Queridos todos, Hoy hace cuatro años se publicó el primer volumen de Catártica Revista. Entre sueños que se hablaron desde Octubre del 2019, se logró una publicación. Una primera publicación, que ahora se ha extendido por 48 meses continuos. Desde aquel día no ha habido uno en el que no piense en este proyecto, dedicándole amor, tiempo, esfuerzos, dinero, desvelos, llantos, orgullos. Me siento profundamente orgullosa de la plataforma que poco a poco se ha ido extendiendo, en un piso tembloroso pero seguro, en un espacio exploratorio, pero sano. Me es gracioso verme en el espejo y pensar lo mucho que he cambiado en estos cuatro años, aún más gracioso pensar que pasó el mismo tiempo de que inicié mi carrera universitaria, a graduarme y desde que inició Catártica a hoy. Cuatro años que se miden diferente según las cosas que suceden. Cuatro que sé que serán más. Las anteriores celebraciones fueron hermosas, reuniones en línea, regalos, rifas, publicaciones impresas. Este año lo considero solemne. Una celebración silenciosa en reflexión de lo que Catártica ha sido y continuará siendo. Una celebración en agradecimiento de todas las personas que han participado en la fundación, crecimiento y transformación. Gracias lectores, gracias mamá y papá, por creer en proyectos como este; gracias hermanos, gracias a cada curioso que ha entrado a navegar entre nuestras páginas y ha decidido quedarse. Gracias por buscarnos, gracias por encontrarnos. Quisiera mencionar a todos los colaboradores que han permitido compartir este espacio con un público; Fernanda, Emma, Fernando, Bruno, Diana Carolina, Claudine, Samara y a probablemente muchos más que no menciono. Agradezco a la subdirectora, portadista, mejor amiga Antonella, quien ha creído en el proyecto cada instante sin titubear, las diseñadoras Junuen y Valeria, quienes están al pie del cañón cada mes, esperando el minuto para maquetar, los escritores recurrentes Rossanna, Victor, Miguel, Pablo, quienes nos regalan un momento para adentrarnos en su alma, nuevos integrantes como Carlos, a quien aprecio su confianza para comenzar a participar con nosotros. A Alejandro, quien me ha apoyado en perder el miedo de los pasos que puedo dar, resignificando el pasado, viviendo el presente, sembrando un mejor futuro, rompiendo paradigmas, y ataduras. A mí misma, por permitirme escuchar, editar, leer, escribir, diseñar, con el amor con el que lo hago, entregando de mi el mayor amor y respeto en cada letra con la que he trabajado. Habiendo repetido ya suficientes veces la palabra celebratoria del día, decido cerrar mi carta citando a mi cantautor favorito, sin antes, dar por iniciado un nuevo año, con nuevas voces, con nuevas historias que contar. Regenerando, renaciendo; un génesis.
¡Gracias Totales! María Inés Flores Nachón
El legado del arte: legado de cultura y herencia de identidad
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Miguel Jímenez
Las vueltas que dio la vida
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Victor Rivera
De génesis, regeneración y éxodo
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Fantástico Sr. Zorro
El niño que todo lo quería ser
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Fantástico Sr. Zorro
Ofrenda a Jano
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Pablo López
Panegírico Pablo López
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Miguel Jiménez
Génesis/Orígenes
El legado del arte: legado de cultura y herencia de identidad Quisiera ahondar en las palabras "legar" y "heredar", ya que considero que emergen como actores fundamentales cuando intentamos comprender la naturaleza de la cultura. Aunque podrían utilizarse indistintamente, creo que al matizar sus diferencias podemos descubrir ecos del origen de la identidad, el arte e incluso el génesis de nuestra existencia. Comprendiendo el léxico: Consideraciones lingüísticas.
En cuanto a las consideraciones lingüísticas, me gustaría profundizar primero en cómo "legar" implica un acto deliberado de transmisión, un esfuerzo consciente por reunir hilos del legado cultural de preferencia y darles una trascendencia que puede ir más allá de nuestra vida. En contraste con este concepto, está el de "heredar", que nos indica cierta recepción pasiva. Es este disfrute el que resalta la naturaleza inherente, a menudo tácita, de lo que significa heredar algo. De este proceso nacen las tradiciones, que actúan como tejidos con los hilos de la herencia, heredando y legando. Cuando transmitimos tradiciones, hacemos un esfuerzo intencional para preservar nuestra identidad y nuestros valores más fundamentales. Es una decisión consciente de reunir la riqueza de una cultura y dejarla como un legado para las generaciones venideras.
Veronese, P. (1562-1563) The Wedding Feast at Cana
En cuanto a las consideraciones lingüísticas, me gustaría profundizar primero en cómo "legar" implica un acto deliberado de transmisión, un esfuerzo consciente por reunir hilos del legado cultural de preferencia y darles una trascendencia que puede ir más allá de nuestra vida. En contraste con este concepto, está el de "heredar", que nos indica cierta recepción pasiva. Es este disfrute el que resalta la naturaleza inherente, a menudo tácita, de lo que significa heredar algo. De este proceso nacen las tradiciones, que actúan como tejidos con los hilos de la herencia, heredando y legando. Cuando transmitimos tradiciones, hacemos un esfuerzo intencional para preservar nuestra identidad y nuestros valores más fundamentales. Es una decisión consciente de reunir la riqueza de una cultura y dejarla como un legado para las generaciones venideras. Intención y pasividad: La Esencia de Legar/Heredar.
La mera esencia de legar y heredar tiene implicaciones de acción e intención, representando la elección deliberada de preservar y perpetuar. Por otro lado, la herencia se manifiesta como un ente pasivo mientras el testigo cultural pasa de generación en generación. Esta distinción subraya el papel activo del donante y la naturaleza receptiva del heredero. La decisión de legar elementos de la propia cultura está vinculada a una conexión profunda con la identidad personal y a la idea de autopreservación. Las facetas culturales se convierten en parte del individuo y en un legado lo suficientemente vital como para trascender la existencia mortal. Estos actos sirven como un puente que conecta el pasado con el futuro, dando forma a la identidad tanto del dador como del receptor, quien, a su vez, algún día se convertirá en dador y continuará el ciclo de creación y origen.
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Matisse, H. (1910) La Danse
Importancia de legar/heredar: unir generaciones.
Estos conceptos tienen una utilidad perceptible a través del tiempo, ya que son esenciales para la continuidad de la cultura, uno de los aspectos de la experiencia humana que realmente nos separa de los demás animales. Tienen la habilidad de trascender meras posesiones materiales y llevan consigo historias, creencias y expresiones artísticas que terminan definiendo exactamente quiénes somos y cómo nos relacionamos con los demás. Por esta razón, la preservación intencional de la cultura puede convertirse en un faro que ilumina el camino desde el origen hasta el resultado del legado. La discusión sobre legar y heredar que inicia aquí siempre termina entrelazando cuestiones de génesis y origen. La importancia del origen deriva de nuestra existencia y se magnifica a medida que nos damos cuenta de que nuestras raíces culturales no pueden ser arbitrarias; estas se conectan necesaria y profundamente con nuestro sentido de identidad.
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Rembrandt. (1632) The Anatomy Lesson of Dr. Nicolaes Tulp La amenaza del vacío cultural: ¿Qué pasa si dejamos de legar/heredar?
No creo que sea concebible habitar un mundo en donde los aspectos esenciales de la cultura ya no se transmitan de generación en generación, despojado de los tonos vibrantes elegidos por significados particulares de cada cultura que terminan definiendo nuestra identidad colectiva y personal. El simple acto de legar y el recibo de heredar sirven como un ancla que cada sociedad utiliza para crearse constantemente. Sin esto, corremos el riesgo de quedar a la deriva, separados de la conexión que nos arraiga a nuestro pasado compartido y a nuestra humanidad. Considero que la cultura es la manera en que satisfacemos nuestras necesidades sociales, lo cual hace que el arte sea una forma de expresar la cultura de manera mucho más profunda. El arte funciona aquí como un espejo que refleja necesidades innatas al ser humano y, por lo tanto, vislumbra las profundidades de nuestra identidad, las aspiraciones y el legado que decidimos dejar.
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Da Vinci, L. (1495-1498) The Last Supper Estilos artísticos: herencia, legado y demás.
Si bien heredar estilos artísticos sigue siendo un canal vital para la expresión artística, no es la única manera. El arte es algo dinámico, que evoluciona y se remodela día a día. Cuando los artistas heredan, legan o forjan nuevos estilos, contribuyen al panorama siempre en constante expansión de la expresión creativa. El arte sirve como testimonio de la cultura en la que nace, resumiendo historias, luchas y triunfos de un pueblo, y conectando generaciones. El arte y el legado tienen una conexión muy profunda; cada trazo del pincel, cada nota y palabra hacen eco a través del tiempo, susurrando historias de aquellos que vinieron antes.
Rembrandt. (1642) The Night Watch
En nuestra existencia, el legado que dejamos y heredamos no es un mero intercambio material; es la esencia de quienes somos, de lo que queremos ser. El arte de la vida pintado sobre el lienzo del tiempo, reflejando nuestra humanidad compartida. Agradezco la ayuda de mi amigo Daniel Dumont
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Las vueltas
que dió la vida Victor Rivera
“La vida da muchas vueltas”, ¡pinche frase de mierda que nos gusta repetirnos! Si te despiden de tu trabajo, seguramente pensarás lo mismo: “la vida me pondrá de nuevo en tu camino, ahí irá la mía”. La decimos cuando, después de muchos años, volvemos a ver a un amigo de la infancia y a la primera impresión ya sabemos qué pedo, que habrá sufrido y envejecido más que nosotros: “tan risueño que era”. Es como aquella canción de amor que dice, las vueltas que dio la vida, nuestro amor siguió creciendo… Estas palabras me han girado en la cabeza desde que me subí al autobús. Quise salir de Castillejos desde los diez años, pero no lo logré sino hasta los veintisiete. Me tomó el doble de tiempo juntar para un camión de ida y para un año de renta en la Ciudad de México, porque cuando el pendejo de Roberto, el novio de mi mamá, se enteró de mis ahorros, me dio una putiza que en mi vida pude olvidar, me quitó el dinero, y además me regañó: “pinche chamaquito pendejo, estás viendo que venimos tragando frijoles y arroz de hace años y aquí tenías tu cochinito”, me gritaba mientras me azotaba con su cinturón. Pero finalmente me fui, y juré que nunca regresaría.
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Sin embargo, aquí estoy, trepado en el camión, a veinte minutos de la Almendra, pasando por Av. Benito Juárez, que es la única pavimentada en todo el lugar. ¿Que si me regresé por necesidad? No. ¿Que si fue por nostalgia? Jamás. Aún no tengo claro por qué fue, pero sé que mi vida, con carencias, seguía siendo mejor allá. Jalé de todo allá donde todavía se llamaba Distrito Federal, antes de la devaluación. Anduve de chalán un rato, de cacharpo, luego conocí al Oso, que me dio mi tablita y me puso a vender dulces en los camiones. Ya después de un rato, de ayunar y de aguantarme las extorsiones y los malos tratos, puse mi localito de pollo. Ah, pero la envidia está cabrona. En dos de los tres mercados me hicieron la vida de cuadritos, las otras pollerías no me querían ahí y dos que tres veces me tumbaron el local para que no abriera yo temprano. En el tercero, donde no me hacían nada, era porque nada más había otro pollero. El mercado era chiquito y ya tenía a sus clientes seguros. Pero aún así, la suerte me sonrió y, sin estudios, me metí de repartidor para surtir tiendas. De ahí empecé a estudiar por primera vez la prepa abierta. Y de verdad que cuando uno quiere, pues igual y sí se puede, porque sí saqué mi papelito. ¡Ah, pero de que cuesta más que a los güeritos pues sí! El otro día, bueno, hace como diez años que pasó, que una mamá llevó a su huerco, que dizque niño pero ya tenía como treinta y ocho, que veo que le da un sobre a la de ventanilla y la señora que a mí no me dio mis papeles, miró varias veces hacia dentro y hacia fuera, y que le entrega los suyos de volada. Y el ruco, con su playera de Heavy Nopal, bien contento de que iban por su kentucky. Pero uno que no tenía eso veía cómo le hacía. A la fecha nomás probé una vez ese pollo, y eso porque el Leporino, que así le decían a Gonzalo en la paquetería cuando no me tocaba surtir, le dio por andar de dadivoso, y que nos dice “vénganse, hijos de la chingada, vamos a celebrar”. Él decía que era por algo de su hija, pero Mauricio nos contó que su esposa lo había engañado y que andaba duro y dale que sería su última cena.
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De cualquier modo, pues sí da orgullo, saber que con todo y todo sí pude hacer lo que se pudo. Porque no, no es cierto que uno con chingarle ya está del otro lado. Vaya, ni en mi localito era totalmente libre de mandar a chingar a su madre a la gente, porque luego los demás compañeros nomás veían cómo te chingaban, se cuidaban porque son de familias del vecindario, y si de por sí ya todos se ven amenazados por migrantes y dizque turistas, pues ahora también a los foráneos nos escupen. Mi abuelo me decía que México no era como acá, que los chilangos no tenían escrúpulos. Aquí hasta a los que van de paso les ofreces una cama, allá te quitan todo, te dejan en la calle y cuidadito si te quejas porque no amaneces. Que le chinguemos, dicen los güeros. ¡Pura verga, qué! Si cuando me corrieron de repartidor fue para no pagarme el aguinaldo. Ya dos años me lo habían dizque condicionado, pero al tercero, que no encontraron motivos para castigarme, dijeron que era por motivos de recorte. Pendejos no somos, si rara vez descansábamos y hacíamos horas extra. El abogado nos explicó que estaba más cabrón ir generando derechos que perder una o dos entregas a la semana y que por eso ya no se querían arriesgar a que hiciera piso. Ya que llegué al lugar, pues me volví a acordar de eso. De que sí, la vida sí da muchas vueltas, nomás que no te dicen cuándo es que ya dio la vuelta. Uno se da cuenta solo porque lo ve en retrospectiva. Por ejemplo, yo jamás me imaginé que me encontraría al Roberto en el centro. Yo tuve mi segundo puesto en un mercadito de ahí por la Lagunilla, y ese día tuve que hacer un pedido que me encargó una clienta. Pasando pasando por la calle de Bolívar, que lo veo. Ahí estaba el wey, con su bigote despeinado, con su frente anchota y con sus ojos chiquitos. De niño yo lo veía enorme, pero ya que lo volví a ver, estaba tan pequeño que entre tanta gente se me perdía. No voy a mentir, aquella vez sí pensé en matarlo, apretándole su cuello hasta botarle los ojos, pero luego dije, pues me van a hacer algo, me van a encerrar, aquí nadie me va a apoyar. Si mi mamá, que no me ayudó cuando era niño, menos me iba a ayudar ahora. Los papás nunca se dan cuenta del rencor que dejan en sus hijos cada que se los madrean, y después, es irónico, porque cuando ya se caen y no se pueden mover por su cuenta ahí andan chillando para que los atendamos. A mí mi mamá me pegó con todo lo que pudo, con la chancla, con el comal, con el palo de la escoba, pero ya grandes te reciben como si fueran otras personas. Además, como fui el único hijo que tuvo, pues siempre me crió para que yo me quedara ahí con ella en la casa que está por la López Portillo. El Roberto, ese wey sí tenía como cinco o seis hijos, pero todos se fueron con sus mamás. Algunos creo que igual y sí la hicieron como profesionistas, y al más jodido le pusieron su tienda y mal no vive. Pero yo, que vi siempre cómo mi mamá se aguantó que se metiera con otras viejas, que la hiciera abortar dos veces a patadas y que le tirara la sopa al suelo cuando no le gustaba el sabor, pues como que no entendía por qué se desquitaba conmigo en lugar de protegerme.
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Total, que ahora que llegué aquí podía haberles hecho la vida un infierno. Pensé en que, como el viejo ya no tiene una pata y se la vive sentado, pues tirarlo de la silla, ahí que se las arregle. Dejarlo sin comer. ¿Quién lo iba a ayudar? A mi mamá, pues no supe. A lo mejor nomás ya responderle feo. No se atrevería a pegarme. Pensé: “cuando los vea, van a ver los hijos de la chingada. Ahora va la mía”. Pero cuando mi mamá me abrió la puerta, se puso a llorar. Me dijo que me había extrañado mucho y me sirvió toda la comida que tenían en el refrigerador. Lo que vi fue a una anciana con la boca despostillada, ya sin tantas carencias, pero con un corazón más noble, destrozado por la soledad. La misma viejita que cuando era niño me sonaba la chancla en la cara si chillaba frente a ella, estaba ahora frente a mí, mirándome con anhelo, con la inocencia de una pequeña. A Roberto lo vi cuando entré a la pieza. Estaba preparado para darle en su madre, pero el pendejo me trató igual o mejor que mi mamá. En cuanto me vio, me dijo: “¡qué gusto verte, hijo! ¡Vamos a celebrarlo con una cuba!”. Desarmado, me vi obligado a ceder, y el anciano me contó sobre sus aventuras, de cómo fue que él y mi madre salieron adelante. Me contó sobre la vida que dejó atrás y de cómo sus compañeros de la iglesia lo convirtieron en una mejor persona. “Me hubiera gustado darme cuenta de todo cuando podría trabajar. Pero uno se arrepiente cuando ya no queda nada por hacer”. Y era cierto. Recordé mi examen de literatura de la prepa. Tuvimos que leernos todo el Decameron, de Boccaccio, pero recuerdo que el texto que más me gustó fue uno donde un hombre se arrepiente de todos sus pecados en su lecho de muerte y al final lo beatifican. Siempre pensé que la historia era ridícula, porque Dios todo podía verlo. Engañan a los hombres, pero no a él. ¿Y qué iba a hacer cuando llegara al cielo? ¿Cómo mi padrastro iba a decirle a Dios o San Pedro, a las puertas del cielo, “le pegué a mi esposa y a mi hijastro, los dejé sin comer durante años, pero ya que no me pude mover, entendí y me arrepentí”? Entonces, ¡claro, qué vueltas da la vida si no entendí nada a mis treintainueve años!
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De Génesis, Regeneración y Éxodos Fantástico Sr. Zorro
05.05.2022 Hasta aquí, ahora me toca a mí decidir… ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que me gusta? ¿Qué quiero ser cuando sea grande? ¿Cómo quiero vivir? ¿Qué quiero al levantarme todos los días? ¿Quién soy?
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21.05.2023 El problema de la destrucción del suelo termina en una herida social, el éxodo rural. Al igual que la crianza basada en violencia, la resolución de conflictos haciendo uso de la agresividad termina en un problema, mencionado antes; el éxodo rural. ¿Cuántos niños he visto siendo maltratados? Incontables. Siendo maltratados por sus mayores, sus familiares. Gritos, manoteos, insultos, golpes. ¿Esta es la clase de crianza que necesitamos para generar una sociedad rural avanzada? El proceso de regeneración empieza en uno mismo, más difícilmente de lograr y permear cuando criamos hijos, sobrinos, nietos, o más bien niños, basándonos en la violencia, el castigo, ante la más mínima provocación de enojo. Los niños un día serán grandes, y quizá con el dolor de su corazón dejarán ir lo poco o mucho que aman. Marcharse a un lugar mejor, más sano, quizá. La ciudad ofrece oportunidades atractivas de seguridad. Aunque como humanos nos quedemos con hambre de campo, de naturaleza, buscándola en experiencias efímeras como fines de semana de escape, rellenando el vacío del recuerdo: “Mi abuelo tenía un rancho” “La pasábamos increíble con los animales, en el río” “Las tardes calurosas de verano, en los atardeceres anaranjados” “Las fiestas patronales del pueblo, los bailes…”
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La nostalgia reside en recordar lo bueno y olvidar lo malo. Para algunos, lo bueno tiene forma de abuela o madre, a ella le procuramos todo, aún de lejos. El simple hecho de estar, aunque la presencia se convierta en la ausencia cubierta al enviar dinero, para que por lo menos nunca falten los frijoles. Extrañamos, romantizando el recuerdo de manera bucólica, a manera de arte, canciones, libros, historias, leyendas, intentando saciar el hambre que dejó la partida. Como padres, hijos o nietos, valientemente tomando decisiones a pesar del dolor que nos lleva a partir. El éxodo rural, es un problema social reflejado en una herida. A veces me pregunto ¿existirá una manera en la que pudiéramos criar una familia sana y libre de maltrato y violencia? Donde chicos y grandes pudieran emplazar en valores para producir un mejor campo para ellos y compartirlo con el resto. ¿Existiría una manera en la que irse del campo sea una de las muchas opciones pero no la única para salir adelante?
la violencia por la paz, los golpes por el afecto, los gritos por la escucha activa, el enojo por el asombro, la envidia por la observación absoluta, el placer inmediato del alcohol por la paciencia. Cuanto más te conoces a ti mismo, más paciencia tienes para con la vida. Y si por un momento dejamos la soberbia y el egoísmo de lado para prestar atención a la naturaleza, podemos encontrarnos con los grandes maestros de la regeneración, para comenzar un proceso de renacer y comenzar un diálogo pausado, paciente que solo puede responderse en el mismo lenguaje. La degradación de la persona en todos sus ámbitos deriva a una degradación familiar y esta a su vez deriva a la degradación del suelo que termina por llegar a una degradación económica, que en suma en cada campo, finca, rancho, nos lleva al éxodo rural. Pienso rescatar cinco cosas que he aprendido de los diálogos basados en la pausa y la paciencia:
Hasta ahora, por lo que he visto en mi corta edad - considerándome joven a lado de los árboles de cien años que apenas inician su adolescencia - la vida en el campo muchas veces se convierte en un círculo vicioso de violencia, adicciones, machismo y degradación social, suelo, agua, y aire. Un esquema de producción basado no en el inicio, pero en el final. No en génesis, sino en la muerte. A partir de esta reflexión, he aprendido un par de cosas; nada puede cambiar si no se empieza por uno mismo, nada cambia si no se cambia la muerte por la vida,
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La vida se aferra a la vida
La tierra no nos pertenece a nosotros. Nosotros le pertenecemos a ella. Pienso que la humanidad aún está en búsqueda de su función en la biosfera, viajando a miles de kilómetros por hora en el espacio, pero para mí, pienso que somos guardianes humildes y conscientes de que algún día, ella misma nos devorará hasta los huesos.
La vida y la naturaleza es más cooperación que competencia, al contrario de lo que nos hacen creer.
La naturaleza creó la abundancia para darla. No para almacenarla. Somos minerales y vida prestada viajando en la inmensidad del cosmos, aún existiendo la reciprocidad en la cual lo que se da, se multiplica.
No somos árboles. Nos podemos mover de lugar.
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El niño que todo lo quería ser Fantástico Sr. Zorro Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía. No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia. -Popol Vuh : 5, Capítulo Primero Como dije en la entrada anterior; lo importante es volver a escribir. Y aunque ahora no encuentro el motivo más impresionante o sublime considerando lo que he vivido los últimos meses, pero por lo menos creo que vale la pena plasmar las siguientes líneas. En la inmensidad del Valle de México se alzan a la vista hermosas montañas vestidas del verde que el agua del verano les probeyó, cobijadas por un cielo azul, contrastando con un sepia de la era industrial. A la vista de pronto sorprende un monstruo, silueta que se distingue a medias por el vapor del agua, emanado por él mismo.
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Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua. -Popol Vuh, Capítulo Primero Así de contrastante es ver hermosas y grandes montañas y de pronto, una gigante se asoma a la vista, que hace ver pequeñas a las demás, y ni se diga de uno mismo. Es como ver un hormiguero gigante, y uno microscópico. Imagino su chimenea conectada con el centro de este hermoso planeta, donde en el pasado se formó la arquitectura de este gigante, enclavado por detrás de la Sierra Madre Oriental; años de formación de la roca madre, reciclada de otras eras, vida que surgió y formó el suelo vivo que hoy proveé de hogar a estos valles. Y de pronto pensar que así es México; lugar en dónde se le cantó alguna vez a los volcanes, prados y flores.
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–¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha. Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas. -Popol Vuh, Capítulo Primero Finalmente desde este punto, te encuentras al lado de un volcán, conectado al centro de la tierra, viajando en un espiral infinito del cosmos. Justo como los minerales del volcán y la vida misma viajan en un espiral infinito de vida.
De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación. -Popol Vuh, Capítulo Primero
¿Un espiral sobre otro espiral?
Fragmento tomados de Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, traducidas del texto original con introducción y notas de Adrián Recinos, Colección Popular, núm. 11, FCE, México, 32ª reimp., 2005. Primera parte. Capítulo primero (pp. 23-25)
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OFRENDA A JANO
«The Kiss» - Francis Miller
De un falso encuentro, una chispa Ayer creí que te vi, la distancia es una carga muy difícil de llevar, hay veces que siento que no resisto estar sin ti, aún recuerdo cuando me dijiste que temías que un día no estuviéramos juntos, y yo, soberbio, te juré que eso nunca pasaría, sangro el mal dicho de mi boca y te extraño, ahora entiendo cuando Lope preguntó ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Recuerdas cuando me leíste el “Rayo que no cesa”? Quien diría que Miguel Hernández sería el profeta, y que en su voz mi vida se daría un salto.
Una querencia tengo por tu acento, una apetencia por tu compañía y una dolencia de melancolía por la ausencia del aire de tu viento Ayer creí que te vi y comprendí que la luz sigue existiendo, los momentos aconteciendo, y la vida, ella no para, sentí el aire y recordé cuando te escribí:
Es feliz el viento cuando rosa tu pelo Debo ser sincero y admitir que cada día me siento mejor, que tu recuerdo es como segundo en medio de un día, pero que hacen falta pequeñas cosas para que se convierta en horas, un perfume de fresas, un secreto que no sabe nadie más que tú, un diente de león sobre unos columpios, o esos lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza y mi mano tu mano. Del fuego, las cenizas El sentimiento es como el fuego, cuando está iniciando, a pesar de ser pequeño ya se deja ver, pero cuando se aferra a algo que quemar, arde con tal fuerza que quema y que incluso puede hasta tomar la vida. La copulación ontológica, ser y estar, el primer verbo bíblico: en el principio fue: En arjé en ho lógos (Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος) nos remite a una condición aparentemente inherente de las cosas, el ser, tenemos pista de esto porque están, y ese estar las hace experimentables, ya sea por la conciencia o por los sentidos. En el amor (como dice el bolero) esta dicotomía se realiza, ver: un acto sensorial, y querer: un acto del pensamiento. Esta experiencia descrita con anterioridad tiene una síntesis, una concreción sensible, un beso mordelón, la mayor combinación, cuando ocurre con la mediación del querer, se unen en un movimiento, lo intangible de un sentimiento y lo sensible de tacto y gusto.
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Es entonces el beso, aquello cercano a un diálogo, un roce de labios para ahogar el silencio, una vida entera en un instante, la concreción pasada, presente, y futura, de un amor. Esto no es más que una carta de despedida, una génesis, la última carta que te escribí termina con “te veo mañana”, me temo que, a no ser por un encuentro predestinado, eso no volverá a ocurrir, y está bien. Que las flores siempre digan tu nombre. Pirosofías para encendernos ¡Que no nos falte la poesía!
El sol de tu vida a un pestañeo de mis manos Un silencio despierto Un grito dormido Un momento de vida Junto a ti La vida Respira Bajo las estrellas Se ondula tu pelo Y mi alegría El sentimiento Cuando no estás es agua en las manos
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Cuando miro el cielo Te busco En tus lentes conozco una vida En las calles que no conozco Te encuentro La felicidad de un alimento sabroso
En las entrañas de la ciudad Te abrazo
El nacimiento Del sol tu parpadeo
Junto a ti aprendí de un mundo Verosímil
En las entrañas de la ciudad miramos El tiempo
En lo alto frente a las nubes tus ojitos En cuarenta lunas las voces se cruzan Semejante al sol sobre el pasto tu voz 24
PANEGÍRICO Haiku especial a Óscar Wong fallecido el 13 de diciembre del 2020 y al que siempre consideré como maestro y cuya poesía fue de las primeras pirosófias que me motivaron a morir en la contemplación y vivir en el sonido.
En la muerte del poeta Llora la luna, Llora la vida
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Instrucciones para autores Si te interesa participar en la revista deberás tomar en cuenta los siguientes lineamientos : 1. Todos los manuscritos u obras deberán ser enviadas al correo oficial de Catártica, con su traducción correspondiente al inglés o al español. 2. Todos los trabajos recibidos serán sometidos a revisión por parte de los miembros de Catártica para su selección y publicación. 3. Si el editor lo cree pertinente podrá realizar cambios y correcciones en la redacción y el estilo de los manuscritos. 4. El archivo deberá seguir el siguiente formato: Microsoft Word Tipo de letra Arial Tamaño de letra en doce puntos Los márgenes superior e inferior deberán ser 2.5 centímetros y 3 centímetros el izquierdo y el derecho. El interlineado deberá ser de 1.5 Las imágenes e ilustraciones deberán estar citadas en formato APA y además de enviarlas en el archivo, adjuntarlas en formato JPG, PNG o PDF
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Dirección General María Inés Flores Nachón maines_flores@live.com Subdirección y Diseño de Portada Antonella Guagnelli Cuspinera antonella.guagnelli@gmail.com Diseño Editorial Junuen Caballero Soto junuen.caballero@gmail.com Sara Valeria Puch Ramos valeriapramos2106@gmail.com
Artistas y Escritores Antonella Guagnelli Fantástico Sr. Zorro Miguel Jímenez Pablo López Victor Rivera
En portada y contraportada: Esqueleto en tecnicolor de un embrión de murciélago colicorto, capturado por Dorit Hockman y Vanessa ChongMorrison de la Universidad de Ciudad del Cabo.