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OPINIÓN

EDACCION SOLUCIÓN ffiMENINA

TEMAS ISLEÑOS

£1 capital Desde Málaga, Francisco Pérez Triano —un andaluz que de niño vi/vio -muchos años en esta capital— nos comunica la triste noticia del reipentino fa« ¡lecimíento de don Andrés Gal be ño Dale las, el 'buen marino que, al mando de ios barcos de ia Trasmediterránea, tan conocido era en todos ios puertos del Archipiélago. En «Sur», Pérez Triano dice que el capitán Galbeño Delcíós era un caballero de la mar. Y ciertamente lo fue. Como tal lo recordamos durante los años que estuvo en aguas de Canarias al mando de los correillos interinsulares y, tamion, cuando luego pasó ai «Ciudad de Alcira». Don Andrés Galbeño Delclós nació en Manbella y, tras cursar los estudios de Náutica, realizó las prácticas que, en veleros, eran entonces reglamentarias. Sus primeros viajes como agregado fueron a puertos del Norte europeo y, >más tarde, las prácticas en barcos de vapor las hizo en el «Andalucía», uno de los cargueros que la firma Vinuesa, de SeHIa, había transferido a la flota de ía entonces naciente Compañía Trasmediterránea. En el vapor de negro y espeso penacho de ¡humo, añoraab las fragatas y bergantines —aun recuerdo cuando, mirando una fotografía de un bricbarca italiano me dijo que aquello sí que era navegar—

un caballero del mar

en que pasó sus primeros aquél oro, lo puso en circulaaños de mar. Añoraba ia músición y lo hizo saltar de! olvica de las velas y el ruido fresdo de ios libros a al sangre, co del agua que llegaba desde al alma de los marineros que el tajamar y, así, adquirió la con él se formaron. experiencia marinera que le Sintió siempre la emoción capacitó para otros embardel mar y los barcos —la emoques. ción de la brújula y al mapaTras aquella etapa en el «Anmundo— y, ya en sus últimos dalucía», don Andrés Galbeño años como capitán, mandó e! embarcó en los trasatlánticos «Ciudad de Alcira» en ía línea que, bajo la contraseña de la desde Sevilla y Cádiz a los Pinicos, hacían la carrera a puertos canarios. puertos del Brasil —la línea Dice Pérez Triano: «dejamos de'I Plata estaba reservada por de verlo por Málaga, pero la contrato a ía Trasatlántica Es •jubilación nos lo devolvió. Fuepan ola— y, ya como oficial, ron duros sus primeros meses volvió a Sos barcos que navede separación del mar. Le veíagaban con el gallardetón de la mos algo raro, pero reconoTrasmediterránea al aire libre cíamos que era el influjo de! y alto de ia mar. mar. Ya con años, cansado de Ya con e! título de capitán, luchar, con pasos inseguros, don Andrés Galbeño Delclós lentos y fatigosos, !e veíamos mandó los primeros «J.J. Sis- asomarse a nuestros muelles ter» y «Antonio Lázaro» — y cerrar los ojos. Pensaba en aquellos que primero fueron sus barcos, en sus correrías vapores y terminaron sus vi- por esos mares». das marineras con el latido de Don Andrés bien comprenlos motores en sus entrañas—dió ío solemne que es Sa etery, más tarde, tuvo a su cargo nidad de! canto en movimiento el «Ciudad de Huesca», enton- de la mar. Añoraba la vida pláces nuevo y flamante, recién cida —^y por paradoja dura, salido de Sos astilleros. muy dura— en los veleros de En todos los barcos» dejó el lento y majestuoso navegar, ejemplo de su vida y, también, aquellos que siempre llegaban el de su profesionalidad. Cada a puerto con mudhas singladugeneración posee un idioma ras sobre la estela. En ellos propio que no comprenden las pasó sus primeros años de anteriores ni las posteriores. mar, yen ellos seguía siempre Pero don Andrés poseía el se- pensando mientras, desde el creto difícil de hacerse enten- puente, guiaba a los vapores der por todos y en todo. Ateque en sus entrañas llevaban soró grandes verdades, acuñó ¡hornos de horror —un fuego blanco, compacto, como joya inmóvil en las calderas-— y, sobre la estela, el negro palio del humo que vomitaba la chimenea. Un perfecto caballero de la mar. Así define Pérez Triano a don Andrés Galbeño Deiclós, el marino de Marbella que tantos años pasó en estas aguas del Atlántico isleño. Era, añade, un marino con tesón, a quien cuantos le conocieron !e recordarán por su hidalguía, por su valentía y decisión cuando se trataba de salir en defensa de algún compañero.

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Se despacha la consulta médica en una ermita ^

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ILA iFRASE iDE LA • BREVEDAD

Estábamos en e! café. Había gentes a todos los niveles, como suele ocurrir en los cafés; pero, entre ellos, dos intelectuales que hablaban de sus cosas. 'La conversación era en un tono más «o menos elevado, como corresponde a dos intelectuales, y uno de ellos citó aqueja frase de Cracián, de «lo bueno, si breve, dos veces bueno»». Y uno que estaba «allí y que venía de! Ambulatorio, escuchando ía frase, comentó: —jPues por eso es par lo que se llevan seguramente ¡os médicos que recetan en el Seguro de Enfermedad.

suponernos que habrán eom~ probado '«in sííu» ios diferentes aspectos de la problemática con que se enfrenta aquel sector, con cuestiones más acuciantes, sin duda alguna, que otros más cercanos al centro capitalino. Pero, sin entrar en el abanico de tales problemas, podemos referirnos aquí más concretamente a dos: el de la asistencia sanitaria y el recreativo o cultural. Por lo que se refiere a ¡lo primero, hay que decir que va un 'médico de Santa Cruz que está allí unas dos horas, y, lo que es más triste, tiene que despachar la consulta en la ermita de Santa Catalina una ermita que realmente no se utiliza desde hace mudhos años a efectos de devoción religiosa, pero que no es a! fin y al cabo ei lugar más apropiado para eJIo, Se divide, al parecer, ei citado y antiguo recinto religioso en dos partes por una cortina, y en una de ellas recibe el médico, mientras que en la otra esperan los enfermos. Ei otro aspecto es el tema cultural o recreativo. También ha habido necesidad de utilizar »la misma cap i1! la de Santa

Catalina para cine, y los bailes se tienen que hacer en ia ¡Plaza, para lo que es preciso vallarla. Hay un grupo de jóvenes ahora en Taganana que están luchando para hacer el Centro Cultura! y Recreativo de Anaga, es decir que pueda abarcar toda la zona del macizo, y están intentando llevar a cabo el empeño con mucho entusiasmo. Parece ser que el Ayuntamiento les ha prometido millón y medio de pestas a tal fin, y ellos por su cuenta —así ¡nos lo ha manifestado el vicepresidente, señor Sosa—• están recabando asimismo rondo s en el mismo sentido, haciendo socios. Creo que lo mejor sería ir a la construcción de un edificio cívico-cultural, en el que pudieran alojarse los servicios sanitarios en una de sus dependencias, y el resto destilarlo a biblioteca, cine-club, sala de fiestas. Puede que eillo resolviera en parte esa desatención en que se ene un tr a un barrio tan alejado, en lo que a un lugar adecuado para la asistencia médica y para lo cultural y recreativo se refiere. PUNIÓ

AiTOBER

J. A. Padrón Albornoz

VERSOS

FESTIVOS

EL CIERRE DE LA CALLE DEL CASTILLO MONTERO, el del Sobradillo Con (haber suprimido el tráfico rodado, la calle del Castillo ¡cuánto ¡ha ganado! iLa rúa principal de nuestro Santa Cruz, le ¡ha dicho adiós al coche y a! autobús. La gente atora circula por la citada vía, lo 'mismo que si fuese de romería. Incluso, en plena calle, dialoga con exceso ya sin temor que un cotíhe le parta un ¡hueso. fin suma, ía medida yo la encuentro acertada; no todo va a ser crítica desmesurada.

EN TAGANAMA

Taganana es un barrio de Santa Cruz que tiene muchas necesidades, sin duda alguna, como todos los barrios. Pero quizá allí, por la lejanía, esas deficiencias se dejan sentir aún más. Porque si uno io mira bien, el referido sector estuvo ais-lado hasta no hace mucho sanos, hasta que se hizo el túnel, que abrió ya el paso de los vehículos hasta aqueJhs tierras. Y, claro, ese tiempo perdido no se recupera en un día o en dos; hay que hacer muchas cosas para ponerse 3 nivel de otros barrios, que por lo menos no han estado incomunicados y en los que ha estado presente la civilización, con algunos de sus adelantos, Es natural, lo sabemos, que Taganana esté dentro del Pian que ha elaborado el Ayuntamiento para los barrios de Santa Cruz, aunque, como se •sabe, hay, dentro de ese Plan, dos apartados: el de los ba< rrios urbanos y el de ios rura¡les, y al que nos venimos refiriendo está entre 'los últimos. El pasado .día del Corpus estuvo allí el alcalde, don Leonció Gramas, acompañado del teniente alcalde deí Distrito, don Ernesto de la tosa, y nos

Todos han sentido el fallecimiento del marino —buen marino— que supo inculcar tesón, firmeza y deseos de sacrificio a los que con él se formaron, a los que de él aprendieron el arte difícil de navegar. Por eso, por aquellas virtudes que atesoró y de las que siempre hizo uso en el difícil vivir, don Andrés Galbeño Delclós será recordado por todos los que supimos de su bien y buen hacer. Un perfecto caballero de la mar. Un hombre hecho en la dura y difícil escuela de Sa navegación a vela se nos ha ido para siempre. Pero quedan sus recuerdos —su hidalguía, el ejemplo de su vida— a todos los que fueron sus amigos, a todos los que desde estas islas sentimos profundamente su marcha definitiva.

Me lo contaba en la mañana de ayer Julio Fernández. Ahora es cuando empieza el problema entre los esposos sobre dónde es mejor pasar las vacaciones. Mejor dicho, empezó hace tiempo, h-ace meses; y ahora, a la hora de la realización, hay todavía sus más y sus menos. Se trata, según me contaba Julio, de un matrimonio muy polémico. Ella estaba hace tiempo detrás de un abrigo de visón, pero el marido se venía resistiendo heroicamente. Y la cosa había quedado en alto, como las espadas, aunque ella no hubiese desistido del empeño, porque eso es muy difícil en una mujer. Llegó entonces la hora de las vacaciones, y como ella quería ir al extranjero, el esposo se plantó con la siguiente disyuntiva: —O al extranjero o el abrigo de visón, y nos quedamos en casa. —Bueno, comentó ella, poniendo un dedo en la boca, como el que chupa un pilurín; hay una solución: Vamos ¡a S'Uecia, que me han dicho que aillí los visones están más baratos.

Además» dicha vía será pronto señores, cubierta de losetas multicolores.

lumor

Para ios dhidharreros y los que no lo son, será una caflie digna de admiración. Por consiguiente, ante detall le tan bonito, a nuestro Ilustre alcalde yo felicito,

aunque mudhos no piensen como yo, ya lo sé. Y termino estos versos corno empecé: Con (haber suprimido el tráfico rodado, la calle del Castillo ¡cuánto iha ganado! Pero más ganaría si le dieran, yo creo, a varios de sus frontis un buen a!bao. ¡MONTERO, e! del Sobradillo

por


EL CAPITAN GALBEÑO UN CABALLERO DEL MAR