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Año VI, Número XIII, Volumen XIII, 2025
Centro Cultural Eduardo León Jimenes

ISSN: 0864-2415

Carlos Andújar Persinal Sociólogo-investigador
Este Cuaderno XIII, del seriado de publicaciones del Centro Cultural Eduardo León Jimenes, nos traslada a los años en que el maestro Fradique Lizardo, en un Salón-Auditorio del Museo del Hombre Dominicano, tuvo la oportunidad de escuchar las clases impartidas por los profesores Ralph Boggs y Doña Edna Garrido de Boggs, y platicar con ellos.
Para los alumnos del curso de Técnicas y Métodos de Folklore, era como un sueño tener de frente a estos grandes investigadores del folklore latinoamericano y compartir escenario con quien ya, para la ocasión, era una autoridad en el estudio de nuestro folklore, me refiero por supuesto, a Fradique Lizardo.
Estos escritos aquí publicados, parece ser el trabajo final para entregar en este curso de folklore, y vemos el delicado y minucioso detalle técnico con el que Fradique abordó estos cuatro aspectos del carnaval dominicano, entregando a Ralph Boggs y a Doña Edna, una panorámica de cuatro de nuestros carnavales: la capital, la Vega, Santiago y Puerto Plata.
A distancia hoy, más de 25 años después, algunas cosas han cambiado, otras han sufrido ligeras variaciones y, por la detallada descripción de estos carnavales presentados por Fradique Lizardo en este Cuaderno XIII, otras ya han desaparecido o tomado otras formas, como podría ser el caso de los Toros de Puerto Plata, mencionado por nuestro folklorista y que hoy se ha convertido en uno de los más atractivos, originales y creativos del país: los Taimáscaros.
En su diagnóstico aquí descrito, no quedó nada fuera de la interacción público-carnaval, descripción minuciosa, contextos o territorialidad, trajes, caretas, fuetes o vejigas, motivos de las comparsas, atuendos, colores, originalidad y otras parafernalias. Obviamente, al conocer cómo eran estas manifestaciones antes y cómo se celebran hoy, este Cuaderno XIII nos permite tener un referente en la memoria social, un marco para el estudio y análisis en el tiempo. El hecho cultural y su diacronía; de ahí la importancia de esta publicación, bajo el principio de que todo hecho cultural cambia, condicionado por transformaciones dadas en el conjunto de la sociedad.
En su comentario inicial del primer escrito, Fradique Lizardo afirmaba lo que resultó muy visionario y a la vez de gran humildad, que sus miradas sobre estos carnavales, era un primer paso, para que otras generaciones de estudiosos enriquecieran y enmendaran los cambios generados en el porvenir, que nos permitió conocer este Cuaderno XIII del Folklore Dominicano. Enhorabuena.

Curso de Teoría y Práctica de la Investigación Folklórica
Profesores
Dr. Ralph Steele Boggs
Sra. Edna Garrido de Boggs
Santo Domingo, 28 de enero de 1982
Por el Prof. Lizardo, Fradique

1. Introducción
2. Bibliografía general
3. Los Diablos Cajuelos en Santo Domingo
4. Los Diablos Cajuelos de la Vega
5. Los Lechones de Santiago
6. Los Toros de Puerto Plata

Los diablos brotan de la Edad Media como creación inspirada en la idea dualista de los maniqueos, dos principios creadores: el del bien y el del mal, y se incorporan a las festividades del Corpus (ordenadas por el papa Urbano IV en la bula Transiturum expedida el 8 de septiembre de 1264) a través de las representaciones de los Autos Sacramentales, de los Misterios, de los desfiles populares de monstruos en los que una humanidad liberada del «terror del milenio» celebraba su renacimiento y su fe en la vida, y corporizaba y representaba ideas litúrgicas. No cabe en estas breves líneas estudiar el mecanismo de la creación de las festividades del Corpus Christi, obra genial de la Iglesia Católica, que con ella encauzaba ritos paganos, desenfrenos carnavalescos heredados de las calendas romanas y de los cortejos dionisíacos, prácticas bárbaras de los nórdicos y celtas, licenciosas ceremonias como la henula cervus, los fous, los juegos del escarnio y las fiestas del asno o de los subdiáconos, hacia la clara desembocadura del ejercicio católico.
En España, diablillos del Corpus, dragones, autos sacramentales, desfiles y procesiones cruzan por Cataluña, como lo explica Adolfo Salazar en su obra monumental La Música en la Sociedad Europea, provenientes de Italia. Hasta 1322 no se celebró en España el Corpus; en 1394 se diseñan representaciones. A lo largo de los siglos XV y XVI no solamente adquirirá su mayor esplendor folklórico la fiesta del Corpus, sino que, además, dará lugar al nacimiento del teatro litúrgico español y del teatro del Siglo de Oro.
La celebración del Corpus Cristi fue instituida en América Hispánica por Real Cédula, en la segunda mitad del siglo XVI. En esa disposición se especificaba que los festejos debían incluir representaciones escénicas de dragones, diablillos y gigantes, a la usanza de la metrópoli. Las representaciones comprendían comedias y danzas.
En España, los diablillos pasarán a escena, pero su mejor momento expansivo sería en el desfile de la procesión del Corpus, cuando, armados de vejigas y cascabeles, abran paso al cortejo entre las multitudes maravilladas. Cervantes pone al diablo en el episodio de las Cortes de la muerte que citamos más adelante.
El carnaval de nuestra época colonial está muy bien documentado en lo que respecta a los oidores y las costumbres de anaranjearse o tirarse naranjas entre ellos y contra 1 el pueblo. Solo basta ahora poder encontrar la continuidad entre las guerras a naranjazos de los primeros siglos de la colonia y la que se practica actualmente en la ciudad de La Vega; bello trabajo que tienen por delante las generaciones jóvenes que cada día estarán mejor capacitadas para afrontar dicha tarea.
Santo Domingo, D.N.
28 de enero de 1981
1. Palabra poco legible en el documento original.

1. Castillo González, Epifanio – Algo acerca de las fiestas tradicionales en el Santo Domingo Colonial. Imprenta Jackson. Santo Domingo, 1945.
2. Cervantes Saavedra, Miguel de – El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Ediciones Ibéricas. Madrid, 1965.
3. Frazer, Sir James George – La Rama Dorada. Fondo de Cultura Económica. México, 1944.
4. Lizardo, Fradique y J.P. Alfons Victoria – Fiestas patronales y juegos populares dominicanos. Editora Taller. Santo Domingo: Fundación García Álvarez, 1979.
5. Marrero Aristy, Ramón – La República Dominicana, origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América. Editora El Caribe. Santo Domingo, 1958 (3 volúmenes).
6. Mejía Ricart, Gustavo Adolfo – Historia de Santo Domingo. Pol Hnos. Santo Domingo, 1948–1955 (8 volúmenes).
7. Nolasco, Flérida de – Días de la Colonia. Impresora Dominicana. Santo Domingo, 1952.
8. Salazar, Adolfo – La música en la sociedad europea. Fondo de Cultura Económica. México, 1944 (4 volúmenes).

Escenario: Salen en las calles de la ciudad de Santo Domingo y puede decirse, con propiedad, que son más abundantes en los sectores de Villa Francisca y de Villa Consuelo, que han sido sus bastiones naturales durante los últimos 30 años. A principio de siglo fueron muy abundantes en el barrio de La Marina, pero el sector hoy en día, por haberse comercializado demasiado, ha perdido esa tradición.
Nombre que reciben: Se les llama «diablos cajuelos», siendo esta última palabra una corruptela obvia de la palabra «cojuelo», pero así el pueblo los ha designado y este constituye su nombre.
Cuando salen: Salen el 26 y el 27 de febrero para la gran celebración de las fiestas de nuestra Independencia; y en menor número, para el 15 y 16 de agosto, con motivo de las celebraciones de nuestra Restauración.
Traje: Se usa aquí en Santo Domingo el mameluco, pero en telas más brillantes y lujosas que en todo el resto del país, o sea que prefieren usar el «charmé la Tora», «piel de seda» y, en algunos casos, la «tafeta». El traje puede ser rojo entero, pero también se combinan, a mitades o a cuartos, con azul y amarillo o verde y, en menor cantidad, con negro.
El traje tiene capucha, y en los bordes de las mangas y en las perneras del pantalón, pequeños vuelos que cuando el traje es de varios colores se hacen en color contrario para que resalten. En la cintura, en la parte delantera, usan un mandil lleno de cascabeles; y en la parte de atrás, desde la altura de los hombros, una capa larga que a veces llega más debajo de la rodilla y que está literalmente llena de cascabeles, espejitos, cintas y abalorios que hacen de esta prenda en ocasiones una verdadera belleza de decoración popular.
A la cintura lleva también un grueso cinturón, del que se amarran cencerros en número variable, dependiendo la cantidad de la posibilidad económica del que usa el disfraz.
Origen del traje: Aunque sería difícil asegurar el origen absoluto de nuestro traje de Diablo, sería bueno someter a la consideración general que Cervantes, en el episodio de las cortes de la muerte (parte segunda del Quijote, capítulo XI), hace intervenir al diablo de los autos, quien conduce la carreta de la muerte, y un diablillo «con muchos cascabeles, y en la punta de un palo, tenía tres vejigas de vaca, hinchadas, al cual moharracho llegándose a Don Quijote, comenzó a esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las vejigas y a dar grandes saltos, sonando los cascabeles, cuya mala visión así alborotó a Rocinante»(1) 2 . Este diablito, armado de vejigas y cascabeleante, es el que pasó a América con supersticiones, idioma y fe religiosa, y es bastante parecido a nuestro diablo capitaleño.
Caretas: Aparece con mayor abundancia el tipo antropoide o simiesco, aunque se encuentran toda clase de animales y un tipo raro que, sin ser ave, tiene el pico de cotorra, y así se denomina.
Los tipos de ave están desprovistos de cuerno en su mayoría, y cuando aparecen son simples y pequeños. En los demás tipos se encuentran cuernos en cantidades que varían de dos a siete, siempre simples y desprovistos de toda otra clase de ornamentación, a no ser algunos tipos de animales representados con la boca abierta y en las cuales se simulan los dientes con pedacitos de cartón pintados.
Hay un tipo especial de caretas que representan la muerte, generalmente desprovistas de cuernos y sonreídas.
La decoración de las caretas de Santo Domingo es muy variada, obteniéndose diferentes efectos con rayas, puntos y otros diversos modos de combinar los colores.
2. En el original no aparece el número del llamado a la nota.
Colores: El rojo es el color predominante del traje del Diablo Cajuelo capitaleño, pero en las caretas se pueden encontrar toda la gama de tonalidades, muy bien aplicadas y distribuidas, consiguiéndose algunas combinaciones realmente interesantes.
Rabos: No hemos encontrado rabos entre los diablos de Santo Domingo.
Vejigas: Las vejigas capitaleñas se usan en gran cantidad, algunos tienen hasta 7 juntas que cuelgan de un pequeño palito preparado al efecto, y todas de una sola soga que va desde este palito hasta la soga individual de cada vejiga. Se usa bastante a menudo en Santo Domingo colorear las vejigas, y así vemos racimos de vejigas azules o rosadas que golpean a los muchachos que huyen.


Gritos que les hacen: Los muchachos cuando ven los grupos de diablos, les caen atrás, gritándoles lo siguiente:
«El Diablo Cajuelo, la puta e’ tu abuelo».
«Ese diablo está pintao, de amarillo y colorao».
«Ese diablo tribilín, tiene pelo en el fullín».
«La cortina e tu mamá, la cogieron pa’ limpiá».
Los diablos persiguen a los muchachos que así les provocan y tratan de darle con las vejigas.
Ceremonias en las que participan: En Santo Domingo no existen ceremonias especiales en relación con los diablos, pero los grupos de estos se ponen generalmente de acuerdo para ir atrayendo a las pandillas de muchachos que les gritan y atraparlos dentro de dos o más grupos de diablos que convergen; y después de haberles rodeado, golpearlos con las vejigas.
Noticias históricas: Desde muy antiguo, se han visto estas celebraciones en nuestro medio y podemos ver en Cestero lo siguiente:
«Los Diablos cojuelos, de toscas caretas, cencerros, puercas vejigas, descalzos, sustituidos por pandillas organizados de jóvenes. Antonio formó en una de ellas. Todos los diablos del mismo color, rojos o negros lucían carátulas finas, profusión de cascabeles y campanillas y racimos de grandes vejigas de vaca bien infladas y hasta limpias». (2)
Además, encontramos en Deschamps la descripción siguiente:
«Y comparsas de enmascarados y Diablos Cojuelos, todos inocentes y sanos». (3)
Por estas citas, ambas de principios de siglo, podemos ver que hasta entonces se decía diablos cojuejos y que el cambio a cajuelo viene después de esa fecha.
1. Henríquez Saladín, José, 38 años – Comerciante – Santo Domingo –Sabe leer
2. Larrazabal Blanco, Carlos, 78 años – Santo Domingo – Jubilado –Sabe leer
3. Polanco, Francisco, 82 años – Jubilado – Santo Domingo – Sabe leer
1. Cestero, Tulio M. – La Sangre, Sociedad Dominicana de Bibliófilos –Editora de Santo Domingo – 1975.
2. Deschamps, Enrique – La República Dominicana, Sociedad Dominicana de Bibliófilos – Editora de Santo Domingo – 1974.
3. Gómez Alfau, Luis Emilio – Ayer el Santo Domingo de hace 50 años –Pol Hnos. – Santo Domingo – 1944.
4. Martínez Pacheco, Rafael – Carnaval de 1910 – Novedades-Universal, mayo 15 de 1978.
1. Cervantes Saavedra, Miguel – El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha – Ediciones Ibéricas -Madrid – 1965 – Pág. 533.
2. Cestero, Tulio M. – La Sangre, Sociedad Dominicana de Bibliófilos –Editora de Santo Domingo – Santo Domingo – 1975 – Pág. Núm. 48.
3. Deschamps, Enrique – La República Dominicana, Sociedad Dominicana de Bibliófilos – Editora de Santo Domingo – Santo Domingo – 1974 – Pág. 273.

Escenario: Salen por las calles de la ciudad de La Vega, y casi siempre se concentran alrededor del parque central y dos o tres cuadras alrededor.
Nombre que reciben: Como en muchas partes del país, reciben el nombre de «Diablos Cajuelos», pues esa es ya la forma adoptada por el pueblo para designarlos, aunque sepamos muy bien que debería de ser «cojuelo».
Cuando salen: Se visten y salen a la calle cada domingo de febrero, a partir del miércoles de ceniza, y hacen su mayor concentración con motivo de las fiestas patrias el 27 de febrero; aunque a veces, por común acuerdo, esta fecha puede convenirse en el 26 hasta el 25 de febrero.
Antiguamente salían únicamente los tres días del carnaval, o sea, de domingo a martes, anteriores al miércoles de ceniza. La celebración de las fiestas patrias abolió esta costumbre.
Traje: El traje del Diablo Vegano es muy diferente al de otras partes del país, y vamos a describirlo. Consiste dicho traje en un pantalón bombacho a colores brillantes; una camisa que se deja por fuera y que a veces llega hasta la rodilla, pero puede ser más corta; y la «galacha», que consta de una caperuza unida a una capa larga, largo variable desde luego, pero que está limitada en su ruedo interior a un largo delimitado por los glúteos del que la usa y el suelo, según el deseo del propietario.
Los colores son generalmente muy vivos. Muchas veces el traje entero es de un color primario, con adornos de tira de tela fruncida en colores contrastes. Pero se pueden adornar con cintas colgantes y repartir varios colores en el mismo traje, según la fantasía les dicte. Este traje lleva generalmente varias gruesas de cascabeles grandes y muy sonoros, que le dan a los diablos veganos un retintín muy particular cuando se pasean por las calles.

Se completa el atuendo con guantes, generalmente fuertes, que impiden que las manos se lastimen manejando las vejigas.
Caretas: En La Vega, las caretas son imitaciones de un verdadero diablo o Mefistófeles, la más de las veces con barbas y orejas muy puntiagudas; y estas barbas en algunos casos son puestas con piel de chivo oscuro, que imita muy bien la barba humana.
Lo extraordinario de estas caretas veganas es que algunas veces las hacen móviles, es decir, el que las usa puede mover la mandíbula y salen entonces a relucir juegos de dientes muy puntiagudos y de una blancura alba.
Aunque en los colores de las caretas predomina el rojo con barbas negras, se encuentran muchas otras combinaciones, como amarillo con barbas oscuras y, sobre todo, caretas blancas, con una barba blanca que les da un aspecto místico, mientras hay otras blancas con barba negra en un verdadero contraste.
Vejigas: Aunque en muchas partes del país los diablos llevan vejigas, en La Vega hay una técnica especial que hace que éstas sean diferentes a las demás. Generalmente se toma una vejiga que se considerará «madre» y se cura bien con limón y ceniza. Encima de ésta se van colocando otras vejigas y en número que oscilan entre 7 y 20, todas bien limpias y curadas. Se infla bien la del centro y se amarran bien (moderadamente se le pone a la interior o «madre» una válvula de bicicleta). Todo esto se cubre con una funda de tela barata y basta y, por encima de ésta, una funda de la tela del traje u otro color que combine con ésta. Por fuera se amarra una soga y todo se rastrea bien. En una época se rastreaba con goma, y hoy con cinta plástica.
Los tiempos modernos imponen otras soluciones, pues ahora la vejiga interior, en muchos casos, se hace con un pedazo de cámara de bicicleta, motocicleta o automóvil, y sobre ésta es que se colocan las demás vejigas.
Otros accesorios: El cayayo es un adminículo vegano que hasta ahora no hemos visto en uso en ninguna otra parte del país. Se trata de una pequeña bolsita de tela, generalmente larguita, pero que puede ser redonda; en su
versión original se llena de aserrín, se encera por fuera y se amarra en un cordel. Con esto se trata de dar en la cabeza, en las nalgas o en las piernas de las personas que observan; pero, desde luego, quienes llevan los cayayos no son máscaras, sino espectadores.
Gritos que les hacen: Los muchachos se juntan detrás de los grupos de diablos y los molestan con los grupos que tratan de impedirles el paso, mientras les gritan lo siguiente:
¡El Diablo no sirve!
¡El Diablo no sirve!
¡Diablo Cajuelo!
¡Diablo Cajuelo!
Los diablos los persiguen y tratan de darles con las vejigas; pero es justo que consignemos que el carnaval vegano es una justa entre caballeros, pues nunca se producen heridas ni golpes perversos, sino que todo transcurre dentro de la mayor corrección, por un espíritu cívico muy alto entre todos.
Ceremonias en las que participan: No hay nada especial en que los diablos participen, pero se sabe que, desde principios de siglo, salían en gran número, pues como dice Virginia Gómez: «Mas tarde comenzaron las verdaderas máscaras llamadas aquí “diablos” y en 1906 salieron unos 40 Diablos del Club Juventud y a partir de esa fecha siguieron disfrazándose con más frecuencia los llamados diablos». (1)
Rivalidades entre barrios: Se usó durante algún tiempo que los moradores del barrio de La Cigua y los habitantes del Barrio del Parquecito tenían un pleito «casado», como se dice, en el cual bandas de mozalbetes con cayayos en la mano llevaban la voz cantante y se producían feudos y escándalos, sobre todo cuando le daban a alguna mujer por las nalgas y había protesta por el hecho. Esto se hacía más notorio el último día del carnaval, que se llamaba «el día de la rotura de las caretas», porque el pueblo se abalanzaba sobre los diablos y rompía las caretas. Ese día usaban mucho los cayayos. Esta época fue felizmente superada y, como señalamos anteriormente, La Vega tiene hoy un carnaval ejemplar.

Batalla a chinazos: Ese último día del carnaval vegano era también que se escenificaba la «batalla a chinazos», en la cual participaban todos, y no solamente los diablos. Batalla campal que la Lcda. Maritza de la Mota describe muy bien en una inédita que poseemos; y su trabajo que no queremos reproducir para darle a la autora la primicia de su publicación.
1. Berrido, Bolívar – 68 años – La Vega – Comerciante – Sabe leer.
2. Espínola Reyes, Jovino Antonio – 82 años – La Vega – Dentista –Sabe leer.
3. Moya Pons, Frank – 48 años – La Vega – Historiador – Sabe leer.
1. De la Mota, Maritza – Notas sobre los diablos de La Vega – Seminario del Cursillo de Folklore del Profesor Fradique Lizardo – Santo Domingo – 1974 – Inédito.
2. Gómez, H., Virginia – En ocasión del carnaval vegano – Listín Diario –25 de febrero de 1980.
3. Lizardo, Fradique – El Carnaval de La Vega – Suplemento del Listín Diario – 24 de febrero de 1979.
1. Gómez, Virginia – En ocasión del carnaval vegano – Listín Diario – 25 de febrero de 1980.

Escenario: Salen por las calles de Santiago, caminan mucho, tanto por el pueblo arriba como por el pueblo abajo, para converger todos en la Plaza Valerio, donde terminan en una lucha gigantesca.
Nombre que reciben: El pueblo los ha bautizado con el nombre de «lechones».
Cuando salen: Al principio, solamente salían durante los días de carnaval, es decir, de domingo a martes anteriores al día de ceniza; pero luego las fiestas se extendieron a la celebración de nuestra independencia el 27 de febrero y se incorporaron a ella, pasando luego a la celebración de la Restauración, el 16 de agosto.
Trajes: El traje es un mameluco simple, generalmente de tela floreada y enterizo. En muy pocas ocasiones y siempre bajo influjo foráneo, se usan varios colores en un traje de lechón, se puede decir, con propiedad, que el traje de los lechones es más bien sobrio.
Caretas: Hay dos grandes tipos que representan a los barrios denominados La Joya y Los Pepines, que celebran una lucha tradicional. Las caretas representan, en su mayoría, hocicos de puercos estilizados, de donde les viene el nombre de lechones, con la particularidad de que uno de los barrios se caracteriza porque tiene el hocico levantado y otro lo tiene hacia abajo. En su mayoría, están provistos de cuernos inmensos que varían en las cantidades de dos a cinco. Algunas veces están provistos de cascabeles en la punta de cada cuerno grande o pequeño.
En la frente y espacios laterales introducen, como adornos, pequeños espejos durante la fabricación. No se reportan tipos provistos de orejas, aunque últimamente se vienen haciendo algunas con barbas y bigotes de fibras de cabuya.
La decoración de las mismas depende del barrio al cual pertenecen, pero se nota generalmente que los colores están repartidos en zonas distribuidas idénticamente en cada careta, no importa su forma, y separados por pequeñas rayas blancas y negras.
Se encuentra también la careta de la muerte, de corte anguloso, desprovista de cuernos y adornada con cascabeles en los pómulos.
Las caretas de los lechones son muy elaboradas, pues, aunque son hechas de papier maché, hay dos tipos principales, las de La Joya y las de Los Pepines. que se caracterizan, las primeras, por estar llenas de cuernitos muy pequeños, dos cuernos grandes, en ocasiones altos; y las de Los Pepines, por tener grandes cuernos lisos y apuntando hacia arriba. El origen de esto, según Tomás Morel, es el siguiente: «Los de La Joya, queriendo confirmar que en su barrio de Santiago comienza la línea noreste, decidieron adornar sus caretas con espinas o puyas de cambrón. Los Pepineros, dieron forma de toro a sus caretas, con los chifles lisos, pulidos y enarbolados, como los cuernos de un toro de lidia». (1)
Aunque este fuera el origen, la diferenciación por barrios vino para que en las luchas a foetazos cada grupo poder distinguirse y agruparse contra el bando contrario. No obstante, es bueno consignar que las caretas del carnaval de Santiago son verdaderas obras de artesanía, cuya tradición ha persistido y que constituyen verdaderos tesoros por su delicada elaboración.
Colores: Los lechones de Santiago abundan en los tonos rojos y amarillos, que son los favoritos, aunque para las caretas se pueden ver verdes y azules, sobre todo en forma de punteados en las caretas de La Joya, sobre todo.
Los colores, en general, son muy sobrios, y no aparecen mucho los contrastes chocantes, ya que procuran hacer combinaciones armoniosas.
Rabos: Alrededor de la cintura se amarran un rabo que le da dos o tres vueltas y luego cuelga por detrás. En Santiago, este rabo, en una gran mayoría, se hace de color amarillo.

Otros accesorios: En algunos casos, pero no muy abundante, los trajes pueden tener una pequeña capa que está pegada por costuras en la parte trasera a partir de la altura de los hombros; nunca es muy larga y puede estar adornada con cintas, cascabeles y espejitos.
Gritos que les hacen: Los muchachos van detrás de los grupos de lechones y gritan de la forma siguiente: «Lechón de Maná, tre cotilla y do quijá».
«Lechón Marigüelo, la puta 'e tu agüelo».
«Lechón cuajao, amarillo y colorao».
«Lechón cuajao, Lechón Cuajao».
«Lechón, lechón, pata 'e cajón».
A los gritos de la muchachada, los lechones persiguen con los foetes y tratan de darles.
Foetes: Aunque hoy es común que los lechones usen foetes, y aún en pocos casos vejigas, antiguamente lo que se usaba eran ramas de pino con las que se golpeaban. Hace más de 30 años que ya no se usan, y en su lugar llevan los foetes, que no tienen mangos y que a veces se amarran alrededor de la cintura igual que el rabo y con este, pero no en sustitución del mismo.
Ceremonias en las que participan: Los distintos grupos de lechones de cada barrio se van reuniendo, y llega un momento en que todos los lechones de La Joya y todos los de Los Pepines se juntan en la Plaza Valerio y tienen un monumental duelo a foetazos, del que salieron en muchas ocasiones personas muy mal heridas, sobre todo cuando se usaban ramas de pino que poco a poco en el calor de la pelea eran ayudadas por piedras que se encargaban de romper muchas cabezas.
Consideraciones generales: Es muy interesante de ver la división de los grupos de lucha entre los lechones. Esto es bien observado por Nancie González, que nos dice: «Para los propósitos del Carnaval, la ciudad observa una división en mitad que incluye un barrio en la parte baja de la ciudad (i.e. el barrio más cercano al río) y un barrio en la parte alta, siendo esta mucho menor en términos de población. Los trajes que llevan los miembros
de estos dos sectores son idénticos, excepto las caretas. Las del barrio de la parte alta, tienen cuernos elaborados con pequeñas protuberancias como si fueran espinas, mientras que las del barrio de la parte baja tienen cuernos lisos». (2)
Siempre queda en el aire el origen de estas celebraciones, con tanta fuerza que se ha conservado, pero es bueno oír al Prof. Carlos Dobal, que nos dice: «La costumbre de disfrazarse de diablo, con traje de cascabeles, careta con cuernos y vejiga de res para golpear, debió de llegar a nuestra isla con los colonizadores españoles y todavía puede ser apreciada en todo su esplendoroso colorido, durante los carnavales de Santiago». (3)

1. Franco, Arcadio – 64 años – Santiago – Músico – Sabe leer
2. Franco Fondeur, Román – 54 años – Santiago – Empleado Público –Sabe leer
3. Pichardo, César (Billillo) – 55 años – Santiago – Empleado Público –Sabe leer
4. Paulino de Morera, Sara – 58 años – Santiago – Empleada Pública –Sabe leer
1. Batista, C., Pedro R. – Santiago a principios de siglo – Editora Panamericana – Santo Domingo – 1976.
2. Dobal, Carlos – Los “Lechones” de Santiago – Boletín del Museo del Hombre Dominicano – Santo Domingo – 1975.
3. Dobal, Carlos – Antigüedades, Arte y Tradición en Santiago de los Caballeros – Colección Estudios de la Universidad Católica Madre y Maestra – Santiago – 1977.
4. González, Nancie – El Carnaval de Santiago de los Caballeros – Revista Eme-Eme – Volumen II – Número 9 – noviembre-diciembre de 1973.
5. Jiménez Ramón, Emilio – Al Amor del Bohío – Sociedad Dominicana de Bibliófilos – Editora de Santo Domingo – Barcelona – 1975.
6. Morel, Tomás – Las caretas de los Lechones del Carnaval de Santiago –Biblioteca Popular Dominicana – Colección Folklore – Santiago – s/a.
1. Morel, Tomás – Las caretas de los Lechones del Carnaval de Santiago – Biblioteca Popular Dominicana – Colección Folklore – Santiago –s/a – Pág. 21.
2. González, Nancie – El Carnaval de Santiago de los Caballeros –Revista Eme-Eme – Volumen II – Número 9 – noviembre-diciembre de 1973 – Pág. 87.
3. Dobal, Carlos – Antigüedades, Arte y Tradición en Santiago de los Caballeros – Colección Estudios de la Universidad Católica Madre y Maestra – Santiago – 1977 – Pág. 30.


Escenario: Salieron siempre por las calles de Puerto Plata y, después de recorrer gran parte del pueblo, se encontraban los representantes de los barrios altos y bajos frente a la posa del Castillo, donde luchaban a foetazos.
Traje: El traje es un mameluco enterizo, que puede ser rojo entero o puede ser partido por la mitad en rojo y amarillo o a cuartos esquinados en dos colores, predominando siempre el rojo. Tienen capucha de la misma tela, a un color o dos, si el traje es combinado, y tanto el puño de las mangas como el final de las perneras del pantalón ajustan para que no se vea la ropa que usan por debajo del mameluco.
En ocasiones el traje tiene alas como las de los murciélagos, que producían grandes sustos a los muchachos.
Caretas: Las caretas de Puerto Plata son bastante sencillas, generalmente tienen forma de cara de vaca, con dos cuernos que no son muy grandes. Aunque abundan las de color rojo, pueden ser de otro color y estar decoradas la mitad derecha de un color y la izquierda de otro, con los cuernos en combinación. Se pueden encontrar caretas en amarillo y azul, y combinaciones de colores pálidos. No decoran con profusión de puntas y rayas como en otras partes, sino que las caretas muestran la sencillez y la sobriedad. Además, cada barrio de Puerto Plata tenía sus colores, que los ayudaba a reconocerse.
Rabos: Alrededor de la cintura, y dando dos o tres vueltas, usaban un rabo que solía ser blanco o negro. Blanco para los de pueblo arriba y negro para los de pueblo abajo. Así se reconocían; y en una lucha de grupos diferentes, podían defenderse y atacar a los contrarios.
Foetes: En las manos portaban un foete con el cual peleaban los bandos y adquirían mucha destreza en el uso de los mismos, a tal punto que se especializaban en quitar los cuernos unos a otros y romperse las caretas con los foetes. Muchas veces, en estas luchas a foetazos rápidos, se
producían grandes heridas, ya que era costumbre general en el pueblo poner un alambre fino en la vejiga del foete que producía serias heridas cuando golpeaba la carne de los contrarios.
Gritos que les hacían: Los muchachos iban detrás de los Toros, escondiéndose con sus gritos para provocar la persecución, lo que más se oía era lo siguiente: «El Diablo Cajuelo, la puta e' tu agüelo».
Ceremonias en las que participan: Lo interesante o emocionante de los Toros era su lucha a foetazos entre los bandos del pueblo arriba y del pueblo abajo, que terminaba siempre con serias heridas en una y otra parte, por los recursos que se usaban para ampliar los foetes.
Al respecto, nos dice Don Rufino Martínez: «Los Toros reunían tras sí la muchedumbre de la chiquillería, que en cualquier momento era puesta en atropellada fuga a foetazos limpios; sensación siempre deseada, por lo que no faltaba el incitar al toro para que la produjese. Pero el motivo principal de seguirlos calle tras calle estribaba en las crudas contiendas a foetazos que tenían los toros entre sí, asistiendo nosotros de espectadores gozosos y estimuladores. El mejor carnaval se señalaba por el de más toros y pleitos».(1)
1. Gilbert, Rafael – 75 años - Obrero - Puerto Plata - Sabe leer
2. Jiménez, Papito – 65 años - Puerto Plata - Sabe leer
3. Mirabal, Ananías – 57 años - Obrero - Puerto Plata - Sabe leer
4. Plá Cocco, Manuel – 64 años - Médico - Puerto Plata - Sabe leer
5. Ruiz, José Augusto – 60 años - Médico - Puerto Plata - Sabe leer
6. Román, Luis Felipe – 81 años - Músico retirado - Puerto Plata - Sabe leer
7. Keller de Polanco, Lilly – 65 años - Ama de casa - Puerto Plata - Sabe leer
1. Arzeno, Julio - Del folklore musical dominicano - La Cuna de América - Santo Domingo - 1927.
2. Martínez, Rufino - Del Puerto Plata de Ayer - Editora El Caribe - Santo Domingo - 1963.
3. Rodríguez Demorizi, Emilio - Noticias de Puerto Plata - Editora Educativa Dominicana - Santo Domingo - 1975.
1. Martínez, Rufino - Del Puerto Plata de Ayer - Editora El Caribe - Santo Domingo - 1963.

República Dominicana UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO
Facultad de Filosofía, Ciencias y Educación
Seminario de: Historia del arte
Profesor: Dr. Luis S. Escobal Rodríguez
Tema: Máscaras tradicionales de carnaval
Alumno: Fradique Lizardo Barinas
AÑO LECTIVO 1957 - 1958
Es nuestro propósito hablar de nuestras máscaras tradicionales, haciendo una brevísima historia de estas, desde la Edad Media hasta nuestros días y su entronque en nuestras costumbres tradicionales.
Los diablos brotan de la Edad Media, como creaciones inspiradas en la idea dualista de los Maniqueos —dos principios creadores: el del bien y el del mal— y se incorporan a las festividades del Corpus (ordenados por el papa Urbano IV en la bula Transiturus expedida el 8 de septiembre de 1264) a través de las representaciones de los Autos Sacramentales, de los Misterios, de los desfiles populares de monstruos con los que una humanidad libertada del «terror del milenio» celebraba su renacimiento y su fe en la vida, y corporizaba y representaba ideas litúrgicas. No cabe, en estas breves líneas, estudiar el mecanismo de la creación de las festividades del Corpus Cristi, obra genial de la Iglesia Católica, que con ella encauzaba ritos paganos, desenfrenos carnavalescos heredados de las calendas romanas y de los cortejos dionisiacos, prácticas bárbaras de los nórdicos y celtas, licenciosas ceremonias como la henula cervus, los fous, los juegos de escarnio y las fiestas del Asno o de los subdiáconos, hacia la clara desembocadura del ejercicio católico.
En España, diablillos del Corpus, dragones, autos sacramentales, desfiles y procesiones entran por Cataluña, como lo explica Adolfo Salazar en su obra monumental La música en la sociedad europea provenientes de Italia. Hasta 1322 no se celebró el Corpus en España. En 1394 se añadían representaciones algo de los siglos XV y XVI. No solamente adquirirá su mayor esplendor folclórico la fiesta del Corpus, sino que, además, dará lugar al nacimiento del teatro litúrgico español y del teatro del Siglo de Oro.
La celebración del Corpus Cristi fue instituida en América hispánica por Real Cédula en la segunda mitad del siglo XVI. En esa disposición se especificaba que los festejos debían incluir representaciones y desfiles de dragones, diablillos y gigantes, a la usanza de la metrópoli. Las representaciones comprendían comedias y danzas.

En España, los diablillos pasarán a escena, pero su mejor momento expansivo será en el desfile de la procesión del Corpus cuando, armados de vejigas y cascabeles, abran paso al cortejo entre la multitud maravillada. Cervantes, en el episodio de las Cortes de la muerte (parte segunda del Quijote, capítulo XV), hace intervenir al diablo de los autos, quien conduce la carreta de la muerte, y a un diablillo con muchos cascabeles, y en la punta de un palo traía vejigas de vaca hinchadas, el cual, moharracho, llegándose a don Quijote, comenzó a esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las vejigas y a dar grandes saltos sonando los cascabeles, cuya mala visión casi alborota a Rocinante. Este diablillo, armado de vejigas y cascabeleante es el que pasó a América, con supersticiones, idioma y fe religiosa.
Aunque no hemos encontrado en crónicas de la época consignaciones especiales acerca de los diablos en los primeros días de la colonia, sabemos que para 1588 se celebró la octava de Corpus con muchas fiestas populares, fuegos artificiales, toros, carreras de caballos, grupos de músicos que recorrían las calles. En el atrio de la catedral se efectuaban durante la semana varias representaciones serias, mientras en los intermedios tenía lugar algún juguete cómico que no podía traspasar los límites de la moralidad. El maestro Cristóbal de Llerena preparó algo a propósito para dicho año de 1588. Un entremés en el cual el personaje principal es un monstruo (el clásico dragón del Corpus), tal vez recordando el mandato de la bula. La trama del mismo no fue muy del agrado de los gobernantes de la época, quienes se dieron por aludidos. Se hizo preso al maestro Llerena, pero, aunque fue libertado antes del año, se ahuyentaron las máscaras de nuestras festividades de Corpus y lucharán ahora por encontrar una fiesta más propicia en la cual poder introducirse sin temor en incurrir en desacato contra ninguna autoridad.
Desde el año 1508 se celebraba en nuestras ciudades, que habían recibido armas y blasones, la evocación de tal gracia, celebración conocida como la Ffiesta del Pendón Real, que generalmente se hacía coincidir con el día del Santo Patrono. Estas fiestas terminaban con grandes bailes, iluminaciones y hasta comparsas de enmascarados, y la fiesta pública conocida como de la «mojiganga». Es en estas fiestas donde se refugian por un tiempo nuestros diablos.
En 1740, como resultado de una investigación arzobispal, se nos informa que algunos clérigos han salido a celebrar la fiesta con máscara y disfraz. De donde vemos que no sólo los profanos, sino hasta los clérigos tomaban parte en estas festividades.
«Corriendo el tiempo, para el 24 de enero de 1780, podemos, aunque sea brevemente, formarnos una idea de lo que era en aquel entonces las fiestas populares con motivo del culto de Santo Thomás. Hacia el 28 de enero de cada año, los estudiantes universitarios, celebraban muchas fiestas. Todos salen vestidos de máscaras, ridiculizando los trajes más serios, y es un escándalo el verlos andar como locos por esas calles, gritando, saltando, corriendo y mofándose de cuantas gentes se le presentan en ventanas y balcones».
Se encuentran referencias también en crónicas de fiestas de las Mercedes, y otras fiestas religiosas en las cuales acostumbran a aparecer máscaras.
Vemos entonces que no había una fiesta especial que pudiéramos decir carnaval, si no que acostumbraban a disfrazarse durante todo el año.
La dominación haitiana, y con ella la emigración de muchas familias, abre un largo paréntesis en todas las celebraciones de carácter alegre, y entre ellas las de fiestas de máscaras. Es a partir de la Independencia 1 que continúan celebrando dichas celebraciones, pero ya 2 se le agregan las máscaras en forma permanente hasta nuestros días
La máscara dominicana por excelencia es el diablo, el mismo diablo de Corpus que vemos en el Quijote, con sus vejigas y cascabeles, predominando en su vestimenta el color rojo. Y en algunos sitios tiene sus leyes, que rigen su proceder desde hace varios años, de las cuales vamos a exponer la forma de desarrollar en de nuestras ciudades como exponente de dicha costumbre.
1. En el original, la palabra «Independencia» aparece tachada a mano y sustituida por «liberación».
2 En el original, «pero ya» aparece tachado a mano y sustituido por «y que a la conmemoración de la Independencia».

En Ciudad Trujillo la comparsa de los diablos acostumbraba a salir desde la víspera de nuestro carnaval, persiguiendo sus componentes a los muchachos que les vocean. Las figuras centrales de dicha comparsa la constituyen la Diabla, vestida con un batón rojo y con una careta sin cuernos, y la muerte con su guadaña. Acostumbran a usar algunas veces una careta en la parte posterior de la cabeza, destinada a despistar a los muchachos, en esa forma nos recuerdan a Jano Bifronte.
En Santiago hay dos comparsas que representan a los moradores de dos barrios distintos de la ciudad, «Los Pepines» y «La Joya», que llevan caretas diferentes en formas y colores cada grupo, y no reciben el nombre de diablos, sino de lechones, porque las caretas predominantes tienen hocicos de puerco. Llevan, además del palo con las vejigas, un foete; y cuando se encuentran los dos bandos tienen una lucha a latigazos, de las cuales más de una vez han salido algunos lechones muy mal heridos.
En Monte Cristi reciben el nombre de «Los Toros» y acostumbran a salir durante todos los domingos del mes de febrero a luchar con un grupo de gentes del pueblo sin disfraz. Esta lucha a latigazos recibe el nombre de «Los Toros y los Civiles», y es alentada por las recompensas que ofrecen algunos de los espectadores.
Lo que no hemos podido encontrar en nuestras investigaciones son tarascas o dragones, pues parece que no se usaron en nuestras festividades, por lo cual tenemos que conformarnos con saber que únicamente los diablos han tomado parte en nuestras fiestas de máscaras; apoyándonos en el postulado de que el pueblo, una vez iniciada una costumbre, continúa ejerciéndola, continuando lo que han hecho sus antecesores, mientras no venga una causa extraña a modificar su ejercicio.
La fabricación de caretas es efectuada por personas que se dedican a estos menesteres durante largos tiempos, las cuales se aprovisionan desde meses antes a estas fiestas de grandes cantidades de barro y papel de periódico. El barrio lo utilizan para hacer los moldes, con formas tan variadas como se lo permita su imaginación, los cuales, una vez terminados, son cubiertos por capas de papel de periódico mojado y almidón hasta que adquieren un grosor estimado por su fabricante como suficiente. Los cuernos o cachos se hacen siguiendo el mismo procedimiento, tomando como molde un cuerno de vaca.
La clasificación que observamos, por parecernos más práctica, es enunciar el nombre del animal representado, luego el número de cuernos que posee, indicando si los mismos son simples o compuestos. Ej.: Pico de cotorra, dos cuernos simples, hocico de puerco, tricorne, venado con venadillos 3 .
Las formas de las caretas de diablos varían mucho de una localidad a otra y se encuentran modificaciones en una misma ciudad de un barrio a otro sirviendo de distintivo. Trataremos de enumerar algunos de los tipos más interesantes que hemos encontrado en nuestras investigaciones.
3 En el original, hay aquí una nota manuscrita que es ilegible.


CIUDAD TRUJILLO
Aparece con mayor abundancia el tipo antropoide o simiesco, aunque se encuentran toda clase de animales y un tipo muy raro que, sin ser ave, tiene el pico de cotorra y así se denomina.
Los tipos de ave están desprovistos de cuernos en su mayoría, y cuando aparecen son simples y pequeños. En los demás tipos se encuentran cuernos en cantidad, que varía de dos a siete, siempre simples y desprovistas de toda otra clase de ornamentación, a no ser algunos tipos de animales representados con la boca abierta y en los cuales se simulan los dientes con pedacitos de cartón pintado.
Hay un tipo especial de caretas que representan la muerte, generalmente desprovistas de cuernos y sonreídas.
Los colores de las caretas de Ciudad Trujillo son muy variados 4 . En contadas ocasiones se encuentran algunas con orejas.
Hay dos grandes tipos que representan los barrios de la ciudad, denominados La Joya y Los Pepines, que, como hemos dicho anteriormente, celebran sus luchas tradicionales. Las caretas representan, en su mayoría, hocicos de puercos estilizados, de donde le viene el nombre de lechones, con la particularidad de que uno de los barrios se caracteriza porque tiene el hocico levantado y el otro lo tiene hacia abajo. En su mayoría, están provistas de cuernos inmensos, en número que varía de uno hasta cinco, llenos todos de cuernitos pequeños, disposición que recibe el nombre de «Venado con Venaditos». Algunas veces están provistos de cascabeles en la punta de cada uno de estos.
4 En el original, esta oración se encuentra tachada a mano y es sustituida por: «La decoración es muy variable, atendiendo a diferentes aspectos, con rayas [una palabra ilegible], etc.».

En la frente y espacios laterales introducen, como adornos pequeños, espejos durante la fabricación. No se reporta tipos provistos de orejas, aunque últimamente sí vienen haciendo algunas con barbas y bigotes de fibra de cabuya.
La decoración de las mismas depende del barrio al cual pertenezcan, pero se notan generalmente que los colores están repartidos en zonas distribuidas idénticamente en cada careta, no importa su forma, y separados por pequeñas rayas blancas y negras.
Se encuentran también caretas de la muerte, de corte anguloso, desprovistas de cuernos y adornadas con cascabeles en los pómulos.
La forma más usada es la de cara de vaca, aunque no es raro encontrar otra forma. Los cuernos son sencillos. La decoración es muy pobre, lográndose los mayores efectos con pequeños puntos de color distribuidos por toda el área. Aparecen esporádicamente tipos con orejas en vez de cuernos.
Son caretas grandes en forma de cabeza de vaca, generalmente bicornes y de colores sobrios y de un solo tono, las adornan con cordeles llenos de pedacitos de papel en colores que cruzan de un cuerno a otro. La gran mayoría están provistas de dientes de vacas u otros animales incrustados, lo que les da un aspecto tétrico. La decoración de las mismas puede considerarse como sumamente pobre. No se encuentran orejas ni tipos sin cuernos, aunque aparecen tipos que, en vez de ser pintadas, son forradas de papeles de colores. 5
Aparecen tipos muy diversos, tanto que no se pueden hacer generalizaciones de ninguna clase. Se encuentran algunas con dientes y sin ellos, con cuernos, aunque estos pertenecen todos al tipo simple. La decoración es muy pobre, limitándose a darles un tono de pintura, acentuando las líneas de los ojos y la boca con un color en contraste. Las adornan también con dientes de animales, además de los de cartón que hemos dicho antes. No se encuentran tipos con orejas.
Las formas son muy variadas, aunque abunda el tipo simiesco o antropoide. Los cuernos son simples en su mayoría, pero algunas veces se pueden encontrar tipos que tienen dos o tres bifurcaciones, sin llegar a constituir el venado con venaditos. El número de los cuernos oscila entre dos y nueve, y los tipos que tienen más de cinco distribuidos alrededor de la cara tienen un aspecto simiesco 6 muy característico. Se encuentran tipos con dientes simulados y otros con la lengua afuera hecha de cartón o de pedazos de caucho. La decoración varía mucho, pues se encuentran tipos sobrios y otros muy ornamentados. En algunas ocasiones entrelazan entre los cuernos pedazos de cintas de varios colores con pequeños cascabeles.
5 En cursiva lo que en el original aparece agregado en forma manuscrita.
6 En el original, la palabra «simiesco» aparece tachada a mano y sustituida por «aracnoide».

Hasta aquí un pequeño panorama de nuestras máscaras de carnaval. A pesar de todos nuestros esfuerzos, no hemos podido completar nuestra investigación y presentar el uso de las mismas en todas las localidades del país, pero nos bastan estas pequeñas notas para sustentar la tesis de que las máscaras dominicanas, como todo otro material folklórico nuestro, no están desvinculadas de la tradición universal, lo cual podemos comprobar con algunos ejemplos.
En toda la América Hispana se encuentran los mismos diablos, con las variantes que son de esperar ocurran para diferenciar esta costumbre según los diferentes ambientes que la rodean. Pero en términos generales son muy parecidos a los nuestros, veamos:
En Venezuela reciben el nombre de «Diablos Danzantes» o «Promeseros». Su sede principal es la ciudad de San Francisco de Yare y en el día de Corpus lo pasan en extrañas ceremonias recorriendo la población y bailando delante de la iglesia. Tanto su vestimenta como las caretas son muy parecidas a las nuestras, sobre todo al tipo de Salcedo que hemos visto antes. Tienen una «madre», equivalente a la diabla de Ciudad Trujillo, que es una mujer con traje especial que dirige una parte de las ceremonias.7
En Bolivia esta fiesta recibe el nombre de «Orurada», del quechua Oruro, Diablo. Tiene lugar en las montañas con motivo de la llegada de la primavera y se hacen iluminaciones y danzas, tomando parte en las mismas más de doscientos diablos con caretas que tal vez sean las más decoradas de América, tanto que parecen tener influencias de Ball, Ceylán o el Japón.
Pasemos a Europa, y veremos en Bohemia, Sajonia y Thuringia, en la ceremonia llamada el «Entierro del Carnaval, que aparecen los mismos diablos «que se bambolean en posturas ridículas y de unas vejigas que llevan dispuestas al efecto arrojan chorros de sangre sobre la gente».
7 En el original, después de este párrafo se encuentra la siguiente nota manuscrita parcialmente ilegible: En Puerto Rico se llaman «vejigantes de Loiza», porque es esa ciudad su gran centro, donde celebran sus ceremonias. Sus caretas son de higüero, muy ornamentadas. [oración ilegible].
Además de estos ejemplos, sabemos que los diablos se encuentran en todas las culturas y en todas las épocas: África, Laponia, Oceanía, Siberia; y esto nos demuestra que nuestros diablos, si es verdad que los hemos heredado a través de España, sus verdaderos orígenes están en los cultos de las primitivas civilizaciones en las cuales el miedo que infundía la idea del mal hacía que se tratara de aplacarlo ofreciéndole danzas y ofrendas en su honor. Esta costumbre fue modificándose al paso de los años por la pérdida de su significado original, sobre todo en los países cristianos, pues es sabido que en estos «cuando no se puede desarraigar una costumbre pagana o transformarla en cristiana, se la retoca con detalles ridículos».
Esto nos hace pensar que el hombre es fundamentalmente idéntico en todas las latitudes y presenta las mismas reacciones ante circunstancias determinadas y, por lo tanto, sus costumbres no son más que pequeñas variantes de hechos universales que hacen del hombre una sola familia con diferentes actitudes y una sola posición.
Lizardo Barinas 8
San Cristóbal 20 de mayo de 1958
FRADIQUE LIZARDO
P. 0. Box 16
ARLANDA FLYGPLATS
8 En el original aparece junto al nombre una grafía que se asemeja a una firma manuscrita, pero es ilegible.
1. Sir James George Frazer – La Rama Dorada – Fondo de Cultura
Económica – México – 1944.
2. Adolfo Salazar – La música en la Sociedad Europea – Fondo de Cultura Económica – México – 1944. (2 tomos)
3. Enrique de Gandía – Cultura y Folklore en América – Editora El Ateneo – Buenos Aires – 1947.
4. Gustavo A. Mejía Ricart – Historia de Santo Domingo – Pol Hnos. Ciudad Trujillo – 1948 – 1956. (8 tomos)
5. Flérida de Nolasco – Días de la Colonia – Impresora Dominicana –Ciudad Trujillo – 1952.
6. Américo Lugo – Historia de Santo Domingo – Librería Dominicana – 1952.
7. Epifanio del Castillo González – Algo acerca de las fiestas tradicionales en el Santo Domingo Colonial – Imprenta Jackson –Ciudad Trujillo – 1945.
8. Ramón Marrero Aristy – La República Dominicana, origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América – Editora El Caribe –Ciudad Trujillo – 1957 – 1958. (2 tomos)
9. Miguel de Cervantes Saavedra – El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Curso Superior de Folklore
Seminario de la alumna: Maritza Mota de Sánchez
Tema: Los diablos cajuelos en La VegaSra. Edna Garrido de Boggs
Informante: Recuerdos personales de la autora
Profesor: Rafael Fradique Lizardo Barinas
Santo Domingo, octubre 4 de 1974
Los diablos son una manifestación callejera popular de carnaval, con motivo de la preparación para la celebración de la cuaresma cristiana. Salen los diablos cada domingo del mes de febrero, por lo general culminando en el gran día de diablos, el 27 de febrero o el Miércoles de Cenizas.
La fiesta comienza a partir de las 2:00 p.m., con la salida de los diablos por las calles, hasta llegar al parque del centro del pueblo. Las personas se reúnen en el parque y las aceras; en las calles los diablos azotan con sus vejigas las piernas y caderas. «Correr los diablos» significa salir a dejarse dar vejigazos.
Las personas de una escala social superior se colocan en el balcón del Club Recreativo de La Vega, y desde ahí observan a los diablos, no participando activamente.
Por lo general, los diablos no suben ni al parque ni a las aceras, desde la calle dan vejigazos a los peatones.
Cerca de las seis de la tarde, los diablos deben quitarse las caretas y, en ese momento, se llega al final de la corrida. Entonces se termina con una fiesta de bagazos de naranja entre el público y los diablos. Es una forma de equilibrar los azotes recibidos poder alcanzar a uno de los diablos con un bagazo.
Entre los personajes de este carnaval popular aparecen:
1. Los diablos - caretas - actitud
2. La muerte
3. Los callaos
4. Las comparsas de indios
1. Los diablos son los personajes centrales del carnaval vegano. Salen vestidos con un mameluco entero, de mangas largas y pantalones unidos. Las mangas son abuchadas, en colores muy fuertes y de gran contraste, rojo-amarillo, verde-negro, blanco-negro, azul-rojo. Hecho en charme la tora, se cubren la cabeza con un capuchón que solo deja libre la cara. Al capuchón va unida una capa larga que cubre toda la espalda. Es en esa capa y en los ruedos de mangas y pantalones que se colocan camapanitas y cascabeles. Toda la capa la adornan con espejitos redondos de 5 ctvs. y con alfileres (chambritas) doradas.
Van calzados con tenis y en la cara llevan puesta una careta articulada que permite hablar e incluso comer.
Las caretas están hechas en papier maché y llevan dos cuernos pequeños. Los diablos llevan en la mano una vejiga de puerco o vaca seca, llena de aire forrada de tela, con la que dan a las personas. El diablo debe acabar su vejiga cada tarde a vejigazos.
Los diablos se muestran con una actitud belicosa, muy altiva y siempre están dispuestos a azotar y responden al llamado de: «¡Oh, oh, macarao, amarillo y colorao! ¡Qué diablo más cuajao!».
Este grito, les entusiasma y acaban con las personas.
Por lo general, cada año se destacan como los diablos mis guapos, decididos, valientes y hermosos los diablos de La Cigua, barrio popular de mucha fama en estos carnavales.
2. La muerte es un diablo vestido de negro, con el esqueleto pintado por delante y por detrás en blanco, con una careta en forma de caravela. Se destaca por ser el más feroz y no respetar sexo ni edad para azotar.
3. Los callaos pertenecen a los niños de menos recursos económicos, en edad de 10 a 16 años, que no pueden hacerse un disfraz de diablo. Entonces se divierten forrando una piedra en una media de hombre y con esto salen a la calle. Su campo de acción es el parque, porque, al no estar disfrazados, nadie los reconoce y así pueden azotar a la multitud. Son muy peligrosos, y en más de una ocasión han roto cabezas con su instrumento.
4. Las comparsas de indios son comparsas de niños que tienen hasta 15 años más o menos, que salen en la mañana del domingo vestidos como los indios, es decir, falda de cabuya, una pluma, arcos y flechas, y la cara pintada con bija.
Hacen representaciones teatrales, con cuadros que siempre terminan con todos sus compañeros, se levantan, bailan acompañados de tambores y piden dinero, y así continúan su camino de casa en casa.
En los cuadros que representan siempre se termina en un combate múltiple, saliendo victorioso el héroe.
Los diablos vuelven a salir para el 15-16 de agosto, fiestas patronales de La Vega, pero en menos cantidad y belleza que en el mes de febrero.
Este seminario de folklore ha sido escrito basado en los recuerdos personales de la autora, Sra. Maritza Mota de Sánchez.
Santo Domingo, octubre 4, 1974


















Los Pepines versus La Joya. Vieja rivalidad entre los vecinos de una ciudad que se manifiesta en un hermoso carnaval. Por Bélgica
Suarez, periódico Hoy, 24 de enero de 1985.
P.8
ET-FL-1550
Lechón I: Personaje de carnaval de Santiago
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.27 x 16.4 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.10
ET-FL-1393
Carnaval
Santo Domingo, 1982
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.06 x 8.37 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.11
ET-FL-1404
Personaje de carnaval
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
7.55 x 11.74 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
Caretas de carnaval en Museo del Hombre Dominicano. Por Luis E. Lama, Muestra excepcional, El Caribe, 16 de septiembre de 1978.
P.16
ET-FL-1552
Lechón III: Personaje de carnaval de Santiago
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.27 x 16.4 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1553
Miembros del Ballet Folklórico
junto al Prof. Fradique Lizardo
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
23.94 x 18.98 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1386
Niño con careta de cartón
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
8.05 x 11.32 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.23
ET-FL-1396
Personaje en el carnaval.
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
7.8 x 11.62 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
Carnaval RD: una fiesta de gran colorido. Por Ángela Peña, Biblioteca, La Tarde Alegre, 22 de febrero 1986.
P.28
ET-FL-1405
Diablos cojuelos
Santo Domingo, 1975
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
8.29 x 11.46 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.30
ET-FL-1401
Niños disfrazados para el carnaval II
Fotografía analógica a color sobre papel
12.23 x 12.61 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
El carnaval de Santiago: lo público y lo imaginario. Por Pedro Catrain y Vanna Ianni, Centauro.
P.35
Las caretas de carnaval de Freddie Cabral. Arte sabatino, Listín Diario, 16 de septiembre de 1978.
P.37
ET-FL-1397
Carnaval vegano
La Vega, República Dominicana. 1978
Fotografía analógica a color sobre papel
12.29 x 8.85 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.38
ET-FL-1397
Fradique Lizardo (1930-1997)
Un grupo de diablos posa para fotógrafo.
Fotografía analógica a color sobre papel
8.81 x 12.12 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.42
Máscaras/rostros: rituales.
Suplemento político-cultural del El Sol, Centauro, 26 de febrero de 1983.
P.45
Exposición máscaras. Última
Hora, septiembre 5 de 1978.
P.48
ET-FL-1394
Comparsa de haitianos
Puerto Plata, 1975
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.29 x 8.09 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
Máscaras tradicionales de carnaval - Santo Domingo, Universidad de Santo Domingo, 1957-1958 - 15 páginas
Lizardo Barinas, Fradique (1930-1997).
P.53
ET-FL-1389
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.34 x 8.03 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.55
ET-FL-1399
Personaje de carnaval
Fotografía analógica a color sobre papel
8.84 x 12.13 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P.63
Carnaval Santo Domingo 84: mezcla cultural afro-antillana. Por Freddy Sandoval, Ahora, No. 1057, 27 de febrero de 1984.
P.64
El rescate de nuestra cultura: construcción de una careta de diablo. Por el Prof. Fradique
Lizardo, Suplemento, Listín Diario, 19 de marzo de 1977.
P.65
El carnaval de Santo Domingo: orden y transgresión. Por Rafael Peguero Rivera, Centauro.
P. 66
Los lechones de Santiago, una tradición de carnaval. Listín Diario, 13 de febrero de 1985.
P. 67
Los lechones de Santiago, una tradición de carnaval. Listín Diario, 13 de febrero de 1985.
Máscaras y carnavales dominicanos. Por Carlos Esteban
Deive, Suplemento, Listín Diario, 2 de septiembre de 1978.
P. 69
Naranjazos: durante el carnaval colonial. Por Angela Peña, La Tarde Alegre, 21 de febrero de 1986.
P. 70
ET-FL-1551
Lechón II: Personaje de carnaval de Santiago
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.27 x 16.4 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P. 71
ET-FL-1387
Niño disfrazado
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.3 x 8.05 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1388
Disfraz típico de "Cachúa"
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
8.89 x 6.62 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
P. 72
ET-FL-1390
Leonidas Temistoclez Feliz
Suarez y Rodolfo Feliz Nin en un combate de cachúas. Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
7.81 x 8.03 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1391
Leonidas Temistoclez Feliz
Suarez y Rodolfo Feliz Nin en un combate de cachúas.
Cabral, 1974
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
7.86 x 8 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1392
Leonidas Temistoclez, Feliz
Suarez, Rodolfo Feliz Nin y Menio Gómez en un combate con las cachúas.
Cabral, 1974
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
7.85 x 8.03 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1402
Grupo de diablos nos muestra el traje antes de empezar su recorrido.
Azua,1974
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
9.4 x 7.13 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1395
Lucha de "Toros" y "Civiles".
San Fernando, Montecristi, 1963
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.29 x 8.09 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1400
Niños disfrazados para el carnaval I
Fotografía analógica a color sobre papel
12.35 x 8.7 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1403
Carnaval
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.69 x 7.72 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
ET-FL-1406
Jóvenes disfrazados para el carnaval.
Fotografía analógica a blanco y negro sobre papel
11.63 x 7.94 cm
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
Colección Centro León
Los Cuadernos Fradique Lizardo de Folklore son publicaciones semestralmente iniciadas en 2019 con insumos del Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano, declarado Registro Memoria del Mundo de América Latina y el Caribe por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Uruguay, bajo custodia del Centro León.

PRODUCCIÓN
María Amalia León
Presidente Fundación Eduardo León Jimenes y Centro León
María Luisa Asilis de Matos
Directora ejecutiva Centro León
SUPERVISIÓN GENERAL
Luis Felipe Rodríguez
COORDINACIÓN
Carlos Andújar
ASISTENTE DE COORDINACIÓN
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COLABORADORES
Wilfredo Padrón Iglesias, Nathalia Ramírez, Julia Hernández Sang, Alexandra Guzmán
ESCRITOS E IMÁGENES
Fondo Fradique Lizardo de Folklore Dominicano
TRANSCRIPCIÓN
Aurelio Polanco
CUIDADO EDITORIAL
Ailin Parra
ADAPTACIÓN DE PORTADA Y DIAGRAMACIÓN
Nathalia Cortorreal
ISSN: 0864-2415
CENTRO CULTURAL EDUARDO LEÓN JIMENES
AV. 27 DE FEBRERO NO. 146
VILLA PROGRESO
SANTIAGO DE LOS CABALLEROS
REPUBLICA DOMINICANA
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