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Nº 1

FUNAMBULISTA Revista de la Asociación Juvenil y Cultural

« Campus Artis »

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1 de Mayo de 2012


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Funambulista

Campus Artis

FUNAMBULISTA

Número

Revista de la Asociación Juvenil Campus Artis

1

Mayo 2012


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FUNAMBULISTA REVISTA DE LA ASOCIACIÓN JUVENIL Y CULTURAL CAMPUS ARTIS

Director: Javier Sánchez Clemente

Coordinador:….. Diseño Gráfico Ilustración Director: señas Issn Javier Sánchez Clemente etc

Editores: Mikel Abad Méndez José Alberto Andújar Espinosa Cristian Holgado Ávila Chiara Francesca Pepe

Imagen de portada: Javier Sánchez Clemente

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Elena Cambria Coordinador:….. Diseño Gráfico Ilustración señas Issn Contacto: etc campusartis@gmail.com www.CampusArtis.tk

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Número

ÍNDICE

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Mayo 2012

1.- Funambulista. // Pág. 5 Director 2.- Reflexiones de una extranjera nostálgica. // Pág. 9 Chiara Francesca Pepe, Licenciada en Lenguas Extranjeras 3.- The Lighting in Here Is Perfect. // Pág. 13 Casey Alexander, Escritora 4.- La tres veces construidas. // Pág. 17 Alfonso González López, Licenciado en Historia del Arte 5.- El módico precio de tu cuerpo. // Pág. 21 Javier Morales Lozano, Escritor 6.- compARTE! // Pág. 26 Elena Cambria, Artista multidisciplinar 7.- Aullidos en el paisaje. // Pág. 36 Andrés Talavero Pacheco, Artista multidisciplinar 8.- Reflexiones. La existencia del arte en el siglo XXI. // Pág. 41 Mikel Abad Méndez, Historiador del arte 9.- Hablando en segunda mano. // Pág. 47 Cristian Holgado Ávila, Historiador del arte

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10.- Meditación del deporte. // Pág. 53 Javier Sánchez Clemente, Licenciado en Historia del Arte


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Javier Sรกnchez Clemente

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Javier Sánchez Clemente Director

Una larga serie de experiencias, comenzando por un viaje a Blois organizado por el Consejo Local de la Juventud de Cáceres a invitación del Ayuntamiento de esta ciudad francesa en noviembre de 2009, dieron lugar finalmente a la constitución de la Asociación Juvenil y Cultural «Campus Artis» dos años más tarde. A ello nos motivaba la aparente invisibilidad de la juventud en temas culturales en nuestra ciudad. Consideramos que la cultura es un campo especialmente importante para los jóvenes por su valor educativo, ya que ésta es la que permite al individuo desarrollarse plenamente y formarse una identidad. Es nuestro objetivo la realización de todas aquellas actividades culturales que aisladamente no puedan llevarse a cabo, sino que exijan colaboración y organización, como por ejemplo intercambios con otras asociaciones extranjeras o talleres de formación. Entre estas actividades, una de las primeras que nos propusimos fue la de fundar una revista. Una revista exige colaboración colectiva y puede dar cabida a todo tipo de actividades creativas: producción literaria, obra gráfica, reproducciones de obras de arte plástico y fotografía. Asimismo, las posibilidades que ofrece el soporte informático permiten incluso colaboraciones en otros formatos, como el vídeo. El soporte informático

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ha sido escogido por su bajo coste y no descartamos su impresión sobre papel en el futuro.


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El ensayo es el género predominante en este primer número pero no será el único en los siguientes. Toda actividad literaria y artística implica siempre una manera de comprender el mundo, de ahí el valor educativo y conformador de la identidad con que caracterizamos la cultura al principio de esta introducción. El ensayo facilita mejor que ningún otro género la comprensión de una determinada realidad, ya que se dedica directamente a la exposición de las ideas del autor al respecto. Ensayar es probar un tema como quien saborea en su paladar un trago de vino, pero un vino viejo que deja un sabor profundo puesto que el verdadero pensamiento exige siempre rigurosidad conceptual. Nada mejor para construir una individualidad por tanto que el ensayo, tan poco atendido en nuestra educación primaria, secundaria y superior. «Funambulista» es el título que hemos elegido para el de nuestra revista. El joven, como el funambulista, camina por la cuerda floja de la vida. Perdido, confundido, echo un «lío», el joven es aquel que aún no ha alcanzado una madurez suficiente como para poder llegar a comprender plenamente la circunstancia que lo rodea. De ahí la necesidad vital que éste tiene de la cultura para poder sostenerse en su lento caminar hacia un destino que, como al funambulista, le parece difícil, pues ambos se están jugando en ello nada menos que la vida. La continuidad de la revista es muy importante, ya que esperamos que ésta llegue a convertirse en un vehículo que anime a los jóvenes a superar esa supuesta invisibilidad que motivó la fundación de la Asociación en primer lugar. No nos cerramos tampoco a aquellos adultos que quieran ayudarnos y publicar colaboraciones junto a las nuestras. Por eso, animamos a todos nuestros lectores, sin ningún tipo de excepción, a que compartan con nosotros su producción cultural y nos la hagan llegar.

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Estamos abiertos a cualquier iniciativa que cumpla con los principios humanistas sobre los que se asienta nuestra Asociación.


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«Funambulista» aspira por tanto a ser cobijo frente al marasmo de la sociedad sobreinformada, refugio donde jóvenes y adultos puedan llegar a expresarse con libertad en cualquier medio creativo, foro que dé voz individual a quien quiera hacerse oír y colectiva a la juventud. Sólo en el enriquecimiento mutuo del grupo, del diálogo, de la conversación, alcanzaremos verdadera humanidad. No existe auténtico «yo» sin previo

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«nosotros».


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Chiara Reflexiones de una Francesca Pepe extranjera nostรกlgica


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Reflexiones de una extranjera nostálgica

Chiara Francesca Pepe Licenciada en lenguas extranjeras

La patria se siente como un dolor agudo, verdaderamente como un dolor agudo al que no llega uno a acostumbrarse. Arturo Barea

[…] es más difícil imaginarse el olor a sal que entra en mi habitación los días de mucho viento, porque también se llega a echar de menos el viento de tu propia ciudad.

Cuando mis compañeros me preguntaron si iba a contribuir con una publicación en el primer número de la revista, contesté afirmativamente. Me parece una idea genial crear un espacio donde los jóvenes puedan escribir, opinar, hacerse escuchar. Pero, al cabo de los días y por culpa de las obligaciones, he pensado en renunciar a esta colaboración. Hasta que me he levantado esta mañana con una sensación muy fuerte. Me he sentado en el sofá y, mientras estaba tomando el desayuno, miro a la columna que tengo al lado del sofá, donde suelo colgar mis fotos favoritas. La mirada se me cae a la última de las fotos, una sacada de noche en la que se ve el puerto de mi ciudad. En un principio iba a escribir sobre arte, o por lo menos lo iba a intentar, ya que en esta revista la mayoría de las colaboraciones

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probablemente llegarán por parte de gente que se dedica a ello. Pero yo, para este número, voy a escribir algo más personal. Mi pasión es la literatura y hace poco me dediqué a investigar sobre autobiografías escritas por parte de exiliados de la guerra civil


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española. Pues bien, esta mañana, cuando mi mirada se ha detenido en la foto de mi ciudad, he tenido un sentimiento muy parecido al que se puede encontrar en cualquiera de esas autobiografías que he leído. Y este sentimiento es el que me ha empujado a que escriba yo también en el primer número de Funambulista. La mía va a ser sólo una pequeña reflexión, que nace del haber leído obras de autores como Arturo Barea, Max Aub, Ramón J. Sender, Francisco Ayala, José Moreno Villa, Rosa Chacel, María Teresa León, sólo por citar algunos de ellos. Estos escritores, en sus obras, reflejan la tragedia de la guerra civil, expresan sus historias y dejan un testimonio importante de un particular periodo histórico. Sentimientos como el desarraigo, la soledad, la nostalgia, se plasman en sus obras y la literatura es la única arma que les queda para expresar la dolorosa experiencia del exilio, intentando recuperar una identidad perdida por la trágica separación con el país de origen. Afortunadamente mi situación es diferente a la de una persona exiliada. A mí nadie me ha obligado a dejar mi país, ha sido una libre elección y las posibilidades que tenemos hoy en día me permiten volver a mi casa cuando quiera. Pero eso no quita el hecho de que en mí, a veces, se asome la melancolía y que, por un instante, mi pensamiento vuele a mi tierra. Cierro los ojos y de repente estoy paseando por las calles de mi ciudad, esas callejuelas estrechas del centro histórico; estoy conduciendo mi coche por el paseo marítimo, al lado de filas interminables de palmeras; llego a mi casa y me asomo al balcón desde donde veo el mar, abrazo mi perro, veo mi madre cocinar, espero que mi padre vuelva del trabajo. Eso sí, es

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más difícil imaginarse el olor a sal que entra en mi habitación los días de mucho viento, porque también se llega a echar de menos el viento de tu propia ciudad.


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Hace un año estaba escribiendo sobre la condición de los exiliados, las razones que los llevaron a hacer de sus vidas motivo para escribir, y ahora puedo entender perfectamente lo que cada uno de ellos podía sentir cuando una canción, una foto o un simple recuerdo le tocaba la parte más íntima de su ser. Igual que ellos, yo también estoy aprendiendo a vivir con la nostalgia, un sentimiento difícil de vencer y que, quizás, tampoco quiero vencer, porque es lo que me hace saber de dónde vengo, que me mantiene atada al cordón umbilical de mi país. Vivir lejos de tu propia tierra nunca es fácil y más cuando, como en el caso de estos autores, te han obligado y sabes que no puedes volver atrás. Y la literatura está ahí, detrás de la esquina, sosiego para ellos y para mí. Nos refugiamos los dos en ella, porque su gran poder nos puede permitir la evasión. Exigencia para algunos, para quien necesita expresarse y retomar su vida a través de las palabras, de una especie de flujo de conciencia, y placer para otros que, leyendo esas palabras, se alejan por un momento de la realidad. Esta mañana me he despertado con muchas ganas de escribir y no podía desaprovechar la ocasión que tenía de publicar mi reflexión personal en esta revista recién nacida. Y mi primer artículo lo dedico al recuerdo y a la nostalgia, sentimientos que no sólo me acompañan en este día, sino que también

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acompañan algunas de las mejores páginas de la literatura española.


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The Lighting in Here Is Casey Alexander Perfect


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The Lighting in Here Is Perfect

Casey Alexander Escritora

We raise a glass to Rome; toast with hot chocolate as always. It’s Monday so he is beside me: graying hair, dark beard, a small silver loop in one ear. “Come stai, amore?” he asks. I talk about my day in Italian. He nods, occasionally laughs, punctuates my story with questions in illogical places. I can see that he likes the curves of my voice but misses a lot of the words. My voice is soft, the café is loud; still, even if we had a microphone and a silent room there would be a good deal of guessing. Niccolo has been collecting words for twelve years. He began in an ethnically barren corner of the Midwest with a modest set of CDs. It seems he was looking for German and bought an extensive course; the store threw in the Italian CDs as a sample. Something about the sound moved him and has stayed with him since. In the Ohio days he had nobody to talk to; he played the CDs in his car, memorized dialogues in which he recited both parts. Some of these he can perform to this day; my favorite (and his) involves a chance meeting between two friends and ends with the line, “Happy birthday to your grandfather!” He’s been in Boston for several years, having moved here because of a job. Every Monday night he comes to the Italian conversation club, describes himself

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as the pillar of the group. Fond of Italy as he is, Niccolo has never been there. When he’s had money he hasn’t had time; when he’s had time he couldn’t afford it.


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Part of me hopes that he never has a week and a surplus together; I lived in Italy for seven months and much prefer the land that exists in his mind. He’s edited out the straw hats (on the heads of foreigners who show up seeking enchantment), the unprovoked glares, and the fact that in Florence, people are practically selling the air. Niccolo is not made for me. There are two used up wives back in Ohio; a son who’s declined multiple invitations to come to a concert out east. There is a house full of roommates in town, a job somewhere off route one south. There are the fifteen odd years when he was on earth and I wasn’t, the cigarettes in his pocket. The fact that his real name is Nick, that his weeks contain six dimmer days. But I am in love with the man. By this I don’t mean that I want to share a bed with him, sit and watch movies with him, concur with him about toothpaste. I mean that I rest in his light. Remember him when I’m working, when life feels like a stack of dull hours. When someone I meet doesn’t smile, explains in exhausting detail that the NASDAQ is going down, the playoffs are coming up, and that they enjoy being busy. I can feel that he loves me, too. Niccolo sees in me something that I am not. A charming, lighthearted girl who always has a seat and a smile for him. Part of this illusion is the low lighting, the crowd, the poor sound; part of it is the Italian. The foreign language version of me can do things that the original can’t--join a table of strangers, make people laugh, keep a conversation afloat. Niccolo looks at my childish face, decides that I am a sweet girl. In reality, I am deep and dark like the ocean; he sees only the waves breaking gently on shore. This pleasure I see no reason to take. I could drag myself into the light, demand that he

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acknowledge my defects, but what would anyone gain? There is nothing to be gained, either, by talking about how we feel. At best we would end up sharing a car, sharing a checkbook, sharing the colorless moments of days. Maybe someday I’ll grow up. Realize that


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love is about the B-sides. Until then I’ll just keep playing the song that’s

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my favorite, look forward to Monday nights.


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Alfonso La tres veces construida Gonzรกlez Lรณpez


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La tres veces construida

Alfonso González López Historiador del Arte

Con el nombre del artículo traduzco el nombre del actual sitio arqueológico de Uxmal. Las ruinas son un sincretismo entre la tradición maya y de las teorías restauradoras mexicanas. Aprovechando mi estancia en estas tierras he podido contemplar la belleza de estas ruinas tanto desde el punto de vista de un europeo como desde el punto de vista de un indígena. Si ya con el mexicano

común

tenemos

diferencias

latentes,

con

un

descendiente maya el abismo cultural es creciente. El estilo arquitectónico de Uxmal se encuadra en el Puuc, nombre de la zona de selva baja en la que se encuentra en yacimiento yucateco. Se caracteriza por la construcción en muros bajos y la transposición de las palapas (viviendas con techos de paja típicas) a la piedra. Una suerte de columnillas adosadas a los muros de los edificios nos indican que son los palos de las paredes de las chozas. Los remates cónicos de los techos es la paja con la que se realizan los tejados. Todo tiene un porqué: el Templo es la residencia del dios, por lo que debe tener la mejor palapa. Así sucede con Tlaloc, dios de la lluvia, quien se ve representado en

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miles de mascarones en las esquinas de la Casa de las monjas. La lluvia es la que marca la fecundidad de la cosecha, un hito en la vida común que ordena la manera de vivir del antiguo habitante.


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Para muchos es un nexo con lo nilótico, para otros no es más que un sesgo del carácter naturalista del paisano. Como buenos historiadores, los mayas realizaron su

Historia Natural recogida en el conjunto de obras del Chilam Balam. En este caso, el encontrado en Chumayel recoge y data todos los hechos de la ciudad. De este modo, la memoria autóctona nos dice que la ciudad se construye en el s. VIII y que es tres veces reconstruida. Pero también hay que saber leer el vestigio. Se ha encontrado en la Pirámide del Adivino tres construcciones superpuestas. Todo es un juego para ellos, desde el sol y su cálculo con puntos y ojos, a la muerte como lo demuestra Pakal jugando con sus “palancas”. Ya en tiempos de la colonización española se sabe del valor que tiene el monumento (vid. Relación de las Cosas del Yucatán), tanto por su historia como por su belleza. El enclave está situado en medio de la jungla, donde miles de iguanas toman el sol encima de alguna piedra. Ellas son a veces las protagonistas de que nos creamos que estamos rodeados de naturaleza, la misma por la que abogaban los mayas. Siempre se ha acusado en estos lares a los españoles de expolio y destrucción. Si bien es cierto que en muchas zonas de México en que la guerra contra los aztecas de Hernán Cortés dejó sangre y devastación, en la gran mayoría del país los tratados políticos permitieron la paz. Es el caso de la zona maya, que aparte de haber estado cinco años sin presencia castellana tras el paso de Cortés en 1524 (en busca de Cristóbal de Olid quien le había

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traicionado), era una cultura totalmente en vías de extinción, ya que el Imperio Azteca presionaba la zona para conseguir personas para sacrificios. Pero quien realmente expolia, me remito a nombres y lugares de sobra conocidos como The Cloisters o Lord


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Elgin, (este último de su graciosa majestad) siempre han pasado casi desapercibidos por las líneas de la Historia.

Es así como en 1839 Martin van Buren envía en misión diplomática

a

John

Lloyd

Stephens,

un

viajero

erudito

norteamericano que ya estuvo en Arabia antes de comprar Copán por 50 dólares. Lo mismo sucedió con Uxmal y otros yacimientos o posteriormente con la mitad de México por el Tratado de Guadalupe Hidalgo del 2 de febrero de 1848. Pero no todo es malo en esta avispada figura. Consigo lleva al señor Catherwood, un magnífico dibujante inglés quien con su cámara lúcida dibuja cientos de bocetos de las ruinas. La pena es que se quemaron en un incendio en Nueva York, junto a esculturas Mayas de incalculable valor o frisos enteros de palacios. Otros viajeros, como el francés Waldeck, simplemente dejaron su firma grabada en la piedra y la fecha en la que pasaron por las ruinas. Esos dibujos a cámara lúcida son el germen de la actual fotografía de arquitectura. Pero eso es estética de la fotografía, así que lo dejaré para

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otra entrega.


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Javier Morales Lozano

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El m贸dico precio de tu cuerpo


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El módico precio de tu cuerpo

Javier Morales Lozano Escritor

Es curioso que el cuerpo tenga un precio y se disfrute de ello. Es como valorar más un regalo comprado que uno hecho a mano. La intención es la misma, el trabajo. Satisfacción y consecuencias, no. Explorando en su maltrecha memoria, rescató algo que había sido muy placentero en su momento y comenzó a escribirlo. Todo comenzó una noche, como siempre, en la que reprimido por las consecuencias de sus anteriores actos, salió a disfrutar de la belleza femenina, el alcohol y las risas de los amigos. Amaba este cóctel por encima de muchas cosas, aunque otorgando una felicidad pasajera en muchos momentos; en otros el frenesí nocturno no se apagaba tan rápido… Nada más entrar, la vista realizó una panorámica del lugar, vislumbrando la belleza de tantas chicas que le insuflaban ilusión sin tacto, pero con mucha picaresca. Sólo pasaron unos minutos cuando el primer contacto se hacía patente. Las hormonas que desprendía su cuerpo de soldado

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caído seguían revoloteando alrededor.

Al contrario que un

veterano de guerra, nuestro joven soldado sólo se enfrascó en pequeñas reyertas, nunca en conflictos internacionales y mucho menos en una guerra de cien años. Y así fue.


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Listo el objetivo, me camuflé entre palabras y gestos para acercarme serpenteante siguiendo el rastro de hedor etílico, el mismo que invadía mis pensamientos más pecaminosos y que creaban una interrelación inevitable entre sexo, ella y yo. La simpleza de la situación propició que mi lengua se entrelazase con la suya sin compasión, obviando las decenas de personas a nuestro alrededor y sembrando lo que "a posteriori" sería una de sus noches más recordadas, no sólo en el terreno sexual. Noté que estaba descontrolada, pronto sabría el porqué. Mientras tanto no existía ni un segundo para pensar, ya que una avalancha salival fluía a través de nuestras jugosas lenguas. Tal era el ansia, que me impedía ingerir ninguna gota de alcohol; no quería soltar mi boca. Y es que esta rubia preciosa, delgada y con unos pechos suculentos a modo de bolitas de coco esperando a ser sacados de su envoltorio, imploraba al cielo o al "Dios Alcohol" que mi calor fundiese la distancia entre ambos y provocar, que sus pequeños folículos se izaran buscando el cénit de su existencia. Sin más tiempo que perder en aquel bar, nuestro pequeño soldado en reconstrucción junto a su rubia (a la postre, falsa) intentaron llegar a otra discoteca. Y digo intentaron, porque a mitad de camino decidieron irse a casa a agotar las pocas fuerzas que el alcohol no había disuelto. Sentí curiosidad y miedo por la situación que estaba por venir, ya que apenas se podía mantener en pie, y había que llegar evitando su cansancio y el mío para culminar la historia. Además, tampoco era el mejor escenario, pues la guerra de guerrillas siempre tiende a debilitar al atacante aunque

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nunca dándolo por vencido. La lucha por la libido se podría considerar en la actualidad como una de las guerras silenciosas y duraderas del siglo XXI. El relato que cuento sólo lo remedió un poco.


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Nada más entrar en casa comenzó a poco a poco a desvestirse, lentamente, suavemente, todo lo contrario que lo que su estado mostraba. Primero los zapatos de tacón, esos que cuando se escuchan de madrugada sacan una sonrisa, que a modo de excusa no habían desgastado sus frágiles y delgados tobillos. Después, se sentó agotada en la cama, esperando mi reacción. Recorrí el pasillo a oscuras hacia el baño zarandeando los demonios que en mi habitación esperaban ser ahuyentados. Pero el alcohol hizo el resto. Tras realizar el ritual pre-sexual, volví a mi habitación con la sonrisa en la boca denotando las ganas depositadas en mí también, aunque no hubiese tenido la iniciativa. Así, me invitó a entrar en mi propia cama para que comenzase el juego, abrazada a mi nuca con gran fervor simplemente para indicarme el camino de sus labios. Si en un principio la boca tuvo su primera aparición en escena, pronto las manos serían el mejor actor secundario de la película. Mientras nos besábamos, mis manos pecaminosas buscaban redimirse entre la paz de su ropa interior. Paz, que fue rota por el vaivén de las caricias que de forma descendente fueron descubriendo sus zonas erógenas, mostrándome el camino hacia su particular jardín de las delicias. La situación no tardó mucho en tomar otro matiz. Mis dedos se asemejaron rápidamente a poderosos consoladores de carne y hueso que ahondaron en su vagina buscando la fricción perfecta mientras cacé con la lengua su clítoris para comprobar qué

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podía sentir con aquella combinación letal. La respuesta no se hizo esperar demasiado. Tras unos minutos de tú a tú con sus bajos, me reclamó en su interior para


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sentir cómo la introducción de los genitales masculinos en su vagina provocaban una corta e intensa unión entre ambos hacia el endiosado orgasmo. Todavía se encontraba tumbada boca arriba y exhausta cuando no dudó echar el resto tras una noche locamente ebria, posicionándose sobre mí para una penetración vertical.

Unas

excelentes vistas hacia la gloria serían alcanzadas acompañando con mis dedos el juego y provocando una fricción placentera en la chica, llegando a parar su contoneo para disfrutar plenamente de la carne. Automáticamente volvió a reactivarse como si de un robot se tratase, con el único fin de culminar aquello, por lo que tuve que esforzarme al máximo para mantener un ritmo creciente en la penetración mientras que los dedos giraban y giraban en torno a un punto de fuga central, modificando su rumbo y velocidad a expensas del consolador de carne. Más lento... Más suave... Más rápido... No pares... Big Bang... ... Y Desperté. Todo había pasado. Y el módico precio de tu cuerpo se limitó al que dejaste en la barra de aquel bar. El mismo que te catapultó hacia una mar llena de flujos desbordantes, como si de un “tsunami” hormonal se tratase. Sentí pena y apenas recordaba los detalles.

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Y sonreí.


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Elena Cambria

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compARTE!


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compARTE!

Elena Cambria Artista multidisciplinar elenacambria@yahoo.it

Bueno,.,.,¿Y qué puedo decir? Sentirme libre de poder hablar Y no saber qué decir,., Ni Cómo llegar.,,. Me gusta conocer, conocer viajando, ver como cambia y se transforma el mundo, el mapa del hombre y lo que deja. Su huella moldeando el tiempo.,.,Sí, guerra y basura..pero arte también. Quisiera ser, comer, mirar, enloquecer, parir, gritar, brindar, vivir y morir de arte... Y lo bueno,.,.es que así somos muchos. Viajeros del alma.. Ver el mundo de hoy en día es duro..pero ahí empieza un desafío personal...la fuerza para mantener vivo y comunicativo el punto de vista, las emociones..nuestra única ventana al mundo. Vivir poesía. Como una melodía, subir y bajar escaleras tocando los sentidos...,., Hacer algo la re mi fa Hacer algo mi do si la haSer algo. Si si la la la. ¡Hagamos algo! Cualquier algo puede ser gran cosa.,.

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¡compARTElo!

Aquí algunas palabras, algunos pasos de mi vida-poema...cada paso una palabra.. Recordando sólo que poeta no es quien escribe.,.,producir poesia es sentirla, evidenciarla.


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El poeta imprime ideas que lee en páginas blancas. El poeta no escribe Ilumina con su letra Algo invisible En el vacío de una hoja. El poeta se pone un disfraz de tinta Dando voz al silencio.


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La mujer... La mujer que respira por los pasos la mujer que se tapa los ojos para ver sin ser vista la mujer que se alimenta leyendo que va al baño escribiendo que no se ve al espejo sino en la pálida cara

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de una hoja en blanco.


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Se busca...Permiso Prohibido fumar pisar el césped prohibido beber alcohol y hasta agua marina... Prohibido comer, tragar ¡No te muevas, no respires, calla! Prohibido mirar. Fuma bebe come pisa traga mira habla.

No recomendado para menores de 3 años. Mantener fuera del alcance de los imbéciles.

Trabaja trabaja trabaja no te relajes trabaja no sonrías gana mucho trabaja trabaja ahorra no gastes trabaja acumula ...y te despiertas un día, cansado de vivir pero rico.... (!)

Hoy no vivo tengo que pensar en el mañana

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...Mañana será hoy...

...Entonces no viviré pensando en pasado mañana. Tengo que amueblar mi ataúd.


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Ahorro mi amor o se estropea hay que guardarlo será más útil mañana. ¿Tiene el amor fecha de caducidad? ¿Es yogur?

II Senderos maravillosos buscan pasos tobillos y piernas Como guias hacia la perdición. Sueño huérfano busca fantasía que lo adopte. Sal busca agua para ser mar. Frenesí busca cuerpos por sacudir, busca un SÍ, fuera el No. Escalofríos buscan espaldas por trepar, hombros alas para volar. Concepto busca palabra para inventarse, Sonrisa busca cara donde poder dibujarse. Inspiración busca a creativos para

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darles y darse sentido


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Sonrisa de plástico Sonrisa de plástico oculista de platino personalidad a página 4 del catálogo Ikea desmontable disponible en nueve colores, de bolsillo.

Moda: causa y fin del insinto de supervivencia moda que va de caza moda dueña de mil rebaños.

Cojo el jeep para ir al baño un avión para ir a la cocina tengo hambre... Naranja dietética con menos del treinta por ciento de naranja... La pegatina pone “made in China”.

Por el suelo se arrastra un perro salchicha ‘vintage’.

Un amigo ha llevado su colibrí al cirujano plástico para rehacerle el pico.

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En la revista madres que mandan a sus bebés al psicoanalista. Ideas de segunda mano


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a pintarse las uñas.

Intoxicación politica estímulos en coma.

ADN de marca ¿Cuántos quilates? Síndrome de etiqueta grupo sanguíneo de pobre o de lujo.

Personalidad “este año se lleva el morado” hace juego con bufanda y zapatos.

Cultura que se compra a plazos rebajada, tirada de precio hasta en polvo o en pastillas efervescentes. Ya está me paro, me encuentro mal... Veo afuera un edificio y quisiera una montaña, quisiera ser pequeña subirme a un árbol

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y no enterarme.


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AndrĂŠs Talavero Aullidos en el paisaje


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Aullidos en el paisaje

Andrés Talavero Artista multidisciplinar

Aullidos en el paisaje constituye una variante más de la serie CAMINO. Hace unos años, empecé a observar con minuciosidad en el paisaje y en sus caminos pequeñas plantas. En los inviernos de 2009, 2010 y 2011 observé la importancia de las emergentes germinaciones y minúsculas plantitas que nacen en el campo y que más adelante se convierten con la primavera en formaciones de flores y en verano en pastizales. Al pasear, busqué, recogí y coleccioné en cuadernos estas pequeñas hierbas y pastos con aspiración de investigador botánico pero también con una intención evocativa de reconstruir mi itinerario. Otras pequeñas formaciones muy intrigantes para mí son los musgos y líquenes, vivos o muertos. El camino está plagado de insignificantes plantas, de insignificantes pasos. Encuentro en estas pequeñas plantas simbólicamente la discreción de lo silencioso, la revelación de lo invisible, la riqueza de lo humilde, el desarrollo de la comunidad a través de lo particular. La tierra, el humus y estas pequeñas plantas son la estructura incipiente del paisaje. Descubrir el

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desarrollo de estas estructuras fractales me atrae y me proporciona una visión melancólica del paso del tiempo, pero a la vez un deleite por el tránsito a la resurrección del paisaje.


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CAMINO es el nombre genérico de una serie de obras iniciadas en 1998. Fotografías que son autorretratos de mi sombra en el camino. Siluetas a contra luz de acciones evasivas ante la sociedad, con un grado místico o contemplativo del horizonte. Montañas, árboles, raíces, piedras, nubes, charcos o plantas que son la esencia del paisaje.

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“La acción de caminar supone en mi trabajo, aparte de un reconocimiento de lo acogedor del paisaje, una oportunidad para reposar emociones y meditar sobre qué es el autor, ¿no somos al fin y al cabo anónimos sin una acción?” Del catálogo CAMINO. Talavero, Andrés, 1999 pág. 33. Editora Regional de Extremadura, Mérida..

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Mikel Abad MĂŠndez

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Reflexiones. La existencia del arte en el siglo XXI


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Reflexiones. La existencia del arte en el siglo XXI

Mikel Abad Méndez Historiador de arte mabadmen@hotmail.com

Hemos alcanzado un increíble nivel y hemos conseguido matar al arte. El arte no existe, ahora el arte somos nosotros

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ntes de comenzar debe de quedar reseñado el carácter reflexivo del siguiente artículo, que no quiere poner de manifiesto nada más que la opinión de un humilde licenciado en la disciplina

que nos preocupa. La contemporaneidad artística ha llegado a tal extremo que muchas de las personas que no adquieren cierto nivel académico en lo relativo al arte ponen en duda su existencia. No hace falta ir muy lejos para leer u oír expresiones del tipo "eso no es arte; eso lo hago yo; eso son cuatro garabatos"; expresiones que muchas veces hacen referencia a artistas de talla internacional como Miró, Kandinsky, etc. Pero, ¿están realmente equivocadas esas personas? ¿Cómo podemos explicar ese arte si no somos capaces de definir el arte como tal? En mi trayectoria, tras cinco años de carrera, nadie ha conseguido definir

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con exactitud qué es el arte y por lo tanto resulta difícil poder explicárselo al que es desconocedor de dicha disciplina. Si buscamos en la web, encontraremos la definición arquetípica que posee más lagunas que certezas:“es entendido generalmente como cualquier actividad o producto


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realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa, a través del cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, mediante diversos recursos, como los lingüísticos, sonoros o mixtos” (Tatarkiewicz 2002). Entonces llegamos a una encrucijada: no podemos definir con exactitud el arte, por lo tanto, ¿existe realmente? Todas las definiciones de arte cojean desde algún punto de vista: “son

manifestaciones realizadas por el hombre que (…)”; ¿Acaso algunas de las maravillas del mundo no son obra de la naturaleza en las cuales no ha mediado el hombre? ¿No expresan ideas y emociones los amaneceres? Desde sus orígenes hasta ahora el arte ha tenido una propiedad que lo hace ser siempre objeto de debate. La subjetividad. Todas las obras adquieren dicho carácter, siendo arte para algunos, y no considerado para otros. ¿Existe el arte como tal o es un simple trabajo manual? Consideramos obras de arte a los útiles usados en el neolítico, a las espadas hispanas, a los cilindros sello egipcios, a la cerámica griega, etc. Del mismo modo consideramos arte representaciones pictóricas de paisajes, retratos, etc. Pero ¿no estamos atribuyéndole el valor de obra de arte por el mero hecho de ser longevas en el tiempo? Si nos trasladamos a la época actual no consideraríamos arte a los útiles que usamos en nuestro día a día. Es decir, llamamos arte a la mayoría de objetos realizados mediante trabajos manuales que adquiere la cualidad de antiguo. Las domus romanas eran casas normales para los ciudadanos romanos. Hoy por hoy nadie considera obra de arte un edificio de viviendas. ¿Y las obras pictóricas, son realmente obras de arte? Son meras copias de lo que veía el pintor o de lo que le demandaba la sociedad del

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momento (mitología, religión, costumbrismo, etc.). ¿Por qué al buen manejo del pincel y de las técnicas pictóricas debemos atribuirle el sello de artístico? Tanto escultores, como arquitectos, como pintores, eran expertos en su trabajo, dominaban la técnica, los materiales y todo lo


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relacionado con su trabajo; ¿es por ello que debemos atribuirle el carácter de artístico? En palabras de Sócrates: “¿no es el arte la producción de las

cosas visibles?” Trasladémonos de nuevo a la actualidad. ¿Acaso un experto en su trabajo es considerado artista y sus trabajos obras artísticas? Pongamos el ejemplo de un humilde zapatero y sus zapatos; en absoluto lo consideraríamos como tal. Ahora nos encontramos con un arte que no se asemeja a la realidad, que sale de las ideas de una persona y que nada tiene que ver con lo que le rodea. ¿Debemos aceptar que es una obra artística por el mero hecho de que la filosofía o teoría de su creador tiene cierto sentido? Llegamos al punto donde cualquier objeto respaldado con una base teórica que llama la atención de la sociedad es considerada obra de arte: el inodoro de Duchamp, pinturas de Miró, Malevich, etc. En el ejemplo del Dadaísmo, son simples útiles domésticos y cotidianos ensalzados a la categoría del arte por encontrarse dentro de un movimiento cultural con trasfondo teórico filosófico. Es cierto que este fenómeno cambia la concepción de la sociedad respecto al arte pero ¿por qué debemos considerarlas obras de arte? ¿Transmiten algo al público?; claro que sí, impactan al público; ¿Acaso desnudarse en una plaza pública no impacta al público? ¿Debemos por eso considerarlo arte? Y si ponemos una mesa en una calle concurrida de Madrid boca abajo y obstaculizando el paso, ¿no llamaría la atención? Sí, y no por eso debemos considerarlo arte. Muchos pensarán que no tiene ningún sentido y yo les respondo: otorguémoselo. Si otorgamos sentido a algo que a priori no lo tiene transformamos algo inútil en algo impactante para la sociedad. Podemos llamar la atención de la sociedad de millones de maneras, y más en una sociedad de rebaño en la

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que nos encontramos donde todos nadamos a favor de la corriente, sin preguntarnos donde vamos. Cualquier salto o curva en ese rio, llamaría la atención del público.


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Bueno, y si un arte manual no debe considerarse arte sino un trabajo bien hecho, ¿dónde encontramos el arte? No existe una obra que carezca de trabajo manual y, si es así, ¿por qué llamarla arte y no obra finalizada o bien acabada? Y volvemos al zapatero. ¿Son obras de arte los zapatos que elabora? En mi opinión simplemente hace su trabajo lo mejor que puede y obtiene como resultado algo utilitario para la sociedad, con un acabado sobresaliente. No siempre es utilitario, puede ser para deleitar o ensalzar, pero no debería adquirir el estatus de artístico. ¿Y si el arte fuéramos nosotros? Somos la creación más perfecta de la tierra. Más que cualquier obra que podamos conocer. Cada persona es una obra de arte; es por ello que algunas de las creaciones de estas obras dejen el reflejo de la misma y sean consideradas como obras artísticas. El arte somos nosotros y, si adquirimos ciertas capacidades que no se adquieren por los métodos normales, podemos llegar a reflejar parte de nuestra aura artística en dicho objeto; al igual que el esfuerzo del trabajador en la teoría marxista queda impregnado en la obra que realiza. Podéis pensar que estoy loco, pero intentar poneros de acuerdo en las obras de arte, como un mediador entre personas con diferentes opiniones. El David de Miguel Ángel es una obra de arte, ¿por qué? ¿Porque el artista construye una escultura de cuatro metros con una perfección anatómica brutal? Es una obra escultórica bien ejecutada, obra de uno de los más grandes escultores, pero no por eso debemos atribuirle el carácter de artístico. La obra de arte debe ir más allá, trascender de los sentidos, crear sensaciones en el cuerpo, en el alma, hacer reír, llorar, y debe llegar a todos por igual. Alumnos que vienen de Roma han visto obras de los más grandes y simplemente se han parado cinco segundos a contemplarlas, ¿por qué? ¿No son obras de arte cumbres de la historia que

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deberían dejarlos atónitos? En realidad son simples obras manuales, cuya perfección es indiscutible, y que el tiempo les ha hecho crecer en popularidad, pero que no consiguen trasmitir nada al público. Es perfecta, muy alta, muy grande, refleja el desarrollo del renacimiento en Italia, pero


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no basta. El hombre del siglo XXI necesita ser impresionado con cosas que se alejan de sus medios, que no puede controlar. Hoy por hoy, debemos crear obras donde se mezcle la alta tecnología que mueve nuestras vidas. De nada sirve estar delante de la sonrisa de la Mona Lisa si no consigue contagiártela. No te va hacer sentir nada, salvo admiración por el pintor al ver que posee gran calidad. Hemos alcanzado un increíble nivel y hemos conseguido matar al

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arte. El arte no existe, ahora el arte somos nosotros.


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Cristian Holgado テ」ila

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Hablando en segunda mano


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Hablando en segunda mano

Cristian Holgado Ávila Historiador del arte

"Miguel Ángel dice en una de sus cartas que nunca quiso tener una tienda; asociaba la pintura a prácticas comerciales”. Michael Cole […]Todo trabajo

-también el de los trabajadores manuales, que efectivamente, es la obra de sus manos- no es solamente una exteriorización de la espiritualidad humana, sino también una desapropiación de la misma; no es únicamente un hacer de primera mano, sino, en todo caso, un hacer de segunda mano, porque se intercala entre el hombre y su obra, como un término medio que llega a ser independiente, las reglas estrictas del trabajo y de los instrumentos de los cuales se sirve. (Freyer, H 1960)

El arte, a lo largo de su gran vida, ha sido casi siempre objeto de riqueza y se ha destinado a personas de gran capacidad de valoración de ciertos seres especiales: los artistas, que no sólo son artífices, sino que también se convierten en agentes de negocios concienciados de realizar obras para el consumo ordinario. En las citas, el motivo que se expone es la alienación del hombre y del arte, configurados alrededor del producto a vender por parte de los artistas en primera mano, o por parte de los intermediarios por quinta o

sexta mano. Ya la hinchazón es acusada, la muestran a todos los públicos y posibles compradores para formar ese tándem de interrelación, cuya finalidad es de comprar/valor o vender/fortuna. El espectador, que se asoma tímidamente a esos entornos, visualiza cómo influyen ciertos elementos que intervienen en la valoración de las obras allí donde están las transacciones: primera, segunda, tercera y tiendas

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de adorno para acumular polvo, mecanismos todos de especulación, cuyos cauces legales o ilegales de venta serán de lo más variopinto. En definitiva, podemos ver como se empieza a fomentar la venta de segunda mano tras la inauguración de una nueva tienda a la vuelta de la esquina.


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La obra de arte es desde este momento una moneda de gran valor,

¡sí!, pero siempre dentro de diferentes consideraciones y modelos de venta. En primer lugar, dependerá del artista y del entorno (geográfico, público) donde va a desarrollar su venta. Se observa como la única manera de sacar beneficios sin inflación es la exposición individual, sin mediador, bastante valida y próxima a esa venta de lo menos categórico. Los montajes de exposiciones, con apoyo didáctico de textos que explican la obra, confeccionado por críticos y amigos del artista, comienzan a interferir en todas las variantes de venta. En el momento en que la obra empieza a ser valorada, no tarda en llegar el juicio, o los primeros rechazos por parte de los críticos y de quien presencia la muestra. El juicio del

entendido no es suficiente, es una opinión siempre sobrevalorada, no es ciencia exacta; por favor, no interfieras ahora. ¡Eso es verdad! La capacidad de emitir la obra es directa, de primera mano y fresca, por lo que la integridad de la obra pertenecerá más a la tutela del propio artista que al pensamiento de los otros intervinientes. El autor realiza para vender, pero le da pena desprenderse de la obra y le comenta al interesado: ¡mejor

hablamos en mi estudio! No existen brazos reguladores en las ventas. De manera irónica, lo denominaremos aquí un “todo a 100”. Su significado es motivado por la intervención de intermediarios que comienzan a dar a conocer obras de valor auténtico, de alta cotización o así creen manifestar. Estos intermediarios del mercado del arte…¡qué decir de ellos! Cumplen la función de ¡subir la moral al artista! y de poner en contacto a compradores y vendedores. Las galerías y sus exposiciones, con pintores que trabajan exclusivamente para ellas, depositan sus obras en esos contenedores

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masivos para una futura venta en el mercado al por mayor. A partir de este punto, la obra comienza a considerarse como innecesaria, casi inexistente. Es donde la sociedad y el sentido del arte formulan su punto de ruptura; la


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humanidad es separada del arte y por tanto el objeto debe ser considerado como lo más inútil.

Siguiendo con los vehículos de venta, encontramos las ferias, concentración de una burguesía boyante, capaces de distribuir el arte en cualquier parte del mundo, y las casas de subastas, centros de gran acúmulo de información, mejor mecanismo de inflación de precios. Las dos tienen una validez informativa para el comprador más "experto", porque son el punto de partida a la hora de consultar las obras que se quieren adquirir y los circuitos más fiables de venta. En definitiva, podemos considerarlas vías de comercio que se caracterizan por ser las más objetivas posible y en las que el valor económico de las obras lo estipulan rigurosos estudios de especialistas, como historiadores del arte, críticos, conservadores de museos, coleccionistas y galeristas. También hay que considerar el papel que juegan la publicidad y el uso de los medios de comunicación por parte de estos intermediarios, elementos importantes para determinar la cotización de las obras de arte. Ahora bien, estas ideas se han estipulado como el estudio lineal del comercio del arte, pero ¿qué sucedería si nuestro espectador, el que mira a través de la cristalera, nos dijera que ha visto adquirir un Picasso por diez euros? La paradoja comienza cuando hay que darle una segunda oportunidad a todo lo que se puede encontrar en estos sitios, los mercados de segunda mano. Sus fondos no difieren mucho de aquellos almacenes de coleccionistas ambiciosos que buscan las cosas buenas y baratas. En cualquier rincón puedes encontrar de todo y esto es lo que le sucedió a

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Zach Bodish, en Ohio. Mientras buscaba en una tienda de oportunidades un mobiliario para su casa, encontró entre los cuadros, uno con cierto carácter diferente. Él no es un crítico de arte ni un experto, sólo un


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comprador con gusto, que vio en ese cuadro algo misterioso que los demás no tenían. Un Picasso. ¿Qué es lo que ha sucedido aquí? El suceso que se acaba de contar es lo que ha encauzado la idea para este artículo. Lo que aquí se intenta presentar es el enfoque del arte desde el punto de vista de la utilidad, ¡porque sí la tiene!, y de su consumo por parte de una sociedad sin capacidad de entendimiento. Con eso se quiere decir que el arte se ha expandido a todos los niveles, llegando también a públicos de ojos menos expertos, que se fijan en la firma antes que en la obra. La difusión del arte en estos espacios hace que se desvirtúe, quitando valor a las obras. Incluso puede afectar a la creación del artista, cuando mirando algunos cuadros se dice que: ¡todo el mundo puede ser

artista! Y no porque queramos que la libertad de criterio del público, del crítico, del coleccionista y del museo, tengan influencia en el consenso entre ese mercado del arte y el exterior, sino porque escandaliza y ridiculiza al arte cada vez que escuchamos o vemos las desmesuradas cifras que se pagan por un Picasso. Supuestamente, estas plataformas de compra-venta siempre valorarán el índice de consumo y la posible identificación de una obra para el espectador en general, pero descuidan el gusto y el coste de tu obra o de la obra que quieres adquirir. Desde el momento en que entras en contacto con agentes que seleccionan por ti, dejas de ser espectador, dejas de tener gusto y desgraciadamente el público decide por ti. El público es quien no conoce la obra y sólo conoce el comercio; las bases de la conciencia humana se fundamentan desde este momento en la intrascendencia, en la no reflexión y, lo que es más triste, en la tecnocracia, por lo que todo arte pasa a estar encerrado, hermético y nunca llegará a ser valorado por nosotros, ni ser visto, ni conocido. En definitiva, y a modo de conclusión prematura, como todo lo

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que he querido demostrar, el hecho de encauzar el arte por mecanismos colaterales de la cultura hace constatar que tenemos que excluir todos los brazos ejecutores y manipuladores de la sociedad o, por lo menos, se debe intentar dar menos relevancia a estos agentes a la hora de adquirir


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cualquier producto cultural. Se deja ver que las elucubraciones de los expertos por una vez llegan a dejar en ignorancia el valor de la venta de una obra de arte y de aquel que adquirió esa obra como algo bastante más desagradable. Es hora de acentuar exclusivamente la importancia del acto creador, o sea, no tener un acabado brillante como los pósters sino que

tenga un aspecto mate. Recordando aquella opinión anterior en la que el artista dice que no quería perder la identidad de su obra, aquel que defendía su obra por ser propia, es la decisión que se da ahora como la más verdadera. Así el arte volverá a ser puro y dejará en evidencia todas aquellas creaciones que, por muy buenas que sean, no serán siempre valoradas por llevar la firma del autor. Ahora el deseo de conservar la obra verdadera será el objetivo a lograr y, para garantizar el éxito, las personas deben buscar en estos mercados de segundas vidas salvaguardar las ideas más autónomas del considerado arte nuevo, un arte poco comprendido pero que tendrá cabida en aquella estantería de al fondo a la derecha y no

en esos mercados virtuales de arte como único modelo de venta, que nos quieren imponer pero que no tienen ninguna lugar que ocupar, siempre y

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cuando, ese componente social deje de estar presente.


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Javier Sรกnchez Clemente

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Meditaciรณn del deporte


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Meditación del deporte

Javier Sánchez Clemente Historiador del arte

El día anterior había sido jornada de liga. Cuando fuimos a registrar la Asociación en el Ayuntamiento, la conversación entre nosotros fue en seguida acaparada por lo acaecido el día anterior. Los supuestos «robos»

arbitrales

dieron

lugar

a

una

discusión

enconada.

El

apasionamiento de mis compañeros y mi ignorancia al respecto propiciaron que guardara silencio hasta que me pregunté si este tipo de debates no tendrían también cabida en la revista que entonces planeábamos realizar y que ahora por fin aparece. Compartidas mis reflexiones con ellos, sólo uno me contestó directamente, Cristian. En su opinión, algo tan superficial como una gacetilla deportiva no tendría lugar en la revista. Si acaso algo más teórico. Mi respuesta, en cambio, sí que fue positiva, porque el deporte profesional ha dado lugar a un articulismo de calidad, conceptualizaciones precisas y discusiones realmente rigurosas, además de que es una actividad especialmente importante para la juventud. Aun así, recojo el guante tendido por mi compañero para nuestro primer número y me propongo en este ensayo una breve meditación al respecto. La esencia de toda práctica deportiva es la competición. En todos los deportes hay dos o más adversarios que compiten entre sí por

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conseguir un objetivo. Cada modalidad deportiva tiene sus reglas, pero todas responden a este principio. Se parece a lo que en la Antigüedad se llamaba «agonismo», esto es, la lucha, con la diferencia de que esta fue en


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la Antigüedad una práctica cruenta, tal y como hoy lo sigue siendo el toreo, mientras que el deporte no llega a poner en juego la vida de sus practicantes en la mayor parte de los casos. Su única finalidad es el entretenimiento. Este vendría a ser el verdadero significado etimológico de la palabra deportar, de la que a su vez vendría «deporte» según la RAE: ‘divertirse’, ‘recrearse’. ¿Se divierten los profesionales? Si el deporte es practicado por uno mismo, la diversión se consume en el propio acto de competir, esto es, en el placer de conseguir ejecutar algo y de ponerse por encima del adversario en esta ejecución. En cambio, la competición de otros a los que se paga para que compitan entre sí profesionalmente es una diversión completamente diferente. Los profesionales no pueden llegar a disfrutar plenamente porque el deporte profesional del más alto nivel es muy extremadamente exigente para el cuerpo y ocasiona demasiados dolores físicos y fatigas. ¿A quién le puede gustar tener que entrenar todos los días durante horas, incluso bajo dolor? Si no fuera por el beneficio económico, y a veces ni siquiera por este, no se alcanzarían resultados tan extraordinarios. Los profesionales, salvo aquellos que son geniales y hacen las cosas como sin esfuerzo, no practican el deporte para divertirse como quien va a echarse una pachanga con los amigos los fines de semana, sino a ganar dinero, lo cual además imprime demasiada tensión a cada acción. Con estrés no puede haber auténtica diversión. ¿Y la «afición», el público? A su disfrute se deben todos los esfuerzos de los profesionales. Como fenómeno estético, el deporte posee una estructura de gran simplismo: el combate, la lucha, el «agonismo». Es el antagonismo primordial, el mismo que está presente en casi toda la literatura y cine en la forma de protagonista y antagonista que se le opone,

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lo que coloquialmente se llama como el «bueno» y el «malo». La diferencia con estas estriba es su carácter vivo, esto es, en la imprevisibilidad del resultado, que a su vez determina que el equipo o competidor al que uno «apoye» (protagonista) no tenga por qué alzarse finalmente con su triunfo.


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De ahí la emoción resultante, ese estar en vilo hasta la resolución del partido. Es una y otra vez el mismo rito, repetido hasta al infinito. Da igual que cambie el nombre del deporte, del equipo o de los practicantes. Frecuentemente, este rito está tan ligado a la propia identidad del individuo, porque en muchos casos ha participado durante la juventud en la conformación de la subjetividad, que ocasiona las mayores decepciones y frustraciones, así como incluso comportamientos violentos. Eso sí, las frustraciones no pueden mantenerse mucho tiempo: si tu jugador o equipo favorito salen derrotados de manera inesperada, sufrirás (de ahí la indignación de algunos de mis compañeros de Asociación ante las decisiones, aparentemente inmotivadas, de un determinado arbitraje), pero si es lo normal, ni siquiera le prestarás atención o perderás el interés por ese deportista o equipo. El deporte tiene la forma de un mito viviente que se reactualiza con cada encuentro, cada jornada, cada competición, y que se basa en la oposición entre dos partes, sólo una de las cuales saldrá ganadora. El deporte profesional es una industria cultural. Sí, no hay duda de que el deporte pertenece al ámbito de la cultura. Comparte con ésta el hecho de ser una actividad de ocio, del hombre libre, ajena a la producción económica. Como en un museo o en una sala de conciertos, hay que pagar para acceder a su contemplación. Aquí es donde entra en escena la industria, que ha convertido el deporte en un espectáculo de masas. Infectado con el capital, el deporte se convierte en fenómeno de consumo y, como todo fenómeno de consumo, los interesados trabajarán por crear el mayor consumo posible para aumentar el capital invertido. Es así como el deporte se ha aliado a los medios de comunicación de masas, que lo han transformado en un fenómeno omnipresente en nuestra

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sociedad. Así las cosas, nuestra juventud es pronto reclutada a las filas de los consumidores que a lo largo de los años sostendrán económicamente a las empresas del sector y sus trabajadores pasivamente, sin que surja en ningún momento la más mínima voz crítica, sin que en ningún momento


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alguien se dé cuenta del hipnotismo al que está sometido. He aquí el signo de la competición deportiva moderna: espectáculo y consumo, necesidad creada por la industria cultural. Todo consiste en perder la atención de las personas sobre esta ficcionalidad de la competición, puesto que el dinero es recaudado principalmente no por la entrada al lugar del espectáculo, sino a través de la publicidad de productos industriales en los medios de comunicación, todos tan innecesarios en el fondo como el propio deporte, pero que la industria sigue creando y proveyendo para que no se detenga el capital invertido. La lógica libidinosa del mercado, que obliga a no poder dejar de satisfacer deseos a través del consumo, impide que se pueda dejar de hacer caja. La autodeterminación queda así doblemente anulada en el seguimiento del deporte profesional. Por un lado, arrebata la conciencia al público durante un tiempo en el que no existe nada más que esos acontecimientos que se contemplan en vivo. El deporte profesional participa por tanto del mismo tiempo que los mitos y la ficción: el presente eterno, en el que todos los problemas reales de la vida cotidiana y toda la política (no hay conflictos políticos reales en el deporte) son suspendidos en la reactualización del conflicto primordial entre protagonista (tu equipo) y su adversario. Por otro lado, el público se verá obligado casi inconscientemente a elegir un producto por encima de otro a la hora de satisfacer no tanto las necesidades reales de la vida como los deseos que la industria, a través de la publicidad, había creado en los consumidores, para que a su vez quienes tengan intereses económicos puedan satisfacer iguales deseos de más alta gama. En todo caso, el individuo desaparece para integrarse en la masa indiferenciada. Todavía se podría argüir que la elección y seguimiento de un

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cierto equipo o jugador es libre. Sin embargo, esta elección viene determinada por motivos tales como la nación en el caso de los conjuntos nacionales y de los deportistas que representan a un país en las citas internacionales; la ciudad de residencia o nacimiento; o los resultados


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reales en el caso de un estilo de juego. Patriotismo y resultados parecen ser las únicas causas que motivan las afinidades. ¿Son acaso ambos originados en una verdadera y auténtica libertad personal, cuando además estas afinidades se forjan en edades tempranas, anteriores en cualquier caso a que el individuo esté plenamente formado? En conclusión, me muestro a favor de la práctica deportiva y que el Estado, a través de diferentes políticas, siga apoyándola, sobre todo en lo que se refiere a su práctica directa. En cuanto al deporte profesional, ese mito contemporáneo no debería eclipsar otras formas de ficcionalidad como la literatura o el arte, en las que el individuo realmente sí que puede llegar a ser el que es y alcanzar los logros de toda cultura humanista: autodeterminación, autoconciencia y libertad. En cualquier caso, por favor que al menos este produzca un pensamiento riguroso. Así sí que

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tiene cabida el deporte en nuestra revista.


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Mayo 2012  

Primer número de la revista Funambulista, de la Asocicación Campus Artis.

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