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Se vende descripción literaria de un piso

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Se vende piso Ejercicio de descripci贸n literaria Alumnos de 3潞 ESO B y D del IES Las Musas (Madrid)


Una casa, infinitos recuerdos Los vagos recuerdos de mi infancia siguen aún en mi mente. Recuerdo aquella casa, ese piso situado a las afueras de Madrid capital. Aquellas veladas con amigos en la inmensa terraza, las barbacoas familiares. Nunca se borrarán de mi mente... Un día estaba jugando con mis amigos en la terraza cuando oímos un estrepitoso ruido que provenía del baño. Salimos corriendo hacia allí y al llegar observamos fijamente la puerta. Era como la alta entrada a la típica cueva del monstruo. Reuniendo valor los tres amigos empujamos la puerta hasta abrirla: el baño estaba impoluto. Tan brillante como una perla y tan azul como el mar. Entonces nos dimos la vuelta. Detrás de nosotros estaba la única habitación en la que no había entrado nunca, ya que la puerta había estado siempre bloqueada. Ahora estaba completamente abierta y se podía apreciar cómo era: una habitación sin luz que no tenía fin. En ella sólo había unas cuantas cajas y unas telas. Las paredes, ennegrecidas, ocultaban el empapelado de la pared. De repente, una cálida ráfaga de aire que atravesaba el pasillo desde la habitación de mis padres logró cerrar la puerta y de nuevo mantenerla bloqueada. De nuevo oímos aquel estrepitoso ruido y corrimos a escondernos a la habitación de mis padres. Presas del pánico nos acurrucamos bajo la cama doble. Las paredes estaban rasgadas, agujereadas e incluso carcomidas. El suelo estaba reluciente y las ventanas dejaban pasar la suficiente luz como para que la habitación estuviese perfectamente iluminada. Se oyeron unos pasos. Un hombre con pies descalzos atravesó el umbral de la puerta, comenzó a caminar hacia nosotros y a mirar a su alrededor. Su respiración era costosa e iba sin camiseta. No tenía pelo y llevaba puestos unos pantalones cortos desgarrados. Su mirada era penetrante... Por suerte no pareció vernos y se marchó hacia el salón. Al parecer ese extraño hombre se paseaba por toda la casa: desde la cocina; amplia, con azulejos blancos, una nevera llena de deliciosos manjares, aquel paisaje nevado permanecía aislado porque mi madre decía que era el único lugar en el que se podía relajar y no quería que nadie "manchara" aquel

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templo; hasta mi habitación, pasando por el gran salón que tenía un toque antiguo a pesar de haber sido remodelado hace poco... Nos asomamos por la ventana que daba al patio con piscina: estaba desolado, ni rastro de una sola alma. La curiosidad nos hizo acercarnos al salón. Cada paso que dábamos era un salto hacia el descubrimiento. Nuestros corazones latían más rápido que la velocidad de la luz. Finalmente nos asomamos por el marco de la puerta: allí estaba, saliendo por la puerta de la terraza. No sé lo que nos hizo hacer eso, tal vez un extraño impulso, pero salimos corriendo hacia él y al tropezarnos unos con otros; le dimos un pequeño empujón que le hizo caer por la baja barandilla de la terraza. Una caída mortal como un abismo muy profundo dejó a aquel desagradable hombre definitivamente muerto... Una sensación de culpa nos invadió e instantáneamente nos despertamos todos al mismo tiempo de aquel extraño sueño. Nuestras mentes estaban conectadas mientras soñábamos. Un recuerdo que nunca olvidaré, en aquella tienda de campaña, en la inmensa terraza, en aquel piso situado a las afueras de Madrid capital... Javier F. Dávila Villa 3ºB

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Diez años después Hoy, diez años después de lo sucedido, la imagen de aquella casa ha vuelto a mi memoria. Ese patio en el que pasaba las horas de niña, el original sofá en la habitación de mis padres, ese cuadro de flores en el baño… Decido investigar y consigo la manera de volver a pisar aquella casa. Dos horas después ya estoy delante de la puerta con la llave en la cerradura. ¿Estoy segura de que quiero girar la llave? ¿Y si me llevo una sorpresa al ver que todo sigue igual? ¿Y si descubro a una familia habitando en el que fue mi hogar? No, tengo que correr ese riesgo. Empiezo a girar la muñeca moviendo la llave a la par, suena ese ‘’clack’’, el mismo sonido de siempre. Cierro los ojos y abro la puerta de golpe, un fuerte olor a azufre me da una bofetada en la cara. Entro en la casa aún con mis párpados bajados. Cierro la puerta detrás de mí, abro los ojos y, para mi sorpresa, aquellos setenta y cinco metros cuadrados donde me crié se hayan quemados, tonos lúgubres decorados con manchas de cenizas invaden la casa. Giro mi cabeza hacia la derecha y observo la cocina. ¿Dónde están todos los electrodomésticos frente a los que mi madre era tan feliz? Que sí, que la casa se ha quemado, pero al menos tendrían que estar los restos, ¿no? Continúo andando por la cocina y salgo a la terraza. Me sitúo en el centro, justo donde estaba el alcantarillado. A pesar de que todo el suelo esté lleno de escoria del fuego intuyo que estoy en el centro. Allí está, aquella que era ‘’mi esquina’’, allí está mi antiguo patinete junto con los restos de todos esos juguetes que estaban en la terraza, ‘’los impermeables’’ los llamaba mi padre. Desde la terraza se pueden ver las ventanas de dos de las tres habitaciones: la de mi hermana y la mía. Prefiero entrar primero a la de la petarda de mi hermana, todavía se distinguen las marcas de todos esos posters que colgaban de sus paredes, ¡ay, bendita inocencia! Entro en el cuatro de mis padres. Parece mucho más amplio sin esa enorme cómoda que ocupaba prácticamente toda la pared izquierda. Las patas 4


de la cama siguen ahí, un poco renegridas pero intactas, ¿soy la única a la que le parece extraño? Bueno, es mejor no darle muchas demasiadas vueltas y me adentro en el que era nuestro baño, el de mi hermana y mío. Ahí está, ese espejo que ocupaba toda una pared, el resto han perdido ese color fucsia y se han convertido en negro. Y mi bañera, aquella en la que me tiraba horas y horas cuando estaba mal, está completamente destruida. Creo que mi habitación va a ser lo más duro de ver, así que prefiero dejarlo para el final. Llego al salón. Sí, aún recuerdo la distribución de los muebles y que mi madre los cambiaba una vez al año, ‘’Para cambiar un poco de aires’’ decía. De frente ese ventanal, lo que nos costaba subir y bajar las persianas… A la derecha sigue el escritorio de mi padre, aún tengo el recuerdo de verle jugando al póquer en el ordenador con su Estrella de Galicia en la mano. Vale, creo que ha llegado el momento, tengo que ver mi habitación. Cruzo el marco de la puerta y no puedo contener las lágrimas. Esa habitación en la que he pasado muchos momentos importantes en mi vida, donde me tiraba las horas cuando era una adolescente con los cascos puestos y desconectaba del mundo; la misma con esas flores negras pintadas en la pared, esas flores que pinté con él… Mi adorado escritorio, las estanterías llenas de libros, aquella cama de 1.20 que tanto me costó conseguir… Todo destruido, no puede ser. Salgo de la casa, no puedo más con esa angustia. Bajo al trastero, solo por curiosidad. Dios mío, nunca lo había visto tan grande. Mis padres debieron llevárselo todo cuando pasó aquello… Me voy ya, me estoy empezando a sentir culpable, ¿y si no me llego a ir a aquel viaje con él y me quedo con mis padre en casa? Quizás no hubiese podido evitar que pasase, pero al menos me habría enterado de otra manera y no de esta. Lidia Vallés García 3º D

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Relato sobre un piso En 1992 celebré las navidades en la gran casa de mis abuelos. Vivían en un barrio muy tranquilo y precioso; había comunidades de vecinos con jardines y piscinas, muchos parques para los niños con líneas de metro y autobús cercanas a todos los sitios y muchos supermercados y colegios. Después de esas maravillosas navidades en casa de mis abuelos, meses más tarde decidí comprarme un piso por esa zona. Yo quería un piso grande, pues quería formar una familia y vivir en un barrio cómodo y ese, ese era el barrio perfecto. Me puse a pasear por allí viendo comunidades y comunidades de vecinos, pero hubo una que me llamaba mucho la atención. Había en la segunda planta un piso en venta, la comunidad tenía piscina y jardines, así que no me lo pensé dos veces y llamé al número indicado en el cartel de “Se Vende”. Me contestó una señora muy amable y me dijo que me pasara para ver el piso. A los tres días fui a visitarlo. Sólo la entrada era preciosa, pintada en azul turquesa con una mesa para dejar las llaves y un armario para guardar los abrigos. Avanzabas un poco y llegabas al salón, éste tenía una sensación de espacio. Había un sofá y una televisión y un montón de estanterías llenas de libros. Al final del salón había una mesa para comer. En un lado del salón estaba el pasillo y al otro la cocina, ésta era preciosa, muebles y electrodomésticos muy actuales, con una terraza perfecta para colocar un tendedero y un armario chiquitito donde había herramientas y utensilios de limpieza. Si seguías por el pasillo, a la izquierda encontrabas un baño, un baño pequeño pero espacioso al mismo tiempo, con un hidromasaje excelente y armarios para guardar lo necesario. Al lado del baño había una habitación bastante grande, perfecta para un adolescente, con una cama preciosa, con baldas para los libros, una cómoda y un armario con zapatero, todo en madera blanca. A continuación de esta habitación, a la derecha del pasillo había otra 6


habitación un poco más pequeña que podría utilizarse tanto como para invitados como para un adolescente o un niño. Y ya al final del pasillo estaba la habitación de matrimonio. También era muy espaciosa, con dos armarios empotrados y dos mesillas de noche a juego, una cómoda y unos sofás; dentro de esta habitación estaba el segundo baño, no tan grande como el otro, pero suficiente para una pareja. Toda la casa tenía suelo de madera. Bajé a las zonas comunes para ver los jardines de la comunidad y la piscina. Como hacía buen tiempo todos los niños jugaban en los jardines con la pelota y en la zona infantil con los toboganes y columpios. La dueña de la casa que era una mujer bajita y de ojos azules intensos me miró y me dijo: -

La piscina la abrirán a mediados de junio. Esta casa está muy bien. ¿Qué ha decidido?

-

…….

Mi cabeza daba vueltas, era una casa barata y preciosa, pero no tenía familia para compartirla. Justo en ese momento una idea llegó a mi cabeza, me hizo pensar, y finalmente compré esa casa, esa casa tan bonita que me había enamorado, sería mi nueva familia. Julia García Narros 3º B

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Descripción de piso en venta (familia unida) Hoy me encuentro a mis 70 años admirando los álbumes de fotos de mi infancia, cuando, de repente, en el reverso de una hoja, me he encontrado una foto que ni recordaba. Éramos mis padres y yo en la casa en la que viví hasta mis 24 años. Aunque hay cosas que a mis años ya no recuerdo, esa casa es una de las cosas que aunque quisiera olvidar no lo podría conseguir. Cuando entrabas en la casa hallabas el salón junto con el comedor, en el que recuerdo mis cumpleaños acompañada de mi familia en esa mesa de color ocre, grande y espaciosa, cantándome el cumpleaños feliz. A la derecha del salón se encontraba la cocina, con esos muebles de madera que daban un aire pintoresco a la cocina y una terraza en la que teníamos plantados varios arbustos. En esa misma cocina recuerdo un día en el que quise dar una sorpresa a mis padres sorprendiéndolos con un batido de fresa y plátano; así que me puse manos la obra y empecé a reunir todos los ingredientes en la batidora; cuando ya había terminado, enchufé la batidora y pulsé el botón de inicio, pero tuve un fallo: me olvidé de poner la tapadera, lo que provocó que toda la cocina se llenara de batido. Ese día, en vez de darles una sorpresa a mis padres con el batido, les di una sorpresa con toda la cocina patas arriba, desde ese día aprendí a no olvidarme de poner la tapadera a la batidora. Siguiendo por el pasillo, en el que se encontraban colgados la mayoría de los cuadros de la casa, llegabas a mi habitación, una cueva donde me refugiaba cuando no quería ver a nadie y me tumbaba en mi cama, con esos muñecos esparcidos. Esta habitación es la que más recuerdo con claridad: esa mesa colocada espaldas a la cama, esos peluches ordenados sobre una estantería y ese armario en el que además de guardar mi ropa guardaba los juegos de mesa. Al lado estaba la habitación que compartíamos todos como cuarto de estudio, esa habitación siempre me resultaba especial porque todos los días de verano cuando iba anocheciendo en una de las paredes se reflejaba una 8


especie de arco iris, algo que de pequeña siempre que iba decía que era la magia la que hacía el arco iris, desde ese momento en mi familia a la habitación la llamábamos “La mágica habitación”. Al final del pasillo se encontraba la habitación de mis padres en la que en invierno me gustaba tumbarme en la cama grande y amplia al lado de la calefacción a desayunar unas tortitas con chocolate, mientras que veía la televisión que se encontraba colgada de la pared. En frente de la habitación de mis padres estaba el baño que compartíamos todos, tenía unos azulejos que brillaban como perlas y una bañera con un color blanco crema que entonaba con el bidé y el retrete; la verdad es que no me gustaba compartir baño, por eso uno de mis sueños de pequeña era tener un baño para mí sola en el que hubiera bañera y ducha y en el que también tener unas estanterías con mis perfumes y mis pinturas. En esa casa además de haber vivido un montón de experiencias he aprendido a ser como soy hoy, por eso cada vez que vienen mis nietos les cuento los recuerdos que guardo de esa casa para que vean que en esta vida una simple construcción como es una casa puede guardar un montón de experiencias de tu vida. Soraya Pérez Corral 3º D

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La casa de mis sueños Los recuerdos que tengo de esa maravillosa casa son indescriptibles. Eran los noventa cuando la compré y tenía muchos sueños en la vida. Era perfecta para mí. Me vienen infinidad de recuerdos a la mente, como la fiesta de fin de año del 2000, que después de estar hasta el amanecer bailando, todos mis amigos se quedaron a dormir, repartidos en las cuatro amplias y confortables habitaciones. El día que encontré algo en la ventana y al intentar quitarlo, lo único que conseguí fue estar dos días ingresado en el hospital por culpa de esas pequeñas asesinas con aguijón. ¡Y esa acogedora cocina! Que acabé quemando, cuando intentaba asar un pavo y en la que desayunaba todos los días. Los dos baños, en los que me disloqué el hombro más veces que toda mi familia junta. La terraza, tan soleada, en la que planté todo tipo de semillas y solo creció perejil y en la que pasaba las tardes de primavera leyendo.

El salón, ese gigantesco, luminoso y confortable salón. Cuando yo vivía ahí, la televisión era muy pequeña y ahora es tan grande como la ventana. ¡Mi salón! Ahí, me quedaba hasta tarde leyendo o viendo la televisión, tenía de todo, un cómodo sofá, un sillón con una lámpara para la lectura, una gran estantería y una amplia mesa en la que cenaba con mis amigos.

Aquel

grandioso y confortable salón, que rojo se volvía cuando salían los primeros rayos de sol y oscuro cuando se iban y ahora tan cambiado. En esos 100 metros cuadrados me han pasado infinidad de cosas que tardaría años en contarlas. David Sánchez Fernández 3º B 10


IES Las Musas Dpto. de Lengua y Literatura Profesora Ana Infante

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Se vende descripción literaria de un piso by Carlota Bloom - Issuu