Ejercicios de creación tras la lectura de
La llamada de lo salvaje, de Jack London
Alumnos de 2º ESO B IES LA CAÑADA COSLADA (Madrid) [Curso2012-13]
La trágica supervivencia Salí corriendo como nunca lo había hecho antes, llevaba dos semanas y algunos días sin tomar bocado; esta vez, no se me iba a escapar mi presa. Estuve corriendo kilómetros y kilómetros hasta que, al fin, el ñú se tropezó con una raíz que sobresalía del suelo. Fue la inesperada coincidencia de cazarlo así tan raramente. No pensé que, después de tanto tiempo corriendo detrás de mi presa, a la que no había conseguido coger en ocasiones más difíciles, iba a ser tan fácil y sencillo. Comí como nunca. Nunca había tenido tanta hambre. Después de la caza, me eché una fantástica siesta a la sombra de mi árbol favorito. Era mi favorito porque nunca habían entrado los humanos con palos en las manos. Yo nunca me había enfrentado a ellos, pero mi hermano sí. No salió bien para él. Le rompieron una pata, uno de los palos que llevaban en las manos, se lo hincaron el estómago.
Yo ahora cazo para mí y para él, puesto que él no puede correr porque no tiene pata. Siempre quise vengar a mi hermano por lo que le habían hecho esos humanos sin piedad. Un día, me acerqué a verlos para saber cuándo debería atacar. Me di cuenta de que varios de ellos entraban como en unas cuevas, y pensé que si entraba por allí, yo podía matar a los humanos para vengar a mi hermano. Una semana más tarde decidí entrar. Mi hermano me advirtió de que no fuera porque era peligroso y me podían hacer lo mismo que a él, o peor. Yo no le hice caso, yo solo estaba pensando en vengarle y nada más. Entré muy, pero que muy sigilosamente, sin que me descubrieran. Entonces, vi a un hombre sentado en el suelo afilando un palo muy grande que tenía en sus patas de adelante. Cuando se descuidó un momento... ¡Zasssssss! Le ataqué y me agarré a su cuello sin piedad mordisqueando muy fuertemente hasta que lo maté. A continuación, maté a otro hombre arañándole la cara, le arranqué la cabeza de un zarpazo. Me pareció bastante sangriento y decidí marcharme ya que no estaba acostumbrado a matar a tanta gente de esa forma. Al salir, un maldito humano vio mis huellas llenas de sangre, las siguió y me ataron con unas cuerdas muy fuertes. Yo estaba muy incómodo, nunca había estado en esta situación tan rara.
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Pensaba que me iban a matar con los palos que tenían y afilaban. Pero, repentinamente, apareció Lionel, mi hermano. Estaba cojo, pero consiguió matar a todos los humanos menos a uno, antes de matar al que quedaba, me soltó. Cuando quiso mirar a la cara del humano que aún quedaba en pie, le vino la visión del enfrentamiento que tuvo dos años antes, le volvió a mirar la cara al hombre y……. ¡El hombre era el maldito humano que le quitó la pata y le clavó el palo en el estómago! Sin pensarlo, se abalanzó sobre él y le arrancó la pata, y cogió su zarpa y se la clavó en el pequeño estómago. Le hizo lo mismo que el humano le había hecho antes. Este murió en el acto. Estábamos tan hartos de ver tanta sangre en un mismo día, que nos fuimos a nuestro árbol favorito donde nunca ocurría nada malo y disfrutábamos de la sombra y la tranquilidad. Así es como aprendimos a sobrevivir en un paisaje bonito, pero salvaje y muy, pero que muy peligroso. Javier Raya García
Un viaje inolvidable La primera vez que fui a la montaña fue en Rumanía, a los siete años. Aunque no lo recuerdo bien… Fue una experiencia única. Desde los siete años, cada verano, mis abuelos me llevaban con ellos a la montaña en diferentes ciudades. Aún recuerdo los viajes en tren, horas y horas de preciosas vistas de campos y pueblos. Dormíamos en hoteles de tres y cuatro estrellas, porque mi abuela cada año necesitaba un tipo de tratamiento especial. Yo era pequeño y me lo pasaba bien con todo, hasta con el aburrimiento, aunque no me visitaba casi nunca. En el hotel había más niños, cada noche nos juntábamos para jugar al escondite en el hotel, ir al cine del hotel, y contar historias de miedo hasta que nos diera miedo hasta parpadear. Una vez mi abuela nos inscribió en una lista donde un guía te enseñaba la montaña, los pájaros que habitaban cerca, y las leyendas que se contaban los viejos. Aunque a mí no me interesaba mucho qué tipo de pájaros habitaban cerca, yo solo quería verlos. Cuando era pequeño yo quería ser un pájaro libre y llegar a lo alto de las nubes, y volar por la noche viendo las estrellas, sin obligaciones ni preocupaciones, hacerme mi propio nido y dormir a la luz de la luna… Aunque hace siete años de eso sigo queriendo serlo… Después de una hora caminando llegamos a un sitio que, ‘’según el guía", tenía las mejores vistas de la ciudad y del bosque’’. La verdad es que yo también me 3
quedé mirando más de media hora; me habría quedado más, pero teníamos que bajar a la ciudad con el guía porque seguramente nosotros nos perderíamos en la montaña. En ese momento pensé que si fuera un pájaro construiría mi nido donde la colina de las vistas maravillosas. Lo que me convenció para bajar fue lo que me dijo mi abuela, que en el menú del hotel habría hamburguesa, y después de una semana comiendo judías y verduras me había vuelto verde hasta yo. Cuando llegamos al hotel descubrí que mi abuela me había engañado con lo de la hamburguesa y solo dijo para que bajara…Aunque engañarme no fue la mejor solución…Acabó comprándome varios juguetes para que lo olvidara… Aunque ahora tengo el doble de años y de tamaño, me gustaría volver allí y volver a disfrutarlo al cien por cien…
Florentin Bardac
Mi nombre es Jack London Mi nombre es Jack London. Nací el 12 de enero de 1876 en San Francisco. Creo que mi padre se llama William Chaney, era periodista, abogado y astrólogo ambulante al que llegué a conocer. El nombre de mi madre es Flora Wellman, neurótica y aficionada al espiritismo, que se casó con John London meses después de mi nacimiento. Fui criado por una antigua esclava llamada Virginia Prentiss. Me inicié como escritor a los diecisiete años en un concurso periodístico en el que conseguí el primer premio con la descripción de un tifón: fue una experiencia que viví mientras que ejercía de marinero en Sophie Sutherland. En 1897 y 1898 realicé varios viajes a Alaska porque me llamó la atención la fiebre del oro. Antes fui marino, pescador y contrabandista. Decidí regresar a San Francisco donde en 1900 publiqué una colección de relatos titulada El hijo del lobo con la que consegui un gran éxito. Fui militante comunista e incluso agitador político. Las lecturas del filósofo alemán Nietzsche me llevaron a formular que el individuo debe alzarse frente a las masas y las adversidades. La contradicción individualidad- colectiva está presente en mi obra. Pensaba que el ser humano no era bueno por naturaleza. En muchos de mis relatos, entre los que destacan La llamada de lo salvaje, en la que hablé de la vuelta de un ser civilizado a su estado primitivo. Algunas de mis obras fueron: Los de abajo, El lobo del mar, Colmillo blanco, que habla sobre la 4
crueldad y la lucha por la libertad, El vagabundo de las estrellas y John Barleycorn. El libro de John Barleycorn es un relato autobiográfico sobre mi batalla personal contra el alcoholismo.
Publiqué más de cincuenta libros que me supusieron grandes ingresos. Mis novelas fueron llevadas al cine. Trabajé como corresponsal de guerra. Me suicidé el 22 de noviembre del 1916 en Glen Ellen (california) cuando tenía 40 años. Los periódicos europeos dedicaron más espacio a la noticia de mi muerte que a la del emperador Francisco José de Austria fallecido el día anterior de mi muerte. Tan querido era. Alba Ruiz Muñoz
Unas vacaciones increíbles Era el mes de agosto y mi familia y yo comenzábamos las vacaciones de verano; yo estaba ilusionada porque íbamos a Asturias y sería la primera vez que yo vería el mar. Cuando íbamos por la carretera ya se veía a lo lejos . Era impresionante, porque no se sabía dónde terminaba y se podían apreciar varios tonos de azul en el agua. Nada más llegar al hotel, que no estaba muy lejos de la playa, cogimos lo bañadores y las toallas y fuimos a darnos un baño antes de ir a comer. Al verla de cerca fue una sensación muy bonita, correr descalza sobre la arena y mojarte los pies. Era una playa pequeña y no había mucha gente bañándose. Tenía rocas grandes a su alrededor y el agua estaba un poco fría. Estuvimos un rato allí porque jugamos y tomamos el sol. Fue una fantástica sensación tumbarse en las toallas, cerrar los ojos y oír cómo las olas rompían en las rocas. Yahiza García García
Mi primer paseo por la montaña La primera vez que fui a la montaña fue el año pasado cuando estaba en 1º de la ESO. La excursión contaba como nota en E.F. ; al principio no quería ir porque parecía que iba a ser agotador . Pero al llegar ahí y ver las montañas con numerosos árboles de muchos tipos, animales y el aire fresco, me gustó mucho.
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Hacía un frío tremendo, no llevaba la ropa adecuada. Yo pensé que iba a hacer calor pero me equivoqué, mi cuerpo tiritaba pero, al empezar a andar un poco , empecé a entrar en calor . Dimos un largo y eterno paseo: encontrándonos animales, árboles etc. No llegamos hasta las dos de la tarde, al llegar vimos unas grandes y profundas piscinas naturales. Había bastante gente. En la entrada había un chiringuito, el campo era de yerba; había una pequeña cascada en la que me metí un poco, pero el agua estaba muy fría y no podía soportarlo, la única vez que me metí fue porque una amiga mía me empujó ; cuando salí del aire, la temperatura era muy baja y hacia mucho aire . Ekram Kourizy El Ouarmanay
Un paseo por el bosque El bosque al que fui era muy frondoso y el ruido que trasmitía era ensordecedor ya que todos los animales de dicho bosque hacían ruido al mismo tiempo. El bosque estaba situado en la ladera de lo montaña más alta y grande que os podáis imaginar, situado en la frondosidad del bosque apenas se podía divisar la altura. Aquel día iba con mis padres y mis hermanos haciendo senderismo lo que luego se convertiría en normal en mi familia en los días de sol algo de sombra nunca viene mal. Aquel entorno me produjo una sensación de libertad como nunca había conocido en mi vida, sin embargo también me sentí muy insignificante, fue una sensación de contacto con los animales y la naturaleza. Fernando Zurita Fernández
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Hola, me llamo John Griffith Chaney
Hola, me llamo John Griffith Chaney, más conocido como Jack London. Nací el 12 de enero de 1876 en San Francisco (California), y a saber cuándo moriré. Soy un escritor estadounidense, y soy el autor de ‘’Colmillo Blanco’’, ‘’La llamada de lo salvaje y otros cincuenta libros más. En 1883 encontré y leí la novela Signa de la escritora Quida, que trata cómo un joven campesino italiano sin estudios escolares alcanza la fama como compositor de ópera. Este libro me inspiró para ser escritor literario. Mis principales obras fueron: Colmillo Blanco, La quimera del oro, Relatos de los mares del sur y La llamada de lo salvaje. Me acusaron de plagio en muchas ocasiones durante mi carrera. Era delicado no solo porque fui un excelente y exitoso escritor, sino también debido a mis métodos de trabajo. Egerton R. Young declaró que La llamada de la selva se tomó de su libro My Dogs in the Northland. Le mandé una carta a Young reconociendo que lo había usado como fuente agradeciéndoselo. Contraje matrimonio con Bess Maddern el 17 de abril de 1900, el mismo día que The Son of the Wolf fue publicado. Bess había sido parte de círculo de mis amigos durante algunos años. En la vida real, mi nombre cariñoso para Bess era "Mami-Niña" y el de Bess para mí era "Papi-Niño". Mi primera hija, Joan, nació el 15 de enero de 1901, y mi segunda hija fue Bessie (más tarde la llamamos Becky), el 20 de octubre de 1902. El 24 de julio de 1903, le dije a Bessie que me marchaba y me iba de casa; durante 1904 Bess y yo negociamos los términos del divorcio, y el fallo fue concedido el 11 de noviembre de 1904. Bueno, pues esto ha sido todo, espero que os haya gustado mi vida. Un saludo, John Griffith Chaney
David González García
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Un paseo por la montaña Era la primera vez que había dado un paseo por la montaña. Al principio no parecía que hiciese mucho frío, pero luego cuando estuvimos andando un rato se notaba un poco de aire, aunque lo pudimos aguantar. Era un lugar con la temperatura baja, se veían todo tipo de animales; había nieve en la cima de las montañas, hacía un poco de niebla y había que ir con cuidado para no tropezar ni chocarnos con alguno de los animales. Luego cuando terminamos de andar porque estábamos muy cansados, fuimos a unas piscinas naturales que tenían el agua muy fría, pero la gente se bañaba. Yo metí un pie, pero de lo fría que estaba no lo sentía, si hubiese estado un poco más caliente el agua, me habría venido muy bien un baño después de andar tanto. Para ser mi primer paseo por la montaña me gustó mucho ver cosas que nunca había visto, pero luego estuve cansada. Arancha Abad Monasterio
Otro paseo más La primera vez que fui a la montaña, fue con el instituto. Todo era enorme, se respiraba aire fresco. Aunque en el momento en que llegamos comenzamos a tener frío, pero a medida que íbamos andando ese frío desaparecía poco a poco. Cuando llegamos a mitad de camino todos estábamos exhaustos, pero lo soportamos. Pudimos ver animales como vacas o lagartijas. Cuando llegamos a las piscinas todos fuimos corriendo a poner nuestras toallas encima de la hierba fresca y con muchas ganas nos fuimos a bañar, pero en cuanto tocamos el agua perdimos toda la ilusión por bañarnos. El agua estaba congelada, aunque hacía sol. Al final nos bañamos y aunque nos congelábamos, no salimos de allí en un buen rato. Cuando nos fuimos me dio mucha pena porque me lo había pasado muy bien con mis amigas. Y aunque me cansé, me gustaría volver a ir este año. Laura Salazar Peinado
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Autobiografía
Mi nombre es Jack London, nací el 12 de Enero de 1876 en San Francisco. En 1893 me embarqué en la goleta Sophie Sutherland, que partía a la costa de Japón. En 1894 me uní a la Kely´s industrial army, una marcha para desempleados en protesta de Washington, y empecé mi vida de vagabundo, pasé 30 días en la cárcel de Erie Country en Búfalo (Nueva York) por vagabundeo. Después de varias experiencias como vagabundo y marinero, regresé a Oakland, donde acudí a la Oakland High School, contribuyendo con varios artículos para la revista de secundaria, The Hegis. Mi primera publicación fue Typhoon off The Coast of Japan donde relaté mis experiencias como marinero. En 1896, después de estar estudiando todo el verano, conseguí entrar en la universidad de California, pero los problemas de dinero me obligaron a dejarla en 1897 y nunca logré graduarme. Mientras, viví en mi casa de campo alquilada en Lago Merritt (Oakland); conocí al poeta George Sterling y nos convertimos en buenos amigos. En 1902 me ayudé a encontrar una casa cerca de la suya en Piedmont, California. El 25 de julio de 1897 mi cuñado James Shepard y yo zarpamos para unirnos a la fiebre del oro de Klondike donde ambienté mis primeras historias importantes. El tiempo que pasé en Klondike fue perjudicial para mi salud y, al igual que otros que trabajan mal alimentados en los yacimientos de oro, desarrollé escorbuto. Me hice socialista con 20 años. Previamente, había estado poseído de un optimismo reprimido el cual venía de mi salud y fuerza, actuando de forma individual, trabajando duro y viendo al mundo algo bueno. Mis puntos de vista socialistas comenzaron cuando se abrieron mis ojos a los miembros de lo más bajo del foso social. Mi optimismo e individualismo perdieron intensidad, y juré que nunca más trabajaría más duro de lo necesario. Beatriz Garrido Barranco y Manuel Lazareno Jiménez
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Una vida salvaje Tengo hambre, mucha hambre. Salí de caza en pleno día; todo parecía tranquilo cuando de repente sorprendí un ciervo pastoreando por el monte. Me preparé silenciosamente para atacar, era mi oportunidad; de repente salí corriendo como una flecha decisiva y agresiva sin lástima alguna. El ciervo asustado, sin pensar adonde ir, huyó corriendo y engañándome cambiando de dirección repentinamente; pero él no sabía que me despertaba aún más mi instinto animal. Aceleré más y más gastando la última energía que poseía mi cuerpo y mis músculos. Cada vez estaba más cerca de mi víctima...Hasta que cogí impulso en mis piernas traseras y me lancé sobre su cuello con un mordisco mortal. La sacrifiqué y la devoré para matar mi hambre salvaje. Después anduve y anduve por las grandes tierras del monte, marcando mi pequeño territorio con orina. No podía bajar la guardia, el bosque es traicionero y los enemigos, bestias; no sabes lo que te espera, todo pasa por sorpresa. Paula Pavel
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