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ARQUITECTURA para sentir Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias.
Un eje estructural del Colegio de Arquitectos del Ecuador Provincia de Pichincha La arquitectura, en su dimensión más profunda, no es únicamente un ejercicio técnico o funcional. Es, ante todo, una disciplina artística. Esta afirmación, aunque puede parecer romántica frente a las exigencias duras del presente, encierra una verdad esencial: la arquitectura posee una capacidad única para configurar el espacio de manera que conmueva, emocione, despierte memorias o provoque nuevas percepciones. Es precisamente esta capacidad, su posibilidad de tocar lo intangible, la que la vincula íntimamente con las expresiones más nobles del espíritu humano: el arte, la poesía, el juego, la imaginación. En su forma más comprometida, la arquitectura es una forma de pensamiento que se hace cuerpo en el espacio. Se manifiesta en el recorrido, en la luz, en el sonido, en la escala y en la textura de los materiales. Se inscribe, por tanto, en ese entretejido sensible de la experiencia humana, donde se cruzan los gestos más cotidianos con los anhelos más profundos. Sin embargo, esta dimensión poética de la arquitectura ha sido progresivamente desplazada en muchas de nuestras ciudades. Las condiciones críticas que atraviesan los territorios latinoamericanos, marcadas por la desigualdad, la precarización del hábitat, la desarticulación social y la urgencia por resolver necesidades básicas, han empujado a la arquitectura hacia un rol únicamente funcional, operativo, urgente. La presión por responder de manera eficaz y económica a los retos urbanos ha llevado, con frecuencia, a la producción de espacios útiles pero desprovistos de alma. Espacios que resuelven, pero no conmueven. Espacios que contienen, pero no inspiran. El problema no radica en atender lo urgente, sino en hacerlo al costo de sacrificar lo esencial. Porque lo esencial no debe ser accesorio. La dimensión sensible de la arquitectura no es un lujo, es su potencia más transformadora. Renunciar a ella implica aceptar una forma de construir el mundo que deja afuera lo que precisamente nos hace humanos: la capacidad de sentir, de imaginar, de emocionarnos ante la belleza y de reaccionar ante lo inesperado. Desde el Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincial Pichincha CAE-P, creemos que es posible recuperar este equilibrio. No se trata de negar las urgencias ni de idealizar 4
la arquitectura como un gesto puramente artístico. Se trata, más bien, de insistir en que el compromiso ético de nuestra disciplina no puede separarse de su dimensión poética. Lo técnico y lo sensible no son opuestos: son dos caras de una misma vocación. Por eso, proponemos volver a mirar la arquitectura desde otra perspectiva, más abierta, más libre, más conectada con la vida en todas sus formas. Una de las estrategias que planteamos como provocación necesaria es hablar de Arquitectura para las Infancias. Este enfoque no busca establecer una nueva categoría temática dentro de la arquitectura, ni pretende restringir el diseño a una franja etaria específica. Al contrario, se trata de una invitación a recuperar una manera distinta de mirar y de pensar el espacio. Porque hacer arquitectura para las infancias es, en última instancia, hacer arquitectura para todos. Es proyectar un futuro que no repita las exclusiones del pasado. Es sembrar, con cada línea, con cada muro, con cada sombra, una promesa de dignidad y alegría compartida. En este sentido, hablar de infancias es hablar de mundos múltiples, de formas diversas de experimentar el entorno, de sensibilidades que aún no han sido domesticadas por la lógica adulta del rendimiento y la eficiencia. Es hablar del juego como principio de diseño, de la emoción como criterio válido para decidir formas, colores, composiciones, de la sorpresa como herramienta para plantear recorridos. En efecto, cuando hablamos de arquitectura para las infancias, hablamos de una arquitectura capaz de reconocer la inteligencia poética del cuerpo. Un cuerpo que gatea, que corre, que se esconde, que salta, que canta y que transforma cada rincón en posibilidad. Una arquitectura que no teme al color, que dialoga con la escala, que no impone recorridos sino que los sugiere. Una arquitectura que habla y que también escucha. Volver a mirar con ojos de infancia implica desmontar el cinismo. Implica admitir que todavía es posible construir espacios que inviten a imaginar otros mundos, otras formas de estar en el mundo, otras maneras de habitar el tiempo. En un contexto donde el presente parece colapsar bajo el peso de la urgencia, hablar de infancias es un acto de resistencia y de esperanza. Es decir: todavía creemos que es posible un mundo más justo, más bello, más amable. La propuesta del Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincial Pichincha es lanzar concursos para diseñar pabellones lúdico-educativos en espacios públicos de Quito, una iniciativa que nace de la convicción profunda de que la ciudad debe ser un espacio que no solo resuelva, sino que también inspire y enseñe. Estos pabellones no son solamente estructuras físicas, son dispositivos pensados para generar encuentros, para propiciar el juego y el descubrimiento, para transformar el espacio urbano en un lugar donde la experiencia y la interacción sean los motores del aprendizaje y la creatividad. En este sentido, cada pabellón se convierte en un punto de convergencia, un espacio que invita a la exploración, al asombro y a la reflexión, reconociendo la ciudad como un escenario vivo que, más allá de lo pragmático, se convierte en una extensión de la vida misma.
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Más allá de ser una respuesta a la necesidad de infraestructura, estos pabellones plantean una nueva forma de pensar la arquitectura, donde la infancia no se vea como una etapa transitoria, sino como un territorio fundamental desde el cual repensar el diseño urbano. Son lugares que reconfiguran el espacio público, donde la ciudad se convierte en escuela, juego y refugio, espacios en los que el diseño tiene el poder de ser un vehículo para la imaginación, para la construcción de memoria y, sobre todo, para el fomento de una ciudad inclusiva y sensible. Al pensar en la infancia como un punto de partida, estos pabellones invitan a pensar sobre el rol de la arquitectura, a humanizar los espacios y a construir un entorno que valore la sensibilidad, la sorpresa y la emoción en cada rincón. Las bases para estos concursos serán lanzadas en noviembre de este año 2025, como parte de la inauguración del año Bienal. Este evento marcará el inicio de una serie de propuestas transformadoras, orientadas a repensar el espacio público de Quito a través de la construcción de pabellones lúdico-educativos. La Bienal, en noviembre de 2026, será el contexto perfecto para presentar y activar los pabellones ganadores con una agenda cultural, y ponerlos a prueba en el contexto del evento académico BAQ 2026. Este proyecto busca involucrar a arquitectos, diseñadores, escuelas, academia, creativos, y otros actores fundamentales involucrados, en un proceso de reflexión y acción común, donde la arquitectura se convierta en un vehículo para el encuentro, el juego y la creación de espacios que transformen la ciudad en un lugar más inclusivo, dinámico y humano. El Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincial Pichincha CAE-P, entonces, no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino abrir preguntas. ¿Qué pasa cuando pensamos el espacio público como un lugar para jugar? ¿Qué cambia en nuestra práctica cuando el diseño se guía por la emoción y no únicamente por la norma? ¿Cómo se transforma la ciudad cuando los cuerpos pequeños la recorren con libertad y sin miedo? ¿Y qué tipo de arquitectura necesitamos para sostener, proteger y celebrar esos recorridos? Sabemos que las ciudades enfrentan desafíos enormes y que la arquitectura debe actuar de forma ética y responsable, y no puede, ni debe, desentenderse de ellos. Pero también sabemos que si dejamos de lado lo sensible, habremos perdido una parte fundamental de nuestra tarea. Tal vez una arquitectura que entienda que lo esencial no siempre es visible, pero que sí puede sentirse: en la sombra que cobija, en el umbral que invita, en la textura que acompaña. Una arquitectura que reconozca que el arte de construir es también el arte de cuidar. Es por eso que creemos que este proyeto debe convertirse en un espacio de experimentación, de provocación, de alegría. No será solamente una vitrina de lo ya hecho, sino un proceso de diseño de lo que aún está por imaginarse. Una proyecto que no se encierra en las salas de exposición, sino que sale al espacio público, que se mezcla con la gente, que conversa con la ciudad.
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Proponer una arquitectura desde esta perspectiva es, además, una manera de ensanchar el campo de los actores que participan en la configuración del espacio. Al incluir a niñas y niños, a familias, educadores, artistas, colectivos comunitarios, se abre el diálogo hacia otras formas de pensar, de sentir y de habitar. Estas voces, a menudo relegadas por los lenguajes hegemónicos del urbanismo y por la técnica, aportan miradas frescas, sensibles y profundamente ligadas a lo cotidiano. Desde el CAE-P, este es uno de los caminos que elegimos transitar. No queremos celebrar la arquitectura únicamente como oficio o disciplina técnica. Queremos también reconocerla como un lenguaje sensible para imaginar otros mundos posibles, como una oportunidad para unirnos como arquitectos y arquitectas a diseñar, a dialogar y celebrar la vida. Proyectar desde el cuidado, desde la emoción, desde la creatividad y la sensibilidad. Proyectar desde el juego, pero con la seriedad que implica imaginar una ciudad más justa, más bella y más humana. Porque la alegría también puede ser una estrategia crítica frente a las formas grises y excluyentes del urbanismo contemporáneo. Y porque recuperar la imaginación y el asombro es, quizás, una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo. La arquitectura desde la perspectiva de las infancias, en este sentido, se vuelve un espejo donde volver a mirarnos como arquitectas y arquitectos. Nos recuerda por qué elegimos esta profesión. Nos obliga a preguntarnos a quiénes le debemos nuestro trabajo. Nos enfrenta con la responsabilidad, pero también con la belleza, de proyectar para transformar la ciudad y para transformarnos a nosotros mismos en el proceso. Motivándonos a sentir ORGULLO DE SER ARQUITECTOS. En última instancia, este proyecto nos permite hablarle al futuro. Y nos incentiva a hacerlo con cuidado, con esperanza, con alegría. Es sembrar preguntas en el corazón de la ciudad. Preguntas que nos ayuden a no olvidar que el espacio no solo debe ser eficiente: debe ser generoso. No solo debe ser útil: debe ser hermoso. No solo debe ser seguro: debe ser ese lugar donde nos sentimos libres. “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”, entonces, NO ES UN TEMA: ES UNA ACTITUD. Es una forma de volver a mirar, de volver a sentir, de volver a creer. Es una invitación a todos los arquitectos y arquitectas, y también a quienes aún no lo son, a construir desde lo sensible. A proyectar no solo con la mente, sino con el cuerpo, con la memoria, con la emoción. De eso se trata la arquitectura: de crear las condiciones para que la vida suceda. Para que el encuentro ocurra. Para que la alegría tenga lugar. Y si para ello necesitamos volver a mirar con ojos de infancia, bienvenidos sean el juego, la sorpresa y la emoción como motores de diseño. Porque en un mundo que tantas veces duele, la arquitectura puede ser también una forma de cuidado. Y no hay tarea más urgente, ni más necesaria, ni más bella, que esa.
1. La Arquitectura como disciplina necesaria y de prioridad Nacional y la importancia de reencontrarnos como gremio de arquitectos. La arquitectura, cuando se ejercita en su forma más profunda, no es solo el arte de levantar estructuras. Es una forma de pensamiento que se hace cuerpo, de imaginación que se materializa en los pliegues de lo cotidiano, de ética que se construye con materia, escala y luz. Es, también, un acto de cuidado: del espacio, del vínculo, del tiempo, del otro. Es la capacidad de ofrecer refugio y sentido. De acompañar el ritmo de la vida sin imponerle una forma. De crear las condiciones para que lo inesperado, lo tierno y lo común tengan lugar. En el Colegio de Arquitectos del Ecuador - Provincia de Pichincha CAE-P, reconocemos esta vocación esencial de nuestra disciplina. Por ello, asumimos el reto de volver a enraizar la arquitectura en su dimensión más comprometida: la que toca la vida cotidiana, la que se expresa con humildad en los gestos más simples, la que crea las condiciones para que el encuentro ocurra y la alegría tenga lugar. No desde el espectáculo ni desde la solemnidad, sino desde lo mínimo que conmueve: una sombra que cobija, una escala que escucha, un umbral que invita. Arquitectura que se hace presente sin imponerse. Que transforma sin romper. Que deja huella sin borrar lo que ya existe. Desde esta mirada, no proponemos un evento ni una actividad puntual, sino un eje estructurante del Colegio. Una plataforma de acción continua, pedagógica, sensible y transformadora que atraviese nuestra práctica, nuestra docencia, nuestra proyección social y nuestra manera de estar y de hacer Arquitectura y ciudad. Lo hemos llamado: “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”, no porque se limite a una franja etaria, sino porque se deja atravesar por una forma de mirar más abierta, más libre, más sincera. La infancia, entendida en su sentido más amplio, se vuelve aquí una actitud frente al mundo: una forma de proyectar sin cinismo, de imaginar sin miedo, de construir con cuidado. Este eje propone una arquitectura que vuelva a conmover. Que se reconecte con su dimensión artística y ética. Que no se reduzca a resolver, sino que se atreva a preguntar. Que abandone el automatismo de la eficiencia para volver a sentir. Porque en un mundo tantas veces apresurado por la urgencia, la arquitectura tiene el deber de ralentizar, de cuidar, de sostener. Y si hay un lugar desde donde empezar esa transformación, ese lugar es la infancia. La infancia, como territorio sensible, como forma de conocimiento y como horizonte de posibilidad, nos ofrece una clave para pensar lo que hacemos, cómo y para quién lo hacemos. Nos recuerda que habitar es también jugar, explorar, imaginar. Que el cuerpo pequeño reclama otra escala, otro ritmo, otro tipo de escucha. Que la ciudad puede ser un campo de descubrimiento, una escuela abierta, un lugar donde la belleza no sea un lujo, sino un derecho.
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“ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”no es una temática entre otras. Es un llamado a reconstruir el vínculo entre arquitectura y vida. A recuperar el asombro como criterio proyectual. A expandir los márgenes de nuestra disciplina para incluir otras voces, otros saberes, otras formas de sentir el espacio. Es un eje que no clausura, sino que abre. Que no dicta respuestas, sino que genera condiciones para que nuevas preguntas puedan emerger. Al asumir este eje como columna vertebral del CAE-P, no solo transformamos nuestra agenda institucional: transformamos nuestra manera de estar en el territorio. Lo hacemos reconociendo que el cuidado no es opuesto al rigor. Que la emoción no está reñida con la técnica. Que el juego puede ser una herramienta crítica. Y que la infancia, lejos de ser una etapa pasajera, es una potencia capaz de reorganizar nuestras prioridades como gremio, como ciudad y como cultura. En este marco, el Colegio se compromete a activar procesos pedagógicos, culturales, territoriales y proyectuales que sostengan este horizonte. Que trabajen en red, que escuchen al barrio, que conversen con la escuela, que dialoguen con otras disciplinas. Porque la arquitectura, cuando se reconoce parte de lo común, puede volverse lenguaje de encuentro. Puede ser herramienta de transformación y de belleza. Puede, simplemente, hacernos mejores. Y en este camino, necesitamos reencontrarnos como gremio. Devolverle a la arquitectura su lugar como disciplina prioritaria pasa también por devolverle sentido a la pertenencia colectiva. Ser parte del Colegio de Arquitectos del Ecuador - Provincia de Pichincha no es solo una formalidad institucional: es un acto de compromiso con la ciudad, con la ética de nuestro oficio y con el porvenir compartido que queremos construir. Es reconocerse en una comunidad que piensa, debate, imagina y actúa. Que no se conforma con levantar edificios, sino que se atreve a edificar ciudadanía. Que no espera que otros tomen las decisiones sobre el espacio público, sino que participa, propone y transforma. Desde el CAE-P, hacemos un llamado a todas y todos los arquitectos a involucrarse activamente en los procesos que delinean nuestras ciudades. A no mirar desde lejos los retos urbanos, sino a ser protagonistas en la construcción de futuros posibles. Porque las buenas ciudades no se improvisan: se piensan, se cuidan, se proyectan con rigor, sensibilidad y visión compartida. Y ese es, precisamente, el papel irremplazable de la arquitectura cuando se ejerce con conciencia gremial y vocación pública. Ser arquitectos y pertenecer al Colegio no es solo un título: es una forma de habitar la profesión con orgullo, con responsabilidad y con esperanza. Y quizás de eso se trata todo: de volver a mirar la arquitectura no como una meta, sino como una pregunta abierta. Una pregunta que, cuando es formulada con ojos de infan-
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cia, se vuelve capaz de imaginar el mundo otra vez. De construir espacios que no solo resuelvan, sino que abracen. Que no solo contengan, sino que inspiren. Que no solo funcionen, sino que conmuevan. Esa es la arquitectura que queremos impulsar. Esa es la arquitectura que el CAE-P propone volver a cultivar.
2. ¿Por qué las infancias? Hablar de infancias no es restringirse a una franja etaria. Es, más bien, abrir un campo de pensamiento y acción donde el cuerpo, la imaginación, el juego y la emoción recuperan su legitimidad como formas de conocer, habitar y proyectar el mundo. La infancia, entendida en su dimensión más amplia, nos recuerda lo que la arquitectura no puede perder: la capacidad de asombro, la curiosidad, el cuidado, el deseo de explorar. El mundo adulto, tantas veces apresurado por la eficiencia, ha olvidado cómo se mira cuando aún no se conoce el nombre de las cosas. Cómo se juega sin objetivo. Cómo se habita desde la escala del cuerpo pequeño. Las niñas y los niños no solo habitan la ciudad: la transforman. Reescriben el sentido de los objetos, reimaginan el uso de los espacios, producen cartografías afectivas invisibles a los ojos disciplinados. En sus manos, un borde puede ser una frontera o un refugio, una rampa, un deslizadero, una sombra, una guarida. Su presencia revela los intersticios del espacio urbano y, al mismo tiempo, lo llena de sentido. Tomar la infancia como eje proyectual no significa reducir la arquitectura a lo lúdico superficial, ni construir únicamente para parques o aulas. Significa reconocer que lo esencial de la arquitectura, su capacidad de conmover, de cuidar, de abrir mundos posibles, se hace más visible cuando nos dejamos interpelar por quienes aún no han sido domesticados por la prisa ni por la norma. No se trata de hacer “arquitectura infantil”, sino de hacer una arquitectura más humana, más abierta, más sensible. Una arquitectura que acoja la vida en su diversidad y que, al hacerlo, recupere su rol ético en la construcción de ciudad. Hablar de infancia es también hablar de escala. Del tiempo lento del descubrimiento. Del cuerpo que explora, que se agacha, que trepa, que gatea, que observa con detenimiento. Una arquitectura pensada desde estas experiencias puede ampliar radicalmente nuestra comprensión de lo espacial. Y no solo para las niñas y los niños: todos y todas ganamos cuando los espacios se diseñan para la sorpresa, la accesibilidad, el juego y el cuidado. Porque la infancia, en este contexto, no es sólo un grupo etario: es una mirada, una actitud, una forma de relación con el entorno. Esta perspectiva propone, entonces, un desplazamiento epistemológico. Nos invita a dejar de pensar la arquitectura como respuesta únicamente técnica o formal para concebirla como proceso relacional, como acto de escucha, como mediación sensible entre los cuerpos y el mundo. Al incorporar las infancias al centro del pensamiento proyectual, estamos ensanchando el campo disciplinar, desafiando sus límites tradicionales y abriendo nuevas posibilidades de experimentación, de belleza y de justicia.
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Si logramos devolverle al espacio su capacidad de afectarnos, estaremos más cerca de una arquitectura que no sólo organiza la materia, sino que acompaña la vida. Que no sólo resuelve funciones, sino que provoca encuentros, que alberga sueños, que aloja lo imprevisible. Esta visión implica una responsabilidad institucional. El Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha, al asumir la infancia como eje estructural, no busca tematizarla, sino dejarse transformar por ella. La arquitectura para las infancias no es una tipología, ni un estilo, ni una tendencia. Es una invitación permanente a volver a mirar desde lo esencial. A diseñar sin perder el asombro. A proyectar sin miedo a la alegría y al cuidado. En ese sentido, el proyecto “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”no se limita a construir pabellones o generar intervenciones puntuales. Se plantea como una plataforma metodológica, ética y proyectual desde la cual pensar la ciudad de forma más justa, más poética y más inclusiva. En sus múltiples componentes: concursos, activaciones, publicaciones, redes, cartografías, se refleja una arquitectura en movimiento, en escucha, en proceso. Porque al final, lo que este eje propone no es sólo una arquitectura para niñas y niños. Es una arquitectura que se piensa a sí misma desde la fragilidad, desde la pregunta, desde la posibilidad de volver a empezar. Una arquitectura que reconoce que el conocimiento no siempre se enuncia con palabras, que a veces se dibuja, se canta, se juega. Y que en esos otros lenguajes también habita una verdad: la de un mundo que aún puede ser mejor. Por eso, hablar de infancias es también hablar del porvenir. No como promesa lejana, sino como acción presente. Cada gesto arquitectónico que acoge, que cuida, que invita, es un acto de resistencia frente a las lógicas de exclusión que configuran nuestras ciudades. Y en ese gesto hay una afirmación potente: que la arquitectura, cuando se deja afectar por lo sensible, tiene la capacidad de transformar no sólo los espacios, sino también nuestras formas de habitarlos y de habitarnos.
3. Una propuesta institucional estructural del CAE-P Este proyecto nace de una necesidad profunda de transformación institucional. Por décadas, el Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha ha sido un espacio de encuentro gremial, de reflexión crítica y de defensa profesional. Ha contribuido a consolidar una arquitectura rigurosa, comprometida, propositiva. Pero también ha sido, en ciertos momentos, prisionero de sus propios formatos: congresos que se agotan en sí mismos, publicaciones que circulan en nichos reducidos. Lo necesario, sí, pero no siem-
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pre suficiente. Porque la arquitectura, en su dimensión más vital, no vive solo en los salones ni en los libros. Vive en la ciudad, en los cuerpos que la habitan, en las formas de encuentro que habilita o niega. “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”se proyecta así no como un programa paralelo ni como una moda temática, sino como un eje estructural transversal del CAE-P. Un eje que permite articular lo proyectual, lo académico, lo editorial, lo pedagógico y lo gremial bajo un mismo horizonte ético y metodológico. Una apuesta que trasciende la lógica del evento puntual para convertirse en una práctica institucional continua, situada, sensible, capaz de afectar el rumbo general del Colegio y, con él, de la arquitectura que ejercemos. Es una metodología en expansión: abierta, replicable, dispuesta a habitar el conflicto sin perder la alegría y el cuidado. Este eje propone una nueva forma de estar en el territorio. Desde el CAE-P, entendemos que nuestras intervenciones no pueden quedarse en el plano abstracto o exclusivamente técnico. Tenemos la responsabilidad de actuar en el mundo real, de tocar el suelo, de entablar vínculos más densos con las comunidades. Reconfigurar el lazo entre arquitectura y ciudadanía no es una tarea marginal, es la tarea central de nuestro tiempo. Y para lograrlo, necesitamos herramientas, sí, pero también necesitamos preguntas. Preguntas que no provienen únicamente de la academia o del gremio, sino de la vida misma, de lo cotidiano, de lo que duele, pero también, y sobre todo, de lo que alegra. Y si hay un lugar desde donde imaginar otra arquitectura, ese lugar es la infancia. Porque la infancia no solo representa el futuro: representa la posibilidad radical de ver de nuevo. De volver a mirar sin cinismo, sin automatismo, sin agotamiento. De recuperar la emoción como brújula, el juego como método, la imaginación como derecho. En la infancia encontramos una arquitectura que no ha sido domesticada por la prisa ni por la norma. Una arquitectura que escucha, que pregunta, que se deja tocar. Y desde allí, desde esa mirada indisciplinada y luminosa, el CAE-P decide construir su camino hacia una ciudad más abierta, más justa, más viva. Una arquitectura que no solo protege lo construido, sino que se atreve a abrir lo posible.
4. Objetivos del eje “arquitectura para sentir. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”. Este eje tiene múltiples capas de intención, todas ellas articuladas por una convicción común: la arquitectura, cuando se abre al juego, a la imaginación y al cuidado, no pierde profundidad, la gana. En ese espíritu, el eje “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”del Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha despliega los siguientes objetivos fundamentales: 12
4.1 Incentivar la participación activa de arquitectas y arquitectos en el gremio y en los proyectos del CAE-P. Este eje busca también fortalecer el tejido gremial, reconociendo que ninguna transformación profunda en la arquitectura puede lograrse de manera aislada. Convoca a las arquitectas y arquitectos de Pichincha y del Ecuador a vincularse activamente al Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha, no solo como afiliados, sino como protagonistas de un proyecto colectivo que los interpela y los necesita. Participar en este eje es también una manera de renovar el sentido de pertenencia, de compartir saberes, de construir comunidad profesional y de hacer de la arquitectura un acto colaborativo y comprometido con el presente. La arquitectura para las infancias se convierte así en una excusa luminosa para volver a reunirse en torno a lo esencial: el deseo de construir un mundo más justo, más sensible y profundamente humano.
4.2 Recuperar el potencial ético de lo sensible: asumir que lo frágil también construye. Frente a un mundo que valora lo rígido, lo eficiente y lo mensurable, este proyecto reivindica la sensibilidad como fundamento ético del acto arquitectónico. Se propone recuperar la dimensión emocional, afectiva y simbólica del espacio como un derecho, no como un lujo. Asumir que lo frágil también construye es reconocer que el asombro, la vulnerabilidad y el juego son materias fundamentales de la arquitectura cuando esta se compromete con la vida. Esta sensibilidad no es evasiva: es política, porque permite imaginar otros mundos posibles desde el cuidado y la empatía.
4.3 Transformar el espacio público como escenario del juego, la imaginación y el cuidado. El espacio público, muchas veces reducido a un lugar de tránsito o de control, debe volver a ser territorio de encuentro y de creación compartida. Este eje propone activarlo como un escenario vivo, donde el juego sea expresión de libertad, la imaginación se vuelva herramienta de diseño, y el cuidado se manifieste en cada decisión proyectual. Esto implica abrir el espacio urbano a otras temporalidades, otras escalas, otras maneras de estar juntos. Convertir plazas, parques, esquinas o bordes urbanos en escenarios donde la arquitectura no se imponga, sino que invite, escuche y abrace.
4.4 Ampliar el mapa de quienes piensan y hacen ciudad: incluir niñas, niños, docentes, familias, colectivos, artistas. La ciudad no puede seguir siendo proyectada desde una mirada única, técnica y adultocéntrica. Este eje se plantea como una plataforma para ampliar el mapa de voces que participan en la producción del espacio. Las niñas y los niños no son objetos de diseño, sino sujetos activos con capacidad de imaginar, opinar, proponer y transformar. Incluir sus visiones implica también incluir a quienes los acompañan: docentes, familias, colectivos barriales, artistas, investigadores. Así, la arquitectura se redefine como una práctica dialógica, en constante intercambio con lo social, lo pedagógico y lo cultural.
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4.5 Fomentar prácticas proyectuales participativas y situadas, con sentido pedagógico y cultural. Este eje no se limita a promover “proyectos para las infancias”, sino que impulsa una nueva forma de proyectar: más abierta, más atenta, más conectada con la realidad del territorio. Se trata de fomentar prácticas arquitectónicas que reconozcan los saberes locales, que se dejen atravesar por las historias del lugar, por sus memorias, tensiones y afectos. Que comprendan la arquitectura no solo como solución, sino como pregunta. Esta dimensión situada se enriquece con un sentido pedagógico profundo, donde el proceso de diseño se convierte también en una experiencia de aprendizaje compartido.
4.6 Establecer un marco metodológico replicable desde el CAE-P hacia otras ciudades del país y de la región. Uno de los compromisos del eje es construir un marco metodológico claro, ético y sensible que pueda ser replicado y adaptado en otros contextos urbanos. Esto implica sistematizar aprendizajes, generar instrumentos flexibles, construir principios que orienten futuros proyectos sin homogeneizar las respuestas. El CAE-P, como institución gremial, se posiciona aquí no solo como ejecutor, sino como generador de modelos de acción transformadora, capaces de inspirar a otros colegios de arquitectos, a gobiernos locales, universidades y redes regionales de arquitectura.
4.7 Producir conocimiento desde el hacer colectivo: libros, relatos, cartografías, experiencias documentadas. Este eje asume que producir arquitectura es también producir conocimiento. Un conocimiento que no surge únicamente del análisis abstracto, sino del hacer compartido, de la conversación, del conflicto, del ensayo y del error. En este sentido, uno de sus objetivos centrales es registrar de manera sensible y rigurosa lo vivido: los procesos de diseño, los talleres con niñas y niños, las decisiones proyectuales, las dudas, los hallazgos y también los afectos. Esta documentación se materializará en publicaciones impresas y digitales, en cartografías, en relatos ilustrados, en videos y exposiciones, que construyan una memoria colectiva del proyecto y lo proyecten hacia nuevas posibilidades.
Objetivos transversales y compromisos éticos de todos los proyectos del CAE-P Más allá de estas seis líneas estratégicas, el eje “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” encarna una serie de compromisos éticos transversales que dan profundidad a su accionar: Habitar la complejidad: evitar las respuestas simplificadoras. Entender que la ciudad es un entramado de relaciones históricas, sociales, económicas y afectivas que no puede abordarse desde la arquitectura sin una escucha profunda. Cuestionar el adultocentrismo disciplinar: asumir que la mirada adulta no es neutra, y que abrirse a las visiones infantiles es también un gesto de descentramiento, de descolonización epistemológica, de justicia espacial.
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Valorar la lentitud, la escala humana, el tiempo del juego y del cuidado: frente a la velocidad de la ciudad neoliberal, este eje se ancla en una arquitectura que recupera el valor del tiempo vivido, de los procesos, de lo cotidiano como espacio de transformación. Construir comunidad a través del espacio: diseñar no como imposición de formas, sino como construcción de vínculos. La arquitectura no crea comunidad por sí sola, pero puede facilitar las condiciones para que emerja. Abrir el gremio: que el Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha sea un espacio vivo de reflexión y acción, no solo entre profesionales, sino entre generaciones, saberes y sensibilidades diversas. En suma, los objetivos del eje “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” no se limitan a una mejora funcional del espacio urbano, ni a una intervención temática puntual. Lo que se propone es una transformación profunda de la manera en que pensamos y ejercemos la arquitectura. Volver a mirar con ojos de infancia es mucho más que una metáfora: es una estrategia crítica, una actitud ética, una esperanza radical. Porque en la capacidad de asombro, en la imaginación libre, en la escucha atenta y en el juego desbordado, está contenida una potencia que no deberíamos perder: la de construir, colectivamente, un mundo más justo, más bello y más amable. Desde ahí, desde esa convicción, se proyecta este eje como una tarea urgente, una conversación abierta y una apuesta estructural del CAE-P para los próximos años.
5. Componentes del proyecto El eje estructurador “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” del Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha CAE-P articula cinco grandes componentes que no solo organizan su accionar, sino que reflejan su vocación transformadora. Cada uno de estos componentes se relaciona con los otros y juntos configuran una arquitectura entendida como proceso, como conversación viva, como acto colectivo que se compromete con lo sensible, lo territorial y lo pedagógico.
5.1 Concursos de pabellones lúdico-educativos en el espacio público. Este componente se constituye como el motor proyectual del eje. Se trata del lanzamiento de concursos públicos, transparentes y rigurosos, que convocan a arquitectas y arquitectos a diseñar pabellones temporales destinados a activarse en espacios públicos
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de la ciudad. Estos pabellones no son objetos ornamentales ni soluciones unilaterales: son dispositivos arquitectónicos que alojan juegos, conversaciones, preguntas, aprendizajes y afectos. Los concursos se conciben como instancias de investigación y acción, en los que el diseño arquitectónico se entrelaza con lo social, lo pedagógico y lo comunitario. Cada convocatoria estará anclada a un contexto barrial específico, promoviendo que los equipos participantes se involucren desde las primeras fases con los territorios en los que trabajarán. Se espera que los proyectos ganadores incorporen criterios de accesibilidad, sostenibilidad, pertinencia cultural y escalabilidad. La selección de los equipos se hará mediante un jurado plural, integrado por arquitectos/as, representantes comunitarios, pedagogos/as y niños/ as. Esta metodología busca abrir el campo disciplinar hacia nuevas formas de evaluación y legitimidad, reconociendo la infancia como interlocutora activa en la construcción del espacio público.
5.2 Programación cultural y pedagógica en los pabellones. Una vez construidos, los pabellones se convierten en escenarios vivos de activación cultural y pedagógica. Este componente se refiere a la curaduría y acompañamiento de una programación pensada para distintos públicos, que incluye talleres, juegos, conversatorios, lecturas, actividades artísticas y encuentros intergeneracionales. La programación no se impone desde afuera, sino que se construye junto a las comunidades, en diálogo con actores locales, escuelas, organizaciones barriales y niños y niñas del entorno. Se trata de promover un uso sensible del espacio público, que lo reconfigure como lugar de aprendizaje, de escucha, de descubrimiento mutuo. Los pabellones se mantendrán activos durante un período determinado, tras el cual podrán ser desmontados, relocalizados o reciclados, según la decisión tomada en conjunto con el barrio. En ese tiempo, serán también espacios de observación y escucha atenta: procesos de diseño urbano-arquitectónicos donde se registran las formas en que los cuerpos, y especialmente los infantiles, habitan y transforman el espacio.
5.3 Publicación y memoria crítica del proceso. Este componente busca documentar y reflexionar sobre el proceso de manera rigurosa, creativa y accesible. A través de una línea editorial propia del CAE-P, se publicarán libros, cuadernos de campo, catálogos, fanzines y otros formatos que recojan los concursos, los procesos de diseño, las experiencias pedagógicas y las voces de todos los actores involucrados.
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La memoria crítica no se concibe como un ejercicio posterior o decorativo, sino como parte central del proyecto. Acompaña desde el inicio los distintos momentos, con equipos de edición, escritura, ilustración y diseño editorial trabajando en conjunto con arquitectos/as, niños/as, docentes y vecinos/as. Estos materiales buscan expandir el impacto del eje, permitiendo su replicabilidad, inspirando a otras ciudades y nutriendo el campo disciplinar con nuevas preguntas. También permiten que las experiencias vividas no se diluyan, sino que se preserven, se reinterpreten, se compartan.
5.4 Cartografías afectivas: pedagogías del territorio. Este componente se enfoca en el trabajo previo y paralelo a la intervención arquitectónica. Se trata de generar cartografías afectivas elaboradas junto a niñas y niños, que permitan comprender cómo perciben, habitan y sueñan su entorno. Estas cartografías pueden tomar la forma de dibujos, relatos, recorridos, juegos, maquetas, videos o cualquier otro lenguaje sensible. El objetivo es desplazar la mirada técnica y hegemónica sobre el territorio, permitiendo que emerjan otras formas de conocimiento, otras geografías posibles. Las cartografías se convierten en insumos para el diseño arquitectónico, pero también en herramientas pedagógicas para las escuelas, en archivos comunitarios, en ejercicios de apropiación simbólica del barrio. Este componente estará liderado por el Centro de Estudios de Arquitectura CEA del CAE-P, en articulación con instituciones educativas, organizaciones sociales y colectivos artísticos. Las pedagogías del territorio que aquí se promueven no solo enriquecen el proyecto, sino que abren un campo de investigación crítica dentro de la arquitectura.
5.5 Red interinstitucional y sostenibilidad territorial del eje. Finalmente, este componente garantiza la continuidad, la sostenibilidad y la proyección del eje más allá de su ejecución inicial. Se refiere a la construcción de una red interinstitucional que articule al CAE-P con gobiernos locales, instituciones gubernamentales, universidades, centros culturales, escuelas, museos, organizaciones comunitarias, empresas y otros colegios profesionales. Esta red permite que el proyecto no dependa exclusivamente de un ciclo político ni de un presupuesto puntual, sino que se consolide como una política urbana y cultural a largo plazo. También permite escalar la experiencia, replicarla en otros barrios, generar alianzas y nuevas formas de colaboración público-comunitaria. Parte fundamental de esta sostenibilidad es el trabajo con las comunidades locales: su participación en la definición, uso y continuidad de los pabellones es central. Solo así se logra que la arquitectura no sea una irrupción ajena, sino una prolongación del deseo colectivo.
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El componente contempla también estrategias de comunicación, formación y seguimiento. Se busca construir indicadores cualitativos y cuantitativos que permitan evaluar el impacto del eje y proyectar sus siguientes etapas y ser un espacio permanente de formación, investigación y acción. Estos cinco componentes constituyen una arquitectura que no se limita a construir pabellones, sino que busca transformar el modo en que concebimos y habitamos lo común. Cada uno de ellos aporta una dimensión del proyecto: el concurso como detonante creativo, la programación como activación vital, la memoria como persistencia, la cartografía como escucha y la red como sostenibilidad. “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” es, así, una propuesta que va más allá de lo temático: es una forma de mirar, de proyectar, de habitar. Una forma de volver a la ciudad como un lugar donde la imaginación también tiene derecho de ciudad.
6. Arquitectura que transforma: impactos esperados del eje La arquitectura, cuando se abre a lo cotidiano, tiene el poder de transformar no solo el paisaje físico, sino también el tejido simbólico de una ciudad. Cuando deja de ser un discurso cerrado sobre sí mismo y se atreve a dialogar con la vida, con los cuerpos en movimiento, con los juegos espontáneos, con las voces múltiples de una comunidad, entonces comienza a generar sentidos nuevos, a producir afectos, a construir lugares donde antes había solo espacio. El eje “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” se inscribe precisamente en esa vocación transformadora. No busca únicamente intervenir el espacio público, sino reconfigurar la manera en que lo habitamos, lo narramos y lo compartimos. Su impacto se proyecta en distintos planos que se entrelazan, se potencian y se retroalimentan: En el plano urbano, el eje propone pequeñas intervenciones que detonan grandes conversaciones: pabellones que se insertan en el tejido barrial no como objetos, sino como oportunidades para el encuentro, la imaginación y el juego. Cada estructura será un gesto de hospitalidad urbana, una invitación a permanecer, a mirar con otros ojos el espacio común, a recuperarlo como lugar de afecto y pertenencia. En el plano gremial, este eje propone un movimiento de retorno hacia la esencia misma de la arquitectura como disciplina comprometida con el bien común. Invita a más arquitectas y arquitectos a integrarse al Colegio y a participar activamente en proyectos que no solo dialogan con la ciudad, sino que la construyen con sensibilidad, belleza y sentido ético. Es una puerta abierta para que más profesionales se reconozcan como parte de una comunidad viva, con una misión colectiva: dignificar el hábitat desde el compromiso con lo público.
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En el plano pedagógico, se generan vínculos entre saberes diversos. Arquitectos dialogan con maestras, niñas y niños, estudiantes y vecinos. Los procesos de diseño se convierten en espacios de aprendizaje colectivo, donde el conocimiento técnico se cruza con la experiencia vivida, y donde la infancia deja de ser una categoría abstracta para convertirse en interlocutora activa del proyecto arquitectónico. En el plano cultural, el eje activa formas sensibles de apropiación del espacio. La construcción se vuelve celebración, las inauguraciones se convierten en fiestas comunitarias, el diseño se entrelaza con la memoria local, con los relatos del barrio, con las prácticas cotidianas de sus habitantes. El juego, el arte, la conversación y la música acompañan el proceso como lenguajes que expanden el sentido de lo arquitectónico. En el plano disciplinar, se plantea un desplazamiento profundo. Se invita a la arquitectura a repensarse desde otras escalas, otros tiempos, otras prioridades. Se cuestiona el adultocentrismo que muchas veces rige el pensamiento proyectual, y se abre paso a una mirada que reconoce en la infancia no un “destino” a proteger, sino una forma activa de estar en el mundo, de percibirlo, nombrarlo y transformarlo. Y en el plano institucional, el impacto es estructural. El CAE-P se compromete con una arquitectura que no se limita a producir objetos o a organizar eventos, sino que se piensa como agente activo en la construcción de ciudad. Al asumir este eje como columna vertebral, el Colegio no solo orienta sus proyectos hacia una causa ética y sensible, sino que también redefine su rol gremial: uno que escucha, que acompaña, que aprende junto a la sociedad a la que sirve. En todos estos planos, el eje se despliega como una apuesta por una arquitectura que se compromete con la vida. Que reconoce que transformar el espacio también es transformar las relaciones, las expectativas, las formas de habitar y de imaginar. Porque allí donde una niña o un niño encuentra un lugar que le da la bienvenida, que le permite jugar, explorar, construir y sentirse parte, allí también se está edificando una ciudad más justa, más generosa, más viva.
7. Articulación institucional: una columna vertebral para el CAE-P El eje “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” no se concibe como un programa aislado dentro del Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha. Al contrario: se propone como su columna vertebral, capaz de alinear, inspirar y vitalizar el conjunto de proyectos y plataformas que conforman la vida institucional del Colegio. Un eje estructural que no solo orienta, sino que también convoca a repensar el quehacer gremial desde una sensibilidad profunda hacia lo público, lo común y lo porvenir. Desde esta perspectiva, cada uno de los proyectos del CAE-P se articula con el eje “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” no
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desde una lógica de subordinación, sino desde la potencia de una mirada compartida: la de volver a lo esencial, a lo humano, a lo que conmueve. CEA – Centro de Estudios de Arquitectura El CEA acompaña este eje desde una dimensión crítica, reflexiva y formativa. Se convierte en el espacio donde las ideas germinan, donde la arquitectura se piensa como herramienta de transformación social desde las primeras edades. A través de seminarios, talleres, cursos y publicaciones académicas, el CEA promoverá investigaciones y procesos pedagógicos que visibilicen las infancias como interlocutoras válidas en el debate arquitectónico y urbano. El saber disciplinar se abre así al asombro, al juego, a los afectos, y se deja transformar por ellos. CIUQ – Centro de Investigación Urbana de Quito El CIUQ aporta una mirada territorial, sensible y situada. Desde su experiencia en el estudio de los tejidos urbanos, los procesos de transformación barrial y las prácticas espaciales cotidianas, contribuirá a mapear las realidades que habitan niñas y niños en la ciudad. Cartografías afectivas, diagnósticos urbanos colaborativos, observatorios del espacio público y ejercicios de lectura crítica del territorio serán algunas de las herramientas que el CIUQ pondrá al servicio del eje, permitiendo que el diseño arquitectónico y urbano se fundamente en una comprensión profunda de los contextos. Línea Editorial del CAE-P Este eje no se agota en el hacer: también quiere dejar memoria. La Línea Editorial se convierte en una herramienta esencial para documentar y difundir el proceso. No se trata solo de registrar, sino de narrar: contar lo vivido, lo descubierto, lo aprendido. Desde libros ilustrados hasta publicaciones académicas, desde bitácoras de taller hasta catálogos de exposiciones, este brazo editorial será clave para compartir el conocimiento generado, fortalecer el diálogo entre generaciones y construir una memoria viva, pedagógica y afectiva de la arquitectura comprometida con las infancias. Concursos del CAE-P Los concursos son una de las herramientas más poderosas del Colegio para activar el pensamiento proyectual. En el marco de este eje, se transformarán en plataformas que convoquen a pensar desde y para las infancias. No se trata solo de proyectar espacios “infantiles”, sino de cambiar la manera en que concebimos el diseño: abrirlo a otras escalas, a otros tiempos, a otras preguntas. Se incentivarán propuestas sensibles, lúdicas, ecológicas y profundamente humanas, que dialoguen con los territorios y con sus habitantes más jóvenes como verdaderos interlocutores del proceso. Foro de la Ciudad Desde su vocación como espacio de pensamiento urbano, el Foro de la Ciudad será un aliado fundamental del eje. Permitirá abrir discusiones sobre la planificación de nuestras ciudades desde una perspectiva intergeneracional, donde el espacio público deje de ser solo un lugar de tránsito o vigilancia y se convierta en escenario de juego, de cuidado y 20
de aprendizaje. Las reflexiones del Foro pondrán en el centro la pregunta por la justicia espacial y la equidad urbana, reconociendo que una ciudad pensada para niñas y niños es, en realidad, una ciudad más habitable para todas y todos. CAE-VISITA Este programa, que promueve el acercamiento vivencial a la arquitectura, adquiere una nueva dimensión al articularse con el eje. Se diseñarán visitas y recorridos especialmente pensados para niñas, niños, familias y escuelas, pero también para estudiantes y profesionales que quieran reaprender a mirar. Las casas, plazas, pabellones o edificios visitados no serán solo “obras” sino espacios que enseñan, conmueven e invitan a pensar. A través de la experiencia directa y del encuentro con lo construido, CAE-VISITA abrirá nuevas formas de educación arquitectónica desde el cuerpo, la emoción y el juego. MAE – Fundación Museo Archivo de Arquitectura del Ecuador El MAE custodiará los rastros materiales y simbólicos que este eje produzca. Pero más allá del archivo, se convertirá en un espacio activo de exposición, diálogo y reflexión sobre la arquitectura como acto cultural y memoria viva. Exhibiciones, ciclos de conferencias, muestras ilustradas por niños y niñas, archivos colaborativos y actividades interactivas permitirán vincular el legado arquitectónico del país con las nuevas generaciones. El MAE será así un puente entre pasado y porvenir, entre lo ya construido y lo aún por imaginar como lo ha venido siendo, articulando y fortaleciendo aún más su vínculo con la Arquitectura y la construcción de la ciudad. BAQ – Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito Como el evento más emblemático y de mayor proyección internacional del CAE-P, la BAQ encarna una oportunidad única para profundizar este eje. La Bienal 2026 asumirá “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” no como un tema decorativo o puntual, sino como eje conceptual desde el cual estructurar su programación académica, cultural y proyectual. Se organizarán concursos de pabellones lúdico-educativos, actividades intergeneracionales y diálogos entre arquitectos, niños, niñas y educadores. La BAQ será así el espacio donde las preguntas que nacen del juego, del asombro y del afecto se transformen en arquitectura. Una articulación sensible y estructural Esta articulación institucional no es únicamente operativa: es una forma profunda de cuidar el proceso. Porque un proyecto de esta envergadura no puede depender únicamente de voluntades individuales. Necesita ser sostenido por una estructura sólida que lo respalde, lo reflexione, lo critique y lo proyecte hacia el futuro. Que le dé continuidad sin perder su capacidad de asombro. Que le ofrezca rigor sin apagar su potencia poética.
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“ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias” se convierte en una brújula ética y conceptual para el Colegio. Un eje transversal que atraviesa lo gremial, lo académico, lo proyectual y lo urbano. Y que, en esa travesía, nos obliga a repensar no solo cómo construimos, sino para quién. Porque al poner a las niñas y los niños en el centro, no estamos hablando únicamente de las infancias sino de un abanico inmenso de posibilidades de construir las ciudades del futuro: más inclusivas y más dignas. Estamos hablando, con toda seriedad y cuidado, del presente que queremos habitar.
8. Inauguración y activación: la semana de la BIENAL BAQ 2026. Hablar de arquitectura para las infancias es, en el fondo, hablar de una arquitectura que se atreve a imaginar. Que se deja afectar. Que escucha antes de imponer. Que celebra antes de normar. Una arquitectura que se despoja de sus rigideces para abrirse al asombro, al juego, a la pregunta radical que una niña puede hacer frente a un muro, un vacío o un umbral. El Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha, al asumir este eje como estructura institucional, no solo renueva su vocación gremial. Reafirma su compromiso con el presente, con la ciudad y con las nuevas generaciones. Y lo hace desde la convicción de que la infancia no es solo un tema, sino una manera de estar en el mundo. Una forma aguda y potente de mirar, de imaginar, de transformar. Este eje no es el final de un camino. Es el principio de una conversación mayor. Una conversación que nos exige abrir las disciplinas, ensanchar los lenguajes, abandonar la falsa neutralidad técnica para volver a hablar, con emoción y con rigor, de lo que sentimos, de lo que soñamos, de lo que aún no construimos. Y para empezarla, tal vez lo primero sea eso: volver a mirar con ojos de infancia. Con ojos capaces de descubrir en la ciudad una posibilidad de juego, de libertad y de cuidado. Las bases para los concursos de los pabellones serán lanzadas en noviembre de 2025, como parte de la inauguración del año Bienal. Este evento marcará el inicio de una serie de propuestas transformadoras del espacio público de Quito. La semana Bienal en noviembre de 2026 pondrá a prueba los pabellones con la participación de arquitectos, estudiantes, diseñadores, niños, docentes y otros actores clave en un proceso común de reflexión y acción, donde la arquitectura se convierte en un vehículo para el encuentro, el aprendizaje y la creación.
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Aunque este eje trasciende los límites de un evento específico, será precisamente en la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito – BAQ 2026 donde alcanzará su momento de mayor intensidad simbólica y vivencial. Durante esa semana, la arquitectura se abrirá a la ciudad como experiencia, como pregunta y como acto compartido. La BAQ 2026 no será una clausura: será una gran inauguración pública del eje “ARQUITECTURA PARA SENTIR. Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias”. Durante esos días, se realizarán encuentros abiertos donde los procesos creativos de cada pabellón se compartirán con maestras y maestros, niñas y niños, estudiantes de arquitectura y vecinas y vecinos de cada barrio. Los arquitectos y arquitectas no solo mostrarán lo que hicieron: escucharán lo que sucedió, lo que se sintió, lo que aún falta. Se borrarán las jerarquías, y en su lugar aparecerá una mesa común donde todas las voces tengan lugar. La BAQ 2026 será, entonces, una constelación de experiencias vivas. Un espacio de apropiación urbana donde el espacio público se reconozca como territorio de aprendizaje, de encuentro y de alegría. Una celebración colectiva de la arquitectura como acto profundamente humano y profundamente político: como arte de imaginar lo común. Y quizá sea esa la mayor potencia de este proyecto: su voluntad de permanecer. Porque lo que se inaugura en la semana de la Bienal no se apaga con ella. Por el contrario, se multiplica en el tiempo. En los barrios, en las escuelas, en las plazas y talleres donde la arquitectura, tocada por la infancia, se vuelve más honesta, más abierta, más capaz de escuchar. Hablar de arquitectura para las infancias, en la BAQ 2026, es hablar de una arquitectura que nos compromete con lo esencial: con la ciudad que entregamos, con la sensibilidad que cultivamos, con la alegría que aún podemos construir.
9. Conclusión: la arquitectura como mediadora del presente Hablar de arquitectura para las infancias es, en el fondo, hablar de una arquitectura que se atreve a imaginar. Que se deja afectar. Que escucha antes de imponer. Que celebra antes de normar. Una arquitectura que reconoce en la infancia no una etapa por venir, sino una presencia lúcida y sensible que interpela nuestras formas de habitar, de construir, de cuidar. El Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha, al asumir este eje como estructura institucional, no solo renueva su vocación gremial. Reafirma su compromiso con el presente, con la ciudad y con las nuevas generaciones. Y lo hace no desde la condescendencia, sino desde la convicción profunda de que mirar la ciudad desde abajo, desde la escala del asombro, del juego, de la pregunta, puede reconfigurar nuestras certezas más arraigadas sobre lo que entendemos por espacio público, por derecho urbano, por arquitectura.
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Este eje no es el final de un camino. Es el principio de una conversación mayor. Una conversación que nos obliga a cuestionar lo establecido, a desdibujar las fronteras entre lo técnico y lo sensible, a imaginar nuevas formas de convivencia. Y para empezarla, tal vez lo primero sea eso: volver a mirar con ojos de infancia. Dejar que nos sorprenda lo que creíamos conocer. Reconocer, en esa mirada limpia y poderosa, la posibilidad de construir ciudades más justas, más abiertas, más vivas. Porque hacer arquitectura desde las infancias es, en última instancia, hacer arquitectura para todos. Es proyectar un futuro que no repita las exclusiones del pasado. Es sembrar, con cada línea, cada muro, cada sombra, una promesa de dignidad compartida. Al hacerlo, nos alineamos de forma concreta con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: proponemos ciudades y comunidades sostenibles (ODS 11) donde el espacio público sea accesible, inclusivo y pensado para todas las edades, trabajamos por la igualdad de género (ODS 5) al reivindicar los cuidados, las sensibilidades y las perspectivas que históricamente han sido relegadas en el diseño urbano, y entendemos la ciudad como un lugar que educa (ODS 4), donde cada plaza, calle o pabellón puede convertirse en una experiencia de aprendizaje, de juego, de ciudadanía.
En esta convergencia entre lo sensible y lo estructural, entre lo proyectual y lo pedagógico, es donde la arquitectura revela su poder transformador. Y donde el gremio encuentra una oportunidad única para renovar su sentido y su papel en la sociedad y su motivación para sentirse ORGULLOSOS DE SER ARQUITECTOS.
ARQUITECTURA para sentir
Volver a lo esencial a través de la mirada de las infancias