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EL DÍA

OPINIÓN iillillllfNIlllllIIIHIHIHIlIlfHIIIIIIIIIIIIIIIIHirilHlllllllllinilllllll

EDACCION TEMAS ISLEÑOS

£1 Jardín de Aclimatación de La Orotava

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El Jardín de Aclimatación, según una antigua litografía. «El Jardín fue fundado por Real Orden de 17 de agosto de 1788, siendo Rey Carlos III. En ella se encargaba al señor Don Alonso de Nava Grimón, Marqués de Villanueva de! Prado, que estableciera en Tenerife y en terrenos que juzgara los* más adecuados, uno o varios plantíos para, sembrar y plantar las semillas y plantas procedentes de América y Asia, ya que los ensayos hechos en los Reales Jardines de Aran juez y Madrlcj no tenían el éxito deseado debido a los rigores del invier no. Se creó, oues, el Jardín con la idea de traer y aclimatar las plantas nuevas y útiles que los conquistadores y marinos españoles fuesen encontrando en el Nuevo Mundo y sus frecuentes viajes y correrías».,. Así comienza la guía des criptiva que, sobre el Jardín Botánico de La Orotava, escribió el ingeniero agrónomo don Andrés García Cabezón. Después de algunos años, he vuelto a! maravilloso Jardín de Aclimatación —para nosotros siempre será el Botánico— que, en el Durazno, alza sus antiguos muros y

guarda con orgullo toda la amplia gama de los colores y los aromas. Aquí, en la antigua litografía que ¡lustra estas líneas, la estampa del centenario Jardín y, también, de aquella zona hoy envuelta en la capa sonora del tráfago y el trabajo, de aquella zona hoy en completa etaoa de transformación, «Aquel mismo año —sigue J a guía descriptiva— llegó en el navio correo «San Bernar do» la primera remesa de se* millas exóticas. Después de diversos ensayos en varias partes de la isla, se instaló e! Jardín en un terreno que cedió gratuitamente a su Rey, «sin otra retribución que e! honor de servirle», Don Francisco Bautista de Lugo y Saavedra, Señor de la Isla de Fuerteventura, ofreciendo facilitar más superficie si se necesitara. La Muy Noble Junta de Caballeros Dueños del Agua de U Orotava acordó, en sesión celebrada el 3 de enero de 1790, acceder a la petición del Marqués de Villanueva del Prado y cedieron gratuitamente el cau dal de agua pedido, estando dispuestos a dar más si fuera necesario».

CON LA ISLA A CUESTAS

TOLLO ¿Quién no sabe lo que es un tollo? Es cosa corruta, que se llama ansina una cosa que es como tiras de pescado seco, que se ponen de remojo, se amorosan, y no hay nada mejor para mandarse un tanganazo. Aunque mucha gente mal pensada ha imaginado en ocasiones que tollos son otra cosa. Hubo un tiempo en que cuando se quería hablar de alguna persona que no tenía buenas entendederas se decía de ella que era un tollo. Y por eso ocurrió lo que ocurrió con Juan «la Patanga». Que era —y es, porque la verdad no sé si es vivo o no—, un buen hombre. Lo único malo en él es que comía mucho y estaba muy gordo. Y cierto fotre va y fe dice un día: «¡Usted es un tollo!» Y Juan, como los tollos se vendían en mato] os, que eran como laces, va y le contesta: «¡Y usted un manojo!». Yo emparejó bien. ¿No íes parece? Pero a lo que diba: Yo sabía lo que son los tollos. Y mi padre me había contado, de cuando estuvo en Mogador, que vio en la playa una fuera de barricas donde meaba todo moro que pasaba. Y después supo que estaban llenas de tiras de pescado y que así se curtían, para hacer ios tollos. En su vida los volvió a comer. Claro que hoy no se hacen ya así. Pero lo más curioso es que ya no hay tollos. ¿Por qué digo yo esto? Verán, Cerne sVmpre cgue se me ocurre mentar una palabra de la tierra, me fi al libro gordo y busqué «tollo». Y vide que decía: «Cazón». A lo que resulta que los tollos son tiras de cazón. Lo cierto es que le digo a usted que cada día se hace más difícil hallar tollos. Y cuando se hallan, son tiras de un pescado cualquiera, secas yo no sé cómo. Cazón no es. Por coinciden* da: si no es cazón, no son tollos. Y pare usted de contar. JUAN DE LA ISLA MIÉRCOLES, 4 DE AGOSTO DE 1976

Hoy, como siempre, el Jardín Botánico encierra una mag níflca colección de ejemplares No se sabe qué admirar más, si el estallido de color de las' orquídeas —por sólo citar al» guna de las especies más conocidas— o los serenos y sa veros ejemplares de palmeras laureles y otros árboles exó ticos. Allí está el árbol del caucho, hermoso ejemplar que fue plantado en la época del fundador del Jardín; allí la palmera real, el castaño de Australia, la palmera de Chile4 la higuera religiosa de la India, el cedro de Canarias, el árbol de! pan, el ombú de las pampas argentinas y, con nuestros dragos, el de Mada gasear. En todo el recinto, el amplio manto de la tranquilidad y el silencio. En todo e! recinto, un exquisito cuidado —un verda; dero mimo con Sos ejemplares — y, desde luego, un pronto y atento informar por parte de cuantos tienen a su cargo e! cuidado del Jardín. Del plátano de Abisinia a! papiro, del árbol de las pasas a la palmera del marfil, de4 cardón de Cananas al paiisaní dro y, del tulipero de! Gabón al árbol de la lluvia o a !a colección de palmeras de Malaya y Nueva Guinea. En escasa mente dos hectáreas, toda la amplia gama de la flora muí dial, toda la amplia qama ;1e los colores y los aromas. «Ei Jardín —añade la guía— es -actualmente una bella colección de plantas en la que se> pueden apreciar interesantes ejemplares de todas tas partes del mundo, llamando kj atención e! que convivan pian tas procedentes dü región©*-1

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de condiciones climatológicas contrapuestas debido a la dui zura y regularidad del clima de Tenerife. Aparte del interes científico, la belleza de algunos ejemplares y la armo nía del conjunto hacen del Jardín lugar evocador, agradable y digno de una visita» Sí, efectivamente, es muy digno de una visita el centenario Jardín que, en la zung del Durazno, encierra tal co lección de magníficos ejemplares. Allí, la acacia amarilla de Venezuela, el árbol del fue go, la uva del mar, el palo bo rracho, la palmera de aceite, el cedro de Cuba, el almeru drón de las Antillas, la palirur ra azul, la... ¿para qué seguí/* No se trata aquí de hacer un inventario de cuanto encierra el Botánico, y sí de, en breves líneas, el elogio de quienes a su cargo tienen el cuidado — el mimoso cuidado— del Jar din que, hoy dependiente del Instituto Nacional de Investí gaciones Agrarias, bajo ia experta dirección de don A.onso de Nava y Grimón se fumo en tiempos de Carlos III.

El hombre estaba, ayer, ensimismado sobre e¡l periódico y con un lápiz en la mano. —¿Es que Jastá haciendo e! crucigrama? —Bueno, no, pero casi; estoy descifrando el «mapa del tiempo». — o o — Las isóbaras son las que más me llaman 4a atención. Uno de La Esperanza le decía a otro de Santa Cruz, que !e estaba ya molestando: —¡Quíteseme de delante, hombre; porque le mando con la «isóbara»! Fue un «isobariscasillo» apenas.

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—Oye, me decía un amigo, ¿pero el Anticiclón ese no deja nunca el «aparcamiisnto» de Las Azores?

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Todo es según el «calor» del cristal con que se mira...

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—Este es ed tiempo del Sur..., me dijo un amigo. —Pues si ha llegado «el tiempo de-l Sur», ¡a ver si acaban de una vez el Aeropuerto Transoceánico!

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Casi todas las mujeres llevan cerca del corazón otro hombre, que no es precisamente e! marido: e! «Cruzado Mágico». — o o — Iba con, toda la -espalda al a irte y enseñando el ombligo, y un transeúnte le echó un piropo, —Usted es un fresco, Le contestó. —-La que d-ebe estar, pero que muy fresca, es usted, señora. — o o — La señora, de pecho prominente, se estaba bañando v S3 dio un golpe. ¿Qué hacer?. Uno, que estaba por allí y que no era médico, Je recomendó enseguida: —Una vacuna «antitetánica»... ALTOBER

J. A. Padrón Albornoz

TEMAS TINERFEÑOS

S. O. S. a ICÓNA El DÍA, en su edición del viernes 30 de julio, denuncia la condena a muerte de Qsa hermosa fronda de Las Arenas. Esos magníficos plátanos del Líbano que forman un arco de frescura y un pedazo de belleza. Bien están todas las carreteras de este mundo. Bien que los automóviles dispongan de su espacio, pero no debemos, de ninguna manera, vOivernos locos y echar al suelo *os palacios de la naturaleza, ya que una autopista se construye en meses y es alfalto que será superado por la máqu:na y su dictadura; en cambio, los palacios de la naturaleza, los árboles, esos plátanos del Líbano, no los sustituye nadie, no hay máquina que los haga crecer a capricho; no hay fábrica que los haga en serie. La naturaleza ha empleado años y años de pacietne labor para dulcificar nuestro vivir, para atraer al agua, para llenar el ambiente de cantos de pájaros. Cuando matamos a un árbol, matamos a un amigo, á un noble y elegante amigo. Tal vez nuestra ignorancia de lo que un palacio verde significa, nos lleve a cometer tanto atentado contra su existencia. Si supiéramos So condicionado de nuestra vida a la del árbol, tal vez buscaríamos miles de soluciones para respetar su ser y su estar. Pero no estamos en época de quebrarnos la cabeza por la naturaleza, ni de complicarnos la existencia por uno o por varios árboles. Trazamos, y venga para adelante, todo a tierra. Y da pena contemplar esos ejemplares que ya han caído. Son un montón de oxígeno y de nieblas muertas. Dicen que son las vías para e! progreso. ¡Qué duda cabe de que son las vías para el progreso, y el progreso hará que todo sea su siervo! El nos marcará el tiempo y dirá: «debes trazar aquí y allí, arriba y

abajo; debes abrirme paso, porque yo te lo mando». Habría que preguntarle a los pájaros y a los árboles cuáles son sus pareces, tal vez ellos piensen en «mandarse a mudar» para Júpiter o Venus y dejarnos aquí con nuestras palas mecánicas, martillos y motores. Plásticos y bólidos, felices y comiendo perdices. Decimos nosotros, con toda seriedad, si no es posible dejar vivir a los plátanos del Líbano. Si no se puede buscar una fórmula de coexistencia pacífica entre el progreso y la

naturaleza. Si la razón no puede ser puesta al servicio de la supervivencia. Le decimos a ICQNA si no sería posible arrojarle un salvavidas a ese montón de frescura y belleza que adorna núes tro Norte. Consideramos que debemos poner lo que tenemos de civilizados, por encima de nuestros deseos de favorecer la transformación de nuestro suelo en un desierto. S.O.S., ICONA; S.O.S., más árboles a punto de morir. Luis Alberto SANTOS

Comunidades dé g|gua COMUNIDAD «AGUAS DEL SAUCE» GRANADILLA DE ABONA

La Comunidad «AGUAS DEL SAUCE» domiciliada en Granadilla de Abona, convoca a todos sus PARTICIPES, a JUNTA GENERAL ORDINARIA, a celebrar en el Salón de Actos d¡3 la Casa Sindical de esta Villa, e! próximo día 8 de agosto, a las ONCE HORAS en primera convocatoria, y caso de no haber número suficiente de participes, a las DOCE horas, sin otro aviso a fin de tratar los siguientes asuntos del ORDEN DEL DÍA

Primero.— Lectura para su aprobación, si procediese del acta de 'la sesión anterior, Segundo.— Presentación de MEMORIAS, BALANCE y CUENTAS de 'ios Ejercicios de 1974 y 1975 para su aprobación o reparos. Tercero.— Renovación reglamentaria de la JUNTA RECTORA. Cuarto.— Dar cuenta del estado actual de TESORERÍA, facultando a la JUNTA RECTORA, para aumentar las CUOTAS, por ser ello ntscesario. Qu;ntQ,-— A fin de mejorar la TESORERÍA, facultar, así mismo a la RECTORA para vender, bien en SUBASTA, o por otro sistema, las PARTICIPACIONES, que estime necesarias, de las 19 que la COMUNIDAD tiene isn CARTERA. Sexto.— Facultar a la JUNTA RECTORA, para que cuando las aguas, en conjunto, pasen de ¡as NOVENTA PIPAS hora, hacer éstas en dos chorros, si ésta, 'lo juzgare oportuno. Séptimo.— Manifestaciones y sugerencias de los asistentes. Granadilla de Abona, 22 de julio de 1976.—EL PRESIDENTE.

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EL JARDIN DE ACLIMATACION DE LA OROTAVA