14 DESTINOS
Viernes 20.11.15 SUR
Panorámica desde la planta 45 del edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio. :: GALO MARTÍN
Shssss, estamos en Tokio En la capital de Japón coexisten la disciplina y discreción de sus habitantes, una comida pletórica de ingredientes pero minimalista de ejecución y extensos jardines que refrescan el aire de una de las grandes megalópolis del planeta
:: GALO MARTÍN TOKIO. A Tokio hay que llegar en nave espacial. Un metro que se desplaza sin conductor, con destino a la recreativa isla de Odaiba, hace sospechar de que se está en otro planeta. Los andenes de las laberínticas estaciones de Shimbashi, Shinjiku e Ikebukuro parecen esas avenidas en las que se celebran desfiles militares. Los disciplinados viajeros se disponen en simétricas filas y esperan su turno detrás de una línea amarilla. De fondo, suena un hilo musical; el trino de unos pájaros que se alterna con Vivaldi, como para
TOKIO
JAPÓN
relajar la tensión contenida a la hora punta. Al tiempo y al unísono, igual que una coreografía marcial, y tras la señal del meticuloso shasho –empujador– entran en unos coches tan puntuales como repletos, principalmente, de oficinistas y estudiantes, a quienes a penas se les oye respirar. Durante el trayecto se puede optar por mirar a través de la ventana e imaginar la megalópolis que retrata Katsuhiro
Ōtomo en la película anime de Akira o sorprenderse de que los teléfonos móviles de los pasajeros, personalizados de manera barroca, no suenan. Definitivamente, Tokio parece sacada de una novela de ciencia ficción en la que sus habitantes no dejan de decir hai –sí– y realizar inclinaciones con el cuerpo con los brazos pegados a los costados. Una vez se ha conseguido atinar con la salida de la estación-hormiguero se comprueba que la ciudad funciona del mismo modo en el exterior. El célebre cruce de Shibuya, con sus cinco pasos de cebra, constituye un espectáculo ca-
llejero que dura los 49 segundos que el disco está en verde para los peatones.
Ropa de otra galaxia Los turistas se diferencian de los locales, además de por los rasgos físicos obvios, en que los primeros graban el tránsito de un lado al otro de la calle con palos-selfies, durante el cual parece mentira que no haya cientos de choques entre los viandantes. En esta intersección, que hace las veces de pasarela en la que desfilan improvisados modelos urbanos sus excéntricos atuendos, van a desembocar todos. Los otakus –expertos en un
Pequeño establecimiento de comidas. :: GALO MARTÍN
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GUÍA Turismo de Tokio www.gotokyo.org/es/
¿Cómo ir? Turkish Airlines . La
Jardines del Palacio Imperial, en la zona de Marunochi. :: GALO MARTÍN
compañía turca tiene 21 vuelos a Tokio y Osaka, con una escala de duración entre dos y cuatro horas en Estambul. www.turkishairlines.com/en-es
¿Dónde dormir? Ginza Grand Hotel.
www.ginzagrand.com Keio Plaza Hotel. con la posibilidad de hospedarse en la habitación especial Hello Kitty. www.keioplaza.com Airbnb. la mejor opción
para alojarse en un apartamento tokiota y ser uno más del vecindario. www.airbnb.es
¿Dónde comer? Issaigassai Taiyomitaini
Kagayaku . (Todo brilla como el sol) Acogedor restaurante para degustar pez globo –fugu–. http://isgs.jp/ tema, los hay que se caracterizan de los personajes de ese campo que dominan– de la calle comercial de Takeshita y de la zona de los video-juegos de Akihabara; los presos de la moda del barrio de Harajuku y de las periféricas localidades de Shimo-kitazawa y de Kichijōji, así como los adictos a las grandes firmas de diseñadores internacionales de la calle Omote-sando y del barrio de Ginza. Sin olvidar a las mujeres que lucen de manera elegante y delicada sus quimonos. Tal panorama es para todos los gustos, colores y sensibilidades. Una parada técnica en alguna de las tiendas de la omnipresente marca Uniqlo, made in Japan, y podrá vestirse para no desentonar en este marciano lugar.
Sushi&Cia Esa variedad en el ropaje se repite en la oferta gastronómica. Gyozas, tallarines, fideos, arroces, tofu, algas, sopas, carne de Kobe, pez globo –fugu– y, por supuesto, sushi, se pueden degustar en un sinfín de restaurantes. Algunos, a pie de calle, en vitrinas dispuestas en la entrada, exhiben réplicas de cera de sus platos. Algunos se encuentran en las plantas superiores de los
edificios y otros en el subsuelo, en las galerías que comunican las estaciones de metro. Los denominados izakaya, donde los autóctonos acuden a beber y picar, suelen encontrarse escondidos en callejones –yokocho– adyacentes a las avenidas principales. Resultan curiosos para los occidentales los establecimientos en los que el pedido de la comida se hace a una máquina. Lo mismo sucede en los restaurantes en los que una simulada cadena de montaje gira portando platillos de sushi y el comensal coge el que desea, mientras los cocineros preparan más piezas. En todos estos negocios no falta, a modo de cortesía, una toallita húmeda esterilizada al vapor –oshibori– y una jarra de agua para refrescarse. Por la sed no hay que preocuparse, hay máquinas expendedoras de bebida de todo tipo en cada esquina. El té es otra deferencia con la que se da la bienvenida al comensal. Sorbo a sorbo, se hace más agradable la espera de un desayuno propio del Nautilus, a base de pescado fresco en alguno de los locales que hay alrededor de la lonja de Tsukiji. Aquí se subastan los lotes de atún que surten al país. Si se quiere estar presen-
Carteles luminosos que anuncian comercios variados. :: GALO MARTÍN
te toca madrugar, pues tiene lugar bien temprano.
Un alivio verde Una red de hologramas de shojis –puerta corredera de papel traslucido pegado a una frágil rejilla de madera– parece hacer de parapeto para que el ruido y los olores no se propaguen por la ciudad y se respire un aire limpio y fresco. El hecho de que esté prohibido fumar en la calle y que los coches, en su mayoría, sean eléctricos, también ayuda a la causa. Los Jardines del Palacio Imperial, muy próximos a la icónica y renacentista Estación de Tokio de ladrillo color rojo, constituyen una agradable mancha verde en la que pasear sin la sensación de ago-
Al aire limpio ayudan que está prohibido fumar en la calle y que muchos coches son eléctricos bio que produce estar siempre rodeado de gente. Algo similar ocurre en el frondoso y sagrado recinto de Meiji Jingu Shrine. La misma quietud insinúan las láminas sansui, con sus paisajes a base de montañas y agua y que se pueden comprar en los alrededores de la estación de metro de Jimbocho (también hay libros usados y antiguos). Desde esta botella de oxígeno (Los Jardines del Palacio Imperial)
se puede apreciar la silueta de Tokio que dibujan unos edificios que parecen inclinarse en señal de respeto. El paseo por las calles colindantes evoca imágenes que recuerdan a Manhattan en Nueva York y Central District en Hong Kong, donde los ejecutivos salen de sus oficinas a comer en alguno de los detallistas restaurantes que hay. Una rutina similar tiene lugar en Roppongi Hills, pero además con vistas a la ciudad. Aunque para una visión de 360 grados nada como subir a la planta 45 del edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio.
Experiencias mínimas En lo alto de ese mirador acristalado no espere divisar uno
de esos hoteles que hacen que en los nichos reposen vivos. Se trata de cápsulas habilitadas para el descanso de los clientes, donde las tarifas se fraccionan por horas. Están concebidas para echarse una siesta, para dormir un poco antes de tomar un tren matutino o para lo que el cuerpo necesite y por pocos yenes (a partir de 2.000 ¥, unos 15 €). También reducidos son los garitos de Golden-gai. Su aforo no alcanza los 10 parroquianos, pero por su precios es como si cupieran el triple (hay que pagar un cargo por ocupar un sitio, más el precio de la consumición). Así es Tokio, una inmensa urbe construida a partir de miles de chips. Cuando se conectan hacen refulgir una luz que se ve desde la Tierra y que propaga un sonido (o ruido), el de las salas de juego de Pachinko, que aturde a la Vía Láctea. Al ver que las puertas de los taxis se abren y cierran de manera automática es cuando uno se convence de que está en otro planeta. Tras varios días en órbita descubriendo Tokio con la cicerone Míseisan toca regresar. La nave espacial se dispone a despegar del Aeropuerto Internacional de Narita en 3, 2, 1…