ESCUELA SECUNDARIA TECNICA Nº 23 DR. MARIANO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ NOMBRE=ROSILLO GONZÀLEZ BELINDA NATALIA ESPAÑOL PROFESORA: UKI HERNÁNDEZ SOLANO 1ºD TEMAS: LEYENDAS Y MITOS
LEYENDA. EL PUENTE DEL CLÉRIGO En 1856, don Duarte Zaraza, caballero portugués de buena presencia, conoció a doña Margarita Jáuregui, ya en edad núbil, en una fiesta virreinal y la cortejó hasta hacerse novios. Ella era cuidada por su tío, el sacerdote don Juan Marcos. Él investigó la vida del caballero portugués, y descubrió que tenía una vida disipada, muchas deudas y se había casado con dos mujeres. Así que le prohibió a su sobrina seguir el noviazgo, pero ella hizo caso omiso para tener un romance furtivo. Al caballero portugués también le prohibió lo mismo, ni acercarse a la casa ni al puente cercano. Como el sacerdote siempre se opuso al romance, don Duarte tuvo deseos de matarlo. Un día don duarte fue a casa de su amada para convencerla de escapar, donde se casarían, pero repentinamente vio a don Juan caminando por el puente. Don Duarte, ya iracundo, llegó al puente, discutió con el sacerdote hasta que, fuerza de sí, con muchísima fuerza le clavó el puñal en la frente. Aquel cayó muerto y don Duarte lo tiró al agua. Como muchos sabían de la oposición del sacerdote, Don Duarte se ocultó durante casi un año. Una noche regresó por Doña Margarita y para llegar a su casa tuvo que pasar por aquel puente. A la mañana siguiente fue encontrado muerto, con mueca de terror, estrangulado por un esqueleto sucio, vestido con una sotana hecha jirones, que tenía clavado un puñal en el cráneo. Tiempo antes, debido a esa leyenda, al puente y a la calle que después se formó se le llamó «La Calle viajé», Y después se renombró a «7a. y 8a. de Allende».
MITO EL CÓNDOR En un pueblo un hombre vivía con su hija, ella tenía como tarea cuidar a las ovejas. Todos los días iba un joven a visitarla mientras ella cuidaba las ovejas, hasta que un día se hicieron buenos amigos.
Un día soleado empezaron a jugar a que él la cargaba y ella a él, cuando de pronto ella se dio cuenta que estaba volando. Desde ese día el joven se convirtió en su cóndor, él la cuidaba, la alimentaba. Pasaron muchos años los dos crecieron tuvieron hijos, pero ella no dejaba de pensar en su padre y todas las noches lloraba ya que había abandonado a su padre y lo había dejado solo con los animales.
Un día ella se encontraba regando las flores y encontró a una mariposa la cual le pidió ayuda para volver a ver a su padre, la mariposa le dijo alcandor que su esposa y sus hijos habían desaparecido, mientras la mariposa hablaba con el esposo ella escapaba con sus hijos y regresaba con su padre.
Desde que ella regresó con su padre, el cóndor jamás volvió, ella todos los días volaba para ver si veía al cóndor pero nunca más lo volvió a ver.
LEYENDA DE LA MUÑECA OKIKU Las muñecas ocupan un lugar muy importante en el gusto de las personas, son el juguete favorito en la infancia, y para los adultos, un objeto de colección muy apreciado. Sin embargo, no solamente sirven como elemento de adoración o diversión, pues a muchas de ellas se les relaciona con eventos sobrenaturales. En esta ocasión, nos referimos específicamente a Okiku, una muñeca japonesa a la cual le crece el cabello. Okiku medía alrededor de cuarenta centímetros, llevaba un kimono tradicional japonés, en su pálido rostro de porcelana, tenía dos oscuros e inquietantes ojos negros, mismo color en su cabello y este lucía un corte hasta los hombros, de manera muy tradicional. La muñeca llegó a la familia Suzuki en 1918, cuando Eikichi la compró en Sapporo para regalarla a su hermana de 2 años Kikuko. La niña la tomó como algo más que una amiga, no le parecía un juguete, se encariñó fácilmente y no se apartaban jamás. Aquel regalo fue inolvidable. Un año más tarde, la salud de la niña iba en decadencia, y esto, solo afianzó la relación con la muñeca, Kikuko la colocaba a su lado, compartiendo la almohada y la covalencia, pues a pesar de tener tan solo tres años, la pequeña estaba muriendo, y solo compartía sus miedos con la compañera de cama, hablándole en secreto cuando los demás dormían, y el silencio de la noche se veía interrumpido por el tétrico chillido del viento.
MITO LA MISTERIOSA LUNA LLENA Una noche de luna llena una pareja encuentra a un perro estaba todo lastimado y decidieron llevárselo a su casa para curarlo, el hombre se quitó el cinturón y se lo colocó al perro en el cuello, la mujer comienza a limpiar las heridas que tiene el perro, al agacharse el perro ve una cruz que tiene la mujer en su cuello y de inmediato el perro comienza a morderla y corre por toda la casa. El perro se lanza por una ventana sin saber que están en el piso 13 de un edificio, la pareja queda sorprendida y evita asomarse a la ventana ya que sabían que el perro moriría.
El día siguiente se presenta un agente de la policía en su casa, el agente le pregunta si escuchó un ruido extraño la noche anterior, ellos dijeron que no, el policía dice: “encontramos un enano corriendo por la calle desnudo y con un cinturón en el cuello”. A partir de ahí nadie sabe que sucedió con el perro y con el enano.
LEYENDA” LA INCENDIARIA Esta leyenda, ubicada a finales del siglo XVI, tiene como escenario las calles de Santo Domingo, hoy República de Brasil, y Del Colegio de Niñas, actualmente 16 de Septiembre. La bella joven Casilda Baena mostró desde niña una gran devoción por la lectura y aspiraba a convertirse en actriz. En vez de gastar su dinero en alhajas "y otras brujerías por las que se perecen las mujeres, lo gastaba, contentísima, en esos libros que leía y tornaba a leer siempre con renovado deleite, días y más días, hasta metérselos casi enteros en los aposentos del cerebro. Mudaba la voz, la subía y bajaba con gracia, según fuese moza o vieja la que hablaba, o doncel barbiponiente, o entonado caballero de pro, o rústico socarrón (…). Casilda Baena ponía toda su afición y amor en el teatro. En esto tenía vicio y deleite”. Gracias a su talento y a su obstinación, Casilda logró que sus adinerados padres aceptaran su decisión de dedicarse profesionalmente al arte escénico. Abandonó el Colegio de Niñas y comenzó a asistir al Coliseo para ver todas las puestas posibles y conocer a los actores. Cuando debutó en el Coliseo, fue aclamada. En la segunda función algunos espectadores notaron que Casilda se comportaba de manera extraña, con “ciertas distracciones y movimientos desacompasados (…) mil gestos y figurerías que para nada venían al caso”. Las funciones continuaron. Era la época de las posadas y en la Plaza Mayor se vendían adornos para nacimientos, fritangas y confitería. Un día de aquellos, de pronto, una multitud irrumpió en la plaza persiguiendo a una mujer que corría furiosa, con los ojos extraviados y el pelo alborotado. Era Casilda, que acababa de iniciar un incendio en la bodega del Coliseo bañando con alcohol y trementina la utilería y el vestuario. “Amor es llama divina/ que me ha robado el sosiego, / porque todo lo que es fuego/ me subyuga y me domina”, repetía la joven mientras corría. Muchos reconocieron en estos versos un fragmento de la obra en la cual debutó Casilda Baena. La mujer fue conducida a la casa de mujeres dementes del Divino Salvador, ante el llanto de su madre y la congoja de su padre.
MITO LOS DOS MUNDOS Tääy-Jërëëny, los espíritus principio y fin de todas las cosas, dispusieron formar otro mundo, el Ja Tuk It, cuando se dieron cuenta que los seres humanos, de los cuales descienden todos los indios mixes, eran muy desobedientes, y por lo tanto no tenían derecho para la inmortalidad. En ese nuevo mundo los hombres vivirían y morirían, era muy parecido al que vivimos ahora, pero mucho más bello: la naturaleza era más hermosa, los hombres y las mujeres también. Habría tranquilidad, paz, armonía, e igualdad; las penas no existirían, ni las enfermedades ni el egoísmo ni la maldad. Ya que los Tääy-Jërëëny no dejaron pasar a Ko’oypyë, El Malo, que había llevado la maldad y la desobediencia a Tuk It, el primer mundo donde, viven los hombres. Los habitantes del mundo alterno son muy superiores a los que viven en Tuk It, son más sabios y aprenden mucho más rápido; son fuertes y tienen mucha energía. Cuando estos hombres privilegiados van a visitar el mundo Yuk It, nadie puede verlos, solamente los seres superiores y sabios tienen la facultad de poderlos ver, por esta razón, son los intermediarios entre los humanos y Tääy-Jërëëny. Para tenerlos contentos, los mixes llevan a cabo en el nacimiento y en la muerte celebraciones con comidas, bebidas, danzas y ofrendas a los dioses. Ya que una persona muere, anmajä’äwën, su alma, sale del cuerpo, e inicia su recorrido por las cuatro grandes aguas, los cuatro grandes caminos de la vida: el camino rojo, el del nacimiento; el camino blanco de la bondad, siempre pleno de luz; el camino amarillo, el de la muerte; y el camino negro, siempre lleno de maldad y oscuridad. Al momento en que el alma se desprende del cuerpo se dirige al camino amarillo, el mismo camino del dios Sol, cruza una región oscura, hasta que vuelve a encontrar el camino rojo y vuelve a nacer, de la misma manera que sucede con el Sol, nuestro dios. Tal es la razón por la cual todo en los pueblos mixes está orientado hacia el camino rojo: las comunidades, las casas, las iglesias… Durante el camino de regreso, las personas pueden observar todas las acciones que efectuaron en vida, desde que eran chiquitas, hasta que muere en el Tuk It, y llega al momento en que nació, al límite entre este mundo y el más allá. Cuando el alma llega a este punto está sumamente cansada, es cuando los familiares le ofrecen agua y comida para mitigar su hambre y su sed. En este punto, el alma se demora y no puede pasar, entonces emplea el machete que siempre debe llevar para poder abrirse camino, así como los obligatorios huaraches le permiten no espinarse. Este paso es mucho más difícil para los aatsu’ux’okpë; es decir, los que murieron en accidentes, llenos de desgracias o se suicidaron. En cambio, las personas muertas por muerte natural no tienen dificultad en dar el paso. A los primeros se debe ayudarlos con rezos y ceremonias, y con ofrendas para la Madre Tierra y demás dioses. Al lograr pasar, las almas se encuentran con un río, que divide a los dos mundos. Ahí se encuentran el Tecolote, el Águila, la Comadreja, la Culebra Prieta, el Wakoo (especie de zopilote que se ríe a carcajadas cuando anuncia desgracias) y otros muchos animales más. Todos estos animales son los mayuut, los mensajeros al servicio de los dioses, que anuncian a los humanos cuando ya deben acudir al Ja Tuk It. Para ayudar a cruzar el río que llevará a las almas al Más Allá hay un perro negro, pues las aguas del río nunca se deben tocar porque están impuras, y al llegar al más allá no podrían volver a nacer por estar sucias. Al cruzar el río el camino es bello, lleno de luz, flores y plantas; continuamente lo están barriendo para que esté impoluto. Ahí se reciben las almas que deben estar muy limpias, por lo cual al muerto se le debe bañar, vestir con sus mejores ropas y zapatos. Si se trata de una mujer, los familiares le agregan sus collares y aretes, que colocan en su cuello y orejas y en el ataúd, porque a donde llegan es un lugar de alegría donde las almas siempre están felices. Donde empieza la verdadera y mejor vida. Sonia Iglesias y Cabrera
LA LEYENDA DE LA TATUANA Hay relatos que cuentan que hace muchos años, en época colonial, hubo en Guatemala una joven y bella mujer de origen mulato a la que llamaban Tatuana, que disfrutaba con los placeres de la carne y con los placeres del lujo, los cuales no estaban bien vistos en una sociedad recatada y religiosa. Así pues, se acusó a la joven de brujería y de hacer maleficios para conseguir a los hombres. Se le acusó de codicia y de no seguir los preceptos de la iglesia. Por todas estas razones fue juzgada por el tribunal de la Santa Inquisición, y fue condenada a muerte. La Tatuana se negó a recibir la gracia de confesión de sus pecados antes de morir. Cuentan, que la noche anterior a su muerte, pidió como última gracia un trozo de carbón, unas velas y unas rosas blancas. Con estas tres cosas hizo en la celda una especie de altar donde realizó una hechicería. Con el carbón pintó en la pared una gran barca mientras recitaba conjuros, y se dice que se presentó ante ella el mismo demonio. El demonio le sacó de la celda montada en la barca que había pintado en la pared, y se dice que todavía se la puede ver en los días que llueve grandes aguaceros. Se cree que los antecedentes de esta leyenda provienen de la mitología maya, y más concretamente de la leyenda de Chimalmat (Diosa que se vuelve invisible por causa de un encantamiento).
“MITO” El Cielo, la Tierra, y el Inframundo Para los antiguos pueblos purépecha el cosmos estaba conformado por tres importantes partes. En Cielo recibía el nombre de Avándaro; la Tierra era conocida como Echerendo; y al Inframundo se le denominaba Cumiechúcuaro. Las tres partes del mundo formaban planos superpuestos. En todos ellos los dioses moraban. Así pues, había dioses del firmamento: los astros y las aves; dioses terrestres, y dioses de la muerte. Todos ellos podían tener la apariencia de los hombres y de los animales. En cada una de las partes que componían al universo, se encontraban cinco rumbos sagrados, cuatro laterales y uno central. El estos puntos reinaba un dios y estaba regido por un color determinado. Los Dioses de la Mano Derecha se encontraban en el Norte, y en el Sur moraban los Dioses de la Mano Izquierda. Los dioses del Cielo, de la Tierra y del Inframundo se encontraban simbolizados por el número Tres. A su vez, el número Cinco representaba a los dioses de los cinco rumbos sagrados mencionados. Por otra parte, al número Cuatro se le asignaba la connotación de los dioses llamados Las Cuatro Partes del Mundo. A los dioses que habitaban las cinco regiones míticas, los purépecha los adoraban en templos de piedra revestidos de arena y cal, a los que se les anexaba canchas de juegos de pelota y casas para el baño. De las deidades más antiguas de este pueblo, podemos mencionar a Xaratanga, cuyo templo principal se encontraba en la población de Tzintzuntzan. Se trataba de la diosa de la Luna, a la que ofrendaban frutas y maíz, pues ella los había creado. El más importante de los dioses tarascos llevó por nombre Curicaveri, El Gran Fuego, al cual representaban en una lanza de pedernal o como un guajolote, y que había creado a todos los demás dioses del panteón. Este dios tuvo como hermanos a los Tiripemencha, quienes rigen las cinco casas del la Tierra: el centro y los rumbos sagrados. En Zacapu se le conoció como Querenda Angápeti, La peña que está en el Templo. Cuando el dios iba por el Cielo tomaba la forma de un águila, cuando se encontraba en la Tierra era un coyote, y cuando deambulaba por el Inframundo, se arrastraba cual una serpiente. Este dios era acompañado en importancia por Cuerahuáperi, la Madre Naturaleza, La que hace Nacer. La Diosa Madre esposa de Curicaveri. Representación de la Luna, diosa dual de la vida y de la muerte. Moraba en Zinapécuaro, acompañada de sus cuatro hijas: la Nube Roja, la Blanca, la Amarilla y la Negra. La plata provenía de sus heces sagradas. Diosa múltiple de varias advocaciones: Pehuame, Parturienta, esposa del Sol Poniente, en Zacapu, dueña de los hurínguequa, los temazcales, y patrona de las parturientas; Xaratanga, Luna Nueva, habitante de la casa central de Xarácuaro, desde donde se dirigía a los otros cuatro rumbos cardinales , madre de Mano-Uapa, llamada Mauina en su advocación de diosa de la fertilidad. Sonia Iglesias y Cabrera
LEYENDA CORTA DE TERROR. “LA NIÑA EN LA ESCALERA” Hace algunos años, en una linda casa en medio del campo vivía una familia de tres hijos y su madre, la cual se unió al poco tiempo con un hombre, convirtiéndolo en padrastro de los pequeños, pero; este tipo era muy violento, maltrataba a los niños sin razón, les quitaba sus alimentos, les negaba el agua, hasta los golpeaba solo por gusto. Aunque trataba muy mal a los tres niños, parecía tener un odio mayor por la hija de 10 años, a quien golpeaba de forma más salvaje, llegó un día hasta el punto de arrojarla por las escaleras… y la pequeña murió al momento. Para no enfrentar el castigo por lo ocurrido, el resto de la familia huyó.
MITO LA DAMA DE LA VELA Cuentan los habitantes de la ciudad corrientes que en el edificio de la Escuela Normal “Juan Pujol”, suele verse por las noches a una bella joven, hermosamente vestida con un largo traje de encaje blanco y una capa roja, recorriendo pisos y escaleras de mármol con una vela encendida en la mano. Ante las primeras luces de alba, misteriosamente criatura se desvanece…