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FRAGMENTOS DE CIRCO (1999) / Fernando Carabajal - 2020

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FRAGMENTOS DE CIRCO fernando carabajal


A Nany y a todos los presentes. A nuestra bailarina y a la espera. Al tiempo: no existes, funcionamos.


Soy un equilibrista porque odias el circo, y existe una ventana sin cristales por la que tengo que saltar a la noche que sostiene el otro lado de la cuerda. Si miro hacia abajo me caeré, pero tú estás siguiéndome con tus ojos que flotan. Olvidaba el viento,puede venir y deshacerme, movería el cable y yo no sería sino cualquier pájaro triste y cayendo. Me alegro de que no odies las lámparas o las velas, porque yo estaría entonces apagado y no podría escribir y equilibrarme y caerme y abusar de tus ojos flotantes.


Ni en todo circo existe equilibrista Ni en todo equilibrista existe el circo.


Presiento que morirรก un elefante. No importa. Lo venderemos y compraremos libros para sustituir a su memoria. Dice el mimo: En memoria a su memoria.


Un día entré al remolque del clown y estaba mirándose al espejo. Me acerqué y al mirarle a la cara sin maquillaje y sin sonrisa lo despedí ipso facto porque en el circo no existen deshonestos.


¡Pedí toda la vida ser niño! El enano.


De extremo a extremo de la cuerda, de sus pies hasta el piso, de sus manos a los lados de la carpa, el equilibrista siempre estรก rodeado de distancia.


No había nadie esa noche. -No se van a dar cuenta- pensó el enano. Y bajó de la cuerda y no saltó.


PrĂłximamente llegaremos a una ciudad con una plaza que tiene una bandera, en donde cuelgan a quien no hace reĂ­r. Cambiaremos el nombre de circo por zoolĂłgico y nos disfrazaremos de animales.


ยกSe abre la cortina! Salimos todos felices agradecidos. No hay luces en las filas ni hay tampoco aplausos porque esto es un ensayo.


Hablando de opciones el equilibrista siempre tiene el suicidio que ademĂĄs parecerĂ­a accidente.


¡Qué bueno que se fueron las fieras!

Pero al evaporarse el agua de la mezcla del barro con que rellenamos sus huellas en la pista el vapor oloroso manchaba nuestras lágrimas.


Donaríamos todas nuestras ganancias, ese día habría bazar de nuestro circo. Venderíamos trajes, aparatos usados y zapatos. Nadie compró nada, todos tienen disfraces en su almohada. Todos nos fuimos a dormir.


El mimo pateó la gigante pelota que fue a dar a las manos de un niño sordomudo. Con los ojos cerrados los dos platicaron por las horas y horas que duró la función.


En

la

bodega

tenemos

diversos

instrumentos

espera. El chelo de alguien que lo toque las espadas de alguna que las trague el fuego de alguien que lo escupa. Si siguen esperando el fuego fundirá las espadas y el acero bañará todo el chelo volviéndolo “medalla a un músico de espera”.

en


Todos tenemos que callarnos, pero no veo cómo quedarnos mudos cuando la bailarina comienza a hacer la danza y estamos escondidos adentro del tambor.


Me duelen las mandíbulas, las fauces y la garganta no dice una palabra, las garras están muertas por la lima y la jaula no tiene una ventana.

Tú no haces caso a mi poesía, me voy. La leona


El árbol donde sujetamos la carpa se cayó por el viento, se levantó nuestra cubierta en el ensayo. Mirando el universo con estrellas la luna inamovible las nubes como bestias y el aire de silbido ensayamos que aquello era un espejo.


Cada quien utiliza su libertad condicional como desea. El payaso es pintor el mimo es escultor es mĂşsico el gigante y el enano es el crĂ­tico de todos. Equilibrista y bailarina son de tiempo completo.


Mi mamá me sabe cirquero pero no equilibrista. Nunca me puso el cable bajo el brazo ni tampoco me amarraba las manos ni me arrulló más tiempo de la cuenta. Sin quererlo me enseñó el equilibrio.


El gigante nació de una familia de músicos por dentro feligreses por fuera. A los cinco tocaba su violín, a los nueve compuso los conciertos del campo y de las estaciones. Se unió a nuestro circo hace unos cuantos años y nos alegra la mirada y el oído y nos hace crecer para alcanzarlo.


Si no encuentras el circo inventa tĂş la carpa, el espectĂĄculo las fieras, las entradas pero no quedes fuera.


Fuimos al circo, mi papá me llevó. A partir de entonces supe quería ser parte del trapecio, pero como siempre se trata de familias completas me conseguí una de sábado y domingo. Me enseñaron a saltar, a columpiarme y a llegar, y

me

dieron

una

red

para

ensayar

durante

semana. Desde ese día mi papá ha sido solo público y yo formo parte de este circo.

la


Intentamos hacer el show de hielo y todos en patines, pero el equilibrista casi muere cuando cortĂł la cuerda. Al otro dĂ­a solo nos vio sentado desde el cable mas suspendimos todo porque sus lĂĄgrimas derritieron las pistas.


Es difícil cambiarse de ciudad. Es una lástima tener que dejarlos indefensos pequeños solitarios... Estoy hablando de los bichos nocturnos del terreno en que sembrábamos la carpa.


El gigante levantaba las piedras y construĂ­a un trono para tocar el chelo. El enano juntaba catarinas, caracoles y grillos y jugaba al gigante. El payaso pintaba sus zapatos y las flores el mimo colocaba su espejo a contraluz el arlequĂ­n recitaba maromas la bailarina hallaba la fuente mĂĄs cercana para beber el agua y el equilibrista ignoraba esos trotes. Cuando se daban cuenta era de noche y todavĂ­a no montaban la carpa.


Pisas mis inmensos zapatos mientras danzas y pinto. Pisas mis inmensos zapatos y dejo de pintar. Pisas mis inmensos zapatos me los quito. Pisas mis pies descalzos y te abrazo y danzamos. Nadie nos vuelve a ver en esa noche.


La jirafa se acerca se inclina como para beber pero acaricia con su nariz la del gigante.Â

El gigante se aparta de su trono de piedra se inclina como para tocar se sube a la jirafa asciende por el cuello llega hasta la cabeza le acaricia los pĂĄrpados y la hace despertar.


Para cerrar el circo intercambiamos siempre los trajes

El circo es infinito.

y papeles


© FRAGMENTOS DE CIRCO Fernando Carabajal Primera edición impresa, julio 1999 Segunda edición electrónica, mayo 2020 Ciudad de México © circolorojo LIBROS ISBN 970-92350-0-1 970-92350-1-X Diseño editorial: Fernando Carabajal Digitalización y archivo Carabajal: Rocío Castellanos Rueda www.fernandocarabajalstudio.com Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio o sistema de reproducción sin permiso previo del autor y © circolorojo LIBROS


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