MIRANDA ENFERMA
Catherine MĂŠndez Septiembre, 2020 MedellĂn, Colombia
Acabo de pasar por una experiencia traumĂĄtica, ser hospitalizada por primera vez en mi vida por un burn out causado por el estrĂŠs de estar en un lugar nuevo con una persona desconocida, cambiando completamente de rutina, pasando de ir todos los dĂas al trabajo a estar literalmente encerrada por un mes y medio del cual cuatro semanas estuve completamente enferma e indispuesta.
Una semana antes de la cuarentena preventiva había empezado a salir con alguien que conocí en el cowork donde trabajaba. El fin de semana que comenzó la cuarentena obligatoria decidimos irnos a vivir a la casa que recién había arrendado con unos amigos para usarla como estudio. Era eso o dejar enfriar las cosas y tal vez perder la oportunidad de conocernos.
La casa era una casa bastante grande, con tres patios, un balcĂłn, tres salones, tres habitaciones y tres baĂąos. Era toda para nosotros dos. Las primeras tres semanas las pasamos sin internet, sĂłlo datos mĂłviles.
La rutina era despertarse a las seis de la maĂąana y estar listos para atender nuestros trabajos a las ocho, trabajar primero hasta las cuatro, luego hasta las cinco, luego tal vez seis y a veces hasta las siete. Luego me bajaron el sueldo a menos de la mitad, para trabajar la misma cantidad de horas.
Las redes sociales nos bombardearon de miedo, el virus, una pandemia, nuestros planes del aĂąo abortados, una crisis econĂłmica, la gente perdiendo sus empleos.
Una persona desconocida, encerrados en una casa que no era nuestra, con nuestro pasado, nuestro presente, nuestros miedos, nuestras presiones, nuestra mente. EnfermĂŠ. Seis semanas enferma.
Él hizo lo mejor que pudo, estuvo ahí mientras pudo. Él realmente lo estaba intentando, hasta que se cansó. Era demasiado para él, para los dos, eso significaba comprometerse con una persona completamente desconocida. ¿Valía la pena?.
“Te he estado intentando contactar desde esta mañana, he pasado todo el día sin acompañante, mi hermana se tuvo que ir a trabajar, Anita no podía venir. Ahí se ve quién realmente está y no está…” Desapareció. Nunca más volvió a responder.
Evidentemente no valía la pena. Él ya me había abandonado desde antes, ya me había abandonado por intereses propios. La soledad con él en esa casa era latente. ¿Para qué comprometerse con algo nuevo y desconocido cuando apenas intentaba comprometerse consigo mismo? Yo era un obstáculo demasiado grande. Ambos hacíamos lo que podíamos. Aún trato de hacer lo que puedo.
Es un trauma colectivo, una pandemia. La gente está reaccionando ante la injusticia de los gobiernos y las grandes élites. Una supuesta crisis económica en la que simplemente el dinero sigue estando muy mal repartido, sólo que más mal que siempre. Una situación en la que sufren la mayoría, abandonados por los estados. Es lo mismo, pero a mayor escala, cada vez peor. Usan el miedo como herramienta de control.
Y yo estoy dizque despechada, con el ego herido. No siendo capaz de aceptar de nuevo, una vez mรกs, la soledad.
Me duele recordar, me duele visualizar en mi mente el hospital, la casa, las cosas que hay en la casa, a él en al casa, los chats hipócritas con él desde el hospital, esas conversaciones vacías, se sentían tan falsas…
“Miranda, me alegra que estés bien, Miranda, que bueno que no es grave”... No pudiendo ser capaz de aguantar una palabra más proveniente de mí.
Se siente muy mal que otra persona aborrece tanto la situación contigo que quiere salir corriendo. Que se está obligando a sí mismo a quedarse. Que está haciendo un esfuerzo enorme por no irse y sobre todo por cumplir con su palabra ante él mismo: “Necesito una relación estable y duradera” Alguna vez dijo. Para luego explotar y desaparecer, sin dejar rastro de sí mismo.
No sé si lee mis palabras, no sé si realmente sintió algo bello por mí. No sé si realmente sintió algo más allá de lo que su instinto animal le dictaba. He vuelto a casa y he renunciado a mi trabajo.
@catherinemendezg