con la región de Coquimbo, se contó con la participación de representantes de la mayoría de los proyectos vinculados al Servicio de Protección Especializada de la Fundación en la región: PRM La Portada, PRM La Serena, PEE La Serena, AFT-PF Coquimbo, PRM Illapel y PRM Los Vilos. La mesa técnica de la región de Valparaíso contó con la participación de la mayoría de los programas representados por sus directoras/es y un profesional de cada proyecto: PRM Villa Alemana Norte, PIE Valparaíso, PPF Villa Alemana Norte, PPF Villa Alemana Sur, PRM Villa Alemana Sur, PPF Viña del Mar Norte, PRM San Antonio. En la Región de Los Lagos se realizaron 2 instancias, una en Puerto Montt y otra en Castro, debido a la gran cantidad de proyectos y la dificultad de traslado en la región. En la jornada en Puerto Montt participaron directoras/es y profesionales de los proyectos PRM Puerto Montt, PRM Llanquihue, AFT-PF Comuna de Osorno, PRM Puerto Varas, PRM Comuna de Puerto Varas, PIE Puerto Montt, PRM Provincia de Llanquihue, AFT-PF Angelmó. En la jornada en Castro participaron directoras/es y profesionales de los proyectos PRM Provincia de Chiloé, PRM Dalcahue, PRM Castro, PRM Quellón, AFT-PF Quellón, PRM Comuna de Ancud, PRM Ancud. En función de la estructura de trabajo y discusión que se dio en cada una de las mesas, a continuación, se comparten las principales conclusiones, distinguiendo los principales temas abordados de los siguientes tipos de violencia en cada región: • Maltrato en las Familias • Violencia en la Escuela • Violencia Juvenil • Violencia de Pareja • Violencia Sexual

Región de Coquimbo La Región de Coquimbo se presenta como un territorio de marcados contrastes, donde las dinámicas de violencia contra la niñez varían significativamente entre las zonas urbanas de La Serena y Coquimbo, los valles y las zonas rurales más apartadas. El análisis de los profesionales se centra en estas diferencias territoriales y en las vulnerabilidades emergentes, moldeadas por la tecnología, el narcotráfico y las debilidades del intersector. Las manifestaciones de la violencia familiar en la región están bastante segmentadas geográficamente. Por ejemplo, en la parte alta de Coquimbo se menciona mucha incidencia de negligencia y consumo problemático de sustancias. Esto además incide en la capacidad de intervención ya que en lugares más alejados se hace compleja la visita domiciliaria, y debido a la falta de locomoción también las familias de estas zonas presentan problemas de adherencia a los programas. En este sentido, también se releva la presencia de “tomas”, en donde rigen organizaciones de narcotráfico, y por lo tanto los profesionales no pueden ingresar sin autorización o corren riesgos de seguridad. Esta pérdida de control territorial por parte del Estado limita la capacidad de protección. 4


Respecto a la violencia escolar, juvenil y a la violencia en la pareja, se indica que las redes sociales cumplen un doble rol. Por un lado, han facilitado la denuncia y la visibilización de la violencia a través de prácticas como las "funas". Por otro, se han convertido en un potente canal para ejercer violencia entre pares, donde se replican actos de extrema agresividad vistos en videojuegos o videos virales, evidenciando una desensibilización y una falta de comprensión de las consecuencias. Por otro lado, se ha evidenciado violencia hacia grupos de NNA migrantes, causada por la xenofobia, por lo que es importante considerar a este grupo de NNA en un mayor nivel de vulnerabilidad a la violencia escolar y juvenil. Respeto a la violencia sexual, se describe una grave situación de explotación sexual, relaciones de pareja entre adolescentes (principalmente mujeres) y adultos, a menudo vinculados al narcotráfico. Estos adultos en ocasiones asumen roles de cuidadores ante la negligencia de las familias de origen. En este sentido, los profesionales reportan una disminución preocupante en la edad de inicio de la explotación sexual, con casos que ahora involucran a niños desde los 6 a 8 años. Al mismo tiempo, se ha visibilizado a víctimas que antes permanecían ocultas, como hombres y NNA con identidades de género diversas. A nivel transversal a todos los tipos de violencia, la poca presencia de instituciones del intersector en zonas rurales son una barrera constante. La falta de especialistas en salud mental, la debilidad de las mesas de trabajo interinstitucionales que no logran generar planes unificados, y la excesiva centralización de las decisiones en el servicio regional, limitan la autonomía y la capacidad de respuesta de los programas en los territorios.

Región de Valparaíso La Región de Valparaíso se caracteriza por ser un territorio marcado por la alta complejidad de sus zonas urbanas periféricas, la emergencia de campamentos y la intensificación de barreras institucionales que dificultan la protección de la niñez. En este contexto, los profesionales observan una mutación de las formas de violencia, así como desafíos sistémicos que emanan principalmente de una tensa relación con el sistema de justicia y de la irrupción de nuevas dinámicas digitales en las relaciones adolescentes. Respecto al maltrato en las familias, los equipos describen que la violencia ha "mutado", transitando desde agresiones físicas directas y visibles (como de padre a hijo) hacia dinámicas más complejas que involucran a la familia extensa y al ámbito comunitario, a menudo ligadas al narcotráfico. Ya no se trata solo de la violencia intrafamiliar, sino de una violencia territorializada. En este sentido, se menciona que las poblaciones periféricas, particularmente en campamentos, tienen mucha población migrante, y son sectores poco seguros en los que se hace difícil la intervención. Paralelamente, se ha registrado un aumento en las denuncias por violencia psicológica. Los profesionales argumentan que esto no refleja necesariamente un incremento real de los casos, sino una mayor visibilización y conceptualización del fenómeno. Esta visibilización también tiene un componente cultural importante, en donde se diferencian familias migrantes que normalizan ciertas dinámicas de violencia física y psicológica, particularmente violencia de género.

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Respecto a la violencia en las escuelas y la violencia juvenil, la violencia psicológica también ha sido más visibilizada y más denunciada, en donde se destaca que la labor de los equipos psicosociales en las escuelas ha sido clave para que situaciones como el bullying sean reconocidas. En este ámbito, se observa una diferencia entre establecimientos educacionales con distinto financiamiento: mientras los colegios públicos y subvencionados tienden a activar con mayor frecuencia los protocolos de denuncia, algunos colegios particulares intentan gestionar los casos internamente para evitar el "desprestigio" institucional, lo que genera un subreporte. La tecnología ha reconfigurado drásticamente la violencia en el pololeo adolescente. Las plataformas digitales se han convertido en herramientas para ejercer un control y hostigamiento constantes, a través de prácticas como la exigencia de contraseñas como "prueba de amor" y el monitoreo por geolocalización. La sofisticación de estas tácticas es creciente, con el uso de aplicaciones que transcriben llamadas telefónicas asignando un "puntaje de emoción" a la conversación, o el uso de VPN por parte de los jóvenes para falsear su ubicación y evadir el control. Estas dinámicas se ven agravadas por una brecha generacional, donde los adultos responsables a menudo desconocen el funcionamiento de estas plataformas y no logran dimensionar el alcance de este control digital. Esta falta de supervisión parental, sumada a la normalización de estas prácticas entre los propios jóvenes, dificulta la detección e intervención, ya que no suelen reconocer estas conductas como violentas hasta que se realiza un trabajo psicoeducativo explícito. Una de las problemáticas más sentidas por los profesionales de Valparaíso a nivel transversal es la "violencia institucional", que se manifiesta como una realidad sistémica a través de la desconfianza judicial, la inacción policial y la ausencia de servicios especializados. Describen una profunda frustración con el Tribunal de Familia, al que perciben con un sesgo de género, propenso a desestimar informes técnicos y reacio a dictar medidas de protección graves bajo el argumento de que los programas "exageran". Esta barrera se agrava por la falta de oferta especializada para casos de alta complejidad, como adultos con daño orgánico por consumo de sustancias, déficit cognitivo o patologías de salud mental graves, que tornan inviables los procesos de intervención reflexivos. A esta violencia sistémica se suman reportes de agresiones a jóvenes durante detenciones policiales, constituyendo una revictimización por parte de las propias instituciones llamadas a proteger.

Región de Los Lagos La Región de Los Lagos presenta una marcada dualidad territorial que condiciona las manifestaciones de la violencia y las estrategias de intervención. Por un lado, la realidad insular y rural de Chiloé, con sus particularidades culturales, geográficas y económicas, genera dinámicas de violencia fuertemente arraigadas en patrones transgeneracionales y roles de género tradicionales. Por otro, el contexto urbanorural de Puerto Montt y sus alrededores, particularmente en sectores como Alerce, enfrenta desafíos asociados al crecimiento demográfico, la marginalidad y la consolidación del narcotráfico como una estructura de poder paralela.

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Respecto al maltrato en las familias, en el área de Puerto Montt, los equipos profesionales perciben una transformación en las formas de violencia. El maltrato físico visible, aunque no ha desaparecido, ha cedido terreno a formas más solapadas como la violencia psicológica y la negligencia grave. Este cambio se atribuye, en parte, a una mayor conciencia social y a la existencia de protocolos de denuncia más consolidados para la violencia física. Sin embargo, se observa más violencia psicológica y negligencia, lo que lleva a que los NNA se sientan desatendidos y se generen otros tipos de vulneración. En este sentido, profesionales del sector indican que hay familias migrantes en donde la violencia está menos problematizada, y la intervención se hace más compleja por aspectos culturales y de idioma. Por otro lado, en el archipiélago de Chiloé, la violencia se encuentra entrelazada con factores culturales y de género que la perpetúan y normalizan. Los profesionales identifican que el maltrato físico se dirige predominantemente hacia los niños varones, asociado a una cultura machista que promueve un "trato más bruto" y una "adultización" temprana. Tareas como picar leña o cuidar animales se imponen como responsabilidades desde pequeños, y el castigo físico se legitima como una herramienta para forjar el carácter. En contraste, se observa una idealización de las niñas, quienes suelen recibir menos castigo físico. Estos patrones de crianza transgeneracionales, donde los padres replican los únicos métodos disciplinarios que conocen, se ven exacerbados por una crisis sistémica de salud. El relato parental "no tengo otra forma" es recurrente, pero se agudiza ante la alta prevalencia de diagnósticos de TDA en niños, quienes son percibidos como "muy inquietos". La falta de seguimiento por la ausencia de especialistas y medicamentos deja a los cuidadores sobreestimulados y sin herramientas, lo que los lleva a recurrir al castigo físico como último recurso de control. A esto se suma el contexto socioeconómico y laboral, donde los sistemas de turnos en la industria pesquera y salmonera (ej. “15 por 15") generan un alto estrés en las cuidadoras, quienes quedan solas a cargo de los hijos, aumentando la tensión familiar y la sobrecarga. Finalmente, el consumo de alcohol está profundamente normalizado y actúa como un catalizador de la violencia, siendo transversal en contextos laborales, sociales y recreativos ante la escasez de alternativas de esparcimiento. A esta dinámica, en zonas portuarias se ha sumado un aumento en el consumo de cocaína. La violencia familiar se vuelve aún más difícil de abordar en las comunidades indígenas del territorio, que viven en territorios aislados y cerrados, por lo que a los profesionales se les dificulta ingresar. De hecho, las denuncias de violencia que afectan a NNA de estas comunidades son pocas, a pesar de que los profesionales sospechan dinámicas de mucha violencia. Los profesionales reflexionan que esta es una expresión más de la relación entre el Estado y las comunidades indígenas en Chile. En relación a la violencia escolar, esta ha aumentado después de la pandemia, y los equipos cercanos a la zona de Puerto Montt lo atribuyen principalmente al abandono afectivo parental. Los jóvenes, sintiéndose desatendidos, buscan refugio y validación en el mundo virtual (a través de "grupos de confesiones") y en grupos de pares, replicando en la escuela las dinámicas disfuncionales de sus familias. Este abandono es también un factor clave en el aumento de la violencia juvenil. En sectores como Alerce, donde el Estado pierde presencia, los adolescentes buscan pertenencia en pandillas. El narcotráfico emerge entonces como un articulador social que ocupa el vacío institucional, ofreciendo estatus, recursos e identidad, en un contexto cultural urbano que promueve la "apología del delito" y donde se establecen estructuras de poder paralelas. En toda la región se menciona que la intervención psicosocial enfrenta barreras institucionales y geográficas que evidencian un abandono estatal. La respuesta de las policías (PDI, Carabineros) es percibida como nula, obligando a los profesionales a asumir riesgos extremos. Por ejemplo, un equipo 7


relató haber tenido que realizar un "rescate" de un NNA en grave riesgo durante un fin de semana largo sin ningún tipo de acompañamiento policial. Asimismo, la existencia de "comunidades cerradas", principalmente indígenas y geográficamente aisladas, representa un límite fáctico para la acción del Estado. En este sentido, se comentó el ejemplo de una niña de 13 años en una relación de pareja con un hombre de 25, validada por la familia y la comunidad, donde fue imposible realizar una visita domiciliaria o cualquier intervención protectora. La crisis transversal de la salud mental es señalada como una de las principales barreras para una intervención efectiva. La falta crítica de especialistas, tanto para NNA como para adultos cuidadores, impide abordar las causas profundas de la violencia y ofrecer procesos de reparación sostenibles.

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Conclusiones y Recomendaciones Para concluir, es importante destacar que, en todas las mesas técnicas, si bien se organizó la discusión en torno a los 5 tipos de violencia, el análisis de los participantes fue bastante integral, demostrando que en general la violencia se da como un conjunto, y pocas veces está asociada solo a un espacio en la vida de un niño/a. A pesar de las diferencias geográficas y culturales, el análisis en todos los territorios incluye ciertas características comunes y estructurales de la violencia contra la niñez. Un primer acuerdo es que hay un desplazamiento de la violencia física visible hacia formas más sutiles y difíciles de detectar, como la violencia psicológica, la negligencia grave y la violencia digital. Esta transformación desafía los protocolos tradicionales de denuncia e intervención, que estaban primordialmente enfocados en la agresión física. En este sentido, en todos los territorios se menciona que la tecnología ha creado nuevas y potentes formas de control, acoso y explotación, especialmente en las relaciones de pareja adolescentes. Los sistemas de protección y las familias carecen de las herramientas y el conocimiento para abordar esta nueva dimensión de la violencia, dejando a los NNA en una situación de alta vulnerabilidad. Otro aspecto que se mencionó en todos los territorios es que existe una crisis de salud mental importante, y que se agrava debido a la falta de acceso a servicios de salud mental públicos, especializados y oportunos. Esta carencia crítica afecta tanto a los NNA que requieren reparación por trauma complejo, como a los adultos cuidadores cuyas propias problemáticas de salud mental y consumo impiden la estabilización de los entornos familiares. Por lo tanto, este es un aspecto crítico para la intervención psicosocial, y exige a los equipos esfuerzos adicionales. En relación a lo anterior, en las tres regiones los profesionales describen una profunda desconfianza y una falta de colaboración efectiva entre los programas de protección y otras instituciones clave como las escuelas, el sistema de justicia y las policías. Esta fragmentación genera revictimización, desgaste en los equipos y una respuesta estatal reactiva e ineficiente. Además, en todos los territorios también se menciona que el avance del narcotráfico es un fenómeno que ha alterado las dinámicas comunitarias y familiares. Ha creado "zonas de no derecho" donde los profesionales enfrentan riesgos de seguridad y ha instalado lógicas de poder que compiten con el rol del Estado, complejizando la intervención social. Por último, en todos los territorios se aborda que la violencia afecta de manera distinta a grupos minoritarios. Por ejemplo, en familias migrantes el maltrato obedece a otras dinámicas marcadas por la cultura de cada una y sus países de origen, lo que muchas veces puede ser un desafío para la intervención. También se menciona que NNA y padres neurodivergentes o con alguna discapacidad pueden encontrarse en situación de mayor vulnerabilidad, debido a la falta de oferta de salud mental y falta de recursos de apoyo en escuelas. Al analizar en conjunto la información recopilada en cada región, hay algunos aspectos diferenciadores de los territorios que vale la pena destacar. En primer lugar, en la región de Coquimbo el tema de la violencia y explotación sexual pareciera estar más presente que en los otros territorios. Además, los equipos de todos los programas parecieran tener mucha más diversidad en sus atendidos, y por lo tanto la intervención requiere de mayor flexibilidad y adaptación territorial.

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Por otro lado, en Valparaíso pareciera que los equipos invierten mucha energía en abordar una relación conflictiva con el intersector, lo que dificulta y entorpece la intervención psicosocial con familias y NNA. Por último, en Los Lagos el análisis se puede hacer por separado, debido a las grandes diferencias entre los territorios cercanos a Puerto Montt y los de la Isla de Chiloé. En el primer territorio, al igual que en otras partes del país, cobra más relevancia la violencia ligada a la delincuencia y el narcotráfico, mientras que en Chiloé priman los factores culturales tradicionales y el aislamiento geográfico, por lo que la intervención en ambos territorios es bastante diferente. En conclusión, estos ejercicios en las distintas regiones nos permiten reflexionar en relación a los aspectos diferenciadores de los distintos territorios, e incluso en las diferencias que pueden existir dentro de cada región, en sectores más rurales y sectores urbanos. Pero también nos permite reconocer que hay muchos aspectos comunes, que se dan en muchos territorios y para muchas familias. Sin duda este proceso ha sido enriquecedor para comprender de manera integral y con más elementos la violencia contra los NNA que atendemos como fundación, y cómo los cambios en esta afectan a los procesos de intervención que desarrollan los profesionales de los proyectos. Nos parece que con este análisis se enriquecen los datos presentados por el estudio “Violencia contra la niñez: panorama de los últimos 10 años”, desde un aporte cualitativo de la experiencia de los proyectos en distintos territorios. Como recomendaciones para la política pública, este informe releva aspectos muy importantes que se deben considerar al pensar en un sistema de protección integral a la infancia y adolescencia. En primer lugar, es fundamental ampliar la oferta especializada en salud mental, sobre todo en sectores rurales, facilitando el acceso prioritario a NNA del sistema de protección, con enfoque en trauma complejo. De esta forma se facilitaría el trabajo de los programas de protección especializada, asegurando el bienestar del NNA en todo aspecto. También es fundamental generar instancias de apoyo a padres y madres en su rol, entregando herramientas de crianza respetuosa, sensibilizando frente a distintas formas de violencia y entregando herramientas para prevenir y lidiar con la violencia digital. Por otro lado, es fundamental que se reactiven y fortalezcan las mesas de trabajo intersectoriales a nivel local con mandatos claros y participación activa de los distintos sectores (salud, educación, tribunales, municipios, etc.). De esta forma se puede facilitar el trabajo intersectorial que requieren los procesos de intervención, y así garantizar los derechos de NNA en distintos aspectos. En este sentido, es fundamental que profesionales de salud y educación tengan capacitaciones respecto a la prevención, denuncia e intervención con NNA vulnerados en sus derechos, fortaleciendo su rol de co-garantes. Por último, se ha vuelto necesario contar con protocolos de seguridad y estrategias de intervención para los equipos que trabajan en territorios con alta presencia de narcotráfico, en coordinación con las policías y los actores locales (municipios, organizaciones sociales), para garantizar el acceso seguro y la pertinencia cultural de las intervenciones.

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