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Gaceta Cultural La Telaraña No. 2

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G A C E TA

C U LT U R A L

SEPTIEMBRE • 2023

ILUSTR ACIONES: JOSÉ VILL ALOBOS

NÚMERO 2


La Telaraña es una gaceta publicada por el Centro Cultural La Telaraña. Septiembre 2023.

Dirección: Lucio Santiago López Edición: Guillermo Santos Diseño: Axel Alarzón Ilustraciones: José Villalobos Las opiniones publicadas son responsabilidad de quien las emite.

telaranaespaciocultural@gmail.com centroculturallatelarana.wordpress.com Espacio Cultural La Telaraña


Editorial

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ste segundo número lo dedicamos al agua. En todas las épocas, y probablemente en todas las etapas de la existencia, el agua ha tenido una presencia casi absoluta en nuestra vida. Paradójicamente, como sociedad, al menos en lo que se refiere al México contemporáneo, el agua no parece la preocupación principal. En pocos años, y diagnosticada por diversas instituciones, la escasez de agua en este país se convertirá en un tema difícil de resolver. Antes de eso es posible realizar no sólo reflexiones, sino establecer un itinerario público y social, es decir, acciones. Aquí es donde lanzamos las siguientes preguntas: ¿por qué razón nuestra ciudad no ha sido adaptada para enviar el agua de la lluvia a los mantos freáticos? ¿No debiera tener cada municipio su propia planta de tratamiento? ¿Dónde y cómo se aplican las regulaciones necesarias para frenar el uso desmedido del agua potable para empresas extractivistas, como las mineras y refresqueras? ¿Es la ecología y la relación con nuestro medio ambiente una materia tan importante como aquellas que se dan a los jóvenes para no convertirlos en obreros sin criterio? De ahí van desprendiéndose docenas de cuestionamientos que atañen al ciudadano común. Por ejemplo, habría que pensar inteligentemente en la planeación urbana; la reforestación; la siembra extensiva de agave, que erosiona y modifica el clima a nivel alarmante; el rescate de espacios públicos; el uso eficiente del transporte público. A fin de reflexionar, desde el arte, acerca del agua, proponemos este número para mover a la acción desde nuestras respectivas disciplinas. No somos los primeros en señalarlo; nos sumamos a las iniciativas que busquen renovar nuestra relación con la naturaleza y los invitamos a colaborar con el Centro Cultural La Telaraña.

E L E D IT O R

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CENTRO CULTUR AL LA TELAR AÑA

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Agua viva

Índice

~ Araceli Mancilla Zayas

Editorial

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Agua viva

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Araceli Mancilla Zayas

Agua viva. Fragmento

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Clarice Lispector

Las piedras y el agua en la obra del primer Leonardo

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Gabriel Bernal Granados

El agua y los sueños. Fragmento

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Gaston Bachelard

Disolverse: recuerdos dispersos de la sed

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Karina Sosa

El mar. Fragmento

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Elías Canetti

¿Qué admiraba en el agua Bloom, amante del agua, sacador de agua, aguador, al volver al fogón?

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James Joyce

José Villalobos en su obra gráfica

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Guillermo Santos

Egotismos Guillermo de la Mora

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T

ales de Mileto de Jonia fue el primer filósofo griego, el primero de Occidente. Sabemos de él gracias a Aristóteles. Tales dio como respuesta a la pregunta fundacional que cuestiona el porqué del mundo, que el origen de todas las cosas es el agua, que el agua es el arché o el elemento que las gobierna. En un ambiente natural, cultural y político dominado por el océano como fue el de la antigua Grecia, dicha afirmación cobraba total sentido, como sigue teniéndolo en la actualidad. A milenios de distancia sabemos que en un medio físico donde no exista el agua no es posible la vida. Para el gran Leonardo da Vinci la tierra es atravesada por venas de agua a la manera en que la sangre es transportada en vasos que dotan al cuerpo de preciada vida. En el Códice Leicester, el mayor de sus manuscritos científicos, dedicado sobre todo al agua en movimiento, en el estudio del “cuerpo de la Tierra”, el agua que fluye es la dadora de vida. Es notable que en la obra de Leonardo el agua fluya en acantilados, valles y en los paisajes de trasfondo de sus retratos mostrándose a través dibujos y pinturas en distintos estados, y también como un elemento análogo presente en las ondulaciones de la cabellera y vestimenta de sus personajes. Más de la mitad de sus pinturas contendrían en

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forma innovadora explícita o implícitamente al agua (Martin Kemp). En una vena existencial, el agua dadora de vida, como la llama Leonardo, aparece en la obra Agua viva (1973) de la escritora brasileña de origen ucraniano Clarice Lispector, como el símbolo de la fluidez que es la vida siendo, dándose y pasando después a ser pensamiento y de ahí palabra. Una aguda observación del transcurrir de los instantes y de los seres permite que este texto, que es pura agua que corre, y en principio parece una larga carta dirigida a un destinatario amoroso, pueda pensarse como un largo canto al sí mismo en el momento en que Es y descubre cada elemento de la vida. El trasfondo filosófico de esta amplia disertación sobre el encuentro del propio ser con los demás seres y elementos de la naturaleza no se distingue en el fondo de otras obras de Lispector (señaladamente, de la novela La pasión según G. H.) en sus hallazgos metafísicos. El instante como el momento supremo de la existencia se impone. De adelante hacia atrás el pasado y el futuro se conjuntan en el it que es todo lo que concentra la atención de esta voz que vive, piensa, pinta y escribe. La pintura abstracta, como medio de expresión, se asume en una libertad formal que podría exceder en su capacidad de sig-

nificación a la palabra lo mismo que la música. “Esa pintura se contenta con evocar los reinos incomunicables del espíritu, donde el sueño se convierte en pensamiento, donde el trazo se convierte en existencia” dice Michel Seuphor en el epígrafe de entrada al libro. Sin embargo, en Agua viva la palabra ha sido transformada en fluido, probablemente bajo el influjo de esta idea. Y con ella el pensamiento nombra, recorre y analiza plantas, flores, animales, paisajes, números, espejos, vida, nacimiento, muerte. La voz que escribe llama a Dios Simptar, se nombra a sí misma Amptala. Desmenuza sin clemencia lo que va sucediendo, un suceso sin fin. El lamento por la muerte es inevitable, pero la recuperación de la alegría, también. Las palabras son rebeldes. De pronto lagos más o menos serenos. Cauces subterráneos. Vórtices, como los de Leonardo. La palabra es agua viva, en el principio, que continúa. Que no termina y sigue. Pues quien escribe dice “Yo estoy escuchando ese silbido en la oscuridad. Yo, que estoy enferma de condición humana”. Surge un pensamiento que elimina el predominio del pensamiento para tener una visión directa del mundo. Agua viva narra el acto de sumergirse en una experiencia oceánica, primordial, como criatura recién nacida entregada a su fusión con el universo.

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[ FR AGMENTO ]

Agua viva ~ Clarice Lispector

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s con una alegría tan profunda. Es un aleluya tal. Aleluya, grito, aleluya que se funde con el más oscuro alarido humano de dolor de separación pero que es un grito de felicidad diabólica. Porque ya nadie me ata. Sigo con capacidad de razonar —he estudiado matemáticas, que son la locura de la razón— pero ahora quiero el plasma, quiero alimentarme directamente de la placenta. Tengo un poco de miedo: miedo de entregarme, porque el próximo instante es lo desconocido. ¿El próximo instante está hecho por mí? ¿O se hace solo? Lo hacemos juntos con la respiración. Y con una desenvoltura de torero en la arena. Te digo: estoy intentando captar la cuarta dimensión del instante-ya, que de tan fugitivo ya no existe porque se ha convertido en un nuevo instante-ya que ahora tampoco existe. Quiero apoderarme del es de la cosa. Esos instantes que transcurren en el aire que respiro, como fuegos artificiales estallan mudos en el espacio. Quiero poseer los átomos del tiempo. Y quiero capturar el presente que, por su propia naturaleza, me está prohibido; el presente se me escapa, la actualidad huye, la actualidad soy yo siempre en presente. Sólo en el acto del amor —por la nítida abstracción de estrella de lo que se siente— se capta la incógnita del instante, que es duramente cristalina y vibra en el aire, y la vida es ese instante incontable, más grande que el acontecimiento en sí; en el amor el instante de júbilo impersonal refulge en el aire, gloria extraña del cuerpo, materia sensibilizada por el escalofrío de los instantes, y lo que se siente es al mismo tiempo inmaterial y tan objetivo que sucede como fuera del cuerpo, brillando en lo alto; alegría, la alegría es la materia del tiempo y es por excelencia el instante. Y en el instante está el es de sí mismo. Quiero captar mi es. Y canto un aleluya al aire como lo hace el pájaro. Y mi canto no es de nadie. Pero

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no hay pasión sufrida en el dolor y en el amor a la que no le siga un aleluya. ¿Mi tema es el instante? Mi tema de vida. Intento estar a su nivel, me divido millares de veces en tantas veces como los instantes que transcurren, tan fragmentaria soy y tan precarios los momentos, sólo me comprometo con la vida que nace con el tiempo y que crece con él; sólo en el tiempo hay espacio para mí. Te escribo entera y siento un sabor en ser y el sabor-a-ti es abstracto como el instante. También con todo el cuerpo pinto mis cuadros y en el lienzo fijo lo incorpóreo, yo cuerpo-a-cuerpo conmigo misma. No se comprende la música, se escucha. Escúchame entonces con todo tu cuerpo. Cuando llegues a leerme preguntarás por qué no me limito a la pintura y a mis exposiciones, por qué escribo tosco y sin orden. Es que ahora siento necesidad de palabras y es nuevo para mí lo que escribo porque mi verdadera palabra está hasta ahora intacta. La palabra es mi cuarta dimensión.

nógrafo y la mano vibra y transmite ondas a todo el cuerpo: así oigo la electricidad de la vibración, sustrato último en el dominio de la realidad, y el mundo tiembla en mis manos. No pinto ideas, pinto el más inalcanzable «para siempre». O «para nunca», da igual. Antes que nada, pinto pintura. Y antes que nada te escribo dura escritura. Quiero como poder coger con la mano la palabra. ¿La palabra es un objeto? Y a los instantes les extraigo el zumo de la fruta; tengo que destituirme para alcanzar el meollo y la semilla de la vida. El instante es semilla viva.

Veo que nunca te he dicho cómo escucho música: apoyo levemente la mano en el fo-

Y si muchas veces pinto grutas es porque ellas son mi zambullida en la tierra, oscuras pero aureoladas de claridad, y yo sangre de la naturaleza; grutas extravagantes y peligrosas, talismán de la tierra, donde se unen estalactitas, fósiles y piedras, y donde los animales que aman su propia naturaleza maléfica buscan refugio. Las grutas son mi infierno. Gruta siempre soñadora con sus nieblas, ¿recuerdo o nostalgia? Asombrosa, espantosa, esotérica, verde por el limo del tiempo. Dentro de la caverna oscura centellean colgados esos ratones con alas en forma de cruz, los murciélagos. Veo arañas peludas y negras. Ratones y ratas corren asustados por el suelo y por las paredes. Entre las piedras el escorpión. Cangrejos, iguales a sí mismos desde la prehistoria, a través de muertes y nacimientos, que parecerían bestias amenazadoras si fuesen del tamaño de un hombre. Cucarachas viejas se arrastran en la penumbra. Y todo eso soy yo. Todo está cargado de sueño cuando pinto una gruta o te escribo sobre ella; de fuera viene el tropel de decenas de caballos sueltos golpeando con sus cascos secos las tinieblas, y de la fricción de los cascos el júbilo se liberta en chispas; aquí estamos, la gruta y yo, en el tiempo que nos pudrirá.

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Hoy he acabado el lienzo del que te hablé; líneas redondas que se entrecruzan con trazos finos y negros, y tú, que tienes la costumbre de querer saber por qué —el porqué no me interesa, la causa es la materia del pasado— te preguntarás ¿por qué los trazos negros y finos? Es por el mismo secreto que me hace escribir ahora como si fuese a ti, escribo redondo, enmarañado y tibio, pero a veces frío como los instantes frescos, agua del arroyo que tiembla siempre por sí misma. ¿Lo que he pintado en esa tela es susceptible de ser fraseado? Tanto como la palabra muda pueda estar implícita en el sonido musical.

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Las piedras y el agua en la obra del primer Leonardo ~ Gabriel Bernal Granados

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orría el año de 1472. Andrea del Verrochio, dueño y maestro de una famosa bodega en la ciudad de Florencia, había aceptado el encargo de pintar la escena del Bautismo de Cristo. Como ocurría siempre con las pinturas de caballete que le eran encomendadas al maestro, éste elegía a dos ayudantes entre sus discípulos para que dispusieran la tabla, molieran los pigmentos y los mezclaran con aceite. Se trataba de un proceso lento, que podría demorar meses. Incluso un año o dos. De hecho, fue en la bodega de Verrochio donde Leonardo adquirió la costumbre de la demora. Nada demasiado rápido y nada demasiado lento. Si estiras el [

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tiempo y lo llevas al límite, verás cómo las realidades afloran por sí solas en el universo del cuadro. La demora en Leonardo sería el equivalente al silencio en el campo de fuerza que supone la existencia del poema en el contexto moderno. El silencio como un dosel o una cuña que facilita la emergencia del sentido último de la obra. Leonardo, que por entonces tendría veinte años, siguió el proceso de elaboración de la pintura con sumo cuidado. No se contentaba con el cumplimiento de sus tareas domésticas, sino que entendía, como si fuese la sombra del maestro, el proceso interno de la genésis del cuadro. De ahí la importancia del agua, que crea, para los pies del

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Bautista y de Jesús, un contexto diferente. Verrochio, que se encuentra en el germen de la pintura y algunos de los hábitos más significativos de Leonardo, era muy respetuoso de las convenciones. Y aquí ser “respetuoso de las convenciones” significa una manera inaparente de romperlas. San Juan, que tiene la misma estatura que su primo Jesús, lleva una camisa de lana negra. Cubriéndole el torso, las caderas y la pierna derecha, entrecruzándose como si formaran una guirnalda, lleva dos paños, uno azul y otro rosa. Más allá de sus posibles correlatos (el rosa y el morado eran los colores de la ropa que usaba Leonardo, según algunos cronistas de la época; y el rosa y el azul son los colores de los paños que llevan Platón y Aristóteles en La escuela de Atenas de Rafael), estos colores, aquí, representan las dos mitades que dividen la distribución de las figuras y los símbolos en el cuadro de Verrochio: el azul del cielo y los colores cálidos que crean la sensación de un suelo. (El báculo de san Juan es como el tallo de un árbol que germina en el lecho del río, de la misma forma en que la palmera de la iz-

quierda nace de la tierra y se eleva hacia el cielo, como una ofrenda o la manifestación de una forma vegetal de la conciencia). El agua del río se va mezclando, en su devenir sinuoso, a las piedras de la orilla, como si Verrochio hubiera querido jugar con el símbolo de la piedra1 y la forma 1 Véase Mateo 3:9, "Porque yo os digo que Dios puede hacer surgir de estas piedras inaprensible del agua2. ¿Verrochio hijos a Abraham", de donde se despreno Leonardo? La conciencia del disde que las piedras, como todo lo natural que nos rodea, está vivo y representa un cípulo ya se percibe en la pintura estado distinto de ser o de conciencia. del maestro. La musculatura de 2 Verrochio está representando en este cuadro un paisaje imaginario (algo muy las piernas de Jesús y el vello que propio de Leonardo en su pintura postese asoma por encima de la tela rior) que tiene su correlato en el río Jordán del Nuevo Testamento. Las piedras y que le cubre el sexo ya son las de la tonalidad del agua del río, conforme la una pintura del Renacimiento, en visión del espectador se acerca al primer plano de la obra, recuerdan la temperacuyos albores nos encontramos tura y las tonalidades del desierto. Juan ahora. Sin embargo, la tonalidad era un profeta cuyo destino estaba asogrisácea de su pecho y la manera ciado a la soledad y la incertidumbre del desierto. magra y piadosa en que está re3 Los brazos y las manos del Cristo parecen presentado su rostro aún recuerestar fuera de la proporción establecida por Vitruvio y representada por Leonarda el rictus con el que los pintores do en un dibujo de 1492, que Luca Pacioli medievales (Cimabue) represenincorporó en su tratado sobre el concepto matemático de proporción áurea De taban el dolor y la condición teodivina proportione, impreso en Venecia 3 lógica del Hijo . en 1509. Dos tradiciones, la Edad Media y el Renacimiento, conviven de manera Resulta difícil creer la hisvisible en un mismo espacio, siendo la toria según la cual Verrochio se una un desprendimiento de la otra.

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habría sentido obligado a colgar los pinceles después de ver cómo Leonardo pintaba a uno de los ángeles que aparecen en el ángulo inferior izquierdo de la pintura, arrodillado, en el primer plano, y sosteniendo la túnica rosada del Maestro mientras a éste se le bautiza con el agua del río. Es verdad, la riqueza en el detalle y la sensualidad en el uso del color traicionan en este punto la destreza de Leonardo, así como el rostro angelical y los rizos de la cabellera, que un poco más tarde se convertirían en correlato simbólico del caracol que dibuja la espiral del agua cuando se siente atraída hacia su centro. Verrochio y sus ayudantes4 4 En este punto del relato hemos comprendido la importancia de los discípulos en pusieron especial esmero en la la ejecución de una obra, que de suyo no representación del agua como iba firmada y que en todo caso pertenecía al “taller de Verrochio”, así como los una transparencia. A través de cuadros que se le atribuyen a Leonardo ella se pueden ver las lajas que en realidad tendrían que llevar el sello distintivo del “taller de Leonardo”. forman parte del lecho del río, pero también y sobre todo las estructuras de los pies descalzos de los profetas, que contrastan con la profusión en el vestido de los dos ángeles de la izquierda. ¿Los ángeles serían entonces una sugerencia de las personalidades de Leonardo y Botticelli, que según la tradición fueron los ayudantes seleccionados por Verrochio para ayudarle en la ejecución del Bautismo de Cristo? Siguiendo con esta misma lógica, en el bautizo de Jesús puede verse al maestro, san Juan/Verrochio, ungiendo a su discípulo Leonardo, quien de alguna manera se gradúa

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con este cuadro y se encuentra en condiciones de aceptar encargos para su propio y muy modesto taller de pintura, que comenzaría a funcionar de manera itinerante y esporádica a partir de ese mismo año, 1472, cuando Leonardo pinta La anunciación en compañía de Ghirlandaio, que también formaba parte de la bodega de Verrochio. A un lado del muslo derecho de Jesús, el agua clara de la fuente del Jordán se revuelve sobre sí misma formando una espuma blanca, que parece reverberar bajo la luz del sol del mediodía. El agua sigue su curso entre las rocas hasta mojar los pies del Bautista y de Jesús, que pueden verse a través del agua gracias a la misma calidad o transparencia con que Leonardo, veinte años más tarde, pintaría los vasos de los apóstoles en La última cena. ¿Qué tanto aprendió Leonardo de Verrochio y qué tanto ya sabía del valor del paisaje y su fusión con la figura? Leonardo parece estar entendiéndolo todo en el momento de estar ejecutando sus tareas como ayudante en el taller de su maestro, y de esos mismos años data el interés que habría de desarrollar a lo largo de su vida por el agua y el profeta relacionado con el misterio de su transparencia, Juan el Bautista. Sin embargo, no es san Juan el protagonista de este “primer cuadro” atribuido a los pinceles y la inteligencia de Leonardo: es el agua. El agua como principio generador del todo.

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[ FR AGMENTO ]

El agua y los sueños ~ Gaston Bachelard

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l agua es realmente el elemento transitorio. Es la metamorfosis ontológica esencial entre el fuego y la tierra. El ser consagrado al agua es un ser en el vértigo. Muere a cada minuto, sin cesar algo de su sustancia se derrumba. La muerte cotidiana no es la muerte exuberante del fuego que atraviesa el cielo con sus flechas; la muerte cotidiana es la muerte del agua. El agua corre siempre, el agua cae siempre, siempre concluye en su muerte horizontal. A través de innumerables ejemplos veremos que para la imaginación materializante la muerte del agua es más soñadora que la muerte de la tierra: la pena del agua es infinita. Siempre vuelvo a sentir la misma melancolía ante las aguas dormidas, una melancolía muy especial que tiene el color de una charca en un bosque húmedo, una melancolía sin opresión, soñadora, lenta, calma. A menudo un detalle ínfimo de la vida de las aguas se me transforma en un símbolo psicológico esencial. El olor de la menta acuática, por ejemplo, me recuerda una especie de corres-

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pondencia ontológica que me hace creer que la vida es un simple aroma, que la vida emana del ser como un olor emana de la sustancia, que la planta del arroyo debe emitir el alma del agua… Si tuviera que revivir por mi cuenta el mito filosófico de la estatua de Condillac que descubre el primer universo y la primera conciencia en los olores, en vez de decir como ella: “Soy perfume de rosas”, yo tendría que decir “soy en primer lugar olor a menta, olor a la menta de las aguas”. Porque el ser es antes que nada un despertar y se despierta en la conciencia de una impresión extraordinaria. Pero, ¿quién contempla mejor, el lago o el ojo? El lago, el estanque, el agua dormida nos detiene en su orilla. Dice a la voluntad: “no irás más lejos; estás entregada al deber de mirar las cosas lejanas, los más allá! Mientras tú corrías, algo aquí ya miraba”. El lago es un gran ojo tranquilo. El lago recoge toda la luz y hace un mundo con ella. Gracias a él, ya, el mundo es contemplado, el mundo es representado. También él puede decir: el mundo es mi representación.

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Disolverse: recuerdos dispersos de la sed ~ Karina Sosa

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enecia se hunde en el tiempo. Hasta ahora me doy cuenta de que no he visto ningún cementerio. ¿Será que la muerte en los pueblos acuáticos es de otra manera?”. Escribo estas líneas mientras espero el vaporetto. Estoy en Dorsoduro. Dorsoduro tiene que ver con espina, con punta. Alguna vez Venecia fue la capital del libro. Aquí se comerciaban libros, y aquí, en Venecia, decidió vivir Aldo Manuzio, quien fue el primer editor e ideó las cursivas. Las letras son también como manchas de agua en el tiempo. Visité Santa Maria della Salute, escuché la misa oficiada por un sacerdote joven. Antes de entrar a la iglesia, había bebido cinco copas de Campari. En la iglesia miré con curiosidad los cuadros de los santos. Me pregunté, por ejemplo, frente a un cuadro de Luca Giordano, cómo se decía estremecimiento en italiano. ¿Cómo na[

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ció en mí la idea de aprender italiano? ¿Cómo se aprende un idioma? ¿Se aprende, algún día, un idioma? Cada alfabeto oculta sus secretos en las raíces más profundas. Hacemos intentos por aprender. Tropezamos al buscar cada palabra para expresar lo que pensamos. Frente al cuadro de Giordano Prezentacione della virginie al tempio, nacido en Nápoles en 1634, más que estremecimiento sentí una absoluta felicidad. “Nuestro espíritu se nutre de palabras”, oí decir (en un delirio) al sacerdote veneciano. Pero sé que solamente imaginé esa frase, porque mi cerebro me la dictó en español. Es la luz también un alimento. La luz que se filtra por las bóvedas, la luz que lleva años impactando los muros, refractándose en el aceite… es la luz que se asoma como si todo fuese mirado desde arriba, desde un agujero o un hueco diminuto y siempre demasiado antiguo.

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A veces la sed está emparentada con el deseo de pertenecer a algún sitio. A veces la sed tiene que ver con los dolores que llevan años en el cuerpo, silenciosos. Anoche tomé una pastilla que parece una medialuna y hoy amanecí con un dolor distinto, es como un pesar. Alguien diría que es un presentimiento. Pero también podría ser la calidad del

agua de este lugar. Este lugar que es la casa. Sus tuberías que casi cumplen treinta años. ¿Cómo han resistido sin colapsar? El agua ha contenido ciertas existencias. O quizá a todas las que conocemos. La sed nos ha hecho llegar delirantes, como cocodrilos hasta esos verdes y turbios canales en donde algo muy profundo se esconde y sabemos entonces que no hay salvación para nuestras almas. No sé si estoy delirando pero creo recordar que Fernand Braudel comienza su breve ensayo Bebidas y excitantes, hablando del agua. Busco ese libro, lo busco en mi memoria porque estoy lejos de mi biblioteca. Estoy lejos de casa, es decir, lejos del lugar donde acumulo cajones con libros que voy comprando. Dice Braudel, me dicta la memoria, que todo comienza con el agua. El agua como principio del deseo y del placer: aguas turbias, aguas venenosas, aguas que son una trampa. Caudales, arroyuelos, charcos y lagunas. ¿De allí vendrá aquello de las “lagunas mentales”? Breves charcos en los que abrevamos para continuar nuestro camino. Las aguas del Leteo, los ríos del inframundo y nuestro propio inframundo que es también acuático y que atravesaremos guiados por un perro. La sed se manifiesta en silencio en días que nos resultan desesperantes, cerrados. La sed se manifiesta como una gota sobre la cabeza de un torturado. Somos nosotros mismos quienes nos condenamos mientras experimentamos la sed.

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¿Qué es el agua potable? ¿Qué es un aljibe? ¿Qué es un manto acuífero? Me gusta que quiero encontrar poesía en estos términos. Me gusta que queremos pensar en agua que nace debajo de las piedras. Retumba la palabra palustre en mi memoria. Llevo varias noches habitando una casa ajena mientras escribo este ensayo. Y a veces detengo el teclado para escuchar una gota que nace en algún rincón. Es una gota esquiva. Viene y va. De pronto se desparrama frente a mí. Es un ruido ficticio, algo que he inventado. El aljibe es también una fosa. Pienso en la muerte y el agua. En un cuerpo muerto bajo el agua. De niña, con mi madre y mis dos hermanas, visitamos un museo en el centro de una ciudad que ahora tiene un nombre distinto al de esa época. En ese museo había un muñeco de cera que representaba a un hombre torturado. La tortura consistía en una gota de agua cayendo perpetuamente sobre su cabeza. Me hubiese gustado aprender zapoteco para pensar en la onomatopeya posible.

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[ FR AGMENTO ]

Mar

~ Elías Canetti

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*Tomado de Masa y poder

l mar es múltiple, está en movimiento, posee una densa cohesión. Lo múltiple en él son las olas que lo constituyen. Son incontables; quien se encuentra en el mar está rodeado de olas por todos lados. El carácter semejante de su movimiento no excluye diferencias de tamaño entre ellas. Nunca están en entera calma. El viento, que viene del exterior, determina su dirección; acometen hacia este lado o hacia el otro, según él ordene. La densa cohesión de las olas expresa algo que también sienten los hombres que forman parte de una masa: una ductilidad hacia los demás como si uno fuese ellos, como si ya no se estuviese limitado en sí mismo, como si se tratase de una independencia de la que no hay escapatoria y, precisamente en contraposición, aparece una sensación de fuerza, un ímpetu que dan todos en conjunto. La índole peculiar de esta cohesión entre los hombres es desconocida. Tampoco el mar la explica, pero la expresa. Sin embargo, además de las olas hay otro múltiple que pertenece al mar: las gotas. Ellas están aisladas, son sólo gotas, si no están cohesionadas entre sí su pequeñez y su aislamiento tienen algo de impotencia. Son casi nada y despiertan un sentimiento de compasión en el observador. Sumérjase la mano en el agua, levántesela y obsérvense las gotas que se escurren por ella de a una y débiles. La compasión que por ellas se siente podría compararse con la que nos producen los hombres sin esperanza, los marginados. Las gotas sólo vuelven a contar cuando ya no se las puede contar, cuando han vuelto a amalgamarse en lo grande y entero. El mar tiene una voz que es muy cambiante y que se oye siempre. Es una voz que tiene sonido de mil voces. Se le atribuyen muchos factores: paciencia, dolor y cólera. Pero lo más impresionante de esta voz es su tenacidad. El mar nunca duerme. Se lo oye siempre, de día, de noche, por años, decenios; se sabe que ya se le oía hace siglos. Tanto en su ímpetu como en su rebelarse recuerda una sola criatura que comparte estas características con él: la masa. Pero también tiene la constancia que a ésta le falta. No se insume y desaparece de tarde en tarde, está siempre presente. El máximo e incluso vano deseo de la masa, el deseo de perdurar, lo representa el mar como un algo ya realizado. El mar todo lo engloba y es incolmable. Todos los ríos, vertientes, nubes y toda espe-

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cie de cauces de la tierra podrían volcarse en el mar que no por ello aumentaría realmente; no habría cambiado, siempre se tendría la sensación de que se trata del mismo mar. Es pues tan grande, que puede servir de modelo a la masa que quiere hacerse siempre más grande. Grande como el mar podría hacerse la masa y para lograrlo atrae más y más hombres. En la palabra océano el mar alcanzó algo como su más solemne dignidad. El océano es universal, es él el que llega a todas partes, el que baña toda comarca, es él sobre el que, según la antigua idea, flota la tierra. Si el mar no fuese incolmable, la masa no tendría imagen para su propio ser insaciable. No podría tomar conciencia tan clara de su pulsión más profunda y oscura, de

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atraer a más y más hombres. El océano, sin embargo, que con naturalidad está a la vista, otorga un mítico derecho a su indomable aspiración de universalidad. Si bien el mar es cambiante en sus afectos, puede apaciguar y amenazar, puede estallar en tormentas, pero siempre está presente. Se sabe dónde está, su ubicación tiene algo de abierto, de descubierto. No nace repentinamente donde antes nada había. Lo misterioso y repentino del fuego le es ajeno; éste le ataca a uno desde la nada como fiera al acecho y se le espera en todas partes. En cambio, el mar sólo es de esperar allí donde se sabe con certeza que está. Pero no por ello se puede decir que carece de misterio. Su misterio no reside en su

ser repentino, sino en su contenido. La vida masiva de la que está colmado pertenece al mar tanto como su abierta constancia. Así lo grandioso de esta formación se ve aún acrecentado por la idea de su contenido: todos los vegetales y animales que cobija en cantidades inmensas. El mar no tiene límites internos y no está separado en pequeños pueblos y territorios. Tiene un idioma y es el mismo en todas partes. No hay por así decir ningún hombre que pudiese ser excluido de él. Es demasiado englobante como para que pudiera corresponder a alguna de las masas conocidas por nosotros. Pero es el modelo de una humanidad saciada en sí, en la que desemboca toda vida y que todo lo contiene.

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[ FR AGMENTO ]

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Ulysses ~ James Joyce

ué admiraba en el agua Bloom, amante del agua, sacador de agua, aguador, al volver al fogón? Su universalidad: su igualdad democrática y la constancia de su naturaleza al buscar su propio nivel: su inmensidad en el océano de la proyección de Mercator: su no sondada profundidad de la fosa de Sundam en el Pacífico que sobrepasa las 8.000 brazas: la agitación de sus olas y las partículas de la superficie visitando uno tras otro todos los puntos del litoral: la independencia de sus unidades: la variabilidad de las condiciones del mar: su quiescencia hidrostática en calma: su turgencia hidrocinética en mareas muertas y en mareas vivas: su quietud tras la devastación: su esterilidad en los casquetes circumpolares, ártico y antártico: su trascendencia climática y comercial: su preponderancia de 3 a 1 sobre la tierra firme del globo: su indisputable hegemonía que se manifiesta en leguas cuadradas sobre todas la regiones por debajo del trópico subecuatonal de Capricomio: la estabilidad multisecular de su prístina cuenca pelágica: su luteoleonado fondo: su capacidad para disolver y retener en solución todas las sustancias solubles incluyendo millones de toneladas de los más preciados metales: su lenta erosión de penínsulas e islas, su persistente formación de islas homotéticas, penínsulas y promontorios descendienteinclinados: sus depósitos aluviales: su peso y volumen y densidad: su imperturbabilidad en lagunas y pequeños lagos de montaña: su gradación de colores en zonas tórridas y templadas y frías: sus ramificaciones vehiculares en corrientes continentales conteniendo lagos y ríos confluyentes y oceanofluyentes con sus tributarios y comentes transoceánicas, comente del golfo, trayectoria norte y sur ecuatoriales: su violencia en maremotos, trombas marinas, pozos artesianos, erupciones, to-

rrentes, contracorrientes, aluviones, crecidas, mar de fondo, cuencas, líneas divisorias de las aguas, géiseres, cataratas, remolinos, vórtices, inundaciones, diluvios, chaparrones: su inmensa curva horizontal circunterrestre: su recondidez en las fuentes y latente humedad, puesta de manifiesto por instrumentos divinatorios e higrométricos e ilustrada por el pozo junto al agujero en el muro de Ashtown Gate, la saturación del aire, la destilación del rocío: la simplicidad de su composición, dos partes componentes de hidrógeno con una parte componente de oxígeno: sus virtudes curativas: su flotabilidad en las aguas del Mar Muerto: su penetrabilidad perseverante en arroyadas, barrancos, diques inadecuados, vías de agua en barcos: sus propiedades para limpiar, para apagar la sed y el fuego, alimentar la vegetación: su infalibilidad como paradigma y parangón: su metamorfosis como vapor, niebla, nube, lluvia, cellisca, nieve, granizo: su fuerza en mangueras rígidas: su variedad de formas en rías y bahías y en golfos y ensenadas y en estrechos y lagunas y en atolones y archipiélagos y en istmos y fiordos y canales y estuarios y brazos de mar: su solidez en glaciares, icebergs, témpanos de hielo: su docilidad en mover ruedas de molino hidráulicas, turbinas, dinamos, centrales eléctricas, tintorerías, curtidurías, agramaderías: su utilidad en canales, ríos, si navegables, en diques flotantes y de carena: su potencialidad derivable de mareas aprovechadas o corrientes de agua cayendo de altura en altura: su fauna y flora submarinas (anacústica y fotofobia), numéricamente, si no literalmente, los habitantes del globo: su ubicuidad en cuanto que constituye el 90% del cuerpo humano: la nocividad de sus efluvios en marismas lacustres, ciénagas pestilentes, agua de flores estropeada, estanques estancados en luna menguante.

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LA TELARAÑA • SEPTIEMBRE 2023

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José Villalobos en su obra gráfica ~ Guillermo Santos

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ctavio Paz sostenía que existen dos tipos de poetas: aquellos que están obsesionados con la música y aquellos que lo están con la pintura. En el caso de José Villalobos (Ciudad Ixtepec, Oaxaca, 1950), es evidente que su actividad poética, quiero decir, el uso y la percepción y la apreciación del silencio y la necesidad de un lenguaje sutil, guarda una relación muy especial con su actividad pictórica. Me imagino que ambas palabras, poesía y pintura, están en su mente cuando se detiene frente al bastidor. De hecho, el artista suele pensar en ciertas obras suyas como en un hallazgo poético, e invita a sus espectadores a actuar como descubridores de ese hallazgo. Probablemente sus cuadros sean ventanas hacia el interior de uno mismo. Desde la perspectiva artística palabras como luz, sombra, paisaje e incluso geometría, se definen y redefinen a cada instante, y como las estaciones, van mutando. Sin embargo, para ciertos autores, como ocurre con José Vilallobos, dichas nociones se matienen como un alfabeto del que siempre es posible obtener material con las que hay que dialogar incesantemente. Esto sucede, también, en su obra gráfica, que

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acompaña en una breve selección este segundo número de La Telaraña. No hay que olvidarnos que al autor le agrada trabajar en sus grabados en relación con proyectos literarios, intentando empatar palabra e imagen dentro de una carpeta en edición limitada y en tirajes de libros que buscan ese diálogo poético. Una palabra puede tener esa capacidad de evocación que nos abrirá al universo de lo visual. Así, frente a un lenguaje de imágenes, la palabra se convierte en un gozne para mirar. No pocas veces ha comentado el pintor que le gusta pensar en el grabado como un conjuto de gestos, la suma y sucesión de capas, sobre la que se van acumulando estos gestos, como si fueran sedimentándose. Hablar de sedimentaciones es pertinente para alguien que atiende a su trabajo como quien va observando los estratos de la corteza terrestre: un corte preciso, un trazo elemental, es capaz de revelar las transformaciones del tiempo y del espacio. La geometría imperfecta es una de las cosas que ha perseguido toda la vida. Asomarse a la obra gráfica de Villalobos, a diferencia de sus óleos en gran formato, es como asomarse a un universo microscópico. Como si las pinceladas del barniz y del ácido

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sobre la placa de metal indicaran no solamente el recorrido de la luz sobre la materia, sino las minúsculas imágenes de átomos y fragmentos de otros objetos que van rompiéndose sobre el papel. Interacciones entre materia y energía. Las obsesiones del autor pueden resumirse en el deseo de trazar coordenadas imaginarias sobre un mapa vacío, y dentro de ese mapa cabría la descripción geográfica, el detalle de elementos que suelen perderse a la mirada distraída, mínimos y máximos o una suma de líneas de paisaje. El deseo de aproximar a su espectador al detalle, al trazo delicado del lápiz, o la mancha y el accidente, acompañan estas imágenes. Son muy de taller y de visión minusciosa. En ir construyendo un mundo hecho de evocaciones, encontramos cierta medida del oficio de Villalobos, sobre todo aquel que se precia de llamarse “gráfica”. Como si cada grabado fuera una palabra dentro de un amplio poema visual, la prueba y el error de un ademán atrapado en el instante presente pero perpetuado por la impresión de la prensa para grabado. Posiblemente cada una de las obras aquí reproducidas podrían fundamentar una retrospectiva gráfica. Faltaría, evidentemente, una selección definitiva.

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Egotismos ~ Guillermo de la Mora * Ego significa “yo” en griego. La etimología es la arqueología del idioma, nos libera de la opresión del uso que le dan nuestros contemporáneos.

* Vivir es pagar renta: la cuota siempre parece demasiado cara, incluso si el inmueble es modesto o de plano una pocilga. Sin embargo, casi cualquier techo parece mejor que ninguno.

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* “Los hombres se divierten y Dios se entristece”: Vaslav Nijinsky

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“La pereza es el escepticismo de la carne”: Emil Cioran

Pensar es sufrir y gozar por cosas que no están inmediatamente presentes: he allí el drama y la gloria del ser humano.

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La potencialidad de locura en un individuo es directamente proporcional a su capacidad de ilusionarse.

Las grandes derrotas institucionales de la contemporaneidad: la cárcel, el manicomio y la escuela.

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El éxito ha remplazado al honor, como éste lo hizo con la inmortalidad del alma. Las expectativas humanas parecen irse encogiendo al compás de los siglos.

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La cultura es la digestión de la historia. Incluye reflujos y diarreas.

No joder e intentar no dejarse joder. He allí resumida toda ética.

“Lo que amo de mi locura es que me ha protegido de la seducción de las élites”: J.P. Sartre

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“Muchos no tienen idea de los peligros aparejados a la salud y de las ventajas de la enfermedad”: Blaise Pascal

La inconveniente necedad de seguir viviendo, podría ser el título de la tragicomedia humana.

* Para ciertos individuos, la ideología es un buffet donde se sacian hambres atrasadas.

* “Del hombre al hombre verdadero, el camino pasa por el hombre loco”: Michel Foucault

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* “Nunca nos traicionan quienes queremos que lo hagan”: Sacha Guitry

* Hasta el viaje interior tiene aduanas.

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* Una alma generosa vive de la admiración.

* La melancolía es la nostalgia filosófica.

* “No hay nada que un hombre inteligente no pueda resolver mediante la risa, incluso el vacío”: Pierre Piobb, Los misterios de Dios.

El viaje, la derrota y la soledad: maestros irremplazables.

Si no consideras al ridículo como un amigo cercano, lo será la amargura.

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