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REVISTA Antropología biológica en Chile: Fuimos, somos y seremos. (Primera Edición)

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Revista Bioantropológicamente Hablando

Antropología biológica en Chile:

Fuimos, somos y seremos.


Equipo

Comité Editorial

Equipo Bioantropológicamente Hablando Bastián Escobar Camila Fournier Mauricio Berríos Sebastián Aguayo Javiera Ruminot Javiera Araya Margarita Reyes Nicolás Olivares María José Rubio

Diseño

Consuelo Miranda

Créditos portada

Silvia Quevedo y María Loreto Solé en el laboratorio de Antropología Física del Museo Nacional de Historia Natural. Gentileza de Silvia Quevedo. Primera Edición Abril 2022

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Editorial

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omo equipo de Bioantropológicamente Hablando les damos una cordial bienvenida al primer número de esta revista cuya misión es difundir la labor de la Antropología Biológica en Chile. En esta oportunidad queremos exponer brevemente sobre un tema que ha resonado en nuestra disciplina durante los últimos años, sobre todo ahora en momentos que vivimos un cambio constitucional en el país. Nos referimos al concepto de patrimonio bioantropológico y los alcances que tiene nuestra disciplina sobre éste. En un documento presentado el 2015, la Sociedad Chilena de Antropología Biológica (SOCHIAB) definió al patrimonio bioantropológico como el conjunto de bienes tangibles e intangibles, tanto pasados como presentes, a los que se les otorga un valor científico y social. Esto incluye al cuerpo humano, sus tejidos, fluidos, materias derivadas de sus funciones, patógenos que lo afectan, parásitos que lo colonizan, tratamientos mortuorios, recuperación, registro, estudio y conservación. Más allá de la materialidad, el cuerpo humano y el patrimonio derivado de éste son un puente hacia la vida, la muerte, la salud, la enfermedad y el trabajo de seres humanos tan vivos como nosotros, quienes sintieron, rieron, lloraron, jugaron, se enamoraron y existieron en un contexto tan propio como el nuestro. El respeto por estos seres humanos pasados y sus vidas es un pilar esencial en nuestra labor como antropólogos y antropólogas físicas, junto con la defensa y protección de estos vestigios que hemos rescatado y que debemos conservar. El patrimonio bioantropológico contiene información valiosa para conocer nuestra historia y la de nuestros ancestros, por lo tanto, el estudio de los restos del pasado es crucial para entender parte de la historia y de la evolución de nuestra especie. Es por esto que

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como revista, lamentamos profundamente la no inclusión hasta ahora del concepto de patrimonio bioantropológico en la nueva Ley de Patrimonio y su reglamento respectivo, a pesar del extenso trabajo realizado por la Comisión de Patrimonio de la SOCHIAB en distintas instancias y en conjunto con diferentes entidades. De la misma manera, como antropólogas y antropólogos físicos debemos preguntarnos por qué defendemos este patrimonio, por qué decidimos conservarlo y si está dentro de nuestras atribuciones ser “guardianes” de este patrimonio. Cuando se trata de cuerpos cuyos descendientes reclaman, ¿quiénes somos nosotros para apropiarnos de ese reconocimiento? Estos cuestionamientos interpelan de frente a nuestra disciplina y a su historia, a la teoría y a la práctica de la misma, por lo que además de plantear que el Estado se haga cargo de reconocer el patrimonio bioantropológico, como profesionales de la antropología física también debemos hacernos cargo de nuestro deber con las comunidades y cuidarnos de caer en el extractivismo académico, trabajando en pro de una relación democrática y participativa que nos permita seguir ejerciendo y realizando nuestras investigaciones sin pasar a llevar los intereses de aquellas comunidades cuyos ancestros y sitios sagrados han sido transgredidos históricamente. Como equipo de la revista, hacemos un llamado a todas/os nuestras/os colegas a reflexionar en torno a lo planteado, puesto que es importante mantenerse informados y poder ampliar las miradas sobre estos temas. Les invitamos a hacernos llegar sus comentarios y reflexiones, ayudando a esta revista a nutrirse de la diversidad de opiniones dentro de nuestra comunidad.

Equipo Bioantropológicamente Hablando

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¿De cuántos temas se pueden opinar sobre antropología biológica? La disciplina que nos apasiona, porque desde ella nos prometieron poder aportar en problemáticas relevantes, desde conocer el pasado a través de cuerpos en diversos estados de conservación, desde lo micro a lo macro, hasta darle una luz de esperanza a familiares y seres queridos de víctimas de violación a los Derechos Humanos, de ayer y hoy. Aportar desde la docencia, la investigación, lo aplicado. Al parecer hay mucho por hacer, siempre hay tanto por hacer, pero, ¿a qué costo? ¿cuánto de ese hacer es posible? Una de las principales problemáticas que identifico hoy es que no existe el trabajo ideal, porque nos enseñaron a capitalizarlo todo, el tiempo, nuestrxs cuerpxs, ideas y conocimientos, entonces, ¿cuándo mi futuro laboral será exitoso?, ¿cuándo tenga un sueldo ostentoso? ¿cuándo trabaje, pero a la vez pueda disfrutar de mis seres queridos y tiempo? ¿cuándo sea académicx, reconocide en el medio disciplinar, escriba muchos artículos y sea famose? ¿es posible todo a la vez? Tuve la oportunidad de trabajar en el proyecto del Cementerio Parroquial de Penco desde el año 2010, aportando con voluntariado hasta el día de hoy. Los primeros años fueron difíciles, frustrantes, trabajé en lo que fuera para continuar, y esa práctica no ha dejado de ser una constante en mi carrera. Hoy soy parte del Equipo Chileno de Antropología Forense y DDHH (ECHAF)- gran logropero parte importante del trabajo sigue siendo voluntario. Entonces, nos embarcamos en la dicotomía de que no todo lo que hacemos es trabajo remunerado, o no todo el trabajo remunerado es la antropología biológica que pensamos realizar, que idealizamos. Varios años me esforcé por un puesto académico, que no obtuve –de ahí aprendí a valorar mi salud mental-. Luego han venido años de trabajo en impacto ambiental, asesorías, docencia, antropología

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Columna de Opinión social, en definitiva, aprender de las oportunidades, incorporar experiencias y buscar un equilibrio en el aprender haciendo. El camino de la antropología biológica es uno de tantos, y si observamos otros contextos, en general las disciplinas encasilladas en las ciencias sociales o de interés humanitario, no suelen correlacionarse con disciplinas rentables. Por fuera del mercado laboral existen problemáticas en las que la institucionalidad no da abasto o no se hace responsable, y desde donde la antropología biológica es útil para contribuir con la comunidad y sociedad, pero a través de figuras como el activismo y voluntariado. No somos la única disciplina, y son muchas las problemáticas, desde Derechos Humanos, ambientales, migración, patrimonio cultural, entre otros. Entonces el mensaje es que nos cuidemos, que valoremos nuestro tiempo, construyamos y hagamos parte de entornos laborales saludables, fortalezcamos las redes que nos vinculan, defendamos el ideal y compromisos por los cuales nos embarcamos en esta disciplina, porque nacimos para morir, y en el intertanto, lo que hacemos con ese tiempo que nos haga mejores personas y sea un aporte a nuestra comunidad.

Erika Reyes Baeza

Antropóloga independiente Miembro ECHAF (Equipo Chileno de Antropología Forense y DDHH)

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¿Qué es la Antropología Biológica?

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a Antropología biológica es una disciplina que comprende el estudio de la humanidad, como seres evolutivos que coexisten con la naturaleza, con su medio en donde a su vez se va adaptando a esta realidad natural, siendo seres sociales, creando comunidad, adaptándose a su entorno y transformandolo, es así, que a través del diario vivir, surge la cultura, la cual estudiamos. El apellido de la disciplina ”biológica”, de las raíces griegas Bio = vida y Logía = ciencia, se puede leer como ”la ciencia que estudia la vida”, es así que mediante esta línea investigativa, la antropología busca comprender al ser humano y a la humanidad, a través de su ser corpóreo, de sus huesos, de sus procesos evolutivos, de sus formas de entierro, de su genética, de su morfología, de su dieta, entre otras tantas aristas.

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¿Quiénes somos y qué buscamos?

sta revista nace como una iniciativa desde la Sociedad Chilena de Antropología Biológica (SOCHIAB), en dónde a través de un llamado público a la participación de este proceso, se logra concretar dicha propuesta, conformándose un equipo multidisciplinario de colaboradores, aportando desde las distintas áreas y visiones en post de la difusión/ divulgación de las ciencias hacia todo quién lo desee. Es por esto que como equipo y cómo revista se tiene el objetivo de difundir el quehacer de la antropología biológica en Chile a través un novedoso espacio dirigido hacia colegas, estudiantes, disciplinas afines y público general, por medio de un formato accesible, en donde a través de la publicación cuatrimestral de este medio, poder aportar a la libre difusión-divulgación del conocimiento.

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Hitos relevantes en la historia de la antropología biológica en Chile

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a bioantropología chilena tuvo un período pre-científico que terminó en 1882 con la publicación de Los Aborígenes de Chile de José Toribio Medina, siendo la primera publicación antropológica chilena de relevancia, y que da inicio a esta línea de tiempo. Se puede considerar que dicho período comenzó en el siglo XVI, cuando los españoles llegaron al territorio chileno y comenzaron a describir a las poblaciones

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locales, como Pedro de Valdivia (1545-1552), Gerónimo de Bibar (1558), Alonso de Góngora Marmolejo (1575) y Mariño de Lobera (1594). Sin embargo, el inicio de estudios más sistemáticos sobre los grupos indígenas se produjo a partir del siglo XIX, cuando se realizaron diversas expediciones científicas que llegaron principalmente al sur y extremo sur de Chile, donde se llevaron a cabo los primeros estudios antropométricos. Algunos ejemplos son las expediciones de Darwin (1831-1836), Fitzroy (1841) y La Romanche (1882-1883).

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La antropología biológica como carrera universitaria en Chile Por: Margarita Reyes Madrid y María José Rubio Ulloa

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a antropología en Chile es una disciplina con un desarrollo científico reciente. A inicios del siglo XX, la antropología estuvo subordinada a los intereses de otras áreas científicas hasta que fue instaurando su propio campo de investigación. Con el creciente interés por los fenómenos biológicos y socioculturales en el país, se promovió el desarrollo académico de esta disciplina. En la década de los 50’ inició el proceso de institucionalización de la antropología en la Universidad de Chile, mientras que en la Universidad de Concepción esto ocurrió en los años 60’. A continuación se hace una revisión del desarrollo de la antropología biológica en las dos universidades chilenas donde ha existido como especialidad de formación profesional bajo el nombre de Antropología Física. El propósito es dar a conocer los principales hitos, personas y circunstancias que permitieron el establecimiento de la antropología biológica como disciplina en la Universidad de Concepción y la Universidad de Chile.

La antropología en la Universidad de Concepción: una pionera olvidada La historia de la antropología en la Universidad de Concepción tiene una profunda pero desconocida riqueza. No es de extrañar que tanto el centralismo como los procesos históricos ocurridos durante la segunda mitad del siglo XX hayan dejado gran parte de esta historia en el olvido. En esta reseña se recorre brevemente esta historia, basándose en una entrevista al Dr. Pedro Andrade, académico de la carrera de Antropología de la Universidad de Concepción, y un trabajo del 2014 de Pedro Andrade, Noelia Carrasco y Rodrigo Herrera. Estos académicos dividen la trayectoria de la Antropología en la Universidad de Concepción en cinco grandes etapas:

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I. Antesala (1923 – 1964) Se caracteriza por investigaciones antropológicas bajo el alero de otras disciplinas como biología, medicina y geología, destacando Carlos Henckel, Alejandro Lipschutz y Carlos Oliver Schneider. Fue este último quien inauguró la primera cátedra de antropología y arqueología a nivel nacional llamada “Los indios de Chile” en 1934. Sin embargo, los primeros atisbos de esta idea se pueden trazar en una carta escrita por Oliver Schneider a Augusto Capdeville, manifestando su voluntad de crear una cátedra de arqueología y antropología. Junto con Carlos Oliver Schneider, Ottmar Wilhelm y Alejandro Lipschutz fundaron la Sociedad de Biología de Concepción, bajo la cual se publicó el grueso de los trabajos de bioantropología de la zona.

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Entre las investigaciones realizadas por los “protoantropólogos” de esta etapa, destacan los trabajos de arqueología y paleontología de Carlos Oliver Schneider en la región del Biobío, las investigaciones de Alejandro Lipschutz sobre grupos sanguíneos de indígenas del extremo sur, y los trabajos de Ottmar Wilhelm sobre Rapa Nui, aportando colecciones bioantropológicas al futuro Centro de Antropología, las cuales aún permanecen en las dependencias de la carrera. La figura de Carlos Henckel es quizá la más influyente en lo que respecta a investigaciones de antropología biológica en esta época, participando en publicaciones y congresos a nivel internacional a partir de sus múltiples investigaciones en craneometría, histología, seroantropología y osteología en distintas poblaciones arqueológicas y modernas del país.

II. Institucionalización (1964 – 1973) La creación del Centro de Antropología y Arqueología en el año 1964 marca el inicio del período de institucionalización de la antropología en la Universidad de Concepción, constituyendo un espacio de investigación y docencia a través de cursos introductorios sobre antropología en el Plan General de Estudios de la Universidad. Una figura relevante en este período es Zulema Seguel,

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Recorte de diario sobre Centro de Antropología y Arqueología. 22


quien asumió la dirección del Centro. Las investigaciones de Seguel tuvieron gran importancia para la formación de la arqueología en la zona, y el rescate de material bioantropológico y arqueológico de sus múltiples excavaciones enriqueció las colecciones de la carrera hasta el día de hoy. En 1968, el Centro de Antropología y Arqueología se transformó en el Instituto Central de Antropología, formalizándose la enseñanza de la Antropología en dos líneas, Antropología Social y Arqueología y Prehistoria. Al mismo tiempo la fundación de la revista Rehue fortaleció la antropología penquista como un espacio de creación de conocimiento y difusión de la disciplina.

III. Antropología en Dictadura (1973 – 1989) Luego del golpe de Estado los militares tomaron el control de la Universidad y el Instituto de Antropología fue intervenido por lo que se destituyó a Zulema Seguel como directora, siendo reemplazada por Hugo Witting, titulado de la carrera y funcionario encubierto de la Policía de Investigaciones. El departamento de Antropología Cultural cierra, quedando solamente el departamento de Arqueología y Prehistoria. Algunos de los docentes son trasladados a centros de detención, mientras que otros son expulsados del país. En 1975 se cierra el Instituto, quedando el departamento de Antropología que también desaparecería al año siguiente. Así, la carrera pasa a formar parte de otra facultad, cerrándose en 1976 el ingreso de alumnos. Éste se reabrió en los años 1978 y 1979, sin embargo, la carrera cerró definitivamente en el año 1980. En 1987, un grupo de profesores hizo el intento de reabrir la carrera de Antropología, planteándola como un proyecto asociado al desarrollo y modernización regional con programas de posgrado, sin embargo, este proyecto fue rechazado. En 1988, se volvió a plantear la reapertura de la carrera, pero esta propuesta tampoco fue fructífera.

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IV. Entre Dictadura y Democracia (1990 – 2004) En esta época, se crea la Facultad de Ciencias Sociales luego de su separación de la Facultad de Humanidades y Artes. La enseñanza de la antropología se ve reducida a prestaciones a distintas carreras y programas de posgrado. Es en esta etapa también que alumnos rezagados durante la dictadura fueron reincorporados a la Universidad para poder titularse definitivamente. En el año 2001, nuevamente se intenta proponer la reapertura de la carrera, propuesta que por tercera vez fue rechazada. Si bien la antropología se encontraba presente en distintos espacios de la Universidad, estaba reducida al mínimo sin poder desarrollarse ni volver a recuperar el esplendor de los años anteriores a la dictadura.

V. Reinstitucionalización (2004 – actualidad) En 2004, se aprueba la reapertura de la carrera bajo el alero de la Facultad de Ciencias Sociales. En el año 2006 abre formalmente, estando dentro del Departamento de Sociología y Antropología. La malla curricular se articula a partir de dos grandes ejes de enseñanza, antropología social y antropología física, complementadas por arqueología y lingüística. A partir del 2010 se empiezan a impartir dos menciones. Así, los egresados de la carrera podían egresar como Antropólogo con mención en Antropología Física y Antropólogo con mención en Antropología Sociocultural, títulos profesionales que se mantienen hasta el día de hoy. En el año 2014, se disuelve el departamento de Sociología y Antropología quedando Sociología como su propio departamento, estando Antropología fuera de ésto. Es a partir de este año que la decadencia de la carrera comienza a hacerse patente, viéndose limitada en recursos e infraestructura

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a pesar de las importantes movilizaciones llevadas a cabo para mejorar las condiciones de la carrera, sobre todo desde la antropología física. Desde 2016, la precarización del cuerpo académico deja a la carrera de Antropología como una sombra de lo que alguna vez fue, alienada de su historia producto de la burocracia y la falta de voluntad de las altas autoridades de la facultad. Diversas generaciones de estudiantes han intentado luchar por mejorar la carrera, pensando siempre en las generaciones futuras, sin embargo, hasta la actualidad esto no ha rendido frutos. Es imperativo que las y los estudiantes de Antropología de la Universidad de Concepción conozcan la historia de su carrera y se enorgullezcan de ella, pero que además evalúen de forma crítica su situación actual y puedan ser la masa crítica que la disciplina necesita para poder salir del estancamiento en que ha estado durante los últimos años. Se espera que esta reseña pueda aportar en la recuperación de esta memoria y que inspire a las y los estudiantes a continuar el trabajo y la lucha que varias generaciones de antropólogas y antropólogos dejamos atrás.

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La antropología física en la Universidad de Chile: un desafío histórico El inicio de la institucionalización de la antropología en la Universidad de Chile se remonta a la década de los 50’ con la creación del Centro de Estudios Antropológicos, aunque la especialidad de antropología física todavía estaba lejos de convertirse en una carrera formal en el país. En esta reseña se presentan los principales hitos y procesos del desarrollo de la antropología biológica en la Universidad de Chile, basándose en una entrevista al profesor Eugenio Aspillaga, creador de la mención de antropología física y académico de esta institución. En 1954 se fundó el Centro de Estudio Antropológicos, unidad dedicada a la disciplina siguiendo los lineamientos de la antropología norteamericana, que considera una visión integradora de las distintas menciones: antropología sociocultural y etnología, arqueología y antropología física. Funcionando bajo el alero de la Facultad de Filosofía y Humanidades, el centro estuvo al mando de 3 directores. Richard Schaedel, antropólogo norteamericano con formación en antropología social y física. Le sucedió el hematólogo Luis Sandoval, quien posteriormente creó el laboratorio de policía forense en la PDI, y el médico Arnaldo Núñez. Ambos estuvieron enfocados en la caracterización de la población chilena a través de marcadores genéticos como los grupos sanguíneos. En esta época, las investigaciones en antropología biológica estuvieron en manos de estudiantes y profesionales de medicina, biología y otras disciplinas, quienes estaban interesados en el estudio de la variabilidad anatómica y genética de la población chilena. Juan Munizaga,

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considerado padre de la antropología física en la universidad, ingresó al centro poco tiempo después de su creación, siendo estudiante de medicina. Junto a las doctoras Ester Mateluna, Isabel Avendaño y Ximena Vivanco conformaron un equipo de investigadores especializados en problemáticas de carácter bioantropológico. Durante la década de los 60’, los estudios en antropología física desarrollados por el centro dieron paso a una serie especial de antropología física chilena materializada en dos ejemplares. Estos contienen trabajos inéditos en genética con la caracterización de grupos sanguíneos en ciudades como Concepción, Santiago y Cautín, y en paleopatología, destacan trabajos en cráneos estudiando poblaciones prehispánicas del país.

Serie especial de Antropología Física Chilena 27


Con el paso de los años, el centro se volvió un foco de atracción para distintos profesionales y creció el interés por la arqueología y antropología social, disciplinas que se impartían como electivos en el centro. Esto llevó a que los estudiantes presionaran para que se institucionalizara la carrera en el contexto de la reforma universitaria. En 1969 el centro se transformó en el Departamento de Antropología y Arqueología impartiendo la Licenciatura en Antropología con mención en antropología social y arqueología/prehistoria. Por su parte, la antropología física continuaba sin ser formalizada como carrera y se ve reducida a Juan Munizaga e Isabel Avendaño, uniéndose a la docencia Silvia Quevedo, arqueóloga quien fue estudiante de Munizaga y que desde ese momento comienza a incursionar en la disciplina. En los años siguientes, los estudiantes de biología interesados en antropología física, Eugenio Aspillaga, Claudio Paredes y Mario González fueron aceptados como ayudantes de Juan Munizaga. En esa época, el departamento de Antropología funcionaba en una casa de servicios ubicada en Macul 900 con condiciones precarias de infraestructura, debiendo adecuar protocolos para los estudios paleopatológicos. En cuanto al trabajo de campo, eran llevados a sitios arqueológicos donde Juan Munizaga les enseñaba a excavar aplicando lo aprendido durante sus estadías en Norteamérica. Durante este periodo, el departamento de Antropología se convirtió en un importante depositario de colecciones bioantropológicas, cuya adquisición se debe en gran medida al trabajo de investigadores como Juan Munizaga, Alberto Medina, Jorge Kaltwasser, Mario Orellana, entre otros. Hacia la década de los 80’ Juan Munizaga planteó la necesidad de formar antropólogos físicos de manera sistemática proponiendo distintos planes de estudios, tales como un curso de postítulo para arqueólogos, un magíster en antropología física o cursos de perfeccionamiento. Esto significó la revisión de programas curriculares en universidades extranjeras y entrevistas a personas de interés, siendo finalmente el profesor Eugenio Aspillaga quien tuvo la misión de pensar en un pregrado de antropología física.

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Si bien el golpe militar no obligó el cierre de la carrera de Antropología como en otras universidades, supuso la detención y/o expulsión de estudiantes y docentes. Por otro lado, los casos de violaciones a los derechos humanos revelados durante la dictadura impulsaron la necesidad de formar antropólogos físicos en el país. Paralelamente, los estudiantes habían presionado por un cambio en el plan de estudios, sin embargo, esto fue desestimado por falta de recursos y preparación, por lo que los intentos por profesionalizar la antropología física se vieron truncados por las directivas del departamento en ese momento. A inicios de la década de los 90’, luego que el departamento pasó a formar parte de la Facultad de Ciencias Sociales, asumió como director el antropólogo social Andrés Recasens, quien tenía una visión amplia de la antropología. Fue él quien le solicitó a Claudio Paredes rescatar los documentos necesarios, y junto a Eugenio Aspillaga y Mario Castro trabajaron para fundamentar las razones por las que era necesario formar antropólogos/as físicos/as. El profesor Eugenio Aspillaga como subdirector de la escuela presentó esta fundamentación al Consejo de Facultad, siendo a mediados de los 90’ que se aprobó formalizar la mención de Antropología Física, para lo cual se desarrolló el reglamento de la mención y se tramitó el plan de la especialidad. Sin embargo, debido a discrepancias por parte de autoridades que retrasaron este proceso, no fue hasta el 2002 que se creó oficialmente la mención. Los primeros titulados en Antropología Física de la Universidad de Chile hicieron su aparición en el año 2005. A pesar de los años transcurridos, las recientes generaciones de antropólogas y antropólogos físicos han dejado en evidencia que la mención sigue sin ser una prioridad para el Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales. Históricamente ha existido un desinterés por parte de las autoridades de la universidad en potenciar el desarrollo de nuestra disciplina, quedando relegada en comparación con las otras especialidades. Durante las movilizaciones del 2015 y 2017 los estudiantes manifestaron las necesidades y problemáticas que aquejan a la mención en cuanto a la formación académica, la limitada cuota de docentes, el bajo presupuesto y la precarización de espacios

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y laboratorios, pero solo se han acogido parcialmente estas demandas. El poco compromiso de las autoridades sumado a otros factores como el escaso campo laboral, han generado una sensación de incertidumbre entre los estudiantes y las últimas generaciones de egresados. En este sentido, resulta importante comprender el contexto histórico en que se inserta nuestra disciplina para reconocer los aportes y falencias, y así tener una visión crítica de nuestra formación y desempeño como profesionales de las ciencias sociales.

Agradecimientos A Pedro Andrade por acceder a ser entrevistado y proporcionar el material recopilado por él, Noelia Carrasco y Rodrigo Herrera. A Eugenio Aspillaga por su disposición e interés en participar de la entrevista y por la información proporcionada.

Clase en laboratorio/oficina del ex departamento de T. Social. 31


Referencias Andrade, P., Carrasco, N. y Herrera, R. (2014). Antropología en la Universidad de Concepción, Chile: Trayectoria de un proyecto científico y social (documento inédito). Castro, M. (2014). A sesenta años de la antropología en Chile. Antropologías del sur, 1: 43-64. Schneider, O. (1934). Las Investigaciones de Antro-Arqueo-Etnología en Chile. Talleres Gráficos de J. Arteaga. Concepción. Rothhammer, F. y Aspillaga, E. (2004). Capítulo 1. Breve historia de la bioantropología chilena. En F. Rothhammer y E. Llop (Eds.), Poblaciones chilenas: cuatro décadas de investigaciones bioantropológicas (15-17). Editorial Universitaria.

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ANUNCIOS El 3 de mayo del 2021, la Sociedad Chilena de Antropología Biológica lanzó la “SOCHIABib”, Biblioteca de Enlaces con publicaciones en Antropología Biológica de Chile que hoy cuenta con ¡más de 500 referencias! A continuación, el equipo SOCHIABib responde algunas preguntas sobre esta iniciativa: ¿Qué es? Biblioteca de enlaces con publicaciones en Antropología Biológica de Chile. Recoge referencias bibliográficas en antropología biológica que abordan temáticas, comunidades, casos, muestras o territorios de Chile, además de aquellas ajenas a Chile de autoría de socies SOCHIAB. Incluye artículos de revista científica y de prensa, nacionales e internacionales, audiovisuales, libros y capítulos de libros, memorias y tesis de grado, presentaciones, informes y manuscritos. ¿Cómo se usa? La biblioteca está asociada a una aplicación web que permite su exploración y descarga (https://jgalsku.shinyapps.io/ SOCHIABib/). La mayoría de las referencias está asociada a un enlace web que permite el acceso al documento y/o su información. ¿Por qué fue creada? Como herramienta abierta al uso y aporte continuado de estudiantes y colegas, busca visibilizar y facilitar la búsqueda de las publicaciones generadas por nuestra comunidad y disciplina. ¡Quiero aportar! Esta iniciativa es comunitaria y contamos con tu colaboración para mejorarla y hacerla crecer. Puedes agregar referencias mediante este formulario (https://forms.gle/pLivswix2zYNfLqXA) o enviando un correo a sochiabib@antropologiabiologica.cl. Agradecemos también tus comentarios y sugerencias.

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Llamado a colaboradores: ¡Te estamos buscando! Si tienes: Ensayos Trabajos originales Columnas de opinión Anuncios O cualquier otro trabajo relacionado con la antropología biológica, Bioantropológicamente Hablando está recibiendo trabajos para futuros números. Si tienes algo que decir, ¡te estamos esperando!

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1a Edición Abril 2022


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