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EL DÍA

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DIARIO INDEPENDIENTE DE LA MAÑANA

Temas isleños

Empresa: «Herederos de Leoncio Rodríguez»

Puerto de la Cruz, ciudad marinera

Editor: JOSÉ RODRÍGUEZ RAMÍREZ~ Director: JOSÉ MANUEL DE PABLOS CQELLQ Dirección, Redacción, Relaciones Públicas, Administración, Talleres e Impresión Avenida Buenos Aires, 71, Santa Cruz de Tenerife.

Número 13.757. Año XLIV Teléfonos: (922)21.10.00 (8 líneas) Apartado de Correos, 97. Télex: 92.184. Diao-E. Depósito legal Tf 32-1958. Franqueo Concertado: 38-2. Delegación en el Puerto de la Cruz, Edificio Victoria VentosoC, 501, Polígono El Tejar. Teléfono: (922)38.03.25. Delegación en La Palma: Santa Cruz, Calle Real, 44-l°-7 a . Teléfono: (922)41.26.00. Redacción en Las Palmas: Paseo Tomás Morales, 3-4°. P. 11, Edificio Cristal. Teléfono: (928)36 65 29 Télex: 95.456 Diao-E (Las Palmas) Servicios informativos: Efe, Colpisa, Fiel, Europa Press, Recopress, Mencheta, Sen (Servicio Empresarial de Noticias).

OS antiguos documentos gráficos nos muestran un Puerto de la Cruz que ya apenas es. Un Puerto de la Cruz apenas turístico, pero sí marinero —buen marinero— y pescador. Era aquel un Puerto de la Cruz con un encanto propio y que, desde los sencillos y elegantes balcones, miraba a la mar —«su» mar— que, camino sin linderos, era entonces ruta para los veleros y vapores que le daban categoría e importancia. Antes, como ahora, las embarcaciones ponían su presencia en la playa pequeña y tranquila, sobré el reposo húmedo y, frente —casi junto al aliento salino del Atlántico isleño— a la sencilla y fina arquitectura de antaño, la de puertas labradas, la de gárgolas como gatos pe-

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trificados bajo los aleros de los tejados. En la playa, los finos botes de los pescadores y, con ellos, —macizos, recios y con una estampa propia— los botes caleteros, aquellos que, a boga lenta, llevaban los huacales de plátanos hasta los vapores que, empenachados de humo, llegaban desde Liverpool, Londres, Hamburgo o El Havre, a cargar la riqueza agrícola de todo el Valle de La Orotava, Finos, con dos proas, los botes de pesca araban las aguas del Norte isleño y, día a día —noche a noche— volvían con tesoros de irisadas escamas que, aún en la playa, traían todo el palpitar del océano, todo el ritmo y vida de la mar. Ellos eran los que en las noches ponían mar afuera el concierto si-

De domingo a domingo

Algo que no ha cambiado: la discriminación a los canarios en el trato turístico L mes pasado vino a Canarias, como se recordará, una comisión granadina, encabezada por el presidente de aquella Diputación, con el objeto de establecer un intercambio turístico entre Granada y las islas. La visita coincidió con la inauguración de una línea directa entre los aeropuertos de Gando y Tenerife Sur y el de aquella capital andaluza. El presidente de la Diputación de Granada, que a su vez es el titular del Patronato de Turismo de la provincia, venía, el hombre, muy ilusionado y participaban de idéntico optimismo el director técnico del Patronato y, en general, todos los miembros de la comisión, alentados por el delegado de Iberia en Granada y por otros directivos de la compañía aérea. En la reunión informativa, a la que asistí, estaba presente la consejera de Transportes y Turismo del Gobierno autónomo, doña María Dolores Palliser. Guando el presidente de la Diputación de Granada, que se llama don Juan Hurtado, explicaba los muchos atractivos que poseía su provincia y mostraba sus esperanzas en un intercambia turístico efectivo, yo me vi obligado a cortar tan eufórica declaración de intenciones, que creo sincera, con la simple exposición de la realidad discriminatoria que padecemos los residentes en Canarias. Le dije, poco más o menos, que aquí

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estábamos dispuestos a recibir a los granadinos, como a todos los peninsulares, con los brazos abiertos y que no dudaba de que vendrían muchos turistas de su provincia a Canarias. Pero que no se hiciera muchas ilusiones de lo contrario. El presidente se extrañcf y no es para menos porque, cuando los peninsulares, incluidas autoridades, se enteran por nosotros de este estado de injusticia en el trato, por parte de las compañías aéreas estatales, no tienen más remedio que admitir que hay todavía por aquí un tufo colonial claramente perceptible. Tengo a la vista el programa del operador turístico más importante de España, por el volumen que mueve en el interior. Me refiero al Club de Vacaciones. Y puedo comprobar que, para este verano, hay ofertas bastante aceptables en Mallorca, en Ibiza, en Gran Canaria, en Teneife y en Lanzarote. Pero todas las salidas son desde Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Bilbao, Granada, Málaga, Vitoria, Oviedo, Sevilla, Santiago y en ocasiones, Alicante y Jerez. No hay ninguna salida desde Santa Cruz Cruz de Tenerife ni desde Las Palmas ni desde Arrecife. Si los residentes en Canarias queremos disfrutar de la oferta balear del Club de Vacaciones, tenemos que trasladarnos, por nuestra cuenta, a Madrid o a Barcelona, por ser las lí-

neas más asequibles. Una estancia de dieciséis días en un hotel de tres estrellas del Pueto de la Cruz, cuesta a un residente en la Península, incluido billete de avión ida y vuelta, y alojamiento con desayuno en temporada alta, alrededor de 39.000 pesetas. Una estancia de trece días en un hotel de la misma categoría en Mallorca, cuesta, con salida de Madrid, unas 48.000 pesetas, también con derecho a desayuno y en temporada alta. Pero, a esas 48.000 tenernos que añadirle, los residentes en Canarias, las 22.000 que nos cuesta hoy el viaje de ida y vuelta a Madrid, lo que suma unas setenta mil pesetas. Por esa cantidad, un peninsular puede venir dieciséis días al Hotel Botánico del Puerto de la Cruz, que es super-lujo, y todavía le sobran tres mil pesetas para gastar en «souvenirs», porque lo que cobra el Botánico por esas dos semanas con estrambote a un residente en la Península son sesenta y siete mil pesetas, incluidos viajes. • Es decir que, a cambio de una discriminación rabiosa, •encima nos-vendemos baratísimo. Tengo a la vista también los programas de «tourope radores» tan importantes como «Pullmantur» y «Rutas 83» que se dedican preferentemente a viajes al extranjero. En algunos «tours» europeos aparecen salidas desde

Tenerife con un suplemento equivalente ai importe del billete de ida y vuelta a Madrid. Solamente en contados circuitos americanos hay diferencias, casi siempre mínimas, a favor de los residentes en Canarias. Y es cuando los aviones trasoceánicos hacen escala en los aeropuertos del Archipiélago. Cuando planteé esta cuestión en la reunión informativa con el presidente de la Diputación de Granada, doña María Dolores Palliser respondió que no hay demanda suficiente en Canarias y que a los operadores turísticos no les interesa poner en práctica programas para ios residentes en estas islas. No es respuesta convincente y así se lo dije. Todos sabemos que llegan aquí a chorros vuelos «charters» con turistas peninsulares y ese es el secreto de los increíbles precios que aquí rigen (61.000 pesetas dieciséis días en el Mencey). Y cuando esos aviones no tienen pasajeros para llevar de vuelta; despegan incomprensiblemente vacíos. - Hace unos años, yo viajé,«clandestinamente», en uno', de estos aparatos. El agente de viajes amigo que rne preparó el «golpe» me dio instrucciones concretas sobre mi comportamiento en el Aeropuerto para evitar que Iberia se enterara de que yo viajaba a la Península en el «charter» e incluso se me extendió un supuesto billete con salida de Madrid, de forma que pareciera que el mío era un viaje de vuelta. Y todavía, caso de que me descubrieran, tendría que quedarme en Los Rodeos, que todavía era el aeropuerto único de Tenerife. ¿Y por qué —me pregunto— esta vergonzante discriminación, este preferir que los «charters», vayan vacíos para que los canarios tengamos que pasar siempre por el filtro de los carísimos billetes regulares de Iberia? He aquí algo que no ha cambiado. Ni con Franco ni con Ucd ni con el socialismo del cambio.

Francisco Ayala

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NIÑOS, AL CINE.- Si tú eijes uno de los niños o niñas marcados en la foto con alguna señal, tienes entrada gratis para el cine del sé~ bado o domingo en función matinal. El tipo de marca te dirá el cine Dará el crae tendrás entrada lihre. Piifides nasar a

RAFAEL VILLALBA I CABALLERO j DERMATÓLOGO C.L flastilln RR-2°TyrrH2>-

lencíoso de las luces y, a boga arrancada o con la limosna de la brisa en las velas latinas —esas velas ya desterradas por el ruido de los motores— volvían luego a tierra, al húmedo reposo para, tras corto descanso, regresar a faenar bajo el malestar verde y frío de las madrugadas. Junto a ellos —macisos, recios y con estampa propia— los botes caleteros, hermanos de los que, en todas las calas, caletas y tenederos de Tenerife, llevaban sobre sí el peso del transporte de la carga a los vapores que, fondeados a la gira, realizaban operaciones. Unos cargaban junto al mismo borde de la playa —allí donde las olas rompían y cantaban su eterna canción—, mientras que otros, los menos, lo hacían al abrigo de los «muellitos» que se adentraban en la mar, No eran finos —las viejas ilustraciones gráficas bien reflejan sus imágenes— pero sí muy eficaces. Cargados de huacales de plátanos —de cestos de tomates en las costas del Sur isleño— a lentas paladas se abrían de la costa y, al mismo compás de la boga, se abarloaban a los vapores —de las navieras Yeoward, Thoresen o Fyffes— para cederles sus cargas. En el Puerto de la Cruz marinero y pescador, evocaciones de los caleteros que nacieron en nuestras costas para unos cometidos bien determinados —los del transporte de las car-

gas en zonas de costa— y que, cuando las carreteras extendieron sus brazos largos, cuando los primitivos camiones —aquellos Thornycroft de llantas macizas— pusieron sus estampas sobre toda la amplia geografía tinerfeña, tales embarcaciones se retiraron poco a poco y, abandonadas, pronto se convirtieron en informes montones de madera. Ya no están en nuestra mar aquellos botes caleteros —que también pendían de los pescantes radiales de los correíllos de la Trasmediterránea y los vapores del cabotaje—; eran los de la boga lenta y pausada, los de las cargas humildes y el trabajo continuo bajo la ardiente lanza del sol y las noches impalpables. Hoy sólo queda el añorar de aquella etapa en que, con ilusión, el Puerto de la Cruz miraba a «su» mar pintada de barcos. Allí fondeó en los años 20 el Cap Polonio alemán —al mando del capitán Ernest Rolin y como práctico el capitán Bruneto— y, en las aguas que guardan el recuerdo de tantos y tantos barcos, de tantos veleros y vapores, unos balcones que, sencillos y elegantes, siguen mirando al Atlántico como signo y símbolo de que, siempre, el Puerto de la Cruz conservará su buena condición de marinera y pescadora.

Juan A. Padrón Albornoz

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