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Habitaci贸n en Roma Jorge eduardo eielson


Habitaci贸n en Roma


Colecciテウn BITテ,ORAS


Habitaci贸n en Roma Jorge Eduardo Eielson


Diseño de la colección: Formación: Fotografía de portada: Administración:

Benito López Martínez Ricardo Castillo Óscar Sánchez Gómez Víctor Espíndola Villegas

Distribución exclusiva en México Jorge Eduardo Eielson/ Habitación en Roma (1952) Primera edición en esta colección: marzo de 2010 D.R. © 2010, Martha L. Canfield D.R. © 2010, de la presente edición:

Sergio José Rodríguez Téllez, editor (Quimera ediciones) Querétaro 172-6, Roma, 06700, Cuauhtémoc, México. Tel.: 55 64 43 38. quimera@anodis.com ISBN: 978-607-00-2525-9 Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler, el almacenamiento o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa por escrito de los titulares de los derechos reservados. Impreso y hecho en México/ Printed and made in Mexico


Et quae tanta fuit Romam tibi causa videndi? Virgilio


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elegía blasfema para los que viven en el barrio de san pedro y no tienen qué comer

señores míos por favor traten de comprender detrás de esa pared tan blanca no hay nada pero nada lo cual no quiere decir que no haya cielo o no haya infierno sería como confundir el sol con un silbido o con el propio cigarrillo (no haber visto nunca el cielo significa solamente no tener dinero ni para los anteojos) pero que detrás de esa pared tan blanca circule un animal tan fabuloso arrastrando según dicen siempre radiante siempre enjoyado un manto de cristal siempre encendido y que su vivir sea tan brillante que ni la vejez

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Jorge Eduardo Eielson

ni la soledad ni la muerte amenacen su plumaje no lo creo ni puedo concebir tampoco que además sea invisible o demasiado parecido al cielo azul al árbol verde al fruto rojo al pan dorado un animal tan milagroso carecería de vientre no tendría tantos hijos negros blancos amarillos que amanecen diariamente con la cara ensangrentada y los brazos amarrados con la lengua acuchillada y el estómago vacío un animal así no tendría el hocico sedoso de los vendedores de gracias y ataúdes y estampas y souvenirs de instantes perfectamente olvidados bajo un cenicero o una postal de san pedro una bestia semejante tendría alas además pero no alas de plumas encendidas qué tontería


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sino membranas divididas netamente por la naturaleza a izquierda y derecha simétricamente dispuestas para volar un día por sobre la pared tan blanca por sobre el hambre y la guerra o más humildemente por sobre el resfriado y el cáncer no señores míos créanme realmente detrás de esa pared tan blanca no hay nada pero nada una criatura tan perfecta además no podría vivir encerrada toda una eternidad en un lugar tan hediondo no podría vivir alimentándose tan sólo de su propio cuerpo luminoso cómodamente tendido en la gran pompa celeste como si se tratara de una espléndida ramera ya cansada llena de mil hijos de mil padres olvidados bajo un cenicero o una postal de san pedro


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a poesía visual y la poesía escrita de Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, 2006) son un referente de la escena del arte contemporáneo internacional; aquí, en México, donde presentó exposiciones, publicó sus novelas y varios volúmenes de su obra poética, reunida y antologada, goza de lectores fieles y devotos. Por eso, la circulación de esta nueva edición de Habitación en Roma (1952) tendrá terreno abonado para que nuevos lectores se acerquen a un universo donde experiencia vital y experiencia artística se confabulan de manera radical originando una serie de poemas de una alegría desgarrada y convulsa, si se permite el oxímoron, donde todo está por comenzar, incluso, la catástrofe final. Teniendo como escenario la ciudad imperial, las calles, las plazas, las ruinas, las iglesias, son tema y escenografía de las expiaciones y epifanías del entonces joven poeta. Una Roma que los neorrealistas italianos, y años después Pasolini, retrataron magistralmente en todo su sombrío amanecer; en esa época, Eielson deambulaba por ese mismo universo onírico y terrible, y confiaba su palabra a los cuerpos y a la noche para “que anuncien brillantemente / con exquisita fluorescencia / el nauseabundo deceso / del amor”. ernesto lumBreras


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