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EL DÍA

OPINIÓN Íl!!HIiiHiüfliffüHHillfiifiIi!SIHi!lülii!tlf!!ii1

TEMAS ISLEÑOS

EL TEIDE, VISTO POR MIGUEL DELIBES

Algunas de las fuerzas democráticas de Tegueste, incluida la coordinadora de veraneantes, piden «luz taquígrafos», Bueno, lo de ios taquígrafos, dicen que no les importa demasiado; pero que quieren «luz, más 'luz*, como dijera Goethe. } El caso, según me dicen, es que la Plaza, en lo que respecta al alumbrado, está a tres por un cuartHlo. Es decir» quie <no se ve ni papa. Y claro, la gente, que no es tonta se aprovecha para, sabré todo detrás de la iglesia, aliviar -e! riñon; y algunos, ios muy cochinos, hasta e! intestino grueso. —¿Pero es que -no hay alumbrado?, pregunté. -—Instalaciones y corriente, desde 'luego, porque en las fiestas aquello era un dechado de luminosidad; pero d©be ser que el Ayuntamiento s-e ;ha impuesto un pían die rigu rosa austeridad. Uno recuerda aquella famosa cuarteta, que decía: Cementerio de Tte-g-ueste, cuatro muros y un ciprés, i Tan pequ-eño, y sin embargo, cuánta gente cabe en él I Quizá ahora podría ser sustituida, al desaparecer él cementerio de allí, por ésta otra: jAy Plaza la de Tegueste, quien te ha visto y quien tía ve! Tan pequeña y si no miras, te rompes eí peroné,

VISION DE FUTURO

•El Teide, desde los montes de La Esperanza. "La carretera de La Esperanza, empinada y dura, es de una belleza misteriosa. El bosque de pinoteas, denso y silencioso, proyecta una melancolía extraña. Es como si el polvo de los siglos, la historia toda de esta isla afortunada, permaneciesen prendidos de sus copas y sus raíces. El bosque de pinos de La Esperanza, con el bosque de laureles de Las Mercedes, son los únicos bosques de la isla y ambos brotan a una altura intermedia y constituyen la transición entre la vegetación exuberante de las tierras bajas del norte y la agónica desnudez del Teide" Esto escribió hace unos años Miguel Delibes en su obra "Por esos mundos". Esto, y mucho más, plasmó ei escritor vallisoletano que, en 1947, obtuvo el Nadal, el que luego logró el Fastenrath, el que —siempre— pone palpitación humana en su prosa. La obra "Por esos mundos" recoge una muy amplia visión de Tenerife y, desde el inolvidable obispo Pérez Cáceres a don Tomás Cruz, también plasmó el carácter isleño. Comprendió ei afecto de la isla hacia la Península cuando escribió: "El mismo derramamiento de corazón muestra el cativo hacia su patria, la Península. Este amor es tanto más emocionante cuanto mayor es el despego del peninsular hacía sus islas» Si uno, en el curso de la conversación, dice "España" por "Península", el isleño sonreirá comprensivo» pero en lo hondo le dolerá nuestra ligereza".

tumor

Pero volvamos —nos hemos apartado un tanto de ella— de la carretera de La Esperanza y el Teide visto por Delibes. Pero volvamos al Teide, dice él mismo: "El Teide aparece al fin después de ascender más de mil metros, tras una curva del camino. De lejos, el volcán es algo familiar, nada amedrentador ni viole n t o. Emerge de las nubes como un. islote cónico, componiendo un fondo espectacular, más bien sosegado. A distancia, el Teide no tiene n-ada de monstruo dormido". Precisa la observación de Miguel Delibes. Certera la descripción de! Teide desda !a carretera que sube peña a peña y pino a pino. Es, con palabras, un perfecto retrato del gigante isleño que todos hemos visto desde el mirador de Ortuño, desde la amplia balconada que pone ante la vista el espectáculo increíble de! volcán y, al propio tiempo, todo el Norte isleño. Luego, Las Cañadas en la prosa de Miguel Delibes — "uno de los espectáculos minerales más grandiosos del Universo"-— que con fidelidad recoge el caos minera! de salvaje desnudez y los inmovilizados torrentes de la lava. "Antes de arribar a Las Cañadas, la famosa curva llamada del Pastel ya nos hace pensar que el Teide, pese a su agónica esterilidad, admite gama? y matices, no queda todo en una cansada rutina min-erai. La Curva del Pastel es como el corte de una inmensa tarta donde S8 advierten capas de una coloración variopinta".

E! milenario volcán que todos hemos visto —al que siempre veremos en una nueva faceta y con un nuevo color— tiene para todos el enorme poder de las evocaciones. No escapa a ella Delibes que, aí final de uno de los capítulos de su obra, dice que uel Teide es el monstruo más decorativo, más —al menos en apariencia— domesticado que ¡cualquiera pudiera imaginarse". Para el escritor, "lo verdaderamente aterrador, lo verdaderamente horripilante —y hermoso por lo mismo— son sus excecrencias que hoy, tras un inquieto pasado, le sirven de pedestal". El escritor de "La sombra del ciprés es alargada", el d0 "Aun es de día", "Diario de un emigrante" y tantas otras obras, el de la agudeza y (a emoción —el de la palpitación humana— llegó a Tenerife después de un viaje por tierras de Brasil, "Argentina y Chile. Supo recoger, y bien ciertamente, sus impresiones sobre la isla —él opina que Europa y América se dan la mano en Canarias— y, resultado de ellas, ahí están los nuevos capítulos que, magistrales, a ella dedica, Desde el Teide, para él catedral de Tenerife, al cultivo del plátano, supo anotar con mano maestra sus impresiones isleñas y, jna vez más, saca a relucir la afinidad de tipos y costumbres con aquellas tierras —-argentinas y chilenas—que acababa de visitar. Libro interesante y ya agotado, creo que, por múltiples razones, e! Cabildo Insular debía tratar de

por Cfalarza . LO QV£ TOJX) MUNDCTTURISMO

su reimpresión pues, valgan verdades, pocos autores nos han tratado como Delibes lo hizo hace años.

Y hablando de cementerios, nos trasladamos ahora e otro lugar de la isla. El joven terminó sus estudios y puso un telegrama a su padre: «MADRID^—Obtuve título médico, dime si debo regresar». TEN'ERüiFE.—flijo mío, puedes venir cuando quieras, ya han terminado obras ampliación cementerio». ALTOBER

J. A. Padrón Albornoz

La incidencia turística

CANARIAS, con los mayores mínimos Parece ser que este verano va a tocar fondo el turismo en España, si es que no lo está tocando ya. E! momento, según leemos, es crítico a ¡o largo de todo el litoral de la Península, dedicado preferentemente a esta actividad industrial, y en Palma de Mallorca son muchos Sos establecimientos hoteleros que se han visto obligados a cerrar por el sensible déficit de visitantes extranjeros. Según se afirma, ha llegado la hora de las vacas flacas para el turismo, y si 1973 fue ei año de la abundancia, el de 1976 es' tá siendo e! de los mínimos. Nunca, anteriormente, se había conocido una crisis tan grave-, • La cosa es más grave aún, si consideramos que el verano es la época de mayor es-

plendor para el turismo de la Península, debido a las condiciones climatológicas, hasta tal punto de que, por ejemplo, en Palma de Mallorca se autorizan numerosas licencias para taxis en la época veraniega, que luego son retiradas durante e! invierno. Con relación a Benidorm, leemos lo siguiente: "Lógicamente quienes acusan más la ausencia del turismo son lo? establecimientos comerciales y hoteleros. Muchos de ellos están asustados, oíros tienen paciencia y esperan una reactivación turística. Pero lo cierto es que de las grandes ganancias, de los buenos negocios, se ha pasado a trabajar para comer o a trabajar para perder". El problema de los hoteleros

LA ISLA A CUESTAS

SERETAS 'Por aquí se llama seretas -a las cestas. «Debe ser como por tierras de fuera llaman a los costones grandes seras y a los que íes ponen a los burros, como aquí y mejorando lo presente, los llaman serones. En la tierra son seretas Así se llama a las que se usan para apañar algunas frutas Aunque hay también otras cosas que se 'llaman baiayos. (Pero los baiayos son más propios de las pasteleras y turroñeras, porque tienen tapadera y las tapaderas son necesa* rías por mor de las moscas. :Por eso mismito también se usan los baiayos para guardar la fruta pasada. Los 'higos, los porretas y los orejones. Ustedes saben bien que loa porretas son los -higos-picos pasados y los orejones las peras y los albarícoques secos. Por cierto que en mí casa 'había un chiquillo, no me acuerdo quién era, que a los albarícoques los illamaba «al varos y coques». las seretas se usan para muchas cosas en ei campo Y a propósito de las seretas me acuerdo siempre de 'haber oído contar una fuerte bolada que pasó una vez en Santa Cruz con un individuo que andaba por las ca-lles, siemprq borracho, al que llamaban de nómbrete Juan «el Barraco». El tal tenía un hermano, de la misma cuerda que él, llamado Davin. Y los dos andaban siempre en eso del rastrilleo. Que no sé si sabrán ustedes que «rastrillar» se llamaba a ir al muelle, tirarse a zambullir y apañar los fiscos de carbón que 'había en el fondo, caído de las gabarras que lo ¡lleva* han a los barcos que andaban con carbón. Un día estaba la gente viendo a Juan zambullirse y Davin en el 'muelle esperando, cuando asomó la cabeza del que estaba en el agua diciendo «Davin, ¡si habiera una se retal...», Hasta Dará eso servían las seretas. JUAN DE 'LA ISLA

es alarmante, ya que sólo en Benidorm hay doscientos establecimientos de este tipo, que si antes parecían pocos, ahora resultan excesivamente muchos y tienen que cerrar sus puertas en una gran parte de ellos. Alguien ya ha levantado su voz para decir que la única solución es que cierren cincuenta hoteles. Y el problema de Benidorm, que hemos elegido al azar, es sólo un ejemplo de lo que ocurre en el resto del país. Al fin y al cabo, no es ni más ni menos sino que ha llegado la hora de pagar las improvisaciones y el triúnfaiisrno en un campo, que si bien ha sido una de las mayores fuentes de producción de divisas de la nación en los últimos años, no se ajustó a unos cánones y a unas planificaciones, indispensables en toda empresa industrial, pero más todavía cuando afecta, como en este caso, a todo e! territorio nacional. Y, sin embargo, podemos decir que nuestras Islas son las menos afectadas, aunque lo estén también, por esa grave crisis del turismo que se ha cernido sobre nuestra patria. Ahora mismo, en e! verano, que no es la época alta de Canarias, somos los que mayores mínimos tenemos, proporcionalmente, en el ámbito del territorio nacional, Gracias naturalmente a! turismo peninsular, que es el que, en los últimos años, ha venido cubriendo esta temporada floja de las islas. Se calcula que en estos meses de verano se ocupe el sesenta y cinco por ciento de las 65.000 plazas con que cuenta Tenerife. Pero, de todas maneras, el problema existe y está en ese desfase de establecimientos hoteleros en relación con las necesidades de la industria, lo cual no se ha podido subsanar siquiera con la elevación de las tarifas. Sin embargo, en todo esto se vislumbra un pequeño rayo de optimismo a largo plazo. Según los técnicos, no se va a bajar más de los actuales mínimos. El año 1977 será menos malo y en 1978 se va a llegar a la total recuperación. Que así sea. PUNIÓ


EL TEIDE VISTO POR MIGUEL DELIBES