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22 DÍA DE FIESTA / II

EL DÍA, Tenerife, domingo, 9 de octubre de 1983

El Rey y los Infantes llegan al Puerto de la Cruz

E

N el periódico La Opinión correspondiente al 30 de marzo de? 1906, sigue el relato de la visita que el Rey Don Alfonso XIII realizó al Puerto de la Cruz y La Orotava. Poco antes de llegar al Puerto, un inmenso gentío invadió la carretera. Vivas al Rey y, «especialmente a Doña María Teresa, que ha logrado conquistarse todos los corazones, por la bondad que respiran hasta sus más ligeras acciones». Don Alfonso XIII hizo su entrada en el Puerto de la Cruz por la calle de Esquivel para, luego, dirigirse a la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, en la cual entró bajo palio. «A la salida de este templo —dice La Opinión— sigue la Regia comitiva por las calles de Quintana, San Juan, Iriarte, Blanco y Plaza de la Constitución, dirigiéndose a la Marina. Estas calles están artísticamente decoradas por las sociedades el Casino del Puerto de la Cruz, Nueva Unión e Iriarte, encontrándose de trecho en trecho elegantes arcos, entre los que sobresalen el erigido a S.M. ?or el Ayuntamiento y otro,, muy original, dedicado por los marinos y confeccionado con utensilios de embarcaciones. Este arco lleva la inscripción «Nuestra aspiración es el Puerto de

Santa Cruz de ayer y de hoy

Viaje de Don Alfonso XIII al Puerto de la Cruz y La Orotava (y ID Martiánez» y está colocado en la explanada del muelle. Acto continuo se dirige S.M. al puerto en proyecto, volviendo por las ya citadas calles y además por la de Cupido hasta llegar al arco erigido en la plaza que da acceso al magnífico paseo de las palmas. En este sentido desfilan ante S.M. un gran número de niñas de seis a diez años, llevando una divisa en la que se lee «El Puerto de Martiánez será nuestro porvenir» y entrégale, una de ellas, un bouquet de flores con una súplica escrita y alusiva al objeto de la divisa expresada». Don Alfonso XIII siguió por el paseo de las palmeras —de las palmas, dice la prensa de entonces— hasta la playa en que se basaban las aspiraciones de todo el Norte tinerfeño. «En este sitio que es donde acude el mayor número de personas del Valle y pueblos comar-

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canos, y en el que el entusiasmo traspasa los límites de la naturalidad, porque es el clamor unánime de muchos pueblos que piden a su Rey lo que demanda su más imperiosa necesidad: la construcción del Puerto de Martiánez; en este sitio en que las ovaciones se siguen sin intervalos, entrega a Su Majestad, el Alcalde Don Melchor Luz y Lima, una exposición en la que aparecen lacónicamente expresados los deseos de esta extensa comarca». El Ayuntamiento del Puerto de la Cruz hizo entregar al Rey y los Infantes de calados del país expresamente confeccionados por artesanas de la ciudad y, posteriormente, Don Alfonso XIII montó a caballo y, con el Infante Don Fernando y otras personalidades de su séquito marchó al Jardín Botánico. El Rey visitó con toda meticulosidad; admiró toda la amplia gama de flora allí existente y, en especial, se interesó por la isleña. Mientras, la Infanta Do-

ña María Teresa se había trasladado desde Martiánez hacia San Sebastián, donde tenía que encontrarse con Don Alfonso. «Nosotros —decía el periodista de La Opinión— vamos hacia allá, donde esperamos a Su Majestad que llega primero que S.A. pues al montar el magnífico caballo de D. Diego García, parece entusiasmarse D. Alfonso y vuela por los preciosos caminos del Valle. Al llegar a San Sebastián, Su Mejestad pregunta a un grupo: —Señores, ¿está mi hermana por aquí? Contestado en contrario, pica espuelas y sale al encuentro de S.A. la Infanta Doña María Teresa». En las escaleras del Ayuntamiento de La Orotava, los ministros Luque y Concas esperaban la llegada de Don Alfonso XIII que, a pie, hizo su entrada en la Villa. Una compañía de Infantería del Regimiento de La Orotava le rindió los honores de ordenanza y, por las calles cubiertas de flores, el Rey

siguió hacia el Ayuntamiento. «Desde el Calvario al Ayuntamiento, las calles están tapizadas de flores. Las alfombras llaman poderosamente la atención de Su Majestad y cuantos le acompañan. Son un trabajo delicado y bellísimo de raro mérito artístico, suponiendo se ejecución un trabajo inmenso. En la plaza que hay frente al Ayuntamiento, extiéndese una grandiosa y magnífica alfombra con el escudo de España en el centro y una inscripción que dice: A S.M. y AA. RR. Al entrar en la plaza, Don Alfonso se detiene ligeramente y no queriendo hollar la alfombra la bordea, dirigiéndose al Ayuntamiento, donde es recibido por el Alcalde y los Concejales. Rehusaría hablar de ovaciones. Con continuos vivas a S.M. ha sido acompañado por todo el pueblo. Desde las ventanas, las señoritas saludan, arrojando todavía más flores y muchísimas palomas.

Don Alfonso y los Infantes se asoman al balcón y continuos y ensordecedores vítores se repiten sin cesar. La Infanta hace notar a D. Alfonso una lápida con la inscripción «Alfonso XIII-1906» colocada en el balcón central». El alcalde de La Orotava entregó a Don Alfonso el plano, en relieve y vaciado en plata, de Tenerife, plano colocado en caja artísticamente tallada por los buenos artesanos del valle. Nuevos presentes al Rey y los Infantes y, posteriormente el Ayuntamiento de La Orotava ofreció un almuerzo servido por el Hotel Martiánez del Puerto de la Cruz. Por la tarde, viaje de regreso a Santa Cruz. «Salimos —dice el periodista de La Opinión— por la carretera del Pinito. Por toda ella, campesinos vestidos a la usanza del país, sirven de postillones, guiando por la brida las muías del coche real. Se disputan este honor». Al pasar por Santa Úrsula, Don Alfonso le dice al alcalde que ha firmado el decreto para la construcción del puente sobre Barranco Hondo y, así, entre vivas, el Rey cruza todos los pueblos del Norte tinerfeño. Ya en La Laguna —«Toda la calle de Herradores está llena, sin que quepa una persona mas»— Don Alfonso sube al tranvía con su séquito y, a las 10 y media, llega a Santa Cruz.

Juan A. Padrón Albornoz


EL VIAJE DE DON ALFONSO XII AL PUERTO DE LA CRUZ Y LA OROTAVA