

VIDA y SALUD
25 años del Centro San Camilo A.C.
JULIO - AGOSTO 2026
Año XXIV - Número 142

ÍNDICE
EDITORIAL
1 25 AÑOS DE ACTIVIDAD DEL CENTRO SAN CAMILO A.C.
SOCIEDAD Y SALUD
2 LA PROMOCIÓN DE LA SALUD: UNA ASIGNATURA PENDIENTE
FORMACIÓN
4 LA ACTIVIDAD FORMATIVA EN EL CENTRO SAN CAMILO: EVOLUCIÓN
PASTORAL DE LA SALUD
6 PASTORAL DE LA SALUD
PSICOLOGÍA
8 EL COUNSELLING O RELACIÓN DE AYUDA
CENTRO DE ESCUCHA
10 EL CENTRO DE ESCUCHA
VOLUNTARIADO DE CP
12 VOLUNTARIADO PARA EL CUIDADO DEL ENFERMO CRÓNICO Y TERMINAL
DUELO Y GRUPOS DE AYUDA
14 DUELO Y GRUPOS DE AYUDA
REPORTAJE
16 25
HUMANIZACIÓN Y BIOÉTICA
22 BIOÉTICA Y HUMANIZACIÓN
TANATOLOGÍA
24 LA NOVEDAD DE LA TANATOLOGÍA Y LA FORMACIÓN PARA EL ACOMPAÑAMIENTO
ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL
26 RELACIÓN Y VINCULACIÓN DEL CSC CON GRUPOS Y ASOCIACIONES
PUBLICACIONES
28 PUBLICACIONES DEL CENTRO SAN CAMILO
RELACIONES CON INSTITUCIONES Y ORGANISMOS PÚBLICOS
30 RELACIONES CON INSTITUCIONES PÚBLICAS
NIÑOS Y ADOLESCENTES
31 ACOMPAÑAMIENTO EN EL DUELO DE NIÑOS Y ADOLESCENTES
STELLA VEGA
32 FUNDACION STELLA VEGA Y CSC UNA ALIANZA SOSTENIDA EN EL TIEMPO
VOLUNTARIADO Y MOTIVACIÓN
34 LA FAMILIA DEL VOLUNTARIADO
PERSPECTIVAS
36 MIRAR AL FUTURO CON ESPERANZA
VIDA y SALUD
AÑO XXIII - No. 142
JULIO - AGOSTO 2026
REVISTA BIMESTRAL
REDACCIÓN Y DISTRIBUCIÓN
CENTRO SAN CAMILO A. C. Av. Pablo Casals No. 2983
Col. Prados Providencia C.P. 44630 - GUADALAJARA, JAL. TEL: (33) 3640-4090
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Las imágenes son propiedad del CSC y se utilizan con carácter ilustrativo de la información.
Director Responsable: Silvio Marinelli
Secretaría: Centro San Camilo A.C. Diseño: Ldg. Jorge Soto García
Colaboradores:
Jesús Humberto del Real Sánchez
Victoria Molina
Luz Elena Navares Moreno
Cliserio Rojas Santes
Yolanda Zamora
Eduardo Casillas González
Patricia Medina Segura
Omar Olvera Cervantes
Marisa Chávez Correa
Hortensia Beatriz Amador Ochoa
Georgina González García Beatriz Lujambio
Maribel Delgado
María José Albanés
Luis Altamirano
Nancy Meza
Érika González Franco
Luz Teresa Millán
Andrés Andrade Arango
Marcela Medina Coronado

H25 años de actividad del Centro San Camilo A.C.

ace veinticinco años inició la experiencia del Centro San Camilo A.C. Comenzó de manera sencilla, con muchas preguntas sobre lo que realmente podíamos ofrecer y también con incertidumbres respecto al camino que habría de abrirse. No existía un proyecto perfectamente delineado ni una programación completa de todo lo que vendría después. Había, más bien, el deseo de responder a algunas necesidades humanas que se presentaban con fuerza en nuestro entorno y la convicción de que el sufrimiento de las personas no podía ser ignorado.
Desde el principio estuvieron presentes algunos valores que dieron orientación a las iniciativas y que, con el paso del tiempo, han permanecido como referencia constante. Entre ellos, la atención al sufrimiento humano en sus múltiples expresiones; la necesidad de humanizarnos personalmente para poder humanizar nuestras relaciones y servicios; el acompañamiento cercano a quienes viven la enfermedad, el duelo, la muerte de un ser querido, la soledad o diversas pérdidas afectivas y existenciales. También estuvo presente la convicción de que el sufrimiento necesita ser acompañado de manera integral, considerando las dimensiones físicas, emocionales, sociales y espirituales de la persona.
A lo largo de estos años, una expresión ha acompañado muchas de nuestras actividades: “más corazón en las manos”. Con ella hemos querido recordar que el conocimiento técnico, aunque importante, nunca es suficiente cuando se trata del cuidado de las personas que sufren. El acompañamiento requiere sensibilidad, escucha, cercanía y capacidad de reconocer la dignidad de cada persona incluso en situaciones de gran fragilidad.
La humanización ha sido el eje transversal de las distintas iniciativas desarrolladas. Tanto en los programas formativos como en los espacios de acompañamiento práctico, se ha buscado mantener viva la atención a la persona concreta. La formación en relación de ayuda, cuidados paliativos, acompañamiento en el duelo, pastoral de la salud y tanatología
ha querido siempre conservar una dimensión profundamente humana y cercana a la realidad cotidiana de quienes sufren.
Uno de los aprendizajes más importantes de este camino ha sido precisamente la necesidad de unir formación y práctica. La experiencia concreta de acompañar a las personas ha enriquecido los procesos formativos, mientras que la reflexión y el estudio han ayudado a ofrecer un servicio más consciente y responsable. Esta retroalimentación constante ha permitido corregir errores, adaptarse a nuevas situaciones y responder, aunque de manera limitada, a necesidades cambiantes.
Mirando el camino recorrido, el balance es sustancialmente positivo. No porque todo haya sido perfecto ni porque se hayan alcanzado plenamente todos los objetivos, sino porque, en medio de limitaciones y dificultades, se ha procurado mantener vivo el ideario que dio origen al Centro. Al mismo tiempo, estos años también permiten reconocer aquello que todavía queda pendiente: situaciones humanas a las que no hemos sabido responder suficientemente, proyectos que no lograron consolidarse, nuevas problemáticas sociales y culturales que exigen creatividad, preparación y una capacidad mayor de escucha.
Esta memoria de los veinticinco años quiere ser, ante todo, un ejercicio de gratitud. Gratitud hacia tantas personas que han colaborado generosamente en diferentes momentos y de distintas maneras; particularmente hacia los voluntarios , cuya entrega gratuita ha sido parte esencial de esta historia. Sin su tiempo, cercanía y compromiso, muchas iniciativas simplemente no habrían sido posibles.
Celebrar estos años no significa instalarnos en la satisfacción por lo realizado, sino reconocer humildemente el camino recorrido y renovar la disposición para seguir aprendiendo y sirviendo. El sufrimiento humano continúa planteando desafíos profundos y cambiantes. Por ello, más que cerrar una etapa, este aniversario quiere animarnos a seguir buscando maneras concretas de acompañar, humanizar y ofrecer esperanza en medio de las fragilidades de nuestro tiempo. ⚫

La promoción de la Salud: una asignatura pendiente
La promoción de la salud es una estrategia y un medio para alcanzar el bienestar integral, así como para contribuir a la construcción de sociedades más equitativas. En México, los conceptos y prácticas de la promoción de la salud se han centrado predominantemente en los aspectos biológicos y en el nivel individual, dejando en segundo plano las dimensiones psicológicas y los determinantes sociales. Sin embargo, estos últimos son fundamentales: aproximadamente el 29% de la población vive en situación de pobreza y un 5% en pobreza extrema, condiciones que influyen de manera decisiva en los estilos de vida y, por ende, en el estado de salud.
La promoción de la salud es una estrategia integral que se articula en cinco líneas de acción: el desarrollo de políticas públicas saludables; la creación de entornos favorables; el fortalecimiento de la acción comunitaria; el desarrollo de habilidades personales; y la reorientación de los servicios de salud.
Desarrollo de políticas públicas saludables: Implica que todas las decisiones de gobierno —no solo las del sector salud— incorporen el impacto en la salud de la población. Esto supone diseñar leyes, normas y programas que favorezcan estilos de vida saludables y reduzcan riesgos. Por ejemplo, políticas fiscales que desincentiven el consumo de bebidas azucaradas o tabaco; regulaciones que garanticen alimentos saludables en escuelas; o programas de urbanización que promuevan espacios seguros para la actividad física. En este sentido, la salud deja de ser un asunto exclusivamente médico y se convierte en un criterio transversal en la toma de decisiones públicas.
Creación de entornos favorables: La salud no depende únicamente de decisiones individuales, sino del contexto en el que las personas viven. Por ello, es fundamental generar entornos físicos, sociales y culturales que faciliten elecciones saludables. Esto incluye desde garantizar acceso a agua potable, vivienda digna y espacios públicos seguros, hasta promover ambientes laborales saludables y comunidades libres de violencia. También abarca el entorno alimentario: disponibilidad de alimentos nutritivos y accesibles, frente a la proliferación de productos ultra procesados. Un entorno favorable no obliga, pero sí facilita que las personas adopten estilos de vida saludables sin que ello represente una carga excesiva.
Fortalecimiento de la acción comunitaria: La comunidad no debe ser solo receptora de programas,

sino protagonista de su propio proceso de salud. Este eje busca empoderar a los grupos sociales para que identifiquen sus necesidades, participen en la toma de decisiones y desarrollen soluciones propias. Esto implica formar líderes comunitarios, promover redes de apoyo y fomentar la organización social. Las experiencias muestran que los programas tienen mayor impacto y sostenibilidad cuando nacen o se adaptan desde la comunidad misma. En contextos como las colonias populares, la acción comunitaria puede ser decisiva para enfrentar problemas como adicciones, violencia o enfermedades crónicas.
Desarrollo de habilidades personales: Se refiere a brindar a las personas conocimientos, herramientas y capacidades para cuidar su propia salud. No basta con informar; es necesario formar competencias que permitan tomar decisiones responsables. Esto incluye educación en nutrición, autocuidado, salud mental, sexualidad, prevención de adicciones y manejo del estrés. También implica desarrollar habilidades como el pensamiento crítico, la toma de decisiones y la resiliencia. En un contexto donde muchas decisiones están condicionadas por factores económicos o culturales, el desarrollo de habilidades personales permite ampliar el margen de acción individual.
Reorientación de los servicios de salud: Los sistemas de salud suelen estar centrados en la atención curativa. Este eje propone un cambio de enfoque hacia la prevención, la promoción y la atención integral. Esto implica que los servicios de salud no solo atiendan enfermedades, sino que trabajen activamente en la educación, la detección oportuna y el acompañamiento comunitario. También supone integrar la dimensión psicológica y social en la atención, superando el modelo exclusivamente biomédico. Además, se requiere una mayor cercanía con la comunidad, equipos interdisciplinarios y una atención más humana y centrada en la persona.
Estos cinco ejes no funcionan de manera aislada; se complementan entre sí. Sin políticas públicas adecuadas, los entornos difícilmente serán saludables; sin comunidades organizadas, las acciones carecen de arraigo; sin habilidades personales, las oportunidades no se aprovechan; y sin servicios de salud reorientados, el sistema seguirá siendo reactivo. Promover la salud exige, por tanto, una visión integral, sostenida y comprometida con la realidad social.
El Informe Lalonde (1974)
El informe Lalonde constituye uno de los primeros documentos que sistematiza la importancia de los determinantes de la salud, aunque estas ideas ya habían sido anticipadas por autores como Rudolf Virchow, quien atribuía las epidemias de tifus a las precarias condiciones sociales y económicas de la población. Determinantes de la salud según Lalonde (1974): Estilo de vida (43%): dieta, ejercicio, tabaquismo, consumo de alcohol; Biología humana (27%): factores genéticos y envejecimiento; Medio ambiente (19%): factores ambientales y presión social; Servicios médicos (11%): calidad y accesibilidad. Como puede observarse, los servicios médicos representan solo una pequeña parte de los factores que determinan la salud; la mayor influencia corresponde a los estilos de vida y a las condiciones sociales. A pesar de que se repite con frecuencia la frase “es mejor prevenir que curar”, en la práctica se privilegian las acciones curativas sobre las preventivas. Del mismo modo, aunque se define la salud como un estado de bienestar biológico, psicológico y social, la atención médica continúa enfocándose principalmente en lo biológico, dejando de lado los aspectos psicológicos y sociales.
logísticas —como las distancias, los horarios nocturnos y factores relacionados con edad y género— limitaron su continuidad. A pesar de ello, la experiencia fue bien recibida por las comunidades participantes.
Además de esta iniciativa, el Centro San Camilo ha promovido la conformación de grupos de voluntariado y pastoral de la salud, impartiendo talleres en más de 80 comunidades, abordando dimensiones asistenciales, psicológicas y espirituales. Durante la pandemia, estas actividades continuaron de manera virtual.
Otra contribución significativa ha sido la publicación ininterrumpida de la revista Vida y Salud desde 2002, esfuerzo notable dada la corta duración de muchas publicaciones similares.
Asignatura pendiente
Tanto en México como en otros países, especialmente en aquellos con menor desarrollo, se continúa privilegiando la atención curativa sobre la promoción y la prevención. Esto se debe no solo a la falta de recursos, sino también a la escasa valoración social de estas actividades .

Iniciativas del Centro San Camilo AC
Con estos antecedentes, el Centro San Camilo A.C., desde sus inicios a comienzos del presente siglo, impulsó un programa de promoción de la salud en colonias populares de la zona metropolitana. Un grupo de voluntarios , integrado por profesionales de la salud, desarrolló actividades formativas en temas como nutrición, higiene personal, educación sexual, alcoholismo y drogadicción.
Este programa se implementó en templos y centros de trabajo de zonas periféricas. No obstante, dificultades
Un ejemplo claro es el de la insuficiencia renal: mientras existen hospitales altamente especializados en trasplantes, se hace relativamente poco para prevenir las principales causas de esta enfermedad, como la hipertensión arterial y la diabetes.
Asimismo, uno de los problemas estructurales de la educación médica es que sus planes de estudio suelen basarse en modelos de países desarrollados, sin adaptarse suficientemente a la realidad epidemiológica y social del país.
En el ámbito de la nutrición ocurre algo similar. Aunque su enseñanza se ha fortalecido desde finales del siglo XX, las enfermedades asociadas —como la obesidad y la diabetes— han aumentado. Esto sugiere que los enfoques utilizados no han sido plenamente eficaces. En muchos casos, los planes alimentarios propuestos responden a modelos extranjeros, sin considerar ni los hábitos culturales ni las condiciones económicas de la población mexicana. Se tiende a descalificar la comida tradicional —reconocida como patrimonio cultural— y a recomendar dietas costosas y poco accesibles, lo cual dificulta su adopción.
Promover la salud en México exige, por tanto, un enfoque más realista, integral y contextualizado, que tome en cuenta no solo los conocimientos científicos, sino también la cultura, la economía y las condiciones sociales de la población. ⚫

La actividad formativa en el Centro San Camilo AC: Evolución a lo largo de los 25 años de proyecto educativo
¡La muerte vendrá, tal vez esta noche o mañana, cuando Nuestro Señor lo quiera! Bienaventurados los que velan. Hagamos el bien mientras todavía hay tiempo San Camilo de Lelis
Durante veinticinco años, el Centro San Camilo ha recorrido un camino profundamente marcado por la búsqueda y la implementación de una cultura más humana frente al sufrimiento, la enfermedad, la fragilidad y la muerte. Lo que inició como una propuesta inspirada en el carisma de San Camilo de Lelis y en la necesidad de recuperar el rostro humano de la atención en salud, se ha consolidado con el tiempo como un proyecto formativo integral que ha impactado a profesionales, voluntarios, agentes pastorales, familias y comunidades enteras.
El Papa Benedicto XIV, para la canonización de San Camilo, 1746, lo definió como “iniciador de una nueva escuela de caridad hacia los enfermos”. Esta afirmación resume de manera profunda la identidad y la misión que el Centro San Camilo ha buscado encarnar a lo largo de este cuarto de siglo la continuidad de la obra de humanización iniciada por Camilo, respondiendo a las heridas y desafíos de cada época desde la sensibilidad, el acompañamiento y el cuidado integral de la persona.
Desde sus primeros años, el CSC comprendió que la salud y la enfermedad no pueden reducirse únicamente a fenómenos biológicos o clínicos, sino que constituyen experiencias humanas complejas que involucran dimensiones físicas, emocionales, sociales, espirituales y relacionales. En una cultura marcada por el avance tecnológico, la aceleración social y la creciente medicalización de la vida, el Centro sostuvo una convicción fundamental: el progreso científico y técnico, aunque indispensable, no garantiza por sí mismo la humanización del cuidado.
A partir de esta conciencia fue tomando forma la propuesta educativa del CSC . Inicialmente, el énfasis estuvo orientado a recuperar la sensibilidad humana en los ámbitos sanitario y pastoral, especialmente frente a procesos de despersonalización presentes tanto en instituciones públicas como privadas. La cosificación del enfermo, el paternalismo, la pérdida del diálogo, la difi -

cultad para acompañar el sufrimiento y el silenciamiento emocional frente a la enfermedad y la muerte comenzaron a ser identificados como signos de una crisis más profunda de la cultura contemporánea.
Con el paso del tiempo, la experiencia acumulada permitió comprender que humanizar no significaba únicamente mejorar el trato hacia el enfermo, sino promover una auténtica formación integral de la persona. De este modo, la propuesta educativa del Centro fue ampliándose progresivamente, integrando perspectivas antropológicas, psicológicas, espirituales, pedagógicas, bioéticas y comunitarias.
Así se consolidó una filosofía formativa centrada en la dignidad irreductible de la persona humana. Inspirado en la antropología cristiana y en la espiritualidad del servicio propia de San Camilo y de la tradición camiliana, el CSC desarrolló un modelo educativo orientado no solo a transmitir conocimientos, sino a formar personas capaces de acompañar humanamente el sufrimiento.

Mtro. Omar Olvera Cervantes / Coordinador académico

La formación comenzó entonces a entenderse como un proceso transformador que articula conocimiento, experiencia, desarrollo personal, compromiso y encuentro con el otro. Bajo esta perspectiva, aprender dejó de concebirse como una simple acumulación de contenidos y pasó a vivirse como una experiencia de transformación orientada al servicio y a la construcción de una cultura del cuidado.
En este proceso, el Centro comprendió también que acompañar exige formar la interioridad de quien cuida. Por ello, sus itinerarios educativos incorporaron progresivamente áreas como la Relación de Ayuda, la Tanatología Educativa y los Cuidados Paliativos, integrando además una perspectiva espiritual amplia, abierta a la búsqueda de sentido y trascendencia propia de toda persona, más allá de sus creencias particulares.
La evolución del CSC estuvo marcada igualmente por una creciente interdisciplinariedad. Médicos, psicólogos, enfermeros, pedagogos, trabajadores sociales, teólogos y especialistas de distintas áreas comenzaron a dialogar dentro de un mismo horizonte humanizador, convencidos de que el sufrimiento humano no puede comprenderse adecuadamente desde una sola disciplina.
Esta evolución permitió consolidar una identidad educativa propia , caracterizada por una pedagogía participativa y experiencial que supera los modelos tradicionales centrados únicamente en la transmisión vertical del conocimiento. En coherencia con ello, los programas académicos, talleres, cursos y maestrías fueron ampliándose y actualizándose constantemente para responder a las nuevas realidades sociales y humanas.
Al mismo tiempo, el CSC fue tomando mayor conciencia de las vulnerabilidades emergentes de nuestro tiempo: el envejecimiento poblacional, la soledad, los duelos complejos, las enfermedades crónicas, las crisis familiares, la violencia social, el desgaste emocional de cuidadores y profesionales de la salud, la fragmentación
comunitaria y la creciente ansiedad existencial vinculada a la pérdida de sentido.
Frente a estos desafíos, la propuesta formativa del Centro evolucionó sin perder su raíz humanista y cristiana, reafirmando la necesidad de construir espacios capaces de sostener el encuentro humano en medio de una sociedad cada vez más acelerada y fragmentada.
La pandemia de COVID-19 representó uno de los momentos más significativos en esta historia institucional. El aislamiento, las muertes en soledad, los duelos suspendidos y la fragilidad colectiva evidenciaron con mayor claridad la urgencia de formar personas capaces de acompañar humana y espiritualmente el sufrimiento. En ese contexto, el CSC fortaleció su compromiso con una cultura del cuidado y supo integrar nuevas tecnologías, plataformas virtuales y modalidades mixtas para continuar su labor formativa y de acompañamiento.
Hoy, al celebrar veinticinco años de historia, el Centro San Camilo puede reconocer un camino de crecimiento, maduración y servicio. Lo que comenzó como una propuesta de sensibilización y humanización en el ámbito de la salud se ha convertido en una verdadera escuela de formación humanista orientada al acompañamiento integral de la persona.
La originalidad del CSC no radica únicamente en los temas que aborda, sino en la manera en que integra conocimiento, experiencia, espiritualidad, compromiso social y formación humana dentro de un mismo horizonte educativo.
A lo largo de estos años, el Centro ha sostenido una convicción profunda: la verdadera formación no se mide solo por la adquisición de conocimientos, sino por la capacidad de cuidar al otro con dignidad, sensibilidad, compasión y respeto.
En una época marcada por el individualismo, la prisa y la fragmentación de los vínculos humanos, el CSC ha buscado ser un espacio donde aún sea posible aprender el arte del encuentro, de la presencia y del cuidado
Celebrar estos veinticinco años no significa únicamente mirar al pasado, sino reconocer que la necesidad de humanizar la salud, el sufrimiento y la vida continúa siendo una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo. El camino recorrido confirma que el humanismo no es una idea abstracta ni una nostalgia del pasado, sino una responsabilidad permanente frente a la dignidad de toda persona, especialmente de aquella que sufre.
Fiel al espíritu de San Camilo de Lelis, el Centro San Camilo continúa hoy su misión con la convicción de que formarse para acompañar humanamente al otro sigue siendo una de las expresiones más profundas del cuidado, la solidaridad y la esperanza. ⚫

Mtro. Omar Olvera Cervantes
Pastoral de la Salud
La espiritualidad de San Camilo de Lelis se ha distinguido, desde sus orígenes, por una profunda vocación de humanizar el cuidado de las personas enfermas y sufrientes . Su carisma no se limita únicamente a la atención médica o asistencial, sino que propone una manera distinta de acercarse al dolor humano: ver en cada enfermo el rostro mismo de Cristo y reconocer en el cuidado una experiencia de encuentro, compasión y dignidad. Por ello, la Iglesia ha reconocido la trascendencia de la labor realizada por los religiosos camilos a lo largo de la historia. Desde que San Camilo inició esta misión en el siglo XVI, su legado no ha dejado de extenderse y actualizarse en distintas partes del mundo.
La llegada de los religiosos camilos a México, en el año 2000, representó una nueva oportunidad para fortalecer una cultura del cuidado más humana e integral. Apenas un año después, con la fundación del Centro San Camilo A.C. en Guadalajara (2001), comenzó una trayectoria marcada por la enseñanza, el acompañamiento, la escucha y la cercanía hacia quienes viven situaciones de enfermedad, sufrimiento, duelo o vulnerabilidad.
La propuesta de la “nueva escuela de caridad” impulsada por San Camilo vino a complementar el movimiento de cuidados paliativos que ya comenzaba a consolidarse en Guadalajara desde la década de los noventa. Esta espiritualidad aportó una visión más amplia y concreta del cuidado, integrando no solo la atención física del enfermo, sino también sus necesidades emocionales, familiares, sociales y espirituales. De esta manera, el cuidado paliativo dejó de entenderse únicamente como una respuesta clínica al dolor para convertirse también en una experiencia profundamente humana y espiritual.
Los primeros pasos se dieron mediante un curso básico de cuidados paliativos dirigido a población abierta, realizado en el auditorio del Hospital Chapalita en el año 2001. Profesionales de distintas disciplinas se reunieron para compartir conocimientos y promover una auténtica atención integral. Era fundamental acercar tanto al paciente como a sus familiares a una nueva comprensión del sufrimiento y del acompañamiento, especialmente en aquellos momentos en que pareciera que ya no hay nada que hacer. Frente a esa expresión, el Centro San Camilo comenzó a transmitir una convicción fundamental: siempre hay algo que hacer cuando se trata de cuidar, aliviar, acompañar y dignificar la vida.
Gracias al apoyo de diversos bienhechores, fue posible concretar posteriormente un proyecto formativo más amplio: un curso básico de veinte horas sobre cuidados
paliativos que logró difundirse a lo largo y ancho de la Arquidiócesis de Guadalajara y de varias diócesis vecinas, alcanzando más de sesenta comunidades. Esta experiencia permitió acercar herramientas básicas de acompañamiento a agentes de pastoral, voluntarios, familiares y personas interesadas en servir a quienes sufren.
Uno de los pasos más significativos de los religiosos camilos fue su integración activa a la pastoral de la salud local. Inspirados en la misión sanadora de Jesús quien, según los Evangelios, priorizó el cuidado, el alivio y la compañía de enfermos, ancianos y marginados como signo de la presencia del Reino de Dios , los camilos comenzaron a colaborar estrechamente con parroquias, hospitales, asilos y diversas obras de inspiración católica. Este camino condujo también a una participación más amplia en la pastoral de la salud nacional, promoviendo conceptos que con el tiempo se han convertido en rasgos distintivos de la espiritualidad camiliana: la humanización del cuidado, más corazón en las manos, ver a Cristo en el enfermo, la acción samaritana, la gratuidad y la caridad.

A partir de esta experiencia, se han desarrollado procesos de capacitación en numerosas diócesis del país, así como en asociaciones vinculadas a los cuidados paliativos, la tanatología, la medicina, la psicología y otros campos relacionados con la salud. Asimismo, la participación activa en congresos nacionales de pastoral de la salud ha permitido compartir experiencias y fortalecer una red de formación y acompañamiento a nivel nacional
La espiritualidad de San Camilo, basada en la compasión del Buen Samaritano y en el llamado evangélico al servicio del prójimo sufriente, ha inspirado numerosos cursos y espacios formativos dirigidos a profesionales de la salud, voluntarios, agentes pastorales, pacientes

Psic.Cliserio Rojas Santes / Coordinador de Salud Renal Integral Camilo de Lelis
Psic.
y familiares . En muchos casos, quienes forman parte de los equipos de salud no solo necesitan adquirir conocimientos técnicos, sino también renovar el sentido profundo de su vocación de servicio. Del mismo modo, las familias y los pacientes requieren una esperanza auténtica: no promesas vacías o espiritualidades evasivas, sino una fe capaz de sostener, acompañar y dar sentido incluso en medio del sufrimiento.
Durante casi diecisiete años (20052022), la pastoral de la salud de la Arquidiócesis de Guadalajara tuvo como responsable al Pbro. Silvio Marinelli, quien promovió intensamente la formación pastoral en hospitales, asilos, albergues y parroquias. Su labor permitió formar recursos humanos para la visita y acompañamiento de personas enfermas, así como capacitar a ministros extraordinarios de la comunión para que la administración del viático fuera vivida como un verdadero momento de empatía, consuelo y esperanza al recibir a Cristo en el corazón.
Entre las tareas impulsadas desde esta pastoral destacó también la animación de la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por Juan Pablo II el 11 de febrero, fecha que coincide con la memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes. Esta jornada busca sensibilizar a la Iglesia y a la sociedad sobre la importancia de acompañar a las personas enfermas y a sus cuidadores, promoviendo una cultura de cercanía y solidaridad.
Otro de los frutos importantes de este proceso fue la creación del Diplomado en Pastoral de la Salud, orientado a profesionalizar el cuidado y el acompañamiento. La experiencia demostró que la buena voluntad, aunque valiosa, no es suficiente para sostener un acompañamiento integral. Era necesario formar adecuadamente a quienes sirven a los demás, integrando las dimensiones física, psicológica, social y espiritual de la persona.
Temas como el duelo, la tanatología y la relación de ayuda fueron incorporándose de manera orgánica hasta convertirse en pilares fundamentales de formación para voluntarios y profesionales de la escucha. Más adelante, esta experiencia se concretó en la creación del Centro de Escucha y en la consolidación de grupos de voluntariado dedicados al acompañamiento de personas con enfermedades crónicas y terminales.
La experiencia acumulada en la visita y atención a pacientes y familiares también se tradujo en diversos materiales formativos y de divulgación. A lo largo de estos años se han elaborado siete cuadernos, cinco libros y tres manuales especializados , además de la revista Vida y Salud, publicada bimestralmente y que actualmente cuenta con más de 140 números. Cada publicación busca ofrecer herramientas para comprender y afrontar distintos tipos de sufrimiento, acercando reflexiones, orientaciones y recursos que contribuyan tanto a la formación continua como al acompañamiento humano y espiritual.

La colaboración con asociaciones dedicadas a diferentes patologías y situaciones de sufrimiento como encuentros con padres de niños con cáncer, grupos de padres en duelo o reuniones con adolescentes enfermos ha abierto también espacios importantes de reeducación en torno a la religiosidad y la espiritualidad. Con frecuencia, muchas personas viven su experiencia de fe desde imágenes distorsionadas de Dios que, lejos de acercarlas a una vida más plena, generan culpa, miedo o desesperanza.
Por ello, uno de los objetivos fundamentales ha sido ayudar a las personas a reconstruir una imagen más sana y misericordiosa de Dios . Contar con una espiritualidad saludable puede marcar una diferencia profunda en la manera de afrontar la enfermedad: pasar de una vivencia centrada únicamente en el sufrimiento y la victimización a una experiencia capaz de integrar la propia historia con sentido, dignidad y esperanza.
Abordar heridas emocionales, religiosas o espirituales no es sencillo. Sin embargo, el acompañamiento de agentes de pastoral de la salud debidamente formados permite abrir nuevamente caminos de reconciliación, confianza y encuentro con Dios, favoreciendo procesos más humanos y esperanzadores.
Tanto el Centro San Camilo A.C. como la pastoral de la salud continúan hoy acercándose a las necesidades concretas de la realidad local para aliviar el sufrimiento humano desde una perspectiva integral. La experiencia acumulada durante estos años ha permitido reconocer que el cuidado no puede reducirse únicamente a la atención médica, sino que implica también escucha, acompañamiento, formación, espiritualidad y construcción comunitaria.
Así, el legado de San Camilo sigue vivo en cada curso, en cada visita al enfermo, en cada proceso de escucha y en cada persona que decide poner más corazón en las manos para servir al que sufre.⚫

Cliserio Rojas Santes
El Counselling o Relación de Ayuda
El acompañamiento psicológico es una intervención diseñada para proporcionar apoyo a toda persona que se encuentre en situación de sufrimiento, de cualquier tipo, y que no consigue mejorar por sí misma. Consiste en un proceso mediante el cual la persona que sufre explora sus emociones, sus pensamientos y sus acciones, llegando a una comprensión más realista de los mismos, lo que le brindará la posibilidad de tomar decisiones más conscientes y sensatas, mejorando así su bienestar general. Es, pues, un camino de autoconocimiento y crecimiento que busca promover la salud integral de las personas.
Este tipo de acompañamiento brinda un espacio seguro para descargar el estrés, disminuyendo buena parte de la angustia; permite identificar y procesar sentimientos y emociones complejas, evitando que se conviertan en obstáculos insuperables; facilita la creación de herramientas para resolver conflictos de forma asertiva y definir metas vitales más claras y realistas. Es, también, un apoyo importante en el proceso de recuperación de enfermedades, duelos o traumas, mejorando significativamente la calidad de vida.
Cuando una persona vive una situación importante de sufrimiento, generalmente se encuentra en un momento de crisis , entendiendo por crisis un estado temporal de trastorno que se caracteriza por un desequilibrio, una desorganización reflejada en una incapacidad para enfrentar la adversidad que atraviesa, manejar adecuadamente las emociones, y enfocar el pensamiento y la conducta de forma madura y sana.
Las crisis traen consigo distintos síntomas: fisiológicos como fatiga, insomnio, taquicardia, dolores de cabeza, hiperventilación, etc.; cognitivos como dificultad para pensar, para tomar decisiones, concentrarse, confusión, incredulidad, etc.; conductuales como conductas erráticas, impulsividad, paralización, inhibición de la conducta, aislamiento, consumo de alcohol o sustancias psicoactivas, etc.; relacionales como un incremento de conflictos interpersonales, retraimiento social, reducción de la satisfacción, desconfianza, rechazo social, etc.; emocionales como irritabilidad, sentimiento de culpa, dolor, tristeza, rabia, angustia, dificultad para sentir alegría, miedo, etc.; espirituales como falta de sentido, desesperanza, debilitamiento de las creencias, fragilidad de los valores, etc.


A través de un adecuado acompañamiento psicológico se logra mejorar considerablemente la crisis, y en muchos casos se puede superar satisfactoriamente.
En nuestro entorno – y en muchos otros – a este tipo de acompañamiento se le llama “Relación de Ayuda”. Quien acuñó la expresión de Relación de Ayuda centrada en la persona fue Carl Rogers, caracterizada por una orientación comprensiva de las diferentes dimensiones de la persona, y que bautizó su propuesta de psicoterapia como “no directiva” y más tarde “centrada en el cliente”. Ayudar, en este sentido, es ofrecer recursos a una persona para que pueda superar una situación difícil o para afrontarla y vivirla lo más sanamente posible. Los recursos que ofrecemos en el acompañamiento son relacionales , es decir, la misma persona del “ayudante” se ofrece como recurso para acompañar en el proceso de afrontamiento de la dificultad del “ayudado”. Este tipo de ayuda se ofrece no solamente a personas en crisis, sino a todos aquellos que pueden sufrir por insatisfacciones a nivel personal, social o espiritual.
El sufrimiento de tantos seres humanos hace necesaria la presencia de personas que cuenten no sólo con la disposición de ayudar, sino con la preparación suficiente para hacerlo de manera adecuada.
Victoria Molina / Psicoterapeuta y maestra del CSC
Victoria Molina
Esto significa contar con las habilidades específicas para saber acoger, escuchar, comprender e intervenir en la realidad humana de la persona doliente. Por esta razón, es fundamental que los profesionales y voluntarios que practican la Relación de Ayuda estén debidamente formados y capacitados en la materia.
La Relación de Ayuda está orientada al “aquí y ahora”, porque trabaja en potenciar la capacidad de autodeterminación (autonomía) y los puntos fuertes de la persona, para que pueda adaptarse mejor a las situaciones que le conflictúan o le hacen sufrir.
El acompañamiento psicológico o relación de ayuda no pretende trabajar los aspectos más profundos de la personalidad, aunque puede abrir la puerta a un trabajo terapéutico posterior. Lo que sí pretende es ayudar a adquirir mayor conciencia de los recursos (internos y externos), mejorar la capacidad para identificar, aceptar y gestionar las emociones, reducir el malestar relacionado con la falta de realismo en situaciones específicas y favorecer un crecimiento y autoconocimiento que conducen a mayor autonomía que brinde bienestar general.
La influencia positiva de un proceso exitoso se refleja en la vida diaria de las personas; el lograr un mejor equilibrio en todas sus dimensiones, se traduce en relaciones interpersonales más saludables y un desarrollo personal más sólido.
Este tipo de acompañamiento se adapta a las necesidades de cada individuo, independientemente de su contexto o situación vital.
Brindar una buena Relación de Ayuda es un acto profundo de presencia, empatía y respeto por la otra persona. No se trata de ofrecer soluciones rápidas o tener todas las respuestas, sino de crear un espacio seguro donde el otro pueda sentirse escuchado, comprendido y acompañado en su proceso personal.
En un mundo marcado por el estrés laboral, la sobrecarga informativa y los desafíos personales y familiares, contar con ayuda especializada puede marcar la diferencia entre sostener el malestar en silencio o iniciar un proceso de mejora . Este proceso es una forma de cuidarse desde adentro, de reconectar con uno mismo y dar pasos hacia una vida más plena y consciente. No es necesario “estar mal” para buscar apoyo, a veces basta con sentirse confundido, abrumado o simplemente con ganas de entenderse y vivir mejor. Llevarlo a cabo puede marcar el inicio de una transformación silenciosa pero poderosa hacia una vida más plena, consciente y en equilibrio.
Sin embargo, a pesar de las bondades de la Relación de Ayuda o Acompañamiento Psicológico, todavía existen impedimentos, resistencias o desafíos para una amplia aceptación. Por mencionar algunos, en primer lugar, aún está presente el mito de que buscar ayuda es
sinónimo de debilidad (y en ocasiones hasta de locura) y esto frena a muchas personas para decidirse a iniciar un proceso de esta índole. El proceso de ayuda es un trabajo que requiere compromiso, un determinado tiempo y un verdadero esfuerzo, lo que no muchas personas están dispuestas a cumplir. La necesidad de enfrentar patrones de conducta arraigados o emociones dolorosas implica salir de la zona de confort , esto puede llegar a ser motivo de rechazo o renuncia. La falta de servicios asequibles y la escasez de personas debidamente preparadas limitan bastante la posibilidad de acceder a este tipo de atención.
Afortunadamente, el Centro San Camilo de Guadalajara ha hecho una labor encomiable, durante más de 20 años, para la capacitación en la Relación de Ayuda (entre otras), que se ve reflejada en el importante número de profesionales y voluntarios que se encuentran proporcionando ayuda, adecuada y eficaz, a un gran número de personas que transitan por alguna situación de sufrimiento.
Mucho se ha hecho, y se sigue haciendo, por brindar alivio, hacer más ligero el peso y disminuir el malestar de quienes, a causa de diferentes motivos, sufren. Mi más sincero reconocimiento y felicitación por el titánico trabajo que hay detrás de tantos años de esfuerzo, dedicación y compromiso con la humanidad. ⚫


El Centro de escucha

A25 años de la conformación del Centro San Camilo, surge una valiosa oportunidad para mirar hacia atrás y reconocer el camino recorrido, las experiencias compartidas y, sobre todo, las acciones que han dejado huella en la vida de muchas personas. A lo largo de este tiempo, el Centro impulsa distintas actividades orientadas al acompañamiento del ser humano y al fomento de una cultura más sensible ante el sufrimiento. Entre ellas, destaca de manera especial el Centro de Escucha , un espacio que, desde hace 19 años, se consolida como un referente de acompañamiento y atención para personas que atraviesan por momentos de vulnerabilidad, pérdida, sufrimiento o duelo.
El Centro de Escucha se realiza a través de entrevistas personales con personas que viven cualquier tipo de sufrimiento, siguiendo la metodología de la Relación de Ayuda o Counselling.
Hacer un recuento de todos estos años de labor y de caminar juntos se expresa de diversas maneras; una de ellas es el agradecimiento por la entrega de todos los voluntarios que pasan y continúan como huella viva en esta hermosa tarea. Cada paso significa satisfacción, aprendizaje y crecimiento, pues esta acción requiere de un esfuerzo en conjunto, posible gracias a la entrega, compromiso y presencia de los voluntarios en cada apoyo emocional a través de la escucha, la compasión y el acogimiento como una caricia amorosa y sutil. Es cierto que este recorrido en ocasiones no es sencillo; sin embargo, permanece vivo, como decía San Camilo, “más corazón en las manos”, al escuchar y acompañar.

Importancia de escuchar
Dialogar acerca del Centro de Escucha es hablar del compromiso de un grupo de voluntarios que, con generosidad y sensibilidad, deciden brindar tiempo de su vida a acompañar a otros en situaciones profundamente humanas. Esta labor no se limita únicamente a “oír” las historias de quienes llegan en busca de apoyo; implica una disposición auténtica para escuchar con atención, empatía y respeto, y reconocer la dignidad y el valor de cada persona en medio de su sufrimiento.
La escucha representa una de las caricias más profundamente humanas hacia quien sufre, ya que permite reconocer al otro en su vulnerabilidad y dignidad. Brindar una escucha atenta no significa únicamente oír palabras, sino ofrecer atención, empatía y presencia a quien necesita expresar aquello que vive. En muchas ocasiones, las personas no buscan respuestas inmediatas ni soluciones rápidas, sino comprensión y compañía en medio de sus procesos.
Desde sus inicios en 2007, el Centro de Escucha surge como respuesta a la necesidad de crear espacios donde las personas pudieran sentirse acogidas y valoradas. En una sociedad marcada por la prisa, la indiferencia y el aislamiento emocional, ofrecer un espacio de escucha compasiva se convierte en una acción profundamente significativa.
El Centro San Camilo impulsa esta labor al reconocer que cada persona merece que se le escuche con respeto y sensibilidad. Escuchar con atención y compasión contribuye a resignificar el sufrimiento y a redescubrir el sentido de vida aun en medio de las dificultades. Por ello, la escucha se convierte no solo en una herramienta de apoyo, sino también en una forma de humanizar las relaciones y generar esperanza.
Urgencia de acompañamiento a través del Centro de Escucha
La realidad actual muestra un incremento en situaciones de soledad, ansiedad, pérdidas familiares, enfermedades, crisis emocionales y diversas formas de sufrimiento humano. Muchas personas viven estos procesos en silencio, sin encontrar espacios seguros donde puedan expresar lo que sienten. Frente a esta necesidad, el acompañamiento adquiere una importancia urgente y necesaria.
Psic. Beatriz Amador / Coordinadora del CdE
El Centro de Escucha responde precisamente a esta realidad, y ofrece un espacio donde las personas pueden sentirse acogidas, escuchadas y acompañadas. Desde una visión centrada en la persona, el acompañamiento busca reconocer la individualidad y los recursos internos de cada ser humano, además de respetar sus tiempos, emociones y procesos personales.
La labor de los voluntarios se convierte entonces en una presencia significativa para quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad. A través de la escucha empática, el respeto y la cercanía humana, surge un ambiente de confianza que favorece que las personas puedan expresar su dolor y encontrar alivio emocional.
Durante estos 19 años, el compromiso del equipo de voluntarios ha sido fundamental para sostener esta misión. Cada uno de ellos dedica tiempo, esfuerzo y sensibilidad al acompañamiento de quienes buscan apoyo. Más allá de una actividad de servicio, esta labor representa una profunda expresión de solidaridad y servicio.
Los resultados obtenidos a lo largo de este tiempo son enriquecedores y llenos de satisfacción. Cada historia acompañada refleja el impacto que tiene sentirse escuchado y comprendido en momentos desafiantes. En un contexto social donde muchas veces predominan la distancia y la falta de atención hacia el sufrimiento ajeno, el Centro de Escucha continúa siendo un espacio de esperanza y cercanía humana.
El desafío de la capacitación y la supervisión
Uno de los pilares fundamentales del Centro de Escucha es el compromiso constante con la capacitación y supervisión de los voluntarios. Acompañar a personas en situaciones de dolor, pérdida o crisis emocional requiere preparación, sensibilidad y un profundo sentido de responsabilidad.
La formación de los voluntarios no se limita únicamente al aprendizaje de habilidades de escucha. También implica un proceso de crecimiento personal y humano que les permita acompañar desde la empatía, el respeto y la comprensión. Escuchar el dolor de otros confronta constantemente a los acompañantes con emociones intensas y realidades complejas, por lo que resulta indispensable contar con espacios de aprendizaje y reflexión continua.
Además de la capacitación, la supervisión representa un elemento esencial para fortalecer esta labor. A través de ella, los voluntarios pueden compartir experiencias, expresar inquietudes y recibir orientación para realizar su servicio de la mejor manera posible. Estos espacios también permiten cuidar el bienestar emocional del equi-
po y prevenir el desgaste que puede surgir al acompañar situaciones complejas de manera constante.
Los desafíos son muchos. Mantener la motivación, equilibrar las responsabilidades personales y sostener una escucha cálida y humana exige esfuerzo y compromiso permanente. Sin embargo, la constancia y entrega de los voluntarios permiten que esta labor permanezca viva durante 19 años.
Llegar a esta celebración representa el reconocimiento a la labor profundamente humana que deja huella en la vida de muchas personas. Cada escucha brindada, cada palabra acogida y cada presencia compartida son una muestra de que acompañar al otro en sus momentos de dolor puede transformar vidas . Esta misión no sería posible sin la entrega, sensibilidad y compromiso constante de quienes, de manera generosa, deciden dar su tiempo, capacidades y corazón al servicio de los demás.
Por ello, este aniversario es también una oportunidad para expresar un sincero reconocimiento y felicitación a cada uno de los voluntarios que forman parte de esta historia. Gracias por creer en el valor de la escucha, por permanecer cercanos al dolor humano y por hacer del acompañamiento una experiencia de dignidad, compasión y esperanza. Su labor recuerda que, aun en medio de las dificultades, escuchar y acompañar continúan siendo actos profundamente transformadores. ⚫


Voluntariado para el Cuidado del Enfermo Crónico y Terminal
Hace 25 años, el Centro San Camilo inició un camino dedicado a la humanización de la salud. En ese marco fundacional, surgió un grupo pionero: el primer equipo de voluntarios para el Cuidados del Enfermo Crónico y Terminal que aceptó el desafío de llevar consuelo a donde el dolor parece robar la esperanza. Hoy, al reflexionar sobre este cuarto de siglo, entendemos que el voluntariado no es una labor periférica, sino el corazón mismo de la filosofía de los cuidados paliativos.
Como bien expresa uno de nuestros integrantes: “El haberme integrado al voluntariado trajo en mí un despertar a la vida ”. Este despertar es el primer paso de un camino que transforma tanto al que recibe como al que da, marcando un hito en la atención de los enfermos crónicos y terminales en nuestra comunidad.

El voluntariado como despertar y transformación personal
El servicio al enfermo no es un acto de caridad unidireccional; es un proceso de metamorfosis personal.

Quien cruza la puerta de un hospital o de un hogar para acompañar a alguien en su fragilidad, descubre que sus propias escalas de valores se reajustan. Los testimonios son claros al respecto: “A partir de que empecé a asistir al hospital... prioricé lo que realmente importa”.
La convivencia con el diagnóstico ajeno y las historias de vida de cada paciente obliga al voluntario a confrontar su propia existencia. Ya no se trata de “hacer un favor”, sino de una necesidad de trascendencia. Como se menciona en las experiencias compartidas: “El voluntariado permite “descubrir habilidades como la escucha, desarrollar la empatía y la compasión”. Es un compromiso que otorga “un nuevo sentido a mi vida y me ha convertido en una persona con mayor reflexión del valor de la salud ” (palabras de un voluntario).
La filosofía de los Cuidados Paliativos: más allá de la curación
En el Centro San Camilo, la labor del voluntario se cimenta en la filosofía de los cuidados paliativos: cuidar cuando ya no se puede curar. Esta disciplina no se limita al control de síntomas físicos; busca la paz integral del ser humano en sus dimensiones psicológica, social y espiritual. El voluntario es el guardián de la dignidad del enfermo. Su presencia reafirma que la vida tiene valor hasta el último suspiro. «Saber que hay quien se apoya en mí, sin saber nada de mí... no hay cómo agradecer», comenta un voluntario. En esta entrega, el voluntario se vuelve un instrumento de misericordia, buscando que cada persona se sienta «abrazada por Dios». No se trata solo de aliviar el dolor, sino de dignificar el proceso de morir y el proceso de vivir con la enfermedad.
El sagrario del hogar y el soporte a la familia
Una de las facetas más profundas de este servicio es la visita domiciliaria. Entrar en la casa de un extraño y ser recibido en sus momentos más íntimos es, en palabras de nuestros voluntarios, algo «inmerecido». Que una familia abra sus puertas y su corazón ante la adversidad es un voto de confianza absoluto.
El voluntario en el hogar ofrece algo que el sistema hospitalario a veces no puede: tiempo y permanencia. «Lo que estoy dispuesta a dar es mi tiempo, las herramientas que he adquirido». Este soporte es vital para la familia, que a menudo se encuentra agotada. Ser ese «respiro»: esa escucha para el cuidador primario, es una extensión esencial de los cuidados paliativos. El acompañamiento familiar asegura que el amor no se convierta en desesperación, transformando el entorno del enfermo en un espacio de paz y despedida digna.
La identidad grupal: hacernos presentes
Ser parte del voluntariado de San Camilo significa llevar un nombre que es sinónimo de entrega absoluta El sentido de pertenencia a un grupo con intereses afines genera una red de contención necesaria para no claudicar ante la dureza del sufrimiento. «Para mí ser voluntaria ha sido un gran aprendizaje y un compromiso... una responsabilidad llevar el nombre de San Camilo».
La importancia de hacernos presentes como grupo radica en que el testimonio se multiplica . No es una acción aislada, sino un cuerpo comunitario que se hace presente en la sociedad para recordar que los enfermos y ancianos no son descartables. El grupo ofrece «nuevas amistades y la gratitud de las personas», creando una cultura del encuentro que combate la soledad, la cual es, a menudo, la enfermedad más dolorosa del anciano y del enfermo crónico.
La formación permanente: semillas para el futuro
El voluntariado de San Camilo se distingue por su formalidad. No basta con la buena voluntad; se requiere de una preparación constante. «Pienso que no solo son frutos sino semillas de esperanza... un aprendizaje que ‹debo› multiplicar». Los diplomados y talleres no son solo para acumular conocimiento, sino para profesionalizar el amor.
Cada voluntario reconoce que lo recibido —abrazos, sonrisas, enseñanzas de vida— supera con creces lo que se entrega. La formación constante garantiza que el servicio sea congruente y respetuoso. «Buscaré compartir esa luz, esa entrega, ese gran amor que Él nos ha dado... no me puedo quedar con ello solo para mí». La preparación es la garantía de que el servicio seguirá dando frutos 25 años más.
Un compromiso de vida
A 25 años de aquellos primeros pasos del voluntariado en el Centro San Camilo, la misión sigue vigente y
Cuidados Paliativos
Los Cuidados Paliativos son un enfoque integral de atención integral que tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas que enfrentan enfermedades graves, crónicas o terminales, así como la de sus familias. Su finalidad no es acelerar ni retrasar la muerte, sino aliviar el sufrimiento en todas sus dimensiones: física, emocional, social y espiritual.
Es importante destacar que no se limitan únicamente a los últimos días o semanas de vida; pueden y deben integrarse de manera temprana para mejorar el bienestar general del paciente. Los cuidados paliativos se desarrollan a través de un equipo interdisciplinario que puede estar conformado por médicos, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, tanatólogos, consejeros espirituales, otros profesionales de la salud y también voluntarios. Entre las principales acciones que se realizan se encuentran: control del dolor y otros síntomas, como dificultad respiratoria, náuseas, fatiga, ansiedad o insomnio; apoyo emocional y psicológico, ayudando al paciente y a sus seres queridos a afrontar el impacto de la enfermedad; acompañamiento espiritual, respetando las creencias y valores de cada persona; comunicación clara y honesta, facilitando la toma de decisiones informadas sobre el tratamiento y el plan de atención; apoyo a la familia y cuidadores, incluyendo orientación, educación y acompañamiento durante el proceso de enfermedad y duelo.
más necesaria que nunca. Los testimonios aquí reunidos son la prueba de que servir al enfermo es, en realidad, un camino hacia la propia humildad y sabiduría. «Me gusta el servicio y el acompañamiento, llenan mi vida de razón». Esta frase resume el sentir de quienes han decidido ser manos, oídos y corazón para el que sufre. Seguimos adelante, sabiendo que cada minuto entregado, cada herramienta compartida y cada semilla sembrada en el corazón de un enfermo es un acto de gratitud hacia la vida y hacia la infinita misericordia que nos permite ser instrumentos de paz, siguiendo la enseñanza de San Camilo: «Más corazón en esas manos, hermanos» ⚫

DUELO Y GRUPOS DE AYUDA
Mtra. Marcela Medina / Coordinadora del Área de Acompañamiento en el Sufrimiento
Duelo y grupos de Ayuda
En la sociedad actual vivimos rodeados de estímulos que nos mantienen constantemente mirando hacia el exterior. La rapidez de la vida cotidiana, las exigencias laborales y sociales, así como la constante exposición a redes sociales y medios digitales, generan una dinámica en la que el silencio y la introspección parecen cada vez más escasos. En este contexto, se vuelve evidente el aumento de padecimientos emocionales y psicológicos, muchas veces derivados de una falta de afrontamiento ante crisis propias de la vida o bien crisis existenciales relacionadas con la identidad, el rechazo, el abandono y la ausencia de sentido.
El duelo como experiencia humana inevitable
A lo largo de la vida, las personas atravesamos múltiples pérdidas: la salud, la estabilidad emocional, proyectos, relaciones de pareja, trabajo, amistades o incluso etapas significativas de nuestra identidad. Cada una de estas experiencias puede colocarnos en una crisis profunda que exige una respuesta personal y nos enfrenta a la necesidad de reorganizar la vida desde una nueva realidad.
Entre las crisis más complejas se encuentra la muerte de un ser querido. Esta pérdida modifica la vida en todas sus dimensiones: emocional, mental, social, física y espiritual. En muchas ocasiones, no solo se pierde a una persona, sino también el rol que ocupaba dentro del sistema familiar, las rutinas compartidas, la estabilidad emocional y la sensación de seguridad. Esta experiencia conduce inevitablemente a la tarea de transitar el duelo, buscando formas de aceptación y continuidad de la vida sin la presencia física de quien ha fallecido.
Cuando el duelo se complica
El duelo es un proceso natural que implica un conjunto de reacciones emocionales, cognitivas, físicas y conductuales ante la pérdida. Sin embargo, cuando este proceso no logra elaborarse adecuadamente, puede transformarse en un duelo prolongado o complicado.
El duelo no resuelto se encuentra íntimamente relacionado con problemas de salud emocional y mental, y puede incluso llegar a ser incapacitante. Entre los síntomas que pueden presentarse se encuentran el aislamiento social, el abuso de alcohol o sustancias, insomnio crónico y/o alteraciones del sueño, ideación suicida, deterioro funcional, laboral y relacional, depresión mayor, trastornos de ansiedad, somatización y dolor físico crónico.
Comprender este impacto permite reconocer que la elaboración del duelo no consiste en olvidar, sino en integrar la pérdida a la propia historia de vida. Aceptar esta
nueva condición se vuelve un punto clave para la resiliencia y la adaptación.
El duelo no se vive igual en todas las personas
No existe una forma única o correcta de vivir el duelo. Cada persona lo atraviesa desde su historia personal, su estructura emocional, el tipo de vínculo con el ser perdido y los recursos que posee para afrontar la crisis.
Además, cada doliente se encuentra influido por un contexto familiar y cultural que determina la manera en que se expresa el dolor. Hay familias que permiten hablar abiertamente sobre la pérdida y otras que promueven el silencio, lo cual en ocasiones puede intensificar el sufrimiento. Asimismo, existen entornos que validan el llanto y la vulnerabilidad, mientras que otros impulsan frases como “sé fuerte” o “ya supéralo”, invalidando la experiencia emocional del doliente. Por ello, la red de apoyo social y familiar puede convertirse en un factor protector o, por el contrario, en un obstáculo para la elaboración del duelo.
La aceptación y adaptación a esta nueva vida influirá directamente en el bienestar físico, mental, emocional, social y espiritual de la persona. Es aquí donde el duelo adquiere un carácter existencial, ya que no solo implica enfrentar la ausencia, sino también replantear el sentido de la vida, la fragilidad humana y la propia identidad.
La importancia del acompañamiento
A pesar de lo natural que es el duelo, muchas personas lo viven en soledad. Existen pérdidas que no son comprendidas por el entorno o emociones que no se expresan por miedo a ser juzgados. En este escenario, se ha observado que hay una mejoría significativa cuando las personas se sienten acompañadas y comprendidas. Acompañar a quien transita por su invierno más profundo no consiste en intentar borrar su dolor, sino en ofrecer presencia, escucha y contención. Consiste en encender una pequeña luz para que no tenga que caminar a oscuras, permitiendo que el doliente sienta que su experiencia es válida y que su sufrimiento no es un signo de debilidad, sino una expresión legítima del amor y del vínculo perdido.
Grupos de ayuda: un espacio de contención y pertenencia
Los grupos de ayuda en duelo (GAD) se convierten

en un espacio cálido y seguro que brinda contención emocional. Ofrecen un lugar donde las personas pueden hablar sin sentirse juzgadas, identificarse con otros, experimentar pertenencia y recuperar poco a poco la confianza para expresar su historia.
El intercambio de experiencias dentro del grupo permite un aprendizaje significativo: observar que otras personas han avanzado en su proceso brinda esperanza y fortalece la comprensión de que el duelo no es lineal. Asimismo, se normalizan las reacciones emocionales, se reducen los miedos ante sentimientos intensos y se identifican formas saludables de recordar y resignificar la pérdida.
Escuchar historias similares también ayuda a los participantes a darle nombre a lo que sienten. Muchas veces el dolor se vive como un caos interno difícil de expresar, y compartirlo con otros facilita organizarlo y comprenderlo. Estas narrativas compartidas forman lazos que construyen una nueva red de apoyo, capaz de sostener cuando el peso de la ausencia parece inmanejable.
DUELO Y GRUPOS DE AYUDA

En este sentido, los grupos de ayuda brindan contención emocional y validación de la historia de cada participante, favoreciendo el desarrollo de recursos de afrontamiento.
A través de la escucha activa y el acompañamiento, las personas logran resignificar la pérdida y avanzar hacia una elaboración del duelo de manera saludable, integrando el dolor sin quedar paralizados por él.
Un ejemplo de estos espacios es el Centro San Camilo,

el cual ofrece diferentes grupos de ayuda enfocados en el acompañamiento emocional: grupo de ayuda en duelo por muerte (GAD) para adultos, niños y adolescentes; grupo de ayuda en rupturas matrimoniales (GARM); y grupo de ayuda a la mujer en crecimiento (GAMC). Dentro de estos programas, el grupo de ayuda en duelo suele ser el más solicitado y constante. Su impacto ha sido tal que se ha replicado en otras ciudades como Tijuana, Monterrey y la Ciudad de México, lo cual refleja la creciente necesidad social de contar con espacios de contención ante el sufrimiento humano.
Desde la visión humana y espiritual de Camilo de Lelis, y a 25 años de su legado, los grupos de ayuda se convierten en espacios de escucha y acompañamiento. En ellos, el encuentro con la vulnerabilidad del otro permite que el duelo sea vivido con dignidad, transformando el dolor en aprendizaje y resignificando la ausencia física como una presencia afectiva en la historia de quien permanece. El duelo es una experiencia dolorosa, pero profundamente humana. La vida no será la misma después de una pérdida, y la persona tampoco será la misma que antes. Sin embargo, esto no significa que la vida quede condenada a la pena y al sufrimiento. La tarea, a partir de ese momento, será descubrir una nueva versión de sí mismo y construir un futuro con esperanza, integrando el amor y los momentos compartidos, para no quedar atrapado en el dolor. ⚫

Mtra. Marcela Medina
25 AÑOS Y EL CAMINIO CONTINÚA...
Entrevista con el P. Silvio Marinelli, Director del Centro San Camilo, A.C.
Yolanda Zamora

Celebrar es un verbo que cobija múltiples significados: memoria, responsabilidad, esfuerzo, gratitud, desafíos, respuestas, historia compartida. Pero, sobre todo, celebrar significa volver a abrazar plenamente aquella meta inicial que dio origen a un proyecto y lo fue moldeando a lo largo del tiempo. Toda celebración ratifica el entusiasmo de los comienzos y lo renueva con la fuerza que otorga la experiencia del camino recorrido, una experiencia que alimenta, orienta e impulsa hacia nuevos horizontes.
El Centro San Camilo cumple 25 años de vida. Quienes, de una u otra manera, hemos formado parte de esta historia participamos hoy de una celebración que, aunque se vive desde la sencillez y la alegría cotidiana, constituye un acontecimiento significativo. ¡Enhorabuena por ello!
¿Cómo nació el Centro San Camilo? ¿Cuáles fueron los ideales que dieron forma a la trama original y a la inspiración de este proyecto? ¿Quiénes han sido los protagonistas de este recorrido y qué testimonios han dejado en él? ¿Cómo se fue construyendo el vínculo entre la práctica y la academia, entre el saber necesario para profesionalizar el cuidado y la riqueza de la experiencia vivida? ¿Cómo se fue tejiendo esa común-unión , esa común-unidad de personas, saberes y corazones que hoy unen sus voces para celebrar estos 25 años?
Acompañemos este recorrido por la memoria, el presente y el futuro de una obra que sigue creciendo y
Dra. Marisa Chávez Correa

Abrirme y dejarme tocar por el sufrimiento que tantas personas comparten ha sido un desafío profundo; pero, al mismo tiempo, ha representado una inmensa alegría ser testigo de la transformación positiva que experimentan cuando logran expresar su dolor y redescubrir la esperanza para retomar su vida con renovado sentido.
Desde el año 2013 colaboro en la Coordinación del Área de Espiritualidad y Motivación al Compromiso. Al celebrar este año el vigésimo quinto aniversario del Centro San Camilo, me siento profundamente agradecida por la oportunidad de servir y por la confianza que se ha depositado en mí para colaborar en esta misión de humanización.
A lo largo de este camino he aprendido que acompañar a otros en sus momentos de fragilidad también transforma el propio corazón. Cada encuentro ha sido una oportunidad para crecer en sensibilidad, compasión y compromiso con quienes más necesitan ser escuchados y acogidos. Formar parte del Centro San Camilo ha enriquecido profundamente mi vida personal y espiritual. Por ello, celebro con alegría estos 25 años de servicio, convencida de que la humanización sigue siendo una respuesta necesaria y esperanzadora para nuestro tiempo.

abriendo caminos al servicio de la vida, el cuidado y la esperanza.
Asumiendo la riqueza que el pasado nos lega —como una gran ola verde azul coronada de espuma—, dejamos que su impulso se derrame sobre el presente para nutrirlo, comprenderlo y valorarlo en toda su dimensión.
Hace unos días me dirigí al Centro San Camilo para entrevistar al P. Silvio Marinelli. En la serenidad de su oficina, y agradeciendo de antemano su generosa disposición para recibirme, iniciamos una conversación guiada por una serie de preguntas preparadas para esta ocasión. Sus respuestas, que hoy compartimos con los lectores de Vida y Salud, forman parte de este número conmemorativo dedicado a celebrar los primeros veinticinco años de vida de la institución.
Asomémonos, pues, al Centro San Camilo. Crucemos la puerta del número 2983 de la avenida Pablo Casals, en Prados Providencia, y acompañemos este recorrido por la memoria, el presente y el futuro de una obra que ha hecho del cuidado, la formación y el acompañamiento su razón de ser.
Cuéntenos, P. Silvio, ¿qué nos comparte del Centro San Camilo en este momento de celebración?
El Centro San Camilo se encuentra en una etapa sólida, tanto desde el punto de vista organizativo como en las actividades que desarrolla. Nuestro trabajo se articula fundamentalmente en dos grandes áreas.

La primera es el acompañamiento a las personas que sufren, mediante visitas a hospitales, la atención que ofrecemos en el Centro de Escucha a través de entrevistas individuales, los grupos de ayuda para personas en duelo y el servicio de voluntarios que acompañan a enfermos crónicos y terminales.
La segunda área está dedicada a la formación y capacitación de profesionales y voluntarios. En este ámbito ofrecemos talleres, cursos de capacitación para el trabajo y dos programas de maestría. Se trata de una labor amplia e intensa que hemos ido consolidando a lo largo de estos años, procurando mantenernos en constante actualización. Hemos buscado renovar nuestros programas y servicios, dejando atrás aquello que ha quedado obsoleto e incorporando nuevas propuestas que respondan a las necesidades actuales de las personas y de la sociedad.
Percibo, Padre Silvio, una intensa atmósfera de trabajo, pero también de alegría, de encuentro humano, de sentido de comunidad y de espiritualidad que impregna e ilumina al Centro San Camilo. Tengo la impresión de que lo que hoy se celebra no es simplemente la suma de veinticinco años, sino la manera en que, año tras año, se han ido entretejiendo aprendizajes, voluntades, esfuerzos y logros que siguen impulsando nuevos proyectos y horizontes. Porque, como dice el lema de este aniversario, «el camino continúa…». ¿Cómo nació la idea de fundar un Centro San Camilo en Guadalajara?
—Habrá que remontarnos al año 2000, cuando fue aprobada por nuestros Superiores en Italia la creación de una nueva comunidad de Religiosos Camilos en Guadalajara. Desde el principio recibimos una gran confianza y libertad para discernir y definir las líneas de desarrollo que habrían de dar forma a nuestra misión y a los objetivos que deseábamos alcanzar.
Poco a poco fuimos organizando el proyecto. Al llegar a Guadalajara comenzamos a percibir con claridad necesidades muy apremiantes en el ámbito de la humanización de la salud, de la atención al sufrimiento y del acompañamiento de las personas vulnerables . Descubrimos que se trataba de un sector que requería mayor atención tanto en el contexto social como en el religioso. Esa realidad nos interpeló profundamente y nos impulsó a actuar. Así fue como, paso a paso, pusimos manos a la obra y comenzamos a construir lo que hoy es el Centro San Camilo AC.


Lic. Mari González Carriquiri
Mi acercamiento al Centro San Camilo nació de un profundo deseo de formarme en Tanatología. En aquel momento, varias personas me recomendaron acudir al Centro por su reconocido compromiso con el acompañamiento humano y la atención sensible al sufrimiento.
Aquí no sólo adquirí conocimientos; encontré también una comunidad comprometida con la escucha, el servicio y el cuidado de las personas. Poco a poco, el Centro San Camilo se convirtió para mí en un espacio privilegiado de crecimiento humano y espiritual, donde descubrí herramientas y aprendizajes que transformaron profundamente mi vida y mi manera de relacionarme con los demás. Formar parte del voluntariado significa hoy la oportunidad de compartir con otros lo mucho que he recibido y aprendido a lo largo de este camino.
Pensando en aquellos primeros años, ¿cuáles fueron los principales retos que enfrentó la conformación del Centro San Camilo?
Fueron los desafíos propios de toda asociación civil que inicia su camino. En aquel entonces tuvimos que realizar los trámites de inscripción ante el IJAS y, posteriormente, obtener la autorización como donataria, una figura que, afortunadamente, hemos conservado hasta el día de hoy.
Como ocurre en toda asociación civil, se constituyó una Mesa Directiva que se renueva cada cinco años, garantizando así la continuidad y el adecuado funcionamiento institucional
En cuanto a su sostenimiento, el Centro San Camilo ha procurado mantenerse principalmente a través de sus propias actividades formativas, como cursos, talleres y otros programas de capacitación. A ello se suma el valioso apoyo de un grupo de amigos y benefactores que, con su generosidad, nos ayudan a seguir adelante y a continuar desarrollando nuestra misión al servicio de quienes más lo necesitan.
Sabemos que un propósito de esta naturaleza tuvo que gestarse poco a poco, con muchos esfuerzos y sumando voluntades. Ello presupone una mística, es decir, ideales profundos que sostienen y dan sentido a un proyecto así…
Sí. El ideal nace de la figura de san Camilo de Lelis, quien, hace más de cuatro siglos, después de muchos tropiezos y búsquedas personales, orientó su vida hacia la humanización del mundo del sufrimiento.
Nos damos cuenta —y creo que es una queja y un lamento bastante generalizados— de que las personas que sufren no siempre reciben un trato verdaderamente humano, digno de su realidad y atento a su dolor. De ahí se desprende, como eje fundamental de nuestra misión, la necesidad de humanizar la atención a quienes sufren, siguiendo la inspiración de san Camilo.
Esto implica, ante todo, un acercamiento integral a la persona. No se trata únicamente de atender la dimensión física o espiritual, sino también su afectividad, su inteligencia, su mundo de relaciones, su historia y su capacidad de encontrar sentido.
Mtro. Cliserio
Rojas Santes

Mi primer encuentro con los Religiosos Camilos ocurrió gracias a una pequeña estampa que llegó a mis manos en la Parroquia de San Francisco, en Zoquipan. Recuerdo haber leído aquella oración y experimentar una certeza inmediata: «Esto es exactamente lo que se necesita para aliviar el alma de mis pacientes».
En aquel entonces, siendo ya psicólogo, concluía mi formación en Clínica del Dolor y Cuidados Paliativos, precisamente mientras cursábamos la asignatura de Espiritualidad.
Las clases del P. Silvio Marinelli superaron todas mis expectativas. Con una sensibilidad extraordinaria, lograba entrelazar las necesidades más profundas de las personas al final de la vida con el legado de amor y servicio de san Camilo. Cada sesión integraba espiritualidad y humanidad, ofreciéndome nuevas luces para comprender y acompañar los temores, las preguntas y las esperanzas que los enfermos expresaban en su relación con Dios.
Ser testigo y partícipe de estos primeros veinticinco años del Centro San Camilo constituye para mí un motivo de profunda gratitud y una satisfacción difícil de expresar con palabras.

P. Silvio, háblenos, por favor, del papel que desempeña el voluntariado en el Centro San Camilo.
Quisiera subrayar, ante todo, la enorme importancia que tiene el voluntariado para nuestra institución. Durante los primeros años del Centro San Camilo, toda la actividad se desarrolló exclusivamente gracias al trabajo de personas voluntarias. Eran personas debidamente capacitadas, sí, pero que contaban apenas con los recursos indispensables. Había una gran pobreza de medios materiales; sin embargo, abundaba algo mucho más valioso: la voluntad firme y generosa de servir a quienes más lo necesitaban. Precisamente de ahí proviene la fuerza del voluntariado.
Esta experiencia nos permitió reconocer y valorar al voluntariado como una fuerza insustituible, capaz de sostener e impulsar la misión del Centro desde sus inicios hasta el día de hoy.
Es importante destacar que los voluntarios no sólo colaboran en las actividades de servicio. Algunos de ellos f orman parte de la Mesa Directiva, coordinan distintas áreas de trabajo, participan en el Consejo Directivo y contribuyen activamente en la toma de decisiones. En este sentido, puede afirmarse que el voluntariado constituye una de las columnas vertebrales de la asociación.
Siguiendo las consignas de san Camilo: «Humanizarse para humanizar» y «Más corazón en las manos», comprendimos desde el principio que era necesario formar personas capaces de vivir y transmitir una auténtica cultura de la humanización. Por ello, hemos procurado integrar la capacitación profesional con el crecimiento humano, uniendo el conocimiento, la reflexión y la conciencia crítica con la afectividad, la compasión y los valores humanos. En otras palabras, buscamos formar personas que sepan armonizar la inteligencia con el corazón para acompañar mejor a quienes sufren.
A propósito de los valores humanos, me surge una pregunta. En un mundo tan convulsionado como el actual, marcado por la violencia y la deshumanización, donde priman el individualismo y la indiferencia, ¿cómo podemos vivir estos ideales y compartirlos con los demás?
Podríamos decir que, durante los primeros años, nuestro trabajo estuvo más centrado en el mundo de la enfermedad, el sufrimiento y las relaciones humanas vinculadas a estas experiencias. Sin embargo, conforme avanzamos en nuestro camino, fueron emergiendo nuevas realidades y desafíos a los que hemos intentado responder desde nuestra misión y nuestros valores.
Uno de ellos ha sido, por ejemplo, el tema de la muerte, abordado a través de la tanatología y del
acompañamiento en los procesos de duelo. Con el paso de los años hemos tenido que profundizar especialmente en situaciones cada vez más complejas: los duelos complicados , los provocados por desapariciones de personas, los llamados duelos ambiguos y otras experiencias de pérdida que hoy afectan profundamente a nuestra sociedad.
Estos temas han ido adquiriendo una relevancia creciente a lo largo de estos veinticinco años. Y no es casualidad. Hace un cuarto de siglo la realidad social era distinta: la violencia era menor, la vida cotidiana transcurría con mayor tranquilidad y el tejido social de la ciudad se mostraba más sólido y menos fragmentado.
Recuerdo, por ejemplo, que entonces podíamos desplazarnos con facilidad a las comunidades periféricas. De hecho, llegamos a trabajar en alrededor de ochenta comunidades en tan solo dos años, impartiendo cursos de veinte horas cada uno. Fue una experiencia de gran alcance y enorme riqueza. Hoy, en cambio, las circunstancias han cambiado y hemos tenido que adaptar algunas de nuestras estrategias y formas de presencia para seguir respondiendo a las necesidades de las personas en un contexto social mucho más complejo.

Dra. Luz Elena Navares Moreno
Ser voluntaria ha sido una de las mayores bendiciones de mi vida, porque al servir a los demás también he recibido innumerables dones y gracias. Los talentos que Dios puso en mí se han fortalecido y multiplicado a través de cada encuentro, de cada persona acompañada y de cada experiencia compartida.
He aprendido que el servicio no sólo transforma la vida de quien recibe ayuda, sino también la de quien la ofrece con amor, disponibilidad y entrega.
Hoy agradezco profundamente formar parte de esta gran familia. El Centro San Camilo me ha brindado la oportunidad de servir, pero también de crecer humana, espiritual y profesionalmente. Cada experiencia vivida me ha dejado enseñanzas valiosas y la certeza de que acompañar a otros en sus momentos de mayor fragilidad es una de las expresiones más


A lo largo de esta entrevista hemos hablado de la importancia del voluntariado y de las personas que han sido protagonistas de estos veinticinco años de historia. ¿Podríamos profundizar un poco más en este tema? Sin duda, resulta una experiencia inspiradora y motivadora.
Por supuesto. La historia del Centro San Camilo es, en gran medida, una historia de voluntariado. Pero no de cualquier voluntariado, sino de un voluntariado comprometido con su propia formación y crecimiento. Desde nuestros inicios hemos considerado indispensable que quienes desean incorporarse a las distintas actividades de servicio participen previamente en nuestros cursos, talleres y diplomados. Esta exigencia nos ha permitido, además, desarrollar una sólida dimensión académica que, en los primeros años, no existía de manera formal ni estructurada.
Así, por ejemplo, quienes posteriormente facilitan grupos de apoyo en duelo reciben una formación específica en Acompañamiento en el Duelo; los voluntarios que realizan labores de counseling se preparan mediante los programas de Relación de Ayuda; y quienes acompañan a personas con enfermedades crónicas o terminales en sus hogares cursan una capacitación especializada en Cuidados Paliativos
A lo largo de estos años hemos procurado mantener siempre una doble dimensión: la formación y la práctica del acompañamiento. Nuestro objetivo ha sido que ambas se enriquezcan mutuamente en un proceso
continuo de retroalimentación. No queremos una formación exclusivamente académica, limitada a los libros o al aula; buscamos que esté profundamente vinculada con la experiencia concreta de las personas y sus necesidades reales. Del mismo modo, queremos que la práctica cotidiana encuentre en la formación los fundamentos y herramientas necesarias para realizarse con mayor calidad y profundidad.
Éste ha sido nuestro ideal, aunque reconocemos que no siempre resulta fácil alcanzarlo plenamente: integrar la acción y la reflexión, el servicio y el aprendizaje , de manera que no recorran caminos paralelos, sino que se encuentren, dialoguen y se fortalezcan mutuamente.
Doy fe de ello. He podido constatarlo tanto en la práctica como en los libros que se editan aquí. Resulta admirable observar cómo las experiencias más genuinas y significativas del acompañamiento humano, tan intensas y profundas, han sido recogidas, reflexionadas y transformadas en textos que antes no existían, enriqueciendo así el conocimiento y la formación en estos campos.
Sí, ésa ha sido siempre una de nuestras principales inquietudes y continúa siéndolo de cara al futuro: que las dos grandes áreas del Centro —el acompañamiento a las personas que sufren y la formación— no recorran caminos separados, sino que se nutran mutuamente.
Pienso que éste constituye el eje central de nuestra propuesta y, al mismo tiempo, uno de sus rasgos más valiosos. La riqueza del Centro San Camilo radica precisamente en que ambas dimensiones avanzan juntas, dialogan constantemente y se fortalecen entre sí. La experiencia del acompañamiento genera preguntas, aprendizajes y reflexiones que enriquecen la formación; y la formación, a su vez, ofrece fundamentos, herramientas y perspectivas que hacen más profundo y eficaz el acompañamiento.
Éste ha sido nuestro propósito desde el inicio y sigue siendo nuestro horizonte: que ambos sectores caminen al unísono, creciendo juntos al servicio de las personas que más lo necesitan.


Lic. Marcela Medina
Coronado
A lo largo de estos años he comprendido que acompañar el sufrimiento humano transforma profundamente también a quien sirve. Cada historia escuchada, cada lágrima compartida y cada abrazo ofrecido me han enseñado el valor de la empatía, de la escucha atenta y de la presencia amorosa.
El Centro San Camilo se convirtió para mí en un espacio permanente de aprendizaje, pero también en una familia que ha fortalecido mi fe, mi vocación y mi manera de mirar la vida.
Han transcurrido ya trece años desde mi primer encuentro con la filosofía de san Camilo de Lelis. Hoy, al celebrar los veinticinco años del Centro San Camilo en Guadalajara, me siento profundamente honrada y agradecida por haber formado aquí mi corazón y mi persona, rodeada de seres humanos extraordinarios y formando parte de una comunidad comprometida con el servicio y la humanización.
Celebro con alegría este aniversario y agradezco la huella que el Centro ha dejado en la vida de tantas personas, incluida la mía.
renales, como parte de esta celebración. Concluiremos el 14 de julio, fiesta litúrgica de san Camilo según la Iglesia católica, con la develación de una placa conmemorativa por los 25 años del Centro, una Celebración Eucarística y un convivio sencillo con colaboradores y voluntarios.
¿Qué actividades se han considerado para celebrar el vigésimo quinto aniversario del Centro San Camilo?
Hemos procurado organizar un programa sencillo, acorde con la filosofía del Centro San Camilo: con mucha humildad, sin pretensiones de lujo, mediante actividades austeras, significativas y cercanas
Algunas de ellas ya se han realizado. El pasado 24 de mayo tuvimos un retiro espiritual, acompañado por la celebración de la Eucaristía y un concierto de música clásica.
Del 4 al 14 de julio tendremos una serie de conferencias, además de algunas actividades en línea.
También abriremos espacios para acoger a las personas que han participado en los grupos de ayuda, con el fin de que puedan compartir su experiencia. Asimismo, tendremos un encuentro con enfermos

Además, hemos preparado una propuesta artística e iconográfica: c arteles con imágenes y textos alusivos, lonas y un tríptico conmemorativo, que serán presentados a manera de exposición. No faltará una presencia en las redes sociales y en YouTube del CSC.
Muchas gracias, P. Silvio, por compartir con nosotros esta conversación. Nos unimos con alegría a la celebración de estos veinticinco años de vida, servicio y esperanza.
¡Más corazón en las manos!

Eduardo Casillas González / Doctor en derecho - Maestro
Bioética y Humanización
La Bioética permea y, de hecho, debe permear todos los rubros de la actividad humana y, no solo, de la realidad en su conjunto. “Humanizar al ser humano es urgente. Vitalizar el capital ético y diseminarlo es una vía para contrarrestar el poder político, la sordera de religiosos fanáticos, así como las redes impulsadas por banqueros, cuyas nefandas metas han sumido al mundo en la bancarrota.” (Kraus Arnoldo, “Meme: ideas viejas, ideas nuevas”, Nexos, México, año XLVII, núm. 556, abril de 2024, p. 87). La cita, del recientemente fallecido médico e investigador mexicano, por muchos años dedicado a la bioética, Arnoldo Kraus, resuenan específicamente respecto a la humanización del ser humano, en el contexto social que atravesamos. Las redes sociales, lo sabemos, son un aspecto central, justamente de la realidad que construimos y que vamos creando.

En ese punto, el investigador mexicano añade: “La Tierra y el ser humano están amenazados. Si los memes diseminan información cultural y fortalecen o modifican a las personas –quiero pensar que lo hacen “para bien”-, sembrar memes éticos como contrapeso para frenar las enfermedades del mundo es idea adecuada”.
En la era de vertiginosos cambios tecnológicos en la que nos encontramos y en la cual el futuro ya nos alcanzó y discurre día a día, segundo a segundo; era en la que la inteligencia artificial ha irrumpido repentinamen-
te imbuyendo toda la realidad material e inmaterial, los instrumentos que nos ofrece la misma tecnología pueden ser de utilidad para humanizar el entorno; los artículos de opinión también, en el espacio que nos toca: de hecho, es uno de los modestos objetivos que nos hemos venido proponiendo con estas entregas bimestrales, ya desde enero de 2009.
Kraus propone a los memes éticos como propuesta de humanización; la idea no nos parece descabellada para sumar a nuestra propuesta y a los temas que hemos desmenuzado hasta este punto: “ Empatía, bondad, resiliencia, otredad, altruismo, compasión, solidaridad son bienes humanos. Se aprenden en casa. Se contagian en la escuela y en las calles de la infancia. Justicia, benevolencia, honestidad, lealtad y generosidad son también valores humanos. La suma de las cualidades previas son pilares del capital ético”. Capital ético del cual necesitamos abundante y urgentemente, y del cual creemos que la bioética es una de sus fuentes principales: un insumo para ser mejores profesionistas, pero, ante todo, mejores personas.
El autor citado, con el cual coincidimos, propone aprovechar los vertiginosos cambios tecnológicos, para humanizar a la sociedad, hacerla regresar a las bases éticas , a los cimientos de siempre, y se apuesta por su transmisión, haciendo justamente el paragón con los memes, que todos los días nos llegan a nuestro aparato de mano como fugaces propuestas de felicidad instantánea.
El conocimiento y la ética en el mundo digital son opciones, acaso, irremplazables para ir forjando desde lo que podemos, una mejor sociedad, una más humanizada. Ahora bien, es sabido que no todas las personas nacieron en la era del internet y del “todo en diez minutos”. Son nativos digitales quienes nacieron en las décadas del ochenta y noventa del siglo pasado, entre las cuales se encuentra quien esto escribe.
En aquellos años, la tecnología digital comenzaba a ganar terreno; en las naciones avanzadas pronto estuvo al alcance de las personas que habitaban sus territorios, sobre todo, como siempre, de las clases más pudientes. Como apunta Kraus en una colaboración posterior (“Conocimiento y ética en el mundo digital”, Nexos, México, año XLVII, núm. 557, mayo de 2024, p. 84): “Los nativos digitales cuestionan poco el crecimiento sin freno de la tecnología digital: son parte de ella. Sin sus beneficios y bonanzas, la vida es impensable; crecer con ella y en ella aleja casi cualquier cuestionamiento sobre su provecho y posibles perjuicios”. He ahí una de las paradojas de esa realidad.

Eduardo Casillas González ÉTICA
Hay otra generación a tener en cuenta, y que tiene que ver directamente con la necesidad de irradiar ética y derecho, aprovechando las actuales circunstancias, que es la de los inmigrantes digitales : las personas nacidas antes de la década del ochenta, que crecieron ajenas a los portentos de la era digital y fueron capaces –son- de construir su existencia sin o con la menor dependencia técnica, en relación a lo que estamos acostumbrados. No se podría catalogar a un grupo mejor que otro; son distintos. Cada uno cuenta con sus bondades.
Ahora bien, aterrizando la ética y sus aplicaciones en reformas legislativas recientes, valdría la pena volver a acudir a las bases. Una de ellas, la breve Declaración de los Derechos Humanos de 1948 , de la cual se desprenden un par de pautas inmediatas: la voluntad (positiva) de quienes la forjaron y, por otra parte, la realidad (negativa, triste).
El documento, con las mejores intenciones de la ONU, está fechado apenas tres años después del término de la Segunda Guerra Mundial. Razones de sobra se podían esgrimir para encontrar las veredas extraviadas a restituir la esencia humana. Nuestra especie, de hecho, ha creado innumerables declaraciones, todas ellas impregnadas de “voluntades sanas”, pero es justamente Homo sapiens quien más ha destruido, precisamente a pesar de su inteligencia (bombas nucleares, armamento por doquier). De ahí la necesidad de humanizar: de ahí la necesidad de la bioética.
La posibilidad de aplicar los treinta principios enlistados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos hace regresar a la realidad del día de hoy, que es lo que queremos transmitir en esta entrega, un poco


a manera de compendio de lo que la bioética representa para la humanización, junto con uno de sus principales socios: el campo de los derechos humanos . Dice el preámbulo o, como decimos los abogados, la exposición de motivos: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana” […] “La Asamblea General proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común para que todos los pueblos y naciones deban esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades…”.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un conjunto de “principios humanos para seres humanos”. Se adicionan ley y ética, como inmejorable binomio (en el papel). La realidad como sabemos es muy distinta; la historia posterior es también testigo. Sería difícil calcular la cifra de seres humanos cuyos derechos son inexistentes o conculcados cotidianamente y cuyas vidas no van más allá de la cotidiana supervivencia, debido a la nula ética de quienes detentan el poder.
Resumiendo: la bioética y los derechos humanos constituyen un binomio fundamental para el reforzamiento del esfuerzo de humanización sobre todo en el ámbito sanitario y asistencial, que intentamos llevar a cabo cotidianamente, tanto desde el aula, como desde la investigación. Enhorabuena por este primer cuarto que el Centro San Camilo celebra, y cuya labor como sabemos se centra precisamente en ello. ⚫

Mtro. Omar Olvera Cervantes
La novedad de la Tanatología y la formación para el acompañamiento
La verdadera formación se reconoce en la capacidad de cuidar con amor, respeto y dignidad al que sufre
La tanatología es una disciplina relativamente reciente dentro de las ciencias humanas y de la salud, aunque sus raíces antropológicas, filosóficas y espirituales son muy antiguas; desde las primeras civilizaciones el ser humano ha intentado comprender la muerte, el sufrimiento, la pérdida y el sentido de la existencia. Sin embargo, la tanatología contemporánea surge formalmente en el siglo XX como r espuesta a una transformación cultural profunda , que está relacionada con la medicalización de la muerte, el aislamiento del moribundo y el silenciamiento social del duelo. Estos fenómenos se han agudizado en estas décadas y principalmente desde la pandemia del COVID.
Como disciplina emergente, la tanatología todavía se encuentra en proceso de consolidación epistemológica, metodológica y profesional; continúa definiendo sus límites, sus campos de intervención, sus fundamentos teóricos y su identidad frente a otras disciplinas como la psicología, la medicina, el counseling, los cuidados paliativos, el trabajo social o la pastoral.
La tanatología, en sentido amplio, puede entenderse como el estudio interdisciplinario de la muerte, el morir, las pérdidas significativas, el duelo y los procesos de sufrimiento humano relacionados con la finitud. Entonces su objeto no es solamente la muerte biológica, sino también el conjunto de significados filosóficos, antropológicos, culturales, emocionales y espirituales de las múltiples pérdidas que atraviesan la existencia humana.
La diversidad de pérdidas que la persona humana experimenta a lo largo de su vida hace que la tanatología no pueda reducirse únicamente a la intervención emocional o clínica, por lo que empiezan a aparecer diversos enfoques de los cuales podemos delimitar al menos dos de gran relevancia aparte de la Tanatología como disciplina filosófica y antropológica, estos son la Tanatología Clínica y la Tanatología Educativa.
Tanatología Clínica
La Tanatología Clínica se configura como un campo

de intervención especializado que responde a una de las realidades más complejas de la experiencia humana, como lo es el sufrimiento profundo asociado a la enfermedad, a la cancelación de los proyectos vitales, de la vida social o laboral y a la cercanía de la muerte. Su orientación no es meramente teórica, sino eminentemente práctica, centrada en el acompañamiento de personas que atraviesan momentos de alta vulnerabilidad emocional, física y espiritual. La metodología y el enfoque se fundan en los Cuidados Paliativos .
En estos escenarios, la labor tanatológica no consiste en “resolver” el sufrimiento, sino en humanizarlo, es decir, en acompañarlo, hacerlo comprensible y, en la medida de lo posible, integrable en la historia de la persona. El eje del acompañamiento no es sostener la esperanza de una curación —que muchas veces ya no es posible—, sino en el cuidado, en la integración de un diagnóstico catastrófico o en la integración de un proceso de salud que se orienta de forma clara hacia la muerte.

Mtro. Omar Olvera Cervantes
Esto implica favorecer la calidad de vida en condiciones adversas, atender el impacto emocional del dolor, acompañar los procesos de duelo y ofrecer contención ante experiencias como la ansiedad, el miedo o la desesperanza; además se suma una dimensión igualmente relevante, que tiene que ver con el acompañamiento a la familia, que también vive su propio proceso de pérdida, así como la preparación para la muerte, entendida no como un evento aislado, sino como una etapa que puede ser vivida con mayor conciencia, sentido y dignidad.
Su eficacia y profundidad dependen en gran medida de su articulación con otras disciplinas —medicina paliativa, psicología, psiquiatría, enfermería, trabajo social y acompañamiento espiritual—, configurando así un abordaje integral que reconoce a la persona en todas sus dimensiones.
Tanatología Educativa
La Tanatología Educativa se configura como una propuesta formativa que responde a una necesidad profunda de nuestro tiempo, que tiene que ver con integrar en nuestra conciencia el estado natural de vulnerabilidad, la realidad de las pérdidas continuas dentro del propio horizonte existencial y la finitud cierta con mayor conciencia, sentido y humanidad. A diferencia de otros enfoques que están centrados exclusivamente en la intervención ante el sufrimiento ya instalado, su horizonte es anticipativo y formativo, orientado a generar en las personas recursos internos y relacionales que les permitan afrontar las crisis antes, durante y después de que éstas ocurran.
En este sentido, su finalidad no radica solo en el acompañamiento del proceso del duelo, sino en la configuración de una mirada capaz de integrar la muerte y el dolor dentro de la experiencia humana, que es finalmente una preparación que genera recursos personales para el afrontamiento de las perdidas. Esto implica formar la conciencia y abrir espacios de diálogo donde tradicionalmente ha prevalecido el silencio, y favorecer procesos reflexivos que permitan comprender la pérdida no solo como ruptura, sino también como posibilidad de resignificación. Desde aquí, el trabajo tanatológico se convierte en un proceso educativo que fortalece la resiliencia, promueve el acompañamiento humanizado y abre a la dimensión del sentido, elemento central en la elaboración de cualquier experiencia de sufrimiento.
Esta orientación se encuentra profundamente en sintonía con el modelo educativo del Centro de Humanización Camilo de Lelis , el cual concibe la formación como un proceso integral que articula conocimiento, experiencia y compromiso. Bajo esta perspectiva, no basta con comprender conceptualmente la muerte o el duelo; es necesario integrarlos en la propia vida, de modo
que el aprendizaje se traduzca en una transformación personal y en una capacidad real de estar con el otro. De acuerdo con esto, la Tanatología Educativa no tiene como finalidad solo transmitir contenidos, sino que acompaña procesos de humanización, donde el sujeto se reconoce en su propia fragilidad y, desde ahí, se abre al encuentro con el sufrimiento ajeno.
De ahí que sus espacios de acción sean diversos y ampliamente insertos en la vida social, en instituciones educativas, en comunidades, en procesos pastorales, en programas de prevención o acompañamiento grupal. En todos estos contextos el énfasis recae en la construcción de comunidad y en la generación de entornos donde la experiencia pueda ser compartida, narrada y resignificada. La metodología que emplea responde a esta lógica, privilegiando el diálogo reflexivo, las dinámicas participativas, el uso de narrativas, el recurso simbólico y expresivo del arte, así como la pedagogía experiencial. Estas herramientas no buscan únicamente transmitir información, sino facilitar que la persona se apropie del aprendizaje desde su propia historia.
En coherencia con el enfoque andragógico y constructivista del modelo CHCL, el conocimiento se construye en interacción, en el intercambio de experiencias y en la reflexión situada. Por ello, la Tanatología Educativa se despliega como un proceso comunitario donde cada participante no solo aprende, sino que también se convierte en mediador de sentido para otros. Esta dimensión comunitaria es clave, ya que contribuye a romper el aislamiento que frecuentemente acompaña al sufrimiento y favorece la construcción de una cultura más abierta, consciente y solidaria frente a la muerte.
Ahora bien, si se la compara con la Tanatología Clínica, la diferencia no es de oposición, sino de enfoque y momento de intervención. Mientras que la práctica clínica se sitúa con mayor intensidad en escenarios de crisis y requiere estrategias de contención más especializadas, la vertiente educativa trabaja en el desarrollo de capacidades humanas que permiten prevenir complicaciones derivadas de la negación, el desconocimiento o la falta de recursos emocionales. En este sentido, ambas dimensiones se complementan.
Las iniciativas formativas del Centro San Camilo (CSC) encarnan precisamente esta novedad, al proponer espacios donde el aprendizaje no se limita a la adquisición de contenidos, sino que se convierte en un camino de transformación personal y compromiso con el otro. A través de programas académicos, talleres, procesos comunitarios y formación pastoral, el CSC articula una pedagogía que prepara a las personas para comprender, afrontar y acompañar el sufrimiento desde una perspectiva profundamente humanizadora. ⚫

ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL
Lic. Maribel Delgado / Coordinación proyecto
Asociaciones Unidas por la Salud, en CSC
Relación y vinculación del CSC con grupos y asociaciones
Cuando las instituciones y asociaciones se encuentran desde la escucha, el cuidado deja de ser una tarea individual para convertirse en una construcción comunitaria. Así se ha tejido, a lo largo de 25 años, una red viva de acompañamiento, formación y humanización.
A25 años de su fundación, el Centro San Camilo ha consolidado una trayectoria profundamente vinculada al acompañamiento del sufrimiento humano. Sin embargo, uno de sus desarrollos más significativos no ha sido únicamente la formación o la intervención directa, sino también la capacidad de tejer relaciones de colaboración con instituciones, asociaciones y grupos, configurando un camino compartido hacia la humanización social.
Este recorrido ha sido un proceso dinámico, construido en diálogo constante con la realidad. Los encuentros y vínculos generados han permitido escuchar las necesidades emergentes y traducirlas en acciones concretas , dando forma a una red viva que responde al sufrimiento humano desde una perspectiva comunitaria.
Escuchar en comunidad genera respuestas, y la relación se transforma en vínculo capaz de humanizar Las relaciones que han dado origen a esta trayectoria no nacen únicamente de estructuras institucionales, sino de una escucha profunda de las realidades humanas: la enfermedad, el duelo, la vulnerabilidad social y la crisis existencial. En esta escucha, la vinculación deja de ser solo una estrategia y se convierte en una experiencia de encuentro que trasforma.
Las asociaciones civiles, los grupos comunitarios y las instituciones de salud participan de manera colaborativa en la construcción del sentido del acompañamiento. En esta reciprocidad se fortalece un tejido social más humano, consciente y solidario.
Cuando la vinculación se vive en sinergia, surge la pertenencia y la corresponsabilidad. A lo largo de estos años, la relación con otras asociaciones ha evolucionado hacia una dinámica de integración más profunda. La colaboración construida ha permitido que los espacios compartidos no sean únicamente eventos formativos, sino verdaderos procesos de comunidad.
Este tránsito revela una convicción fundamental: la vinculación auténtica genera pertenencia, y la pertenen -

cia compromete. Compromete a cuidar, acompañar y responder, de manera corresponsable, a las necesidades del entorno. Como señala Allan Kellehear: “El cuidado no puede ser responsabilidad exclusiva de los servicios de salud; debe ser una responsabilidad de toda la comunidad”.
En este contexto, la necesidad de formar y acompañar dio origen a un espacio vivo. En el año 2020, ante un escenario de creciente necesidad social y sanitaria, surgieron con mayor fuerza las Jornadas por la Salud: una respuesta de humanización frente a la demanda poblacional y la urgencia generada por la pandemia de COVID-19. Más que un programa, las Jornadas se consolidaron como una propuesta educativa y formativa construida en colaboración, orientada a fortalecer el autocuidado, el acompañamiento y la conciencia social.
Cada jornada mensual posee una identidad propia y responde a necesidades reales y cambiantes. Los contenidos no se repiten; cada encuentro es único, diseñado desde la escucha y orientado a la acción. En este espacio —virtual y presencial— no solo se transmite conocimiento: también se genera comunidad, se construyen vínculos y se fortalece una cultura del cuidado compartido.
Uno de los aportes más significativos de esta vinculación ha sido el desarrollo de procesos formativos personalizados , especialmente dirigidos a asociaciones que acompañan a poblaciones en situación de vulnerabilidad. Estos procesos nacen de la escucha concreta: se identifican necesidades específicas, se comprenden los contextos y se diseñan programas adecuados a cada realidad.
Asimismo, se ha incorporado una sensibilidad ética frente a las condiciones económicas, generando esquemas accesibles que permiten que la formación llegue a quienes más la necesitan. De esta manera, la formación deja de ser un privilegio para convertirse en una herramienta de equidad, fortaleciendo tanto el acompañamiento individual como la estructura comunitaria.
Al integrar saberes y experiencias, la humanización
Lic. Maribel Delgado
Colaboraciones destacadas
Entre las muchas asociaciones con las que hemos “tejido” relaciones, queremos destacar alguna de ellas:
Centro de Atención para Especialistas en Atención a Personas de la Tercera Edad Madre Teresa de Calcuta AC (con las hermanas María Delfina Moreno y Josefina Rea y el Sr. Eduardo Garibay);
El Patronato del Hospital de Zoquipan y el Albergue y Asilo de la Divina Providencia (los cónyuges Corona y Javier Robles);
Los grupos de Pastoral de la Salud de muchas parroquias de Guadalajara, con el Consejo Nacional y Provincial de Pastoral de la Salud;
El Grupo ANASVO del Hospital Valentín Gómez Farías; La AC Salud Renal Integral Camilo de Lelis (el psicólogo Cliserio Rojas Santes);
La Fundación Stella Vega AC y su presidenta, la Sra. Viviana Álvarez);
El Asilo San José de Zoquipan (con las Hermanitas de los Ancianos Desamparados);
La Casa Hogar Padre Luis Tezza (y las religiosas Hijas de San Camilo);
Los Albergues “Mano Amiga” (con el Dr. Gustavo López Amado) y “Galilea 2000” (con la Sra. Maru Casillas);
Las iniciativas formativas en Coatzacoalcos (con la Dra. Ana Luisa Ochoa), Orizaba (con la Dra. Esther Mellado), Tijuana (con el Sr. Hilario Onofre), Hermosillo (con el p. Jorge Estrella), Toluca, La Ciudad de México (Fundación “Acompaña”), León (con el Dr. Silvestre Saldaña), Piedras Negras (con la Dra. Lorena Saenz) y muchas otras.
La Asociación Civil Casa Hogar “Acéptame como soy” de Oaxaca (con la Sra. María Andrade).
se convierte en un horizonte compartido. La vinculación entre asociaciones ha permitido avanzar hacia una comprensión más amplia de la salud: una visión integral que articula las dimensiones biológica, psicoemocional, cognitiva, relacional-social y espiritual.
Humanizar implica no solo atender el sufrimiento, sino también anticiparse a él: formar para prevenir,
ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL
acompañar y transformar. Esta visión se traduce en una propuesta formativa que busca nuevas maneras de pensar, cuidar y responder a las complejidades del mundo actual.
Como plantea Edgar Morin: “La verdadera reforma del pensamiento consiste en reconocer la interdependencia de todos los fenómenos humanos ”.
Al tejer comunidad, emerge también una propuesta viva: las comunidades compasivas . En este proceso, la experiencia acumulada ha ido dando forma a una intuición más amplia: la construcción de comunidades capaces de acompañar el sufrimiento desde la cercanía y la corresponsabilidad. Aunque esta propuesta aún no se consolida como una estructura formal, ya se expresa en la práctica cotidiana. Cada jornada, cada alianza y cada proceso formativo han sido hilos que fortalecen este tejido. Las comunidades compasivas no se imponen; se construyen en la relación, la cercanía y el compromiso con el otro.
Desde esta experiencia nace la iniciativa “Voces que tejen comunidades compasivas” , como una expresión natural del camino recorrido. Su propósito es visibilizar, recoger y proyectar las experiencias de las asociaciones que han formado parte de esta historia compartida. No representa un punto de partida, sino el reconocimiento de un proceso ya vivido. Es, al mismo tiempo, una invitación a consolidar este tejido, fortalecer la identidad comunitaria y continuar construyendo juntos.
Al celebrar 25 años de trayectoria, el servicio se transforma en compromiso comunitario. A lo largo de este tiempo, el Centro San Camilo ha transitado de una lógica centrada en el servicio individual hacia una visión de construcción comunitaria del cuidado.
Hoy, la vinculación con asociaciones no es solo una estrategia: es una forma de ser, de estar y de responder. Es una manera de insertarse en la realidad y de edificar, junto con otros, nuevas posibilidades de humanización. En cada jornada y en cada encuentro se reafirma una convicción: la humanización se construye en comunidad.
Y así, el tejido continúa. La invitación es a seguir construyendo juntos. El camino permanece abierto. La necesidad de formar, acompañar y humanizar sigue vigente. En este proceso, cada asociación, cada profesional y cada voluntario se convierten en parte del tejido: hilo, voz y puente
En el Centro San Camilo, a 25 años de su fundación, esa vocación continúa tejiéndose en comunidad. Porque humanizar no es solo una tarea institucional, sino también una vocación compartida. ⚫

Publicaciones del Centro San Camilo
Manuales
Tanatología Educativa. Sensibilizar y Humanizar el Morir, 2025. Manual que sistematiza un amplio material sobre tanatología y ofrece orientaciones prácticas para el acompañamiento en el proceso de duelo.

Manual de Pastoral de la Salud, (2015) 2020. Subsidio que recoge los avances más relevantes en esta disciplina y ofrece una sólida base teórica para emprender actividades de pastoral de la salud.

Habilidades de Relación de Ayuda, 2020. Propuesta sencilla, con fundamento metodológico y validada en la práctica, para acompañar a personas que sufren a causa de cualquier tipo de pérdida.

Curar, Cuidar, Consolar. Los Cuidados Paliativos, 2017. Recopilación de los principales aportes en cuidados paliativos, orientados a un acompañamiento interdisciplinario de personas en etapa terminal o con enfermedades crónico-degenerativas avanzadas.



Vivir el Duelo Acompañado. Manual para grupos de ayuda, 2013.
Obra que presenta, a partir de la experiencia del CSC, fundamentos para comprender el duelo y herramientas prácticas para trabajarlo en pequeños grupos de apoyo.

Para un crecimiento personal
Sentimientos, afectos y espiritualidad. Herramientas para el manejo de las emociones, 2017.
Guía que integra los aspectos psicológicos y espirituales para abordar situaciones existenciales complejas: el sentido de la vida y del sufrimiento, el vacío espiritual, los cambios o pérdidas de valores, el cuestionamiento de creencias religiosas y la dificultad para armonizar la vida espiritual con el bienestar psicológico.


Quien ayuda al prójimo, mejora a sí mismo. Hacia un voluntariado inspirado en Cristo, 2019. Texto que presenta el voluntariado como una
Seguir a Jesús, el Misericordioso. Reflexiones para hacer bien el bien, 2018. Reflexiones orientadas a mantener viva la llama del compromiso y la pasión en el servicio voluntario y en la actividad profesional al cuidado de los demás.

Pbro. Silvio Marinelli

presencia crítica frente a las injusticias sociales, capaz de detectar sufrimientos ocultos, denunciar situaciones de deshumanización y promover acciones transformadoras al servicio de quienes más sufren.
Cuadernos para talleres
Acompañamiento a los que sufren, 2016. Cuaderno 1.
Serie de temas destinados al trabajo y la formación de grupos de voluntariado.

Manual de Pastoral de la Salud, 2002. Cuaderno 3. Material de apoyo para agentes de pastoral de la salud y ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión.

Habilidades de Liderazgo y Manejo de los Grupos, 2005. Cuaderno 5. Agotado.

Iniciación al Diálogo y a la Relación de Ayuda, 2015. Cuaderno 2. Subsidio para talleres dirigidos a trabajadores del ámbito de la salud y la asistencia, voluntarios y personas interesadas en el acompañamiento humano.

Cuidado del Enfermo Terminal, 2012. Cuaderno 4. Agotado. El contenido fue ampliado y reestructurado posteriormente en Curar, Cuidar, Consolar. Los Cuidados Paliativos.


Talleres de Promoción de la Salud, 2006. Cuaderno 7. Subsidio para grupos y comunidades interesados en el autocuidado de la salud: alimentación, ejercicio físico, higiene, salud mental y prevención de enfermedades como la diabetes, así como de accidentes.
Páginas bíblicas y servicio a los enfermos, 2005. Cuaderno 6. Manual destinado a grupos de pastoral de la salud, orientado a favorecer la reflexión y el compromiso en el servicio a los enfermos.

Revista Vida y Salud
Publicación orientada al diálogo con el mundo del sufrimiento humano, la medicina, la bioética y la espiritualidad, ofreciendo reflexiones y recursos para la humanización del cuidado y el acompañamiento. ⚫


Relaciones con instituciones públicas
Una de las áreas fundamentales dentro del Centro es la gestión de trámites, convenios y relaciones con organizaciones públicas y privadas . Esta labor incluye la coordinación de licencias municipales, convenios educativos y colaboraciones con asociaciones civiles, universidades y dependencias gubernamentales.
Entre las instituciones con las que Centro San Camilo mantiene una relación constante destacan DIF Jalisco, DIF Guadalajara, DIF Zapopan y la Subsecretaría de Asistencia Social. Asimismo, existen alianzas con universidades como UTEG y Enrique Díaz de León, además de organizaciones como Fundación Stella Vega PISA , Comisión de Derechos Humanos del Estado de Jalisco.
Gracias a estas alianzas, el Centro logra impulsar programas de intervención social enfocados en mujeres, grupos de duelo, centro de escucha, cuidadores de personas adultas mayores y acompañamiento a familiares de personas desaparecidas. También se gestionan apoyos económicos del Gobierno de Jalisco para fortalecer la difusión de la filosofía de Centro San Camilo: humanizar el sufrimiento desde una mirada profundamente humana y solidaria.
Parte importante del trabajo institucional también implica cumplir con procesos de transparencia y rendición de cuentas ante organismos como el SAT y Hacienda Pública del gobierno federal, debido a que Centro San Camilo cuenta con el reconocimiento de donataria autorizada. Este tipo de responsabilidades administrativas garantizan que la institución opere conforme a la ley y mantenga la confianza de quienes colaboran con su misión.
Aunque muchas veces el trabajo administrativo ocurre detrás, su impacto es directo en la vida de las personas atendidas. Mantener vigentes los trámites, convenios y programas permite que el Centro continúe funcionando diariamente y ofreciendo espacios de formación, acompañamiento y apoyo emocional para quienes atraviesan momentos difíciles.
Uno de los principales retos de este trabajo es la coordinación constante con dependencias gubernamentales, cuyos tiempos administrativos suelen ser complejos debido a la alta carga de trabajo que enfrentan. Sin embargo, el reconocimiento institucional que tiene


Centro San Camilo AC facilita la continuidad de muchos procesos y refleja la seriedad con la que la organización desarrolla su labor social.
Más allá de los procesos administrativos, lo que sostiene esta labor es la convicción de que cada trámite, convenio o alianza representa una oportunidad para que más personas reciban apoyo y acompañamiento. En el fondo, toda esta gestión responde al espíritu de la filosofía de San Camilo: ayudar a las personas desde las manos y el corazón, llevando esperanza y cercanía humana a quienes viven el dolor, el duelo o la pérdida. ⚫
Acompañamiento en el duelo de niños y adolescentes
La pérdida durante las primeras etapas de la vida transforma profundamente el mundo interior del niño y del adolescente. Afrontar la muerte de un ser querido requiere un entorno que ofrezca acogida, escucha activa y un compromiso genuino, mediante una relación cercana que valide todo lo que sienten en esta experiencia dolorosa

Comprensión del duelo infantil y adolescente
La elaboración del duelo exige preparación y sensibilidad para acompañar a niños y adolescentes en este proceso. Por ello, la intervención requiere una mirada humana, cercana y centrada en la persona. Cada experiencia de pérdida es única y se vive de manera diferente según la etapa del desarrollo, la historia familiar y los recursos emocionales de cada menor.
A diferencia de los adultos, muchas veces los niños y adolescentes no cuentan con las palabras suficientes para expresar lo que sienten. Por ello, el acompañamiento ofrece espacios seguros donde pueden comunicar sus
emociones a través del juego, el dibujo, la conversación, el silencio y otras formas de expresión emocional.
En los niños, el duelo suele manifestarse mediante cambios de conducta, dificultades escolares, miedos, irritabilidad o regresiones emocionales. En los adolescentes, además, pueden aparecer aislamiento, enojo, confusión o cuestionamientos existenciales. Ante estas manifestaciones, el acompañamiento no busca acelerar la manifestación del dolor ni evitarlo, sino ofrecer presencia y contención emocional para que puedan integrar la pérdida de manera saludable. La escucha activa y el respeto a sus tiempos son fundamentales para favorecer un proceso de adaptación más sano y humano.
Caminar acompañados
El acompañamiento resulta esencial en estas etapas, ya que brinda al niño y al adolescente herramientas de expresión y validación emocional que favorecen la elaboración del duelo y la integración positiva de la experiencia vivida. En este sentido, el Centro San Camilo capacita a un grupo de voluntarios para acompañar a esta población.
El proceso se desarrolla a lo largo de ocho sesiones, durante las cuales se camina junto a los participantes para que puedan reconocer y transitar su duelo. El trabajo se centra en el reconocimiento y la expresión de las emociones, que comparten con otros niños y adolescentes que atraviesan experiencias semejantes. De este modo, logran sentirse comprendidos y acompañados en un ambiente de calidez humana
A través de una relación cálida y respetuosa, los niños y adolescentes pueden integrar la pérdida en su historia de vida, transformar la vulnerabilidad en resiliencia y construir bases más sólidas para su desarrollo emocional.
Para concluir, prepararse en duelo infantil implica no solo adquirir conocimientos teóricos sobre la pérdida, sino también cultivar una profunda sensibilidad hacia el sufrimiento de los niños y adolescentes. El Centro San Camilo ofrece el curso de Tanatología Infantil, que brinda formación sobre diversos modelos de acompañamiento para niños y adolescentes en situaciones de enfermedad y duelo por la pérdida de un ser querido, así como ante otras circunstancias que generan sufrimiento en la infancia y la adolescencia ⚫

Fundación Stella Vega A.C. y Centro San Camilo A.C.: una alianza sostenida en el tiempo
Mtra. DH LTS Nancy J. Meza Bastida / Jefa operativa de Fundación Stella Vega
las mismas motivaciones que impulsan a la sociedad civil a trabajar por el bien común: responder a causas de interés público, buscando su resolución o una atención especializada; permitir que grupos organizados actúen de manera independiente, gestionen recursos propios y trabajen colaborativamente para consolidar metas enfocadas en la atención de una causa social.
En años recientes, las personas que viven en condición de vulnerabilidad se han convertido en una preocupación de alcance mundial, nacional y estatal. Se trata de una preocupación genuina, con profundo sentido humanista y centrada en la dignidad de la persona
En este contexto, es bien sabido que muchas organizaciones sociales generan grandes beneficios, no solo en el ámbito social, sino también en el desarrollo integral de las personas, buscando transformar realidades, contribuir al bienestar y mejorar la experiencia humana frente a las condiciones de vulnerabilidad.

El papel de las organizaciones sociales en la atención de las poblaciones vulnerables
El surgimiento de las organizaciones sociales , bajo la figura jurídica de asociación civil, data de la década de los años ochenta del siglo pasado, cuando comenzó a consolidarse una gestión más autónoma y organizada de la ciudadanía. Desde entonces, personas comprometidas con las necesidades sociales, comunitarias y altruistas han impulsado iniciativas orientadas al bienestar común y a la transformación social.
En pleno siglo XXI, la esencia de quienes integran estas organizaciones no ha cambiado. Permanecen vivas

¡Tremendo reto!, pero no imposible si se mantiene la premisa de trabajar colaborativamente entre grupos sociales y organizaciones de la sociedad civil , dejando atrás las prácticas individualistas dentro del objeto social. La visión de “los tuyos y los míos” nunca debería existir cuando se trata de causas sociales.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), mediante la Asamblea General celebrada el 25 de septiembre de 2015, estableció por unanimidad la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, concebida como un plan de acción en favor de las personas, el planeta, la prosperidad y la paz universal. Esta agenda plantea 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los cuales destaca el Objetivo 17: “Alianzas para lograr los objetivos” , que reconoce que, para alcanzar la sostenibilidad del planeta, es fundamental construir alianzas entre los distintos actores sociales: gobiernos, sector privado e iniciativa privada, así como la sociedad civil organizada, considerada un actor clave en este esfuerzo colectivo.
Una historia compartida y una alianza sostenida en el tiempo
Tal es el caso de Centro San Camilo A.C. y Fundación Stella Vega A.C. , organizaciones que, con el paso del tiempo, han madurado institucionalmente desde sus respectivas trincheras.

Centro San Camilo A.C. está dedicado a la humanización de la salud mediante la atención a las personas que sufren, así como a la capacitación de profesionistas y voluntarios, fomentando una cultura de valores, de respeto por la vida y de salud integral. Por su parte, Fundación Stella Vega A.C. se dedica a brindar apoyo integral a personas de escasos recursos, priorizando la atención de personas con enfermedad renal crónica y de personas adultas mayores en situación de desamparo.
Ambas instituciones poseen misiones específicas, pero comparten un mismo carisma: acompañar y humanizar el sufrimiento a través de servicios integrales.
Esta alianza inició en 2015, cuando un grupo de voluntarios de Fundación Stella Vega A.C. , que brindaba atención a personas con enfermedad renal crónica, manifestó la necesidad de fortalecer su formación humana y espiritual. Fue entonces cuando encontraron en Centro San Camilo A.C. una guía para profesionalizar el acompañamiento de las personas que sufren, mediante un modelo adecuado de atención en los procesos de salud-enfermedad.
Poco a poco, esta vinculación se transformó no solo en un espacio de formación para voluntarios y profesionales de la salud, sino también en una presencia constante de acompañamiento formativo, sustentado en modelos de relación de ayuda y tanatología.
Durante más de 20 años, Centro San Camilo A.C. ha sido un referente en capacitación y formación, consolidando el carisma de San Camilo de Lelis y contribuyendo a la humanización de la salud y de la enfermedad mediante la preparación de profesionales con bases sólidas en el humanismo y en la dignidad de la persona.
La capacitación y formación humanizada de profesionistas y voluntarios dedicados a la atención integral enfrenta hoy importantes desafíos , especialmente en un entorno laboral dominado por la tecnología y la automatización. Aunque existen múltiples opciones de formación en línea, no todas poseen la profundidad académica necesaria para promover el pensamiento crítico y la sensibilidad humana.
Otro desafío importante es la cultura de la inmediatez. La formación en humanización y atención integral

dentro del proceso salud-enfermedad exige reflexión, análisis y diálogo; requiere entrenamiento continuo, compromiso genuino e interés auténtico por fomentar la dignidad de las personas que sufren.
Otro factor importante que considerar dentro de los retos de la capacitación y formación humanizada se encuentra en aquellos profesionistas que, además, participan como voluntarios. En este ámbito se presentan desafíos particulares, ya que, por lo general, las personas colaboran de manera altruista, sin recibir remuneración económica alguna. A ello se suman limitaciones relacionadas con el tiempo disponible para el voluntariado, los distintos niveles de experiencia e intereses de especialización, la constante rotación de voluntarios dentro de las organizaciones civiles, el nivel educativo y, en muchas ocasiones, las propias limitaciones institucionales para invertir tiempo, recursos y esfuerzos en la capacitación de sus colaboradores.
Aun así, las limitantes no han sido obstáculo. Precisamente, Centro San Camilo A.C., a lo largo de 25 años, ha logrado consolidarse como impulsor de programas, cursos, talleres, jornadas y encuentros sobre un amplio abanico de temas, cuyo denominador común es la humanización del sufrimiento y la promoción de una salud integral.
Nuestra felicitación y reconocimiento por esta valiosa labor, por convertirse en un referente en la humanización del dolor y en la formación de profesionistas y voluntarios comprometidos con la dignidad humana.
Asimismo, expresamos nuestra profunda gratitud por ser un aliado fundamental de Fundación Stella Vega A.C., por su cercanía, acompañamiento y disposición permanente para compartir sus recursos institucionales y, sobre todo, su calidad humana. ⚫

Dra. Marisa Chávez / Coordinadora del área de Espiritualidad y motivación al compromiso
La familia del Voluntariado
En una sociedad marcada con frecuencia por la prisa, el individualismo y la indiferencia, la presencia de personas dispuestas a ofrecer gratuitamente su tiempo, sus capacidades y su cercanía a quienes atraviesan situaciones de enfermedad, duelo, soledad o crisis emocional , representa un verdadero signo de esperanza .
La disponibilidad para ayudar nace muchas veces de experiencias personales de sufrimiento, de gratitud por la ayuda recibida o de una profunda sensibilidad humana y espiritual. Hay quienes llegan al voluntariado porque han acompañado a un familiar enfermo, porque han vivido un duelo doloroso o porque han descubierto que el sufrimiento humano no puede afrontarse en soledad. En otros casos, la motivación surge de la fe y del deseo de vivir el Evangelio a través de obras concretas de misericordia. Todas estas motivaciones son valiosas y necesarias , pues el voluntariado requiere personas capaces de acercarse con compasión y respeto a quienes viven momentos de vulnerabilidad.
No obstante, el simple deseo de ayudar no basta cuando se trata de acompañar a personas que atraviesan situaciones complejas de sufrimiento físico, emocional o espiritual. El contacto con la enfermedad crónica, la terminalidad, el duelo o las crisis personales exige conocimientos, habilidades y actitudes específicas .
Una ayuda mal orientada, aun cuando nazca de la mejor intención, puede generar confusión, dependencia, desgaste emocional o respuestas inadecuadas frente al dolor ajeno. Por ello, en el Centro San Camilo A.C. se considera fundamental unir la generosidad con la capacitación La formación no pretende convertir al voluntario en un especialista profesional, sino ofrecerle herramientas humanas, éticas y espirituales que le permitan servir con responsabilidad y competencia.
Uno de los ámbitos más delicados del voluntariado es el acompañamiento a personas con enfermedades crónicas y terminales. El envejecimiento de la población, las enfermedades degenerativas y las condiciones de salud prolongadas hacen cada vez más necesario el acompañamiento humano y espiritual de quienes viven procesos largos de enfermedad. En este contexto, los voluntarios reciben formación básica en Cuidados Paliativos . La preparación de los voluntarios en este campo busca sensibilizarlos respecto a las múltiples dimensiones del sufrimiento humano. El enfermo no es solamente un cuerpo que necesita atención médica, sino una persona

con emociones, miedos, preguntas espirituales, necesidades relacionales y deseos de ser escuchada y valorada. El voluntario aprende a reconocer la importancia de la escucha, del acompañamiento silencioso, del respeto a la dignidad y de la presencia humana como formas auténticas de cuidado. También aprende a comprender los límites de su función, a trabajar en equipo con profesionales de la salud y a evitar actitudes paternalistas o invasivas.
Otro ámbito importante del voluntariado en el Centro San Camilo A.C. es el acompañamiento en los grupos de ayuda en duelo y otras pérdidas . La muerte de un ser querido provoca con frecuencia profundas crisis emocionales, familiares y espirituales. Muchas personas viven el duelo en soledad, sin espacios adecuados para expresar su dolor, compartir sus preguntas o reconstruir poco a poco el sentido de su vida. Los grupos de ayuda representan un espacio comunitario donde el sufrimiento puede ser escuchado y acogido. Para participar en este servicio, los voluntarios reciben formación en tanatología. La tanatología ofrece elementos para comprender los procesos de pérdida, muerte y duelo, así como las reacciones emocionales y espirituales que suelen acompañarlos. Esta preparación permite que el voluntario aprenda a escuchar sin juzgar, a respetar los tiempos personales del duelo y a evitar respuestas simplistas o frases hechas. La formación ayuda también a reconocer signos de duelo complicado o situaciones que requieren atención especializada. El acompañamiento tanatológico no consiste únicamente en hablar sobre la muerte, sino en ayudar a las personas a reconstruir la vida después de una pérdida significativa. Se trata de favorecer procesos de aceptación, reconciliación interior y resignificación de la experiencia sufrida. En este camino, el voluntario se convierte en un compañero de esperanza que, más que ofrecer soluciones rápidas, permanece cercano y disponible.
De igual manera, el Centro San Camilo A.C. promueve el servicio de los voluntarios en el Centro de Escucha, destinado a personas que atraviesan crisis emocionales, conflictos familiares, sentimientos de soledad, ansiedad o sufrimiento existencial. En este espacio, el voluntario recibe preparación en la Relación de Ayuda o Counselling . Esta formación busca desarrollar habilidades de escucha activa, empatía, comunicación interpersonal y acompañamiento centrado en la persona. La Relación de Ayuda parte de la convicción de que toda persona posee recursos interiores y capacidades que pueden fortalecerse cuando encuentra un ambiente de aceptación, respeto y comprensión. El voluntario aprende a evitar actitudes de
Dra. Marisa Chávez
superioridad o control, comprendiendo que acompañar no significa imponer decisiones, sino facilitar procesos

de reflexión y crecimiento personal. La escucha atenta, el respeto por la libertad y la capacidad de generar confianza constituyen elementos fundamentales en este servicio.
La formación de los voluntarios no termina con un curso inicial. El paso del tiempo, el desgaste emocional, las dificultades personales o la rutina pueden debilitar la motivación y afectar la calidad del servicio. Por ello, resulta indispensable cuidar continuamente la dimensión espiritual y humana de quienes colaboran. El voluntariado requiere espacios de reflexión, acompañamiento grupal, actualización y fortalecimiento interior. Servir a personas que sufren implica confrontarse constantemente con el dolor, la fragilidad y los límites humanos; por esta razón, también el voluntario necesita ser escuchado, acompañado y sostenido.
La espiritualidad ocupa un lugar central en este proceso. Inspirados en el carisma de San Camilo de Lelis, los voluntarios son invitados a descubrir el valor profundamente humano y evangélico del servicio. La expresión “más corazón en las manos” resume de manera sencilla y profunda la identidad de esta espiritualidad. No basta realizar tareas o cumplir funciones; es necesario ofrecer cercanía, compasión y humanidad en cada encuentro con quien sufre.
Esta espiritualidad impulsa también a valorar a la persona en su integridad. Cada ser humano posee una dignidad única que no desaparece con la enfermedad, la dependencia o el sufrimiento. Por ello, el acompañamiento busca responder no solamente a las necesidades físicas,
sino también a las emocionales, relacionales y espirituales. El voluntario aprende a reconocer a la persona más allá de sus limitaciones, evitando reducirla a un diagnóstico, un problema o una circunstancia dolorosa.
Otro aspecto fundamental consiste en liberar las potencialidades de las personas, incluidos los propios voluntarios. El servicio no debe generar dependencia ni anular la capacidad de decisión de quien recibe ayuda. Acompañar significa fortalecer recursos personales, estimular la autonomía y favorecer la participación activa de cada persona en su propio proceso de afrontamiento. De igual modo, el voluntariado ofrece a quienes participan la posibilidad de desarrollar capacidades humanas y espirituales que quizá permanecían ocultas: sensibilidad, empatía, paciencia, fortaleza interior y compromiso social.
Dentro de esta visión, el sufrimiento humano no es considerado una realidad absurda o completamente vacía de sentido. Aunque nunca se busca idealizar el dolor ni justificar situaciones injustas, el acompañamiento intenta ayudar a las personas a descubrir posibilidades de crecimiento, reconciliación y transformación aun en medio de experiencias difíciles. Entregar sentido al sufrimiento significa abrir caminos para que la persona pueda integrar su experiencia dentro de su historia de vida, recuperando esperanza y dignidad.
El acompañamiento hacia la autonomía constituye igualmente una meta importante. Muchas personas llegan al Centro San Camilo A.C. sintiéndose incapaces de enfrentar sus dificultades. El voluntario no pretende resolver todos los problemas, sino caminar junto a la persona para que ella misma recupere confianza, fortalezca sus recursos y descubra nuevas posibilidades para afrontar su realidad. Finalmente, el voluntariado en el Centro San Camilo A.C. busca construir una sola gran familia unida por valores comunes y por el deseo compartido de humanizar el mundo del sufrimiento. Más allá de las funciones específicas de cada servicio, todos los voluntarios participan de una misma misión: humanizarse para humanizar. Esta expresión recuerda que nadie puede ofrecer humanidad si no trabaja continuamente en su propio crecimiento interior. El contacto cotidiano con el sufrimiento puede convertirse entonces en una escuela de sensibilidad, solidaridad y transformación personal.
En medio de una cultura que con frecuencia margina a los enfermos, ignora el dolor emocional o teme acercarse a la muerte, el voluntariado representa una respuesta profundamente humana y esperanzadora ⚫

Mirar al futuro con esperanza
Después de veinticinco años de trabajo constante, formación, acompañamiento y servicio, Centro San Camilo A.C. se encuentra ante un momento particularmente importante de su historia. Mirar hacia atrás permite reconocer con gratitud todo lo que se ha construido: personas acompañadas en el dolor y en el duelo, familias sostenidas en momentos difíciles, profesionales y voluntarios capacitados, comunidades sensibilizadas respecto a la humanización del cuidado y generaciones enteras que han encontrado en esta institución un espacio de crecimiento humano y espiritual. Sin embargo, la fidelidad a una misión no consiste únicamente en conservar lo realizado, sino también en preguntarse continuamente hacia dónde es necesario avanzar, qué aspectos deben fortalecerse, cuáles necesitan renovarse y qué riesgos podrían hacer perder la identidad profunda que ha dado sentido al camino recorrido.
Toda institución que desea mantenerse viva necesita cultivar la capacidad de discernir los signos de los tiempos. Las necesidades humanas cambian, las condiciones sociales se transforman y las nuevas generaciones poseen lenguajes y sensibilidades distintas. El desafío consiste en saber responder a estas nuevas realidades sin traicionar el espíritu que dio origen al proyecto. En este sentido, el futuro del Centro San Camilo A.C. no puede entenderse solamente como crecimiento en actividades, programas o presencia institucional, sino sobre todo como profundización de su misión humanizadora
Uno de los aspectos que será necesario continuar fortaleciendo es la relación entre formación y práctica . Desde sus inicios, el Centro ha comprendido que el conocimiento adquiere verdadero sentido cuando se convierte en servicio concreto hacia quienes sufren. La experiencia acumulada durante estos años ha mostrado que la formación académica y la práctica profesional o de voluntariado no deben caminar por senderos separados . La capacitación adquiere profundidad cuando entra en contacto con la realidad humana del dolor, mientras que la práctica se vuelve más responsable y eficaz cuando está sostenida por fundamentos teóricos y metodológicos sólidos.
En el futuro será importante favorecer aún más esta retroalimentación constante entre estudio y experiencia. El contacto con enfermos, familias en duelo, personas en crisis y comunidades vulnerables seguirá siendo una fuente invaluable de aprendizaje humano y profesional.


Al mismo tiempo, uno de los grandes desafíos del futuro será cuidar y cultivar el voluntariado del Centro San Camilo. Toda obra inspirada en valores humanitarios y cristianos corre el riesgo de volverse excesivamente técnica, administrativa o profesionalizada, perdiendo poco a poco la dimensión gratuita y comunitaria que constituye su alma. El voluntariado representa mucho más que un apoyo operativo; es una expresión concreta de solidaridad, gratuidad y compromiso humano. Allí donde existe un voluntario dispuesto a escuchar, acompañar y servir sin buscar beneficio personal, se mantiene viva la esencia original del Centro San Camilo.
Por ello, será fundamental continuar promoviendo espacios de formación, acompañamiento y pertenencia para los voluntarios . No basta convocar personas dispuestas a ayudar; es necesario crear una auténtica comunidad donde cada uno se sienta valorado, escuchado y sostenido.
De igual manera, será importante mantener accesibles las posibilidades de formación y capacitación. El Centro San Camilo ha buscado desde sus inicios que la preparación en temas relacionados con la humanización, los cuidados paliativos, la relación de ayuda y la tanatología no sea un privilegio reservado solamente para quienes poseen mayores recursos económicos. En una sociedad marcada por profundas desigualdades, la contención de las cuotas de recuperación constituye una decisión
ética coherente con la misión institucional. Mantener costos accesibles no siempre resulta sencillo en medio de las crecientes exigencias económicas, administrativas y académicas. Sin embargo, preservar esta sensibilidad permitirá seguir ofreciendo oportunidades de formación a personas que, aun teniendo una profunda vocación de servicio, no cuentan con suficientes recursos.
Otro horizonte fundamental para el futuro será el fortalecimiento de la sinergia con otras asociaciones, instituciones y grupos. Las problemáticas humanas relacionadas con la enfermedad, el duelo, la salud mental y el sufrimiento social son demasiado complejas para ser afrontadas de manera aislada. El trabajo en red permite compartir recursos, experiencias, conocimientos y estrategias de intervención. Además, favorece una visión más amplia e interdisciplinaria del acompañamiento humano. La colaboración con universidades, hospitales, parroquias, organizaciones civiles, instituciones gubernamentales y grupos comunitarios puede enriquecer enormemente la misión del Centro San Camilo. En un contexto donde las necesidades aumentan constantemente, la cooperación y la construcción de redes solidarias serán elementos indispensables para continuar ofreciendo respuestas significativas.
Sin embargo, mientras se amplían actividades, proyectos y relaciones institucionales, será necesario mantener siempre claridad respecto al ideario fundamental. El crecimiento organizativo, aunque necesario, no puede hacer perder de vista las finalidades profundas. La humanización debe continuar siendo el criterio central que oriente cada decisión, cada programa y cada actividad. Humanizar significa reconocer la dignidad irrepetible de cada persona, especialmente de quien sufre. Significa privilegiar la cercanía humana sobre la eficiencia fría, el acompañamiento sobre la simple prestación de servicios, la escucha sobre la prisa.
Quizá el desafío más delicado del futuro será conservar viva la relación entre espiritualidad personal y actividad institucional . El Centro San Camilo nació inspirado en valores profundamente cristianos y en la espiritualidad de San Camilo de Lelis, quien comprendió que el cuidado de los enfermos debía realizarse con competencia profesional, pero también con un profundo amor humano y espiritual. Con el paso del tiempo, existe siempre el riesgo de separar la acción de sus motivaciones más profundas. La espiritualidad no puede reducirse a prácticas externas o a momentos aislados de oración. Debe constituir una fuente permanente de sentido, motivación y renovación interior para quienes forman parte del Centro. Sin esta dimensión, el trabajo puede transformarse fácilmente en activismo, cansancio o simple cumplimiento de funciones. Al mismo tiempo, será importante conservar una visión abierta e inclusiva
de la espiritualidad, capaz de dialogar con personas de distintas experiencias religiosas y humanas, sin renunciar a la identidad cristiana que inspira la misión. La humanización auténtica siempre abre espacios de encuentro, respeto y acogida.
Otro desafío inevitable será la conciliación entre las exigencias burocráticas y administrativas y el espíritu humanizador del Centro. Las normativas de instituciones como la SEP, el SAT y diversas instancias gubernamentales son necesarias para garantizar transparencia, calidad académica y orden institucional. Sin embargo, existe el riesgo de que la burocracia absorba energías excesivas o termine imponiendo dinámicas contrarias a la cercanía humana que caracteriza al Centro San Camilo. La tarea del futuro consistirá en encontrar un equilibrio inteligente entre profesionalización administrativa e identidad institucional. En algunos casos, quizá será necesario simplificar procesos, reorientar actividades o abandonar dinámicas que consumen demasiados recursos sin aportar verdaderamente a la misión fundamental. No todo crecimiento es necesariamente positivo. A veces, conservar la identidad exige renunciar a ciertas formas de expansión que podrían desdibujar el espíritu original de la institución.
Mirando hacia el futuro, el Centro San Camilo A.C. está llamado a seguir siendo un espacio donde la formación académica y la sensibilidad humana caminen juntas; donde la profesionalización no destruya la gratuidad; donde las exigencias administrativas no apaguen la cercanía humana; donde la espiritualidad continúe alimentando el servicio cotidiano; y donde el sufrimiento humano siga siendo acogido con respeto, compasión y esperanza. Después de estos primeros veinticinco años, el desafío principal quizá no sea simplemente crecer más, sino permanecer fieles a aquello que dio origen a esta obra: el deseo de humanizar el cuidado y acompañar integralmente a las personas que sufren.
Por ello, el camino hacia el futuro debe seguir estando animado por la esperanza. No una esperanza ingenua que ignore las dificultades, las limitaciones económicas o los desafíos sociales, sino una esperanza madura que nace de la convicción de que toda acción realizada con amor, cercanía y humanidad tiene un profundo valor transformador. La esperanza permite continuar sembrando aun cuando los resultados no siempre sean inmediatos; permite seguir acompañando aun cuando el sufrimiento parezca demasiado grande; permite creer que cada gesto de escucha, de cuidado y de solidaridad contribuye silenciosamente a construir una sociedad más humana. Esa esperanza ha sostenido el camino recorrido hasta ahora y deberá continuar iluminando el futuro del Centro San Camilo A.C. ⚫

Pbro. Silvio Marinelli y Dra. Marisa Chávez
Fiesta de San Camilo y de los 25 años del CSC
Sábado 4 julio
10:00-13:00 Ex participantes de los Grupos de Ayuda
Jueves 9 julio
9:30-13:30 Jornada por la Humanización
Viernes 10 julio
19:45 Noche cultural de arte
Sábado 11 julio
10:00-13:00 Evento de SaRI
(Salud Renal Integral Camilo de Lelis AC)
Lunes 13 julio
17:00-19:00 Voluntarios camilianos de América Latina (en línea)
Lunes 13 julio
19:00 Misa para los bienhechores
Martes 14 julio
18:30 Develación de la placa de conmemoración
19:00 Eucaristía
20:00 Convivio con voluntarios y colaboradores



El número 143
Septiembre - Octubre 2026 de la Revista
Vida y Salud será dedicado a
“La persona humana y su hábitad”
Suscripciones secretaria@camilos.org.mx para enviarse por vía electrónica
El equipo de Redacción de la Revista y el Centro San Camilo A.C.,
expresan su más sentido agradecimiento a los bienhechores y patrocinadores:
- Fundación PiSA - Stella Vega, A.C.
- Tequila San Matías
- Mónica Gómez Flores
- Antonio Salles Ramírez
¡QUE EL SEÑOR LES PAGUE!
RELIGIOSOS CAMILOS AL SERVICIO DE LOS ENFERMOS
Religiosos - Orden de San Camilo
Somos religiosos unidos por el ideal de servir a los enfermos y a los que sufren.
Para jóvenes varones, solteros, de 17 a 29 años
¡Quieres descubrir tu vocación?
¡Estás interesado en un acompañamiento vocacional?
Religiosos Camilos
Guadalajara, Jal.
Tel. 33-3640-4090
sancamilo@prodigy.net.mx www.camilos.org.mx


Video histórico 25 años del CSC