MUNDOS
RINCONES
NÚMERO 50
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F / S U B L I M I N A L ( M . D E G U Z M Á N Y R . R O M E R O).
Un paseo por el ‘xeropaisajismo’
A poco menos de 30 kilómetros al norte de Madrid hay un vivero biotecnológico. En el interior de esa acristalada y sofisticada estructura, una veintena de profesionales investigan, cultivan, exhiben, divulgan y venden plantas xerofíticas. Las más de 400 especies que dan vida a este oasis capitalino apenas tienen sed y se han adaptado al clima semiárido continental de la meseta central. Bienvenidos al desierto verde madrileño. T / Galo Martín
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PLANTAS MULTIUSOS Los cactus son originarios del continente americano. Fueron los conquistadores quienes los trajeron a España al ver el uso que los indígenas hacían de ellos.
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Cuál es el mayor desierto del mundo?, pregunta Mercedes García, farmacéutica, ingeniera agrónomo y fundadora de Desert City, al público que con atención escucha sus explicaciones. La visita discurre entre cactus, agaves, aloes, yucas y otras plantas suculentas, mientras el rumor del agua se cuela entre unas palmeras que dan sombra. Es como si los secos sitios de Sonora, Atacama, Guajira y Tabernas se hubieran mudado a la Comunidad de Madrid. Una región de la que no se puede decir que llueva mucho. Esto hace que su ubicación sea idónea para un espacio como este. El jardín botánico que ha levantado Mercedes es un banco de pruebas de 5.000 metros cuadrados en el que se determina el grado de adaptación de las plantas xerofíticas –de escasas necesidades hídricas– procedentes de parajes naturales áridos y semiáridos del planeta en un entorno mediterráneo. Desert City quiere abanderar la idea de que hay una nueva manera de hacer espacios verdes sostenibles –se ahorra en consumo de agua y de tiempo– en el interior y en el exterior de las casas. Este tipo de jardines xerofíticos son estéticos, autosuficientes –en este recinto solo trabaja un jardinero–, originales y tendencia. Son el mañana. “Yo estoy apostando por el futuro”, explica Mercedes. El clima de Madrid, la falta de precipitaciones, la sequedad y la desertización invitan a pensar que no tiene mucho sentido desafiar
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a la naturaleza y levantar un jardín tipo inglés, que requiere mucho agua y un gran cuidado, donde llueve casi lo mismo que en un desierto. Han pasado algo más de treinta años desde que Mercedes adquiriera su primer cactus. No se le ocurrió mejor manera de celebrar la matrícula de honor que obtuvo en el examen de Fisiología Vegetal de la carrera de Farmacia que comprando un ejemplar conocido como el “asiento de la suegra”. Empezó a coleccionar cactus y suculentas porque se enamoró de las plantas xerofíticas al descubrirlas mientras estudiaba. En cada viaje de trabajo siempre se traía de vuelta algún esqueje o maceta, lo plantaba y colocaba en el jardín de su casa para ver cómo respondía. “Lo bueno de los cactus es que no requieren mucho trabajo”, añade.
Tecnología punta
Los cactus son supervivientes natos. A pesar de su dieta a base de poco agua y escasos nutrientes los hay que alcanzan los 90 años de edad. Saben y pueden adaptarse muy bien al medio en el que viven. Gracias a la extrema sensibilidad que ostentan son capaces de absorber la humedad del suelo y desarrollarse bajo una rigurosa radiación solar. Son plantas que han hecho del severo desierto un hogar acogedor. Eso mismo es lo que ha pretendido construir esta ‘cactófila’ mujer de la mano del estudio García-Germán Arquitectos. A partir del jardín –donde se plantaron en el suelo los cactus de la colección personal de Mercedes y de otros coleccionistas, como Don Antonio Gómez Sán-
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chez, autor de la ‘Enciclopedia ilustrada de cactus y otras suculentas’– se puso en pie el edificio que alberga el invernadero del siglo XXI que hoy se ve. Un vivero tecnológico en el que se aplican conocimientos de biotecnología. Las plantas de este lugar están micorrizadas, es decir, forman simbiosis con hongos –asociación habitual en los vegetales, puesto que es frecuente, incluso, que diferentes hongos se asocien (micorricen) a la vez
LO QUE NO SE VE ES MUY IMPORTANTE Al comenzar las obras de construcción de Desert City se descubrió que había tres metros y medio de residuos antrópicos, esto es, ruedas de camión, escombros, alquitrán, etcétera, que hubo que quitar para rellenarlo después con tierra. Previamente, se realizó una red de drenaje.
Las chumberas –en la foto de la izquierda– (oriundas de México) se adaptaron muy bien al clima mediterráneo. Los indígenas las empleaban para varios fines, entre ellos comerse su fruto (higo chumbo). Por su parte, los agricultores canarios la usan para obtener el colorante natural del carmín. ¿Cómo? Espachurrando las cochinillas, insectos que chupan su savia, para que expulsen un líquido rojo que es el carmín.
Completan las instalaciones un sky garden como zona de prueba para ver qué especies sirven o no para las cubiertas vegetales de las viviendas y dos invernaderos para la recría de plantas con la misma planta–, lo que mejora su capacidad para defenderse de plagas y enfermedades y se traduce en un uso menor de fitosanitarios y plaguicidas. La tecnología se registra en el riego subterráneo, en las placas solares, en la geotermia –7.000 metros lineales de tuberías–, en un intercambiador de calor con el suelo para aportar una temperatura basal de 16 grados y en las cámaras bufas de amortiguación en el invernadero central. “Se intenta minimizar el consumo de la energía medio am-
biental y el monedero”, explica Mercedes. En cuanto a la gestión de los residuos no producen muchos, ya que este jardín no requiere una poda excesiva. El residuo generado se composta. Todo está calculado al milímetro. Completan las instalaciones un sky garden que se utiliza como zona de prueba para ver qué especies sirven o no para las cubiertas vegetales de las viviendas y un anexo en el que se ubican dos invernaderos en los que se hace la recría de las plantas. No hay que olvidar que esto es un vivero de producción y de comercialización de plantas xerofíticas. Mercedes pudo poner en marcha semejante centro de investigación, desarrollo y exposición gracias a los beneficios obtenidos por la compañía biotécnica en la que trabajó hasta los 45 años como ejecutiva con responsabilidad internacional al lanzar al mercado una terapia triple –tres moléculas formuladas en una sola pastilla– como tratamiento antiretroviral para el VIH. Con un buen dinero en el bolsillo decidió abandonar la industria farmacéutica, se aventuró a comprar una farmacia en Madrid, se matriculó de nuevo en la universidad –Ingeniería Agrónoma– e invirtió todas sus ganancias en su verdadera pasión, los cactus. No obstante, reconoce que cuando fue a comprar su primer cactus hubiera agradecido mucho que estuviera acompañado de una ficha explicativa, tal y como lucen los que ahora se venden en Desert City. Un sitio donde el trabajo que no se ve es muy importante. Un sitio en el que los visitantes aprenden que la Antártida es el mayor desierto de la Tierra.
Los agaves sirven para la obtención de bebidas espirituosas (mezcal y tequila). De sus hojas se extrae el jugo de sirope de agave, que se usa para edulcorar alimentos para los diabéticos. Y gracias a que sus hojas tienen unas fibras muy resistentes, se emplean para hacer cuerdas de pita. Los mismos conquistadores españoles vieron que los sacerdotes y chamanes incas usaban un tipo de cactus para sus ritos. Lo bautizaron con el nombre de San Pedro. Esta especie posee alcaloides alucinógenos (mezcalina).
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