CORAZONES NAVIDEÑOS
Hola a todos, me llamo Aria, otro año más se va acercando la Navidad, mi época favorita del año, es verdad que muchas personas viven este momento con mucha angustia, porque recuerdan a los seres queridos que ya no están, pero no me voy a centrar en los momentos tristes, hoy vengo a contaros mi historia.
Nos remontamos al año 2000, Samuel y Elena, una pareja de enamorados que decidieron tener su primer hijo, y aquí llego yo, nací un 12 de diciembre, mi madre sufrió mucho en el parto, ya que tenía una enfermedad muy rara, en todo momento mi padre estuvo a su lado, tras dos semanas ingresada, ella no pudo superarlo y murió quedándose mi padre solo, fue un año muy complicado para todos, pues era Navidad y no era igual sin mi madre.
Fueron pasando los días y los años, en mi casa nunca se había celebrado Navidad, porque era un momento de recordar a mi madre realizando una oración en su honor Además, a mi padre no se le veía con muchas ganas. Pero esta “pequeñaja” como me llamaba él, empezó el colegio con dos años y cuando tuve un poco más de conciencia, mis profes me enseñaron villancicos y me presentaron a los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar. Mi favorito desde siempre fue Melchor, recuerdo muy bien que con cinco años les pedí algo por primera vez. El 6 de enero fui corriendo hasta llegar al árbol de navidad, debajo había un regalo, era un oso de peluche enorme, recuerdo especialmente estas navidades ya que fueron las primeras que celebré.
Tras unas cuantas navidades, mi padre conoció a la que sería mi madrastra, Sofía. Yo siempre había soñado con un hermanito pequeño, año tras año se lo pedía a los Reyes Magos y para que se cumpliera, les dejaba dulces navideños y unas coca-colas en la mesita de al lado del árbol. Y por fin lo conseguí, en enero de 2010 llegó mi hermanito, también elegí su nombre, porque me hacía mucha ilusión, le llamé Mateo, como mi personaje favorito de la serie de la época.
Cuando nació mi padre me dijo que era un niño muy especial y yo eso no lo entendí hasta que me hice un poco más mayor. Mateo fue diagnosticado con síndrome de Down, en ese momento yo no tenía ni idea de que era eso, pero me dio igual, yo sabía que le iba a querer y cuidar muchísimo, ya que como decía mi padre, tenía que hacer de hermana mayor. Recuerdo perfectamente las siguientes navidades, se celebraron con mucha más alegría y Mateo y yo no parábamos de sonreír.
Mi hermano cumplió cinco años y escribió su primera carta, fue un momento muy emocionante (aunque no lo podría haber hecho sin mi ayuda), deseaba con ansia que los reyes le trajeran un coche de bomberos de juguete, porque siempre decía que él quería ser bombero. Yo, poco a poco, me iba dando cuenta de su enfermedad, sabía que no era nada malo, yo lo trataba con toda la normalidad del mundo, pero sabía que mucha gente no iba a tratarle como yo y que quizá se meterían con él, pero yo eso no lo iba a permitir.
Cada año que pasaba yo iba dedicando más tiempo a decorar la casa con adornos navideños, también era una “cocinitas” y preparaba un montón de platos, y como siempre, Mateo y yo teníamos la tradición de jugar a su videojuego favorito.
Al cumplir mis 18, decidí que debía ayudar a la sociedad de alguna forma, pensé en organizar una fundación, pero mi padre decía que era una idea un poco loca y que lo primero que tenía que hacer era estudiar. Tras un año un poco estresante, sabía que mi destino iba a estar lejos de mi hermano, por eso, en verano nos fuimos de vacaciones a Italia, al volver, ya había decidido que iba a estudiar, desde muy pequeña me llamó la atención la enfermedad de mi hermano y pensé que lo mejor era dedicarme a estudiar esa y muchas otras enfermedades y con esto me podría acercar a mi verdadero sueño. Entré en medicina en la universidad de Oviedo, esto me permitió seguir viendo a mi hermano casi todos los fines de semana.
En mi familia seguía siendo una tradición celebrar la Navidad a lo grande, hacíamos viajes a la nieve, visitamos un montón de mercados navideños… Mi hermano no tenía ningún problema en el instituto, se adaptó muy bien y yo le ayudaba siempre que podía, además seguíamos haciendo la carta a los reyes juntos.
Al tercer año de carrera, hablé de mi proyecto a una amiga, la conté que cuando yo era pequeña me perdí unas cuantas navidades y que al crecer supe que esta festividad era muy importante, nadie se la podía perder. Además, yo era consciente de que muchas familias no se podían permitir los gastos que supone o incluso algunas no saben de la existencia de la Navidad. Mi amiga estaba de acuerdo conmigo, tras unos cuantos meses de lluvia de ideas decidimos crear una “mini” fundación, a la que llamamos “Corazones navideños”. Al principio contábamos con cuatro familias necesitadas, nosotros les aportábamos lo necesario y los pequeños de la familia se podían quedar con nosotras a realizar talleres relacionados con la Navidad.
Pero “Corazones navideños” llegó a muchas personas, después de entrevistarnos en la televisión local, muchas familias acudieron a nosotras, hicimos felices a muchas, pero sobre todo a los niños. En el año 2021 éramos casi 200 familias, ampliamos nuestra fundación para poder albergar a más, fuimos creciendo poco a poco y a día de hoy seguimos proponiendo ideas para mejorar esta fundación.
Realmente creo que es lo mejor que pude hacer, porque tanto en mis estudios como en la fundación, soy completamente feliz, no hay palabras para explicar la satisfacción que recibo cuando veo que un niño abre sus regalos de navidad, o cuando simplemente un paciente me dedica una sonrisa cuando voy a hacer prácticas. Espero poder dedicarme a esto durante muchos años más y ayudar a todo tipo de personas.
María Hevia Sáez 2º BACHILLERATO – Colegio Filipense “Blanca de Castilla”