Experto temático: Pablo Andrés Salazar Arango Instituto de la Familia. Copyright 2014 Universidad de La Sabana. Todos los derechos reservados.
¿Por qué valoramos tan negativamente el embarazo adolescente en Colombia? Hechos y contextos de un debate
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Experto temático: Pablo Andrés Salazar Arango Instituto de la Familia. Copyright 2014 Universidad de La Sabana. Todos los derechos reservados.
¿Por qué valoramos tan negativamente el embarazo adolescente en Colombia? Hechos y contexto de un debate *Andrés Salazar
Resumen * M.A. en Geografía, Universidad de Navarra (España) y M. A. en Planeación y Administración del Desarrollo Regional, Universidad de Los Andes (Bogotá); docente e investigador del Instituto de la Familia, Universidad de La Sabana, Colombia.
En Colombia frecuentemente se considera la fecundidad adolescente como problema de salud pública debido a su supuesto aumento continuo. Sin embargo, este grupo de edad presenta heterogeneidades importantes que hacen difícil su definición, hecho que se refleja en las cifras disponibles. Se explica aquí una perspectiva revisionista de la valoración socioeconómica de la maternidad adolescente tomando como referencia autores internacionales y nacionales, aportando posiciones y argumentos que apelan a no declarar cerrado el debate, pues hay evidencias importantes de que la maternidad adolescente representa en algunos contextos culturales un proyecto de vida valioso para mujeres jóvenes. Indagar de modo más profundo en las consecuencias socioeconómicas de la maternidad adolescente, diferenciada por características sociodemográficas, se presenta como tema prioritario de investigación social para informar la toma de decisiones respecto a políticas de salud pública dirigidas al grupo de mujeres adolescentes.
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¿Cómo se ha instalado en el pensamiento colectivo colombiano la preocupación por una supuesta fecundidad adolescente en gran aumento? Frank Furstenberg, sociólogo norteamericano, ha estudiado el fenómeno del embarazo y maternidad adolescente desde los años 60, sus observaciones ayudan a comprender por qué se ha asentado en el pensamiento colectivo mundial y colombiano la preocupación por el aumento de la fecundidad adolescente. El tema de la maternidad adolescente, teen motherhood, se puede rastrear en la literatura norteamericana en los años 1960, según Furstenberg (2003), cuando las tasas de fecundidad de mujeres mayores de 20 años descendieron mucho más rápido que las de las mujeres adolescentes; a esto se sumó que una cohorte de mujeres jóvenes más grande que otras anteriores, llegaron a edad reproductiva y ocasionaron una cifra sumamente alta en el número total de madres adolescentes (las mujeres nacidas del Baby Boom posterior a la Segunda Guerra Mundial), quienes escogieron permanecer sin casarse cada vez en mayor proporción. Este último hecho social fue el definitivo para prender la alarma sobre los nacimientos de madres adolescentes. Estas circunstancias, guardando las proporciones, se han dado en Colombia desde los años 80, auspiciadas en buena medida por las ideologías del control de la natalidad que encuentran acogida en el país desde los años 70.
Algunos hitos internacionales y nacionales que generan política poblacional para reducir el embarazo adolescente La Cumbre de Población y Desarrollo convocada por Naciones Unidas y realizada en Cairo (1994) tuvo una importancia capital para la consolidación del imaginario colectivo general respecto a las consecuencias negativas del embarazo y maternidad adolescente. El do-
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cumento señaló como “consenso” y doctrina aceptada por los países participantes que el embarazo y maternidad adolescente eran contrarios a la salud reproductiva de las adolescentes y debería reducirse al mínimo posible: “7.41 ... El embarazo a edad temprana sigue siendo un impedimento para mejorar la condición educativa, económica y social de la mujer en todas partes del mundo. Sobre todo en el caso de las jóvenes, el matrimonio y la maternidad a edad temprana limitan en alto grado las oportunidades de educación y empleo, y es probable que produzcan efectos negativos a largo plazo sobre la calidad de la vida de ellas mismas y de sus hijos.” “7.42 Las escasas oportunidades educacionales y económicas y la explotación sexual son factores importantes en los elevados niveles de embarazos entre las adolescentes. Tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, las adolescentes de bajos ingresos a las que aparentemente se ofrecen pocas oportunidades en la vida tienen escasos alicientes para evitar el embarazo y la maternidad.” “7.44 Los objetivos (de acción respecto a los adolescentes) son: (b) Reducir sustancialmente todos los embarazos de adolescentes” (UNFPA, 1994). “7.44 Los objetivos (de acción respecto a los adolescentes) son: “(b) Reducir sustancialmente todos los embarazos de adolescentes” (UNFPA, 1994). Es preciso notar que el documento hace referencia principalmente a los embarazos no deseados, pero no habla con claridad de respetar las decisiones de aquellos que se dan dentro de un proyecto familiar. En cuanto a la política colombiana, en el documento Visión Colombia II Centenario, que constituye la hoja de ruta para una política de gobierno para estos próximos años, se lee:
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“Después de registrarse un promedio de casi siete hijos por mujer entre 1950 y 1965, este se redujo a tres en 1993. Se estima que actualmente esta cifra es de 2,6 y que para 2020 la fecundidad continuará en descenso hasta alcanzar 1,9 hijos por mujer, consistente con las tendencias de los países desarrollados...” (Visión Colombia II Centenario: 2019 p. 116).
Se desprende del argumento del texto citado que el descenso demográfico se considera un factor importante para el desarrollo del país, y como tal, debe continuar, pues no se menciona nada en contrario. ¿Cómo se alcanzará esa meta? El documento no entra en detalles, pero parece obvio que se debe reducir la fecundidad adolescente, que es la única tasa que se mantiene estable con algunos períodos de alza en el país, pues las de otros grupos de edad vienen en descenso. Es preciso señalar que una fecundidad de 1,9 hijos por mujer significa un mayor número de muertes que de nacimientos en la población y una situación de no sostenibilidad demográfica en el mediano y largo plazo, tal como se ha evidenciado en muchos países europeos y en América del Norte. Otro actor relevante en el debate del descenso de la fecundidad en Colombia, es la Institución privada Profamilia, filial de IPPF (International Planned Parenthood Federation), reconocida por su labor de difusión de métodos anticonceptivos, sus campañas a favor de reducir el número de hijos por familia y últimamente por ser proveedora del aborto, ya que ha coadyuvado al posicionamiento del carácter negativo de la maternidad adolescente, como se puede leer en los informes quinquenales de la Encuesta de Demografía y Salud. En 1995 se afirmaba en la sección de Fecundidad adolescente: “Los embarazos a muy temprana edad [15-19] forman parte del patrón cultural de algunas regiones y grupos sociales, pero en las grandes ciudades generalmente no son deseados y se dan en parejas que no han iniciado una vida en
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común, o tienen lugar en situaciones de unión consensual, lo que generalmente termina con el abandono de la mujer y del hijo, configurando así el problema social de la “madre soltera” como es conocido en Colombia. Muchos de estos embarazos terminan en abortos practicados por personas empíricas y en condiciones sanitarias inadecuadas…” (ENDS 1995: 39). Esta frase se repetirá invariablemente en la ENDS 2000 y 2005 (ENDS 2000:48; ENDS 2005:108), y señala al embarazo adolescente como un factor importante del madresolterismo y de problemas de salud pública mediante el aborto en situaciones precarias. Parece importante señalar que se reconoce la maternidad adolescente como fenómeno cultural arraigado de algunos grupos sociales y regiones, sin embargo, se presenta como realidad negativa en su principal dimensión. Es importante señalar que la realidad del embarazo y maternidad adolescente presenta facetas muy diferentes en el medio urbano y el rural. En el medio urbano está asociada más a vulnerabilidad y pobreza, mientras en el rural se asocia a un proyecto de vida1. Llegados a tal punto es oportuno analizar las implicaciones sociales y económicas del embarazo y maternidad adolescente según la revisión bibliográfica realizada y los datos disponibles.
¿Qué consecuencias sociales y económicas acarrea para la mujer adolescente ser madre? En la literatura sobre desarrollo frecuentemente se ha asociado el embarazo y maternidad temprana con la pobreza. El mecanismo que se propone, en pocas palabras, consiste en que la mujer debe abandonar el estudio a edad temprana por el embarazo y maternidad, y debe ponerse a trabajar para conseguir los ingresos necesarios, pero como su nivel de estudio es escaso (y por tanto su capital humano) únicamente conseguirá empleo mal remunerado y perpetuará la pobreza; he-
1.Agradezco a Claudio Stern por esta observación.
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cho que acentuará las desigualdades de género y dificultará las oportunidades para el desarrollo. También se argumenta que las mujeres que inician su maternidad a edad temprana tendrán una fecundidad total mayor (mayor número de hijos a lo largo de su vida), hecho asociado también a la pobreza. Y por último, que una maternidad temprana en conjunto “trunca el proyecto de vida de la mujer”. ¿Qué evidencias hay? Los estudios del ya citado sociólogo norteamericano Furstenberg realizados en los años 70 sobre una cohorte de madres adolescentes pobres en la ciudad portuaria e industrial de Baltimore, en la costa Atlántica de los Estados Unidos en los años 60, evidenciaron en un primer momento consecuencias negativas de la maternidad temprana. Sin embargo, en los años 90 el autor volvió a convocar a las participantes del estudio y revisó sus características sociodemográficas para concluir que la maternidad temprana no había sido una fuerte ni permanente causa de pobreza a largo plazo, ni desventaja para las mujeres, que de otra manera tampoco hubiesen escapado al destino si sólo hubiesen esperado un poco a ser mayores de 20 años antes de tener su primer hijo. Posponer el primer hijo podría haber mejorado su prospecto de vida ligeramente, pero no hubiese cambiado sus probabilidades de lograr un matrimonio exitoso o ascender a la clase media (Furstenberg, 2003, pp. 32-33 passim.). Más aún afirma que los estudios desarrollados durante los años 70 fueron responsables del estereotipo del padre y madre adolescente como factores de perpetuación de la pobreza, estereotipo que pervive hasta hoy. ¿Por qué pervive hasta hoy tal estereotipo? En buena parte porque las conclusiones de la investigación social norteamericana lo reforzaron, y sólo hasta la década de los 80 y 90 cuando se utilizaron nuevos y mejores métodos de investigación, como estudios longitudinales que incluían principalmente hermanas y que tuvieron en cuenta el contexto y situación de los individuos, hubo los datos necesarios para que la evidencia cambiara el pensamiento de los investigadores.
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En este sentido fue clave el estudio de Geronimus y Korenman (1993) quienes retomaron un grupo de madres adolescentes y controlaron su procedencia socioeconómica. El control de la heterogeneidad socioeconómica se realizó al compararlas con sus hermanas que habían sido madres en edad no adolescente y observaron que las supuestas consecuencias negativas de la maternidad adolescente se reducían significativamente, que no eran muy diferentes a sus hermanas que no habían sido madres adolescentes. Pero el debate continuó debido al fenómeno social del madresolterismo, pues en los años 80 y 90 aumentó la proporción de madres adolescentes que daban a luz fuera del matrimonio en los Estados Unidos, y por tanto, la preocupación social y política por este fenómeno contrario a la norma social percibida (Furstenberg, 2003, p. 29). A pesar de la evidencia, la sociedad norteamericana en general continúa viendo como problemático el embarazo y maternidad adolescente por los supuestos costos que genera tanto para las madres, como para la sociedad, y aunque las tasas han descendido, el Presidente Clinton en los 90 calificó el embarazo adolescente como un gran problema (Furstenberg, 2003). Contrario a estas propuestas, SmithBattle (2000) afirma que la maternidad o paternidad temprana puede dar sentido a las vidas de los jóvenes: “La creencia que la maternidad precoz lleva a la pobreza permea nuestro modo colectivo de comprensión, pero, hallazgos recientes revelan que para muchos y muchas jóvenes, la maternidad colma de sentido las limitadas opciones de vida que preceden a los embarazos. Frecuentemente se argumenta, citando la teoría del desarrollo de Erickson donde la identidad del sujeto se fundamenta en la autonomía, que la maternidad obstaculizaría el desarrollo de la joven al volverla dependiente. Desde esta óptica, demorar las obligaciones y responsabilidades de la vida adulta permitirían a los jóvenes la libertad y oportunidades de diferenciarse de la propia familia, desarrollar
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una carrera profesional y eventualmente formar lazos íntimos. Algunas jóvenes describen la maternidad de modo muy diferente: como un poderoso catalizador de madurez y re-direccionamiento de vida en modos positivos. Sus relatos muestran cómo la maternidad puede constituir un ancla para el yo, promueve un sentido de propósito y sentido, teje de nuevo conexiones y provee un nuevo sentido de futuro. Al explorar las transiciones de jóvenes hacia la maternidad se descubrió cómo los jóvenes daban nuevo sentido al pasado, presente y futuro desde su nueva perspectiva como madres” (SmithBattle, 2000:34 y ss. traducción propia). La autora encuentra tres perfiles de madre adolescente. El primero constituido por jóvenes más desaventajadas y alienadas socialmente, encuentra en el embarazo la esperanza de escapar de un pasado desolado hacia un futuro ilusorio, futuro que eventualmente reflejaba su desesperanza previa al embarazo. El perfil de este grupo de madres parece consistente con el conocimiento generalizado sobre cómo la maternidad temprana altera negativamente la vida de las mujeres jóvenes, sin embargo, pone en evidencia que estas mujeres tenían comprometido en sus vidas el sentido de futuro mucho antes del embarazo. Para un segundo grupo de jóvenes menos desaventajadas y alienadas socialmente, la maternidad joven supuso una inflexión en la trayectoria descendiente de sus vidas y proporcionó experiencias correctivas a medida que ellas reorganizaban sus prioridades alrededor de la identidad y prácticas maternas. Por ejemplo, estas jóvenes frecuentemente mencionaron salir de la droga, regresar al colegio, alejarse de amistades riesgosas y la toma de conciencia de su comportamiento anterior, en ocasiones destructivo (SmithBattle, 2000:34ss). El tercer grupo, conformado por jóvenes con mayores recursos familiares y sociales, logró continuar con sus
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planes de educación y empleo anteriores al embarazo debido al apoyo familiar y comunitario. Estas mujeres encuentran mayores dificultades, pero a su vez se fortalecen con la maternidad para superarlas, a medida que luchan por crear un futuro tanto para ellas como para su hijo apoyadas en los recursos de un mundo social más generoso a su alrededor. Concluye SmithBattle cómo una mirada cultural diferente a la de los jóvenes en pobreza es la responsable de valorar negativamente la maternidad temprana: “Muchos estudios cualitativos confirman que la maternidad promueve las ilusiones de los jóvenes en convertirse en más responsables y maduros. Muchas veces, desafortunadamente, sus nuevas prioridades no son reconocidas tal vez porque sus circunstancias difieren de aquellas de las normas y experiencias de la clase media. Por ejemplo, las madres jóvenes afro-americanas en situación de desventaja, narran nuevas prioridades que incluyen evitar la dependencia económica de unos padres en los cuales no pueden confiar y en permanecer en la ayuda estatal en vez de trabajar en trabajos poco confiables. Aunque tales comportamientos pueden chocar con los criterios de éxito de la clase media, reflejan de modo adecuado los mundos vitales de muchos jóvenes en pobreza. Las madres jóvenes en desventaja no se escapan del legado de su pasado ni remontan sus circunstancias sociales únicamente por propia voluntad y esfuerzo, motivación, o pensamiento racional, tal como sugerirían nuestras miradas del individuo atomizado. Sus historias de vida demuestran cómo las ganancias y logros tanto como las dificultades que experimentan como madres reflejan las oportunidades, estrecheces, recursos, y contradicciones de sus mundos sociales” (SmithBattle, 2000:34ss.).
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A continuación se abordarán estas cuestiones con información y datos disponibles para Colombia, de modo que se pueda comprender mejor las repercusiones de la maternidad temprana en la acumulación de capital humano, ciclo de pobreza y desarrollo personal de la mujer.
La maternidad temprana como supuesto determinante de deserción escolar, pobreza y obstáculo para el desarrollo de la mujer Uno de los autores colombianos que ha investigado el embarazo adolescente como posible causa de deserción escolar es Gaviria (2000), quien cuantifica el fenómeno a través de un análisis multivariado con datos de la ENDS 2000 realizada en Colombia: “Las mujeres embarazadas tienen una probabilidad al menos 45 puntos porcentuales mayor de interrumpir sus estudios que las mujeres que no lo están. Así, la tasa de deserción escolar para las jóvenes embarazadas más que triplica la tasa media de la muestra, que se ubica alrededor de 20%. En síntesis, el embarazo juvenil tiene un efecto bastante importante sobre las tasas de deserción escolar en el corto plazo” (Gaviria, 2000:8392 passim). Se debe resaltar la frase “en el corto plazo”, pues queda claro a partir de los estudios de Furstenberg (2003), que en el mediano y largo plazo las madres jóvenes logran acumular capital humano. Desafortunadamente en Colombia no hay todavía estudios que permitan verificar la adquisición de capital humano de madres adolescentes respecto a mujeres que retrasan su maternidad. Gaviria (2000) continúa con la siguiente afirmación sobre la relación entre embarazo adolescente y pobreza que en buena parte estaría en acuerdo con las afirmaciones de SmithBattle (2000):
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“El embarazo juvenil es causa y consecuencia de la pobreza. Causa pues afecta de manera sustancial los logros educativos; y consecuencia, pues la pobreza, y en particular las bajas expectativas de movilidad social y económica entre las jóvenes de estratos bajos, afectan positivamente la probabilidad de embarazo (…) pues el embarazo juvenil, especialmente entre los grupos más pobres, obedece a factores culturales y socioeconómicos de larga duración” (Gaviria, 2000:92-93). Sin embargo, los hallazgos de Barrera e Higuera (2004) arrojaron nuevas luces al problema en estudio: las mujeres adolescentes colombianas que entraban en maternidad tenían más probabilidades de desertar del colegio, pero no de ingresar en la fuerza laboral2. Los autores tuvieron en cuenta datos de estratificación socioeconómica, pero en sus conclusiones no quedó del todo patente qué efecto tenían tales estratos sobre la deserción en las adolescentes. Flórez et al (Flórez C. y Soto V., 2006), tienen resultados similares: la deserción escolar y la pobreza son, en la mayoría de los casos, condición previa al y no consecuencia del embarazo adolescente. Sin embargo, una proporción importante de embarazos en las adolescentes pobres ocurre simultáneamente con la deserción, y en la mayoría de los casos, trunca la trayectoria educativa, reforzando el círculo vicioso de la pobreza según los autores3. Entonces no hay evidencia de que el embarazo y maternidad conlleven necesariamente a la deserción escolar, salvo por un período breve alrededor del embarazo y nacimiento. En el contexto mexicano, Stern (1997) reporta que la mayoría de madres jóvenes procedentes de poblaciones indígenas de escasos recursos habían abandonado el estudio previo a quedar en embarazo. Debido a que esta situación se considera frecuentemente (sin una ponderación crítica adecuada) como negativa para la mujer debido a la utilización de patrones culturales de otras sociedades en el momento de enjuiciar la realidad local:
2.”La hipótesis que embarazo y fecundidad inducen deserción estudiantil no se rechaza. En efecto, un embarazo e hijo aumenta la probabilidad de deserción de manera considerable (un efecto marginal entre 0,37 y 0,41). En cuanto a la hipótesis de que embarazo o embarazo más hijo aumenta la oferta laboral, los resultados muestran que este efecto no se da: no existe evidencia que las jóvenes embarazadas y con hijos entren al mercado laboral” (Barrera e Higuera, 2004: 20).
3.Tener un hijo en la adolescencia, implica para las mujeres contar en promedio con 3,9 años de educación, menos que si hubiesen tenido su hijo en edad adulta. A pesar de esta fuerte relación negativa, no es evidencia suficiente para concluir que la maternidad temprana es la causa de que se trunquen las trayectorias educativas de las adolescentes.
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“... es necesario abandonar varios mitos relacionados con la argumentación aludida que hemos importado acríticamente a partir de lo que ocurre en sociedades donde esta etapa de la vida se da en condiciones sociales y culturales muy distintas a las nuestras. (…) la creencia de que el embarazo precoz lleva al abandono escolar y, por tanto, coarta las posibilidades de una escolarización suficiente. De acuerdo con la evidencia disponible para México, la mayor proporción de las adolescentes embarazadas ya había abandonado la escuela antes de haberse embarazado. Difícilmente podría entonces el embarazo truncar su escolarización y ser la causa de los efectos que se derivan de ello a partir de la argumentación referida” (Stern, 1997).
Ilustración 1 Nivel educativo alcanzado por mujeres cuyo primer hijo nació antes o después de los 20 años
Nivel educativo alcanzado por mujeres cuyo primer hijo nació antes o después de los 20 años, Colombia ENDS 2005. N= 36,756
25-29 y no madre adolescente 25-29 y madre adolescente
800 700
Casos
600 500 400 300 200 100 0
2
4
6
8
10
12
14
16
18
20
Educación en años Elaboración propia con datos ENDS 2005
22
24
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En la ilustración 1 se muestra la acumulación de capital humano por educación escolar de las mujeres colombianas encuestadas en la ENDS 2005. Se observa cómo las mujeres que tienen menos de 5 años (primaria) en su mayor parte son madres adolescentes. Las que tienen 11 y más años de educación (bachillerato) en su mayoría son madres después de los 20 años y aquellas con estudios superiores (postgrado), son mayoritariamente las que tuvieron su primer hijo después de los 20 años. Hasta aquí, parece sustentar la hipótesis que el embarazo adolescente incide negativamente en la acumulación de capital humano, pero, no se controla por contexto socioeconómico (estrato, índice de riqueza) ni por variables espaciales (zona urbano-rural, región). Sin embargo, queda patente que también hay un grupo importante de mujeres que fueron madres después de los 20 años que no tienen sino primaria. Esta visión de la realidad colombiana no estaría completa sin la diferenciación por estratos socioeconómicos donde se aprecia que entre el mayor y el menor hay una diferencia hasta de 6 años de escolaridad (ENDS, 2005).
Tabla 1 Diferencia entre educación alcanzada por las mujeres del grupo socioeconómico más rico y el más pobre, según edad al primer hijo de la madre, Colombia. Edad de la mujer al primer hijo
Diferencia en años de estudio entre los dos grupos socioeconómicos más rico y más pobre
15
5,9
16
4,9
17
4,9
18
5,8
19
5,6
20
5,8
21
6,2
22
6,7
Fuente: Elaboración propia con datos ENDS 2005.
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Respecto a la zona de residencia, también se evidencian importantes diferencias en escolaridad, vista en el indicador “deserción escolar” de la ENDS. Para las mujeres de 15-19 años que no son madres, los motivos principales de deserción escolar son: no poder pagar el colegio (48%), no quería estudiar (14%) y necesitaba ganar dinero (12%) (Ver Tabla 2).
Tabla 2 Motivos auto reportados de deserción escolar de mujeres en medio urbano, según han sido o no madres adolescentes. Colombia, 2000 Fecundidad
No madre
No madre
madre
madre
15-19
>=20
15-19
>=20
Emabarazo
3%
1%
28%
19%
Contrajo matrimonio
2%
3%
8%
10%
Cuidar niños
0%
0%
4%
6%
No pudo pagar el colegio
48%
44%
27%
30%
Colegio muy lejos
1%
1%
1%
2%
No sabe
0%
0%
0%
0%
Otro
8%
3%
4%
2%
No habia maestros en escuela
0%
0%
0%
0%
No quería estudiar
14%
9%
18%
10%
No aprobó ingreso
4%
2%
1%
1%
Se graduó y eso era suficiente
2%
11%
1%
3%
Necesidad de ganar dinero
13%
20%
7%
14%
Enfermedad
2%
2%
1%
1%
La familia necesitaba ayuda
2%
3%
2%
3%
Edad a la que fue madre
Fuente: ENDS 2000, elaboración propia.
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Respecto a la zona de residencia, también se evidencian importantes diferencias en escolaridad, vista en el indicador “deserción escolar” de la ENDS. Para las mujeres de 15-19 años que no son madres, los motivos principales de deserción escolar son: no poder pagar el colegio (48%), no quería estudiar (14%) y necesitaba ganar dinero (12%) (Ver Tabla 2). Si se consideran las mujeres que eran madres en el momento de la encuesta, los datos muestran, de nuevo, que el embarazo no explica sino un 28% de deserción en mujeres de 15-19 años y un 19% en las que han sido madres después de los 20 años; una diferencia de sólo 9 puntos entre los dos grupos de edades al iniciar la maternidad. Mientras que las causas económicas y el no querer estudiar explica 45% de la deserción en las de 15-19 y un 40% en las mayores de 20. Por tanto, la mayor causa de deserción en la ciudad y cabeceras municipales no es el embarazo y maternidad sino otros factores, primordialmente económicos y culturales. En el medio rural (Ver Tabla 3) las mujeres reportan que los principales motivos de deserción responden a no querer estudiar (22%) e imposibilidad de pagar el colegio (22% para madres jóvenes y 32% para aquellas que tuvieron su primer hijo después de los 20 años).
Tabla 3 Motivos auto-reportados de deserción escolar de mujeres en medio rural, según han sido o no madres adolescentes. Colombia, 2000 Fecundidad
No madre
No madre
madre
madre
15-19
>=20
15-19
>=20
Emabarazo
3%
2%
13%
8%
Contrajo matrimonio
4%
3%
15%
10%
Edad a la que fue madre
Maestría Asesoría Familiar y Gestión de programas para la Familia
Fecundidad
No madre
No madre
madre
madre
Cuidar niños
0%
0%
1%
2%
No pudo pagar el colegio
42%
35%
23%
32%
Colegio muy lejos
3%
4%
6%
3%
No sabe
0%
0%
0%
0%
Otro
5%
2%
3%
3%
No habia maestros en escuela
0%
0%
0%
0%
No quería estudiar
23%
22%
23%
22%
No aprobó ingreso
1%
4%
0%
0%
Se graduó y eso era suficiente
1%
1%
1%
0%
Necesidad de ganar dinero
6%
18%
7%
12%
Enfermedad
6%
3%
3%
1%
La familia necesitaba ayuda
7%
4%
8%
6%
Fuente: ENDS 2000, elaboración propia.
Las dos principales razones para dejar de estudiar son económicas y no querer estudiar más. En cuanto a la fecundidad, más que el embarazo, que explica menos del 5% de la deserción en adolescentes, el contraer matrimonio resalta como factor importante de deserción. En las adolescentes explica el 13% de deserción mientras en las mayores de 20 explica el 10%. No se debe olvidar que en el medio rural el concepto de adolescente es en ocasiones irrelevante, mientras que en el medio urbano cobra mucha importancia en el ciclo vital del habitante de la ciudad, ya que en el medio rural ha sido tradicional entrar en unión desde edades tempranas, alrededor de los 15 años e incluso menos. Por tanto, la valoración que se hace del fenómeno de maternidad difiere radicalmente entre ambos contextos: en el rural constituye un evento esperado en el proceso de formación de la familia y no es visto como algo anómalo que no debiera ocurrir, mientras que en el medio urbano, y particularmente en los sectores medios y altos, sí es
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visto como tal, ya que ahí sí puede afectar el futuro de la joven. Quizá sea esta la explicación de por qué el embarazo afecta más la deserción de las mujeres adolescentes en el medio urbano que en el rural4. Tampoco se debe pasar por alto que en el medio rural colombiano es frecuente no encontrar escuelas de educación media cercanas y que para obtener tal educación hay que desplazarse frecuentemente hasta la cabecera municipal, lo cual conlleva costos adicionales y se debe encontrar o tener quién brinde acogida en ese nuevo lugar. Este hecho constituye una importante barrera de acceso a la educación media rural y puede explicar la deserción a esos niveles. Sin embargo, en este estudio no se obtuvieron datos de la magnitud de este factor. Si se contrastan los motivos de deserción encontrados, en el medio rural se presenta una realidad interesante: las mujeres que son madres jóvenes tienen menores motivos de deserción “debido a no poder pagar el colegio” (23% respecto a 32%) que las que son madres mayores. También hay diferencias a favor de las madres jóvenes en la variable que se esperaría indicara desventaja para las adolescentes madres: “necesidad de ganar dinero”. Entonces, contrario a lo esperado, hay indicios para afirmar que en el medio rural ser madre joven parece actuar de factor protector hacia la acumulación de capital humano (educación). Se requiere, por tanto, más estudios sobre las relaciones entre deserción y embarazo-maternidad a nivel microeconómico, diferenciado por características sociodemográficas y del espacio de los grupos poblacionales para un adecuado conocimiento de la realidad nacional. Ahora se aborda la siguiente pregunta: ¿La maternidad adolescente refuerza en Colombia el ciclo de la pobreza? Se ha visto que tanto a nivel internacional como nacional la literatura, en general, propone la maternidad adolescente como factor de refuerzo del ciclo de la
4.Observación hecha por Claudio Stern en correspondencia personal.
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pobreza. Geronimus y Korenman (1993), propusieron, como se dijo antes, que esta conclusión se debe en gran parte a la omisión de la diversidad del contexto familiar (family background heterogeneity) de las mujeres, y por tanto, los estudios anteriores pueden haber sobre enfatizado las consecuencias negativas de la maternidad adolescente. Además, proponen que las medidas de bienestar realizadas hasta entonces para evaluar los efectos socioeconómicos de la maternidad adolescente pueden sufrir de sesgo similar: se ha sobre enfatizado el riesgo en la salud de la madre y del infante en el contexto de poblaciones en desventaja, en las cuales la maternidad adolescente es más común. Los efectos adversos entonces provienen más de la situación de pobreza de las mujeres que de su edad adolescente (Geronimus y Korenman, 1992). Furstenberg (2003:32) sugiere que retrasar la maternidad y paternidad, sin cambiar sustancialmente la capacitación educativa y futuras oportunidades de la población urbana pobre, tiene muy poca probabilidad de lograr diferencias en la perpetuación de la pobreza y desventaja entre las familias. 5. Agradezco a Claudio Stern el siguiente comentario al respecto: La pobreza, y más que ésta la vulnerabilidad que ésta implica en nuestras sociedades, es probablemente el factor de mayor peso en la explicación de la magnitud del embarazo adolescente. Ésta explica también en gran parte la elevada deserción escolar.
En cuanto a la situación colombiana, Gaviria (2000), Barrera e Higuera (2004), y Flórez y Soto (2005), sostienen que el embarazo y maternidad adolescente son factores de pobreza, pues afectan el nivel educativo y por tanto, la formación de capital humano. A su vez, la pobreza y las bajas expectativas de movilidad social son, en ocasiones, factores del embarazo y maternidad temprana. Flórez y Soto añaden que las mujeres adolescentes madres tienen mayores dificultades de acceso a empleo, sus hogares están en mayor proporción en situación de pobreza y tienen más hijos a lo largo de sus vidas. Resulta importante hacer énfasis en que es la situación de vulnerabilidad y pobreza la que más explica el embarazo y maternidad adolescente en el contexto colombiano, de modo similar a lo encontrado por Stern en México 5.
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Ninguno de los autores colombianos revisados incorpora el estado civil de la mujer o la calidad de los vínculos de unión que tiene con el padre de su hijo. Esta falencia puede ser la causa de que se vean únicamente efectos negativos a la maternidad temprana 6. Parece que estas perspectivas privilegian una visión económica del desarrollo que estaría dejando de lado las riquezas culturales y tradicionales de las poblaciones, o no valorando suficientemente sus características y aspectos propios, pues como se ha visto la maternidad temprana responde a patrones culturales e idiosincrasia de poblaciones particulares, a situaciones de vulnerabilidad o de pobreza. La evidencia colombiana nos muestra que la maternidad temprana corresponde a idearios de poblaciones rurales, poblaciones indígenas, mujeres de estratos socioeconómicos bajos, etc., por tanto, son patrones culturales que corresponden a peculiares visiones del desarrollo y no permiten ser valoradas únicamente por modelos de desarrollo donde se privilegia el ingreso 7. Algunos autores proponen que el mismo término “embarazo y maternidad adolescente” es un constructo social con matiz negativo para privilegiar un modelo de desarrollo de la modernidad. Papalia et al (2004) proponen que la adolescencia es un constructo social de las sociedades industrializadas modernas, donde el paso de la niñez a la edad adulta está separado por un período más o menos largo, llamado adolescencia. Este período termina alrededor de los 19 años o comienzos de los 20, cuando el/la joven asumen responsabilidades de adulto. Bledsoe y Cohen (1993) señalan la importancia de contextualizar geográfica y culturalmente tal definición, pues la realidad en cuanto a salud y oportunidades de una mujer casada de estrato medio de 19 años esperando su segundo hijo presenta rasgos muy diferentes a una joven en pobreza de 12 años en embarazo.
6. Agradezco a Claudio Stern el siguiente comentario que aportó ideas al respecto: El estado civil es un elemento fundamental que hay que tomar en cuenta, ya que las implicaciones de un embarazo adolescente dentro de una unión son radicalmente diferentes de las que tiene fuera de la unión. Y resulta -cuando menos para México- ¡que la gran mayoría de estos embarazos se da dentro de la unión! (particularmente en el medio rural y en los estratos bajos). ¡Cuán distinta sería la percepción que se tiene sobre este fenómeno si se tomara en cuenta este hecho!
7. Ya Amartya Sen distingue sobre ingreso como renta e ingreso como capacidad adquisitiva complementada por otras realidades.
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Camino a seguir: ¿Tiene alguna ventaja ser madre joven? Se puede colegir que la maternidad adolescente, en algunos escenarios y situaciones, favorece el desarrollo personal, fundamentado en los trabajos de investigación de SmithBattle en el contexto norteamericano, quien afirma que la maternidad adolescente proporciona un sentido de futuro, dirección e identidad, que de otro modo no tendrían las adolescentes que crecen en entornos muy pobres por tener tan pocas oportunidades de escolaridad y ocupación, y que en países aún menos desarrollados sería todavía más cierto. El problema consiste en pretender imponer valores de la clase media a grupos poblacionales que no tienen ni los recursos ni las ventajas de ese grupo social. Se puede afirmar que este fenómeno tiene consecuencias negativas, aunque no tan profundas como se ha propuesto, cuando ocurre en situaciones donde los factores protectores están ausentes (unión estable de la madre adolescente con el padre, sostenibilidad económica, agencia, oportunidades y capacidades, etc.), y en ocasiones, cuando la fecundidad temprana hace parte de la idiosincrasia y de los valores culturales de porciones de la población nacional (pueblos indígenas, población rural, etc.). La valoración del embarazo adolescente puede tener raíces en cómo se estima tal fenómeno en otras culturas. La valoración negativa puede ser, por tanto, un problema de mirada. Es decir, del intento de realizar una transferencia de modelos de desarrollo del mundo, de ámbitos desarrollados al mundo y de ámbitos en desarrollo. La experiencia, de largos años de estudios sobre desarrollo y su transferencia, indica que en los procesos de transferencia de modelos de desarrollo hay que ser muy cuidadosos para evitar proponer modelos que impongan una visión cultural en la población receptora. Las políticas públicas restrictivas sobre la fecundidad adolescente que predominan hoy en Colombia deben ser revisadas para avanzar hacia un desarrollo sosteni-
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ble e integral. El desarrollo integral es aquel que logra superar las carencias y brindar oportunidades, fortaleciendo capacidades, agencia y acciones en libertad y responsabilidad. No parece, por tanto, adecuado para avanzar hacia el desarrollo integral la implementación de políticas coercitivas de control demográfico, como tampoco aquellas que discriminan a las mujeres que desean ser madres jóvenes. La acción de promoción de salud y desarrollo en las circunstancias del embarazo adolescente de ninguna manera es el aborto, como tampoco lo es el matrimonio forzado. El respeto a la dignidad de la madre y el hijo requieren ayuda especializada, orientada al fomento de capacidades y oportunidades. Sin embargo, los programas de los Planes de Atención Básica del Ministerio de la Protección Social han ido encaminados a la difusión y acceso a métodos de anticoncepción y no al desarrollo familiar y personal de la mujer y varón adolescente. La estrategia de mostrar las consecuencias negativas del embarazo y maternidad adolescente, omitiendo otras consideraciones que matizan esta realidad, parece hacer parte del programa de erradicar la pobreza erradicando a los pobres, en vez de poner el énfasis en el incremento de capacidades y libertades (Sen, 2000). Al mismo tiempo hay necesidad de avanzar en las consideraciones de los derechos y deberes de la maternidad joven, así como en los derechos de los niños a tener padre y madre. Se propone, para futuras investigaciones, indagar sobre cinco dimensiones de la maternidad adolescente. Primero, se debería conocer el nivel educativo alcanzado por la madre según características sociodemográficas a escala micro. Segundo, contrastar el estado civil de las madres adolescentes, de modo que se pueda ver algún indicio que evidencie la presencia de uniones inestables y “madresolterismo”, como propone el imaginario colectivo respecto al grupo de mujeres que retrasan la maternidad. Luego, mirar la fecundidad total de las madres adolescentes y su diferencia con las madres que han retrasado su primer hijo, de tal forma
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que se pueda concluir si la maternidad joven es un factor de mayor paridad en Colombia. Por último, realizar una aproximación a la valoración del proyecto de vida de la mujer y su posible perturbación por la maternidad temprana, e incluso de su realización a través de esta.
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¿Por qué valoramos tan negativamente el embarazo adolescente en Colombia? Hechos y contextos de un debate