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2003. Fuel bajo la ventana

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EXPERIENCIAS. PRIMARIA

Fuel bajo la ventana La catástrofe del Prestige descoloca a la infancia de uno de los pueblos gallegos bañados de fuel. Leen periódicos, siguen el día a día del suceso y, sobre todo, expresan los sentimientos que les produce encontrar animales muertos en la playa o ver los barcos de los pescadores amarrados. E intentan entender el mundo. M.ª Olga Rodríguez Díaz*

Mª.O. Rodríguez.

Afectados somos todos: así se sienten los niños y niñas de Malpica

N.º IDENTIFICADOR: 325.011

Sábado 16 de noviembre de 2002. La noticia se extiende por el pueblo: “Dicen los de Protección Civil que el petróleo está en Barizo.” Y los gestos se tuercen. Todos recuerdan el Mar Egeo; todavía estos días están pendientes de cobrar las indemnizaciones. El cielo está gris como los semblantes. Domingo, 17 de noviembre. La playa de Malpica amanece negra. Y al mirar por la ventana lo hemos visto. Como cada domingo, nos hemos arreglado para ir a tomar el aperitivo. Como si no supiésemos qué hacer. Qué es lo adecuado. Qué, lo conveniente. Como ante una muerte repentina. El olor a fuel es insoportable. Según nos acercamos a la playa vamos tapándonos la nariz. Miramos y miramos. °No es posible!: una espesa capa negra cubre la playa. Nuestra playa. Miro a mi alrededor y descubro a algunos de mis alumnos y alumnas con la mirada atrapada en esa visión mientras con una mano se tapan la nariz. Casi nadie habla. Miramos. Lunes, 18 de noviembre. Soy tutora de una sección de quinto de Primaria del CEIP Milladoiro, de Malpica de BerganJUNIO 2002 N.º 325 CUADERNOS DE PEDAGOGÍA | 29


EXPERIENCIAS. PRIMARIA

Mª.O. Rodríguez.

Uno a uno, cada alumno añade una frase a un gran mapa de sentimientos

tiños, y vivo en este pueblo, que ya es el mío, desde hace dieciséis años. Como mis alumnos y alumnas, desciendo de una larga estirpe de marineros, aunque en mi caso de las Rías Baixas. Siento que estamos bajo los efectos de un enorme choque emocional. Sé que se debe dar un tratamiento escolar a lo que está sucediendo: hay que saber qué pasa y qué nos pasa. Esto nos ayudará a entender más y a llorar menos.

Qué pasa, qué nos pasa Tenemos, pues, un magnífico motivo para traer el periódico a clase y saber qué pasa. Enseguida organizamos con los compañeros y compañeras un mural vivo del que cada curso se encargará una semana. La idea es extractar de los periódicos todas aquellas informaciones sobre la catástrofe del Prestige que consideremos de interés y pegarlas en el mural, que en poco tiempo colocamos en el pasillo para que todos y todas podamos estar informados. Al mismo tiempo, decidimos ir guardando en la biblioteca escolar un ejemplar diario de La Voz de Galicia. Y también vamos confeccionando un dossier de prensa. 30 | CUADERNOS DE PEDAGOGÍA N.º 325

En cuanto los niños y niñas cogen el papel continuo y comienzan a preparar el mural, los semblantes van tomando otro cariz: están haciendo algo y se sienten mejor. Por otro lado, para saber qué nos pasa es necesario aprender a poner nombre a lo que sentimos. Veo la preocupación en las caras de los alumnos y alumnas. Tal vez se hacen eco de lo que han oído en casa. Saben que está pasando algo grave. Algunos cuentan que han visto llorar a sus padres y madres, pero no alcanzan a explicarse exactamente qué significado exacto tiene lo que está sucediendo. Martes 19 de noviembre. El Prestige se hunde finalmente. Esto será mucho más grave de lo previsto. Seguimos con el mural y el dossier para la biblioteca. Y también abordamos el segundo objetivo: saber qué nos pasa. Para ello pido a los niños y niñas que escriban qué creen que va a cambiar en sus vidas a partir de este suceso. Y lo hacen: “¿Habrá sardinas o se habrán marchado?”; “¿Podrán volver a la mar los barcos?”; “¿Por qué en la tele nos llaman pescadores?”; “¿Por qué no tenemos remolcadores con bastante fuerza?”; “¿Qué hacía el barco dando vueltas?”; “¿Quién está mandan-

do en todo esto?”; “¿Cómo es un verano sin ir a la playa?”; “¿Cómo vamos a limpiar todo esto?”; “¿Qué les va a pasar a las gaviotas?”; “Me acuerdo de las tardes en el puerto sorteando los carros de mano con mi bici..., y de los chillidos de las gaviotas...”; “¿De qué van a vivir los marineros?”, “¿y las compradoras?”, “¿y los exportadores?”, “¿y los camioneros?”; “¿Qué pescado vamos a comer ahora?”; “¿Tendremos regalos de Reyes?”. Las preguntas se suceden, algunas se repiten, pero es bueno poder escribirlas y decirlas en voz alta. Me llama la atención que las respuestas sean mayoritariamente en forma de preguntas: es lo que hay. Miércoles, 20 de noviembre. Vemos en el periódico las fotografías del barco hundiéndose y la discusión sobre lo que pasará con el fuel que contiene. Pido a los alumnos y alumnas que agrupen las frases escritas el día anterior en tres columnas diferentes según contengan algún miedo, expresen pena por algo que creemos haber perdido o muestren enfado o rabia. Estas tres palabras –miedo, pena y rabia– fueron muy importantes: surtieron el efecto de tres imanes potentes y en unos minutos todas las


EXPERIENCIAS. PRIMARIA frases habían encontrado su lugar de la siguiente forma: “Me da rabia que no tengamos ningún barco anticontaminación”; “Me da rabia que ni siquiera dispongamos de remolcadores potentes, °con toda la costa que tenemos!”; “Me da miedo no volver a oler a sardinas asadas”; “Me da pena no oír cada mañana los berridos de las gaviotas”; “Me da pena ver llegar animales muertos a la playa”; “Me da pena ver los barcos amarrados”; “Me da rabia que diga un ministro que no hay marea negra”... De pronto, el mundo está un poco mejor ordenado porque tenemos palabras para expresar nuestros sentimientos. Jueves, 21 de noviembre. Las Rías Baixas están en peligro. Decidimos seguir añadiendo frases a nuestro mapa de sentimientos y comenzamos a ver dónde está el límite de los afectados. Acordamos centrarnos en los daños económicos directos, pues los ecológicos afectan a todo el planeta y los sentimentales a cualquier persona de bien. Cada niño y niña va diciendo la profesión de su padre, su madre, abuelos y abuelas, tíos y tías..., de todos aquellos que aportan dinero a la economía familiar, e intentamos ver si estos puestos de trabajo (camareros, cocineras, albañiles, pintores, marineros de Gran Sol, camioneros, vendedores de pescado, rederas, agricultores, modistas, industriales, panaderos...) sobrevivirán en Malpica si falla el dinero que proviene del mar. En el caso de las profesiones directamente relacionadas con el pescado, el daño es evidente. Lo curioso fue descubrir la relación que existe entre el pescado y los panaderos o los albañiles o... Finalmente concluimos que todos y todas somos afectados.

Intentar entender Viernes, 22 de noviembre. “Parálisis burocrática”, titula el periódico. Hoy acaba una semana durante la que hemos hablado y trabajado la catástrofe del Prestige. Una semana intentando entender. Nunca en toda mi vida profesional tuve que enfrentarme a una experiencia como ésta, donde la programación fue prácticamente aparcada y sustituida por la improvisación y la respuesta inmediata. Para el fin de semana propongo a los niños y niñas un ejercicio que pretendo que sea de síntesis de lo trabajado: supongamos que llama a la puerta de nues-

tra casa una cadena de televisión. Cada uno de nosotros y nosotras dispone de tres minutos para expresar su opinión sobre el accidente y sus consecuencias. Como el tiempo es limitado, conviene que se resuma la exposición, resaltando aquello que cada uno considere más relevante. Lo que viene después es conocido. Ciertamente llega una cadena de televisión. Ciertamente el tiempo es limitado, por lo que tenemos que escoger, mediante votación, a un alumno o alumna para que hable en nombre del grupo. Seleccionamos de entre lo que todos y todas han escrito aquello que nos parece más relevante y construimos un único discurso como se construye un rompecabezas. Cuando lo damos por bueno lo grabamos, y todos suscribimos cada una de sus palabras, porque son las de todos y todas. Representan nuestro trabajo de una larga semana. Así, toda España conoció a Jairo, el protagonista de esa entrevista. Luego viene la avalancha de cartas de mil puntos de la geografía española y las peticiones de las editoriales: que si una poesía, que si un cuento, que si una opinión... En las semanas siguientes, el tempo se va serenando, retomamos poco a poco la programación ordinaria anual. Sin olvidar el tema, porque es imposible, pero ya con un abordaje más sereno, más científico: incluyéndolo en la programación normal del aula, sin aquella urgencia dolorosa que nos nace en el pecho aquel domingo que vemos el petróleo bajo nuestra ventana. Durante los días siguientes nos ocupamos principalmente de las noticias que hablan de soluciones eficaces, aquellas que se usaron en casos parecidos como el Exxon Valdez, el Erika. Coleccionamos estas noticias como piedras preciosas porque fue y es necesario abrir ventanas de esperanza. Y seguimos con nuestro dossier de prensa, con nuestros trabajos cotidianos y todas esas cosas que hacen que la escuela cumpla una de sus misiones básicas: ayudar a entender el mundo. Y seguimos en ello. Todavía tenemos el chapapote bajo la ventana.

* M.ª Olga Rodríguez Díaz es profesora-tutora de quinto B del CEIP Milladoiro, de Malpica de Bergantiños (A Coruña). Correo0e: olgar@edu.xunta.es

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