VELÁZQUEZ VISTO POR CARMEN GARRIDO
El Centre d’Art d’Època Moderna (CAEM) de la Universidad de Lleida acaba de publicar un libro póstumo de la Dra. Carmen Garrido, directora del Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado de 1980 a 2015, titulado Velázquez. El fluir expresivo de su pintura. Tiene 375 páginas profusamente ilustradas y es bilingüe, español e inglés. El libro ofrece 15 penetrantes estudios sobre 15 obras –8 de ellas inéditas– de Diego Velázquez (Sevilla 1599-Madrid 1600). Un verdadero gozo haber podido trabajar para Carmen Garrido. Una suerte haber estudiado a Velázquez cobijados a la sombra de su incomparable ojo clínico y analítico. Debe precisarse que algunos de estos estudios ya fueron publicados antaño por Carmen Garrido en diferentes textos y revistas especializadas, pero se ofrecen ahora revisados y profundamente ampliados por la autora, y con un aparato gráfico mucho más preciso y consistente. Ahora se comprende todo mucho mejor. Otros estudios, en cambio, son completamente inéditos y fueron finalizados días antes de su triste e inesperado fallecimiento el 8 de diciembre de 2020. A la postre, los quince estudios ilustran muy bien, como se ha dicho, el singular y penetrante modo perceptivo y analítico que exhibe su autora ante la pintura de uno de los mayores genios de la historia del arte universal.
El almuerzo
Cabeza de muchacha
San Francisco en oración
Retrato de un clérigo
1
El Centre d’Art d’Època Moderna (CAEM) de la Universidad de Lleida ha preparado con suma pulcritud la edición de este libro, que se ofrece aquí como un signo claro de homenaje y gratitud a Carmen Garrido, quien, en los últimos años de su vida, asumió la codirección científica del CAEM y colaboró eficazmente con todos y cada uno de los investigadores de este centro de la Universidad de Lleida: http://www.caem.udl.cat/. ¡Cuánto hemos aprendido con Carmen Garrido!
El inquisidor Don Sebastián García de la Huerta
Don Manuel de Fonseca y Zúñiga, VI Conde de Monterrey
Santa Rufina
Es verdad que todos los estudios de este libro, uno por uno, sorprenden y son fascinantes, pero quizá destaca de un modo especial el feliz descubrimiento (o redescubrimiento) de una versión inédita del Príncipe Felipe Próspero de colección particular, óleo sobre lienzo, 144’2 x 104’1 cm, pintado hacia 1659; se trata de una versión idéntica a la que se conserva en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Sorprendente. Se sabe que el sabio profesor Diego Angulo (1901-1986) ya vio esta espléndida obra muy al principio de los años 70 del siglo XX, completamente travestida de Carlos II, y ya entonces le pareció intuir que la mayor parte de los estilemas de Diego Velázquez habían sido camuflados por alguien (presumiblemente su yerno y pintor Juan Bautista Martínez del Mazo), quien a los pocos años de fallecer el 2
El príncipe Felipe Próspero (antes de la restauración)
príncipe Felipe Próspero, el 1 de noviembre de 1661, ya sin un rey culto y con un alto criterio artístico (Felipe IV), y tampoco sin ese extraordinario pintor áulico que fue Velázquez, ambos fallecidos, repolicromó la obra y la convirtió, de un modo inmisericorde, en un extraño retrato a medio camino entre el fallecido Felipe Próspero y su hermano y nuevo heredero del trono español, Carlos II, a la edad de 5 años. Un verdadero e incomprensible pastiche. ¿Cómo pudo hacerse tal agresión?
El príncipe Felipe Próspero (radiografía)
El príncipe Felipe Próspero (fotografía infrarroja, IR)
El príncipe Felipe Próspero (después de la restauración)
Afortunadamente, la obra, tras años de profunda investigación realizada por la Dra. Garrido, recaló en las instalaciones del CAEM en el Parque Científico de la Universidad de Lleida (junio de 2021), donde finalmente pudo ser examinada con medios oculares y técnicos de alta precisión analítica (especialmente las pruebas de la fotografía infrarroja y una penetrante radiografía que proporcionaba una información única). En junio de 2021 comenzamos a disfrutar. Día a día contemplábamos este príncipe trucado o manipulado. Como se ha comentado anteriormente, Garrido falleció inesperadamente el 8 de diciembre de 2020, y desde entonces los investigadores del CAEM nos hemos limitado a desarrollar las voluntades de su indeficiente testamento científico, es decir, a culminar este estudio, tal y como ella lo había pensado y nos lo había indicado en sus escritos y fecundos coloquios sobre este enigmático Felipe Próspero. Carmen Garrido siempre vio mucho más; ese era nuestro punto de partida. Finalmente (1 año de trabajo en silencio), y eso es lo más importante, gracias al buen olfato de Garrido y a su singular percepción de la pintura, se ha rescatado un eslabón, hasta ahora desconocido, que contribuye a una mejor comprensión de un oculto, y por tanto inédito príncipe Felipe Próspero, una obra que a fecha de hoy enriquece enormemente el rico catálogo pictórico de Diego Velázquez. 3
Es verdad que el aludido repolicromado (entiéndase esto como una deliberada y muy poco comedida intervención, repintando, sin más, encima de una obra original de Velázquez) agredió, mitigó y disminuyó la rutilante frescura y algunas sutilezas de los acabados de la primigenia versión velazqueña, pero, a la postre, ha sido enormemente gratificante descubrir y comprobar que, gracias a la sabia intuición de Carmen Garrido, se nos ha permitido eliminar ese indebido repolicromado y culminar con éxito un interesante descubrimiento para la historia del arte universal. Poco a poco, siguiendo las concretas instrucciones que en vida nos dio Carmen Garrido, y con una gran paciencia y meticulosidad, amén de con un rigor profesional intachables, las restauradoras del Departamento de Restauración del CAEM (Parque Científico de la Universidad de Lleida), Ana Villalba y Salut Díez, rescataron y devolvieron a la vida un precioso príncipe Felipe Próspero, pintado por Velázquez, el cual había permanecido incomprensiblemente semioculto durante más de 350 años. Villalba y Díez nos descubrieron, por ejemplo, la posición absurda e inverosímil del brazo y mano izquierdos en jarra del errático Carlos II, a la vez que comprobaban que debajo de un amplio y rígido casacón de ejecución excesivamente dura, rígida y hierática, emergía el delgado y sutil cuerpecito del príncipe Felipe, tal cual fue primigeniamente concebido por Velázquez, y tal y como lo vemos en la idéntica versión que se conserva en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Es muy posible, incluso, que la versión descubierta por Garrido sea algo anterior a la de Viena. Lo delata la diferenciada franja superior de unos 10 cm, que se convierte en un indicio claro e inequívoco de muchas pinturas del genio sevillano. Al ir retirando con sumo tiento, paso a paso y centímetro a centímetro la capa de ese indebido y extraño repolicromado, se redescubría una obra de Diego Velázquez increíblemente fascinante. El gracioso príncipe Felipe permanecía incólume debajo del Carlos II y pedía a gritos volver a formar parte de la densa historia de la monarquía española del siglo XVII, y, sobre todo, de la apasionante historia de la pintura universal del siglo XXI. Es necesario advertir que, en el proceso de esta lenta, velada y compleja recuperación, no sólo fue capital la citada intuición de la Dra. Carmen Garrido, sino, también, la valiosa información aportada por la radiografía; su observación pausada resultó providencial. En ella se contenía y se percibía todo. En este sentido, perfectamente podríamos concluir que las buenas radiografías facilitan mucho, y bien, el avance investigador de una adulta y contrastada, como debe ser, historia del arte del siglo XXI. Y así fue como continuó el lento y sacrificado rescate de nuestro querido príncipe; así se fraguaba el milagro. Villalba y Díez, a menudo con incontenidas lágrimas a medio camino entre una indescriptible tensión y una desbordante alegría, proseguían el arduo y meticuloso rescate; fueron más de 10 meses de paciente, sacrificado y silencioso trabajo. Una indiscutible lección de generosidad y de verdadera fe en el buen e incólume rigor científico colegiado, codo a codo con los historiadores del arte del CAEM. Y así, poco a poco, se recuperaba, por ejemplo, con suma pulcritud, el elegante y sinuoso faldón de seda blanca del príncipe Felipe, repleto de seductoras cadencias, transiciones y 4
sabias volumetrías plásticas que superaban con mucho la rigidez de los amplios calzones y las abultadas botas que le habían repolicromado a nuestro principito; algo completamente indebido. Eran unas botazas más propias del teniente Willen van Ruytenburch de la Ronda de Noche de Rembrandt, que de nuestro delicado y frágil príncipe Felipe. Y así, de nuevo muy poco a poco, se recuperaban hasta los diminutos amuletos de azabache o la típica campanilla de oro que ahora podemos observar colgando impolutos de la fina indumentaria de nuestro tierno principito; recordemos que los amuletos y las campanillas se disponían en la España del XVII para ahuyentar con su presencia y su sonido a los malos espíritus que se cernían sobre el frágil estado de salud de los niños enclenques, en este caso, el delicadísimo y enfermizo príncipe Felipe. Todos estos elementos han emergido milagrosamente, amén de los elocuentes y vidriosos ojos de la tierna y peluda perrita monárquica que aparece sobre una silla, a la izquierda, de nombre Isa, y que ahora se exhibe con la verdadera enjundia y magia creativa del pincel de Velázquez. Gracias, pues, a la pulcra y profesional intervención de las citadas Villalba y Díez, se ha recuperado el primigenio esplendor del príncipe Felipe Próspero tal cual lo pensó y ejecutó Velázquez. Y esto permite reconocer y apreciar, por ejemplo, una de las cabecitas infantiles más primorosas de la historia de la pintura occidental. Recuperar dicha efigie, preciosa e idéntica a la versión del museo de Viena, fue el último deseo de la Dra. Garrido, lo que en verdad se ha conseguido, ciertamente a título póstumo, tras meses de concienzudo trabajo en el Parque Científico de la Universidad de Lleida. La verdad es que todo lo recuperado en este sorprendente lienzo ha resultado ser como un inesperado y bienvenido milagro para la historia de la pintura universal. De hecho, los investigadores y restauradores del CAEM se sienten muy satisfechos de haber contribuido a la recuperación de este espléndido Felipe Próspero de Velázquez.
Examen de la radiografía
Proceso de restauración
Proceso de restauración 5
Al fin y al cabo, este es el mínimo homenaje que se merecía la Dra. Garrido, después de 5 años codirigiendo los derroteros científicos de este acreditado centro de investigación pictórica de la universidad española. Otros concienzudos y sabios estudios sobre Velázquez completan este imprescindible libro; por ejemplo, los dedicados al Almuerzo (inédito), Pichones de Paloma, Retrato de caballero (inédito), San Francisco en oración (inédito), Retrato de un clérigo (inédito), Don Manuel de Fonseca y Zúñiga, VI Conde de Monterrey (inédito), o un precioso San Antonio Abad también inédito. Todas estas obras destilan una suerte de estilemas velazqueños verderamente sorprendentes. Impecablemente explicados por Carmen Garrido.
Ximo Company Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Lleida. Director del CAEM. 8 de junio de 2022
6